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jueves, 16 de abril de 2026

Weng Yirui, pianista atea china, llegó a la fe preguntándose por ese «Dios que muere» interpretando el ‘Gloria’ de Vivaldi: «El encuentro con Dios y la oración cambió mi vida, porque ahora ya no tengo miedo»


Weng Yirui, pianista atea china, que inició su camino de conversión interpretando el ‘Gloria’ de Vivaldi, pero fijándose en la letra y preguntando: “¿Qué historia es ésta? ¿Cómo puede Dios morir?”

* «Me encontré con muchas dificultades y sufría mucho estrés antes de los conciertos. Me aterrorizaba la idea de cometer errores y llegó un momento en que no pude soportarlo más. Un día, antes de un concierto, probé a rezar, recité un Ave María y dije: 'Tocaré este concierto por ti, protégeme'. Para mi asombro, toqué mejor y no me equivoqué en nada. A partir de ese día, empecé a rezar más a menudo. El padre Francesco me empujó a dejarme guiar por Dios y a seguir el camino trazado para mí. También me explicó que no todo es sencillo y que cada uno debe llevar su propia cruz a cuestas y seguir a Jesús»

Camino Católico.- "¿Cómo puede Dios morir?". Ésta es la historia de una pianista atea que empezó a hacerse preguntas por el Gloria de Vivaldi. Y de cómo, gracias a su amistad con un sacerdote, se convirtió y aprendió a perdonar. "Rezo para que los jóvenes de China puedan ver y seguir la verdad, y no a la sociedad", dice.

Leone Grotti ha hablado con Weng Yirui en el número de enero de 2025 de Tempi y lo traduce Verbum Caro en  Religión en Libertad:

La partitura y la cruz

"¿Qué historia es ésta?". La pregunta que Weng Yirui hizo a su profesor de música sacra en 2018, interrumpiendo de repente la interpretación al piano del Gloria de Antonio Vivaldi, no es exactamente el tipo de pregunta que se suele escuchar en el Conservatorio de Milán. Los alumnos suelen omitir el texto y centrarse en la partitura o en la técnica. Pero Yirui no sabía lo que era una misa y mucho menos un "cordero de Dios" y, cuanto más intentaba el profesor, asombrado, resumir con pocas palabras la historia de Jesús, la más conocida del mundo, que hoy en Occidente casi damos por sentada, más insistía la joven china con sus preguntas.

El 'Gloria' de Vivaldi, con su mención al 'Agnus Dei, Filius Patri [Cordero de Dios, Hijo del Padre]', despertó la inquietud de Yirui.

"¿Cómo puede Dios morir?", preguntaba sorprendida sin prestar atención a la incredulidad de su interlocutor. "¿Y por qué deberíamos celebrar su muerte?". Yirui se había trasladado a Italia, patria de la ópera, desde la lejana Hangzhou, a más de 9.000 kilómetros hacia el este, en China, por amor a la música. Y no podía imaginar que el origen de aquellas melodías que tanto la habían fascinado era mucho más profundo que la mera creatividad del artista.

"Antes de llegar a Italia en 2016, con 22 años, nunca había visto una iglesia", cuenta Yirui a Tempi, recibiéndonos en el estudio de su casa de Milán, mientras desde la habitación contigua un majestuoso gato de suave pelaje gris produce una sinfonía de fondo paseando perezosamente sobre el teclado del piano.

Weng Yirui, al piano: descubrió la fe haciéndose preguntas sobre la música sacra que tocaba / Foto: Tempi

Bautizarse en Milán

Todo en casa de Yirui habla de música: los libros de texto del Conservatorio ordenados en las estanterías de la librería, las partituras sobre las mesas y las sillas, los carteles de La Traviata de Giuseppe Verdi o Las bodas de Fígaro de Wolfgang Amadeus Mozart colgados de las paredes.

