23 de diciembre de 2024.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. Carlos Martínez Oliveras, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.
lunes, 23 de diciembre de 2024
domingo, 22 de diciembre de 2024
Papa Francisco en el Ángelus, 22-12-2024: «Que toda maternidad sea bendecida, y en cada madre sea agradecido y exaltado el nombre de Dios, que confía a los hombres y mujeres el poder dar la vida»
* «Dentro de un momento bendeciremos las figuras del «Niño Dios», yo he traído el mío. Me lo regaló el Arzobispo de Santa Fe; fue hecho por aborígenes ecuatorianos… estas figuras del «Niño Dios» que ustedes han traído. Podemos preguntarnos, entonces: ¿Doy gracias al Señor porque se hizo hombre como nosotros, para compartir en todo, excepto en el pecado, nuestra existencia? ¿Yo alabo al Señor y lo bendigo por cada niño que nace? ¿Soy gentil cuando encuentro a una madre encinta? ¿Sostengo y defiendo el valor sagrado de la vida de los pequeños desde su concepción en el seno materno?»
Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus
* «Sigo siempre con atención y preocupación las noticias que llegan de Mozambique, y deseo renovar a ese amado pueblo mi mensaje de esperanza, paz y reconciliación. Rezo para que el diálogo y la búsqueda del bien común, sostenidos por la fe y la buena voluntad, prevalezcan sobre la desconfianza y la discordia. La atormentada Ucrania sigue siendo golpeada por atentados en las ciudades, que a veces dañan escuelas, hospitales, iglesias. Que callen las armas y resuenen los villancicos. Recemos para que en Navidad cese el fuego en todos los frentes de guerra, en Tierra Santa, en Ucrania, en todo Medio Oriente y en el mundo entero. Y con dolor pienso en Gaza, en tanta crueldad; en los niños ametrallados, en los bombardeos de escuelas y hospitales... ¡Cuánta crueldad!»
22 de diciembre de 2024.- (Vatican News / Camino Católico) “Cantemos como María: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor’, para que toda maternidad sea bendecida, y en cada madre del mundo sea agradecido y exaltado el nombre de Dios, que confía a los hombres y mujeres el poder dar la vida” ha dicho el Papa Francisco desde la capilla de la Casa Santa Marta, comentando el evangelio antes de rezar el Ángelus.
Francisco no se ha asomado a la plaza de San Pedro desde el Palacio Apóstolico porque está resfriado, en previsión de la amplia agenda que debe cumplir los próximos días, y ha explicado que ha mejorado.
En los saludos inmediatamente después del Ángelus, Francisco pide un alto el fuego para Navidad en todos los frentes de guerra y repite su mensaje de paz, esperanza y reconciliación para tierras como Mozambique, la atormentada Ucrania y para la Tierra Santa.
Finalmente, el Pontífice ha bendecido las estatuillas del Niño Jesús que niños y jóvenes han llevado a la Plaza de San Pedro y que luego colocarán en los belenes, un "gesto sencillo pero importante", define el Papa que concluye con la esperanza que nadie olvidará a sus abuelos y que “nadie se queda solo en estos días”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:
PAPA FRANCISCO
ÁNGELUS
Domus Sanctae Marthae
Domingo, 22 de diciembre de 2024
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Lamento no estar en la Plaza con ustedes, pero me estoy mejorando y se deben tomar precauciones.
Hoy el Evangelio nos presenta a María que, tras el anuncio del ángel, visita a Isabel, su pariente anciana (cf. Lc 1, 39-45), que también espera un hijo. Así, es el encuentro de dos mujeres felices por el don extraordinario de la maternidad: María acaba de concebir a Jesús, el Salvador del mundo (cf. Lc 1, 31-35), e Isabel, a pesar de su avanzada edad, lleva en su seno a Juan, que preparará el camino que precederá al Mesías (cf. Lc 1, 13-17), Juan Bautista.
Ambas tienen mucho de qué alegrarse, y tal vez podríamos sentirlas lejanas al ser protagonistas de milagros tan grandes, que normalmente no ocurren en nuestra experiencia. El mensaje que el Evangelista quiere darnos, pocos días antes de Navidad, es este, es distinto. En efecto, la contemplación de los signos prodigiosos de la acción salvífica de Dios no debe hacernos sentir nunca lejanos de Él, sino ayudarnos a reconocer su presencia y su amor cerca de nosotros, por ejemplo en el don de cada vida, de cada niño, de su madre. El don de la vida… He leído en el programa “A tua immagine” algo hermoso que estaba escrito: ¡Ningún niño es un error! El don de la vida…
En la plaza, habrá también hoy madres con sus hijos, y quizá también haya algunas que estén en la «dulce espera de uno». Por favor, no seamos indiferentes a su presencia, aprendamos a admirarnos de su belleza y, como hicieron Isabel y María, aquella belleza de las mujeres encinta, bendigamos a las madres y alabemos a Dios por el milagro de la vida. A mí me gusta – me gustaba, porque ahora no puedo hacerlo – cuando en la otra diócesis andaba en bus, cuando subía al bus una mujer embarazada, de inmediato le daban el puesto para sentarse: ¡Un gesto de esperanza y de respeto!
