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domingo, 31 de mayo de 2026

Sor Bernadette Moriau padecía una patología en cauda equina y su curación es el 70º milagro de Lourdes: «Era Jesús quien pasaba entre nosotros; una voz me dijo: ‘Quítate tus aparatos’ y podía moverme»

¿Por qué yo? Sor Bernadette Moriau terminó aceptando su curación como un misterio de Dios. En la imagen, durante la entrevista que le hizo la CBS en diciembre de 2022

* «Me vieron cuatro médicos, que se sorprendieron de verme así. Ninguno puso en duda lo que me pasaba. Fueran o no cristianos, para ellos era imposible que yo me curase… ¿Por qué se hizo misericordia conmigo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué, Señor? ¿Por qué yo? ¡Hay tantas personas que son más jóvenes que yo, personas con discapacidades o enfermas, y yo soy una persona anciana que podía terminar mis días así!. Poco a poco, en la oración he descubierto finalmente que es el misterio de Dios, tal vez lo comprenda más adelante. Para el servicio de la misión. Me he dicho, 'He recibido este don en la Iglesia, y es en la Iglesia donde debo vivirlo, en la misión'. No es para mí, para Bernadette, yo no soy una vedette, eso no me interesa. Es para que yo lo dé a mi vez. He seguido yendo a Lourdes acompañando enfermos, algunos terminales, y a sus familias. He acompañado luego a grandes enfermos, en el final de la vida, he acompañado familias. Oigo muchas cosas. He oído a personas decirme que hago un bien cuando paso. Estoy habitada por esta gracia, no puedo mirar para mí misma»

Camino Católico.- El 11 de febrero de 2018, festividad de la Virgen de Lourdes, el obispo de Beauvais, Noyon y Senlis, Jacques Benoit-Gonnin, se dirigió a los fieles de su diócesis para anunciarles "una hermosa gracia que el Señor ha hecho en la diócesis": la curación milagrosa de Sor Bernadette Moriau, que se convietió así en la septuagésima certificada por la exigente comisión médica de Lourdes.

Recientemente, el programa 60 Minutes de CBS News dedicó un reportaje conducido por Bill Whitaker a los milagros de Lourdes, que incluye una entrevista a Sor Bernardette y a varios médicos que analizaron el caso.



Sor Bernadette es una religiosa de 83 años, nacida cerca de Valenciennes, junto a la frontera belga. Religiosa de las Franciscanas Oblatas del Sagrado Corazón de Jesús, ingresó en la congregación a los 19 años en Nantes, donde fueron fundadas a finales del siglo XIX por la Madre María Teresa de la Cruz (Sophie-Victorine Gazeau de La Brandanière, 1829-1911).


Incurable


Padecía una patología en la llamada cola de caballo o cauda equina, agrupación nerviosa en el extremo de la médula espinal fundamental para la movilidad de las extremidades inferiores y la funcionalidad de los órganos pélvicos. 


Fue operada cuatro veces de la columna vertebral, la primera en 1968 y la última en 1975. No hubo ninguna mejoría y a partir de 1988 fue quedando progresivamente inválida por las consecuencias neurológicas de su enfermedad.


En 1994 empezó a tomar morfina para paliar su dolor incapacitante. Llevaba un corsé lumbar, y además a partir del año 2000 le pusieron una sonda para orinar, dado que la parálisis le afectaba también a la vejiga.

 

En 2004 un pie se le torció a consecuencia de lo mismo, y tenía que llevar una prótesis día y noche para intentar corregirlo.


"Yo sabía que no podría mejorar", explica Sor Bernadette en un vídeo difundido entonces por la diócesis.


 


En diciembre de 2006 se trasladó desde Nantes de nuevo al norte, al departamento de L'Oise donde hoy vive, y comenzó a tratarla el doctor Christophe Fumery, quien en febrero de 2008 le propuso ir a Lourdes como enferma. "Yo había estado ya allí acompañando a otros, en la época en la que aún podía caminar, pero nunca había pensando en ir para mí", recuerda: "Pero me dije, ¿por qué no? Me llamo Bernadette [como la santa vidente, Bernadette Soubiroux], y es el 150º aniversario de las apariciones [1858], podría ser una gracia". Se apuntó para la peregrinación de julio.


