12 de julio de 2026.- (Camino Católico) Homilía de Mons. Francisco Cerro, Arzobispo de Toledo, y lecturas de la Misa de hoy, XV domingo del Tiempo Ordinario, emitida por 13 TV desde la Catedral de Toledo.
domingo, 12 de julio de 2026
Santa Misa de hoy, XV domingo del Tiempo Ordinario, en la catedral de Toledo, 12-7-2026
12 de julio de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, XV domingo del Tiempo Ordinario, presidida por Mons. Francisco Cerro Chaves, Arzobispo de Toledo, emitida por 13 TV desde la Catedral de Toledo.
Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 12-7-2026
12 de julio de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.
Palabra de Vida 12/7/2026: «Salió el sembrador a sembrar» / Por P. Jesús Higueras
Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 12 de julio de 2026, domingo de la 15ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.
Evangelio: san Mateo 13, 1-23:
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas:
«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.
El que tenga oídos, que oiga».
Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
«Por qué les hablas en parábolas?».
Él les contestó:
«A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.
Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:
“Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver;
porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos;
para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón,
ni convertirse para que yo los cure”.
Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador:
si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril.
Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».
Homilía del evangelio del domingo: Cuando acogemos su Palabra, Dios bendice nuestro trabajo y multiplica sus frutos de forma asombrosa / Por P. José María Prats
* «Hoy, por desgracia, nos cuesta mucho acoger cualquier palabra que no sea la nuestra: lo que nos parece, lo que nos gusta, lo que nos apetece. A los hijos les cuesta acoger la palabra de sus padres, a los alumnos, la de sus maestros, a todos, la palabra de Dios. Por ejemplo, cuando como sociedad aprobamos una ley que permite el aborto o equiparamos la unión matrimonial entre un hombre y una mujer a otros tipos de uniones, estamos rechazando la palabra de Dios y nos quedamos sin vida»
Domingo XV del tiempo ordinario - A
Isaías 55, 10-11 / Salmo 64 / Romanos 8, 18-23 / San Mateo 13, 1-23
P. José María Prats / Camino Católico.- La liturgia de este domingo nos invita a reflexionar sobre la palabra de Dios. En la primera lectura, Isaías compara esta palabra con la lluvia, que cae del cielo sobre la tierra, la empapa, la fecunda, la hace germinar y regresa de nuevo al cielo dejando una estela de frutos. Esto se aplica particularmente a Jesucristo, la Palabra definitiva del Padre que descendió sobre la tierra por el misterio de la Encarnación, la fecundó y transformó con su vida y su muerte, y regresó de nuevo al Padre arrastrando consigo a todos los que la acogieron por la fe.
Pero así como el fruto que produce la lluvia depende de la calidad de la tierra que la recibe y de si ha sido convenientemente arada y preparada, el fruto de la palabra de Dios depende de la actitud y de las disposiciones de las personas que la reciben.
En el evangelio, Jesús compara la palabra del reino no ya con la lluvia, sino con la semilla que un sembrador salió a sembrar por doquier, y pone ejemplos de algunos tipos de tierra que no son capaces de hacer fructificar esta semilla:
La tierra al borde del camino está tan endurecida que la semilla no puede echar raíces en ella. Son las personas que se han ido cerrando a la acción de Dios y han quedado sometidas al poder del mal, que neutraliza enseguida cualquier influjo de la palabra de Dios.
El terreno pedregoso no tiene suficiente profundidad de tierra como para que la semilla pueda arraigar sólidamente. Son las personas que se sienten atraídas por la maravilla que supone una vida en santidad sujeta a la palabra de Dios, pero que en el día a día no son capaces de cumplir con sus exigencias.
La tierra llena de zarzas no dispone del espacio necesario para que pueda germinar una nueva semilla. Son las personas que se han dejado absorber de tal manera por los afanes de la vida y el bienestar material que no tienen tiempo ni energías para desarrollar su vida espiritual.