Hermanos y hermanas, estos días nos gusta crear un ambiente festivo con luces, adornos y música navideña. Recordemos, sin embargo, expresar sentimientos de alegría cada vez que nos encontremos con una madre que lleva a su hijo en brazos o en su regazo. Y cuando esto nos suceda, oremos en nuestro corazón y digamos también, como Isabel: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre» (Lc 1, 42); cantemos como María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor» (Lc 1, 46), para que toda maternidad sea bendecida, y en cada madre del mundo sea agradecido y exaltado el nombre de Dios, que confía a los hombres el poder dar la vida a los a los hombres y a las mujeres.
Dentro de un momento bendeciremos las figuras del «Niño Dios», yo he traído el mío. Me lo regaló el Arzobispo de Santa Fe; fue hecho por aborígenes ecuatorianos… estas figuras del «Niño Dios» que ustedes han traído. Podemos preguntarnos, entonces: ¿Doy gracias al Señor porque se hizo hombre como nosotros, para compartir en todo, excepto en el pecado, nuestra existencia? ¿Yo alabo al Señor y lo bendigo por cada niño que nace? ¿Soy gentil cuando encuentro a una madre encinta? ¿Sostengo y defiendo el valor sagrado de la vida de los pequeños desde su concepción en el seno materno?
Que María, la Bendita entre todas las mujeres, nos haga capaces de experimentar asombro y gratitud ante el misterio de la vida que nace.
Oración del Ángelus:
Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.
Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave Maria…
Ecce ancílla Dómini.
Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Ave Maria…
Et Verbum caro factum est.
Et habitávit in nobis.
Ave Maria…
Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.
Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
Orémus.
Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,
méntibus nostris infunde;
ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.
Amen.
Gloria Patri… (ter)
Requiem aeternam…
Benedictio Apostolica seu Papalis
Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.
Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,
Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.
Amen.
Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:
Queridos hermanos y hermanas
Sigo siempre con atención y preocupación las noticias que llegan de Mozambique, y deseo renovar a ese amado pueblo mi mensaje de esperanza, paz y reconciliación. Rezo para que el diálogo y la búsqueda del bien común, sostenidos por la fe y la buena voluntad, prevalezcan sobre la desconfianza y la discordia.
La atormentada Ucrania sigue siendo golpeada por atentados en las ciudades, que a veces dañan escuelas, hospitales, iglesias. Que callen las armas y resuenen los villancicos. Recemos para que en Navidad cese el fuego en todos los frentes de guerra, en Tierra Santa, en Ucrania, en todo Medio Oriente y en el mundo entero. Y con dolor pienso en Gaza, en tanta crueldad; en los niños ametrallados, en los bombardeos de escuelas y hospitales... ¡Cuánta crueldad!
Saludo con afecto a todos ustedes, romanos y peregrinos. Saludo a la delegación de ciudadanos italianos que viven en territorios que esperan desde hace tiempo una recuperación para proteger su salud. Expreso mi cercanía a estas poblaciones, especialmente a las que han sufrido la reciente tragedia de Calenzano.
Esta mañana he tenido la alegría de estar con los niños, con sus madres, que acuden al Dispensario Santa Marta, en el Vaticano, dirigido -aquí en el Vaticano- por las Hermanas Vicentinas, ¡qué buenas religiosas son! Entre ellas hay una hermana que es como la abuela de todo, la buena sor Antonietta, a la que recuerdan con tanto amor. Y a mí, tantos niños que había, me han llenado el corazón de alegría. Repito: «¡Ningún niño es un error!».
Y ahora bendigo a las imágenes del «Niño Dios», yo he traído el mío, las figuritas del Niño Jesús que ustedes, queridos niños y jóvenes, han traído aquí y que pondrán en el pesebre al regresar a casa. Les agradezco este gesto sencillo, pero importante. Los bendigo de corazón a todos, a sus padres, a sus abuelos, a sus familias. Y, por favor, ¡no se olviden de sus abuelos! Que nadie esté solo estos días.
Y les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Que el Señor los bendiga. Que tengan un buen almuerzo ¡adiós!
