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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Ségolène: «No creía en Dios pero quería saber si existe; conocí al hombre de mi vida y al casarme decidimos buscar a Dios y en un monasterio experimenté que existe, me ama y me cuida cada día»

Ségolène no creía en Dios, pero sí quería saber si existía o no y estaba dispuesta a aceptar iniciativas para saberlo / Foto: Découvrir Dieu

* «Y así, a partir de esa experiencia, mi vida cambió. Empecé a rezar y dije: ‘Escucha, Señor, ya que existes, tengo una amiga que no puede tener hijos: si queda embarazada, te prometo que me confirmaré’. Y, efectivamente, un mes después, me encontré con esta amiga que se me acercó y me dijo: ‘¡Shhh… estoy embarazada de un mes y medio!’. ¡Y yo llevaba un mes y medio en ese monasterio! Me sentí completamente abrumada. Pensé: ‘¡Ay, caramba! ¡Tengo que confirmarme!’. Así que emprendí el camino de la confirmación. Y me confirmé. Y recibí muchísimos dones del Señor. Y desde entonces, mi vida ha cambiado por completo»

Camino Católico.-  Al ver a tantas parejas separarse a su alrededor, Ségolène decidió prepararse seriamente para su boda y se unió a un grupo de preparación matrimonial en una iglesia. Al final, le dijeron que para casarse por la Iglesia, uno debe transmitir la fe a sus hijos. Así que ella y su esposo se casaron y decidieron buscar a Dios… Cuenta su historia de conversión a Découvrir Dieu:

Ségolène quedó transformada cuando conoció que Dios existe y que hay vida eterna

«Sé que hoy tenemos vida eterna, llena de amor; Confío en Dios, le entrego todo y eso me da una fuerza inmensa para seguir adelante y superar las pruebas»

Me llamo Ségolène. De niña, adolescente y joven profesional, no creía en Dios, aunque, paradójicamente, quería saber si existía: es algo muy profundo en mí. Quería saber si hay algo después de la muerte, si Dios existe. Así que crecí sin creer en Dios.

Y cuando llegó el momento de casarme, cuando conocí al hombre de mi vida y tuve que comprometerme, había tantas parejas separándose a nuestro alrededor, en nuestro círculo más cercano. Y, la verdad, me asusté: me di cuenta de que el matrimonio era un compromiso enorme. Y sentí la necesidad de prepararme.

Así que busqué cursos de preparación matrimonial en internet y encontré uno ofrecido por la Iglesia. Mi prometido y yo hicimos este curso, que fue increíblemente interesante y muy completo. Estábamos muy agradecidos por todo lo que aprendimos: antropología humana, cuestiones filosóficas. Sin embargo, al final, nos dijeron que si queríamos casarnos por la iglesia, teníamos que transmitir la fe a nuestros hijos. Y yo no tenía fe.

Así que decidimos buscar a Dios. Nos casamos por la iglesia y luego empezamos nuestra búsqueda. Un día nos mudamos a Lyon y nos unimos a un pequeño grupo de debate que reflexionaba sobre Dios: qué significa ser cristiano en el trabajo, por ejemplo. El sacerdote que dirigía el grupo tuvo la brillante idea de llevarnos a pasar un fin de semana en un monasterio. Así que pensamos: "Vale, vamos. No pasa nada por tomarnos un respiro".

Llegué al monasterio y, para mi sorpresa, en el grupo había una chica que se decía cristiana y que era insoportable. Y yo pensaba: "¿Qué es esto? ¿Así es ser cristiano? Si es así, ¡no estoy de acuerdo en absoluto!". Así que estaba muy disgustada. Resulta que hay celebraciones litúrgicas en los monasterios. Así que fui. Allí estaban los monjes cantando: me conmovió profundamente el canto de los monjes y la atmósfera de paz. Y de repente, me sentí envuelta por un amor abrumador, como si alguien me abrazara con mucha fuerza. Me sentí amada profundamente, de pies a cabeza: las palabras no bastan para expresar lo que experimenté. Y me sorprendió muchísimo.

Después, pensé que tal vez lo había soñado un poco, que tal vez fue el entorno lo que me hizo sentir así. Pero, de hecho, volvió a suceder varias veces. Y, a la sexta vez, lo entendí. Dije: "Está bien, Dios, existes. Y además, ¡me amas! Eres un Dios de amor, un Dios que ama".

