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sábado, 29 de agosto de 2026

Papa León XIV en homilía del domingo, en Rimini, 29-8-2026: «Solo el amor salva; el que Dios nos mostró muriendo y resucitando y aquel con el que nosotros nos ofrecemos humildemente a Él y a los hermanos»

* «Cualquiera que sea la herida, cualquiera que sea la ofensa, ¡no permitamos que el mal desfigure nuestra humanidad y nos corrompa el corazón! No nos conformemos con la mentalidad del mundo. Sigamos amando, dando, perdonando, ofreciéndonos ‘como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios’, para preservar y hacer crecer, en nosotros y en los demás, la dignidad infinita de la imagen divina que llevamos en el alma. Y no nos desanimemos si es difícil: nuestra fuerza está en el Señor y, con su ayuda, todo es posible»

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «El rito de la procesión sobre el lago, que realizaremos dentro de poco, nos recuerda también otro milagro de Jesús, ocurrido poco antes de los hechos que hemos escuchado, cuando el Maestro, en el Lago de Tiberíades, alcanzó a los discípulos asustados caminando sobre las aguas y los condujo hasta la orilla calmando la tempestad. Precisamente cuando estaban más asustados, a merced de los vientos contrarios, los exhortó a tener fe y a orar, para recuperar la paz y, junto con Él, continuar navegando hacia la meta deseada»


Camino Católico.- “‘Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga’. Jesús revela, así, que solo el amor salva. El amor que Dios nos mostró haciéndose hombre, muriendo y resucitando por nosotros y, como respuesta, aquel con el que también nosotros nos ofrecemos humildemente a Él y a los hermanos: en la fidelidad constante de la caridad de cada día, así como en los gestos más extraordinarios, hasta el martirio, a veces, como lamentablemente sucede también hoy a muchos cristianos en diversas partes de la tierra”, ha subrayado en su homilía el Papa León XIV al presidir la tarde de este sábado 29 de agosto la Santa Misa de vigilia del XXII domingo del Tiempo Ordinario y votiva, "Virgen María, fuente de la salvación", en la iglesia de María Santísima del Lago, en Castel Gandolfo, consagrada por san Pablo VI el 15 de agosto de 1977, antes de participar en la procesión por las aguas del lago Albano con la imagen mariana.


El Papa ha evocado además una enseñanza de San Agustín para invitar a los fieles a sembrar el amor de Dios “sin cansarnos, sin medida”. León XIV reconoce que la lógica del Evangelio puede resultar incomprensible para una mentalidad que mide la fortaleza en términos de imposición, respuesta o venganza. “Lamentablemente, no todos comprenden la belleza, la bondad y la concreción de este sueño del Creador; es más, muchos piensan que es una utopía”, señala.



“Poner la otra mejilla —dicen— es de perdedores, dar frente al rechazo es de ingenuos, perdonar sin límites es de débiles”. Sin embargo, recuerda que incluso el apóstol Pedro tuvo dificultades para comprender esta nueva manera de pensar. Pero Jesús permanece categórico: solo el camino del amor es el camino de la vida”, agrega León XIV.



“Queridos hermanos y hermanas, tenemos tanta necesidad de vida, de esperanza, de serenidad, de paz, en nosotros mismos, en nuestras ciudades, entre los pueblos y las naciones”, afirma el Pontífice. A continuación, León XIV lanza una exhortación dirigida a quienes han experimentado heridas o agravios. “Por eso, cualquiera que sea la herida, cualquiera que sea la ofensa, ¡no permitamos que el mal desfigure nuestra humanidad y nos corrompa el corazón! No nos conformemos con la mentalidad del mundo”, señala.



El Papa pide, por el contrario, que “sigamos amando, dando, perdonando, ofreciéndonos ‘como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios’, para preservar y hacer crecer, en nosotros y en los demás, la dignidad infinita de la imagen divina que llevamos en el alma”. “Y no nos desanimemos si es difícil: nuestra fuerza está en el Señor y, con su ayuda, todo es posible”, agrega.



El Santo Padre advierte de manera directa contra la tentación de responder al mal con más violencia. “No nos engañemos. El odio y la violencia no traen nada bueno, sino solo destrucción y muerte, siempre, incluso cuando son respuesta a injusticias sufridas”, afirma.



