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lunes, 25 de mayo de 2026

Papa León XIV al presentar su Encíclica ‘Magnifica humanitas’, 25-5-2025: «La Inteligencia Artificial requiere hoy ser ‘desarmada’, liberada de lógicas que la transforman en instrumento de dominio, de exclusión o de muerte»

* «La inteligencia artificial ya influye en muchos ámbitos de nuestra vida y afecta a decisiones que dan forma a la convivencia humana. Además, está cambiando drásticamente la forma en que se libran las guerras… Me han llegado otras voces muy preocupantes sobre sistemas de armas cada vez más autónomos, prácticamente fuera del alcance humano para su control efectivo. Escucho relatos alarmantes sobre algoritmos que pueden bloquear el acceso a la atención médica, el empleo y la seguridad basándose en datos viciados por prejuicios e injusticias. Y he escuchado el silencio de quienes no tienen voz cuando se toman decisiones, decisiones que probablemente generen nuevas formas de exclusión y sufrimiento… Nadie puede ser reducido a productividad, a rendimiento cognitivo o a meros datos. La persona lleva en sí misma una libertad, una interioridad y una vocación al amor y a la adoración que ninguna máquina puede reemplazar ni bloquear. Solo con una visión integral como esta se puede orientar la inteligencia artificial hacia el bien común. Solo juntos —quienes diseñan sistemas y quienes se ven afectados por ellos, países ricos y pobres, instituciones e individuos, centros de poder y periferias— podremos construir un futuro, no para unos pocos privilegiados, sino para toda la humanidad»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución del Papa León XIV

* «La Iglesia desea, con humildad y franqueza, participar en los diálogos sobre inteligencia artificial. No poseemos respuestas técnicas, ni pretendemos sustituir a los expertos. Pero aportamos una sabiduría sobre lo humano que nuestro tiempo necesita con urgencia: cada persona es única e irremplazable, un sujeto libre e inteligente con conciencia, capaz de buscar a Dios, de servir a los demás y de cuidar de nuestra casa común. Por lo tanto, invito a todos los miembros de la Iglesia y de la familia humana: aprendamos a escucharnos unos a otros, a afrontar los retos actuales con valentía y a cooperar en la construcción de una sociedad más humana y fraterna. Con este lanzamiento de Magnifica Humanitas , les invitamos a comprometerse a permanecer despiertos y, como ‘artesanos de la esperanza’, a seguir construyendo la obra de nuestro tiempo. Que el Espíritu del Señor Jesucristo Resucitado sostenga nuestro trabajo conjunto»

25 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- Al igual que «el León de antaño», el Papa León XIII, también el «León» de hoy, el Papa León XIV, mira hacia las «res novae», esas «cosas nuevas» que desafían al tiempo, a la historia y a la humanidad. Y si en aquella época fue la revolución industrial, con los numerosos y complejos cambios en el mundo del trabajo y las nuevas formas de pobreza impuestas, hoy es la Inteligencia Artificial, con su potencial y sus peligros, la que está ante los ojos y en el corazón del Pontífice, quien lanza un llamamiento universal: «Desarmar la IA». “La Inteligencia Artificial requiere hoy ser ‘desarmada’, liberada de lógicas que la transforman en instrumento de dominio, de exclusión o de muerte”.

El Papa León habla mediante metáforas, pero también con referencias a la historia, en su discurso pronunciado en el Aula del Sínodo, con motivo de la presentación de Magnifica humanitas, la primera encíclica de su pontificado publicada esta mañana, 25 de mayo. Nunca antes había ocurrido que un Papa estuviera presente en el Aula en la que se presenta al público uno de sus documentos magisteriales. Es también la primera vez que, además de cardenales y profesores, junto al Pontífice están sentados expertos en alta tecnología. Una señal de la importancia y la atención que se le da al tema tratado en la encíclica, símbolo y síntoma de la «gravedad del momento» que se vive y que provoca preocupación en la Iglesia, llamada a «descifrar las cosas nuevas a la luz del Evangelio y de la dignidad del hombre». Una inquietud a la que, sin embargo, León XIV contrapone la confianza: “La confianza de que, juntos, podemos discernir las grandes cuestiones de nuestro tiempo y, por lo tanto, el futuro de la humanidad”. 

Para leer el texto completo de la Encíclica ‘Magnifica humanitas’ pinchar sobre este texto. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la alocución del Santo Padre, cuyo texto completo es el siguiente:

PRESENTACIÓN Y PROMULGACIÓN DE LA CARTA ENCÍCLICA

“MAGNIFICA HUMANITAS”

DISCURSO DEL PAPA LEÓN XIV

Salón del Sínodo

Lunes 25 de mayo de 2026

Queridos hermanos y hermanas,

Quiero agradecerles a todos su presencia y su interés. Agradezco sinceramente a quienes organizaron esta reunión y, en especial, a quienes compartieron su conocimiento y experiencia en las diversas reflexiones que hemos escuchado.

