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domingo, 15 de septiembre de 2024

Homilía del Evangelio del Domingo: ¿Para ti quién soy yo?, sigue preguntando Jesús a cada uno / Por Cardenal Raniero Cantalamessa, OFM Cap.

 


* «Existe un salto por dar que no viene de la carne ni de la sangre, sino que es don de Dios que hay que acoger mediante la docilidad a una luz interior de la que nace la fe. Cada día hay hombres y mujeres que dan este salto. A veces se trata de personas famosas –actores, actrices, hombres de cultura- y entonces son noticia. Pero infinitamente más numerosos son los creyentes desconocidos. En ocasiones los no creyentes se toman estas conversiones como debilidad, crisis sentimentales o búsqueda de popularidad, y puede darse que en algún caso sea así. Pero sería una falta de respeto de la conciencia de los demás arrojar descrédito sobre cada historia de conversión. Una cosa es cierta: los que han dado este salto no volverían atrás por nada del mundo, y más todavía, se sorprenden de haber podido vivir tanto tiempo sin la luz y la fuerza que vienen de la fe en Cristo. Como San Hilario de Poitiers, que se convirtió siendo adulto, están dispuestos a exclamar: ‘Antes de conocerte, yo no existía’»

¿Y vosotros quién decís que soy yo?: Domingo XXIV del tiempo ordinario – B:


Isaías 50, 5-9a / Salmo 114 / Santiago 2, 14-18 /  Marcos 8, 27-35


Cardenal Raniero Cantalamessa, OFM Cap. / Camino Católico.-  Los tres [evangelios] sinópticos refieren el episodio de Jesús, cuando en Cesarea de Filipo preguntó a los apóstoles cuáles eran las opiniones de la gente sobre Él. El dato común en los tres es la respuesta de Pedro: «Tú eres el Cristo». Mateo añade: «el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16) que podría, sin embargo, ser una manifestación debida a la fe de la Iglesia después de la Pascua. 

Pronto el título «Cristo» se convirtió en un segundo nombre de Jesús. Se encuentra más de 500 veces en el Nuevo Testamento, casi siempre en la forma compuesta «Jesucristo» o «Nuestro Señor Jesucristo». Pero al principio no era así. Entre Jesús y Cristo se sobreentendía un verbo: «Jesús es el Cristo». Decir «Cristo» no era llamar a Jesús por el nombre, sino hacer una afirmación sobre Él.

Cristo, se sabe, es la traducción griega del hebreo Mashiah, Mesías, y ambos significan «ungido». El término deriva del hecho que en el Antiguo Testamento reyes, profetas y sacerdotes, en el momento de su elección, eran consagrados mediante una unción con óleo perfumado. Pero cada vez más claramente en la Biblia se habla de un Ungido o Consagrado especial que vendrá en los últimos tiempos para realizar las promesas de salvación de Dios a su pueblo. Es el llamado mesianismo bíblico, que asume diversos matices según el Mesías sea visto como un futuro rey (mesianismo real) o como el Hijo del hombre de Daniel (mesianismo apocalíptico).

Toda la tradición primitiva de la Iglesia es unánime al proclamar que Jesús de Nazaret es el Mesías esperado. Él mismo, según Marcos, se proclamará tal ante el Sanedrín. A la pregunta del sumo sacerdote: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?», Él responde: «Sí, lo soy» (Mc 14, 61 s.).

Tanto más, por lo tanto, desconcierta la continuación del diálogo de Jesús con los discípulos en Cesarea de Filipo: «Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de Él». Sin embargo el motivo está claro. Jesús acepta ser identificado con el Mesías esperado, pero no con la idea que el judaísmo había acabado por hacerse del Mesías. En la opinión dominante, éste era visto como un líder político y militar que liberaría a Israel del dominio pagano e instauraría con la fuerza el reino de Dios en la tierra.

Jesús tiene que corregir profundamente esta idea, compartida por sus propios apóstoles, antes de permitir que se hablara de Él como Mesías. A ello se orienta el discurso que sigue inmediatamente: «Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho…». La dura palabra dirigida a Pedro, que busca disuadirle de tales pensamientos: «¡Quítate de mi vista, Satanás!», es idéntica a la dirigida al tentador del desierto. En ambos casos se trata, de hecho, del mismo intento de desviarle del camino que el Padre le ha indicado –el del Siervo sufriente de Yahveh- por otro que es «según los hombres, no según Dios».

La salvación vendrá del sacrificio de sí, de «dar la vida en rescate por muchos», no de la eliminación del enemigo. De tal manera, de una salvación temporal se pasa a una salvación eterna, de una salvación particular –destinada a un solo pueblo- se pasa a una salvación universal.

