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lunes, 19 de enero de 2026

Fray Daniele Natale fue resucitado tras tres horas muerto en las que vio y padeció el Purgatorio: «Imploré: ‘¡Oh, Virgen María obtén del Señor la gracia de retornar a la tierra para vivir y actuar sólo por amor de Dios!’»

Fray Daniele Natale, sacerdote capuchino, fue resucitado tras estar muerto durante tres horas en las que vio y padeció el Purgatorio

* La repentina resurrección de Fray Daniele causó conmoción y asombro entre quienes estaban presentes. El Dr. Riccardo Moretti, quien había certificado su muerte, se convirtió a la fe católica al ver este milagro. El sacerdote cuenta así el momento de su resurrección: «Me di cuenta de que el Padre Pío le hablaba a la Virgen. Después de unos instantes se me apareció de nuevo la Bienaventurada Virgen María (...) ella inclinó su cabeza y me sonrió. En aquel preciso momento recuperé la posesión de mi cuerpo (...) con un movimiento brusco, me liberé de la sábana que me cubría. (...) los que me estaban velando y rezando, asustadísimos se precipitaron fuera de la sala para ir en busca de los enfermeros y de los doctores. En pocos minutos en la clínica se armó un jaleo. Todos creían que yo era un fantasma»   

Camino Católico.- La existencia del Purgatorio es un dogma de la fe católica -formulado en los Concilios de Florencia y de Trento- que refiere a un estado intermedio donde están "los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados" (Catecismo nr. 1030).

Además de la certeza que otorga la fe, existen decenas de privilegiados a quienes Dios les ha concedido el don de estar en el Purgatorio y regresar a esta vida para dar testimonio de lo que han visto. Uno de ellos es el sacerdote capuchino, Fray Daniele Natale, fallecido en 1994.

Fray Daniele tuvo dos experiencias sobrenaturales que se describen con detalle en el libro Fra Daniele Natale racconta le sue esperienze con Padre Pio (Edizioni Frati Cappuccini 2001). La primera, corroborada por médicos y testigos es que estuvo muerto durante tres horas y fue resucitado. La segunda es que durante ese tiempo -que para él fueron siglos- afirma haber visitado y padecido el Purgatorio.

Los sucesos previos

 Fray Daniele Natale, sacerdote capuchino, confesándose con el Padre Pio con el que tenía gran cercanía  

Fray Daniele se convirtió en una figura prominente durante la Segunda Guerra Mundial. Su labor misionera en tiempos de guerra y su cercanía con el querido Padre Pío, le otorgaron una notoriedad considerable dentro de la comunidad eclesiástica.

En 1952, Fray Daniele fue diagnosticado de un grave cáncer en el bazo. A pesar de las perspectivas poco alentadoras, aceptando la indicación de Padre Pío, se sometió a una operación quirúrgica en la clínica Regina Elena en Roma. La operación, llevada a cabo por el Dr. Riccardo Moretti, resultó en un coma que duró tres días, luego del cual falleció. Se expidió el certificado médico de su defunción y acudieron los familiares para rezar por el difunto. Sin embargo, pasadas unas 3 horas, para asombro de los allí reunidos, de repente el muerto volvió a la vida.

Llevado al Purgatorio y vuelto a la vida

Fray Daniele Natale, sacerdote capuchino, fue llevado al purgatorio cuando estuvo muerto tres horas y luego resucitó

Según el propio Fray Daniele, durante ese tiempo, su alma fue llevada al purgatorio. En su relato, describe cómo se presentó ante el trono de Dios, quien se reveló no como un severo juez, sino como un padre amoroso. Las intensas penas y sufrimientos que experimentó durante esas tres horas le hicieron sentir cual si hubieran transcurrido trescientos años. Así narra su experiencia el fraile Daniele...

