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viernes, 13 de diciembre de 2024

Carla Restoy: «No conocía a Dios, mi serie favorita era ‘Sexo en Nueva York’, me di cuenta de que era atea, leí el Evangelio y me fui enamorando, me topé con Jesús, con ese Dios que viene a salvarme y a sanarme»


Carla Restoy no conocía a Dios ni a ningún católico, se identificó como atea / Fotografía: Dani García

* «Tuve dos asignaturas que nos hacían pensar: Filosofía e Historia y Cultura de las Religiones. Tenía mucho tiempo libre. Pude detenerme a pensar. Mi corazón efervescente en el fondo buscaba respuestas. Nos hablaron de las cinco vías de santo Tomás que demuestran por qué es razonable la existencia de Dios. Fue una bomba. Y esos prejuicios fueron cayendo. Luego leí a Chesterton y cuando contaba lo que le pasó, me sentí identificada: yo tenía muchos prejuicios frente la Iglesia católica que no sabía de dónde venían y me puse a investigar si eran verdad o no. Tenía un deseo muy grande de tener esa filiación divina. Fue un proceso de dos años. Llevaba toda mi vida pensando que todo era relativo, pero empecé a darme cuenta de que sí podía haber verdades objetivas, leyes en el corazón. Lo descubrí en santo Tomás, pero también en san Agustín. Al leer las Confesiones de repente todas las piezas se iban encajando…  A los 17 años, en la Vigilia Pascual de 2014, recibí el Bautismo, la Comunión y la Confirmación» 

Camino Católico.- Carla Restoy nació en Barcelona. Tiene apenas 28 años, y desde hace once es católica. La suya es una conversión peculiar, pues se produjo en plena adolescencia, tras una búsqueda intelectual sincera. Primero llegó la conversión de su mente y después la gracia que transformaría su existencia. Esta joven de la Generación Z creció en un ambiente no cristiano. No sólo su familia no era creyente, sino que no conocía a nadie que fuera a misa. Santo Tomás de Aquino y san Agustín fueron sus  “padrinos”  en este proceso. Su familia pensó que su bautizo sería una “chiquillada” que pronto se le pasaría. Pero cada día que pasaba más se enamoraba de este Dios que había descubierto. Y ese amor que desbordaba su corazón tenía que darlo a conocer a todo el mundo, especialmente a su generación. Primero en su entorno, y luego en sus redes sociales, donde habla de sus  “intuiciones”  a miles de seguidores.

Esta joven, que actualmente es directora de Bosco Arts, fundación que “ayuda a detectar lo bello, lo verdadero y lo bueno”, ha dado un paso más exponiéndose al escarnio en programas de televisión de las principales cadenas de televisión a donde ha acudido a hablar con total naturalidad de su virginidad y de su fe, o de temas nada políticamente correctos como el aborto. Entrevistada por Javier Lozano en Misión sobre si merece la pena, Carla lo tiene claro:  “Merece la vida. Es un acto de justicia. La gente merece saber la verdad”.

- ¿Cómo fue su infancia? - Muy feliz. Fui una niña muy querida. Mis padres, por coherencia de vida, decidieron que no me iban a bautizar. No sabían lo que era el bautismo; no eran creyentes. Y ninguno de mis cuatro abuelos iba a misa.

- ¿Tampoco le hablaban en el colegio?

- Iba a un colegio laico donde no nos hablaban de Dios. Aunque es cierto que mi abuela alguna vez rezaba el Padrenuestro, pero porque una hija suya murió y decía que lo necesitaba “para sobrevivir”.

- ¿Qué conocía de Dios y de la Iglesia?

- Prácticamente nada. Entre las dos clases de mi curso sólo cuatro alumnos hicieron la Comunión. Fui creciendo con la idea de que la religión era para gente tonta, pobres personas que no habían pensado mucho, o para gente que había sufrido mucho, como mi abuela. Para mí la Iglesia católica era una institución carca, y veía bien que se estuviese extinguiendo.

- Los prejuicios habían calado en usted.

- Sí, pero por desconocimiento. No por mis padres directamente, sino por el entorno. De hecho, mis padres me decían que cuando fuera mayor decidiera mi religión. Aunque mi padre me decía:  “Lo que quiero es que seas una niña buena, libre y feliz”, y para ello la religión no le parecía “necesaria”.

Carla Restoy empezó sin saberlo un camino para conocer a Dios como consecuencia de una operación / Fotografía: Dani García

- ¿Qué referentes tenía?

