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miércoles, 4 de marzo de 2026

Carlota Santos, ilustradora: «Tras pasar por los arquetipos del tarot y la New Age, empecé a leer y a investigar y conecté totalmente con el mensaje de Jesús, que es el Señor; he encontrado la verdad y el bien»


Tras pasar por una etapa esotérica, Carlota Santos ha redescubierto la fe católica

* «La magia y el esoterismo fue una fase en mi camino que yo exploré tanto a nivel artístico como a nivel espiritual, que me ha ayudado a llegar adonde estoy ahora y a encontrar la fe otra vez. En eso me ayudó mucho leerme Confesiones de San Agustín. Yo estaba muy preocupada con el tema de haberme dedicado a escribir sobre esoterismo y descubrí que San Agustín, de joven, tuvo ese proceso de estar interesado en este tipo de temas para luego conectar de una manera radical con Jesús. No son compatibles cristianismo y esoterismo. Y actualmente siempre lo digo en mis charlas o tertulias: no recomiendo realizar esas prácticas»

Camino Católico.- La fe transforma el mundo. Carlota Santos es un ejemplo de ello. Tras pasar por el esoterismo y el movimiento New Age contemporáneo, la ilustradora ha encontrado en el mensaje de la fe cristiana «el bien y la verdad». Se siente amada y con un propósito: desmitificar la extendida versión de que el catolicismo no la valora a la mujer. De ahí surge Santas (Penguin Ramdom House), su nuevo libro con el que venera a 50 mujeres destacadas de la historia de la Iglesia que desafiaron su tiempo y cuyo legado sigue inspiración devoción. Amparo Castelló en El Debate entrevista a Carlota Santos, quien habla de su nuevo libro y de su conversión a Jesucristo.

-¿Qué es Santas?

-Es un recorrido a través de 50 mujeres de la historia de la Iglesia y de la Historia en general. 45 de ellas son mujeres que sí tienen el título de santidad y cinco de ellas no, pero sí han sido muy importantes en la historia de la Iglesia. Es un libro con el que puedes aprender sobre la religión, a orar, y a responderte preguntas como ¿por qué es tan importante el cristianismo? He intentado hacer un recorrido a través de los temas fundamentales.

-El libro surge de un proceso de reconversión a la fe por su parte. ¿Cómo fue?

-Fui a un colegio católico. Es decir, ya tenía una educación en valores católicos, pero nunca llegué a conectar del todo con el cristianismo. Siempre he sido una persona muy espiritual y tras pasar por los arquetipos del tarot y otros temas como la New Age, un día sentí la necesidad de ir más allá. Fue una conversión bastante gradual e intelectualizada, diría yo.

-¿Cuándo fue el punto de inflexión?

-Cuando me di cuenta de que la New Age lo que te promete es sentirte bien contigo mismo y yo me empecé a preguntar si más allá de sentirse bien había alguna verdad o un bien que fuera objetivo. Empecé a leer y a investigar sobre muchas religiones. Y con esa búsqueda de la verdad y del bien conecté totalmente con el mensaje de Jesús. Primero, desde una perspectiva cristiana, y al final ya con el catolicismo. Volví a mi punto de inicio. Y no me arrepiento del recorrido que he hecho para volver a llegar al punto de partida porque creo que me ha ayudado a conectar con ello de una forma muy profunda. Es decir, no es por tradición o por costumbre de mi tradición, de mi familia, de mi colegio... sino porque realmente he encontrado ahí una verdad y el bien.

-¿Cuál es esa verdad?

-Que identifiqué en el mensaje de Jesús el bien. Si tú aplicas a tu vida lo que dice el mensaje de Jesús, que está en la Biblia y transmite la Iglesia católica, realmente es un beneficio para todos. El mensaje es una buena brújula para conducirte por el mundo.

-En el libro hay un compendio de oraciones dedicadas a la Virgen María. ¿Hace falta orar más?