"Yo estaba de pie delante del trono de Dios. Lo vi, pero no como un juez severo, sino como un padre afectuoso y lleno de amor. Entonces me di cuenta de que el Señor lo había hecho todo por amor mío, que había cuidado de mí desde el primer hasta el último instante de mi vida, amándome como si fuera la única criatura existente sobre esta tierra. Me di cuenta también, sin embargo, de que no sólo no había correspondido a este inmenso amor divino, sino que lo había descuidado del todo. Fui condenado a dos-tres horas de purgatorio. «Pero ¿Cómo? -me pregunté- ¿Sólo dos-tres horas? ¿Y después voy a permanecer para siempre junto a Dios, eterno Amor?». Di un salto de alegría y me sentí como un hijo predilecto. (...) eran unos dolores terribles, que no se sabe de dónde venían, pero se sentían intensamente. Los sentidos que más habían ofendido a Dios en este mundo: los ojos, la lengua... sentían mayor dolor y era una cosa increíble, porque ahí en el Purgatorio uno se siente como si tuviera el cuerpo y conoce, reconoce a los otros como ocurre en el mundo".

"Mientras tanto -explica- no habían pasado más que unos pocos momentos de esas penas y ya me parecía que fuese una eternidad. Entonces pensé en ir a un hermano de mi convento para pedirle que rezara por mí, que yo estaba en el Purgatorio. Ese hermano se quedó maravillado, porque sentía mi voz, pero no veía mi persona, y él preguntaba «¿Dónde estás?,¿Por qué no te veo?» (...). Sólo entonces me di cuenta de estar sin cuerpo. Me contentaba con insistirle en que rezara mucho por mí y me fui de allí. «Pero ¿Cómo? -me decía a mí mismo- ¿No deben ser sólo dos- tres horas de purgatorio...? ¡y ya han pasado trescientos años!» al menos así me lo parecía. De repente se me aparece la Bienaventurada Virgen María y le supliqué, le imploré diciéndole «¡Oh, Santísima Virgen María, madre de Dios, obtén para mí del Señor la gracia de retornar a la tierra para vivir y actuar sólo por amor de Dios!». Me di cuenta también de la presencia del Padre Pío y le supliqué también a él: «Por tus atroces dolores, por tus benditas llagas, Padre Pío mío, reza tú por mí a Dios para que me libere de estas llamas y me conceda continuar el Purgatorio sobre la tierra». Después no vi nada más, pero me di cuenta de que el Padre Pío le hablaba a la Virgen. Después de unos instantes se me apareció de nuevo la Bienaventurada Virgen María (...) ella inclinó su cabeza y me sonrió. En aquel preciso momento recuperé la posesión de mi cuerpo (...) con un movimiento brusco, me liberé de la sábana que me cubría. (...) los que me estaban velando y rezando, asustadísimos se precipitaron fuera de la sala para ir en busca de los enfermeros y de los doctores. En pocos minutos en la clínica se armó un jaleo. Todos creían que yo era un fantasma".

El Regreso a la Vida


Fray Daniele Natale, sacerdote capuchino, junto a una oración para pedir su beatificación

La repentina resurrección de Fray Daniele causó conmoción y asombro entre quienes estaban presentes. El Dr. Riccardo Moretti, quien había certificado su muerte, se convirtió a la fe católica al ver este milagro.

Tras su experiencia en el Purgatorio, este sacerdote capuchino amigo de padre Pío vivió otros cuarenta y dos años. Durante este tiempo, continuó su labor misionera y se dedicó a servir a Dios y a los demás. Su testimonio personal sobre el Purgatorio ha sido una fuente de reflexión y estudio para muchos.

La experiencia de Fray Daniele Natale brinda una visión única sobre el concepto del Purgatorio. Aunque su relato se basa en una experiencia personal, ofrece una perspectiva valiosa sobre este estado de purificación que forma parte de la doctrina católica. Nos recuerda la importancia de vivir una vida virtuosa buscando en todo la gracia y la amistad de Dios.

