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Bienvenido a Escuchar y a Dar

Este blog, no pretende ser un diario de sus autores. Deseamos que sea algo vivo y comunitario. Queremos mostrar cómo Dios alimenta y hace crecer su Reino en todo el mundo.

Aquí encontrarás textos de todo tipo de sensibilidades y movimientos de la Iglesia Católica. Tampoco estamos cerrados a compartir la creencia en el Dios único Creador de forma ecuménica. Más que debatir y polemizar queremos Escuchar la voluntad de Dios y Dar a los demás, sabiendo que todos formamos un sólo cuerpo.

La evangelización debe estar centrada en impulsar a las personas a tener una experiencia real del Amor de Dios. Por eso pedimos a cualquiera que visite esta página haga propuestas de textos, testimonios, actos, webs, blogs... Mientras todo esté hecho en el respeto del Amor del Evangelio y la comunión que siempre suscita el Espíritu Santo, todo será públicado. Podéís usar los comentarios pero para aparecer como texto central enviad vuestras propuestas al correo electrónico:

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Oremos todos para que la sabiduría de Jesús Resucitado presida estas páginas y nos bendiga abundamente.

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viernes, 16 de marzo de 2018

Élisabet Mathieu-Riedel, médico, acudía al esoterismo para atender a sus pacientes, regaló una carta astral y la respuesta cambió su vida: «No necesitas eso para que Dios te ame»

«Acepté la invitación de ir a “ver” una reunión cristiana. Y allí fui transformada por la enseñanza de un obispo que decía: “En su amor, Dios se inclina sobre la miseria de los seres humanos”. En ese mismo instante, fui invadida por un calor increíble: ese amor de Dios se me revelaba personalmente y me visitaba en mi cuerpo y en mi corazón. Inmediatamente fui consciente de mis pecados y deseé hablar con un sacerdote. Me recibió un hombre extremadamente amable y atento, y me confesé. Él tenía lágrimas en los ojos ante mis sollozos de arrepentimiento. Como penitencia, me pidió rezar por él. En un instante, recibí en mi corazón el amor de Dios, de la Iglesia y de sus sacerdotes. Después de este hecho, mi visión sobre Dios, sobre mí misma y sobre los demás cambió radicalmente. Desde ese día, rezo por mis pacientes confiando cada mañana a Dios mi inteligencia, mi alma, mi corazón, mis manos, todo mi ser, para servirle a Él a través de mi prójimo que sufre»

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