- No conocía ni a Dios ni a nadie católico ni a nadie que fuese a misa. Si mi infancia fue muy bonita, mi adolescencia no tanto, porque era bastante rebelde. A partir de los 12 años mi serie favorita era Sexo en Nueva York, y en mi adolescencia bebí de la idea de mujer, sexualidad y estilo de vida que proponía.

- ¿Y qué ocurrió para que cambiara?

- A los 15 años tuvieron que operarme de escoliosis. Estuve dos meses enyesada, y luego dos años con un corsé. Hice un parón en plena adolescencia. Por un lado, dejé de hacer las cosas que hacía con mis amigas. Y por otro, por primera vez tuve dos asignaturas que nos hacían pensar: Filosofía e Historia y Cultura de las Religiones. Tenía mucho tiempo libre. Pude detenerme a pensar. Mi corazón efervescente en el fondo buscaba respuestas.

- ¿Qué pasó entonces?

- Nos hablaron de las cinco vías de santo Tomás que demuestran por qué es razonable la existencia de Dios. Fue una bomba. Y esos prejuicios fueron cayendo. Luego leí a Chesterton y cuando contaba lo que le pasó, me sentí identificada: yo tenía muchos prejuicios frente la Iglesia católica que no sabía de dónde venían y me puse a investigar si eran verdad o no.

- ¿A dónde llegó?

- Sin saberlo, me puse en una búsqueda intelectual, y también desde la experiencia. Veía los dramas de mis amigas… Alguna ya había abortado, y entendí que la propuesta de Sexo en Nueva York no encaja con lo que realmente experimentamos. Me di cuenta de que era atea, pero no sabía por qué.

- ¿Le costó tiempo descubrirlo?

- Fue un proceso de dos años. Llevaba toda mi vida pensando que todo era relativo, pero empecé a darme cuenta de que sí podía haber verdades objetivas, leyes en el corazón. Lo descubrí en santo Tomás, pero también en san Agustín. Al leer las Confesiones de repente todas las piezas se iban encajando…

-Su padre le decía que podía escoger su religión. ¿Encontró otras “propuestas”, además del catolicismo?

- El budismo y el yoga estaban de moda. Tenía una amiga que hacía meditación trascendental y me decía que tras las meditaciones acababa descolocada.  Y yo en plena búsqueda me pregunté qué sentido tenía acabar “descolocada”… Fui viendo que el yoga no me hacía mejor persona ni respondía a la verdad.

- ¿Y no notaba eso en el cristianismo?

- No. La visión de la Iglesia sobre quién es la persona sí me encajaba. Empecé a entender la idea de concupiscencia y también la de redención. Por mi propia historia personal todo esto tenía sentido de forma razonable, aunque no había recibido aún la gracia.

- ¿Qué la conquistó finalmente?

- La idea de una Revelación tenía mucho sentido para mí. Es verdad que desde pequeña siempre he visto que la vida es un milagro, me gusta la naturaleza y era muy sensible a la belleza, por lo que no veía descabellado que pudiera existir un Creador.  Al final me topé con Jesús, con ese Dios que viene a salvarme y a sanarme. 


Carla Restoy recibió el bautismo, la Comunión y la Confirmación a los 17 años / Fotografía: Dani García

- Todo esto que descubrió por su cuenta, ¿cuándo lo unió a la Iglesia?

- Ya valoraba el cristianismo, pero no a la Iglesia católica. Casualmente, conocí a un sacerdote con el que empecé un acompañamiento espiritual, y luego comencé a asistir con un grupo de jóvenes. Vi que ahí había vida, que lo que a mí me cuadraba a nivel racional allí se concretaba en un amor muy genuino, en el  “mirad cómo se aman”.

- ¿Y cuándo recibe el bautismo?

- A raíz de ir leyendo el Evangelio me fui enamorando. Tenía un deseo muy grande de tener esa filiación divina.  A los 17 años, en la Vigilia Pascual de 2014, recibí el Bautismo, la Comunión y la Confirmación.

- ¿Qué recuerda de ese momento?

- Me sentí muy querida, muy acogida. Fue una maravilla que vinieran amigos que no creen, y también mis padres.

- ¿Se sintió incomprendida?

- En cierto modo sí, porque mi forma de vida cuestionaba la de mis amigas. Pero luego venían a mí a contarme sus problemas. Mis padres lo veían como la chiquillada de una niña adolescente. El problema se dio cuando después vieron que iba en serio. Entonces empezaron a asustarse. Pero ahora lo llevan mucho mejor. De hecho, mi hermana pequeña se bautizó hace dos años.

- ¿Qué le costó más una vez se hizo católica?

