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domingo, 19 de abril de 2026

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 19-4-2026

19 de abril de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

Palabra de Vida 19/4/2026: «¿No era necesario que el Mesías padeciera?» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 19 de abril de 2026, domingo de la 3ª semana de Pascua, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Lucas 24, 13-35:

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén nos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:

«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:

«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:

«¿Qué?».

Ellos le contestaron:

«Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:

«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:

«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:

«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:

«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón»

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Homilía del evangelio del domingo: Caminar junto al mundo iluminándolo con la palabra de Dios, que al penetrar con el fuego del Espíritu Santo, hace arder el corazón y transforma por completo a las personas / Por P. José María Prats

* «Es la vivencia significativa de la eucaristía la que abre los ojos y dinamiza a las personas para retornar a Jerusalén, es decir, a la comunión con Dios y con los hermanos que han tenido esa misma experiencia de encuentro con el resucitado: ‘Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan’»

Domingo III de Pascua – A

Hechos 2, 14.22-33/ Salmo 15  / 1 Pedro 1,17-21 / San Lucas 24, 13-35

P. José María Prats / Camino Católico.-  El tiempo pascual es el tiempo de la misión de la Iglesia impulsada por el Espíritu Santo, y las lecturas de la liturgia se centran ahora en ella. El pasaje de los discípulos de Emaús constituye una enseñanza preciosa sobre la misión que podemos aplicar con mucho fruto a nuestros días.

Dos discípulos caminan hacia Emaús alejándose de Jerusalén, ciudad que representa la comunión con Dios. Habían creído en Jesús, pero la muerte del Maestro les ha arrebatado la esperanza. Habían sido casi tan ilusos como esas mujeres que ahora andaban diciendo que se les había aparecido resucitado. El mundo, al fin y al cabo, con su crueldad, su injusticia y su lucha por el poder, acababa siempre imponiéndose, y esta era la cruda realidad con la que había que pactar.

Este es también el ánimo de nuestro tiempo, el de una sociedad que había sido creyente y que ahora se aleja de Dios sin esperanza, considerando la fe en el que murió y resucitó como una ilusión propia de beatas ancladas en el pasado. “Que no nos vengan con historias: lo que verdaderamente cuenta es el bienestar material, y a él es al que hemos de consagrar todo nuestro empeño”.

Jesús nos enseña cómo devolver la esperanza a este mundo. Se pone a caminar junto a los discípulos interesándose por su vida y sus preocupaciones, y desde ahí los va iluminando poco a poco haciéndoles comprender el sentido profundo de las Escrituras. Así debe ser la misión de la Iglesia: caminar junto al mundo iluminándolo con la palabra de Dios, la palabra de vida que cuando penetra acompañada del fuego del Espíritu Santo, hace arder el corazón y transforma por completo a las personas. Pero la función última de esta palabra es la de llevar a un encuentro vivo y personal con la misma Palabra encarnada: «Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron».

Los que hoy se autodenominan “creyentes no practicantes” se han quedado, en realidad, a medio camino. Cuando Jesús «simuló que iba a seguir caminando», le dejaron marchar en vez de apremiarle: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Jesús es entonces un personaje fascinante de nuestra historia, pero no el Dios vivo y verdadero que habita en mí y sostiene mi vida: «En verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn 6,53).

Es la vivencia significativa de la eucaristía la que abre los ojos y dinamiza a las personas para retornar a Jerusalén, es decir, a la comunión con Dios y con los hermanos que han tenido esa misma experiencia de encuentro con el resucitado: «Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan».

P. José María Prats

Evangelio: 


Aquel mismo día, el domingo, iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.


Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?». Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado, Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?». Él les dijo: «¿Qué cosas?». Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron».


Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?». Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado».


Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!». Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.


