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viernes, 7 de agosto de 2026

Carla se casó con Juan Chimeno sabiendo que tenía esclerosis múltiple y tienen 3 hijos: «Los malos momentos los pongo en las manos del Señor, mi fuerza, mi baluarte, sin Él no soy nada; hay que apoyarse mucho en Dios»

Juan Chimeno, Carla y sus tres hijos / Foto: Omnes

* «Aún estando de bajón sé que, gracias a Dios, no estoy solo. En esos casos busco un momento para hablar con un sacerdote, y después de hablar con él me confieso. Y gracias a esto cojo fuerzas y retomo la lucha de la vida. Para (imagino que también para muchos) la vida es caer y levantarse. Yo me siento querido por Dios pero me he dado cuenta que nuestra libertad no la puede mover Dios. Él quiere que le amemos libremente, sin nada ni nadie que nos obligue. Dios, que lo puede todo (es todopoderoso), no puede mover nuestra libertad (nadie querría que le quisieran de manera obligada) y eso es muy importante hacerlo saber para que todo el mundo conozca cuánto nos ama Dios y el infinito respeto que tiene a nuestro libre albedrío y la misericordia que tiene con nosotros, que hacemos barbaridades»

Camino Católico.- Juan Chimeno es un madrileño afincado en Zaragoza. Es licenciado en Derecho y padre de tres hijos. Sus primeros pasos los dio en Europa Press, después en Mediapro. Fue funcionario interino en juzgados de primera instancia e instrucción durante varios años. Después trabajó un año en AXA y luego volvió a los juzgados. Le gusta la música, toca la guitarra, ha sido cantante en 3 grupos y es compositor. Durante la carrera empezó como Disc Jockey y ha pinchado en bodas y fiestas. 

En 2008 le diagnosticaron una esclerosis múltiple, aunque ya había sospechas desde hacía años, ya que el primer brote fue en 2001, pero hasta 2007 no empezó a manifestarse. Fue un duro golpe para toda la familia y los amigos, en ese momento se empezó a mostrar claramente, que “Juanchi” (como es conocido por sus amigos) no se iba a dejar llevar por el desánimo.

Sus convicciones le hicieron reconfigurar su vida. Esto trajo a su familia mucha paz en los momentos de desánimo y una gran alegría. Se convirtió en una bendición esta limitación, aunque parezca una contradicción, porque sacó lo mejor de él.

Les demostró que, como dice Marian Rojas, la felicidad no está en lo que nos pasa, sino cómo interpretamos lo que nos pasa. Fue capaz de ser feliz y hacer felices a los suyos. 

Tanto es así que su “chica” maña,  Carla, que la había conocido en 2007, siguió enamoradisima de él, y se casaron en 2011. Viven en Zaragoza desde 2010. En la actualidad tienen tres hijos, dos chicos y una chica, Álvaro de 8, Jacobo de 6 y la pequeña, Marianita, de 3 años. Juanchi está jubilado desde 2017 ya que tiene la incapacidad laboral absoluta y se dedica a su familia y a dejarse cuidar. Álvaro Gil Ruiz entrevista a Juan Chimeno y su esposa Carla en Omnes.

- ¿Cómo os conocisteis? ¿Cómo empezasteis a salir? 

– Juanchi: Nos conocimos por amigos comunes que habían estado ese verano haciendo voluntariado en Nairobi, con las Hermanas de la Madre Teresa. Empezamos a salir porque ella me mandó un SMS y yo pensé, “oye, esta chica parece interesante” y empezamos a hablar y hablar, que es la mejor manera de conocerse, y al final, gracias a un amigo, me lancé y le pedí salir formalmente.

Estuvimos saliendo 4 años en la distancia. Fue duro, realmente duro, porque no era tan fácil ver a la persona a la que quería: teníamos que coger un tren para poder vernos tan solo un día y medio, que sabe a muy poco y había fines de semana que no nos podíamos ver. Pero aún así mereció la pena ya que se valoran las cosas mucho más.

- Juanchi, ¿qué formación tienes? ¿A qué te dedicas? ¿Cuáles son tus sueños?

– Estudié Derecho en la Complutense y años después un MBA en ICADE. Los dos me ayudaron mucho a formar mi cabeza y a abrir la mente, sobre todo por el esfuerzo que implican y las materias que abarcan.

