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martes, 1 de septiembre de 2026

Pablo De Maio: «Estaba abocado a la lujuria, a las relaciones informales, y fue como si san Miguel me clavara su espada y me extirpara un tumor maligno; me hizo una cirugía espiritual; fue el inicio de mi conversión»

Pablo De Maio empezó a rezar el Rosario, pero la Virgen María lo condujo a San Miguel Arcángel para que iniciara su camino de conversión / Foto: Misión

* «Cuando uno comienza un proceso de conversión tiene que dar un paso inicial: poner lo suyo para hacer una renuncia a todo lo viejo y putrefacto para abrazar lo nuevo y santo que viene de Dios, porque Él es misericordioso y justo, pero no hace “magia”. En ese proceso, san Miguel se encarga de educarte y de darte fuerza para el combate espiritual incluso mientras duermes porque la tentación va a seguir estando y cuanto más quieras acercarte a Dios, puede hacerse más fuerte. El demonio no quiere perder un alma. Él es astuto y sabe cómo tentarte. Cuando yo empecé este proceso se me aparecían mujeres bellísimas. Para combatir la tentación recomiendo leer El combate espiritual del padre Lorenzo Scupoli, una lectura obligada para todo cristiano. Es un libro maravilloso que san Francisco de Sales llevaba consigo»

Camino Católico.-  El argentino Pablo De Maio dedica su vida a difundir la devoción a san Miguel, el arcángel que –asegura– transformó su vida. Según relata, se encontraba atrapado en el pecado de la lujuria cuando el 29 de septiembre de 2010, en la fiesta de los tres arcángeles, experimentó una gracia especial: “Fue como si san Miguel me clavara su espada y me extirpara un tumor maligno”. Aquel acontecimiento marcó el inicio de lo que define como “una escuela del corazón”: “San Miguel me ayudó a renunciar a todo lo viejo y putrefacto para abrazar lo nuevo y santo que viene de Dios”. Cuenta su testimonio en una entrevista en Misión

- Usted tuvo un cambio radical de vida. ¿De qué manera intervino san Miguel en esa transformación?

- Yo venía de un estilo de vida pernicioso, en situación de pecado grave permanente, cuando el arcángel san Miguel entró a mi vida en abril de 2010. Estaba abocado a la lujuria, a las relaciones informales. Pero mi incongruencia era tal que, aunque estaba alejado de Dios, iba a Misa. No comulgaba, pero iba a la iglesia. Y en un momento determinado comencé a rezar el Rosario todos los días, porque algo me decía: “Por aquí te estás perdiendo”.

- ¿Qué le ocurrió exactamente?

- Un día me desperté para ir a trabajar y el pensamiento de san Miguel me martillaba la cabeza. Tal es así que cuando llegué a la oficina fui a una tienda de imágenes católicas y compré la primera imagen de san Miguel que tuve. Ahí empecé a investigar sobre el papel preponderante de este arcángel en la economía de la salvación humana y en la historia de la humanidad. 

- ¿Había tenido contacto con san Miguel Arcángel de niño?

- Nunca. Antes de que san Miguel llegara a mi vida yo buscaba a la Santísima Virgen María para tener un encuentro personal con Ella. Por eso comencé a rezar el Rosario. Ella me llevó al Arcángel para iniciar mi proceso de conversión, porque yo vivía en un vicio del que es muy difícil salir. Hay personas que viven en situación de adulterio o de fornicación y creen que es normal, pero los pecados de la carne carcomen el alma y arrastran a muchas almas a la perdición.

- ¿Qué efecto tuvo el rezo de la Coronilla de san Miguel en este proceso?

- Tan pronto empecé a leer sobre san Miguel, me encontré con la Coronilla Angélica y comencé a rezarla por mi cuenta. Esta oración fue pedida por el propio san Miguel a la carmelita portuguesa Antonia d’Astonac. Aunque mucha gente no la conoce, después del Rosario, esta coronilla es fundamental para fortalecernos en el combate espiritual hasta el día en que cerremos los ojos definitivamente. Consiste en nueve salutaciones angélicas en honor de san Miguel y de todos los ángeles. 

- Hubo otra intervención de san Miguel en su conversión, más radical y definitiva. ¿Cómo ocurrió?

- El 29 de septiembre de ese mismo año, fiesta de los santos arcángeles san Miguel, san Gabriel y san Rafael, fui a la Parroquia de san Miguel Arcángel en Bartolomé Mitre, un templo de más de 225 años aquí en Buenos Aires. Esa visita fue el sello de oro. Yo ya venía investigando sobre san Miguel, pero aún no me había metido de lleno. Cuando entré en la iglesia y miré a la derecha, donde está la imagen de san Miguel en una pintura bellísima y antiquísima, sentí una fuerza que me hizo ponerme de rodillas automáticamente. Y algo me decía: “Reza, reza, reza”. Fue un antes y un después. 

