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lunes, 12 de enero de 2026

Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba: «Dios me llamó muy pronto, a los 7 años, en la niñez, y he cumplido ya cincuenta años de sacerdote»

Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba

* «Puedo decir que he comulgado desde el día de mi Primera Comunión hasta hoy. Es un don de Dios… A mí me ha gustado toda la vida ser cura, párroco de parroquia, de contacto directo con la gente… Estoy contento de mi vida. Nuestra esperanza es Jesucristo, que ha vencido a la muerte»

Vídeo en el que Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba cuenta su testimonio vital en el  programa 'Eméritos' de 13 TV

Camino Católico.- El obispo emérito de Córdoba, Demetrio Fernández, ha protagonizado en 13 TV una nueva temporada de 'Eméritos' en la que ha repasado su trayectoria vital y espiritual. Desde el Seminario Mayor San Pelagio de la capital cordobesa, asegura vivir su etapa de emérito con serenidad, gratitud y una intensa actividad pastoral “descargada de agenda”.

Además, Fernández subraya el valor evangelizador del patrimonio eclesial. “Es la condensación de la fe de tantos siglos y hoy sigue siendo expresión viva de la fe de un pueblo, que no solo se expresa con palabras y celebraciones, sino también con monumentos e imágenes”, afirma, destacando especialmente la riqueza andaluza como una oportunidad pastoral de primer orden.

Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba, con el Papa León XIV 

"A mí me ha gustado toda la vida ser cura, de contacto directo con la gente"

Tras su renuncia por edad, el teléfono suena menos, pero la actividad continúa. “Estoy ocupado todos los días, en cosas que yo mismo me programo o que me vienen dadas. La diferencia es que ahora me siento ligero de equipaje y ligero en la agenda”, explica.

En este nuevo tiempo, el obispo emérito ha expresado su deseo de volver a lo esencial del ministerio sacerdotal. “A mí me ha gustado toda la vida ser cura, párroco de parroquia, de contacto directo con la gente”, reconoce. De hecho, una de sus prioridades es sentarse en el confesionario, convencido de que el sacramento de la Penitencia sigue teniendo plena vigencia. “Donde hay cura que confiesa, hay penitente que se acerca. Si el sacerdote se sienta, la cola es interminable”.



Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba dice que siempre le ha gustado tener contacto directo que la gente

"Dios me llamó muy pronto, en la niñez"

Demetrio Fernández recuerda una vocación despertada en la infancia, en el seno de una familia cristiana sencilla y trabajadora. “Dios me llamó muy pronto, a los 7 años, en la niñez, y he cumplido ya cincuenta años de sacerdote”, apunta.

Reconoce la figura decisiva de su padre y, especialmente, del párroco de su pueblo, que le acompañó desde los siete años y le introdujo en la vida litúrgica y espiritual. “Pasar de no ser nada a ser monaguillo me pareció el mayor ascenso de mi vida”, rememora, agradecido por una infancia “feliz”, marcada por la Eucaristía diaria. “Puedo decir que he comulgado desde el día de mi Primera Comunión hasta hoy. Es un don de Dios”.

La familia ha sido también espacio de fe y entrega. Su hermana Teresa, religiosa misionera, fue un apoyo fundamental en su vida espiritual. “Hemos sido hermanos en la vocación, compartiendo alegrías y dificultades”, confiesa, reconociendo que su fallecimiento ha sido una de las pérdidas más sentidas de su vida.


Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba, sintió la llamada de Dios cuando era niño y tuvo que esperar a cumplir los once años para ingresar en el seminario menor

Los santos de cabecera de Demetrio Fernández: "He caído en la diócesis de San Juan de Ávila"

Ordenado sacerdote en 1974 por el cardenal Marcelo González, el hoy obispo emérito de Córdoba ensalza a quienes marcaron su ministerio. “Haber amanecido sacerdote con un obispo de este calibre fue un regalo”, afirma. También evoca una grave enfermedad sufrida a los 33 años, que le llevó a prepararse para la muerte. “Lo viví intensamente con Jesucristo y me ha marcado para toda la vida”. 