"Jesús pasaba entre nosotros"


Espiritualmente fue una experiencia intensa: "Me impactó pasar por la gruta, esa presencia misteriosa de María y de la pequeña Bernadette. Realmente me impactó. Luego participé en el sacramento de la reconciliación y recibí junto a los enfermos el sacramento de la Unción, que para mí supuso una fuerza para continuar el camino”.


Luego tuvo lugar la procesión del Santísimo y la bendición de los enfermos en la basílica de San Pío X: "Realmente me impactó, porque yo estaba en una silla, no podía ir muy lejos. Era Jesús quien pasaba entre nosotros y nos bendecía por mediación de nuestro obispo. Y en mi oración sentí como una voz que me decía: ‘Estoy ahí, veo tus sufrimientos y el de tus hermanos y hermanas enfermos. Ofrécemelo todo’. Yo recé mucho por los enfermos, pero nunca había pedido mi curación, porque no se me ocurrió, pensaba que terminaría mis días así. Pero realmente sentí esa presencia de Jesús”.



Sor Bernadette Moriau, en Lourdes, junto a un sacerdote, en la peregrinación donde fue curada


El día 8 de julio regresaron: “Volví muy cansada del viaje y muy dolorida, pero realmente feliz".

Tres días después tuvo lugar el milagro.

"Es costumbre hacer una Adoración todas las semanas", explica: "El día 11 estaba en la capilla con una hermana, Sor María Albertina. La adoración era a las cinco de la tarde, y a las 17.45 reviví la experiencia de la presencia de Jesús que había vivido en la basílica, en la bendición de los enfermos. ¡Yo estaba en comunión con Lourdes, no podía ser de otra manera! Sentí un bienestar en todo mi cuerpo".


Sor Bernadette concluyó su turno de adoración y regresó a su celda: "Volví a mi habitación sobre las seis, y allí una voz me dijo: ‘Quítate tus aparatos’. Yo, sin saber qué me pasaba, sin plantearme nada, me lo quité todo, en un acto de fe, como cuando en el Evangelio Jesús le dice al paralítico: ‘Levántate, toma tu camilla y vete’. Para mi sorpresa, podía moverme. Mi pie, que estaba torcido, se recolocó. Fui a donde estaba la hermana y le dije: ‘Mira lo que me está pasando’".


La religiosa no lo dudó. Cortó el circuito de neuroestimulación que llevaba, dejó de tomar morfina de golpe y dejó de sondarse. "No tuve ningún síndrome de abstinencia de la morfina", añade.


Su conmoción personal fue intensa: "Me derrumbé, estuve llorando varios días. Me preguntaba qué me pasaba, porque no me lo podía ni imaginar". Su cuñada vio a verla y salieron de paseo por el bosque: "Anduve varios kilómetros, algo que no había podido hacer desde hacía años".


Perplejidad médica

Era un fin de semana. El lunes acudió al médico: "Llegué a las siete de la mañana, llorando, diciéndole ‘No sé qué me pasa’. Él vio el cambio. Me dijo que se sentía feliz. Me examinó y no encontró ningún signo clínico".


Al poco tiempo acudió a Nantes a una cita prevista desde hacía tiempo en la unidad del dolor: "Me vieron cuatro médicos, que se sorprendieron de verme así. Ninguno puso en duda lo que me pasaba. Fueran o no cristianos, para ellos era imposible que yo me curase".


Sor Bernadette explica que, del mismo modo que acudió a Lourdes por indicación del doctor Fumery, fue él mismo quien se tomó "muy a pecho" lograr el reconocimiento de la curación: "Enseguida hizo un informe. Yo tenía un informe médico completo con cartas de los hospitales e historia clínica de todos los sitios por los que había pasado", que eran varios porque "en la vida religiosa se viaja, no se está siempre en el mismo lugar. Así que pude aportar todos esos documentos".


El reconocimiento


Ese dossier se envió a Lourdes el 11 de diciembre de 2008, y en julio de 2009, durante una nueva peregrinación, Sor Bernadette compareció en una gran sala ante "unas ochenta personas del mundo médico". 


Tras ser interrogada y examinada la documentación, el doctor Alessandro de Franciscis, quien ese mismo año había sido nombrado por el obispo de Tarbes y Lourdes como 15º Médico Permanente del santuario y presidente de la Oficina de Constataciones Médicas que examina cada caso de posible curación, preguntó a todos los científicos presentes y se abría o no el dossier. No hubo dudas.



