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domingo, 4 de octubre de 2026

Vanesa Prieto, actriz, marcada por abusos en su infancia fue expulsada de los Testigos de Jehová: «A veces Dios viene a buscarnos a los lugares más insospechados y soy católica»


Vanesa Prieto es de Barcelona pero vive en París y tuvo su encuentro con Dios al conocer a su Oliver, su pareja / Foto: Facebook de Vanesa Prieto

* «Salí de los Testigos de Jehová hecha polvo. No me alejé de Dios por completo. Siempre he sido una persona espiritual y creo en un Dios que da sentido a todo. Tal vez por eso, ahí empezó para mí una etapa de mucha búsqueda. Me interesaba por el hinduismo, frecuentaba ciertas terapias o quería conocer el New Age. El catolicismo no entraba para nada en mis planes. Conocí a Olivier, quien al poco se convirtió en mi pareja. Era católico y estaba haciendo los ejercicios espirituales ignacianos. Poco a poco noté cómo el catolicismo empezaba a resonar en mi interior y sabía que, de algún modo, era un encuentro natural con la fe de mis ancestros, antes de abandonar su religión. En la vigilia pascual de 2019, el 20 de abril, recibí en la misma ceremonia el bautismo, la comunión y la confirmación. En 2021 recibí otro sacramento, el del matrimonio, al casarme con Olivier»

Camino Católico.-  Vanesa Prieto es una actriz franco-española que trabaja en todos los géneros. Interpretó el papel principal en Joyce (2018) de Martin Ziegler, se distinguió en Historia de un alma, una obra sobre Santa Teresa de Lisieux, y aparecerá en la serie de Netflix GIGN en julio. Actualmente, presenta In-secte, un monólogo que explora, con humor y tragedia, los mecanismos de manipulación a través del viaje de una niña que crece en una secta. Esta obra resuena con su propia historia.

Vanesa Prieto pasó su infancia con los Testigos de Jehová y los abandonó a los 19 años. Fue una experiencia dolorosa, y quiso ofrecer una perspectiva externa, a veces "un poco absurda", para concienciar al público sobre los mecanismos de manipulación. Dios le salió a su encuentro en sus inquietudes espirituales y fue bautizada en 2019 y en un taller de lectura de los textos de Teresa de Lisieux conoció en profundidad a la santa que fue transformando su vida. 

La historia de búsqueda y prueba de Vanesa Prieto comienza mucho antes de su nacimiento hace cerca de 40 años. Evoca a sus raíces más íntimas, cuando las familias de los que serían sus padres cambiaron por completo su vida: “Siendo ambos adolescentes en Barcelona, los abuelos y padres de ambos se convirtieron en bloque del catolicismo, que vivían más como algo tradicional y no tan vivencial, a una nueva fe, la de los Testigos de Jehová. Desde entonces, toda nuestra familia pertenece a lo que yo hoy no dudo en calificar de secta”.

Y es que la primera parte de su vida, la infancia y la adolescencia, “estuvo marcada por abusos de todo tipo, tanto emocionales como físicos. Crecí en un ambiente en el que, desde muy temprano, supe que Dios no podía estar ahí… Notaba que algo esencial no funcionaba, no estaba bien. Eran demasiadas las contradicciones entre el mensaje que se predicaba y las acciones que lo llevaban a la práctica”.

Años muy dolorosos

Fueron años muy dolorosos en los que sentía “la presión de ser muy buena a ojos de los demás para que mi entorno estuviera orgulloso de mí”. Y todo mientras sufría desgarros muy profundos, como saber de la existencia de dos hermanos suyos que fallecieron antes de nacer ella “casi por casualidad… Cuando preguntaba por ellos, apenas tenía respuestas. Mis padres no hablaban de ellos, era un tabú grandísimo. Lo que conozco es porque mis otros hermanos o abuelos en algún momento decían cosas sobre ese tema. Los dos nacieron con una enfermedad cardiaca congénita. Más allá de las circunstancias, lo que me entristece mucho es que no se hable de ellos, que no se les rememore, como si no hubieran existido”.

