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domingo, 12 de julio de 2026

Santa Misa de hoy, XV domingo del Tiempo Ordinario, en la catedral de Toledo, 12-7-2026

12 de julio de 2026.-  (Camino Católico)  Celebración de la Santa Misa de hoy, XV domingo del Tiempo Ordinario, presidida por Mons. Francisco Cerro Chaves, Arzobispo de Toledo, emitida por 13 TV desde la Catedral de Toledo.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 12-7-2026

12 de julio de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 12/7/2026: «Salió el sembrador a sembrar» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 12 de julio de 2026, domingo de la 15ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: san Mateo 13, 1-23:

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas:

«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.

El que tenga oídos, que oiga».

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:

«Por qué les hablas en parábolas?».

Él les contestó:

«A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.

Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:

“Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver;

porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos;

para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón,

ni convertirse para que yo los cure”.

Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador:

si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.

Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.

Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril.

Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Homilía del evangelio del domingo: Cuando acogemos su Palabra, Dios bendice nuestro trabajo y multiplica sus frutos de forma asombrosa / Por P. José María Prats

* «Hoy, por desgracia, nos cuesta mucho acoger cualquier palabra que no sea la nuestra: lo que nos parece, lo que nos gusta, lo que nos apetece. A los hijos les cuesta acoger la palabra de sus padres, a los alumnos, la de sus maestros, a todos, la palabra de Dios. Por ejemplo, cuando como sociedad aprobamos una ley que permite el aborto o equiparamos la unión matrimonial entre un hombre y una mujer a otros tipos de uniones, estamos rechazando la palabra de Dios y nos quedamos sin vida»

Domingo XV del tiempo ordinario - A

Isaías 55, 10-11 / Salmo 64 / Romanos 8, 18-23 / San Mateo 13, 1-23

P. José María Prats / Camino Católico.-  La liturgia de este domingo nos invita a reflexionar sobre la palabra de Dios. En la primera lectura, Isaías compara esta palabra con la lluvia, que cae del cielo sobre la tierra, la empapa, la fecunda, la hace germinar y regresa de nuevo al cielo dejando una estela de frutos. Esto se aplica particularmente a Jesucristo, la Palabra definitiva del Padre que descendió sobre la tierra por el misterio de la Encarnación, la fecundó y transformó con su vida y su muerte, y regresó de nuevo al Padre arrastrando consigo a todos los que la acogieron por la fe.

Pero así como el fruto que produce la lluvia depende de la calidad de la tierra que la recibe y de si ha sido convenientemente arada y preparada, el fruto de la palabra de Dios depende de la actitud y de las disposiciones de las personas que la reciben. 

En el evangelio, Jesús compara la palabra del reino no ya con la lluvia, sino con la semilla que un sembrador salió a sembrar por doquier, y pone ejemplos de algunos tipos de tierra que no son capaces de hacer fructificar esta semilla:

La tierra al borde del camino está tan endurecida que la semilla no puede echar raíces en ella. Son las personas que se han ido cerrando a la acción de Dios y han quedado sometidas al poder del mal, que neutraliza enseguida cualquier influjo de la palabra de Dios.

El terreno pedregoso no tiene suficiente profundidad de tierra como para que la semilla pueda arraigar sólidamente. Son las personas que se sienten atraídas por la maravilla que supone una vida en santidad sujeta a la palabra de Dios, pero que en el día a día no son capaces de cumplir con sus exigencias.

La tierra llena de zarzas no dispone del espacio necesario para que pueda germinar una nueva semilla. Son las personas que se han dejado absorber de tal manera por los afanes de la vida y el bienestar material que no tienen tiempo ni energías para desarrollar su vida espiritual.

La tierra buena, en cambio, es permeable a la semilla, es lo suficientemente profunda como para que ésta pueda arraigar sólidamente, y tiene espacio disponible para que la planta pueda crecer, desarrollarse y dar fruto. Son las personas que se abren a la palabra de Dios, reconocen su valor incomparable y, en consecuencia, no cejan en el empeño de ser siempre fieles a ella, dedicándole la atención y energías que merece.