Y entre ellos, destacan una copia del icono ortodoxo más famoso del mundo, la Theotokos de Vladimir, una de la Virgen de Sheshan, la más conocida de toda China y una del Crucifijo de San Damián, el que según la tradición, en 1205 habló así al poverello de Asís: "Francisco, ve y repara mi casa, que, como ves, está toda en ruinas".

La Virgen de Vladimir, la Virgen de Sheshan y el Crucifijo de San Damiano

Hay una iglesia en su ciudad natal, pero Yirui, nacida el 8 de agosto de 1994 en Hangzhou y "renacida" con el nombre de Eleonora el día de su bautismo en Milán, el 8 de abril de 2023, nunca había reparado en ella. Sus padres, ateos, siempre le habían enseñado a creer sólo en sí misma y en el trabajo duro. La madre es profesora de Física en un instituto, su padre de Psicología; la única filosofía permitida en casa siempre ha sido la utilitarista. "Ellos nunca han creído en nada. Mi padre, además, es miembro del Partido Comunista chino": por tanto, seguía el ateísmo también por contrato. Sólo en Nochevieja la familia Weng iba al templo budista a "quemar unas velas de incienso", más por tradición que por otra cosa.

"No hagas preguntas inútiles"

En realidad, Yirui tenía muchas preguntas, pero su madre siempre las cortaba de raíz. "Un día llegué de la escuela y le pregunté de dónde venimos y adónde vamos después de la muerte", cuenta la pianista. "Mi madre se sentó a la mesa, abrió su libro de física y me explicó el origen científico-material del mundo. Luego lo cerró y me dijo: 'No hagas más preguntas inútiles'".

No pudiendo expresarse con palabras ("en China no hay mucha libertad entre padres e hijos"), Yirui aprendió a hablar a través de la música. La chispa de la pasión prendió en ella a una edad muy temprana. "En Hangzhou, vivíamos en el campus de la escuela donde mis padres enseñaban. Después de las clases, a menudo me dejaban tocar en las aulas. Un día vi un piano y empecé a tocar las teclas por diversión. Me gustaba el sonido. Mi padre me vio y me preguntó si quería aprender. Le dije que sí y desde entonces no he parado".

A través de la música, Yirui pudo expresar esas emociones que siempre había tenido que reprimir en casa. Sentada frente al piano, le resultaba fácil hacer lo que parecía imposible en su escritorio: concentrarse. "Cuando toco, el tiempo parece detenerse y es cuando me siento realmente cómoda. Para mí la música es muy importante, es el instrumento para hablar de mí misma. Por eso también me he acostumbrado a captar todos sus matices".

Como la belleza de la armonía en Johann Sebastian Bach, algo "increíble que nunca había percibido en otras composiciones". Su profesor en China "se centraba sólo en la técnica, para él era suficiente que yo supiera interpretarlo perfectamente de principio a fin. Pero parecía haber algo más en aquella música, aunque yo no entendiera el qué. Hoy sé que sin Dios esos motivos nunca habrían existido, pero en China ni siquiera se mencionaba el tema".

El 'Gloria' de la 'Misa en Si menor' de Juan Sebastián Bach

A veces alegre, a veces triste

Yirui conoció el cristianismo en 2016, cuando decidió trasladarse a Italia. Graduada por la Universidad Normal de Hangzhou, se especializó en didáctica, piano y canto. "No me gusta ser solista, me gusta colaborar con los demás", continúa, ajustándose un mechón de su larga melena castaña. "Por eso decidí ejercer de acompañante de coro, para ayudar a los cantantes". La patria de Giuseppe Verdi era el lugar ideal para cultivar su pasión y convertirla en profesión y justo buscando información en internet sobre el Belpaese, Yirou se topó por primera vez con un término desconocido: "Italia es un país 'católico'".