Vanesa Prieto en plena interpretación este año 2026 / Foto: Facebook de Vanesa Prieto

Además, ella misma fue víctima de abusos de distinto tipo por parte de quienes debían ser sus principales protectores. Una mirada retrospectiva de esa época lleva a Vanesa a lamentar con mucha tristeza el papel de su madre: “Era una mujer que siempre miró exclusivamente por mi padre, quien muchas veces actuaba con gran dureza contra sus hijos. No sé si fue por miedo o por sumisión, pero nunca nos protegió”.

Algo que se puso de manifiesto en el momento más complicado de esos años: “Cuando naces Testigo de Jehová, lo habitual es recibir el bautismo en la adolescencia. Cuando uno decide aceptarlo, lo hace con todas sus consecuencias y sabe que ya no hay salida posible de esa vida, salvo que se acepte romper radicalmente con todo. Es lo que me ocurrió… Yo me había bautizado por responsabilidad hacia la familia, pero atravesaba un período de cierta rebeldía. Tenía mis amigos fuera de ese ambiente y quería vivir mi vida, lo que generaba una gran tensión en mi casa. Hasta que todo se rompió”.

La expulsión

De pronto, un día su madre descubrió algo que la golpeó: “Supo que estaba con un chico y habíamos tenido relaciones. Sin dudarlo, me denunció ante la asamblea de ancianos y me sometieron a juicio. Yo reconocí que, a sus ojos, lo que había hecho era un pecado, pero no me podía engañar a mí misma y aclaré que, no solo no me arrepentía de nada, sino que no quería seguir formando parte de los Testigos de Jehová. El juicio acabó con mi condena y mi expulsión de la comunidad”.

“Cuando me echaron de la secta –continúa–, me fui de casa de mis padres y me independicé. Unos años después, cuando tenía 22, me casé con un chico. Después, nos divorciamos y, con 24, empecé a formarme y a trabajar como actriz.

Me vine a París con 30 años. Durante los primeros años después de la ruptura familiar intenté seguir teniendo un contacto razonable con ellos. Les llamaba y acudía a verlos muy de vez en cuando. Hace unos años me di cuenta de que el movimiento solo iba de mí hacia ellos. Les llamaba, pero, si no lo hacía yo, ellos nunca me contactaban. Fui consciente de que podía estar viva o muerta y para ellos no tenía ninguna importancia, así que dejé de llamarlos. Desde entonces, el contacto es prácticamente nulo. Como mucho, un mensaje de texto alguna vez”.

Con todo, pese a que “salí de esa experiencia hecha polvo”, de algún modo “no me alejé de Dios por completo. Siempre he sido una persona espiritual y creo en un Dios que da sentido a todo. Tal vez por eso, ahí empezó para mí una etapa de mucha búsqueda. Me interesaba por el hinduismo, frecuentaba ciertas terapias o quería conocer el New Age. Me movía con mucha libertad e inquietud en distintos ambientes, pero nunca quería comprometerme con nada. El solo concepto de jerarquía o la presencia de sacerdotes me echaba para atrás, me repelía en lo más profundo. No quería formar parte de nada y, según empezaba a conocer algo, en seguida veía en ello el eco de una secta”.

Vanesa Prieto, actriz, ante uno de los carteles de una de sus representaciones en marzo de 2026 / Foto: Facebook de Vanesa Prieto

Camino de sanación

Fue un “camino de sanación que tenía que hacer en solitario, fiel a mí misma”. En este sentido, “el catolicismo no entraba para nada en mis planes. Veía demasiados puntos en común con los Testigos de Jehová y lo rechazaba. Y eso que, en el tiempo en el que aún pertenecía a la secta, en parte por rebeldía y en otra porque me sentía bien, me gustaba entrar a las iglesias vacías y sentarme un rato en sus bancos. Era una sensación extraña, pues era algo que no me estaba permitido y, sin embargo, me daba una gran sensación de paz”.

