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lunes, 19 de octubre de 2026

Andrea Payán, de 26 años, coach: «Al despertar doy gracias a Dios, le pido, le entrego mi vida, para que se haga su voluntad, confiando en que Él sabe mejor que yo lo que necesito; Él tiene sus planes, aunque yo no los comprenda»

Andrea Payán, coach especializada en apoyar relaciones de pareja, que se bautizó con 26 años en la pasada Vigilia Pascual cuenta cómo vive su fe confiando toda su vida a Dios

* «Soy consciente de que hay una parte que sí depende de nosotros, de cada persona: esa responsabilidad individual, ese trabajo, esa colaboración con Dios. Hay otras cosas que no dependen de nosotros y solo debemos entregárselas al Señor. Esto es algo que recalco mucho, porque hay personas que lo dejan absolutamente todo en manos de Dios sin hacer aquello que sí podrían hacer en el día a día. Nosotros no podemos ir ni al infierno ni al cielo por los demás. Decidimos a cada instante si acercarnos al cielo o al infierno, y no con grandes cosas, sino con decisiones pequeñas.Tenemos que trabajar como si todo dependiera de nosotros y rezar como si todo dependiera de Dios»

Camino Católico.-  “Desde que me despierto y abro los ojos, le doy gracias a Dios por un nuevo día y empiezo a agradecer diversas cosas de mi vida. Luego le pido y, finalmente, le entrego mi vida, mi día, mis alegrías, mis sufrimientos, mi trabajo y todo lo que soy y lo que tengo para que se haga su voluntad. Es ahí donde me siento hija, completamente sostenida y confiando en que, pase lo que pase en el día de hoy y en la vida en general, Él sabe mejor que yo lo que necesito. Él tiene sus planes, aunque yo no los comprenda. Confiar también es aprender a vivir sin tenerlo todo bajo control”, comparte Andrea Payán, coach especializada en apoyar relaciones de pareja, bautizada con 26 años en la pasada Vigilia Pascual, en una entrevista con Luis Javier Moxó Soto en Religión en Libertad.

“Siempre he sido una mujer, una chica, una adolescente y una niña, desde que tengo uso de razón, que necesitaba tener todo bajo control, tener certeza. Si algo se salía de mis planes, ya tenía un cortocircuito mental. Desde mi bautizo, saberme hija de Dios ha hecho que yo acepte las cosas tal y como son, que confíe y aprenda a sostener la incertidumbre”, reconoce.

La respuesta de Dios a sus peticiones y oraciones las vive así: “Cuando hay alguna petición que sigue sin respuesta, e incluso con una respuesta que yo no esperaba, lo vivo mucho mejor que antes, sin duda. Diría que en paz, pero también hay días y días. Hay momentos en los que la espera es completamente aceptada, estoy en calma y entiendo los tiempos de Dios y su respuesta. Otras veces hay ansiedad, inquietud o un cierto conflicto. Pero son mayores, sin duda, la aceptación y esos momentos de calma. Al final, concibo a Dios como un padre que, con respecto a lo que le pedimos, a veces nos dirá que sí; otras, que no porque no nos conviene; y otras, que sí después de tanto insistir, para que aprendamos por nosotros mismos la lección. Habrá otras veces en las que nos dé lo que pedimos, solo que de manera distinta a como esperábamos. Sea como sea, Él sabrá.

Trabajar como si todo dependiera de nosotros y rezar como si todo dependiera de Dios

En su trabajo como coach especializada en apoyar relaciones de pareja y divulgadora, Andrea Payán ha visto cómo ha evolucionado:

– Desde que me he convertido, mi fe ha tenido sus frutos en mi trabajo diario, tanto a nivel divulgativo, en lo que comunico, como en el trabajo uno a uno que hago con personas, ayudándolas a nivel de heridas y relaciones.

Soy consciente de que hay una parte que sí depende de nosotros, de cada persona: esa responsabilidad individual, ese trabajo, esa colaboración con Dios. Hay otras cosas que no dependen de nosotros y solo debemos entregárselas al Señor. Esto es algo que recalco mucho, porque hay personas que lo dejan absolutamente todo en manos de Dios sin hacer aquello que sí podrían hacer en el día a día.