En cuanto a su cercanía a los santos, subraya que es constante. “Los santos son mis amigos”, dice, mencionando a Juan Pablo II, Teresa de Calcuta, José María García Lahiguera o San Juan de Ávila, este último Doctor de la Iglesia y figura central en su etapa cordobesa. “He caído en la diócesis de San Juan de Ávila y ha sido providencial”, afirma, destacando el impulso dado a su difusión internacional.

Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba, con el Papa Benedicto XVI

Córdoba, una diócesis querida:  "Cuanto más la he conocido, más la he querido"

Tras cinco años en Tarazona, Demetrio Fernández llegó a Córdoba con sesenta años y se entregó por completo a una diócesis que conoce “de arriba abajo”. “Cuanto más la he conocido, más la he querido”, asegura, destacando la riqueza del presbiterio joven, el laicado comprometido y el mundo cofrade. “Las cofradías no son solo folclore; hay una expresión profunda de fe que lleva a un compromiso serio de caridad y evangelización”.

Ante el reto de la secularización, Fernández insiste en una evangelización basada en el testimonio. “No es proselitismo, es atracción. Primero el testimonio y luego explicar por qué vivimos así”. Y concluye sin miedo a la muerte: “Estoy contento de mi vida. Nuestra esperanza es Jesucristo, que ha vencido a la muerte”.

Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba, explicando su camino vital y vocacional 

Javier, María y Ana Moro, tres hermanos consagrados: «El sí de cada uno ha sido clave para el sí de los demás; El Señor nunca se deja ganar en generosidad»

Javier, María y Ana Moro, tres hermanos consagrados / Fotografía: Cortesía de la familia

* «A pesar de la distancia física, la vocación nos unió mucho más: ya no sólo había unión por la carne, sino que compartíamos una misma vida. Eso lo hemos hablado muchas veces. Lo hemos vivido como una gracia de Dios»  

Camino Católico.-  Había un sacerdote, una monja y una consagrada… Puede parecer el inicio de un chiste, pero no lo es. Es la realidad de Javier, María y Ana Moro, tres hermanos consagrados que, desde tres vocaciones distintas, han entregado su vida a Dios. Y es que quien tiene hermanos sabe que el hecho de haber compartido infancia, educación y valores puede ser también determinante a la hora de discernir la vocación.

Las primeras pistas

Javier es el mayor, tiene 33 años y el 2 de julio de 2023 fue ordenado como sacerdote. Según cuentan sus hermanas, fue él quien dio las primeras pistas de poder entregar su vida al Señor. “Desde muy pequeño tuvo la inquietud sacerdotal. Es una persona muy especial. Es un alma de Dios”, asegura Ana a Marta Peñalver en Misión

Gracias a un seminarista ahora sacerdote que llegó a su parroquia, Javier empezó a tratar con los Grupos de Oración del Corazón de Jesús y la vocación llegó con 13 o 14 años. “Siempre tuve una tendencia natural a todo lo que tenía que ver con la vida de la Iglesia, pero este seminarista fue determinante, me impactó mucho su vida y vi claro que Dios me llamaba a eso también”. Lo de sus hermanas fue, según cuenta Javier, toda una sorpresa. “Ellas se dedicaban casi profesionalmente al tenis y nada hacía pensar que dejarían todo por la vida consagrada. Para mí fue un regalo inmenso”.

Ana y María son gemelas y han cumplido 32 años. Ellas y sus padres se acercaron más a la parroquia gracias a la relación que Javier entabló con el seminarista. “Fue un proceso de conversión muy grande y nuestra vida familiar cambió por completo”, asegura Ana.

Según cuenta, a pesar de que en su entorno no se esperaban algo así, su llamada fue muy clara. Dios se lo puso muy fácil. “Iba descubriendo que Jesús y yo teníamos los mismos deseos. Eso me causaba mucha alegría. En 2008 entré como candidata de la Comunidad de los Apóstoles de los Corazones de Jesús y María (ACIM)”.

Casi a la par su hermana María escuchó también la llamada del Señor. “Fue en una Semana Santa cuando el Señor me mostró el amor inmenso que me tiene y no pude resistirme. Comprendí que me quería para Él”. Pasó 5 años de candidata en las laicas consagradas de los Grupos de Oración del Corazón de Jesús, ACIM, pero poco a poco fue descubriendo que su vocación era ser Sierva del Hogar de la Madre.

