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martes, 6 de enero de 2026

Papa León XIV en el Ángelus, 6-1-2026: «Los dones de los magos nos sugieren que todo lo que somos y poseemos, reclama ser ofrecido a Jesús, tesoro inestimable»

* «En los regalos de los magos vemos, pues, lo que cada uno de nosotros puede poner en común, lo que ya no se puede guardar para sí mismo, sino compartir, para que Jesús crezca entre nosotros. Que crezca su Reino, que se cumplan en nosotros sus palabras, que los extraños y los adversarios se conviertan en hermanos y hermanas, que en lugar de las desigualdades haya equidad, que en vez de la industria de la guerra se afirme la artesanía de la paz. Artesanos de esperanza, caminemos hacia el futuro por otro camino» 

   

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Arrodillarnos como los magos ante el Niño de Belén significa, también para nosotros, confesar que hemos encontrado la verdadera humanidad, en la que resplandece la gloria de Dios. En Jesús ha aparecido la verdadera vida, el hombre viviente, es decir, aquel que no existe para sí mismo, sino abierto y en comunión, lo que nos hace decir: «en la tierra como en el cielo» (Mt 6,10). Sí, la vida divina ahora está a nuestro alcance, se ha manifestado para involucrarnos en su dinamismo liberador que disipa los miedos y nos hace encontrarnos en la paz. Es una posibilidad, una invitación: la comunión no puede ser impuesta, pero, ¿qué más se podría desear?» 

6 de enero de 2026.- (Camino Católico)  “Los dones de los magos nos sugieren que todo lo que somos y poseemos, reclama ser ofrecido a Jesús, tesoro inestimable… En los regalos de los magos vemos, pues, lo que cada uno de nosotros puede poner en común, lo que ya no se puede guardar para sí mismo, sino compartir, para que Jesús crezca entre nosotros”, esta ha sido la invitación del Papa León XIV en su alocución previa al rezo de la oración mariana del Ángelus de este martes, 6 de enero, Solemnidad de la Epifanía del Señor.

Después de haber presidido la Santa Misa en la Basílica de San Pedro con el rito de cierre de la Puerta Santa y clausura del Jubileo de la Esperanza, el Pontífice señala que, la Epifanía hace posible la alegría incluso en tiempos difíciles. Y recuerda que, la palabra “epifanía” significa “manifestación”, y nuestra alegría nace de un Misterio que ya no se encuentra oculto. Han escuchado las palabras del Papa desde el balcón central de la Basílica de San Pedro más de diez mil fieles, que pese a la lluvia han seguido por las pantallas la Santa Misa y la homilía en la que ha afirmado que “el Niño que los magos adoran es un Bien que no tiene precio ni medida. Es la Epifanía de la gratuidad. No nos espera en los lugares prestigiosos, sino en las realidades humildes”.

El Pontífice ha reflexionado que “la vida de Dios se ha revelado: muchas veces y de diferentes maneras, pero con definitiva claridad en Jesús, de modo que ahora sabemos, a pesar de muchas tribulaciones, que podemos tener esperanza. ‘Dios salva’: no tiene otras intenciones, no tiene otro nombre. Sólo lo que libera y salva viene de Dios y es epifanía de Dios”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente: 

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Balcón central de la Basílica de San Pedro

Martes, 6 de enero de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este período hemos vivido varios días festivos y la solemnidad de la Epifanía que, ya en su nombre, nos sugiere lo que hace posible la alegría incluso en tiempos difíciles. Como saben, en efecto, la palabra “epifanía” significa “manifestación”, y nuestra alegría nace de un Misterio que ya no se encuentra oculto. La vida de Dios se ha revelado: muchas veces y de diferentes maneras, pero con definitiva claridad en Jesús, de modo que ahora sabemos, a pesar de muchas tribulaciones, que podemos tener esperanza. “Dios salva”: no tiene otras intenciones, no tiene otro nombre. Sólo lo que libera y salva viene de Dios y es epifanía de Dios.

Arrodillarnos como los magos ante el Niño de Belén significa, también para nosotros, confesar que hemos encontrado la verdadera humanidad, en la que resplandece la gloria de Dios. En Jesús ha aparecido la verdadera vida, el hombre viviente, es decir, aquel que no existe para sí mismo, sino abierto y en comunión, lo que nos hace decir: «en la tierra como en el cielo» (Mt 6,10). Sí, la vida divina ahora está a nuestro alcance, se ha manifestado para involucrarnos en su dinamismo liberador que disipa los miedos y nos hace encontrarnos en la paz. Es una posibilidad, una invitación: la comunión no puede ser impuesta, pero, ¿qué más se podría desear?