Francisco
Fotos: Vatican Media, 22-12-2024
Homilía de Mons. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, y lecturas de la Misa de hoy, IV domingo de Adviento, 22-12-2024
22 de diciembre de 2024.- (Camino Católico) Homilía de Mons. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, y lecturas de la Misa de hoy, IV domingo de Adviento, emitida por 13 TV desde la Catedral de Córdoba.
Santa Misa de hoy, IV domingo de Adviento, en la catedral de Córdoba, 22-12-2024
22 de diciembre de 2024.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, IV domingo de Adviento, presidida por Mons. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, emitida por 13 TV desde la Catedral de Córdoba.
Misterios Gloriosos del Santo Rosario desde el Santuario de Lourdes, 22-12-2024
22 de diciembre de 2024.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario, correspondientes a hoy domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.
Palabra de Vida 22/12/2024: «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?» / Por P. Jesús Higueras
Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 22 de diciembre de 2024, domingo de la 4ª semana de Adviento, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.
Evangelio: San Lucas 1, 39-45:
En aquellos días, María se levantó y se puso en camino deprisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y levantando la voz, exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».
Homilía del evangelio del domingo: Para penetrar en la Navidad hay que abajarse y hacerse pequeño porque Dios se inclina sobre los abandonados / Por Cardenal Raniero Cantalamessa, OFM Cap.
* «Nuestra tentación, en efecto, es la de hacer exactamente lo contrario de lo que hizo Dios: querer mirar a quien está arriba, no a quien está abajo; a quien le va bien, no a quien se encuentra en necesidad. No podemos contentarnos con recordar que Dios orienta su mirada hacia los humildes. Debemos hacernos nosotros mismos pequeños, humildes, al menos de corazón»
Ha mirado la humildad de su sierva
Domingo IV de adviento – C
Miqueas 5, 1-4a / Salmo 79 / Hebreos 10, 5-10 / San Lucas 1, 39-45
Cardenal Raniero Cantalamessa, OFM Cap. / Camino Católico.- El último domingo de Adviento es el que debe preparar inmediatamente a la Navidad. Las compras ya deberían estar hechas, y tal vez estamos un poco más disponibles para pensar también en el sentido religioso de la fiesta. El Evangelio es el de la Visitación de María a Isabel, que finaliza con el Magnificat: "Proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva".
Con el Magnificat, María nos ayuda a captar un aspecto importante del misterio navideño sobre el que desearía insistir: la Navidad como fiesta de los humildes y como rescate de los pobres. Dice: "Ha derribado del trono a los poderosos y ha enaltecido a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos".
En el mundo de hoy se van perfilando dos nuevas clases sociales, que ya no son las mismas que se consideraban en el pasado, esto es, propietarios y proletarios. Son más bien, por un lado, la sociedad cosmopolita que sabe inglés, que se mueve a sus anchas por los aeropuertos del mundo, que sabe utilizar el ordenador y "navega" por Internet; para la cual la tierra es ya "la aldea global"; por otro, la gran masa de aquellos que apenas han salido de su pueblo natal y tienen un acceso limitado o sólo indirecto a los grandes medios de comunicación social.
Hoy son estos, respectivamente, los nuevos "poderosos" y los nuevos "humildes".
María nos ayuda a volver a poner las cosas en su sitio y a no dejarnos engañar. Nos dice que frecuentemente los valores más profundos se esconden entre los humildes; que los acontecimientos que más inciden en la historia (como el nacimiento de Jesús) suceden en medio de ellos, no sobre los grandes escenarios del mundo. Belén era "la aldea más pequeña de Judá", dice la primera lectura del día; sin embargo, fue en ella en la que nació el Mesías. Grandes escritores, como [Alessandro] Manzoni y [Fiodor] Dostoievski, han inmortalizado en sus obras los valores y las historias de la "gente pobre".
La "opción preferencial" por los pobres es algo que hizo Dios mucho antes del Concilio Vaticano II. La Escritura dice que "el Señor es excelso, pero se fija en el humilde" (Sal 138, 6); que "resiste a los soberbios, pero concede su favor a los humildes" (1 P 5, 5). A lo largo de toda la Revelación se nos muestra como un Dios que se inclina sobre los pobres, los afligidos, los abandonados y aquellos que no son nada a los ojos del mundo. Todo esto contiene una lección actualísima. Nuestra tentación, en efecto, es la de hacer exactamente lo contrario de lo que hizo Dios: querer mirar a quien está arriba, no a quien está abajo; a quien le va bien, no a quien se encuentra en necesidad.