De manera especial, quisiera agradecer al Sr. Olah por aceptar nuestra invitación. A su vez, en nombre de la Iglesia, acepto su invitación a caminar juntos, a escuchar y a hablar, y a encontrar juntos el camino para la humanidad en esta era de inteligencia artificial.

Qué gran señal de esperanza que, a pesar de nuestras diferencias, podamos escucharnos mutuamente. Este intercambio refleja claramente la gravedad del momento, así como la confianza en que, juntos, podemos discernir las cuestiones fundamentales de nuestro tiempo y, por ende, el futuro de la humanidad.

En momentos clave de la historia, la Iglesia está llamada a descifrar las «novedades» a la luz del Evangelio y la dignidad del ser humano. Hace 135 años, mi venerable predecesor León XIII observó la situación de los obreros, sus familias desarraigadas y las nuevas formas de pobreza generadas por la rápida transformación industrial. Comprendió que la Iglesia no podía permanecer al margen. En un punto de inflexión trascendental que amenazaba la dignidad humana, la encíclica Rerum Novarum pronunció su mensaje evangélico y social sobre las «novedades» que se avecinaban.

Hoy nos encontramos ante una transformación de magnitud similar, con consecuencias quizás incluso mayores. La inteligencia artificial ya influye en muchos ámbitos de nuestra vida y afecta a decisiones que dan forma a la convivencia humana. Además, está cambiando drásticamente la forma en que se libran las guerras.

Al igual que el anterior "Leo", me siento encomendado a contemplar otra gran transformación con ojos de fe, con lucidez de razón, con apertura al misterio y con los clamores de los pobres y de la tierra resonando en mi corazón.

Magnifica Humanitas nació de la escucha, como la que dio León XIII. He escuchado a científicos e ingenieros que trabajan con sincero entusiasmo en tecnologías capaces de aliviar un sufrimiento inmenso; a líderes políticos y funcionarios públicos que han buscado con perseverancia normas justas; a padres y maestros profundamente preocupados por el futuro de las generaciones más jóvenes.

También me han llegado otras voces muy preocupantes sobre sistemas de armas cada vez más autónomos, prácticamente fuera del alcance humano para su control efectivo. Escucho relatos alarmantes sobre algoritmos que pueden bloquear el acceso a la atención médica, el empleo y la seguridad basándose en datos viciados por prejuicios e injusticias. Y he escuchado el silencio de quienes no tienen voz cuando se toman decisiones, decisiones que probablemente generen nuevas formas de exclusión y sufrimiento.

De esta escucha surgió una convicción inquietante, expresada en Magnifica Humanitas : la inteligencia artificial debe ser desarmada. Sé que la palabra es fuerte, pero la elegí deliberadamente porque este momento requiere palabras capaces de captar la atención, despertar conciencias e indicar caminos para el futuro de la humanidad.

La Iglesia lleva mucho tiempo trabajando por el desarme nuclear, consciente de que todo gran poder tecnológico puede afectar la vida de las personas y, por lo tanto, debe ir acompañado de un discernimiento moral adecuado y un control público. El desarme nuclear sigue siendo un servicio a la paz y a la dignidad de la familia humana.

De manera similar, la inteligencia artificial exige ahora ser «desarmada», liberada de las lógicas que la convierten en un instrumento de dominación, exclusión y muerte. Al igual que la energía nuclear, debe estar al servicio de todos y del bien común. Las decisiones sobre tecnología jamás deben separarse de la conciencia y la responsabilidad. «No durmamos como los demás», exhortó el apóstol Pablo, «mantengámonos despiertos» (1 Tesalonicenses 5:6). Esta vigilancia es necesaria hoy. La paz, no meramente la ausencia de guerra, es justicia en acción. Pero cuando la tecnología debilita nuestro sentido crítico, la paz misma corre peligro.

Sin embargo, desarmar no es suficiente. Debemos construir.

La palabra «reconstruir» me recuerda mis años como misionero en Perú. En 2017, lluvias torrenciales e inundaciones azotaron el norte del país: muchas familias vieron sus hogares engullidos por el lodo, al igual que muchos caminos. Allí aprendí que reconstruir no significa simplemente reemplazar lo destruido. Significa reparar los lazos, restaurar la confianza y reavivar la esperanza en el futuro. Además, nadie reconstruye solo.

