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viernes, 13 de marzo de 2026

Karolina Koniarska: «El tumor desapareció milagrosamente después que mi esposo Kamil pidió a Dios que me sanara por el poder de nuestro sacramento del matrimonio»

Karolina Koniarska y su esposo Kamil / Foto: Karolina Koniarska - archivo propio

* «Desde hacía algún tiempo, los sacerdotes nos enseñaban que teníamos una gran ayuda para implorar gracias en el sacramento del matrimonio»

Camino Católico.- Karolina Koniarska, de Bydgoszcz en el norte de Polonia, debe su profunda fe a sus abuelos y a su madre. Creció junto a su hermano, dos años mayor que ella. Estaba en quinto grado cuando, durante una excursión escolar a Jasna Góra, visitó por primera vez el poco conocido santuario de Gidle. La estatua de Nuestra Señora de la Curación de los Enfermos era tan pequeña que Karolina no la habría visto en el gran altar dorado si no hubiera sido por la preocupación de la maestra, que preguntó varias veces si todos los niños la habían visto.

El encuentro con Nuestra Señora de Gidle influyó especialmente en Karolina. La noche después de regresar a casa, soñó con María en esa estatuilla y, al día siguiente, cuando encendió la televisión, vio un programa sobre esa imagen.

"Me asusté un poco", recuerda con una sonrisa a Dorota Niedźwiecka en Aleteia. "Pero pronto comprendí que María me estaba haciendo saber que me cuidaba especialmente. Me prometí a mí misma que algún día volvería a ese santuario...".

Sabes cuánto los quiero


Karolina Koniarska y su esposo Kamil el día de su boda  / Foto: Karolina Koniarska - archivo propio

Pasaron los años. Karolina se casó con Kamil y quedó embarazada. Desgraciadamente, pronto sufrieron un gran dolor: perdieron a su primer hijo.

Durante todo el segundo embarazo estuvo en reposo. Rezaba todos los días con confianza: "María, deseo tanto tener este bebé. Te lo ofrezco. Si es niña, y tú lo deseas, puede ser monja; si es niño, sacerdote". Sus amigos le dieron una oración de la Gruta de la Leche en Belén, a través de la cual muchos padres piden hijos sanos.

Lilianka nació prematura, a los ocho meses, con neumonía. Solo después del parto los médicos le dijeron a Karolina que había sido un embarazo de alto riesgo y que solo tenía un 30 % de posibilidades de llevarlo a término. Pronto se descubrió que el embarazo más corto había salvado la vida del bebé.

"Me diagnosticaron un grave conflicto serológico y una fuerte infección intrauterina", dice Karolina Koniarska. "Si no hubiera roto aguas, Lilianka se habría infectado y habría muerto en mi vientre. Sin embargo, tras el parto, se recuperó rápidamente. Fue un milagro de la Virgen María", añade.

Se sentían felices. Karolina se ocupaba de Lilianka, Kamil trabajaba y ayudaba con entusiasmo en el cuidado de la niña. Se alegraban con cada nueva habilidad que adquiría su hija. Empezaron a pensar en tener otro hijo. Desgraciadamente, no consiguieron quedarse embarazados durante los tres años siguientes, hasta que pidieron un hijo en sus oraciones, y el embarazo de Dominek transcurrió de forma ejemplar.

"Gracias a ello, nos dimos cuenta de que los hijos son un regalo de Dios. Él nos los ha confiado para que los preparemos para la vida independiente", dice.

Una conversión aún más profunda

Karolina Koniarska con su hija / Foto: Karolina Koniarska - archivo propio

Era el año 2021, visitaron juntos el santuario de Nuestra Señora en Gidle, que desde su infancia había sido tan importante para Karolina. A los niños les gustó mucho el lugar. Unos meses más tarde, Karolina se dio cuenta de que desde esa peregrinación se habían acercado aún más a Dios.

Kamil comenzó su formación en la comunidad de los Guerreros de María. Juntos comenzaron a rezar el rosario y ofrecieron su vida a la Virgen María en la Consagración 33.

