Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

sábado, 23 de mayo de 2026

Álvaro Solé: «Una hermanas mía murió y me alejé de la Iglesia 7 años, en un retiro espiritual me encontré con Dios, al perder el trabajo escuché en la Eucaristía el pasaje del joven rico y le dije al Señor: ‘Yo seré tu sacerdote’»

Álvaro Solé sigue su camino para ser sacerdote después de haber sido ordenado diácono / Foto: Infomadrid

* «Dios sigue llamando y sigue enviando pastores a su pueblo. Es el Señor quien ha obrado y quien me ha sostenido, puedo confiar en que seguirá sosteniéndome en este sí»

Camino Católico.- Álvaro Solé ha sido ordenado diácono este sábado, 23 de mayo, en la catedral de la Almudena junto con 9 seminaristas del Seminario Conciliar de Madrid, entre ellos Alfonso Blanco y Óscar Jesús Concejal. Procede de una familia de ocho hermanos. Uno de ellos tiene síndrome de Down y la muerte de una de sus hermanas fue precisamente el acontecimiento que marcó su alejamiento de la Iglesia.

Retiro espiritual

Su historia comenzó hace siete años, cuando decidió entrar al seminario tras un profundo proceso de conversión iniciado en un retiro espiritual. «Yo estaba muy alejado de la Iglesia. No iba a misa, no me confesaba y no tenía vida de comunidad», recuerda en Infomadrid. Aquel encuentro con el Señor, transformó por completo su mirada y le permitió volver a reconocer la presencia de Dios en su día a día.

Después de ese momento, regresó poco a poco a la vida de la Iglesia. Comenzó a participar en un grupo de jóvenes, retomó la oración y volvió a recibir los sacramentos. «Había estado prácticamente siete años sin pisar una iglesia», explica.

Álvaro Solé, el segundo por la izquierda en la fila de detrás, con su familia / Foto: Infomadrid

«Yo seré tu sacerdote»

La pregunta vocacional apareció poco después de su conversión, aunque no fue fácil aceptarla. «La primera vez que me pregunté por qué no ser sacerdote», rechazó la idea». A los dos años, volvió una segunda vez, y «también la rechacé». Sin embargo, la insistencia del Señor fue abriendo camino en su corazón.

El momento decisivo llegó cuando Álvaro perdió su trabajo. Ese mismo día escuchó en la Eucaristía el pasaje del joven rico: «Si quieres ser perfecto, vende todos tus bienes, así tendrás un tesoro en el Cielo y luego ven y sígueme». Aquellas palabras tocaron profundamente su vida. «Por primera vez respondí que sí». Le dijo al Señor «Yo seré tu sacerdote».

Alegría y esperanza

Reconoce que aquel primer «sí» era pequeño, pero con el tiempo se ha ido fortaleciendo y madurando en el seminario. Ahora, a pocos días de su ordenación, vive este momento con gran «alegría y esperanza», apunta el futuro diácono.

También afirma que «es impresionante ver cómo todo el pueblo de Dios comparte esta alegría tan grande». En sus parroquias —San Benito Menni de Carabanchel y actualmente San Juan Evangelista, en la zona del Parque de las Avenidas— ha experimentado «el cariño y la cercanía» de tantas personas que rezan por él y le acompañan en estos momentos.

Álvaro Solé, el segundo por la derecha de los que están de pie, con sus compañeros que también han sido ordenados diáconos / Foto: Infomadrid

Apoyo de toda la Iglesia

Álvaro percibe que la alegría de la comunidad no es solo por él, sino porque «Dios sigue llamando y sigue enviando pastores a su pueblo». También agradece el apoyo recibido en el movimiento de Comunión y Liberación, del que forma parte, así como el acompañamiento de su familia, amigos y personas que han compartido «su camino de fe».

Además, señala que, durante todo este tiempo, ha visto como «es el Señor quien ha obrado y quien me ha sostenido, puedo confiar en que seguirá sosteniéndome en este sí». Y concluye agradecido por el apoyo de toda la Iglesia. «Es el pueblo de Dios quien me acompaña, reza por mí y me sostiene».