San Lucas 24, 13-35

Pidamos la gracia de una fe viva, capaz de transformar la desilusión en esperanza y de impulsarnos a anunciar con alegría que el Señor ha resucitado / Por P. Carlos García Malo

 


Emma Hallinan: «Era agnóstica, me pidieron que pintara a Cristo e investigué sobre Él, fui a una misa, mi vida cambió y me he bautizado católica; tengo una relación íntima con el Señor con la oración y la adoración eucarística»


Emma Hallinan era agnóstica y se ha bautizado católica en Londres en la pasada Vigilia Pascual del 4 de abril de 2026 / Foto: The Catholic Weekly 

* «Desde que conocí a Cristo, me he dado cuenta de que antes, todo lo que intentaba para encontrar la paz solo me proporcionaba un alivio temporal. Nunca duraba; siempre se desvanecía. Pero con Cristo, siento una paz, una alegría y una satisfacción duraderas. Ahora le presento a Cristo en oración mis vulnerabilidades, mis preocupaciones y miedos, todo mi ser. Claro que aún tengo dificultades. A veces me siento a la defensiva o reacia a abrirle mi corazón a Dios, sobre todo si creo haber hecho algo que le desagrade. Siento la necesidad de alejarme. Esto se debe a que a veces esperamos que Dios reaccione como lo han hecho otras personas en nuestras vidas. Pero a través de la oración y el estudio, he llegado a comprender lo importante que es resistir esta tentación y aceptar la verdad de que Dios es bondadoso y que podemos entregarle cualquier cosa. No necesitamos ser reacios ni retraídos, porque Él siempre está ahí para nosotros, esperándonos, sin importar cómo estemos. Jamás nos defraudará. Siento que estoy en un camino de aprendizaje para confiar en el amor incondicional de Dios, algo que espero, con el tiempo, lograré hacer plenamente»

Camino Católico.-  Emma Hallinan era agnóstica y ha recibido el bautismo, la comunión y la confirmación en la Iglesia Católica en Londres en la pasada Vigilia Pascual del Sábado Santo, este 4 de abril de 2026. Ha llegado a entrar en el catolicismo porque una amiga católica, le pidió que le pintara a Jesucristo. Ella accedió y empezó a investigar sobre él. Desde ese momento, Cristo la condujo a tener un encuentro personal con Él hasta convertirla en una católica en la que el Señor ha llenado el vacio que tenía en su vida y la ha llevado a madurar y profundizar comprometiéndose en la fe. Cuenta su testimonio en The Catholic Weekly. Esta es su historia. 

«Encontrarme con Cristo ha transformado mi vida, y dedicaré mi vida a invitar a otros a conocer también su amor»

Siempre me he considerado agnóstica. Aunque mi madre fue bautizada anglicana y mi padre católico, crecí en un hogar muy secular, sin ninguna relación con la Iglesia ni con Dios.

A los 19 años conocí a mi primera amiga católica y tuve mi primer contacto con la Iglesia Católica. Viajamos con su familia cuando tenía poco más de 20 años, visitando Florencia, Asís y París. Vi las reliquias de los santos y, a regañadientes, me bañé en las aguas del Santuario de Lourdes. La verdad es que la experiencia yo la desperdicié. No la aprecié ni la comprendí.

No fui a la Iglesia, pero sí mantuve el contacto con mi amiga católica. Durante el confinamiento de 2020, como mucha gente, busqué algo que hacer para ocupar mi tiempo y retomé la pintura después de muchos años. Al mismo tiempo, mi amiga se había vuelto más devota del catolicismo y me preguntó si le pintaría a Jesús, a lo que accedí.

Mientras pintaba a Jesús, sentí la necesidad de aprender más sobre Él. Comencé a investigar, y cuanto más leía, más quería saber. Sentía una fuerte atracción hacia la Iglesia, pero no entendía por qué.

En 2025, respondiendo a este llamado a la Iglesia y a Jesús, comencé a escuchar el libro «La Biblia en un año» del padre Mike Schmitz . De repente, la Biblia y las enseñanzas de Cristo empezaron a tener sentido. Sin embargo, todavía me sentía nerviosa para contactar con una iglesia católica.

Entonces sucedió algo que solo puedo describir como una providencia divina. En el podcast, el padre Mike dijo: «No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy». En ese momento, sentí como si Dios me hablara directamente y me llamara a la Iglesia. Así que encontré mi parroquia católica local, Nuestra Señora Auxiliadora en Blackheath, en mi barrio de Londres en Inglaterra, y empecé a asistir a una misa entre semana.

Fue entonces cuando mi vida cambió. Comencé a asistir a misa semanalmente y en noviembre inicié el RICA (Rito de Iniciación Cristiana para Adultos). Me apasiona aprender sobre Cristo y la Iglesia Católica. Consumo todo lo que puedo, podcasts y libros, y he aprendido muchísimo a través del RICA.

