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sábado, 18 de abril de 2026

Homilía del evangelio del domingo: Caminar junto al mundo iluminándolo con la palabra de Dios, que al penetrar con el fuego del Espíritu Santo, hace arder el corazón y transforma por completo a las personas / Por P. José María Prats

* «Es la vivencia significativa de la eucaristía la que abre los ojos y dinamiza a las personas para retornar a Jerusalén, es decir, a la comunión con Dios y con los hermanos que han tenido esa misma experiencia de encuentro con el resucitado: ‘Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan’»

Domingo III de Pascua – A

Hechos 2, 14.22-33/ Salmo 15  / 1 Pedro 1,17-21 / San Lucas 24, 13-35

P. José María Prats / Camino Católico.-  El tiempo pascual es el tiempo de la misión de la Iglesia impulsada por el Espíritu Santo, y las lecturas de la liturgia se centran ahora en ella. El pasaje de los discípulos de Emaús constituye una enseñanza preciosa sobre la misión que podemos aplicar con mucho fruto a nuestros días.

Dos discípulos caminan hacia Emaús alejándose de Jerusalén, ciudad que representa la comunión con Dios. Habían creído en Jesús, pero la muerte del Maestro les ha arrebatado la esperanza. Habían sido casi tan ilusos como esas mujeres que ahora andaban diciendo que se les había aparecido resucitado. El mundo, al fin y al cabo, con su crueldad, su injusticia y su lucha por el poder, acababa siempre imponiéndose, y esta era la cruda realidad con la que había que pactar.

Este es también el ánimo de nuestro tiempo, el de una sociedad que había sido creyente y que ahora se aleja de Dios sin esperanza, considerando la fe en el que murió y resucitó como una ilusión propia de beatas ancladas en el pasado. “Que no nos vengan con historias: lo que verdaderamente cuenta es el bienestar material, y a él es al que hemos de consagrar todo nuestro empeño”.

Jesús nos enseña cómo devolver la esperanza a este mundo. Se pone a caminar junto a los discípulos interesándose por su vida y sus preocupaciones, y desde ahí los va iluminando poco a poco haciéndoles comprender el sentido profundo de las Escrituras. Así debe ser la misión de la Iglesia: caminar junto al mundo iluminándolo con la palabra de Dios, la palabra de vida que cuando penetra acompañada del fuego del Espíritu Santo, hace arder el corazón y transforma por completo a las personas. Pero la función última de esta palabra es la de llevar a un encuentro vivo y personal con la misma Palabra encarnada: «Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron».

Los que hoy se autodenominan “creyentes no practicantes” se han quedado, en realidad, a medio camino. Cuando Jesús «simuló que iba a seguir caminando», le dejaron marchar en vez de apremiarle: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Jesús es entonces un personaje fascinante de nuestra historia, pero no el Dios vivo y verdadero que habita en mí y sostiene mi vida: «En verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn 6,53).

Es la vivencia significativa de la eucaristía la que abre los ojos y dinamiza a las personas para retornar a Jerusalén, es decir, a la comunión con Dios y con los hermanos que han tenido esa misma experiencia de encuentro con el resucitado: «Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan».

P. José María Prats

Evangelio: 


Aquel mismo día, el domingo, iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.


Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?». Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado, Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?». Él les dijo: «¿Qué cosas?». Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron».


Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?». Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado».


Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!». Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.


San Lucas 24, 13-35

Pidamos la gracia de una fe viva, capaz de transformar la desilusión en esperanza y de impulsarnos a anunciar con alegría que el Señor ha resucitado / Por P. Carlos García Malo

 


Andrea Payán, coach, 26 años, era atea y se ha bautizado: «Pasé por muchas cosas y Jesucristo es quien me hizo sentir como nunca antes: sostenida, protegida, amada, vista; nunca me he vuelto a sentir sola»

Andrea Payán, coach, cuenta su alegría al bautizarse con 26 años; recuerda haber sido una atea bastante convencida en su adolescencia / Foto: Canal de YouTube de Andrea Payán

* «Al creer en Dios intento cada día obrar lo más parecido a Jesús, seguir los 10 mandamientos, tener en cuenta la misericordia, el perdón, la bondad, el amor… Dios siempre ha estado ahí y estará. Y tú acudes a su encuentro, porque Él te lleva buscando toda la vida. Y además de forma paciente, sin presiones, ni agobios ni imposiciones, porque Dios de hecho nos da el libre albedrío de creer o no en él, no te obliga a creer. Entonces, cuando acudes a este encuentro, todo cambia, la vida cambia por completo. Al menos esa es mi vivencia, que estoy feliz, que estoy contenta, estoy pletórica de haber recibido por fin los sacramentos»

  Video del testimonio de Andrea Payán de su canal de YouTube

 Camino Católico.-  Andrea Payán, de 26 años, es una coach especializada en apoyar relaciones de pareja. En distintas redes lleva tiempo hablando de familia, infancia, valores y relaciones sanas entre hombres y mujeres. Es de Leganés (diócesis de Getafe) y esta Vigilia Pascual se bautizó (aquí el video corto con el obispo Ginés). 