Actualmente me dedico a mi rehabilitación física y a mi familia. En 2016 estaba trabajando como Gestor Procesal en Decanato de Plaza Castilla y gracias a Dios entré en un ensayo clínico en el Hospital Clínic de Barcelona. Eso me hizo replantearme la vida y decidí pedir la incapacidad laboral y gracias a Dios y a la intercesión de D. Isidoro Zorzano, me concedieron la absoluta.

Mis sueños la verdad es que se circunscriben a mi ámbito más cercano: mi mujer, mis hijos, mi curación, amigos, acercar a la gente que conozco a Dios y la música, aunque últimamente, salvo las clases de canto, lo tengo descuidado.

- Y tú Carla, ¿qué estudiaste? ¿Qué haces a nivel profesional? ¿Qué proyectos tienes?

– Yo estudié en Sansueña, un colegio de Fomento, algo que también he elegido para que nuestros hijos estudien allí.

Después estudié Farmacia en la Universidad de Navarra, en Pamplona, un sitio donde me gustaría que estudiaran mis hijos porque es una parte muy importante de mi vida. 

Trabajo en una farmacia con dos de mis hermanos, donde tenemos momentos muy buenos y un poco menos buenos, pero me encanta trabajar con ellos. 

Mis proyectos profesionales están en la farmacia, dado que es el negocio familiar, luchamos cada día para que nos vaya muy bien.

- Carla, ¿cuándo recibiste el diagnóstico de Juanchi? ¿Cómo fueron esos primeros momentos?

– Algo que no se me olvida es cuando le dijimos a mi madre que nos íbamos a casar y justo ese día nos dieron el diagnóstico definitivo de su enfermedad. Mi madre me dijo…”¿estás segura que quieres casarte con él? . Es una enfermedad muy dura. Tendrás que hacerle todo y trabajar mucho para que tenga una buena calidad de vida”. La verdad es que yo dije “¿bueno y qué?”.

Pero mi madre sabía lo que decía, pero en ese momento pensé: “bueno pues ya le ayudaré”. No sé si fue algo inconsciente o no, pero hasta el día de hoy, él puede hacer lo suyo y yo hago todo lo demás, salvo la comida, que la hace él para toda la familia. Y cuando tenga que hacer lo suyo, más todo lo demás, igual digo… “Qué razón tenía mi madre”, jajaja.

¡Pero la vida hay que vivirla al día! Y sobre todo, apoyarse mucho en los planes de Dios, que son como vienen y punto.

- Juanchi, ¿cómo es tu día a día? ¿Cómo superas tus bajones? 

– Voy varios días a rehabilitación, a fisioterapia y terapia ocupacional. Hago la comida y la cena para mi familia (como ha dicho Carla). Además hago la compra y me encargo de las gestiones de casa.

Hay días que no salgo de casa y la verdad es que se hace largo el día, pero bueno, siempre pienso que habrá un mañana que pueda salir.

Lo de los bajones da para hablar mucho. Antes de tener esta enfermedad, era un tipo muy inquieto. Mis amigos de Madrid me conocen y saben que no paraba de hacer planes. Estaba la mayor parte del día fuera de casa y de repente me llegó esta enfermedad. La pérdida de movilidad no fue de golpe, fue poco a poco. Al principio andaba mal, luego iba lento, después tropezando con cualquier obstáculo del suelo. Años más tarde empecé a ir con bastón y llegó un momento en el que decidí que por la calle era mejor ir en silla de ruedas.

No soy de las personas que se quedan muy abatidas o paralizadas cuando le dan una mala noticia de este tipo, o un palo fuerte. Trato de ver cómo seguir adelante y no quedarme parado ante la desgracia o la contradicción que me está pasando. Muchas veces pongo el ejemplo del limón. En esta vida hay que “hacer del limón limonada”. No te quedes con lo ácido de las cosas que te pasan en la vida, dales un cambio y haz limonada de eso que te hace sufrir. El sufrimiento no desaparece pero tu actitud sí puede cambiar. No es inmediato, requiere esfuerzo, pero el resultado es una limonada fresca y muy rica que alegra la vida.

