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domingo, 4 de mayo de 2025

Misterios Gloriosos del Santo Rosario desde el Santuario de Lourdes, 4-5-2025

4 de mayo de 2025.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario, correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

Palabra de Vida 4/5/2025: «Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 4 de mayo de 2025, domingo de la 3ª semana de Pascua, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Juan 21, 1-19:

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberiades. Y se apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo; Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice:

«Me voy a pescar».

Ellos contestan:

«Vamos también nosotros contigo».

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice:

«Muchachos, ¿tenéis pescado?».

Ellos contestaron:

«No».

Él les dice:

«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:

«Es el Señor».

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.

Jesús les dice:

«Traed de los peces que acabáis de coger».

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice:

«Vamos, almorzad».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Homilía del evangelio del domingo: Llevar a todos los hombres al encuentro con Cristo resucitado para que, por medio de los sacramentos, compartan su vida, que es vida eterna, plenitud de vida / Por P. José María Prats

Domingo III de Pascua - C 

Hechos 5, 27b-32.40b-41 / Salmo 29  /  Apocalipsis 5, 11-14 / Juan 21, 1-19

P. José María Prats / Camino Católico.-  En este pasaje tan bonito del Evangelio de San Juan se nos comunica una enseñanza muy profunda sobre la misión de la Iglesia. Pero para poder adentrarnos en ella es necesario que nos fijemos en algunos detalles que están cargados de significado.

En primer lugar, es importante darse cuenta de que los discípulos que se encontraban reunidos junto al lago de Tiberiades eran justamente siete. El número siete, en la Biblia, indica plenitud y totalidad. El hecho de que siete discípulos salgan a pescar bajo la iniciativa de Pedro nos está indicando que la misión de la Iglesia es una tarea de todos los discípulos de Jesús que está liderada por aquél a quien Cristo ha puesto al frente de su Iglesia, es decir, por el apóstol Pedro, cuyo sucesor es el Santo Padre, el obispo de Roma.

Otro detalle importante es que los discípulos salen a pescar a oscuras y en toda la noche no consiguen pescar absolutamente nada. En la celebración de la Vigilia Pascual entramos en el templo a oscuras, significando con ello que Cristo todavía no había resucitado. La noche es, por tanto, un símbolo de la ausencia de Cristo resucitado, y cuando Él no está presente todos nuestros esfuerzos son vanos.

Cristo aparece en la orilla al amanecer significando que Él es la luz del mundo. Y cuando Él se hace presente y dirige la misión dando instrucciones que son acogidas por sus discípulos, entonces se produce el milagro de la pesca desbordante. 

Un detalle más difícil de descifrar es el de los 153 peces capturados. 153 es la suma de los 17 primeros números, y 17 es, a su vez, la suma de 10+7, dos números que representan plenitud y totalidad, con lo cual los 153 peces capturados significan la universalidad de razas y culturas alcanzadas por la misión. Y la fuerza de la red que es capaz de resistir sin romperse una carga tan pesada, nos indica que la Iglesia tiene la capacidad de congregar en ella a todos los hombres.

Finalmente, fijémonos en cómo Jesús resucitado pide a sus discípulos que acudan junto a Él a la orilla del lago arrastrando esa red repleta de peces que representa a todos los hombres que han acogido el anuncio del evangelio. Y allí les invita a participar de una comida que simboliza el banquete de la eucaristía. Esto nos está indicando que el objetivo final de la misión es llevar a todos los hombres a la orilla, es decir, al encuentro con Cristo resucitado para que, por medio de los sacramentos, compartan su vida, que es vida eterna, plenitud de vida. 

Por la misericordia de Dios, estamos entre esos 153 peces que han sido atrapados en las redes de los apóstoles y por eso estamos hoy aquí, en la orilla, junto a Cristo resucitado, compartiendo el banquete de la eucaristía que nos hace santos y sabios. Que este banquete sagrado sea siempre para nosotros la fuente secreta de nuestra fuerza, nuestra alegría y nuestra paz..

P. José María Prats


Evangelio

En aquel tiempo, se apareció Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. 

Simón Pedro les dice: 

«Voy a pescar». 

Le contestan ellos: 

«También nosotros vamos contigo». 

Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Díceles Jesús: 

«Muchachos, ¿no tenéis pescado?». 

Le contestaron: 

«No». 

