Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

lunes, 27 de julio de 2026

Íñigo María Prieto Delic, el bebé milagro que nació sin riñones: «La única opción fue abortar o esperar a que falleciera; la fe nos ha ayudado a vivir mirando al cielo sabiendo que la vida está en manos de Dios»

Íñigo María Prieto Delic junto a su familia / Foto: Cedida - El Debate

* «Nosotros desde el inicio decimos que tenemos tres ejércitos. Por un lado, el ejército del Hospital de la Paz... Por otro lado, hemos tenido la oración de la Iglesia de la tierra (conventos, misioneros, sacerdotes, comunidades, catequistas, compañeros de trabajo, etc) ... Y por otro lado, pues el ejército del cielo»

Camino Católico.-  Íñigo María Prieto Delic tiene once meses y tres días de vida. El 21 de agosto de 2025, este pequeño luchador nació en el hospital madrileño de La Paz con una patología que la medicina consideraba incompatible con la vida: agenesia renal bilateral. La ausencia de riñones –además de no contar con vejiga ni uretra– era prácticamente una condena a muerte, con solo un 1 % de posibilidades de supervivencia. Sin embargo, casi un año después, Íñigo es un niño feliz con más de ocho kilos de peso y con un espíritu luchador único en alguien de su edad.

Desde el hospital madrileño nos atiende su padre, Íñigo Prieto Urízar, quien combina su gran experiencia familiar –con otros cinco hijos más– para detallar con todo lujo de detalles la historia de su pequeño mientras le limpia y le cambia. Desde hace un mes, tras superar intervenciones críticas, el quirófano y la UCI, le concedieron al pequeño el alta domiciliaria, residiendo hasta agosto en la Casa Ronald McDonald's –situada dentro del propio recinto del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús en Madrid– junto a otras familias y con seguimiento en el hospital de La Paz.

Tenemos que retroceder hasta la semana 20 del embarazo cuando Diana, su mujer, le llamó con la peor de las noticias, tras someterse a una ecografía en Córdoba. En primer lugar, el matrimonio preguntó «si había alguna opción, que si había alguna operación intrauterina o algún caso histórico previo que hubiese salido adelante».

La respuesta parecía definitiva: no. La única opción que les ofrecieron fue «o abortar» o esperar el fatal desenlace: «Esperar a que falleciera porque el bebé no iba a poder desarrollar el pulmón y al nacer o en el vientre de la madre moriría». Íñigo y Diana, por su fe católica, no apoyaban la opción del aborto terapéutico.


Íñigo María Prieto Delic / Foto: Cedida - El Debate

Sin embargo, tras varios días preparándose y rezando para encajar el golpe, la búsqueda desesperada de respuestas por internet dio un giro inesperado. Íñigo encontró la imagen de una niña estadounidense nacida en con la misma condición que su futuro hijo y que había salido adelante: «Cuando vimos ese caso, nos pusimos en contacto con los americanos, tuvimos una videoconferencia. Nos recomendaron primero probar a ver en España y si no, pues nos atenderían allí. Pero claro, económicamente era una locura así. Nosotros estábamos dispuestos. En vez de hipotecar una casa, hipotecarnos con el bebé», dice Íñigo Prieto Urízar a Rubén Prieto en El Debate.

Si hubieran decidido la opción de viajar a Estados Unidos para lograr que su hijo naciera, solo el importe económico, podría superar los cuatro millones de dólares. En España, este tratamiento ha corrido a cargo de la sanidad pública e Íñigo Prieto se está beneficiando de una CUME (Prestación por Cuidado de Menores afectados por una enfermedad grave), que le permite no perder ingresos mientras le es imposible trabajar por tener que atender a un hijo en situación delicada de salud.

Íñigo María Prieto Delic / Foto: Cedida - El Debate

Fue entonces cuando entró en juego una ginecóloga amiga y una red médica, contactaron con el Hospital de La Paz en Madrid, donde el equipo encabezado por José Luis Bartha (jefe de ginecología y obstetricia de La Paz), junto con cuatro jefas de especialidades valoraron el caso (la jefa de nefrología, la jefa de urología, la deja de neonatología y la jefa de medicina fetal). El tratamiento durante las semanas de embarazo restantes consistió en inyectar suero con antibiótico en el vientre materno para sustituir el líquido amniótico y permitir el desarrollo pulmonar.

«Nos escucharon y decidieron ayudarnos y la verdad es que fue algo muy grande porque para nosotros abrió de repente una esperanza de vida», señala.

Íñigo María Prieto Delic con su madre Diana / Foto: Cedida - El Debate

Contra todo pronóstico médico inicial, la gestación alcanzó la semana 38, culminando con el nacimiento de su sexto hijo: «Una vez que salió de la puerta del quirófano, lo acompañé hasta la puerta de la UCI. Fue un momento increíble. Un monte del cielo en el que se te saltan las lágrimas. Te falta la voz. O sea, contemplas una debilidad tan grande que te sobrecoge».

Como era de esperar, los primeros meses en neonatología exigieron una lucha titánica, no exenta de complicaciones. El recién nacido sufrió un neumotórax, llegando a saturar al 50 %, por lo que fue bautizado in situ de urgencia. A la segunda semana le implantaron un catéter para poder iniciar la diálisis peritoneal. En Navidad, una bacteria le produjo una sepsis grave con síndrome de piel escaldada: «Estuvo como en una unidad de quemados y durante 15 días le trataron con antibióticos, un vendaje especial y cremas para ayudar al desarrollo de la piel. Ahí estuvo también muy grave».

Para poder llevar todo este proceso, el matrimonio –con residencia en Córdoba–, tuvo que turnarse por semanas entre la capital y su ciudad para atender a sus otros hijos. Y, al final de todo, la defensa por la vida y la fe ha permitido a esta familia vivir un auténtico milagro: «Nosotros desde el inicio decimos que tenemos tres ejércitos. Por un lado, el ejército del Hospital de la Paz... Por otro lado, hemos tenido la oración de la Iglesia de la tierra (conventos, misioneros, sacerdotes, comunidades, catequistas, compañeros de trabajo, etc) ... Y por otro lado, pues el ejército del cielo».