-Sí. Hay mucha información en redes sociales, medios de comunicación... que te invita a la meditación o a practicar yoga. Pero es mucho mejor el rezar por una cosa. Es mucho más fácil encontrar un espacio de recogimiento con una oración cristiana, porque forma parte de nuestra cultura y es mucho más sencillo conectar con ella. Hace poco compartí en redes sociales un Padrenuestro porque, hablando con unos amigos que no son creyentes y que tampoco habían ido a un colegio católico no sabían rezarlo, y me pareció increíble que algo que hasta hace pocas generaciones era fundamental conocer se estuviera perdiendo... pues la respuesta me sorprendió aún más. Despertó muchísimo rechazo. Hubo mucho hater. Creo que se tiende muchas veces y desde muchos sectores de la sociedad a despreciar la profundidad espiritual que da el cristianismo y se le da mucho énfasis a otras religiones que no tienen nada que ver con nuestra cultura.        

-¿Por qué cree que hay tanto odio hacia la tradición cristiana?

-Esa respuesta se encuentra en la propia Biblia. Jesús ya anunció que las personas que defendieran lo que él decía iban a ser también perseguidas. Lleva pasando desde el inicio: desde Jesús hasta pasando por todos los mártires que ha habido a lo largo de la historia. Desde mi fe creo que el mensaje de Jesús es la verdad, entonces a las personas que igual no están preparadas todavía espiritualmente, por decirlo así, para recibir ese mensaje, o que no tienen muy claro dónde están, pues les va a causar rechazo.

-Desde tu reconexión con Dios y con Jesús, ¿cómo te ha cambiado la vida?

-A nivel personal es increíble el cambio interior que tienes. Ese sentimiento de amor, de sentirte amada, y con unas reglas que sabes que son en beneficio de todos y que no pueden estar mal porque son buenas. Para mí no es tanto cómo a mí me cambió la vida, sino lo que yo pueda hacer por los demás, en el sentido de centrar mi arte y mi obra en compartir esto. O sea, el impacto que yo pueda tener en los demás.


El libro 'Santas', de Carlota Santos

-Entonces, ¿qué espera que el lector sienta o descubra cuando cierre el libro?

-Varias cosas. Empezando por lo más superficial, que aprenda cosas que no supiera sobre su cultura, sobre el cristianismo y la vida de mujeres cristianas... E invitar a la reflexión sobre la realidad del mito de que el catolicismo no valora a la mujer. En el libro se da testimonio de todo lo contrario. Desde el inicio, desde la Virgen María hasta las últimas santas, que incluye en el libro que ya son contemporáneas, la Iglesia siempre ha reconocido a la mujer como algo valioso. Incluso ha habido mujeres con mucho poder a lo largo de la historia. Muchos perfiles diferentes de mujer han sido reconocidas con el grado de santidad, que es lo más alto para la iglesia. Para mí desmontar un poco esa narrativa de opresión hacia la mujer es importante. Obviamente todo tiene sus grises, porque en la historia nada es blanco o negro, pero desde luego sí se ha reconocido a la mujer y se ha valorado.

-¿Y qué cree que ha fallado en el relato? ¿Ha sido la Iglesia la que no ha sabido contar bien sus referentes femeninos?

-Yo creo que el mundo está en un estado de confusión muy grande y se malentiende, desde mi punto de vista, lo que es una mujer fuerte o, como se dice ahora, empoderada. Se confunden los términos. No sabría hacer un análisis global del estado del mundo y por qué hemos llegado a este punto porque no lo sé, pero sí puedo contribuir a transmitir la historia de estas mujeres de una manera sencilla, a través de mis dibujos y de narrar sus vidas y que llegue a todas las personas posibles para que no tengan esa visión del asunto.

-María Magdalena, Santa Lucía, Teresa de Jesús... hasta 50. ¿Se puede extraer una enseñanza de cada una de ellas o todas llevan al final el mismo mensaje?

-Yo creo que ambas cosas. Por un lado, creo que ellas, todas ellas, tienen una defensa radical del bien, de Dios y de la verdad. Y todas llevan al mismo punto, que es Jesucristo. Cada una lo hace con los dones y virtudes que Dios le ha dado. Y eso es lo interesante, que no hay una sola manera de llegar a la santidad. Por ejemplo, Santa Teresita de Lisieux, abogaba mucho por las pequeñas obras, por el día a día. Sin embargo, luego ha habido otras santas que han sido místicas y han tenido una espiritualidad mucho más simbólica o, incluso, desde una búsqueda científica.