Y así, a partir de esa experiencia, mi vida cambió. Empecé a rezar y dije: «Escucha, Señor, ya que existes, tengo una amiga que no puede tener hijos: si queda embarazada, te prometo que me confirmaré». Y, efectivamente, un mes después, me encontré con esta amiga que se me acercó y me dijo: «¡Shhh… estoy embarazada de un mes y medio!». ¡Y yo llevaba un mes y medio en ese monasterio!


Me sentí completamente abrumada. Pensé: «¡Ay, caramba! ¡Tengo que confirmarme!». Así que emprendí el camino de la confirmación. Y me confirmé. Y recibí muchísimos dones del Señor. Y desde entonces, mi vida ha cambiado por completo: sé que Dios existe. Así que respondí a esa pregunta que me hacía de pequeña: ¿Existe Dios? Sí, hoy tengo la certeza de que Dios existe y, además, de que me ama y me cuida cada día.

Y luego estaba esa cuestión, sobre todo, de la existencia, de la vida después de la muerte, que realmente me inquietaba cuando era adolescente, cuando era joven profesional. Y sé que hoy tenemos vida eterna, llena de amor. Confío en Dios, le entrego todo y, de hecho, eso me da una fuerza inmensa para seguir adelante y superar las pruebas.

Ségolène

Vídeo en francés de Découvrir Dieu en el que Ségolène cuenta su testimonio


Papa León XIV en la Audiencia General, 2-9-2026: «Unidos a Cristo y sostenidos por su Espíritu, comprometerse a escuchar con el corazón, ayudando a los pobres, a los que sufren injusticias, discriminación y violencia»


* «La entrega cristiana nos compromete a asumir la realidad y también a desenmascarar las contradicciones que caracterizan la vida personal y social del mundo contemporáneo: por ejemplo, un progreso científico y tecnológico, que ofrece siempre nuevas posibilidades, pero solo a algunos y que no siempre el ser humano es capaz de poner  ‘a su servicio’; o un conocimiento más claro de las ‘leyes de la vida social’, pero acompañado de incertidumbres ‘sobre la dirección que hay que imprimirle’; o aún, una mayor disponibilidad de ‘riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico’, y desafortunadamente, hoy como en los tiempos del Concilio, ‘una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria’; o una conciencia compartida de que está en juego el futuro del planeta y al mismo tiempo la incapacidad a renunciar al consumo egoísta y a la ilusión de que la guerra es una vía eficaz para construir la paz»

 

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Pidamos a la Bienaventurada Virgen María que interceda por toda la Iglesia, para que anuncie el Evangelio con alegría y esperanza, cercana a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y sepa guiar a todos hacia Cristo, ‘la clave, el centro y el fin de toda la historia humana’»

 


2 de septiembre de 2026.- (Camino Católico).-  “Los creyentes, unidos a Cristo y sostenidos por su Espíritu, deben comprometerse a escuchar con el corazón y a dejarse interpelar, acompañando y ayudando a las personas en dificultad, sobre todo a los pobres y a los que sufren a causa de la injusticia, la discriminación y la violencia”, ha reflexionado el el Papa León XIV este miércoles, 2 de setiembre, ante 20.000 fieles, en la plaza de San Pedro, en la primera catequesis que inicia un ciclo dedicado a la Gaudium et spes, la constitución pastoral promulgada por el Papa Pablo VI el 7 de diciembre de 1965, con la que el Concilio Vaticano II pretendía profundizar la relación de la Iglesia con el mundo contemporáneo. 


A bordo del papamóvil, el Pontífice ha saludado a los fieles presentes, que han participado en la audiencia general. Las primeras líneas del documento conciliar —la Iglesia hace suyas «las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de hoy, sobre todo de los pobres y de todos los que sufren»— son un “compartir con la humanidad” que es el camino que Cristo pide a la Iglesia, afirma. “Es una entrega que nos llama a salir de toda pasividad e indiferencia ante los acontecimientos que se producen, ante la historia y la vida de las personas, sobre todo ante el cambio rápido y profundo que experimentamos hoy”.