La tierra buena, en cambio, es permeable a la semilla, es lo suficientemente profunda como para que ésta pueda arraigar sólidamente, y tiene espacio disponible para que la planta pueda crecer, desarrollarse y dar fruto. Son las personas que se abren a la palabra de Dios, reconocen su valor incomparable y, en consecuencia, no cejan en el empeño de ser siempre fieles a ella, dedicándole la atención y energías que merece.
Es importante prestar atención al dato cuantitativo del fruto producido por la semilla que cayó en tierra buena: en unos casos el ciento, en otros el sesenta y en otros el treinta por uno. En la Palestina de la época de Jesús lo máximo que podía llegar a producir una semilla era entorno al siete por uno. Las cantidades referidas por Jesús nos dan a entender que los frutos producidos por la palabra de Dios están mucho más allá de lo que el ser humano puede alcanzar sólo con su esfuerzo: cuando acogemos su Palabra, Dios bendice nuestro trabajo y multiplica sus frutos de forma asombrosa.
Hoy, por desgracia, nos cuesta mucho acoger cualquier palabra que no sea la nuestra: lo que nos parece, lo que nos gusta, lo que nos apetece. A los hijos les cuesta acoger la palabra de sus padres, a los alumnos, la de sus maestros, a todos, la palabra de Dios. Por ejemplo, cuando como sociedad aprobamos una ley que permite el aborto o equiparamos la unión matrimonial entre un hombre y una mujer a otros tipos de uniones, estamos rechazando la palabra de Dios y nos quedamos sin vida.
Necesitamos más que nunca una cosecha del ciento por uno que haga nuestra sociedad más humana y fraterna, que devuelva la harmonía a nuestras familias y la paz a nuestros corazones: ¡necesitamos acoger con todo nuestro empeño la Palabra que engendra la vida!
P. José María Prats
Evangelio:
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente se quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas.
Decía:
«Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga».
Y acercándose los discípulos le dijeron:
«¿Por qué les hablas en parábolas?».
Él les respondió:
«Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: ‘Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane’. ¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.
»Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».
San Mateo 13, 1-23
Pidamos al Señor un corazón bueno y generoso, capaz de escuchar, guardar y vivir su Palabra, para que nuestra vida dé frutos de amor, esperanza y misericordia / Por P. Carlos García Malo
San Benito, el monasticismo y la espiritualidad benedictina / Película de Dibujos animados
Camino Católico.- San Benito, el monasticismo y la espiritualidad benedictina, película de dibujos animados para niños de la serie “Mi familia católica” de EWTN .
Katie Flanagan: «Oraba con las Escrituras y escuche la llamada de Dios: 'deberías ser monja'; trabajaba de profesora pero me acompañaban esas palabras; ante el Santísimo Sacramento acepté la voluntad de Dios y soy religiosa»
Katie Flanagan profesó sus primeros votos como religiosa de las Hermanas Salesianas en agosto de 2016 y sus votos perpetuos el 5 de agosto de 2022 / Foto: Instagram Katie Flanagan
* «Cuando me senté allí, era la primera vez en años que rezaba ante el Santísimo Sacramento y no estaba luchando internamente. Me di cuenta de que algo había cambiado. Por primera vez en años, no estaba luchando con Dios. Simplemente sentí paz. Y creo que incluso lo dije en voz alta. Sabía que sentiría paz allí donde Dios me llamara a ir. Esa paz no eliminó mis miedos, pero me dio el valor para confiar en que Dios me guiaba hacia donde encontraría mi mayor alegría. Todavía me llevó dos años más ingresar al convento, pero decir sí al llamado de Dios ha sido el mayor regalo de mi vida, la mejor decisión que he tomado en mi vida: entregarme a Dios y a su voluntad. Dios rara vez grita. Más a menudo, susurra. Si permanecemos firmes en la oración, la Eucaristía, las Escrituras y la comunidad de fe, comenzaremos a reconocer su voz. Y cuando confiamos en Él, siempre nos guiará hacia algo mucho más grande de lo que podríamos haber imaginado»
Camino Católico.- “Si de pequeña me hubieran dicho que algún día sería religiosa, me habría reído en su cara. Crecí en una comunidad de fe muy activa en Florida, donde mi familia participaba profundamente en la vida de la Iglesia. Pero ser religiosa simplemente no era una opción que me planteara.“Creo que, de niña, a veces bromeaba diciendo que pasaba más tiempo en la parroquia de Santa Rita que en mi propia casa. Era importante para nosotros y, en general, disfruté yendo a misa”, asegura Katie Flanagan a Yes Catholic.