También señala que esta realidad puede verse “todos los días, desde lo pequeño de nuestra vida doméstica hasta el gran escenario del mundo”. “Todo confirma lo que Jesús nos enseñó: ‘quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por causa mía, la encontrará’”.



Al final de su homilía, León XIV se refiere a la procesión de la Virgen del Lago, en la que la imagen mariana es llevada en una embarcación por las aguas del Lago Albano, y la relaciona con un episodio del Evangelio.


“El rito de la procesión sobre el lago, que realizaremos dentro de poco, nos recuerda también otro milagro de Jesús, ocurrido poco antes de los hechos que hemos escuchado, cuando el Maestro, en el Lago de Tiberíades, alcanzó a los discípulos asustados caminando sobre las aguas y los condujo hasta la orilla calmando la tempestad”, explica. “Precisamente cuando estaban más asustados, a merced de los vientos contrarios, los exhortó a tener fe y a orar, para recuperar la paz y, junto con Él, continuar navegando hacia la meta deseada”, añade.



El Pontífice señala que la celebración de la Eucaristía expresa también esta confianza en Dios. “Con esta fe, esta noche participamos en la Eucaristía. Sobre el altar nos ofrecemos a nosotros mismos, junto con el pan y el vino. Y el Señor une nuestras ofrendas a la suya, las consagra y nos las devuelve, transformadas en su Cuerpo y en su Sangre, para que las compartamos como alimento para el camino… Luego, como los discípulos, dejaremos juntos la orilla, llevando con nosotros la imagen de María, nuestro modelo y guía, para llevar a lo largo de las orillas del lago la bendición que hemos recibido”.



El Papa León XIV recuerda que la pequeña iglesia de María Santísima del Lago fue consagrada por San Pablo VI y forma parte de la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanueva. “Estoy feliz de celebrar con ustedes la Fiesta de la Virgen del Lago, como ya lo hicieron en el pasado algunos de mis predecesores: San Pablo VI, que deseó y apoyó la construcción de esta iglesia dedicada a María y la consagró, y San Juan Pablo II, que aquí quiso recordar su memoria y renovar su mensaje”, señala.


Finalmente, León XIV invita a los fieles a permanecer unidos a Cristo y a la Virgen María, especialmente en medio de las dificultades del mundo. “Acerquémonos esta noche, a Jesús y a María, al Hijo y a la Madre, para ser, unidos, no solo sobre el lago, sino en todas las noches del mundo, un reflejo sereno de la presencia de Dios y un eco irresistible de su amor que invita a amar”.



Al terminar la Misa, se ha iniciado la tradicional procesión presidida por el Papa León XIV. La Virgen fue llevada en andas desde el templo hasta la orilla del lago, donde fue embarcada para realizar un recorrido de unos 25 minutos por sus aguas. Una decena de barcas, canoas y lanchas acompañaron la jornada de oración, y numerosos fieles. La celebración ha concluido con el regreso de la imagen y la bendición final del Pontífice. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa.

Santa Misa del XXII domingo del Tiempo Ordinario y procesión de la Virgen del Lago, presidida por el Papa León XIV, en Castel Gandolfo, 29-8-2026


Foto: Vatican Media, 29-8-2026


29 de agosto de 2026.- (Camino Católico)  Al final de la tarde de este sábado 29 de agosto, el Santo Padre ha presidido la Santa Misa de vigilia del XXII domingo del Tiempo Ordinario y votiva, "Virgen María, fuente de la salvación", en la iglesia de María Santísima del Lago, en Castel Gandolfo, consagrada por san Pablo VI el 15 de agosto de 1977, antes de participar en la procesión por las aguas del lago Albano con la imagen mariana. En su homilía, exalta el amor como camino de vida y salvación y pidió a los cristianos que no permitan que el mal «desfigure nuestra humanidad». Poner la otra mejilla no es cosa de perdedores, sino Evangelio. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración y la procesión.


