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martes, 24 de diciembre de 2024

Andrea Cueva y Kenji Igei: «Nuestros mellizos nacieron a los 5 meses de gestación, los médicos dijeron que tenían un 10% de probabilidades de sobrevivir, rezamos a la Virgen de Guadalupe y están sanos»


Andrea Cueva y Kenji Igei junto con Iago e Ian y la Virgen de Guadalupe / Foto: @familia.igeicueva

* «A pesar de todo, la Virgen de Guadalupe no nos abandonó. Ella quiso, desde el día 1, hacerse notar. Seguíamos encomendándolos con mucha fe, incluso en medio de las más difíciles tormentas. Muchas personas nos acompañaron en esta plegaria, e Ian y Iago son fruto de la oración de tantos. ¡Infinitas gracias! Verlos tan sanos e inteligentes, a veces nos hace olvidar de dónde los libró Dios. Verlos así debería darnos ganas de recordar que el Señor no abandona, que los milagros existen y que Dios obra. Y … que la Virgen siempre vela»

Camino Católico.-  Con apenas 5 meses de gestación, Iago e Ian nacieron de emergencia, enfrentando un pronóstico desgarrador: solo un 10% de probabilidades de sobrevivir. En medio del miedo y la incertidumbre, su familia se aferró a la fe y rezó todos los días a la Virgen de Guadalupe por la vida de estos pequeños.

Andrea Cueva y Kenji Igei enfrentaban un duro momento por la pérdida de su primer hijo con solo 6 semanas de embarazo, cuando fueron sorprendidos con un regalo de Dios, iban a ser padres nuevamente y esta vez de dos niños.

Desde el inicio, el embarazo fue considerado de alto riesgo, lo que obligó a Andrea a permanecer en reposo absoluto durante las primeras semanas.

“No negaré que ver a otras embarazadas caminando y haciendo su vida normal me cuestionaba de ‘¿por qué yo no?’ Pero bueno, mi útero, mi vida es diferente a la de las otras. Mi trabajo era desde cama, he visto tantas series que hasta me sentía culpable de ‘perder mi tiempo’. Pero entendía que una vida entregada era una vida que vale la pena y así celebrábamos semana tras semana; era una tremenda alegría”, indica en su cuenta de Instagram.

En este tiempo de incertidumbre, la pareja decidió consagrar la vida de sus pequeños a la Virgen y agradecer a Dios por este regalo. “‘Son más tuyos que nuestros’ es nuestra oración de todos los días”, escribieron.

A las 12 semanas, una ecografía confirmó que todo marchaba bien, y la doctora les dio luz verde para retomar una vida más activa. “Al día siguiente mi mamá compró nuestros pasajes a Miami porque en casa estábamos solos”, señala Andrea.

Sin embargo, a pesar de los momentos de tranquilidad, Andrea no dejó de enfrentarse a temores constantes. “De verdad que es muy difícil cuando vas al baño y piensas que en cualquier momento podrías sangrar”, confesó. Aun así, celebraban cada semana como un logro.

El 1 de enero, durante su estancia en Estados Unidos, el embarazo se complicó y con solo 5 meses de gestación, los bebés llegaron al mundo. La pareja decidió darles el nombre de Iago e Ian, por Santiago y Juan, apóstoles hermanos.

“Ellos nacieron de emergencia cuando estábamos de turismo en EEUU y no nos queda duda de que Dios quería que fuese así.

Cuando nacieron nos dijeron que solo tenían un 10% de probabilidades de sobrevivir, que nos preparemos para lo peor porque en cualquier momento podría pasar”.

En medio de este desafío, la fe de Andrea y Kenji no desfalleció. Decidieron bautizar a sus pequeños guerreros, que se encontraban en cuidados intensivos neonatales (UCIN).

