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viernes, 30 de enero de 2026

Steve Botsford se sumergió en el alcohol, las drogas y el rock hasta que clamó a Dios: «El amor de Dios es implacable, paciente y siempre está obrando para nuestro bien, incluso cuando estamos lejos de Él»


Steve Botsford / Foto: Cortesía de Steve Botsford - Aleteia

* El primero de enero de 1990, mientras conducía bajo la influencia del alcohol y otras drogas, el joven Steven fue arrestado, por segunda vez. Sentado en su celda, se entregó a Dios orando de esta manera: «Dios, si estás ahí, te necesito, y te necesito ahora» 

Camino Católico.- Criado en un hogar Protestante, en el sureste de los Estados Unidos, experimentó las adicciones y excesos a los que miles de jóvenes estadounidenses están expuestos en la actualidad. Steve Botsford es Licenciado en Educación Religiosa y Administración de Empresas, y ha trabajo durante 10 años en ministerios juveniles; además, es Vicepresidente de la exitosa editorial católica William H. Sadlier Inc.,. En una entrevista con Ingrid Basaldúa Guzmán Aleteia comparte su camino de conversión desde las drogas hasta el servicio a la Iglesia Católica. 

“En mi deseo de ser amado y aceptado comencé a perseguir a las chicas, beber alcohol y fumar marihuana, y con el tiempo, también cocaína. Al poco tiempo me uní a una banda de rock que me sumergió en una cultura que alimentaba estos deseos, convirtiéndose en actividades habituales en mi vida”, explica Steven.

Una adolescencia complicada y un reencuentro en el dolor

La familia del pequeño Steve atendía el servicio dominical de diferentes iglesias protestantes; sin embargo, se alejó de la fe durante la adolescencia. La contradicción que vio en los jóvenes de la Iglesia, entre el estilo de vida y su compromiso con el Evangelio, repercutió negativamente en su vida espiritual. A pesar de ello, nunca dejó de creer que existía algo -o alguien- más grande que nosotros. 

El primero de enero de 1990, mientras conducía bajo la influencia del alcohol y otras drogas, el joven Steven fue arrestado, por segunda vez. Sentado en su celda, se entregó a Dios orando de esta manera: “Dios, si estás ahí, te necesito, y te necesito ahora”. 

Al poco tiempo, conoció a una chica católica, con la cual se comprometió al año siguiente. En diciembre de 1990, la madre de su prometida le señaló a Steve que, si querían casarse, su matrimonio debería ser ante la Iglesia Católica. Pronto, el joven Botsford estaba preparándose para recibir los sacramentos.

Sin embargo, semanas antes de la boda, la joven rompió el compromiso con Steve argumentando que no estaba lista para casarse. Este rompimiento dejó al joven Botsford devastado, pero su padrino de bodas permaneció cerca de él para rezar juntos. En una de esas ocasiones, le dijo: ”Jesús te sostiene de la mano, déjalo que te guíe”.

“En medio de la confusión de romper el compromiso con el amor de mi vida, Dios estuvo y ha estado haciendo algo muy fuerte en mi vida. Ese fue otro encuentro con Dios que me llevó a mi conversión a la Iglesia Católica”, describe Steve. 

Como nuevo Católico, se sumergió en los estudios bíblicos y la oración carismática para adultos jóvenes, donde se acercó más a Dios a través de las Escrituras, la música y la comunidad. Pronto se había convertido en Ministro de la Juventud: “Quería ayudar a los jóvenes a evitar las trampas de la vida y encontrar el mismo amor que yo encontré en Dios”, reflexiona en retrospectiva.

Después de varios años como Ministro de la Juventud, Steve se casó y tuvo cuatro hijos. Por ese entonces, se unió a la Editorial SADLIER como publicista.

Steve Botsford junto a su familia / Foto: Cortesía de Steve Botsford - Aleteia


Al ser una editorial fundada por inmigrantes irlandeses con el propósito de proveer recursos Católicos en los Estados Unidos, esto le permitió a Steve continuar con su amor por la evangelización y la educación de jóvenes, catequistas y familias. 

Y no sólo eso, SADLIER representa la primera editorial en Estados Unidos y uno de los principales aliados en la evangelización en español en ese país, así lo explica Steve: 

“Apoyar la evangelización en español es esencial porque honra la realidad vivida de una parte amplia, vibrante y profundamente fiel de la Iglesia en los Estados Unidos. El lenguaje es más que un medio de comunicación: es la forma principal en que las personas rezan, aprenden y forman relaciones con Dios y entre sí. Cuando ofrecemos recursos en español, estamos afirmando la dignidad, la cultura y la herencia espiritual de los católicos hispanos y asegurándonos de que puedan acercarse al Evangelio en el idioma de su corazón. Sadlier fue la primera en reconocer esto y la primera en publicar recursos catequéticos bilingües como resultado.” 