Por último, Álvaro recuerda que, durante su etapa en el seminario, conoció la noticia que su padre, Gabriel Solé, sintió también la llamada al diaconado permanente. Así, mientras Álvaro ha sido ordenado diácono transitorio el 23 de mayo, su padre recibirá la ordenación como diácono permanente el próximo 20 de junio.

Óscar Jesús Concejal: «Me formé con la imagen del ‘Dios castigador’, me alejé de la práctica religiosa, me hice profesor de inglés, una misionera y una compañera me llevaron al ‘Dios amor’ que me llamó a ser sacerdote»

Óscar Jesús Concejal, a la izquierda, junto a dos seminaristas en la JMJ Lisboa 2023 / Foto: Infomadrid

* «Dios me ha cocido a fuego lento en su amor y su misericordia, con mucha paciencia, porque hay guisos como yo que tardan más en hacerse. Dios es el mejor Masterchef. El Señor me ha transformado a mí y mis heridas en fuente de vida. De ahí que me sienta muy llamado a llevar el rostro de Cristo ante tanto sufrimiento, junto a, evidentemente, celebrar los sacramentos»

Camino Católico.- Óscar Jesús Concejal tiene 55 años, y el 23 de mayo ha sido ordenado diácono en la Catedral de la Almudena de Madrid, como 9 compañeros, entre ellos Alfonso Blanco y Álvaro Solé. Lleva a cabo su etapa pastoral en la parroquia Santísimo Cristo del Amor, en Cuatro Vientos. «Dios me ha cocido a fuego lento en su amor y su misericordia, con mucha paciencia, porque hay guisos como yo que tardan más en hacerse». Por eso, siguiendo con la jerga gastronómica, afirma en Infomadrid que «Dios es el mejor Masterchef».

Aunque no le molesta que la gente lo diga, para él no hay «vocación tardía», que le suena más bien a «como si hubiéramos dejado para Él las sobras», sino que «mi experiencia de vida me ha hecho ser quien soy y ha conformado mi vocación en su momento adecuado, no para mí sino para los planes de Dios».

La historia de Óscar arranca en Madrid, hijo de madre extremeña y padre madrileño, y una hermana cuatro años mayor que él. «Quizá por la educación recibida» se fue formando en él una imagen de Dios «castigador, de cumplir», y eso le chirrió. «No se puede estar en una relación con alguien por miedo o por cumplimiento», de modo que concluyó que «esta religión no es la mía».

Óscar Jesús Concejal, delante de todo el grupo agachado / Foto: Infomadrid

Rostros concretos

Entonces «no perdí la fe», pero «me alejé de la práctica religiosa». Esto fue en su adolescencia. Después, estudió Filología Inglesa y aprobó las oposiciones, sacándose su plaza de profesor de Inglés en la escuela pública.

Hacia los 30 años, como el hijo pródigo, empieza su camino de vuelta a casa, que fue siempre a través de rostros concretos, y trae dos a la memoria: May, misionera irlandesa de Verbum Dei, y Pilar, una compañera suya de universidad que hoy es salesiana. Ellas le fueron acompañando al Dios amor, y en contraposición a esa imagen distorsionada de su infancia, «esto ya me sonaba muy bien».

Con sus «idas y venidas», Óscar volvió a la oración, a los sacramentos y a tener experiencias de Dios, de ese «amor fundante». Nunca se había planteado la vocación al sacerdocio, aunque de pequeño había estudiado en un seminario menor. Pero un día, en clase con sus alumnos, tuvo una revelación: «¿Qué hago dándoles inglés cuando lo que necesitan en realidad, lo que tienen es sed de otra cosa, de eternidad, de Dios?». Y surgió un diálogo en su interior: «Tienen hambre - Dales tú de comer». 