Es importante prestar atención al dato cuantitativo del fruto producido por la semilla que cayó en tierra buena: en unos casos el ciento, en otros el sesenta y en otros el treinta por uno. En la Palestina de la época de Jesús lo máximo que podía llegar a producir una semilla era entorno al siete por uno. Las cantidades referidas por Jesús nos dan a entender que los frutos producidos por la palabra de Dios están mucho más allá de lo que el ser humano puede alcanzar sólo con su esfuerzo: cuando acogemos su Palabra, Dios bendice nuestro trabajo y multiplica sus frutos de forma asombrosa.

Hoy, por desgracia, nos cuesta mucho acoger cualquier palabra que no sea la nuestra: lo que nos parece, lo que nos gusta, lo que nos apetece. A los hijos les cuesta acoger la palabra de sus padres, a los alumnos, la de sus maestros, a todos, la palabra de Dios. Por ejemplo, cuando como sociedad aprobamos una ley que permite el aborto o equiparamos la unión matrimonial entre un hombre y una mujer a otros tipos de uniones, estamos rechazando la palabra de Dios y nos quedamos sin vida.

Necesitamos más que nunca una cosecha del ciento por uno que haga nuestra sociedad más humana y fraterna, que devuelva la harmonía a nuestras familias y la paz a nuestros corazones: ¡necesitamos acoger con todo nuestro empeño la Palabra que engendra la vida!

P. José María Prats

Evangelio:


Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente se quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas.


Decía: 


«Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga».


Y acercándose los discípulos le dijeron: 


«¿Por qué les hablas en parábolas?». 


Él les respondió: 


«Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: ‘Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane’. ¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.


»Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».

San Mateo 13, 1-23

Pidamos al Señor un corazón bueno y generoso, capaz de escuchar, guardar y vivir su Palabra, para que nuestra vida dé frutos de amor, esperanza y misericordia / Por P. Carlos García Malo

 


sábado, 11 de julio de 2026

Julio César Morillo Leal: «Era ingeniero de Petróleo y profesor universitario, quería construir una familia, pero me sentía vacío; he sentido la misericordia que Dios ha tenido al llamarme y soy sacerdote en Venezuela»

Julio César Morillo Leal profesor de ingeniería del petróleo, lo dejó todo para ser sacerdote; el Señor le pedía una entrega total para seguirle y su familia al principio lo rechazó / Foto: Fundación CARF

* «Diseñé de tal modo lo que quería para mi vida y seguí ese plan hasta lograrlo. Pero mi vida estaba un poco vacía. Me percaté de que, si bien había realizado mi plan, nunca lo había sometido a consideración de Dios para ver si eso era lo que realmente Él quería para mí, sino que sólo mi oración se basaba en pedir ayuda para realizarlo y siento que Dios me permitió cumplirlo… Cuando se trata de seguir la vocación, hay que estar dispuesto a sacrificarlo todo. Me siento muy feliz al ver que se está realizando el sueño que Dios ha tenido conmigo, a pesar de mis debilidades»

Julio César Morillo Leal explica en el video de Mater Mundi TV del año 2020 su testimonio de conversión y vocación  

Camino Católico.-  La historia de Julio César Morillo Leal es la de un hombre dispuesto a sacrificarlo todo y que decidió detener una exitosa carrera profesional en su Venezuela natal para responder con valentía a la llamada de Dios para ser sacerdote.