Entonces, en 2018, sucedió algo que lo volvió a cambiar todo: “Conocí a Olivier, quien al poco se convirtió en mi pareja. Era católico y estaba haciendo los ejercicios espirituales ignacianos. Cuando me hablaba de estas cosas, yo era muy reacia y lo veía carca. Se abría y me explicaba cómo era su fe, ¡y hasta me invitaba a ir a misa con él! Me daba algo de miedo todo eso, pero, al mismo tiempo, me sorprendía porque con él todo era distinto. Veía coherencia entre lo que decía y hacía. Sin ser un camino ni mucho menos perfecto, le veía feliz, demostraba que era algo natural a él y que le hacía mejor. Además, en un ambiente de mucha libertad, participamos juntos en iniciativas ecuménicas, conocimos varios carismas y valoré la diversidad del mundo católico”.

Fue así como consiguió romper con sus prejuicios y se decidió a dar un paso muy importante: “Poco a poco noté cómo el catolicismo empezaba a resonar en mi interior y sabía que, de algún modo, era un encuentro natural con la fe de mis ancestros, antes de abandonar su religión. No le dije nada a casi nadie, pues quería que fuera algo propio e íntimo, pero decidí inscribirme en una catequesis para conocer profundamente la fe católica. En ese momento lo hice por probar, por darle una oportunidad a esa experiencia, pero sin saber si la completaría hasta el final o no”.

Bautismo, comunión y confirmación

Ese tiempo de formación en un ambiente parroquial, acompañada por un matrimonio “cuyo testimonio personal de coherencia también fue clave”, desembocó en un día inolvidable para ella: “En la vigilia pascual de 2019, el 20 de abril, recibí en la misma ceremonia el bautismo, la comunión y la confirmación. y en 2021 recibí otro sacramento, el del matrimonio, al casarme con Olivier”.

Fue entonces, después de bautizarse cuando conoció a Santa Teresa de Lisieux. "Buscaba una actividad relacionada con mi espiritualidad cristiana, y mi ahora esposo me habló de un taller de lectura de los textos de Santa Teresa de Lisieux en la iglesia de Saint-Leu-Saint-Gilles en París", recuerda. Durante la pandemia de Covid, que paralizó el mundo, trabajó con el director y montó la obra Historia de un alma, que se representó en iglesias parisinas. “Fue una puesta en escena muy sencilla, pero muy bonita y a mí me permitió estrechar aún más en mi vida la relación con la fe”.

"Así conocí a Teresa de Lisieux, y siempre ha estado presente en mi vida. A menudo le confío mis inquietudes, comparto mis proyectos con ella porque ¡ella también era actriz!". Santa Teresa de Lisieux escribió, en efecto, ocho obras de teatro, antes llamadas recreaciones piadosas. Dos de ellas están dedicadas a Santa Juana de Arco, a quien ella misma interpretó.

Santa Teresita de Lisieux interpretando a Juana de Arco / Foto: Office Central de Lisieux

"Lo que más me inspira de Teresa es su increíble seguridad en sí misma, su asombro ante las cosas y su capacidad de soltar. Aprendo mucho de ella porque yo suelo intentar controlarlo todo", afirma Vanesa Prieto.

Una nueva vida en la que Vanesa continúa caminando en la fe: “He completado dos años de formación en Teología. Lo he hecho por conocer más cosas cada día y porque lo que más me fascina del catolicismo es que, al abrir mi alma, tengo muchas más preguntas que respuestas. Y eso es apasionante”.

Dinamismo espiritual

Con todo, si se tiene que quedar con unos instantes que simbolicen este complejo camino, el primero es el que se dio hace tres años, al principio de esta nueva etapa: “Fue una ceremonia en Notre Dame poco antes del incendio. Fue un momento de gran belleza, reflejo del dinamismo espiritual que se percibe en ciertos ambientes de la ciudad. Aquí la llaman la ‘llamada decisiva’. Éramos unas 800 personas y para mí tuvo un significado muy emotivo, pues era la ceremonia previa al bautismo”.