El Papa León subraya que “no es posible quedarse como espectadores indiferentes; por el contrario, hay que escuchar con el corazón, dejarse interpelar y dejarse involucrar”. “Los creyentes están llamados a hacerse cargo de las dificultades de los hermanos, sobre todo de aquellos que se ven oprimidos por la injusticia, por la discriminación, por la violencia. De hecho, solo a través de la entrega y en el compromiso es posible llegar a respuestas adecuadas, siempre sostenidos por la certeza de que «los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará»”.


En ese sentido, la proximidad hacia la humanidad abre la puerta a una lectura más profunda de los acontecimientos  de la propia Revelación y, en la misma perspectiva, Gaudium et Spes reclama el «deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio». Esta Constitución conciliar ha llamado, por tanto, a la Iglesia a un compromiso de conversión – recuerda el Papa – para dar testimonio de que no se mueve por «ambición terrena alguna», sino que «sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido» En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:


LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 2 de septiembre de 2026


Ciclo de catequesis – Los documentos del Concilio Vaticano II IV. Constitución Pastoral Gaudium et spes (GS 1-10) 1. La Iglesia en escucha y al servicio del mundo 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Con el encuentro de hoy comenzamos a reflexionar sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes, con la que el Concilio Vaticano II se propuso profundizar en un tema fundamental, es decir, la relación de la Iglesia con el mundo contemporáneo. San Juan XXIII, ya en el discurso de inauguración del 11 de octubre de 1962, quiso mostrar su desacuerdo con los «profetas de calamidades», que  «aun en su celo ardiente […] van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia» (Discurso Gaudet Mater Ecclesia, 11 de octubre de 1962, 4.2). De ahí la tarea que se encomendó a los Padres conciliares: «En el presente momento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues todo, aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia». (Gaudet Mater Ecclesia, 4.4).

Tres años después, la promulgación de Gaudium et spes reconocía en ese discernimiento un elemento esencial de la naturaleza de la Iglesia, describiendo como constitutiva su índole pastoral: de ahí la definición de “Constitución pastoral”. No se trata de optimismo ingenuo, sino de una renovada fidelidad al Misterio de Cristo que, encarnándose, elige compartir nuestra vida: Él «tenía que parecerse en todo a sus hermanos» (Heb 2,17; cf. 4,15) y se cargó de las consecuencias del pecado, muriendo «en rescate por todos» (1Tm 2,6). Ese hecho de compartir con la humanidad es el camino que Cristo pide a la Iglesia; por ello, la Constitución conciliar Gaudium et Spes se abre declarando que la Iglesia siente como propios «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren» (GS 1).

Es una entrega que nos llama a salir de toda pasividad e indiferencia ante los acontecimientos que se producen, ante la historia y la vida de las personas, sobre todo ante el cambio rápido y profundo que experimentamos hoy. No es posible permanecer como espectadores desinteresados, es necesario, en cambio, escuchar con el corazón, dejarse interpelar, involucrarse. Con Cristo y sostenidos por la fuerza de su Espíritu, los creyentes están llamados a hacerse cargo de las dificultades de los hermanos, sobre todo de aquellos que se ven oprimidos por la injusticia, por la discriminación, por la violencia. De hecho, solo a través de la entrega y en el compromiso es posible llegar a respuestas adecuadas, siempre sostenidos por la certeza de que «los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará» (Rm 8,18).

En ese sentido, la proximidad hacia la humanidad abre la puerta a una lectura más profunda de los acontecimientos e de la propia Revelación y, en la misma perspectiva, Gaudium et spes reclama el «deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio» (GS 4). Esta Constitución conciliar ha llamado, por tanto, a la Iglesia a un compromiso de conversión, para dar testimonio de que no se mueve por «ambición terrena alguna», sino que «sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido» (GS 3).

No se trata, de hecho, de una disposición simplemente moral. El Papa Francisco nos recordó que para la Iglesia «la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica […] Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos» (Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 198).