Mélissa Kellaou, modelo de 38 años: «Cuando Dios está en el centro, todo resplandece; vemos mejor nuestras tinieblas, pero también nuestro potencial y hay que mantener la mirada fija en Él»

Mélissa Kellaou entró en el mundo de la moda en 2014 / Foto: Sophie Bergeret - Aleteia

* «Nuestra vida tiene sentido. Está hecha para ser entregada. El Señor solo quiere nuestro ‘sí’ y luego nos da la capacidad para nuestros esfuerzos… Con la gracia de Dios, trato de avanzar en mi relación conmigo misma y de ajustar mi perspectiva, de soltar la carga, para vivir de manera auténtica y aceptarme tal como soy»

Camino Católico.-   Mélissa Kellaou, de 38 años, se gana la vida en parte como modelo en París. Profundamente creyente, en su trabajo y en sus compromisos la mueve una búsqueda inagotable de la verdad, siguiendo los pasos de Cristo. Le gusta pasar tiempo en las iglesias parisinas. Acepta con sencillez contar su historia, marcada por una carrera como modelo y una fe sólida en Dios. Se mudó a la metrópoli en 2008 para estudiar idiomas. "Fui a una agencia de modelos mientras estudiaba; no sabía mucho del tema", cuenta la joven a Anne-Sophie Retailleau en Aleteia.

"No fue sino hasta 2014, cuando me mudé a París, que realmente descubrí el ambiente: a medida que iba conociendo gente en mis trabajos como azafata o como figurante, hice contactos y poco a poco empecé a conseguir trabajos". La precariedad del oficio la lleva a multiplicar los trabajos, entre sesiones de fotos, showrooms de las semanas de la moda o incluso pruebas de ropa en una escuela de costura. "Es muy físico y también se necesita fortaleza mental. En esos momentos, cuando estás de pie todo el día frente a tu imagen en el espejo, si no te sientes bien, puede ser difícil. Por eso, cuando tienes a Dios, eso te ayuda".

Cristo siempre en el centro

Mélissa Kellaou en una sesión fotográfica en Toulouse, en 2023 / Foto: Tiphaine Deuff - Aleteia

Su camino espiritual no siguió una línea recta. De niña, no asistía a Misa todos los domingos. Lo mismo ocurrió cuando llegó a la ciudad. Pero varios encuentros, en particular con una amiga modelo y un compañero de cuarto que era seminarista, la impulsaron a profundizar en la sed de verdad que siempre había habitado en ella.

"Todo lo que sé hoy se lo debo a las personas que el Señor puso en mi camino y que se tomaron la molestia de platicar conmigo, de escucharme, de responder a mis preguntas y de amarme", asegura la joven.

Hoy en día, Mélissa no tiene miedo de mostrar lo que para ella es evidente: lo que la impulsa es su amor por Cristo. La relación con Jesús la ayuda a sanar heridas profundas, en particular una baja autoestima que la acompaña desde su más tierna infancia. En este sentido, el modelaje representa un "desafío interior", una oportunidad para "sus miedos".

"Con la gracia de Dios, trato de avanzar en mi relación conmigo misma y de ajustar mi perspectiva, de soltar la carga, para vivir de manera auténtica y aceptarme tal como soy. Cuando Dios está en el centro, todo resplandece; vemos mejor nuestras tinieblas, pero también nuestro potencial".

Para ella, no hay contradicción entre vivir su fe y trabajar en el mundo de la moda. "Desde que me acerqué al Señor, veo aún mejor cuánto se menosprecia el cuerpo en nuestra sociedad y en las relaciones… Por eso, ante cada trabajo que me ofrecen, me tomo el tiempo para discernir y preguntarme cuáles son los valores que realmente voy a defender y transmitir".

Dar testimonio en Instagram

En un entorno donde la apariencia es lo más importante, ella se abre camino y afirma con firmeza que lo esencial está en otra parte. En su cuenta de Instagram, las fotos de sesiones de moda se alternan con citas de santos o versículos bíblicos, que la joven comparte a diario. Una de sus favoritas es de santo Tomás de Aquino: "Es más hermoso iluminar que solo brillar". "Esta frase puede ilustrar el uso que hago de las redes sociales".