El doctor Alessandro de Franciscis, desde 2009 al frente de la certificación de las curaciones extraordinarias en Lourdes. El proceso es exigente desde el punto de vista científico e incluso molesto para quien ha de pasar por él, por la multiplicación de revisiones y controles a lo largo del tiempo


"El dossier se abrió, y a partir de ahí todos los años me vieron expertos y pasé controles de todo tipo, incluso de psiquiatría", explica la religiosa: "A partir de ese momento tuve que someterme a muchos controles, porque es muy estricto. Pero al mismo tiempo ha sido una experiencia, porque he conocido gente muy comprensiva, ha sido un descubrimiento. Es cierto que hay que querer pasar por ello, y yo he querido porque la gracia que he recibido no la podía guardar para mí, significaba poder dar testimonio de las maravillas de Dios y de los beneficios de Dios".


La gran pregunta y su respuesta


Sor Bernadette vive "con emoción" el hecho de que su curación haya sido el septuagésimo milagro reconocido oficialmente en Lourdes. Pero una pregunta le rondó la cabeza desde el principio, y aún hoy: "¿Por qué se hizo misericordia conmigo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué, Señor? ¿Por qué yo? ¡Hay tantas personas que son más jóvenes que yo, personas con discapacidades o enfermas, y yo soy una persona anciana que podía terminar mis días así!".


Pero no hay respuesta: "Poco a poco, en la oración he descubierto finalmente que es el misterio de Dios, tal vez lo comprenda más adelante".



Sor Bernadette Moriau en Lourdes onde ha seguido acompañando enfermos con regularidad después de su cruración milagrosa 


Y tiene claro para qué ha de servir: "Para el servicio de la misión. Me he dicho, 'He recibido este don en la Iglesia, y es en la Iglesia donde debo vivirlo, en la misión'. No es para mí, para Bernadette, yo no soy una vedette, eso no me interesa. Es para que yo lo dé a mi vez".


“He seguido yendo a Lourdes acompañando enfermos, algunos terminales, y a sus familias. He acompañado luego a grandes enfermos, en el final de la vida, he acompañado familias. Oigo muchas cosas. He oído a personas decirme que hago un bien cuando paso. Estoy habitada por esta gracia, no puedo mirar para mí misma".


(Testimonio publicado originalmente  en Religión en Libertad el 12 de febrero de 2018 y actualizado posteriormente)

Homilía de Mons. Octavi Vilà, obispo de Gerona, y lecturas de la Misa de hoy, domingo, la Santísima Trinidad, 31-5-2026

31 de mayo de 2026.-  (Camino Católico) Homilía de Mons. Octavi Vilà, obispo de Gerona, y lecturas de la Misa de hoy, domingo, la Santísima Trinidad, emitida por 13 TV desde la Basílica de San Félix de Gerona.

Santa Misa de hoy, domingo, la Santísima Trinidad, en la Basílica de San Félix de Gerona, 31-5-2026


31 de mayo de 2026.-  (Camino Católico)  Celebración de la Santa Misa de hoy, domingo, la Santísima Trinidad, presidida por Mons. Octavi Vilà, obispo de Gerona, emitida por 13 TV desde la Basílica de San Félix de Gerona.


Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 31-5-2026

31 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 31/5/2026: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 31 de mayo de 2026, domingo, la Santísima Trinidad, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Juan 3, 16-18:

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

Homilía del evangelio del domingo: Dios es comunión de tres personas en la que cada una no vive para sí misma sino entregada por completo a las demás / Por P. José María Prats

* «Dios nos ha entregado a su Hijo para que, al acogerlo en la fe, nos unamos a Él como miembros de su Cuerpo y nos integremos así en la vida trinitaria como hijos adoptivos del Padre y templos del Espíritu Santo. Es lo que revivimos cada vez que celebramos la Eucaristía. En ella el Padre nos entrega al Hijo, que por la acción del Espíritu Santo se hace físicamente presente bajo las especies del pan y del vino. Y acogiendo al Hijo por la obediencia a su palabra y la comunión con su Cuerpo y con su Sangre, nos unimos a Él para participar de su entrega al Padre en el Espíritu: ‘Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos’»

Santísima Trinidad - A

Éxodo 34, 4b-6.8-9 / Daniel 3, 52-56 / 2 Corintios 12, 3b-7.12-13 / San Juan 3, 16-18

P. José María Prats / Camino Católico.-   Durante la Semana Santa y el Tiempo Pascual que concluimos el domingo pasado, hemos celebrado los misterios centrales de nuestra fe: la muerte, resurrección y ascensión del Señor y el envío del Espíritu Santo. En ellos Dios se ha revelado plenamente, dándonos a conocer su identidad profunda y su designio salvador. 