Los mellizos Iago e Ian / Foto: @familia.igeicueva

“Creemos en la Santa Iglesia Católica y eso nos hace saber que cuando se bautizan no sólo son miembros de este cuerpo místico de Cristo, sino que se hacen Hijos de Dios 💟. Ian e Iago ahora son hijos de ese padre que los ama tanto, es para festejar!”.

La familia también pidió oraciones a la Virgen de Guadalupe por la salud de los pequeños, confiando en su poderosa intercesión. Y luego de 5 meses y medio, los pequeños lograron salir de UCIN.

“A pesar de todo, la Virgen de Guadalupe no nos abandonó. Ella quiso, desde el día 1, hacerse notar. Seguíamos encomendándolos con mucha fe, incluso en medio de las más difíciles tormentas. Muchas personas nos acompañaron en esta plegaria, e Ian y Iago son fruto de la oración de tantos. Infinitas gracias!”.

Hoy, con el corazón lleno de gratitud, Andrea y Kenji celebran la vida de sus hijos, recordando que los milagros existen. Aunque el camino no ha sido fácil, incluso enfrentando el cáncer del pequeño Iago, cáncer del pequeño Iago, la familia ha seguido adelante con fe y esperanza. Cuando la enfermedad se hizo presente escribían: “Quien lo iba a creer que el cáncer llegaría a nuestra vida... Justo a un bebé de menos de un año que había pasado 5 meses y medio en el hospital, por 3 operaciones y por muchos percances y dolores en su corta vida. Iago hermoso, ya venciste, ya estas bien!!!”.

“Verlos tan sanos e inteligentes, a veces nos hace olvidar de dónde los libró Dios. Verlos así debería darnos ganas de recordar que el Señor no abandona, que los milagros existen y que Dios obra. Y … que la Virgen siempre vela”.

En 2023, la pareja recibió una nueva alegría: la llegada de Iáela, una pequeña que nació totalmente sana. “El Señor con su vida nos está curando las heridas…”, resaltaron.

Andrea Cueva y Kenji Igei junto con Iago e Ian y la bebé Iáela / Foto: @familia.igeicueva

Esta es la oración a la Virgen de Guadalupe que la familia rezó por los pequeños Iago e Ian.

Hermosa Virgencita de Guadalupe,

te entrego la salud de Iago e Ian,

recién nacidos prematuramente,

para que los cobijes con tu manto de madre

y reciban todo tu calor, tu amor y protección.  


Acércalos a tu regazo,

para que sus cuerpos se fortalezcan,

que sus órganos se desarrollen por completo

y sus defensas se multipliquen,

para que nada pueda dañarlos.  


Te pido, Virgen de Guadalupe,

que seas tú quien intervenga para que

estos bebés crezcan sanos,

fuertes y llenos de vida;

que el tiempo que les faltó

por permanecer en el vientre

no sea un impedimento

para su completo y total desarrollo físico y mental;

que siempre estés tú a su lado, cuidándolos,

protegiéndolos, sanándolos y llenándolos

de amor y de salud perfecta.  


Confío plenamente a ti, Virgen de Guadalupe,

estas nuevas vidas que ahora son vida,

esperanza y alegría de sus padres y familiares.  

Amén. 

jueves, 12 de diciembre de 2024

Papa Francisco en homilía, 12-12-2024: «El misterio guadalupano es para venerar a la Virgen que en las dificultades y durante la vida nos dice: ‘No tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?’»

12 de diciembre de 2024.- (Camino Católico)  Ante miles de fieles, presentes en la misa en la memoria de Nuestra Señora de Guadaluoe, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, Francisco ha recordado en su homilía improvisada que el misterio guadalupano es para venerar a la Virgen que en las dificultades y los momentos felices de la vida nos dice: “No tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”, pero "lamentablemente tantas ideologías han querido derivar para sacar provecho ideológico". En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa 

BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DE GUADALUPE

SANTA MISA

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Basílica de San Pedro
Jueves, 12 de diciembre de 2024


Mirando la imagen de María, María de Guadalupe embarazada, que anuncia el nacimiento del Salvador, como madre.