- ¿Qué experimentó en ese momento? 

- Comprendí cuánto había ofendido a Dios y al prójimo, porque el cuerpo es templo del Espíritu Santo, como dice san Pablo, y si ya estaba mal dañar mi propio cuerpo, era peor dañar el cuerpo de los demás. Me puse a llorar. Era como si san Miguel me metiera su espada y me extirpara un tumor maligno; me hizo una cirugía espiritual. Ese fue el inicio de mi conversión hacia una madurez espiritual, que es una de las funciones de este arcángel.

Pablo De Maio dice que San Miguel te lleva a la Eucaristía / Foto: Misión

- ¿Qué otras funciones tiene san Miguel en nuestra santificación?

- Cuando uno comienza un proceso de conversión tiene que dar un paso inicial: poner lo suyo para hacer una renuncia a todo lo viejo y putrefacto para abrazar lo nuevo y santo que viene de Dios, porque Él es misericordioso y justo, pero no hace “magia”. En ese proceso, san Miguel se encarga de educarte y de darte fuerza para el combate espiritual incluso mientras duermes porque la tentación va a seguir estando y cuanto más quieras acercarte a Dios, puede hacerse más fuerte. El demonio no quiere perder un alma. Él es astuto y sabe cómo tentarte. Cuando yo empecé este proceso se me aparecían mujeres bellísimas. Para combatir la tentación recomiendo leer El combate espiritual del padre Lorenzo Scupoli, una lectura obligada para todo cristiano. Es un libro maravilloso que san Francisco de Sales llevaba consigo.

- ¿De qué otras maneras lo engañaba a usted el demonio?   

- Tras mi conversión comencé a ayudar al padre Carlos Mancuso, un exorcista muy reconocido que fue mi director espiritual hasta que falleció. Colaboré con él en más de 2.000 exorcismos, y recuerdo que en uno de ellos un demonio me dijo: “Si dejas de hacer esto, te doy oro”, porque durante muchos años yo también corrí detrás del dinero. 

- ¿Cómo nos protege san Miguel?

- Él es muy celoso de sus devotos y los defiende. Por eso está representado como un guerrero, con espada y hábito romano; también es celoso de que cumplamos los mandamientos y las bienaventuranzas; y es maestro de obediencia, una virtud que es protección, porque todo lo que se aleja de Dios se corrompe. Yo me alejé de Dios y fui corrompido por el espíritu de la lujuria y de la mentira. El demonio, que desobedeció por soberbia, te promete independencia, pero lo que te da es separación. En cambio, san Miguel, siempre que lo invoques con recta intención, te acerca a Dios y a la Virgen María, Reina y Señora de todo lo creado, también del mundo angélico. 

- ¿Qué define al devoto de san Miguel?

- Que está íntimamente ligado a la Eucaristía, en la sagrada comunión y en la adoración eucarística. El mismo san Miguel te lleva a la Eucaristía.  Poco tiempo después de abrazar la devoción, sin darme cuenta, estaba adorando la Eucaristía y comprendí el sentido de la Santa Misa. Hoy la Misa y la Adoración no me pueden faltar. 

- ¿Algo más?

- El devoto de san Miguel es firme en la oración y en la confesión frecuente. Muchas personas me dicen: “Yo le pido perdón a Dios y ya está”. Y les respondo:  “Entonces dile a Dios que te dé la comunión”. La soberbia nos hace creer que no necesitamos de este sacramento, pero sin la reconciliación no habría salvación. Por eso, para iniciar un proceso de conversión, recomiendo hacer una confesión general: prepararla con un buen examen de conciencia y escribir la propia historia de vida desde el punto de vista espiritual. Y, por último, el devoto propaga la devoción a san Miguel, porque al abrazarla no puedes quedártela para ti mismo. 

- Para concluir, ¿le gustaría compartir algún mensaje con nuestros lectores?

- En 2014 llevé a Roma una petición, respaldada por muchísimas firmas, para que se restableciera la oración a san Miguel al final de la Misa. Me gustaría reiterar esta petición al Santo Padre León xiv, pues es un deseo que nace de lo más hondo de mi corazón. Estoy convencido de que recuperar esta oración sería un golpe decisivo contra Satanás. También quisiera invitar a todas las parroquias a tener una imagen de san Miguel porque él protege no sólo el sagrario, sino también a toda la comunidad parroquial. Si se encomiendan a él verán que muchas cosas comienzan a cambiar. 

