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sábado, 22 de agosto de 2026

Nelly Gillant tras el suicidio de su madre se sumergió en la New Age, el espiritismo y el Reiki: «Caí de rodillas y clamé a la Virgen María: ‘¡Líbrame! Mejora mi relación con mi hija’»

Nelly Gillant recibió su Primera Comunión y su Confirmación en el verano de 2020

* «Y entonces escuché en mi interior una voz diciéndome ‘¿Quién eres tú para juzgar a mi Iglesia? Estas mujeres están aquí por su propia voluntad, alabándome y adorándome. Esto es un anticipo del cielo en la tierra’. Prácticamente me caí del banco y -sabiendo que era Dios- le dije: ‘¿Qué?, ¿ésta es la verdadera Iglesia?’ Entonces cuando miré alrededor del claustro, las mujeres cantaban y tuve una visión de ángeles… Los cantos eran llevados por los ángeles al trono del Padre… En 2020 recibí mi Primera Comunión y la confirmación. Sirvo en misa con mi hija, soy ministra de comunión. Es la gran misericordia de Dios»

Camino Católico.- Ser Maestra de Reiki era más que una profesión para Nelly Gillant. Era una vocación. Creía que hacía el bien, pues "difundía la luz, la paz y el amor". Curar las almas dolientes era el sueño de su infancia y el deseo de su madre: "Un día serás médico, para curar a mamá", le decía su progenitora.

La madre de Nelly estaba deprimida e intentó suicidarse varias veces. Un día lo concretó. "Yo tenía nueve años. Mi padre nunca se recuperó. Lo perdió todo. Mi hermana y yo pasamos varios días sin comer. Me di cuenta de que los adultos no podían protegerme. Por encima de todo, quería saber dónde estaba mi madre. Estaba obsesionada. Creía en la vida después de la muerte, pero como nadie respondía a mis preguntas, busqué las respuestas por mi cuenta", cuenta a Le Verbe.

El novio de su hermana las introdujo a ambas en el espiritismo y Nelly quedó fascinada. Devoraba todo lo que se publicaba sobre el mundo de los muertos y descubrió que -al igual que su madre- tenía 'habilidad' para 'tirar las cartas'. Comenzó a leer y ejercitarse con guías prácticas de viajes astrales y pronto se hizo seguidora de Sathya Sai Baba, un maestro espiritual indio que decía ser la reencarnación del gurú Shirdi Sai Baba. Y pronto creyó alcanzar la "luz azul" y otras dimensiones energéticas gracias a las técnicas de meditación que enseñaba el gurú.

A los 20 años, conoció El Sermón de la Montaña, del exitoso autor Emmet Fox. "Su lectura me abrió los ojos. Fue como una visión de Cristo acercándose a mí y diciéndome: 'Sígueme'. Sentí su presencia y su paz toda la semana. Me había sentido mal todo el tiempo, y ahora me sentía libre y feliz. Luego se desvaneció. Me dije que, si leía la Biblia, continuaría. Empecé por el Génesis y luego leí todas las historias de masacres y guerras del Antiguo Testamento... ¡No era la paz y la alegría que había experimentado! Como no había nadie que me guiara en mi lectura, cerré la Biblia... ¡Los siguientes 20 años!".

Del espiritismo a la New Age y las ciencias ocultas

Durante ese tiempo, se dedicó a la adivinación, las runas y el péndulo, porque quería -dice- "hacer el bien". La verdad es que era ingenua pues ... “queriendo curar y hacer el bien, hablaba con los espíritus, pensando que Dios estaría de acuerdo".

El paso siguiente fue sumergirse en las enseñanzas de la escuela New Age Écoute ton corps, de Lise Bourbeau. Allí -afirma Nelly- sus capacidades mediúmnicas (práctica espiritista para contactar con espíritus) se habrían intensificado. Recuerda como durante una sesión de espiritismo, colocó las letras del Scrabble en círculo y pidió las respuestas a sus próximos exámenes. Las obtuvo todas correctas.

Nelly abandonó Francia y se trasladó a Quebec (Canadá), donde le parecía más fácil "formarse" en ciencias ocultas. Rápidamente obtuvo un diploma en hipnosis y echaba las cartas (Tarot) a una esteticista, que le enviaba a sus clientas. "Mis clientes adivinos siempre tenían muchos problemas, así que también los sometí a hipnosis. No tardé en tener una gran clientela”.

