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jueves, 19 de marzo de 2026

Bui Thi Kim Thanh era budista y se hizo católica cuando el Señor respondió a su oración ante una infección mortal de su hija de 3 años: «Por favor, Dios, salva a mi hija y viviré según tu palabra»

Bui Thi Kim Thanh y su hija posan para una foto frente a un belén en su parroquia en la ciudad de Hue, en el centro de Vietnam, en la víspera de Navidad de 2025 / Foto: Cedida - UCANews

* «Comencé a entender que la oración es poderosa. Dios me responde. Cuando pedimos con fe, Él responde inmediatamente… Antes, en un viaje elegí una cita bíblica como recuerdo para mi suegra católica: ‘No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos? o ¿qué beberemos? o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso’ (Mt 6, 31-32). Esas palabras se convirtieron en el ancla de mi alma»

Camino Católico.-  Una madre vietnamita de tradición budista decidió abrazar el catolicismo tras la recuperación inesperada de su hija de tres años, a quien había encomendado a Dios en un momento de extrema angustia en un hospital, según informa UCANews.

El hecho ocurrió en la ciudad de Hue, en el centro de Vietnam, cuando Bui Thi Kim Thanh, de 34 años, vivió lo que describe como una experiencia decisiva durante la hospitalización de su hija de tres años, afectada por una grave infección de oído que se había vuelto potencialmente mortal.

En medio de la noche y en un contexto de “tensión extrema”, Thanh elevó una súplica que marcaría un antes y un después en su vida espiritual. “Por favor, Dios, salva a mi hija. Creo que Tú le das todo lo bueno, y viviré según tu palabra”, recuerda haber rezado.

Hasta entonces, su fe estaba vinculada al budismo. Sin embargo, su matrimonio en 2019 con Matthew Phan Van Khi, católico, la había acercado indirectamente al cristianismo, aunque ambos acordaron respetar sus respectivas creencias.

La situación cambió radicalmente tras la cirugía de su hija, cuya recuperación fue sorprendentemente rápida. Thanh afirma que no lo consideró un simple resultado médico: “Comencé a entender que la oración es poderosa. Dios me responde. Cuando pedimos con fe, Él responde inmediatamente”.

Bui Thi Kim Thanh se encuentra al pie de la estatua de Cristo Rey en Vung Tau, Vietnam / Foto: Cedida - UCANews

Este episodio dio sentido a una experiencia previa que había vivido meses antes durante un viaje familiar a Vung Tau, donde se sintió atraída por una imponente estatua de Cristo Rey, de 32 metros de altura, erigida en una colina de 170 metros de altura. “Sentí que era muy impresionante, sagrada, y que captaba mi atención más que otros sitios religiosos que había visitado”, señaló.

En ese mismo viaje, eligió una cita bíblica como recuerdo para su suegra católica: “No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos? o ¿qué beberemos? o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso” (cf. Mt 6,31-32). Más adelante, confiesa que “esas palabras se convirtieron en el ancla de mi alma”.

Tras la recuperación de su hija, la familia celebró por primera vez la Navidad, visitando el pesebre de su parroquia y decorando su hogar. Poco después, Thanh decidió iniciar su camino hacia el bautismo.

Su decisión no estuvo exenta de dificultades. Sus padres, de tradición budista, reaccionaron con tristeza. “Estaban decepcionados, lo veían como un alejamiento de nuestras raíces espirituales”, explicó. No obstante, con el tiempo, el diálogo ayudó a abrir espacios de comprensión: “Les expliqué que los católicos también honran a los antepasados. Poco a poco se volvieron más abiertos”.

Uno de los aspectos que más le impactó fue la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad de la vida. “Lo que realmente me toca es el respeto de la Iglesia por los no nacidos y la dignidad que se da a los niños inocentes. Crea una cultura de la vida que yo quería para mi hija”, afirma.

Actualmente, Thanh y su hija forman parte del catecumenado en una parroquia local y esperan recibir el bautismo durante la Vigilia Pascual. Ella ha elegido el nombre Teresa, mientras que su hija será Catherine.

Por su parte, su esposo expresó su alegría por este paso: “Estoy extremadamente feliz. Siempre he rezado por esto. Dios ha respondido a mis esfuerzos”.