«La fe desde el primer momento también nos ha ayudado a vivir, a vivir mirando al cielo con esperanza y sabiendo que la vida está en manos de Dios. Para nosotros la fe lo ha supuesto todo, porque teníamos la mirada puesta en el cielo y esperando la voluntad de Dios. No sabíamos si ese niño sobreviviría o no, y lo hemos vivido muy día a día. Y seguimos así. Seguimos viviendo el día a día», señala.


Íñigo María Prieto Delic / Foto: Cedida - El Debate

Actualmente el pequeño pesa algo más de ocho kilos. El siguiente paso es alcanzar los diez y, una vez cumpla los dos años de edad, poder afrontar el trasplante de riñón y una compleja intervención para reconstruir la vejiga utilizando pared intestinal. Pese a las secuelas derivadas del tiempo encamado, Íñigo describe a su hijo como «un niño muy alegre, muy simpático, sonriente, dinámico y muy regordete». Para esta la familia, la ciencia y la fe se han unido de una forma extraordinaria y han hecho posible que hoy Íñigo esté vivo, gracias a la valentía de médicos que han apostado por la vida y a la oración de la Iglesia.

Tanto Íñigo como su mujer se encuentran eternamente agradecidos a todos los profesionales que han atendido hasta el momento a su hijo en el hospital de la Paz, a sus familiares, amigos, a lass personas que rezan por él y a la Fundación Ronald Mcdonald.

Quién sabe si algún día no muy lejano este bebé-milagro español podrá viajar junto a sus hermanos Rafael María, Luka María, Marta María, Teresa María e Ivana María al santuario dedicado a la Virgen María de Medjugorje en Bosnia donde se conocieron y se enamoraron sus padres. Diana es croata, pero nació en Mostar (Bosnia). Se instaló en Córdoba cuando se casó con Íñigo padre, que es ingeniero agrónomo y profesor del colegio La Salle. El amor que surgió en aquel santuario mariano explica que sus hijos lleven todos el nombre de la madre de Dios.

Sylvester Stallone: «Cuanto más me entrego a Jesús, a escuchar su Palabra y dejar que él guíe mi camino, siento que la presión se me quita de encima; si le dedicas tiempo, cosecharás los frutos»

Sylvester Stallone se convirtió a Cristo, volviendo a su fe católica cuando su hija Sophia, con dos meses de vida, tuvo que ser operada del corazón 

* «Pensé que si me pongo en las manos de Jesús y pido comprensión y orientación, básicamente me estoy quitando el yugo de encima y usando Su inteligencia y sabiduría para tomar las decisiones correctas»

Camino Católico.- Son varias las generaciones que crecieron junto al fervor de las peleas épicas que protagonizaba sobre el cuadrilátero Rocky Balboa. Fueron hasta 6 los volúmenes de una de las sagas cinematográficas más famosas de Hollywood. La última entrega, que disfrutaron millones de personas en la gran pantalla, cumple ya 20 años desde su lanzamiento.

En una entrevista concedida hace unos días a The Dove Foundation, el actor Sylvester Stallone confiesa que no se atribuye el mérito absoluto de aquella genialidad, sino que se considera un instrumento de Dios: «Sentí como si me impulsaran a hacer algo. En la primera película de 'Rocky'... nunca fui escritor y, de repente, un día sentí que me pedían que escribiera esto. Sentí como si Dios me estuviera moviendo a hacerlo. Por eso comencé la primera película de 'Rocky' con una imagen de Jesús».

Sylvester Stallone, el exitoso actor que dio vida al boxeador más famoso del mundo del cine, celebró a principios del mes de julio una fecha redonda: su 80 cumpleaños. Durante su larga vida ha protagonizado numerosos filmes, desde cintas eróticas más subidas de tono hasta la película Rambo IV, que él mismo califica de «cristiana». La trayectoria de Stallone dibuja una línea de ascenso desde la pobreza extrema hasta la cima de Hollywood, desde donde también se ha acordado en varias ocasiones de las raíces de su fe católica.

Una infancia marcada por la adversidad

Stallone nació con una parálisis facial parcial, debido a una complicación médica durante el parto, y cargó desde niño con dificultades para hablar. En su casa practicaban la fe católica y se la trasmitían entre generaciones. Sin embargo, la dura relación con su padre y las carencias económicas lo empujaron gradualmente a una deriva vital sin rumbo fijo.

A principios de la década de 1970, Stallone era un actor desempleado en Nueva York. Estaba sumido en una pobreza tan extrema que se vio obligado a dormir durante semanas en una estación de autobuses. Fue en ese momento de máxima vulnerabilidad cuando tomó una decisión de la que se arrepentiría públicamente durante años: protagonizar una película de corte erótico titulada The Party at Kitty and Stud's (1970). En una entrevista para PlayBoy declaró los duros momentos que vivía: «Era hacer esa película o robar a alguien, porque estaba en el límite absoluto de mis fuerzas».

Por aquel trabajo de dos días, el actor recibió apenas 200 dólares. Años más tarde, tras el descomunal éxito de su obra cumbre, los distribuidores reeditaron la cinta bajo el explícito título de El semental italiano para capitalizar su fama planetaria.

A pesar del bache moral que supuso aquella producción, el punto de inflexión definitivo llegó en 1976. Inspirado por una pelea entre Muhammad Ali y Chuck Wepner, Stallone se encerró a escribir un guion que cambiaría el destino del cine: Rocky Balboa. Aunque Hollywood le ofrecía grandes sumas de dinero por el texto a condición de que una estrella consagrada asumiera el papel principal, él se negó en redondo, manteniéndose firme a pesar de tener menos de cien dólares en el banco.

El ego, la fama y el vacío espiritual

El éxito masivo de Rocky Balboa (1976) —que se alzó con tres premios Óscar, incluido el de Mejor Película— catapultó a Stallone a un estatus de icono en la cultura global. Fue durante este periodo de opulencia y excesos en el que el actor admite haber perdido por completo el rumbo espiritual que le inculcaron en su hogar católico.

Sylvester Stallone en Rocky 3

«Sentí que al personaje de Rocky también le pasó algo parecido. Simplemente no tuvo la guía adecuada. Y entonces se le dio una oportunidad en la película, como si lo hubieran elegido. Jesús estaba con él y él iba a ser el tipo que viviría a través del ejemplo de Cristo», explica ahora Stallone en la entrevista con The Dove Foundation. «Es muy indulgente, no hay amargura en él. Siempre pone la otra mejilla. Es como si toda su vida hubiera sido un servicio», define el actor a su personaje.

