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jueves, 27 de agosto de 2026

Nuria del Canal: «Me eduqué en un colegio del Opus Dei, me alejé de la fe, tenía atracción hacia el mundo demoníaco, hice muchas prácticas esotéricas, pero un día escuché la voz de Dios, me arrepentí y confesé»

Nuria del Canal escuchó la voz del Señor y su vida quedó transformada

* «Volví a escuchar la voz, por tercera vez, y, me dijo: 'lo que más me ofende es que es que te arrodillas delante de otros santos y no lo haces delante de mí, te quiero en mi templo'. Entonces sentí la gracia del arrepentimiento, cosa que yo no había tenido nunca, y una necesidad grandísima de confesarme. Asistí a misa inmediatamente, aquella misa fue como si fuera el día de mi boda, no he visto misa más bonita. Después de unos 30 años comulgué y ahí empezó mi vida de fe. Como estaba tan perdida, me confié a la Virgen, le pedí al sacerdote que me explicara cómo rezar el Rosario y me consagré»

 Vídeo de El Rosario de las 11 PM en el que Nuria del Canal cuenta su testimonio

Camino Católico.- Nuria del Canal tiene 51 años, es de Barcelona y ha contado su testimonio en El Rosario de las 11 PM. Educada en un colegio del Opus Dei, pasó por la brujería y la santería hasta regresar de nuevo a la Iglesia Católica. Tres voces cambiaron todos sus esquemas. Esta es una síntesis de su testimonio en primera persona de lo que cuenta en el vídeo:

Ouija, tarot, reiki, péndulo…

Ahora estoy donde estoy, pero todo fue un largo caminar, de muchas caídas y muchos golpes. Fui educada en una familia católica, pero de nombre, no éramos practicantes para nada. Soy la hija pequeña de tres hermanas y desde los inicios ya éramos una familia bastante desestructurada, bastante caótica, con muchos problemas, ha sido una infancia muy difícil.

Yo me eduqué en un colegio del Opus Dei, y puedo decir que he recibido una buena formación en cuanto a la fe, a la doctrina y al  conocimiento de Dios. Pero, cuando era adolescente me distancié de la fe católica y me enfadé. Cuando salí del colegio fue una explosión de libertad, de repente el mundo se abría ante mí y era un mundo a explorar. Esto me llevó a todo tipo de errores, de prácticas, en definitiva, de bastantes equivocaciones.

Cuando era muy jovencita, tenía unos 15 años más o menos, estaba de moda practicar la ouija y estuve un verano entero practicándola con una amiga. El mundo prenatural, el mundo demoníaco siempre me había llamado la atención (...). Siempre había tenido una atracción especial y muy intensa hacia el mundo demoníaco, a la parte digamos oscura del ser humano, a la parte oscura de las fuerzas del universo. Me interesaba mucho todo lo que era oscuro, todo lo que era satánico.

Esto me llevo a practicar ouija, tarot, reiki, péndulo... no os lo recomiendo en absoluto. De jovencita todo me valía, todo lo que no entendía lo daba por válido, me pasaban realmente cosas fuera de lo normal, nada positivas y difíciles de explicar. Para algunas personas, incluso, un poquito terroríficas (...). Practiqué mucha ouija y muchas prácticas esotéricas de diferente calibre, empecé también a jugar con la magia de manera autodidacta de mayor.

Yo era de profesión diseñadora de moda y tenía una vida como la mayoría de las personas, me divertía, salía, entraba, hacía una vida en la que parecía que todo estaba bien. No hacía daño a nadie. Soy madre de un niño, que ahora tiene 14 años, madre soltera, en mi vida era todo como 'no pasa nada, todo está bien'. No creía en la Iglesia, obviamente los mandamientos era como 'qué me estás contando', todo era un poquito a mi gusto, si estudiaba alguna cosa sobre alguna religión pues lo adaptaba.

Era una búsqueda constante de Dios, pero siempre haciendo como un giro, sin entrar en la Iglesia, porque la Iglesia para mí era algo que no lo quería en mi vida, que siempre esquivaba.  Y fue por una cosa muy absurda, descubrí que existió la inquisición y me pareció tan extraño y tan malvado, que la decepción fue tan grande. No me pasó nada personal pero sufrí una decepción.

Se fue acercando el año 2020, ya llevaba unos años buscando a mi manera a Dios y cuatro años practicando la Umbanda, era una religión que se adaptaba bastante a mis necesidades. Me gustaba porque no había normas, no tenías que dar muchas explicaciones ni tampoco ser muy meritorio en nada, era una religión muy cómoda y además estaba enfocada para hacer el bien".  

Hubo un día en el que estaba trabajando, haciendo una colección de moda y tenía que investigar la temática que había elegido. En aquel momento, a mí me había inspirado el universo y tuve que mirar estrellas, astros, planetas... Tuve que analizar documentación científica sobre medidas del universo, aquello fue un choque para mí. Salí del trabajo y empecé a sentir una tristeza muy profunda, unas ganas de negar la existencia de Dios. Mi mente no podía entender que existiera Dios, si yo acababa de ver esas medidas.


Nuria del Canal

Dios le habla de su amor por ella

Siempre he creído en la primera persona de la Santísima Trinidad, pero nunca había tenido ese momento de rebeldía de negar a Dios. Estaba conduciendo y empecé a tener un diálogo con ese Dios que no existía (...). Con toda la de millones de personas que hay, los problemas y guerras, cómo va Dios a fijarse en mi persona y a saber que estoy aquí. A partir de ahora creo que voy entiendo que Dios es imposible que exista. Fue la primera vez en mi vida que decía algo así, lo cual me daba impacto, era serio escucharme a mí misma decir aquello. 

