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viernes, 8 de mayo de 2026

Scott-Vincent Borba, millonario, iba de fiesta con Paris Hilton, novio de Demi Moore y va a ser sacerdote: «Oré: ‘¡Señor ayúdame! no quiero seguir haciendo esto’; Y Él me dio la conversión y nunca me ha abandonado»

Scott-Vincent Borba de 52 años, millonario gurú de la belleza, que será ordenado sacerdote el próximo 23 de mayo de 2026 en la Diócesis de Fresno, California (Estados Unidos) / Foto: Diócesis de Fresno

* «Se derramó la gracia de Dios sobre mí.  Ya no quería estar en mi casa. Todo me recordaba al pecado y le decía a Dios: ‘Siento mucho haberte ofendido’. En la adolescencia le pedí a María que se quedara conmigo, que me guardara y me sostuviera durante toda mi vida. Sé que nuestra Santísima Madre me ha traído a esta vocación por su amor a mí y a su Hijo. Nunca he sido tan feliz. Nunca he estado más lleno de alegría. Aunque el mundo me ofreciera todas sus riquezas, lo devolvería un millón de veces, por permanecer unido a Jesús»

 Camino Católico.- El cofundador de e.l.f Cosmetics, diácono Scott Borba de 52 años, será ordenado sacerdote el 23 de mayo de 2026 en la Diócesis de Fresno, California (Estados Unidos). Borba, quien trabajó como esteticista, actor, modelo, escritor y cantante, dejó atrás una exitosa carrera multimillonaria para responder al llamado de Dios al sacerdocio. Durante más de 20 años formó parte de la industria de la salud y la belleza. Sin embargo, a los 42 años decidió entregar toda su fortuna a obras benéficas después de aceptar un llamado que había sentido toda su vida.

Como residente en Beverly Hills y millonario antes de los 40, para Scott-Vincent Borba no era raro ver cómo Paris Hilton le llamaba al móvil para invitarle a una fiesta en su casa. Solo tenía que descolgar, coger su Aston Martin y apresurarse para llegar a un nuevo evento donde tenerlo todo a su alcance. Pasados algunos años, sigue queriendo tenerlo todo en sus manos… solo que su visión de ese "todo" ha cambiado. Ya no es dinero, fiestas y grandes coches: es un trozo de pan que se transforma en el mismo Dios.


Basta una breve búsqueda en Google para ver lo alto que pudo llegar Borba, empresarialmente hablando. Sus orígenes están, sin embargo, muy alejados de la vida de lujo y frivolidad que llegó a tener. Criado en una familia católica y especialmente devota de la Virgen de Fátima, llegó incluso a considerar el sacerdocio cuando era solo un niño.


"En la misa mi madre me dijo que mirara hacia el altar y me preguntó si quería ser el hombre de la túnica. Quienquiera que fuera el sacerdote, su sotana brillaba y supe que Dios estaba poniendo en mi corazón el deseo de convertirme en sacerdote", relata a OSV News.


Recuerda que la Virgen siempre estuvo presente en su vida, y que antes de alcanzar la fama y el éxito por el que se le conoce, rezó pidiéndola que le mantuviera a flote a lo largo de su vida.



Scott-Vincent Borba posa en la fiesta de lanzamiento de su libro, "Skintervention", en 2011


Millonario y gurú de la belleza en Los Ángeles


Concluida la universidad, Borba se mudó a Los Ángeles en busca del éxito, con una práctica religiosa descuidada y que amenazaba con desaparecer. Pero de vez en cuando buscaba recuperar su relación con Dios, y el viaje fue uno de esos momentos.


"En el camino, Dios me dio la gracia de apagar la radio, bajar la ventanilla y suplicarle: `Padre, por favor, ayúdame a alcanzar mis sueños. Y si los alcanzo, te daré mi vida y te serviré´", prometió el entonces joven Borba.


La Providencia pareció escucharle… y tomarle la palabra.


En 2004, fundó junto a Joseph Shamah E.l.f. Cosmetics. Una empresa radicada en California que se ha convertido en referencia de cosméticos y maquillaje para millones de mujeres de clase media en todo el mundo. La calidad era buena, y sus sombras de ojo, lápices de cejas o cremas faciales no suben de los 15 euros.


En lo más alto de su facturación, Borba también llegó a ser el responsable de inversiones de miles de euros en un solo tratamiento.


Mila Kunis es solo un ejemplo de ello: en 2011, con motivo de la entrega de los Globos de Oro, Borba le regaló a la actriz el HD Diamond and Ruby Peel, uno de sus tratamientos faciales estrella creado a partir de diamantes y rubíes, cuyo coste ascendía a los 7.000 dólares.



