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martes, 10 de febrero de 2026

Nerea Castellanos: «Me dijeron que podía morir en la operación del cáncer y dije a mi padre; ‘si me muero, habré llegado al cielo con el Señor y estaré mejor que aquí’; era el Espíritu Santo sosteniéndome, si no, no se explica»


Nerea Castellanos ha afrontado el Cáncer confiando en Dios / Foto: ©Cortesía de la entrevistada - Omnes

* «Lo que más saco en claro de todo lo que me ha pasado es el ofrecer el sufrimiento. Para mí fue una revelación. Me desperté angustiada, lloraba, intentaba distraerme con música o dibujando, pero nada me calmaba. Hasta que algo hizo clic dentro de mí y pensé: “lo voy a ofrecer”. Fue instantáneo. De repente el sufrimiento tenía sentido, me dio paz. Entendí que no era en vano, que podía ofrecerlo por alguien, por el Señor. Y eso lo cambió todo… Ahora soy más consciente de la confianza que tuve en Él y de la gracia que me dio. Veo su presencia en mi vida y estoy más agradecida»

Camino Católico.- Durante años, Nerea Castellanos (Alicante, 1995) vivió con un tumor del tamaño de una pelota de tenis sin saberlo. Lo que comenzó en abril de 2023 como dolores de cabeza, vómitos y problemas de visión —atribuidos inicialmente a migrañas y a una contractura cervical— terminó en un diagnóstico que le cambió la vida: un astrocitoma de grado 3 en el lóbulo frontal derecho del cerebro. A pesar de dos cirugías, radioterapia y quimioterapia, Nerea afirma que compartía su testimonio en Instagram, entre otras cosas, porque quería recordar todo aquello.

Desde el principio tuvo una certeza que no la abandonó: «sabía que se iba a curar». Efectivamente, en apenas nueve meses, el 25 de enero de 2024 recibió la buena noticia: «no hay enfermedad». Lo primero que hizo fue rezar ante el sagrario del Hospital Universitario San Juan. Hoy mira hacia atrás todo aquello y da testimonio de la fe que la sostuvo y del sentido que tuvo su sufrimiento.

En esta entrevista de Teresa Aguado Peña en Omnes, Nerea cuenta cómo afrontó su paso por el cáncer. Podemos vislumbrar su optimismo en pequeños gestos cotidianos, como la decisión de arreglarse y vestirse con colores alegres cada vez que acudía a oncología, una forma sencilla pero firme de plantar cara a un entorno marcado por la tristeza y el sufrimiento.

- Cuando te dijeron que tenías un tumor cerebral, ¿cómo fue el primer impacto? ¿Qué papel jugó la fe?

- Ha tenido todo el papel. A mí desde que me lo dijeron, yo pensaba «qué hay que hacer ahora». A lo mejor sin ser consciente, el Espíritu Santo y el Señor estaban en mí, porque en ningún momento tuve preocupación.

La gente me decía que mi actitud no era normal. Ahora soy todavía más consciente de que esa paz fue un don que el Señor me regaló en ese momento, y eso que yo siempre he sido muy positiva y muy risueña. De hecho, yo era como la que tenía que consolar a todo el mundo porque yo sabía que me iba a curar.

- ¿Por qué decidiste compartir tu testimonio en redes?

- Estaba viviendo tantísimas cosas que no quería que nada se me olvidase: las anécdotas del hospital, mis hermanos viniendo del extranjero a verme, conversaciones profundas con mi familia… Me hice una segunda cuenta privada de Instagram a modo de diario para guardar todo ahí, pero nunca llegué a subir nada. Sentía que no tenía sentido separar un “Instagram bonito” del real.

En el fondo, lo único que me frenaba era el miedo a que pareciera que buscaba pena o atención. Al final pensé: «esta es mi realidad, quiero guardarla para mí y también compartirla por si a alguien le sirve o se siente identificado. Y si a alguien le molesta, siempre puede dejar de seguirme».

De hecho, cuando me diagnosticaron el tumor me leí el libro de Elena Huelva, la chica que falleció de cáncer. Su testimonio me ayudó muchísimo, porque sentía que, de alguna forma, estaba hablando con ella. Por mucho que hablara con mis amigas u otras personas, no era lo mismo. Ella describía pruebas, sensaciones y momentos por los que yo también estaba pasando, y me sentía muy identificada. Aunque no pudiera hablar directamente con ella, me acompañó mucho. Por eso pensé que quizá yo también podría ayudar a alguien contando mi historia, sobre todo porque el cáncer cerebral, como fue mi caso, asusta mucho, y no siempre tiene por qué acabar mal.

