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viernes, 25 de septiembre de 2026

Homilía del P. Félix Castedo y lecturas de la Misa de hoy, viernes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario, 25-9-2026

25 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Félix Castedo y lecturas de la Santa Misa de hoy, viernes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, viernes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario, 25-9-2026

25 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, viernes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario, presidida por el P. Félix Castedo, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Dolorosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 25-9-2026

25 de septiembre de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, viernes, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 25/9/2026: «Tú eres el Mesías de Dios» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 25 de septiembre de 2026, viernes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Lucas 9, 18-22:

Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó:

«¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos contestaron:

«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».

Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Pedro respondió:

«El Mesías de Dios».

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. porque decía:

«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».

Adoración Eucarística con el P. Mateo Camota en la Basílica de la Concepción de Madrid, 25-9-2026

25 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. Mateo Camota, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Oración a San Carlos de Sezze para pedir la humildad / Por P. Carlos García Malo


Camino Católico.- Cada 25 de septiembre la Iglesia celebra a San Carlos de Sezze, fraile franciscano nacido en Italia, uno de los más grandes exponentes de la poesía y la mística del siglo XVII. Fray Carlos llevó en carne propia signos físicos del amor de Dios: su corazón fue traspasado por un rayo de luz proveniente de la Eucaristía que le dejó una herida abierta en el pecho hasta el final de su vida.

Juan Carlos Marchioni -nombre de pila del santo- nació en 1620, en el pequeño pueblo de Sezze, en la región de Lacio (Italia). De origen humilde, logró acceder a la escuela gracias al encomiable esfuerzo de sus padres.

“Un fracaso escolar” y el consiguiente milagro

Un día, en la escuela, Juan Carlos recibió un fuerte castigo físico -a la usanza de la época-. a manos de su maestro por no haber aprendido adecuadamente una lección. Sus padres, decepcionados, pensaron que el muchacho carecía de aptitudes para el progreso en los estudios. Así que decidieron sacarlo del colegio y enviarlo a trabajar al campo, donde -pensaban ellos- el jovencito podría ser de mayor provecho.

Carlos pensó, por su parte, que su fortuna no había sido del todo mala y que podría vivir en el campo por el resto de su vida, lejos del compromiso de tener que estudiar.

Sin embargo, las circunstancias dieron un giro inesperado. Un día cualquiera, de esos que Carlos se la pasaba en el campo sin hacer mucho, una bandada de aves espantó a los bueyes que conducía mientras araba la tierra. Estos, nerviosos, se pusieron violentos y arremetieron contra él. Preso del terror, en un instante, se le pasó por la cabeza que moriría allí mismo, de manera irremediable. Las bestias no se calmaban, entonces, su mente, en “acto reflejo” espiritual, invocó a Dios para que lo libere de la muerte: “¡Me meto al convento, pero sálvame, Señor!”.

Un segundo después, se encontró tirado en el suelo, abrió paulatinamente los ojos, tomó aire y miró alrededor. Los bueyes ya no estaban junto a él; solo pudo divisar sus siluetas a cierta distancia. Se revisó por todas partes. Estaba completamente ileso.

Perseverar hasta el fin

Unos días después del susto, Carlos vio pasar a unos franciscanos por el campo donde trabajaba. Raudo, se acercó a ellos a preguntar qué debía hacer para ser como ellos. Los frailes le dijeron que se dirigiera a Roma y buscase hablar con el padre superior de la Orden.

De inmediato, el jovencito se juntó con tres amigos con quienes unos días después iniciaría el periplo hacia la Ciudad Eterna.

Los cuatro llegaron a la casa de los franciscanos en Roma y fueron recibidos por el padre superior. Este, queriendo poner a prueba sus intenciones, los recibió ásperamente y los trató como haraganes -otros más de todos los que tocaban la puerta del convento para asegurarse alimento gratis y un techo-. Acto seguido, el superior los echó fuera.