Nelly Gillant buscó a Dios en los lugares equivocados

Creyendo ascender se hundía

A pesar del éxito, Nelly no estaba tranquila, quería más. "Recién titulada en reiki, ya anhelaba convertirme en maestra de reiki" y para ello se unió al ashram de Mahavatar Babaji, un maestro espiritual indio con fama de inmortal. Al poco andar -dice- notó que en su vida cotidiana se producían manifestaciones extrañas y sobrenaturales. “Con Babaji, y sus técnicas de kriya yoga, el objetivo es alcanzar la 5ª dimensión, comúnmente conocida como nirvana. Todos los terapeutas tienen que alcanzar este nirvana, es decir, conseguir desencarnarse para entrar en el todo mayor. El problema es que no puedes hacerlo. Puedes entrar en éxtasis total, y luego ¡zas! vuelves a caer de repente. Y entonces llega la desesperación total. De hecho, es una competición. Todo el mundo se compara y quiere convertirse en un maestro. Te dicen: «Oh, ¿cómo es que aún no has alcanzado la quinta dimensión?» o «No estás utilizando la técnica adecuada»".

Se esforzó hasta que un día le pareció que lo había logrado... "El espíritu de Babaji entró en mí. ¡Sentí una increíble efusión de amor!”. En su pasión y creencias, en ningún momento pensó Nelly que aquella experiencia pudiere ser el encuentro con una entidad oscura que se revestía de bien. Aunque era consciente que cada día se alejaba más de Cristo: “En nuestros seminarios, 'conversábamos' con la Virgen María para alcanzar energías semejantes a las de Cristo. Enseñábamos que Jesús era un maestro ascendido; que había ido a la India para aprender las técnicas de Babaji; que no había experimentado realmente la Pasión porque había abandonado su cuerpo. Todas estas enseñanzas, estas nociones, diría que fueron lo que más me costó quitarme de encima, desprogramarme, si puedo decirlo así. Creer que Dios se encarnó, que es verdadero Dios y verdadero hombre, ¡era impensable!".

Tras esta experiencia de ser poseída por esa entidad, recuerda que sus capacidades mediúmnicas se multiplicaron por diez y también sus ingresos económicos pues los clientes le llovían. Sin embargo, al momento de entregarse para ser canal de comunicación entre el mundo de los espíritus y sus clientes que la demandaban como maestra de Reiki, podía percibir que aunque no lo quisiera, su voz cambiaba. "Había una fuerza que salía de mis manos. Hoy sé que era una fuerza que me dominaba, que me hacía creer que tenía el control".

Llegó un momento en el cual comenzó a desmoronarse y le irritaba encargarse de las tareas cotidianas del hogar o de atender las necesidades de su hija que tenía tan solo tres años. "Todo el día escuchaba mantras. Era como estar en un mundo paralelo. Un día perdí el control. Puse mi frente contra la de mi hija y grité. Fue entonces cuando caí de rodillas y supliqué a la Virgen María. Grité: «¡Líbrame! Mejora mi relación con mi hija»".

En los días siguientes, Nelly sintió de repente aversión a la meditación, los mantras y todo lo que por décadas había valorado. Estaba desesperada y fue su propia masajista quien le dijo que con aquél grito a la Virgen había abierto su alma al cristianismo. Le invitó luego a participar en un grupo de estudio de la Biblia asegurándole que el líder de la comunidad podría ayudarla en la relación con su hija. Y aceptó. Todo iba bien hasta que “en la tercera reunión, una mujer dijo que Jesús era el único mediador entre Dios y el hombre”. Enfadada, Nelly replicó que eso era falso. Se fue dando un portazo.

Pocos días después, de forma espontánea comenzó a orar pidiendo a Dios su ayuda y esa misma noche se despertó con una certeza en su interior: "Jesús es mi hijo amado. Es el único. Arrodíllate y confiesa con tu boca que es tu Señor y Salvador". No era en absoluto la respuesta que quería oír. "¡Yo quería abrir mi propio centro de reiki! No quería seguir a Jesús”, comenta.

Nelly Gillant con su Biblia

Buscando a Jesús a tientas

¿Seguir a Jesús? Sí, pero ¿cómo? La búsqueda de Nelly fue un largo trayecto de formación y reencuentro con Dios por distintas iglesias cristianas donde incluso recibió algunos exorcismos. "Fue una experiencia difícil, a veces aterradora. Me libré de varios espíritus. Volví a casa, se lo conté todo a mi pareja y esa noche cancelé mis citas con todos mis clientes. Se había acabado".