- La sensación de ver lo que teníamos y que muchos católicos no valoraban, como la misa, la adoración al Santísimo. Me preguntaba: ¿cómo no pueden estar enamorados de Dios?

- Este celo la ha llevado a defender la virginidad en televisiones nacionales…

- Es importante decir al mundo que la virginidad no es algo que se pierde, es algo que se entrega. No tienes un cuerpo, eres un cuerpo. El más grande de los gestos corporales es precisamente ese abrazo sexual. Si no lo vives en la verdad, te acabarás arrepintiendo, porque el sexo está hecho para vivirlo con la persona a la que le entregas tu vida.

- ¿Cómo le haría ver a un adolescente la importancia de esa espera?

- ¡Qué maravilla es que tengamos la inteligencia y la voluntad para poder orientar esa pulsión inicial y esa reacción del cuerpo hacia lo que realmente tu corazón quiere! Que te atraiga un chico no es malo, lo que es malo es animalizarnos y no orientarlo hacia un fin último. A los jóvenes les diría: “Piensa en el largo plazo; para y piensa”.

- ¿Se sintió un bicho raro en la tele?

- Para nada. Al contrario, si no me he acostado con nadie es porque no he querido y porque aspiro a una entrega mucho más grande. Mucha gente cree que esta visión está ya “superada” porque en realidad no lo han entendido. Y ahí veo que tengo una misión: intentar mostrarlo.

- En esta misión en televisión también habla de Dios, del aborto…

- ¡Pude hablar incluso de la Eucaristía! Ha sido el mejor momento de mi vida, hablar del gran milagro que es. Creo que muchos católicos tenemos miedo al martirio. Ojalá llegue al Cielo y pueda llegar desgastada de anunciar la Verdad. Cuando estoy en misa y veo el cuerpo de Cristo cómo se rompe, ¿cómo no me voy a romper yo?

- ¿Merece la pena esta entrega total?

- Merece la vida. Es un acto de justicia. La gente merece conocer la Verdad. Espero que esto sirva para que mucha gente se anime a salir y defender públicamente estas verdades.

- ¿Por qué cree que los católicos tienen miedo a exponerse?

- Cada vez encuentro más personas dando la cara, sobre todo entre los jóvenes. Como se han visto tan desencantados, cuando descubren el contraste, la verdad, la vida y la belleza dan su vida por ello.

- ¿Qué le ayuda para esta misión?

- La misa diaria. Sin ella me muero. También mi dirección espiritual, mis amigos, mi formación. Necesito tener bases sólidas. Y luego, evidentemente, tener una comunidad de fe.

Carla Restoy acude a veces a televisiones nacionales donde defiende la verdad del evangelio / Fotografía: Dani García

- Actualmente la definen como “influencer católica”. ¿Qué significa eso para usted?

- Soy una católica normal y estoy en redes como una joven normal. Quiero ser un trampolín para que la gente viva su santidad en lo real. Deseo que la gente cuando vea alguna publicación deje el móvil y diga: “Quiero vivir mi vida real desde ese amor que ha descubierto esta chica”.

- ¿Encuentra algún peligro en ese mundo virtual?

- Sí, y de hecho soy la primera que dice que en el momento en el que esto me aleje de mi familia, de mi realidad, de mi relación con Dios, lo dejo. Pero hoy me siento llamada a comunicar ahí el bien que he descubierto. Y por ahora no me ha hecho daño. Lo que sí me da pena es que haya gente que pueda idealizarme, porque quienes me conocen saben que soy un desastre.

- Igualmente ofrece charlas a jóvenes…

- Me sentí muy engañada durante mi adolescencia. Y si a mí me han engañado, han engañado a bastante gente. Tengo un anhelo tremendo de compartir con el mundo entero esta belleza que a mí se me ha regalado. Estoy feliz de anunciar a los cuatro vientos lo que me ha sucedido, lo que vivo, con quien me he encontrado, y que todo eso remita a la fuente.

- A las chicas les habla de feminidad. ¿Cómo acogen esta visión?

- Cuando les hablas de lo que viven en plena adolescencia me dicen: “No me estás mintiendo, me estás contando algo que vivo”. Así puedes ayudarlas a cambiar un poco la mirada y orientarla. Muchas chicas me han escrito después porque lo que les cuento les ha ayudado a transformar su vida.

- ¿Cómo ve a su generación?

- El joven posmoderno de hoy se siente solo, como un individuo lanzado al azar. Esa es la gran mentira. Le han quitado su raíz, su herencia, su identidad… Hay una rotura de los vínculos tan grande que está como desvinculado, se siente desamparado e intenta protegerse buscando vías que le den comodidad. Por eso el joven ya no es tan inconformista. Nos han quitado la épica y la posibilidad de formar parte de una gran aventura.