La entrega cristiana nos compromete a asumir la realidad y también a desenmascarar las contradicciones que caracterizan la vida personal y social del mundo contemporáneo: por ejemplo, un progreso científico y tecnológico, que ofrece siempre nuevas posibilidades, pero solo a algunos y que no siempre el ser humano es capaz de poner  «a su servicio»; o un conocimiento más claro de las «leyes de la vida social», pero acompañado de incertidumbres «sobre la dirección que hay que imprimirle»; o aún, una mayor disponibilidad de «riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico», y desafortunadamente, hoy como en los tiempos del Concilio, «una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria» (GS 4); o una conciencia compartida de que está en juego el futuro del planeta y al mismo tiempo la incapacidad a renunciar al consumo egoísta y a la ilusión de que la guerra es una vía eficaz para construir la paz.

En una época marcada por profundos cambios, de los que se derivan desequilibrios preocupantes, la Iglesia está llamada a servir al ser humano, escuchando y acogiendo los interrogantes más profundos de su corazón y los anhelos que lo habitan, señalando en Cristo «la clave, el centro y el fin de toda la historia humana» (GS 10). Por ello, en la Iglesia, en todo nivel, en toda época debe realizarse la kenosis misericordiosa de Cristo que «siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo […] hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Fil 2,6-8).

Queridos hermanos y hermanas, que la alegría y la esperanza – gaudium et spes – sean los rasgos distintivos de una Iglesia que anuncia y da testimonio del Evangelio, acercándose a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos nuestro ciclo de catequesis dedicado a los documentos del Concilio Vaticano II. Hoy comenzamos a reflexionar sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes, cuyo tema central es la Iglesia en el mundo actual.

Este documento nos dice que los discípulos de Cristo estamos llamados a compartir los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo (cf. GS 1). Esto significa que la Iglesia no puede permanecer pasiva ni indiferente a lo que ocurre en el mundo, sino que está llamada a caminar con la humanidad, sobre todo teniendo en cuenta los cambios rápidos y profundos que se experimentan.

Por lo tanto, los creyentes, unidos a Cristo y sostenidos por su Espíritu, deben comprometerse a escuchar con el corazón y a dejarse interpelar, acompañando y ayudando a las personas en dificultad, sobre todo a los pobres y a los que sufren a causa de la injusticia, la discriminación y la violencia.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a la Bienaventurada Virgen María que interceda por toda la Iglesia, para que anuncie el Evangelio con alegría y esperanza, cercana a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y sepa guiar a todos hacia Cristo, «la clave, el centro y el fin de toda la historia humana» (GS 10). Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas: 


Finalmente, mis pensamientos se dirigen a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Mañana celebraremos la memoria del Papa San Gregorio Magno, cuyos restos reposan en la Basílica de San Pedro. Se le llama «el Grande» por su excepcional labor pastoral en tiempos muy difíciles para la sociedad y la Iglesia: una «grandeza» que extrajo fuerza y ​​vigor de una fe viva en Cristo. Que su ejemplo inspire en cada uno de ustedes una renovada e intensa confianza en Dios, fuente de gracia y esperanza para el mundo entero.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 2-9-2026

Pablo De Maio: «Estaba abocado a la lujuria, a las relaciones informales, y fue como si san Miguel me clavara su espada y me extirpara un tumor maligno; me hizo una cirugía espiritual; fue el inicio de mi conversión»

Pablo De Maio empezó a rezar el Rosario, pero la Virgen María lo condujo a San Miguel Arcángel para que iniciara su camino de conversión / Foto: Misión

* «Cuando uno comienza un proceso de conversión tiene que dar un paso inicial: poner lo suyo para hacer una renuncia a todo lo viejo y putrefacto para abrazar lo nuevo y santo que viene de Dios, porque Él es misericordioso y justo, pero no hace “magia”. En ese proceso, san Miguel se encarga de educarte y de darte fuerza para el combate espiritual incluso mientras duermes porque la tentación va a seguir estando y cuanto más quieras acercarte a Dios, puede hacerse más fuerte. El demonio no quiere perder un alma. Él es astuto y sabe cómo tentarte. Cuando yo empecé este proceso se me aparecían mujeres bellísimas. Para combatir la tentación recomiendo leer El combate espiritual del padre Lorenzo Scupoli, una lectura obligada para todo cristiano. Es un libro maravilloso que san Francisco de Sales llevaba consigo»

Camino Católico.-  El argentino Pablo De Maio dedica su vida a difundir la devoción a san Miguel, el arcángel que –asegura– transformó su vida. Según relata, se encontraba atrapado en el pecado de la lujuria cuando el 29 de septiembre de 2010, en la fiesta de los tres arcángeles, experimentó una gracia especial: “Fue como si san Miguel me clavara su espada y me extirpara un tumor maligno”. Aquel acontecimiento marcó el inicio de lo que define como “una escuela del corazón”: “San Miguel me ayudó a renunciar a todo lo viejo y putrefacto para abrazar lo nuevo y santo que viene de Dios”. Cuenta su testimonio en una entrevista en Misión

- Usted tuvo un cambio radical de vida. ¿De qué manera intervino san Miguel en esa transformación?