Sofía Acosta resucitó tras una hora muerta: el milagro que beatificó a la Madre Catalina de María Rodríguez: «Desde el punto de vista médico yo le puedo decir, que, de seguro... estaba muerta. No existía nada»

Sofía Acosta en su casa del Barrio Modelo de San Miguel de Tucumán, junto a un retrato de Catalina de María, que murió en 1896 y dejó como obra el Colegio Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús

* «Para nosotros la Madre Catalina de María Rodríguez ya es una santa. Hizo un doble milagro, al evitar que quedaran daños cerebrales, pero el Vaticano sólo reconoció el de la resurrección para beatificarla. Ahora falta otro para que la Iglesia la declare Santa» 

       

Vídeo del testimonio de quienes vivieron la resurrección de Sofía Acosta, milagro obrado por la Madre Catalina de María Rodríguez

Camino Católico.- "Yo resucité de entre los muertos gracias a la intercesión de la Madre Catalina. Me hace muy feliz que la Iglesia la haya reconocido como Beata, por el milagro que obró en mí, aunque para mí ella es una santa", dice Sofía Acosta, recordando el 22 de abril de 1997, cuando la Madre Catalina la regresó a la vida después de una hora de su muerte. La milagrada vive en el  Barrio Modelo de San Miguel de Tucumán en Argentina, junto a su esposo, Leonardo Oscar Valdez, y a su otra hija, Eugenia.

Sofía Acosta y su esposo Leonardo junto a su nieto y sobrinos en el año del milagro, 1997

Sofía recuerda que aquella noche se había sentado para coser una pollera. Nada la preocupaba: "Yo estaba sana y me fui hasta la casa de Eugenia (que vive a la par, puerta de por medio) a decirle que ya tenía lista la ensalada que le había prometido. Y cuando regresé para avisarle a mi esposo que la cena estaba lista, me desvanecí".

Eugenia escuchó el estruendo y corrió para ver qué estaba sucediendo: "La vi a mi mamá tirada en el piso de la cocina. Mientras mi papá corría a buscar al médico, que vive enfrente, yo le pedía a ella que no me deje… Fue ahí cuando la escuché expirar. Salí desesperada en busca de un taxi… Justo encontré a un vecino que estaba entrando el auto en el garaje y le pedí que nos llevara al hospital. Cuando la levantamos con mi esposo y el vecino para subirla al auto, ella estaba dura, blanca. Recuerdo que no la podíamos sujetar. Era impresionante el peso que tenía. Hasta sacarle la dentadura postiza nos resultaba imposible, por lo rígida que estaba".

Después de cuarenta minutos lograron llegar al sanatorio Galeno para que recibiera los primeros auxilios, pero las tareas de reanimación no tuvieron éxito.  "El doctor Osvaldo Malmoria nos informó que había fallecido de muerte súbita –recuerda Eugenia–. En medio de semejante desesperación, mi papá le dice que le saque el corazón a él y se lo ponga a mi madre, pero el médico insiste que ya estaba muerta. Entonces yo le ruego al doctor que haga un último intento, porque estaba convencida de que la Madre Catalina la iba a salvar. Creo que él volvió a reanimarla porque se apiadó de nosotros. Mientras tanto, yo le rezaba a la Madre Catalina".

El cardiólogo José Luis Olguín fue quien primero atendió a Sofía y así lo recuerda: “Bajo rápido, evalúo y veo a una paciente que estaba en paro respiratorio, sin signos vitales, sin pulso, sin presión...”. También el médico de cabecera de la paciente, doctor Arturo Venturini, corrobora que ya no había nada que la ciencia médica pudiere hacer... “Desde el punto de vista médico yo le puedo decir, que, de seguro... estaba muerta. No existía nada, no existía nada”. 

Es el propio médico Malmoria quien en breves palabras narra el milagro: “...Seguimos intentando recuperarla y en algún momento la paciente recuperó la actividad cardiaca”. Sofía fue trasladada a la unidad coronaria para una mejor atención pues mantenía un edema pulmonar y se suponía una grave afección cerebral. Las posibilidades de supervivencia se consideraban escasas o al menos con secuelas. Mientras tanto comenzaron las cadenas de oración y las alumnas del Colegio rezaban fuertemente por la curación de Sofía, madre de una de sus profesoras. 

El matrimonio en el Colegio de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, en Tucumán

Eugenia explica por qué encomendó a su mamá a Madre Catalina y no a otro santo: “Porque Catalina fue la fundadora del colegio Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús donde yo trabajo como maestra de Inglés en jardín de infantes, y sabía que no me iba a fallar. Y así fue, porque al rato salió el doctor Malmoria a decirnos que mi mamá había vuelto. La clave para que me concediera el milagro fue pedirlo con mucha Fe”.