Estudió Teología durante cinco años en Pamplona, en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y residió en el seminario internacional Bidasoa. En el año 2022 terminó sus estudios y volvió a su diócesis en Cabimas, Venezuela, donde completó su formación y fue ordenado sacerdote el 3 de diciembre. Actualmente es párroco de la parroquia Niño Jesús, en San Timoteo, Venezuela

Una familia unida por sus abuelos

Julio creció siendo el mayor de dos hermanos en el seno de una familia humilde. Sus primeros años estuvieron marcados por la atención, el afecto y la profunda tranquilidad de la vida rural, cobijado por el amor de sus abuelos. Sin embargo, el destino le tenía preparado un giro radical cuando llegó el momento de mudarse con sus padres a la ciudad.

El choque no solo fue geográfico, sino también emocional. La convivencia familiar empezó a fracturarse, transformando el hogar en un entorno complejo. Como el propio Julio recuerda: «el cambio de ambiente fue sumamente duro; la paz a la que estaba acostumbrado se desvaneció y los momentos de tranquilidad en casa comenzaron a escasear», explica a la Fundación CARF.

La adolescencia se convirtió para él en un terreno minado debido a las constantes diferencias entre sus padres. Al cumplir los 15 años, la tensión en el hogar alcanzó un límite tan sofocante que Julio llegó a contemplar una salida desesperada: abandonar su casa para escapar del conflicto.

Aquel momento crítico coincidió con el divorcio de sus padres. Lejos de huir o dejarse vencer por la situación, la ruptura redefinió su rol. Julio decidió quedarse y asumir el compromiso de ser el pilar de apoyo fundamental para su madre y su hermana menor, demostrando que incluso en medio de la tormenta, es posible encontrar la madurez necesaria para proteger a quienes más se ama.

«Desde esa edad me tocó asumir ciertas responsabilidades en mi hogar y plantearme diversos objetivos que me llevaron a centrarme en alcanzarlos con mucho empeño, dedicación y esfuerzo. Diseñé de tal modo lo que quería para mi vida y seguí ese plan hasta lograrlo».

Eligió estudiar Ingeniería porque le apasionaban los números y por eso sus sueños estaban basados principalmente en graduarse como ingeniero, de tal modo que luego pudiera no sólo ejercer en campo, sino también ejercer la docencia en a nivel universitario.

Julio César Morillo Leal se graduó en ingeniería del petróleo y ejerció de profesor universitario / Foto: Fundación CARF

La vocación al sacerdocio

La vocación es un camino estrictamente personal. Para Julio, la fe se cultivó desde la juventud a través del servicio activo en los movimientos eclesiales de Venezuela, como la pastoral juvenil, Cursillos de Cristiandad y la Legión de María. Sin embargo, fue en los Encuentros Familiares de Venezuela donde entregó gran parte de sus años de servicio.

Paradójicamente, este movimiento se enfoca en la preparación para el matrimonio y la construcción del hogar, un rumbo que Julio ya había adoptado como su meta ideal, complementándolo con sus aspiraciones profesionales.

«Hacia ese camino estaba enfocado mi proyecto de vida, lo cual me hizo creer que también eso era lo que Dios quería para mí».

Convencido de que el plano familiar y el éxito profesional eran la respuesta definitiva a su fe, Julio avanzaba con paso firme, sin sospechar que el diseño de su vocación aún contenía otros matices.

El éxito profesional frente al vacío interior

Julio alcanzó lo que muchos considerarían la cima del éxito: se graduó como Ingeniero de Petróleo, ejerció en su campo y se convirtió en profesor universitario. A una relativa corta edad, gozaba de la admiración de sus amigos y del orgullo de una familia que celebraba cada uno de sus triunfos.

Sin embargo, la realización profesional no se tradujo en una plenitud personal. Detrás de una carrera brillante, comenzó a gestarse una crisis existencial que desafiaba a sus propios planes. Como él mismo confiesa: «creía que esto sería lo que me haría plenamente feliz, pero en realidad me sentía vacío y sentía que estaba llamado a algo más».

Esa insatisfacción no fue un freno, sino el motor que lo impulsó a detenerse, cuestionar su dirección y concentrar todas sus fuerzas en descubrir su verdadero propósito de vida.