Lo primero que hemos aprendido es que Dios es comunión, familia. Como proclamó el Concilio VI de Toledo en el año 638, Dios es «uno solo, pero no solitario». La única esencia divina existe eternamente como comunión de amor entre tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

El Padre es el principio sin principio, que engendra eternamente al Hijo comunicándole la plenitud del ser divino. El Hijo corresponde eternamente a este don con la plena entrega de sí mismo al Padre. Y el Espíritu Santo es el Amor eterno y subsistente que une al Padre y al Hijo en una perfecta comunión divina.

Del misterio de Dios es mucho más lo que ignoramos que lo que conocemos, pero se nos ha revelado lo fundamental: que Dios es comunión de tres personas en la que cada una no vive para sí misma sino entregada por completo a las demás, y por eso San Juan dice que «Dios es amor».

Y esta es una noticia maravillosa porque nos asegura que en la raíz de todo está el amor. En el plano físico, los científicos especulan sobre el origen del universo en una gran explosión, sobre su destino en permanente expansión y sobre su constitución por quarks y leptones. En el plano metafísico –el del sentido del ser– sabemos por la revelación que en el origen, el destino y el fundamento de todo se encuentra el amor.

A menudo la Trinidad es vista como un misterio lejano y ajeno a nuestra vida, que hay que dejar a la especulación de los teólogos. Y en realidad es todo lo contrario: es un misterio cercanísimo y clave para entender y vivir nuestra condición humana, pues si Dios es amor y hemos sido creados a su imagen y semejanza, el amor debe ser el principio rector de nuestra vida.

La Trinidad ilumina también extraordinariamente el sentido de la sexualidad humana: Dios nos ha creado como hombres y mujeres –es decir, como seres que se complementan física, psicológica y espiritualmente– para impulsarnos a salir de nosotros mismos y formar una comunión de personas en el amor en la que se realice nuestra condición de imágenes del Dios Uno y Trino. De hecho, la tradición de la Iglesia desde San Agustín ha contemplado a la familia humana –esposo, esposa e hijos– como un reflejo o icono de la Santísima Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo–. Las familias, por tanto, viven en la verdad y en paz en la medida en que cada uno de sus miembros, imitando el ejemplo de las tres personas divinas, se olvida de sí mismo y vive al servicio de los demás.

Pero lo verdaderamente extraordinario en los designios de Dios es que no sólo nos ha creado a su imagen, sino que nos ha invitado a integrarnos en su vida trinitaria. Lo hemos escuchado en el evangelio de hoy: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna». Es decir, Dios nos ha entregado a su Hijo para que, al acogerlo en la fe, nos unamos a Él como miembros de su Cuerpo y nos integremos así en la vida trinitaria como hijos adoptivos del Padre y templos del Espíritu Santo. Es lo que revivimos cada vez que celebramos la Eucaristía. En ella el Padre nos entrega al Hijo, que por la acción del Espíritu Santo se hace físicamente presente bajo las especies del pan y del vino. Y acogiendo al Hijo por la obediencia a su palabra y la comunión con su Cuerpo y con su Sangre, nos unimos a Él para participar de su entrega al Padre en el Espíritu: «Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos».

P. José María Prats

Evangelio:

  

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

 

«Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios».

San Juan 3, 16-18

La Trinidad es el misterio del amor que se entrega sin reservas y nos invita a vivir también en unidad, caridad y humildad / Por P. Carlos García Malo

 


Álvaro Simón: «Con 7 años mi corazón barruntaba que tenía que ser del Señor, me enamoré de una chica, hice la carrera de Historia y porque soy imperfecto, seré sacerdote, un canto a la vida de Cristo que está vivo»

Álvaro Simón, en el centro, con el sacerdote José Andrés y su sobrino, Enrique / Foto: Infomadrid

* «Quiero servir desde lo hondo del corazón hasta lo hondo del corazón del otro, ayudando a sanar desde el buen humor y el acompañamiento. Desde mi pobreza, ser testigo de la presencia de Dios hoy. Decir que Dios te ama, sufre, vive, disfruta, te acompaña»

Camino Católico.- «Mi corazón barruntaba que tenía que ser del Señor, pero no sabía en qué forma». Álvaro Simón tenía 7 años cuando tuvo una experiencia particular del amor de Dios. En su familia eran creyentes, pero no de Misa, con lo que la relación que el pequeño Álvaro entabló con Dios fue en el oratorio de su colegio, los escolapios de Zaragoza. «Allí me enseñaron a rezar», una fe que empezó a vivir más en el silencio de su corazón.