- Yo venía de un estilo de vida pernicioso, en situación de pecado grave permanente, cuando el arcángel san Miguel entró a mi vida en abril de 2010. Estaba abocado a la lujuria, a las relaciones informales. Pero mi incongruencia era tal que, aunque estaba alejado de Dios, iba a Misa. No comulgaba, pero iba a la iglesia. Y en un momento determinado comencé a rezar el Rosario todos los días, porque algo me decía: “Por aquí te estás perdiendo”.

- ¿Qué le ocurrió exactamente?

- Un día me desperté para ir a trabajar y el pensamiento de san Miguel me martillaba la cabeza. Tal es así que cuando llegué a la oficina fui a una tienda de imágenes católicas y compré la primera imagen de san Miguel que tuve. Ahí empecé a investigar sobre el papel preponderante de este arcángel en la economía de la salvación humana y en la historia de la humanidad. 

- ¿Había tenido contacto con san Miguel Arcángel de niño?

- Nunca. Antes de que san Miguel llegara a mi vida yo buscaba a la Santísima Virgen María para tener un encuentro personal con Ella. Por eso comencé a rezar el Rosario. Ella me llevó al Arcángel para iniciar mi proceso de conversión, porque yo vivía en un vicio del que es muy difícil salir. Hay personas que viven en situación de adulterio o de fornicación y creen que es normal, pero los pecados de la carne carcomen el alma y arrastran a muchas almas a la perdición.

- ¿Qué efecto tuvo el rezo de la Coronilla de san Miguel en este proceso?

- Tan pronto empecé a leer sobre san Miguel, me encontré con la Coronilla Angélica y comencé a rezarla por mi cuenta. Esta oración fue pedida por el propio san Miguel a la carmelita portuguesa Antonia d’Astonac. Aunque mucha gente no la conoce, después del Rosario, esta coronilla es fundamental para fortalecernos en el combate espiritual hasta el día en que cerremos los ojos definitivamente. Consiste en nueve salutaciones angélicas en honor de san Miguel y de todos los ángeles. 

- Hubo otra intervención de san Miguel en su conversión, más radical y definitiva. ¿Cómo ocurrió?

- El 29 de septiembre de ese mismo año, fiesta de los santos arcángeles san Miguel, san Gabriel y san Rafael, fui a la Parroquia de san Miguel Arcángel en Bartolomé Mitre, un templo de más de 225 años aquí en Buenos Aires. Esa visita fue el sello de oro. Yo ya venía investigando sobre san Miguel, pero aún no me había metido de lleno. Cuando entré en la iglesia y miré a la derecha, donde está la imagen de san Miguel en una pintura bellísima y antiquísima, sentí una fuerza que me hizo ponerme de rodillas automáticamente. Y algo me decía: “Reza, reza, reza”. Fue un antes y un después. 

- ¿Qué experimentó en ese momento? 

- Comprendí cuánto había ofendido a Dios y al prójimo, porque el cuerpo es templo del Espíritu Santo, como dice san Pablo, y si ya estaba mal dañar mi propio cuerpo, era peor dañar el cuerpo de los demás. Me puse a llorar. Era como si san Miguel me metiera su espada y me extirpara un tumor maligno; me hizo una cirugía espiritual. Ese fue el inicio de mi conversión hacia una madurez espiritual, que es una de las funciones de este arcángel.

Pablo De Maio dice que San Miguel te lleva a la Eucaristía / Foto: Misión

- ¿Qué otras funciones tiene san Miguel en nuestra santificación?