Nerea Castellanos / Foto: ©Cortesía de la entrevistada - Omnes

- ¿Has visto frutos tras compartir tu testimonio?

- Sí. Ha habido algunos casos muy especiales. Uno de ellos es un padre al que tengo muchísimo cariño. Me contactó porque su hija de un añito tenía el mismo tumor que yo. De hecho, peor. Y es que le había llamado la atención cuando conté que lo único que me dio paz fue ofrecer el sufrimiento. Él quiso entender mejor esto.

Se sentía culpable, pensaba que la enfermedad de su hija era un castigo de Dios y hablamos sobre ello. Al final pude conocerlos en persona cuando vinieron a Alicante por el tratamiento. Pasé tiempo con la niña, jugando con ella, y fue un regalo. A día de hoy seguimos escribiéndonos.

- ¿Qué fue para ti ofrecer ese sufrimiento?

- Lo que más saco en claro de todo lo que me ha pasado es el ofrecer el sufrimiento. Para mí fue una revelación.

Un día, después de decirme que ya habían quitado prácticamente todo el tumor, yo tenía la cabeza puesta en volver a casa. Pero, a última hora, me avisaron de que tenían que ponerme una inyección en la tripa. Puede parecer una tontería, pero me entró un ataque de pánico: sentía que ya no podía más, que no tenía fuerzas para nada más. Y, para colmo, me explicaron que tendría que ponérmela cada día durante al menos quince días.

Al día siguiente me desperté angustiada, esperando el momento en que alguien entrara por la puerta para pincharme. Lloraba, intentaba distraerme con música o dibujando, pero nada me calmaba. Hasta que algo hizo clic dentro de mí y pensé: “lo voy a ofrecer”.

Fue instantáneo. De repente el sufrimiento tenía sentido, me dio paz. Entendí que no era en vano, que podía ofrecerlo por alguien, por el Señor. Y eso lo cambió todo.

- Antes de la primera operación, te dijeron que podías salir sin vida ¿Cómo enfrentaste la posibilidad de morir?

- En ese momento estaba a solas con mi padre y empezamos a hablar sobre ello. Le dije: “Papá, si me muero, no me voy a enterar. No voy a sufrir, voy a estar dormida”. Además, le expliqué que si me moría, habría llegado a la meta, al mejor sitio en el que puedo estar, habría llegado al cielo con el Señor y que estaría mejor que aquí.

Él entendía lo que decía, aunque le doliera. Yo sabía que ellos lo iban a sufrir por el apego humano que tenemos, pero para mí era una paz muy real. No estaba haciéndome la fuerte: lo sentía de verdad. Ahora pienso que era el Espíritu Santo sosteniéndome, porque, si no, no se explica.

Nerea Castellanos en su enfermedad ha visto como ha crecido su relación con Dios

- ¿Has visto cómo en esa enfermedad se ha reforzado tu relación con Dios?

- Sí, ahora soy más consciente de la confianza que tuve en Él y de la gracia que me dio. Veo su presencia en mi vida y estoy más agradecida.

Unos meses antes de todo esto yo ya estaba muy fortalecida en la fe. De hecho, una amiga incluso me dijo que parecía que el Señor me estaba preparando para ese momento. No voy sobrada de fe ni muchísimo menos, pero sí que ya entonces me veía con mucha fuerza.

También se reforzaron otros aspectos, como mi relación con mi ángel de la guarda. Antes de la operación, un sacerdote sugirió a mi padre que hablase mucho con mi ángel y con los ángeles de la guarda del quirófano, y lo hice así. Desde entonces lo tengo muchísimo más presente y hablo con él muchas veces al día.

- ¿Qué lugar ha ocupado la Virgen en ese proceso?

- Yo dormía todas las noches en el hospital con el rosario enrollado en mi mano. Al fin y al cabo es mi madre, literalmente.

Todos los días mi madre de la tierra dormía conmigo y me daba la mano; casi siempre se quedaba ella. El día de la operación, sin embargo, tuve que pasar la noche en reanimación y allí no podía entrar.