Sacrificarlo todo por la vocación

Asimilar que un proyecto exitoso no equivalía a la plenitud fue un golpe duro. Sin embargo, este choque con la realidad impulsó a Julio a iniciar una búsqueda profunda. Acompañado por su director espiritual, tomó la decisión más difícil para un profesional brillante: soltar el control y dejar su futuro en manos de Dios.

En ese proceso, llegó una revelación fundamental sobre cómo había gestionado su vida hasta entonces: «diseñé de tal modo lo que quería para mi vida y seguí ese plan hasta lograrlo. Pero mi vida estaba un poco vacía. Me percaté de que, si bien había realizado mi plan, nunca lo había sometido a consideración de Dios para ver si eso era lo que realmente Él quería para mí, sino que sólo mi oración se basaba en pedir ayuda para realizarlo y siento que Dios me permitió cumplirlo», relata.

Una vez alineado con esta nueva perspectiva, los acontecimientos comenzaron a encajar y el mensaje se volvió inconfundible: el Señor le pedía una entrega absoluta.

Atender esta llamada exigió de Julio un desapego radical. Tuvo que renunciar a su empleo, a su carrera de ingeniería y a sus estudios. El paso más complejo, sin duda, fue confrontar la resistencia de su propia familia, quienes al principio no comprendieron ese giro tan drástico. La vieja estructura había caído para dar paso a su verdadera misión.

Una frase de san Juan Bosco

El anuncio de su decisión desató una tormenta previsible: el rechazo severo de su familia. Para su entorno, abandonar una carrera consolidada no era un acto de fe, sino un síntoma de confusión. Romper con las expectativas ajenas significó para Julio cargar, durante un tiempo, con la mirada de decepción y pena de los suyos, quienes no comprendían el valor de empezar de cero.

En medio de ese aislamiento emocional, una máxima de san Juan Bosco se convirtió en su brújula y refugio, pero algo adaptada del original (Cuando se trata de servir a Dios, hay que estar dispuesto a sacrificarlo todo): «cuando se trata de seguir la vocación, hay que estar dispuesto a sacrificarlo todo».

Entonces tomó la decisión de embarcarse en esta aventura de la vocación sacerdotal y Dios se fue encargando poco a poco de poner todo en su sitio, acompañar a su familia y ocupar el lugar que Julio había dejado en ellos.

«He sentido la misericordia que Dios ha tenido al llamarme y por eso comencé mi formación sacerdotal hace poco más de seis años, en la que hasta ahora me siento muy feliz al ver que se está realizando el sueño que Dios ha tenido conmigo, a pesar de mis debilidades».

Julio César Morillo Leal en su parroquia Niño Jesús, en San Timoteo, Venezuela / Foto: Fundación CARF

La grave situación de Venezuela

Es evidente la grave situación en la que se encuentra Venezuela, especialmente tras los dos terremotos del 24 de junio que -al 30 de junio- han causado la muerte de más de 1,700 personas, 5,034 heridos y una cantidad desconocida de desaparecidos, que las Naciones Unidas estima que podría ser de hasta 50,000 personas.

A través de la Fundación CARF, este joven sacerdote comparte un poco de lo que esta catástrofe significa para el pueblo de Venezuela: 

"Son muchos los muertos confirmados. Hay muchas personas que permanecen entre los escombros. Muchos edificios desplomados y el resto con fallas estructurales serias.

El Aeropuerto Internacional de Maiquetía que es el principal del país se encuentra fuera de servicio por los serios daños que recibió. Varios complejos residenciales y hoteles se han desplomado en Caracas y sus alrededores. Incluso varios templos se han visto afectados, algunos se les ha desprendido el techo, en otros se han caído algunas paredes y pues todo ha sido una tragedia".

Esta situación agrava los problemas que ya venía enfrentando el país: familias disgregadas por la migración, salarios insuficientes, escasez, incapacidad de conseguir productos de la canasta básica, falta de medicamentos e insumos hospitalarios, escasez de combustible para los vehículos y una larga crisis económica, política y social que se encuentra en el punto más álgido de su historia.