Óscar Jesús Concejal, el segundo a la derecha, en una visita a Roma con su curso / Foto: Infomadrid

Una señal para dar el sí

Para dar el sí a una llamada al sacerdocio tenía la excusa perfecta, una «vida resuelta» y una edad avanzada. Así que le pidió a Dios una señal si realmente «quieres que me haga cura», y esta vino con otro rostro concreto, el de José Ignacio Sánchez Carazo, «un seminarista mucho más mayor que yo» al que conoció a través de su grupo de oración. «Me quedé con la boca abierta», y ya no pudo poner más excusas. «Pa’lante», y empezó el propedéutico.

Reconoce que era reacio, «pensarán que este señor qué hace aquí», pero Dios le daba confianza, porque si era que no, en realidad él seguía teniendo su plaza de funcionario. El seminario estos años ha sido bonito, pero duro. «A uno con 50 años le cuesta dejarse hacer, negarse a sí mismo duele», pero «los compañeros de curso me han ayudado mucho» y los formadores han tenido una paciencia que «ni el santo Job». 

Óscar Jesús Concejal en CEDIA, recurso para personas sin hogar de Cáritas Diocesana de Madrid / Foto: Infomadrid

«Dejarnos hacer y configurarnos con Cristo»

El paso por el seminario ha sido «una experiencia de amor y sobre todo de no creerme que yo lo sé todo por tener 50 años; estamos ahí para dejarnos hacer y configurarnos con Cristo». Y aquí introduce una imagen «que me gusta mucho: a Cristo caminando sobre las aguas». Lo que Óscar ha experimentado en su vida es que «cuando fijo la mirada en Él, soy capaz, pero si la pongo en mí mismo, me hundo hasta el abismo, aunque siempre tienes la confianza de que Él está ahí para sacarte».

Igual que esa llamada que tuvo a entregar a sus alumnos el agua viva, como Jesús a la samaritana, la tiene ahora Óscar de cara a su futuro ministerio. Él, que también vivió situaciones complicadas en su infancia, se conmueve ante tanta gente que sufre. Y sabe que hay esperanza para ellos porque lo ha experimentado en primera persona. «El Señor me ha transformado a mí y a esas heridas en fuente de vida».

De ahí que «me sienta muy llamado a «llevar el rostro de Cristo ante tanto sufrimiento, junto a, evidentemente, celebrar los sacramentos», pero para eso está el presbítero, «lo principal es lo principal». En todo ello, como pilar, le sostiene la Virgen. «Un sacerdote tiene que ser mariano».

Óscar Jesús Concejal en una celebración con los acólitos / Foto: Infomadrid

Meditación-oración: Inúndanos Señor con tu Espíritu Santo / Por Arturo López

Camino Católico.- La meditación-oración la realiza Arturo López Martos, laico casado y padre de dos hijos, miembro de la Comunidad Familia, Evangelio y Vida. En esta enseñanza se profundiza en la necesidad vital que llevamos inscrita en nuestro corazón de ser Templos del Espíritu Santo, el Paráclito, el consolador, el defensor. 

Estamos llamados a mostrar a Cristo con todas nuestras actitudes, también eso conlleva el acoger en nuestros corazones el amor del Padre del Cielo derramado por el Espíritu Santo y convertirnos en consoladores, paráclitos, de las personas que se crucen en nuestro camino. Para eso debemos invocar y clamar al Espíritu Santo para que actualice la salvación de Jesucristo en las áreas oscuras de nuestra vida. Al final de la meditación se realiza durante 15 minutos una oración pidiendo al Espíritu Santo que sane todo cuanto nos impide acoger con libertad el amor de Dios. 

Arturo López también participa de las reuniones de plegaria del grupo de oración Familia, Evangelio y Vida de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Vilanova i la Geltrú, Barcelona, España, donde ha sido grabada en directo esta enseñanza, el lunes 6 de junio de 2011.

Invocar al Espíritu Santo cada día para que nos revele lo que viene de Dios y lo que es del mal / Por Conchi Vaquero

 


Camino Católico.- Conchi Vaquero Callejas, laica casada y madre de dos hijos, miembro de la Comunidad Familia, Evangelio y Vida, en esta enseña invita a invocar al Espíritu Santo cada día para que nos revele lo que viene de Dios y lo que es del mal.