Cuando yo lo estaba negando, sentí una voz dentro de mí muy profunda, que decía: ¿tú amas a tu hijo?'. Y yo, 'hombre claro, yo amo a mi hijo más que al universo entero'. Y, de repente, me quedé tan impactada que me puse a llorar de la impresión, esta voz me respondió, que si yo era capaz de amar a mi hijo de esa manera, cómo podía pensar que Él, que era Dios, no me amaba a mí por encima de todo ese amor. Estaba conduciendo y me tuve que salir al arcén.  

Yo seguí con mi vida, hacía hechicería, adoraba a los espíritus, bailes, les entregábamos comida. Era como una alabanza constante a estas entidades. Se me llegó a decir que mi ángel custodio, dentro de esta religión, era Dios Padre. Era bastante bonito para mí, porque mi relación siempre había sido muy directa con Dios Padre (...). Hasta que mi vida profesional cambió y me quedé sin trabajo.

Llegó el día de la Virgen de Guadalupe del año 2020, llevaba unos meses en el paro, tenía unos problemas familiares muy serios. Me disponía a llevar a mi hijo al colegio, fui a la habitación y recuerdo bendecir a Dios por este hijo que me había dado. Pero, literal, decir: 'Bendito sea Dios por este hijo que me has dado'. Salí de la habitación y, en la entrada de la cocina, de una manera muy clara, volví a escuchar esta voz que me preguntaba si le daría a mi hijo.

Me quedé sorprendida y le contesté de corazón, mi respuesta automática fue: 'hombre, tú nos diste a tu hijo en la cruz y no va a ser más mi hijo que el tuyo, no me gustaría, pero hágase tu voluntad y no la mía'. Quedé como traspuesta, pensé en si me estaba pidiendo a mi hijo, en el sentido de que se fuera a morir. Me olvidé del tema, fui al colegio y, cuando llegué a mi casa, mi móvil se empezó a mover solo, como si cogen y empiezan a manejarlo, me quedé estupefacta dejando que funcionara.

Y se puso en mi móvil la película El cielo es real', una película de un niño americano que falleció cuando era pequeño, y tuvo una experiencia cercana a la muerte, en donde vio a Jesús. Dije, vale, pues voy a verla, no tengo nada que hacer. De repente, todo quedó como a cámara lenta y sucedieron muchas cosas. Tuve como una visión completa de toda mi vida, sentía que delante de mí estaba Dios, que estaba siendo juzgada. Lo que para mí era una vida estupenda, bajo esta mirada mi vida era un auténtico desastre. Sabía que esta presencia lo sabía todo, yo no podía ocultar nada. Volví a escuchar la voz, por tercera vez, y, me dijo: 'lo que más me ofende es que es que te arrodillas delante de otros santos y no lo haces delante de mí, te quiero en mi templo'.

Entonces sentí la gracia del arrepentimiento, cosa que yo no había tenido nunca, y una necesidad grandísima de confesarme. Asistí a misa inmediatamente, aquella misa fue como si fuera el día de mi boda, no he visto misa más bonita. Después de unos 30 años comulgué y ahí empezó mi vida de fe. Como estaba tan perdida, me confié a la Virgen, le pedí al sacerdote que me explicara cómo rezar el Rosario y me consagré.

Nuria del Canal

Sonia Llauró de Ibarra tiene 12 hijos, 6 son sacerdotes y 2 monjas: «Los ejercicios espirituales de San Ignacio me cambiaron la vida, me llenaron de Dios, para después llenar a los chicos de Dios»

Sonia y su esposo, Diego Ibarra, en Argentina durante la boda de su última hija soltera. Sus hijos viajaron desde distintos lugares del mundo donde actualmente sirven y viven, entre ellos Roma, Filipinas, Estados Unidos, Bolivia y Polonia. La única ausente fue una de sus hijas, religiosa contemplativa que se encuentra en Génova, Italia / Foto - cortesía de la familia Ibarra

* «Si uno no se llena de Dios, no puede dar nada. Yo no voy a poder explicarles lo que nosotros hemos recibido por haber confiado en el llamado que Dios hizo a nuestros hijos y en lo que Dios quería darles a ellos… Si Dios los llama para consagrarse a Él como sacerdotes o religiosas, es para que sean felices y lleguen a ser grandes santos; no los llama para hacerlos infelices»

Camino Católico.- Sonia Llauró de Ibarra tuvo 12 hijos en 20 años. Seis de ellos son sacerdotes, dos hijas religiosas, tres casados ​​y una niña que falleció cuando era pequeña. Desde la sencillez de un hogar argentino y sostenida por una profunda confianza en Dios, la vida de Sonia Llauró Ibarra se convirtió en un testimonio extraordinario de fe y entrega familiar.

Junto a su esposo, Diego Ibarra, descubrió el valor de vivir plenamente la fe católica, formando una familia marcada por la oración, el servicio y la apertura al llamado de Dios. Con el paso de los años, ese ambiente de fe dio fruto en numerosas vocaciones al servicio de la Iglesia.

Al hablar sobre tener tantos hijos e hijas consagrados a Dios, Sonia asegura con emoción: “Yo no voy a poder explicarles lo que nosotros hemos recibido por haber confiado en el llamado que Dios hizo a nuestros hijos y en lo que Dios quería darles a ellos”.