«Y dije: 'Hombre, si pudiera tomar mi historia, mis sentimientos, y ponerlos en el cuerpo de un boxeador, porque el boxeo es un símbolo de la lucha constante y del ejemplo de Cristo', pensé, 'esto sería realmente interesante' y eso fue exactamente lo que pasó», detalla. «Fue como un regalo inesperado, la verdad», reconoce Stallone.

La tentación del mundo real y de la industria del entretenimiento sustituyó los altares por el culto al ego y la autorrealización material. «Te crees el dueño de tu propio destino, te vuelves arrogante y dejas de pedir guía», afirma. La desconexión espiritual que vivió durante esos años afectó directamente a su trabajo. «Me distraje muchísimo y me absorbí en mí mismo», reconoció.

El regreso a casa: «La iglesia es el gimnasio del alma»

El verdadero retorno de Stallone a la fe activa no ocurrió en un momento de triunfo cinematográfico, sino a través del dolor familiar. En 1996, a los dos meses de edad, su hija mayor Sophia tuvo que ser operada del corazón por  una grave cardiopatía con la que nació, que puso en riesgo su vida. La intervención fue realizada sin mayor dificultad y Sophia pudo tener una vida totalmente normal. Sin embargo, este hecho supuso para el actor un gran impacto: "No lo sé. Es la vida. Tu carrera profesional te está llevando por un lado, y dejas de estar en comunicación con tu familia". Ante la impotencia médica, 

Otra de las causas de su conversión fue su esposa. Y es que, tras dos uniones que se rompieron poco tiempo después de haber sido contraídas, su matrimonio con Jennifer Flavin -la madre de Sophia y actual esposa de Stallone- supuso en él un cambio vital, viviendo de forma diferente la enfermedad de Sophia y empezando a rezar: «Ahí fue cuando volví a ponerlo todo en manos de Dios, su omnipotencia, su perdón. Te das cuenta de que tú solo no puedes cargar con el peso del mundo».

Sylvester Stallone empezó a orar para invocar a Dios y volver a Él

De este modo, Stallone dejó de fiarse de su propio criterio y comenzó a pedirle luz a Cristo: "Pensé que si me pongo en las manos de Jesús y pido comprensión y orientación, básicamente me estoy quitando el yugo de encima y usando Su inteligencia y sabiduría para tomar las decisiones correctas".

A partir de ese instante, su perspectiva sobre el cristianismo dio un giro radical. Sylvester Stallone comenzó a hablar de manera explícita sobre su fe en Jesucristo y la importancia fundamental de pertenecer a una comunidad religiosa institucionalizada. Una de sus metáforas más célebres combina su pasado atlético con su presente espiritual: «No tener a la iglesia es como tener un bote sin timón: piensas que puedes hacerlo por tu cuenta, pero necesitas ayuda. La iglesia es el gimnasio del alma».

«Toda mi vida he estado involucrado con el ejercicio, pero no importa cuánto —y sé mucho sobre el cuerpo—: necesitas ayuda. Necesitas un entrenador. Necesitas ir a un gimnasio y necesitas tener la experiencia y la guía de alguien más. No puedes entrenarte solo. Siento lo mismo sobre el cristianismo y la Iglesia», prosigue el célebre autor. «Los sacerdotes, los reverendos, los ministros y los pastores: ellos son los entrenadores, ellos son los que te guían en ese momento difícil y te llevan a ese lugar al que no crees que puedes ir, pero con su ayuda puedes ir», señala.

Pero advierte: «No se consigue eso solo. Mucha gente dice: 'Oh, puedo hacerlo solo'; 'tengo una relación personal con Dios'». «No es lo mismo», sentencia. Por eso, reconoce que «cuanto más voy a la iglesia y más me entrego al proceso de creer en Jesús, de escuchar su Palabra y dejar que él guíe mi camino, siento que la presión se me quita de encima. De verdad. Si le dedicas tiempo, cosecharás los frutos».

El impacto de su conversión no solo transformó su vida privada; también redefiniría el propósito de su arte. Al filmar Rocky Balboa se aseguró de que el trasfondo teológico del personaje fuera evidente para el público. «Lo primero que hace Rocky después de salir del ring es apuntar directo hacia Dios. Justo antes de la pelea, lee las escrituras. Al final, mientras la gente aplaude su despedida, él apunta hacia los cielos para que se entienda de dónde viene su fuerza», explica.

El encuentro con el Papa Francisco 


Stallone con su familia en El Vaticano conociendo al Papa Francisco: su esposa Jennifer y sus hijas Sophia, Sistine y Scarlet, y su hermano FranK

Sylvester Stallone, su esposa Jennifer y sus hijas Sophia, Sistine y Scarlet, viajaron a El Vaticano el 8 de septiembre de 2023 para sostener una audiencia privada con el Papa Francisco. El encuentro, que en un inicio fue solemne, requirió que las cuatro mujeres fueran vestidas de negro riguroso, mientras que Stallone se dejó ver con un traje. Rápidamente, tras los primeros minutos de la reunión, todo fue risas.

Sylvester Stallone bromea con una anciano Papa Francisco en septiembre de 2023

El video del encuentro fue compartido en X y en este se aprecia a Stallone presentando a su familia al Papa. Después de presentarle a su esposa, a sus tres hijas y a su hermano, Stallone le agradeció al Papa por haberlos recibido. “Muchas gracias por haberse tomado el tiempo de su ajetreada agenda. Lo apreciamos muchísimo”, remarcó. En tanto, Francisco le respondió que él se sentía “honrado” por la presencia del actor. “Nosotros hemos crecido con tus películas”, afirmó.

Entonces, Stallone sonrió y replicó con una escena que nadie esperaba. Levantó los puños, simuló estar por iniciar un combate y preguntó al Papa: “¿Listo para boxear?”. Por su parte, Francisco alzó su puño izquierdo en un gesto cómplice, como si aceptara la invitación.

El actor también ha estado involucrado en obras de caridad y organizaciones benéficas.

En el pasado, subastó alrededor de 1.400 artículos de sus pertenencias, como accesorios, disfraces y otros recuerdos de películas. Las ganancias fueron donadas a los veteranos y militares heridos de los Estados Unidos.