Los malos momentos los pongo en las manos del Señor, mi fuerza, mi baluarte, sin Él no soy nada, y lo que hago es ocupar la cabeza con otras cosas. Pero bueno, en otras ocasiones tengo bajones más grandes, y todo lo malo se hace cada vez más grande, como si estuviera en un hoyo profundo del que fuese imposible salir.

Aún estando de bajón sé que, gracias a Dios, no estoy solo. En esos casos busco un momento para hablar con un sacerdote, y después de hablar con él me confieso. Y gracias a esto cojo fuerzas y retomo la lucha de la vida. Para (imagino que también para muchos) la vida es caer y levantarse.

Yo me siento querido por Dios pero me he dado cuenta que nuestra libertad no la puede mover Dios. Él quiere que le amemos libremente, sin nada ni nadie que nos obligue. Dios, que lo puede todo (es todopoderoso), no puede mover nuestra libertad (nadie querría que le quisieran de manera obligada) y eso es muy importante hacerlo saber para que todo el mundo conozca cuánto nos ama Dios y el infinito respeto que tiene a nuestro libre albedrío y la misericordia que tiene con nosotros, que hacemos barbaridades.

- Juanchi, es comprensible que esta vivencia te haya llevado a conocer de primera mano nuestra fragilidad, nuestra vulnerabilidad y nuestra limitación personal. ¿Cómo vinculas esta realidad con Dios? ¿Cómo combinar la humanidad y la trascendencia?

– Yo soy un pequeño siervo que trato de hablar de Dios a todo el mundo porque Él me ha hecho ver que a pesar de mi debilidad y mis miserias me ama infinitamente y que Él no me va a obligar a que le ame, quiere que le ame libremente.

También he visto que Dios se apoya en los débiles y en los enfermos para que se vea su amor sobre nosotros, su omnipotencia y su misericordia. Fue a san Lorenzo a quien las autoridades romanas le exigieron los bienes de la Iglesia tras la muerte del Papa Sixto II. Él se presentó ante el prefecto romano junto a los pobres, enfermos, ciegos, lisiados, viudas y necesitados a los que atendía, afirmando que ellos eran el verdadero tesoro de la Iglesia. Para que se vea aún más la mano del Señor, yo nací un 10 de agosto, día de san Lorenzo, y ese mismo día falleció mi padre a los 67 años.

La humanidad y la trascendencia en mi caso se entrelazan en lo cotidiano, en el día a día.

La cruz que tengo es una cruz del día a día y esto me ha ayudado a trascender y darme cuenta que viene de Dios y que tengo que darle gracias por ello aunque pensar esto es una locura. Muchos pensarán “¿cómo puedes decir ‘doy gracias a Dios por esta cruz’? Tendrías que pensar todo lo contrario, ‘¿Por qué Dios me ha castigado con esta desgracia?’”.

Hace poco, una chica que conozco, María Mora Figueroa, que falleció en abril, me decía: “Dios manda a cada uno lo que podemos llevar mejor”. Me costó tiempo darme cuenta que la cruz que el Señor me había regalado me ha hecho mejor persona. Antes mi cotidianidad no me ayudaba a ser tan trascendental. Pensaba que era buen cristiano pero iba corriendo a todas partes sin prestar atención, sin darme cuenta de lo que de verdad importa.

Ahora, que no puedo casi ni andar, me fijo en infinidad de cosas que antes no veía. Estoy agradecido a Dios por la cruz que me ha dado, aunque tenga que sufrirlo todos los días y esté fastidiado. También he aprendido que a amar se aprende sufriendo, aunque esto daría para otra entrevista.

Todo esto no quita para reconocer que soy pecador y sigo luchando día a día, porque pecados tengo muchos y porque aunque tengas una cruz hay que seguir luchando como cualquiera. 

- Carla, te dirán “¿cómo fuiste tan valiente de casarte?” Y dirás que el amor está por encima de todo. Pero el amor se forja día a día. ¿Qué le dirías a los que están pasando por algo parecido?

– Sinceramente, yo soy un poco rancia. No soy muy cariñosa así que lo que te puedo decir es que lo que a mí me han enseñado es a respetar y comprometerse con educación y respeto. Juanchi es todo lo contrario y por eso nos complementamos. Como muy bien has dicho el amor se forja día a día, la unión se construye día a día y no es todo tan maravilloso como parece. Por lo menos en mi caso.