Nosotros no podemos ir ni al infierno ni al cielo por los demás. Decidimos a cada instante si acercarnos al cielo o al infierno, y no con grandes cosas, sino con decisiones pequeñas.

Tenemos que trabajar como si todo dependiera de nosotros y rezar como si todo dependiera de Dios. Esto también lo he visto mucho en las catequesis que he recibido: nosotros colaboramos con Dios. Es ese trabajo de uno mismo para mejorar sus relaciones de la mano del Señor.

Andrea Payán, en el santuario de Nuestra Señora de Lourdes

“Todo obra de Dios”

Respecto a cómo ha encontrado su lugar en la Iglesia, Andrea dice:

– Realmente fui yo sola la que se acercó a la Iglesia. Desde entonces, todo ha sido obra de Dios, porque Él puso en mi camino a sacerdotes maravillosos, cercanos, con una ilusión y una pasión, explicando el Evangelio con tanto ímpetu, que la primera vez que acudí a misa me contagié de esa pasión.

No pertenezco a ninguna comunidad o grupo dentro de la Iglesia, pero todas las personas con las que he ido topando, que Dios me ha puesto en el camino, han hecho que vea esa bondad de los cristianos, de los hermanos en la fe que tratamos de seguir la palabra de Jesús. Hay personas con las que, al ir coincidiendo en la iglesia, al final se forman amistades muy bonitas.

“Sin Jesús hay cosas que son imposibles de perdonar”

El perdón también es importante para esta joven:

– Personalmente no hay una experiencia de perdón dado o recibido que me haya cambiado la manera de entender el Evangelio, pero sí las he escuchado o conocido de primera mano.

Eso me ha ayudado a comprender la palabra de Jesús. Sin Él, de hecho, hay cosas que son imposibles de perdonar. Desde la razón y el entendimiento humano no concebimos perdones como algunos que yo conozco.

Por tanto, en el día a día, cuando ocurre algo, cuando hay algún conflicto o malentendido, intento ponerlo a la luz del Evangelio y, sin duda, Dios me ayuda.

En mi divulgación reacciono o comento en ocasiones palabras y discursos de personas con las que no concuerdo. Tanto antes como después de la fe mantenía un tono de dulce firmeza: comunicar las cosas con verdad, tal y como son.

Lo que hago es confrontar ideas, no encararme a una persona en concreto. Una cosa es juzgar a alguien y otra, juzgar sus ideas. Es importante hacer esa distinción.

La pequeña diferencia que me ha generado la fe a la hora de hablar públicamente de alguien es rezar también por esa persona.

Lleva a la conversión a su novio con quien se prepara para el matrimonio

Andrea Payán está preparándose para el matrimonio con su prometido, el psicólogo Sergio Cruz, y dice: 

- Durante varios años hemos sido novios y, sin duda, nuestro catequista, los sacerdotes que son amigos nuestros —alguno llega a ser director espiritual—, las lecturas y muchísimas horas de conversación entre Sergio y yo han ido haciendo que fuéramos conscientes de lo que vamos a comprometer ante Dios.

Nos elegimos en la salud, en la enfermedad, en los momentos más maravillosos y también en los más difíciles. Hay que hablar absolutamente de todo, y muchísimo, antes de dar el paso de comprometernos para toda la vida.

Andrea Payán con su prometido, el psicólogo Sergio Cruz, que se están preparando para el matrimonio

Al respecto su prometido Sergio Cruz habla de su compromiso matrimonial con Andrea:

- A mis treinta y un años, todavía me queda mucho por vivir con mi pareja, Andrea, ya prometida. En un tiempo conseguiremos materializar ese sacramento del matrimonio.

Uno de los puntos que he aprendido es la necesidad de hablar constantemente de todo: desde los pequeños detalles, molestias o manías del día a día que, repetidos, pueden acabar generando daño en la relación, hasta cuestiones más profundas, existenciales, sobre cómo se quiere vivir la vida.