Además compartió cómo es la selección de modelos "Hoy en día, las agencias de modelos piden nuestra cuenta de Instagram en el formulario de información. Y es posible que te seleccionen para un trabajo según la cantidad de seguidores que tengas. Debo admitir que esta carrera por los "me gusta" me resulta complicada. Lo que me importa es llegar al corazón de las personas, brindar alegría, consuelo y luz donde falta. Solo Dios sabe quién necesita ver tal video o leer tal frase hoy… trato de sembrar, a mi modesta manera".

Cuando no está frente a la cámara, Mélissa dedica parte de su tiempo libre a servir, participando en su parroquia, en la bienvenida a los fieles y en el coro. Todas estas son cosas que antes la joven no se sentía capaz de hacer. "Nuestra vida tiene sentido. Está hecha para ser entregada. El Señor solo quiere nuestro "sí" y luego nos da la capacidad para nuestros esfuerzos". Aunque no sabe si seguirá mucho tiempo más en el mundo de la moda, su plan para el futuro se resume en una frase: "Mantener la mirada fija en Él". 

Mariela Villanueva y Harold Figueras estuvieron 5 años separados y Cristo restauró su matrimonio: «Iba buscando que Dios cambiara a mi esposo y el Señor me cambió a mí y rescató a mi marido del ocultismo»

Harold Figueras y Mariela Villanueva frente a la Catedral de Lima / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa

* «Esta familia era muy devota, y la madre me invitó a ir a la iglesia con ella. Le dije: «No, no puedo». Porque, en mi opinión, había cometido faltas graves y me era imposible volver a la iglesia. Ella me dijo: ‘No, el Señor perdona, y puedes volver a la iglesia; solo tienes que pedir perdón’»

Camino Católico.-    El 7 de abril de 2009, Mariela Villanueva aterrizó en Venezuela convencida de que iba a poner fin a su matrimonio. Habían pasado cinco años desde que su esposo, Harold Figueras, se marchó de Perú y reconstruyó su vida en otro país. Ella llevaba consigo el dolor de una separación prolongada y la decisión de firmar el divorcio. Él, una lista escrita con todos los reclamos que pensaba lanzar en cuanto la viera. Nada ocurrió como ambos habían imaginado.

Se citaron un miércoles a las 3:00 de la tarde, la Hora de la Misericordia, en el mismo lugar donde habían sido novios años atrás. Cuando Mariela apareció, Harold buscó desesperadamente la hoja con sus quejas. Ésta había desaparecido.

“Yo estaba esperando una guerra. Ella abrió los brazos para abrazarme y entendí que el único que quería pelear era yo”, recuerda Harold en una entrevista con ACI Prensa. Mariela había tenido ese gesto de acercamiento porque ya había empezado un proceso de conversión y tenía una última esperanza.

Aquel abrazo no restauró inmediatamente el matrimonio. Todavía faltaría casi un mes para que él dejara la relación que mantenía y decidiera regresar definitivamente con su familia. Pero ese día —afirman ambos— Jesús ganó la primera gran batalla.

Harold Figueras y Mariela Villanueva / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

Un matrimonio que nació con heridas

Harold y Mariela se conocieron en 1998 en el Colegio de Ingenieros de Venezuela. Él trabajaba en el área de sistemas; ella era una joven abogada que dirigía una consultoría jurídica con decenas de profesionales a su cargo.

Mientras Mariela había crecido en una familia católica y rezaba el Rosario con frecuencia, Harold era completamente indiferente a la fe.

“Me burlaba de los sacerdotes. Para mí casarme por la Iglesia fue simplemente cumplir con una formalidad social”, admite.

Contrajeron matrimonio civil y, el 2 de septiembre del 2000, recibieron el sacramento en la parroquia San Francisco de Asís, en Barranco (Perú). Sin embargo, reconocen que llegaron al altar sin comprender verdaderamente lo que significaba la vocación matrimonial.

“Empezamos nuestra vida juntos sin Dios como centro. Ese fue el primer gran error”, explica Harold.

Con el paso de los años comenzaron a aflorar heridas profundas: abandono, soledad, orgullo, incapacidad para comunicarse y expectativas irreales sobre el amor. La crisis económica de Venezuela agravó aún más la situación. Harold viajaba constantemente entre ambos países hasta que un día simplemente dejó de volver.