Él les dijo: 

«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». 

La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. 

El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: 

«Es el Señor». 

Al oír Simón Pedro que era el Señor se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. 

Díceles Jesús: 

«Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». 

Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. 

Jesús les dice: 

«Venid y comed».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: 

«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?». 

Le dice él: 

«Sí, Señor, tú sabes que te quiero». 

Le dice Jesús: 

«Apacienta mis corderos». 

Vuelve a decirle por segunda vez: 

«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». 

Le dice él: 

«Sí, Señor, tú sabes que te quiero». 

Le dice Jesús: 

«Apacienta mis ovejas». 

Le dice por tercera vez: 

«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». 

Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». 

Le dice Jesús: 

«Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras». 

Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios.

Dicho esto, añadió: 

«Sígueme».

San Juan 21, 1-19

Los discípulos una vez vieron a Jesús resucitado y recibieron el Espíritu Santo no pudieron callar lo que experimentaron en sus vidas al lado de Jesús / Por P. Carlos García Malo

 


sábado, 3 de mayo de 2025

Cardenal Rolandas Makrickas: «El Papa Francisco me dijo: “La Virgen María me ha dicho: ‘Prepara tu tumba’; Estoy muy contento de que María no se haya olvidado de mí»


El cardenal Rolandas Makrickas contando a los medios lo que el Papa Francisco el 20 de mayo 2022

Camino Católico.- El cardenal lituano Rolandas Makrickas, arcipreste coadjutor de la basílica romana de Santa María La Mayor, ha confesado el viernes 25 de abril que el Papa Francisco eligió en 2022 ese templo como lugar de sepultura inspirado por la Virgen. «Él quería que su tumba respetara y hablara de su vida, sencilla y esencial», reconoce el purpurado en una declaración a los medios. 

El nombre de Makrickas es el único que aparece en el testamento del pontífice argentino, fallecido el pasado lunes y que desde este sábado reposa en un sepulcro abierto en la basílica romana de Santa María La Mayor, en vez de en la cripta vaticana. En sus últimas voluntades, difundidas por la Santa Sede, el Papa dejaba por escrito en su testamento espiritual que el coste del sepulcro sería afrontado por un benefactor desconocido y gestionado por el monseñor lituano. Así lo cuenta el cardenal Rolandas Makrickas en sus manifestaciones a los medios y que se ven en el vídeo:

Durante una de las reuniones, cuando le pregunté al Papa Francisco si no estaba pensando en tener su tumba aquí, debido a su fuerte devoción a la Virgen “Salus Populi Romani”, me dijo que pensaba que los Papas debían ser enterrados en la Basílica de San Pedro y que pensaba hacerlo de la misma manera. 

Pero después de una semana fue el 20 de mayo del mismo año que me llamó. Eran las 3 de la tarde en Santa Marta y me dijo: “La Virgen María me ha dicho: ‘Prepara tu tumba’” y añadió que: “Estoy muy contento de que María no se haya olvidado de mí”'. Y pidió encontrar el lugar adecuado donde pudiera estar su tumba. 

Y al principio dijo inmediatamente que no quería ser enterrado en la capilla, porque la capilla es para las celebraciones, para la Eucaristía y especialmente para el icono de “Salus Populi Romani”, y la gente debería venir aquí a rezar y venerar a la Virgen María y no mirar a la tumba de Pablo. Por eso quería que las tumbas estuvieran en algún lugar de la basílica, pero no en la capilla. 

Y encontramos el lugar que está entre la Capilla de “Salus Populi Romani” y la Capilla de Sforza. Y solía ser un lugar para diferentes servicios de la basílica, la pequeña habitación pequeña. 

Y cerca de este lugar, verás que hay un primer altar en este, en ese lado, está dedicado a San Francisco. Así que este lugar para el Papa Francisco parecía muy, muy, muy adecuado y perfecto para su tumba. 

Y después de diferentes reuniones para determinar cómo debía ser la Tumba y él pidió que la Tumba fuera sencilla y con cosas esenciales y que respetara su vida: “Humilde, sencilla y esencial”. 

Y por eso la tumba no es una gran obra de arte, sino muy esencial y muy sencilla. Podemos ver que sólo hay una inscripción, el nombre del Papa: «Franciscus», después esta la cruz que llevaba como Papa y como Obispo, y después del mármol hay una piedra de Liguria, que es la tierra de sus abuelos. Y así la tumba es muy esencial.