Conchi Vaquero pertenece también al grupo de oración Familia, Evangelio y Vida de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Vilanova i la Geltrú, Barcelona, España, donde ha sido grabada en directo esta charla, el sábado 7 de enero de 2023.

Pondré en vosotros mi Espíritu y viviréis / Por Conchi Vaquero

 


Camino Católico.-  Conchi Vaquero Callejas, laica casada y madre de dos hijos, miembro de la Comunidad Familia, Evangelio y Vida, reflexiona en esta enseñanza respecto a cómo el Espíritu Santo actúa en nuestros conflictos interiores: pecados, heridas, educación, cultura, sociedad… Si nos dejamos guiar por el Espíritu y buscamos como Jesucristo  servir a Dios Padre, renunciando a nosotros mismos, viviremos la experiencia de profundizar cada día en nuestra fe.

Conchi Vaquero pertenece también al grupo de oración Familia, Evangelio y Vida de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Vilanova i la Geltrú, Barcelona, España, donde ha sido grabada en directo esta enseñanza, el lunes 7 de noviembre de 2011.

Alfonso Blanco: «Quería hacer Diseño Gráfico, pregunté: ‘¿Cuál es la voluntad de Dios?’; en adoración escuchaba la palabra ‘sacerdote’ y lo voy a ser porque orando a la Virgen entendí que es ayudar a Jesús a la salvación de las almas»

Alfonso Blanco con el Papa Francisco en el Vaticano / Foto: Archimadrid

* «Mi deseo más profundo es ser una sacerdote del corazón de Jesús; estar toda mi vida intentando unirme al corazón de Jesús para ser otro corazón de Jesús en el mundo. En la sociedad de hoy la gente necesita encontrarse con un Dios que perdona, que ha venido a salvarnos, no a condenarnos»

Camino Católico.-  Alfonso Blanco creció en una familia «que no creía en Dios» y «no nos inculcaron nada la fe». Lo bautizaron e hizo la Primera Comunión más por tradición que por convicción. Y ahora, a sus 25 años, ha sido ordenado diácono, con 9 compañeros más, entre ellos Álvaro Solé y Óscar Jesús Concejal, después de seis años en el Seminario Conciliar de Madrid preparándose para el sacerdocio.

¿Qué pasó? «Que en 2013 mi madre se convirtió y nos empezó a llevar a la iglesia» dice a Archimadrid. Alfonso tenía 12 años. Comenzó a rezar por las noches, a reconocer que Dios existe y a tener experiencias muy reales de Él, «de paz y alegría; notaba que Dios me quería».

Una de estas experiencias fue el sacramento del Perdón. Su madre le había apuntado a catequesis de Confirmación y la catequista los animó a una confesión «de corazón». Entonces Alfonso, que aunque se estaba preparando en la parroquia Santísimo Cristo de la Misericordia de Boadilla acudía regularmente a Santa María de Caná, en Pozuelo, se fue a confesar a esta última.

Ha pasado más de la mitad de su vida desde entonces, pero Alfonso lo explica con tal viveza que pareciera hubiera sido ayer. «En esta confesión sentí realmente el perdón de Dios, me sentí amado». La vivencia del amor de Dios a través de su perdón fue un puntal en su crecimiento espiritual.

Alfonso Blanco, en primer plano, a la derecha, con los jóvenes universitarios de su parroquia / Foto: Archimadrid

La pregunta más honda

El Alfonso adolescente va cada vez con más frecuencia a Misa, se hace asiduo al confesionario y con 15 años tiene claro qué es lo que quiere ser de mayor: Diseño Gráfico y Bellas Artes. Pero hay una pregunta más honda: «¿Cuál es la voluntad de Dios?».

Un día, en oración ante el Santísimo, escuchó su voz: «Yo te quiero tal y como eres». Y a partir de ese momento, «como un pequeño susurro en el corazón», surgía repetidamente una palabra, «sacerdote».