- ¿Qué fortalezas ve en la juventud?

- El joven que no es cristiano desconoce por igual a Buda que a Cristo. Ni siquiera tienen prejuicios porque ni saben qué es la Iglesia. Por eso veo una gran oportunidad de anunciar la Buena Nueva por primera vez sin los prejuicios que tenían otras generaciones. 

Educar la mirada

Carla dirige la Fundación Bosco Arts y uno de los proyectos que ha creado con más ilusión es el de Educar la Mirada, dirigido a alumnos, profesores y padres. “Hemos visto la necesidad de fomentar el pensamiento crítico a la hora de consumir contenido audiovisual y con este proyecto transmitimos que hay un mensaje muy potente tras las series y películas que vemos”, señala. Con esta iniciativa pretenden entrenar esta mirada para “saber descifrar” ese contenido que “puede introducirnos ideas de manera subliminal si no tenemos la capacidad de filtrar, interiorizar y pensar”, explica.

Marita Bosch, misionera laica en la Amazonia: «En medio de un basural en Paraguay, junto a los pobres, encontré a Dios de ‘frente’, muy de cerca, y aquellos rostros despertaron mi vocación»


Marita Bosch, misionera laica en la Amazonia

* «Uno de los consejos que me dieron me ayudan como misionera laica: ‘Bajar al encuentro de Dios’ – este punto me ha dado mucha luz: ‘Marita, cuando sientas que te estás perdiendo, baja al encuentro del Señor en los pobres y excluidos’. Bajar a aquellos rostros concretos donde Dios se me ha hecho y se me sigue haciendo tan presente. Ellos me ayudan a reubicarme en el sentido profundo de mi vida y de mi misión en este mundo como mujer creyente, como mujer misionera, discípula del Señor… Y en todas esas experiencias tenía la pregunta y el discernimiento “clavado” profundamente en mi corazón y oración, ¿dónde me quieres Señor?  Y como toda vocación, ésta ha ido madurando poco a poco. ¡Dios es fiel! Veo cómo este largo proceso también fue necesario para discernir y preparar mi corazón para asumir hoy, con alegría y libertad, esta vocación, saliendo de mi zona de confort, dejando la seguridad que me daba mi trabajo en el Colegio San Ignacio de Loyola de Puerto Rico, en el área de la pastoral durante 6 años» 

Camino Católico.- Marita Bosch, misionera laica, lleva 9 años trabajando en la Amazonia con el Equipo Itinerante. Desde sus inicios en un basural de Paraguay, su vocación se ha centrado en servir a los más pobres. En la Amazonía, enfrenta desafíos ambientales y sociales, viviendo una espiritualidad de presencia gratuita y conexión con los excluidos. Cuenta su testimonio en primera persona en Omnes.

Mi nombre es María del Mar Bosch, pero me conocen por Marita. Nací en 1973 en Valencia, España, aunque crecí en Puerto Rico. Soy misionera laica y ya hace 9 años que estoy en la Amazonia como parte del Equipo Itinerante. 

Estudié pedagogía en la Universidad Loyola de Nueva Orleans, Estados Unidos (1991-1995). Desde el comienzo de mis estudios tenía una certeza interior que me daba paz: cuando me graduara, iba a tener una experiencia de misión. Era una intuición interna que me guiaba y que, aunque no sabía bien cómo se daría, me daba claridad. 

Pasaban los años de la universidad y yo cultivaba ese deseo en mi corazón y buscaba oportunidades queriendo responder a aquella profunda inquietud. En mi último semestre de estudios tuve la bendición de conocer a un jesuita, Fernando López, quien me invitó a ir a Paraguay donde él ya llevaba viviendo 10 años. Así que, después de graduarme con 21 años, fui a vivir durante seis meses a una comunidad con jesuitas, laicos y laicas, ubicada en el gran vertedero de basura de Cateura, en las favelas del Bañado Sur de Asunción, capital del país. 

Paraguay

El basural y las personas que trabajaban allí, sin decir muchas palabras, cuestionaban mi vida. Las personas del vertedero recogían la basura y separaban los materiales reciclables para venderlos. A menudo, también encontraban bebés dentro de las bolsas que llegaban en los camiones de basura que habían sido abortados o asesinados al nacer y arrojados como basura en los contenedores distribuidos por la ciudad, especialmente de los barrios más ricos… Los fetos eran recogidos por los recicladores, gente pobre, sencilla y humilde; limpiaban los cuerpecitos, los vestían con ropas blancas y los colocaban en un pequeño ataúd fabricado por ellos; los velaban y rezaban toda la noche; los “bautizaban” poniéndoles un nombre y, así, pasaban a ser sus «angelitos»; finalmente, los enterraban en el patio de sus casitas.  