El encuentro con la pastoral hispana, fuente de gratitud

En su trabajo en la evangelización a la Comunidad Hispana de los Estados Unidos, Steve ha profundizado en su ministerio y en la comprensión de su fe. La devoción, la centralidad de la familia y los vínculos personales que se viven en la Comunidad Hispana le hacen experimentar una vida de comunidad vibrante. 

“He recibido una enorme gratitud y amor de los líderes y las familias migrantes latinas a quienes he servido. Su aprecio por el acompañamiento —simplemente estar presente, escuchar y apoyarlos— me ha reforzado la idea de que el ministerio, en última instancia, se trata de caminar con las personas. Esto ha fortalecido mi convicción de que cuando honramos la cultura, el idioma y la historia, podemos proclamar mejor el Evangelio de maneras que realmente hablan al corazón”. 

La historia de Steve Botsford, es una historia de amor y redención. Demuestra que cada persona está llamada a algo grande, caminando de la mano de Jesús. El mismo Steve invita a todos aquellos jóvenes que están en un camino como el que experimentó:

“Debemos preguntar con amor y suavidad cómo está su corazón. No de una manera crítica pero de modo que les ayude a reflexionar sobre su anhelo de Dios. Invitándoles a abrirse a la oración. Finalmente recordarles que no tienen que encontrar su camino solos, significa estar dispuestos a que Dios entre en su historia y camine con ellos”. Y cierra de este modo: 

“Mi vida es un testimonio de la verdad de que el amor de Dios es implacable, paciente y siempre está obrando para nuestro bien, incluso cuando estamos lejos de Él”.

Erea y José Pedro, protestantes conversos al catolicismo: «Encontramos a Jesús Eucaristía; fue impresionante descubrir los sacramentos; donde nos quería llevar Cristo era a la Santa Misa, a la Eucaristía»

José Pedro y Erea, en el centro de la imagen,  junto a uno de sus hijos, su madrina y su padrino / Foto: Diócesis de Alcalá

* «Me viene a la mente cuando nos sentamos frente al sacerdote de la parroquia de nuestro pueblo, que estuvo hablando con José Pedro y luego a mí me dijo, ‘tú no hace falta que te conviertas porque él se convierta’. Y yo le respondí, ‘es que si mi marido da ese paso, si Dios le está guiando por ahí, a mí también me tiene que guiar por ahí’»

 

Audio del testimonio de José Pedro y Erea en el programa ‘El Espejo de la Diócesis de Alcalá

Camino Católico.- La Iglesia ha celebrado la semana de oración por la unidad de los cristianos. En la diócesis de Alcalá de Henares han ofrecido el testimonio de un matrimonio de su diócesis, José Pedro y Erea, que recientemente se han convertido del protestantismo al catolicismo. Su historia vital la han contado en el programa de radio ‘El Espejo de la Diócesis de Alcalá’. Actualmente viven su fe en la parroquia de San Pedro de Alcalá de Henares y en esta entrevista, de la que hemos destacado las preguntas más relevantes, relatan este paso que ha transformado su vida.

- José Pedro, ¿por qué os acercasteis a la Iglesia Católica siendo protestantes?

- Pues en mi caso, sobre todo al inicio de este camino, fue buscando un fundamento doctrinal. Llevaba como dos años profundizando en temas doctrinales y sí que es verdad que me encontraba un tanto confundido. Al final, muchas de las cosas en las que el protestante doctrinalmente cree, pues tienes que decantarte por unas denominaciones u otras y andas un poco haciendo tu propia doctrina, cogiendo de aquí, de allá. me pasaba mucho eso.

Empezamos con reuniones en casa y yo tenía, en parte, la responsabilidad de dirigir esas reuniones y con muy buena intención de querer realmente volver a ese cristianismo primitivo. Quería hacer las cosas realmente como la Biblia manda o como Jesús estableció. Y es ahí cuando empecé a entrar un poco en esa crisis. Si aquí hay denominaciones que tienen una postura en cuanto a la Cena del Señor, que en el catolicismo es la Eucaristía, el bautismo, la doctrina de la justificación, por ejemplo, que fue clave para mí, pues eran preguntas que me hicieron entrar en una pequeña crisis y a partir de ahí lo último ya que me quedaba era decir, bueno, y la fe católica ante todos estos todos interrogantes que yo tengo, ¿qué tiene que decir? Y a partir de ahí fue cuando me empecé a interesar también por el catolicismo.

- Erea, ¿qué fue lo que os hizo dar finalmente el paso de vuelta a casa?