A Alfonso no le asustaba nada, «si es de Dios, no tengo ningún problema», pero había una inquietud: deseaba estar enamorado del sacerdocio, y sin embargo no entendía muy bien lo que era. En esto le ayudó la Virgen, quien, por cierto, había jugado un papel destacado en la conversión de su familia (padres y hermana mayor) porque después de su madre fueron todos en cascada.

A la Virgen le pidió un día: «Enamórame del sacerdocio». La Madre le hizo entender que «ser sacerdote es ayudar a Jesús a la salvación de las almas». Se dio cuenta de que su mayor deseo, que era ir al cielo, se ampliaba al mundo. «Entre Diseño Gráfico o ayudar a Jesús, no hubo duda», ríe. 

Alfonso Blanco, detrás, en una convivencia con los adolescentes de su parroquia actual / Foto: Archimadrid nieve 

Sin dudas

Desde finales de 4º de la ESO y durante los dos cursos de Bachillerato tuvo un acompañamiento espiritual mucho más intenso y una implicación mayor en la parroquia. «Día a día me iba dando cuenta de que eso era lo que me movía». Así que se examinó de la EBAU y entró en el Seminario. Era septiembre de 2019.

Reconoce que le costó ubicarse, «fue un cambio radical», con un ritmo muy intenso, de mucha oración, de mucho estudio… Además, a los pocos meses llegó el confinamiento por el Covid y se volvió a casa de sus padres; en el Seminario les dijeron que aquellos que pudieran, lo hicieran.

Alfonso Blanco durante su estancia misionera en Perú con niños indígenas / Foto: Archimadrid

Pero nunca ha tenido dudas de su vocación. Ahora, Alfonso hace su formación pastoral en la parroquia Madre del Amor Hermoso de Villaverde Bajo y pasa los veranos en experiencias de crecimiento propuestas por el Seminario: un verano viviendo en la parroquia, otro en una casa de mayores con discapacidad en Extremadura, las JMJ, estancias en el Cenáculo de la madre Elvira, «y otro me pidieron ir a Perú», a un colegio para muchachos de tribus indígenas que no hablan castellano. «Me encantó».

A pocos días de su ordenación asegura no sentirse especialmente nervioso, «lo están más mis padres». «Siento que hay mucho que crecer, pero la Iglesia ha dicho que sí y el Señor está ahí para recordarte su fidelidad».

Además, está especialmente ilusionado porque serán los diáconos del Papa León XIV. Ya tuvieron la oportunidad de encontrarse con el Papa Francisco en el Vaticano, y ahora podrán servir en las celebraciones del viaje apostólico de junio. «Otro regalo del Señor, empezar con el Papa».

Futuro sacerdote

Sobre su futuro, «mi deseo más profundo es ser una sacerdote del corazón de Jesús; estar toda mi vida intentando unirme al corazón de Jesús para ser otro corazón de Jesús en el mundo». Pide que nunca le falte con los demás la misericordia que Dios tuvo y tiene con Él; la acogida, «como me ha acogido a mí», y la alegría.

«En la sociedad de hoy la gente necesita encontrarse con un Dios que perdona, que ha venido a salvarnos, no a condenarnos». No se necesita más —añade— que el perdón, el amor y la misericordia de Dios. 

Alfonso Blanco, el segundo por la izquierda, agachado en la primera fila, con su curso del Seminario de Madrid / Foto: Archimadrid

Ramón Mirada fue rebelde, se introdujo en la delincuencia, las drogas y quiso suicidarse, pero «Dios se sirvió del abrazo de un sacerdote y entendí que Él era mi padre; quería estar como una lapa con Jesús y soy cura»


El padre Ramón Mirada tuvo un encuentro personal con el Señor que lo transformó en aquel instante, su vida cambió radicalmente