Nelly continuó su viaje en la fe arrojando a la basura cientos de objetos, libros y otros artilugios de sus años en el espiritismo, el reiki y otras prácticas ocultistas. "Fue en extremo alegre y doloroso al mismo tiempo. Mi comunidad me ayudó y me beneficié de otras liberaciones. Luego pedí el bautismo, pero no me lo concedieron; tenía que casarme. Grité: «¡No lo entendéis! ¡Lo necesito! ¡Mi alma lo necesita!» Y luego, en las asambleas, era demasiado exuberante. La gente gritaba, se tiraba al suelo... Acabé dejando aquella comunidad".

Y por fin encontró su hogar espiritual

Desanimada, telefoneó a la prima de su marido que es protestante y esta le aseguró que con ellos podría bautizarse. Sin mucha orientación Nelly pensó que sería mejor para ella acudir a un retiro espiritual para prepararse; pero en su búsqueda ningún centro protestante ofrecía por esos días lo que anhelaba. Alguien le mencionó entonces la abadía de Sainte-Marie-des-Deux-Montagnes “pero era católica y todas las iglesias protestantes en las que había estado me habían enseñado que la Iglesia católica era idólatra”. Aún así decidió que iría allí de todos modos.

Cuando llegó de inmediato una monja la invitó a rezar juntas el oficio. Sentada junto a Nelly, la monja besó una pequeña imagen de Jesús que sacó de su breviario. Nelly -con resabios de sus creencias- levantó los ojos al cielo, pensando que la buena hermana iría sin duda al infierno. "¡Estaba rezando! ¡Tenía que salvarla de la idolatría! Y entonces escuché en mi interior una voz diciéndome «¿Quién eres tú para juzgar a mi Iglesia? Estas mujeres están aquí por su propia voluntad, alabándome y adorándome. Esto es un anticipo del cielo en la tierra». Prácticamente me caí del banco y -sabiendo que era Dios- le dije: «¿Qué?, ¿ésta es la verdadera Iglesia?» Entonces cuando miré alrededor del claustro, las mujeres cantaban y tuve una visión de ángeles... Los cantos eran llevados por los ángeles al trono del Padre". Nelly rompió a llorar, la hermana la consoló, la cogió en brazos y la llevó a ver al sacerdote que la acompañaría durante varias semanas.

Se rindió en silencio, pero no del todo. Un grupo de oración al que comenzó a asistir la ayudó. "La responsable del grupo iba a menudo a la capilla de la adoración. Siempre me había negado a ir. La Eucaristía era demasiado para mí. Aquella vez, me dije: «Nelly, ¡te has inclinado ante tantos ídolos, gurús y hombres! ¿Imagínate si fuera verdad? Imagínate». Al decir eso, estaba abriendo una puerta a Jesús... Y entonces sentí algo loco. Una dulzura, un amor, ¡un bienestar! Tanto que me arrodillé”.

En el verano de 2020 Nelly Gillant recibió su Primera Comunión y su Confirmación. En septiembre de 2023, se casó con su marido y bautizó a su hija de ocho años.

Y sus manos, ese poder, ¿qué fue de ellas? Nelly sonríe: "Sirvo en misa con mi hija, soy ministra de comunión. Es la gran misericordia de Dios". Sus manos, que antes despreciaban al Amor de los amores sirviendo a otros dioses, ahora imparten el Cuerpo de Cristo a los fieles.

Patrick Bruen, sacerdote con 67 años, tras 40 casado y 3 hijos: «Mi matrimonio me enseñó lo que significa amar de verdad, y quiero poner el amor al servicio de Cristo y de su pueblo que me da una nueva misión que cumplir»

P. Patrick Bruen, ordenado sacerdote a los 67 años en Detroit, el 7 de junio de 2025 / Foto: Arquidiócesis de Detroit

* «Cuando mi esposa murió, jamás pensé en el sacerdocio; creía que ya no era posible. Tenía 62 años… Comencé a experimentar una especie de manifestación del Sagrado Corazón de Jesús. De pronto, veía imágenes y estatuas del Sagrado Corazón en todas partes; era como si esa presencia no se apartara de mi mente. De pronto, esas imágenes parecían mirarme a mí»


Patrick Bruen cuenta su testimonio en el vídeo de la Arquidiócesis de Detroit

Camino Católico.- Después de cuatro décadas de matrimonio y de formar una familia con tres hijos y varios nietos, Patrick Bruen descubrió que Dios lo llamaba a una nueva vocación: el sacerdocio, al que llegó a los 67 años, después de que su esposa falleciera. El 7 de junio de 2025 fue ordenado sacerdote en la Arquidiócesis de Detroit (Estados Unidos), junto a Benjamin Schroeder, de 26 años, en la Catedral del Santísimo Sacramento, en Detroit.

