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sábado, 15 de agosto de 2026

Homilía de Mons. Francisco Cerro, Arzobispo de Toledo, y lecturas de la Misa de hoy, sábado, la Asunción de la Virgen María, 15-8-2026

15 de agosto de 2026.-  (Camino Católico) Homilía de Mons. Francisco Cerro, Arzobispo de Toledo, y lecturas de la Misa de hoy, sábado, la Asunción de la Virgen María, emitida por 13 TV desde la Catedral de Toledo.

Santa Misa de hoy, sábado, la Asunción de la Virgen María, en la catedral de Toledo, 15-8-2026

15 de agosto de 2026.-  (Camino Católico)  Celebración de la Santa Misa de hoy, sábado, la Asunción de la Virgen María, presidida por Mons. Francisco Cerro Chaves, Arzobispo de Toledo, emitida por 13 TV desde la Catedral de Toledo.

Misterios Gozosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 15-8-2026

15 de agosto de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

Palabra de Vida 15/8/2026: «El Poderoso ha hecho obras grandes en mí» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 15 de agosto de 2026, sábado, la Asunción de la Virgen María, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Lucas 1, 39-56:

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que. en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y levantando la voz, exclamó:

«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

María dijo:

«Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava”.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mi: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” – como lo había prometido a “nuestros padres” – en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.

Homilía de la Asunción de la Virgen: Para permanecer victoriosos en la corona de María tenemos que renovar continuamente nuestra unión a Cristo por la oración y la celebración de los sacramentos / Por P. José María Prats

* «La fiesta de hoy nos recuerda que por la fe y el bautismo hemos recibido una vida celestial; que formamos parte de la corona de la Virgen Asunta al cielo; que esta vida es una vida separada del mundo y de sus pasiones y llena del poder y de la victoria de Jesucristo, pero que es también una vida amenazada por el poder formidable de las fuerzas del mal que quieren precipitarnos nuevamente sobre la tierra»

La Asunción de la Virgen María

Apocalipsis 11, 19a;12,1.3-6a.10ab / Salmo 44 / 1 Corintios 15, 20-27a  / San Lucas 1, 39-56

P. José María Prats / Camino Católico.-  Celebramos hoy una fiesta muy importante de la Virgen María en la que contemplamos el misterio de su Asunción al Cielo en cuerpo y alma, misterio que nos habla de su victoria y de su gloria después de una vida consagrada por completo a Dios.

Vamos a profundizar en este misterio comentando la visión de la Mujer vestida de sol que hemos escuchado en la primera lectura tomada del libro del Apocalipsis.

«Apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas.»

Se nos dice en primer lugar de esta mujer que representa a la Virgen que está «vestida de sol». El evangelio de San Mateo, cuando narra el episodio de la Transfiguración, donde el Señor mostró anticipadamente a sus discípulos la gloria que tendría tras su resurrección, dice que «su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos  como la luz». María, por tanto, se nos presenta glorificada, compartiendo la gloria de su Hijo. Es la Virgen Asunta, la Virgen llevada al Cielo en cuerpo y alma que hoy estamos celebrando.

En segundo lugar, tiene «la luna por pedestal». El pueblo de Israel tenía un calendario lunar, por lo que la luna representaba el tiempo y sus fases, lo pasajero y mudable. La Virgen, pues, se nos presenta permaneciendo más allá del tiempo y de la historia, ejerciendo sobre ellos un poder soberano. Ella comparte la victoria de su Hijo a quien ha sido dado «todo poder en el cielo y en la tierra».

Y, finalmente, aparece «coronada con doce estrellas». Doce es el número que representa al pueblo de Dios: doce fueron los hijos de Jacob que engendraron a las doce tribus de Israel, y doce fueron los Apóstoles del Señor, cuyo ministerio engendró a la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios. Esta visión nos dice, pues, que, asociada a la Virgen, compartiendo su gloria y su victoria, está la Iglesia. Y es que desde que Jesús nos dio a María por Madre al pie de la Cruz, María y la Iglesia son para siempre indisociables.

«Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra.»

El libro del Apocalipsis narra la historia de la humanidad como un combate entre el bien y el mal desarrollando la profecía de Gn 3,15, donde Dios dice a la serpiente: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, pero tú sólo herirás su talón». Se nos ha presentado primero a la protagonista –María  y su linaje–, y ahora se nos presenta al antagonista –la serpiente– como «un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas». 