En Magnifica Humanitas, recuerdo al profeta bíblico Nehemías. Ante las ruinas de Jerusalén, reúne a un pueblo desanimado para propiciar un renacimiento. La imagen de las murallas no legitima cierres ni divisiones, sino que invita a cada persona a aportar su granito de arena. Ladrillo a ladrillo, se forja una convivencia más justa, capaz de salvaguardar la dignidad de todos. El esfuerzo de Nehemías resuena en nuestro tiempo. La inteligencia artificial puede ser un terreno de construcción de la historia desde un horizonte de comunión, donde el progreso técnico aprende a servir a la vida humana.

«Cada constructor escoja con cuidado cómo construir» (1 Corintios 3:10), advierte San Pablo. No teme a la obra; más bien, advierte contra la construcción sin cimientos sólidos. No temamos a la inteligencia artificial, sino que mantengamos siempre presente el papel del ser humano. No podemos ser negligentes con nuestros instrumentos técnicos más poderosos.

El verdadero desarrollo, según San Pablo VI, siempre concierne a «cada persona y a la persona en su totalidad». «Cada persona» significa que nadie puede quedar al margen de la transformación digital. «La persona en su totalidad» significa que nadie puede ser reducido a productividad, a rendimiento cognitivo o a meros datos. La persona lleva en sí misma una libertad, una interioridad y una vocación al amor y a la adoración que ninguna máquina puede reemplazar ni bloquear.

Solo con una visión integral como esta se puede orientar la inteligencia artificial hacia el bien común. Solo juntos —quienes diseñan sistemas y quienes se ven afectados por ellos, países ricos y pobres, instituciones e individuos, centros de poder y periferias— podremos construir un futuro, no para unos pocos privilegiados, sino para toda la humanidad.

Esta es la civilización del amor de la que habló san Pablo VI y que san Juan Pablo II proclamó con tanta vehemencia como un horizonte que debemos buscar juntos. No es un sueño ingenuo. Es una dirección. Es el camino que Jesucristo abre en la historia.

Por ello, la Iglesia desea, con humildad y franqueza, participar en los diálogos sobre inteligencia artificial. No poseemos respuestas técnicas, ni pretendemos sustituir a los expertos. Pero aportamos una sabiduría sobre lo humano que nuestro tiempo necesita con urgencia: cada persona es única e irremplazable, un sujeto libre e inteligente con conciencia, capaz de buscar a Dios, de servir a los demás y de cuidar de nuestra casa común.

Por lo tanto, invito a todos los miembros de la Iglesia y de la familia humana: aprendamos a escucharnos unos a otros, a afrontar los retos actuales con valentía y a cooperar en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.

Con este lanzamiento de Magnifica Humanitas , les invitamos a comprometerse a permanecer despiertos y, como «artesanos de la esperanza», a seguir construyendo la obra de nuestro tiempo. Que el Espíritu del Señor Jesucristo Resucitado sostenga nuestro trabajo conjunto.

Encomiendo a cada uno de ustedes a nuestra Madre María. Su Magníficat canta la grandeza de Dios, que exalta a los humildes. Que ella nos enseñe a reconocer la verdadera grandeza de cada hombre y cada mujer en el amor y el servicio. Que el Señor haga fructífera la gran empresa que hoy encomendamos a su gracia, permitiendo que la civilización del amor madure en la historia.

Invoco de todo corazón la bendición de Dios sobre todos vosotros.

Muchas gracias.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 25-5-2026

Para leer el texto completo de la Encíclica ‘Magnifica humanitas’ pinchar sobre este texto

Álvaro Simón: «Con 7 años mi corazón barruntaba que tenía que ser del Señor, me enamoré de una chica, hice la carrera de Historia y porque soy imperfecto, seré sacerdote, un canto a la vida de Cristo que está vivo»

Álvaro Simón, en el centro, con el sacerdote José Andrés y su sobrino, Enrique / Foto: Infomadrid

* «Quiero servir desde lo hondo del corazón hasta lo hondo del corazón del otro, ayudando a sanar desde el buen humor y el acompañamiento. Desde mi pobreza, ser testigo de la presencia de Dios hoy. Decir que Dios te ama, sufre, vive, disfruta, te acompaña»

Camino Católico.- «Mi corazón barruntaba que tenía que ser del Señor, pero no sabía en qué forma». Álvaro Simón tenía 7 años cuando tuvo una experiencia particular del amor de Dios. En su familia eran creyentes, pero no de Misa, con lo que la relación que el pequeño Álvaro entabló con Dios fue en el oratorio de su colegio, los escolapios de Zaragoza. «Allí me enseñaron a rezar», una fe que empezó a vivir más en el silencio de su corazón.