En el relato evangélico y en nuestros nacimientos, los magos presentan al Niño Jesús unos regalos preciosos: oro, incienso y mirra (cf. Mt 2,11). No parecen cosas útiles para un niño, pero expresan una intención que nos hace reflexionar mucho al llegar al final del Año jubilar. Da mucho quien lo da todo. Recordemos a aquella pobre viuda, observada por Jesús, que había echado en el tesoro del Templo sus últimas monedas, todo lo que tenía (cf. Lc 21,1-4). No sabemos qué poseían los magos, venidos de Oriente, pero su viaje, el arriesgarse, sus propios dones nos sugieren que todo, realmente todo lo que somos y poseemos, reclama ser ofrecido a Jesús, tesoro inestimable. El Jubileo nos ha recordado esta justicia basada en la gratuidad; tiene en sí mismo la llamada a reorganizar la convivencia, a redistribuir la tierra y los recursos, a devolver “lo que se tiene” y “lo que se es” a los sueños de Dios, más grandes que los nuestros.

Queridos hermanos, la esperanza que anunciamos debe tener los pies en la tierra: viene del cielo, pero para generar aquí abajo una historia nueva. En los regalos de los magos vemos, pues, lo que cada uno de nosotros puede poner en común, lo que ya no se puede guardar para sí mismo, sino compartir, para que Jesús crezca entre nosotros. Que crezca su Reino, que se cumplan en nosotros sus palabras, que los extraños y los adversarios se conviertan en hermanos y hermanas, que en lugar de las desigualdades haya equidad, que en vez de la industria de la guerra se afirme la artesanía de la paz. Artesanos de esperanza, caminemos hacia el futuro por otro camino (cf. Mt 2,12).

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


En la fiesta de la Epifanía, que es la Jornada Misionera de los Niños, quiero saludar y dar las gracias a todos los niños y jóvenes que, en muchas partes del mundo, rezan por los misioneros y se comprometen a ayudar a sus coetáneos más desvalidos. ¡Gracias, queridos amigos!


Mi pensamiento se dirige también a las comunidades eclesiales de Oriente, que mañana celebrarán la Santa Navidad, según el calendario juliano. Queridos hermanos y hermanas, ¡que el Señor Jesús les conceda a ustedes y a sus familias serenidad y paz!


Saludo con afecto a todos ustedes, fieles de Roma y peregrinos venidos de diversos países, en particular a los miembros del Consejo de Presidencia de la International Rural Catholic Association, con mis mejores deseos por su compromiso.


Saludo a los fieles de Lampedusa con su párroco, a los jóvenes del Movimiento «Tra Noi» y a los participantes en el tradicional desfile histórico-folclórico sobre los valores de la Epifanía, que este año tiene como protagonista a Sicilia.


Saludo a los peregrinos polacos y también a los numerosos participantes en el «Desfile de los Reyes Magos» que hoy se celebra en Varsovia y en muchas ciudades de Polonia, ¡e incluso en Roma!


A todos les deseo lo mejor para el nuevo año a la luz de Cristo Resucitado.


Muchas felicidades a todos, ¡feliz fiesta!  

Papa León XIV



Fotos: Vatican Media, 6-1-2026

Cierre de la Puerta Santa y Santa Misa de hoy, martes, solemnidad de la Epifanía del Señor, presidida por el Papa León XIV, 6-1-2026

 

6 de enero de 2026.- (Camino Católico)  Este 6 de enero, el Santo Padre ha presidido la Eucaristía en la Basílica de San Pedro, en la solemnidad de la Epifanía del Señor, ante 5.800 fieles y 10.000 más que la han seguido por las pantallas de la plaza. Al inicio de la celebración, el Pontífice ha realizado el rito del cierre de la Puerta Santa de la Basílica Vaticana y con ello ha clausurado el Jubileo Ordinario de 2025. El Papa ha dicho en su homilía que “el Niño que los magos adoran es un Bien que no tiene precio ni medida. Es la Epifanía de la gratuidad. No nos espera en los lugares prestigiosos, sino en las realidades humildes”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.

Homilía del P. Javier Martín y lecturas de la Misa de hoy, martes, solemnidad de la Epifanía del Señor, 6-1-2026

6 de enero de 2026.-  (Camino Católico).- Homilía del P. Javier Martín, FM, y lecturas de la Santa Misa de hoy, martes, solemnidad de la Epifanía del Señor, emitida por Magníficat TV.