También ha realizado donaciones para comunidades afectadas por la pandemia de covid-19 o para ayudar a la Asociación Canadiense de Diabetes y en favor de la concienciación sobre la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Además, ha colaborado con personas afectadas en desastres naturales, organizaciones infantiles, el Fondo de Cine y Televisión (MPTF), entre otras causas.

Olivier-Pierre Dionga, futbolista: «Había hecho un ídolo del fútbol, pero en la JMJ de Panamá puse a Dios en el centro de mi vida, y dije: 'Aquí estoy Señor, te encomiendo mi vida, ¡te toca a Ti!'»


Olivier-Pierre Dionga ha cumplido su sueño de ser futbolista profesional pero ha optado por dejarse guiar por Dios / Foto: Instagram/@op.dionga

* «Lo que más me impactó fue una catequesis dada por un obispo francés. Él comentó durante veinte minutos el 'aquí estoy' de la Virgen en la Anunciación. Cada una de sus palabras me habló directamente: el estar disponible para el Señor y escucharlo, confiar en Él para todo, dejar que nos guíe, en lugar de querer controlarlo todo»

Camino Católico.- Olivier-Pierre Dionga deseaba ardientemente ser futbolista e hizo todo lo posible para conseguirlo, dejando a Dios y su fe de lado. Sin embargo, su hermana lo invitó a la JMJ de Panamá, lo que podía poner en peligro su carrera deportiva, pero por un impulso del Espíritu Santo decidió ir: “Había hecho un ídolo del fútbol, al que lo había sacrificado todo, una religión con sus ritos, su culto al rendimiento y al dinero. En la JMJ de Panamá decidí volver a poner a Dios en el centro de mi vida, y dije: 'Aquí estoy Señor, te encomiendo mi vida, ¡te toca a Ti!'”, afirma el jugador francés Olivier-Pierre Dionga a La Vie, contando su testimonio en primera persona. Esta es su historia:


Olivier-Pierre Dionga tuvo su encuentro con Cristo en la JMJ de Panamá / Foto: Instagram/@op.dionga

 «Cuanto más me abandonaba al Señor, más me acompañaba»

Pateé mi primera pelota a los 6 años, en los bajos de mi casa, en el edificio en Limeil-Brévannes (Val-de-Marne). En los barrios el fútbol es el deporte popular por excelencia. Pasábamos las tardes jugando hasta el anochecer. Estar con mis amigos me producía una intensa alegría. 

Comía, dormía, vivía en el fútbol. Mi madre todavía recuerda cuando le dije un día: 'Te quiero, pero prefiero el fútbol'. Como la mayoría de los jóvenes de los suburbios, me propuse ser futbolista profesional. Soñaba con tener una carrera como Zidane, Ronaldinho o Messi.

Con nueve años, empecé a formar parte del club de fútbol Créteil. Aunque hubiera sido bueno, mis padres se habrían negado a dejarme firmar un contrato profesional a los los 16 o 17 años, como sí hicieron algunos de mis amigos. Mis padres solo querían que estudiara.

En retrospectiva, comprendo mejor su posición. Mis padres habían hecho mil sacrificios al dejar la República del Congo y establecerse en Francia. Habían trabajado muy duro para ofrecer a sus hijos lo que ellos no tenían: la oportunidad de estudiar y, por tanto, de encontrar un buen trabajo, adquirir cierta estabilidad y triunfar socialmente. Esperaban algún tipo de retorno de la inversión y, como buen chico, yo obedecí. Pero, cuando me diplomé, con 23 años, aproveché la oportunidad que se me presentó y fiché por el US Ivry, un club de la Nacional 3.

Negocié un trabajo a tiempo parcial e incluso dejé de ir a la Iglesia. Siempre había estado involucrado en la Iglesia. Tuve la gracia de nacer en una familia católica practicante; mi madre tiene una fe fuerte y viva. Un cristiano es cristiano si está en peligro, especialmente en los suburbios obreros como el mío, donde el Islam está muy activo. Aquí, si no estás cerca de Jesús, te conviertes al Islam rápidamente.

Yo era uno de los únicos católicos del vecindario, el único en un grupo de amigos en el que eran todos musulmanes practicantes. Mi religión era tema de conversación, me preguntaban que cómo se puede creer que un hombre que puede ser Dios, que Dios pueda tener un Hijo... Sus preguntas me inquietaban, pero también me empujaron a aprender más sobre mi propia fe, para comprenderla y explicarla mejor. Quería 'dar razón de la esperanza que hay en nosotros', como aconseja San Pedro comenta el futbolista.

En la secundaria, poco a poco descubrí el tesoro de la fe cristiana. Nada me salió como quería en el fútbol, pero tuve perseverancia, seriedad y rigor, mientras permanecía en el banquillo de los suplentes. En mi oración vespertina, como Job, clamé a Dios: ¿Por qué mis esfuerzos no son recompensados? Pero, en el fondo, no estaba rezando para que se hiciera la voluntad de Dios. Sólo me importaban mis proyectos.

Un sábado, durante un partido, mi entrenador me pidió que calentara en el minuto 90. ¡Era una buena señal! Cuando me sacó al campo, el árbitro pitó el final del partido. Estaba devastado, desesperado.


 Olivier-Pierre Dionga asegura que "cuanto más me abandonaba al Señor, más me acompañaba, incluso en el campo" / Foto: Instagram/@op.dionga

Cuando estaba en lo más bajo de lo más bajo, Dios vino a mí y me llamó. Primero fue mi hermana la que tuvo la divertida idea de invitarme a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Panamá. No le vi ningún sentido a ir, si iba, corría el riesgo de perder mi puesto en el equipo. 

Poco después, durante una alabanza, escuché el himno oficial de la JMJ: 'Hágase en mí según tu palabra'. Este estribillo, tomado del Evangelio, me conmovió como nunca antes. Me sentí movido por el Espíritu Santo a decir que sí. Todas las puertas, hasta las más cerradas, se abrieron para poder ir a Panamá. Durante la JMJ tuve una fuerte experiencia espiritual, diría incluso una conversión.