Recuerda su Primera Comunión, que vivió con mucha alegría. Los años pasaron y de aquella época «doy gracias al Señor que me permitió enamorarme de una chica». Pero «en mi corazón veía que era de Dios» y percibía que era posible concretar esa pertenencia en una vida sacerdotal. De hecho, «hice la carrera de Historia sabiendo que tarde o temprano tenía que caer del guindo» dice a Infomadrid.

Álvaro Simón con el padre Laplana, un monje de Montserrat, que acompañándolo le enraizó en el Señor / Foto: Infomadrid

Entonces fue determinante el padre Laplana, un monje de Montserrat con el que Álvaro contactó a través de Facebook. El joven iba a verle a la abadía —esas «frikadas» que uno hace a veces, se ríe, igual que «por una chica eres capaz de hacer cualquier locura»— y estos encuentros marcaron «un antes y un después», porque se descubrió a sí mismo, descubrió la vida de oración y aprendió a «no tener miedo de mis sombras» y fragilidades.

En ese tejido de la historia de Álvaro, el Señor lo llevó, por un amigo común, a compartir vida con un sacerdote de Madrid y su sobrino (José Andrés y Enrique), que lo acogieron en su casa mientras estudiaba un máster en Historia de las Religiones en la Universidad Complutense de Madrid.

Álvaro Simón con monaguillos, detrás en el centro / Foto: Infomadrid

El dolor de la muerte de un padre

Fue en ese tiempo cuando se concretó su entrada en el Seminario Conciliar de Madrid. Era el curso 2019-2020. La primera generación del propedéutico y la de la pandemia. «En el verano del desconfinamiento, mi padre falleció por covid». «Pero me vio entrar en el seminario y me vio feliz». Unos comienzos «rocosos», aunque Álvaro seguía con el mismo amor a Jesús que a sus 7 años.

Ese sufrimiento que experimentó en carne propia «ha sido la asignatura que me ha preparado para acompañar el sufrimiento de los demás». Es como si pudiera decir «te entiendo y vamos a caminar juntos».

Álvaro Simón, el primero por la derecha / Foto: Infomadrid

Los años de seminario le han ayudado a Álvaro «a aceptarme como soy y a procurar ser muy humano; entré muy perfeccionista, y he descubierto que porque soy imperfecto, puedo ser sacerdote». Además de aprender a convivir y de ver el paso de Dios por la vida, también ha descubierto «el peso de las mediaciones y de dejarte ayudar». Y asegura que el seminario no es tanto hacer como responder. A una llamada. A Dios.

Álvaro hace actualmente su etapa pastoral en la parroquia San Clemente Romano de Villaverde. Como diácono, le gustaría atreverse a «servir desde lo hondo del corazón hasta lo hondo del corazón del otro», sin temer el sufrimiento, ayudando a sanar desde «el buen humor y el acompañamiento». Y como sacerdote, querría, «desde mi pobreza, ser testigo de la presencia de Dios hoy, aquí, en este Madrid». Ser «un canto a la vida en Cristo», decir que «Dios te ama, sufre, vive, disfruta, te acompaña». Que «Jesús está vivo».


Álvaro Simón compartiendo formación con jóvenes / Foto: Infomadrid

Visita del Papa

Álvaro y su curso serán los diáconos de León XIV. Se han ordenado el sábado 23 de mayo, a escasos días de la visita del Papa,  un «regalo». Además de él son ya diáconos Alfonso Blanco, Álvaro Solé y Óscar Jesús Concejal. «Poder diaconar con el Papa León» lo ve como un «signo de entregar la vida por la Iglesia», que es precisamente, concluye, lo que para él brilla en los sacerdotes.

Álvaro Solé: «Una hermanas mía murió y me alejé de la Iglesia 7 años, en un retiro espiritual me encontré con Dios, al perder el trabajo escuché en la Eucaristía el pasaje del joven rico y le dije al Señor: ‘Yo seré tu sacerdote’»

Álvaro Solé sigue su camino para ser sacerdote después de haber sido ordenado diácono / Foto: Infomadrid

* «Dios sigue llamando y sigue enviando pastores a su pueblo. Es el Señor quien ha obrado y quien me ha sostenido, puedo confiar en que seguirá sosteniéndome en este sí»

Camino Católico.- Álvaro Solé ha sido ordenado diácono este sábado, 23 de mayo, en la catedral de la Almudena junto con 9 seminaristas del Seminario Conciliar de Madrid, entre ellos Alfonso Blanco, Óscar Jesús Concejal y Álvaro Simón. Procede de una familia de ocho hermanos. Uno de ellos tiene síndrome de Down y la muerte de una de sus hermanas fue precisamente el acontecimiento que marcó su alejamiento de la Iglesia.