Los jóvenes insistieron en ser recibidos alegando que sus intenciones eran rectas, pero no consiguieron que el fraile cambie de opinión, así que tuvieron que apartarse. No obstante, al rato, decidieron volver y tocar otra de las puertas del convento, a ver si su suerte cambiaba. Cuando les abrieron, suplicaron al superior -esta vez con gritos- que los recibiera. El fraile, haciéndose el difícil, les dijo que esa noche les permitiría dormir en calidad de limosneros, pero que al día siguiente tendrían que irse definitivamente.

Los cuatro aceptaron la propuesta, pero, al día siguiente, en vez de ser echados, recibieron un mensaje inesperado del superior. El fraile les mandaba decir que habían pasado “la prueba inicial” y que serían admitidos como aspirantes.

“Todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mt 16, 25)

Carlos fue nombrado portero del convento. Su costumbre era admitir a todo caminante que pidiera hospedaje por las noches, generalmente muy frías, así como repartir entre los huéspedes la limosna que la gente con más recursos le dejaba. Al principio el superior se lo aceptaba, pero después lo mandó llamar para decirle: "De hoy en adelante no admitiremos a hospedarse sino a unas poquísimas personas, y no repartiremos sino unas pocas limosnas, porque estamos dando demasiado".

Él obedeció como correspondía, pero sucedió entonces que ya nadie les daba las cuantiosas ayudas de antes y el número de benefactores habituales de la Orden se redujo. Entonces, el superior lo llamó para preguntarle cuál podría ser la causa de tal disminución.

"La causa es muy sencilla –respondió el hermano Carlos-, es que dejamos de dar a los necesitados y Dios dejó de darnos a nosotros. Porque con la medida con la que repartamos los demás, con esa medida nos dará Dios a nosotros".

Esa misma noche Fray Carlos recobró el permiso para recibir a cuanto huésped pobre llegara y para repartir las limosnas generosamente. Dios volvería a enviar a los frailes las habituales y copiosas donaciones, suficientes para vivir y ayudar.

Las puertas del cielo están abiertas para los que practican la humildad

No pocos, entre quienes reconocían en Carlos una vida espiritual profunda, le solicitaron que redactara ciertas pautas que ayudaran a otros a orar mejor y crecer en santidad. El fraile aceptó el pedido y dio su consentimiento para que se difundieran sus textos. Esto, lamentablemente, no fue del agrado de todos. Lo que para él era un acto de obediencia y desprendimiento, se convirtió a los ojos de algunos en un gesto de petulancia y vanidad. Después llegaron las reprimendas y la amenaza de excluirlo de la comunidad.

El buen fraile no tenía ni idea de que para estos menesteres son necesarias las censuras y revisiones de los “doctos”. Humillado, se arrodilló ante el crucifijo para desahogar su dolor, cuando, de pronto, oyó una voz que le decía: "Ánimo, que estas cosas no te van a impedir entrar en el paraíso". Esa voz era la de Cristo, que desde la cruz le estaba hablando.

Un corazón traspasado, Tú no lo desprecias (Sal 51, 17)

Había una breve y sencilla oración que el hermano Carlos repetía con frecuencia: "Señor, enciéndeme en amor a Ti". El pedido se convirtió en jaculatoria porque siempre estaba en sus labios o en sus pensamientos. Estas sencillas palabras le ayudaban a expresar cuánto Cristo había transformado su vida y cuán unida a Él se hallaba su alma.

Un día de octubre de 1648, durante la elevación del Santísimo Sacramento, San Carlos vio cómo un rayo de luz brotaba de la hostia consagrada en dirección a su pecho. En ese instante, mientras clamaba a Dios angustiado, sintió que esa luz le traspasaba el corazón.

Después, se encontró anonadado. Sobre su pecho había quedado una herida abierta; una que no cerraría jamás.

La virtud y el arte

San Carlos de Sezze escribió varios poemas de carácter místico, en la tradición de la poesía del amor divino, característica del medioevo italiano. Destacan Las tres vías, El sagrado septenario, y Los discursos sobre la vida de Jesús.

Además redactó, por orden de su confesor, una Autobiografía, la que se considera hoy como decisiva para comprender su alma mística.