- Se me viene a la mente cuando nos sentamos frente al sacerdote de la parroquia de nuestro pueblo, que estuvo hablando con José Pedro y luego a mí me dijo, ‘tú no hace falta que te conviertas porque él se convierta’. Y yo le respondí, ‘es que si mi marido da ese paso, si Dios le está guiando por ahí, a mí también me tiene que guiar por ahí’.

Entonces fue ahí cuando yo empecé a profundizar más. Porque en ese momento yo no lo tenía nada claro y me tuvieron que hacer un bautizo sub conditione porque yo estoy bautizada por la Iglesia evangélica, y la Iglesia católica lo admite siempre que sea trinitario en el nombre del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo. Y yo sé que fue así, pero no había ningún documento ni ninguna prueba que lo que lo justificara.

Entonces, me hicieron un bautizo sub conditione, que es por si acaso no ha valido, pues valdría ese. Y junto con mis hijas, el 1 de marzo del 2025 dimos el paso, nos bautizamos, hicimos la profesión de fe y luego hicimos el sacramento del matrimonio el día dos.

Al principio fue un paso de fe porque yo no entendía muy bien por qué me tenía que volver a bautizar… eso de volverse a casar, volvernos a poner los anillos… Yo ya me sentía casada, bautizada, pero sí que más adelante lo pude entender. Hasta Jesús mismo se bautizó sin tener pecado, ¿por qué no me voy a volver yo a bautizar aunque ya estuviera por si acaso no fuera válido? Porque al final es un testimonio también de cara a la Iglesia. Entender los medios de gracia es muy diferente a cómo se vive en el mundo protestante.

José Pedro y Erea, junto a sus hijos / Foto: Diócesis de Alcalá

- Erea, ¿crees que es importante que los matrimonios estén acompasados en la fe, en su espiritualidad y su carisma, incluso aunque compartan la misma fe?

- Siempre he pensado, tanto siendo protestante como ahora católica, que es importante. Al final es lo idílico, ¿no? No todas las situaciones son iguales, por desgracia, pero lo idílico sí creo que es compartirlo todo porque al final somos una carne y entre semana se suele estar liado trabajando. Cuando uno tiene tiempo para la familia son los fines de semana.

Si los fines de semana cada uno tiene una reunión en un sitio diferente, según el carisma, que hay algunos que tienen más retiros, convivencias…, si cada uno las hace por un lado diferente, es muy difícil combinar eso. Lo idílico, lo perfecto, creo que sería ir todos juntos de la misma mano. Pero luego hay muchas situaciones que se pueden entender y a lo mejor lo pueden llevar bien, pero yo creo que lo idílico sería compartirlo todo.

- José Pedro, ¿qué fue lo más difícil de aceptar del catolicismo y qué belleza encontrasteis en la fe católica que no había en la en la que teníais antes?

- Para mí lo más difícil de aceptar fue que en la justificación también están involucradas nuestras obras. Antes por la sola fe, la rama que yo más seguía dentro del protestantismo, afirma que una vez que tú estás justificado solo por la fe, ya eres salvo, sí o sí. Eso fue lo que más difícil al principio fue para mí aceptar, ver que la fe católica en la doctrina de la justificación hace una armonía muy buena, muy bonita entre fe y obras.

Una vez que entendí cómo explicaba la Iglesia católica la doctrina de la justificación, fue para mí como una nueva conversión. Empecé a sentir un llamado muy fuerte porque yo llevaba dos años tratando de hacer el puzle por mí mismo. Y entonces descubrí esa belleza y, por fin, encontrar la pieza que me faltaba después de esos dos años profundizando en la doctrina de la justificación, para mí fue como una nueva conversión. Entonces, me acuerdo que fui corriendo a mi mujer y le dije «Erea, las obras también importan».

Una vez que empecé realmente a seguir profundizando en los dogmas, el tema de la justificación para mí pasó a un segundo plano. Y ya no te digo nada cuando realmente pues encontré a Jesús Eucaristía. Eso fue para mí impresionante, descubrir los sacramentos, descubrir ese sentido de lo sagrado, ese sentido de lo trascendente, no lo había vivido en el protestantismo.

Empezar a descubrirlo fue un descanso impresionante, o sea, fue como un «vale, no tengo que seguir yo reinventando la rueda cada día doctrinalmente, ni eclesiológicamente, ni teológicamente». Es que tengo un depósito aquí de fe milenario con una tradición con mayúsculas, con unos Padres de la Iglesia, con un Magisterio… fue como descubrir un tesoro, un tesoro real. Y ya una vez deseando poder comulgar, estuve un año de catequesis con mi mujer. Yo estaba deseando y creo que todo este camino ahora lo veo y es donde me quería llevar Cristo era a la Santa Misa, a la Eucaristía.