Para Thanh, este proceso es mucho más que un rito: “Nuestra preparación para el bautismo es más que un hito… es el amor de Dios para quienes confían absolutamente en Él”.

Justine Callis era evangélica, gimnasta tenaz, quiso saber qué era la Eucaristía y el Magisterio, un sacerdote le propuso hacer un retiro en silencio y «supe que Jesús había creado la Iglesia Católica y me la ofrecía»


Justine Callis fue una gimnasta de alto nivel hasta 2019, y evangelizadora protestante casi hasta 2022

* «Recuerdo haberle entregado mi vida en oración a Jesús, siendo sólo una niña de quizá seis o siete años. Repetí mi oración unas cien veces, quería asegurarme de que Dios me escuchara… Respecto a la presencia de Cristo en la Eucaristía, lo quise experimentar en una adoración. Mi madre me había enseñado que la oración es sentarse a los pies de Jesús. Cuando entré en adoración lo recordé. Dije a Dios: 'si esto es verdad, este es el único lugar en que puedo sentarme físicamente a los pies de Jesús en este lado del Cielo'» 

Camino Católico.-  Justine Callis, que fue gimnasta de éxito y entrenadora, es católica desde 2021. Le costó dar algunos saltos muy arriesgados, casi al vacío, confiando sólo en Jesús. Antes fue evangelizadora en una iglesia evangélica vibrante, llena de personas enamoradas del Señor, pero hoy, como católica, considera que Dios quiere una única Iglesia unida, con su jerarquía, y una comunión basada en la Eucaristía. Ha contado su testimonio en varios sitios en inglés, como CHNetwork y Pablo J. Ginés lo traduce y sintetiza en Religión en Libertad.

Sabe que hay muchos cristianos evangélicos con un gran amor por Cristo, que quieren hacer la voluntad de Dios, y les quiere presentar la propuesta católica desde su iniciativa Theology of conversion. Y a los católicos "de siempre", les quiere recordar la gran riqueza que es la Iglesia y sus sacramentos y el deber de trabajar por la unidad de los cristianos.

Justine creció y se educó en una familia evangélica. Era la más pequeña de 5 hijos. Sus padres eran devotos, su madre rezaba en casa con ella. "Mi madre leía la Biblia tomando café en la cocina y me citaba las Escrituras a todas horas", explica.

Devota desde niña

"Recuerdo haberle entregado mi vida en oración a Jesús, siendo sólo una niña de quizá seis o siete años", dice. Repitió su oración "unas cien veces, quería asegurarme de que Dios me escuchara".

Durante 20 años, desde pequeña, se volcó en la gimnasia y compitió en las categorías universitarias desde la Universidad Estatal de Arizona, donde también fue entrenadora. "Ese deporte dio forma a quien soy hoy", dice. 


Justine Callis contando su testimonio de conversión al catolicismo

De adolescente, a los 16 años, se bautizó en una megaiglesia de estilo evangélico. "En esa megaiglesia tenían más de 300 ministerios [servicios], desde un club de ciclismo de montaña al Centro de Rehabilitación de Personas Traficadas más grande de América del Norte. Me enamoró", detalla. También había en ella infinidad de grupos pequeños, también para jóvenes. No se consideraba de una denominación concreta, pero su iglesia no bautizaba bebés, así que hoy diría que es baptista.

En la universidad colaboraba en grupos evangélicos universitarios. "Dirigí algunos estudios bíblicos del equipo de gimnasia y pude ver a algunas de mis compañeras bautizarse y entregar su vida a Dios".

Evangelizadora y comunicadora

Terminó una licenciatura de comunicación y pasó a trabajar a tiempo completo con la megaiglesia, rodeada de cristianos excelentes, volcados en acoger y evangelizar. Usaban los dones del Espíritu Santo para orar por otras personas y acompañarlas y ella misma tuvo ocasión de comprobar que Dios respondía en esas ocasiones. Admiraba al pastor y usaba sus conocimientos como comunicadora. Los recuerda como unos años magníficos.