"Nos hemos acercado aún más como matrimonio", dice Karolina. "Pasamos muchas horas conociéndonos mejor que nunca. Al ver dónde había cometido un error en nuestra relación, también me di cuenta de cómo Dios sacaba bien de lo difícil".

Desde entonces, ya no han tenido "días de silencio", con los que antes intentaban ocultar los asuntos difíciles. Hablan de todo y tratan de resolverlo de inmediato.

El tumor desapareció

Otra prueba de fe llegó en 2022. Durante una ecografía abdominal rutinaria, el médico descubrió un tumor considerable en el útero. Medía 5 por 6 cm. Preocupado, pidió la opinión de un segundo médico, quien también recomendó un diagnóstico rápido. Karolina estaba aterrorizada.

"Desde hacía algún tiempo, los sacerdotes nos enseñaban que teníamos una gran ayuda para implorar gracias en el sacramento del matrimonio", dice. "Y recuerdo que, durante una de las oraciones, Kamil comenzó a pedirle a Dios que me sanara por el poder de nuestro sacramento del matrimonio".

Bendijo la zona enferma y yo me sentí cada vez más tranquila. También participaron en el retiro del padre Dominik Chmielewski "Despierta la esperanza", que se celebraba precisamente en Bydgoszcz.

Karolina estaba convencida de que la esperaba una operación, pero durante un diagnóstico detallado se descubrió que... no había tumor, aunque se veía claramente en las ecografías que había traído a la consulta. Era la prueba de que, en virtud del sacramento del matrimonio, se puede pedir la curación de una manera especial. Llorando de felicidad, dio gracias a Dios por el milagro.

Expectación


Karolina Koniarska junto a su esposo Kamil / Foto: Karolina Koniarska - archivo propio

Lilianka tiene ahora 15 años, es girl scout y asiste a una escuela militar. Dominik tiene 11 años, es monaguillo y le apasiona el fútbol y la música. Ambos esperan a su hermano, que llegará pronto.

"Nuestra Señora de Gidle sigue ocupando un lugar especial en nuestra familia", dice Karolina Koniarska. "Es a María, en esta imagen, a quien me encomiendo a mí misma, a mis seres queridos y a todas las personas que ella pone en mi camino".

Minami Kimura, niña japonesa de 8 años: «Quiero ser bautizada en Pascua porque me acercará a Dios; Jesús es nuestro amigo»

Minami Kimura, una catecúmena de ocho años, posa para una fotografía frente a una gruta mariana en la iglesia de Kojimachi en Tokio, Japón / Foto: Cedida

* «Los fantasmas no dan miedo. No existen. Dios no crearía tales fantasmas»

Camino Católico.-  En una tranquila parroquia de la archidiócesis de Tokio, la decisión de Minami Kimura, de ocho años, sorprendió a casi todos, incluidos sus padres: quiere ser bautizada como católica.

Minami, una alumna de segundo grado de la escuela primaria Shirayuri Gakuen en Tokio, le dijo a su madre el pasado mes de mayo que quería convertirse en cristiana.

En las escuelas católicas como Shirayuri, los niños interactúan con cristianos, escuchan sobre su religión y aprenden historias bíblicas, pero rara vez expresan el deseo de ser bautizados.

Entre sus profesores, Minami es conocida por su curiosidad y su amor por la lectura y la religión. Cuando lee algo que le interesa, se entrega por completo a explorar ese interés.

Tras leer sobre Helen Keller, Minami se conmovió no solo por la incapacidad de Helen para ver y oír, sino también por su maestra, Anne Sullivan. Poco después, Minami comenzó a aprender Braille.

El primer contacto de Minami con el cristianismo tuvo lugar a los tres años, cuando se matriculó en el jardín de infancia Shirayuri Gakuen.

"No recuerdo mucho porque era pequeña", dice. "Pero sentía que Jesús era como un miembro de la familia".

Las clases de religión en la escuela primaria profundizaron su conocimiento de Dios. Las conversaciones sobre la existencia de Dios y la vida de Jesús la llevaron a la convicción de acercarse más a Él.