Mariela quedó sola en Lima con su pequeña hija.


Imagen actual de Harold Figueras y Mariela Villanueva con sus tres hijas en Lima, Perú / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

“Mamá, enséñame a rezar”

Paradójicamente, la restauración no comenzó cuando Harold cambió. Comenzó cuando Mariela cayó de rodillas.

Alejada de la Iglesia y llena de resentimiento, la joven madre había abandonado incluso la práctica de su fe después de sentirse herida por una mala experiencia en una parroquia. Todo cambió gracias a una petición inesperada de su hija de siete años. “Mamá, mi abuelita dice que tú sabes rezar. Enséñame el Rosario”.

Mariela aceptó casi por compromiso. Poco después, la niña insistió en hacer su Primera Comunión y le dijo una frase que atravesó el corazón de su madre: “Tú sabes lo que es tener a Jesús en el corazón… ¿y por qué no lo haces?”

Aquellas palabras la llevaron nuevamente al confesionario. Desde entonces comenzó una rutina que cambiaría su vida: Misa diaria antes del trabajo, adoración eucarística al mediodía y el Rosario cada noche junto a su hija.

“Yo iba buscando que Dios cambiara a mi esposo. El Señor terminó cambiándome a mí”, cuenta.

Harold Figueras y Mariela Villanueva junto a miembros del movimiento católico peruano Jesús y María Restauran Mi Familia / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

“Mírame a Mí”

Durante una adoración eucarística ocurrió la experiencia que daría nombre, años después, al retiro que hoy organizan como líderes del movimiento católico peruano Jesús y María Restauran Mi Familia.

Mariela rezaba presentándose como la víctima de la historia. “Señor, mírame a mí. Mira qué buena soy. Mira lo que él me hizo”. Entonces levantó la vista hacia la custodia. “Ya no vi la custodia. Vi a Jesús llagado y ensangrentado. Y me dijo solamente: ‘Mírame a Mí’”.

En ese instante —relata emocionada— experimentó un encuentro personal con Jesús. Comenzó a recordar sus propios pecados desde la infancia y comprendió que durante años había sido incapaz de reconocer sus propias heridas.

“Entendí que Dios no me iba a preguntar por los pecados de Harold. Me iba a preguntar cuánto amé a mi esposo dentro del sacramento”. Su oración cambió por completo y ya no pedía que Harold regresara. Pedía únicamente: “Señor, haz que vuelva a Ti”.

Mariela Villanueva / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

El infierno del ocultismo

Mientras Mariela profundizaba en la oración, Harold descendía por un camino completamente opuesto.

Buscando una mejor economía, comenzó consultando el tarot. Después llegó la santería cubana y finalmente la palería, una práctica de brujería que utiliza restos humanos y sacrificios de animales.

“Entré a un cuarto oscuro donde había osamentas humanas. Sentí un miedo indescriptible, pero seguía buscando respuestas donde no estaban”, recuerda Harold.

En medio de ese vacío comenzó a notar algo extraño. Mariela seguía llamándolo, pero ya no lo hacía para reclamarle.

Una tarde, con tono burlón, le preguntó: “¿Qué pasa? ¿Ya no te hago falta?”.

La respuesta lo desconcertó.

“No. Lo que pasa es que allá tengo quien me ama”.

Harold creyó que ella tenía otra pareja, pero hoy sabe que su esposa hablaba del mismo Cristo.

Harold Figueras / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

El regreso del hijo pródigo

Tras aquel encuentro en Venezuela, Harold regresó finalmente al Perú.

Confiesa que tenía terror de enfrentar a la familia de Mariela y, sobre todo, a su hija. Imaginaba reproches, humillaciones y rechazo. Sin embargo, encontró exactamente lo contrario. “Todos me abrazaron como si hubiera salido a comprar pan”, cuenta.

Pocos días después acompañó a Mariela a la iglesia de los Padres Oblatos, en Barranco, Lima. Ni siquiera pensaba entrar al templo. Permanecía de pie junto a la puerta cuando, según relata, sintió un impulso interior que lo condujo directamente al confesionario.