Además de mi formación en la fe católica, he cultivado una relación íntima con Cristo a través de la oración, especialmente la adoración eucarística. La primera vez que asistí a la adoración en mi parroquia, me asombró la paz que sentí después, la serenidad en mi corazón y mi mente. Tras contarle esta experiencia a mi catequista, Margaret, y cómo me había entregado por completo al conocimiento de Cristo, ella me habló de la iglesia de San Patricio en Soho de Londres, donde ahora colaboro como voluntaria y asisto regularmente a la adoración eucarística todas las semanas, y me llena de paz estar en la presencia de Jesús en la Eucaristía. Es una plenitud que jamás había sentido. 

Toda mi vida sentí que buscaba algo fuera de mí para llenar un vacío interior. Creía que nunca podría llenarlo, hasta que conocí a Cristo, que trae plenitud y llena el vacío que tenía en mi interior.

Desde que conocí a Cristo, me he dado cuenta de que antes, todo lo que intentaba para encontrar la paz solo me proporcionaba un alivio temporal. Nunca duraba; siempre se desvanecía. Pero con Cristo, siento una paz, una alegría y una satisfacción duraderas.

Ahora le presento a Cristo en oración mis vulnerabilidades, mis preocupaciones y miedos, todo mi ser. Claro que aún tengo dificultades. A veces me siento a la defensiva o reacia a abrirle mi corazón a Dios, sobre todo si creo haber hecho algo que le desagrade. Siento la necesidad de alejarme. Esto se debe a que a veces esperamos que Dios reaccione como lo han hecho otras personas en nuestras vidas. Pero a través de la oración y el estudio, he llegado a comprender lo importante que es resistir esta tentación y aceptar la verdad de que Dios es bondadoso y que podemos entregarle cualquier cosa.

No necesitamos ser reacios ni retraídos, porque Él siempre está ahí para nosotros, esperándonos, sin importar cómo estemos. Jamás nos defraudará. Siento que estoy en un camino de aprendizaje para confiar en el amor incondicional de Dios, algo que espero, con el tiempo, lograré hacer plenamente. Por eso anhelaba recibir los sacramentos, para poder acercarme más a Él.

Una vez recibida en la Iglesia Católica, pretendo usar mis habilidades artísticas para glorificar a Dios. Recuerdo que uno de mis sacerdotes mencionó en una homilía que debemos usar los dones que Dios nos ha dado para glorificarlo y difundir el Evangelio. He comenzado una obra de arte titulada "Sacramentos de la Misericordia", inspirada en un pasaje del diario de Santa Faustina, a quien he elegido como mi santa patrona de la Confirmación. La obra explorará cómo Dios nos concede el don de su misericordia a través de los sacramentos. Tratará de invitar a la gente a conocer a Cristo, como mi amiga me invitó a mí. Puede que tenga éxito o no, pero eso no importa. Dios le ha dado un propósito a mi vida y soy feliz.

He regresado a Lourdes el lunes siguiente a mi bautismo, donde me he encontrado con Cristo en oración. Siento que he cerrado un ciclo, y sé que, con Cristo en mi corazón, esta vez la experiencia será profunda. Encontrarme con Cristo ha transformado mi vida, y dedicaré mi vida a invitar a otros a conocer también su amor. Y con el corazón lleno de esperanza, incluso si no aceptan a Cristo a la primera invitación, sé que si siguen siendo invitados, el vacío en sus vidas finalmente será llenado por Él.

Emma Hallinan

sábado, 18 de abril de 2026

Papa León XIV en homilía en Camerún, 18-4-2026: «Jesús está con nosotros más fuerte que el poder del mal y nos repite: ‘Estoy aquí contigo, no tengas miedo’; por eso nos levantamos de cada caída con valentía y confianza»