"Entendía que Jesús me amaba profundamente, quería que otras personas también vivieran eso. Me esforzaba en hacer que la gente que acudía nueva se sintiera acompañada, conectada. Dábamos a cada uno una nota escrita a mano agradeciendo que vinieran. También trabajábamos con donantes, con el centro de personas traficadas..." Los sermones eran muy inspiradores, la música de alabanza y adoración era muy buena.

Ella conocía algunos ex-católicos, que nunca le habían hablado de la fe. "Yo pensaba que los católicos, probablemente, podían ir al Cielo, a pesar de ser católicos, y me parecía que en el catolicismo había muchas cosas que distraían de Jesús". Pero tampoco había reflexionado apenas sobre eso, y de hecho ni siquiera conocía la palabra "protestante".

Justine Callis, cabeza abajo... como su edificio teológico cuando empezó a hacer preguntas serias y católicas

Cuando su fe tranquila quedó cabeza abajo

Un día encontró a un católico que sí conocía su fe. El católico preguntó a Justine a qué iglesia iba y por qué. Ella estaba encantada de responder: explicó todas las cosas magníficas que había en su megaiglesia.

- Y tú, ¿por qué vas a tu iglesia católica? -pregunto después ella, por amabilidad.

- Por la Eucaristía y el Magisterio - dijo él.

- ¿El qué? ¿Qué son esas cosas? -ella jamás había oído esas palabras.

- Y por los siete sacramentos...

- ¿Qué es eso? ¿Y te dan los siete? -preguntó ella, que tampoco conocía la palabra.

- El Magisterio es la autoridad para enseñar, la Iglesia Católica tiene esa autoridad porque se la dio Jesús, que es quien creó la Iglesia Católica -le dijo su interlocutor.

Justine pensó: "Estas afirmaciones son muy atrevidas y hasta algo ofensivas. ¿De dónde sale tanta audacia? ¿Cómo osan decir esas cosas?"

Y empezó a investigar. La misma pasión y tenacidad que antes aplicaba a la gimnasia, las aplicó ahora a investigar el catolicismo y sus audaces afirmaciones.

La Iglesia tiene que ser una

Una de las primeras cosas que notó es que, efectivamente, en su misma calle había diversas iglesias de diversas denominaciones, había una verdadera división entre los cristianos. Y enseguida entendió que Dios no quería una iglesia dividida.

También entendió que era necesario una autoridad, alguien que enseñara con autoridad, una Iglesia que enseñara con autoridad, una iglesia fundada por Jesús con la promesa de que podía y debía enseñar su doctrina.

Por primera vez habló con sus pastores protestantes de temas doctrinales. Descubrió que su megaiglesia tenía 14 principios como denominación, estaban en la web para quien le interesaran. "Pues estudiarlos si quieres, pero es común que muchos no estemos de acuerdo con todos", le dijeron. Le pareció que entonces esos principios no merecían mucha reverencia y debían ser bastante arbitrarios. 

Justine Callis se hizo muchas preguntas y oró para llegar a su conversión al catolicismo

El factor Scott Hahn

Leyó Roma Dulce Hogar y La Cena del Cordero, dos libros del Scott Hahn, un biblista exprotestante que ha acercado a muchos al catolicismo. Le gustaron y fue a un encuentro con Hahn que visitaba su ciudad. "No estoy de acuerdo con todo lo que dice, pero me gustaría escucharle", pensó. Se sentó en la parte de atrás de la iglesia. Todo lo que Scott Hahn explicaba, acompañado de John Bergsma, era convincente y razonable. "Me estaban volviendo loca", recuerda. 

A la hora del descanso, confundió una cesta de estampitas para orar con una cesta para donativos, y pensó hacer un pequeño donativo y a la vez dejar una nota con un texto dirigido a Scott Hahn. "Haré una pequeña donación porque sé que aman a Jesús. Quizá su teología no me convence, pero puedo sentir que el Espíritu Santo está aquí", se dijo.

Resulta que todos los mensajes en la cesta entraban en un sorteo de un libro, y Hahn, ante todo el mundo, sacó su mensaje y lo leyó en voz alta: "Estimado Dr. Hahn, soy protestante. Pero después de hoy quizá no por mucho tiempo", había escrito ella sin saber que se leería en voz alta. Tuvo que levantarse y acercarse allí entre risas y aplausos. Hahn le dio un abrazo ante todos. Hoy, pasados los años, han colaborado ya en varios proyectos. 