Delante de su casa, Sofía rodeada por su familia y la Hermana Marita, de las Esclavas que fundó Catalina

Por su parte Sofía comparte lo que recuerda que vivió mientras estaba clínicamente muerta: “Yo lo único que vi fue un campo inmenso con flores amarillas. Iba muy feliz por medio de un sendero y sentía una gran paz interior, mientras una pequeña luz me iba guiando. A medida que avanzaba se iba agigantando, y de pronto me topé con un precipicio enorme. Fue entonces cuando mi madre y un sobrino que habían fallecido me sujetaron fuerte de los brazos, para que no cayera al vacío. Mi madre me gritó: "¡Vamos, salí!". Fue tan real que hasta ahora me miro los brazos buscando una marca de ese agarrón. Por algo Dios y la Madre Catalina me hicieron volver”.

Josefa Saturnina Rodríguez –luego Madre Catalina de María– nació en Córdoba el 27 de noviembre de 1823

Josefa Saturnina Rodríguez –luego Madre Catalina de María– nació en Córdoba el 27 de noviembre de 1823. A los 29 años se casó con el coronel Manuel Antonio de Zavalía. Su matrimonio duró 13 años. Cuando en 1865 enviudó concretó su vocación eclesiástica. El 29 de septiembre de 1872 fundó el instituto de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Y en 1877, invitada por el Cura Brochero, hoy santo, se instaló en Villa del Tránsito (localidad que hoy lleva el nombre del cura gaucho). Murió el 5 de abril de 1896 y fue declarada Venerable el 17 de diciembre de 1997 por el papa Juan Pablo II.


La hermana Marita, Sofía y su hija Eugenia

Las 72 horas posteriores a la "muerte y resurrección" de Sofía estuvieron cargadas de incertidumbre. "El pronóstico no era alentador. Tenía un derrame cerebral severo, porque su cerebro había estado 40 minutos sin oxígeno", rememora Eugenia. Su hija, junto a la comunidad educativa del colegio, se unieron en oración y al canto de "mandarina, mandarina/ Señor, haz el milagro por la Madre Catalina", pedían por su pronta recuperación.

Mientras tanto, por sugerencia de una compañera, colocó bajo la almohada de su madre una reliquia de la Madre Catalina (una estampita con una oración que tiene un pedazo de su manto). "Se ve que otra vez nos escuchó, porque mamá no tardó en recuperarse y no tuvo que padecer secuelas. Para nosotros ella ya es una santa. Hizo un doble milagro, al evitar que quedaran daños cerebrales, pero el Vaticano sólo reconoció el de la resurrección para beatificarla. Ahora falta otro para que la Iglesia la declare Santa".

Mientras cae la tarde, se suma a la charla la hermana Marita Barrionuevo, Madre Superiora del Colegio Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús y vice postuladora ante la Congregación para la Causa de los Santos. Ella fue una de las encargadas de recopilar minuciosamente los archivos médicos y los testimonios que permitieron beatificar a la Madre Catalina: "El proceso canónico comenzó en 2012. Se hizo declarar a los testigos y una junta médica analizó su resurrección. El tribunal eclesiástico no tardó en dictaminar en el caso de Sofía, porque las pruebas fueron contundentes. Los electrocardiogramas certificaron que ella había estado muerta, y eso fue fundamental para que se aceptara el milagro".

Vincent Lafargue tuvo una experiencia cercana la muerte que lo llevó a ser sacerdote: «Vi una luz inmensa habitada por el amor de Dios que me cambió la vida y descubrí la vocación»

El padre Vincent Lafargue dejó los tras trabajos que tenía y sintió su llamado al sacerdocio después de haber estado muerto clínicamente y haber vivido una experiencia cercana a la muerte (ECM)