* «Sólo esta actitud del sacerdote ya me cambió. Dios se sirvió de esto. ‘¿Quién eres?’ Soy Pachús… y me dio un abrazo. Nadie me había dado un abrazo en mi vida. En ese momento rompí a llorar y empezó a escucharme. Le conté todo y fue la primera persona a la que no mentí. Me quité el disfraz. Me sorprendió su mirada. No fue una mirada de juicio como me había prometido el demonio, fue la mirada de Dios, me dejó descolocado. Me sorprendió al decir: ‘¿Y qué? Más grande es la misericordia de Dios’. La gratitud a Dios me hizo explotar. ¿El cielo es para mí? Empecé a ir a misa todos los días. Desde entonces he comulgado todos los días de mi vida. Me iba enamorando  y enamorando de Jesús, y el cura veía vocación en mí, pero yo lo veía imposible» 

Vídeo del testimonio del padre Ramón Mirada en Mater Mundi

Camino Católico.-  Ramón Mirada, conocido por todos como el Padre Pachús, es un sacerdote diocesano de la Diócesis de Getafe, que primero desarrolló su labor en la parroquia de la Inmaculada de Alcorcón y ahora lo hace en la de San José Obrero de Móstoles. Su camino hasta el sacerdocio no fue nada sencillo, pues antes renegó de Dios de una manera tan beligerante que le llevó a una rebeldía extrema, a la delincuencia, al consumo de drogas e incluso a la blasfemia, rompiendo y miccionando sobre un crucifijo. Incluso intentó suicidarse.

Una actitud que surgió en su infancia

Como otros muchos conversos fue al tocar fondo y gracias a la fe inquebrantable de su madre cuando decidió agarrarse a la única mano que seguía tendida, la de Dios. Y fue en la Iglesia donde descubrió un amor que él creía que no existía. Se confesó, comulgó y desde entonces no ha faltado un solo día a la Eucaristía.

En una entrevista en Mater Mundi TV , el padre Pachús relata que los problemas en él empezaron desde que era un niño. Tenía otros tres hermanos, pero en vez de verlos como un don para él eran una desgracia, pues Ramón pensaba que era Dios le había creado mal. Ellos eran todo lo que él no era: inteligentes, buenos deportistas, sociables…

El padre Ramón Mirada un domingo de Ramos

Sin ilusión en su Comunión

Esto le hizo aislarse y tener pocos amigos. Pero al colegio llegó otro niño, con grandes problemas familiares, y se aprovechó de él, lo que le hizo encerrarse aún más. “Yo en mi comunión no tenía ilusión. O Dios no existía o era un traidor. Y empezó en mí una etapa muy egoísta".

Comenzó a moverse en el mundo del hip hop, y sus estudios seguían yendo fatal. Por ello, sus padres decidieron cambiarle de colegio y llevarle a uno religioso. Ahí Ramón explotó. “Duré tres meses, por dos razones. Una, porque era religioso y me reventaba. Y dos, porque era un colegio de pijos, todo lo contrario a lo que quería ser”, afirma.

Quemar el colegio con gasolina

No se relacionaba con los compañeros, empezó a fumar y a rodearse de malas compañías. Sus padres se convirtieron para él en sus grandes enemigos. Entonces llegó su bajada a los infiernos. Cuenta Ramón que “hubo un día que odiaba tanto que se me fue la cabeza, cogí un bidón de gasolina y prendí el pasillo del colegio.

No quemé el edificio pero casi, tuvieron que venir los bomberos”. En ese periodo, también había robado todos los ahorros a un compañero del colegio.

No podía seguir en aquel centro. Entonces, sus padres pensaron que en un reformatorio de Sigüenza, Guadalajara. “El internado me sirvió para empeorar. Me acabaron echando también. Era un peligro vivir, se veían pistolas, navajas, cocaína, heroína…”, relata este sacerdote.

El padre Ramón Mirada en una clase con alumnos

La bajada a los infiernos en el internado

Para él, era una “situación que me superaba por todas partes. No tenían piedad conmigo y fueron a por mí. Cada noche al final era una lucha para intentar que no abusaran de mí. Allí perdí toda la inocencia que tenía. Y entonces, una de dos, o dejaba que me destruyeran o me tenía que hacer peor que ellos. Y elegí la segunda”.