En el cielo y en la tierra

San Carlos de Sezze fue beatificado en 1882 por el Papa León XIII, más de dos siglos después de su muerte; y fue canonizado por el Papa San Juan XXIII, el 12 de abril de 1959. Pidamos la gracia de la humildad por intercesión de San Carlos de Sezze con esta oración:

San Carlos de Sezze, que siguiendo los pasos del humilde peregrino de Asís, te entregaste en cuerpo y alma a la orden de los hermanos menores; y reconociendo en ti tus limitaciones y pobrezas sólo quisiste ser un pobre hermano lego a la vez que limosnero paseando por las aldeas, mendigando alimentos y unas cuantas monedas. Mientras que algunos se reían de tu simplicidad, Dios se fijó en ti…

San Carlos de Sezze, quisiera ser humilde y dejarme hacer; estar escondido y que brille sólo Él: 

Cristo. Bendice a través de mí a quienes se acerquen, pero que no me vean a mí, que yo pasé desapercibido, invisible; y que la gloria de Dios resplandezca siempre iluminando de alegría, bondad y amor los corazones que tú has creado

Amén

P. Carlos García Malo

San Carlos de Sezze muestra el valor de la sencillez: servir sin buscar reconocimiento, aceptar las dificultades con paciencia y mantener una profunda confianza en Dios / Por P. Carlos García Malo

 


jueves, 24 de septiembre de 2026

Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Misa de hoy, jueves, la Virgen de la Merced, 24-9-2026

24 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Santa Misa de hoy, jueves de la 25ª semana del Tiempo Ordinario, la Virgen de la Merced, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, jueves, la Virgen de la Merced, 24-9-2026

24 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, jueves de la 25ª semana del Tiempo Ordinario, la Virgen de la Merced, presidida por el P. Heliodoro Mira, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Luminosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 24-9-2026

24 de septiembre de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Luminosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, jueves, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

Palabra de Vida 24/9/2026: «A Juan lo mandé decapitar yo» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 24 de septiembre de 2026, jueves de la 25ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Lucas 9, 7-9:

En aquel tiempo, el tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros en cambio, que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Herodes se decía:

«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?».

Y tenía ganas de verlo.

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 24-9-2026

24 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Oración a la Virgen de la Merced para ser liberados de las cárceles espirituales y materiales que nos impiden vivir en la libertad de los hijos de Dios / Por P. Carlos García Malo

* «Santísima Virgen de la Merced, misericordia, perdón, dadiva... significa tu dulce nombre. Tú, que inspiraste a San Pedro Nolasco la Fundación de los Mercedarios para redimir y liberar a los cristianos presos en países sarracenos. Míranos hoy a los cristianos de este siglo presos de la idolatría, de la falsa fama, del dinero; rindiéndole culto al príncipe de la mentira buscando respuestas en sortilegios, augurios y otras supersticiones. Sólo tu Hijo es el camino, la verdad y la vida. Ayúdanos con tu intercesión a salir del engaño y de esas cárceles que nos hemos construido y que vivamos junto a ti y junto a Cristo en la libertad de los hijos de Dios que trae paz, amor, dicha y felicidad a las almas»

P. Carlos García Malo / Camino Católico.-  Cada 24 de septiembre la Iglesia celebra a la Virgen de la Merced que significa “misericordia”, advocación que se remonta al siglo XIII cuando la Virgen se le aparece a San Pedro Nolasco y lo anima a seguir liberando a los cristianos esclavos. En esa época los moros saqueaban las costas y se llevaban a los cristianos como esclavos a África. En esa horrenda condición, muchos perdían la fe al pensar que Dios los había abandonado.

Pedro Nolasco, al ver esta situación, vendió hasta su propio patrimonio para liberar a los cautivos. De igual modo, formó un grupo para organizar expediciones y negociar redenciones. Cuando se les acabó el dinero, entonces pidieron limosnas. Sin embargo, las ayudas también se terminaron. Es aquí que Nolasco pide a Dios que le ayude.

En respuesta, la Virgen se le aparece y le solicita que funde una congregación para redimir cautivos. Nolasco le preguntó: “¡Oh Virgen María, madre de gracia, madre de misericordia! ¿Quién podrá creer que tú me mandas?”