Tras trasladarse a Milán para estudiar el idioma, pronto se dio cuenta de lo que significaba el término. "Uno de los primeros lugares que nuestro profesor de italiano nos llevó a visitar fue el Duomo y me quedé boquiabierta: nunca había visto nada tan bonito e inmediatamente me pregunté por qué se había construido un edificio tan magnífico". Luego, paseando por el centro, se dio cuenta de que "había una iglesia casi en cada esquina" y una vez entró en una: "Me sorprendió el silencio. Vi a esa gente, sentada en los bancos, o de pie, sin hablar. Me pregunté qué estarían haciendo. Luego me di cuenta de que todos miraban el crucifijo y no comprendía por qué".

Esas preguntas latían en su interior como brasas humeantes bajo las cenizas y se despertaron en 2018, en su segundo año en el Conservatorio de Música de Milán, cuando empezó un curso de música sacra. El profesor, ateo, no podía responder a sus preguntas y ella se dio cuenta de que si quería entender esa música "espléndida, a veces alegre y a veces triste", tenía que comprender la cultura italiana y "profundizar en la religión católica". La oportunidad llegó en 2020. "Después de graduarme, empecé a trabajar en el Conservatorio de Novara. Un compañero me llevaba a la ciudad piamontesa. Era católico e iba a misa todas las mañanas. Yo le esperaba en la puerta de la iglesia y después me subía al coche con él".

La desventaja de ser bueno

Durante el trayecto, Yirui encontró respuestas a muchas de las preguntas que se planteaba, pero no a todas, principalmente por la barrera del idioma. Así que su compañero buscó un sacerdote chino que pudiera ayudarla a entender y la confió al padre Francesco Zhao, responsable de la comunidad católica china de Milán. "Me preguntó si creía en algo y le dije que sí, aunque no sabía en qué. Don Francesco nunca intentó convertirme y al principio no tenía intención de hacerlo. Sin embargo, empecé a ir a verle una vez a la semana: el primer año estudié con él el Antiguo Testamento y el segundo, el Evangelio".

Yendo a ver al padre Francesco, Yirui también conoció a la comunidad católica china de Milán y quedó profundamente impresionada. "Aquellas personas ni siquiera me conocían, y sin embargo me querían como si fueran mi familia. Les miraba y no dejaba de preguntarme por qué". Durante un viaje a Asís en 2021 con el padre Francesco, intrigada, pidió al sacerdote por primera vez que le enseñara a rezar. "Quería comprender lo que la gente hacía en la iglesia. Me habían dicho que se podía hablar con Dios y tenía muchas preguntas que hacerle. La oración cambió literalmente mi vida".

Empezando por el trabajo. "Empecé a trabajar muy pronto como profesora de canto y acompañante de piano", explica Yirui. "Me encontré con muchas dificultades y sufría mucho estrés antes de los conciertos. Me aterrorizaba la idea de cometer errores y llegó un momento en que no pude soportarlo más. Un día, antes de un concierto, probé a rezar, recité un Ave María y dije: 'Tocaré este concierto por ti, protégeme'. Para mi asombro, toqué mejor y no me equivoqué en nada. A partir de ese día, empecé a rezar más a menudo".

A finales de 2022, Yirui se dio cuenta de que quería ser parte de la Iglesia católica y empezó el catecismo con el padre Francesco. Fue un viaje apasionante y a la vez agotador: "No fue fácil entender por qué Jesús enseña a perdonar, no es lo que aprendí en China. Si alguien me hace daño, pensaba, ¿por qué debería perdonarle? Si hago el mal, ¿cómo puedo perdonarme a mí mismo? Mis padres me educaron a protegerme, defenderme y a no ser demasiado buena porque la gente se aprovecha de los buenos. En cambio, la Iglesia considera que el que perdona es fuerte y valiente. Mi madre siempre me decía que no podía permitirme cometer errores, que tenía que ser perfecta y siempre tenía miedo a fracasar. El encuentro con Dios cambió realmente mi vida, porque ahora ya no tengo miedo".

La misa en Hangzhou

Es como si Yirui hubiese tenido que empezar de cero: "En China, a los niños se les enseña a tomar las riendas de sus propias vidas y a controlar su propio futuro. El padre Francesco, en cambio, me empujó a dejarme guiar por Dios y a seguir el camino trazado para mí. También me explicó que no todo es sencillo y que cada uno debe llevar su propia cruz a cuestas y seguir a Jesús".