Sonia nació en Buenos Aires, Argentina, en el seno de una familia católica, aunque no practicante. A los 18 años se casó con Diego Ibarra. Durante sus primeros años de matrimonio experimentó una profunda conversión espiritual al participar en los ejercicios de San Ignacio de Loyola.

A partir de ese momento, realiza los ejercicios espirituales cada año. “Los ejercicios espirituales de San Ignacio me cambiaron la vida y me di cuenta de que eran un medio muy importante para la conversión de las almas. Eran una forma de llenarme de Dios para después llenar a los chicos de Dios. Si uno no se llena de Dios, no puede dar nada”, expresa.

La oración con los niños se volvió una práctica constante en el hogar de los Ibarra. Rezar el rosario en familia y participar en momentos de adoración ante el Santísimo formaban parte de su vida cotidiana. Sonia reconoció que no siempre era sencillo, pues los niños podían mostrarse inquietos, pero insistió en la importancia de que las madres los acerquen desde pequeños a la presencia de Dios en el Santísimo Sacramento.

Sonia anima a las madres a apoyar con generosidad la vocación de sus hijos cuando descubren en ellos un llamado especial de Dios. “Si Dios los llama para consagrarse a Él como sacerdotes o religiosas, es para que sean felices y lleguen a ser grandes santos; no los llama para hacerlos infelices”, afirma.

Y compara la vocación con una pequeña luz que enciende una vela. “no apaguen esa pequeña llama, madres y padres de familia”, exhorta “Si su hijo les manifiesta su deseo de ir al seminario, no tengan miedo de entregarlo a Dios, sean fuertes, sean generosos, denles a sus hijos los medios para que sigan ese llamado de Dios. Yo soy una madre que sabe lo que están viviendo las madres, así que cuando venga la gracia es importante que sepan reconocerla”.

En el centro de la fotografía se encuentra una de las hijas religiosas de la familia, acompañada por sus seis hermanos sacerdotes, muchos de ellos misioneros. Actualmente sirven en distintas partes del mundo: uno estudia en Roma, dos son rectores en seminarios en Estados Unidos —en Minnesota y Washington—, y los demás están en Bolivia, Polonia y Filipinas / Foto cortesía de la familia Ibarra

En ocasiones cuando los hijos expresan a sus madres el deseo de ser sacerdotes, algunos se oponen porque consideran que son demasiado traviesos, desordenados, o incapaces de vivir con disciplina. “Quizá el chico pelea con su hermana, es distraído o inquieto”, comentó Sonia.

Sin embargo, asegura que Dios no espera niños perfectos para llamarlos. “Si fuera así, ninguno de nuestros hijos hubiera sido llamado”, añae. Explica que Dios llama a cada uno con sus propias cualidades. También señala que, al ingresar al seminario menor, los jóvenes inician un proceso de discernimiento y formación donde esa vocación puede crecer y madurar.

Después de conocer el “milagro” de las vocaciones ocurridas en el pequeño pueblo de Lu Monferrato, Sonia y un grupo de madres que tenían en común contar con hijos sacerdotes o hijas religiosas en sus familias decidieron unirse en oración de manera organizada.

Así comenzó a tomar forma un nuevo apostolado, con la ayuda de sacerdotes y se creó la página para coordinar las 40 horas de adoración, una idea magnánima que tiene como propósito volver a encender el corazón de las madres y ayudar a Dios en la salvación de las almas.

Citando a Mons. Demetrio Fernández de Córdoba (España), afirma que es necesario “crear un clima vocacional, de manera que un niño, un adolescente, un joven pueda percibir con nitidez la llamada de Dios y pueda responder sin mayores dificultades”. Lo que ocurrió en Lu Monferrato fue precisamente esa perfecta dualidad: oración y clima vocacional para dar como fruto un total de 323 sacerdotes, religiosos y religiosas.

Inspiradas en la oración que realizaba la comunidad de Lu Monferrato y adaptando el formato de adoración de las 40 horas, Sonia Ibarra y un grupo de mujeres han realizado esta adoración durante doce años de forma ininterrumpida y actualmente se ha extendido a nivel internacional.

Cada mes se realiza 40 horas de adoración los días 14, 15 y 16, en recuerdo del tiempo que Jesús permaneció en el sepulcro.

Durante esta jornada mensual de adoración, los participantes pueden dedicar una, dos o más horas de oración. Cualquier mujer, en cualquier parte del mundo, puede unirse ofreciendo este tiempo por la santificación de los sacerdotes y por el aumento de las vocaciones a la vida consagrada.

En 2024, los participantes de las 40 Horas por las Vocaciones celebrarán 10 años de oración continua. Hoy, miles de mujeres en distintos países se unen a esta iniciativa, orando por la santidad de los sacerdotes, el incremento de las vocaciones y la fidelidad de quienes se preparan para servir a la Iglesia / Foto cortesía de Sonia Llauró de Ibarra

La página es www.40horas.org y lo único que deben hacer es un registro sencillo con su nombre y elegir la fecha y la hora en que desean participar. También lo pueden hacer uniéndose a través de la aplicación WhatsApp con el número +541551773843.

Sonia afirma que lo ideal es realizar la adoración ante el Santísimo Sacramento; Sin embargo, explicó que también puede hacerse desde casa, preparando un espacio especial de oración, encendiendo una vela o cirio y ante alguna imagen sagrada.

Añade que incluso las mujeres que dedican su tiempo al cuidado de sus hijos pequeños, de algún enfermo o que están realizando las tareas del hogar, como cocinar, pueden ofrecer ese momento al Señor como parte de su oración y entrega.