Esa noche sentí de verdad que la Virgen estaba conmigo, como si me estuviera dando la mano. No podía ver bien ni usar el móvil, pero conseguí poner música y pasé toda la noche escuchando Acaso no estoy yo aquí, que soy tu madre de Atenas y Tranquilo de Luis Po. No dormí nada, pero esas canciones me sostuvieron, especialmente la de la Virgen, que dice algo así como: “estoy aquí, soy tu madre, no tengas miedo”.

- Después de recibir la noticia de que no hay enfermedad, ¿qué sientes que te pide Dios?

- Eso todavía lo sigo descubriendo. Pero sentía muy claro que quería hacer algo que ayudara de verdad, tanto a nivel laboral como personal. Tenía mucha incertidumbre, pero también la convicción de que el Señor me había salvado porque tenía un plan para mí. Yo se lo preguntaba constantemente: “Señor, ¿qué quieres de mí?”.

Con el tiempo me regaló el trabajo en el que estoy ahora, en una fundación para personas con problemas de salud mental, donde soy muy feliz. Allí también conocí a mi pareja, con quien me caso el año que viene, y lo vivo como un regalo de Dios.

Siento que me ha salvado para este plan y que seguiré descubriendo más cosas, pero tengo claro que no puedo dejar de hablar de Él ni de intentar ayudar y ser su instrumento.

Laurence Cottet era alcohólica e iba a suicidarse, pero entró en una Iglesia: «Oré a Dios que me sanó: ‘escucha, estoy al límite de mis fuerzas, no puedo más, la pelota está en tu tejado’; desde ese día no he bebido más»

Llevada a la desesperación por las dificultades desde su infancia, Laurence Cottet se refugió en el alcohol durante casi 50 años. Hasta que un día, en lo más profundo de su desesperación, el Señor la ayudó / Foto: @Nicolas Guyonnet

* Decidió dejar su trabajo para dedicarse por completo a la prevención. Durante los últimos 15 años, lo ha dado todo, viajando por Francia con su frágil figura para concienciar y ofrecer consejos con delicadeza a cualquiera que esté dispuesto a escucharla. Licenciada en estudios sobre adicciones, es voluntaria en el Hospital Universitario de Grenoble, ha escrito varios libros, fundó la asociación "Enero Seco" para promover el movimiento británico "Enero Seco" en Francia y se pronuncia sobre una amplia gama de temas, todo de forma voluntaria

Camino Católico.- Fue a los 6 años que descubrió las virtudes terapéuticas del alcohol. Laurence Cottet, la segunda de seis hijos en una familia que le prestaba poca atención, empezó por terminarse la última copa: "Mis padres no se llevaban bien y no nos demostraban ningún cariño", lamenta a Raphaëlle Coquebert en  Aleteia. "En ese clima de violencia física y psicológica, solo el alcohol aliviaba mi dolor".

El refugio de una mujer sedienta de amor

Tenía 15 años cuando su padre se fue de casa: su madre luchaba por llegar a fin de mes, dejando a los niños a su suerte. Laurence decidió tomar las riendas de su destino y huir: con una serie de trabajos esporádicos, ¡pensó que se las arreglaría perfectamente! Aprobó el bachillerato y empezó a estudiar Derecho: tras apenas aprobar, ingresó en la escuela de negocios, trabajando a tiempo parcial para financiarse. 

Tiene sentimientos encontrados sobre aquellos años: "No tenía ni idea", recuerda. "En los grupos de amigos con los que salía, bebían mucho, y yo les seguía la corriente. Me animaban porque, al parecer, era graciosa con unas copas". Sin darse cuenta, bebía para calmar sus heridas, esa falta de cariño que la carcomía.

Un respiro de unos años 

Un romance fulgurante en el trabajo puso fin a esos años caóticos. A los 29 años, mientras disfrutaba de una prometedora carrera en los departamentos legales de empresas consolidadas, conoció a Pierre Cottet. A pesar de su cáncer, creía que la felicidad era posible: «Nos casamos rápidamente. Fueron seis años muy felices, durante los cuales bebí con moderación, por placer». Pero en tres meses, la salud de su esposo se deterioró rápidamente. El 31 de marzo de 1995, a las 5:00 a. m., murió en sus brazos. Laurence tenía 35 años. A partir de entonces, fue una espiral descendente.

