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lunes, 20 de abril de 2026

Almudena de Agustín, 26 años, casada con Guillermo y con dos hijos: «iba a las oraciones porque iba el chico que hoy es mi marido, él iba porque iba yo, y al final íbamos los dos por estar con el Señor y crecer en su amor»

Almudena de Agustín cree que el mejor testimonio es vivir la fe en la vida cotidiana y que los demás lo vean / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

* «Recuerdo que hace bastantes años ya, en unos campamentos, que un seminarista dando catequesis nos dijo que la fe era un don y que lo podíamos pedir, y que después de comulgar pidiéramos al Señor que nos aumentara la fe. Y yo lo empecé a hacer, y un día, sin darme mucha cuenta, de repente dije: “llevo todo este tiempo pidiendo al Señor que aumentara mi fe, y lo ha hecho”. Desde ese momento siempre he tenido muy claro que la oración era una parte muy importante para el discernimiento y para ir escuchando cómo el Señor nos va hablando. Con Guillermo tenía muy claro que iba a ser lo que Dios quisiera. O sea, nosotros estábamos en un noviazgo, que al final es al matrimonio lo que el seminario sería al sacerdocio, el tiempo de discernimiento, el tiempo de formarnos, en los temas que van relacionados con esto, y cada vez que íbamos encontrándonos con distintos problemas, o según nos íbamos conociendo, como que el Señor iba confirmando que sí, que efectivamente era la persona que me había regalado para entregarle mi vida y para entregarme al Señor a través de él y formar con él una familia»

Camino Católico.-  Almudena de Agustín vive su fe en la parroquia de Santa María la Mayor en Alcalá de Henares y tiene 26 años. A los 22 se casó con Guillermo y un año después tuvo su primera hija. El mismo día que cumplía 25 años llegó su segundo hijo. Esta joven alcalaína hizo un grado en Lenguas Modernas y Traducción en la UAH y un Máster en Traducción Audiovisual. Compagina actualmente su trabajo como traductora con el de guía turística en la ciudad cervantina, al que accedió gracias a un voluntariado que hizo con la Asociación Nártex en Münster (Alemania). Cuenta su testimonio de conversión y vida en la  web de la diócesis de Alcalá de Henares.

- Almu ¿qué haces tú como joven de 26 años en un lugar como la Iglesia?

- Vengo de familia católica, entonces siempre hemos vivido la fe, en mayor o menor medida, de manera más automática o menos automática, pero gracias a Dios con unos padres muy coherentes. Se comprometieron en mi Bautismo y cuando se casaron a educarme en la fe. Ellos hacían el esfuerzo por mantenernos a mi hermano y a mí cerca de Dios, incluso cuando ellos a lo mejor no lo estaban tanto.

Eso nos sirvió para que después el Señor se fuera valiendo de unas cosas u otras para siempre mantenernos cerca hasta que realmente nos encontráramos con Él. En mi caso fue cuando ya era más independiente: iba a las oraciones de la parroquia de jóvenes de los viernes porque iba el chico que me gustaba, el que después fue mi novio, y el que después es mi marido y el padre de mis hijos. Entonces yo iba porque iba él, él iba porque iba yo, y al final acabamos yendo los dos por estar con el Señor.

Al final tampoco ha sido un proceso de decir “hemos tenido un boom de conversión en un momento dado”, sino que siempre hemos tenido nuestras idas y venidas, siempre estando cerca, siempre creciendo en ese amor al Señor.

- Ver una mujer que se casa con 22 años no es lo normal en el mundo de hoy. Y más por la Iglesia. Tener dos hijos tan joven tampoco es lo “normal”. ¿Cómo vives esto desde la fe?

- Yo recuerdo que hace bastantes años ya, en unos campamentos, que un seminarista dando catequesis nos dijo que la fe era un don y que lo podíamos pedir, y que después de comulgar pidiéramos al Señor que nos aumentara la fe.

Y yo lo empecé a hacer, y un día, sin darme mucha cuenta, de repente dije: “llevo todo este tiempo pidiendo al Señor que aumentara mi fe, y lo ha hecho”. Desde ese momento siempre he tenido muy claro que la oración era una parte muy importante para el discernimiento y para ir escuchando cómo el Señor nos va hablando. Con Guillermo tenía muy claro que iba a ser lo que Dios quisiera.