El recorrido vital de Vanesa ha estado marcado por el dolor tanto como por la aspiración a la belleza y el deseo de jamás dejar de ser ella misma. Y siempre con un gran mar de fondo: la búsqueda espiritual. Porque, como concluye, “a veces Dios viene a buscarnos a los lugares más insospechados”.

Confío en Ti. Diálogo de un alma con Jesús de la Misericordia según lo que dijo el Señor a Santa Faustina Kowalska


Camino Católico.- Para grabar en nuestros corazones las palabras del Salmo 136 que nos recuerdan “que es eterna la misericordia del Señor”, la Fundación Eukmamie – HM Televisión ofrece este programa especial titulado: “Confío en Ti. Diálogo de un alma con Jesús de la Misericordia”.

Este “Diálogo” audiovisual, entre Jesús y un alma, se ha escrito tomando como base las anotaciones del Diario de la Divina Misericordia de Sta. Faustina Kowalska. Si bien algunos de los comentarios del alma han sido inventados, las palabras que pronunciará el Señor han sido fielmente respetadas de entre las que dijo el mismo Señor a la Apóstol de su Misericordia.

Veinte minutos en diálogo con la Divina Misericordia. Con imágenes y músicas cuidadas y trabajadas con el fin de introducirnos en esta “divina conversación”, que puede ser realmente transcendental en nuestra vida.


Homilía de Mons. Jesús Fernández, obispo de Córdoba, de hoy, domingo, V aniversario de la beatificación de Juan Elías Medina y 126 compañeros mártires, 4-10-2026


4 de octubre de 2026.-  (Camino Católico) Homilía de Mons. Jesús Fernández, obispo de Córdoba, del V aniversario de la beatificación de Juan Elías Medina y 126 compañeros mártires, emitida por 13 TV desde la Catedral de Córdoba.

Santa Misa de hoy, domingo, V aniversario de la beatificación de Juan Elías Medina y 126 compañeros mártires, en la catedral de Córdoba, 4-10-2026

4 de octubre de 2026.-  (Camino Católico) Celebración de la santa Misa de hoy, domingo, V aniversario de la beatificación de Juan Elías Medina y 126 compañeros mártires, presidida por Mons. Jesús Fernández, obispo de Córdoba, emitida por 13 TV desde la Catedral de Córdoba.

Homilía del P. Javier Martín y lecturas de la Misa de hoy, XXVII domingo del Tiempo Ordinario, 4-10-2026

4 de octubre de 2026.-  (Camino Católico).- Homilía del P. Javier Martín, FM, y lecturas de la Santa Misa de hoy, XXVII domingo del Tiempo Ordinario, emitida por Magnificat TV.

Santa Misa de hoy, XXVII domingo del Tiempo Ordinario, 4-10-2026

4 de octubre de 2026.-  (Camino Católico).- Celebración de la Santa Misa de hoy, XXVII domingo del Tiempo Ordinario, presidida por el P. Javier Martín, emitida por Magníficat TV.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 4-10-2026

4 de octubre de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 4/10/2026: «Arrendará la viña a otros labradores» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 4 de octubre de 2026, domingo de la 27ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Mateo 21, 33-43:

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.

Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.

Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.

Y, agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

Le contestaron:

«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos».

Y Jesús les dice:

«¿No habéis leído nunca en la Escritura:

“La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Homilía del evangelio del domingo: Somos la viña del Señor y hemos de producir frutos de justicia y santidad / Por P. José María Prats

* «Todos, y muy especialmente los dirigentes del Pueblo de Dios, hemos de preguntarnos: ¿Valoramos, custodiamos y comunicamos debidamente el tesoro de gracia que hemos recibido de Dios? ¿Promovemos en la Iglesia la santidad y la virtud o intentamos más bien acomodarnos a los valores del mundo para evitar su rechazo y persecución? ¿Trabajamos en la viña del Señor al servicio del Reino de Dios o al servicio de intereses políticos, ideológicos o personales? Desde la atalaya que Dios ha construido en medio de su viña, ¿identificamos, advertimos y combatimos valientemente las amenazas que se ciernen sobre ella o preferimos mirar cómodamente hacia otro lado?»