Como muy bien sabemos todos al principio todo es fantástico y estupendo y luego las cosas se enfrían por eso hay que cuidarlas, ¡pero mucho! La vida es muy dura y más si te vino algo así en la vida. O aprendes a ser positivo y llevarlo lo mejor posible o te hundes. Yo soy farmacéutica y sé que hay millones de cosas para ayudar a estar bien. Pero esa no es la solución. Hay que apoyarse mucho en Dios y ser positivo.  Nadie te da nada, lo tenemos que luchar cada uno.

- Carla, ¿cuánto tiempo tardó en llegar el primer hijo? ¿Cómo nace la decisión tan generosa de ser padres de tres? 

– Tanto Juanchi como yo procedemos de familias numerosas. Y a los dos nos gustó la idea de tener hijos. No sabíamos si esto iba a ser posible o en caso de poder cuántos tendríamos. Nos encantan los niños y tenerlos no es ninguna tontería. Es una gran responsabilidad y hay que trabajar a diario para que sean muy educados y buenas personas. Es una lucha constante.

Nos costó tener el primer hijo 7 años y tuvimos ayuda de la Asociación Española de Naprotecnología. Ahora tenemos tres hijos. La ayuda de mis padres y hermanos, que viven en Zaragoza ha sido muy importante y les estamos muy agradecidos. La familia de Juanchi vive en Madrid y también nos han ayudado mucho.

- ¿Qué proyectos tenéis entre manos?

– Carla: Creo que lo más importante es educar a nuestros hijos en valores y disfrutar cada momento de la vida. 

Viajar nos encanta a los dos, y todavía es posible hacerlo con él. Cada verano hacemos un viaje en familia y el último fue a Roma durante el año jubilar y lo pasamos muy bien. Fuimos con un grupo muy grande y hacer viajes con Juanchi y otras personas, es duro pero es posible. 

- ¿Qué mensajes queréis dar a la sociedad? 

– Dos: “haz del limón limonada” y confiésate más. Dios premia la humildad de reconocer tus pecados, delante de un sacerdote, con una paz verdadera, que no se da a este mundo en ningún sitio.

San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, y la Eucaristía / Película de Dibujos animados


Camino Católico.-  San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, y la Eucaristía, película de dibujos animados para niños de la serie “Mi familia católica” de  EWTN .


Bradley Cooper, actor: «Comprendí que Dios está en todo, en cada pequeño detalle de nuestra existencia; rezar me mantiene centrado; pido la sabiduría para ser un buen hombre y padre y para no perder el camino»

Bradley Cooper en el Festival de Cine de Nueva York en 2025

* «La muerte de mi padre de cáncer de pulmón en 2011 cambió todo en mí. Te das cuenta de que la vida es corta y que lo único que realmente importa es cómo tratas a los demás y cómo vives tu fe»

Camino Católico.-  “Comprendí que Dios está en todo, en cada pequeño detalle de nuestra existencia”, dice el actor Bradley Cooper refiriéndose al momento clave de su conversión en 2011 cuando su padre falleció de un cáncer de pulmón.

Muchos reconocen al actor Bradley Cooper por películas como “Ha nacido una estrella” (A Star Is Born, 2018), “El lado bueno de las cosas” (Silver Linings Playbook, 2012), “El francotirador” (American Sniper, 2014), “Maestro” (2023), o “La gran estafa americana” (American Hustle, 2013). Sin embargo, en medio de su trabajo en Hollywood, da testimonio de su fe católica pese a las crisis que ha vivido en  su vida debiendo superar adicciones.

Bradley Cooper nació el 5 de enero de 1975 en Filadelfia, en el seno de una familia muy unida. Su madre, Gloria, trabajaba para una filial local de NBC. Su padre, Charles Cooper, era corredor de bolsa en Merrill Lynch. Bradley también tenía una hermana mayor, Holly.