“Como estudiante de la Universidad de Florida, mi fe se convirtió en algo personal. Me involucré en el ministerio universitario”, dice. Como estudiante de magisterio con planes de enseñar a niños de primaria, era idealista respecto al papel de los educadores y la necesidad de que estos se centren en el desarrollo integral del niño. Supo por sus amigas que las hermanas salesianas, que dirigen escuelas católicas en todo el estado y el país, comparten esa misma visión de la educación.
Durante su orientación espiritual en su último año en la Universidad de Florida, Katie Flanagan “mientras oraba con las Escrituras, experimenté algo inesperado. De repente un pensamiento me vino a la mente un pequeño pensamiento: 'Deberías ser monja'. Recuerdo que tenía los ojos cerrados, la Biblia en la mano, y de repente abrí los ojos y pensé: '¿Quién dijo eso? ¿Quién lo oyó?'. Mi respuesta inmediata fue: `No, gracias’”.
“Tras graduarme, trabajé varios años como profesora en escuelas públicas. Amaba a mis alumnos, pero cada vez que rezaba, sentía que Dios me invitaba suavemente a considerar la vida religiosa. No era una voz fuerte ni una experiencia dramática. Era un susurro silencioso y persistente que simplemente no desaparecía”, dice Katie.
Katie Flanagan en una graduación con sus alumnos / Foto: Instagram Katie Flanagan
Habló con un amigo que había sido seminarista y que ahora es el padre Daniel Daza-Jaller, director de vocaciones de la diócesis de Palm Beach. Él la animó a visitar a algunas religiosas y descubrir si lo que sentía era una verdadera vocación. “Me animó a visitar a las Hermanas Salesianas porque las recordé de la conversación que había tenido con mis amigas de la universidad. Así que me puse en contacto con ellas, reservé un vuelo a Nueva Jersey donde está la casa madre”.
“Había algo en mí que me decía que este era un momento decisivo. Como si a partir de ahí no hubiera vuelta atrás. Pero al mismo tiempo, durante todo el viaje oraba con más fervor que nunca: ‘Dios, por favor, por favor, si me amas, por favor, permíteme llegar allí y odiarlo’. Quería odiarlo porque sabía que Dios solo nos llama a aquello que nos traerá la felicidad más profunda”, relata.
Pero en su primer día con las hermanas, mientras rezaba en su capilla, encontró la respuesta. “Cuando me senté allí, era la primera vez en años que rezaba ante el Santísimo Sacramento y no estaba luchando internamente. Me di cuenta de que algo había cambiado. Por primera vez en años, no estaba luchando con Dios. Simplemente sentí paz. Y creo que incluso lo dije en voz alta. Sabía que sentiría paz allí donde Dios me llamara a ir”.
Pero comparte que “esa paz no eliminó mis miedos, pero me dio el valor para confiar en que Dios me guiaba hacia donde encontraría mi mayor alegría. Todavía me llevó dos años más ingresar al convento, pero decir sí al llamado de Dios ha sido el mayor regalo de mi vida, la mejor decisión que he tomado en mi vida: entregarme a Dios y a su voluntad”.