¿Qué vida quiero vivir yo? ¿Somos compatibles? ¿Compartimos una visión del mundo y unos valores parecidos? Para mí eso es esencial.

También lo vemos cuando trabajamos con parejas. Digo «lo vemos» porque Andrea también es coach de relaciones de pareja. Cuando no coincide la pareja en la visión del mundo, en la manera de gestionar el dinero, incluso a nivel político y en cuestiones del estilo.

Coincidir en eso no es garantía de éxito, porque hay dinámicas del día a día y patrones que trae cada persona de su padre y de su madre que hay que trabajar. Hay que saber crear en pareja la propia receta, como nosotros decimos, nuestra propia constitución.

Eso es muy importante: saber que vamos a dejar, entre comillas, a nuestro padre y a nuestra madre y a convertirnos en una sola carne. Implica crear esas normas propias que permitan que la relación nos ayude a ambos a ir hacia el cielo, que es el objetivo final.

También he aprendido a mirar hacia dentro, a dejar de echar balones fuera y a entender que hay muchas cosas que se despiertan en la relación de pareja y no tienen tanto que ver con la pareja, sino contigo mismo: inseguridades, miedos, esquemas mentales que tienes ahí y que te tienes que cuestionar.

A veces es más la cabezonería de uno, o cómo se lo toma uno, que lo que pueda estar haciendo o diciendo el otro. 

En una relación de pareja a largo plazo va a haber muchos obstáculos: situaciones de estrés, días en los que duermas poco o estés malo. Ahí tienes que salir de ti y saber que el amor es entregarse, pero una entrega mutua.

Amar al prójimo como a uno mismo tiene que ir de la mano, para no permitir tampoco que uno, a cualquier precio, soporte cualquier cosa. Eso sería otra cuestión.

Eso es lo que la experiencia en mi relación de pareja me ha dado, más allá de lo que he estudiado, investigado o visto en las sesiones con mis pacientes.

Andrea Payán junto a su prometido, el psicólogo Sergio Cruz, a quien ella con su testimonio ha llevado a convertirse a Cristo

Sergio Cruz se ha convertido a Cristo al ver el camino que ha recorrido su prometida Andrea:

—La fe llegó a mi vida realmente hace poco tiempo. Es verdad que mis padres me bautizaron y luego hice la comunión, pero posteriormente, con unos doce años, dejé de ir a misa. Las cosas del día a día, el instituto, la carrera… Te vas olvidando un poco de todo eso.

Con dieciocho años, mi profesor de química un día me llamó y me dijo que quería darme una charla sobre la existencia de Dios. Yo salí fascinado, entendiendo que Dios existía y que ese Dios era Jesús, que se había hecho carne.

Salí de ahí como un discípulo de Jesús, con ganas de decírselo a todo el mundo. ¿Qué pasa? Que te encuentras en un mundo en el que muy poquita gente tiene fe y vuelves a las cosas del día a día. Esa llama a la cual llegas a través de la razón se va apagando.

Pero mi pareja actual, Andrea, sin estar bautizada, tuvo ese acercamiento a la fe y a mí también me reenganchó. Ir a las clases que ella estaba teniendo con su catequista, que luego ha sido su padrino y que fue el profesor que me dio en su día aquella charla, me hizo volver a conectar con todo esto y a entender que a Dios se llega a través de la razón.

No me lo podía quedar guardado. En este momento, en el que también estoy en redes sociales, por supuesto divulgo de vez en cuando sobre este tema, junto con otras cosas que aporto, porque es que es el tema, literalmente.

Comentar y plantear las inquietudes si un adulto quiere bautizarse

Si alguien desea bautizarse de adulto, esto le aconseja Andrea:

– A alguien que se está planteando dar el paso del bautismo le diría que pregunte a personas que han hecho ese proceso, que se han convertido y se han bautizado de adultas, que tienen esa fe. También que pregunte a personas de la Iglesia, sacerdotes y catequistas; que comente sus inquietudes y sus preguntas, y que lleve a cabo ese discernimiento para finalmente tomar la decisión que requiera.