Su familia era de profunda tradición católica y Cooper atribuye el cimiento de su vida espiritual a la influencia de su abuela materna, una devota mujer de origen italiano, y a sus padres. En diversas entrevistas sobre su infancia, el cineasta ha recordado el papel fundamental que jugaba la oración en el hogar: 

“Soy católico. Rezo a diario. Crecí con mi abuela y éramos muy cercanos. La fe católica estaba muy presente en nuestra casa; la misa de los domingos y el rezo del Rosario eran parte natural de nuestra rutina. Me bautizaron. Siempre me encantó la solemnidad de la ceremonia. Mucho tenía que ver con el amor que sentía por mi padre y con verlo con su chaqueta de tweed en misa. Me encantaba cómo rezaba, así que rezaba como él. No por ninguna otra razón que no fuera porque quería ser como mi padre; quería ser como Charlie Cooper. Pero al hacerlo, a través del ritual, empecé a tener fe en Dios. ¿Soy una persona espiritual hoy en día? Sí. No sé cómo podría no serlo. Es como preguntar: ‘¿Respiras?’”.

Esas prácticas de la fe fueron un marco moral y un refugio interno al que acudir cuando su vida profesional amenazó con desmoronarse.

A los 29 años, en medio del ascenso vertiginoso de su carrera tras participar en la serie Alias, Cooper enfrentó una severa crisis personal ligada a la adicción al alcohol y a las drogas, agravada por la insatisfacción profesional y la baja autoestima. El punto de inflexión no llegó mediante un evento estelar, sino a través de una profunda toma de conciencia sobre el propósito de su vida y el valor de su salud espiritual.

"Estaba en una fiesta y me golpeé la cabeza contra el suelo de cemento a propósito, como diciendo: '¡Miren qué duro soy!'. Me levanté y la sangre me goteaba. " luego lo volví a hacer", recuerda Bradley.

La acrobacia llevó a Bradley al hospital, donde permaneció sentado con un calcetín de hielo en la cabeza mientras los médicos le cosían la herida. Fue entonces cuando, en lo más profundo de su ser, Bradley comprendió que su vida tenía un propósito mayor.

"Me di cuenta de que no iba a estar a la altura de mi potencial, y eso me asustó muchísimo. Pensé: 'Vaya, voy a arruinar mi vida; de verdad que la voy a arruinar'".

Bradley Cooper en 2018 durante el estreno de A Star Is Born en Toronto

Ese momento de lucidez fue una verdadera bendición. Bradley Cooper recibió la ayuda que necesitaba y dejó las drogas y el alcohol.

Mirando hacia atrás, el actor ha subrayado en reiteradas ocasiones cómo la gracia divina y el recuerdo de sus valores familiares le permitieron tomar la decisión de rehabilitarse antes de que fuera demasiado tarde: “Si hubiera continuado por ese camino, habría saboteado toda mi vida. Doy gracias a Dios por haber salido de allí a tiempo”.

Si la sobriedad fue el primer gran paso de reorientación, el fallecimiento de su padre, Charles Cooper, en 2011 a causa de un cáncer de pulmón, consolidó la profundidad teológica de su visión del mundo. Cooper acompañó a su padre en sus últimos meses y estuvo a su lado en el momento de su muerte, una experiencia que transformó radicalmente su percepción de la existencia, la mortalidad y la presencia de Dios en lo cotidiano.

Reflexionando sobre aquel evento que marcó un antes y un después en su madurez interior, Cooper ha afirmado: “Su muerte cambió todo en mí. Te das cuenta de que la vida es corta y que lo único que realmente importa es cómo tratas a los demás y cómo vives tu fe. Comprendí que Dios está en todo, en cada pequeño detalle de nuestra existencia”.

Esta vivencia no solo reordenó sus prioridades personales, sino también su acercamiento al arte, buscando proyectos de mayor profundidad humana y responsabilidad moral.

Cooper no duda en dar testimonio de su rutina espiritual en un entorno a menudo indiferente u hostil a las prácticas religiosas tradicionales. Mantiene la oración como el eje central de sus mañanas y noches, pidiendo la guía necesaria para ejercer sus roles como padre, artista y ser humano:

“Rezar me mantiene centrado. No pido cosas materiales o éxito, sino la sabiduría para ser un buen hombre, un buen padre y para no perder el camino”.