* «Jesús se acerca a nosotros: no calma inmediatamente las tormentas, pero viene a nuestro encuentro en medio de los peligros y nos invita también a permanecer juntos y solidarios en la misma barca, como los discípulos, en las alegrías y en los dolores; a no mirar desde lejos a quienes sufren, sino a acercarnos a ellos, a unirnos unos a otros. Nunca hay que dejar a nadie solo frente a las adversidades de la vida; para ello cada comunidad tiene el deber de crear y sostener estructuras de solidaridad y ayuda mutua en las que, ante las crisis —sean sociales, políticas, sanitarias o económicas—, todos puedan dar y recibir ayuda, según sus capacidades y necesidades. Las palabras de Jesús, “soy yo”, nos recuerdan que, en una sociedad basada en el respeto a la dignidad de la persona, la aportación de todos es importante y tiene un valor único, independientemente del estatus o la posición de cada uno a los ojos del mundo»  

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «La fe no separa la vida espiritual de la social; al contrario, da al cristiano la fuerza para interactuar con el mundo, a fin de responder a las necesidades de los demás, especialmente de los más débiles. Los esfuerzos individuales y aislados de cada persona no son suficientes para salvar a una comunidad; se necesita una decisión común, que integre la dimensión espiritual y ética del Evangelio en el corazón de las instituciones y las estructuras, convirtiéndolas en instrumentos para el bien común, y no en lugares de conflicto, de interés o en escenario de luchas estériles» 

 

18 de abril de 2026.- (Camino Católico)  “Jesús está con nosotros, siempre, y más fuerte que cualquier poder del mal; en cada tormenta nos alcanza y nos repite: ‘Yo estoy aquí contigo, no tengas miedo’. Por eso nos levantamos de cada caída y no dejamos que ninguna tormenta nos detenga, sino que proseguimos, siempre con valentía y confianza”, ha subrayado en su homilía el Papa León XIV esta mañana, 18 de abril, al presidir la Misa votiva de María Virgen, Reina de los Apóstoles, en el aeropuerto de Yaundé-Ville, en Camerún, ante unos 200 mil fieles. 



El Santo Padre ha expresado, en primer lugar, su gratitud por la bienvenida que le brindaron y “por los momentos de alegría y fe que hemos vivido juntos”. Seguidamente, centrando su reflexión en capitulo 6 del Evangelio de Juan en el que Jesús camina sobre las aguas, asegura: “La fe no nos libra del desasosiego y las tribulaciones, y en algunos momentos puede parecer que el miedo nos venza. Sin embargo, nosotros sabemos que incluso en esos momentos, tal como les sucedió a los discípulos en el mar de Galilea, Jesús no nos abandona”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:



VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ARGELIA, CAMERÚN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL

(13-23 DE ABRIL DE 2026)


SANTA MISA


HOMILÍA DEL SANTO PADRE


Aeropuerto de Yaundé-Ville

Sábado, 18 de abril de 2026



Queridos hermanos y hermanas:

¡La paz esté con ustedes! La paz de Cristo, cuya presencia ilumina nuestro camino y calma las tormentas de la vida.

Celebramos esta Santa Misa al finalizar mi visita a Camerún, y les estoy muy agradecido por la bienvenida que me han brindado, por los momentos de alegría y fe que hemos vivido juntos.

Como hemos escuchado en el Evangelio, la fe no nos libra del desasosiego y las tribulaciones, y en algunos momentos puede parecer que el miedo nos venza. Sin embargo, nosotros sabemos que incluso en esos momentos, tal como les sucedió a los discípulos en el mar de Galilea, Jesús no nos abandona.

Tres evangelistas relatan, cada uno a su manera, el episodio que hemos escuchado, con un mensaje diferente según los lectores a los que se dirigen. San Marcos (cf. 6,45-52) presenta al Señor que alcanza a los discípulos mientras estos reman con dificultad debido al viento en contra, el cual, sin embargo, se calma tan pronto como Él sube con ellos a la barca. San Mateo (cf. 14,22-33) añade un detalle: Pedro quiere ir hacia el Maestro caminando sobre las olas. Sin embargo, una vez que baja de la barca, se deja vencer por el miedo y comienza a hundirse. Cristo lo toma de la mano, lo salva y lo reprende por su incredulidad.