* «Yo era un creyente, no muy practicante, pero solía leer en misa para mi comunidad católica. Estaba más acostumbrado a hablar con Dios para llamarlo a rendir cuentas por la desgracia y la maldad del mundo, en lugar de orar. No me di cuenta de que Dios no es responsable de estos males. Hay tres características principales que observé en mí mismo después y que se encuentran en muchos que han pasado por experiencias cercanas a la muerte. Primero, el hecho de que ya no le temo a la muerte. El segundo elemento es, de hecho, la voluntad de cambiar mi vida. Pasé de mis tres trabajos a la vocación sacerdotal. La tercera característica es la necesidad de estar al servicio de los demás. En mi misión, estoy involucrado en la capellanía del hospital, lo que me permite estar involucrado con la gente como otros estuvieron conmigo después de mi accidente. A nivel personal, he desarrollado un sentido agudo de lo que es directo, justo, sincero. No siempre es cómodo. Me empuja a decir la verdad, ¡lo que no siempre es fácil!»   

Camino Católico.- Al padre Vincent Lafargue le gusta celebrar cada año el 14 de noviembre, ya que marca el día de lo que él considera su segundo nacimiento. Ese día, en el año 2000, a sus 25 años, este suizo sufrió un terrible accidente mientras conducía su moto, que le llevó a la muerte.

Una hemorragia interna, seguida de un paro cardíaco, le impulsó fuera de su propio cuerpo, dice, hacia una poderosa luz en la que se sintió rodeado por el amor absoluto de Dios.

Esa experiencia cercana a la muerte cambió radicalmente su forma de ver la vida y el sentido profundo que daba a su presencia en la tierra, hasta el punto de llevarle a abrazar la vocación sacerdotal dos años después, como cuenta en esta entrevista publicada por el National Catholic Register.

Ordenado sacerdote para la diócesis de Sion (en el cantón de Valais, Suiza) en 2010, el padre Lafargue vive en Villeneuve (cantón de Vaud), mientras se forma actualmente para ser capellán de un hospital cercano en Rennaz.

- ¿En qué contexto se produjo su accidente?

- Tenía 25 años y tres trabajos al mismo tiempo: Era actor por la noche, presentador de radio por la mañana y profesor de francés durante el día. Como mucha gente a esa edad, me creía inmortal. Solía hacerlo todo extremadamente rápido, como me hizo notar una vez uno de mis alumnos, observando un tic verbal que tenía: Siempre decía la palabra "rápidamente". "Vamos a hacer un ejercicio rápidamente". "Vamos a pasar a otro tema rápidamente". "Te voy a enseñar algo rápidamente". Me di cuenta de ello gracias a este alumno.

Estaba pensando en esto esa noche en mi motocicleta, y comencé a hablar con Dios en mi corazón. Le dije: "Sé que voy demasiado rápido y que este tic dice algo sobre mi vida. Estoy haciendo demasiado, y me gustaría poder frenar, pero no sé cómo hacerlo, sobre todo porque me encanta todo lo que hago". Y añadí: "Si eres tan inteligente, si realmente existes, ¿por qué no intentas detenerme?".

Estaba en un semáforo en rojo; y en ese momento, se oyó claramente una voz que cubría la música que estaba escuchando a todo volumen en mis auriculares y que empezó a hablarme. Esta voz, muy suave y amable -y que no tenía nada que ver con la voz de mi conciencia- me preguntó dos veces: "¿Eres realmente consciente de lo que me estás pidiendo?" Y dos veces, en voz alta, sin estar seguro de lo que hacía, respondí: "Sí".

El semáforo se puso en verde y recorrí unos 100 metros antes de encontrarme con un coche delante, a 80 km/h. Había una ilusión óptica en ese punto de la carretera, y el conductor del coche y yo no teníamos forma de vernos. Los investigadores se dieron cuenta más tarde de ello e hicieron corregir la carretera. Todo ocurrió en medio segundo. El otro coche también iba a 80 km/h, así que fue como chocar contra un muro a 100 km/h. Fue muy violento. Fue muy violento. La conductora del coche, que se convirtió en una amiga después, quedó traumatizada durante mucho tiempo.

- ¿Qué tan grave fue el accidente para usted?