Retiro espiritual

Su historia comenzó hace siete años, cuando decidió entrar al seminario tras un profundo proceso de conversión iniciado en un retiro espiritual. «Yo estaba muy alejado de la Iglesia. No iba a misa, no me confesaba y no tenía vida de comunidad», recuerda en Infomadrid. Aquel encuentro con el Señor, transformó por completo su mirada y le permitió volver a reconocer la presencia de Dios en su día a día.

Después de ese momento, regresó poco a poco a la vida de la Iglesia. Comenzó a participar en un grupo de jóvenes, retomó la oración y volvió a recibir los sacramentos. «Había estado prácticamente siete años sin pisar una iglesia», explica.

Álvaro Solé, el segundo por la izquierda en la fila de detrás, con su familia / Foto: Infomadrid

«Yo seré tu sacerdote»

La pregunta vocacional apareció poco después de su conversión, aunque no fue fácil aceptarla. «La primera vez que me pregunté por qué no ser sacerdote», rechazó la idea». A los dos años, volvió una segunda vez, y «también la rechacé». Sin embargo, la insistencia del Señor fue abriendo camino en su corazón.

El momento decisivo llegó cuando Álvaro perdió su trabajo. Ese mismo día escuchó en la Eucaristía el pasaje del joven rico: «Si quieres ser perfecto, vende todos tus bienes, así tendrás un tesoro en el Cielo y luego ven y sígueme». Aquellas palabras tocaron profundamente su vida. «Por primera vez respondí que sí». Le dijo al Señor «Yo seré tu sacerdote».

Alegría y esperanza

Reconoce que aquel primer «sí» era pequeño, pero con el tiempo se ha ido fortaleciendo y madurando en el seminario. Ahora, a pocos días de su ordenación, vive este momento con gran «alegría y esperanza», apunta el futuro diácono.

También afirma que «es impresionante ver cómo todo el pueblo de Dios comparte esta alegría tan grande». En sus parroquias —San Benito Menni de Carabanchel y actualmente San Juan Evangelista, en la zona del Parque de las Avenidas— ha experimentado «el cariño y la cercanía» de tantas personas que rezan por él y le acompañan en estos momentos.

Álvaro Solé, el segundo por la derecha de los que están de pie, con sus compañeros que también han sido ordenados diáconos / Foto: Infomadrid

Apoyo de toda la Iglesia

Álvaro percibe que la alegría de la comunidad no es solo por él, sino porque «Dios sigue llamando y sigue enviando pastores a su pueblo». También agradece el apoyo recibido en el movimiento de Comunión y Liberación, del que forma parte, así como el acompañamiento de su familia, amigos y personas que han compartido «su camino de fe».

Además, señala que, durante todo este tiempo, ha visto como «es el Señor quien ha obrado y quien me ha sostenido, puedo confiar en que seguirá sosteniéndome en este sí». Y concluye agradecido por el apoyo de toda la Iglesia. «Es el pueblo de Dios quien me acompaña, reza por mí y me sostiene».

Por último, Álvaro recuerda que, durante su etapa en el seminario, conoció la noticia que su padre, Gabriel Solé, sintió también la llamada al diaconado permanente. Así, mientras Álvaro ha sido ordenado diácono transitorio el 23 de mayo, su padre recibirá la ordenación como diácono permanente el próximo 20 de junio.

Óscar Jesús Concejal: «Me formé con la imagen del ‘Dios castigador’, me alejé de la práctica religiosa, me hice profesor de inglés, una misionera y una compañera me llevaron al ‘Dios amor’ que me llamó a ser sacerdote»

Óscar Jesús Concejal, a la izquierda, junto a dos seminaristas en la JMJ Lisboa 2023 / Foto: Infomadrid

* «Dios me ha cocido a fuego lento en su amor y su misericordia, con mucha paciencia, porque hay guisos como yo que tardan más en hacerse. Dios es el mejor Masterchef. El Señor me ha transformado a mí y mis heridas en fuente de vida. De ahí que me sienta muy llamado a llevar el rostro de Cristo ante tanto sufrimiento, junto a, evidentemente, celebrar los sacramentos»

Camino Católico.- Óscar Jesús Concejal tiene 55 años, y el 23 de mayo ha sido ordenado diácono en la Catedral de la Almudena de Madrid, como 9 compañeros, entre ellos Alfonso Blanco, Álvaro Solé  y Álvaro Simón. Lleva a cabo su etapa pastoral en la parroquia Santísimo Cristo del Amor, en Cuatro Vientos. «Dios me ha cocido a fuego lento en su amor y su misericordia, con mucha paciencia, porque hay guisos como yo que tardan más en hacerse». Por eso, siguiendo con la jerga gastronómica, afirma en Infomadrid que «Dios es el mejor Masterchef».