Yo le diría que no dude en dar el paso, pero es una decisión muy personal y la fe es algo muy íntimo de cada uno.

Si ya se lo está planteando, significa que ya ha pensado en esa decisión. Para mí ha sido una decisión maravillosa que ha cambiado mi vida”.

Video del testimonio de Andrea Payán de su canal de YouTube 

El P. David Obeng Paintsil al salir de viaje rezó el Rosario invitando a la Virgen María a acompañarlo, su coche se incendió, las puertas no se abrían y el cinturón se bloqueó pero al orar a la Madre de Dios pudo salir y salvarse

El P. David Obeng Paintsil predicando con un Rosario en el cuello y una casulla mariana

* «Aquí estoy. Tengo mi vida. Y pensé: bueno, Dios todavía tiene una misión para mí que cumplir… El Rosario es realmente una oración maravillosa, una oración poderosa a través de la cual podemos encontrarnos con Dios»

Camino Católico.-  Un sacerdote católico ghanés alienta la devoción al Rosario al relatar cómo escapó de un coche en llamas, un hecho que atribuyó a la intervención de la Virgen María.

En una reflexión compartida el 14 de octubre, durante el mes dedicado a la tradicional oración católica del Rosario, el P. David Obeng Paintsil, fundador de la Global Rosary Netowrk, recuerda cuando quedó atrapado en su coche al volver de una misión pastoral hace 10 años.

Paintsil cuenta que había dirigido un retiro de tres días por invitación de otro sacerdote de otra diócesis de Ghana. Antes de emprender el viaje de regreso a su parroquia, rezó el Rosario e invitó a la Santísima Virgen a acompañarlo.

Tras viajar durante más de cuatro horas, escuchó un ruido inusual proveniente del coche. Estaba a unos 15 minutos de su destino y se detuvo para revisar.

“Tuve que detenerme y ver qué estaba pasando”, recuerda el sacerdote durante su reflexión. “En cuanto aparqué el coche y apagué el motor, lo único que vi fue un fuego enorme. ¡Boom! Mi coche se había incendiado”.

Paintsil dijo que intentó salir, pero descubrió que las puertas no se abrían y que su cinturón de seguridad permanecía bloqueado.

El P. David Obeng Paintsil está convencido que iba a morir cuando se incendió su coche sino hubiera intervenido la Virgen María

“Fue muy intenso. Cuando intenté abrir las puertas del coche, estaban cerradas con llave. El cinturón de seguridad también estaba atorado. Y supe que ese era el fin de mi vida”, dijo.

Dirigiéndose hacia el asiento del pasajero, imploró a la Virgen María, a quien había invitado a acompañarlo, pidiéndole que lo protegiera.

Paintsil contó que antes de terminar la oración, las puertas del coche se abrieron y se le soltó el cinturón de seguridad, lo que le permitió salir.

Posteriormente, el fuego envolvió el coche, recordó, impidiéndole recuperar su bolso.

“Aquí estoy. Tengo mi vida. Y pensé: bueno, Dios todavía tiene una misión para mí que cumplir”, dice.

Reflexionando sobre su devoción al Rosario, Paintsil dijo que la había adquirido a través de las oraciones familiares y que el Señor había transformado su vida de muchas maneras.

“El Rosario es realmente una oración maravillosa, una oración poderosa a través de la cual podemos encontrarnos con Dios”, dice.

Animó a otros a rezar el Rosario, identificándolo como un medio para unir a las personas en la adoración a Dios.