La vocación de un hermano

Los hermanos destacan la unidad que existía entre ellos desde niños y cómo el ambiente familiar en el que crecieron fue determinante para que florecieran sus vocaciones. “Siempre hemos estado muy unidos, pero en el momento de discernir la vocación nos cuidamos mucho de no condicionarnos unos a otros, aunque en parte era inevitable. Creo que para mis hermanas mi vocación fue como abrirles una puerta”, explica Javier.

Ana, por su parte, cuenta cómo cada uno llevó a cabo su discernimiento con su director espiritual ya que, según cuenta a Misión, “la vocación es un tema entre Dios y el alma”. Pero sí reconoce que vivirlo junto a sus hermanos lo hizo más fácil. “Estoy convencida de que el sí de cada uno ha sido clave para el sí de los demás. El Señor nunca se deja ganar en generosidad”.

En ocasiones no ha sido fácil, porque vivir tres vocaciones diferentes implica una separación. “A pesar de la distancia física, la vocación nos unió mucho más: ya no sólo había unión por la carne, sino que compartíamos una misma vida. Eso lo hemos hablado muchas veces. Lo hemos vivido como una gracia de Dios”, asegura.

Cuatro testimonios de venezolanos: «La clave en los momentos que hoy vive Venezuela es volver al amor primero: Amor a Dios sobre todas las cosas, y amar a los demás como a nosotros mismos»

El padre José Laureano Ballesteros Blanco, párroco de Nuestra Señora de Fátima, en Venezuela, y tres laicos hablan de vivir unidos a Dios ante lo que han vivido y lo que viven

* «Ante todo esto, solo nos queda aferrarnos a la fe, sabiendo que Dios siempre actuará de la manera correcta… El recobrar la vida sacramental considero que es vital para purificar y limpiar nuestros corazones de las acciones malignas del enemigo. Persuadir el egoísmo y el facilismo de querer tener, tener y tener… Hoy puedo decir que he vivido lo que es la Providencia de Dios, que sé qué es vivir con lo esencial, que sé valorar lo importante, que somos actualmente una familia resiliente. También vivimos y aprendimos que nuestra mirada de auxilio no puede estar en el hombre, sino solo en Dios»                    

Camino Católico.- Preocupación e incertidumbre, pero también esperanza. Aunque no superan la angustia tras lo ocurrido, se abrazan a la oración y a los sacramentos, con la esperanza puesta en Aquel que sufrió primero, y cuyo amor no defrauda. Cuatro testimonios emotivos de venezolanos dentro y fuera de las fronteras de la nación sudamericana. Un sacerdote y tres laicos comparten su conmovedor testimonio y lo que esperan para su país con Carlos Zapata en Aleteia, uno el que es Dios quien tiene la última palabra.

“Solamente nos queda aferrarnos a la fe”

“Un regalo de año nuevo para el pueblo venezolano. A pesar de la incredulidad de muchos y de la enorme fe de otros, el inicio de 2026 nos trae nuevas perspectivas, ilusiones y preguntas. Luego de lo sucedido el pasado 3 de enero, es natural pensar que, después de tanto tiempo, Dios no se ha olvidado del pueblo venezolano. La separación de Nicolás Maduro del poder marca un punto de inflexión: se cierra un ciclo oscuro y de dolor, y se abre otro cargado de esperanza, pero también de incertidumbre”.

Así lo ve el ingeniero petrolero David Molina, un venezolano formado en el país que se vio forzado a huir años atrás, en medio de la persecución contra la juventud criolla. Vive en Roma, a escasos metros del Vaticano, por lo que cada vez que puede acude a misa en la basílica de San Pedro.

“Hoy muchos nos preguntamos ¿cuál será nuestro futuro?, ¿qué pasará con Venezuela?, ¿Por qué no nombraron a Edmundo González de presidente?, entre tantas dudas legítimas en estos momentos de zozobra”, señala. 

Le preocupa su familia, que siguen en la nación sudamericana. Con la mirada puesta en sus papás, afirma con nostalgia: “Ante todo esto, solo nos queda aferrarnos a la fe, sabiendo que Dios siempre actuará de la manera correcta”.

Sostiene que más temprano que tarde se hará justicia. Y cree que “Él nos guiará por el camino que Venezuela necesita para reencontrarse con los principios y valores que alguna vez la definieron, y que, con esfuerzo y esperanza, volverán a renacer”.