"A mis 26 años he recibido el bautismo, la confirmación y la Eucaristía. En esta pasada Vigilia Pascual, el 4 de abril, recibí los sacramentos y me convertí oficialmente en hija de Dios, hija de la luz. Y para mí fue una noche muy muy especial. Antes del bautizo me iba el corazón a mil por hora. Empecé a emocionarme y la verdad que fue una experiencia inolvidable. Pese a ser 3 horas de vigilia se me pasó volando", explica Andrea Payán en un vídeo en su canal de YouTube.


En el mismo vídeo comenta, reflexionando: "Yo sé cómo es la vida sin creer en Dios, sin saber que existe Jesús, y sé cómo es mi vida ahora. Y hay gente que escucha esto y dice, 'Ah, ¿os creéis superior moralmente?' No. De hecho, yo sí que me creía superior moralmente cuando era atea, porque yo crecí escuchando que los creyentes son personas débiles que se agarran a algo porque son incapaces de de hacer frente a la vida, necesitan como esa ilusión de que algo existe y que eran incrédulos, incluso ignorantes. Yo ahora como cristiana y creyente no considero que los ateos o agnósticos sean malas personas, porque yo personalmente considero que era buena persona cuando no creía en Dios. O sea, tenía unos buenos valores, valores cristianos, aunque no fuera creyente. Ahora bien, ahora soy mejor persona", añade.


Una crisis de desesperanza


Andrea habló también en directo en el programa de televisión Vamos a Ver, que presenta Patricia Pardo, ella también católica de fe viva (ha ayudado a acercarse a la fe al presentador Christian Gálvez), cuenta Religión en Libertad.


"Yo no vengo de familia creyente y, efectivamente, no recibí el bautismo de pequeña, que es lo común", ha explicado Andrea en Vamos a Ver. 


"Siempre fui muy atea, además, estudié el bachillerato de ciencias puras y siempre decía que la razón y la fe están enemistadas. Creía eso. A través de una situación dura, una época muy difícil, pasé por una crisis existencial y caí en depresión, en un trastorno de la conducta alimentaria, no sabía qué estudiar... Sentí ese vacío y la desesperanza de verlo todo negro", ha comenzado explicando la joven.



Andrea Payán se ha bautizado en abril de 2026, en la Vigilia Pascual / Fotos: Facebook de Andrea Payán

"Llegó un día, con 18 años, toqué fondo, pensé que la vida era sufrimiento y que, para no sufrir, no había que estar en esta vida. Es un pensamiento común para aquellas personas que pasan por un momento duro. Pero otro día me vino otro pensamiento de que tenía que haber algo más. Ahí empezó una búsqueda a través de leer, investigar y empecé a hacer terapia. Comencé esa espiritualidad, me replanteé si habría algo que estaba ahí, que te ayuda, que te hace llevar mejor las cosas", añade.


"Me topé con el cristianismo, con la Biblia, con Jesús"


"En esa búsqueda me topé con el cristianismo, con la Biblia, con Jesús y ahí entendí que, pese a todo el sufrimiento que hay, podía ser más ligero y llevadero con la fe, creyendo en Dios. Fue algo que no fue repentino, no fue de la noche a la mañana, sino que fue progresivo. Fue una búsqueda. En mi caso, sé cómo es la vida siendo atea, sé cómo es creyendo en Dios".


En el mismo programa de televisión comenta: "Hay bastante desesperanza, muchas personas tanto adultas como jóvenes que se quitan la vida, con un vacío existencial... Tenemos todo, pero seguimos estando tristes, hay mayores tasas de depresión y peor salud mental. Creo que, como las generaciones más jóvenes hemos estado tan alejados de Dios que hemos llegado y decidido siendo más adultos. Creo que hay un anhelo y los adultos y jóvenes están ahora abrazando la fe".


En el caso de sus parientes, detalla que "me han dicho que si a mí me hace feliz, que lo ven, son testigos de primera mano de cómo ha cambiado mi vida al ser creyente, se alegran mucho".