Con qué ternura le dice al Indio: «No tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?» (Nican Mopohua, 118-119). Aquí se revela la maternidad de María. Y sobre este misterio de Guadalupe, que lamentablemente tantas ideologías han querido derivar para sacar provecho ideológico, me vienen en mente tres cosas sencillas, pero que hacen al mensaje: la tilma, la Madre y la rosa. Cosas muy sencillas.

La maternidad de María queda grabada en esa tilma sencilla. La maternidad de María se muestra con la belleza de las rosas que el Indio encuentra y lleva; y la maternidad de María hace el milagro de llevar la fe a los corazones, un poco incrédulos, de los prelados.

La tilma, la rosa, el Indio. Todo lo que se diga del misterio guadalupano, más allá de esto, es mentira, es querer usarlo para ideologías. El misterio guadalupano es para venerarla, y para escuchar en nuestros oídos: «¿acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?». Y eso hay que escucharlo en todos los momentos de la vida: los diversos momentos difíciles de la vida, los momentos felices de la vida, los momentos cotidianos de la vida. «No tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?». Y este es el mensaje guadalupano. Lo demás, son ideologías.

Nos vamos con la imagen de la Señora en la tilma del Indio; y escuchando, como en una cantinela, que con voz repetitiva nos dice: «No tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?». Que así sea.

Francisco



Fotos: Vatican Media, 12-12-2024


Foto: Vatican Media, 12-12-2024

12 de diciembre de 2024.- (Camino Católico) El Papa Francisco ha presidido esta tarde, en la Basílica de San Pedro, la misa en la memoria de Nuestra Señora de Guadalupe ante miles de fieles presentes. Francisco ha recordado en su homilía improvisada que el misterio guadalupano es para venerar a la Virgen que en las dificultades y los momentos felices de la vida nos dice: “No tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”, pero "lamentablemente tantas ideologías han querido derivar para sacar provecho ideológico". En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.

Oración de San Juan Pablo II a la Virgen de Guadalupe y otras dos para pedir su protección y por las madres gestantes

Camino Católico.-  Cada 12 de diciembre la Iglesia celebra a María, la Madre de Dios, bajo una de las advocaciones más populares y queridas en el mundo: la Virgen de Guadalupe. Siendo Ella baluarte de la identidad católica de América, ha trascendido las fronteras del mundo hispánico para colocarse en el centro mismo de lo que San Juan Pablo II llamó “Nueva Evangelización”, vocación de la Iglesia toda.

La devoción a la Virgen de Guadalupe tiene su origen en las apariciones de Nuestra Señora acontecidas entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531 en las faldas del cerro del Tepeyac, ubicado al norte de la Ciudad de México.

Milagrosamente la imagen de la Virgen aparecida quedó impresa en el manto de un indígena chichimeca de nombre Juan Diego, quien llegaría después a los altares. Esa imagen se conserva hasta hoy en la basílica construida en honor a la Virgen en el lugar donde apareció.

Madre que consuela y anima

Cuando el mundo de hoy aparece sumido en una profunda crisis de valores, y los retos ponen a prueba nuestra fe, es necesario hacer silencio en el corazón y recordar que Dios nos ha puesto bajo los cuidados de su Madre. ¡Cuánto consuelo podemos hallar en las palabras de la Virgen del Tepeyac dirigidas a San Juan Diego, vidente de Guadalupe!:

“No se entristezca tu corazón… ¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”.

Con ese cariño animó la Virgen al afligido Juan Diego aquel 12 de diciembre de 1531, igual como hace hoy con nosotros, peregrinos en el mundo. Las palabras de María deben recordarnos además que Jesús está de lado de quienes quieren de la tierra un lugar mejor.

Por eso hoy elevamos una oración a la Emperatriz de América y Patrona de México para dar gracias por el milagro de Guadalupe: por haber dejado su rostro grabado no solo sobre una tilma sino también en nuestros corazones, en el alma de una nación y en el alma de todo un Continente, su cultura y su fe. María de Guadalupe es señal irrefutable de cuánto Dios ama a sus hijos.