Yirui pensó que era una metáfora, que el bautismo borraría el mal de su vida, que Dios la protegería y que todo sería de color de rosa a partir de entonces. Evidentemente, no fue así. De hecho, después del bautismo, el compañero que había desempeñado un papel tan importante en su descubrimiento de la fe y que se había convertido en su jefe "empezó a comportarse de forma extraña, utilizaba su influencia sobre mí de forma equivocada, me controlaba". Yirui, para quien en aquel momento el trabajo lo representaba "todo", se vio obligada a renunciar a su empleo para escapar de su influencia, a pesar de que acababa de obtener un contrato indefinido.

A partir de febrero, durante tres meses, estuvo en casa sin trabajo, y atravesó una época de crisis, "no quería ver a nadie". No entendía cómo el hombre que le había ayudado a descubrir a Dios podía comportarse así. Entonces un periodista del Opus Dei le pidió una entrevista para contar su historia "y me vi obligada a mirar atrás y reconsiderar todo lo que me había pasado desde el principio. Me sentí conmovida por todo el bien que había recibido y fui capaz de perdonar". "Me di cuenta", continúa la pianista, "de que Dios no borra el mal, sino que te da la fuerza para afrontarlo".

La catedral de la Inmaculada Concepción de Hangzhou, la única iglesia católica abierta en una ciudad de once millones de habitantes situada al suroeste de Shanghai, donde el número de católicos puede estar en torno a 65.000 / Foto: Wikipedia

Ahora, cuando vuelve a casa, Yirui visita la iglesia de Hangzhou, que, sin embargo, "siempre está cerrada, excepto para la misa de las 6 de la mañana entre semana y algunos servicios los domingos". También habla con los jóvenes que acuden a la parroquia. El edificio está bien conservado, pero la frase pronunciada por el Crucifijo de San Damián a San Francisco bien podría referirse a la Iglesia de China. "Los chicos me preguntaron qué hacen los católicos en Italia, se ve que les gustaría tener una relación, pero no es posible", reflexiona la pianista. También necesitarían un padre Francesco Zhao, pero no lo tienen, están solos. Cambiar las cosas sin un guía es difícil: "En China impera el materialismo, pero hay un gran deseo espiritual. Los jóvenes se dan cuenta de que los valores que propone la sociedad no son los reales, pero no saben dónde encontrar el coraje para cambiar las cosas. Realmente rezo para que puedan ver y seguir la verdad, no a la sociedad. Pero para transmitir algo a los demás, primero hay que vivirlo".

Hablar de religión en China

Se aplica en China, como en Italia. "Hablé de la fe a mis padres y ellos, al verme feliz, me apoyaron, como hicieron con la música", concluye Yirui, reclamada ahora por los alumnos chinos a los que enseña canto y que la esperan a la puerta del estudio. "Después de mi bautismo, vinieron a visitarme a Italia y quedaron muy impresionados por la comunidad católica. Mi padre incluso empezó a santiguarse". Cada cosa, sin embargo, a su tiempo. "Mis padres aún trabajan en la escuela pública, en China, así que no es prudente hablar demasiado de religión en WeChat, los teléfonos podrían estar pinchados", reconoce. "El año que viene, sin embargo, se jubilarán y les invitaré a volver a Italia".

Quién sabe, quizá también surja una pregunta en sus corazones, como una melodía irresistible.

Traducido por Verbum Caro

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Evangelio: San Juan 3, 31-36:

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.