Aunque no le molesta que la gente lo diga, para él no hay «vocación tardía», que le suena más bien a «como si hubiéramos dejado para Él las sobras», sino que «mi experiencia de vida me ha hecho ser quien soy y ha conformado mi vocación en su momento adecuado, no para mí sino para los planes de Dios».

La historia de Óscar arranca en Madrid, hijo de madre extremeña y padre madrileño, y una hermana cuatro años mayor que él. «Quizá por la educación recibida» se fue formando en él una imagen de Dios «castigador, de cumplir», y eso le chirrió. «No se puede estar en una relación con alguien por miedo o por cumplimiento», de modo que concluyó que «esta religión no es la mía».

Óscar Jesús Concejal, delante de todo el grupo agachado / Foto: Infomadrid

Rostros concretos

Entonces «no perdí la fe», pero «me alejé de la práctica religiosa». Esto fue en su adolescencia. Después, estudió Filología Inglesa y aprobó las oposiciones, sacándose su plaza de profesor de Inglés en la escuela pública.

Hacia los 30 años, como el hijo pródigo, empieza su camino de vuelta a casa, que fue siempre a través de rostros concretos, y trae dos a la memoria: May, misionera irlandesa de Verbum Dei, y Pilar, una compañera suya de universidad que hoy es salesiana. Ellas le fueron acompañando al Dios amor, y en contraposición a esa imagen distorsionada de su infancia, «esto ya me sonaba muy bien».

Con sus «idas y venidas», Óscar volvió a la oración, a los sacramentos y a tener experiencias de Dios, de ese «amor fundante». Nunca se había planteado la vocación al sacerdocio, aunque de pequeño había estudiado en un seminario menor. Pero un día, en clase con sus alumnos, tuvo una revelación: «¿Qué hago dándoles inglés cuando lo que necesitan en realidad, lo que tienen es sed de otra cosa, de eternidad, de Dios?». Y surgió un diálogo en su interior: «Tienen hambre - Dales tú de comer». 

Óscar Jesús Concejal, el segundo a la derecha, en una visita a Roma con su curso / Foto: Infomadrid

Una señal para dar el sí

Para dar el sí a una llamada al sacerdocio tenía la excusa perfecta, una «vida resuelta» y una edad avanzada. Así que le pidió a Dios una señal si realmente «quieres que me haga cura», y esta vino con otro rostro concreto, el de José Ignacio Sánchez Carazo, «un seminarista mucho más mayor que yo» al que conoció a través de su grupo de oración. «Me quedé con la boca abierta», y ya no pudo poner más excusas. «Pa’lante», y empezó el propedéutico.

Reconoce que era reacio, «pensarán que este señor qué hace aquí», pero Dios le daba confianza, porque si era que no, en realidad él seguía teniendo su plaza de funcionario. El seminario estos años ha sido bonito, pero duro. «A uno con 50 años le cuesta dejarse hacer, negarse a sí mismo duele», pero «los compañeros de curso me han ayudado mucho» y los formadores han tenido una paciencia que «ni el santo Job». 

Óscar Jesús Concejal en CEDIA, recurso para personas sin hogar de Cáritas Diocesana de Madrid / Foto: Infomadrid

«Dejarnos hacer y configurarnos con Cristo»

El paso por el seminario ha sido «una experiencia de amor y sobre todo de no creerme que yo lo sé todo por tener 50 años; estamos ahí para dejarnos hacer y configurarnos con Cristo». Y aquí introduce una imagen «que me gusta mucho: a Cristo caminando sobre las aguas». Lo que Óscar ha experimentado en su vida es que «cuando fijo la mirada en Él, soy capaz, pero si la pongo en mí mismo, me hundo hasta el abismo, aunque siempre tienes la confianza de que Él está ahí para sacarte».

Igual que esa llamada que tuvo a entregar a sus alumnos el agua viva, como Jesús a la samaritana, la tiene ahora Óscar de cara a su futuro ministerio. Él, que también vivió situaciones complicadas en su infancia, se conmueve ante tanta gente que sufre. Y sabe que hay esperanza para ellos porque lo ha experimentado en primera persona. «El Señor me ha transformado a mí y a esas heridas en fuente de vida».