- Fue muy grave, pero una serie de "casualidades" -el nombre que toma Dios cuando actúa de incógnito, pues se trata de casualidades con mayúsculas- hicieron que no muriera esa noche. La conductora tenía un teléfono móvil en el coche (algo que no era habitual en el año 2000), y llamó inmediatamente a la policía en lugar de a la ambulancia porque estaba convencida de que yo estaba muerto cuando me encontró en un charco de sangre. Esto fue lo que me salvó la vida, porque más tarde nos dijeron que la ambulancia estaba atascada en el tráfico, lejos del lugar del accidente, mientras que el coche médico de la policía estaba cerca y llegó en dos minutos.

Me llevaron al hospital de Ginebra. Tenía muchas fracturas, sobre todo en la pelvis, lo que me provocó una hemorragia interna que no se detectó enseguida. Me salvó in extremis un médico que había terminado su jornada de trabajo, pero que se había detenido junto a la máquina de café antes de marcharse. Cuando me vio, me preguntó qué me pasaba y luego pidió ver mis radiografías. Reconoció un punto que indicaba las hemorragias y comprendió que me estaba muriendo. Mi corazón se detuvo justo en la puerta del quirófano.

- ¿Así que fue entonces cuando todo cambió?

- Sí. Lo que sucedió en ese momento es mucho más vívido que cualquier otra cosa en mi mente. De repente vi una escena que pude observar desde arriba. Vi a una persona herida en una cama, la gente se agitaba a su alrededor, y luego oí un pitido que indicaba que el corazón se había detenido. Me preocupé por esta persona sin comprender que era yo. Me encontraba en un estado de bienestar total.

En realidad, apenas duró un minuto, pero en mi percepción, fue mucho más largo. Entonces me di la vuelta de repente, como si alguien me tirara por detrás. Pero en lugar de ver el techo, vi esa famosa luz inmensa, de la que nunca había oído hablar. Es mucho más potente que la luz del sol, sin ser deslumbrante. Me sentí atraído por ella. Floté hacia esta luz durante unos instantes, pero a diferencia de otros, [que, por ejemplo, afirman haber visto a seres queridos fallecidos o incluso a Jesús] no fui más allá. Sin embargo, para mí, esta luz estaba habitada, no por una persona visible, sino por una presencia evidente, que era el Amor, el Amor incondicional. Y, para mí, como aprendí después, el amor es una Persona: Dios. Esto fue lo que sentí profundamente.

El padre Vincent Lafargue contó al médico todo lo que había vivido desde fuera de su cuerpo en el hospital y el doctor tuvo que reconocer que era verdad aunque científicamente no tenía explicación porque él estaba clínicamente muerto

- Dices que después de ver esta intensa luz no fuiste más allá. ¿Qué pasó después?

- De repente fui arrojado de nuevo a mi cuerpo. Fue el peor momento de mi vida, sensorialmente hablando, aunque fue cuando mi corazón volvió a empezar. Se despertaron todos mis dolores. A continuación me sometieron a una serie de duras intervenciones. Algunos recuerdos de mi experiencia volvieron a mí rápidamente después de despertarme, sin que entendiera realmente el significado de todo aquello.

Unos meses más tarde, hablé de ello con el mismo médico que me había operado. Le conté lo que había visto, el masaje cardíaco, el diálogo entre él y las enfermeras, el número que vi en la pared, el nombre en la etiqueta de la bata blanca de un cuidador junto a mi cama... El médico se mostró interesado y confuso a la vez, diciendo que yo no podía recordar científicamente nada de eso, especialmente al hombre junto a la cama, porque nunca lo había visto fuera del quirófano. Dijo que me creía porque todo lo que decía era cierto, pero que no podía explicarse por la ciencia porque mi corazón ya no latía.

- Esta experiencia le empujó a tomar una nueva y radical decisión de vida. Pero, ¿cómo te cambió concretamente?

- Hay tres características principales que observé en mí después y que se encuentran en muchos que han vivido experiencias cercanas a la muerte. En primer lugar, el hecho de que ya no tengo miedo a la muerte. El segundo elemento es, efectivamente, la voluntad de cambiar mi vida. Pasé de mis tres trabajos a la vocación sacerdotal. La tercera característica es la necesidad de estar al servicio de los demás. En mi misión, participo en la capellanía de un hospital, lo que me permite involucrarme con la gente como otros lo hicieron conmigo después de mi accidente.