“El pasado mes de mayo, declaré mi intención de bautizarme”, dice a UCANews.

En cuanto a su imagen actual de Dios, dice: "Ya sabes, a Dios no le enorgullece que la gente lo alabe o le dé las gracias".

El padre jesuita Kiyoshi Shibata, de la iglesia de Kojimachi, que está preparando a Minami para el bautismo, dice: "Minami ha llevado la historia de Jesús en su corazón desde el jardín de infancia".


Minami Kimura cerca de una estatua de la Virgen María con el Niño Jesús / Foto; Cedida

“Cuando le preguntaron por qué quería ser bautizada”, recordó el sacerdote, “extendió las manos y dijo: ‘Ahora mismo, me siento así’, luego las alzó y argumento: ‘Quiero ser bautizada porque me acercará a Dios’”.

Cuando se le preguntó si tenía alguna historia en particular sobre Jesús que la hiciera sentir que Jesús era una presencia natural, siempre ahí para ella, la respuesta de Minami fue directa y sencilla: "La forma de ser de Jesús".

Su madre, Maiko, admite que su hija "no suele ser muy decidida", pero Minami quería convertirse al catolicismo. "Así que quiero que la bauticen".

La decisión de Minami impulsó a Maiko a estudiar el catolicismo y a "profundizar mi comprensión" del Dios cristiano.

Ahora ha decidido bautizarse junto con su hija.

Maiko atribuye al jardín de infancia Shirayuri Gakuen el cambio que ha experimentado su hija. Allí, el día comienza y termina con una oración, afirma.

“A los niños se les enseña a estar agradecidos por todo y que Jesús es nuestro amigo. Mi hija ha asimilado de forma natural la enseñanza de que ‘Jesús es nuestro amigo’, y siento que se ha convertido en el núcleo de su fe.”

Su convicción más profunda se manifiesta en situaciones cotidianas. En una ocasión, cuando la familia habló sobre el miedo que inspiran los fantasmas, ella dijo con calma: «Los fantasmas no dan miedo. No existen. Dios no crearía tales fantasmas».

Para Maiko, esa respuesta fue "asombrosa" porque "nunca había oído hablar de un niño que no le tuviera miedo a los fantasmas".

Los padres de Minami siempre han deseado inculcarle a su hija una creencia fundamental que la guíe en la vida. Para ellos, el bautismo no es una mera formalidad, sino un paso que le proporcionará esa base.

Minami no sabe qué nombre de santa elegir para su bautismo. Está considerando a Juana de Arco, cuya personalidad decidida contrasta con la suya, y a Teresa de Lisieux, con quien comparte algunas similitudes.

Minami Kimura y su madre, Maiko, serán bautizadas el Domingo de Pascua en la iglesia de Kojimachi en Tokio.

Astrid Chereau quedó parapléjica esquiando, pero tras una novena a la beata Chiara Badano salió del hospital caminando


Astrid Chereau en 2024. Ahora, prosigue su camino de conversión después de su milagrosa recuperación / Foto: CORINNE SIMON - Famille Chretienne

* Los médicos le dijeron que tras una larguísima y dura rehabilitación quizás pudiera recuperar algo de movilidad, pero que sería “largo y difícil”… El último día de la novena a la beata Chiara Badano esta joven salía del hospital completamente curada, y sin ninguna explicación plausible de los médicos, tan sorprendidos como ella ante esta situación. En su expediente médico sigue registrada como “parapléjica”, pero en su día a día ella camina, sube las escaleras, se sienta y hasta corre… 

Camino Católico.-  Una joven desde el cielo intercediendo por otra en la tierra. Esto es lo que ocurrió con la  beata Chiara Badano y Astrid Chereau, una chica que se recuperó de manera insólita de quedarse parapléjica en el último día de la novena dedicada a esta joven beata.