“Debemos recobrar la vida sacramental”

Jesús Díaz es profesor titular de la Universidad Nacional del Táchira. Es católico practicante y un hombre de oración.

“La situación actual venezolana la percibo desde un punto de vista no de optimismo, pero sí de esperanza. Son innumerables los cambios que deseamos los venezolanos, pero sin la presencia de Dios en todos los ámbitos personales de cada ciudadano es imposible. Esta situación es semejante a la salida de los israelitas de Egipto, donde hubo duda, desconfianza del mismo Dios que estaba junto a ellos”.

“El recobrar la vida sacramental considero que es vital para purificar y limpiar nuestros corazones de las acciones malignas del enemigo. Persuadir el egoísmo y el facilismo de querer tener, tener y tener, pues existen valores imprescindibles como propiciar el amar con pasión lo que se hace; y allí estoy seguro que Dios en su hijo Jesucristo habitará en cada rincón del corazón de cada venezolano para hacer de esta nación un ejemplo para nosotros mismos y para el mundo entero”.

“En el dolor se dispara la fe verdadera”

Fanny de Gamboa también es educadora universitaria, esposa, madre de dos hijos. Coincide con Díaz en que el amor a Dios, los sacramentos y la vida de oración son cruciales en nuestra relación con Dios, con mayor razón en estas circunstancias.

“He vivido en Venezuela toda mi vida. Cuando empezó esta tragedia solo tenía 5 años de graduada y 2 años de casada. Jamás imaginé por todo lo que íbamos a pasar”, confiesa.

“Aprendí que solo se conoce a ese Dios verdadero, amoroso, fuerte y providente en el dolor humano. Solo cuando estamos arrinconados y sin opciones humanas, es cuando se dispara la fe verdadera”.

“Hoy puedo decir que he vivido lo que es la Providencia de Dios, que sé qué es vivir con lo esencial, que sé valorar lo importante, que somos actualmente una familia resiliente. También vivimos y aprendimos que nuestra mirada de auxilio no puede estar en el hombre, sino solo en Dios”.

“Aprendí a orar todos los días por este país y por tantas necesidades de mis hermanos venezolanos, aprendí a tener empatía por el dolor humano. Lo más importante es que ahora sí puedo decir que soy una católica que salió de las aulas de la teoría y tuve una verdadera experiencia en la que conocí a un Dios verdadero y Todopoderoso. Pero, sobre todo, a un Dios que me enseñó a esperar y a confiar en Él”.

"¡Necesitamos volver al amor primero!"


El padre José Laureano Ballesteros Blanco, párroco de Nuestra Señora de Fátima, en Venezuela

El cuarto testimonio llega por parte de un sacerdote, el padre José Laureano Ballesteros Blanco, párroco de Nuestra Señora de Fátima, en Venezuela.

“Si revisamos la carta del Apocalipsis en la biblia, encontraremos que san Juan le da al pueblo una gran esperanza. Les dice a los pobladores que después de haber pasado por muchos sacrificios y una profunda oscuridad, vendrá la luz. Pero también les advierte que Dios tiene en cuenta sus errores, sus muchos pecados y el haberse apartado del camino del bien”.

“Les dice con afecto y belleza: algo tengo que corregirte, pues ¡tú has olvidado el amor primero! Y a partir de este mensaje, les deja claro el siguiente paso: Tienes que volver el amor primero. Esto se traduce en amor a Dios, amor al prójimo, que es también amor a la familia, amor a la Patria, amor a la bandera, e incluso amor al bellísimo himno de Venezuela, que tiene una letra sumamente profética”.


En este aspecto, concluye el sacerdote: “La clave en los momentos que hoy vive Venezuela es volver al amor primero: Amor a Dios sobre todas las cosas, y amar a los demás como a nosotros mismos”.