CORONILLA A SAN MIGUEL

Pablo De Maio promueve grupos de oración que se han ido extendiendo a varios países para rezar la Coronilla Angélica los 29 del mes. Esta coronilla consiste en nueve salutaciones en honor a san Miguel y a los nueve coros angélicos. Cada salutación consta de un padrenuestro y tres avemarías. Al finalizar, se rezan cuatro padrenuestros adicionales a san Miguel, san Gabriel, san Rafael y al ángel de la guarda. El papa Pío IX concedió indulgencias a quien la rece, como la indulgencia plenaria en la fiesta de los santos arcángeles (29 de septiembre) y de los Ángeles Custodios (2 de octubre). San Miguel prometió a la religiosa carmelita Antonia d’Astonac que quien la rece a diario será librado de la pena del purgatorio, recibirá su constante asistencia y protección, y contará con la compañía de un ángel de cada coro angélico a la hora de recibir la comunión. Pablo De Maio también recomienda rezar esta oración a san Miguel: “Espada de Dios, fuerza de Dios, fuego del Espíritu Santo, acero divino hecho con el aliento de Dios: atraviesa, purifica, limpia, lava y expulsa al pérfido enemigo. Dame la fortaleza de los hijos de Dios y ponme de pie delante del Señor. Amén”.

Reza con el Papa León XIV en septiembre de 2026: «Que nuestro cuidado del agua sea signo de amor al Creador»

Foto: “Reza con el Papa”, 1-9-2026

* «Señor de la Vida, Tú nos diste el don del agua, fuente de fecundidad, frescura y esperanza. Ella calma la sed, fecunda la tierra y limpia las heridas. Te damos gracias porque también ella es símbolo de tu gracia y de tu amor que nos renueva por medio del Bautismo. Hoy te pedimos que nos enseñes a custodiarla con gratitud, justicia y responsabilidad»

1 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) “Señor de la Vida, haz que nuestro cuidado del agua sea signo de amor al Creador y compromiso con la vida de los más pobres, educando nuevas generaciones que valoren y protejan los recursos de la Tierra”, ora el Papa León XIV en su vídeo “Reza con el Papa” del mes de septiembre de 2026. El texto íntegro de la oración del Santo Padre es el siguiente:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


Señor de la Vida,

Tú nos diste el don del agua,

fuente de fecundidad, frescura y esperanza.

Ella calma la sed, fecunda la tierra y limpia las heridas.


Te damos gracias porque también

ella es símbolo de tu gracia y de tu amor

que nos renueva por medio del Bautismo.

Hoy te pedimos que nos enseñes a custodiarla

con gratitud, justicia y responsabilidad.


Te pedimos perdón por haberla convertido en mercancía,

olvidando que es un regalo universal,

un derecho sin fronteras, destinado a todos tus hijos.

Vemos con dolor a tantos hermanos y hermanas

que no tienen agua limpia,

que caminan kilómetros para encontrarla,

que enferman por su escasez.


Que tu Espíritu nos transforme en peregrinos de lo esencial,

capaces de vivir con sobriedad,

denunciando el derroche y la contaminación,

defendiendo el derecho de cada hermano y hermana

a beber sin miedo, sin desigualdad.


Haz que nuestro cuidado del agua

sea signo de amor al Creador

y compromiso con la vida de los más pobres,

educando nuevas generaciones que valoren

y protejan los recursos de la Tierra.


Amén.

León XIV

Itzel quedó poseída al practicar la Wicca: «La voz ordenaba que me golpearan y clamé: ‘Me pongo en tus manos, Virgencita’. Fui a Guadalupe y oré a Cristo Rey. He renacido»

 Itzel sufrió una posesión en 2021, gracias al Santuario de Guadalupe pudo sanar y encontrarse con Dios

* «Llegué a la Villa de Guadalupe y me dirigí inmediatamente a Capuchinas, pero no pude estar ahí y me salí. Anduve caminando, pero no podía permanecer en ningún lado. Decidí andar entonces por el jardín de las Bienaventuranzas, me coloqué frente a la estatua de Cristo Rey, me hinqué, me puse a llorar y le dije que me ayudara y que me perdonara…. Ahora voy a la Iglesia todos los domingos y rezo diariamente el Rosario y la Coronilla de la Divina Misericordia… Tiene ya tiempo que mi vida es como un renacer»

Camino Católico.-  Itzel era una joven mexicana que acababa de terminar sus estudios con notas excelentes, había hecho, incluso, un master. Sin embargo, cuando llamaba a las puertas de las empresas, nadie le daba trabajo. En ese ambiente de frustración decidió acudir a hacerse una limpia a un lugar donde hacían wicca (disciplina vinculada con la brujería y el esoterismo).