-¿Y si tuviera que resumir en una idea qué es la santidad, cuál sería?

-Seguir los pasos de Jesús y tener una vida virtuosa, siendo ejemplo para los demás.

-El mayor ejemplo, Jesús, al que le dedica el libro...

-Sí. Es que para mí ha sido muy importante en mi conversión. Tengo amigas que han conectado con el cristianismo a través de la Virgen u otros santos, pero en mi caso ha sido una conexión muy fuerte con Jesús, que es el Señor. Todos los testimonios de las mujeres de mi libro y sus caminos son para llegar a él.

-¿Nota un auge de la espiritualidad dirigida a la religión cristiana actualmente en el arte?

-No sé, pero ojalá que sí y que cada vez más gente se acerque a Dios. Pero, también creo que hay que distinguir un poco lo que parece que se hace por estética y por seguir ciertas modas a lo que es una espiritualidad real. Al final lo estético está muy bien y yo pienso que la belleza también acerca a Dios. Pero la espiritualidad es un proceso muy profundo que cada uno tiene que recorrer y no porque sea una tendencia.

-¿Y dónde ha quedado la magia y el esoterismo para usted? ¿Qué lugar ocupa ahora en su vida?

-Fue una fase en mi camino que yo exploré tanto a nivel artístico como a nivel espiritual, que me ha ayudado a llegar adonde estoy ahora y a encontrar la fe otra vez. En eso me ayudó mucho leerme Confesiones de San Agustín. Yo estaba muy preocupada con el tema de haberme dedicado a escribir sobre esoterismo y descubrí que San Agustín, de joven, tuvo ese proceso de estar interesado en este tipo de temas para luego conectar de una manera radical con Jesús.

-Entonces, compatibles cristianismo y esoterismo no son...

-No, para mí no lo son. Y actualmente siempre lo digo en mis charlas o tertulias: no recomiendo realizar esas prácticas.

Federica Tognacci: «Fui 20 años budista, vi que el principio esencial es ‘mi dios soy yo’, se estaba derrumbando mi matrimonio y sentí la necesidad de transformar mi corazón en más parecido a Jesús»


Federica Tognacci vio derrumbarse su matrimonio mientras aplicaba el principio esencial de la espiritualidad budista: el ego / Foto: Instagram
@fede_prega_il_rosario

* «No sé de dónde venía esto, ya que hasta entonces el orgullo siempre me había parecido algo bueno; pero luego, al comprender lo que era el combate espiritual, me di cuenta de que era algo sobre lo que tenía que trabajar. Mi abuela no había dejado que el orgullo convirtiera su corazón en egoísta y sentí que ese era el camino que yo también tenía que emprender: convertir mi corazón»

Camino Católico.- Tras veinte años de mantras, reiki y sesiones de psicoterapia que rayan el espiritismo, Federica Tognacci, una experta en comunicación, se convirtió y ahora reza el rosario a través de las redes sociales. Raffaella Frullone habla con ella en el número 244 (noviembre de 2024) del mensual católico de apologética Il TimoneVerbum Caro lo traduce en Religión en Libertad.

"Federica, diario de una new entry en Cristo: veinte años en la Soka Gakkai y luego ¡bum! Jesús vino a buscarme". Federica Tognacci, nacida en 1980, de la región de las Marcas de nacimiento y boloñesa de adopción, se presenta así en Instagram, donde es conocida por el apodo de @fede_prega_il_rosario, porque después de haber estado en una psico-secta budista durante más de dos décadas, hoy esta redactora divulga la oración mariana más suave, en italiano y también en latín. Nos ponemos en contacto con ella por teléfono y empezamos aquí mismo a contar su historia.