Laetitia Plass, testigo del incendio de Nochevieja en Suiza: «Un amigo no podía salir, se sentó, sostuvo un crucifijo y el fuego no lo tocó y yo cogí mi cruz y grité: ‘¡No me quiero morir!’; sobrevivimos gracias a Dios»

Laetitia Plass sobrevivió al fuego, como su amigo, agarrándose a su crucifijo

* «Yo sólo quiero agradecerle al Señor por haberme salvado y también le pediría que salve a mis amigos que están desaparecidos, porque es horrible, porque los extraño. No quiero perder a más personas, porque ya he perdido a algunas y seguimos buscando. Estaba muy asustada, asustada por mí, por mis amigos, por todos los que estaban dentro. Tengo amigos en el hospital, tengo amigos en todas partes»       

 Camino Católico.- En un acontecimiento que muchos califican como milagroso, un joven atrapado en el devastador incendio de un bar en una estación de esquí suiza logró sobrevivir después de sentarse con un crucifijo en la mano mientras las llamas se propagaban a su alrededor, según cuenta la testigo Laetitia Plass en un vídeo de Razón más  Fe. Ella también pudo salir del bar “Le Constellation” de la estación de esquí de Crans-Montana en Suiza donde al menos 40 jóvenes murieron en la celebración de la Nochevieja y un centenar resultaron heridos graves.

“Yo sólo quiero agradecerle al Señor por haberme salvado y también le pediría que salve a mis amigos que están desaparecidos, porque es horrible, porque los extraño. No quiero perder a más personas, porque ya he perdido a algunas y seguimos buscando. Estaba muy asustada, asustada por mí, por mis amigos, por todos los que estaban dentro. Tengo amigos en el hospital, tengo amigos en todas partes”, dice Laetitia Plass.

La joven también revela una experiencia que vivió junto a un amigo suyo en el interior del bar y que le marcó profundamente. Según detalla, su amigo, que estaba atrapado por las llamas, se sentó en el suelo y se aferró a su crucifijo, mientras el fuego se extendió a su alrededor sin apenas tocarlo.

Laetitia Plass explicando lo que vivió emocionada

“Tengo un amigo que no podía salir. Entonces simplemente se sentó y sostuvo un crucifijo en la mano, y el fuego lo esquivó, el fuego no lo tocó”, a pesar de que “estaba todo a su alrededor, pero no sobre él. Sobrevivió, gracias a Dios. Logró salir rompiendo una ventana para escapar. Y ayudar a otras personas que intentaban salir del establecimiento”.

Posteriormente, en declaraciones al medio suizo SWI Laetitia Plass cuenta que mientras intentaba salir del bar ella también agarró la cruz que llevaba colgada del cuello y gritó: “¡No me quiero morir!”. “Y un chico, no sé quién, me cogió y me llevó fuera muy rápido”, explica.

“Ser luz frente al eclipse” que oscurece Suiza

Durante una Misa celebrada el pasado 4 de enero en memoria de las víctimas en la capilla de San Cristóbal de Crans-Montana, Obispo de Sion, Mons. Jean-Marie Lovey, invitó a los fieles a ser luz frente “al eclipse que oscurece el cielo” de Suiza. 

“Resulta insoportable que tantas familias, tantas personas, permanezcan en la oscuridad del sufrimiento o de la muerte, en las tinieblas del sinsentido. La cuestión de una luz que atraiga y que ilumine se vuelve fundamental”, dijo el prelado en su homilía.

Mons. Lovey, a quien el Papa León XIV dirigió un telegrama de condolencias el pasado 2 de enero, recordó a los católicos que la luz que ilumina verdaderamente es aquella que viene de Dios. 

La Diócesis de Sion ha puesto a disposición de quien lo necesite un servicio de atención y escucha las 24 horas del día, a través del Servicio Diocesano para la Juventud. El viernes 9 de enero se ha declarado luto nacional. A las 14:00 horas, las campanas de las iglesias en toda Suiza sonarán durante cinco minutos como signo de reflexión y solidaridad nacional.

Muere María Teresa López Canabal, a los 97 años, la ‘auténtica’ Sor Citroën que inspiró la película: ayudó a adictos y personas con problemas, enseñó a cantar a Rocío Jurado y fue la primera monja con carnet

Gracita Morales interpretó a la monja fallecida recientemente

Camino Católico.- La hermana Tomasa, apodada Sor Citroën, fue llevada a la pantalla por la actriz Gracita Morales en la película de 1967 dirigida por Pedro Lazaga. Una obra que se ha convertido en todo un clásico del cine español.

Impulsiva, abierta e inocente, aprendió a manejar un Citroën 2CV con el propósito de colaborar en el orfanato de niñas que atendía su congregación. Sus dificultades al volante dieron lugar a situaciones realmente divertidas.