A partir de ahí, todo se torció. En el establecimiento le hablaron maravillas de esta práctica en la que están presentes elementos de la naturaleza, hadas… A Itzel le gustó tanto lo que ahí se hacía, que quiso quedarse a aprender. El portal mexicano Desde la Fe ha contado su impresionante testimonio.

Algo entró en ella

Poco después de que la joven empezara a conocer más de fondo la wicca, empezó a dedicarse a ella a tiempo completo. Cobraba por leer oráculos, hacia sanaciones, limpias y demás. Económicamente comenzó a irle muy bien. Había encontrado el trabajo y los ingresos que estaba buscando.

Itzel se dedicaría a esta práctica durante más de seis años. Hasta que a finales de agosto de 2021, una madrugada, mientras dormía, sintió que algo se le metía de pronto en el cuerpo. Se levantó, fue a ver a su madre, se lo contó, pero ahí quedó la cosa.

Al día siguiente, Itzel habló con su padre y le dijo que se sentía muy mal, le explicó lo que había pasado durante la madrugada. Su padre no entendía nada, pero creía a su hija, por el estado en el que esta se encontraba. La llevó a una persona que se dedicaba a cosas esotéricas, quien les dio una respuesta tajante: “La chica tiene una posesión demoniaca“.

“Prefiero la luz”

La joven no creyó a esa persona, pero por la noche, estando despierta, su situación empeoró, y empezó a escuchar una voz. Perdió el control de su cuerpo, le daban una especie de ataques epilépticos y arrojaba un vómito blanco y espumoso por la boca.

La voz le decía: “¿Quieres una casa? ¿Quieres un coche? ¿Te gustaría tener mucho dinero?”. Itzel, muy asustada, le respondió que no. La voz, entonces, le volvió a preguntar: “¿Quieres lo que te ofrezco, o prefieres la luz?”. Itzel, que era completamente ajena a las cosas de la Iglesia, le contestó que prefería la luz. La respuesta de Itzel (en maya quiere decir “lucero del atardecer”) no iba a agradar a la voz. La situación se complicó un poco más.

Itzel estando poseída escuchó una voz que le decía: “¿Quieres lo que te ofrezco o prefieres la luz?”

Aquella misma noche, Itzel iba a sentir una auténtica tortura, recibiría patadas por todo el cuerpo. “Deduzco que eran varios los que me pateaban, porque la orden que la voz dio fue: ‘¡Péguenla‘”, comenta la joven. Tras aquella paliza su cuerpo se llenó de moratones. Itzel, atemorizada, tiró todas sus cosas de la wicca: calderos, cartas y todo lo que había comprado.

En las manos de María

Pero, en las siguientes noches, las agresiones iban a ser más violentas. “Sentía que me quemaban, violaban y crucificaban. Las órdenes que daba aquella voz decían: ‘Quemen al pececito‘”, asegura la joven. Itzel cuenta que su madre llegó un día a escuchar esa misma voz.

Itzel recuerda dos noches especialmente difíciles. En una de ellas se puso a rezar, y cuando giró la cabeza vio que había una sombra con cuernos. Cerró los ojos, respiró hondo, volvió a mirar y vio que los cuernos eran como los de uno de los dioses que participaban en la wicca.

En la segunda noche, iba a sentir que la ahorcaban y, mientras eso ocurría, la voz le dijo: “Te voy a matar ahora”. “Pero, esa vez, yo misma le ordené: ‘Sí, mátame’. Me giré para ver un cuadro de la Virgen, que mi madre tenía colgado en la pared, y le dije a Ella: ‘Me pongo en tus manos, virgencita. Si voy a morir ahora, está bien; pero que sea en tus manos’. Y la agresión comenzó a remitir”, relata Itzel.

“¿Para qué le rezas?”

La joven vivía muy cerca del Santuario de la Virgen de Guadalupe, por lo que un día decidió acudir a allí. “Me dirigí inmediatamente a Capuchinas (uno de los templos del complejo), pero no pude estar y me salí. Estuve caminando, no podía permanecer en ningún lado. Decidí, entonces, ir por el Jardín de las Bienaventuranzas, y me coloqué frente a la estatua de Cristo Rey. Me arrodillé, me puse a llorar y le dije que me ayudara, que me perdonara”, comenta.


Itzel visitó el Santuario de la Virgen de Guadalupe pero la posesión no le permitía entrar en ninguno de los templos, aunque allí encontró un sacerdote que la puso en manos de otro que era exorcista

A los pies de Cristo Rey era el único lugar donde Itzel se sentía segura. Sin embargo, estando allí arrodillada, volvió a oír la voz, que le decía: “Tú ya estás del lado del infierno, ¿para qué le rezas a Él?”. Así que la joven le pidió con más fuerza: “¡Ayúdame, por favor!”.