O sea, nosotros estábamos en un noviazgo, que al final es al matrimonio lo que el seminario sería al sacerdocio, el tiempo de discernimiento, el tiempo de formarnos, en los temas que van relacionados con esto, y cada vez que íbamos encontrándonos con distintos problemas, o según nos íbamos conociendo, como que el Señor iba confirmando que sí, que efectivamente era la persona que me había regalado para entregarle mi vida y para entregarme al Señor a través de él y formar con él una familia.

Llegó un punto en nuestro noviazgo en el que ya llevábamos ya mucho tiempo saliendo, porque estuvimos saliendo desde que yo tenía 16 años, y ya le dije: “A ver,  Guillermo, ¿qué estamos haciendo? ¿Nos vamos a casar o no nos vamos a casar?”.

Él me dijo que no se sentía como preparado para una cosa así, y yo dije: “pero si no estamos preparados para nada”. Uno se pasa todo Bachillerato para acceder a la Universidad y luego llega el primer año de carrera y se estampa y suspende todo. O se saca el carnet de conducir, se prepara muchísimo para aprender a conducir, llega a la primera rotonda con el carnet sacado y no sabe cómo salir a la rotonda.

O sea, realmente lo que te pone en tu sitio es hacer las cosas. Lo único que nos hacía falta para casarnos era tenerlo claro. Una vez teniéndolo claro y sabiendo a través de ese discernimiento, de esa oración, que era lo que el Señor nos pedía, pues no nos hacía falta ni tener más edad, ni tener más recursos, ni tener nada de nada. Solo tenernos el uno al otro con el Señor.

Almudena y Guillermo cuando todavía eran novios / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

- ¿Tuviste alguna gran crisis dentro del noviazgo? ¿Cómo ayudó el Señor a resolverla?

- No diría que una gran crisis. Al final la espera se te hace larga y estás ahí esperando la confirmación del Señor. Tuve un momento de decir: “pues es que no tengo claro… o sea, a lo mejor entonces lo que tengo que hacer es dejarlo”. Porque al fin y al cabo el noviazgo está para dejarlo: porque te casas o porque lo dejas.

Y me acuerdo que se lo conté a una amiga mía, que es la que ha vivido todo nuestro noviazgo muy de cerca y luego incluso estuvo presente el día que nos comprometimos. Se lo dije, yo toda triste, y me dijo: “¡Cómo me alegro de que me estés diciendo esto! Porque esto significa que es que os vais a casar seguro”. Claro, yo me quedé totalmente descolocada. Ella fue capaz de ver algo que yo no estaba viendo en ese momento. El Señor te confirma las cosas también a través de la gente que tienes a tu alrededor, la gente que te quiere. Y ella se dio cuenta de que realmente mi duda era porque ya el noviazgo estaba llegando a su fin, ya teníamos claro que lo que teníamos que hacer era dar otro paso. Y nos queríamos mucho y sabíamos que queríamos pasar nuestra vida juntos, compartir nuestra vida juntos y ser ayuda mutua para el otro, para llegar a la santidad. Y no lo íbamos a dejar, evidentemente.

- ¿Cómo es ir a contracorriente en este mundo?

- Pues a nosotros nos ha resultado relativamente fácil porque no lo hemos hecho solos. Tuvimos acompañamiento durante el noviazgo, en lo que ahora han llamado “El taller del orfebre”, cuando todavía no tenía nombre, con Marta y Borja. Todos poníamos en común nuestras dificultades, cómo lo vivíamos, lo difícil que lo pone el mundo… Porque yo lo hablaba con otras amigas mías y ninguna lo entendía. Todas me preguntaban que por qué no me iba a vivir antes con Guille, antes de casarme… Y yo les decía: “mira, es que a mí no me hace falta el mes gratis de prueba de Spotify para saber que quiero la suscripción Premium”.