De más está decir que toda aquella realidad me golpeó e interpeló. El olor fuerte que expelía la basura hacía reaccionar a mi cuerpo. Pero el impacto mayor fue que en medio de la basura, bajando junto a los pobres y empobrecidos, encontré a Dios de “frente”, muy de cerca. Aquellos rostros fueron despertando mi conciencia y mi vocación misionera. Seis meses allí me marcaron y me dieron el rumbo y los elementos fundantes y esenciales de mi vida. Me confronté con preguntas profundas: ¿qué voy a hacer con mi vida? ¿qué quieres de mí, Señor? Dentro de la basura, con los «desechados» por la sociedad, había encontrado el sentido de mi vida. 

Marita Bosch con la guitarra

Tocar a los pobres

Los pobres ya no eran abstractos, sino rostros concretos, amigas y amigos, familias queridas con las que había historias compartidas; tenían olores y colores, sonrisas y dolores; eran mis hermanos y hermanas. Y esto trastocaba mi día a día y daba profundidad a lo que vivía. Escuchar una petición en la misa “por los pobres”, ya no sería lo mismo. Ahora había un vínculo afectivo y efectivo con ellos; un compromiso vital con los pobres sellado por el Señor. 

Después de 6 meses en Paraguay, debía regresar a Puerto Rico. Primero, porque tenía que pagar los préstamos de la universidad. Segundo, porque le había prometido a mi familia (en especial a mi mamá) que regresaba. Sin embargo, lo que más pesó para mi regreso a Puerto Rico fue el cuestionamiento de un matrimonio de la Comunidad de Vida Cristiana Paraguay que colaboraba en la favela en la radio comunitaria “Solidaridad”.

Ellos adoptaron una bebé – bautizada como Mará de la Paz – encontrada viva en una cajita en medio de la basura. Ella fue presentada como signo de vida en la ordenación sacerdotal de Fernando López sj realizada en medio del basural. Un día el matrimonio me preguntó: “¿En tu país tú has visto una realidad como esta?” Y ante mi respuesta negativa, insistieron: “¿Pero, has buscado? “¡Pues no!” – les dije. Eso me hizo regresar a mi país con otra mirada y, sobre todo, con otras búsquedas.

Puerto Rico

El regreso a Puerto Rico era confrontarme con mi realidad. Me daba miedo. Pensaba que todo lo vivido en el basural podía quedar solo en una simple experiencia de juventud. Tres consejos me ayudaron y me ayudan hoy como misionera laica:

1) La oración, que hoy día, desde mi experiencia en la Amazonia y como parte de un equipo itinerante, me habla de una espiritualidad a la intemperie;

2) La comunidad, el “hacer comunidad en el camino” e ir compartiendo estas inquietudes y búsquedas con otras personas;

3) “Bajar al encuentro de Dios” – este punto me ha dado mucha luz: “Marita, cuando sientas que te estás perdiendo, baja al encuentro del Señor en los pobres y excluidos”. Bajar a aquellos rostros concretos donde Dios se me ha hecho y se me sigue haciendo tan presente. Ellos me ayudan a reubicarme en el sentido profundo de mi vida y de mi misión en este mundo como mujer creyente, como mujer misionera, discípula del Señor.

Marita Bosch, a la izquierda de la imagen

En esta nueva etapa de vida, de vuelta en Puerto Rico, mi corazón quedó movilizado y activamente inquieto, buscando cómo y dónde responder a lo que había «visto y oído». Así, abrí mi vida a varias experiencias cortas de voluntariado: El Salvador (1999), Haití (2001), Amazonia (2003), Nicaragua (2006) y nuevamente Amazonia (2015). También a varias experiencias de misión en mi país a lo largo de los años: en la cárcel, viviendo en barrios marginales con las Hermanas del Sagrado Corazón, en el grupo de canto de la parroquia, como ministra de la Eucaristía y ofreciendo clases de alfabetización.

Descubrir la vocación de misionera

Y en todas esas experiencias tenía la pregunta y el discernimiento “clavado” profundamente en mi corazón y oración, ¿dónde me quieres Señor?  Y como toda vocación, ésta ha ido madurando poco a poco. ¡Dios es fiel! Veo cómo este largo proceso también fue necesario para discernir y preparar mi corazón para asumir hoy, con alegría y libertad, esta vocación, saliendo de mi zona de confort, dejando la seguridad que me daba mi trabajo en el Colegio San Ignacio de Loyola de Puerto Rico, en el área de la pastoral durante 6 años.