"La página nació porque cuando me convertí estaba completamente sola, no conocía a ningún católico. En un momento dado me acordé de que cuando era pequeña, en el campo, delante de los tabernáculos de la Virgen, en mayo, había gente rezando el rosario por las tardes, así que decidí ir a la iglesia para ver si eso seguía existiendo. Y me di cuenta de que la gente sí que rezaba, pero la media de edad de los presentes era altita y yo quería conocer a gente de mi edad, así que decidí probar con Instagram, ya que trabajo en comunicación y mi edad está perfectamente en target".

-¿Cómo es posible que estuvieras completamente sola?

-Mis conocidos siempre han estado en el mundo de la New Age, los católicos que conocía se remontaban a mi época de la escuela primaria, sólo tenía amigos budistas...

Federica Tognacci / Foto: Instagram @fede_prega_il_rosario

-Cuando dices que estabas en el mundo New Age, ¿a qué te refieres exactamente y cómo llegaste allí?

-La mayoría de la gente vive inmersa en los cultos de la New Age pero no lo sabe, es parte de nuestra cultura neo-gnóstica. Yo era una chica con cierta sensibilidad y me encontraba en una búsqueda, me hacía preguntas sobre el sentido de la vida y las respuestas que ahora tengo de la Iglesia estaban entonces fuera de mi radar, diría que escondidas, mientras que las del mundo se me presentaban constantemente, por todas partes: esta sociedad neopagana te las ofrece en bandeja de plata.

Era atea cuando, a los 19 años, me trasladé de Osimo, en la provincia de Ancona, a Bolonia; un día, a los 23, un amigo me invitó a una reunión budista, y ese fue el principio. Lo que encontré en esta práctica -considerada laica, pero que es de todo menos laica- respondía a mis valores de entonces: en el centro se ponía el ego.

El principio básico es sencillo: mi dios soy yo, yo decido sobre mi vida, me fijo unos objetivos y los logro. Luego los voy tachando. No hay moral, todo vale, matrimonio entre dos mujeres o dos hombres, divorcio, fluidez sexual, gestación subrogada. El lema es hacer lo que la persona siente en ese momento. Esto se declinaba en una serie de prácticas: meditación con repetición de mantras, psicología llevada a un nivel que raya el espiritismo, la medicina alternativa, la cristaloterapia, el reiki.

-¿Cuándo despertaste del hechizo?

-Cuando empecé a ver que me estaba derrumbando, sobre todo en la relación con mi marido, con el que me casé hace diez años. Básicamente, en algún momento empecé a darme cuenta de cuál sigue siendo el aspecto sobre el que estoy intentando que Cristo me ablande el corazón, que es el egoísmo. Empecé a darme cuenta de que anteponer siempre el ego a todo, los propios objetivos al resto, avanzando como un tren, me estaba llevando a descarrilar.

Federica Tognacci, junto con su marido / Foto: Instagram @fede_prega_il_rosario

Hay que tener en cuenta que mi marido no me siguió en este camino, siempre ha sido católico, y esto no "ayudaba a mi evolución" según los que promueven esta forma de pseudo-budismo, y en un momento dado empecé a entrar en crisis, también por lo que veía a mi alrededor. Casi todo el mundo en mi círculo acudía a un psicoterapeuta, mis amigas al cabo de un año empezaron a separarse de sus maridos. A mí me pasaba lo mismo. Incluso me fui de casa. Y me impresionó mucho su reacción. Se mantuvo firme en su matrimonio, siguió llevando la alianza, tenía una gran dignidad sentimental y me dijo: "Este es tu sitio, te espero"; fue un momento fundamental en mi conversión.

-¿Hubo otros pasos?

-Muchísimos. Una vez, de repente, me acordé de mi abuela materna, que tenía tres características: una ética fuerte, orgullo y un buen corazón. Y sentí la necesidad de transformar mi corazón, de convertirlo en más parecido a Jesús. No sé de dónde venía esto, ya que hasta entonces el orgullo siempre me había parecido algo bueno; pero luego, al comprender lo que era el combate espiritual, me di cuenta de que era algo sobre lo que tenía que trabajar. Mi abuela no había dejado que el orgullo convirtiera su corazón en egoísta y sentí que ese era el camino que yo también tenía que emprender: convertir mi corazón.

-Con la página de Instagram, sin embargo, se te ha abierto otro tipo de mundo...