Borba se rodeó de famosos en vida: amigo de Paris Hilton, proveedor de servicios para Mila Kunis, incluso fue novio de la actriz Demi Moore, en la imagen

Aquello fue hace más de una década, pero la empresa parece seguir el ritmo de proyectos y campañas. Al menos es lo que se desprende de los siete millones de dólares por un spot publicitario de 30 segundos en la Fox, durante el intermedio de la Super Bowl de 2023.

En Beverly Hills, novio de Demi Moore, Aston Martín... "Estaba vacío"

Borba no tenía ni 30 años y ya había dirigido exitosas campañas de marketing para algunas de las cosméticas más importantes del mercado, como Neutrogena, Sebastian, Joico, Murad y Hard Candy.

Tanto le apasionaba la cosmética que incluso abordó el sector también como autor, publicando libros como Skintervention y Cooking Your Way to Gorgeous.



Skintervention, uno de los libros de cosmética del otrora modelo y millonario Scott-Vincent Borba, que será ordenado sacerdote el 23 de mayo de 2026


Por entonces era más rico y famoso de lo que podría haber imaginado.

Con 38 años salía con la actriz Demi Moore, conducía un Aston Martin, tenía las oficinas en Beverly Hills y una casa en la playa, prácticamente vecino de la actriz y cantante Paris Hilton, que con frecuencia le invitaba a fiestas en su mansión.

Pero conforme aumentaba su fama y riqueza, relató a Aleteia, también se apoderaba de él la convicción de sentirse profundamente miserable.

"Estaba en una fiesta y me sentí muy infeliz. Como si estuviera vacío… Estaba cansado", admite Borba, que en ese momento miró al Cielo… y rezó: "Si esta es la vida, donde todo lo que haces es trabajar y divertirte y hacerlo de nuevo y morir, no creo que sea la vida que has hecho para mí. Pero sólo puedo cambiar si me ayudas".

Llamado a renunciar a todo: "El Señor nunca me ha abandonado"

Casi de inmediato, Borba tomó conciencia de lo que implicaba su modo de vida, de la realidad del pecado y del infierno, pero también del poder de Dios para salvarle.

"Ayúdame… No quiero hacerlo más", rezó Borba, que fue "sincero" y pidió auxilio a la Providencia.

"Y Él me dio la conversión. Fue la gracia de Dios sobre mí. Nuestro Señor nunca me ha abandonado", admite agradecido.

Determinado a cuestionar su modo de vida, Borba hizo las maletas, dejó su mansión y se alojó en un hotel.

"No quería estar en mi casa. Todo me recordaba al pecado y le decía a Dios lo mucho que lamentaba haberle ofendido", recuerda.

Su siguiente paso fue dejar Los Ángeles y, poco a poco, desprenderse de toda su riqueza.

"En ese momento, Dios me llamó a renunciar a todo, y pensé que eso se refería a mis coches. Tenía un Aston Martin, así que dije: `Está bien, Señor, voy a vender el coche, le daré el dinero a obras caritativas y me compraré una camioneta´", recuerda.

En otra ocasión relata que fue tras profundizar en su vida de oración y viajar a Medjugorje que decidió "vaciar la cuenta" y donarlo todo a Mary's Meals, al hospital oncológico más cercano y a los pobres.

"Nuestro Señor dejó claro que amarle a Él es amar a los pobres física y espiritualmente. Y cumpliré su petición toda mi vida", aseguró el magnate.

Scott-Vincent Borba, millonario gurú de la belleza, pasó de vivir en Los Ángeles a dejarlo todo por Cristo

Seminarista, más feliz que nunca

Borba admitió tener la ayuda de Dios para hacerlo, pero no fue por ello algo sencillo.

"Fue muy duro renunciar a todo. Solo por la gracia de Dios un hombre o una mujer que llevan una vida decadente pueden renunciar a ello. Después de dejarlo todo, ya no sabía quién era. Me lamenté de mi antigua vida y tuve que aferrarme a Dios para alcanzar las metas que me había fijado. Él me hizo humilde y sigue haciéndolo. Solo así puedo hacer su voluntad”, admite Scott.

Aquel desprendimiento culminó cuando Borba, a sus 46 años, tomó la decisión de cumplir la promesa que hizo años atrás.