Por fin, el Señor mostró el camino-río y llegué a la Amazonia en 2016. En los 9 años que llevo en la Amazonia como misionera laica, descubro que estar aquí es un privilegio. Es un privilegio poder unirme a esta diversidad de pueblos y culturas, diferentes formas de sentir, pensar, organizarse y vivir, de tener como mayor certeza la incertidumbre y de estar en el Equipo Itinerante frente a los desafíos y soluciones de los pueblos con los que estamos caminando y navegando con la intuición fundante del Equipo: «Anden por la Amazonia y escuchen lo que dice la gente; participen de la vida cotidiana de la gente; observen y registren todo cuidadosamente; sin preocuparse por los resultados y confíen en que el Espíritu mostrará el camino. ¡Coraje, comiencen por donde puedan!”. Claudio Perani SJ (fundador del Equipo Itinerante en 1998).

Impacto personal

Itinerando por los ríos y bosques de la Amazonia, por sus fronteras políticas impuestas, he visto una «radiografía» de este pulmón que se está enfermando a diario con la sequía extrema, los incendios, la tala, el agronegocio y los pesticidas, los grandes proyectos de puertos, carreteras, hidrovías e hidroeléctricas, minería y petroleras, garimpo y narcotráfico, etc. Quien manda es “don dinero”. Lo que importa es el lucro y beneficio de unos pocos sin importar la vida de los pobres, ni de los pueblos indígenas, ni de los otros seres que habitan en la Amazonia…

Marita Bosch está actualmente en el equipo itinerante de misioneros en la Amazonia

Estos años de misión me han ayudado mucho a crecer: encontrarme y enfrentarme con mis propios límites y contradicciones, fragilidades y vulnerabilidades, miedos y heridas que tengo que trabajar; vivir la misión desde una eficacia diferente, “eficacia de la presencia gratuita”; cultivar una espiritualidad a la intemperie que confía en que Dios nos espera a cada vuelta del río y en los otros diferentes; a rezar mi propia historia y sanarla. Es vivir en la (in)seguridad del Evangelio, en itinerancia geográfica e interior (que es la más difícil); con menos seguridad material, pero con mayor seguridad y alegría interior, llena de sentido y agradecimiento a Dios y a los pobres por haberme ayudado a encontrar mi camino.

Desde las itinerancias geográficas e interiores en esta Amazonia voy aprendiendo a caminar en eso que llamamos “sinodalidad”: caminar juntos en diversidad. Que solo es posible con la gracia de Dios y la “Alegría del Evangelio”; con la ayuda de mis hermanas y hermanos de misión-comunidad en el camino. Caminando juntos, confiando en el amor del Dios Padre-Madre, del Hijo y del Espíritu que nos acompaña en nuestras frágiles canoas.

Es una gracia estar aquí como misionera laica, pero es también una gran responsabilidad, sintiéndome como eterna aprendiz en el Equipo Itinerante, como parte y partera de estos nuevos caminos eclesiales de la REPAM, CEAMA, Red Itinerante de la CLAR-REPAM, etc. 

El Equipo Itinerante

En mis primeras experiencias de misión pensaba que yo iba sola. Yo, en carácter personal, sin ninguna institución, con mis propios medios y recursos. Mas cuando finalmente di el paso de formar parte del Equipo Itinerante, me dijeron que debía ser enviada y apoyada por una institución u organización.

El Equipo no es una institución, sino la suma de instituciones. Pero veo que, desde antes, ya fue con la mediación de otras personas que me ayudaron a hacer experiencias de misión: desde aquel jesuita que me invitó a aquella primera vez al basural de Cateura, donde me enamoré de la misión, pero también mi familia que supo acompañarme sin necesariamente entenderme, mi parroquia y amigos, familiares y personas que ni conozco… Gracias al apoyo de mucha gente, apoyo espiritual y económico, pero también de otras tantas formas de acompañamiento que he recibido, he podido llegar hasta aquí. Dios se sirve de muchas mediaciones.

Ha sido muy importante dejarme acompañar por el Dios presente en los pueblos diferentes con rostros concretos, que nos acogen en las otras orillas y en las distintas vueltas del río que no controlamos. Dios presente en las más diversas realidades y circunstancias: unas llenas de belleza, otras de injusticia, dolor y muerte, que agitan y empujan mi corazón para intentar ser instrumento dócil y fiel junto a los crucificados y los maderos cortados, “eficacia de la presencia gratuita” junto al Calvario de la Amazonia como las tres Marías y Juan (Jn 19,25). Solo así podremos ser semillas plantadas que hacen florecer la Ecología Integral que Dios soñó desde el principio y nos invita a cuidar. 