Cardenal Rolandas Makrickas

Marcelo Figueroa, pastor protestante: «Hace diez años me daban un año de vida y el Papa Francisco rezó por mí en el Vía Crucis del viernes santo y el cáncer agresivo que tenía desapareció»


Marcelo Figueroa junto al Papa Francisco en uno de sus encuentros

* «Prácticamente todos los días llamaba a mi casa para ver cómo estaba, que él seguía orando por mí. Bueno, esos gestos tan humanos, tan espirituales, tan profundos de él, que uno siempre guarda en el corazón» 

Vídeo de la Televisión Pública Argentina en el que Marcelo Figueroa cuenta su testimonio

Camino Católico.- El argentino Marcelo Figueroa, pastor protestante, amigo por décadas del Papa Francisco, relata cómo fue que las oraciones del Pontífice mediaron milagrosamente para su sanación de un cáncer agresivo. Ante la aparición de la enfermedad los médicos le pronosticaron que sólo  podría vivir un año. En el video de la Televisión Pública Argentina, Marcelo Figueroa cuenta su testimonio de cómo sanó.

El Papa oró por él y se curó. ¿Podemos hablar de un milagro? se pregunta el periodista argentino Guillermo Andino al iniciar su diálogo con Marcelo Figueroa, pastor protestante y amigo de Papa Francisco, quien afirma tener "un profundo sentimiento de orfandad" ante el fallecimiento del Pontífice.

Han sido 25 años en los cuales se forjó el vínculo entre Marcelo, protestante, y el Papa católico. Años de experimentar el diálogo interreligioso, forjando luego instancias para fortalecer el ecumenismo. A la par crecía espontáneo el íntimo afecto entre ambos. "Para mí fue un padre, un amigo. Él mismo decidió llamarme amigo", reitera Marcelo con voz emocionada.

Se puede comprender la intensa conmoción de este pastor protestante, tras escuchar su testimonio de cómo la impronta de Dios presente en el Papa Francisco marcó su alma, cuando por las oraciones del Pontífice fue sanado de cáncer, como él mismo lo relata:

Marcelo Figueroa y el Papa francisco saludándose en uno de los viajes apostólicos

«Mira, voy a rezar por vos. Ahora tengo que ir al Coliseo, cuando esté allí voy a rezar por vos»

Hace 10 años, justo el día de mi cumpleaños, el Papa Francisco  me llamó, como todos los cumpleaños. Y bueno, yo tenía que ir a buscar una biopsia... pero le dije que estaba todo bien, que se quede tranquilo, que seguramente no era nada. Bueno, no fue así, era un cáncer muy agresivo que en general porcentajes que dan era más o menos podía durar un año (...) Entonces yo le escribí a él, por supuesto pidiéndole oración. Justo estábamos en Semana Santa. Y bueno, él me llamó el día que va al Coliseo para el Vía Crucis de Viernes Santo. Yo estaba con mi señora y me llamó por teléfono y me dijo: «Mira, estoy vestido para salir al Coliseo, acabo de recibir tu carta y no puedo salir sin saber cómo estás». Le conté y me dijo: «Mira, voy a rezar por vos. Ahora tengo que ir al Coliseo, cuando esté allí voy a rezar por vos». Y, bueno, el cáncer desapareció.

Recuerdo después de un año cuando me encontré con él en Santa Marta. Justo llegué a la recepción y bajó Bergoglio con Tucho Fernández que en ese momento ni siquiera era cardenal. Franciscol, delante de todo el mundo -me dio mucha vergüenza-, porque se abrió el ascensor, me vio, levantó los brazos y me dice: «¡Viniste Lázaro!», por el Lázaro de la historia bíblica. Claro, así con ese chiste. Pero bueno, él llamó mucho a mi familia, habló con mi esposa, sí. Prácticamente todos los días llamaba a mi casa para ver cómo estaba, que él seguía orando por mí. Bueno, esos gestos tan humanos, tan espirituales, tan profundos de él, que uno siempre guarda en el corazón.