Con ese grupo ya entablamos amistad, nos prometimos todos a la vez, nos casamos todos a la vez, somos padrinos unos de los hijos de los otros…

Lo que no sepas tú del amor te lo inventas y te lo inventas en base a lo que te viene del exterior, pues las películas, las series… Y normalmente no es un amor ordenado el que te muestran ahí. El tener a alguien que te pueda ir acompañando, que te pueda ir mostrando la verdad del amor humano, del amor como Dios lo ha pensado para el hombre, es súper necesario. Hacerlo acompañado es lo mejor que se puede hacer.

Yo animaría a todos los novios a que se apunten al Taller del Orfebre, que vivan su noviazgo también acompañados. Lógicamente las decisiones finales las vais a tomar vosotros con el Señor, pero no es una cosa de “yo me lo guiso, yo me lo como”. Hay más gente en la misma situación, hay más gente pasando por las mismas dificultades y apoyarse unos en otros es lo mejor que se puede hacer.

- ¿Cómo evangelizas en tu día a día?

- Tampoco considero que haga grandes cosas, ya simplemente creo que el hecho de vivir la vida que vivo, estando casada tan joven, teniendo los hijos tan joven… ya impacta bastante a la gente de mi alrededor que no cree y tienden a plantearse el por qué lo hago.

Nuestro hijo cuando nació se puso muy malito y he tenido amigas que no creían y que me han dicho: “que sepas que he estado rezándole a Dios por tu hijo, que yo no sé si me escucha, pero como sé que para ti es importante, he rezado yo también”.

En el turismo sí que encuentro un momento de encuentro con mucha gente, que no necesariamente tiene por qué conocer al Señor, que Dios me regala para enseñarles lo que hay, porque es lo que aprendí en Nártex. Todos mis visitantes se comen una catequesis interesante. En los últimos meses he estado diseñando un guión de visita guiada que es explícitamente una catequesis: “Alcalá y el Cielo”. Es Alcalá de Henares desde el punto de vista de la fe.

Entonces yo no voy a las Bernardas y hablo del estilo barroco y ya está, sino que hablo de por qué la belleza necesariamente nos lleva a Dios, de cómo el hombre como artista está hecho a imagen y semejanza de Dios. Hablo de la carta de San Juan Pablo II a los artistas… cosas así…. O hablo de los testimonios de los santos y no me quedo solo en la historia… Explico el sentido de que el matrimonio de Antezana quisiera, aun no habiendo tenido hijos, que su matrimonio fuera fecundo y dejar una huella realmente en Alcalá y que sirviera también para abrirse a los demás y para darse a los demás. O sea, explico todas las cosas que se explican en todas las visitas habidas y por haber, pero dándoles un sentido desde el punto de vista de la fe. Yo hago lo que lo que hacen la Asociación Nártex: intento hacer hablar a las piedras.

Almudena de Agustín, a la derecha de la imagen, y otras dos jóvenes durante su estancia en la Catedral de San Pablo en Münster (Alemania), como parte de un proyecto Nártex / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

- ¿Qué es Nártex?

- La asociación Nártex es una asociación que se dedica principalmente a la difusión del arte desde el punto de vista de la fe y a la difusión de la fe valiéndose del arte. Todos los veranos organizan unos proyectos junto con otras asociaciones internacionales en distintas iglesias y catedrales por toda Europa para mandar voluntarios que acojan a los turistas españoles cada uno en donde le toque. Aquí en España hacen muchos proyectos, por ejemplo en Torreciudad, en Madrid siempre hacen alguno….

Yo estuve en Alemania, en la Catedral de San Pablo, en Münster. Otra gente ha ido a Milán, a Brujas… Y es un voluntariado muy bonito, porque normalmente pensamos en voluntariado como irse a ayudar materialmente, ¿no? Como un voluntariado con las Hermanas de la Caridad; pero esto realmente también ayuda a gente que lo necesita en otro sentido. Porque como decía, con mi trabajo «se te ponen a tiro» muchos turistas que no necesariamente tienen por qué conocer a Jesús, a Dios, y tienes la oportunidad de hablarles de Él desde lo que están viendo a través de sus sentidos, desde las obras de arte, desde la arquitectura, desde la escultura, desde la pintura que hay en esa iglesia, y explicarles el sentido que tiene cada cosa.