Todo ocurrió cuando Astrid tenía 20 años. Esos días se fue a Suiza a esquiar. La montaña estaba llena de nieve y se atrevió a realizar algunos saltos. Todo iba muy bien. El tiempo era estupendo, brillaba el sol y su cuerpo respondía perfectamente a aquel esfuerzo que tanto le gustaba. Aquellos Alpes suizos eran su refugio frente a la rutina de París, el metro, el ritmo frenético de la capital de Francia… pero en el último salto que hizo esquiando el tiempo se paró para ella.

Astrid se desequilibró y cayó violentamente contra el duro y frío suelo de la pista de esquí. Un estremecedor y desconocido dolor  recorrió su cuerpo.  Y de repente notó que no podía moverse.

Esta joven francesa fue trasladada en helicóptero a un hospital, aunque ella para sus adentros se decía que tan sólo sería un esguince. Pero no era un esguince.

Trece minutos después Astrid estaba en el hospital con una vértebra facturada y la medula espinal muy afectada. Unas horas después era operada de urgencia para evitar que la médula se partiera del todo.

Los médicos le dijeron que la gran prioridad es que pudiera mover los dedos de los pies cuanto antes. En su cabeza no aparecía el derrotismo. “Quiero bailar en mi boda y tener hijos”, repetía, tal y como recoge Famille Chretienne


La noticia corrió como la pólvora y los amigos de Astrid
empezaron rápidamente a rezar el Rosario, otros fueron al sagrario a pedir al Señor su ayuda… Lo importante era rezar urgentemente por ella. Sus amigos, pero también muchos desconocidos, iniciaron una novena a la beata Chiara “Luce” Badano para que intercediera por Astrid. Personas de Suiza, Bélgica, Francia, pero también de sitios lejanos de Asia y África se sumaron a dicha novena en lo que se convirtió en una enorme cadena de oración.

Al principio las noticias eran muy malas. Una pierna estaba muy débil, la otra ni siquiera respondía. El veredicto era claro: Astrid se había quedado parapléjica. Los médicos le dijeron que tras una larguísima y dura rehabilitación quizás pudiera recuperar algo de movilidad, pero que sería “largo y difícil”.

Un día después la joven tenía una prueba de esfuerzo que sería decisiva para su futuro. Se entrenó durante todo el día, pero no consiguió mover la pierna. Sin embargo, en el momento de la prueba y con un ejército rezando por ella en todo el mundo sus pies empezaron a moverse. Astrid no daba crédito. No sabía ni cómo ni por qué pero sus pies se movían.

El último día de la novena a Chiara Badano esta joven salía del hospital completamente curada, y sin ninguna explicación plausible de los médicos, tan sorprendidos como ella ante esta situación y dos años después, en su día a día. ella camina, sube las escaleras, se sienta y hasta corre… La oración hace milagros.

Quién es Chiara Badano

La beata Chiara «Luce» Badano era una adolescente italiana perteneciente al Movimiento de los Focolares que murió en 1990 cuando solo tenía 18 años de edad. Nació en Sassello, Liguria, el 29 de octubre de 1971. Su nacimiento llenó de alegría a sus padres, Ruggero Badano, camionero, y María Teresa Caviglia, obrera, quienes durante once años esperaron tener un hijo.

«Si bien en medio de una inmensa alegría, comprendimos enseguida que no era sólo nuestra hija sino que ante todo era hija de Dios», señaló su madre según la biografía publicada por los Focolares. jovencita


Beata Chiara Badano

Desde muy pequeña, Chiara mostró un profundo amor por Dios, al tiempo que revelaba un carácter fuerte pero dócil, era alegre, bondadosa y muy activa. A los nueve años de edad ingresó al Movimiento de los Focolares.

A los 16 años discernió su vocación y decidió consagrarse a Dios. Mantuvo una relación muy cercana con la fundadora de los Focolares, Chiara Lubich, quien le puso el sobrenombre de «Luce». Poco tiempo después le diagnosticaron un tumor en el hombro. El diagnóstico fue «sarcoma ostiogénico con metástasis», uno de los tumores más graves y dolorosos.