Orar es ponerse a los pies de Cristo

Respecto a la presencia de Cristo en la Eucaristía, la quiso experimentar en una adoración. "Mi madre me había enseñado que la oración es sentarse a los pies de Jesús. Cuando entré en adoración lo recordé. Dije a Dios: 'si esto es verdad, este es el único lugar en que puedo sentarme físicamente a los pies de Jesús en este lado del Cielo'". Y al pensarlo y hacerlo, lloró. 'Esto es real o no lo es', se repitió.

Pero la gente ponía flores de verdad ante el Santísimo "como si realmente pensaran que este es Jesús".

Tenía que haber un Magisterio protegido por el Espíritu Santo. Y eso incluía la Eucaristía. 

Justine Callis en adoración eucarística, pero ya su madre evangélica la enseñó a ponerse a los pies de Cristo

Cada vez, más defendía las enseñanzas católicas. Anunció que estudiaría Teología Católica, para espanto de su familia. "En realidad, sólo quiero saber de dónde viene lo que dicen los católicos", les decía.

Una visión estando de retiro

Conoció un amigo sacerdote católico, que le recomendó un retiro en silencio. Hizo uno de cinco días, en la montaña, sin ordenador ni teléfono, ayunando. Sus pastores evangélicos se mostraron favorables: era tiempo para escuchar a Dios. "¿Qué estás haciendo, Señor?", le preguntaba.

El último día, el sacerdote le propuso hacer un ejercicio de imaginar o visualizar a Jesús, de pedir a Dios que le hablara con imágenes. En su iglesia, de estilo bastante carismático, ya había orado así en otras ocasiones, pidiendo "palabras del Señor" al interceder por otras personas.

Oró y durante 20 minutos no pareció pasar nada. Entonces tuvo una imagen en su imaginación, como "un boom de la nada". Jesús le conducía con los ojos vendados y le quitaba la venda en un templo católico. Luego, Jesús estaba de pie sobre el altar. Luego Jesús le enseñó cosas de la iglesia, la estatua de María, las escenas bíblicas de las vidrieras, las velas, y las manos del sacerdote en la elevación: "lo hice por ti", le dijo Jesús en esa visión. Ella le respondió llevando a Jesús a su megaiglesia y mostrándole sus pantallas, sillas, etc... y preguntándole: "hicimos esto para ti, ¿te gusta?" Pero Jesús la miró y le dijo: "Te amo". "Y en ese momento supe que Jesús había creado la Iglesia Católica y me la ofrecía, un regalo que nadie me había ofrecido".

Al volver a la iglesia evangélica en la que trabaja, Justine anunció que dejaba su trabajo y esa congregación.

Le costó explicarlo a su familia. De hecho, se quedaba sin trabajo. Estaba renunciando a todo por seguir a Jesús. Ella había rezado "Jesús, cualquier cosa menos el catolicismo" y ahora le pedía ser católica.

Hacerse católica en total le costó dos años y medio y 3 cursos de RCIA (iniciación católica para adultos).

Desde lo bueno de los protestantes, la unidad

Hoy le dice a los protestantes que, en realidad, tienen muchas cosas buenas, bellas y verdaderas, y que sólo les faltan unas pocas. "Yo diría que el catolicismo es el 100% de la verdad, mientras que el protestantismo tiene un porcentaje muy alto de la verdad. Por ejemplo, el Espíritu Santo sí puede obrar mucho entre protestantes, yo lo vi en mi ministerio allí. Y yo me enamoré de Jesús siendo protestante. Y hay diferentes formas de adoración. Pero ahora sé que el Santo Sacrificio de la misa es la forma más alta de oración y la Liturgia de las Horas es la segunda más alta".

"Los católicos nos hacemos un flaco favor cuando simplemente actuamos como si no hubiera verdad ni eficacia allí, porque creo que en realidad hay mucho que podríamos aprender de la iglesia protestante.

Y por supuesto, también hay mucho que la Iglesia protestante podría aprender de la Iglesia católica para entrar en el mundo".