Ramón llegó a este punto a través de las drogas, pese a que apenas estaba empezando la adolescencia. Era, en su opinión, “el camino más sencillo, y también el más fácil para destruir la vida. Da dinero, traficar con ellos me daba mucho dinero y mucho prestigio. No te das cuenta de que te empiezas a enganchar”.

Drogas, delincuencia, policía…

Este sacerdote cuenta a los jóvenes de su parroquia esta experiencia con la droga, cómo ha enterrado a varios amigos por sobredosis, y cómo “es una rueda que está en cuesta hacia abajo, y no va a parar. En mi caso fue así”.

Su descenso a los infiernos continuó. Intentaron echarle del colegio, fue detenido por la Policía por realizar grafitis en un tren, le pillaron con droga… Al final tuvo que dejar el internado y volver a Madrid. Pero le volvieron a coger con drogas y también le expulsaron.

El padre Ramón Mirada celebrando la Eucaristía 

El intento de suicidio

“Tanto fracaso escolar, cuatro colegios, no había visto a nadie que me quisiera, porque yo era ciego para ver el amor de mis padres. Tenía 16 años, y de repente, me preguntaba, ¿esto es la vida? ¿Para qué seguir? La idea no me abandonaba (…). Y me intenté suicidar”.

Sin embargo, “dos ángeles”, sus padres, lo impidieron. Pachús recuerda que sus “padres rezaron, hicieron penitencia y mi madre viéndome tan incompleto se me tiró de rodillas y me pidió que fuéramos a una parroquia”. Ya sin nada que perder decidió ir.

El encuentro radical con Cristo

Llegó a la parroquia y llegó la primera sorpresa. El párroco le recibió feliz y sonriente. Hasta ese momento, los sacerdotes eran para él horribles, en el internado habían pegado a curas e incluso habían roto crucifijos delante de ellos…

“Sólo esta actitud del sacerdote ya me cambió. Dios se sirvió de esto. ‘¿Quién eres?’ Soy Pachús… y me dio un abrazo. Nadie me había dado un abrazo en mi vida. En ese momento rompí a llorar y empezó a escucharme. Le conté todo y fue la primera persona a la que no mentí. Me quité el disfraz. Me sorprendió su mirada. No fue una mirada de juicio como me había prometido el demonio, fue la mirada de Dios, me dejó descolocado”, explica Ramón.

El padre Ramón Mirada en plena Eucaristía con un acólito  

No ha dejado de comulgar ni un solo día

Cuando terminó de contarle todo el mal que había hecho, este sacerdote le volvió a sorprende: ‘¿Y qué?’, le espetó a este joven. Y completó la frase: ‘más grande es la misericordia de Dios’.

De aquel momento recuerda que “la gratitud a Dios me hizo explotar. ¿El cielo es para mí? Entonces entendí quien era Dios. En esa misma confesión entendí que Dios era mi padre”.

Su vida no cambió de manera progresiva. Fue un cambio radical. Había descubierto algo nuevo y no quería que nadie ni nada se lo arrebatara. “Quería estar como una lapa con Jesús. Empecé a ir a misa todos los días. Desde entonces he comulgado todos los días de mi vida”.

Una vocación imposible que se hizo posible

Dejó todas las malas amistades que tenía y su ambiente pasó a ser el de la parroquia. Afirma que “me iba enamorando y enamorando de Jesús, y el cura veía vocación en mí, pero yo lo veía imposible”.

Hasta que finalmente un día tuvo claro que Dios le llamaba. Se lo dijo a sus padres, que no paraban de llorar de la emoción. Habían visto a su hijo muerto en vida y ahora le veían como una nueva criatura. Y pese a que los años del seminario no fueron fáciles debido a los estudios y a que se sentía indigno para este ministerio, finalmente se ordenó y tocó el cielo al poder celebrar la misa.

Ahora es un activo sacerdote, con gran tirón entre los jóvenes y muy activo en la evangelización. Es un hombre nuevo.