Katie Flanagan con chicas en el campamento de verano / Foto: Instagram Katie Flanagan
Ni en un millón de años, si hubiera planeado mi vida, ni siquiera en la última página habría escrito: ‘Y tal vez me haga monja’. No era algo que se me hubiera pasado por la cabeza. Pero seguía apareciendo y no desaparecía. Y eso, para mí, fue una confirmación”, asegura.
Katie reflexiona sobre su camino: “Mirando hacia atrás, puedo ver que Dios me habló a través de cuatro cosas: las Sagradas Escrituras, la Virgen María, los sacramentos y las personas que puso en mi vida. Estas se convirtieron en el fundamento de mi discernimiento y siguen sosteniendo mi vocación hoy en día”.
“En el instante en que recuerdo haber escuchado la llamada de Dios, estaba rezando con un pasaje bíblico. La palabra de Dios tiene que ser fundamental en nuestras vidas, algo que debemos asimilar, meditar y leer a diario”, comparte.
“Rezar el rosario y mantener una relación más fuerte con María me otorgó la gracia de abrirme a la voluntad de Dios”, señala.
Katie Flanagan en una reunión de grupo / Foto: Instagram Katie Flanagan
Respecto a los sacramentos subraya que “comencé a ir a misa diariamente cuando estaba en pleno discernimiento y la gracia de Dios empezó a obrar en mí como consecuencia de mi cercanía con Él”.
Su comunidad de familiares y amigos marcó una gran diferencia. “Creo que crecer en la familia en la que crecí, con padres que me amaban como lo hacen, me hizo receptiva al amor de Dios desde el principio. Pero también la comunidad de fe en la que crecí en St. Rita, y los amigos con los que elegí rodearme. Todos ellos me apoyaron y me animaron, y me dieron un buen empujón un par de veces cuando lo necesitaba y estaba acobardada”.
Katie Flanagan concluye con esta reflexión: “Dios rara vez grita. Más a menudo, susurra. Si permanecemos firmes en la oración, la Eucaristía, las Escrituras y la comunidad de fe, comenzaremos a reconocer su voz. Y cuando confiamos en Él, siempre nos guiará hacia algo mucho más grande de lo que podríamos haber imaginado”.
Katie Flanagan el 10 de septiembre de 2022 cuando impartió una reflexión al grupo Magníficat en la diócesis de Palm Beach / Foto: Diócesis de Palm Beach
La hermana Flanagan profesó sus primeros votos en agosto de 2016 y sus votos perpetuos el 5 de agosto de 2022. Ha ejercido como ministra pastoral y profesora de teología en la escuela secundaria St. John Neumann en Naples, y es profesora de teología y miembro del equipo de pastoral universitaria en la escuela secundaria Immaculata-La Salle en Miami.
Gonzalo Garrido, 22 años: «A los 16, me encontré con la misericordia del Señor al leer una biografía de San Francisco de Asís; empecé a investigar por pura cuestión académica, y el Señor se encontró conmigo»
Gonzalo Garrido dice: «Empecé a investigar por pura cuestión académica y el Señor se encontró conmigo»
* «Me encontré con el Señor en la historia porque yo empecé a leer libros de Historia, libros de la Iglesia y por una cuestión a lo mejor un poco circunstancial me encontré con una biografía de San Francisco de Asís y me tocó muchísimo. No sé cómo decirlo, pero encontré patente que eso era verdad. Era como una afirmación de que el Señor está presente, no es simplemente una cosa de los libros. Entonces dije: “si el Señor la ha llamado, pues, yo también quiero vivir esto.” En San Francisco de Asís vi mi pobreza. Antes de convertirse era un poco cabeza loca, como todos. Entonces yo vi mis miserias. En vez de asustarse el Señor las abrazaba, entonces encontré misericordia. Encontré misericordia por abrazar esa pobreza; o sea, no tener miedo a verla, como en el episodio en el que abraza a un leproso, que me marcó mucho»
Camino Católico.- Gonzalo Garrido tiene 22 años y vive su fe en la parroquia de los Santos Juan y Pablo en San Fernando de Henares. El pasado mes de febrero concluyó el grado de Historia en la Universidad de Alcalá (UAH). El próximo curso comenzará un Máster en Documentación y Archivística con vistas a opositar en el mundo de las bibliotecas o los archivos. Este joven de San Fernando de Henares se convirtió con 16 años gracias a la lectura de la vida de San Francisco de Asís y en el último año se ha involucrado en actividades diocesanas como aquellas realizadas por la Escuela de Evangelización y por la Pastoral Universitaria.