“Todo está interconectado” (LS, 16), nos dice el Papa Francisco en Laudato Si. Estoy segura de que todos estamos interconectados y que los problemas de esta selva tienen que ver con esa “otra selva de asfalto y hormigón”. También las soluciones están interconectadas. Y en la medida en que cada persona colocamos nuestra semilla, nuestros dones, en la selva donde Dios nos ha plantado, juntos construiremos esta Vida Abundante que Él nos ha prometido (Jn 10,10). Que seamos capaces de hacer silencio (como la semilla plantada) para escuchar Su Voz en el grito de los pobres y de la Madre Tierra violentada, en la voz de nuestros hermanos y hermanas más excluidos, vulnerables y olvidados. Ellos son los predilectos de Dios. Y Dios nos invita a ser misioneros y misioneras para, en el día-a-día, buscar, caminar, gastar y arriesgar nuestras vidas con ellos.

Marita Bosch

Misionera laica

Antonio Guillén padeció una meningitis, tuvo que dejar su trabajo de asesor financiero y ahora fabrica rosarios, orando y ofreciendo su enfermedad: «Dije: ‘Señor, si quieres esto para mí, yo lo acepto amorosamente»


Fotografía: Dani García - Misión

* «Vuelco mi cariño y los rosarios van cargados de mucha oración por la persona que me los pide y por su familia. No sé qué recorrido tendrá esta nueva actividad en la que estoy poniendo todo mi empeño, pero mi intención es contribuir para que el rezo del Rosario se ‘institucionalice’ en todos los hogares. Quiero extender esta devoción» 

Camino Católico.- Antonio Guillén sufrió una meningitis que lo dejó prácticamente sordo, lo que lo obligó a dejar su trabajo. En medio del sufrimiento y de la enfermedad halló una nueva misión. De asesor financiero ha pasado a fabricar rosarios: “Quiero extender esta devoción”, dice a Israel Remuiñán en la revista Misión.

ANTONIO GUILLÉN aprovecha que estamos en su casa para enseñarnos uno de sus rosarios. Lo muestra orgulloso: “Son de buena calidad, y lo mejor es que los hago con mucha oración”. Este es su trabajo ahora. Cualquiera que lleve más de un año y medio sin saber nada de su vida se sorprendería por dos cosas. La primera, por su nueva ocupación. La segunda, por verlo agradecido y contento. 

Una meningitis le cambió por completo la vida cuando menos se lo esperaba. La infección le atravesó el cráneo y le dejó prácticamente sordo: “No escucho nada de un oído y del otro sólo un 50%”. El golpe le llegó en el mejor momento de su vida, trabajaba como asesor financiero tecnológico y junto a su mujer Beatriz habían logrado ser padres, después de 16 años intentándolo.

“Es una niña milagro”, asegura Antonio refiriéndose a la pequeña de la casa. Desde que nos casamos, le pedimos al Señor ser padres. Pero llegó cuando él lo dispuso. Los médicos desde el primer día les dijeron que jamás podrían tener hijos: “Pero Dios siempre sabe más”. 

La pequeña Beatriz –que se llama como su madre– tenía seis años y ya había aprendido a rezar sola cuando la enfermedad golpeó a su padre. “Todo empezó por una otitis en la que el médico de cabecera me recetó un antibiótico y un analgésico para el dolor. Pasaban los días y no sólo no mejoraba, sino que iba a peor. Llegó un momento en que ya no comía y no me podía mantener en pie, y cuando hablaba, me costaba expresarme. Fue entonces cuando mi mujer me llevó al hospital. Ya estaba al límite. Allí entré semiinconsciente y tras varias analíticas me diagnosticaron una meningitis bacteriana. La infección me había atravesado el cráneo”, relata.

Ofrecer la enfermedad 

Al segundo día de estar ingresado descubrió que no oía nada del oído derecho, y muy poco del izquierdo. Antonio recuerda que su primera reacción fue decirle a su mujer que llamara a los médicos corriendo. “Estaba asustado. Ahí fue cuando me dijeron que no podría recuperar la audición. Al momento, sentí muchísima paz y lo primero que le dije a mi mujer fue que, si Dios quería esto para mí, yo lo acogía amorosamente. Nunca tuve miedo; empecé a rezar y ofrecer mi enfermedad por mis familiares, amigos y por toda la Iglesia”. 