El trabajo de la Iglesia venezolana 

Dentro de toda esta situación, la Iglesia venezolana está haciendo un gran trabajo al tratar de cubrir las necesidades de la población con la ayuda de diversas fundaciones internacionales que se han mostrado solidarias con la situación del país. 

Así, han levantado comedores, centros asistenciales y han provisto de medicamentos, entre otras cosas, que le permiten solidarizarse con los fieles que en este momento necesitan algo más aparte de los Sacramentos.

Para Julio, la transformación de su país no es una utopía ajena a la fe, sino un compromiso que nace de la vida espiritual. Considera que la oración es la herramienta más poderosa para generar un cambio verdadero en Venezuela, siempre y cuando se traduzca en acciones concretas orientadas al bien común, dejando de lado los intereses individuales para vivir el mandamiento del amor.

"La oración es el mejor medio para lograr un cambio en el país, y a partir de ella la realización de acciones concretas que lleven a la búsqueda del bien común"

Bajo el amparo de Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela, Julio y su comunidad confían el destino de la patria a la intercesión divina. Asimismo, elevan sus oraciones para que la llamada del Señor continúe resonando con fuerza en el corazón de la juventud venezolana, inspirando a más jóvenes a dar un sí generoso que permita seguir construyendo la Iglesia en su tierra natal.

Homilía del P. José Aurelio Martín y lecturas de la Misa de hoy, sábado, San Benito, abad, 11-7-2026

11 de julio de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. José Aurelio Martín Jiménez y lecturas de la Santa Misa de hoy, sábado de la 14ª semana del Tiempo Ordinario, San Benito, abad, patrón de Europa, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, sábado, San Benito, abad, 11-7-2026

11 de julio de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, sábado de la 14ª semana del Tiempo Ordinario, San Benito, abad, patrón de Europa, presidida por el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Gozosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 11-7-2026

11 de julio de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

Palabra de Vida 11/7/2026: «Los que me habéis seguido, recibiréis cien veces más» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 11 de julio de 2026, sábado de la 14ª semana del Tiempo Ordinario, San Benito, abad, patrón de Europa, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: san Mateo 19, 27-29:

En aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús:

«Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?».

Jesús les dijo:

«En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna».

Misterios Gozosos del Santo Rosario en la Parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, 11-7-2026

11 de julio de 2026.- (Camino Católico) Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, en la parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, emitido por 13 TV.

La Santísima Virgen María es la estrella que ilumina nuestro camino hacia Cristo / Por P. Carlos García Malo

 


viernes, 10 de julio de 2026

Homilía del P. Félix Castedo y lecturas de la Misa de hoy, viernes de la 14ª semana del Tiempo Ordinario, 10-7-2026

10 de julio de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Félix Castedo y lecturas de la Santa Misa de hoy, viernes de la 14ª semana del Tiempo Ordinario, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid. 

Santa Misa de hoy, viernes de la 14ª semana del Tiempo Ordinario, 10-7-2026

10 de julio de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, viernes de la 14ª semana del Tiempo Ordinario, presidida por el P. Félix Castedo, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Dolorosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 10-7-2026

10 de julio de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, viernes, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 10/7/2026: «Sagaces como serpientes y sencillos como palomas» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 10 de julio de 2026, viernes de la 14ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: san Mateo 10, 16-23:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

– «Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas.

Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.

Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán.

Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra.

En verdad os digo que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre».

Adoración Eucarística con el P. Jesús Luis Sacristán en la Basílica de la Concepción de Madrid, 10-7-2026

10 de julio de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. Jesús Luis Sacristán, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Meditar en las postrimerías mueve a la conversión, a la confianza en la misericordia divina y al deseo de vivir en gracia y en amor haciendo el bien / Por P. Carlos García Malo