"Hay protestantes que son cristianos devotos y hermosos, que nunca han leído una página ni de GK Chesterton ni de Tomás de Aquino, y si lo hicieran ¡se harían católicos!", dice en una tertulia con entusiasmo.

Ella cumple años el 15 de agosto. Al hacerse católica, descubrió que la Iglesia le pide ir a misa cada año, el día de su cumpleaños, por ser la fiesta de la Asunción de la Virgen. "Me encanta, es el mejor regalo", dice.

Justine desea una iglesia unida para cumplir "la Gran Comisión", el gran mandato de ir y hacer discípulos. Desde agosto de 2024 puso en marcha su iniciativa Theology of Conversion. Su objetivo: "equipar a los católicos para acercar a casa a sus seres queridos protestantes". Y juntos, anunciar a Cristo al mundo.

Robert Steele era alcohólico hasta que Dios lo sanó y es sacerdote ayudando a otros adictos: «La pornografía aísla a las personas y la confesión regular es un ancla que las lleva a la luz, donde comienza la sanación»

El sacerdote neozelandés Robert Steele / Foto: Diócesis de Auckland

* «La vergüenza y el miedo al juicio a menudo les impiden buscar ayuda, creando un ciclo de secretismo. A menudo se malinterpreta la confesión como un ritual de culpa, pero en realidad es una de las mayores fuentes de sanación. Recibir la confesión con frecuencia, semanalmente o cada dos semanas, ayuda a fortalecer la resiliencia, porque cada confesión no solo absuelve el pecado, sino que también derrama la gracia sacramental, fortaleciéndonos para resistir la tentación. Muchos adictos en recuperación testifican que la confesión es su ‘botón de reinicio’, un lugar seguro para empezar de nuevo sin temor al juicio»

Camino Católico.-  Fue una vocación tardía, muy tardía. Robert Steele tenía 57 años en 2008 cuando el obispo le impuso las manos para transferirle el orden sacerdotal. Llevaba siete sin tomar una gota de alcohol, una adicción que arrastraba desde su adolescencia, durante cerca de 40 años. «Descubrí que Dios no había desperdiciado mi sufrimiento», asegura en una entrevista con The Catholic Weekly. «Las experiencias de las que antes me avergonzaba se convirtieron en parte de mi vocación pastoral», reconoce ahora este sacerdote católico neozelandés que lleva años acompañando a personas con problemas de adicción.

El padre Steele es el párroco de la iglesia de San Patricio en Pukekohe, al sur de Auckland (Nueva Zelanda). Tras años viviendo en la culpa y la vergüenza, ha plasmado toda su experiencia vital de lucha en un libro que ha titulado ‘A Journey of Hope: Combating Pornography on the Internet’ (Un viaje de esperanza: Combatiendo la pornografía en internet). En él, el sacerdote neozelandés se atreve a abordar un tema que genera mucho silencio: cómo avanzar hacia la sanación y la libertad para aquellas personas atrapadas en patrones compulsivos de contenido sexual en línea. Argumenta que es una crisis que afecta la salud mental, la vida espiritual e incluso la capacidad de los jóvenes para imaginar su futuro.

Sus reflexiones surgen de su experiencia pastoral, pero también de su propia historia personal de recuperación. Antes de ingresar al seminario, Steele luchó contra el alcoholismo durante su juventud. Tras enfrentarse a la adicción y abrazar la sobriedad, finalmente discernió su vocación sacerdotal. Hoy cumple 25 años sin alcohol, un hito que a menudo cita como prueba de que las heridas personales pueden convertirse en la base de una vida de servicio.

Camino de adicción, sufrimiento y la gracia de Dios

“Crecí en un entorno obrero bastante común y corriente, y como muchos hombres de mi generación, caí en comportamientos adictivos durante mi juventud. El alcohol era mi principal problema, pero debajo de eso había cuestiones más profundas: soledad y heridas sin resolver. Durante mucho tiempo intenté manejar la vida a mi manera, y simplemente no funcionó”. cuenta el padre Robert Steele.

Durante varios años trabajó en el sector turístico y hotelero, llegando a ser profesor universitario en esa área. Pero no era feliz.  