Yo recomiendo a todo el mundo hacerlo, la verdad.

- ¿De qué manera has encontrado a Dios en el grado de Lenguas Modernas y Traducción?

- La traducción no deja de ser tender puentes entre distintas personas que no se entienden por la barrera de la lengua, del idioma. Y es hacer posible ese entendimiento. Yo estoy soñando con que me manden traducir un libro de Christopher West, por ejemplo, que yo los he disfrutado mucho en inglés y hay muchos que no están en español todavía. Y yo estaría encantada de que me mandaran traducir cosas de ese estilo para para poder acercar a la gente que habla español textos en inglés que les pudieran enriquecer en su vida personal. No sólo de literatura que tenga que ver con el ámbito espiritual, sino en cualquier sentido.

O sea, yo que traduzco series, que traduzco películas… al final es posibilitar el acceso a la cultura y a cualquier texto en otro idioma a la gente que lo necesita. A través de la cultura uno también se puede acercar al Señor, lógicamente.

- ¿Piensas que la juventud está receptiva a Cristo dentro del ámbito de las Humanidades?

- Yo diría que están receptivos a algo y simplemente no saben cómo llamarlo. Porque al final, la gente que se dedica a las humanidades, la gente que se dedica al arte, a la cultura… es consciente de que el mundo no es solamente matemático… El hombre es mucho más grande de lo que parece y el hombre puede hacer muchas cosas.

Yo creo que son conscientes en el fondo de que existe una grandeza detrás del hombre y detrás de lo que puede hacer, pero no saben darle nombre. Pero yo estoy segura de que si estuvieran dispuestos a abrir las miras y explorar otros caminos, lo que ellos hacen podría llevarles hasta esa conclusión. Como ha llevado a tantos otros, a San Agustín… Él lo cuenta perfectamente en el «Tarde te amé», que a través de los sentidos es a través de lo que acabó llegando al Señor.

- ¿Cómo hablas de Dios con tus amigos no creyentes?

Ha llegado el punto en el que intento no forzarlo. Ya solo con el ejemplo de mi vida ellos son perfectamente conscientes de lo que hay y saben que cuando quieren preguntar yo les voy a contestar. De hecho, como al final lo que ven más en mi vida es la parte de mi matrimonio, mi maternidad… me hacen muchas preguntas que tienen que ver con el tema, porque ahora mismo el amor humano se trata como se trata, y hay mucha equivocación y no entienden el cómo lo vivo yo.

Por ejemplo me hacen muchísimas preguntas que tienen que ver con la teología del cuerpo y yo les explico lo que quieran pero siempre me suelo encontrar con que el tope de la conversación llega donde empieza o termina la fe. Yo les puedo dar los argumentos más humanos y más comprensibles y hasta cierto punto lo entienden pero llega un punto en el que sin Dios no se entiende que yo viva las cosas como las vivo. Gracias a Dios tengo unas amigas muy abiertas al diálogo y que no juzgan mi manera de vivir, ni yo la suya, mucho menos. Y sí que podemos compartir muchas cosas.

No creo que me mis amigas me hayan oído en ningún momento juzgar ninguna de sus vivencias ni dejarlas de lado porque vivan de una manera diferente a la mía. La más antigua hace 10 años que somos amigas y siempre he estado a su lado. Estoy dispuesta a seguir a su lado siempre porque la quiero muchísimo. Y es eso, vivir la vida con sencillez y con naturalidad, no es mucho más complicado que eso.

Almudena de Agustín, joven feligresa de la parroquia de Santa María la Mayor, trabaja como guía turística en el casco histórico de Alcalá de Henares / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

- ¿Ha habido algún punto de inflexión en tu vida de fe?

- Sí. Quizá el más gordo fue cuando nació nuestro segundo hijo; estuvo muy malito, casi se nos queda por el camino y luego tuvo ciertas complicaciones que luego se han ido solventando y el niño está estupendo. A nosotros se nos pone malo el niño a los 15 días de vida, aproximadamente. Lo tenemos que dejar en el hospital solito, porque por las noches nos “echaban” de la unidad de neonatos, nos decían que nos fuéramos a casa a descansar, lógicamente, y a pesar de ser la situación la que era, y siendo yo como soy, que me suelo agobiar mucho, la gente a nuestro alrededor, la psicóloga del hospital, nos preguntaban cómo estábamos… y a todo el mundo le sorprendía porque nos veían muy enteros.