El color rojo representa su poderosa acción destructiva ávida de sangre y de muerte. Los números siete y diez representan respectivamente perfección y multitud. Las siete cabezas nos hablan, pues, de la perfección de la inteligencia satánica y de la diversidad de agentes a través de los que actúa. El cuerno es un símbolo del poder y de la fuerza con que el toro embiste y arrastra todo lo que se le pone por delante. Así, los diez cuernos representan la multitud de poderes por medio de los cuales Satanás hiere y aflige a la humanidad: la guerra, el hambre, la injusticia social, los imperialismos, el materialismo, las ideologías... Finalmente las siete diademas representan la finísima capacidad de seducción del Maligno a través de riquezas, fama, honores, lujos, placeres...

Con toda esta inteligencia, poder y capacidad de seducción, Satanás hiere eficazmente el talón del linaje de la Mujer, arrojando sobre la tierra un tercio de las estrellas del cielo: son los miembros de la Iglesia que se han dejado seducir y han sido arrastrados nuevamente a una vida mundana.

«El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios.»

Este «varón destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos» es, lógicamente, Jesucristo, el hijo de María, «Rey de reyes y Señor de señores».

Estos versículos constituyen una brevísima síntesis del Misterio Pascual: Toda la vida de Jesucristo transcurre bajo una constante amenaza de muerte que culmina en la Cruz, donde parece, efectivamente, que ha sido devorado por las fuerzas del mal. Pero en su Resurrección y Ascensión al cielo, es arrebatado y llevado junto al trono de Dios.

Hay algo, sin embargo, que parece que no cuadra, porque la Mujer que da a luz a Jesucristo debería ser la Virgen en su existencia terrena y no la Virgen ya asunta al cielo. Y es que lo que aquí se está representando es a la Iglesia que, congregada entorno a María y bajo la amenaza de Satanás, renueva el Misterio Pascual en la celebración de la Eucaristía, uniéndose a la Pasión del Señor para compartir su victoria sobre el pecado y las fuerzas del mal que hace posible una vida nueva en santidad y justicia.

«La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo: “Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo”.»

El desierto representa esta nueva vida austera y esforzada que ha roto con las seducciones del mundo para consagrarse por entero a Dios. En esta vida, escondida y despreciable a los ojos del mundo, se manifiesta el poder del Reino de Dios y el ser humano recupera su salud y su armonía.


La fiesta de hoy, por tanto, nos recuerda que por la fe y el bautismo hemos recibido una vida celestial; que formamos parte de la corona de la Virgen Asunta al cielo; que esta vida es una vida separada del mundo y de sus pasiones y llena del poder y de la victoria de Jesucristo, pero que es también una vida amenazada por el poder formidable de las fuerzas del mal que quieren precipitarnos nuevamente sobre la tierra. Y que para permanecer victoriosos en la corona de María tenemos que renovar continuamente nuestra unión a Cristo por la oración y la celebración de los sacramentos.

Que la Virgen Asunta al cielo a quien hoy invocamos con tanta devoción, interceda por nosotros para que nos mantengamos siempre firmemente unidos a ella y podamos así alcanzar un día la gloria en que ella habita.


P. José María Prats

Evangelio:


En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo:


«Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».


Y dijo María: 


«Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». 


María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.

San Lucas 1, 39-56

«Santa María, Asunta al cielo, ruega por nosotros y llévanos siempre hacia tu Hijo Jesús» / Por P. Carlos García Malo

 


viernes, 14 de agosto de 2026

Papa León XIV en mensaje para la jornada del migrante: «Cada niño emigrante es imagen y semejanza de Dios, presencia del Señor y en cada uno de ellos podemos acoger y encontrar al Señor»

* «Lamentablemente, los menores emigrantes se ven más fácilmente relegados a la invisibilidad, al carecer de adultos que los protejan y los apoyen. Es necesario intervenir en los países de origen para eliminar las posibles causas que les obligan a huir, además de ofrecer protección y acogida en los países de tránsito y de llegada. El clamor de los menores desplazados se eleva hoy hacia Dios, tal y como el que se escucha en el libro del Éxodo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlo» (Ex 3,7-8). Dios escucha y, para liberar, interpela con fuerza la conciencia y la acción de cada uno de nosotros, tal y como hizo con Moisés. No podemos permanecer indiferentes, ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento»        