El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

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miércoles, 15 de abril de 2026

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Palabra de Vida 15/4/2026: «Dios envió a su Hijo al mundo para que se salve por medio de Él» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 15 de abril de 2026, miércoles de la 2ª semana de Pascua, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Juan 3, 16-21:

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Adoración Eucarística con el P. Jesús Luis Sacristán en la Basílica de la Concepción de Madrid, 15-4-2026

15 de abril de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. Jesús Luis Sacristán, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

«Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca» / Por P. Carlos García Malo

 


martes, 14 de abril de 2026

Papa León XIV en homilía en Argelia, 14-4-2026: «Podemos renacer de lo alto, gracias a Dios; debemos hacerlo según su voluntad de amor, que desea renovar a la humanidad llamándola a una comunión de vida, que comienza con la fe»

* «Mientras Cristo nos pide renovar totalmente toda nuestra existencia, también nos da la fuerza para hacerlo. Lo atestigua bien san Agustín, que le dice al Señor: ‘Dame lo que mandas y manda lo que quieras’»

     

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «La fe en el único Dios, Señor del cielo y de la tierra, une a los hombres según una justicia perfecta, que invita a todos a la caridad, es decir, a amar a toda criatura con el amor que Dios nos da en Cristo. Por eso, sobre todo ante la indigencia y la opresión, los cristianos tienen como código fundamental la caridad: hagamos al prójimo lo que quisiéramos que hicieran por nosotros» 

 


14 de abril de 2026.- (Camino Católico)  “Podemos renacer de lo alto, gracias a Dios. Pero debemos hacerlo según su voluntad de amor, que desea renovar a la humanidad llamándola a una comunión de vida, que comienza con la fe”, dice en su homilía el Papa León XIV al celebrar la misa en la Basílica de San Agustín en Annaba, Argelia, invitando a los cristianos de Argelia a permanecer “en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo”.




“Hoy escuchamos el Evangelio, buena noticia para todos los tiempos, en esta basílica de Annaba dedicada a san Agustín, obispo de la antigua Hipona”, dice el Papa en la homilía reiterando el llamado de Jesús: «ustedes tienen que renacer de lo alto» (Jn 3, 7). “¡He aquí la invitación para todo hombre y toda mujer que busca la salvación! Del llamado de Jesús brota la misión para toda la Iglesia y, por tanto, para la comunidad cristiana de Argelia: nacer nuevamente de lo alto, es decir, de Dios”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:




VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ARGELIA, CAMERÚN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL

(13-23 DE ABRIL DE 2026)


SANTA MISA


HOMILÍA DEL SANTO PADRE


Basílica de San Agustín (Annaba)

Martes, 14 de abril de 2026



Queridos hermanos y hermanas:


La Palabra divina atraviesa la historia y la renueva con la voz humana del Salvador. Hoy escuchamos el Evangelio, buena noticia para todos los tiempos, en esta basílica de Annaba dedicada a san Agustín, obispo de la antigua Hipona. A lo largo de los siglos, los lugares que nos acogen han cambiado de nombre, pero los santos han permanecido como nuestros patronos y testigos fieles de un vínculo con la tierra, que viene del cielo. Esta es precisamente la dinámica que el Señor enciende en la noche de Nicodemo: esta es la fuerza que Cristo infunde a la debilidad de su fe y a la tenacidad de su búsqueda.


Enviado por el Espíritu de Dios, que «no sabes de dónde viene ni a dónde va» (Jn 3,8), Jesús es para Nicodemo un huésped especial. Lo llama a una vida nueva, dando a su interlocutor y también a nosotros una tarea sorprendente: «ustedes tienen que renacer de lo alto» (v. 7). ¡He aquí la invitación para todo hombre y toda mujer que busca la salvación! Del llamado de Jesús brota la misión para toda la Iglesia y, por tanto, para la comunidad cristiana de Argelia: nacer nuevamente de lo alto, es decir, de Dios. En esta perspectiva, la fe vence las dificultades terrenas y la gracia del Señor hace florecer el desierto. Sin embargo, la belleza de esta exhortación lleva consigo una prueba que el Evangelio nos llama a afrontar juntos.