En la versión de san Juan que se ha proclamado hoy (cf. Jn 6,16-21), el Salvador, caminando sobre las aguas, se acerca a los discípulos y les dice: «Soy yo, no teman» (v. 20), y el evangelista subraya que «ya era de noche» (v. 17). Para la tradición judía, las “aguas”, a causa de su profundidad y su misterio, aluden a menudo al mundo de los infiernos, al caos, al peligro, a la muerte. Evocan, junto con las tinieblas, las fuerzas del mal, que el hombre por sí solo no puede dominar. Al mismo tiempo, sin embargo, en el recuerdo de los prodigios del Éxodo, también se perciben como un lugar de paso, un cruce a través del cual Dios, con poder, libera a su pueblo de la esclavitud.

La Iglesia ha experimentado tantas veces, en su travesía a lo largo de los siglos, tormentas y “vientos contrarios”, y también nosotros podemos identificarnos con los sentimientos de miedo y duda que tuvieron los discípulos durante el viaje en el lago de Tiberíades. Es lo que advertimos en los momentos en que parece que nos hundimos, abrumados por fuerzas adversas, cuando todo se ve oscuro y nos sentimos solos y frágiles. Pero no es así. Jesús está con nosotros, siempre, y más fuerte que cualquier poder del mal; en cada tormenta nos alcanza y nos repite: “Yo estoy aquí contigo, no tengas miedo”. Por eso nos levantamos de cada caída y no dejamos que ninguna tormenta nos detenga, sino que proseguimos, siempre con valentía y confianza. Y es gracias a Él que, como decía el Papa Francisco, tantos «hombres y mujeres […] que honran a nuestro pueblo, honran a nuestra Iglesia, porque son fuertes: fuertes al llevar adelante su vida, su familia, su trabajo, su fe» (Catequesis, 14 mayo 2014).

Jesús se acerca a nosotros: no calma inmediatamente las tormentas, pero viene a nuestro encuentro en medio de los peligros y nos invita también a permanecer juntos y solidarios en la misma barca, como los discípulos, en las alegrías y en los dolores; a no mirar desde lejos a quienes sufren, sino a acercarnos a ellos, a unirnos unos a otros. Nunca hay que dejar a nadie solo frente a las adversidades de la vida; para ello cada comunidad tiene el deber de crear y sostener estructuras de solidaridad y ayuda mutua en las que, ante las crisis —sean sociales, políticas, sanitarias o económicas—, todos puedan dar y recibir ayuda, según sus capacidades y necesidades. Las palabras de Jesús, “soy yo”, nos recuerdan que, en una sociedad basada en el respeto a la dignidad de la persona, la aportación de todos es importante y tiene un valor único, independientemente del estatus o la posición de cada uno a los ojos del mundo.

La exhortación «no teman» adquiere, entonces, una dimensión amplia, incluso a nivel social y político, como estímulo para afrontar juntos los problemas y los desafíos —especialmente los relacionados con la pobreza y la justicia—, con sentido cívico y responsabilidad civil. La fe no separa la vida espiritual de la social; al contrario, da al cristiano la fuerza para interactuar con el mundo, a fin de responder a las necesidades de los demás, especialmente de los más débiles. Los esfuerzos individuales y aislados de cada persona no son suficientes para salvar a una comunidad; se necesita una decisión común, que integre la dimensión espiritual y ética del Evangelio en el corazón de las instituciones y las estructuras, convirtiéndolas en instrumentos para el bien común, y no en lugares de conflicto, de interés o en escenario de luchas estériles.

Nos lo cuenta la primera lectura (cf. Hch 6,1-7), donde vemos cómo la Iglesia afronta su primera crisis de crecimiento. El rápido aumento del número de discípulos (v. 1) plantea nuevos retos para la comunidad en el ejercicio de la caridad, de los cuales los apóstoles ya no pueden ocuparse por sí solos. Hay personas que quedan desatendidas en la distribución de los alimentos, por lo que crecen las quejas y una sensación de injusticia amenaza la unidad. El servicio diario a los pobres era una práctica esencial en la Iglesia primitiva, y tenía como objetivo socorrer a los más vulnerables, en particular a los huérfanos y las viudas. Sin embargo, había que conciliarlo con las necesidades del anuncio y la enseñanza, que también eran apremiantes, y la solución no era sencilla. Es entonces que los apóstoles se reunieron, compartieron sus preocupaciones, reflexionaron a la luz de las enseñanzas de Jesús y oraron juntos, logrando salvar obstáculos e incomprensiones que a primera vista parecían insuperables. Así dieron origen a algo nuevo, eligiendo hombres «de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría» (v. 3), y asignándoles, mediante la imposición de manos, un servicio práctico que era también una misión espiritual. Al escuchar la voz del Espíritu Santo y estar atentos a los clamores de los que sufren, no sólo evitaron divisiones internas en la comunidad, sino que, por inspiración divina, la dotaron de herramientas nuevas y adecuadas para su crecimiento, transformando un momento de crisis en una oportunidad de enriquecimiento y desarrollo para todos.