* «Incluso uno solo de estos pequeños nos llama, en nuestra vida personal, a abrir los ojos y el corazón para escuchar en profundidad su historia, sus miedos y sus sueños, superando esa indiferencia que reduce al ser humano a un dato estadístico que no nos afecta directamente. Es una invitación a reconocer al niño en su dignidad, aún antes que en su condición de “migrante”, y a proteger sus derechos fundamentales: a la vida, a la educación y a un nivel de vida que le permita crecer y desarrollarse plenamente desde el punto de vista físico, mental, espiritual, moral y social»     


Camino Católico.-  “Cada niño, cada ser humano, posee una dignidad infinita. Es imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26), es presencia del Señor. Ante cada menor emigrante, estamos llamados a realizar un acto de humanidad y de fe: en el niño, de hecho, podemos acoger y encontrar al Señor. Esta llamada se hace aún más apremiante a la luz de esta otra afirmación del Señor en el Evangelio de Mateo: «fui forastero y me hospedaron» (Mt 25,35)”, subraya el Papa León XIV en su mensaje para la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el próximo 27 de septiembre, pero que se ha publicado hoy.

«Incluso uno solo de estos pequeños». Este es el lema, tomado del Evangelio. El Papa recuerda que cada menor desplazado tiene un rostro, una historia y una dignidad que no pueden quedar ocultos detrás de las estadísticas, hace un llamado a poner en el centro la dignidad y los derechos de los niños y adolescentes que sufren desplazamiento, violencia, separación familiar, trata y explotación. Pide no reducir a los menores migrantes a cifras y reclama una respuesta coordinada que garantice protección, acogida, educación e integración.

León XIV invita a las comunidades a acompañar a los menores desplazados y a convertirse en «signos vivos y creíbles del Evangelio». Invita a no mirar hacia otro lado. Para León XIV, la defensa de los menores migrantes no puede esperar: cuando está en juego la dignidad de un niño, basta incluso uno solo para reclamar la responsabilidad de todos. El texto completo del mensaje es el siguiente:

MENSAJE DE SU SANTIDAD LEÓN XIV

PARA LA 112ª JORNADA MUNDIAL DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO

(27 de septiembre de 2026)

     _______________________

 Incluso uno solo de estos pequeños (cf. Mt 18,10)

Queridos hermanos y queridas hermanas:

Año tras año, la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado nos invita a centrar nuestra atención en diferentes aspectos del complejo fenómeno migratorio. En esta 112ª Jornada, el lema «Incluso uno solo de estos pequeños» nos llama a prestar atención a los menores que se ven directamente afectados por la experiencia de la migración y la huida, a la preocupación por ellos y a la promesa del Señor de que quien «acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí» (Mc 9,37).

Menores desplazados: una realidad compleja de vulnerabilidad

Los menores son los más vulnerables dentro de los flujos migratorios mundiales. Son rostros concretos, historias únicas, que apelan a nuestra conciencia. Cada año, millones de niños y adolescentes se ven obligados a abandonar su tierra a causa de guerras, pobreza, violencia, desastres medioambientales y otras tragedias; y, lamentablemente, su número sigue aumentando. Las responsabilidades económicas, políticas y militares de este desastre son inmensas. El sufrimiento no se limita al desplazamiento, hay niños muy pequeños que han perdido a sus padres, hermanos, hermanas y amigos, y que son testigos de una violencia indescriptible. Otros, separados durante largos períodos de sus familiares, intentan reunirse con ellos, viviendo entre tanto, la angustia de la distancia. Hay también menores que afrontan el viaje junto a sus padres, pero expuestos a condiciones extremas y traumáticas. Por último, no podemos olvidar la trágica situación de quienes son separados de sus padres a causa de la repatriación.

A este panorama, ya de por sí dramático, se suman otras tragedias: las muertes a lo largo de las rutas migratorias, la trata y la explotación, el reclutamiento de menores para su participación en conflictos armados, la violencia sexual, los matrimonios forzados y las atrocidades sufridas o presenciadas durante el trayecto. Su dignidad se ve pisoteada en demasiadas formas.

El papa Francisco, en el mensaje con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2017, dedicada al tema «Emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz», recordaba que estos «se encuentran desprotegidos por tres motivos: porque son menores, extranjeros e indefensos; por diversas razones, son forzados a vivir lejos de su tierra natal y separados del afecto de su familia».