Enseñó a cantar a Rocio Jurado

Aunque Sor Citroën pasó a la historia como un personaje de ficción, su personaje se inspiró en una monja real, María Teresa López Canabal, que falleció el pasado 31 de diciembre los 97 años. La Razón cuenta su historia.

Escena de la película del año 1967 dirigida por Pedro Lazaga

Los que la conocieron aseguran que María Teresa fue una mujer de gran corazón, siempre dispuesta a ayudar a los demás. Daniel Vigo le dedicó un artículo en 2018 en el Diario de Pontevedra que tituló "Héroes de Pontevedra: Teresa, la monja revolucionaria". En él contaba que, con solo 17 años, Teresa ingresó en la orden de las Calasancias.

Inició su labor docente en el colegio de la Divina Pastora, en Chipiona, donde llegó a enseñar canto a Rocío Jurado. Según recoge el artículo, "una de sus alumnas fue la cantante Rocío Jurado, cuyo padre, zapatero y empleado de las bodegas Rodríguez Hermanos, le enviaba cada mes un garrafón de vino dulce".

La actitud que llevó a un adicto a recuperarse

"Teresa me contó la historia de un chico que estaba enganchado a la heroína. Una mañana le sacó una navaja en los baños de la estación. Teresa le miró a los ojos y le dijo: 'Pero que me vas a hacer pobre'. El chico soltó la navaja con los ojos llorosos. Ella comenzó a invitarlo a comer todos los días en la cafetería de la estación y así pasó el tiempo, los meses, entre charla y charla, hasta que un día no volvió más. Años después, este chico regresó a la estación para verla. Iba con su mujer y una niña pequeña, su hija. Se había quitado de la droga, se había casado y tenía un trabajo. Le dijo a Teresa: 'Yo he tenido una madre porque me parió, pero usted es mi segunda madre porque me rescató'", continúa el artículo. 

Ayuda a una mujer a la que habían robado

"En otra ocasión estaba una chica sentada en un banco del andén. Pasaban las horas, los trenes y ella no entraba en ningún vagón. Al caer la noche Teresa se le acercó y le preguntó porque no cogía ningún tren. Le contó entre lágrimas que iba a Ourense. Venía de la Toja porque trabajaba como sirvienta en el chalet de una familia y al regresar paró a tomar un café en la alameda, donde le robaron el bolso. Se había quedado sin dinero y sin documentación. Teresa le compró el billete destino a Ourense y le ofreció dinero por si lo necesitaba a su llegada. A los ocho días la chica regresó al estanco para darle las gracias con una caja de bombones".

Una acción que hizo que un pintor dejara la bebida

"En la estación de trenes de Pontevedra también había un pintor de Vilagarcía que realizaba pinturas al óleo de manera magistral y exponía sus cuadros en los andenes. Tenía un problema con la bebida. Una tarde, Teresa observó como los guardias de seguridad le estaban pegando hasta que alzó la voz para detenerlos: '¡No os dais cuenta que es una persona enferma, que manera es esa de tratar a un ser humano!'. A partir de ese momento el pintor le juró a Teresa que no volvería a beber jamás y siguió pintando en la estación. El pintor meses después se marchó a Barcelona. Un año más tarde vino la madre del pintor, ya anciana, para darle las gracias a Teresa por salvar a su hijo de la bebida, porque no volvió a beber más y ahora vivía en Barcelona siendo un pintor con mucho éxito", añade Vigo.

Cartel de la película Sor Citroën

Su siguiente destino fue un colegio del barrio de Salamanca en Madrid. Allí se convirtió en la primera monja de España y una de las primeras mujeres en obtener el carné de conducir. En Asturias dio clases en la localidad de Pola de Allande y organizó una compañía de teatro. Con el dinero recaudado en las funciones, financió una excursión a Covadonga para todo el pueblo, cuyos vecinos no podían permitirse el viaje.

Desafiaba la imagen convencional de una monja. Regresó a Pontevedra y continuó su incansable ayuda a los más desfavorecidos. A punto de cumplir 90 años, Vigo la describía como "una mujer con pelo blanco, menuda, sonriente, con la mirada llena de bondad y alegría. Si la ven pasear por la calle Sagasta denle un beso y un abrazo".