José Pedro y Erea orando ante la Virgen María / Foto: Diócesis de Alcalá

- Con motivo del Año Jubilar, José Pedro, vosotros habéis participado en una peregrinación a Roma con la parroquia de San Pedro, de Alcalá de Henares, ¿qué significó para vosotros poder viajar a Roma en este año tan especial?

- Pues el viaje a Roma fue, la verdad, todavía más gracia sobre gracia. Nuestro hijo Mateo estaba recién nacido prácticamente. Me acuerdo que el padre Fermín nos ofreció incluso el poder bautizar a nuestro hijo Mateo allí en Roma. Y al final, nos lanzamos porque viajar con niños y con un bebé recién nacido era un reto para nosotros, pero dijimos, «venga, vamos para allá.»

Fue para nosotros muy especial porque fue «Roma dulce hogar» pero vivido de forma literal. El grupo nos dio el gran privilegio de poder entrar por la Puerta Santa cargando la cruz con nuestros hijos. Fue un momento muy especial, me emocionó, la verdad. Y ya para el final del viaje se combinó con lo que fue el bautismo de Mateo. Así que muy agradecidos también a la diócesis, a todos los que nos han apoyado.

Nos hemos sentido como una gran familia, no nos lo esperábamos, tanto amor, tanto recibimiento y tanta ayuda. Ha sido todo un regalo de Dios. Muy agradecidos.

- José Pedro, ¿creéis que sería importante facilitar momentos de encuentro entre cristianos de diferentes confesiones?

- Sí, de hecho conozco grupos protestantes que hacen eventos con católicos, eventos conjuntos y creo que sí que se debería de potenciar esas iniciativas siempre y cuando desde la parte católica no caigamos en este relativismo. Realmente si yo voy a un encuentro ecuménico es porque quiero que mis hermanos protestantes lleguen a lo que es un una fe más plena y que vuelvan a casa, que vuelvan a la Iglesia.

Entonces, si ese encuentro ecuménico está centrado en esa labor y podemos compartir experiencias o testimonios, creo que sí que es beneficioso que se debería de animar a hacer esos encuentros.

- Y tú Erea, ¿lo crees importante?

- Añadiría que creo que es importante una formación dentro del mundo católico. Yo creo que con leerse el Catecismo sería suficiente. Que a la hora de tener encuentros ecuménicos con protestantes, ellos siempre van a tener la misión de evangelizar, porque al final si tú crees que vives en la Verdad, quieres que el otro también la viva y la disfrute.

El evangélico usa muy bien la Biblia, los versículos. Entonces es importante que el católico conozca su fe para saber qué versículos también apoyan lo que uno cree.

- Erea, José Pedro, ha sido un auténtico placer hablar con los dos. Muchísimas gracias por vuestro testimonio.

- Muchas gracias también a vosotros por la oportunidad. Que Dios os bendiga.

Laura Mascaró vivía una espiritualidad New Age, pero «agotada por mi enfermedad, caí de rodillas, llorando, y le pregunté a Dios: ‘¿Qué quieres de mí?’; y oí una voz, amorosa que decía: ‘tienes que rezar y tienes que hablar de mí’»

Laura Mascaró clamó a ante su enfermedad y Él la sanó, pero le indicó el camino de la conversión y la evangelización / Foto: Captura de pantalla de YouTube

* «Esa misma semana encontré un protocolo natural para mi enfermedad. Decidí probarlo y en cuatro meses desaparecieron los síntomas, dejé la medicación y los análisis salían perfectos. Volví a vivir con normalidad y me olvidé casi por completo de aquella experiencia con la voz de Dios. Hasta que un par de años después, estando yo muy cerca del movimiento New Age, me puse a buscar un psicólogo para hacer terapia de recuperación de recuerdos. Volví a oír la misma voz. Me dijo: ‘tú no necesitas un psicólogo, necesitas un cura’. 24 horas después estaba hablando con un cura que se convirtió en mi padre espiritual y ya no hubo vuelta atrás»   

Vídeo del testimonio de Laura Mascaró en El Rosario de las 11 PM

Camino Católico.- Laura Mascaró, madre homeschooler y emprendedora digital desde 2008, ha escrito libros, dirigido documentales, asesorado a centenares de familias y liderado un equipo de marketing multinivel. Aunque se crió en una familia católica y recibió los sacramentos de joven, siempre vivió muy alejada de la Iglesia. Una enfermedad y la búsqueda de respuestas la llevaron a escuchar la voz del Señor. En una entrevista con Teresa Aguado Peña en Omnes, Laura cuenta cómo ha cambiado su forma de ver a Dios y a la Iglesia desde que se encontró con Él.

- ¿Qué marcó el antes y después de tu conversión?