Autodestrucción

Desesperada tras este último golpe, la joven viuda recayó. En un año, se bebió las 300 botellas. Fue entonces cuando se convirtió en una auténtica alcohólica: "Significa", explica, "que el alcohol se convierte en una obsesión. Toda tu vida gira en torno a él. Es un círculo vicioso: bebes... para olvidar que estás bebiendo". ¿Las consecuencias? Borracheras increíbles que la llevaron a la comisaría, pérdida de memoria y un aislamiento cada vez mayor.

"En aquella época, mi familia se estaba desmoronando y no tenía más amigos que mis compañeros de copas. Para guardar las apariencias, acabé bebiendo solo en casa, por las noches, lejos de miradas indiscretas. Me acostaba borracha".

Laurence Cottet al salir de la Iglesia, en la que entró y permaneció en ella orando, se fue a casa, vació todas las botellas de alcohol en el fregadero y no volvió a beber más / Foto: @Nicolas Guyonnet

Hasta el día en que cayó el telón. Laurence lo recuerda vívidamente: el 24 de enero de 2009, mientras trabajaba como ejecutiva en París para una importante constructora donde el alcohol era moneda corriente, bebió en exceso durante una recepción de Año Nuevo a la que asistieron 600 personas. Su cuerpo, exhausto, cedió y se desplomó en público, sembrando el pánico a su alrededor. Nadie le ofreció ayuda, su jefe ya no la quería y la vergüenza la abrumaba: era demasiado.

Una mano amiga del cielo

Poco después, una mañana, Laurence se emborracha de nuevo, se calza las zapatillas y se dirige a la estación de metro de Denfert-Rochereau para acabar con todo de una vez por todas. Pero al pasar por la iglesia de Saint-Pierre de Montrouge, en el distrito 14, oye las campanas. La religión no es lo suyo; ya estaba harta de ella en su infancia: misa todos los domingos, bendiciones e imágenes religiosas a raudales, escuelas monásticas... Con tal distancia entre las palabras y los hechos, lo rechazó todo por completo hasta la muerte de su marido. Esta repentina pérdida la acercó a Dios, aunque de una forma bastante vaga.

¿Por qué entró entonces en la iglesia? No lo supo decir. Lo cierto fue que la homilía del sacerdote la impactó: «Huye del libertinaje, el Señor te ha dado un cuerpo, no te pertenece. Debes ponerlo a su servicio». ¿Ese cuerpo que tanto estaba dañando? En el momento de la comunión, avanzó como un autómata y se oyó responder al sacerdote que le ofrecía la hostia sagrada: «Señor, no soy digna de recibirte, pero solo di una palabra y sanaré». Laurence se dirigió a Dios en su corazón: «Escucha, estoy al límite de mis fuerzas, lo he intentado todo, no puedo más, la pelota está en tu tejado».

Permaneció en oración largo rato, conmovida por la belleza de los cantos y aliviada por el entorno. Cuando finalmente decidió irse, sus pensamientos sombríos se habían desvanecido. Volvió a casa, vació todas las botellas restantes por el fregadero y reflexiona en su corazón. «Desde ese día», se maravilló, «no he bebido ni una gota de alcohol».

De adicta a experta en estudios sobre adicciones

Sin embargo, su camino hacia la recuperación duró unos diez años: un psiquiatra especializado en adicciones la ayudó a responder a la pregunta crucial: "¿Por qué bebo?", a verbalizar su sufrimiento enterrado (incluida una violación familiar a los 16 años) y a encontrar la paz. Luego, por lealtad a la memoria de su hermana menor, quien también tuvo problemas con el alcohol y se quitó la vida a los 42 años, Laurence decidió dejar su trabajo para dedicarse por completo a la prevención. Durante los últimos 15 años, lo ha dado todo, viajando por Francia con su frágil figura para concienciar y ofrecer consejos con delicadeza a cualquiera que esté dispuesto a escucharla.

Licenciada en estudios sobre adicciones, es voluntaria en el Hospital Universitario de Grenoble, ha escrito varios libros, fundó la asociación "Enero Seco" para promover el movimiento británico "Enero Seco" en Francia y se pronuncia sobre una amplia gama de temas, todo de forma voluntaria. "Me llevó años apreciar plenamente el regalo que Dios me dio el día que quise morir. Se lo debo mucho, ¿verdad?"