Domingo XXVII del tiempo ordinario – A

Isaías 5, 1-7 / Salmo 79 / Filipenses 4, 6-9 / San Mateo 21, 33-43

P. José María Prats / Camino Católico.-  Las lecturas de hoy nos presentan la figura del Pueblo de Dios como viña del Señor, una viña que Él plantó y cuidó con gran esmero: la sacó de Egipto, le dio una Ley e hizo con ella una Alianza, la trasplantó a una tierra fértil, «construyó en medio de ella una atalaya y cavó un lagar». La atalaya representa a los dirigentes de Israel a quien Dios encargó orientar y velar por su pueblo, y el lagar donde se pisan las uvas nos habla de los frutos de justicia y santidad que Dios esperaba de este pueblo. Sin embargo, a pesar de tantos cuidados, la viña no produjo uvas, sino agrazones.

En el evangelio, Jesús atribuye la responsabilidad de este drama a los labradores a quien Dios arrendó su viña, es decir, a los dirigentes de Israel. Ellos se rebelaron contra el dueño de la viña y se apropiaron de ella, persiguiendo hasta la muerte a los profetas y hasta al mismo Hijo que Dios envió para reclamar los debidos frutos de justicia y santidad.

Por no haber dado los frutos esperados, Dios anuncia lo que va a hacer con su viña: «derruir su tapia para que la pisoteen» y «arrendar la viña a otros labradores», dársela «a un pueblo que produzca sus frutos». Y así ocurrió: en el año 70 las legiones romanas arrasaron Jerusalén y su templo, y el legado espiritual de Israel fue puesto en manos de un nuevo pueblo, la Iglesia, regido por un nuevo Sanedrín, el de los apóstoles presididos por San Pedro, cuyos sucesores son los obispos y el Papa.

De todo ello podemos sacar alguna enseñanza para nuestro tiempo. Hoy vivimos –al menos en Europa– una situación de fuerte crisis dentro de la Iglesia que nos mueve a hacernos la misma pregunta que se hace el salmista: «¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes, la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas?» A menudo tendemos a atribuir esta crisis al poder destructor de fuerzas externas como los materialismos ateos, el mayo del 68, las ideologías o los medios de comunicación. Pero las lecturas de hoy desmienten esta tesis: Si el Pueblo de Dios se mantiene fiel a la misión que ha recibido, el Señor se constituye en su muralla y nada ni nadie puede hacerle daño. Es su infidelidad, y muy especialmente la de sus dirigentes, la que hace que el Señor «derribe su cerca para que la saqueen los viandantes».

Esto no debe llevarnos a la desesperanza sino a la conversión, porque el futuro está en nuestras manos, depende de nuestra fidelidad. Recordemos aquellas palabras de Dios a Abraham: «No destruiré la ciudad si encuentro allí a diez justos». Somos la viña del Señor y hemos de producir frutos de justicia y santidad. 

Esta conversión debería ir precedida de un examen de conciencia. Todos, y muy especialmente los dirigentes del Pueblo de Dios, hemos de preguntarnos: ¿Valoramos, custodiamos y comunicamos debidamente el tesoro de gracia que hemos recibido de Dios? ¿Promovemos en la Iglesia la santidad y la virtud o intentamos más bien acomodarnos a los valores del mundo para evitar su rechazo y persecución? ¿Trabajamos en la viña del Señor al servicio del Reino de Dios o al servicio de intereses políticos, ideológicos o personales? Desde la atalaya que Dios ha construido en medio de su viña, ¿identificamos, advertimos y combatimos valientemente las amenazas que se ciernen sobre ella o preferimos mirar cómodamente hacia otro lado?

Sólo tras esta conversión que nos mueve a producir los debidos frutos de justicia y santidad podremos ser escuchados cuando oremos con el salmista: «Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve».