—El punto de inflexión fue una enfermedad que tuve entre 2015 y 2019, supuestamente crónica e incurable. La medicación no me hacía ningún efecto y, aunque no me fuese a curar, yo quería algo que al menos aliviase los síntomas. Prácticamente vivía en la cama, tenía un bebé al que no podía cuidar, un niño de 10 años y un negocio. Mi vida quedó “en pausa” y me empeñé en encontrar soluciones, dijeran lo que dijeran los médicos.

Un día, en 2019, agotada y desesperada, caí de rodillas al suelo, llorando, y le pregunté a Dios: “¿Qué quieres de mí?”. Era la primera vez que rezaba sin reproches ni peticiones, que es lo que muchas veces hacemos: nos acordamos de Dios para pedirle cosas o para echarle las culpas. Pero casi nunca le preguntamos qué quiere de nosotros.

No tengo ni idea de cuánto tiempo pasó, si fueron segundos o minutos, pero oí una voz profunda, firme y amorosa al mismo tiempo, muy difícil de describir, que decía: “tienes que rezar y tienes que hablar de mí”. En ese momento fue como si mi cabeza se partiera en dos: una me decía que estaba loca. La otra tenía la certeza de que era la voz de Dios.

Esa misma semana encontré un protocolo natural para mi enfermedad. Decidí probarlo y en cuatro meses desaparecieron los síntomas, dejé la medicación y los análisis salían perfectos. Volví a vivir con normalidad y me olvidé casi por completo de aquella experiencia con la voz de Dios.

Hasta que un par de años después, estando yo muy cerca del movimiento New Age, me puse a buscar un psicólogo para hacer terapia de recuperación de recuerdos. Volví a oír la misma voz. Me dijo: “tú no necesitas un psicólogo, necesitas un cura”. 24 horas después estaba hablando con un cura que se convirtió en mi padre espiritual y ya no hubo vuelta atrás.

- Cuando Dios te habla, ya nada vuelve a ser igual. ¿En qué ha cambiado tu vida desde que le conoces?

—Ahora tengo esa paz y esa alegría que vi en otros. Sé que no tengo que hacerlo todo yo sola, que no todo depende de mí, y es un gran alivio. Al principio, incluso, me sentía irresponsable, porque a mí me educaron para pensar, tomar decisiones y actuar. Y ahora, muchas veces, mi única acción es rezar.

Muchas veces, cuando tengo por delante una tarea o un proyecto que me parecen demasiado grandes o difíciles, me pregunto: “¿cuáles son mis cinco panes?” Porque yo sólo tengo que poner los 5 panes. El resto, lo hace Él.

Laura Mascaró Laura Mascaró / Foto: ©Cortesía de la entrevistada -Omnes

- Después de tu conversión y de tomar partido en esa “guerra espiritual” de la que hablas, ¿qué le dirías a una persona que dice que cree en Dios y no en la Iglesia? 

—Les diría, en primer lugar, que si se consideran cristianos, ni que sea remotamente, que busquen en la Biblia la institución de los sacramentos y de la Iglesia, empezando por ahí. Que lean también Hechos 8, 30-31 (“¿Cómo voy a entender lo que leo si nadie me guía?”). 

A mí también me dio mucho que pensar una imagen que corría por internet con un listado de diferentes denominaciones cristianas, con el nombre de su fundador y el año y lugar de su institución. Sólo en una ponía “Jesucristo, año 33, Jerusalén”. Así que tiré de ese hilo.

Y luego, que entren en una iglesia, que busquen el Sagrario (la cajita con la velita de color rojo), y que le pregunten directamente a Él. Hay muchas buenas preguntas que hacerle: “qué quieres de mí”, “dónde me quieres”, “dónde estás”. Que se queden en silencio un rato y que después se vayan y sigan con su vida con el corazón abierto, dispuestos a recibir una respuesta.

- Hablas de que no veías ni bondad ni belleza en los cristianos y que, por tanto, no creías que hubiera verdad en ellos. En cierto modo veías la aparente hipocresía del cristiano. Muchos no creyentes tienen la misma percepción. ¿Cómo cambió tu percepción de los cristianos y de la fe a lo largo de tu proceso de conversión?

—Sigo viendo mucha hipocresía, mucha superioridad moral y mucho postureo, porque los hay. Pero ahora, también veo que todos somos creados y amados por Dios. Que Cristo también se subió a la cruz por ese hipócrita, por el que me cae mal, por el que dice una cosa y hace otra, por el que se equivoca en sus prioridades. ¿Y quién soy yo para etiquetarles? Todos estamos igualmente heridos por el pecado y todos tenemos, hasta el último segundo de nuestra vida, la posibilidad de aceptar a Cristo como salvador.