No podemos contentarnos con recordar que Dios orienta su mirada hacia los humildes. Debemos hacernos nosotros mismos pequeños, humildes, al menos de corazón. La Basílica de la Natividad en Belén sólo tiene una puerta de entrada, y es tan baja que no se puede pasar por ella más que inclinándose profundamente. Hay quien dice que fue construida así para impedir que los beduinos entraran a grupa de sus camellos. Pero la explicación que siempre se ha dado (y que contiene, en cualquier caso, una profunda verdad espiritual) es otra. Esa puerta debía recordar a los peregrinos que para penetrar en el significado profundo de la Navidad hay que abajarse y hacerse pequeños.
En los próximos días oiremos cantar muchas veces la antigua melodía Tu scendi dalle stelle, o re del cielo... [canto popular italiano compuesto por San Alfonso María de Ligorio: "Desciendes de las estrellas, oh rey del cielo"]. Y si Dios descendió "de las estrellas", ¿no deberíamos nosotros bajar de nuestros pequeños pedestales de superioridad y de dominio, para vivir como hermanos reconciliados entre nosotros? También tenemos que bajar de nuestros "camellos" para entrar en la gruta de Belén...
Cardenal Raniero Cantalamessa, OFM Cap.
Evangelio
En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo:
«Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».
San Lucas 1, 39-45
Homilía del evangelio del domingo: Asociarnos a la Virgen María supone vaciarnos de nosotros mismos, de nuestros apegos y pasiones, para ponernos incondicionalmente al servicio de la voluntad de Dios / Por P. José María Prats
* «Toda la vida de la Virgen María está referida a Dios pero, a la vez, está totalmente volcada hacia nosotros para comunicarnos la gracia que ha recibido. Asociarnos a María supone constituirnos también en transmisores de la presencia y de la gracia de Dios. No con grandes discursos sino con la palabra y la acción cotidiana movida por el Espíritu de Dios»
Domingo IV de adviento – C
Miqueas 5, 1-4a / Salmo 79 / Hebreos 10, 5-10 / San Lucas 1, 39-45
P. José María Prats / Camino Católico.- La liturgia de este domingo nos presenta nuevamente a la Virgen María. Ella es la figura central de este tiempo de adviento, la mujer en quien la humanidad acoge al mismo Dios que se hace hombre para restaurar la armonía de la creación destruida por el pecado.
Sólo podemos acoger el don de Dios asociados a María y por ello la tenemos tan presente en este tiempo de adviento. De hecho, la identificación con la Madre de Dios es el mejor programa para vivir el adviento. Veamos, pues, cuáles son sus actitudes y virtudes para intentar imitarlas:
Como celebrábamos hace unos días en la solemnidad de la Inmaculada Concepción, Ella permanece totalmente ajena al pecado desde el inicio hasta el final de su vida. Asociarnos a María supone combatir la acción del mal en nosotros e imitar su pureza. Y para este combate contamos con el arma poderosísima del sacramento de la penitencia. El mismo Jesús nos dice que serán los limpios de corazón quienes verán a Dios.
María, por amor, se olvida de sí misma, de sus planes y proyectos, y se pone toda Ella al servicio del plan de Dios: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». Asociarnos a María supone vaciarnos de nosotros mismos, de nuestros apegos y pasiones, para ponernos incondicionalmente al servicio de la voluntad de Dios.
Toda la vida de María es un permanente vivir para Dios. Todos sus pensamientos, palabras y obras están siempre referidos a Él. «María, por su parte, guardaba estos recuerdos y los meditaba en su corazón». Asociarnos a María supone recoger todas las dimensiones de nuestro ser (atención, inteligencia, afectividad, voluntad...) para centrarlas en la relación con Dios. La adoración al Santísimo u oraciones contemplativas como el Rosario o la oración del corazón nos pueden ayudar mucho en este sentido.
María, habiendo concebido al Señor en su seno sabe que lo tiene absolutamente todo y por ello desborda de alegría, esperanza y optimismo, como manifiesta su canto del Magnificat. Asociarnos a María supone participar de esta confianza inquebrantable en el poder salvador de Dios que hace desaparecer los miedos y dinamiza todo nuestro ser.
Pero, como nos muestra el evangelio de hoy, el primer impulso de María tras concebir al Hijo de Dios en su seno es el de compartir el don inefable que ha recibido. Toda su vida –como veíamos- está referida a Dios pero, a la vez, está totalmente volcada hacia nosotros para comunicarnos la gracia que ha recibido. Asociarnos a María supone constituirnos también en transmisores de la presencia y de la gracia de Dios. No con grandes discursos sino con la palabra y la acción cotidiana movida por el Espíritu de Dios. María no subió a la montaña a dar una lección de teología, pero estaba tan llena de gracia que en cuanto saludó a su prima, ésta se llenó del Espíritu Santo y su criatura saltó de alegría en el vientre.
P. José María Prats
Evangelio
En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo:
«Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».
San Lucas 1, 39-45

