“Conocí a mi esposa y nos casamos. Formamos una familia, y cuando nuestros hijos crecieron, ella empezó a enfermarse cada vez más. Cuando todos se casaron y se mudaron, a los 61 años, mi esposa falleció”, recuerda en una entrevista publicada por su arquidiócesis.

Fue entonces, en medio del dolor, cuando comenzó a percibir la presencia del Señor de un modo especial. “Comencé a experimentar una especie de manifestación del Sagrado Corazón de Jesús. De pronto, veía imágenes y estatuas del Sagrado Corazón en todas partes; era como si esa presencia no se apartara de mi mente. De pronto, esas imágenes parecían mirarme a mí”, dice, convencido de que se trataba de un signo para discernir una nueva llamada.

Ante aquella experiencia, acudió a un sacerdote amigo para compartir lo que vivía. “Él me dijo: ‘El seminario en Detroit se llama Sagrado Corazón. Quizás tienes una vocación’. Recuerdo que me reí en su cara, pero esas palabras quedaron grabadas en mí. Poco a poco, el Señor fue trabajando en mi interior hasta que ya no pude apartar esa idea de mi corazón”.

Bruen confiesa que nunca había pensado en el sacerdocio: “Cuando mi esposa murió, jamás pensé en el sacerdocio; creía que ya no era posible. Tenía 62 años”.

Sin embargo, pronto comprendió que Dios le pedía dar un paso más: “Me casé por una razón, y el Señor también me trajo hasta aquí por una razón. La vocación puede tener distintas etapas, pero siempre tiene un mismo origen: el plan de Dios. La vocación principal es a Él. Sí, tuve una vocación en mi matrimonio, y esa experiencia me preparó para la que vivo ahora. Hoy tengo esta nueva vocación”.

Con el apoyo de su amigo de toda la vida, el P. Bob McCabe, Bruen ingresó al Seminario Nacional de San Juan XXIII, en Massachusetts, institución que forma a hombres mayores en lo que se conoce como “vocaciones de segunda carrera”.

“Dios me fue mostrando que aún tenía una misión más que cumplir”, explica el nuevo sacerdote.

"Cuando mi esposa murió, tenía 62 años. Me casé por una razón, y el Señor también me trajo hasta aquí por una razón", dice Patrick Bruen, ordenado a los 67 años / Foto: Arquidiócesis de Detroit

En la ceremonia de ordenación, presidida por el Arzobispo Edward J. Weisenburger, Bruen destacó que el sacerdocio no borra su historia previa, sino que la transforma. “Mi matrimonio me enseñó lo que significa amar de verdad, y ahora quiero poner ese mismo amor al servicio de Cristo y de su pueblo”, afirmó.

Bruen también habla con esperanza sobre el horizonte de su ministerio: “El arzobispo me preguntó: ‘¿Vas a retirarte cuando tengas 70 años?’. Y yo dije: no. Espero ser un sacerdote hasta los 90. Espero hacer 25 años al menos”.

Con humor y fe añadió: “Quizás el Señor quiera que te relajes, que te mudes a Florida, juegues al golf y mueras joven. No lo sé, tal vez ese sea tu camino. Pero lo cierto es que nunca eres demasiado mayor para dejar de servir. Mientras tengas algo que ofrecer a los demás, vale la pena descubrir qué es y entregarlo”.

Su experiencia de servicio al cuidar de su esposa le enseñó el verdadero sentido de la entrega. “Fue muy difícil, pero mirando atrás, me doy cuenta de que fue uno de los momentos más felices de mi vida y la parte más fuerte de nuestro matrimonio. Dios nos da una gran alegría y muchas gracias cuando ayudamos a los demás”.