“Le dije al sacerdote: ‘Padre, llevo cinco años separado y no sé por qué he vuelto’”. Aquel sacerdote lo invitó a participar en un retiro espiritual. Fue allí donde Harold vivió su propia conversión.

Frente al Santísimo Sacramento, después de resistirse durante horas, Harold levantó la mirada y cuenta: “Ya no vi la custodia. Vi dos ojos color miel que atravesaron mi corazón. Empecé a llorar como nunca en mi vida”.

Desde ese momento abandonó definitivamente el ocultismo y comenzó un camino de fe que continúa hasta hoy.

Un milagro que continúa

Han pasado más de quince años desde aquella reconciliación.

Harold y Mariela aseguran que el verdadero milagro no fue simplemente volver a vivir juntos, sino descubrir que el matrimonio es un camino cotidiano de santidad.

“La restauración dura toda la vida. No termina cuando el esposo regresa. Empieza allí”, afirma Mariela.

Harold Figueras y Mariela Villanueva en la actualidad / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

Esa experiencia dio origen al movimiento Jesús y María Restauran Mi Familia, una obra que acompaña especialmente a esposos separados o al borde del divorcio. El camino que proponen comienza por la propia conversión y no por intentar cambiar al cónyuge.

Quienes llegan a la misión comienzan con el llamado “Taller de María”, una preparación a la consagración al Inmaculado Corazón de María enfocada en el sacramento del matrimonio. Allí, explican, buscan que cada persona reconozca sus propias heridas y reciba herramientas para discernir qué hacer con su historia familiar.

Pero Harold y Mariela también advierten que no todos los procesos terminan de la misma manera. Hay matrimonios que logran reunirse nuevamente y otros que toman caminos diferentes, incluso a través de procesos de nulidad matrimonial. Lo que permanece, sostienen, es la invitación a la conversión y a buscar la voluntad de Dios.

“El Señor nos quiere santos”, explica Mariela. Para ella, incluso cuando una persona atraviesa un proceso distinto al que esperaba, el sufrimiento puede convertirse en una oportunidad para acercarse a Cristo y ofrecer ese dolor por la santidad de la Iglesia.

Hoy, cuando miran hacia atrás, ya no se ven como las mismas personas que se separaron. Mariela describe a Harold como un hombre más comprometido con conocer el amor de Dios y capaz de donarse a su familia. Él, por su parte, reconoce que la mujer con la que se reencontró después de cinco años ya no era la misma que había dejado atrás.

La familia Figueras Villanueva / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

Por eso, su testimonio no pretende presentar una fórmula para recuperar un matrimonio perdido. Es, sobre todo, la historia de dos personas que descubrieron que antes de pedirle a Dios que cambiara al otro tenían que dejarse transformar por Él.

“Muchas personas llegan diciendo: ‘Quiero que mi esposo vuelva’. Nosotros les respondemos: primero deja que Jesús vuelva a ocupar el centro de tu corazón”, explica Harold.

Su mensaje para los matrimonios en crisis nace de esa experiencia: no esconder las heridas, no dejarse vencer por la vergüenza y no confundir la restauración con el simple regreso a la vida que tenían antes.

Porque, como descubrieron aquel miércoles de abril, algunas guerras matrimoniales no se ganan venciendo al otro, sino dejándose vencer por el amor misericordioso de Dios.

Entre quienes hoy forman parte de la comunidad se encuentran Diana Donayre y Johanna Muñoz, dos mujeres que vivieron el retiro y cuyo testimonio refleja el impacto de este proceso de conversión.

“Te entiendo, y no estás solo ni sola”, expresa Diana, al recordar que llegó a la misión con “el alma cansada” y encontró personas que la sostuvieron en medio de su crisis matrimonial. Tras un año de perseverancia, aseguró que Cristo restauró su vida, su familia y su matrimonio.

Johanna, por su parte, cuenta que estuvo ocho años separada y que lleva tres años caminando en la comunidad hacia la restauración de su matrimonio. Explica que el cambio comenzó cuando decidió vivir un proceso de conversión y reconciliación consigo misma, mientras confiaba el resto a Dios. “El Señor está haciendo su obra… va dando pasitos muy lentos”, dijo al recordar la emoción de ver a su esposo arrodillarse por primera vez durante la Eucaristía, un gesto que para ella fue signo de esperanza y del actuar de Dios en su familia.