Un poco de historia sobre las apariciones

Una década después de iniciada la conquista de México, los misioneros españoles se encontraban frente a una difícil situación. El esfuerzo evangelizador, por distintos y complejos motivos, no había producido los frutos esperados.

Entre otras cosas, pesaban sobre la conciencia de los conquistadores los innumerables pecados cometidos contra los indígenas, así como las contradicciones propias de la ambición desmedida y el ansia de poder. En ese contexto, los misioneros experimentaban el desconcierto a causa de las escasas -o poco sólidas- conversiones.

Contra cualquier cosa que podría haberse esperado, todo empezó a cambiar desde el 9 de diciembre de 1531. Sería la Madre de Dios quien personalmente variaría el curso de la evangelización y de manera definitiva.

En el lugar llamado Tepeyac, María Santísima se le apareció a un campesino chichimeca de nombre Juan Diego, recién convertido al cristianismo. Para Juan Diego aquella mujer era “la Señora”, a quien miró con respeto, pero quizás también con un poco de lejanía. Ella, mientras tanto, quería tocar su corazón: se presentaba a sí misma como “la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios”.

“La Señora” le encomendó a Juan Diego que pidiese al obispo capitalino, el franciscano Juan de Zumárraga, que mandara construir una iglesia dedicada a Ella, en el mismo lugar en el que había aparecido. Juan Diego comunicó esto al obispo, pero no le creyó. En la siguiente aparición, la Virgen le solicitó a Juan Diego que insistiera. Un día después, Juan Diego volvía a encontrarse con el prelado sin lograr que cambiara de posición.

El martes 12 de diciembre, la Virgen se le presentó nuevamente para darle consuelo y esperanza. Juan Diego, reconfortado, le confesó a la “Señora” que tenía a su tío muy enfermo y que había intentado evitar un encuentro con ella por ese motivo.

Ella, entonces, le pidió que subiera a la cima del monte de Tepeyac, que recogiera flores y se las llevara consigo. Aunque el pedido parecía descabellado -era invierno y los campos no florecen-, San Juan Diego obedeció. Al llegar al sitio indicado encontró un brote de flores muy hermosas, las colocó en su tilma y se las llevó al obispo, tal y como la Virgen se lo había pedido.

Estando frente al prelado, San Juan Diego desplegó la parte delantera de su “tilma” dejando descubrir su carga. Las flores cayeron, pero algo inesperado ocurrió: en el tejido de la tilma había quedado impresa la imagen de la “Señora”, la Virgen María. Frente a los ojos de Monseñor Zumárraga y de los ocasionales testigos de la escena, lo sucedido era, por decir lo menos, “inusual”.

La imagen mostraba a la Virgen María como una mujer de tez morena, con rasgos mestizos; adornada como una reina, de pie sobre una media luna y sostenida por un ángel. Los presentes cayeron de rodillas impactados por aquello que estaban viendo. Mons. Zumárraga, conmovido, pidió perdón por su actitud inicial.

Al día siguiente, el Obispo Zumárraga, acompañado de Juan Diego, visitaría el lugar de las apariciones en el monte del Tepeyac. Allí, dio la orden para la construcción del templo, mientras los primeros hombres se ofrecían para realizar la obra. Luego, Juan Diego se marchó presurosamente a ver a su tío Juan Bernardino, que había estado muy enfermo. Al llegar, lo vio recuperado, de pie y evidenciando salud. ¡La Virgen había hecho el milagro!

Juan Bernardino le contó a su sobrino que había visto también a la “Señora” y que Ella le pidió que testimoniara su curación al obispo.


Significado

La presencia de la Virgen de Guadalupe en ese momento, y a lo largo de la historia de la Iglesia en América, ha representado una fuente de fuerza inagotable, capaz de renovar una y otra vez el impulso evangelizador.