No obstante, en medio de tanta oscuridad, no falta la luz de la solidaridad: personas, familias, instituciones civiles y comunidades eclesiales deciden no desviar la mirada hacia otro lado (cf. Lc 10,29-37). Pensemos en las familias que abren las puertas de sus hogares para devolver a estos menores el calor de un hogar, en los educadores de las comunidades de acogida, en los voluntarios y en los trabajadores que, cada día, en las rutas y en nuestras ciudades, se dedican a curar las heridas invisibles de estos pequeños. Con su compromiso, dan testimonio de que el amor puede vencer a la indiferencia.

Incluso uno solo de estos pequeños

Esta dramática realidad, me hace pensar en las palabras de Jesús que interpelan profundamente la conciencia de cada uno: «El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí» (Mt 18,5). No es una cuestión de cifras ni de estadísticas. El Evangelio nos invita a no hacer cálculos: incluso uno solo. Cada niño, cada ser humano, posee una dignidad infinita. Es imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26), es presencia del Señor. Ante cada menor emigrante, estamos llamados a realizar un acto de humanidad y de fe: en el niño, de hecho, podemos acoger y encontrar al Señor. Esta llamada se hace aún más apremiante a la luz de esta otra afirmación del Señor en el Evangelio de Mateo: «fui forastero y me hospedaron» (Mt 25,35).

Lamentablemente, los menores emigrantes se ven más fácilmente relegados a la invisibilidad, al carecer de adultos que los protejan y los apoyen. Es necesario intervenir en los países de origen para eliminar las posibles causas que les obligan a huir, además de ofrecer protección y acogida en los países de tránsito y de llegada. El clamor de los menores desplazados se eleva hoy hacia Dios, tal y como el que se escucha en el libro del Éxodo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlo» (Ex 3,7-8). Dios escucha y, para liberar, interpela con fuerza la conciencia y la acción de cada uno de nosotros, tal y como hizo con Moisés. No podemos permanecer indiferentes, ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento.

Un llamamiento a la responsabilidad de todos

Incluso uno solo de estos pequeños nos llama, en nuestra vida personal, a abrir los ojos y el corazón para escuchar en profundidad su historia, sus miedos y sus sueños, superando esa indiferencia que reduce al ser humano a un dato estadístico que no nos afecta directamente. Es una invitación a reconocer al niño en su dignidad, aún antes que en su condición de “migrante”, y a proteger sus derechos fundamentales: a la vida, a la educación y a un nivel de vida que le permita crecer y desarrollarse plenamente desde el punto de vista físico, mental, espiritual, moral y social.

Incluso uno solo de estos pequeños nos llama, en la vida eclesial, a convertir la hospitalidad de un concepto abstracto en una práctica pastoral constante. No podemos limitarnos a delegar esta tarea a instituciones o asociaciones dotadas de un carisma específico: ante los rostros concretos que nos interpelan en el día a día, toda la comunidad cristiana está llamada a sentirlos como a sus propios hijos y a acercarse a la historia concreta de cada uno. Es necesario animar a las comunidades cristianas a integrar y valorar a los refugiados e inmigrantes como miembros de pleno derecho de la familia eclesial, promoviendo nuevos itinerarios educativos y espirituales, incluso personalizados, que superen la lógica del puro asistencialismo. En particular, es fundamental prevenir la soledad, el aislamiento y el rechazo, que no pocas veces afectan también a los hijos de los emigrantes, y promover dinámicas de encuentro e integración en las que los jóvenes del territorio y los jóvenes inmigrantes puedan fortalecerse juntos, en un camino de respeto mutuo, solidaridad y amistad.

Incluso uno solo de estos pequeños, en el marco de las distintas religiones, nos recuerda que la vulnerabilidad de los más pequeños no conoce fronteras confesionales y nos une en una responsabilidad humanitaria y espiritual compartida. Se convierte en un terreno fértil para un diálogo interreligioso concreto, en el que los creyentes, inspirándose en el propio sentido de la trascendencia, cooperen en la creación de redes de protección. Las comunidades de fe están llamadas a crear espacios en los que cada niña y cada niño sean respetados y valorados en sus respectivas identidades culturales, previniendo así el riesgo de radicalización por parte de grupos extremistas. Proteger a un menor significa, en última instancia, custodiar la huella divina impresa en él.