Jeanine: «Con 13 años prefería salir con chicos a estar con el Señor; a los 15 aborté y me deprimí; una señora me propuso ir a la Iglesia y experimenté que Dios es amor, nos perdona y está conmigo en todo a lo largo de mi vida»

Jeanine se encontró con Dios y su vida cambió / Foto: Découvrir Dieu

* «Esta familia era muy devota, y la madre me invitó a ir a la iglesia con ella. Le dije: «No, no puedo». Porque, en mi opinión, había cometido faltas graves y me era imposible volver a la iglesia. Ella me dijo: ‘No, el Señor perdona, y puedes volver a la iglesia; solo tienes que pedir perdón’»

Camino Católico.-    La historia de Jeanine, contada por ella misma a Découvrir Dieu [Descubrir a Dios], no parece aportar hechos asombrosos. Quizá por eso es noticia, pues no todos los que viven un retorno a Dios que parece corriente en países católicos lo cuentan con la sencillez que ella muestra. Tras renunciar a su fe a los 13 años y pasar por varias dificultades y optando por abortar , Jeanine se encuentra trabajando como empleada doméstica para una familia católica que le propone ir a la Iglesia. Esta es su historia:

Jeanine explica cómo cambió su vida en cuanto se alejó de Dios... y cuando regresó a Él / Foto: Découvrir Dieu

«Comprendí que Jesús vivía, que estaba a nuestro lado, que estaba cerca de nosotros»

Me llamo Jeanine. Vengo de una familia católica. Me bautizaron cuando era muy pequeña, con solo tres meses. Recibí mi Primera Comunión solemne y era muy devota: asistía a las clases de catecismo con gran entusiasmo. Recibí la Confirmación. Y cuando cumplí 13 años, le di completamente la espalda a la fe: prefería salir con chicos a estar con el Señor. Iba a discotecas, tenía otras cosas que hacer, ya no tenía tiempo para el Señor. Seguía pensando en el Señor, pero ya no me imaginaba entrando en una iglesia, asistiendo a Misa…

Me quedé embarazada y tuve que abortar porque, a los 15 años, no veía cómo iba a compaginar los estudios con la crianza de un bebé. Así que pensé: «El aborto será más fácil para mí, y luego ya veremos…». El padre de mis hijos y yo formamos una familia. Teníamos una panadería, pero debido a nuestra situación económica, surgieron dificultades y caí en una depresión.

Me ingresaron en un hospital psiquiátrico. El psiquiatra me dijo que me había puesto bajo tutela. Pasó el tiempo y, gracias a mi trabajo, me enviaron a trabajar como cuidadora a domicilio para una familia. Y terminé en una casa en la que vivían católicos.

Esta familia era muy devota, y la madre me invitó a ir a la iglesia con ella. Le dije: «No, no puedo». Porque, en mi opinión, había cometido faltas graves y me era imposible volver a la iglesia. Ella me dijo: «No, el Señor perdona, y puedes volver a la iglesia; solo tienes que pedir perdón». Me sorprendió, pero no cambié mi actitud y no fui.

Tiempo después, una mujer me invitó a una reunión cristiana: era cuando yo era un poco… ¿cómo decirlo?... ¿Cómo decir que no?: porque, cuando uno regresa a la iglesia después de haberla dejado de niño, no sabe mucho sobre la fe. Empecé a comprender que Jesús vivía, que estaba a nuestro lado, que estaba cerca de nosotros.

Debido a que recibí una educación desprovista de misericordia, no puedo definir al Dios de mi infancia; no sé quién era. No lo conocía, nunca lo vi: estaba en mi mente, pero hoy Dios es amor. Muere en nosotros con nuestros pecados, pero Él ha muerto por nuestros pecados, y el Dios que nos perdona está en nosotros. Él está conmigo en todo a lo largo de mi vida.

Jeanine

Vídeo en francés de Découvrir Dieu en el que Jeanine cuenta su testimonio