“Mi punto de inflexión llegó cuando finalmente admití que no podía arreglarme a mí mismo. Ingresé a rehabilitación, abracé la sobriedad y comencé un largo y honesto proceso de sanación interior. Ese camino me enseñó humildad, autoconocimiento y a confiar en la gracia divina. Ahora llevo 25 años sobrio”. 

A medida que superaba lentamente su alcoholismo, resurgió un interés por el sacerdocio que había permanecido latente durante mucho tiempo. Fue ordenado sacerdote en 2008, a la edad de 57 años. 

“Descubrí que Dios no había desperdiciado mi sufrimiento. Las experiencias de las que antes me avergonzaba se convirtieron en parte de mi vocación pastoral. Regresé al seminario más adelante, por la gracia de Dios, y fui ordenado sacerdote, llevando conmigo una profunda compasión por quienes sufren. Mi vocación es inseparable de mi recuperación. El sacerdocio es la forma en que Dios transformó mis heridas en una fuente de servicio”.

El libro del padre Steele, por ahora solo disponible en inglés

Cómo combatir la pornografía

En su país, el 54 % de los chicos jóvenes y el 14 % de las mujeres jóvenes ven pornografía al menos una vez a la semana. Unas cifras similares a las que se manejan en el resto del mundo occidental. “Lo que me preocupa aún más que los porcentajes es la edad de la primera exposición. Muchos niños se enfrentan a la pornografía a los 9, 10 u 11 años”, explica el padre Steele. “En esa etapa, sus cerebros y estructuras morales no están ni remotamente preparados para procesar lo que ven”, constata. Eso, inevitablemente, crea unas cadenas que son muy difíciles de romper. Él, que ha tenido que desembarazarse de las del alcohol, sabe bien de qué habla y aborda en su libro como hacer frenta a la pornografía.

“Desde una perspectiva de salud pública, la pornografía está ahora fuertemente vinculada a la ansiedad, la depresión, la disfunción sexual, la ruptura de relaciones, las visiones distorsionadas de la intimidad y el aumento de los patrones de adicción. Neurológicamente, reconfigura los circuitos de recompensa de maneras sorprendentemente similares a las drogas”, señala.  

Y subraya que “desde una perspectiva espiritual, es igualmente grave. La pornografía entrena al corazón para consumir en lugar de amar. Erosiona la capacidad de entrega, fidelidad, respeto por el cuerpo y una intimidad auténtica. En cuanto a las vocaciones y la práctica de la fe: no diría que la pornografía es el único factor, pero estoy convencido de que es uno importante. Cuando los hombres viven con vergüenza crónica, secretismo y comportamientos sexuales compulsivos, les resulta mucho más difícil imaginar el sacerdocio, el matrimonio o un compromiso profundo con Dios”.

“Romper el ciclo de la adicción a la pornografía se desarrolla en tres dimensiones: neurológica, emocional y espiritual. La libertad duradera no es simplemente una cuestión de fuerza de voluntad; es un camino de gracia.  Y los puntos de hidratación en la larga carrera hasta la meta son las prácticas tradicionales de la Iglesia Católica: la confesión frecuente, la Eucaristía, la dirección espiritual, el ayuno y los actos de sacrificio, y la devoción a la Santísima Virgen”,   explica el padre Steele.

“La terapia, el software de seguimiento, los grupos de apoyo y las intervenciones basadas en la neurociencia son realmente útiles”, afirma. “Pero sin fe, falta algo esencial: sentido, perdón, esperanza y trascendencia. La adicción no es solo un problema de comportamiento. Es una herida relacional y espiritual”. 

“Para los católicos, el poder de la confesión suele pasarse por alto, pero es una piedra angular del éxito espiritual, ya que la vergüenza es la atadura más fuerte para quienes no pueden dejar de consumir pornografía”, asegura el sacerdote.

“La adicción a la pornografía aísla a las personas. La vergüenza y el miedo al juicio a menudo les impiden buscar ayuda, creando un ciclo de secretismo”, escribe el padre Steele en ‘Un viaje de esperanza’.