De ahí que «me sienta muy llamado a «llevar el rostro de Cristo ante tanto sufrimiento, junto a, evidentemente, celebrar los sacramentos», pero para eso está el presbítero, «lo principal es lo principal». En todo ello, como pilar, le sostiene la Virgen. «Un sacerdote tiene que ser mariano».

Óscar Jesús Concejal en una celebración con los acólitos / Foto: Infomadrid

Meditación-oración: Inúndanos Señor con tu Espíritu Santo / Por Arturo López

Camino Católico.- La meditación-oración la realiza Arturo López Martos, laico casado y padre de dos hijos, miembro de la Comunidad Familia, Evangelio y Vida. En esta enseñanza se profundiza en la necesidad vital que llevamos inscrita en nuestro corazón de ser Templos del Espíritu Santo, el Paráclito, el consolador, el defensor. 

Estamos llamados a mostrar a Cristo con todas nuestras actitudes, también eso conlleva el acoger en nuestros corazones el amor del Padre del Cielo derramado por el Espíritu Santo y convertirnos en consoladores, paráclitos, de las personas que se crucen en nuestro camino. Para eso debemos invocar y clamar al Espíritu Santo para que actualice la salvación de Jesucristo en las áreas oscuras de nuestra vida. Al final de la meditación se realiza durante 15 minutos una oración pidiendo al Espíritu Santo que sane todo cuanto nos impide acoger con libertad el amor de Dios. 

Arturo López también participa de las reuniones de plegaria del grupo de oración Familia, Evangelio y Vida de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Vilanova i la Geltrú, Barcelona, España, donde ha sido grabada en directo esta enseñanza, el lunes 6 de junio de 2011.

Invocar al Espíritu Santo cada día para que nos revele lo que viene de Dios y lo que es del mal / Por Conchi Vaquero

 


Camino Católico.- Conchi Vaquero Callejas, laica casada y madre de dos hijos, miembro de la Comunidad Familia, Evangelio y Vida, en esta enseña invita a invocar al Espíritu Santo cada día para que nos revele lo que viene de Dios y lo que es del mal.

Conchi Vaquero pertenece también al grupo de oración Familia, Evangelio y Vida de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Vilanova i la Geltrú, Barcelona, España, donde ha sido grabada en directo esta charla, el sábado 7 de enero de 2023.

Pondré en vosotros mi Espíritu y viviréis / Por Conchi Vaquero

 


Camino Católico.-  Conchi Vaquero Callejas, laica casada y madre de dos hijos, miembro de la Comunidad Familia, Evangelio y Vida, reflexiona en esta enseñanza respecto a cómo el Espíritu Santo actúa en nuestros conflictos interiores: pecados, heridas, educación, cultura, sociedad… Si nos dejamos guiar por el Espíritu y buscamos como Jesucristo  servir a Dios Padre, renunciando a nosotros mismos, viviremos la experiencia de profundizar cada día en nuestra fe.

Conchi Vaquero pertenece también al grupo de oración Familia, Evangelio y Vida de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Vilanova i la Geltrú, Barcelona, España, donde ha sido grabada en directo esta enseñanza, el lunes 7 de noviembre de 2011.

Alfonso Blanco: «Quería hacer Diseño Gráfico, pregunté: ‘¿Cuál es la voluntad de Dios?’; en adoración escuchaba la palabra ‘sacerdote’ y lo voy a ser porque orando a la Virgen entendí que es ayudar a Jesús a la salvación de las almas»

Alfonso Blanco con el Papa Francisco en el Vaticano / Foto: Archimadrid

* «Mi deseo más profundo es ser una sacerdote del corazón de Jesús; estar toda mi vida intentando unirme al corazón de Jesús para ser otro corazón de Jesús en el mundo. En la sociedad de hoy la gente necesita encontrarse con un Dios que perdona, que ha venido a salvarnos, no a condenarnos»

Camino Católico.-  Alfonso Blanco creció en una familia «que no creía en Dios» y «no nos inculcaron nada la fe». Lo bautizaron e hizo la Primera Comunión más por tradición que por convicción. Y ahora, a sus 25 años, ha sido ordenado diácono, con 9 compañeros más, entre ellos Álvaro Solé, Óscar Jesús Concejal y Álvaro Simón. después de seis años en el Seminario Conciliar de Madrid preparándose para el sacerdocio.

¿Qué pasó? «Que en 2013 mi madre se convirtió y nos empezó a llevar a la iglesia» dice a Archimadrid. Alfonso tenía 12 años. Comenzó a rezar por las noches, a reconocer que Dios existe y a tener experiencias muy reales de Él, «de paz y alegría; notaba que Dios me quería».