Santa Misa de hoy, martes, solemnidad de la Epifanía del Señor, 6-1-2026

6 de enero de 2026.-  (Camino Católico).- Celebración de la Santa Misa de hoy, martes, solemnidad de la Epifanía del Señor, presidida por el P. Javier Martín, emitida por Magníficat TV.

Misterios Dolorosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 6-1-2026

6 de enero de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario de hoy, martes, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 6/1/2026: «Hemos visto salir su estrella y, venimos a adorarlo» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 6 de enero de 2026, martes, solemnidad de la Epifanía del Señor, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Mateo 2, 1-12:

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y, venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron:

«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:

“Y tú, Belén, tierra de Judá,

no eres ni mucho menos la última

de las poblaciones de Judá,

pues de ti saldrá un jefe

que pastoreará a mi pueblo Israel”».

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Homilía del evangelio de la Epifanía del Señor: Confesar la soberanía de Cristo con nuestra obediencia a su palabra y su divinidad con los frutos de santidad que esta obediencia produce en nosotros / Por P. José María Prats

* «En 2.000 años de cristianismo, ¡cuántas personas de todos los pueblos y razas han caminado a la luz de Jesucristo! ¡Cuántos le han entregado lo mejor de sí mismos, luchando día a día por ser fieles a su palabra! ¡Cuántos le han expresado su amor y su devoción a través de la pintura, la escultura, la música o la poesía! ¡Cuántos mártires han dado su vida antes de negar al que se adelantó a entregar la suya por ellos! Nosotros somos hoy estos peregrinos que quieren caminar a la luz de Jesucristo en un mundo que todavía vive en tinieblas»

Epifanía del Señor

Isaías 60, 1-6  /  Salmo 71  /  Efesios 3, 2-3a.5-6  / San Mateo 2, 1-12

P. José María Prats / Camino Católico.-  La profecía de Isaías que hemos escuchado en la primera lectura fue escrita más de 500 años antes de Cristo y nos anuncia con toda claridad el nacimiento de Jesús y su reconocimiento como Dios y Señor por hombres y mujeres de todos los pueblos. 

Comienza diciendo: «¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti».

Jerusalén es, en la Escritura, un símbolo del Pueblo de Dios. Y este pueblo, efectivamente, se hallaba en tinieblas, sometido, por causa del pecado, al poder del Maligno, a quien San Juan llama el príncipe de este mundo. Pero se anuncia que en medio de esta oscuridad amanecerá la gloria del Señor, es decir, vendrá a habitar entre nosotros Aquél que es la luz del mundo, que vence al Maligno y nos libra del pecado iluminando las tinieblas de nuestro corazón. 

Continúa diciendo la profecía sobre Jerusalén: «Y caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora (...). Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar, y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, los dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor».

Se afirma, pues, que esta luz que es Cristo será reconocida por hombres y mujeres de todos los pueblos, los cuales peregrinarán a Jerusalén, es decir, entrarán a formar parte del Pueblo de Dios, que es la Iglesia. Y peregrinarán llevando oro (símbolo de la realeza) e incienso (símbolo de la divinidad), o sea, reconociendo a Jesús como Señor y como Dios. Y volcarán sobre Jerusalén «los tesoros del mar» y «las riquezas de los pueblos», es decir, consagrarán al culto del Señor lo mejor de sus vidas y sus culturas.

Y esta profecía se ha cumplido con creces: En 2.000 años de cristianismo, ¡cuántas personas de todos los pueblos y razas han caminado a la luz de Jesucristo! ¡Cuántos le han entregado lo mejor de sí mismos, luchando día a día por ser fieles a su palabra! ¡Cuántos le han expresado su amor y su devoción a través de la pintura, la escultura, la música o la poesía! ¡Cuántos mártires han dado su vida antes de negar al que se adelantó a entregar la suya por ellos!

Nosotros somos hoy estos peregrinos que quieren caminar a la luz de Jesucristo en un mundo que todavía vive en tinieblas. Y como tales hemos de seguir llevando a Jerusalén el oro y el incienso, confesando la soberanía de Cristo con nuestra obediencia a su palabra y su divinidad con los frutos de santidad que esta obediencia produce en nosotros. Y hemos de llevar también «las riquezas de los pueblos»: todas aquellas adquisiciones y elementos positivos de nuestra cultura que tienen que ser iluminados y purificados en el encuentro con Cristo para convertirse en instrumentos de paz. 

De hecho, Jerusalén significa en hebreo Casa de Paz, y lo es porque en ella se ha manifestado a todos los pueblos la gloria del Príncipe de la Paz.


P. José María Prats

Evangelio:


Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: 

«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». 

En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: 

«En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’».