Recuerda su Primera Comunión, que vivió con mucha alegría. Los años pasaron y de aquella época «doy gracias al Señor que me permitió enamorarme de una chica». Pero «en mi corazón veía que era de Dios» y percibía que era posible concretar esa pertenencia en una vida sacerdotal. De hecho, «hice la carrera de Historia sabiendo que tarde o temprano tenía que caer del guindo» dice a Infomadrid.

Álvaro Simón con el padre Laplana, un monje de Montserrat, que acompañándolo le enraizó en el Señor / Foto: Infomadrid

Entonces fue determinante el padre Laplana, un monje de Montserrat con el que Álvaro contactó a través de Facebook. El joven iba a verle a la abadía —esas «frikadas» que uno hace a veces, se ríe, igual que «por una chica eres capaz de hacer cualquier locura»— y estos encuentros marcaron «un antes y un después», porque se descubrió a sí mismo, descubrió la vida de oración y aprendió a «no tener miedo de mis sombras» y fragilidades.

En ese tejido de la historia de Álvaro, el Señor lo llevó, por un amigo común, a compartir vida con un sacerdote de Madrid y su sobrino (José Andrés y Enrique), que lo acogieron en su casa mientras estudiaba un máster en Historia de las Religiones en la Universidad Complutense de Madrid.

Álvaro Simón con monaguillos, detrás en el centro / Foto: Infomadrid

El dolor de la muerte de un padre

Fue en ese tiempo cuando se concretó su entrada en el Seminario Conciliar de Madrid. Era el curso 2019-2020. La primera generación del propedéutico y la de la pandemia. «En el verano del desconfinamiento, mi padre falleció por covid». «Pero me vio entrar en el seminario y me vio feliz». Unos comienzos «rocosos», aunque Álvaro seguía con el mismo amor a Jesús que a sus 7 años.

Ese sufrimiento que experimentó en carne propia «ha sido la asignatura que me ha preparado para acompañar el sufrimiento de los demás». Es como si pudiera decir «te entiendo y vamos a caminar juntos».

Álvaro Simón, el primero por la derecha / Foto: Infomadrid

Los años de seminario le han ayudado a Álvaro «a aceptarme como soy y a procurar ser muy humano; entré muy perfeccionista, y he descubierto que porque soy imperfecto, puedo ser sacerdote». Además de aprender a convivir y de ver el paso de Dios por la vida, también ha descubierto «el peso de las mediaciones y de dejarte ayudar». Y asegura que el seminario no es tanto hacer como responder. A una llamada. A Dios.

Álvaro hace actualmente su etapa pastoral en la parroquia San Clemente Romano de Villaverde. Como diácono, le gustaría atreverse a «servir desde lo hondo del corazón hasta lo hondo del corazón del otro», sin temer el sufrimiento, ayudando a sanar desde «el buen humor y el acompañamiento». Y como sacerdote, querría, «desde mi pobreza, ser testigo de la presencia de Dios hoy, aquí, en este Madrid». Ser «un canto a la vida en Cristo», decir que «Dios te ama, sufre, vive, disfruta, te acompaña». Que «Jesús está vivo».


Álvaro Simón compartiendo formación con jóvenes / Foto: Infomadrid

Visita del Papa

Álvaro y su curso serán los diáconos de León XIV. Se han ordenado el sábado 23 de mayo, a escasos días de la visita del Papa,  un «regalo». Además de él son ya diáconos Alfonso Blanco, Álvaro Solé y Óscar Jesús Concejal. «Poder diaconar con el Papa León» lo ve como un «signo de entregar la vida por la Iglesia», que es precisamente, concluye, lo que para él brilla en los sacerdotes.