“Lo que buscamos es mover el corazón de Jesús, que espera ser enternecido por nuestra oración al pedir por el aumento de las vocaciones, así como por la santidad y perseverancia de los sacerdotes y religiosas”. Añade que Él está siempre dispuesto a conceder incluso más de lo que necesitamos.

“Pedimos bendiciones para todos los sacerdotes que atraviesan dudas, ataques y tentaciones, para que permanezcan firmes en su vocación”, expresó Sonia.

Asimismo, señala que también oran por aquellos jóvenes que han sido llamados a la vida consagrada, para que puedan superar los obstáculos y dar el paso de ingresar al seminario o al noviciado.

Sonia. Señala que el gran reto de la actualidad es que, a diferencia de la época en que llegaron los primeros misioneros a evangelizar nuestros países, las personas no conocían la fe, pero ahora están en contra de ella.

La fuerza que tiene la oración es muy importante si queremos que nuestros hijos sean santos y lo pedimos con fuerza, ellos serán grandes santos porque Dios es fiel a sus promesas y no se deja ganar en generosidad.

“Dios no solo nos ha pedido, sino que nos ha mandado orar por las vocaciones”, afirma Sonia recordando del Evangelio según San Mateo 9, 38: “Rueguen al dueño de los sembrados que envía trabajadores para su cosecha”.

Finalmente, expresa lo importante que es poner a la Virgen en un lugar muy especial dentro de su familia porque “la Virgen es todo”, dice Sonia, “es importante que consagren sus hijos a la Virgen María, y de rodillas decirle: te lo entrego para que lo hagas santo”. Eso es lo que han hecho los santos consagrase y consagrar a su familia a la Santísima Virgen, añadió.

Para los sacerdotes una recomendación especial es consagrar a la comunidad parroquial a Jesús por medio de María.

Nelly Gillant tras el suicidio de su madre se sumergió en la New Age, el espiritismo y el Reiki: «Caí de rodillas y clamé a la Virgen María: ‘¡Líbrame! Mejora mi relación con mi hija’»

Nelly Gillant recibió su Primera Comunión y su Confirmación en el verano de 2020

* «Y entonces escuché en mi interior una voz diciéndome ‘¿Quién eres tú para juzgar a mi Iglesia? Estas mujeres están aquí por su propia voluntad, alabándome y adorándome. Esto es un anticipo del cielo en la tierra’. Prácticamente me caí del banco y -sabiendo que era Dios- le dije: ‘¿Qué?, ¿ésta es la verdadera Iglesia?’ Entonces cuando miré alrededor del claustro, las mujeres cantaban y tuve una visión de ángeles… Los cantos eran llevados por los ángeles al trono del Padre… En 2020 recibí mi Primera Comunión y la confirmación. Sirvo en misa con mi hija, soy ministra de comunión. Es la gran misericordia de Dios»

Camino Católico.- Ser Maestra de Reiki era más que una profesión para Nelly Gillant. Era una vocación. Creía que hacía el bien, pues "difundía la luz, la paz y el amor". Curar las almas dolientes era el sueño de su infancia y el deseo de su madre: "Un día serás médico, para curar a mamá", le decía su progenitora.

La madre de Nelly estaba deprimida e intentó suicidarse varias veces. Un día lo concretó. "Yo tenía nueve años. Mi padre nunca se recuperó. Lo perdió todo. Mi hermana y yo pasamos varios días sin comer. Me di cuenta de que los adultos no podían protegerme. Por encima de todo, quería saber dónde estaba mi madre. Estaba obsesionada. Creía en la vida después de la muerte, pero como nadie respondía a mis preguntas, busqué las respuestas por mi cuenta", cuenta a Le Verbe.

El novio de su hermana las introdujo a ambas en el espiritismo y Nelly quedó fascinada. Devoraba todo lo que se publicaba sobre el mundo de los muertos y descubrió que -al igual que su madre- tenía 'habilidad' para 'tirar las cartas'. Comenzó a leer y ejercitarse con guías prácticas de viajes astrales y pronto se hizo seguidora de Sathya Sai Baba, un maestro espiritual indio que decía ser la reencarnación del gurú Shirdi Sai Baba. Y pronto creyó alcanzar la "luz azul" y otras dimensiones energéticas gracias a las técnicas de meditación que enseñaba el gurú.

A los 20 años, conoció El Sermón de la Montaña, del exitoso autor Emmet Fox. "Su lectura me abrió los ojos. Fue como una visión de Cristo acercándose a mí y diciéndome: 'Sígueme'. Sentí su presencia y su paz toda la semana. Me había sentido mal todo el tiempo, y ahora me sentía libre y feliz. Luego se desvaneció. Me dije que, si leía la Biblia, continuaría. Empecé por el Génesis y luego leí todas las historias de masacres y guerras del Antiguo Testamento... ¡No era la paz y la alegría que había experimentado! Como no había nadie que me guiara en mi lectura, cerré la Biblia... ¡Los siguientes 20 años!".

Del espiritismo a la New Age y las ciencias ocultas

Durante ese tiempo, se dedicó a la adivinación, las runas y el péndulo, porque quería -dice- "hacer el bien". La verdad es que era ingenua pues ... “queriendo curar y hacer el bien, hablaba con los espíritus, pensando que Dios estaría de acuerdo".