Tyquan Hall, el niño que resucitó y vive por un milagro del Cura Valera y que hoy tiene 19 años: «Tengo que darle las gracias a él, porque sino, no estaría aquí. Pienso todos los días en el Cura Valera»

Robin, la enfermera que presenció la recuperación del bebé; el doctor almeriense Juan Sánchez; Tyquan Hall, el niño que sobrevivió gracias a un milagro del Cura Valera; y sus padres / Foto: Diócesis de Almería

*  El médico Juan Sánchez que lo atendió cuenta que «Tyquan nació en una situación que me encuentro con bastante frecuencia: no es raro, niños que nacen sin respiración... Con estimulación a veces responden. Él nació y empecé con el proceso, pero no respondía. Estuvo pálido, gris, y con la saturación muy baja. Estuve una hora intentando resucitarlo pero los pulmones no ventilaban. Ya no sabía qué más podía hacer. Esperamos diez minutos más y después me fui a hablar con los padres... Algo que me sorprendió de mí mismo fue pensar en el Cura Valera en ese momento y pedirle que le curara. Cada vez que pienso eso, me pongo...»

Camino Católico.- Este sábado, 7 de febrero, a las 11 de la mañana, ha sido beatificado el Cura Valera por el Cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos en el Espacio Polivalente de Huercal-Overa, Almería. Y en la beatificación ha estado Tyquan Hall junto a su familia. Él es el niño estadounidense que vive gracias a un milagro del Cura Valera y el viernes 6 de febrero ha hablado para los medios de comunicación. Junto a él estaban su padre y su madre, visiblemente emocionados, y una pieza clave en esta historia: el doctor Juan Sánchez, el médico originario de Huércal-Overa que rezó al Cura Valera cuando había dado por perdida la vida del bebé recién nacido con esta invocación: “Cura Valera, he hecho todo lo que ha sido posible, ahora te toca a ti”.

"Tengo que darle las gracias a él, porque sino, no estaría aquí. Pienso todos los días en el Cura Valera", aseguraba rotundamente Tyquan, un joven que tiene solo 19 años y es la prueba viva de que los milagros existen. No solo porque sobrevivió cuando parecía imposible, sino porque de aquella hora larga sin respiración tendrían que haberle quedado secuelas irreversibles. Y no hay ni rastro de ellas. 

A Tyquan empezaron a contarle su historia cuando apenas tenía cinco años. "No era algo que me creyera, pero con el tiempo empecé a entender lo que pasó... y es impresionante que me haya pasado a mí", explicaba el joven ante la prensa. 

Lo que le pasó lo detallaba el médico Juan Sánchez que lo atendió: "Tyquan nació en una situación que me encuentro con bastante frecuencia: no es raro, niños que nacen sin respiración... Con estimulación a veces responden. Él nació y empecé con el proceso, pero no respondía. Estuvo pálido, gris, y con la saturación muy baja. Estuve una hora intentando resucitarlo pero los pulmones no ventilaban. Ya no sabía qué más podía hacer. Esperamos diez minutos más y después me fui a hablar con los padres... Algo que me sorprendió de mí mismo fue pensar en el Cura Valera en ese momento y pedirle que le curara. Cada vez que pienso eso, me pongo...", cuenta Sánchez entrecortado por la emoción. 

Junto a él, unos padres que pasaron del luto a la incredulidad en aquel hospital de Providence en el que el médico español llegó a comunicarle el fallecimiento del bebé que habían tenido. La escena, rememorada por Juan Sánchez, tiene incluso un punto cómico: Robin, la enfermera que quedó al cuidado del bebé (y que también está en Huércal-Overa), entró como un torbellino en la habitación en la que Sánchez estaba anunciando la muerte del bebé. "¿Por qué entraba a interrumpirme con tantas prisas, si el bebé está muerto?", pensó entonces el doctor. 

Robin cuenta ese momento: “Fue increíble. Yo estaba en la unidad vigilando al bebé. En un momento empezó a cambiar, a recuperarse. Era horrible tener que interrumpir aquella conversación con los padres, pero tenía que hacerlo. Esa imagen se me ha quedado como una foto grabada para siempre”.

Entonces el médico relata que "tuve que ir a comprobar que el bebé había dejado de estar pálido, estaba rosado.. Y volver a la habitación a decirles a los padres que olvidaran todo: 'Les prometo que no soy un estúpido haciendo Medicina. He visto esto muchas veces y no tiene explicación'". 