Me impresionó encontrarme entre 700.000 cristianos jóvenes, alegres y entusiastas de todo el mundo. Lo que más me impactó fue una catequesis dada por un obispo francés. Él comentó durante veinte minutos el 'aquí estoy' de la Virgen en la Anunciación. Cada una de sus palabras me habló directamente: el estar disponible para el Señor y escucharlo, confiar en Él para todo, dejar que nos guíe, en lugar de querer controlarlo todo.

Me di cuenta de que había hecho un ídolo del fútbol, al que lo había sacrificado todo, una religión con sus ritos, su culto al rendimiento y al dinero. En Panamá decidí volver a poner a Dios en el centro de mi vida, y dije: 'Aquí estoy Señor, te encomiendo mi vida, ¡te toca a Ti!'. Al regresar a Francia, mi entrenador me echó del primer equipo. Ver seis meses de intenso entrenamiento esfumarse así fue desgarrador, pero me mantuve firme en la fe.

Una semana después, despidieron a mi entrenador y su sustituto me reincorporó al equipo y hasta comencé a jugar. Al año siguiente, volví a ser catequista responsable de unos sesenta estudiantes de secundaria. Como era año fraternal en Lourdes, iba a tener que reducir el tiempo dedicado al fútbol. Sabía que el que confía en el Señor, y le da el primer lugar, todo lo puede. Era la vigilia de adoración, que reuniría a más de 300 jóvenes, y, al día siguiente, tenía entrenamiento para el partido. Le dije a mi entrenador que no podría ir. Su reacción todavía me conmueve: 'Cuida tu fe, confío en ti'.

El fútbol es una buena escuela para aprender la unidad en la diversidad, la fraternidad, la solidaridad, la preocupación por los demás... Ganamos juntos, perdemos juntos. Desde el portero hasta el atacante, todos tienen un papel que desempeñar en esta sinfonía. Lo mismo ocurre en la Iglesia, donde todos son miembros del cuerpo de Cristo.

Cuanto más me abandonaba al Señor, más me acompañaba, incluso en el campo. Ese año terminé entre los cinco mejores goleadores de Île-de-France. Pude unirme a otro club, el US Créteil-Lusitanos, con un sueldo mayor. Incluso tuve la oportunidad de jugar unos minutos en la tercera división nacional, algo que antes hubiera sido imposible.  

Olivier Giroud, el máximo goleador de la selección de Francia, es para mí un modelo de futbolista cristiano. Criticado, abucheado, perseguido, nunca dijo una palabra más fuerte que la otra ni alimentó la controversia. Se mantuvo sencillo, a pesar de la presión, los medios y los millones. Lleva su cruz, humildemente. Permanece arraigado en Cristo, cuya gracia experimenta en la victoria y, especialmente, en las dificultades.

Olivier-Pierre Dionga

Samuel Brice Higginbotham: «Hacía tiempo que no me confesaba y en el acto de arrepentimiento, abrí mi corazón a Dios, y algo cambió en mí; me encontré con Jesús, mi vida tomó un nuevo rumbo y soy sacerdote»

Samuel Brice Higginbotham ha llegado a ser sacerdote después de una acción profunda de la gracia de Dios en una confesión

* «Huí de la llamada a ser sacerdote durante unos doce años. Hasta que participé en un retiro para jóvenes adultos al comienzo de la Cuaresma de 2009. Me arrodillé ante el Santísimo Sacramento... muchas veces... y entonces supe que Jesús se encargaría de todo lo que estaba dejando atrás, y seguí su llamada para someter mi discernimiento al de la Iglesia»

Camino Católico.- Como cada creatura es irrepetible al ser querida por el amor de Dios, así también de particular y trascendente es la experiencia de Dios de cada ser humano. Para Samuel Brice Higginbotham ese momento de encuentro llegaría cuando era apenas un adolescente.

Nació y creció Brice en Lusiana (U.S.A.), una tierra donde se fusionan las culturas francesa, española, alemana, africana y nativa, conocida como 'cultura Cajún'. Allí en Church Point, un pequeño pueblo de la pradera, vino a la vida. 

De pequeño siempre fue un "buen chico", según él mismo testimonia en el portal Yes Catholic... "Intentaba hacer lo correcto porque era lo correcto, pero no puedo decir que hubiera conocido a Jesús «cara a cara», como decía la Madre Teresa, hasta que viví una experiencia en la confesión durante el instituto".

El suceso ocurrió al finalizar su primer curso de bachillerato. Había pasado bastante tiempo desde su última confesión y sin duda la necesitaba. De hecho, un buen amigo, preocupado por el rumbo que estaba tomando Brice en su vida, le planteó sin rodeos que bien haría en ir al sacramento de la Reconciliación. 

“Hacía tiempo que no me confesaba nada, sin duda lo necesitaba, y un amigo me lo había dicho sin rodeos.  Así que el sábado por la tarde me dirigí a la iglesia, confesé mis pecados, recibí una penitencia sencilla y Dios me perdonó mediante el ministerio del sacerdote (véase Juan 20:23). Ah, lo recuerdo muy bien.No hubo fuegos artificiales; no hubo sabios consejos; simplemente hubo mi arrepentimiento y la gracia del Sacramento. Fue muy sencillo. Pero en el acto de arrepentimiento, la gracia de Dios se hizo presente, o mejor dicho... En el acto de arrepentimiento, abrí mi corazón para recibir la gracia de Dios que Él siempre había querido darme, y algo cambió en mí. Sí, algo cambió en ese encuentro. Ese día me encontré con Jesús «cara a cara» y mi vida tomó un nuevo rumbo. No había terminado. Aún no era un santo. (Y sigo sin serlo, por supuesto). Pero iba por el buen camino”, comparte.

Samuel Brice Higginbotham poco después de su conversión

Al poco tiempo, Brice comenzó a asistir al estudio bíblico semanal. Luego sintió la necesidad de entrar de forma regular a la iglesia, de camino a casa desde el colegio, para rezar. También por entonces surgió su gusto por asistir a misa más veces que solo los domingos. "El Señor estaba paso a paso, despacio, pero con seguridad, y con muchos tropiezos de mi parte, cambiando mi vida, atrayéndome hacia el cielo. ¡En su gran misericordia, sigue haciéndolo!"

