* «Después del ataque, mientras íbamos al hospital, mi madre lloraba y la tomó con Dios: ‘¿Por qué nos castigas así? Somos buenas personas’. Ella estuvo temblando durante tres días y yo recé y le dije: ‘Dios está con nosotros, no nos abandonará’… Prometí ser útil a los demás. No me maquillo aunque pudiera, porque esto fortalece mi testimonio»

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