A raíz de aquello, los días siguientes se le pusieron los ojos como si tuviera hepatitis, pero en lugar de amarillo, en rojo. Su padre, preocupado, fue de un lado a otro tratando de conseguir ayuda. Todo era inútil, hasta que le hablaron de un sacerdote que estaba allí mismo, en el complejo de Guadalupe.

“No consigo nada”

Pero, para entonces, Itzel ya no podía dormir, no comía, y la voz le seguía diciendo todo el tiempo “majaderías”. Su padre decidió citarle con el sacerdote que le habían recomendado. La joven acudió y le contó todo lo que le ocurría. “Mientras hablaba con el padre comencé a retorcerme y a vomitar blanco. Así que él me derivó a un exorcista”, explica Itzel.

Cuando la joven se encontró con el segundo sacerdote, este empezó a hacerle preguntas sobre su vida. “Mientras le hablaba de la wicca, el padre corrió hacia a mí y comenzó a rezar. De pronto, ya no supe nada de mí. Cuando reaccioné, me estaba retorciendo”, confiesa. El sacerdote siguió rezando y comenzó a calmarse.

Desde aquel momento, la joven acude regularmente a encontrarse con el sacerdote. “Recuerdo en una ocasión, que iba de camino a verlo, escuché nuevamente la voz, que decía: ‘Estoy siempre peleando con esta y no consigo nada‘”. Aunque siguieron las agresiones por algún tiempo, poco a poco comenzaron a desaparecer.

“Ahora voy a la iglesia todos los domingos, rezo diariamente el Rosario y la coronilla de la Divina misericordia… Mi vida es como un renacer“, comenta. Itzel, a día de hoy, llora de emoción muchas veces al recordar aquellos momentos en el que la imagen de la Virgen, y de su hijo, le salvaron la vida.

Mélissa Kellaou, modelo de 38 años: «Cuando Dios está en el centro, todo resplandece; vemos mejor nuestras tinieblas, pero también nuestro potencial y hay que mantener la mirada fija en Él»

Mélissa Kellaou entró en el mundo de la moda en 2014 / Foto: Sophie Bergeret - Aleteia

* «Nuestra vida tiene sentido. Está hecha para ser entregada. El Señor solo quiere nuestro ‘sí’ y luego nos da la capacidad para nuestros esfuerzos… Con la gracia de Dios, trato de avanzar en mi relación conmigo misma y de ajustar mi perspectiva, de soltar la carga, para vivir de manera auténtica y aceptarme tal como soy»

Camino Católico.-   Mélissa Kellaou, de 38 años, se gana la vida en parte como modelo en París. Profundamente creyente, en su trabajo y en sus compromisos la mueve una búsqueda inagotable de la verdad, siguiendo los pasos de Cristo. Le gusta pasar tiempo en las iglesias parisinas. Acepta con sencillez contar su historia, marcada por una carrera como modelo y una fe sólida en Dios. Se mudó a la metrópoli en 2008 para estudiar idiomas. "Fui a una agencia de modelos mientras estudiaba; no sabía mucho del tema", cuenta la joven a Anne-Sophie Retailleau en Aleteia.

"No fue sino hasta 2014, cuando me mudé a París, que realmente descubrí el ambiente: a medida que iba conociendo gente en mis trabajos como azafata o como figurante, hice contactos y poco a poco empecé a conseguir trabajos". La precariedad del oficio la lleva a multiplicar los trabajos, entre sesiones de fotos, showrooms de las semanas de la moda o incluso pruebas de ropa en una escuela de costura. "Es muy físico y también se necesita fortaleza mental. En esos momentos, cuando estás de pie todo el día frente a tu imagen en el espejo, si no te sientes bien, puede ser difícil. Por eso, cuando tienes a Dios, eso te ayuda".

Cristo siempre en el centro

Mélissa Kellaou en una sesión fotográfica en Toulouse, en 2023 / Foto: Tiphaine Deuff - Aleteia

Su camino espiritual no siguió una línea recta. De niña, no asistía a Misa todos los domingos. Lo mismo ocurrió cuando llegó a la ciudad. Pero varios encuentros, en particular con una amiga modelo y un compañero de cuarto que era seminarista, la impulsaron a profundizar en la sed de verdad que siempre había habitado en ella.

"Todo lo que sé hoy se lo debo a las personas que el Señor puso en mi camino y que se tomaron la molestia de platicar conmigo, de escucharme, de responder a mis preguntas y de amarme", asegura la joven.

Hoy en día, Mélissa no tiene miedo de mostrar lo que para ella es evidente: lo que la impulsa es su amor por Cristo. La relación con Jesús la ayuda a sanar heridas profundas, en particular una baja autoestima que la acompaña desde su más tierna infancia. En este sentido, el modelaje representa un "desafío interior", una oportunidad para "sus miedos".