Álvaro Solé: «Una hermanas mía murió y me alejé de la Iglesia 7 años, en un retiro espiritual me encontré con Dios, al perder el trabajo escuché en la Eucaristía el pasaje del joven rico y le dije al Señor: ‘Yo seré tu sacerdote’»

Álvaro Solé sigue su camino para ser sacerdote después de haber sido ordenado diácono / Foto: Infomadrid

* «Dios sigue llamando y sigue enviando pastores a su pueblo. Es el Señor quien ha obrado y quien me ha sostenido, puedo confiar en que seguirá sosteniéndome en este sí»

Camino Católico.- Álvaro Solé ha sido ordenado diácono este sábado, 23 de mayo, en la catedral de la Almudena junto con 9 seminaristas del Seminario Conciliar de Madrid, entre ellos Alfonso Blanco, Óscar Jesús Concejal y Álvaro Simón. Procede de una familia de ocho hermanos. Uno de ellos tiene síndrome de Down y la muerte de una de sus hermanas fue precisamente el acontecimiento que marcó su alejamiento de la Iglesia.

Retiro espiritual

Su historia comenzó hace siete años, cuando decidió entrar al seminario tras un profundo proceso de conversión iniciado en un retiro espiritual. «Yo estaba muy alejado de la Iglesia. No iba a misa, no me confesaba y no tenía vida de comunidad», recuerda en Infomadrid. Aquel encuentro con el Señor, transformó por completo su mirada y le permitió volver a reconocer la presencia de Dios en su día a día.

Después de ese momento, regresó poco a poco a la vida de la Iglesia. Comenzó a participar en un grupo de jóvenes, retomó la oración y volvió a recibir los sacramentos. «Había estado prácticamente siete años sin pisar una iglesia», explica.

Álvaro Solé, el segundo por la izquierda en la fila de detrás, con su familia / Foto: Infomadrid

«Yo seré tu sacerdote»

La pregunta vocacional apareció poco después de su conversión, aunque no fue fácil aceptarla. «La primera vez que me pregunté por qué no ser sacerdote», rechazó la idea». A los dos años, volvió una segunda vez, y «también la rechacé». Sin embargo, la insistencia del Señor fue abriendo camino en su corazón.

El momento decisivo llegó cuando Álvaro perdió su trabajo. Ese mismo día escuchó en la Eucaristía el pasaje del joven rico: «Si quieres ser perfecto, vende todos tus bienes, así tendrás un tesoro en el Cielo y luego ven y sígueme». Aquellas palabras tocaron profundamente su vida. «Por primera vez respondí que sí». Le dijo al Señor «Yo seré tu sacerdote».

Alegría y esperanza

Reconoce que aquel primer «sí» era pequeño, pero con el tiempo se ha ido fortaleciendo y madurando en el seminario. Ahora, a pocos días de su ordenación, vive este momento con gran «alegría y esperanza», apunta el futuro diácono.

También afirma que «es impresionante ver cómo todo el pueblo de Dios comparte esta alegría tan grande». En sus parroquias —San Benito Menni de Carabanchel y actualmente San Juan Evangelista, en la zona del Parque de las Avenidas— ha experimentado «el cariño y la cercanía» de tantas personas que rezan por él y le acompañan en estos momentos.

Álvaro Solé, el segundo por la derecha de los que están de pie, con sus compañeros que también han sido ordenados diáconos / Foto: Infomadrid

Apoyo de toda la Iglesia

Álvaro percibe que la alegría de la comunidad no es solo por él, sino porque «Dios sigue llamando y sigue enviando pastores a su pueblo». También agradece el apoyo recibido en el movimiento de Comunión y Liberación, del que forma parte, así como el acompañamiento de su familia, amigos y personas que han compartido «su camino de fe».

Además, señala que, durante todo este tiempo, ha visto como «es el Señor quien ha obrado y quien me ha sostenido, puedo confiar en que seguirá sosteniéndome en este sí». Y concluye agradecido por el apoyo de toda la Iglesia. «Es el pueblo de Dios quien me acompaña, reza por mí y me sostiene».

Por último, Álvaro recuerda que, durante su etapa en el seminario, conoció la noticia que su padre, Gabriel Solé, sintió también la llamada al diaconado permanente. Así, mientras Álvaro ha sido ordenado diácono transitorio el 23 de mayo, su padre recibirá la ordenación como diácono permanente el próximo 20 de junio.