Para llegar a su conversión, hasta entonces ya había hecho la comunión… y luego se apartó de la Iglesia. Y lo primero que responde al contar su testimonio al portal de la Diócesis de Alcalá de Henares es ¿qué hace un joven como él en la Iglesia Católica?:
– «Me criaron en la fe, pero una fe un poco más cultural. Es verdad que yo he recibido todos los Sacramentos por mis padres. Pero es verdad que cuando hice la Comunión ya dejamos de ir a la Iglesia. Tener una conciencia de por qué estoy en la Iglesia y de tener esa relación con el Señor la tengo a los 16 años.
»¿Qué hago en la Iglesia? Pues seguir al Señor. Tuve como una especie de conversión a esa edad, más o menos, y entonces me di cuenta de que verdaderamente si tenía un propósito en mi vida, si el Señor me había pensado de esta manera para tener para mí un plan de salvación, pues tenía que vivir la fe en comunidad, que es quizá lo que hasta hace poco no tenía. Por eso me empecé a implicar a nivel parroquial, dentro de la Diócesis de distintas maneras. Porque pensaba que la fe que a mí me habían transmitido y de la que luego yo había tenido ese avivamiento, tenía que ponerla en juego, poner los dones en juego.
»Yo había tenido ese encuentro tan fuerte y necesitaba transmitirlo de alguna manera. Por eso me empecé a implicar un poco más y a participar de la Diócesis».
Gonzalo Garrido dice que está en la Iglesia Católica para seguir el Señor
«El Señor está allí y quiere estar conmigo»
Así relata su encuentro con Dios que transformó su vida:
– «El Señor se encontró conmigo. Es verdad que yo no lo buscaba directamente, sino que empecé a profundizar: me gusta la Historia y no podía evitar tener el Cristianismo “ahí”. Era la base de todo lo que habíamos sido, entonces para un historiador no conocer lo que constituye la fe en Europa es algo inentendible.
»Yo empecé a investigar por pura cuestión académica, y el Señor se encontró conmigo. Tuve un encuentro bastante fuerte de entender que esto no es solamente una cosa del pasado, una historia, sino que es un momento que se repite en todas las partes de la Historia y que te llama personalmente a ti.
»Me encontré con la misericordia del Señor. Evidentemente he tenido “mis idas y venidas” pero para mí como fue el momento de decir: “el Señor está allí y quiere estar conmigo.”
»Me encontré con el Señor en la historia porque yo empecé a leer libros de Historia, libros de la Iglesia y por una cuestión a lo mejor un poco circunstancial me encontré con una biografía de San Francisco de Asís y me tocó muchísimo. No sé cómo decirlo, pero encontré patente que eso era verdad. Era como una afirmación de que el Señor está presente, no es simplemente una cosa de los libros. Entonces dije: “si el Señor la ha llamado, pues, yo también quiero vivir esto.”
»En San Francisco de Asís vi mi pobreza. Antes de convertirse era un poco cabeza loca, como todos. Entonces yo vi mis miserias. En vez de asustarse el Señor las abrazaba, entonces encontré misericordia.
»Encontré misericordia por abrazar esa pobreza; o sea, no tener miedo a verla, como en el episodio en el que abraza a un leproso, que me marcó mucho.