"Dios me llamó cuando tenía 10 años. Simplemente acepté tarde", afirma. La idea fue madurando poco a poco en el corazón del pequeño hasta apagarse, pero no se desvaneció. Un día, cuando era niño, después de rezar el rosario, Scott pidió protección a la Virgen María: "Le pedí que se quedara conmigo, que me protegiera y me estrechara entre sus brazos durante toda mi vida. Sé que la Virgen me trajo a esta vocación por su amor a mí y a su Hijo".

Tras varios años de preparación, recuerda entre risas su primer encuentro con el director vocacional antes de entrar al seminario, en su coche de lujo y con un traje que pocos se podrían permitir. "Cuando abrió la puerta para darme la bienvenida, se me quedó mirando un momento antes de suspirar: `¡Tengo mucho trabajo que hacer contigo!´", le dijo el formador.

"Nunca he sido tan feliz. Nunca he estado más lleno de alegría. Con todo lo que el mundo puede darme, lo daría un millón de veces para estar con Jesús. El sacerdocio es un don de Dios. Yo recomendaría a todos los seminaristas y sacerdotes que vayan a la adoración, que se postren ante el Santísimo Sacramento y que recen a la Virgen para que nos ayude a cumplir la voluntad de su Hijo. Ella es la clave para ayudar a todos los sacerdotes a vivir correctamente el trabajo que Dios les ha encomendado, con humildad, amor y alegría. Sin la Madre de Dios, sé que no sería nada. Por último, quisiera decir a todos los seminaristas y sacerdotes que estamos aquí en la tierra para ayudar a las almas a volver a Dios. ¡Qué don, qué vocación! Alabado sea Dios y la Santísima Trinidad. Nunca dejaré de hablar de la misericordia de Dios y de su amor por todos sus hijos", concluye quien será sacerdote en unos días.

María Olguín, ilustradora, no creía en Dios: «A los 26 años increpé al Señor: ‘Si existes, sal del sagrario’. Un seminarista vino, invocó al Espíritu Santo y supe que Dios existía»

María Olguín, ilustradora, miembro de la familia Valiván / Foto: Fotografía: Dani García - Misión

* «Yo pensaba que Dios y la Virgen me miraban mal por mis pecados. Así que un día pedí a Dios que me concediese el compromiso de rezar 15 minutos diarios de por vida. El día que se lo pedí, estuve media hora, que me resultó larguísima y aburrida. Pero por la noche empecé a sentir una sed superfuerte de Dios. Necesitaba físicamente estar ante el sagrario, aunque estaban las iglesias cerradas. Fui literalmente corriendo a casa del párroco, le dije que no sabía qué me pasaba, pero que necesitaba estar ante el sagrario, y en lugar de pensar que estaba loca, me abrió la iglesia y me dejó a solas. Al entrar, caí de rodillas… y entendí que dentro del sagrario estaba, está Dios. Mi Dios de amor infinito. La fuente del amor, metido en una cajita. Entendí que Él es Dios. Que si he tenido amor en mi vida ha sido porque Él lo puso en mi corazón el día de mi bautismo. Aunque sé que suena raro, entendí como por ciencia infusa su entrega en la cruz, su presencia en la Eucaristía, por qué hacen falta sacerdotes para los sacramentos… Fue como entender de golpe la fe católica»

Camino Católico.- Sus imágenes de ángeles cuidando a enfermos y médicos en plena primera ola del COVID-19 hicieron que María Olguín pasara, en días, de 700 a 7.000 seguidores. Actualmente tiene 49.600 en Instagram. Ella ya había sido pionera de una corriente de ilustradores católicos, cuyas imágenes ayudan a rezar a miles de personas en todo el mundo. Pero lo más interesante de este miembro de la familia Valiván no es su trayectoria profesional, ni su creatividad artística, sino una vida interior fuera de lo común, que muestra, desde la suave fragilidad de su sensibilidad, cómo actúa hoy “la mano poderosa de Dios”. La entrevista José Antonio Méndez en Misión

Nosotros veníamos a charlar con María Olguín sobre temas de actualidad, como el boom de las ilustraciones católicas, o cómo se plantea el futuro una persona que quiere dedicarse profesionalmente a evangelizar. A fin de cuentas, eso es lo que ella hace no solo con sus imágenes, sino también como parte de Valiván, la empresa familiar en la que trabaja junto a sus padres y hermanos, y cuya serie infantil La casita sobre roca ven millones de personas en YouTube y EWTN. Bueno, veníamos a eso y a aprovechar que bajaba a Madrid desde su casa en mitad de la montaña asturiana, para compartir juntos un pedazo de un famoso pastel de limón. Pero aunque terminamos por hacerle esas preguntas y ella, que no es muy de dulces, se animó con el merengue flambeado, la conversación fue por otros derroteros, de una hondura espiritual impactante. “Soy muy tímida pero no me voy a cortar, porque el Señor me ha dicho que te abra el corazón de par en par”, nos dice apenas nos sentamos, con una libertad propia de quien mantiene una inusual inocencia de espíritu. 