Marcelo Figueroa

Sergio Alfieri, médico del Papa Francisco, cuando lo atendió antes de morir: «Tenía los ojos abiertos, no me respondía y me di cuenta de que no podía hacer nada más: estaba en coma»

El Papa Francisco con su médico Sergio Alfieri y tras ellos, a la derecha, Massimiliano Strappetti, enfermero y asistente personal del Pontifice


* «Murió poco después. Me quedé allí con Massimiliano, Andrea, las otras enfermeras y las secretarias; Llegaron todos y el cardenal Parolin nos pidió que rezáramos y rezamos el rosario con él . Me sentí un privilegiado y ahora puedo decir que lo fui. Esa mañana le di una caricia como último adiós»     


Camino Católico.- Sergio Alfieri, jefe de cirugía oncológica abdominal del policlínico Gemelli, coordinador de los médicos del Santo Padre durante su hospitalización y su cirujano personal, habla del Pontífice en el presente y revela al diario italiano Corriere della Sera el momento en que constató  la muerte del Papa Francisco y como sucedió:

“El lunes, hacia las 5.30 de la mañana, recibí una llamada de Strappetti, su enfermero: ‘El Santo Padre está muy enfermo, tenemos que volver al Gemelli’. Preavisé a todos y 20 minutos después estaba allí en Santa Marta, pero parecía difícil pensar que fuera necesaria la hospitalización. Entré en su habitación y tenía los ojos abiertos. Comprobé que no tenía problemas respiratorios e intenté llamarle, pero no respondió. No respondía a los estímulos, ni siquiera a los dolorosos. En ese momento me di cuenta de que no podía hacer nada más . Estaba en coma”.

Respecto a por qué no lo trasladaron al hospital como le había pedido Massimiliano Strappetti, el enfermero del Papa,  Alfieri dice:

“Corríamos el riesgo de que muriera en el transporte, le expliqué que la hospitalización habría sido inútil. Strappetti sabía que el Papa quería morir en casa, siempre lo decía cuando estábamos en el Gemelli. Murió poco después. Me quedé allí con Massimiliano, Andrea, las otras enfermeras y las secretarias; Llegaron todos y el cardenal Parolin nos pidió que rezáramos y rezamos el rosario con él . Me sentí un privilegiado y ahora puedo decir que lo fui. Esa mañana le di una caricia como último adiós”.

El médico confidencia la última vez que había visto al Papa antes de ese momento en que lo encontró en estado de coma:

“El sábado después de comer, en la víspera de Pascua. Y puedo decir que estaba muy bien, él mismo me lo dijo. Le llevé una tarta oscura como a él le gusta y charlamos un rato. ‘Estoy muy bien, he vuelto a trabajar y tengo ganas’, me dijo. Sabía que al día siguiente daría el Urbi et Orbi y quedamos en vernos el lunes”.

Sergio Alfieri también es transparente al asegurar que el no prohibió a Francisco trabajar durante los dos meses de convalecencia:

“No, porque era lo correcto. Él es el Papa. Volver al trabajo era parte de la terapia y nunca se expuso al peligro . Es como si al acercarse el final decidiera hacer lo que tuviera que hacer. Como hizo el domingo, cuando aceptó la propuesta de su asistente sanitario personal Massimiliano Strappetti de dar la vuelta a la plaza entre la multitud. O como hizo hace diez días que me pidió que organizara una reunión con todas las personas que le habían tratado en Gemelli. Le dije que eran 70 personas, que quizás era mejor hacerlo después de Semana Santa, al final de su convalecencia. Su respuesta fue clara: ‘Me reuniré con ellos el miércoles’. Hoy tengo la clara sensación de que sentía que tenía que hacer una serie de cosas antes de morir”.

En cuanto a la hospitalización de 38 días, el médico reconoce que en una ocasión pensó que Francisco podría morir:

“Sí, una noche se habían iniciado los procedimientos y se llevaron a cabo el lunes. Nos temíamos lo peor y en cambio sorprendió a todos. Sabíamos que quería volver a casa para ser Papa hasta el último momento . Y no nos ha decepcionado”.