Y es verdad que estábamos muy enteros y lo vivimos con muchísima paz, porque fue llegar a Urgencias, que nos dijeran lo que podía ser, y los mensajes que mandamos para informar fueron a la familia y a nuestros grupos de la parroquia, al grupo de matrimonios y demás para poner en marcha “la máquina”. Y llegó a nuestros oídos que acabaron rezando por el niño incluso monjas de clausura en Ciudad Real, en todas partes…

Realmente fue un momento muy duro en el que nos sentimos totalmente sostenidos por la Iglesia y por el Señor. Nos apoyamos mucho el uno en el otro, nos unimos mucho como matrimonio.

A mí se me echaban a llorar otras madres en la unidad de neonatos cuando les contaba lo que le pasaba al niño. Me decían: “¿y tú por qué no lloras?” Yo decía: “pues porque tengo bastante esperanza en que todo va a ir bien y que va a ser lo que Dios quiera, que Dios sabe más que nosotros y va a ser Dios el que cuide a nuestro niño y el que nos cuide a nosotros”.

Fuimos muy conscientes en todo momento de que fue la oración de otros, el vivirlo en comunidad y el vivir en la familia de la Iglesia, lo que nos mantuvo a flote en todo momento para afrontarlo.

- ¿Cómo se concreta tu fe en el día a día?

- Pues nuestro día a día se rige mucho por lo que toca en cada momento. Nada te pone los pies más en la tierra que tener niños pequeños. Durante el día es verdad que no tenemos la posibilidad ahora mismo ni de dar catequesis como siempre habíamos hecho, ni de participar de otros grupos, ni de ir a las oraciones de matrimonios, porque son horas en las que ya estamos en la “hora de la santidad”: estamos dando baños, cenas, acostando niños…

Es verdad que a nosotros al principio nos supuso un poco de frustración el no poder llevar la vida que llevábamos antes. Pero es una cosa muy lógica: el Señor no quiere que vivamos la vida que vivíamos antes, quiere que estemos viviendo nuestra entrega en el momento, en lo que necesitan nuestros hijos en cada momento. Entonces nosotros ¿rezamos? Sí, rezamos mucho con los niños.

Nuestra hija es espectacular porque de vez en cuando hace unas cosas… De repente, está tan tranquila jugando y es de las que te viene y te dice: “Mamá ¿podemos parar a rezar por las almas del purgatorio?” Y te hace parar todo lo que está haciendo para dedicar un ratito a rezar por las almas del purgatorio o por lo que quiera pedir cada vez.

Todas las noches rezamos con ellos… ya a la mayor le van surgiendo preguntas. El pequeño cuando tiene hambre, por ejemplo, como no sabe hablar, solo pide galletas, que es lo único que dice, o se santigua. Va santiguándose para bendecir la mesa porque te está diciendo que tiene hambre y sabe que lo primero que hacemos es bendecir la mesa. Al final son ellos los que nos ponen en nuestro sitio. Tienen perfectamente claro que los domingos el centro del día es la Misa y luego santificar las fiestas. No perdonan el aperitivo con los amigos de la parroquia. Son ellos los que nos permiten realmente centrar nuestra entrega en lo que tenemos que hacer y no perdernos en cosas que no son las que tocan en ese momento.

Es verdad que es difícil a veces, con el cansancio, sacar un rato de oración personal cada uno, pero al final tenemos claro que también estamos muy cerca del Señor, que nos va regalando muchas gracias para ir haciendo lo que tenemos que hacer en cada momento, que al final es un poco lo esencial ahora, sobre todo en la etapa en la que estamos, que son tan pequeños.

Pensábamos que les íbamos a enseñar nosotros muchas cosas y no, nos están enseñando muchas ellos a nosotros.

Almudena de Agustín y Guillermo el día de su boda en 2022 / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

- ¿De qué forma contribuís en la Diócesis?