"Con la gracia de Dios, trato de avanzar en mi relación conmigo misma y de ajustar mi perspectiva, de soltar la carga, para vivir de manera auténtica y aceptarme tal como soy. Cuando Dios está en el centro, todo resplandece; vemos mejor nuestras tinieblas, pero también nuestro potencial".

Para ella, no hay contradicción entre vivir su fe y trabajar en el mundo de la moda. "Desde que me acerqué al Señor, veo aún mejor cuánto se menosprecia el cuerpo en nuestra sociedad y en las relaciones… Por eso, ante cada trabajo que me ofrecen, me tomo el tiempo para discernir y preguntarme cuáles son los valores que realmente voy a defender y transmitir".

Dar testimonio en Instagram

En un entorno donde la apariencia es lo más importante, ella se abre camino y afirma con firmeza que lo esencial está en otra parte. En su cuenta de Instagram, las fotos de sesiones de moda se alternan con citas de santos o versículos bíblicos, que la joven comparte a diario. Una de sus favoritas es de santo Tomás de Aquino: "Es más hermoso iluminar que solo brillar". "Esta frase puede ilustrar el uso que hago de las redes sociales".

Además compartió cómo es la selección de modelos "Hoy en día, las agencias de modelos piden nuestra cuenta de Instagram en el formulario de información. Y es posible que te seleccionen para un trabajo según la cantidad de seguidores que tengas. Debo admitir que esta carrera por los "me gusta" me resulta complicada. Lo que me importa es llegar al corazón de las personas, brindar alegría, consuelo y luz donde falta. Solo Dios sabe quién necesita ver tal video o leer tal frase hoy… trato de sembrar, a mi modesta manera".

Cuando no está frente a la cámara, Mélissa dedica parte de su tiempo libre a servir, participando en su parroquia, en la bienvenida a los fieles y en el coro. Todas estas son cosas que antes la joven no se sentía capaz de hacer. "Nuestra vida tiene sentido. Está hecha para ser entregada. El Señor solo quiere nuestro "sí" y luego nos da la capacidad para nuestros esfuerzos". Aunque no sabe si seguirá mucho tiempo más en el mundo de la moda, su plan para el futuro se resume en una frase: "Mantener la mirada fija en Él". 

Mariela Villanueva y Harold Figueras estuvieron 5 años separados y Cristo restauró su matrimonio: «Iba buscando que Dios cambiara a mi esposo y el Señor me cambió a mí y rescató a mi marido del ocultismo»

Harold Figueras y Mariela Villanueva frente a la Catedral de Lima / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa

* «Esta familia era muy devota, y la madre me invitó a ir a la iglesia con ella. Le dije: «No, no puedo». Porque, en mi opinión, había cometido faltas graves y me era imposible volver a la iglesia. Ella me dijo: ‘No, el Señor perdona, y puedes volver a la iglesia; solo tienes que pedir perdón’»

Camino Católico.-    El 7 de abril de 2009, Mariela Villanueva aterrizó en Venezuela convencida de que iba a poner fin a su matrimonio. Habían pasado cinco años desde que su esposo, Harold Figueras, se marchó de Perú y reconstruyó su vida en otro país. Ella llevaba consigo el dolor de una separación prolongada y la decisión de firmar el divorcio. Él, una lista escrita con todos los reclamos que pensaba lanzar en cuanto la viera. Nada ocurrió como ambos habían imaginado.

Se citaron un miércoles a las 3:00 de la tarde, la Hora de la Misericordia, en el mismo lugar donde habían sido novios años atrás. Cuando Mariela apareció, Harold buscó desesperadamente la hoja con sus quejas. Ésta había desaparecido.

“Yo estaba esperando una guerra. Ella abrió los brazos para abrazarme y entendí que el único que quería pelear era yo”, recuerda Harold en una entrevista con ACI Prensa. Mariela había tenido ese gesto de acercamiento porque ya había empezado un proceso de conversión y tenía una última esperanza.

Aquel abrazo no restauró inmediatamente el matrimonio. Todavía faltaría casi un mes para que él dejara la relación que mantenía y decidiera regresar definitivamente con su familia. Pero ese día —afirman ambos— Jesús ganó la primera gran batalla.

Harold Figueras y Mariela Villanueva / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

Un matrimonio que nació con heridas

Harold y Mariela se conocieron en 1998 en el Colegio de Ingenieros de Venezuela. Él trabajaba en el área de sistemas; ella era una joven abogada que dirigía una consultoría jurídica con decenas de profesionales a su cargo.