- Cuando uno comienza un proceso de conversión tiene que dar un paso inicial: poner lo suyo para hacer una renuncia a todo lo viejo y putrefacto para abrazar lo nuevo y santo que viene de Dios, porque Él es misericordioso y justo, pero no hace “magia”. En ese proceso, san Miguel se encarga de educarte y de darte fuerza para el combate espiritual incluso mientras duermes porque la tentación va a seguir estando y cuanto más quieras acercarte a Dios, puede hacerse más fuerte. El demonio no quiere perder un alma. Él es astuto y sabe cómo tentarte. Cuando yo empecé este proceso se me aparecían mujeres bellísimas. Para combatir la tentación recomiendo leer El combate espiritual del padre Lorenzo Scupoli, una lectura obligada para todo cristiano. Es un libro maravilloso que san Francisco de Sales llevaba consigo.

- ¿De qué otras maneras lo engañaba a usted el demonio?   

- Tras mi conversión comencé a ayudar al padre Carlos Mancuso, un exorcista muy reconocido que fue mi director espiritual hasta que falleció. Colaboré con él en más de 2.000 exorcismos, y recuerdo que en uno de ellos un demonio me dijo: “Si dejas de hacer esto, te doy oro”, porque durante muchos años yo también corrí detrás del dinero. 

- ¿Cómo nos protege san Miguel?

- Él es muy celoso de sus devotos y los defiende. Por eso está representado como un guerrero, con espada y hábito romano; también es celoso de que cumplamos los mandamientos y las bienaventuranzas; y es maestro de obediencia, una virtud que es protección, porque todo lo que se aleja de Dios se corrompe. Yo me alejé de Dios y fui corrompido por el espíritu de la lujuria y de la mentira. El demonio, que desobedeció por soberbia, te promete independencia, pero lo que te da es separación. En cambio, san Miguel, siempre que lo invoques con recta intención, te acerca a Dios y a la Virgen María, Reina y Señora de todo lo creado, también del mundo angélico. 

- ¿Qué define al devoto de san Miguel?

- Que está íntimamente ligado a la Eucaristía, en la sagrada comunión y en la adoración eucarística. El mismo san Miguel te lleva a la Eucaristía.  Poco tiempo después de abrazar la devoción, sin darme cuenta, estaba adorando la Eucaristía y comprendí el sentido de la Santa Misa. Hoy la Misa y la Adoración no me pueden faltar. 

- ¿Algo más?

- El devoto de san Miguel es firme en la oración y en la confesión frecuente. Muchas personas me dicen: “Yo le pido perdón a Dios y ya está”. Y les respondo:  “Entonces dile a Dios que te dé la comunión”. La soberbia nos hace creer que no necesitamos de este sacramento, pero sin la reconciliación no habría salvación. Por eso, para iniciar un proceso de conversión, recomiendo hacer una confesión general: prepararla con un buen examen de conciencia y escribir la propia historia de vida desde el punto de vista espiritual. Y, por último, el devoto propaga la devoción a san Miguel, porque al abrazarla no puedes quedártela para ti mismo. 

- Para concluir, ¿le gustaría compartir algún mensaje con nuestros lectores?

- En 2014 llevé a Roma una petición, respaldada por muchísimas firmas, para que se restableciera la oración a san Miguel al final de la Misa. Me gustaría reiterar esta petición al Santo Padre León xiv, pues es un deseo que nace de lo más hondo de mi corazón. Estoy convencido de que recuperar esta oración sería un golpe decisivo contra Satanás. También quisiera invitar a todas las parroquias a tener una imagen de san Miguel porque él protege no sólo el sagrario, sino también a toda la comunidad parroquial. Si se encomiendan a él verán que muchas cosas comienzan a cambiar. 

CORONILLA A SAN MIGUEL

Pablo De Maio promueve grupos de oración que se han ido extendiendo a varios países para rezar la Coronilla Angélica los 29 del mes. Esta coronilla consiste en nueve salutaciones en honor a san Miguel y a los nueve coros angélicos. Cada salutación consta de un padrenuestro y tres avemarías. Al finalizar, se rezan cuatro padrenuestros adicionales a san Miguel, san Gabriel, san Rafael y al ángel de la guarda. El papa Pío IX concedió indulgencias a quien la rece, como la indulgencia plenaria en la fiesta de los santos arcángeles (29 de septiembre) y de los Ángeles Custodios (2 de octubre). San Miguel prometió a la religiosa carmelita Antonia d’Astonac que quien la rece a diario será librado de la pena del purgatorio, recibirá su constante asistencia y protección, y contará con la compañía de un ángel de cada coro angélico a la hora de recibir la comunión. Pablo De Maio también recomienda rezar esta oración a san Miguel: “Espada de Dios, fuerza de Dios, fuego del Espíritu Santo, acero divino hecho con el aliento de Dios: atraviesa, purifica, limpia, lava y expulsa al pérfido enemigo. Dame la fortaleza de los hijos de Dios y ponme de pie delante del Señor. Amén”.