Desde las apariciones, la Virgen se convirtió en la protagonista y la artífice de la reconciliación entre nativos y españoles, entre las culturas originales y la cultura occidental.

María de Guadalupe ha sido el catalizador del más rico y floreciente mestizaje; la prueba de que el Evangelio puede hundir sus raíces en las culturas, humanizarlas y coronarlas de grandeza; el sello indeleble de que la Buena Nueva es para todos. En los 7 años posteriores a las apariciones, millones de indios se convirtieron a la fe católica y se bautizaron. Fue una eclosión de fe que evoca la predicación de los Apóstoles después de Pentecostés.

La Virgen nos escucha, pero también habla y nos manda una tarea

“Mucho quiero, ardo en deseos de que aquí tengan la bondad de construirme mi templecito, para allí mostrárselo a ustedes, engrandecerlo, entregárselo a Él, a Él que es todo mi amor, a Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, a Él que es mi salvación (...) Porque en verdad yo me honro en ser madre compasiva de todos ustedes, tuya y de todas las gentes que aquí en esta tierra están en uno, y de los demás variados linajes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que me honren confiando en mi intercesión. Porque allí estaré siempre dispuesta a escuchar su llanto, su tristeza, para purificar, para curar todas sus diferentes miserias, sus penas, sus dolores” (Palabras de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego).

¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Reconstruyamos con Ella la Iglesia!


Oración de San Juan Pablo II 

¡Oh Virgen de Inmaculada,
Madre del verdadero Dios y Madre de Iglesia!
Tú, que desde este lugar manifiestas
tu clemencia y tu compasión
a todos los que solicitan tu amparo;
escucha la oración que con filial confianza te dirigimos,
y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso,
a Ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores,
te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos,
nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos;
ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado,
Señora y Madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino
De una plena fidelidad a Jesucristo a su Iglesia:
No nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos
Los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos
de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios
y a las almas.

Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

Concede a nuestros hogares
la gracia de amar y de respetar la vida que comienza
con el mismo amor con el que concebiste en tu seno
la vida del Hijo de Dios.
Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias,
Para que estén muy unidas, y bendice a la educación de nuestros hijos.

Esperanza nuestra, míranos con compasión,
Enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos
a levantarnos, a volver a Él, mediante la confesión de nuestra culpas
y pecados en el sacramento de la Penitencia,
que trae sosiego al alma.

Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande a todos los santos sacramentos,
Que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.

Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia,
Con nuestros corazones libres de mal y de odios,
Podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz,
que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
que con Dios Padre y con el Espíritu Santo,
vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén

Juan Pablo II

México, enero de 1979

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Oración invocando la protección   

Virgen Santísima de Guadalupe, Madre de Dios, Señora y Madre nuestra. Venos aquí postrados ante tu santa imagen, que nos dejaste estampada en la tilma de Juan Diego, como prenda de amor, bondad y misericordia. Aún siguen resonando las palabras que dijiste a Juan con inefable ternura: "Hijo mío queridísimo, Juan a quien amo como a un pequeñito y delicado," cuando radiante de hermosura te presentaste ante su vista en el cerro del Tepeyac.

Haz que merezcamos oír en el fondo del alma esas mismas palabras. Sí, eres nuestra Madre; la Madre de Dios es nuestra Madre, la más tierna, la más compasiva. Y para ser nuestra Madre y cobijarnos bajo el manto de tu protección te quedaste en tu imagen de Guadalupe.

Virgen Santísima de Guadalupe, muestra que eres nuestra Madre. Defiéndenos en las tentaciones, consuélanos en las tristezas, y ayúdanos en todas nuestras necesidades. En los peligros, en las enfermedades, en las persecuciones, en las amarguras, en los abandonos, en la hora de nuestra muerte, míranos con ojos compasivos y no te separes jamás de nosotros.

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Oración en vídeo por las madres gestantes