»Y también encontré la humildad, el desapego, en el darse cuenta de “te estás apegando a muchísimas cosas y luego acabas perdido”. Verdaderamente hay una libertad muy plena en desapegarse de las cosas. No tanto a lo mejor de lo material, del dinero, etc., sino también de los apegos, de nuestras propias cosas, las que tenemos “por dentro”».
«No es que tú encuentras al Señor y toda tu vida es súper fácil y súper bonita»
Gonzalo Garrido lleva seis años dentro de la iglesia y cuenta su experiencia de ir contracorriente ir a contracorriente en este:
– «Es muy complicado, la verdad. Muy complicado porque sobre todo cuando eres más joven es el “¿qué pensarán?”.
»Digamos que mi familia es católica culturalmente, pero no tiene verdaderamente una fe muy sólida, salvo mi abuela y mi madre. Se vivía raro un poco en la familia tener una fe implicada. Por esa parte es muy complicado por las incomprensiones de tu familia, las incomprensiones de tus amigos.
»Yo, con el paso de los años, me he dado cuenta de que es la esencia del cristianismo, ¿no? No es que tú encuentras al Señor y toda tu vida es súper fácil y súper bonita. Tiene partes bonitas, pero también implica un poco de cruz. El Señor se entregó en una cruz. Entonces, por una parte complicado, por lo el “qué dirán”, o quizá porque te dejas arrastrar…
»Pero cuando verdaderamente te la juegas, en el sentido de que te expones ante el resto -porque al final uno no puede tener miedo de la fe, ¿no?- también es muy bonito porque hay gente que a lo mejor tiene más incomprensión que rechazo en una generación que está muy secularizada. Aunque gracias a Dios no es una secularización de rechazo, sino una secularización de desconocimiento. Es muy bonito que la gente te pregunte y puedas explicarle lo que es la fe».
Este joven vive su vida cotidiana con el Señor así:
– «Empieza el día complicado porque yo tiendo mucho a la pereza. Entonces siempre me ayuda, nada más levantarme y desayunar y todo, la oración: tener mi rato de oración, de estar con el Señor, de leer las lecturas del Evangelio, y luego ya pedirle la fuerza para ponerme con los estudios, para llevar el día.
»Luego hago actividades de deporte o actividades académicas, o incluso un poco de recreación. Por la tarde intento meter también un poco la oración, porque yo creo que es el pilar porque soy un desastre, o sea, mi defecto es que soy muy vago, entonces sin una oración no me sustento en nada.
»Luego continúo con las cosas que tenga que hacer: tareas en casa o participar de alguna cosa para la que me llamen. Y por la noche igual: rezar, tener un rato de oración.
»Intento, la verdad, ir a Misa todos los días, pero igual no me cuadran los horarios y no voy, pero para mí los dos pilares del día son la oración (el día que no tengo oración soy un absoluto desastre) y la Eucaristía. Para decir: “El tiempo es del Señor: para”».
Gonzalo Garrido en el jardín del Colegio de Málaga, donde estudió el grado en Historia por la Universidad de Alcalá (UAH)
«Que el Señor me guíe para evangelizar»
Gonzalo Garrido cuenta cómo logra evangelizar en el día a día a su familia o a sus amigos:
– «Es quizá lo más complicado. Yo siempre le pido al Señor que me guíe, porque soy bastante desastre en estas cosas.
»Con la familia es de una manera como más cotidiana: servir, aplicar las bienaventuranzas, y poner esa llama de Cristianismo en una familia que no es muy creyente.
»Con mis amigos o las personas de mi Universidad yo creo que la manera de evangelizar es no tener miedo a, por ejemplo, si te ven una cruz, o si dices “no puedo ir a esto porque tengo que ir a Misa”… de alguna manera siempre te preguntan y tú explicas, ¿no? Es dar un poco de testimonio de lo que verdaderamente haces.