Como parte de su nueva misión, el padre Bruen fue enviado al equipo de sacerdotes In Solidum que pastorean diferentes parroquias en la zona de Canton. Además, el 1 de julio empezó su servicio en la parroquia de Nuestra Señora del Buen Consejo en Plymouth, bajo la tutela del Mons. Todd Lajiness.

Devin Hays: «Me alejé de la fe en la secundaria, me diagnosticaron cáncer y me entregué a Dios: ‘Sea cual sea tu voluntad, es tu voluntad. Solo ayúdame a superar la parte mental’ y ahora atiendo a niños hospitalizados»

Devin Hays entregó su vida a Dios cuando le diagnosticaron un linfoma / Foto: El Pueblo Católico 

* «No ocultamos que somos cristianos y católicos. Pero también nos conectamos con las personas en su situación. Visitar a los enfermos es una Obra Corporal de Misericordia. Y a veces, esas visitas abren la puerta a conversaciones más profundas… Antes del diagnóstico, el hockey era sin dudar mi ídolo. Me siento agradecido por haber pasado por esto porque cambió mi perspectiva. Me enseñó lo grande que es el dolor en el mundo, pero también la gracia extrema que Cristo derrama a través de ese dolor»

Camino Católico.- Cuando Devin Hays sintió el primer bulto en la cabeza, estaba más preocupado por sus exámenes finales que por su salud. “Ese semestre me dio faringitis estreptocócica dos veces, lo cual ya era raro, pero cuando apareció el bulto pensé que solo tenía un resfriado extraño. “Estaba tosiendo, agotado y no me podía concentrar en clase, ni siquiera con una taza grande de café. Pensé que podía aguantar hasta el fin de semana”, explica a El Pueblo Católico de Denver

Para el viernes ya tenía un tercer bulto y la tos había empeorado, por lo que decidió ir a la clínica del campus el lunes por la mañana. “Pensé, ‘Ojalá me den algo para aguantar la semana de exámenes y luego me preocupo por esto cuando regrese a casa’”, recuerda Devin.

Lo que nunca se imaginó, es que le dijeran que tenía que ir al hospital lo antes posible. “No podían encontrar mi corazón en la radiografía. Había algo en la tráquea y el mediastino. Ahí supe que se trataba de algo serio”, reconoce.

El linfoma y la entrega a Dios

Educado en un hogar católico en Erie (Colorado), Devin se había alejado de la fe en la secundaria, ya que el hockey competitivo ocupaba mucho de su tiempo familiar.

Pero en ese momento de incertidumbre médica, algo más profundo despertó en él. “Por primera vez en mi vida, me entregué a Dios. Le dije: ‘Sea cual sea tu voluntad, es tu voluntad. Solo ayúdame a superar la parte mental’. Ese fue mi momento de rendición”, recuerda.

Al principio, los médicos pensaron que tenía linfoma —un tipo de cáncer tratable con buen pronóstico. Pero luego llegó la mala noticia: “Me dijeron que no era linfoma. Era leucemia. Agresiva. Incurable. Con una tasa de supervivencia a cinco años de apenas el 50%. Después de eso, baja”.

Parecía que todo se derrumbaba. Pero luego llegaron los resultados de la biopsia de una clínica en Iowa. “Me dijeron que sí era linfoma, y que era curable. Lo que sucedió fue que, o un patólogo del Mayo Clinic se equivocó, o algo cambió. Yo elijo creer que algo cambió”.

El tratamiento comenzó rápidamente y, aunque el cáncer respondió bien, la quimioterapia fue brutal. “En muchas ocasiones, la quimio casi me mata. Perdí todo el cabello. Mi cara se hinchó. Me veía muy enfermo”, comparte.

La intervención de la comunidad parroquial

Fue durante esa época que la comunidad que lo rodeaba intervino, especialmente en su parroquia natal, St. Scholastica en Erie.

“Me acerqué mucho al padre Rob Wedow, y él me ayudó a superarlo. Los Caballeros de Colón también fueron fundamentales. Aunque me veía enfermo, me trataron como a cualquier otro. Me dieron las mismas responsabilidades que a los demás, y en ese momento, eso significó muchísimo para mí”, asegura Devin.

Devin Hays con sombrero visitando a enfermos y sus familias en el hospital infantil Rocky Mountain Hospital for Children situado en el campus médico de Presbyterian/St. Luke's en Denver, Colorado / Foto: Instagram Hospital Homies

A pesar del tratamiento intenso, Devin se negó a atrasarse en sus estudios. “Hacía exámenes y pruebas mientras recibía quimio. Después me transferí a CU Boulder. Por la gracia de Dios, la universidad me va a tomar solo cuatro años, incluso con el cáncer.”