Homilía del P. José Aumente y lecturas de la Misa de hoy, viernes, santos Justo y Pastor, 7-8-2026

7 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. José Aumente y lecturas de la Santa Misa de hoy, viernes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario, santos Justo y Pastor, mártires, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, viernes, santos Justo y Pastor, 7-8-2026

7 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, viernes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario, santos Justo y Pastor, mártires, presidida por el P. José Aumente, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Palabra de Vida 7/8/2026: «¿Qué podrá dar un hombre para recobrar su alma?» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 7 de agosto de 2026, viernes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: san Mateo 16, 24-28:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».

Adoración Eucarística con el P. José Aumente en la Basílica de la Concepción de Madrid, 7-8-2026

7 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aumente, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

«En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su Reino» / Por P. Carlos García Malo



jueves, 6 de agosto de 2026

Papa León XIV en homilía en Asís, 6-8-2026: «Fiarse de Dios es reencontrar, como Francisco y Clara, un mundo de hermanos y hermanas para querer, servir y abrazar; apuesten por la civilización del amor»

* «Hoy Europa y el mundo entero buscan en ustedes nuevos santos: ¡tengan la audacia de creer en la palabra del Evangelio, sean muy humanos con la libertad de Jesucristo, abracen la hermana pobreza! El título de su encuentro —Go!— es una misión, un envío por caminos, de los que no tenemos mapas, porque se abren escuchando al corazón, obedeciendo al Espíritu y siguiendo al Resucitado donde ha querido precedernos. Go! ¡Vayan! O mejor todavía: ¡vayamos! Let’s go! A los lugares marginales, donde la injusticia y la prepotencia de unos pocos niegan la dignidad y los sueños de muchos, de demasiados hijos e hijas de Dios»

 

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud»

 

6 de agosto de 2026.- (Camino Católico) En el Evangelio se puede encontrar un sentido y se puede vislumbrar un camino: es el que señala Jesús, en quien Dios se revela. León XIV tiene palabras claras para los 2.500 jóvenes reunidos hoy, 6 de agosto, en Asís con motivo del Go! Franciscan Youth Meeting 2026!, durante la misa que ha presidido en Santa María de los Ángeles. Cristo es el Maestro al que hay que seguir, junto al cual hay que avanzar hacia el futuro: “Fiarse de Dios es reencontrar, como Francisco y Clara, un mundo de hermanos y hermanas para querer y servir, no para explotar y dominar. No un mundo para defender, sino para abrazar. Apuesten, queridos jóvenes, por la civilización del amor”.



Y Asís es un lugar en el que «todo susurra que nuestra vida puede cambiar de forma, irradiar luz, reparar el mundo», señala el Papa, recordando que «aquí comenzó la transfiguración de Francisco, de Clara y luego de miles de otros jóvenes» al acoger el Evangelio «sin concesiones», y así «la vida de Jesús ha renacido en ellos».





En el día en que la Iglesia celebra la festividad de la Transfiguración del Señor, «un misterio de luz», «alegre, pero también lleno de interrogantes sobre el presente y el futuro», que el relato evangélico nos da a conocer mostrándonos también «el contraste entre la luz y la sombra, el silencio y las palabras, el asombro y la incomprensión», el Sumo Pontífice desarrolla su homilía partiendo precisamente de lo ocurrido en el Monte Tabor, donde, «en la transfiguración de Jesús», Dios mismo se reveló «en su gloria», señalando al Hijo e invitando «a escucharlo». 




Y León XIV remarca que «la Iglesia existe para llevarnos a este dinamismo de escucha y de decisión, en el que comprender para quién vivir y cómo vivir. Es la comunidad en la que aprender a distinguir la voz de Dios, que nunca coincide simplemente con nuestras opiniones, y atrevernos a esa obediencia al Espíritu Santo que ha hecho audaces y creativos a todos aquellos que han aceptado seguir a Jesús». En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto completo es el siguiente:



VISITA PASTORAL DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

A SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES – ASÍS


 SANTA MISA CON LOS JÓVENES PARTICIPANTES EN EL "GO! FRANCISAN YOUTH MEETING 2026"


HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV


Basílica Papal de Santa María de los Ángeles en la Porciúncula (Asís)

Transfiguración del Señor - Jueves, 6 de agosto de 2026



Queridísimos hermanos y hermanas,
queridísimos jóvenes:

La fiesta de la Transfiguración, que estamos celebrando, es un misterio de luz que nos ayuda a profundizar nuestro encuentro, tan gozoso, pero también cargado de interrogantes sobre el presente y el futuro. En el relato evangélico encontramos el contraste entre luz y sombra, silencio y palabras, estupor e incomprensión. Estamos en Asís, una ciudad a la que vienen, desde hace siglos, muchos peregrinos —hoy también nosotros— porque aquí todo nos susurra que nuestra vida puede cambiar de forma, irradiar luz, reparar el mundo. Aquí comenzó la transfiguración de Francisco, de Clara y de otros miles de jóvenes: acogieron el Evangelio sin glosa —nosotros diríamos: sin descuentos— y la vida de Jesús ha recomenzado en ellos.

Hemos llegado aquí para comprender hacia dónde va la historia y hacia dónde estamos yendo nosotros. En el Evangelio vemos que se puede encontrar un sentido, se puede entrever un camino. Como Pedro, Santiago y Juan somos llevados un poco aparte y Jesús está con nosotros. Esto es lo que cuenta: su presencia. En la montaña, los apóstoles contemplan a Jesús que se orienta hacia su propio futuro. Sobre este punto había habido incomprensión entre ellos. Seis días antes, Pedro había reprochado al Maestro que hubiese hablado abiertamente de la cruz (cf. Mt 16, 21-26): él se esperaba la gloria para el Mesías, tal vez incluso para sí mismo, sin tomar en cuenta las resistencias y los riesgos, pero sobre todo sin preguntarse qué es la gloria. Ahora, en la transfiguración de Jesús, es Dios mismo quien se revela en su gloria, que tiene la apariencia de una nube que protege y envuelve. Señala al Hijo, invita a escucharlo. El camino de la vida se descubre siguiéndolo juntos. Su belleza tiene un nuevo aspecto, una intensidad sin precedentes, tanto que Pedro quisiera detener el tiempo y prolongar esa visión. Generosamente, se ofrece para construir tres tiendas, como si quisiera ver continuar la conversación entre Jesús, Moisés y Elías. Sin embargo, hace falta entrar en esa conversación. No se puede permanecer sólo como espectadores. Estamos llamados a leer las Escrituras con el Maestro, a interpretar nuestro tiempo y a tomar decisiones siguiendo su camino. Estamos aquí para vencer la resignación y el miedo, para disipar las dudas que también nos frenan a nosotros, como frenaron a los apóstoles. Jesús nos llama a dialogar con su historia, para escribir nuevas páginas de la historia.

Al escuchar que «su rostro empezó a brillar como el sol y su ropa se hizo blanca como la luz» (Mt 17,2) pensamos en la mañana de Pascua, cuando un ángel del Señor rodó la piedra que cerraba el sepulcro y trajo el anuncio de la resurrección. «Su aspecto era como el de un relámpago y su vestidura tan blanca como la nieve» (Mt 28,3). Es la luz de un nuevo día, hacia el que estamos orientados, mientras que en torno a nosotros, y a veces dentro de nosotros, hay todavía oscuridad. Vemos su aurora en los santos canonizados, como san Francisco y santa Clara, y en una miríada de hermanos y hermanas que responden al mal con el bien. ¡No estamos solos! En estos días lo han experimentado: se han encontrado y escuchado, pasando del ruido de voces que contrastan y se sobreponen al arte de la conversación. Hoy contemplamos a Jesús que se transfigura precisamente en la conversación con el Padre, con quienes le precedieron, Moisés y Elías, y con sus contemporáneos, los discípulos.

La Iglesia existe para introducirnos en este dinamismo de escucha y de decisión, en el cual comprendemos para quién vivir y cómo vivir. Es en la comunidad en donde aprendemos a distinguir la voz de Dios, que no coincide simplemente con nuestras opiniones, y a ser obedientes al Espíritu Santo, que hace audaces y creativos a todos aquellos que han aceptado seguir a Jesús: nosotros nos desfiguramos separándonos de Él y de los demás; nos transfiguramos, en cambio, en las relaciones que robustecen y llaman a la vida. La espiritualidad franciscana, en la que ustedes se han formado, está muy atenta a reparar las relaciones fundamentales con Dios y con todas sus criaturas: una armonía que hay que custodiar y cultivar, hoy más que nunca.