»Digamos que, por una parte, es el servicio más cotidiano: “si necesitas algo estoy para servirte.” Y por otra parte, si hay algún tipo de duda, explicar, dar tu testimonio.
»Es verdad que, gracias a Dios, participo a veces de la Escuela de Evangelización de la Diócesis, y me ha enriquecido muchísimo en eso porque siempre tienes el miedo del rechazo…Y precisamente las evangelizaciones que hacen me han ayudado a darme cuenta de que es lo más natural exponer la fe y exponerte. Que al final se pone en juego tu vida».
Respecto a llevar símbolos religiosos que muestran la pertenencia a Cristo fuera de los ambientes de fe dice:
– «Sí, es importante. Tampoco hay que llenarse de objetos religiosos…pero pequeñas cositas: una cruz, a lo mejor alguna pulsera, alguna cosa que sirva también para recordarte lo que eres. Porque desgraciadamente yo soy un poco cabeza loca, y a veces te dejas arrastrar por el mundo.
»Pero para mí es como un recuerdo de “oye, Dios se ha entregado en una cruz por ti, por amor, ¿por qué vas a tener miedo? Te ha dado el mayor amor, ¿por qué vas a tener miedo a cualquier otra cosa?” Entonces, para mí sí que es muy importante.
»Y llevarlo sin ningún tipo de complejo. No muchos jóvenes llevan un símbolo religioso, y la verdad es que la mayoría te pregunta y entras en un tono de conversación muy favorable para explicar lo que es y lo que significa para ti».
Gonzalo Garrido reza frente al Santísimo en la Capilla de las Santas Formas, para él el mejor lugar de la Diócesis de Alcalá de Henares para rezar
«Dios está en la universidad»
Cursando el grado de Historia, Gonzalo aprendió sobre un periodo de la Iglesia:
– «Gracias a Dios tuvimos una asignatura de Introducción al Cristianismo, una optativa muy bonita, y me gustó mucho, que yo no lo conocía porque yo tenía total desconocimiento…La época tardo-antigua, los últimos siglos del Imperio Romano, ya cristianizado, y los primeros de la Europa que se va cristianizando….Yo sigo profundizando en eso porque no tenía ni idea, y la verdad es que me está gustando mucho».
En cuanto a si Dios está en la Universidad responde con claridad:
– «Evidentemente el Señor siempre está aunque luego nosotros incluso nos perdamos, siempre está. En torno a lo que es la presencia tangible, es verdad que yo en los primeros años en la Universidad no vi una presencia como tal de gente católica, pero con el paso del tiempo he ido conociendo a gente y he visto que sí que hay bastantes universitarios que tienen fe, y que tienen una fe implicada en el sentido de una fe formada…
»Desde hace poco ayudo en la pastoral de la Universidad, y poco a poco, hay cositas que se van notando: conoces a grupos de chicos católicos que hay allí, alguna vez hemos hecho alguna conversación en la cafetería, quedamos para hacer formación. Es discreta porque el entorno universitario de Alcalá no es el menos favorable de todas las universidades de Madrid, pero quizá no es el entorno más favorable a veces para la fe».
Gonzalo dice que una canción que está escuchando últimamente que le acerque a Dios es «Alza la mirada»
El libro que recomienda para conocer más la fe es «Sabiduría de un pobre’, de Eloi Leclerc, que trata de la vida de San Francisco de Asís. No trata temas teológicos muy complejos, pero te acerca de una manera muy vívida a la fe».
Es evidente que su santo que es referente para él es «San Francisco de Asís»
Y para finalizar se le pide que termina la frase:
Los jóvenes son… «el impulso que necesita la Iglesia».
Los jóvenes esperan… «encontrarse con la Verdad de su vida».
La fe de los jóvenes es… «auténtica».
El mejor lugar para rezar en la Diócesis de Alcalá es… «la Capilla de las Santas Formas».
