Chiara se propuso superar la enfermedad y comenzó un intenso tratamiento de quimioterapia, mientras trataba de seguir con su vida habitual sin perder nunca la alegría ni la fe. Entregó todos sus ahorros a un amigo que partió en misión humanitaria a África. A pesar de los esfuerzos de los médicos, la enfermedad avanzaba rápidamente y perdió el uso de las piernas.

«Si tuviera que elegir entre caminar o ir al paraíso, elegiría esta última posibilidad», dijo a sus familiares, Ya no pedía curarse, sino encontrarse con Jesús. Su fuerza conmovía a sus seres queridos y los médicos que la atendían. En julio de 1989 sufrió una severa hemorragia y parecía que el desenlace llegaría en cualquier momento.

Dijo a sus padres: «No derraméis lágrimas por mí. Yo voy donde Jesús. En mi funeral no quiero gente que llore, sino que cante fuerte». En la cama, Chiara rezaba mucho pidiendo ser capaz de cumplir con la voluntad de Dios. «No le pido a Jesús que me venga a buscar para llevarme al paraíso; no quisiera darle la impresión que no quiero sufrir más», decía y decidió preparar con su madre la que llamaba «fiesta de bodas», es decir su funeral.

Dio a su madre instrucciones muy precisas sobre cómo debía ser su vestido, la música, las flores, los cantos y las lecturas. Le pidió a su madre que mientras preparase su cuerpo se repitiera a sí misma: «Ahora Chiara Luce ve a Jesús». El domingo 7 de octubre de 1990 Chiara falleció acompañada de sus padres. Tras la puerta de la habitación aguardaban sus amigos. Sus últimas palabras fueron para su mamá: «Chao. Sé feliz porque yo lo soy». Unas dos mil personas asistieron a su funeral.

El entonces Obispo de Acqui, Mons. Livio Maritano, inició el proceso de beatificación de Chiara en 1999 y en 2010 fue beatificada por el Papa Benedicto XVI.

Margaret Fellker cayó en depresión tras perder a su hijo, pero la Eucaristía le llevó a ayudar a jóvenes en necesidad: «Estoy sorprendida de la bendición de Dios, porque recibí de Él lo que me permitió avanzar»


Margaret Fellker, fundadora de David’s Educational Opportunity Fund. - Foto: Cortesía de IEC2024

* «En la capilla del Santísimo vi pintadas en la pared las palabras que me hicieron saber que pertenecía a ese lugar. Desde entonces, las llevo siempre en mi mente y corazón: 'Venid a mí, los que estáis fatigados y angustiados, y yo os aliviaré'»

Camino Católico.-  En medio de la depresión y la desesperanza tras la pérdida de su hijo David en las montañas de Ecuador, Margaret Fellker, fundadora de la ONG caritativa David’s Educational Opportunity Fund, encontró el amor redentor de Dios y despertó en su corazón la misión de ayudar a jóvenes en situación de pobreza.

Originaria de Madison, Wisconsin (Estados Unidos), el viaje de fe de Margaret marcado por la tragedia y un encuentro con Jesús Eucaristía, se transformó en una poderosa fuente de inspiración para muchos en Quito, Ecuador, al desarrollar junto a su esposo una ONG dedicada a apoyar a estudiantes talentosos que enfrentan dificultades económicas.

La pérdida de David

“David era, es y siempre será nuestro único hijo, nacido en 1981. Siempre fue una buena aventura ser su mamá: empezó a leer a la edad de 2 años; era actor adolescente en un teatro de Shakespeare y luego en teatro de improvisación”, cuenta Margaret en una reciente entrevista concedida a ACI Prensa.

Margaret recuerda que, desde joven, su hijo demostró una notable pasión por explorar el mundo y conectar con diversas culturas. A la edad de 17 años, David fue un estudiante de intercambio en Hungría. Su deseo de aprender y experimentar la vida en el extranjero lo llevó a África, donde pasó un mes en Ghana. No se detuvo allí; a la misma edad, comenzó a hacer voluntariado en un barrio hispanohablante en Chicago, donde también comenzó a aprender español.