Itzel quedó poseída al practicar la Wicca: «La voz ordenaba que me golpearan y clamé: ‘Me pongo en tus manos, Virgencita’. Fui a Guadalupe y oré a Cristo Rey. He renacido»

 Itzel sufrió una posesión en 2021, gracias al Santuario de Guadalupe pudo sanar y encontrarse con Dios

* «Llegué a la Villa de Guadalupe y me dirigí inmediatamente a Capuchinas, pero no pude estar ahí y me salí. Anduve caminando, pero no podía permanecer en ningún lado. Decidí andar entonces por el jardín de las Bienaventuranzas, me coloqué frente a la estatua de Cristo Rey, me hinqué, me puse a llorar y le dije que me ayudara y que me perdonara…. Ahora voy a la Iglesia todos los domingos y rezo diariamente el Rosario y la Coronilla de la Divina Misericordia… Tiene ya tiempo que mi vida es como un renacer»

Camino Católico.-  Itzel era una joven mexicana que acababa de terminar sus estudios con notas excelentes, había hecho, incluso, un master. Sin embargo, cuando llamaba a las puertas de las empresas, nadie le daba trabajo. En ese ambiente de frustración decidió acudir a hacerse una limpia a un lugar donde hacían wicca (disciplina vinculada con la brujería y el esoterismo).

A partir de ahí, todo se torció. En el establecimiento le hablaron maravillas de esta práctica en la que están presentes elementos de la naturaleza, hadas… A Itzel le gustó tanto lo que ahí se hacía, que quiso quedarse a aprender. El portal mexicano Desde la Fe ha contado su impresionante testimonio.

Algo entró en ella

Poco después de que la joven empezara a conocer más de fondo la wicca, empezó a dedicarse a ella a tiempo completo. Cobraba por leer oráculos, hacia sanaciones, limpias y demás. Económicamente comenzó a irle muy bien. Había encontrado el trabajo y los ingresos que estaba buscando.

Itzel se dedicaría a esta práctica durante más de seis años. Hasta que a finales de agosto de 2021, una madrugada, mientras dormía, sintió que algo se le metía de pronto en el cuerpo. Se levantó, fue a ver a su madre, se lo contó, pero ahí quedó la cosa.

Al día siguiente, Itzel habló con su padre y le dijo que se sentía muy mal, le explicó lo que había pasado durante la madrugada. Su padre no entendía nada, pero creía a su hija, por el estado en el que esta se encontraba. La llevó a una persona que se dedicaba a cosas esotéricas, quien les dio una respuesta tajante: “La chica tiene una posesión demoniaca“.

“Prefiero la luz”

La joven no creyó a esa persona, pero por la noche, estando despierta, su situación empeoró, y empezó a escuchar una voz. Perdió el control de su cuerpo, le daban una especie de ataques epilépticos y arrojaba un vómito blanco y espumoso por la boca.

La voz le decía: “¿Quieres una casa? ¿Quieres un coche? ¿Te gustaría tener mucho dinero?”. Itzel, muy asustada, le respondió que no. La voz, entonces, le volvió a preguntar: “¿Quieres lo que te ofrezco, o prefieres la luz?”. Itzel, que era completamente ajena a las cosas de la Iglesia, le contestó que prefería la luz. La respuesta de Itzel (en maya quiere decir “lucero del atardecer”) no iba a agradar a la voz. La situación se complicó un poco más.

Itzel estando poseída escuchó una voz que le decía: “¿Quieres lo que te ofrezco o prefieres la luz?”