Pronto, el cáncer comenzó a remitir. Conforme va teniendo perspectiva, analiza y recuerda las peores partes de su enfermedad, como ver a sus familiares y amigos afectados. ”La parte más difícil fue ver a otros niños pasar por lo mismo. Me trataron en pediatría casi todo el tiempo, y ver sufrir a los niños es muy duro. Ese octubre, cuando ya estaba en remisión, pero aún en tratamiento, nos disfrazamos y repartimos dulces a los niños que también estaban hospitalizados”.

La asistencia a niños hospitalizados y sus familias

Actualmente es voluntario en la pastoral universitaria de CU Boulder, colabora con el grupo juvenil de la parroquia de St. Scholastica y es miembro activo de los Caballeros de Colón. A la experiencia que adquirió en estas iniciativas se suma ahora la que desarrolló a través de un proyecto dedicado por entero a acompañar a los pequeños ingresados y a sus familias, Hospital Homies.

“Tuve la bendición de conocer a Tim Tebow, un gran cristiano, y verlo amar a la gente me inspiró mucho. La noche antes de un viaje para recaudar fondos, me vino el nombre ‘Hospital Homies’. Fue algo demasiado bueno para que se me ocurriera a mí, especialmente con el cerebro afectado por la quimio”, dice entre risas.

La organización ahora es una entidad registrada dedicada a visitar a niños en hospitales y apoyar a sus familias. “No ocultamos que somos cristianos y católicos. Pero también nos conectamos con las personas en su situación. Visitar a los enfermos es una Obra Corporal de Misericordia. Y a veces, esas visitas abren la puerta a conversaciones más profundas”, dice.

Terminando sus estudios, Devin ya piensa en su siguiente proyecto, que en este caso será una empresa dedicada a la venta de artículos y coleccionables, especialmente monedas, buscando servir así a su proyecto matriz de caridad.

Devin Hays, en el centro de la imagen, visitando a enfermos y sus familias en el hospital infantil Rocky Mountain Hospital for Children en Denver, Colorado / Foto: Instagram Hospital Homies

“La idea es crear una fuente de ingreso estable para financiar el Hospital Homies. Necesitas medios para sostener tu misión, y esta es mi forma de hacerlo realidad”. Su nuevo proyecto tampoco pretende perder de vista su componente católico, y espera poder contar con una sección religiosa con medallas de santos, monedas pontificias antiguas y otros artículos devocionales.

Mirando atrás, cuando se encontraba alejado de la fe, no puede evitar corroborar que su transformación ha sido mucho más espiritual que incluso en lo estrictamente físico o de la salud.

“Antes del diagnóstico, el hockey era sin dudar mi ídolo. Me siento agradecido por haber pasado por esto porque cambió mi perspectiva. Me enseñó lo grande que es el dolor en el mundo, pero también la gracia extrema que Cristo derrama a través de ese dolor “, concluye.

Y esa gracia es la que Devin espera compartir por el resto de su vida. Por su profundo camino de entrega llena de fe a la voluntad del Señor y su profunda devoción al servicio a los demás, especialmente a quienes sufren profundamente, Devin Hays ha sido reconocido como el Discípulo del Mes en la Diócesis de Denver.

Homilía del evangelio del domingo: Jesús invita a desafiar el relativismo reinante y a confesar nuevamente en la fe que constituye a la Iglesia y la hace indestructible frente al poder del mal / Por P. José María Prats

* «’¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?’ Muchos de los que han abandonado la fe, en un ambiente de relativismo religioso cada vez más extendido, presentan ahora a Jesús como uno más entre los grandes líderes religiosos de la historia: Buda, Confucio, Lao Tse, Mahoma... y al cristianismo como uno de tantos caminos que llevan al ser humano a su plenitud»

Domingo XXI del tiempo ordinario – A

Isaías 22, 19-23 / Salmo 137 / Romanos 11, 33-36 / San Mateo 16, 13-20

P. José María Prats / Camino Católico.-  Los evangelios nos muestran cómo el ministerio de Jesús tuvo unos comienzos brillantes con muchos seguidores pero más tarde experimentó el rechazo de su pueblo y el abandono de muchos discípulos. Recordemos aquella pregunta de Jesús a los Doce que manifiesta esta profunda crisis: «¿También vosotros queréis marcharos?» (Jn 6,67). A partir de ese momento Jesús deja de dirigirse a la gente y se centra en el núcleo de discípulos que permanecen fieles a Él y que será el germen del Nuevo Israel, de la Iglesia.