La enfermera Robin asegura que “siempre he tenido una fe fuerte, pero esto la ha reafirmado aún más. Creo que Dios actúa a través de las acciones de las personas”.

Los padres de Tyquan, por su parte, apenas pudieron participar en la rueda de prensa. "Cuando me dijeron que había muerto fue devastador. Y cuando me dijeron que estaba vivo… me sentí genial y muy agradecida. Es un milagro", pudo decir su madre, antes de romper a llorar.

Para el médico, todo es doblemente especial. No solo intermedió para que el Cura Valera obrase un auténtico milagro, golpeando así para siempre en los cimientos de su fe, sino que además todo viene a celebrarse en su Huércal-Overa natal, junto a los suyos.

"Estoy inmensamente feliz. El hecho de que sea ahora oficial la santidad del Cura Valora le da un valor y un estímulo al pueblo que estoy muy feliz. Para mí, el hecho de ser parte de esto me hace sentir especial. Esto no va de mí, va del Cura Valera pero haber contribuido en esto me hace inmensamente feliz", explicaba el doctor.

La fe del pueblo de Huércal-Overa vive en las casas, entre las familias y pasa de generación en generación. De hecho, Sánchez recuerda que, cuando vivió el milagro del pequeño Tyquan, estuvo dos días reflexionando sobre lo que había presenciado. Al no encontrarle explicación, decidió contárselo a su padre. "Y él me dijo: 'Esto ha sido un milagro del Cura Valera'. Fue él quien habló con el párroco y quien inició todo el proceso", recuerda el doctor, que solo se lamenta de que su padre no haya vivido para estar presente en este momento histórico para Huércal - Overa. 

Para Juan Sánchez el milagro del Cura Valera supuso un cambio radical en su forma de ver las cosas. "Yo soy católico pero soy científico y un medico necesita tener una explicación, el tratamiento no lo damos rezando", planteaba el doctor ante los medios. 

"Las dudas en mi fe vienen de tener una mentalidad científica. Y esas dudas se han disipado por completo cuando me he dado cuenta de que no todo es a+b=c", reconoce Sánchez, que afirma sin pudor: "Mi padre era muy religioso y no estoy a ese nivel pero reconozco que creo en Dios. Esto ha sido una prueba muy clara".

"Hay algo por encima de nosotros", asegura rotundo Sánchez, que reconoce que, a raíz de aquel milagro del Cura Valera "le he pedido más de una vez...". 

Con Antonio Gómez Cantero, obispo de Almería, representantes de la Conferencia Episcopal Española y el alcalde de Huércal - Overa, Domingo Fernández, presentes en la rueda de prensa, el mundo ha podido conocer los rostros del milagro. 

El obispo ha expresado que “este milagro que lleva a la beatificación de Salvador Parra Valera es una gracia. Lo más importante es que un pueblo ha sido capaz de mantener viva la memoria de un cura de hace casi 200 años. Cuando fui nombrado obispo de Almería, lo primero que recibí fue una caja llena de rosarios y estampas del Cura Valera. Cuando llegué aquí comprobé que la devoción era real. Es un ejemplo sacerdotal: un hombre entregado 24 horas a su gente. El hombre de las tres “P”: los pobres, la penitencia y el Pan de la Eucaristía”.

Un momento de la rueda de prensa en la que han intervenido (de la segunda persona sentada en la izquierda hasta la derecha): Robin, la enfermera que presenció la recuperación del bebé; el doctor almeriense Juan Sánchez; Tyquan Hall, el niño que sobrevivió gracias a un milagro del Cura Valera; y sus padres / Foto: Diócesis de Almería

Santa Misa de beatificación de Salvador Valera Parra, Cura Valera, en Huercal-Overa, 7-2-2026

Homilía del Cardenal Marcello Semeraro en la beatificación de Salvador Valera Parra, Cura Valera, en Huercal-Overa, 7- 2-2026


«Una vida dedicada a tantas personas, especialmente a los enfermos, los pobres y los necesitados que recorrían las calles y habitaban las casas de esta tierra», ha dicho el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, refiriéndose al sacerdote Salvador Valera Parra, en su homilía del sábado, 7 de febrero, en que ha sido elevado a los honores de los altares. 