Y es que María Olguín Mesina no es una dibujante más que pinta imágenes sagradas con un toque naíf, dentro de esa llamativa corriente de creación artística que crece en redes sociales como Instagram, sino una mujer tocada por Dios de un modo muy singular, que plasma en sus láminas las visiones interiores que le regala la Providencia. “Intento pintar lo que el Señor y la Virgen me muestran. Pero no puedo y me frustro mucho, porque son imágenes que veo, no con los trazos con los que pinto, sino de verdad. ¡Y son de una belleza increíble!”, nos confiesa. 

Sin afectaciones, sin aspavientos, ni rarezas, vive con naturalidad y alegría un misticismo auténtico y sincero. Por eso, durante la conversación le brotan, de modo irrefrenable, palabras, ideas y vivencias sobre la fe que no tienen nada que ver con frases hechas, ni con los ardores típicos de los conversos. Y eso que ella misma experimentó una conversión profunda, pues aunque fue criada en la fe, a los 9 años descubrió, en plena misa, que ni creía en Dios, ni podía comprender cómo alguien podía aguantar en aquellos bancos…

María Olguín, ilustradora, transparenta su camino espiritual / Foto: Fotografía: Dani García - Misión

- Después de esa experiencia con 9 años, ¿cómo se vive la adolescencia en una familia que lo fía todo a Dios, como la suya?

- Muy mal. Yo viví una adolescencia y una primera juventud muy difíciles. Esos años estuvieron marcados por una muy baja autoestima. No me quería interiormente y me odiaba exteriormente. Estaba obsesionada con la ropa, con el físico, me veía fea, me despreciaba. Tuve problemas con la alimentación, una crisis afectiva fortísima… Y no creía en Dios. 

- Y eso que trabajaba con su familia en Valiván, que es un proyecto de evangelización para jóvenes… 

- Sí. Yo me sabía las cosas de la fe, y en la vida de mis padres había visto cosas increíbles, en las que ahora reconozco la mano poderosa de Dios, como cuando estuvimos a punto de perderlo todo por una deuda grande y nos llegó una donación por el importe exacto necesario. Por mucho que me sintiera seca, me aburriera en misa o me enfadara, veía que algo raro pasaba. Pero cuando nos poníamos a rezar o pasaba por el Santuario Hogar que teníamos en casa, era una tortura.

- ¿Y qué le ocurrió para cambiar?

- Con 26 años fui a Brasil, a la boda de una amiga. Allí vi a un grupo de personas enamoradas de Cristo, que vivían su fe con auténtica felicidad. Iban a las favelas a ayudar, me hablaban de Jesús y de la Virgen como si estuvieran vivos… Y me dio una rabia enorme.

- ¿Rabia? ¿Por qué?

- ¡Porque reconocí que tenían razón! En esta época en la que estamos viviendo cosas muy duras y momentos históricos muy importantes y muy graves, cosas de una trascendencia espiritual inmensa, en las que Dios no deja de mandarnos señales que ve cada vez más gente, lo que tenemos que hacer es ser santos. No sabemos qué nos va a venir, pero sí que tenemos que estar preparados para vivir lo que sea con Él. Tal y como está el mundo, solo podemos ser santos. Y no se puede ser santo sin tener una relación personal, auténtica, con Cristo. Dios quiere esa vida íntima con cada uno. Él nos quiere místicos, esto no es para cuatro gatos. Y por eso en el fondo todos deseamos esa relación intensa e íntima con Él. Lo que pasa es que, o nos perdemos con las cosas del mundo, o no nos fiamos de Dios. Y nos quiere fieles a la fe de la Iglesia, que está muy herida y muy postrada, y solo se mantiene en pie porque la sostiene el Señor. No soy nada intelectual, pero el otro día leí una frase de Karl nosequé [Rahner]: “El cristiano del siglo XXI será místico o no será”. ¡Y es tal cual! 

- Creo que nos hemos ido un poco. Estábamos en Brasil… ¿Qué hizo al sentir aquella rabia?

- Me fui a un sagrario y empecé a gritar en mi corazón: “Trabajo para Ti desde hace años, he pasado muchísimos aprietos por Ti… ¡pero no tengo fe, no creo en Ti, no te siento! Y mira a esta gente: tienen fe, están enamorados de Ti, les pasan cosas sobrenaturales y son felices aunque tienen problemas”. Y empecé a increparle en mi interior: “Si de verdad estás ahí, ¿por qué no te conozco? Eres injusto. Te has pasado de la raya. Esta gente te conoce y yo no. Si de verdad existes, sal del sagrario. ¡Hazme algo! ¡Lo necesito!”. 