-Fue casual, porque cuando murió el Papa Benedicto, mientras hacía scroll, me topé con un post que se había hecho viral: era del grupo Mienmiuaif, que yo no conocía.

Mienmiuaif: un matrimonio católico que comparte su fe en la red y difunde sus canciones, como ésta dedicada al Padre Pío

A partir de ahí se me abrió una visión del mundo católico on line. Me di cuenta de que era gente que se relacionaba de otra manera, que había ganas reales de conocerse y encontrarse. Conocí a mujeres de mi edad que se reunían para rezar el rosario, luego descubrí la realidad del Monasterio Wi-Fi de Costanza Miriano y asistí al capítulo romano el año pasado: las catequesis fueron una propuesta absolutamente nueva para mí, lo cual me hizo enfadar mucho porque estoy convencida de que un chico joven necesita desesperadamente escuchar esas palabras. A partir de ahí descubrí que la Iglesia también estaba presente en Bolonia -evidentemente- y que había una Iglesia viva, rica, de la que antes no sabía nada y que puede aportar muchísimo.

Sí, a veces lo virtual se convierte en real. Y sí, la fe también pasa por Instagram. Y reza el Rosario.

Traducción de Verbum Caro

Edinson José Salas, diácono, venció las tentaciones de perder la fe ante un cáncer: «Aun sin fuerzas, a veces sin sentir nada, a veces llorando, sólo repetía: ‘Señor, confío en Ti’; En mi desierto aprendí a confiar en Dios»

Edinson José Salas ha afrontado un cáncer con un combate espiritual profundo para no abandonar la fe y cuenta su testimonio / Foto: Cortesía de  Edinson José Salas

* «Entendí: Señor tu gracia me basta. Él no me prometió ausencia de dolor, sino su presencia en mi vida, en mi existencia, en mi ser. Mi enfermedad fue dolorosa, pero fue el lugar donde más he sentido a Dios . Si estás enfermo, no pienses que es un castigo: eres Evangelio encarnado.Seamos testimonios de confianza en el Señor para los demás, evangelios vivientes allá donde nos encontremos. La enfermedad no es un castigo, una maldición, sino un camino para purificar nuestra alma y acercarnos más a Dios. Volvamos a Él nuestra mirada, aprovechemos la oportunidad para volver a Él. Ofrecer la enfermedad al Señor no es decir 'no pasa nada’; es reconocer: esto me supera pero sé que Tú estás conmigo, me acompañas, me estás guiando, siento tu presencia»

Camino Católico.- A punto de cumplir 44 años, esperando ser ordenado sacerdote pronto, el diácono Edinson José Salas camina acompañado por una grave enfermedad que condiciona sus planes. Un cáncer de colon le ha llevado en los últimos meses al límite de sus fuerzas, pero también le ha enseñado a confiar más en Dios. Patricia Navas en Aleteia sintetiza el testimonio que Edinson José ha contado en su parroquia.

“Cuando me lo diagnosticaron el verano pasado, sentí que había sido empujado a un desierto. Con el tiempo, entendí que ese desierto está dentro del plan de Dios”, dice.

Haciendo un paralelismo con las tentaciones que Jesús sufrió en el desierto, Edinson explica que al descubrir que tenía cáncer sintió que el tiempo se paró, que todo se desmoronaba.

Tentaciones

“La enfermedad no solo ataca al cuerpo, ataca la confianza -constata-. Y tuve la tentación de perder la fe”.

“El tentador propone soluciones fáciles; a mí también me vinieron tentaciones: enojarme con Dios, victimizarme, pensar que mi vida no tenía sentido,…”, confiesa.

Y cuestionó a Dios: “Si me amas, ¿por qué estoy enfermo? ¿Por qué yo, que quiero ser buena persona y hacer las cosas bien?”.

“Sentí hambre de respuesta, de seguridad, de volver a mi vida anterior al diagnóstico – ahonda-. Hubo noches muy oscuras, de llanto, de dolor”.

Cruz

“Miraba el crucifijo que tengo detrás de mi cama -comparte- y rezaba: Señor, si me permitiste vivir esta enfermedad, permíteme también llevarla con alegría, con amor, confiando en Ti”.