El Papa Francisco con su médico Sergio Alfieri

Francisco eligió como médico a Sergio Alfieri al tener que ser operado del colón:

“Lo conocí en 2018, fue una gran emoción. Yo era cirujano consultor en la Santa Sede y él nos invitó a asistir a una misa en Santa Marta. Era como un párroco, daba el sermón y luego, al final de la celebración, salía de la iglesia y saludaba a todos uno por uno. Dos años después empezó a sentirse mal del estómago, tenía dolores abdominales muy fuertes y su calidad de vida, con todo el trabajo que tenía, no era óptima. Se hizo pruebas, escuchó a varios médicos. Tenía una enfermedad diverticular grave. Un día Strappetti me trajo el TAC. Quizás el Papa se informó de que yo era el que más experiencia tenía en Italia en cirugía colon-rectal y optó por que le operara yo”.

Sin embargo, el doctor Sergio Alfieri explica que el no le dijo a Francisco que se operará. Así cuenta como sucedieron los hechos hasta que lo eligió:

“Yo le dije que el estado era grave pero que tendría que examinarle. Un día me pidieron que fuera a la clínica vaticana, al cabo de unas dos horas me encontré con el Papa que salía en su coche. Me miró y me dijo: ‘¿Has visto mi tomografía? Muy bien, gracias’. Y se marchó. Esa fue la visita. Me llamaron al cabo de unos días y fui a Santa Marta. Me dijo: ‘He decidido operarme y te he elegido a ti’. Lo visité y sentí toda la responsabilidad: ‘Vamos a ver el diario. ¿Dónde me vas a operar?’. Tuve la clara sensación de que quería ir a cualquier parte, al hospital que yo decidiera, pero le contesté, esta vez con mucha firmeza, que si quería ser operado por mí no había otra opción que el Gemelli . Aceptó, pero en sus propios términos: ‘Llegaré el domingo después del Ángelus. Nadie debe saberlo. Si se sabe, no me operaré más’”.

Y de hecho Francisco consiguió operarse en secreto:

“¡Sí! La versión oficial fue que llegó un jefe de estado extranjero que quería el máximo secreto. Especificó que cualquier decisión en su lugar tendría que ser tomada por Strappetti. Y entonces ocurrió algo que sólo puedo revelar ahora. Unos minutos antes de la operación, Strappetti me dijo que el Papa quería verme. Entré en su habitación y me bendijo las manos. Fue una emoción increíble, sólo entendí el significado más tarde. Quería decirme que usara las manos para trabajar, pero que usara las manos con el corazón en los próximos años . Como si dijera: eres católico, pero ahora tienes algo más. Era un secreto entre nosotros tres, él quería que se supiera y ahora puedo decirlo”.

En cuanto a la amistad con el Santo Padre, Sergio Alfieri explica:

“Se podría decir que nos unía una profunda estimación. En aquella ocasión nos recluimos durante una semana. Hubo complicaciones, pero al tercer día decidimos ofrecernos pizza. Se puso a la cabeza de la mesa y comer en la mesa con él es otro privilegio que me ha dado la vida”.

Pero el médico revela otros secretos de su relación con el Pontífice:

“Unos meses después me dijo que no quería que el hospital Fatebenefratelli, en la Isla Tiberina de Roma, se vendiera y se convirtiera en un hospital no católico. Me pidió ayuda. Lo hicimos por su voluntad. Fue un año muy ajetreado porque el hospital se había vendido, faltaba la última firma. Organizó una reunión en Santa Marta y dijo: ‘Ahora seamos concretos, no seamos como esa canción de Mina que dice 'Parole parole parole'’. Había 200 millones de deudas. Con dos llamadas telefónicas, una al cardenal Zuppi, asignó los fondos necesarios. Cavalier Del Vecchio puso la otra mitad sin exigir nada a cambio. El Papa dijo: ‘Fue la providencia, este deseo me vino de dentro’. Al final hice que se reuniera con Cavalier Del Vecchio, y fue muy emocionante porque eran dos ancianos, que se entendieron enseguida, y que habían salvado un hospital que era un símbolo de la ciudad”.

Y luego hubo una segunda intervención al Papa:

“También en ese caso todo fue secreto. Después de la primera intervención, cuando regresó a casa, se tomó de dejar clara la importancia de la sanidad pública y la importancia de mantener hospitales católicos con una misión determinada. Lo demostración regresando al Gemelli”.

Era deseo del Papa ocuparse de los embriones abandonados y su médico se comprometió con él a cumplirlo:

“Pues no sólo. Soy sobre todo cirujano oncólogo abdominal. Lo haré con el ministro de Sanidad Schillaci, como quería el Papa, y espero que con el Vaticano. Ya lo veremos”.