“A menudo se malinterpreta la confesión como un ritual de culpa, pero en realidad es una de las mayores fuentes de sanación. La vergüenza nos dice que nos escondamos, pero la confesión nos saca de las sombras y nos lleva a la luz, donde comienza la sanación. Para alguien que lucha contra la pornografía, la confesión regular se convierte en un ancla”, asegura.

“Recibir la confesión con frecuencia, semanalmente o cada dos semanas, ayuda a fortalecer la resiliencia, porque cada confesión no solo absuelve el pecado, sino que también derrama la gracia sacramental, fortaleciéndonos para resistir la tentación. Muchos adictos en recuperación testifican que la confesión es su ‘botón de reinicio’, un lugar seguro para empezar de nuevo sin temor al juicio”, comparte.

La recuperación puede ser un camino largo y arduo. Incluso los cristianos convencidos pierden la esperanza y dejan de orar. “Llegan a un punto en el que dicen: ‘¿Para qué molestarse? ¿Para qué orar por esto? Porque no lleva a ninguna parte’”.  

“Siempre animo a quienes acompaño y les digo que nunca se rindan. Que sigan orando. La recuperación es lenta. Las recaídas son comunes, por desgracia. Pero el progreso es lento pero constante”, subraya.  

La pornografía entrena al corazón para consumir en lugar de amar. Erosiona la capacidad de entregarse a uno mismo, la fidelidad, el respeto por el cuerpo y la intimidad auténtica / Foto: Pexels.com.

Si la pornografía es un problema tan grave, ¿por qué los feligreses no oyen hablar de ello con más frecuencia? El padre Steele afirma que “los sacerdotes no son indiferentes, pero deberían pronunciarse al respecto. A algunos les preocupa avergonzar a los feligreses, provocar reacciones negativas o no tener el lenguaje adecuado. Otros, simplemente, no se sienten capacitados para abordar la adicción sexual,” asegura. 

“Pero el silencio tiene un precio. Cuando los jóvenes y los padres nunca oyen a la iglesia hablar con claridad, compasión y pragmatismo sobre la castidad y la pornografía, asumen que la iglesia no comprende su mundo. Eso es trágico. Necesitamos más predicación, más catequesis y más honestidad pastoral. No de una manera moralizante o que avergüence, sino de una manera sanadora, esperanzadora y que diga la verdad”, reflexiona. 

Los padres no pueden permitirse el lujo de ignorar el atractivo de la pornografía para sus hijos. Las búsquedas en Google o las atractivas ventanas emergentes atraen a muchos niños a los rincones oscuros de internet. Y siempre existirá la presión de grupo para explorar terrenos prohibidos.  

El padre Steele tiene cuatro palabras de consejo para los padres: "Sean tempranos y sean honestos". Y añade: “Los padres deben dar por sentado que sus hijos se encontrarán con pornografía, en lugar de preguntarse si podrían hacerlo. Las conversaciones sobre el cuerpo, el sexo y la seguridad en internet deben comenzar mucho antes de lo que la mayoría de los padres creen”. 

Por otra parte, “también es necesario crear un entorno donde los niños no tengan miedo de decir la verdad. Si un niño confiesa haber estado expuesto y recibe ira o pánico, aprenderá a esconderse. Las herramientas prácticas también importan: filtros, aplicaciones de control, reglas para los dispositivos. Pero ningún filtro reemplaza una relación sólida y un diálogo abierto”, asevera.  

Como complemento de  «Un viaje de esperanza», el padre Steele también ha publicado una parábola moderna, «El viaje de Miguel: una novela de lucha, gracia y libertad». Narra la historia de un joven atrapado por la pornografía que, poco a poco, logra liberarse con la ayuda de la oración y el consejo de un sacerdote comprensivo. Padres y adolescentes podrían encontrarla útil. 

Para los adictos a la pornografía, ¿existe un Matt Talbot, el irlandés santo considerado el santo patrón de los alcohólicos?  “Todavía no, aunque San Carlos Acutis es venerado por su “pureza, devoción eucarística y uso de la tecnología para el bien. Creo sinceramente que Dios está suscitando testigos modernos que algún día serán reconocidos como santos de esta lucha. Vivimos en un nuevo campo de batalla espiritual, y el cielo siempre provee nuevos héroes» concluye el padre Steele.