Incluso uno solo de estos pequeños, en el contexto de las instituciones civiles, nos insta a reafirmar el principio del interés superior del menor. Las instituciones públicas y privadas están obligadas a situar en el centro la protección y la dignidad de cada niño y adolescente. Esto implica la adopción de instrumentos jurídicos eficaces de protección, promoviendo la reunificación familiar y evitando los traumas de la separación. Es urgente un cambio de perspectiva: hay que desplazar el eje del debate de la mera gestión de los flujos migratorios a la protección plena e inmediata de los derechos humanos, adoptando «una respuesta coordinada, solidaria y eficaz, capaz de garantizar protección, acogida y oportunidades reales de integración a quienes emigran» (Discurso al Parlamento español, Madrid, 8 junio 2026).

Encomendemos a los menores migrantes y refugiados a la protección maternal de María Santísima, quien, junto a san José y a Jesús, aún niño, conoció la crueldad de la violencia de Herodes y el drama del exilio en Egipto (cf. Mt 2,13-15); que sea Ella quien acompañe sus pasos y ayude a nuestras comunidades a convertirse en signos vivos y creíbles del Evangelio.

Vaticano, 11 de agosto de 2026, memoria de Santa Clara de Asís.

LEÓN PP. XIV

Fotos: Vatican Media

Homilía del P. Pedro Luis López y lecturas de la Misa de hoy, viernes, San Maximiliano María Kolbe, 14-8-2026

14 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Pedro Luis López y lecturas de la Santa Misa de hoy, viernes de la 19ª semana del Tiempo Ordinario, San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid. 

Santa Misa de hoy, viernes, San Maximiliano María Kolbe, 14-8-2026

14 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, viernes de la 19ª semana del Tiempo Ordinario, San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir, presidida por el P. Pedro Luis López, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Dolorosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 14-8-2026

14 de agosto de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, viernes, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 14/8/2026: «Pero, al principio, no era así» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 14 de agosto de 2026, viernes de la 19ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Mateo 19, 3-12:

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba:

«¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?».

Él les respondió:

«¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne»? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

Ellos insistieron:

«¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?».

Él les contestó:

«Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer – no hablo de unión ilegítima – y se casa con otra, comete adulterio».

Los discípulos le replicaron:

«Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse».

Pero él les dijo:

«No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda».

Adoración Eucarística con el P. Pedro Luis López en la Basílica de la Concepción de Madrid, 14-8-2026


14 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. Pedro Luis López, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.


San Maximiliano María Kolbe nos enseña que la verdadera grandeza está en amar y dar la vida por los demás / Por P. Carlos García Malo

 


jueves, 13 de agosto de 2026

Goran Tomašević, olímpico de waterpolo: «Al terminar el Camino de Santiago entregué mi vida a Cristo; hablé con Dios y le dije: ‘Estoy listo; estoy a tu servicio. Puedo llevar lo que sea necesario para ti’»

Goran Tomašević, de 36 años, afirma que los momentos vividos durante el Camino fueron intensos. «Sentí que solo estábamos Dios y yo», recuerda. / Foto: Cortesía de Goran Tomašević - National Catholic Register

* «Una vez, vi a una niña corriendo hacia mí, desde la dirección opuesta. Y al pasar a mi lado, me dijo: ‘Hola, Jesús te ama’ y siguió corriendo, riendo. Era como si no fuera real, como si la hubiera imaginado. Y me eché a llorar. En otra ocasión, en un albergue una señora me agarró la cara antes de que me fuera y no paraba de repetir: 'Goran, solo tienes que confiar'»

Camino Católico.- Goran Tomašević, de 36 años y nacido en Croacia, había estudiado en Estados Unidos, representado a Australia en waterpolo masculino en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y desarrollado una exitosa carrera como vicepresidente de un grupo global de servicios financieros con sede en Sídney. Cuando oyó hablar por primera vez del Camino de Santiago, su vida se encontraba en un periodo de transición.

“Hubo un gran cambio en mi vida”, declara Tomašević al National Catholic Register. “Una relación importante llegó a su fin. Estuvimos juntos durante 10 años, estábamos comprometidos, vivíamos juntos, incluso teníamos un perro y una casa juntos, y todo terminó”.

Casi al mismo tiempo, también dejó atrás una carrera de diez años que había consumido la mayor parte de su vida adulta. «El trabajo me absorbía el 90% de mi tiempo», explica, «y sentía que solo estaba ayudando a que los ricos se hicieran más ricos». Al dejar su trabajo, dijo, «fue como un divorcio».