Aquella misma noche, Itzel iba a sentir una auténtica tortura, recibiría patadas por todo el cuerpo. “Deduzco que eran varios los que me pateaban, porque la orden que la voz dio fue: ‘¡Péguenla‘”, comenta la joven. Tras aquella paliza su cuerpo se llenó de moratones. Itzel, atemorizada, tiró todas sus cosas de la wicca: calderos, cartas y todo lo que había comprado.

En las manos de María

Pero, en las siguientes noches, las agresiones iban a ser más violentas. “Sentía que me quemaban, violaban y crucificaban. Las órdenes que daba aquella voz decían: ‘Quemen al pececito‘”, asegura la joven. Itzel cuenta que su madre llegó un día a escuchar esa misma voz.

Itzel recuerda dos noches especialmente difíciles. En una de ellas se puso a rezar, y cuando giró la cabeza vio que había una sombra con cuernos. Cerró los ojos, respiró hondo, volvió a mirar y vio que los cuernos eran como los de uno de los dioses que participaban en la wicca.

En la segunda noche, iba a sentir que la ahorcaban y, mientras eso ocurría, la voz le dijo: “Te voy a matar ahora”. “Pero, esa vez, yo misma le ordené: ‘Sí, mátame’. Me giré para ver un cuadro de la Virgen, que mi madre tenía colgado en la pared, y le dije a Ella: ‘Me pongo en tus manos, virgencita. Si voy a morir ahora, está bien; pero que sea en tus manos’. Y la agresión comenzó a remitir”, relata Itzel.

“¿Para qué le rezas?”

La joven vivía muy cerca del Santuario de la Virgen de Guadalupe, por lo que un día decidió acudir a allí. “Me dirigí inmediatamente a Capuchinas (uno de los templos del complejo), pero no pude estar y me salí. Estuve caminando, no podía permanecer en ningún lado. Decidí, entonces, ir por el Jardín de las Bienaventuranzas, y me coloqué frente a la estatua de Cristo Rey. Me arrodillé, me puse a llorar y le dije que me ayudara, que me perdonara”, comenta.


Itzel visitó el Santuario de la Virgen de Guadalupe pero la posesión no le permitía entrar en ninguno de los templos, aunque allí encontró un sacerdote que la puso en manos de otro que era exorcista

A los pies de Cristo Rey era el único lugar donde Itzel se sentía segura. Sin embargo, estando allí arrodillada, volvió a oír la voz, que le decía: “Tú ya estás del lado del infierno, ¿para qué le rezas a Él?”. Así que la joven le pidió con más fuerza: “¡Ayúdame, por favor!”.

A raíz de aquello, los días siguientes se le pusieron los ojos como si tuviera hepatitis, pero en lugar de amarillo, en rojo. Su padre, preocupado, fue de un lado a otro tratando de conseguir ayuda. Todo era inútil, hasta que le hablaron de un sacerdote que estaba allí mismo, en el complejo de Guadalupe.

“No consigo nada”

Pero, para entonces, Itzel ya no podía dormir, no comía, y la voz le seguía diciendo todo el tiempo “majaderías”. Su padre decidió citarle con el sacerdote que le habían recomendado. La joven acudió y le contó todo lo que le ocurría. “Mientras hablaba con el padre comencé a retorcerme y a vomitar blanco. Así que él me derivó a un exorcista”, explica Itzel.

Cuando la joven se encontró con el segundo sacerdote, este empezó a hacerle preguntas sobre su vida. “Mientras le hablaba de la wicca, el padre corrió hacia a mí y comenzó a rezar. De pronto, ya no supe nada de mí. Cuando reaccioné, me estaba retorciendo”, confiesa. El sacerdote siguió rezando y comenzó a calmarse.

Desde aquel momento, la joven acude regularmente a encontrarse con el sacerdote. “Recuerdo en una ocasión, que iba de camino a verlo, escuché nuevamente la voz, que decía: ‘Estoy siempre peleando con esta y no consigo nada‘”. Aunque siguieron las agresiones por algún tiempo, poco a poco comenzaron a desaparecer.

“Ahora voy a la iglesia todos los domingos, rezo diariamente el Rosario y la coronilla de la Divina misericordia… Mi vida es como un renacer“, comenta. Itzel, a día de hoy, llora de emoción muchas veces al recordar aquellos momentos en el que la imagen de la Virgen, y de su hijo, le salvaron la vida.