El testimonio que dejó Parra fue el de quien difunde «el perfume de Cristo», diría San Pablo. Un modelo, dice el cardenal, especialmente para quienes, como él, viven hoy el ministerio pastoral como sacerdotes. Inspirándose en la página del evangelista Juan sobre la figura del Buen Pastor, propuesta por la liturgia de hoy, se mira a Jesús que ofrece su vida por nosotros, la pone literalmente en peligro, la gasta «para hacerla como una raíz de la que podamos alimentarnos». Así lo hizo Cura Valera, que amó a las personas, de nombre y de hecho, estuvo cerca de ellas, comprendió sus problemas y las alivió de sus sufrimientos, recuerda el cardenal.

Acontecimientos especialmente críticos, como epidemias de cólera, terremotos y desastres medioambientales, azotaron su región (en 1863 provocaron destrucción y víctimas), pero Parra permaneció cerca de la población, «visitando a los enfermos, socorriendo a los más débiles, asistiendo a los ancianos. ¡Esto es, ante todo, el cuidado de las almas!», recuerda Semeraro en su homilía. Partiendo de la premisa de que «solo el amor hace posible un conocimiento verdadero, renovado, interior y profundo», el prefecto retoma lo que ya subrayaron los obispos locales en la Carta pastoral «Una vida para los demás», donde escribieron que «en un mundo caracterizado por la prisa, el individualismo y la superficialidad, la figura del padre Valera se erige como un recordatorio de que la verdadera grandeza reside en la sencillez, en la dedicación silenciosa, en la fidelidad perseverante».

El cardenal concluye con la metáfora del llamado «quinto Evangelio», el que cada discípulo de Jesús está llamado a escribir con su propia vida. Eso es lo que hizo Valera. «Él fue un Evangelio viviente: lo miró todo y a todos con los ojos de Jesús; lo amó todo y a todos con el corazón de Jesús. Es un modelo y un ejemplo para nosotros. Esta es también la misión de los santos».

¿Quién es el cura Valera?

Salvador Valera Parra fue un sacerdote diocesano, arcipreste y párroco de Huércal-Overa de donde es originario también el médico Juan Sánchez-Esteban que óró para que el bebé volviera a la vida. Nacido, precisamente, en esta localidad de Almería el 27 de febrero de 1816, falleció también allí en 1889. Ordenado sacerdote el 13 de marzo de 1840, a lo largo de su ministerio sacerdotal se desempeñó como vicepárroco y párroco en su tierra natal, así como en el rol de capellán. También fue párroco en San Lázaro, en Alhama de Murcia, y en la iglesia de Santa María de Gracia, en Cartagena. En total, su ministerio como párroco en Huércal-Overa duró 37 años, en los que se distinguió por numerosas obras de carácter espiritual y social.

Su caridad sobresalió especialmente durante las epidemias de cólera y los terremotos de 1863, que causaron gran destrucción y víctimas. También colaboró activamente en la extinción de incendios, así como en la recaudación de fondos para ayudar a los necesitados. En 1885, fundó una casa de acogida y atención para ancianos junto a santa Teresa Jornet, Fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Abandonados, con quien mantuvo contacto directo. Por su servicio, recibió condecoraciones civiles como caballero de la Real Orden de Isabel la Católica y la Orden Civil de Carlos III.

El beato Salvador Parra Valera, el Cura Valera

Fue un hombre de profunda fe, dedicado a la oración, la pobreza más absoluta, la austeridad, la penitencia y el ayuno. Practicó la caridad hacia los demás, poniéndose al servicio de los más desfavorecidos y acogiendo a los pobres en su propia casa. Su obispo lo señalaba habitualmente como un modelo de vida y virtudes sacerdotales para quienes aspiraban al sacerdocio. En su humildad y silencio, se ofreció completamente, siendo conocido como «el Cura de Ars español». Las virtudes teologales (Fe, Esperanza, Caridad) y cardinales (Prudencia, Justicia, Fortaleza, Templanza), junto con las anexas, han sido probadas en grado heroico en su vida, que estuvo acompañada de signos extraordinarios que le originaron fama de santidad.

Bernadette: La Princesa de Lourdes / Película de Dibujos animados

 


Las apariciones de la Santísima Virgen a Santa Bernardita en Lourdes en dibujos animados para niños