Lamentablemente tenemos que constatar que el error de Pedro se ha repetido en la historia. También determinados hombres de Iglesia, y hasta sucesores de Pedro, se han comportado en ciertas épocas como si el reino de Dios fuera de este mundo y debiera afirmarse con la victoria (si es necesario también de las armas) sobre los enemigos, en vez de hacerlo con el sufrimiento y el martirio.

Todas las palabras del Evangelio son actuales, pero el diálogo de Cesarea de Filipo lo es de forma del todo especial. La situación no ha cambiado. También hoy, sobre Jesús, existen las más diversas opiniones de la gente: un profeta, un gran maestro, una gran personalidad. Se ha convertido en una moda presentar a Jesús, en los espectáculos y en las novelas, en las costumbres y con los mensajes más extraños. El Código da Vinci es sólo el último episodio de una larga serie.

En el Evangelio Jesús no parece sorprenderse de las opiniones de la gente, ni se retrasa en desmentirlas. Sólo plantea una pregunta a los discípulos, y así lo hace también hoy: «Para vosotros, es más, para ti, ¿quién soy yo?». Existe un salto por dar que no viene de la carne ni de la sangre, sino que es don de Dios que hay que acoger mediante la docilidad a una luz interior de la que nace la fe. Cada día hay hombres y mujeres que dan este salto.  veces se trata de personas famosas –actores, actrices, hombres de cultura- y entonces son noticia. Pero infinitamente más numerosos son los creyentes desconocidos. En ocasiones los no creyentes se toman estas conversiones como debilidad, crisis sentimentales o búsqueda de popularidad, y puede darse que en algún caso sea así. Pero sería una falta de respeto de la conciencia de los demás arrojar descrédito sobre cada historia de conversión.

Una cosa es cierta: los que han dado este salto no volverían atrás por nada del mundo, y más todavía, se sorprenden de haber podido vivir tanto tiempo sin la luz y la fuerza que vienen de la fe en Cristo. Como San Hilario de Poitiers, que se convirtió siendo adulto, están dispuestos a exclamar: «Antes de conocerte, yo no existía».


Cardenal Raniero Cantalamessa, OFM Cap.

Evangelio

En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesárea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos:

«¿Quién dicen los hombres que soy yo?».

Ellos le dijeron:

«Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas».

Y Él les preguntaba:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Pedro le contesta:

«Tú eres el Cristo».

Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de Él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente.

Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. Pero Él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole:

«¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará».

Marcos 8, 27-35

Homilía del Evangelio del Domingo: Dios esculpe en nosotros el rostro de Cristo golpeando con la cruz el egoísmo y la soberbia / Por P. José María Prats

* «La cruz no nos gusta, pero llama a la puerta para purificar nuestra casa, para derribar pedestales y vanidades, recordarnos nuestra dependencia radical de Dios y ponernos en comunión con el sufrimiento humano ante el cual a menudo permanecemos indiferentes. Dice Jacinto Verdaguer que “al aguijón del sufrimiento y al ladrido de la calumnia, los buenos responden amén y los santos amén, aleluya”, pues saben que Cristo ha hecho que la cruz ya no sea un instrumento de tortura sino un trampolín que nos dispara hacia la vida eterna. Porque lo importante, lo decisivo en el momento de la muerte, no será que nuestra vida haya sido más o menos placentera, sino que Dios haya esculpido en nosotros la maravilla del rostro de Cristo»

Domingo XXIV del tiempo ordinario – B:


Isaías 50, 5-9a / Salmo 114 / Santiago 2, 14-18 /  Marcos 8, 27-35


P. José María Prats / Camino Católico.-  En el evangelio de hoy encontramos una de las sentencias más conocidas de Jesús: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga». Es una afirmación lapidaria que nos invita a reflexionar sobre la cruz como instrumento de salvación.

De hecho, el mensaje central del cristianismo es que la vida es un misterio de muerte y resurrección. Por el pecado nos separamos de Dios y nuestra naturaleza humana quedó deformada y corrompida, prisionera del egoísmo y del afán de autoafirmación. Pero el Hijo de Dios ha asumido esta naturaleza herida, la ha destruido en la Cruz y, resucitando, la ha reconstruido santa y gloriosa, tal como había anunciado: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré» (Jn 2,19).

La vida cristiana no es otra cosa que participar en esta muerte y resurrección del Señor para que muera el «hombre viejo» que habita en nosotros y renazca un «hombre nuevo» a imagen de Cristo, revestido de justicia y santidad. Esta transformación se realiza en lo más íntimo de la persona por el bautismo, tal como dice San Pablo: «Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva» (Rm 6,4). Pero esta transformación del núcleo esencial de la persona que acontece en el bautismo tiene que extenderse a todo su ser por la participación cotidiana en la muerte y resurrección del Señor que tiene lugar en la propia vida y en la eucaristía. Así describe un anciano del Apocalipsis a los que han alcanzado la eterna bienaventuranza: «Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero» (Ap 7,14).