Las palabras de Cristo, en efecto, tienen toda la firmeza de un deber: ¡deben renacer de lo alto! Tal imperativo resuena en nuestros oídos como un mandato imposible. Escuchando con atención a Aquel que lo da, comprendemos, sin embargo, que no se trata de una dura imposición, ni de una coacción o, menos aún, de una condena al fracaso. Al contrario, el deber expresado por Jesús es para nosotros un don de libertad, porque nos revela una insospechada posibilidad: podemos renacer de lo alto, gracias a Dios. Pero debemos hacerlo según su voluntad de amor, que desea renovar a la humanidad llamándola a una comunión de vida, que comienza con la fe. Mientras Cristo nos pide renovar totalmente toda nuestra existencia, también nos da la fuerza para hacerlo. Lo atestigua bien san Agustín, que le dice al Señor: «Dame lo que mandas y manda lo que quieras» (Confesiones, X, 29, 40).


Entonces, cuando nos preguntamos cómo es posible un futuro de justicia y de paz, de concordia y de salvación, recordemos que estamos haciendo a Dios la misma pregunta que Nicodemo: ¿de verdad puede cambiar nuestra historia? ¡Estamos tan cargados de problemas, acechanzas y tribulaciones! ¿De verdad nuestra vida puede recomenzar desde cero? ¡Sí! La afirmación del Señor, tan llena de amor, colma nuestros corazones de esperanza. No importa cuán oprimidos estemos por el dolor o por el pecado; el Crucificado lleva todos esos pesos con nosotros y por nosotros. No importa cuánto nos desanimen nuestras debilidades; porque es precisamente entonces cuando se manifiesta la fuerza de Dios, que ha resucitado a Cristo de entre los muertos para dar vida al mundo (cf. Rm 8,1). Cada uno de nosotros puede experimentar la libertad de la vida nueva que viene de la fe en el Redentor. De nuevo, san Agustín nos ofrece un ejemplo: antes que por su sabiduría, lo contemplamos por su conversión. En este renacer, providencialmente acompañado por las lágrimas de su madre, santa Mónica, llegó a ser él mismo exclamando: «Nada sería yo, Dios mío, nada sería yo en absoluto si tú no estuvieses en mí; pero, ¿no sería mejor decir que yo no sería en modo alguno si no estuviese en ti?» (Confesiones, I, 2).


Así es; los cristianos nacen de lo alto, regenerados por Dios como hermanos y hermanas de Jesús, y la Iglesia que los nutre con los sacramentos es un seno materno para todos los pueblos de la tierra. Como hemos escuchado hace poco, los Hechos de los Apóstoles dan testimonio de ello al narrar el estilo que distingue a la humanidad renovada por el Espíritu Santo (cf. Hch 4,32-37). También hoy es necesario acoger y realizar este canon apostólico, meditándolo como auténtico criterio de reforma eclesial; una reforma que comienza en el corazón, para ser verdadera, y concierne a todos, para hacerse eficaz.


En primer lugar, «la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma» (v. 32). Esta unidad espiritual es la concordia, palabra que expresa bien la comunión de corazones que laten juntos, porque están unidos al de Cristo. La Iglesia naciente no se basa, por tanto, en un contrato social, sino en una armonía en la fe, en los afectos, en las ideas y en las opciones de vida, pues tiene el centro en el amor de Dios, hecho hombre para salvar a todos los pueblos de la tierra.


En segundo lugar, contemplamos el efecto material de esta unidad espiritual de los creyentes: «todo era común entre ellos» (v. 32). Todos lo comparten todo, participando en los bienes de cada uno como miembros de un solo cuerpo. Nadie se ve privado de algo, porque cada uno pone en común lo que le es propio. Transformando la posesión en don, esta entrega fraterna no representa una utopía más que para los corazones rivales entre sí y las almas ávidas de sí mismas. Al contrario, la fe en el único Dios, Señor del cielo y de la tierra, une a los hombres según una justicia perfecta, que invita a todos a la caridad, es decir, a amar a toda criatura con el amor que Dios nos da en Cristo. Por eso, sobre todo ante la indigencia y la opresión, los cristianos tienen como código fundamental la caridad: hagamos al prójimo lo que quisiéramos que hicieran por nosotros (cf. Mt 7,12). La Iglesia, animada por esta ley que Dios escribe en los corazones, está siempre dando vida, porque donde hay desesperación, enciende esperanza; donde hay miseria, lleva dignidad; donde hay conflicto, lleva reconciliación.