- ¿Y lo hizo?

- (Ríe). En ese momento llamó a la puerta de la capilla un seminarista y me preguntó si podía rezar por mí, imponiéndome las manos. Yo no sabía qué era eso y dije que sí. Me puso las manos en la espalda, empezó a invocar al Espíritu Santo, y al rato me dijo: “El Señor quiere que sepas que esta sequedad que sientes no es para toda la vida, solo es para fortalecerte”. Esa fue la primera vez que supe que Dios existía y, tal vez, me hablaba a mí. 

- La conversión, aún mayor, que vino después da para un libro más que para una entrevista…

- ¡Totalmente!  Y eso que he alternado años de sequedad con momentos en los que, por decirlo de alguna forma, me pasaban cosas. Yo no soy nada especial. Si te contara mis pecados, fliparías. Lo único que he hecho ha sido pedirle al Señor que se me mostrase, pero tratando de estar cerca de Él por si eso ocurría. La gente tiene que pedir a Dios con confianza y sin alejarse. Si le pidiéramos más, nos daría más.

- Como le dio con el seminarista…

- Sí. Cuando volví a España seguí en contacto con él. En un momento en el que había entrado de nuevo en una espiral autodestructiva, él me recomendó escribir la historia de mi vida, leer Historia de un alma, de Teresa de Lisieux, y, si quería cambiar mi vida, comprometerme a hacer 15 minutos de oración diarios para toda la vida. Hice las dos primeras, pero con la tercera no podía. ¡No aguantaba ni 5 minutos!  Yo pensaba que Dios y la Virgen me miraban mal por mis pecados. Así que un día pedí a Dios que me concediese el compromiso de rezar 15 minutos diarios de por vida.

- ¿Y así ocurrió?

- El día que se lo pedí, estuve media hora, que me resultó larguísima y aburrida. Pero por la noche empecé a sentir una sed superfuerte de Dios. Necesitaba físicamente estar ante el sagrario, aunque estaban las iglesias cerradas. Fui literalmente corriendo a casa del párroco, le dije que no sabía qué me pasaba, pero que necesitaba estar ante el sagrario, y en lugar de pensar que estaba loca, me abrió la iglesia y me dejó a solas. Al entrar, caí de rodillas… y entendí.

María Olguín, ilustradora, le pidió a Dios que le concediera rezar 15 minutos cada día / Foto: Fotografía: Dani García - Misión

- ¿Qué es lo que entendió? 

Que dentro del sagrario estaba, está Dios. Mi Dios de amor infinito. La fuente del amor, metido en una cajita. Entendí que Él es Dios. Que si he tenido amor en mi vida ha sido porque Él lo puso en mi corazón el día de mi bautismo. Aunque sé que suena raro, entendí como por ciencia infusa su entrega en la cruz, su presencia en la Eucaristía, por qué hacen falta sacerdotes para los sacramentos… Fue como entender de golpe la fe católica. Solo podía reírme y llorar. Allí mismo compuse la canción Que se quiebre. 

- ¿Y al salir?

- Me vi como la mujer más guapa del mundo. Me miraba y pensaba: “¿Qué me ha pasado, que ahora soy así de guapa?”.  Yo, que no me había valorado nunca, que detestaba mi cuerpo, después de eso incluso dejé durante años de maquillarme y ponerme pendientes porque me parecía demasiado guapa (ríe).  Él me cambió la mirada hacia mí, y también hacia la naturaleza y hacia los demás.

- En los 12 años siguientes no volvió a tener experiencias de fe tan fuertes. Sin embargo, muchas de sus láminas (no las que hace por encargo, por ejemplo, para Misión) nacen en su oración…

- El Señor, por pura gracia, me ha hecho conservar la paciencia y me ha dado muchas ocasiones para ejercitar la fortaleza y la confianza en que Él es el único pilar. La oración me da muchos momentos de consuelo, pero en la vida de fe no podemos vivir solo de sensaciones sobrenaturales, porque nos romperíamos físicamente.

- Me dejo en el tintero un sinfín de preguntas, pero ¿cómo desea terminar la entrevista?

- Mi deseo más grande es que cada uno de los hijos de Dios le pida más: que le pida fuego en el corazón, que le pida incluso dones sobrenaturales. Porque Él está deseando concedérnoslos.