Mientras Mariela había crecido en una familia católica y rezaba el Rosario con frecuencia, Harold era completamente indiferente a la fe.

“Me burlaba de los sacerdotes. Para mí casarme por la Iglesia fue simplemente cumplir con una formalidad social”, admite.

Contrajeron matrimonio civil y, el 2 de septiembre del 2000, recibieron el sacramento en la parroquia San Francisco de Asís, en Barranco (Perú). Sin embargo, reconocen que llegaron al altar sin comprender verdaderamente lo que significaba la vocación matrimonial.

“Empezamos nuestra vida juntos sin Dios como centro. Ese fue el primer gran error”, explica Harold.

Con el paso de los años comenzaron a aflorar heridas profundas: abandono, soledad, orgullo, incapacidad para comunicarse y expectativas irreales sobre el amor. La crisis económica de Venezuela agravó aún más la situación. Harold viajaba constantemente entre ambos países hasta que un día simplemente dejó de volver.

Mariela quedó sola en Lima con su pequeña hija.


Imagen actual de Harold Figueras y Mariela Villanueva con sus tres hijas en Lima, Perú / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

“Mamá, enséñame a rezar”

Paradójicamente, la restauración no comenzó cuando Harold cambió. Comenzó cuando Mariela cayó de rodillas.

Alejada de la Iglesia y llena de resentimiento, la joven madre había abandonado incluso la práctica de su fe después de sentirse herida por una mala experiencia en una parroquia. Todo cambió gracias a una petición inesperada de su hija de siete años. “Mamá, mi abuelita dice que tú sabes rezar. Enséñame el Rosario”.

Mariela aceptó casi por compromiso. Poco después, la niña insistió en hacer su Primera Comunión y le dijo una frase que atravesó el corazón de su madre: “Tú sabes lo que es tener a Jesús en el corazón… ¿y por qué no lo haces?”

Aquellas palabras la llevaron nuevamente al confesionario. Desde entonces comenzó una rutina que cambiaría su vida: Misa diaria antes del trabajo, adoración eucarística al mediodía y el Rosario cada noche junto a su hija.

“Yo iba buscando que Dios cambiara a mi esposo. El Señor terminó cambiándome a mí”, cuenta.

Harold Figueras y Mariela Villanueva junto a miembros del movimiento católico peruano Jesús y María Restauran Mi Familia / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

“Mírame a Mí”

Durante una adoración eucarística ocurrió la experiencia que daría nombre, años después, al retiro que hoy organizan como líderes del movimiento católico peruano Jesús y María Restauran Mi Familia.

Mariela rezaba presentándose como la víctima de la historia. “Señor, mírame a mí. Mira qué buena soy. Mira lo que él me hizo”. Entonces levantó la vista hacia la custodia. “Ya no vi la custodia. Vi a Jesús llagado y ensangrentado. Y me dijo solamente: ‘Mírame a Mí’”.

En ese instante —relata emocionada— experimentó un encuentro personal con Jesús. Comenzó a recordar sus propios pecados desde la infancia y comprendió que durante años había sido incapaz de reconocer sus propias heridas.

“Entendí que Dios no me iba a preguntar por los pecados de Harold. Me iba a preguntar cuánto amé a mi esposo dentro del sacramento”. Su oración cambió por completo y ya no pedía que Harold regresara. Pedía únicamente: “Señor, haz que vuelva a Ti”.

Mariela Villanueva / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

El infierno del ocultismo

Mientras Mariela profundizaba en la oración, Harold descendía por un camino completamente opuesto.

Buscando una mejor economía, comenzó consultando el tarot. Después llegó la santería cubana y finalmente la palería, una práctica de brujería que utiliza restos humanos y sacrificios de animales.

“Entré a un cuarto oscuro donde había osamentas humanas. Sentí un miedo indescriptible, pero seguía buscando respuestas donde no estaban”, recuerda Harold.

En medio de ese vacío comenzó a notar algo extraño. Mariela seguía llamándolo, pero ya no lo hacía para reclamarle.

Una tarde, con tono burlón, le preguntó: “¿Qué pasa? ¿Ya no te hago falta?”.

La respuesta lo desconcertó.

“No. Lo que pasa es que allá tengo quien me ama”.

Harold creyó que ella tenía otra pareja, pero hoy sabe que su esposa hablaba del mismo Cristo.

Harold Figueras / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

El regreso del hijo pródigo

Tras aquel encuentro en Venezuela, Harold regresó finalmente al Perú.

Confiesa que tenía terror de enfrentar a la familia de Mariela y, sobre todo, a su hija. Imaginaba reproches, humillaciones y rechazo. Sin embargo, encontró exactamente lo contrario. “Todos me abrazaron como si hubiera salido a comprar pan”, cuenta.