"Alzo la voz, sin vergüenza"


En su canal de YouTube, Andrea Payán cuenta más sobre sus sentimientos y pensamientos como nueva cristiana. "Alzo la voz y digo orgullosa que soy cristiana, que me he bautizado por la Iglesia Católica sin miedo, sin vergüenza, porque aunque muchas personas nos digan que esto es una mala noticia, es una desgracia que los jóvenes se acerquen a la fe, el auge de jóvenes acercándose a la iglesia, realmente es una muy buena noticia. Realmente es una noticia esperanzadora. ¿Por qué? Porque acercarse a Dios no tiene absolutamente nada de malo", añade, quizá recordando unos comentario de la actriz Silvia Abril molesta porque se convierten muchos jóvenes.


"El sistema hoy en día está hecho para corrompernos y para destruir. Para destruir al hombre, a la mujer, la infancia, la familia, para ir en contra de lo bueno, de lo justo, de lo bello, de la verdad. Entonces, conoces a Jesús, que nos dice, "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6). Y Jesús también nos dijo que la verdad nos hace libres. En este mundo nos dicen que no existe una verdad, que la verdad es relativa, es subjetiva, que no existe el bien ni el mal, todo es relativo según la interpretación de la persona y eso lo único que hace es confundirnos, nos hace perder nuestra identidad, nuestras raíces, perder vínculos sociales sólidos, perder buenos valores que nos hacen buenos ciudadanos, buenos hijos, hermanos, vecinos, padres, madres".


Una civilización buena se construye sobre los 10 mandamientos


"La realidad es que nuestra sociedad, nuestra civilización y el buen progreso, lo bueno que hemos ido construyendo y logrando se basa en los valores cristianos. Seas creyente o no, si todos siguiéramos los 10 mandamientos, el mundo sería un lugar mejor", insiste.


"Ya tenía esos valores, pero al creer en Dios me esfuerzo más en ser mejor persona. Al menos intento cada día obrar lo más parecido a Jesús, intentar seguir esos 10 mandamientos, tener en cuenta la misericordia, el perdón, la bondad, el amor", comenta después.


Incluso criticar a los cristianos da relevancia a Cristo

Luego considera que incluso cuando se critica al cristianismo se le da relevancia a Cristo. "Aquellos que nunca han escuchado sobre ello o los que no tienen ni idea, esa insistencia en atacar también les genera una curiosidad. Así que ¡gloria a Dios!", comenta.


"Yo ya llevo tiempo defendiendo la familia, los valores cristianos, al hombre, la mujer, la infancia. Hablo de todo aquello que se considera políticamente incorrecto. Y ahora que me he bautizado y que he recibido al Espíritu Santo, hay una mayor fuerza y hay una mayor pasión en mí. Si ya la había, pues ahora aún más", asegura.

Luego se pregunta si las nuevas conversiones son por postureo o moda.


"No es postureo. Pienso que puede haber personas que lo hagan por intereses o por moda como pueden seguir otras modas. Ahora bien, bendita moda. Prefiero esto a ciertos bailecitos de TikTok, prefiero esto a ser un therian y sentirte un animal. Ahora bien, creo que verdaderamente hay una búsqueda. ¿Por qué? Porque nos han quitado a Dios. Es decir, nuestros padres y abuelos, quisieran o no, que eso es otra cuestión, escucharon sobre Jesús, hicieron catequesis, recibieron los sacramentos, pero mi generación y otras generaciones de jóvenes directamente no hemos escuchado hablar de Jesús, no hemos leído la Biblia, no hemos leído nada, no hemos recibido la palabra, no hemos tenido la oportunidad de decidir...", comenta.


La sociedad del "yo y ya" no es sana


Ella, que es coach de relaciones, explica que "vivimos en la sociedad del yo y del ya, queremos todo ya, todo rápido, efímero, al instante, sin esfuerzo, sin involucrarnos, sin comprometernos, tanto en las relaciones como en el trabajo, en los proyectos, en construir una buena salud, tener unas buenas finanzas, en cualquier ámbito no nos comprometemos. Y aparte la sociedad nos incita a ser individualistas, egoístas, a mirar por nosotros mismos. Entonces, eso todo lo que hace es que tengamos mucha sed. Cuando hemos probado todo y ves que por ahí no es, te empiezas a preguntar, ¿es esto todo o habrá algo más? Cuando pasamos por depresiones, por pérdidas, por malos momentos, empieza una búsqueda". Y explica luego: "Yo pasé por muchas cosas hasta que llegué a Jesús. Y Jesús es quien verdaderamente me hizo sentirme como nunca antes, sentirme sostenida, protegida, amada, vista. Nunca me he vuelto a sentir sola".


Recuerda que hacia los 16 años "tuve depresión. Pasé por unas épocas muy oscuras, o sea, veía todo negro, no tenía esperanza porque no no tenía fe. Ahí era atea. Y todo eso cuando tocas fondo en medio de la oscuridad, derrotado, solo, abatido, sin ninguna esperanza".