A veces, la vida de una familia y de una sociedad también exige esto: el valor de cambiar hábitos y estructuras, de modo que la dignidad de la persona siga siendo fundamental y se superen las desigualdades y la marginación. Además, al hacerse hombre, Dios se identificó con los más desfavorecidos, y esto hace que la atención preferencial por los pobres sea una opción fundamental para nuestra identidad cristiana (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 198; Exhort. ap. Dilexi te, 16-17).

Hermanos y hermanas, hoy nos despedimos. Cada uno regresa a sus ocupaciones habituales y la barca de la Iglesia continúa su ruta hacia la meta, por gracia de Dios y con el compromiso de cada uno. Mantengamos vivo en nuestros corazones el recuerdo de los hermosos momentos que hemos compartido; incluso en medio de las dificultades, sigamos abriéndole espacio a Jesús, dejándonos iluminar y renovar cada día por su presencia. La Iglesia en Camerún está viva, es joven, rica en dones y entusiasmo, vibrante en su diversidad y maravillosa en su armonía. Que, con la ayuda de la Virgen María, nuestra Madre, puedan hacer florecer cada vez más la presencia alegre que ustedes poseen, y que también los vientos contrarios, que nunca faltan en la vida, sean ocasión de crecimiento en el servicio gozoso a Dios y a los hermanos, en el compartir, en la escucha, en la oración y en el deseo de crecer juntos.

Agradecimiento final

Queridos hermanos y hermanas, con esta celebración concluye mi visita a Camerún. Agradezco de corazón al señor arzobispo y a todos los pastores de la Iglesia en este país.

Reitero mi gratitud a las autoridades civiles y a todos aquellos que han colaborado en la preparación y organización de cada evento.

Gracias a todos, de manera especial a los enfermos, a los ancianos y a las religiosas de clausura que han ofrecido sus oraciones.

Pueblo de Dios que vives y caminas en Camerún, ¡no temas! ¡Permanece firmemente unido a Cristo el Señor! ¡Con la fuerza de su Espíritu, serás sal y luz de esta tierra! Muchas gracias.

PAPA LEÓN XIV





Fotos: Vatican Media, 18-4-2026

Santa Misa de hoy, sábado, votiva de la Virgen María, Reina de los apóstoles, presidida por el Papa León XIV, en Camerún, 18-4-2026


Foto: Vatican Media, 18-4-2026


18 de abril de 2026.- (Camino Católico)   El Papa León XIV esta mañana, 18 de abril, ha presidido la Misa votiva de María Virgen, Reina de los Apóstoles, en el aeropuerto de Yaundé-Ville, en Camerún, ante unos 200 mil fieles. Antes de entrar en la sacristía, el Pontífice ha saludado desde el papamóvil a la multitud de fieles que allí lo esperaban. En la homilía, pronunciada en francés, el Santo Padre ha expresado que “Jesús está con nosotros, siempre, y más fuerte que cualquier poder del mal; en cada tormenta nos alcanza y nos repite: ‘Yo estoy aquí contigo, no tengas miedo’. Por eso nos levantamos de cada caída y no dejamos que ninguna tormenta nos detenga, sino que proseguimos, siempre con valentía y confianza”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración. 


Homilía del P. José Aurelio Martín y lecturas de la Misa de hoy, sábado de la 2ª semana de Pascua, 18-4-2026

18 de abril de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. José Aurelio Martín Jiménez lecturas de la Santa Misa de hoy, sábado de la 2ª semana de Pascua, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, sábado de la 2ª semana de Pascua, 18-4-2026

18 de abril de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, sábado de la 2ª semana de Pascua, presidida por el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Gozosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 18-4-2026

18 de abril de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.