Pocos días después acompañó a Mariela a la iglesia de los Padres Oblatos, en Barranco, Lima. Ni siquiera pensaba entrar al templo. Permanecía de pie junto a la puerta cuando, según relata, sintió un impulso interior que lo condujo directamente al confesionario.

“Le dije al sacerdote: ‘Padre, llevo cinco años separado y no sé por qué he vuelto’”. Aquel sacerdote lo invitó a participar en un retiro espiritual. Fue allí donde Harold vivió su propia conversión.

Frente al Santísimo Sacramento, después de resistirse durante horas, Harold levantó la mirada y cuenta: “Ya no vi la custodia. Vi dos ojos color miel que atravesaron mi corazón. Empecé a llorar como nunca en mi vida”.

Desde ese momento abandonó definitivamente el ocultismo y comenzó un camino de fe que continúa hasta hoy.

Un milagro que continúa

Han pasado más de quince años desde aquella reconciliación.

Harold y Mariela aseguran que el verdadero milagro no fue simplemente volver a vivir juntos, sino descubrir que el matrimonio es un camino cotidiano de santidad.

“La restauración dura toda la vida. No termina cuando el esposo regresa. Empieza allí”, afirma Mariela.

Harold Figueras y Mariela Villanueva en la actualidad / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

Esa experiencia dio origen al movimiento Jesús y María Restauran Mi Familia, una obra que acompaña especialmente a esposos separados o al borde del divorcio. El camino que proponen comienza por la propia conversión y no por intentar cambiar al cónyuge.

Quienes llegan a la misión comienzan con el llamado “Taller de María”, una preparación a la consagración al Inmaculado Corazón de María enfocada en el sacramento del matrimonio. Allí, explican, buscan que cada persona reconozca sus propias heridas y reciba herramientas para discernir qué hacer con su historia familiar.

Pero Harold y Mariela también advierten que no todos los procesos terminan de la misma manera. Hay matrimonios que logran reunirse nuevamente y otros que toman caminos diferentes, incluso a través de procesos de nulidad matrimonial. Lo que permanece, sostienen, es la invitación a la conversión y a buscar la voluntad de Dios.

“El Señor nos quiere santos”, explica Mariela. Para ella, incluso cuando una persona atraviesa un proceso distinto al que esperaba, el sufrimiento puede convertirse en una oportunidad para acercarse a Cristo y ofrecer ese dolor por la santidad de la Iglesia.

Hoy, cuando miran hacia atrás, ya no se ven como las mismas personas que se separaron. Mariela describe a Harold como un hombre más comprometido con conocer el amor de Dios y capaz de donarse a su familia. Él, por su parte, reconoce que la mujer con la que se reencontró después de cinco años ya no era la misma que había dejado atrás.

La familia Figueras Villanueva / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

Por eso, su testimonio no pretende presentar una fórmula para recuperar un matrimonio perdido. Es, sobre todo, la historia de dos personas que descubrieron que antes de pedirle a Dios que cambiara al otro tenían que dejarse transformar por Él.

“Muchas personas llegan diciendo: ‘Quiero que mi esposo vuelva’. Nosotros les respondemos: primero deja que Jesús vuelva a ocupar el centro de tu corazón”, explica Harold.

Su mensaje para los matrimonios en crisis nace de esa experiencia: no esconder las heridas, no dejarse vencer por la vergüenza y no confundir la restauración con el simple regreso a la vida que tenían antes.

Porque, como descubrieron aquel miércoles de abril, algunas guerras matrimoniales no se ganan venciendo al otro, sino dejándose vencer por el amor misericordioso de Dios.

Entre quienes hoy forman parte de la comunidad se encuentran Diana Donayre y Johanna Muñoz, dos mujeres que vivieron el retiro y cuyo testimonio refleja el impacto de este proceso de conversión.

“Te entiendo, y no estás solo ni sola”, expresa Diana, al recordar que llegó a la misión con “el alma cansada” y encontró personas que la sostuvieron en medio de su crisis matrimonial. Tras un año de perseverancia, aseguró que Cristo restauró su vida, su familia y su matrimonio.

Johanna, por su parte, cuenta que estuvo ocho años separada y que lleva tres años caminando en la comunidad hacia la restauración de su matrimonio. Explica que el cambio comenzó cuando decidió vivir un proceso de conversión y reconciliación consigo misma, mientras confiaba el resto a Dios. “El Señor está haciendo su obra… va dando pasitos muy lentos”, dijo al recordar la emoción de ver a su esposo arrodillarse por primera vez durante la Eucaristía, un gesto que para ella fue signo de esperanza y del actuar de Dios en su familia.