“Quien se acerque a la Virgen María, se encontrará con Jesús”

María Olguín acaba de publicar en instagram una ilustración de una joven llevando flores a la Virgen. Junto al video, comparte un testimonio en el que reconoce con claridad la presencia de María a lo largo de su vida.

La ilustradora señala que gran parte de su niñez transcurrió en el colegio “Corazón de María” en Barcelona, donde no todos vivían la fe con la misma intensidad.

“¡Me encantaba ese colegio! Era un colegio de monjas. Monjas por las que yo me sentía muy muy querida. Mi familia, era una de las pocas familias del colegio católica practicante. Vamos, que éramos casi los únicos que íbamos a misa los domingos. Quizá por eso, esas monjas nos querían especialmente.

He de reconocer, que desde niña yo me sentía un poco ‘la rara’. La que se sabía todas las respuestas en las pocas Eucaristías que había en el colegio, la que respondía (siempre poniéndome muy muy roja) en las clases de religión”.

Sin embargo, había un momento del año en el que todo cambiaba: el mes de mayo.

“En Mayo TODOS llevábamos flores a la Vírgen. No recuerdo cuántas veces, quizá una por semana. Y cantabamos: ‘Venid y vamos todos, con flores a María, con flores a María, que Madre nuestra es’”.

Años después, a los 26, Olguín vivió su encuentro personal con Cristo que marcó un antes y un después. Fue un momento de gracia que renovó profundamente su fe. Con el tiempo, comprendió algo que antes no veía con claridad: la Virgen había estado presente en todo su camino.

“Hubo un milagro en mi corazón. Tiempo más tarde me di cuenta de lo importante que había sido la Virgen en ese encuentro. Ella había estado detrás de todo. Quien se acerque a María, se encontrará con Jesús. Ella es el camino más rápido, corto y seguro para llegar a Él”.

Hoy, desde su vocación como ilustradora, busca transmitir esta verdad y animar a otros a acercarse a la Virgen con confianza. “¡Este mes llevémosle flores! ¡Cantémosle mil canciones! Ella nos espera para regalarnos su amor”.

Damian Sylwestrzak, el árbitro FIFA que estudió teología, que quería ser profesor de religió y reza en el vestuario «En los momentos difíciles voy a la iglesia, me arrodillo y encomiendo a Dios todo lo que estoy viviendo»

A Damian Sylwestrzak, árbitro FIFA, la fe lo llevó a matricularse en la Facultad de Teología de Wrocław (Polonia) / Foto: Archivo

* «Tengo mis rutinas antes de un partido, que no llamaría rituales, sino más bien hábitos. Gracias a ellos, puedo entrar en ritmo y concentrarme. También tengo un momento para rezar antes de salir del vestuario, algo que siempre hago. Siempre llevo conmigo una imagen de Jesús Misericordioso con la inscripción "Jesús, en ti confío", que está muy desgastada, pero por el gran cariño que le tengo, no pienso en cambiarla. Con el primer silbato hago la señal de la cruz, agradeciendo por mi pasión y poniendo en manos de Dios todo lo que hago… A menudo pienso en lo que sucederá después de la muerte. A veces me preocupa este tema, y ​​cuando surgen esas inquietudes, la fe me tranquiliza. Es mi consuelo y mi guía en la vida. Sé que a veces, gracias a la fe y a las enseñanzas de la Iglesia, mi esposa y yo vamos en contra de lo que el mundo ofrece. Pero estoy feliz con nuestras decisiones; nunca me he arrepentido de ellas, e incluso me siento orgulloso de muchas»

Camino Católico.- Damian Sylwestrzak estudió teología, consideró la posibilidad de enseñar religión en la escuela y hoy es árbitro de la Ekstraklasa, la máxima categoría de fútbol profesional en Polonia, e internacional de la FIFA. En una entrevista con Karolina Binek en Misyjne, Damian Sylwestrzak habla sobre la fe, la familia, las decisiones difíciles en el campo y la importancia de la oración, incluso antes de un partido.

- ¿Cómo es posible que alguien que hoy es árbitro en la Ekstraklasa e internacional de la FIFA haya estudiado teología?

- Siempre me han interesado estos temas. Desde niño, quise profundizar en la teología para comprender mejor. También sentía la necesidad de obtener un título universitario tradicional, que requiere libros y una inmersión profunda en su contenido. Fue allí donde conocí a mi esposa. Finalmente, completé otros estudios.

- En aquel entonces, cuando comenzaste tus estudios, ¿existía algún plan para enseñar religión en la escuela?