A nivel personal, he desarrollado "antenas contra la hipocresía", en cierto modo. Es un sentido agudo de lo que es franco, justo, sincero. No siempre es cómodo. Me empuja a decir la verdad, lo que no siempre es fácil.

- ¿Qué tipo de relación tenía con Dios antes del accidente?

- Era creyente, no muy practicante, pero solía leer en misa para mi comunidad católica. Estaba más acostumbrado a hablar con Dios para pedirle cuentas por las desgracias y el mal del mundo, que a rezar. No me daba cuenta de que Dios no es responsable de esos males que provienen de otro. ...

Una anécdota relacionada con mi accidente ilustra cómo el Señor vino a responderme sobre este tema. Inmediatamente después de mi accidente, un capellán vino a visitarme a mi habitación, y lo despedí bruscamente. Pero volvió a la semana siguiente, y cada semana después, durante mi larga hospitalización. Me explicó largamente que Dios nunca hace el mal, que no quería el mal que me había ocurrido, sino que lo estaba utilizando para tocar mi corazón. Me dijo que el Señor estaba clavado conmigo en esa cruz que tenía que soportar, clavado en mi cama, y que era con él con quien podía superar todo esto. Obviamente, estas palabras fueron muy importantes y jugaron un papel importante en mi camino.

La "suerte" quiso que el día que fui a visitar el seminario de Friburgo por primera vez, él estaba allí, ¡dando una conferencia sobre capellanía hospitalaria!

En 2019, me han pedido que asista a los pacientes de un nuevo hospital en Rennaz (en el cantón de Vaud). Da la casualidad de que el capellán de este nuevo centro sigue siendo él, el antiguo capellán del hospital de Ginebra, que ahora está a punto de jubilarse. Me pidió que me hiciera cargo de la capellanía del hospital. 

- ¿Su vocación floreció inmediatamente después de su experiencia cercana a la muerte?

No, primero pasaron dos años, durante los cuales exploré todas las religiones del mundo. Estaba buscando. El primer detonante fue la visita del Dalai Lama a Suiza, durante la cual pidió a la población local que no se convirtiera al budismo, sino que redescubriera la belleza de su propia religión. Esto me empujó a volver a mi fe católica, que había tenido la suerte de recibir de niño.

El otro detonante fue un programa de radio. A menudo Dios viene a nosotros a través de lo que nos habla. Yo había sido locutor de radio, y él vino a mí a través de ese canal. Iba en coche a la escuela y cogí un programa por el camino. Escuché a un hombre mayor que hablaba de todo lo que me gusta -poesía, arte, cine- de una manera que me conmovió mucho, sin que yo supiera quién era. Era una radionovela que duró dos o tres días. Al día siguiente, encendí la radio para escucharlo y me quedé de piedra al saber que ese hombre era un cura. Para mí, los sacerdotes sólo decían misa los domingos, y no tenía ni idea de que pudieran hablar de todos estos temas con tanta precisión.

Entonces busqué su información de contacto y le llamé. Mientras hablaba con él por teléfono, su voz era tan abrumadora como en la radio. Sin siquiera pensarlo, le dije que le había escuchado en la radio y que me sentía llamado a la misma vocación que él. Fui el primer sorprendido por lo que dije. 

El padre Vincent Lafargue dice que muchos fieles se conmueven con su testimonio porque están sedientos de testimonios que les permitan intentar comprender lo que la ciencia no explica

- ¿Cómo reaccionan sus compañeros sacerdotes ante su historia? ¿Le animó su jerarquía a dar más testimonio de esta experiencia para evangelizar a las personas alejadas de la fe para que vuelvan?

- Muchos compañeros sacerdotes conocen mi historia, porque ha salido en los medios de comunicación, pero ninguno me habla de ella, salvo algunas excepciones. Muchos se avergüenzan porque este tema es bastante tabú en la Iglesia institucional. Tienden a evitar hablar de lo que la ciencia no puede explicar, lo cual es sorprendente porque ¡la ciencia nunca ha podido explicar los milagros realizados por Jesús! Esta tendencia se da sobre todo en Europa occidental, un poco menos en Estados Unidos y, por supuesto, en la Iglesia oriental.