“Él no bajó de la cruz para mostrar poder -reflexiona-. Sólo mostró misericordia”.

Ayudado por “personas que Dios puso a mi lado”, el diácono empezó a ver el cáncer como “una cruz que me lleva a purificar”.

“Al principio me sentí triste, pero después empecé a ofrecer esta cruz al Señor y la vi llena de vida y amor”, dice.

“Señor, confío en Ti”


Edinson José Salas con su obispo y compañeros del seminario / Foto: Cortesía de  Edinson José Salas

El diácono decidió ponerlo todo en manos de Dios y empezó a ofrecer la enfermedad y sus dificultades por las personas que sufren y por distintas intenciones.

“Aun sin fuerzas, a veces sin sentir nada, a veces llorando, sólo repetía: ‘Señor, confío en Ti’ -relata-. En mi desierto aprendí a confiar en Dios”.

“Poco a poco el desierto dejó de ser solo sufrimiento y se convirtió en encuentro con Él”, asegura.

Presencia de Dios

Ahora Edinson ve que su enfermedad le ha ayudado a ser más humano y a acercarse más a Dios, pues “cuando tenemos salud, cuando lo tenemos todo, nos olvidamos de Él”.

“Entendí: Señor tu gracia me basta -resume-. Él no me prometió ausencia de dolor, sino su presencia en mi vida, en mi existencia, en mi ser”.

“Mi enfermedad fue dolorosa, pero fue el lugar donde más he sentido a Dios -asegura-. Si estás enfermo, no pienses que es un castigo: eres Evangelio encarnado”.

El diácono, nacido en Colombia pero actualmente sirviendo en España, afirma que “las tentaciones de Jesús en el desierto son también nuestra historia”.

Misión

“En el desierto no se pierde la fe, sino que se la alimenta y purifica… y después comienza la misión”, exclama.

“Seamos testimonios de confianza en el Señor para los demás -invita-, evangelios vivientes allá donde nos encontremos”.

Y concluye su testimonio, ofrecido este martes en su parroquia, con 5 reflexiones aprendidas en la enfermedad y el sufrimiento:

“Cuando uno ofrece el sufrimiento al Señor, se le hace más llevadero, lo lleva uno con más alegría y sentido”.

“En la enfermedad o las dificultades, no busques lo más fácil sino ofrecer tu vida para la purificación y la salvación”.

“La enfermedad no es un castigo, una maldición, sino un camino para purificar nuestra alma y acercarnos más a Dios. Volvamos a Él nuestra mirada, aprovechemos la oportunidad para volver a Él”.

“Ofrecer la enfermedad al Señor no es decir 'no pasa nada'; es reconocer: esto me supera pero sé que Tú estás conmigo, me acompañas, me estás guiando, siento tu presencia”.

“El mundo está lleno de miedo, ansiedad y desconfianza. El cristiano está llamado a ser signo de esperanza. Somos testigos cuando no perdemos la fe ante las dificultades, cuando tratamos a los demás con paciencia, cuando confiamos en Dios incluso en la cruz”.

Ramona Treviño era gerente de clínica abortiva: «Me confesé y en Misa durante la consagración escuché que Dios me decía: ‘Ramona, te perdono’; confié en Él, recogí mis cosas y me fui, con miedos, pero sin mirar atrás»

Ramona Treviño interviene en un acto de ‘40 días por la vida’ 

* «Cuando uno elige a Dios el enemigo viene a atacar. Pasamos muchas dificultades. Tuve un par de trabajos porque no era capaz de quedarme sin hacer nada. No sabía para dónde tirar y le rogaba a Dios que me iluminara. Y lo hizo. Me dijo que me quedara quieta, que Él iba a cuidar de mí. Me quedé de ama de casa hasta que una amiga me dijo: ‘Ramona, ofrece todo eso a Dios’, y así fui aprendiendo a ponerlo a Él en el centro de mi vida. Me di cuenta de lo importante que es ser madre y estar en casa. Aprendí a hacer Su voluntad. Trabajo para 40 Días por la Vida. Doy conferencias y ayudo a personas que han pasado por mi situación. Además, sigo rezando por el fin del aborto. Dios hizo conmigo un milagro y lo puede hacer con otros»