Me dijo un amigo monje: nunca juzgues y nunca critiques, porque no conoces el corazón ni las circunstancias de esas personas. Desde entonces empecé a añadir la coletilla “y si…”, cada vez que empezaba a criticar. ¿Ese al que yo considero mala persona, va a Misa? En vez de criticar pienso: “¿y si la Misa es lo único bueno que hay en su vida? ¡Peor sería no ir!”. Aprendí a ver y pensar las cosas de otra manera, con más amor.

Y luego conocí a algunos católicos que eran pura paz y alegría. Que los veía y pensaba: “yo quiero lo que ellos tienen”.

Laura Mascaró contando su testimonio de conversión / Foto: Captura de pantalla de YouTube

- Cuando saliste del “armario católico” algunas personas te dejaron de seguir en Instagram. ¿Cómo interpretas eso? ¿Consideras que en ello se ve reflejada la cultura woke o de la cancelación?

—Pienso que a mucha gente le pasa lo mismo que a mí. Todos buscamos la verdad, queremos entender el sentido de la vida, tenemos heridas que sanar… y buscamos en todas partes menos en una. En mi caso, porque en la Iglesia ya había estado (teóricamente) y no me había “servido” para nada. Consideramos que ya hemos estado ahí y que no ha traído nada bueno, así que aceptamos y respetamos al que adopta una filosofía de vida oriental, sincretista o inventada. Todo está bien, menos la Iglesia católica, que tiene muy mala prensa. Hay que reconocer que muchas cosas se han hecho muy mal. Yo misma fui a un colegio católico en el que nunca tuvimos una Misa de inicio de curso, ni había momentos para la oración, ni vimos nunca un rosario de cerca, ni se nos iniciaba en la confesión.

Para mí, que 60 personas dejaran de seguirme en un solo día era mucha gente. Pero también es cierto que muchas otras personas me escribieron para darme la bienvenida a casa, para decirme que habían rezado por mí o para pedirme que les contara mi experiencia, porque ellas estaban en el umbral y les faltaba un empujón para terminar de entrar. Sé que Dios me ha usado para darle ese empujón a mucha gente y espero que me siga usando durante largos años.

- Hablas de un punto negro en tu corazón a causa de no ser capaz de perdonar, ¿cómo ha hecho Dios para que hayas podido perdonar? 

—El cura con el que hablé al día siguiente me dijo algo muy sencillo. Dijo: “cuando Dios te dé su gracia, perdonarás sin darte cuenta”. Y yo, que venía del New Age, donde todo recae sobre tus espaldas, donde siempre “te tienes que trabajar”, donde siempre hay algo que debes sanar en tí, no podía creerlo.

Cuando mi marido hizo el catecumenado para confirmarse, antes de casarnos, yo le acompañé a todas las sesiones. Solíamos comentar que nos llamaba mucho la atención la cantidad de veces que se repetía la expresión “dejarse hacer”. No lo entendíamos.

Hablando del perdón, por ejemplo, mi enfoque era: que alguien me diga qué tengo que hacer. Pero no se trata de lo que nosotros tenemos que “hacer”. Lo único que tenemos que hacer es ponernos en sus manos, decirle “tú mandas”. Y así fue. Yo no “hice” nada. Y un día, vi que había perdonado sin darme cuenta.

Hay una cosa muy importante que a veces nos cuesta entender: tenemos que rezar más y tenemos que aprender a rezar. Está muy bien pedir que te vaya bien ese examen o que encuentres una casa para comprar y puedas pagarla. Pero hay que rezar más pidiendo más fe, más humildad y mayor discernimiento para saber cuál es la voluntad de Dios. Hay que rendirse, dejar de intentar controlarlo todo y decirle “tú mandas”. Por eso mi canal de YouTube se llama En manos del Guionista. Porque el guionista de tu vida no eres tú, es Dios.

Fidel Sáez ha perdido a su madre en el choque de trenes de Adamuz: «Ella iba rezando el rosario y estoy seguro que le dijo a Jesús de Nazaret, el amor de su vida: ‘Llévame a mí, deja a mis nietos y a mi hijo’. Y es lo que ha sucedido»

Fidel Sáez ha perdido a su madre en el choque de trenes de Adamuz y explica la fe que tenía y que les transmitió con la que ahora afrontan lo que ha sucedido

* «Estamos viviendo momentos bastante complicados, se van aceptando estos terremotos que la vida te manda y te pone muchas veces en duda los cimientos de la fe, pero que es a lo que ahora nos agarramos y nos reconforta… Gracias a Dios, se ha seguido el ciclo de la vida y aunque mi madre no se ha ido de la manera que ella se merecía, al final se han quedado los chicos que son los que tienen una vida por delante y mi madre es la que ya goza de la grandeza del Señor y es donde Él ha considerado que ella ya tiene que estar»   

                    

Vídeo del testimonio de Fidel Sáez en el programa ‘Espejo Público’ de Antena 3

Camino Católico.- Uno de los rostros de la tragedia que ha dejado el choque de trenes en Adamuz (Córdoba) es el de este vecino de Huelva que ha perdido a su madre en el accidente. Su hermano, su sobrino y sus dos hijos sobrevivieron al impacto, a pesar de encontrarse en uno de los vagones donde se han registrado más víctimas mortales en el tren Alvia que iba hacia Huelva.