La cruz no nos gusta. Como San Pedro, a quien Jesús llama «Satanás» por intentar desviarlo del camino de la cruz, huimos instintivamente de ella. La Cruz del Señor es, como dice San Pablo, «escándalo para los judíos y necedad para los gentiles», mas para los llamados, «fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1Co 1,23-24).

Como el artista esculpe una bella imagen dando golpes con un martillo y un cincel sobre un bloque informe de mármol, así Dios esculpe en nosotros el rostro de Cristo golpeando con la cruz el egoísmo y la soberbia de nuestro «hombre viejo». La cruz no nos gusta, pero llama a la puerta para purificar nuestra casa, para derribar pedestales y vanidades, recordarnos nuestra dependencia radical de Dios y ponernos en comunión con el sufrimiento humano ante el cual a menudo permanecemos indiferentes.

Dice Jacinto Verdaguer que “al aguijón del sufrimiento y al ladrido de la calumnia, los buenos responden amén y los santos amén, aleluya”, pues saben que Cristo ha hecho que la cruz ya no sea un instrumento de tortura sino un trampolín que nos dispara hacia la vida eterna. Porque lo importante, lo decisivo en el momento de la muerte, no será que nuestra vida haya sido más o menos placentera, sino que Dios haya esculpido en nosotros la maravilla del rostro de Cristo.

P. José María Prats


Evangelio

En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesárea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos:

«¿Quién dicen los hombres que soy yo?».

Ellos le dijeron:

«Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas».

Y Él les preguntaba:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Pedro le contesta:

«Tú eres el Cristo».

Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de Él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente.

Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. Pero Él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole:

«¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará».

Marcos 8, 27-35

Reflexionemos con el Salmo 114 de la liturgía de la Misa del domingo: «Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante» / Por P. Carlos García Malo

 


sábado, 14 de septiembre de 2024

Homilía del P. Carmelo Donoso y lecturas de la Misa de hoy, sábado, la Exaltación de la Santa Cruz, 14-9-2024

14 de septiembre de 2024.- (Camino Católico) Homilía del P. Carmelo Donoso y lecturas de la Santa Misa de hoy, sábado de la 23ª semana de Tiempo Ordinario, la Exaltación de la Santa Cruz, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, sábado, la Exaltación de la Santa Cruz, 14-9-2024

14 de septiembre de 2024.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, sábado de la 23ª semana de Tiempo Ordinario, la Exaltación de la Santa Cruz, presidida por el P. Carmelo Donoso, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Palabra de Vida 14/9/2024: «Tiene que ser elevado el Hijo del hombre» / Por P. Jesús Higueras


Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 14 de septiembre de 2024, sábado de la 23ª semana de Tiempo Ordinario, la Exaltación de la Santa Cruz, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Juan 3, 13-17:

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios».

Misterios Gozosos del Santo Rosario en la Parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, 14-9-2024


14 de septiembre de 2024.- (Camino Católico) Misterios Gozosos del Santo Rosario en la parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, emitido por 13 TV.


Oración para abrazar la Santa Cruz y vivir de la vida que Cristo nos da / Por P. Carlos García Malo

* «Santa Cruz. Que no te tengamos miedo. Que sepamos abrazarte a imagen del que te abrazó primero, sabiendo y confiando en que muriendo como Él resucitaremos también en Él»

P. Carlos García Malo / Camino Católico.-  Hoy como cada 14 de septiembre se celebra la Exaltación de la Santa Cruz “en la que se muere para vivir; para vivir en Dios y con Dios, para vivir en la verdad, en la libertad y en el amor, para vivir eternamente”, como dijo una vez San Juan Pablo II. 

En la vida de los santos se narra que San Antonio Abad, al ser atacado por terribles tentaciones del demonio, hacía la señal de la cruz y el enemigo huía. Desde ese tiempo, se dice, que se hizo costumbre el hacer la señal de la cruz para librarse de males.

Otro hecho de lo poderoso y sagrado de este signo lo mostró la Santísima Virgen María, quien al aparecerse por primera vez a Santa Bernardita y al ver que la niña quiso santiguarse, nuestra Señora se persignó muy despacio para enseñarle que es necesario hacerlo calmadamente y con más devoción.

Para que el miedo se disipe en nuestro corazón y podamos abrazar la Santa Cruz con la certeza que de ella emana la vida que Cristo nos regala, te propongo rezar esta oración:


Oh, leño Santo del que colgó la salvación del mundo.

Nunca pudiste imaginar que la sangre que empapaba tu corteza era en realidad la verdadera savia que traía la Vida al mundo.

El que de ti pendía exhalando su último suspiro te elevó de categoría e hizo de ti azote de los demonios: Santa Cruz.