"Quizás ahí escuchas por fin a Dios, porque Dios siempre ha estado ahí y estará. Y tú acudes a su encuentro, porque Él te lleva buscando toda la vida. Y además de forma paciente, sin presiones, ni agobios ni imposiciones, porque Dios de hecho nos da el libre albedrío de creer o no en él, no te obliga a creer. Entonces, cuando acudes a este encuentro, todo cambia, la vida cambia por completo. Al menos esa es mi vivencia, que estoy feliz, que estoy contenta, estoy pletórica de haber recibido por fin los sacramentos".


Desde las redes, defender la familia


Finalmente, aclara que el contenido de su canal de YouTube, sobre familia y relaciones humanas, "pues va a seguir siendo de defensa del hombre, de la mujer, de la infancia, de la familia, reaccionar y comentar ciertos acontecimientos. Yo escucho a personas que no son creyentes, me gusta ciertas cosas que cuentan. Hay personas que ni siquiera tienen mi misma línea de pensamiento, pero me aportan o me ayudan a aprender y reflexionar en ciertos aspectos. Si solo escuchamos aquello que confirma lo que creo, pues tampoco nos permitimos cambiar, reflexionar", añade. 

Almudena de Agustín, 26 años, casada con Guillermo y con dos hijos: «iba a las oraciones porque iba el chico que hoy es mi marido, él iba porque iba yo, y al final íbamos los dos por estar con el Señor y crecer en su amor»

Almudena de Agustín cree que el mejor testimonio es vivir la fe en la vida cotidiana y que los demás lo vean / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

* «Recuerdo que hace bastantes años ya, en unos campamentos, que un seminarista dando catequesis nos dijo que la fe era un don y que lo podíamos pedir, y que después de comulgar pidiéramos al Señor que nos aumentara la fe. Y yo lo empecé a hacer, y un día, sin darme mucha cuenta, de repente dije: “llevo todo este tiempo pidiendo al Señor que aumentara mi fe, y lo ha hecho”. Desde ese momento siempre he tenido muy claro que la oración era una parte muy importante para el discernimiento y para ir escuchando cómo el Señor nos va hablando. Con Guillermo tenía muy claro que iba a ser lo que Dios quisiera. O sea, nosotros estábamos en un noviazgo, que al final es al matrimonio lo que el seminario sería al sacerdocio, el tiempo de discernimiento, el tiempo de formarnos, en los temas que van relacionados con esto, y cada vez que íbamos encontrándonos con distintos problemas, o según nos íbamos conociendo, como que el Señor iba confirmando que sí, que efectivamente era la persona que me había regalado para entregarle mi vida y para entregarme al Señor a través de él y formar con él una familia»

Camino Católico.-  Almudena de Agustín vive su fe en la parroquia de Santa María la Mayor en Alcalá de Henares y tiene 26 años. A los 22 se casó con Guillermo y un año después tuvo su primera hija. El mismo día que cumplía 25 años llegó su segundo hijo. Esta joven alcalaína hizo un grado en Lenguas Modernas y Traducción en la UAH y un Máster en Traducción Audiovisual. Compagina actualmente su trabajo como traductora con el de guía turística en la ciudad cervantina, al que accedió gracias a un voluntariado que hizo con la Asociación Nártex en Münster (Alemania). Cuenta su testimonio de conversión y vida en la  web de la diócesis de Alcalá de Henares.

- Almu ¿qué haces tú como joven de 26 años en un lugar como la Iglesia?

- Vengo de familia católica, entonces siempre hemos vivido la fe, en mayor o menor medida, de manera más automática o menos automática, pero gracias a Dios con unos padres muy coherentes. Se comprometieron en mi Bautismo y cuando se casaron a educarme en la fe. Ellos hacían el esfuerzo por mantenernos a mi hermano y a mí cerca de Dios, incluso cuando ellos a lo mejor no lo estaban tanto.

Eso nos sirvió para que después el Señor se fuera valiendo de unas cosas u otras para siempre mantenernos cerca hasta que realmente nos encontráramos con Él. En mi caso fue cuando ya era más independiente: iba a las oraciones de la parroquia de jóvenes de los viernes porque iba el chico que me gustaba, el que después fue mi novio, y el que después es mi marido y el padre de mis hijos. Entonces yo iba porque iba él, él iba porque iba yo, y al final acabamos yendo los dos por estar con el Señor.

Al final tampoco ha sido un proceso de decir “hemos tenido un boom de conversión en un momento dado”, sino que siempre hemos tenido nuestras idas y venidas, siempre estando cerca, siempre creciendo en ese amor al Señor.