Brice confidencia que había sentido por primera vez el deseo de ser sacerdote cuando tenía seis años, mientras veía a su párroco celebrar la misa un miércoles en su escuela primaria. Pero “huí de esa llamada a ser sacerdote durante unos doce años. Hasta que participé en un retiro para jóvenes adultos al comienzo de la Cuaresma de 2009. Me arrodillé ante el Santísimo Sacramento... muchas veces... y entonces supe que Jesús se encargaría de todo lo que estaba dejando atrás, y seguí su llamada para someter mi discernimiento al de la Iglesia".

En 2009, al ingresar en el seminario, Dios le llevó a la diócesis que se asienta en los pantanos cajunes de Houma-Thibodaux. Posteriormente, tras ocho años de formación, fue ordenado sacerdote de Jesucristo el 3 de junio de 2017 en la Concatedral de St. Joseph, en Thibodaux, Luisiana.

Padre Samuel Brice Higginbotham 

Luego de tres años de estudios en Roma obtuvo su doctorado en Sagradas Escrituras y regresó a Luisiana en el verano de 2024 para servir a Cristo pastoreando al pueblo de Dios en la parroquia Our Lady of Prompt Succor en Chackbay.

Muere Ann Teresa O’Neill, con 78 años, curada de leucemia cuando tenía 4; este milagro hizo santa a Isabel Ana Seton: «‘¡La sangre se ha normalizado! ¡Está bien! ¡Está mejor que la mía!’»

Ann O'Neill en su jardín de flores en Easton, Maryland, en 2025. Su curación milagrosa en 1952 de una leucemia linfática aguda se atribuyó a la intercesión de Santa Isabel Ana Seton / Foto: Cortesía de Connie Connolly-The Dialog – Catholic Review

* «Cuando mi madre se enteró de que la Madre Seton estaba en Emmitsburg, mi padre me puso en un colchón de cuna en una camioneta familiar y condujo hasta allí desde Baltimore. El padre Charles Stouter se reunió con la familia allí, y me acostaron sobre la tumba de la Madre Seton. Luego me llevaron a la casa donde murió. Recuerdo que me colocaron en ese pequeño lugar donde murió la Madre Seton, porque tenía un poco de miedo. Después de este viaje se constató el milagro»

Camino Católico.- Ann Teresa O’Neill, cuyo milagro se produjo en 1952 y fue confirmado condujo a la canonización de Santa Isabel Ana Seton, murió el 17 de julio a los 78 años. O’Neill, residente de Easton, Maryland (Estados Unidos), padeció leucemia durante su infancia, y su curación fue reconocida en 1975 como parte de la causa de canonización de Seton.

El Arzobispo de Baltimore, Mons. William E. Lori, será el celebrante principal de la Misa funeral de O’Neill, que tendrá lugar el 25 de julio en la Basílica del Santuario Nacional de Santa Isabel Ana Seton, en Emmitsburg, Maryland. Posteriormente, sus restos serán sepultados en los terrenos del santuario.

“Ann O’Neill pasó más de setenta años respondiendo preguntas sobre un milagro”, declara Rob Judge, director ejecutivo del Santuario Nacional de Santa Isabel Ana Seton, en un comunicado publicado tras su muerte. “Sin embargo, si uno conversaba con ella durante un rato, descubría que en realidad no le interesaba hablar de milagros”. “Quería hablar de la fe de su madre. Quería hablar de la Madre Seton. Pero, sobre todo, quería hablar de Jesús”, afirma.

“Esa quizá sea la prueba más clara de por qué Dios eligió su vida para que formara parte de una de las historias más importantes del catolicismo en Estados Unidos”, añade.

En 2025, Ann O'Neill comparte con una visitante el significado de las imágenes religiosas que llenan su hogar. En el marco blanco se ve a su madre conociendo al Papa Juan XXIII en 1963 / Foto: Cortesía de Connie Connolly-The Dialog – Catholic Review

“Los santos son como nuestros amigos”, dice O’Neill en una entrevista concedida en 2025 a Catholic Review, publicación de la Arquidiócesis de Baltimore. “La Madre Seton era amiga de mi madre. Es mi amiga. Y como somos católicos, tenemos muchos amigos en el cielo. Aunque no podamos verlos físicamente, los conocemos. Y es maravilloso, porque uno conoce a gente nueva constantemente. Todos están conectados y nos ayudan”.

Nacida el 7 de octubre de 1947, O’Neill era hija de los fallecidos Felixena “Sis” O’Neill y William Richard O’Neill. Le sobreviven sus hijos Joseph Hooe, Gerard Hooe y Mary Alice Zawodny, además de varios nietos y bisnietos, según un aviso funerario. Su hijo Robert Eugene Hooe Jr. falleció antes que ella.

Un diagnóstico fatal

Aunque no solía hablar de sí misma, Ann prefería compartir historias sobre la profunda fe de su madre y la generosidad de la Madre Seton. Fue la confianza de Felixena “Sis” Phelps O’Neill en la ayuda divina lo que la animó cuando otros miembros de la familia perdieron la esperanza. Ann llamaba a su curación “el milagro de mi madre”.

Mucho se ha escrito sobre la milagrosa curación de Ann en 1952 de la leucemia linfática aguda, una enfermedad siempre mortal en aquellos tiempos. Ann rememoraba en 2025 fragmentos de recuerdos: la terrible varicela que agravó su sufrimiento, que ya se preveía fatal; el viaje desesperado, pero lleno de esperanza, a Emmitsburg; las oraciones en la habitación donde murió la Madre Seton; las temidas y dolorosas pruebas de médula ósea para verificar su curación.

Esos recuerdos son suyos, pero la fe de la madre de Ann y la intercesión de la Madre Seton son el fundamento de su asombro y gratitud.

Aunque su álbum de recortes favorito se exhibía el año pasado en el Santuario Seton de Emmitsburg con motivo del 50 aniversario de la canonización de la Madre Seton, Ann ojeó entonces otros álbumes de fotos y libros desgastados y amarillentos que narran el milagro y la vida de la Madre Seton. Era como si Ann fuera una espectadora, observando cómo se desarrollaban los acontecimientos de su vida. Abrió un libro de Mary Hilaire Tavenner y descubre un capítulo dedicado al relato de Sis sobre el milagro.