Y María respondió diciendo: “No dudes en nada, porque es voluntad de Dios que se funde una orden de ese tipo en honor mío; será una orden cuyos hermanos y profesos, a imitación de mi hijo Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel es decir, entre los cristianos y serán signo de contradicción para muchos”.

Ante este deseo, se funda la orden de los Mercedarios el 10 de agosto de 1218 en Barcelona, España, -ciudad de la que es patrona la Virgen de la Merced- y San Pedro Nolasco fue nombrado por el Papa Gregorio IX como Superior General.

Los integrantes, aparte de los votos de pobreza, castidad y obediencia, hacían un cuarto voto en el que se comprometían a dedicar su vida a liberar esclavos y que se quedarían en lugar de un cautivo que estuviese en peligro de perder la fe, cuando el dinero no alcanzara para lograr su liberación.

Más adelante, en el año 1696, el Papa Inocencio XII fijó el 24 de septiembre como la Fiesta de la Virgen de la Merced en toda la Iglesia.

Cuando los frailes mercedarios llegan a América, llevan también la devoción a la Virgen de la Merced. La cual se propagó en República Dominicana, Perú, Ecuador, Argentina y muchos otros países, donde es conocida y amada.

Pidamos a la Virgen de la Merced ser liberados de las cárceles espirituales y materiales que nos impiden vivir en la libertad de los hijos de Dios:


Santísima Virgen de la Merced, misericordia, perdón, dadiva… significa tu dulce nombre.

Tú, que inspiraste a San Pedro Nolasco la Fundación de los Mercedarios para redimir y liberar a los cristianos presos en países sarracenos.

Míranos hoy a los cristianos de este siglo presos de la idolatría, de la falsa fama, del dinero; rindiéndole culto al príncipe de la mentira buscando respuestas en sortilegios, augurios y otras supersticiones.

Madre del Cielo, ten la merced de enviarnos verdaderos creyentes que nos libren de estas falsas prisiones del espíritu y alivien así la desazón que la mentira deja en el alma.

Sólo tu Hijo es el camino, la verdad y la vida.

Tú nos lo muestras en tus brazos y nos lo ofreces como única tabla de verdadera salvación.

Ayúdanos con tu intercesión a salir del engaño y de esas cárceles que nos hemos construido y que vivamos junto a ti y junto a Cristo en la libertad de los hijos de Dios que trae paz, amor, dicha y felicidad a las almas.

Amén.

Virgen de la Merced, ruega por nosotros.

P. Carlos García Malo


Virgen María de la Merced que, bajo tu amparo, aprendamos a liberar al prójimo con amor, justicia y perdón / Por P. Carlos García Malo

 


miércoles, 23 de septiembre de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 23-9-2026: «Los hombres, así como las obras de sus manos, no son anulados en el encuentro con Dios, sino que en Él encuentran su plena verdad y libertad»

* «El Concilio afirma que tal progreso, ‘en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios. […] Todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados’»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «El próximo domingo, 27 de septiembre, se celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Mi pensamiento va a los migrantes y los refugiados, especialmente a los menores que se ven obligados a abandonar su tierra. Los niños y los adolescentes son los más vulnerables. A menudo viven sufrimientos indescriptibles, violencia, torturas, explotación y situaciones traumáticas, y no es raro que pierdan la vida a lo largo de las rutas migratorias. Hago un llamamiento a la responsabilidad de todos: que cada uno se sienta implicado en la vida de estos jóvenes, que siempre deben ser tutelados y asistidos»

23 de septiembre de 2026.- (Camino Católico).-  “Los hombres, así como las obras de sus manos, no son anulados en el encuentro con Dios, sino que en Él encuentran su plena verdad y libertad”, ha reflexionado el Papa León XIV en la audiencia general de este miércoles, 23 de septiembre, ante miles de fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, continuando el ciclo dedicado los documentos del Concilio Vaticano II, en particular, con el tercer capítulo de la primera parte de la Gaudium et Spes dedicado a “la actividad humana en el mundo”, centrándose en la trascendencia y voluntad de Dios en los esfuerzos del hombre para lograr el progreso y mejores condiciones de vida.