Hoy, millones de réplicas imitan tu gesto y nos llenan de esperanza y piedad ante ese Dios de locura que da su Vida para que nosotros tengamos vida.

Que no te tengamos miedo.

Que sepamos abrazarte a imagen del que te abrazó primero, que te llevemos felices luciéndote en nuestros cuellos, sabiendo y confiando en que muriendo como Él resucitaremos también en Él.

Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Amén

P. Carlos García Malo

La oración en postal


La Virgen María, “Refugio de los Pecadores”, nos dirá: "haced lo que Él os diga" / P. Carlos García Malo

 


viernes, 13 de septiembre de 2024

Homilía del P. Carmelo Donoso y lecturas de la Misa de hoy, viernes, San Juan Crisóstomo, 13-9-2024


13 de septiembre de 2024.- (Camino Católico) Homilía del P. Carmelo Donoso y lecturas de la Santa Misa de hoy, viernes de la 23ª semana de Tiempo Ordinario, San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, viernes, San Juan Crisóstomo, 13-9-2024

13 de septiembre de 2024.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, viernes de la 23ª semana de Tiempo Ordinario, San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia, presidida por el P. Carmelo Donoso, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Palabra de Vida 13/9/2024: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?» / Por P. Jesús Higueras


Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 13 de septiembre de 2024, viernes de la 23ª semana de Tiempo Ordinario, San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Lucas 6, 39-42:

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:

«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 13-9-2024

13 de septiembre de 2024.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Oración a San Juan Crisóstomo para ser veraces en la fe, convincentes en el amor, para que el mundo crea / Por P. Carlos García Malo

* «San Juan Crisóstomo, hombre cabal y fiel discípulo de Cristo…, valiente defensor de los más pobres, tu verdad y claridad incomodaba a los poderosos. Ayúdanos con tu intercesión a ser firmes en la fe, a predicar el Evangelio y ser testigos, con el ejemplo, de  Cristo muerto y resucitado para que muchos hombres y mujeres se encuentren con el Señor, camino, verdad y vida y experimenten el gozo de vivir en Dios y para Dios»

P. Carlos García Malo / Camino Católico.-  Cada 13 de septiembre la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Juan Crisóstomo, quién fue llamado así por la gente al ser uno de los más famosos oradores que ha tenido la Iglesia (Crisóstomo significa “boca de oro”). San Juan, quien también es Doctor de la Iglesia, nació en Antioquía en el 347. Estando en la escuela ya causaba admiración con sus declamaciones e intervenciones en las academias literarias.

Después de haber vivido como monje en su casa y en el desierto, fue ordenado sacerdote y empezó a deslumbrar con sus maravillosos sermones. Más adelante, el emperador Arcadio lo pide como Arzobispo de Constantinopla.

Estando allí mandó a quitar todos los lujos del palacio y con las cortinas elegantes se fabricaron vestidos para los pobres. Le exigió a sus sacerdotes y monjes ser pobres en el vestir, comer y el mobiliario para dar buen ejemplo.

Sus acciones en favor de los necesitados y desprotegidos no fueron tomadas a bien por algunos. Vivió sus últimos días como desterrado y murió el 14 de septiembre del 407, diciendo:“sea dada gloria a Dios por todo”.

En una ocasión dijo: “Si te encuentras en el camino un sacerdote y un ángel, ve a besar la mano del sacerdote ya que los ángeles aunque quieren ser capaces de administrar el Sacramento de la Eucaristía, no pueden ya que esto pertenece sólo a los seres humanos”.

Pidamos la intercesión de San Juan Crisóstomo para ser veraces en la fe, convincentes en el amor, para que el mundo crea con la siguiente oración:


San Juan Crisóstomo, hombre cabal y fiel discípulo de Cristo, Padre de la Iglesia y arzobispo de Constantinopla.

Tu oratoria hipnotizaba a quienes te escuchaban y dejaba a creyentes y no creyentes con el corazón en ascuas.

El Espíritu de Dios te ungía en cada palabra, que como flecha encendida, llevó a muchas almas a la conversión y entrega total al Divino Maestro.

Valiente defensor de los más pobres, tu verdad y claridad incomodaban a los poderosos.

Ayúdanos con tu intercesión a ser firmes en la fe, a predicar el Evangelio y ser testigos, con el ejemplo, de  Cristo muerto y resucitado para que muchos hombres y mujeres se encuentren con el Señor, camino, verdad y vida y experimenten el gozo de vivir en Dios y para Dios.

Haznos veraces en la fe y convincentes en el amor para que el mundo crea.

Amén.

San Juan Crisóstomo. Ruega por nosotros. 

P. Carlos García Malo

Pasar tiempos de intimidad con Dios, de calma para que el Divino Espíritu deposite la semilla de la fe y el amor sin medida por Cristo / Por P. Carlos García Malo