- Me preguntaba qué haría profesionalmente después de estudiar teología. Consideré la posibilidad de dar clases de religión en una escuela. Pero no empecé a pensar seriamente en mi futuro después de graduarme hasta que conocí a mi esposa. Al mismo tiempo, ya era árbitro en una liga regional, así que estaba muy lejos de donde estoy hoy. En secreto, esperaba que el arbitraje fuera mi profesión. Mirando hacia atrás, puedo decir que fue una idea descabellada, pero fue fantástico que se hiciera realidad.

- ¿La fe siempre ha sido importante y ha estado presente en tu vida?

- Sí. Me hice monaguillo en cuanto alcancé la edad requerida para ese papel en mi parroquia, o incluso un poco antes. Lo disfrutaba. A veces incluso participaba en varias misas los domingos. La liturgia y el servicio me fascinaban profundamente. Sin embargo, durante mi juventud, viví diferentes momentos. A veces me sentía más cerca de Dios, a veces más lejos. Pero la fe siempre estuvo presente. Al tomar diversas decisiones importantes en mi vida, uno de los factores clave que consideraba era la fe y qué sucedería después de mi muerte.

- ¿Sueles rezar antes de un partido o tienes algún otro ritual?

- Tengo mis rutinas antes de un partido, que no llamaría rituales, sino más bien hábitos. Gracias a ellos, puedo entrar en ritmo y concentrarme. También tengo un momento para rezar antes de salir del vestuario, algo que siempre hago. Siempre llevo conmigo una imagen de Jesús Misericordioso con la inscripción "Jesús, en ti confío", que está muy desgastada, pero por el gran cariño que le tengo, no pienso en cambiarla. Con el primer silbato hago la señal de la cruz, agradeciendo por mi pasión y poniendo en manos de Dios todo lo que hago.

- ¿Alguna vez has sentido un conflicto interno entre tu conciencia, tu fe y las reglas del juego?

- No, nunca he tenido ese tipo de conflicto. Tomo decisiones automáticamente en el campo. Ese es mi trabajo. Sin embargo, ha habido situaciones en las que sentí lástima por alguien, mucha lástima. Tuve que mostrarle la tarjeta roja, aunque sabía que el jugador no tenía intención de cometer la falta; simplemente sucedió así.

- ¿Cómo lidias con la presión de los aficionados y las críticas posteriores al partido? Porque a veces se critica a los árbitros por decisiones como mostrarle una tarjeta roja a alguien.

- No hay una única solución para estas situaciones. Por un lado, a lo largo de los años arbitrando, he aprendido un poco a lidiar con ellas. He desarrollado mecanismos de defensa que me ayudan a bloquear lo que sucede a mi alrededor. A menudo, durante un partido, no puedo oír lo que sucede en las gradas. No puedo oír cuando alguien me grita o canta cánticos ofensivos sobre mí. Sin embargo, no me gusta que, después de un partido, mis hijos y mi esposa, por ejemplo, lean algo sobre mí en internet y luego lo revivan. Sucede rara vez, pero sucede. Siempre intento analizar mi trabajo y sacar conclusiones para el futuro. Aunque después de un partido en el que surgió alguna controversia, el desayuno siempre sabe un poco diferente durante unos días. Pero en esas situaciones, mi familia es un gran apoyo y una vía de escape para mí. Salimos a pasear en bicicleta, a caminar, al cine, a un restaurante. Me permite olvidarme del arbitraje por un tiempo. Elegí una profesión que tiene muchos aspectos hermosos, pero a veces también un precio alto, y lo acepto.

- ¿Sucede que en casa, con tus hijos y tu esposa, hablas del partido, de lo difícil que te resulta asimilar algo que ocurrió en el campo?

- Hablamos de ello a veces. Intento mostrarles a mis hijos que es imposible no cometer errores en la vida. Hay que aprender de ellos y seguir adelante. Si me hubiera rendido tras el primer error, no estaría donde estoy hoy. Lo más positivo de estos errores es probablemente que mis hijos lo ven todo desde la distancia y pueden observar cómo levantarse y no tener miedo a intentarlo y equivocarse. Esa es la única manera de crecer. Intentamos que no sea un tema tabú, así que hablamos de ello de vez en cuando. Aunque no soy de los que expresan sus sentimientos fácilmente. Así que mi mujer tiene un hueso duro de roer con este tema.

- Si alguien se comporta de forma agresiva contigo en el campo, ¿cómo reaccionas?