Ahora mismo en las cosas de la Delegación de Familias y en la parroquia hacemos lo que podemos y lo que nos van pidiendo. Por ejemplo, en la parroquia, si me piden que vaya a ayudar con el coro, pues evidentemente voy. Participamos en los encuentros de familias con el obispo, siempre hacemos por ir y echamos un cable con lo que nos pidan. Intentamos estar disponibles dentro de nuestras limitaciones horarias impuestas por dos personas pequeñitas.

De momento seguimos haciendo por participar en todo lo que podemos y en todo lo que está pensado para que las familias puedan participar. Mantenemos un grupo de matrimonios, mantenemos un grupo de vida en la parroquia, nos juntamos también cada mes para compartir y para hablar de diversos temas y vivir la fe en comunidad, que al final es lo importante. En ese sentido no estamos solos; con el cole también tenemos la oportunidad de hacer cosas que nos van planteando, que nos van proponiendo

- Un libro que recomiendes para conocer más la fe

- Bailar en la cocina, de Pep Borrell

- Un santo o beato que sea un referente para ti

- Santa Mónica. Es ejemplo de madraza que tenía claro en qué consistía su vocación: ella estaba para ayudar a salvar a su marido y a su hijo. Para entregarse a ellos, y esa entrega se concretaba en su oración.

Termina la frase:

Los jóvenes son… el futuro de la Iglesia.

Los jóvenes esperan… el encuentro con quien les ama.

La fe de los jóvenes… tiene mucho que ofrecer.

Santa Misa de hoy, lunes de la 3ª semana de Pascua, 20-4-2026

20 de abril de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, lunes de la 3ª semana de Pascua, presidida por el P. Carmelo Donoso, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Homilía del P. Javier Martín y lecturas de la Misa de hoy, lunes de la 3ª semana de Pascua, 20-4-2026

20 de abril de 2026.-  (Camino Católico).- Homilía del P. Javier Martín, FM, y lecturas de la Santa Misa de hoy, lunes de la 3ª semana de Pascua, emitida por Magníficat TV.

Santa Misa de hoy, lunes de la 3ª semana de Pascua, 20-4-2026

20 de abril de 2026.-  (Camino Católico).- Celebración de la Santa Misa de hoy, lunes de la 3ª semana de Pascua, presidida por el P. Javier Martín, emitida por Magníficat TV.

Palabra de Vida 20/4/2026: «Trabajad no por el alimento que perece» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 20 de abril de 2026, lunes de la 3ª semana de Pascua, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Juan 6, 22-29:

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:

«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».

Jesús les contestó:

«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron:

«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».

Respondió Jesús:

– «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado».

«Dichoso quien camina en la ley del Señor» / Por P. Carlos García Malo

 


domingo, 19 de abril de 2026

Papa León XIV en homilía en Angola, 19-4-2026: «Mantengan la mirada fija en Jesús en la Palabra y en la Eucaristía; el Señor Resucitado camina a nuestro lado y, unidos a Él, vencemos la muerte y vivimos como resucitados»

* «Experimentamos la compañía del Señor sobre todo en la relación con Él, en la oración, en la escucha de su Palabra, que hace arder nuestro corazón como el de los dos discípulos, y sobre todo en la celebración de la Eucaristía. Es aquí donde nos encontramos con Dios. Por eso, hay que estar siempre atentos a aquellas formas de religiosidad tradicional que, sin duda, pertenecen a las raíces de la cultura de ustedes, pero que, al mismo tiempo, suponen el riesgo de confundir y mezclar elementos mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual» 

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «Hoy es necesario mirar hacia el futuro con esperanza y construir la esperanza del futuro. No tengan miedo de hacerlo. Jesús Resucitado, que recorre el camino con ustedes y se entrega como pan partido, los anima a ser testigos de su resurrección y protagonistas de una nueva humanidad y de una nueva sociedad» 

19 de abril de 2026.- (Camino Católico) “Mantengan la mirada fija en Jesús, que se revela especialmente en la Palabra y en la Eucaristía. En ambas percibimos que el Señor Resucitado camina a nuestro lado y, unidos a Él, también nosotros vencemos la muerte que nos asedia y vivimos como resucitados” ha subrayado el Papa León XIV en la homilía de la primera misa celebrada en Angola, en la explanada de Kilamba, esta mañana 19 de abril.  Además, el anhelo de paz que brota de África se extiende, gracias a las palabras de León XIV pronunciadas antes de finalizar la misa en la oración del Regina Caeli, al corazón de Europa, ensangrentado por el conflicto en Ucrania y en todo Oriente Medio, donde el Papa espera que cesen definitivamente todas las hostilidades.