Pese al dolor de la pérdida, Fidel quiere contar alto y claro quién fue su madre y cómo ha vivido su familia el milagro de sobrevivir a un accidente que deja ya al menos 41 muertos. Sus hijos se encuentran ingresados en el hospital, heridos, y también su hermano, al que han desintubado hace pocas horas y se encuentra fuera de peligro. Quiere que su historia no caiga en el olvido.

“En el momento del accidente mi madre iba rezando el rosario y yo estoy seguro que mi madre ha hecho que el amor de su vida, que es Jesús de Nazaret, hiciera el milagro y le dijo: ‘llévame a mí, deja a mis nietos y a mi hijo í’. Y es lo que ha sucedido”, dice Fidel Sáez a Susanna Griso en el programa ‘Espejo Público’ de Antena 3. 

“Mi madre era muy religiosa y somos personas que nos agarramos a la fe desde que mi madre me lo inculcó”

"Si lo que estamos viviendo muchas familias sirve para que la sociedad y el ser humano vea que vamos erróneos y muchas veces no vemos las cosas bonitas que el Señor nos regala, entonces estoy encantado de estar aquí", afirma

“Estamos viviendo momentos bastante complicados, se van aceptando estos terremotos que la vida te manda y te pone muchas veces en duda los cimientos de la fe, pero que es a lo que ahora nos agarramos y nos reconforta”. Tanto él como su familia son creyentes y confiesa que en este momento ese es uno de los recursos a los que se agarra. "Gracias a Dios, se ha seguido el ciclo de la vida y aunque mi madre no se ha ido de la manera que ella se merecía, al final se han quedado los chicos que son los que tienen una vida por delante y mi madre es la que ya goza de la grandeza del Señor y es donde Él ha considerado que ella ya tiene que estar".

Fidel dice que “mi hermano me dice: ‘Fidel, habla con los medios, cuenta lo buena que era mamá, lo agradecidos que estaban sus nietos, los abrazos que le han dado en este fin de semana, agradeciéndole el regalo que les hace, que era una abuela maravillosa, que siempre se ha volcado y le ha inculcado valores positivos, que siempre ha llevado a su familia por bandera, que ha sido una mujer que ahora mismo ya está gozando con el amor de su vida, que es Jesús de Nazaret’”.

“Mi madre era muy religiosa, está en muchos grupos cristianos, aquí en Huelva. Nosotros también somos muy cofrades, muy rocieros, en fin, que somos personas que nos agarramos a la fe desde que mi madre me lo inculcó”, asegura.

“La sociedad tiene que saber que muchas veces vamos muy equivocados y le damos valor a cosas banales, cosas que no tienen sentido, nos enfadamos sin necesidad con los familiares y la vida en cualquier momento se va. Yo muchas veces me voy de mi casa sin darle un beso a mi madre. Y me digo: ‘que equivocación, porque ahora ya no la puedo ver más, no la puedo sentir, no la puedo tocar, no puedo ver cómo se me va haciendo viejita y chiquitita, porque ya cada día iba a menos. Cada vez yo  abrazaba mejor a mi madre, pero ya eso no lo puedo hacer’. Y el que pueda hacerlo, que lo aproveche, porque la vida en cualquier momento te da un vuelco, te golpea y te dice, pon los pies en la tierra y valora lo que tienes, porque en cualquier momento lo pierdes”, reflexiona Fidel.

“Yo creo que quien habla por mí es mi madre, porque yo sé que todo el mundo tiene que estar orgulloso de la madre que tiene, pero, ¿quién conocía a mi madre? Mi madre ha vivido una vida entregada al necesitado, al prójimo, al pobre, a los desvalidos. Yo muchas veces hasta le decía a mi mamá que cualquier día en casa te van a entrar, porque lo das todo, no tienes nada. Y ella respondía: ‘Fidel, ¿habrá algo más bonito que darse a los demás?’”, testimonia. 

“Y reflexiono: ‘Mamá, te ha tenido que pasar esto para que la sociedad sepa que muchas veces vamos equivocados por la vida’. Y simplemente, pues, mi función ahora es eso, dejar que hablen los sentimientos y expresarme de la mejor manera que sé”, dice.