El paso siguiente fue sumergirse en las enseñanzas de la escuela New Age Écoute ton corps, de Lise Bourbeau. Allí -afirma Nelly- sus capacidades mediúmnicas (práctica espiritista para contactar con espíritus) se habrían intensificado. Recuerda como durante una sesión de espiritismo, colocó las letras del Scrabble en círculo y pidió las respuestas a sus próximos exámenes. Las obtuvo todas correctas.

Nelly abandonó Francia y se trasladó a Quebec (Canadá), donde le parecía más fácil "formarse" en ciencias ocultas. Rápidamente obtuvo un diploma en hipnosis y echaba las cartas (Tarot) a una esteticista, que le enviaba a sus clientas. "Mis clientes adivinos siempre tenían muchos problemas, así que también los sometí a hipnosis. No tardé en tener una gran clientela”.

Nelly Gillant buscó a Dios en los lugares equivocados

Creyendo ascender se hundía

A pesar del éxito, Nelly no estaba tranquila, quería más. "Recién titulada en reiki, ya anhelaba convertirme en maestra de reiki" y para ello se unió al ashram de Mahavatar Babaji, un maestro espiritual indio con fama de inmortal. Al poco andar -dice- notó que en su vida cotidiana se producían manifestaciones extrañas y sobrenaturales. “Con Babaji, y sus técnicas de kriya yoga, el objetivo es alcanzar la 5ª dimensión, comúnmente conocida como nirvana. Todos los terapeutas tienen que alcanzar este nirvana, es decir, conseguir desencarnarse para entrar en el todo mayor. El problema es que no puedes hacerlo. Puedes entrar en éxtasis total, y luego ¡zas! vuelves a caer de repente. Y entonces llega la desesperación total. De hecho, es una competición. Todo el mundo se compara y quiere convertirse en un maestro. Te dicen: «Oh, ¿cómo es que aún no has alcanzado la quinta dimensión?» o «No estás utilizando la técnica adecuada»".

Se esforzó hasta que un día le pareció que lo había logrado... "El espíritu de Babaji entró en mí. ¡Sentí una increíble efusión de amor!”. En su pasión y creencias, en ningún momento pensó Nelly que aquella experiencia pudiere ser el encuentro con una entidad oscura que se revestía de bien. Aunque era consciente que cada día se alejaba más de Cristo: “En nuestros seminarios, 'conversábamos' con la Virgen María para alcanzar energías semejantes a las de Cristo. Enseñábamos que Jesús era un maestro ascendido; que había ido a la India para aprender las técnicas de Babaji; que no había experimentado realmente la Pasión porque había abandonado su cuerpo. Todas estas enseñanzas, estas nociones, diría que fueron lo que más me costó quitarme de encima, desprogramarme, si puedo decirlo así. Creer que Dios se encarnó, que es verdadero Dios y verdadero hombre, ¡era impensable!".

Tras esta experiencia de ser poseída por esa entidad, recuerda que sus capacidades mediúmnicas se multiplicaron por diez y también sus ingresos económicos pues los clientes le llovían. Sin embargo, al momento de entregarse para ser canal de comunicación entre el mundo de los espíritus y sus clientes que la demandaban como maestra de Reiki, podía percibir que aunque no lo quisiera, su voz cambiaba. "Había una fuerza que salía de mis manos. Hoy sé que era una fuerza que me dominaba, que me hacía creer que tenía el control".

Llegó un momento en el cual comenzó a desmoronarse y le irritaba encargarse de las tareas cotidianas del hogar o de atender las necesidades de su hija que tenía tan solo tres años. "Todo el día escuchaba mantras. Era como estar en un mundo paralelo. Un día perdí el control. Puse mi frente contra la de mi hija y grité. Fue entonces cuando caí de rodillas y supliqué a la Virgen María. Grité: «¡Líbrame! Mejora mi relación con mi hija»".

En los días siguientes, Nelly sintió de repente aversión a la meditación, los mantras y todo lo que por décadas había valorado. Estaba desesperada y fue su propia masajista quien le dijo que con aquél grito a la Virgen había abierto su alma al cristianismo. Le invitó luego a participar en un grupo de estudio de la Biblia asegurándole que el líder de la comunidad podría ayudarla en la relación con su hija. Y aceptó. Todo iba bien hasta que “en la tercera reunión, una mujer dijo que Jesús era el único mediador entre Dios y el hombre”. Enfadada, Nelly replicó que eso era falso. Se fue dando un portazo.

Pocos días después, de forma espontánea comenzó a orar pidiendo a Dios su ayuda y esa misma noche se despertó con una certeza en su interior: "Jesús es mi hijo amado. Es el único. Arrodíllate y confiesa con tu boca que es tu Señor y Salvador". No era en absoluto la respuesta que quería oír. "¡Yo quería abrir mi propio centro de reiki! No quería seguir a Jesús”, comenta.

Nelly Gillant con su Biblia

Buscando a Jesús a tientas

¿Seguir a Jesús? Sí, pero ¿cómo? La búsqueda de Nelly fue un largo trayecto de formación y reencuentro con Dios por distintas iglesias cristianas donde incluso recibió algunos exorcismos. "Fue una experiencia difícil, a veces aterradora. Me libré de varios espíritus. Volví a casa, se lo conté todo a mi pareja y esa noche cancelé mis citas con todos mis clientes. Se había acabado".