P. José María Prats

Evangelio:


En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:


«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.


Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.


Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: 


‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.


Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».


Le contestan:


«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».


Y Jesús les dice:

«No habéis leído nunca en la Escritura:


“La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,

ha sido un milagro patente”


Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

San Mateo 21, 33-43

Pidamos al Señor que nos ayude a cuidar la viña que nos ha confiado y a dar frutos que hagan presente su amor en medio del mundo / Por P. Carlos García Malo

 


Oración a San Francisco de Asís para que Dios obre un milagro ante las dificultades y sufrimientos

Camino Católico.- Cada 4 de octubre la Iglesia universal celebra a San Francisco de Asís (c.1182-1226), el santo que se unió a Cristo en sus dolores más íntimos, el hombre que se santificó abrazando la pobreza, el santo que reconoció a Dios en la naturaleza.

Sin duda, el Santo de Asís ha sido siempre una figura de inmensa importancia para la Iglesia, y lo sigue siendo hoy. Una significativa muestra de ello es que el Papa Francisco eligió su nombre para asumir el pontificado, con el deseo de honrar su memoria y como una forma de pedir su guía e intercesión. El Papa lo llamó aquella vez “hombre de armonía y de paz”.

San Francisco nació en Asís (Italia) en 1182, en el seno de una familia acomodada. Su padre era un rico comerciante y, como mandaba la costumbre, él era el destinado a asumir el negocio familiar. Por años, Francisco, pagado de sí mismo, se dedicó a gozar de sus bienes, en medio de la ostentación y las frivolidades.

No hubo mayores contratiempos en su vida hasta que las circunstancias lo forzaron a ir a la guerra. Fracasó como guerrero y cayó prisionero. Ciertamente no fue mucho el tiempo que pasó en esa condición, pero su salud empezó a resquebrajarse. Cercado por el desasosiego, en medio del horror de la guerra y aquejado por la enfermedad, Francisco empezó a escuchar una voz que clamaba desde su interior: “Sirve al amo y no al siervo”.

Su mal estado de salud precipitó el retorno a casa, envuelto en la deshonra. Allí, después de un largo tiempo de recuperación, empezó un proceso de transformación personal. En el contacto con la naturaleza y en el redescubrimiento de la oración, poco a poco fue entendiendo por qué su vida estaba vacía. Dios había estado tocando la puerta de su corazón hacía mucho tiempo sin que se hubiera dado cuenta.

Francisco, entonces, empezó a hacer cosas “desconcertantes” ante los ojos de sus habituales amigos, todas impropias de su condición social, por lo que más de uno lo creyó loco. Francisco comenzó a visitar a los enfermos abandonados del pueblo, incluyendo a los leprosos -gran escándalo para sus allegados, quienes quisieron disuadirlo-. No obstante, a él parecía no importarle e incrementó la frecuencia de las visitas. De pronto, ya no había vuelta atrás: aquella gente “repugnante” se había convertido en su nuevo círculo de amigos, en su nueva familia.


El santo solía llevar a los desamparados comida y abrigo, pero un día se agotaron sus recursos. Se despojó de lo último que le quedaba: decidió regalar sus propios vestidos y su dinero.

Si tuvo dudas en ese momento, queda claro que no repercutieron lo suficiente. Algo nuevo estaba creciendo en su corazón y era muy distinto a cualquier cosa que hubiese probado antes: su espíritu empezaba a tener paz finalmente, aun rodeado de la miseria que antes le producía terror. Ahora vivía despojado de sus seguridades, con el corazón abierto por el dolor de los que sufren, pero más libre y feliz que nunca.

Cierto día, mientras oraba en la Iglesia de San Damián, en Asís, le pareció que el crucifijo que estaba frente a sí le miraba mientras decía: “Francisco, repara mi casa, pues ya ves que está en ruinas”. Entonces, creyendo que Cristo le pedía reparar el templo físico, fue y vendió los vestidos de la tienda de su padre. Luego llevó el dinero al sacerdote que cuidaba el templo, pidiéndole que lo deje vivir allí.