Ann O'Neill tenía solo cuatro años cuando le diagnosticaron leucemia linfática aguda, una enfermedad entonces incurable, en Baltimore / Foto: Cortesía de Ann Theresa O'Neill - Catholic Review

Nacida en octubre de 1947, Ann tenía cuatro años y medio cuando su madre Sis notó unas manchas de sangre en su piel en febrero de 1952, mientras Ann y su hermana menor, Jeanne, jugaban. Alarmada, Sis, que estaba embarazada de ocho meses, y su esposo Bill llevaron a Ann al médico de cabecera lo antes posible. Un análisis confirmó que su recuento sanguíneo era alarmantemente bajo.

Durante toda la noche, Sis se despertaba cada hora para rezar una novena al Niño Jesús de Praga. Esa estatua del Niño Jesús de Praga ha ocupado un lugar de honor en el salón de Ann.

Ann ingresó el 17 de febrero de 1952 en el Hospital St. Agnes, administrado por las Hijas de la Caridad, en Baltimore, para recibir transfusiones de sangre. El 28 de febrero, Ann fue trasladada al Hospital Universitario. Sis se vio obligada a dejar a su hija, magullada y con fiebre, para atender el parto de la recién nacida, Mary Margaret, quien quedó al cuidado de sus tíos.

Sis fue trasladada al Hospital Universitario para estar cerca de Ann. Fue entonces cuando el médico le dijo que Ann tenía leucemia, según contó Sis a Tavenner. «También me dijo que nunca se había registrado en la historia de la medicina un caso de supervivencia a la leucemia. Me dijo que no había ninguna esperanza de que Ann sobreviviera».

Sis recurrió a los santos, y a su propia madre fallecida, en busca de ayuda.

“Esto es lo que mi madre le dijo a su madre: ‘Ve a los santos. Madre, ve a los santos’. Y entonces apareció la Madre Seton”, dijo Ann.

Pero no sin que antes otro santo preparara el terreno para una serie de acontecimientos milagrosos.

Con un atuendo más informal, Ann O'Neill posa para una instantánea tomada en Roma en 1963 / Foto: Cortesía de Ann Theresa O'Neill - Catholic Review

El signo de la rosa roja

La salud de Ann empeoraba rápidamente. El Dr. Milton Sacks, un eminente experto en leucemia, probó un nuevo fármaco que solo empeoró su estado. Sus padres se cansaron del constante sufrimiento que Ann padecía a manos de médicos investigadores bienintencionados. Si bien su enfermedad era incurable, su sufrimiento llevó a su padre a perder la paciencia y finalmente exclamar: «¡Basta ya!». Ann fue dada de alta el 27 de marzo de 1952 por incurabilidad, pero permaneció bajo el cuidado del Dr. Sacks.

“Mi madre quería llevarme a Lourdes, pero no tenían los medios para hacerlo”, explicó Ann. “Pero mi hermana era muy devota de Santa Teresa de Lisieux, también conocida como la Pequeña Flor de Jesús, y ocasionalmente le enviaba dinero a su orden carmelita en Francia. Así que le rezaba a Santa Teresa de Lisieux para que le enviara la señal de la rosa si yo iba a curarme”, recordó Ann. “Pidió una rosa roja en la mano, y de repente alguien se le apareció con una rosa roja. Recibió la señal y supo que me iba a curar”.

Ann llevaba poco tiempo en casa cuando su estado se volvió tan crítico que tuvo que ser trasladada de urgencia al Hospital St. Agnes el 9 de abril, durante la Semana Santa, donde la hermana Mary Alice Fowler, de la congregación Hijas de la Caridad y supervisora ​​de la sala infantil St. Louise, desempeñaría un papel fundamental.

Según un informe del Boletín de la Hermandad Madre Seton, la Hermana Mary Alice afirma: «Ann Theresa estaba en un estado lamentable. Estaba muy pálida, tenía la cara hinchada, estaba irritable y tan débil que no podía ni sentarse ni ponerse de pie». Como si las cosas no pudieran empeorar, contrajo varicela, el peor caso que el Dr. Sacks había visto jamás. “Recuerdo que me picaba. Era horrible. Tenía varicela sobre varicela”, dijo Ann. “Pero el sufrimiento te hace crecer”.

La hermana Mary Alice Fowler, a la izquierda, asiste a la primera comunión de Ann O'Neill / Foto: Cortesía de Ann Theresa O'Neill - Catholic Review

El Viernes Santo, Ann contó que su madre le pidió a Dios: “‘O la sanas o la llevas contigo’. Dijo: ‘Solo tú puedes ver lo que yo no veo. Si ella pierde su alma, entonces llévatela’. Eso me reconforta. Y así fue. Me sanó”.

El Sábado Santo, Ann fue readmitida en el Hospital St. Agnes.

El Domingo de Pascua, el padre de su madre Sis visitó a la familia en el hospital, afligido por la grave condición de su nieta y por la esperanza, a veces poco realista, de su hija. Más tarde esa misma noche, la hermana Mary Alice pasó a visitarlos.

“Vino y le contó a mi madre sobre la Madre Seton”, dijo Ann. “Y la Hermana Mary Alice le dijo: ‘Tienes que tener fe’, y mi madre respondió: ‘Tengo muchísima fe’. Entonces, fue a visitar a sus parientes, quienes la consideraron una excéntrica”.

La hermana Mary Alice y Sis recabaron las oraciones de las Hijas de la Caridad, sacerdotes de la zona, estudiantes católicos, familiares y feligreses, quienes iniciaron una novena de oración en nombre de Ann. Sis imploró a la Santísima Virgen "como una madre a otra... seguramente ella comprendió mi sufrimiento mientras yo intentaba reflexionar sobre el suyo", recordó.

Después de Pascua, Ann pareció recuperarse un poco e incluso pudo ponerse de pie. Sus padres pidieron permiso para hacer una peregrinación. No tenían nada que perder.

“Cuando mi madre se enteró de que la Madre Seton estaba en Emmitsburg, mi padre me puso en un colchón de cuna en una camioneta familiar y condujo hasta allí desde Baltimore”, relató Ann.

El padre Charles Stouter se reunió con la familia allí, y “me acostaron sobre la tumba de la Madre Seton», dijo ella. “Luego me llevaron a la casa donde murió. Recuerdo que me colocaron en ese pequeño lugar donde murió la Madre Seton, porque tenía un poco de miedo”.