Camino Católico.-  Ramona Treviño es madre y abuela. A los 30 años trabajó como gerente de un centro de Planned Parenthood, el mayor operador de abortos en EE.UU., pensando que ayudaría a mujeres en dificultades. Sin embargo, algo removió su conciencia y se dio cuenta de que lo que hacía era firmar sentencias de muerte para bebés en gestación. Dios tuvo misericordia y le cambió el corazón para poder salir del negocio de la muerte y redimirse. Cuenta su testimonio de conversión en una entrevista que le hace Alicia Gómez-Monedero en Misión.

- Ramona, ¿cómo llega a ser gerente de un centro de Planned Parenthood?

- Mis padres eran católicos, pero no nos educaron en la fe. Mi padre era alcohólico. A los 16 años me quedé embarazada de una pareja que me maltrataba; tuve a mi hija y finalmente lo dejé. Más tarde conocí a quien hoy es mi marido. Nos casamos y al mes me quedé embarazada de nuevo. Un año después quise volver a trabajar y, en 2008, una amiga me avisó de una vacante en Planned Parenthood. Por mi experiencia trabajando con mujeres, me ofrecieron dirigir un centro en Sherman, a una hora de Dallas, y acepté.

- ¿Sabía lo que sucedía en Planned Parenthood?

Mi centro era de “planificación familiar”. No se practicaban abortos: atendíamos consultas, hacíamos test de embarazo y de enfermedades de transmisión sexual, ofrecíamos anticonceptivos y derivábamos a las mujeres que querían abortar a otros centros. Yo pensaba que, aunque nunca abortaría, cada mujer tenía derecho a decidir.

- ¿Qué pasaba cuando llegaba una mujer que no quería tener a su hijo?

- Nunca debíamos explicar qué ocurría en un aborto; la información estaba en folletos guardados en un armario, sólo por si había una inspección. Cuando una mujer daba positivo en el test, se le ofrecían tres opciones: aborto, adopción o cuidado prenatal. Muchas pedían las tres porque no sabían qué hacer, y en esos casos teníamos instrucciones de animarlas a abortar.

- ¿Era consciente de que estaba autorizando el asesinato de bebés?

- Sí, recuerdo a una pareja joven, de unos 19 años, al poco tiempo de empezar a trabajar. Ella estaba embarazada y la felicité, pero había elegido la opción del aborto. La chica se puso a llorar y yo sólo pensaba en la manera de limpiarme las manos para que la responsabilidad recayera sobre ella. Le di la autorización y se fueron. Después me encerré en mi despacho a llorar sin entender por qué. Hoy creo que fue el dolor de saber que ese bebé iba a morir y yo no lo había impedido. Podría haberme ido entonces, pero pensé sólo en mi carrera. Mi corazón se endureció y desde ahí fue más fácil autorizar abortos.

- ¿Cómo cambió su visión del negocio?

- En el adviento de 2010 yo me sentía muy frustrada con el trabajo porque desde la administración central querían dar formación en todos los centros para inyectar a las mujeres el anticonceptivo Depo-provera y así atraer más clientes. Yo no estaba de acuerdo. Cogí el coche para hacer unas compras de Navidad y empecé a buscar en la radio alguna emisora hasta que di con Radio Católica. En ese momento hablaban del aborto y de los anticonceptivos. Yo no sabía que ciertos anticonceptivos podían ser abortivos y ahí algo cambió en mi cabeza. Había utilizado anticonceptivos durante años y entendí que quizá había abortado sin saberlo. Desde entonces, todos los días ponía Radio Católica al volver del trabajo y siempre escuchaba algo del aborto.

- ¿Y decidió dejar el trabajo?

- No, seguía convencida de que no hacía nada malo porque en mi centro no se realizaban abortos. Sin embargo, en enero de 2011 Live Action destapó unos escándalos de abusos sexuales a menores que Planned Parenthood había encubierto. Yo pensaba que desde la central nos darían instrucciones para denunciar un acoso, pero en cambio nos entrenaron para encubrirlo. Ese fue el punto de inflexión. Ahí empecé a sentir un gran deseo de acercarme ala confesión.