- Ver una mujer que se casa con 22 años no es lo normal en el mundo de hoy. Y más por la Iglesia. Tener dos hijos tan joven tampoco es lo “normal”. ¿Cómo vives esto desde la fe?

- Yo recuerdo que hace bastantes años ya, en unos campamentos, que un seminarista dando catequesis nos dijo que la fe era un don y que lo podíamos pedir, y que después de comulgar pidiéramos al Señor que nos aumentara la fe.

Y yo lo empecé a hacer, y un día, sin darme mucha cuenta, de repente dije: “llevo todo este tiempo pidiendo al Señor que aumentara mi fe, y lo ha hecho”. Desde ese momento siempre he tenido muy claro que la oración era una parte muy importante para el discernimiento y para ir escuchando cómo el Señor nos va hablando. Con Guillermo tenía muy claro que iba a ser lo que Dios quisiera.

O sea, nosotros estábamos en un noviazgo, que al final es al matrimonio lo que el seminario sería al sacerdocio, el tiempo de discernimiento, el tiempo de formarnos, en los temas que van relacionados con esto, y cada vez que íbamos encontrándonos con distintos problemas, o según nos íbamos conociendo, como que el Señor iba confirmando que sí, que efectivamente era la persona que me había regalado para entregarle mi vida y para entregarme al Señor a través de él y formar con él una familia.

Llegó un punto en nuestro noviazgo en el que ya llevábamos ya mucho tiempo saliendo, porque estuvimos saliendo desde que yo tenía 16 años, y ya le dije: “A ver,  Guillermo, ¿qué estamos haciendo? ¿Nos vamos a casar o no nos vamos a casar?”.

Él me dijo que no se sentía como preparado para una cosa así, y yo dije: “pero si no estamos preparados para nada”. Uno se pasa todo Bachillerato para acceder a la Universidad y luego llega el primer año de carrera y se estampa y suspende todo. O se saca el carnet de conducir, se prepara muchísimo para aprender a conducir, llega a la primera rotonda con el carnet sacado y no sabe cómo salir a la rotonda.

O sea, realmente lo que te pone en tu sitio es hacer las cosas. Lo único que nos hacía falta para casarnos era tenerlo claro. Una vez teniéndolo claro y sabiendo a través de ese discernimiento, de esa oración, que era lo que el Señor nos pedía, pues no nos hacía falta ni tener más edad, ni tener más recursos, ni tener nada de nada. Solo tenernos el uno al otro con el Señor.

Almudena y Guillermo cuando todavía eran novios / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

- ¿Tuviste alguna gran crisis dentro del noviazgo? ¿Cómo ayudó el Señor a resolverla?

- No diría que una gran crisis. Al final la espera se te hace larga y estás ahí esperando la confirmación del Señor. Tuve un momento de decir: “pues es que no tengo claro… o sea, a lo mejor entonces lo que tengo que hacer es dejarlo”. Porque al fin y al cabo el noviazgo está para dejarlo: porque te casas o porque lo dejas.

Y me acuerdo que se lo conté a una amiga mía, que es la que ha vivido todo nuestro noviazgo muy de cerca y luego incluso estuvo presente el día que nos comprometimos. Se lo dije, yo toda triste, y me dijo: “¡Cómo me alegro de que me estés diciendo esto! Porque esto significa que es que os vais a casar seguro”. Claro, yo me quedé totalmente descolocada. Ella fue capaz de ver algo que yo no estaba viendo en ese momento. El Señor te confirma las cosas también a través de la gente que tienes a tu alrededor, la gente que te quiere. Y ella se dio cuenta de que realmente mi duda era porque ya el noviazgo estaba llegando a su fin, ya teníamos claro que lo que teníamos que hacer era dar otro paso. Y nos queríamos mucho y sabíamos que queríamos pasar nuestra vida juntos, compartir nuestra vida juntos y ser ayuda mutua para el otro, para llegar a la santidad. Y no lo íbamos a dejar, evidentemente.

- ¿Cómo es ir a contracorriente en este mundo?

- Pues a nosotros nos ha resultado relativamente fácil porque no lo hemos hecho solos. Tuvimos acompañamiento durante el noviazgo, en lo que ahora han llamado “El taller del orfebre”, cuando todavía no tenía nombre, con Marta y Borja. Todos poníamos en común nuestras dificultades, cómo lo vivíamos, lo difícil que lo pone el mundo… Porque yo lo hablaba con otras amigas mías y ninguna lo entendía. Todas me preguntaban que por qué no me iba a vivir antes con Guille, antes de casarme… Y yo les decía: “mira, es que a mí no me hace falta el mes gratis de prueba de Spotify para saber que quiero la suscripción Premium”.