Eduardo Peys, maltratado y abandonado por su madre, sin fe, sin bautizar, pidió a Dios que ayudara a su novia y Él le respondió sanando a los dos: «Dejé de odiar y todo mi pasado dejó de doler»


Eduardo Peys contando su testimonio de conversión el pasado 5 de octubre 

* «Pasamos los tres días en el Vaticano! Había una sala de adoración allí, y me arrodillé y empecé a orar por mis padres, por mi madre que me había abandonado. No sabía por qué lo hacía. Cuando escuché ‘amor’ y vi esa palabra en la pizarra, entendí que había rezado por mi madre como un gesto de amor. Y en la mesa, ante los compañeros, me puse a llorar, hiperventilando, y todos preocupados, y yo les decía: ‘No os preocupéis, que en realidad lloro de alegría’. Y en ese momento todo, absolutamente todo, dejó de doler. Ya no sentía odio ni rencor a mi madre, a mi madrastra. Sigo el camino del Señor, todo me lo sanó. Tengo una relación de confianza con Dios, ¡me ha quitado un dolor tan grande! Ahora cuando pasan cosas malas, sé que tengo a Dios conmigo, y soy más fuerte»

  

Testimonio de Eduardo Peys en la inauguración del curso pastoral de la Diócesis de Getafe 

Camino Católico.- Eduardo Peys compartió su testimonio de renovación y conversión el sábado 5 de octubre en el encuentro de inauguración del curso pastoral de la Diócesis de Getafe que tuvo lugar en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús. Un camino de fe que le llevó a recibir el Bautismo en la Vigilia Pascual de este año y a casarse hace tres meses con su novia Judith. Este chileno de 34 años lleva en España desde hace 12 años. Llegó a nuestro país para ganarse la vida trabajando en la construcción. En la actualidad, reside en la localidad de San Martín de la Vega y pertenece a la Parroquia Natividad de Nuestra Señora. En Camino Católico publicamos en octubre del año pasado su testimonio que el desgranó como ejemplo del poder del kerigma para sanar y tocar corazones en un encuentro ante responsables diocesanos de Primer Anuncio de toda España.

"Vengo de familia pobre, en Chile. Nadie era cristiano en mi casa y no me bautizaron. Sufrí maltrato por parte de mi madre, palizas. Yo sentía claramente que mi madre no me quería. Incluso me ponía a comer separado en una esquina. De niño, a menudo iba a una iglesia cercana, porque allí me trataban bien y sentía cariño", explica.

"A los 14 años descubrí que mi madre ¡no era mi madre! Era una vecina que me había alojado todo este tiempo. Supe por qué mi madre real me dejó de lado, una historia no muy agradable. Al saberlo me explotó la cabeza y estuve unos meses con depresión. Me dijeron que en España vivía mi tía por parte de mi madre real, que se ofrecía a cuidarme. Así dejé a mi familia, a mis hermanos y mi contacto con la iglesia", cuenta Eduardo.

Llegado a España, estableció las líneas que marcarían su vida. "Me dije: la vida es dura, levántate tú, nadie te levantará". En España sufrió algunas desgracias, fue víctima de estafas, tuvo problemas con papeles... "Yo le echaba las culpas a Dios y me decía: 'soy fuerte y ni la vida ni Dios ni nadie podrá conmigo'".

A partir de cierto momento, las cosas le empezaron a ir mejor, "aunque en silencio, yo lloraba, con mi mochila del pasado".

Enamorarse da fuerza... y vulnerabilidad

Conoció a Judit. "Era una chica muy buena, bondadosa, me enamoré locamente. Con su sonrisa, su mirada, me dio lo que nunca había tenido. Ella me hacía feliz y me hacía reír. A veces me contaba cosas de la Iglesia, pero yo no quería saber nada de ese tema", explica.

Cuando Judit entró a trabajar en el Ejército, ella empezó a sufrir acoso y bullying y entró en una grave depresión. "Se fue su sonrisa. Y yo, por primera vez en mi vida, ya no podía presumir de mis fuerzas autónomas. Nada ayudaba a Judit: ni psicólogos ni pastillas ni yo. Eso me puso de rodillas", cuenta Eduardo.

"Algo le había pasado en Tierra Santa"

En septiembre de 2022, los padres de Judit fueron a Tierra Santa y volvieron entusiasmados.  La madre ya era una firme cristiana, pero el padre era más tibio. "Nos invitaron a comer y por primera vez ahí escuché un testimonio de una persona impactada por Dios. Mi suegro, que había ido a regañadientes, había vuelto transformado de Tierra Santa. Le había pasado algo en Tierra Santa y se había convertido profundamente. No entendí mucho de la historia que nos contaba. ¡Pensé que le había afectado el incienso! Pero lo cierto es que sus ojos no eran los mismos, eran ojos que brillaban, y esos ojos con su brillo me tenían sorprendido".