La familia regresó a Baltimore para hacerse otro análisis de sangre. La hermana Mary Alice llamó a Sis para darle el resultado. “‘¡La sangre de Ann se ha normalizado! ¡Está bien! ¡Está mejor que la mía!’, exclamó», escribió Tavenner.

La salud de la pequeña Ann comenzó a mejorar. La hermana Mary Alice comentó: “Empezó a comer y a darse cuenta de lo que la rodeaba. Más tarde, comenzó a sentarse y, a los pocos días, ya podía levantarse y caminar. Ann siguió mejorando y el 27 de abril de 1952 recibió el alta; una recuperación que consideramos una respuesta a nuestras oraciones a la Madre Seton”.

La hermana Mary Alice siguió siendo amiga de la familia hasta su fallecimiento en 1994. Ann se graduó de la preparatoria Seton en Baltimore y asistió a una escuela de cosmetología. Trabajó como peluquera durante muchos años en la peluquería de JC Penney en el centro comercial Security Square de Baltimore. Estuvo casada con Robert Hooe, un mecánico automotriz, durante 25 años.

Verificando el milagro

Una década de análisis de médula ósea confirmaron la curación milagrosa de Ann. Ann admite que se resistió a las pruebas finales —todas administradas sin anestesia— exigidas por un tribunal vaticano que investigaba la causa de la canonización de la Madre Seton.

Ann era apenas una adolescente cuando, a regañadientes, aceptó someterse al procedimiento sumamente doloroso en Boston. "No quería hacerlo porque el dolor es horrible", dijo Ann. "No lo necesitaba porque ya no tenía cáncer". “Tenemos que hacerlo por la Madre Seton”, dijo la madre de Ann.

Ann O'Neill se reúne con el Papa Juan XXIII en Roma / Foto: Cortesía de Ann Theresa O'Neill - Catholic Review

La primera santa nacida en Estados Unidos

La mayoría de la gente nunca conocerá a un Papa. Ann besó los anillos de dos.

A los 15 años, asistió a la ceremonia de beatificación de la Madre Seton, presidida por San Juan XXIII el 17 de marzo de 1963. “¿Viste cómo me sonrió el Santo Padre cuando me llevaron ante él?”, preguntó Ann en aquel entonces. “Jamás lo olvidaré”.

Tenía 27 años y era madre de cuatro hijos cuando presenció la canonización de la Madre Seton, la primera santa proclamada nacida en Estados Unidos, el 14 de septiembre de 1975. San Pablo VI presidió la ceremonia. “El Papa Pablo VI era muy amable, un tipo encantador”, aseguró Ann.


En la década de 1960, Ann O'Neill contempla su figurilla de Santa  Isabel Ana Seton / Foto: Cortesía de Ann Theresa O'Neill - Catholic Review

La curación de Ana, que fue considerada aceptable por la Sagrada Congregación de Ritos en 1959, contribuiría directamente a la canonización de la Madre Seton.

Isabel Ana Bayley nació en la ciudad de Nueva York el 28 de agosto de 1774, en el seno de una destacada familia episcopaliana, y perdió a su madre a los tres años. En 1794, a los 19 años, Elizabeth se casó con William Magee Seton, un acaudalado hombre de negocios con quien tuvo cinco hijos.

William falleció de tuberculosis en 1803, dejando a Isabel viuda a una edad temprana. Tras descubrir el catolicismo en Italia, donde había muerto su esposo, Isabel regresó a Estados Unidos y se convirtió al catolicismo en 1805 en Nueva York.

Isabel se mudó a Baltimore con sus tres hijas en 1808, donde fundó un internado para niñas. Al año siguiente, se trasladó a Emmitsburg, donde fundó las Hermanas de la Caridad de San José, la primera comunidad de religiosas apostólicas establecida en Estados Unidos. También fundó la Escuela de San José, sembrando así las semillas de la educación católica en el país. Su legado incluye ahora congregaciones religiosas en Estados Unidos y Canadá, cuyos miembros trabajan para atender las necesidades insatisfechas de las personas que viven en la pobreza en Norteamérica y otras regiones.

Al igual que la Madre Seton y su propia madre, Ann sufrió pérdidas trágicas en su vida adulta. La Madre Seton perdió a su esposo y a dos hijas adultas. Ann se divorció y sufrió la trágica pérdida de su hijo menor, Robert. Su madre Sis enviudó a principios de sus cincuenta, cuando su esposo tenía apenas sesenta años, y lamentó la pérdida de su nieto. A pesar de estas dificultades, la fe de las tres mujeres se fortaleció y perduró.

La oración de mi hermana el día de su boda fue escuchada. “Rezó para poder ver a sus descendientes, y pudo ver a sus tataranietos”, dijo Ann. «Dios respondió a su primera oración y a su oración por mi sanación porque soy yo la que tiene tantos hijos. Mis cuatro hermanas tienen hijos, pero no tienen tantos como yo”.

Ann O'Neill recibe la bendición del Papa Pablo VI en 1975 / Foto: Cortesía de Ann Theresa O'Neill - Catholic Review

Además de sus tres hijos y una hija, Ann tenía cinco nietos y tres nietas, cinco bisnietos y tres bisnietas. Su madre Sis vivió casi 101 años.

A pesar de un par de sustos de salud —Ann usaba un marcapasos para estabilizar su fibrilación auricular y se fracturó la pelvis hace varios años debido a la osteoporosis—, se mantuvo ocupada. Asistía a misa diariamente, peinaba ocasionalmente, horneaba pan de plátano para sus bisnietos, cuidaba su pequeño jardín de flores con su estatua de la Virgen María y comederos para colibríes, y alimentaba a los patos en un pequeño estanque al otro lado de la calle.

Ella contemplaba el Santísimo Sacramento que se muestra en YouTube antes de sintonizar su gran televisor con la gruta de Lourdes, que visitó cuando tenía 15 años. “Trae mucha tranquilidad a la casa”, dijo Ann. “Es tan reconfortante”.

Los santos son amigos que le hacían compañía cuando sus bisnietos regresaban a casa, y los conocía bien. Además de la Madre Seton y Santa Teresa, admiraba a San Juan Henry Newman, San Juan Diego, el Beato Stanley Rother y Santa Faustina, entre otros.

Ann siguió viajando a Emmitsburg siempre que ppodía hasta ahora que ha fallecido para visitar a su querida amiga, la Madre Seton.