A lo largo de su vida, David llegó a hablar con fluidez cuatro idiomas: inglés, español, húngaro y alemán. Este amor por el aprendizaje y la conexión lo llevó a Ecuador, donde, como estudiante universitario, decidió pasar un semestre de intercambio en la Pontificia Universidad Católica de Ecuador desde febrero hasta junio de 2002.


Jóvenes ecuatorianos que reciben ayuda de David’s Educational Opportunity Fund. - Foto: Cortesía de David’s Educational Opportunity Fund

La vida de David se apagó repentinamente cuando desapareció cerca de la ciudad ecuatoriana de Zamora en 2002, un suceso que dejó a su madre en un profundo duelo. Ella tuvo que viajar a Ecuador para buscar a su hijo, cuyo paradero es desconocido hasta el día de hoy. Su cuerpo nunca fue encontrado.

“Me encontré solita en Zamora, hospedándome con una familia bondadosa y saliendo cada día con varios policías en la búsqueda de pistas que nos pudieran revelar algo acerca de David”, relata.

La Eucaristía como fuente de consuelo y un nuevo llamado

En esos días oscuros, Margaret encontró refugio en la iglesia local, donde la capilla del Santísimo se convirtió en su lugar de consuelo. “Vi pintadas en la pared las palabras que me hicieron saber que pertenecía a ese lugar. Desde entonces, las llevo siempre en mi mente y corazón: 'Venid a mí, los que estáis fatigados y angustiados, y yo os aliviaré'”, comparte, recordando las palabras de Cristo que la acompañaron en su dolor.

Lo que comenzó como una búsqueda desesperada se convirtió en una revelación de amor. “Recibí un don totalmente inesperado, creativo, de la infinita imaginación divina: una capacidad mucho más amplia que nunca, para amar a cada persona que me extendió la mano en esa situación tan mala”, expresa.

Margaret Fellker - Foto: David’s Educational Opportunity Fund

Esta experiencia transformó su perspectiva sobre el sufrimiento. “Era como un maná y recibí justo lo necesario cada día, cada mañana”, agrega, enfatizando cómo el amor la ayudó a conectarse con aquellos que también sufrían.

Margaret no sólo reflexionó sobre su propia pérdida, sino que también se abrió a las historias de los demás. “Podía acercarme a las otras personas con ese amor, escuchando sus historias con mucho interés. No pude quedarme en mí misma con mi dolor”, insiste.

La fundación de David’s Educational Opportunity Fund

Su camino hacia la sanación la llevó a fundar el David’s Educational Opportunity Fund, dedicado ofrecer apoyo financiero, educativo y emocional a estudiantes de secundaria y universitarios de familias de escasos recursos en Quito. Su objetivo es proporcionar un acompañamiento integral y constante para que estos jóvenes puedan completar su educación y desarrollar plenamente sus talentos, habilidades de liderazgo y cualidades de carácter.  

Margaret Fellker y los estudiantes ecuatorianos que forman parte del David’s Educational Opportunity Fund. - Foto: David’s Educational Opportunity Fund

“Fueron dos cosas las que me hicieron inevitable regresar a Ecuador con mi esposo Mike y nuestra hija Rachel en 2003: la bondad de todos que me habían ayudado, y la belleza que había visto. Así que empezamos con una señorita, Gaby Lima, que quería estudiar Ingeniería Ambiental. Luego otra, Verónica Guamba, que quería ser maestra de la educación temprana”, explica.  

A lo largo de los años, la organización ha crecido significativamente, y ha apoyado a 24 estudiantes actualmente graduados y 16 estudiantes en curso. “Nuestro trabajo es la alegría mía y de mi esposo, y nos llena la vida con lo que todos necesitamos: un propósito que nos llena la vida con sentido”, subraya.

Finalmente, Margaret reflexiona sobre su viaje, reconociendo que no quiere “que Dios sepa o crea que estoy satisfecha”, sino que desea seguir sirviendo a los jóvenes más necesitados. “Siempre he quedado atónita, sorprendida de la bendición de Dios, porque recibí de Él lo que me permitió avanzar”, concluye.