Con ese grupo ya entablamos amistad, nos prometimos todos a la vez, nos casamos todos a la vez, somos padrinos unos de los hijos de los otros…

Lo que no sepas tú del amor te lo inventas y te lo inventas en base a lo que te viene del exterior, pues las películas, las series… Y normalmente no es un amor ordenado el que te muestran ahí. El tener a alguien que te pueda ir acompañando, que te pueda ir mostrando la verdad del amor humano, del amor como Dios lo ha pensado para el hombre, es súper necesario. Hacerlo acompañado es lo mejor que se puede hacer.

Yo animaría a todos los novios a que se apunten al Taller del Orfebre, que vivan su noviazgo también acompañados. Lógicamente las decisiones finales las vais a tomar vosotros con el Señor, pero no es una cosa de “yo me lo guiso, yo me lo como”. Hay más gente en la misma situación, hay más gente pasando por las mismas dificultades y apoyarse unos en otros es lo mejor que se puede hacer.

- ¿Cómo evangelizas en tu día a día?

- Tampoco considero que haga grandes cosas, ya simplemente creo que el hecho de vivir la vida que vivo, estando casada tan joven, teniendo los hijos tan joven… ya impacta bastante a la gente de mi alrededor que no cree y tienden a plantearse el por qué lo hago.

Nuestro hijo cuando nació se puso muy malito y he tenido amigas que no creían y que me han dicho: “que sepas que he estado rezándole a Dios por tu hijo, que yo no sé si me escucha, pero como sé que para ti es importante, he rezado yo también”.

En el turismo sí que encuentro un momento de encuentro con mucha gente, que no necesariamente tiene por qué conocer al Señor, que Dios me regala para enseñarles lo que hay, porque es lo que aprendí en Nártex. Todos mis visitantes se comen una catequesis interesante. En los últimos meses he estado diseñando un guión de visita guiada que es explícitamente una catequesis: “Alcalá y el Cielo”. Es Alcalá de Henares desde el punto de vista de la fe.

Entonces yo no voy a las Bernardas y hablo del estilo barroco y ya está, sino que hablo de por qué la belleza necesariamente nos lleva a Dios, de cómo el hombre como artista está hecho a imagen y semejanza de Dios. Hablo de la carta de San Juan Pablo II a los artistas… cosas así…. O hablo de los testimonios de los santos y no me quedo solo en la historia… Explico el sentido de que el matrimonio de Antezana quisiera, aun no habiendo tenido hijos, que su matrimonio fuera fecundo y dejar una huella realmente en Alcalá y que sirviera también para abrirse a los demás y para darse a los demás. O sea, explico todas las cosas que se explican en todas las visitas habidas y por haber, pero dándoles un sentido desde el punto de vista de la fe. Yo hago lo que lo que hacen la Asociación Nártex: intento hacer hablar a las piedras.

Almudena de Agustín, a la derecha de la imagen, y otras dos jóvenes durante su estancia en la Catedral de San Pablo en Münster (Alemania), como parte de un proyecto Nártex / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

- ¿Qué es Nártex?

- La asociación Nártex es una asociación que se dedica principalmente a la difusión del arte desde el punto de vista de la fe y a la difusión de la fe valiéndose del arte. Todos los veranos organizan unos proyectos junto con otras asociaciones internacionales en distintas iglesias y catedrales por toda Europa para mandar voluntarios que acojan a los turistas españoles cada uno en donde le toque. Aquí en España hacen muchos proyectos, por ejemplo en Torreciudad, en Madrid siempre hacen alguno….

Yo estuve en Alemania, en la Catedral de San Pablo, en Münster. Otra gente ha ido a Milán, a Brujas… Y es un voluntariado muy bonito, porque normalmente pensamos en voluntariado como irse a ayudar materialmente, ¿no? Como un voluntariado con las Hermanas de la Caridad; pero esto realmente también ayuda a gente que lo necesita en otro sentido. Porque como decía, con mi trabajo «se te ponen a tiro» muchos turistas que no necesariamente tienen por qué conocer a Jesús, a Dios, y tienes la oportunidad de hablarles de Él desde lo que están viendo a través de sus sentidos, desde las obras de arte, desde la arquitectura, desde la escultura, desde la pintura que hay en esa iglesia, y explicarles el sentido que tiene cada cosa.

Yo recomiendo a todo el mundo hacerlo, la verdad.

- ¿De qué manera has encontrado a Dios en el grado de Lenguas Modernas y Traducción?