El sacerdote aceptó que se quedara, pero no recibió el dinero. Entonces, su padre al tanto de lo que había hecho, lo buscó y lo golpeó furiosamente. Después, al ver que su hijo no quería regresar a casa, le exigió que le devolviera el dinero.

Por consejo del obispo, Francisco decidió honrar a su padre devolviéndole todo, con creces: se despojó hasta de la ropa que llevaba encima en ese momento, que ya no le pertenecía.

Distanciado de la forma como había vivido, Francisco se dedicó a reconstruir la iglesia de San Damián y de San Pedro. Más tarde se trasladó a una capillita llamada Porciúncula, la cual reparó y convirtió en su hogar. Con el corazón ablandado por la oración -su diálogo con Cristo-, Francisco empezó a pedir limosna para los pobres y a servirles con más cariño. Mientras iba de camino, quien lo veía recibía su saludo característico: “La paz del Señor sea contigo”.

Su estilo de vida empezó a atraer a muchos, quienes también querían acompañarle y ayudarlo en sus labores. Entonces, la idea de formar una hermandad religiosa se fue concretando hasta que, en 1210, Francisco con un grupo de amigos viajaron a Roma con el manuscrito de la futura regla en mano, en busca de la aprobación pontificia para la hermandad.

El Papa, asistido por la gracia, dio su aprobación. El espíritu de la regla aprobada giraba en torno a la pobreza, cuya vivencia sería el fundamento de la nueva Orden.

La pobreza debía ser asumida con amor y expresada en la manera de vestir, los utensilios que se empleaban y, principalmente, en los actos. Para sorpresa de los incrédulos, los hermanos de Francisco no se veían nunca tristes, todo lo contrario: reflejaban alegría y contento.

Considerándose indigno del sacerdocio pleno, llegó sólo a recibir el diaconado y quiso darle a su Orden el nombre de “Frailes Menores” con el propósito de que sus miembros fueran conscientes de su llamado a ser verdaderos siervos de todos, amantes de las cosas de Dios, que sólo se hallan en lo sencillo.

Visualiza el vídeo Asís, el pueblo de San Francisco

La humildad y el desprendimiento que Francisco vivía eran en esencia expresión de una convicción interior: “Ante los ojos de Dios, el hombre vale por lo que es y no más”. De allí que dijese cosas como estas: "Hay muchos que tienen por costumbre multiplicar plegarias y prácticas devotas, afligiendo sus cuerpos con numerosos ayunos y abstinencias; pero con una sola palabrita que les suena injuriosa a su persona o por cualquier cosa que se les quita, enseguida se ofenden e irritan. Estos no son pobres de espíritu, porque el que es verdaderamente pobre de espíritu, se aborrece a sí mismo y ama a los que le golpean en la mejilla".

La pobreza empieza por dentro. Tiene nombre y se llama “Jesús”.

Cristo le concedió a Francisco el don de poderlo acompañar “de cerca” en los dolores de su Pasión: recibió de Nuestro Señor los estigmas en carne propia.

Ya el santo, en su madurez, había experimentado continuos éxtasis y protagonizado hechos prodigiosos, pero recibir los estigmas fue algo que superó todo. De esto dieron fe sus hermanos más cercanos, así como del deseo de Francisco de mantener el milagro en reserva.

En su unión con el Señor, era como si, de alguna manera, Francisco fuese cada vez “menos él” y cada vez más semejante a Jesucristo, en todo.

San Francisco de Asís murió el 3 de octubre de 1226, con sólo 44 años de edad. Su figura e influencia en la historia de la Iglesia y en la cultura es inapreciable. Incluso quienes no tienen fe o no son parte de la Iglesia Católica reconocen en él a una persona extraordinaria.

Gracias a Dios, esa influencia hoy permanece intacta en la Iglesia, por ejemplo, en el amor a la naturaleza -creación de Dios- y en el deseo de protegerla; en particular, en el cariño por los animales.