Nelly continuó su viaje en la fe arrojando a la basura cientos de objetos, libros y otros artilugios de sus años en el espiritismo, el reiki y otras prácticas ocultistas. "Fue en extremo alegre y doloroso al mismo tiempo. Mi comunidad me ayudó y me beneficié de otras liberaciones. Luego pedí el bautismo, pero no me lo concedieron; tenía que casarme. Grité: «¡No lo entendéis! ¡Lo necesito! ¡Mi alma lo necesita!» Y luego, en las asambleas, era demasiado exuberante. La gente gritaba, se tiraba al suelo... Acabé dejando aquella comunidad".

Y por fin encontró su hogar espiritual

Desanimada, telefoneó a la prima de su marido que es protestante y esta le aseguró que con ellos podría bautizarse. Sin mucha orientación Nelly pensó que sería mejor para ella acudir a un retiro espiritual para prepararse; pero en su búsqueda ningún centro protestante ofrecía por esos días lo que anhelaba. Alguien le mencionó entonces la abadía de Sainte-Marie-des-Deux-Montagnes “pero era católica y todas las iglesias protestantes en las que había estado me habían enseñado que la Iglesia católica era idólatra”. Aún así decidió que iría allí de todos modos.

Cuando llegó de inmediato una monja la invitó a rezar juntas el oficio. Sentada junto a Nelly, la monja besó una pequeña imagen de Jesús que sacó de su breviario. Nelly -con resabios de sus creencias- levantó los ojos al cielo, pensando que la buena hermana iría sin duda al infierno. "¡Estaba rezando! ¡Tenía que salvarla de la idolatría! Y entonces escuché en mi interior una voz diciéndome «¿Quién eres tú para juzgar a mi Iglesia? Estas mujeres están aquí por su propia voluntad, alabándome y adorándome. Esto es un anticipo del cielo en la tierra». Prácticamente me caí del banco y -sabiendo que era Dios- le dije: «¿Qué?, ¿ésta es la verdadera Iglesia?» Entonces cuando miré alrededor del claustro, las mujeres cantaban y tuve una visión de ángeles... Los cantos eran llevados por los ángeles al trono del Padre". Nelly rompió a llorar, la hermana la consoló, la cogió en brazos y la llevó a ver al sacerdote que la acompañaría durante varias semanas.

Se rindió en silencio, pero no del todo. Un grupo de oración al que comenzó a asistir la ayudó. "La responsable del grupo iba a menudo a la capilla de la adoración. Siempre me había negado a ir. La Eucaristía era demasiado para mí. Aquella vez, me dije: «Nelly, ¡te has inclinado ante tantos ídolos, gurús y hombres! ¿Imagínate si fuera verdad? Imagínate». Al decir eso, estaba abriendo una puerta a Jesús... Y entonces sentí algo loco. Una dulzura, un amor, ¡un bienestar! Tanto que me arrodillé”.

En el verano de 2020 Nelly Gillant recibió su Primera Comunión y su Confirmación. En septiembre de 2023, se casó con su marido y bautizó a su hija de ocho años.

Y sus manos, ese poder, ¿qué fue de ellas? Nelly sonríe: "Sirvo en misa con mi hija, soy ministra de comunión. Es la gran misericordia de Dios". Sus manos, que antes despreciaban al Amor de los amores sirviendo a otros dioses, ahora imparten el Cuerpo de Cristo a los fieles.

Santa Mónica - Película de Dibujos animados

 


Camino Católico.- La vida de Santa Mónica, contada para niños de la serie “Mi familia católica” de  EWTN.



Patrick Bruen, sacerdote con 67 años, tras 40 casado y 3 hijos: «Mi matrimonio me enseñó lo que significa amar de verdad, y quiero poner el amor al servicio de Cristo y de su pueblo que me da una nueva misión que cumplir»

P. Patrick Bruen, ordenado sacerdote a los 67 años en Detroit, el 7 de junio de 2025 / Foto: Arquidiócesis de Detroit

* «Cuando mi esposa murió, jamás pensé en el sacerdocio; creía que ya no era posible. Tenía 62 años… Comencé a experimentar una especie de manifestación del Sagrado Corazón de Jesús. De pronto, veía imágenes y estatuas del Sagrado Corazón en todas partes; era como si esa presencia no se apartara de mi mente. De pronto, esas imágenes parecían mirarme a mí»


Patrick Bruen cuenta su testimonio en el vídeo de la Arquidiócesis de Detroit

Camino Católico.- Después de cuatro décadas de matrimonio y de formar una familia con tres hijos y varios nietos, Patrick Bruen descubrió que Dios lo llamaba a una nueva vocación: el sacerdocio, al que llegó a los 67 años, después de que su esposa falleciera. El 7 de junio de 2025 fue ordenado sacerdote en la Arquidiócesis de Detroit (Estados Unidos), junto a Benjamin Schroeder, de 26 años, en la Catedral del Santísimo Sacramento, en Detroit.

“Conocí a mi esposa y nos casamos. Formamos una familia, y cuando nuestros hijos crecieron, ella empezó a enfermarse cada vez más. Cuando todos se casaron y se mudaron, a los 61 años, mi esposa falleció”, recuerda en una entrevista publicada por su arquidiócesis.

Fue entonces, en medio del dolor, cuando comenzó a percibir la presencia del Señor de un modo especial. “Comencé a experimentar una especie de manifestación del Sagrado Corazón de Jesús. De pronto, veía imágenes y estatuas del Sagrado Corazón en todas partes; era como si esa presencia no se apartara de mi mente. De pronto, esas imágenes parecían mirarme a mí”, dice, convencido de que se trataba de un signo para discernir una nueva llamada.