En tercer lugar, en el texto de los Hechos encontramos el fundamento de esta vida nueva, que involucra a pueblos de toda lengua y cultura: «Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima» (Hch 4,33). La caridad que los anima, antes que compromiso moral, es signo de salvación; los Apóstoles proclaman que nuestra vida puede cambiar porque Cristo ha resucitado de entre los muertos. La primera tarea de los pastores, ministros del Evangelio es, por tanto, dar testimonio de Dios al mundo con un sólo corazón y una sola alma, sin que las preocupaciones nos corrompan con el miedo ni las modas nos debiliten mediante las componendas. Junto con ustedes, hermanos en el episcopado, y con ustedes, presbíteros, renovemos constantemente esta misión para el bien de cuantos nos han sido confiados, a fin de que la Iglesia entera sea, en su servicio, mensaje de vida nueva para aquellos que encontramos.


Queridísimos cristianos de Argelia: permanezcan en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo. Den testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un diálogo vivido día a día; así darán sabor y serán luz allí donde viven. La presencia de ustedes en el país trae a la mente el incienso: un grano incandescente, que esparce perfume porque da gloria al Señor y alegría y consuelo a tantos hermanos y hermanas. Ese incienso es un elemento pequeño y precioso, que no está en el centro de la atención, sino que invita a dirigir nuestros corazones a Dios, animándonos unos a otros a perseverar en las dificultades del tiempo presente. Del incensario de nuestro corazón se elevan, en efecto, la alabanza, la bendición y la súplica, difundiendo el suave olor (cf. Ef 5,1) de la misericordia, de la limosna y del perdón. Su historia está hecha de acogida generosa y de tenacidad en la prueba; aquí han orado los mártires, aquí san Agustín amó a su grey buscando la verdad con pasión y sirviendo a Cristo con fe ardiente. Sean herederos de esta tradición, dando testimonio en la caridad fraterna de la libertad de quien nace de lo alto como esperanza de salvación para el mundo.


PAPA LEÓN XIV



Fotos: Vatican Media, 14-4-2026

Santa Misa votiva de San Agustín, obispo y Doctor de la Iglesia, presidida por el Papa León XIV, en Annaba, Argelia, 14-4-2026


Foto: Vatican Media, 14-4-2026


14 de abril de 2026.- (Camino Católico)  El Papa León XIV ha celebrado la misa votiva de San Agustín,  en la Basílica de San Agustín en Annaba, Argelia, en la tarde de este martes, 14 de abril. En su homilía ha invitado a los cristianos a permanecer “en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo” Y ha subrayado que “podemos renacer de lo alto, gracias a Dios. Pero debemos hacerlo según su voluntad de amor, que desea renovar a la humanidad llamándola a una comunión de vida, que comienza con la fe”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración. 



Al final de la misa el Papa también ha agradecido “a las autoridades civiles, por la cordial hospitalidad que he recibido y por la atención con la que han contribuido al buen resultado de mi visita a Argelia. Considero este viaje como un regalo especial de la Providencia de Dios, un regalo que, a través de un Papa agustino, el Señor ha querido hacer a toda la Iglesia”.


Y ha invitado a dirigirse a Dios con humildad, reconociendo “que la situación actual del mundo, como una espiral negativa, depende en el fondo de nuestro orgullo. Necesitamos de Él, de su misericordia. Solo en Él encuentra paz el corazón humano y solo con Él podremos, todos juntos, reconociéndonos como hermanos, caminar por los caminos de la justicia, del desarrollo integral y de la comunión. Muchas gracias a todos”, ha dicho.