“Creado a imagen y semejanza de Dios – sostiene la Constitución -, el ser humano es agente del progreso”, pues mediante la libertad y la inteligencia aumenta sus propios conocimientos, haciendo que toda la sociedad progrese. Además, el Santo Padre resalta que en este documento conciliar se llega a afirmar que “gran número de los bienes que antes el hombre esperaba alcanzar sobre todo de las ‘fuerzas superiores’, hoy los obtiene por sí mismo”.

Un planteamiento que, para muchos, en su momento, explica el Papa, más bien era contraproducente, pues el progreso técnico-científico era visto “como algo que debilita la relación del hombre con Dios hasta el punto de hacerla parecer superflua o, incluso, como algo contrario a la fe cristiana”. Un “prejuicio” – subraya León XIV - que prevalece, sobre todo, “en esa parte de la cultura occidental” que ha perdido su vínculo con la fe cristiana: “En los humanismos post cristianos, el ser humano y Dios son presentados erróneamente como rivales: para afirmar sus conocimientos, su libertad y su progreso, el hombre debería emanciparse de Dios. Sin embargo, al negar la relación con Dios, al final se pierde también la posibilidad de afirmar el valor trascendente de la persona humana”.

Al final de la audiencia general, el Papa ha recordado la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebra el 27 de septiembre. Inspirándose en el lema «Incluso uno solo de estos pequeños», ha denunciado la «violencia, la tortura y la explotación» que suelen sufrir los niños y adolescentes en las rutas migratorias, durante las cuales «a menudo pierden la vida». El Pontífice ha hecho un llamamiento a la responsabilidad de todos. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 23 de septiembre de 2026


Ciclo de catequesis – Los documentos del Concilio Vaticano II IV. Constitución Pastoral Gaudium et spes (GS 12-22) 4. El sentido de la actividad humana en el universo (GS, 33-39)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Continuando nuestro recorrido por la Constitución pastoral Gaudium et Spes del Concilio Ecuménico Vaticano II, llegamos al tercer capítulo de la primera parte, que tiene un título atractivo: «La actividad humana en el mundo». La pregunta de fondo es esta: ¿cuál es el valor de la actividad humana en el mundo, y, por lo tanto, del progreso técnico, social y científico? Podemos recordar que, menos de cuatro años después de la clausura del Concilio, en la noche entre el 20 y el 21 de julio de 1969, el hombre pisó la Luna por primera vez.

Creado a imagen y semejanza de Dios, el ser humano es agente del progreso. Mediante la libertad y la inteligencia aumenta sus propios conocimientos, logrando así que toda la sociedad progrese. Esto se aprecia fácilmente al considerar la mejora en las condiciones de vida a lo largo de las sucesivas generaciones. En efecto, dice el Documento, un «gran número de bienes que antes el hombre esperaba alcanzar sobre todo de las fuerzas superiores, hoy los obtiene por sí mismo» (n. 33).

Por este motivo, algunos pensadores han presentado el progreso técnico-científico como algo que debilita la relación del hombre con Dios hasta el punto de hacerla parecer superflua o, incluso, como algo contrario a la fe cristiana. Y esta lectura ha provocado, respecto a las épocas precedentes, un cambio en la mirada del hombre contemporáneo sobre el mundo. Un prejuicio de este tipo prevalece, principalmente, en esa parte de la cultura occidental que ha perdido su vínculo con la Revelación cristiana. En los humanismos postcristianos, el ser humano y Dios son presentados erróneamente como rivales: para afirmar sus conocimientos, su libertad y su progreso, el hombre debería emanciparse de Dios. Sin embargo, al negar la relación con Dios, al final se pierde también la posibilidad de afirmar el valor trascendente de la persona humana. Es el “drama del humanismo ateo”, bien descrito por un importante teólogo del Concilio Vaticano II, Henri de Lubac. [1]

El Concilio desea proporcionar una respuesta clara. Afirma la Gaudium et spes: «Una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios» (n. 34). Es más, prosigue la Constitución, «los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio» (ibid.). En resumen, Dios ha puesto en las manos del hombre y de la mujer una creación todavía in statu viae -es decir, en camino, en crecimiento- para que ellos la conduzcan a buen término por medio de su sabia actividad [2].