Ante aquella experiencia, acudió a un sacerdote amigo para compartir lo que vivía. “Él me dijo: ‘El seminario en Detroit se llama Sagrado Corazón. Quizás tienes una vocación’. Recuerdo que me reí en su cara, pero esas palabras quedaron grabadas en mí. Poco a poco, el Señor fue trabajando en mi interior hasta que ya no pude apartar esa idea de mi corazón”.

Bruen confiesa que nunca había pensado en el sacerdocio: “Cuando mi esposa murió, jamás pensé en el sacerdocio; creía que ya no era posible. Tenía 62 años”.

Sin embargo, pronto comprendió que Dios le pedía dar un paso más: “Me casé por una razón, y el Señor también me trajo hasta aquí por una razón. La vocación puede tener distintas etapas, pero siempre tiene un mismo origen: el plan de Dios. La vocación principal es a Él. Sí, tuve una vocación en mi matrimonio, y esa experiencia me preparó para la que vivo ahora. Hoy tengo esta nueva vocación”.

Con el apoyo de su amigo de toda la vida, el P. Bob McCabe, Bruen ingresó al Seminario Nacional de San Juan XXIII, en Massachusetts, institución que forma a hombres mayores en lo que se conoce como “vocaciones de segunda carrera”.

“Dios me fue mostrando que aún tenía una misión más que cumplir”, explica el nuevo sacerdote.

"Cuando mi esposa murió, tenía 62 años. Me casé por una razón, y el Señor también me trajo hasta aquí por una razón", dice Patrick Bruen, ordenado a los 67 años / Foto: Arquidiócesis de Detroit

En la ceremonia de ordenación, presidida por el Arzobispo Edward J. Weisenburger, Bruen destacó que el sacerdocio no borra su historia previa, sino que la transforma. “Mi matrimonio me enseñó lo que significa amar de verdad, y ahora quiero poner ese mismo amor al servicio de Cristo y de su pueblo”, afirmó.

Bruen también habla con esperanza sobre el horizonte de su ministerio: “El arzobispo me preguntó: ‘¿Vas a retirarte cuando tengas 70 años?’. Y yo dije: no. Espero ser un sacerdote hasta los 90. Espero hacer 25 años al menos”.

Con humor y fe añadió: “Quizás el Señor quiera que te relajes, que te mudes a Florida, juegues al golf y mueras joven. No lo sé, tal vez ese sea tu camino. Pero lo cierto es que nunca eres demasiado mayor para dejar de servir. Mientras tengas algo que ofrecer a los demás, vale la pena descubrir qué es y entregarlo”.

Su experiencia de servicio al cuidar de su esposa le enseñó el verdadero sentido de la entrega. “Fue muy difícil, pero mirando atrás, me doy cuenta de que fue uno de los momentos más felices de mi vida y la parte más fuerte de nuestro matrimonio. Dios nos da una gran alegría y muchas gracias cuando ayudamos a los demás”.

Como parte de su nueva misión, el padre Bruen fue enviado al equipo de sacerdotes In Solidum que pastorean diferentes parroquias en la zona de Canton. Además, el 1 de julio empezó su servicio en la parroquia de Nuestra Señora del Buen Consejo en Plymouth, bajo la tutela del Mons. Todd Lajiness.

El poder de la oración: Santa Mónica y San Agustín / Por P. Pedro Núñez

 


Camino Católico
.- El Padre Pedro Núñez comparte con nosotros una reflexión sobre el poder de la oración, centrada en Santa Mónica y San Agustín,en el programa “Conozca primero su fe católica” de EWTN.



Devin Hays: «Me alejé de la fe en la secundaria, me diagnosticaron cáncer y me entregué a Dios: ‘Sea cual sea tu voluntad, es tu voluntad. Solo ayúdame a superar la parte mental’ y ahora atiendo a niños hospitalizados»

Devin Hays entregó su vida a Dios cuando le diagnosticaron un linfoma / Foto: El Pueblo Católico 

* «No ocultamos que somos cristianos y católicos. Pero también nos conectamos con las personas en su situación. Visitar a los enfermos es una Obra Corporal de Misericordia. Y a veces, esas visitas abren la puerta a conversaciones más profundas… Antes del diagnóstico, el hockey era sin dudar mi ídolo. Me siento agradecido por haber pasado por esto porque cambió mi perspectiva. Me enseñó lo grande que es el dolor en el mundo, pero también la gracia extrema que Cristo derrama a través de ese dolor»

Camino Católico.- Cuando Devin Hays sintió el primer bulto en la cabeza, estaba más preocupado por sus exámenes finales que por su salud. “Ese semestre me dio faringitis estreptocócica dos veces, lo cual ya era raro, pero cuando apareció el bulto pensé que solo tenía un resfriado extraño. “Estaba tosiendo, agotado y no me podía concentrar en clase, ni siquiera con una taza grande de café. Pensé que podía aguantar hasta el fin de semana”, explica a El Pueblo Católico de Denver

Para el viernes ya tenía un tercer bulto y la tos había empeorado, por lo que decidió ir a la clínica del campus el lunes por la mañana. “Pensé, ‘Ojalá me den algo para aguantar la semana de exámenes y luego me preocupo por esto cuando regrese a casa’”, recuerda Devin.

Lo que nunca se imaginó, es que le dijeran que tenía que ir al hospital lo antes posible. “No podían encontrar mi corazón en la radiografía. Había algo en la tráquea y el mediastino. Ahí supe que se trataba de algo serio”, reconoce.