Hablando en portugués, ante unos 100 mil fieles, el pontífice ha iniciado su homilía agradeciendo a los presentes por la cálida bienvenida que le brindaron. Su reflexión se inspiró en el Evangelio de este tercer domingo de Pascua, en el que el Señor nos habla a través del relato de los discípulos de Emaús.


En esta escena inicial del Evangelio el Pontífice ve reflejada la historia de Angola: un “país bellísimo pero lastimado, que tiene hambre y sed de esperanza, de paz y de fraternidad”: “La conversación de los dos discípulos mientras caminan, recordando con tristeza lo que le ha sucedido a su Maestro, nos trae a la memoria el dolor que ha marcado a este país: una larga guerra civil con su secuela de enemistades y divisiones, de recursos malgastados y de pobreza”.




Ante esta larga situación de dolor, se corre el riesgo, advierte el Papa, de sufrir la misma suerte que los dos discípulos de Emaús: “perder la esperanza y quedarse paralizado por el desánimo”. Pero recuerda que la “Buena Nueva del Señor, también hoy para nosotros, es que “Él está vivo, ha resucitado y va a nuestro lado mientras recorremos el camino del sufrimiento y la amargura”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:


VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ARGELIA, CAMERÚN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL

(13-23 DE ABRIL DE 2026)


SANTA MISA


HOMILÍA DEL SANTO PADRE


Kilamba (Angola)

Domenica, 19 aprile 2026



Queridos hermanos y hermanas:


Con el corazón lleno de gratitud celebro la Eucaristía entre ustedes. Gracias a Dios por este don y gracias a ustedes por la cálida bienvenida que me han brindado.


En este tercer domingo de pascua el Señor nos ha hablado con el Evangelio de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35). Dejémonos iluminar por esta Palabra de vida.


Dos discípulos del Señor, con el corazón lastimado y triste, salen de Jerusalén para regresar a Emaús, su aldea. Vieron morir a aquel Jesús en el que habían confiado y al que habían seguido y, ahora, decepcionados y derrotados, regresan a sus casas. «En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido» (v. 14); Necesitan hablar de ello, volver a contarse lo que han visto, compartir lo que han vivido, aunque corran el riesgo de quedarse atrapados en el dolor, cerrados a la esperanza.


Hermanos y hermanas, en esta escena inicial del Evangelio veo reflejada la historia de Angola, de este país bellísimo pero lastimado, que tiene hambre y sed de esperanza, de paz y de fraternidad. En efecto, la conversación de los dos discípulos mientras caminan, recordando con tristeza lo que le ha sucedido a su Maestro, nos trae a la memoria el dolor que ha marcado a este país: una larga guerra civil con su secuela de enemistades y divisiones, de recursos malgastados y de pobreza.


Cuando se lleva mucho tiempo sumergido en una historia tan marcada por el dolor, se corre el riesgo de sufrir la misma suerte que los dos discípulos de Emaús: perder la esperanza y quedarse paralizado por el desánimo. Ellos caminan, sin embargo, siguen detenidos en los hechos ocurridos tres días antes, cuando vieron morir a Jesús; conversan entre ellos, pero sin esperanza de encontrar una salida; continúan hablando de lo que ha sucedido, con la angustia de quienes no saben cómo volver a empezar, ni si es posible hacerlo.


Queridos hermanos, la Buena Nueva del Señor, también hoy para nosotros, es precisamente esta: Él está vivo, ha resucitado y va a nuestro lado mientras recorremos el camino del sufrimiento y la amargura, abriéndonos los ojos para que podamos reconocer su obra y concediéndonos la gracia de empezar de nuevo y reconstruir el futuro.