El 8 de octubre de 2022 Judit sufrió un brote agresivo, a las 4 de la mañana. Eduardo se sentía inútil, incapaz de ayudarla. "Me fui de casa, caminando, llorando, y aparecí junto a la parroquia de San Martín de la Vega. Me senté en un banco, miré la cruz y entre lágrimas hablé a Dios y oré. Le dije: 'Nunca antes te he pedido nada en mi vida. Por favor, ayúdala a ella. No a mí, a ella'. Y me volví a casa".

Unos días después, empezaron unas catequesis en esa parroquia.  "Allí iba mi suegro entusiasta, convertido a viento y marea. Y me dijo mi suegra: 'vente tú también'. Yo le dije: '¡Pero si no estoy ni bautizado!'. Pero pensé: 'Pedí ayuda a Dios, y a lo mejor es un pago o una penitencia que he de cumplir'".

Eduardo Peys sufrió maltrato y una vida complicada, abrirse al perdón fue difícil, pero Dios le condujo hacia allí

Dios te ama y te envía señales

Con esa idea, empezó a acudir a las catequesis. "Hoy quiero a esos catequistas con locura, pero en ese momento no los quería nada. Eso sí, de nuevo, me asombraban sus ojos. Un catequista planteó: '¿qué es lo más importante?'. Yo dije: la familia. Pues no, él insistía en que sólo el amor. Yo pensé: "Este hombre no tiene ni idea. ¡Como él sí tiene su familia desde siempre, no la valora!".

Los catequistas tenían un mensaje muy directo y sencillo para dar: que Dios siempre está ahí, que te ama, que te envía señales y "has de sacarte las gafas de madera que no te dejan ver".

En las catequesis en San Martín de Valdeiglesias Eduardo fue conociendo a Jesús

Reticente y de mal humor, pero en las catequesis en San Martín de la Vega Eduardo fue conociendo a Jesús y el amor de Dios.

Esas catequesis empezaron a tocar a Eduardo. Le tocaban las canciones, los testimonios, y que Judit acudía y recobraba la alegría. Judit sonreía en esas catequesis y eso alegraba a Eduardo y le hacía perseverar en esas sesiones.

"El problema es que se hablaba mucho de perdón y amor y eso, en la historia de mi vida, no lo veía, y por eso me dolía. Perseveré porque sentía que Dios me ayudaba. Un día que se habló del perdón, empecé a llorar una vez en casa, porque me dolía el corazón. Dije: 'solo sé que me duele el corazón, necesito redimirme'". Ni siquiera estaba muy claro que entendiera a qué se refería con la palabra.

Ese sábado se quedó solo en casa. Le habían hablado de la teleserie cristiana 'The Chosen', y pensó en ponerla como ruido de fondo mientras jugaba videojuegos en la consola. Pero pronto dejó la consola y miró con atención la historia de María Magdalena, que sufría y pensaba en suicidarse. "Ella sigue a una paloma y ve a Jesús, y al aparecer Jesús, se me puso a latir fuerte el corazón, a hacer cosas raras. Y Jesús dice entonces: 'No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú eres mía'. Y yo pensé, al escuchar eso, que estaba respondiendo a lo que yo había pedido".

En ese momento sonaron las campanas llamando a la misa de 7. "Fui corriendo a misa, y la homilía era sobre el perdón. Y le dije a Dios: no sé lo que quieres, pero confío en ti. Seguiré lo que Tú me digas".

Desde ese momento, esperaba con ganas las catequesis, y luego las Cenas Alpha, con sus vídeos y sus temas de fe. "La tercera sesión trataba sobre el perdón. Yo era incapaz de perdonar a mi madre y me sentía mal. 'Con lo que me han hecho, no puedo perdonar', decía".