- Situaciones así no suelen ocurrir. Aunque después de tantos años en esta profesión, pocas cosas en el campo me sorprenden. La gran mayoría de mis relaciones con los jugadores son positivas y se basan en la confianza. Claro que hay momentos difíciles durante los partidos. Intento ser comprensivo y, al menos brevemente, explicar mi decisión, señalar algo, para que el jugador pueda entenderlo después. Pero cuando un jugador se pasa de la raya, doy un giro de 180 grados y marco una línea firme.


A Damian Sylwestrzak, árbitro FIFA, participaba en varias misas cada domingo y creció con una sensibilidad espiritual que nunca abandonó / Foto: Archivo

- En su opinión, ¿puede un árbitro dar testimonio de fe a través de su actitud en el terreno de juego o antes del partido?

- Creo que todos pueden dar testimonio de su fe, incluso un juez. Intento hacerlo con pequeños gestos. Sin embargo, lo más importante para mí es dar testimonio principalmente en el seno de mi familia. Tratamos de cultivar costumbres, como rezar juntos antes de acostarnos o persignarnos antes de comer. Lo mismo ocurre al persignarnos al pasar por delante de una iglesia.

- ¿Cómo logras compaginar el arbitraje con la vida familiar, siendo padre y esposo a tiempo completo?

- A veces lo consigo, y a veces no. Hay épocas en las que estoy mucho en casa, hablamos de muchos temas diferentes, bromeamos. Y luego hay épocas en las que simplemente llego a casa para volver a hacer la maleta. Es muy difícil porque a mis hijos les encanta que pase tiempo con ellos. Así que, a lo largo de los años, el papel de mi esposa ha sido muy importante. Ella consigue salvar la distancia entre las veces que estoy en casa y las veces que estoy fuera. Porque cuando estoy fuera, todo recae sobre sus hombros. Llevamos más de una década organizándonos así, aunque a veces es increíblemente difícil. Nuestra solución y remedio para estas dificultades son los viajes frecuentes juntos. Al menos una vez al trimestre, hacemos las maletas y nos vamos a algún sitio juntos. A veces son unas vacaciones más largas, a veces vamos a Casubia, adonde viajo para los partidos en verano.

- ¿Los niños te preguntan a menudo sobre Dios y la fe?

- Preguntan a menudo. Hacen preguntas cada vez más difíciles, y entre bromas y en serio, empiezo a lamentar no tener un título en teología, porque no siempre puedo responderlas. Una de mis hijas ya recibió su Primera Comunión, y mi hijo la recibirá este año. Aunque nuestra hija de ocho años es la que más pregunta sobre la fe y Dios. Son conversaciones muy profundas, porque los temas que le interesan son difíciles e incómodos. Pero mi esposa y yo estamos contentos de que nuestros hijos nos planteen estos dilemas y de que podamos hablar abiertamente de estos temas en casa. Esa es nuestra fortaleza.

- Mencionaste que rezas antes de un partido. ¿Alguna vez te han criticado por tu fe?

- No, nunca nadie me ha criticado. Aunque sí ha habido algunas bromas sobre mi visión del mundo. Una vez, incluso me aconsejaron que no me persignara antes de un partido. Siempre lo hice, y aún lo hago. Luego rezo, no necesariamente para que el partido salga bien (aunque me encantaría), sino simplemente para encomendarlo a Dios, agradeciéndole por estar aquí, por lo que hace y por haber encontrado en la tierra una pasión tan interesante que puedo cultivar.

- ¿Crees que el deporte puede contribuir al desarrollo espiritual?

- Creo que el deporte puede ayudar en todo. No le veo ninguna desventaja a una vida activa. ¿Pero puede ayudar al desarrollo espiritual? Por mi propia experiencia, puedo decir que sí. El deporte te enseña a ganar y a perder. Y las críticas y la presión que a veces cargo me llevan a la iglesia. En los momentos difíciles, me resulta más fácil ir a la iglesia, arrodillarme y encomendarle a Dios todo lo que estoy viviendo. También suelo ir para dar gracias por algo o simplemente para reflexionar.

- Para resumir nuestra conversación, me gustaría que me dijeras quién es Dios para ti hoy.

—Tengo esperanza en lo que vendrá después de esta vida terrenal. A pesar de mi corta edad, a menudo pienso en lo que sucederá después de la muerte. A veces me preocupa este tema, y ​​cuando surgen esas inquietudes, la fe me tranquiliza. Es mi consuelo y mi guía en la vida. Sé que a veces, gracias a la fe y a las enseñanzas de la Iglesia, mi esposa y yo vamos en contra de lo que el mundo ofrece. Pero estoy feliz con nuestras decisiones; nunca me he arrepentido de ellas, e incluso me siento orgulloso de muchas.