El Señor se acerca a los dos discípulos desanimados y sin esperanza y, al hacerse su compañero de camino, los ayuda a recomponer los fragmentos de aquella historia, a mirar más allá del dolor, a descubrirles que no están solos en el camino y que les espera un futuro en el que sigue habitando el Dios del amor. Y cuando Él se detiene a cenar con ellos, se sienta a la mesa y parte el pan, entonces «los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron» (v. 31).


Para nosotros, y también para ustedes, queridos hermanos y hermanas angoleños, queda así trazado el camino para volver a empezar: por un lado, la certeza de que el Señor nos acompaña y tiene compasión de nosotros; por otro, el compromiso que Él nos pide.


Experimentamos la compañía del Señor sobre todo en la relación con Él, en la oración, en la escucha de su Palabra, que hace arder nuestro corazón como el de los dos discípulos, y sobre todo en la celebración de la Eucaristía. Es aquí donde nos encontramos con Dios. Por eso, hay que estar siempre atentos a aquellas formas de religiosidad tradicional que, sin duda, pertenecen a las raíces de la cultura de ustedes, pero que, al mismo tiempo, suponen el riesgo de confundir y mezclar elementos mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual. Permanezcan fieles a lo que enseña la Iglesia, confíen en sus Pastores y mantengan la mirada fija en Jesús, que se revela especialmente en la Palabra y en la Eucaristía. En ambas percibimos que el Señor Resucitado camina a nuestro lado y, unidos a Él, también nosotros vencemos la muerte que nos asedia y vivimos como resucitados.


A esta certeza de no estar solos en el camino se añade también un compromiso generoso capaz de aliviar las heridas y reavivar la esperanza. En efecto, si los dos discípulos de Emaús reconocen a Jesús cuando parte el pan para ellos, eso significa que también nosotros debemos reconocerlo así: no sólo en la Eucaristía, sino en cualquier lugar donde haya una vida que se convierta en pan partido, en cualquier lugar donde alguien se haga don de compasión como Él.


La historia de su país, las consecuencias aún difíciles que deben soportar, los problemas sociales y económicos y las diferentes formas de pobreza reclaman la presencia de una Iglesia que sepa acompañarlos en el camino y escuchar el lamento de sus hijos. Una Iglesia que, con la luz de la Palabra y el alimento de la Eucaristía, sepa reavivar la esperanza perdida. Una Iglesia formada por personas como ustedes, que se entregan tal y como Jesús partió el pan para los dos discípulos de Emaús. Angola necesita obispos, sacerdotes, misioneros, religiosas y religiosos, laicos y laicas que tengan en el corazón el deseo de entregar su propia vida y ofrecérsela unos a otros, de comprometerse en el amor y el perdón mutuos, de construir espacios de fraternidad y de paz, de realizar gestos de compasión y solidaridad hacia quienes más lo necesitan.


Con la gracia de Cristo Resucitado podemos convertirnos en ese pan partido que transforma la realidad. Y así como la Eucaristía nos recuerda que somos un sólo cuerpo y un sólo espíritu, unidos al único Señor, también nosotros podemos y queremos construir un país en el que se superen para siempre las viejas divisiones, en el que desaparezcan el odio y la violencia, en el que la lacra de la corrupción sea sanada por una nueva cultura de la justicia y el compartir. Sólo así será posible un futuro de esperanza, sobre todo para los numerosos jóvenes que la han perdido.


Hermanos y hermanas, hoy es necesario mirar hacia el futuro con esperanza y construir la esperanza del futuro. No tengan miedo de hacerlo. Jesús Resucitado, que recorre el camino con ustedes y se entrega como pan partido, los anima a ser testigos de su resurrección y protagonistas de una nueva humanidad y de una nueva sociedad.


Queridos hermanos, en este camino pueden contar con la cercanía y la oración del Papa. Pero también yo sé que puedo contar con ustedes, y se lo agradezco. Los encomiendo a la protección y a la intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora de Muxima, para que siempre los sostenga en la fe, la esperanza y la caridad.


PAPA LEÓN XIV


Fotos: Vatican Media, 19-4-2026