Su párroco, Jesús Úbeda, actual vicario de Evangelización en la diócesis de Getafe, le dijo: "Si abres la carne y empiezas a tratar al corazón, puede ayudar; aunque es verdad que, aunque va sanando, duele".

Orar por los que os trataron mal

Eduardo y Judit fueron a Roma: era un viaje breve que habían comprado muchos meses antes, antes de tener fe. "¡Pasamos los tres días en el Vaticano! Había una sala de adoración allí, y me arrodillé y empecé a orar por mis padres, por mi madre que me había abandonado. No sabía porqué lo hacía".

Eduardo Peys dio el paso a confiar en Dios, a orar por los demás, y con ese amor el perdón acabó de sanar su vida interior

Eduardo dio el paso de confiar en Dios, orar por los demás, y con ese amor el perdón acabó de sanar su vida interior. Se preparó con alegría para recibir el bautismo y los otros sacramentos, que acogió con emoción y alegría en la pasada Vigilia de Pascua.

De vuelta a España, la siguiente sesión de Alpha trataba sobre el mal. Y su enseñanza central era: "el mal se combate con amor".

"Cuando escuché 'amor' y vi esa palabra en la pizarra, entendí que había rezado por mi madre como un gesto de amor. Y en la mesa, ante los compañeros, me puse a llorar, hiperventilando, y todos preocupados, y yo les decía: 'No os preocupéis, que en realidad lloro de alegría'. Y en ese momento todo, absolutamente todo, dejó de doler. Ya no sentía odio ni rencor a mi madre, a mi madrastra. Y a la cena siguiente todos me dijeron: 'Eduardo, te ha cambiado la mirada, estás distinto'".

"Desde entonces, sigo el camino del Señor, que todo me lo sanó", concluye su historia. "Tengo una relación de confianza con Dios, ¡me ha quitado un dolor tan grande! Ahora cuando pasan cosas malas, sé que tengo a Dios conmigo, y soy más fuerte", asegura.

Isaac Longworth: «Vivía una doble vida y, avergonzado por mis pecados, mentía al confesarme hasta que me confesé con sinceridad y experimenté la misericordia y el amor incondicional de Jesús y soy sacerdote»

Isaac Longworth llevaba una doble vida hasta el punto de mentir en la confesión 

* «Durante mi ministerio con los Compañeros de la Cruz, he visto el poder de Dios manifestarse. Ya sea en campañas contra el aborto, evangelizando en las calles, dirigiendo servicios de sanación, trabajando por la unidad entre los cristianos o ayudando a las parroquias a fortalecer su identidad misionera, veo constantemente vidas transformadas por la Buena Nueva de Jesucristo»

Camino Católico.-  “Nací y crecí en Canadá en el seno de una maravillosa familia católica. Desde los siete años, sentí el llamado de Dios al sacerdocio, aunque no sabía exactamente cómo sería. A los nueve, conocí a un sacerdote de la Congregación de los Compañeros de la Cruz, quien transformó mi vida e inspiró mi vocación. Más adelante, en mi adolescencia, comencé a vivir una doble vida y, avergonzado por mis pecados, empecé a mentir cada vez que me confesaba”. relata Isaac Longworth en Yes Catholic. 

“Durante años me escondí de Dios y de los demás, creyendo en una mentira que me decía: «Si la gente me conociera de verdad, no podría amarme». Sin embargo, después de mi primer año de universidad, sentí la necesidad de cambiar y, tras muchos años de autoengaño, me confesé con sinceridad. En ese momento, experimenté la misericordia de Jesús y su amor incondicional de una manera que cambió mi vida por completo”, subraya. 

“Gracias a la libertad que comencé a experimentar en Jesús, pude discernir con mayor claridad mi vocación al sacerdocio y, finalmente, a los diecinueve años, ingresé en el seminario de los Compañeros de la Cruz. Allí comencé a formarme en su misión de evangelizar continuamente, en el poder dinámico del Espíritu Santo, con el apoyo de una comunidad muy unida. Fui ordenado sacerdote en 2023”, dice Isaac Longworth.