El evangelio de hoy se enmarca en este contexto. Jesús reúne a sus discípulos en Cesarea de Filipo para dejarles bien claro quién pertenece y quién no a este Nuevo Israel congregado entorno a Él. Y para ello les hace dos preguntas: una en relación a los que están fuera de este nuevo Pueblo («¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?») y otra en relación a los que están dentro («Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»). Para los de fuera, Jesús es uno más entre los grandes líderes de Israel, como Elías, Jeremías o Juan Bautista. Para los de dentro, es «el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Esta es la fe confesada por Simón, hijo de Jonás, a quien Jesús pone por nombre Pedro confiándole la misión de ser piedra que sostenga a su nuevo Pueblo, gobernándolo en su nombre y velando por la integridad de su fe. 

La profecía de Isaías que hemos escuchado en la primera lectura y que nos habla del relevo en el cargo de mayordomo del Palacio de David, es anuncio y prefiguración del relevo en el gobierno del Pueblo de Dios. Como Sobná –mayordomo infiel–, el Sanedrín presidido por el sumo sacerdote se ha corrompido, rechazando a Jesús y usando en beneficio propio la autoridad que Dios le ha confiado, y va a ser sustituido por un nuevo Sanedrín: el de los apóstoles presididos por Pedro, cuyos sucesores son los obispos presididos por el Papa.

La situación actual del Pueblo de Dios tiene paralelismos con la que nos presenta el evangelio de hoy. Muchos de los seguidores de Jesús lo han abandonado, apostatando de su fe. Por ello Jesús convoca hoy nuevamente al pequeño núcleo de discípulos que permanecen fieles a Él para recordarles, con aquellas mismas preguntas, quién pertenece a su Pueblo y quién no:

  • «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Efectivamente, muchos de los que han abandonado la fe, en un ambiente de relativismo religioso cada vez más extendido, presentan ahora a Jesús como uno más entre los grandes líderes religiosos de la historia: Buda, Confucio, Lao Tse, Mahoma... y al cristianismo como uno de tantos caminos que llevan al ser humano a su plenitud.

  • «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Jesús invita hoy a su Pueblo fiel a desafiar el ambiente de relativismo reinante y a confesar y profundizar nuevamente en la fe que constituye a la Iglesia y la hace indestructible frente al poder del mal: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo», esa fe que el mismo Pedro, después de su caída y restablecimiento, volvió a confesar, lleno del Espíritu Santo, delante del Sanedrín presidido por el sumo sacerdote Anás: «No hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos» (Hch 4,12).


P. José María Prats

Evangelio:


En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:


«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».


Ellos contestaron:


«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».


Él les preguntó:


«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».


Simón Pedro tomó la palabra y dijo:


«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».


Jesús le respondió:


«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.


Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».


Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

San Mateo 16, 13-20

Pidamos al Señor una fe firme, un corazón humilde ante sus designios y la gracia de permanecer unidos a Cristo y a su Iglesia / Por P. Carlos García Malo

 


El cineasta Anthony D’Ambrosio se alejó de la fe cuando quería formar una familia y no pudo hacerlo: «El ejemplo de amor de San Maximiliano Kolbe me llevó a Dios»


El cineasta Anthony D’Ambrosio y San Maximiliano Kolbe

* «Recuerdo despertar de esta horrible pesadilla y salir a mi jardín e intentar orar y sentir como si esa parte de mí que creía en Dios hubiera desaparecido por completo. Como si me estuviera acercando a una puerta cerrada Durante esas noches sin dormir, me encontraba, por alguna razón, empezando a meditar sobre la historia de San Maximiliano Kolbe, que cambió su vida por salvar a otro… Cuando no podía realmente creer en Dios o en los milagros, podía creer en el ejemplo de amor que podía entrar en la oscuridad solo para estar conmigo. Creo que eso es lo que necesitan las personas que dudan y que están sufriendo» 

Camino Católico.- El director de cine Anthony D’Ambrosio se encontraba lejos de la Iglesia Católica, pero fue el ejemplo de San Maximiliano Kolbe quien lo trajo de regreso a la fe. Este es su conmovedor testimonio.