Una de estas experiencias fue el sacramento del Perdón. Su madre le había apuntado a catequesis de Confirmación y la catequista los animó a una confesión «de corazón». Entonces Alfonso, que aunque se estaba preparando en la parroquia Santísimo Cristo de la Misericordia de Boadilla acudía regularmente a Santa María de Caná, en Pozuelo, se fue a confesar a esta última.

Ha pasado más de la mitad de su vida desde entonces, pero Alfonso lo explica con tal viveza que pareciera hubiera sido ayer. «En esta confesión sentí realmente el perdón de Dios, me sentí amado». La vivencia del amor de Dios a través de su perdón fue un puntal en su crecimiento espiritual.

Alfonso Blanco, en primer plano, a la derecha, con los jóvenes universitarios de su parroquia / Foto: Archimadrid

La pregunta más honda

El Alfonso adolescente va cada vez con más frecuencia a Misa, se hace asiduo al confesionario y con 15 años tiene claro qué es lo que quiere ser de mayor: Diseño Gráfico y Bellas Artes. Pero hay una pregunta más honda: «¿Cuál es la voluntad de Dios?».

Un día, en oración ante el Santísimo, escuchó su voz: «Yo te quiero tal y como eres». Y a partir de ese momento, «como un pequeño susurro en el corazón», surgía repetidamente una palabra, «sacerdote».

A Alfonso no le asustaba nada, «si es de Dios, no tengo ningún problema», pero había una inquietud: deseaba estar enamorado del sacerdocio, y sin embargo no entendía muy bien lo que era. En esto le ayudó la Virgen, quien, por cierto, había jugado un papel destacado en la conversión de su familia (padres y hermana mayor) porque después de su madre fueron todos en cascada.

A la Virgen le pidió un día: «Enamórame del sacerdocio». La Madre le hizo entender que «ser sacerdote es ayudar a Jesús a la salvación de las almas». Se dio cuenta de que su mayor deseo, que era ir al cielo, se ampliaba al mundo. «Entre Diseño Gráfico o ayudar a Jesús, no hubo duda», ríe. 

Alfonso Blanco, detrás, en una convivencia con los adolescentes de su parroquia actual / Foto: Archimadrid nieve 

Sin dudas

Desde finales de 4º de la ESO y durante los dos cursos de Bachillerato tuvo un acompañamiento espiritual mucho más intenso y una implicación mayor en la parroquia. «Día a día me iba dando cuenta de que eso era lo que me movía». Así que se examinó de la EBAU y entró en el Seminario. Era septiembre de 2019.

Reconoce que le costó ubicarse, «fue un cambio radical», con un ritmo muy intenso, de mucha oración, de mucho estudio… Además, a los pocos meses llegó el confinamiento por el Covid y se volvió a casa de sus padres; en el Seminario les dijeron que aquellos que pudieran, lo hicieran.

Alfonso Blanco durante su estancia misionera en Perú con niños indígenas / Foto: Archimadrid

Pero nunca ha tenido dudas de su vocación. Ahora, Alfonso hace su formación pastoral en la parroquia Madre del Amor Hermoso de Villaverde Bajo y pasa los veranos en experiencias de crecimiento propuestas por el Seminario: un verano viviendo en la parroquia, otro en una casa de mayores con discapacidad en Extremadura, las JMJ, estancias en el Cenáculo de la madre Elvira, «y otro me pidieron ir a Perú», a un colegio para muchachos de tribus indígenas que no hablan castellano. «Me encantó».

A pocos días de su ordenación asegura no sentirse especialmente nervioso, «lo están más mis padres». «Siento que hay mucho que crecer, pero la Iglesia ha dicho que sí y el Señor está ahí para recordarte su fidelidad».

Además, está especialmente ilusionado porque serán los diáconos del Papa León XIV. Ya tuvieron la oportunidad de encontrarse con el Papa Francisco en el Vaticano, y ahora podrán servir en las celebraciones del viaje apostólico de junio. «Otro regalo del Señor, empezar con el Papa».

Futuro sacerdote

Sobre su futuro, «mi deseo más profundo es ser una sacerdote del corazón de Jesús; estar toda mi vida intentando unirme al corazón de Jesús para ser otro corazón de Jesús en el mundo». Pide que nunca le falte con los demás la misericordia que Dios tuvo y tiene con Él; la acogida, «como me ha acogido a mí», y la alegría.

«En la sociedad de hoy la gente necesita encontrarse con un Dios que perdona, que ha venido a salvarnos, no a condenarnos». No se necesita más —añade— que el perdón, el amor y la misericordia de Dios. 

Alfonso Blanco, el segundo por la izquierda, agachado en la primera fila, con su curso del Seminario de Madrid / Foto: Archimadrid