Por otro lado, Francisco sigue presente en muchos detalles y costumbres que evocan sencillez y, a la vez, grandeza: a él se le atribuye haber iniciado la tradición de armar el “belén”, el "pesebre” o “nacimiento” en el hogar, durante los días de Navidad.

Hace una década, el 4 de octubre de 2013, el Papa Francisco celebró una Misa en la ciudad de Asís, en el marco de un homenaje especial al santo, a poco de iniciar su pontificado. En aquella hermosa oportunidad, dijo durante la homilía: “San Francisco es testigo del respeto por todo, de que el hombre está llamado a custodiar al hombre, de que el hombre está en el centro de la creación, en el puesto en el que Dios –el Creador– lo ha querido, sin ser instrumento de los ídolos que nos creamos… Francisco fue hombre de armonía, un hombre de paz”.

Pidamos la intercesión de San Francisco de Asís para que Dios obre un milagro ante las dificultades y sufrimientos, con la siguiente oración:

Oración a San Francisco de Asís para que Dios obre un milagro ante las dificultades y sufrimientos

San Francisco de Asís, padre bueno, padre santo, tú que eres en los cielos muy querido por Dios y en la tierra admirado y venerado por nosotros, dirige desde las alturas tu mirada compasiva y tiéndenos tus caritativas y amables manos; guía nuestros pasos por el camino de la paz, haz que nunca falte el pan en nuestras mesas, ni amor, cariño y alegría en los hogares; haz que sepamos ser generosos con nuestros hermanos y amables y respetuosos con cada criatura de Dios.

San Francisco, hermano, amigo, el santo más amante del sagrado Corazón de Jesús y favorecido con la señal de sus sagradas llagas en tu cuerpo, queremos invocar tu potección sobre nosotros, y pedirte que ruegues a Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, para que alivie nuestras penas y nos envíe sus bendiciones.

Pide también a la Inmaculada Virgen María, de la que fuiste devoto fiel y entregado y proclamaste Patrona de todas tus obras, nos cuide y ampare con sus bondades y sea la que nos acreciente el amor a Dios y a los hombres.

San Francisco, imagen viva de Jesús, ora por nosotros; san Francisco, alma humilde, hombre alegre y paciente, amante de Dios y de todas las criaturas de la tierra, ruega sin cesar por nosotros que te necesitamos; san Francisco, patriarca de los pobres, no nos abandones; san Francisco, milagroso en el amor, aleja nuestros pesares; san Francisco, poderoso ante el Señor y la Virgen, ayúdanos.

Yo (di tu nombre) hoy, con mi esperanza puesta en ti y con el corazón lleno de confianza, quiero pedir tu ayuda en mis dificultades, tu consuelo en mi dolor y tu esfuerzo en mi desaliento. Tú, bendito santo que anduviste por caminos de humildad, tú que te entregaste a Dios tan generosamente, tú que creíste firmemente y obraste con perfecta sinceridad, intercede por mí para que todo me resulte más fácil.

Pon a mi alcance los medios que preciso para que pueda salir victorioso en este mal trance, que llegue a mí la sabiduría y la fuerza para que tome las decisiones correctas; en estos momentos preciso ser asistido con urgencia. Te ruego con todo mi ser no me dejes solo, pide por mis difíciles problemas y sufrimientos a Dios, consigue de Él este especial favor que solicito: (hacer ahora con gran fe la petición).

Dile que con su generosidad tenga a bien concedérmelo, pues Él puede mover montañas y puede hacer llegar los bienes y los favores por los caminos menos esperados, pues Él todo lo puede, Él todo lo alcanza. 

Llena mi vida de tranquilidad y felicidad, mándame algo de tu caridad y bondad, haz que sepa ser mejor persona y no olvide tender una mano a quienes lo necesiten, que tu ejemplo sea quien guíe mis pasos y el amor que sentiste hacia Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo sea el que me acompañe en mis caminos. Por Jesucristo, nuestro hermano y Señor. Amén.

Oración de San Francisco de Asís: "Hazme un instrumento de tu paz"