- La traducción no deja de ser tender puentes entre distintas personas que no se entienden por la barrera de la lengua, del idioma. Y es hacer posible ese entendimiento. Yo estoy soñando con que me manden traducir un libro de Christopher West, por ejemplo, que yo los he disfrutado mucho en inglés y hay muchos que no están en español todavía. Y yo estaría encantada de que me mandaran traducir cosas de ese estilo para para poder acercar a la gente que habla español textos en inglés que les pudieran enriquecer en su vida personal. No sólo de literatura que tenga que ver con el ámbito espiritual, sino en cualquier sentido.

O sea, yo que traduzco series, que traduzco películas… al final es posibilitar el acceso a la cultura y a cualquier texto en otro idioma a la gente que lo necesita. A través de la cultura uno también se puede acercar al Señor, lógicamente.

- ¿Piensas que la juventud está receptiva a Cristo dentro del ámbito de las Humanidades?

- Yo diría que están receptivos a algo y simplemente no saben cómo llamarlo. Porque al final, la gente que se dedica a las humanidades, la gente que se dedica al arte, a la cultura… es consciente de que el mundo no es solamente matemático… El hombre es mucho más grande de lo que parece y el hombre puede hacer muchas cosas.

Yo creo que son conscientes en el fondo de que existe una grandeza detrás del hombre y detrás de lo que puede hacer, pero no saben darle nombre. Pero yo estoy segura de que si estuvieran dispuestos a abrir las miras y explorar otros caminos, lo que ellos hacen podría llevarles hasta esa conclusión. Como ha llevado a tantos otros, a San Agustín… Él lo cuenta perfectamente en el «Tarde te amé», que a través de los sentidos es a través de lo que acabó llegando al Señor.

- ¿Cómo hablas de Dios con tus amigos no creyentes?

Ha llegado el punto en el que intento no forzarlo. Ya solo con el ejemplo de mi vida ellos son perfectamente conscientes de lo que hay y saben que cuando quieren preguntar yo les voy a contestar. De hecho, como al final lo que ven más en mi vida es la parte de mi matrimonio, mi maternidad… me hacen muchas preguntas que tienen que ver con el tema, porque ahora mismo el amor humano se trata como se trata, y hay mucha equivocación y no entienden el cómo lo vivo yo.

Por ejemplo me hacen muchísimas preguntas que tienen que ver con la teología del cuerpo y yo les explico lo que quieran pero siempre me suelo encontrar con que el tope de la conversación llega donde empieza o termina la fe. Yo les puedo dar los argumentos más humanos y más comprensibles y hasta cierto punto lo entienden pero llega un punto en el que sin Dios no se entiende que yo viva las cosas como las vivo. Gracias a Dios tengo unas amigas muy abiertas al diálogo y que no juzgan mi manera de vivir, ni yo la suya, mucho menos. Y sí que podemos compartir muchas cosas.

No creo que me mis amigas me hayan oído en ningún momento juzgar ninguna de sus vivencias ni dejarlas de lado porque vivan de una manera diferente a la mía. La más antigua hace 10 años que somos amigas y siempre he estado a su lado. Estoy dispuesta a seguir a su lado siempre porque la quiero muchísimo. Y es eso, vivir la vida con sencillez y con naturalidad, no es mucho más complicado que eso.

Almudena de Agustín, joven feligresa de la parroquia de Santa María la Mayor, trabaja como guía turística en el casco histórico de Alcalá de Henares / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

- ¿Ha habido algún punto de inflexión en tu vida de fe?

- Sí. Quizá el más gordo fue cuando nació nuestro segundo hijo; estuvo muy malito, casi se nos queda por el camino y luego tuvo ciertas complicaciones que luego se han ido solventando y el niño está estupendo. A nosotros se nos pone malo el niño a los 15 días de vida, aproximadamente. Lo tenemos que dejar en el hospital solito, porque por las noches nos “echaban” de la unidad de neonatos, nos decían que nos fuéramos a casa a descansar, lógicamente, y a pesar de ser la situación la que era, y siendo yo como soy, que me suelo agobiar mucho, la gente a nuestro alrededor, la psicóloga del hospital, nos preguntaban cómo estábamos… y a todo el mundo le sorprendía porque nos veían muy enteros.

Y es verdad que estábamos muy enteros y lo vivimos con muchísima paz, porque fue llegar a Urgencias, que nos dijeran lo que podía ser, y los mensajes que mandamos para informar fueron a la familia y a nuestros grupos de la parroquia, al grupo de matrimonios y demás para poner en marcha “la máquina”. Y llegó a nuestros oídos que acabaron rezando por el niño incluso monjas de clausura en Ciudad Real, en todas partes…

Realmente fue un momento muy duro en el que nos sentimos totalmente sostenidos por la Iglesia y por el Señor. Nos apoyamos mucho el uno en el otro, nos unimos mucho como matrimonio.