Este padre de familia decidió abrazar su cruz desde el primer momento. Y eso que se trata de una cruz que inhabilita: vértigos, mareos y migrañas constantes que le obligaron a dejar su trabajo de toda la vida. La doctora le recomendó hacer alguna actividad manual porque era bueno que se concentrase en algo concreto. A Antonio se le ocurrió hacer rosarios. 

Su casa se ha convertido en un auténtico taller de rosarios de madera. “Se llama el taller de José, el nombre se le ocurrió a mi hija. Como san José era carpintero y nosotros trabajamos con madera, lo tenemos como protector”. Lo que empezó siendo una afición se ha convertido en su nueva ocupación: “Los vendo para cubrir los gastos del material”, explica Antonio. “Vuelco mi cariño y van cargados de mucha oración por la persona que me los pide y por su familia. No sé qué recorrido tendrá esta nueva actividad en la que estoy poniendo todo mi empeño, pero mi intención es contribuir para que el rezo del Rosario se ‘institucionalice’ en todos los hogares. Quiero extender esta devoción”, asegura. 

Un auténtico boom 

Lo que no se imaginaba Antonio es el boom que está experimentando en su taller. Cada vez recibe más pedidos. “Empecé haciendo rosarios poco a poco y ya empiezo a estar agobiado”, confiesa entre risas. También le llegan encargos de gente joven que “cada vez tiene más sed de Dios”. Hasta ahora ha hecho 30 rosarios y tiene pendientes otros 75 que le han encargado. Los hará. Ya va cogiendo velocidad de crucero y cada vez le cuesta menos.

“¿Sabe que cuando publiquemos este artículo le van a pedir más?”, le preguntamos. “Dios te oiga. Ya os pediré ayuda para llevar el gabinete de prensa”, responde con sentido del humor.

Dios en el sufrimiento 

Dice el pensador Fabrice Hadjadj que el hombre se encuentra con Dios en el desgarro, en su capacidad para pedirle explicaciones gritando en medio del sufrimiento. Es entonces cuando, según el intelectual francés, la persona siente la caricia amorosa del Señor en medio de la angustia y todo cobra sentido. Esto es precisamente lo que Antonio ha experimentado, la presencia de Dios en medio del sufrimiento: 

“Lo veo como un Padre amoroso, que quiere que todos sus hijos se salven. Sé que todo lo que ha puesto en mi camino no es para que sufra, sino un medio para que me una a Él en su cruz y llegar a ser cada día mejor hijo suyo”. 

El camino que le ha tocado a Antonio no es fácil. Los vértigos y las migrañas constantes hacen que sea una lucha diaria, para él y para su familia: “Hay días en los que me dan bajones y el demonio, que no es tonto, aprovecha para meterme estoques. Afortunadamente, vivir los sacramentos y rezar cada día el Rosario en familia me da la fuerza para levantarme y seguir luchando. No hay que tener miedo al sufrimiento”.

Homilía del P. Félix Castedo y lecturas de la Misa de hoy, viernes, Santa Lucía, 13-12-2024

13 de diciembre de 2024.- (Camino Católico) Homilía del P. Félix Castedo y lecturas de la Santa Misa de hoy, viernes de la 2ª semana de Adviento, Santa Lucía, virgen y mártir, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid. 

Santa Misa de hoy, viernes, Santa Lucía, 13-12-2024

13 de diciembre de 2024.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, viernes de la 2ª semana de Adviento, Santa Lucía, virgen y mártir, presidida por el P. Félix Castedo, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Dolorosos del Santo Rosario desde el Santuario de Lourdes, 13-12-2024


13 de diciembre de 2024.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario, correspondientes a hoy viernes, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

 

Palabra de Vida 13/12/2024: «No escuchan ni a Juan ni al Hijo del hombre» / Por P. Jesús Higueras


Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 13 de diciembre de 2024, viernes de la 2ª semana de Adviento, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.



Evangelio: San Mateo 11, 16-19:

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«¿A quién se parece esta generación?

Se asemeja a unos niños sentados en la plaza, que gritan diciendo:

«Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado».

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: «Tiene un demonio». Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: «Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores».

Pero la sabiduría se ha acreditado por sus obras».

Adoración Eucarística con el P. Jesús Luis Sacristán en la Basílica de la Concepción de Madrid, 13-12-2024

13 de diciembre de 2024.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. Jesús Luis Sacristán, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Sé consciente de la presencia de Dios, realiza todo para su gloria y honor / Por P. Carlos García Malo