Isaac Longworth fue ordenado sacerdote en 2023 y ya ha visto muchos frutos en su ministerio con vidas transformadas

“Durante mi ministerio con los Compañeros de la Cruz, he visto el poder de Dios manifestarse. Ya sea en campañas contra el aborto, evangelizando en las calles, dirigiendo servicios de sanación, trabajando por la unidad entre los cristianos o ayudando a las parroquias a fortalecer su identidad misionera, veo constantemente vidas transformadas por la Buena Nueva de Jesucristo”, atestigua.

“Creo firmemente que el Espíritu Santo desea traer un Nuevo Pentecostés a la Iglesia en nuestros días. Él quiere desplegar sus carismas y dones sobre todos los creyentes para capacitarlos a compartir el Evangelio no solo con palabras, sino también con señales y prodigios que respalden la predicación del mensaje”, reflexiona el joven presbítero.

“Actualmente, soy el director de vocaciones de mi comunidad y también presento un podcast sobre la vida de los santos llamado ‘Héroes de la Fe’. ¡Deseo ver a la Iglesia Católica resurgir con fuerza y ​​me apasiona lo que veo que Dios está haciendo para que esto suceda!”, concluye.

‘Mi nombre es Carlo’, película de San Carlo Acutis de 2026

‘Mi nombre es Carlo’ cuenta la historia de cuando, a seis años, San Carlo Acutis (en estas escenas interpretado por Nicolò Caruz Jaramillo) mostraba una espiritualidad precoz para su edad y capaz, sobre todo, de contagiar a todos. Más tarde, a once años (ahora interpretado por Edoardo Vitalone), Carlo descubre una pasión por la informática que lo acompañará toda la vida y que, de hecho, lo convertirá en santo: desde su habitación intuye, de hecho, que la Red puede ser empleada para contar la fe y acercar a los más jóvenes a Cristo. Cuando a dieciséis años (con el rostro de Samuele Carrino, a quien muchos recordarán por su papel protagonista en El chico de los pantalones rosa) le llega una forma aguda de leucemia, Carlo no pierde la esperanza y continúa, sobre todo, regalándola a quienes le rodean: sus padres (interpretados en la película por Lucia Mascino y Flavio Parenti), el doméstico llegado desde Mauricio, los numerosos médicos de los hospitales milaneses en los que es ingresado.

• Director: Giacomo Campiotti (reconocido director italiano con experiencia en producciones de corte biográfico, espiritual y social).

• Guión: Giacomo Campiotti y Carlo Mazzotta.

• Lugares de rodaje: Filmada principalmente en locaciones reales de Milán y Asís.

• Año de lanzamiento: 2026 (estrenado originalmente en la televisión italiana el 27 de septiembre de 2026).

• Duración: 100 minutos (1 hora y 40 minutos).

• País de origen: Italia.

• Interpretes:

• Nicolò Caruz Jaramillo (Carlo a los 6 años)

• Edoardo Vitalone (Carlo a los 11 años)

• Samuele Carrino (Carlo a los 16 años)

• Lucia Mascino: Interpreta a Antonia Salzano, la madre de Carlo.

• Flavio Parenti: Interpreta a Andrea Acutis, el padre de Carlo.

• Brayan Palliyagoda: Interpreta a Rajesh, el empleado doméstico originario de las islas Mauricio. El director eligió este vínculo como el eje central y punto de vista de la película, mostrando cómo la fe y bondad del niño cambiaron la vida de Rajesh.

• Maurizio Donadoni: Interpreta al párroco, una figura espiritual clave y el nexo entre Carlo y la vida de la comunidad de la iglesia.

• Patrizia De Marco: En el papel de la pediatra.

El grupo de amigos de Carlo:

• Nicky Passarella: Como Sofia, descrita en la trama como la chica un poco más superficial del entorno social de Carlo.

• Niccolò Festini Mira: Como Alessio, el joven conflictivo ("bully") del grupo que aprende a ver las debilidades del prójimo con otros ojos gracias a Carlo.

• Stefano Massari: Como Nick, el compañero marginado y solitario por quien Carlo desarrolla un interés y atención especial.