El 6 de enero de 2024, D’Ambrosio publicó un video contando cómo la historia de este santo impactó en su vida. El testimonio fue compartido en la cuenta de Instagram de “Triumph of the Heart” (Triunfo del corazón), su próxima película.

“Triumph of the Heart” es una película independiente sobre el triunfo de San Maximiliano Kolbe y sus compañeros en Auschwitz, que se estrenó el 14 de agosto de 2025, cuando la Iglesia recuerda a este mártir. 

En el video, D’Ambrosio compartió cómo se alejó de la Iglesia y la forma única en que el ejemplo de San Maximiliano Kolbe lo llevó de regreso a la fe.

El director de cine, hijo de Marcellino D'Ambrosio, un "teólogo católico profesional", luchó con la lujuria y la adicción mientras estaba en una relación con una mujer, con quien creía llegaría hasta el matrimonio.

De hecho, D’Ambrosio señala que durante ese tiempo escuchó al Señor decirle que esta mujer sería su esposa, en una experiencia que él llama la más profunda que jamás haya tenido.

“Mi adicción desapareció. Mis miedos al matrimonio desaparecieron. Mi sentido de vergüenza desapareció y fui sanado, y fue increíble”, agregó.

Antes de comprometerse, D’Ambrosio comenzó a experimentar problemas de salud intensos, tanto mentales como físicos. Esto lo llevó a terminar su relación para poder concentrarse en su salud.

Le llevó más de un año, y durante este tiempo, la mujer con la que pensaba formar una familia se casó con otra persona. Este duro golpe lo hizo cuestionar por completo su fe.

“Estaba experimentando cómo se deshacía mi fe”.

“Recuerdo despertar de esta horrible pesadilla y salir a mi jardín e intentar orar y sentir como si esa parte de mí que creía en Dios hubiera desaparecido por completo. Como si me estuviera acercando a una puerta cerrada”.

En ese momento era ministro de jóvenes, su familia era muy católica y también lo eran sus amigos. Le resultaba increíblemente difícil hablar con otros sobre la pérdida de su fe. Sentía que quienes estaban cerca de él se veían desafiados por su experiencia.

A pesar de que sus amigos hacían todo lo posible por ayudarlo, no tuvieron éxito. En algunos casos, empeoraron la situación.

Sin embargo, hubo un amigo celestial que entró en escena.

“Durante esas noches sin dormir, me encontraba, por alguna razón, empezando a meditar sobre la historia de San Maximiliano Kolbe. La historia del hombre que cambió su vida por salvar a otro”, indicó.

D’Ambrosio continua explicando su encuentro con este poderoso santo.

“Estaba experimentando, de alguna manera, en mi propio sufrimiento, lo que era estar en esa celda con Kolbe. Muriendo de hambre sin esperanza de salvación”.

El director de cine señala que fue profundizando en el papel que San Maximiliano Kolbe desempeñó dentro de su celda en Auschwitz mientras esperaban la muerte. Kolbe inspiró a sus compañeros prisioneros e infundió en ellos la fuerza para luchar por sus vidas.

Kolbe y sus compañeros de celda vivieron durante dos semanas sin comida ni agua. Durante este tiempo, explica D’Ambrosio, Kolbe asumió su sufrimiento.

Este acto de amor “es lo que empezó a darme significado y una base para la fe nuevamente. Cuando no podía realmente creer en Dios o en los milagros, podía creer en el ejemplo de amor que podía entrar en la oscuridad solo para estar conmigo. Creo que eso es lo que necesitan las personas que dudan y que están sufriendo”.

D’Ambrosio cree que aquellos que se encuentran en una situación similar no necesitan apologética, necesitan amor.

“Necesitan sentir el cristianismo junto a ellos, a su lado, sosteniéndolos en su pérdida de sentido”, agrega.

El video concluye con D’Ambrosio destacando su película y señala la parte de la historia de San Maximiliano Kolbe que más lo conmovió.

“La mayoría de las historias sobre San Kolbe terminan con su elección de ofrecerse voluntario para entrar en la celda. Pero nuestra historia comienza allí, mientras San Kolbe lucha por forjar una rebelión de esperanza con otros nueve prisioneros en el lugar más oscuro de la Tierra”, declara el sitio web de la película.