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: 

«Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

San Mateo 2, 1-12

La adoración de los Reyes Magos nos recuerda que solo quien se hace pequeño puede reconocer la grandeza de Dios / Por P. Carlos García Malo

 


Agustín Giménez, profesor de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso: «Los Reyes Magos vieron algo sobrenatural, una estrella que Dios hace aparecer cuando nace Jesús»


Agustín Giménez, profesor de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso

* «La estrella de Belén era sobrenatural, especial, porque permanecía fija en el horizonte, algo que no ocurre con los cuerpos celestes habituales. Esto les permitió seguir un camino concreto hacia el lugar donde estaba el Niño Jesús» 

Vídeo de 13 TV en el que Agustín Giménez, profesor de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso, cuenta la historia de los Reyes Magos, su conexión con el cielo y su encuentro con el Niño Jesús

Camino Católico.-  En la víspera de la llegada de los Reyes Magos, la ilusión llena los hogares de millones de personas. Los preparativos están en marcha, los niños ya han enviado sus cartas y las familias recuerdan una tradición que va más allá de los regalos. El sacerdote y profesor de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso, Agustín Giménez, ha explicado en ‘Ecclesia es Domingo’ de 13 TV  la historia de los Reyes Magos, su conexión con el cielo y su encuentro con el Niño Jesús. 

Según Giménez, los llamados Reyes Magos no eran ni monarcas ni hechiceros, sino astrónomos expertos. "Eran, sobre todo, sabios del Oriente que estudiaban las estrellas. En la antigüedad era fundamental la contemplación del cielo. Además, no había series que ver por la noche… Lo que había era un cielo maravilloso y supermisterioso”. Provenían de culturas como la Caldea, donde la observación del cielo era fundamental: “Ellos conocían cada constelación y estrella por su nombre. Detectaron algo extraordinario: una nueva estrella que anunciaba el nacimiento del Mesías”.

¿Qué vieron exactamente estos sabios en el cielo? 

Giménez ha explicado que el fenómeno no puede atribuirse a ningún evento natural conocido: ”Los anales de los caldeos y los chinos documentan eventos astronómicos que los magos conocían. Por su capacidad de observación y cálculos precisos, sabían que estaban ante algo único”. En este sentido, ha añadido que ”no fue un cometa, una nova, ni una conjunción planetaria. La estrella de Belén era sobrenatural”. Sin embargo, fenómenos previos entre los años 12 y 2 a.C., como la aparición del cometa Halley, una nova visible durante 70 días y una sextuple conjunción de Júpiter con Venus y la estrella Regulus, prepararon a los magos para reconocer la señal definitiva.

"La estrella de Belén era especial porque permanecía fija en el horizonte, algo que no ocurre con los cuerpos celestes habituales. Esto les permitió seguir un camino concreto hacia el lugar donde estaba el Niño Jesús", ha señalado el profesor.


"No es un fenómeno natural"

Según estudios recientes que han publicado junto a otros investigadores, el nacimiento de Jesús y la aparición de la estrella de Belén coincidirían con el 25 de Quisleu del 1 a.C., que corresponde a la festividad de la Janucá en el calendario judío: “No es un fenómeno natural, es una estrella que Dios hace aparecer en el cielo en el momento en el que nace Jesús”.

Agustín también ha destacado la relación entre las señales astronómicas y las profecías bíblicas como la de "Júpiter, que protagonizó seis conjunciones previas al nacimiento, era identificado en la tradición judía como la estrella mesiánica”. Además, señaló que estas conjunciones ocurrieron con Regulus, la estrella más brillante de la constelación de Leo. "Regulus significa ‘rey pequeño’, lo que reforzó la asociación con un futuro rey".

Otro detalle es que Júpiter, debido a su movimiento retrógrado, permaneció nueve meses en la constelación de Virgo: "Esto encajaba perfectamente con la profecía de Isaías 7:14, que anunciaba que el Mesías nacería de una virgen. Los magos no solo observaron el cielo; también comprendían el significado detrás de estos eventos".

"Las cosas importantes, el cielo siempre las bendice"

La tradición de los regalos, según Giménez, es una extensión del gesto de los magos hacia el Niño Jesús. El oro, el incienso y la mirra eran presentes cargados de simbolismo: oro por su realeza, incienso por su divinidad y mirra como prefiguración de su sacrificio. Hoy, esos regalos se traducen en obsequios como un reflejo del amor de Dios: “Las cosas importantes, el cielo siempre las bendice. A los niños Dios les bendice con su amor, con la entrega del Niño Jesús y con regalos como le hicieron a Él, para que puedan ser todavía mejores. A los niños les multiplica esa bondad”.