En este sentido, al comienzo de mi primera Encíclica, he sugerido que: «cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto. Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud» (Magnifica humanitas, 1).

Queridos amigos, la razón por la que san Francisco nos sigue atrayendo, ochocientos años después de su muerte, radica en la magnífica humanidad que lo llevó a abandonar los caminos ya trazados, para abrir uno nuevo, más coherente con el camino de Jesús. Incluso en una ciudad cristiana desde hacía siglos, como Asís, esto es algo revolucionario. «La elección de Clara resultó aún más impresionante: ¡una joven que quería ser como Francisco, que quería vivir, como mujer, libre como aquellos hermanos!» (Audiencia jubilar, 4 de octubre de 2025). Es la energía del cristianismo, la propia de sus comienzos y de sus múltiples reinicios.

Y bien, queridos jóvenes, hoy Europa y el mundo entero buscan en ustedes nuevos santos: ¡tengan la audacia de creer en la palabra del Evangelio, sean muy humanos con la libertad de Jesucristo, abracen la hermana pobreza! El título de su encuentro —Go!— es una misión, un envío por caminos, de los que no tenemos mapas, porque se abren escuchando al corazón, obedeciendo al Espíritu y siguiendo al Resucitado donde ha querido precedernos. Go! ¡Vayan! O mejor todavía: ¡vayamos! Let’s go! A los lugares marginales, donde la injusticia y la prepotencia de unos pocos niegan la dignidad y los sueños de muchos, de demasiados hijos e hijas de Dios. El Papa Francisco, inspirándose en el pobrecillo de Asís, nos ha puesto en guardia frente a la «tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana» (Papa Francisco, Evangelii gaudium, 270).

Podemos incluso no ser comprendidos por los de nuestra propia casa, como le sucedió a san Francisco. Sin embargo, sustraerse a la cultura de la fuerza y abatir los muros que separan a los seres humanos entre sí, nunca es traicionar a la familia, a la ciudad, a la tradición, sino liberarlas de sus fantasmas, de enemigos inventados por miedo e ignorancia, de la violencia con la que se querría imponer el propio orden minúsculo sobre una realidad que nos desborda por completo. Fiarse de Dios es reencontrar, como Francisco y Clara, un mundo de hermanos y hermanas para querer y servir, no para explotar y dominar. No un mundo para defender, sino para abrazar.

Apuesten, queridos jóvenes, por la civilización del amor, de la cual han encontrado los brotes en tantos ejemplos de gratuidad, y que transfigura —a imagen de Cristo— a innumerables artífices de paz también hoy comprometidos con el servicio a la vida en los más trágicos escenarios de muerte. Unan las mejores energías de su magnífica humanidad —los estudios, las competencias, el trabajo, las amistades, el amor, la oración— actualizando de diversos modos la visión de Francisco. Imagino que conocen esta oración frecuentemente atribuida a él, un texto del pasado siglo:

¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz!
Que allí donde haya odio, ponga yo el amor;
donde haya ofensa, ponga yo el perdón;
donde haya discordia, ponga yo la unión;
donde haya error, ponga yo la verdad;
donde haya duda, ponga yo la fe;
donde haya desesperación, ponga yo la esperanza;
donde haya tinieblas, ponga yo la luz;
donde haya tristeza, ponga yo la alegría.

¡Aquí tenemos “hacia dónde” andar! Go! Pero también especialmente “cómo” andar:

¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar;
ser comprendido, como comprender;
ser amado, como amar.
Porque dando es como se recibe;
olvidando, como se encuentra;
perdonando, como se es perdonado;
muriendo, como se resucita a la vida eterna.

Queridos amigos: que estos días en Asís se impriman en su memoria y el retorno a casa, a diversos países de Europa a los que viajarán, sea como el descenso de Pedro, Santiago y Juan, del monte alto de la transfiguración. Un retorno reflexivo, abierto al futuro, comprometido con Jesucristo. Él se fía de ustedes, cuenta con ustedes, permanece siempre con ustedes.

PAPA LEÓN XIV




Fotos: Vatican Media, 6-8-2026