Se encuentra aquí una importante referencia al misterio de la Encarnación. La humanidad -y, con ella, el trabajo, el progreso y la autonomía de las realidades creadas- no queda absorbida o anulada por el encuentro con Dios, sino más bien asumida en su totalidad; y sigue siendo, en Cristo, libre y operosa: efectivamente, en Él encuentra la verdad y la libertad plenas. Asimismo, en la celebración eucarística, el fruto del trabajo humano, representado por el pan y el vino, se coloca cada día sobre el altar para ser transformado en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Desde esta perspectiva surge una verdad importante: para encontrar a Dios, el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que puede vivir plenamente su propia vocación haciendo bien su trabajo cotidiano y santificándolo [3]. Los cristianos participan, como todos, en la edificación de la ciudad de los hombres, con la mirada puesta en el fin de todas las cosas y en el encuentro con Dios, y recordando este fin último a aquellos con quienes comparten la aventura del progreso, la ciencia y la vida.

Ciertamente, es preciso distinguir bien el progreso temporal del crecimiento del reino de Cristo; sin embargo, el Concilio afirma que tal progreso, «en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios. […] Todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados» (n. 39).

Finalmente, recordemos que, para constituir auténtico progreso humano -es decir, de todo el hombre y de todos los hombres-, el progreso técnico y científico debe estar animado y orientado por la caridad. Solo así se podrá utilizar siempre para defender la dignidad del hombre y promover las condiciones de vida de todos, especialmente de los más desfavorecidos.

Queridos hermanos y hermanas, el Concilio Vaticano II nos invita a compartir el pan del saber y del saber-hacer, para que todos los hombres y todos los pueblos puedan desarrollar sus potencialidades, de forma que podamos construir juntos, con la ayuda de Dios, un futuro mejor.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

En esta catequesis reflexionamos sobre el tercer capítulo de la Constitución pastoral Gaudium et spes, dedicado a la actividad humana en el mundo. El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, gracias a su libertad e inteligencia es capaz de conocer, de progresar y de mejorar las condiciones de vida de la sociedad.

Algunos pensadores, sin embargo, comenzaron a afirmar erróneamente que la humanidad, para demostrar sus conocimientos, su libertad y su progreso, debería emanciparse de Dios. El Concilio Vaticano II, en cambio, haciendo referencia al misterio de la Encarnación, asevera que los hombres, así como las obras de sus manos, no son anulados en el encuentro con Dios, sino que en Él encuentran su plena verdad y libertad.

Otra consecuencia de esta perspectiva es que el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que está llamado a vivir su vocación realizando bien su trabajo cotidiano y hallando en él un camino de santificación.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En la Eucaristía ofrecemos los frutos de la tierra y del trabajo humano para que se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Unamos también nuestra vida y nuestras tareas al sacrificio eucarístico, para que el Señor las transforme en una ofrenda viva, santa y agradable a Él. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

El próximo domingo, 27 de septiembre, se celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Mi pensamiento va a los migrantes y los refugiados, especialmente a los menores que se ven obligados a abandonar su tierra. Los niños y los adolescentes son los más vulnerables. A menudo viven sufrimientos indescriptibles, violencia, torturas, explotación y situaciones traumáticas, y no es raro que pierdan la vida a lo largo de las rutas migratorias. Hago un llamamiento a la responsabilidad de todos: que cada uno se sienta implicado en la vida de estos jóvenes, que siempre deben ser tutelados y asistidos.

Por último, dirijo mi pensamiento a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Hoy la Iglesia celebra la memoria litúrgica de San Pío de Pietrelcina: que su testimonio de fe y caridad sea una invitación para cada uno de ustedes a confiar siempre en la bondad y en la misericordia de Dios.

Mi bendición para todos ustedes.

Papa León XIV

[1] Cfr. H. de Lubac, Le drame de l’humanisme athée (1944), tr. it. Brescia 2013.

[2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 302, 306, 307.

[3] Cfr. S. Juan Pablo II, Homilia para la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer (6 de octubre de 2002).

Fotos: Vatican Media, 23-9-2026