El linfoma y la entrega a Dios

Educado en un hogar católico en Erie (Colorado), Devin se había alejado de la fe en la secundaria, ya que el hockey competitivo ocupaba mucho de su tiempo familiar.

Pero en ese momento de incertidumbre médica, algo más profundo despertó en él. “Por primera vez en mi vida, me entregué a Dios. Le dije: ‘Sea cual sea tu voluntad, es tu voluntad. Solo ayúdame a superar la parte mental’. Ese fue mi momento de rendición”, recuerda.

Al principio, los médicos pensaron que tenía linfoma —un tipo de cáncer tratable con buen pronóstico. Pero luego llegó la mala noticia: “Me dijeron que no era linfoma. Era leucemia. Agresiva. Incurable. Con una tasa de supervivencia a cinco años de apenas el 50%. Después de eso, baja”.

Parecía que todo se derrumbaba. Pero luego llegaron los resultados de la biopsia de una clínica en Iowa. “Me dijeron que sí era linfoma, y que era curable. Lo que sucedió fue que, o un patólogo del Mayo Clinic se equivocó, o algo cambió. Yo elijo creer que algo cambió”.

El tratamiento comenzó rápidamente y, aunque el cáncer respondió bien, la quimioterapia fue brutal. “En muchas ocasiones, la quimio casi me mata. Perdí todo el cabello. Mi cara se hinchó. Me veía muy enfermo”, comparte.

La intervención de la comunidad parroquial

Fue durante esa época que la comunidad que lo rodeaba intervino, especialmente en su parroquia natal, St. Scholastica en Erie.

“Me acerqué mucho al padre Rob Wedow, y él me ayudó a superarlo. Los Caballeros de Colón también fueron fundamentales. Aunque me veía enfermo, me trataron como a cualquier otro. Me dieron las mismas responsabilidades que a los demás, y en ese momento, eso significó muchísimo para mí”, asegura Devin.

Devin Hays con sombrero visitando a enfermos y sus familias en el hospital infantil Rocky Mountain Hospital for Children situado en el campus médico de Presbyterian/St. Luke's en Denver, Colorado / Foto: Instagram Hospital Homies

A pesar del tratamiento intenso, Devin se negó a atrasarse en sus estudios. “Hacía exámenes y pruebas mientras recibía quimio. Después me transferí a CU Boulder. Por la gracia de Dios, la universidad me va a tomar solo cuatro años, incluso con el cáncer.”

Pronto, el cáncer comenzó a remitir. Conforme va teniendo perspectiva, analiza y recuerda las peores partes de su enfermedad, como ver a sus familiares y amigos afectados. ”La parte más difícil fue ver a otros niños pasar por lo mismo. Me trataron en pediatría casi todo el tiempo, y ver sufrir a los niños es muy duro. Ese octubre, cuando ya estaba en remisión, pero aún en tratamiento, nos disfrazamos y repartimos dulces a los niños que también estaban hospitalizados”.

La asistencia a niños hospitalizados y sus familias

Actualmente es voluntario en la pastoral universitaria de CU Boulder, colabora con el grupo juvenil de la parroquia de St. Scholastica y es miembro activo de los Caballeros de Colón. A la experiencia que adquirió en estas iniciativas se suma ahora la que desarrolló a través de un proyecto dedicado por entero a acompañar a los pequeños ingresados y a sus familias, Hospital Homies.

“Tuve la bendición de conocer a Tim Tebow, un gran cristiano, y verlo amar a la gente me inspiró mucho. La noche antes de un viaje para recaudar fondos, me vino el nombre ‘Hospital Homies’. Fue algo demasiado bueno para que se me ocurriera a mí, especialmente con el cerebro afectado por la quimio”, dice entre risas.

La organización ahora es una entidad registrada dedicada a visitar a niños en hospitales y apoyar a sus familias. “No ocultamos que somos cristianos y católicos. Pero también nos conectamos con las personas en su situación. Visitar a los enfermos es una Obra Corporal de Misericordia. Y a veces, esas visitas abren la puerta a conversaciones más profundas”, dice.

Terminando sus estudios, Devin ya piensa en su siguiente proyecto, que en este caso será una empresa dedicada a la venta de artículos y coleccionables, especialmente monedas, buscando servir así a su proyecto matriz de caridad.

Devin Hays, en el centro de la imagen, visitando a enfermos y sus familias en el hospital infantil Rocky Mountain Hospital for Children en Denver, Colorado / Foto: Instagram Hospital Homies

“La idea es crear una fuente de ingreso estable para financiar el Hospital Homies. Necesitas medios para sostener tu misión, y esta es mi forma de hacerlo realidad”. Su nuevo proyecto tampoco pretende perder de vista su componente católico, y espera poder contar con una sección religiosa con medallas de santos, monedas pontificias antiguas y otros artículos devocionales.

Mirando atrás, cuando se encontraba alejado de la fe, no puede evitar corroborar que su transformación ha sido mucho más espiritual que incluso en lo estrictamente físico o de la salud.

“Antes del diagnóstico, el hockey era sin dudar mi ídolo. Me siento agradecido por haber pasado por esto porque cambió mi perspectiva. Me enseñó lo grande que es el dolor en el mundo, pero también la gracia extrema que Cristo derrama a través de ese dolor “, concluye.

Y esa gracia es la que Devin espera compartir por el resto de su vida. Por su profundo camino de entrega llena de fe a la voluntad del Señor y su profunda devoción al servicio a los demás, especialmente a quienes sufren profundamente, Devin Hays ha sido reconocido como el Discípulo del Mes en la Diócesis de Denver.