- ¿Cómo se explica esto?

- Nuestra Iglesia católica occidental es muy racionalista; desconfía mucho de lo paranormal, en general. Básicamente, las únicas personas con las que puedo hablar realmente de mi experiencia son los exorcistas, porque saben muy bien que hay fenómenos paranormales que la ciencia no explica y por los que la Iglesia debería interesarse.

Por otra parte, muchos fieles se conmueven con mi testimonio porque están sedientos de testimonios que les permitan intentar comprender lo que la ciencia no explica. Lo veo cada vez que se emite un artículo o un programa sobre mí. Creo que la Iglesia debe tener una palabra que decir sobre este tipo de cosas. Al fin y al cabo, ¡se trata de la vida eterna!

- Usted ha tenido ocasión de decir en algunas entrevistas que la ausencia de miedo a la muerte no le impide aferrarse con fuerza a la vida. ¿Cómo afronta hoy esta "segunda vida"? ¿Tiene menos prisa que hace 20 años?

- Por desgracia, no. Soy un activista infatigable. Sigo teniendo prisa por vivir la vida al máximo, hoy incluso más que ayer. También soy consciente de lo que casi he perdido. Los días nunca son lo suficientemente largos, ¡y me gustaría no necesitar dormir para tener tiempo de hacer todo lo que quiero hacer en la tierra!

Me acerco a la vida como un niño ante un enorme buffet de chocolates y dulces, sin saber cómo conseguir comerlo todo, sin saber por dónde empezar...

42 publicaciones con argumentos científicos testifican que hay vida después de la muerte

Una profusa investigación liderada por el Dr Pirn van Lommel y un equipo de expertos holandeses, publicada en la revista médica The Lancet, ofrece argumentos para aseverar que hay vida después de la muerte. Estos investigadores examinaron a 60 pacientes que habían sobrevivido a la muerte clínica. En cada uno de ellos, el electrocardiograma registró la cesación de las funciones vitales y el electroencefalograma estaba plano. Médicamente, estos pacientes estaban clínicamente muertos, y fue entonces cuando abandonaron sus cuerpos. Tras abandonar el cuerpo, conservaron plena autoconciencia; podían ver y oír todo con precisión, pero eran invisibles para las personas que vivían en la Tierra.

Estos científicos holandeses no son los únicos que han acumulado información que valida lo que afirma la iglesia. 

Según una encuesta de Gallup, el 5% de todas las personas han tenido la experiencia de la vida tras la muerte clínica (cf. P. van Lommel, Eternal Consciousness: A Scientific Vision of "Life After Life", Varsovia 2010). Esta experiencia se denomina experiencia cercana a la muerte (ECM). Muchas personalidades famosas han sobrevivido a la muerte clínica y han vivido una vida tras la muerte. Entre ellos se encuentran las actrices estadounidenses Elizabeth Taylor y Jane Seymour, así como el actor y director inglés Peter Sellers. El científico y neurocientífico italiano Umberto Scapagnini, que sobrevivió a la muerte clínica, conoció a su madre, que había fallecido un año antes, así como a San Padre Pío (cf. A. Socci, Aquellos que regresaron del más allá, Cracovia 2014, p. 107).

Del escepticismo a la contemplación del misterio

Entre 1975 y 2005, se publicaron 42 artículos científicos sobre 2500 personas que experimentaron muerte clínica. Gracias a estas publicaciones, la comunidad científica comenzó a cambiar su disposición para considerar la vida después de la muerte.

Los relatos de quienes experimentaron una ECM suelen incluir varios elementos recurrentes, como experiencias fuera del cuerpo, ver una luz brillante, entrar en un túnel, realizar un repaso de su vida y sentir una profunda sensación de paz y alivio. Por supuesto, para muchos neurocientíficos, las ECM pueden revelar menos sobre lo divino y más sobre el funcionamiento intrincado del cerebro.

Sin embargo, son cientos los casos registrados que rompen el marco de la neurociencia y abren a la certeza que contempla como realidad la vida después de la muerte.