Fidel Sáez cuenta el compromiso de su madre con los más desfavorecidos  

"Mi hija me dijo: "No te preocupes que estoy bien, cogemos a la abuela y nos vamos"

Recuerda que este verano su madre había vendido "un terrenito" y se había llevado a toda la familia de crucero. Se llevó a todos pero su hermano no pudo ir. Para tener un detalle con él fueron a Madrid a ver el espectáculo del 'Rey León. 

El domingo Fidel fue a recoger a su familia a la estación de Huelva. El tiempo pasaba y el tren no llegaba. “Entonces me llama una policía local, a la cual estoy eternamente agradecido, diciendo que no me preocupe, que estaba en la vía del tren con mi hija, que la habían sacado por una ventana. Y digo: ‘esto no puede estar pasando’. Y me responde: ‘espérate que te paso con tu hija’. Y mi hija, sin llorar ni nada, estaría en estado de shock, evidentemente, me decía: ‘papá, no te preocupes, que estoy bien, estoy bien, estoy bien. A ver si recogemos a la abuela y nos vamos, que estoy bien’. Y claro, la policía me decía que a mi hija lo que le dolía era la pierna. 

"Mi hermano pensaba que se moría porque estuvo hora y media entre los hierros"

Del vagón uno del tren Alvia  en el que viajaba su familia se ha salvado muy poca gente. “En el vagón uno, que es donde viajaban ellos iba el maquinista, detrás del maquinista iba mi hermano, luego iba mi madre con mi hija y mi hijo con mi sobrino”, describe Fidel.

Cuando le dijo a su hermano que su madre había fallecido, el hombre empezó a llorar preguntándose cómo él había conseguido sobrevivir. "Él pensaba que se moría porque estuvo una hora y media entre los hierros. A mí se me iba la vida, yo me asfixiaba, con los pies tocaba cadáveres, me decía". Su hermano fue capaz de sacar a sus hijos por la ventana con sus propios pies.

“De hecho estoy ahora en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. Mi hija tiene diez años y la han operado ahora del fémur y le han puesto unas placas y unos tornillos. Mi otro hijo, Fidel, que está ahí también, que tiene 12 años, está con la pierna escayolada. Y luego mi otro sobrino, Guillermo, tiene algunas heridas en la cabeza, que se las han curado”, relata.

“Mi hermano  está en la UCI actualmente, ha estado intubado, porque tenía un traumatismo en la cabeza y tenía todo el cuero cabelludo levantado, que ha necesitado de un maxilofacial, pero le han hecho un TAC y unas pruebas y afortunadamente no tiene nada. Ya lo han desentubado”, asegura Fidel Sáez.


Fidel Sáez dice que aunque la fe se tambalee en estos momentos, es lo que ahora le da fortaleza  

Amigo de otra familia de fe: Los Zamorano Álvarez de quienes solo ha sobrevivido la niña de 6 años

La noche del descarrilamiento de los trenes Alvia, dos de los profesionales que trabajaban en las tareas de rescate encontraron a una pequeña de seis años que deambulaba entre los amasijos de hierros. Era uno de los cinco miembros de la familia Zamorano Álvarez que viajaba en uno de los primeros vagones del Alvia siniestrado. La noticia de su localización pilló a su abuela en la estación de tren de Huelva a donde había acudido para recibir noticias sobre el paradero de sus allegados y colmó a los suyos de esperanza ante la posibilidad de que sus padres, Félix y Cristina, su hermano Pepe, de 12 años y su primo Félix se hallaran entre los supervivientes. Este lunes, a primera hora de la tarde, la ilusión se desplomaba de golpe al certificarse la identificación de los cadáveres de los otros cuatro miembros del clan familiar.

A Fidel Sáez, Susanna Griso le pregunta si conocía a esta familia y él responde emocionado:

“Ellos están ahora mismo en el centro cívico, con mi hermana Liliana y toda la familia. Ahora mismo aquí somos una única familia. Claro que los conocía, Félix, el padre, es amigo mío, lo conozco de toda la vida. Iban en el mismo tren y Cristina, la niña que ha sobrevivido jugaba con mis hijos durante el viaje

Hay pocas palabras, ¿no? Aunque ahora mismo los cimientos de la fe se tambaleen, es lo único que te puede recompensar y fortalecer el alma. A esa familia que queda aquí han de saber que ellos tienen otra misión; la misión de los que han fallecido ha sido muy pequeña aquí en la Tierra, pero que, por el motivo que sea, el Señor los ha llamado y están ahí y tienen que sentir que están con ellos. No están en la parte física, pero en la parte humana y cristiana, sentimental y emocional, tienen que sentirlos en sus vidas, porque en algún momento se volverán a reencontrar. Eso es así para el creyente. Y ellos son creyentes, son cristianos, muy rocieros. Tienen fe en la Virgen del Rocío, en su patrona, a la Virgen de los Remedios de Aljaraque, no están solos…”, concluye.