Ramona Treviño rodeada de personas que escuchan sus palabras en un acto de ‘40 días por la vida’ 

- ¿Logró confesarse?

- Tenía miedo porque sabía que me dirían que debía dejar el trabajo. Y efectivamente cuando me confesé el sacerdote me dijo que debía dejar mi puesto “lo más pronto posible”. Yo interpreté sus palabras como que era algo urgente, pero no inmediato. En ese tiempo escuché en la radio un anuncio sobre la campaña de oración que 40 Días por la Vida haría en cuaresma frente a mi centro. Pensé que era el momento para pedir ayuda.

- ¿Así lo hizo?

- Al tercer día de verlos ahí rezando me decidí y salí. Me acerqué a una mujer y le dije que trabajaba en la clínica, que no quería seguir, que rezara por mí. Entonces, se acercó un hombre, el encargado de las vigilias de oración de ese punto. Hablé con él y le di permiso para que compartiera mi historia y rezaran por mí. Lo curioso es que aquella señora no formaba parte de la campaña, sino que el Espíritu Santo le había puesto en su corazón ir allí a rezar. Nunca más la volví a ver.

- ¿Qué pasó después?

- Quería dejar el trabajo, pero pensaba que, si no encontraba otro, lo íbamos a pasar mal. Entre tanto, creció mi fe, rezaba a diario, acudíamos a misa en familia los domingos, celebramos la Semana Santa. Al volver a trabajar después de la Pascua, todos, incluso mi marido, me decían que debía dimitir. Pero no era capaz. El martes siguiente, al volver del trabajo encendí la radio y la locutora hablaba con un hombre que llevaba años rezando por los no nacidos, y dijo: “Señor, gracias por todo lo que has hecho por los no nacidos. Gracias por estar ahí porque al final de nuestras vidas cuando estemos frente a ti nos vas a preguntar: ¿Tenías idea de cuántos bebés se estaban matando todos los días? ¿Qué hiciste para impedirlo?”. Ese momento fue una puñalada en mi alma. Empecé a llorar pensando que me iba a ir al infierno. 

- Pero la misericordia de Dios es infinita cuando nos arrepentimos…

- Y tanto que lo es. El 1 de mayo de 2011, fiesta de la Divina Misericordia, estando en misa tremendamente arrepentida, durante la consagración escuché claramente que Dios me decía: “Ramona, te perdono”. Aquello me dio fuerzas para fiarme de Él completamente. Esa semana recogí mis cosas y me fui, con miedos, pero sin mirar atrás. Tres meses después, el equipo de 40 Días por la Vida me llamó para celebrar la clausura de ese centro de Planned Parenthood.

- A partir de ahí ¿fue fácil seguir?

- Para nada. Cuando uno elige a Dios el enemigo viene a atacar. Pasamos muchas dificultades. Tuve un par de trabajos porque no era capaz de quedarme sin hacer nada. No sabía para dónde tirar y le rogaba a Dios que me iluminara. Y lo hizo. Me dijo que me quedara quieta, que Él iba a cuidar de mí. Me quedé de ama de casa hasta que una amiga me dijo: “Ramona, ofrece todo eso a Dios”, y así fui aprendiendo a ponerlo a Él en el centro de mi vida. Me di cuenta de lo importante que es ser madre y estar en casa. Aprendí a hacer Su voluntad.

- Y ahora, ¿a qué se dedica?

Trabajo para 40 Días por la Vida. Doy conferencias y ayudo a personas que han pasado por mi situación. Además, sigo rezando por el fin del aborto. 

Ramona asegura que no cambiaría su historia porque Dios permitió que pasase por lo que pasó “para poder ayudar a personas en la misma situación”. Y añade que cuando Dios te rescata de algo así “debes compartirlo para dar gloria. Si lo guardo para mí no estoy compartiendo esa luz y esa esperanza con otros. Dios hizo conmigo un milagro y lo puede hacer con otros”, concluye.