Lo que siguió fue un viaje de autodescubrimiento que lo llevó por distintos caminos, desde la psiquiatría hasta experiencias psicodélicas en Sudamérica. Escuchar cómo el Camino de Santiago había ayudado a su sobrina a encontrar la autoaceptación, el amor propio y la paz tras sus dificultades conmovió profundamente a Tomašević.

Como sabía que "prefería pasar tiempo con [su] enemigo que solo", según sus propias palabras, decidió emprender un viaje de cinco semanas desde Saint-Jean-Pied-de-Port hasta Santiago de Compostela, completamente solo.

Durante mucho tiempo había evitado las cargas que había soportado a lo largo de su vida sumergiéndose en el trabajo y el waterpolo. El viaje se convirtió en una oportunidad para afrontar esas dificultades. 

Goran Tomašević dice que todas las iglesias "eran muy accesibles", como la de la imagen / Foto: Bénédicte Cedergren - National Catholic Register

En las primeras etapas del Camino, cuando había menos gente, «me encontraba solo durante tres o cuatro horas en medio de la nada», dice Tomašević, recordando las llanuras desérticas de la Meseta. En esos momentos, comparte, «sentía que solo estábamos Dios y yo».

Criado en la fe católica en Croacia, Tomašević se había alejado de la Iglesia al sentir que la fe le era impuesta como parte de la cultura. «Pero a lo largo del Camino», comparte, «la cantidad de iglesias, cruces y sacerdotes... todo me pareció muy cercano. Todo se sentía muy afectuoso, como si dijera: "Estamos aquí si nos necesitas". Nada se sentía forzado. Se sentía muy amable». 

A través de las personas que conoció en su camino, Tomašević se transformó. Encontró a Dios no solo en sus historias de sufrimiento, esperanza y amor —desde batallas contra el cáncer y trastornos alimenticios hasta niños secuestrados y la pérdida de un cónyuge— sino incluso en los sencillos saludos de los transeúntes.

“Una vez, vi a una niña corriendo hacia mí, desde la dirección opuesta. Y al pasar a mi lado, me dijo: ‘Hola, Jesús te ama’ y siguió corriendo, riendo. Era como si no fuera real, como si la hubiera imaginado. Y me eché a llorar.”

“En otra ocasión, en un albergue”, recuerda, “una señora me agarró la cara antes de que me fuera y no paraba de repetir: 'Goran, solo tienes que confiar'”.

“La verdadera rendición se produjo al subir la montaña hacia O Cebreiro”, dice Tomašević. “Sabía que los últimos 7 kilómetros eran una subida empinada, y cuando llegó el momento, aceleré el paso. Hablé con Dios y le dije: ‘Estoy listo; estoy a tu servicio. Puedo llevar lo que sea necesario para ti’”.

Goran Tomašević, atleta olímpico, afirma haber experimentado muchos momentos de conexión con Dios durante el Camino de Santiago hasta entregarse a Cristo / Foto: Bénédicte Cedergren - National Catholic Register

El contraste entre su vida anterior y lo que vivió en el Camino de Santiago es radical. Durante años había evitado enfrentar sus heridas refugiándose en el deporte y el trabajo. El Camino lo obligó a detenerse, a escuchar y a abrirse a la fe.

"Sentí que Dios me reconocía", contó al recordar su llegada a la plaza de la Catedral de Santiago. "El sol se abrió paso entre las nubes, justo entre las dos torres, brillando directamente en mis ojos, y sentí como si Dios me dijera: 'Te veo. De ahora en adelante, estamos juntos'".

Ese momento, acompañado de lágrimas y temblores, selló su decisión: “Entregué mi vida a Cristo”.

La historia de Tomašević es singular porque muestra cómo incluso quienes han alcanzado la cima del éxito deportivo pueden descubrir un vacío interior. Su paso del waterpolo olímpico al Camino de Santiago simboliza un tránsito de la competición hacia la contemplación, de la búsqueda de medallas a la búsqueda de sentido.

Hoy, tras su experiencia, asiste con regularidad a misa y comparte su testimonio como un ejemplo de cómo el Camino puede ser un espacio de conversión y encuentro con Dios.

Para él, cada paso fue un acto de entrega, cada encuentro una revelación, y cada iglesia un recordatorio de que la fe puede ser cercana y acogedora.