A mí se me echaban a llorar otras madres en la unidad de neonatos cuando les contaba lo que le pasaba al niño. Me decían: “¿y tú por qué no lloras?” Yo decía: “pues porque tengo bastante esperanza en que todo va a ir bien y que va a ser lo que Dios quiera, que Dios sabe más que nosotros y va a ser Dios el que cuide a nuestro niño y el que nos cuide a nosotros”.

Fuimos muy conscientes en todo momento de que fue la oración de otros, el vivirlo en comunidad y el vivir en la familia de la Iglesia, lo que nos mantuvo a flote en todo momento para afrontarlo.

- ¿Cómo se concreta tu fe en el día a día?

- Pues nuestro día a día se rige mucho por lo que toca en cada momento. Nada te pone los pies más en la tierra que tener niños pequeños. Durante el día es verdad que no tenemos la posibilidad ahora mismo ni de dar catequesis como siempre habíamos hecho, ni de participar de otros grupos, ni de ir a las oraciones de matrimonios, porque son horas en las que ya estamos en la “hora de la santidad”: estamos dando baños, cenas, acostando niños…

Es verdad que a nosotros al principio nos supuso un poco de frustración el no poder llevar la vida que llevábamos antes. Pero es una cosa muy lógica: el Señor no quiere que vivamos la vida que vivíamos antes, quiere que estemos viviendo nuestra entrega en el momento, en lo que necesitan nuestros hijos en cada momento. Entonces nosotros ¿rezamos? Sí, rezamos mucho con los niños.

Nuestra hija es espectacular porque de vez en cuando hace unas cosas… De repente, está tan tranquila jugando y es de las que te viene y te dice: “Mamá ¿podemos parar a rezar por las almas del purgatorio?” Y te hace parar todo lo que está haciendo para dedicar un ratito a rezar por las almas del purgatorio o por lo que quiera pedir cada vez.

Todas las noches rezamos con ellos… ya a la mayor le van surgiendo preguntas. El pequeño cuando tiene hambre, por ejemplo, como no sabe hablar, solo pide galletas, que es lo único que dice, o se santigua. Va santiguándose para bendecir la mesa porque te está diciendo que tiene hambre y sabe que lo primero que hacemos es bendecir la mesa. Al final son ellos los que nos ponen en nuestro sitio. Tienen perfectamente claro que los domingos el centro del día es la Misa y luego santificar las fiestas. No perdonan el aperitivo con los amigos de la parroquia. Son ellos los que nos permiten realmente centrar nuestra entrega en lo que tenemos que hacer y no perdernos en cosas que no son las que tocan en ese momento.

Es verdad que es difícil a veces, con el cansancio, sacar un rato de oración personal cada uno, pero al final tenemos claro que también estamos muy cerca del Señor, que nos va regalando muchas gracias para ir haciendo lo que tenemos que hacer en cada momento, que al final es un poco lo esencial ahora, sobre todo en la etapa en la que estamos, que son tan pequeños.

Pensábamos que les íbamos a enseñar nosotros muchas cosas y no, nos están enseñando muchas ellos a nosotros.

Almudena de Agustín y Guillermo el día de su boda en 2022 / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

- ¿De qué forma contribuís en la Diócesis?

Ahora mismo en las cosas de la Delegación de Familias y en la parroquia hacemos lo que podemos y lo que nos van pidiendo. Por ejemplo, en la parroquia, si me piden que vaya a ayudar con el coro, pues evidentemente voy. Participamos en los encuentros de familias con el obispo, siempre hacemos por ir y echamos un cable con lo que nos pidan. Intentamos estar disponibles dentro de nuestras limitaciones horarias impuestas por dos personas pequeñitas.

De momento seguimos haciendo por participar en todo lo que podemos y en todo lo que está pensado para que las familias puedan participar. Mantenemos un grupo de matrimonios, mantenemos un grupo de vida en la parroquia, nos juntamos también cada mes para compartir y para hablar de diversos temas y vivir la fe en comunidad, que al final es lo importante. En ese sentido no estamos solos; con el cole también tenemos la oportunidad de hacer cosas que nos van planteando, que nos van proponiendo

- Un libro que recomiendes para conocer más la fe

- Bailar en la cocina, de Pep Borrell

- Un santo o beato que sea un referente para ti

- Santa Mónica. Es ejemplo de madraza que tenía claro en qué consistía su vocación: ella estaba para ayudar a salvar a su marido y a su hijo. Para entregarse a ellos, y esa entrega se concretaba en su oración.

Termina la frase:

Los jóvenes son… el futuro de la Iglesia.

Los jóvenes esperan… el encuentro con quien les ama.

La fe de los jóvenes… tiene mucho que ofrecer.