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viernes, 6 de febrero de 2026

Tyquan Hall, el niño que resucitó y vive por un milagro del Cura Valera y que hoy tiene 19 años: «Tengo que darle las gracias a él, porque sino, no estaría aquí. Pienso todos los días en el Cura Valera»

Robin, la enfermera que presenció la recuperación del bebé; el doctor almeriense Juan Sánchez; Tyquan Hall, el niño que sobrevivió gracias a un milagro del Cura Valera; y sus padres / Foto: Diócesis de Almería

*  El médico Juan Sánchez que lo atendió cuenta que «Tyquan nació en una situación que me encuentro con bastante frecuencia: no es raro, niños que nacen sin respiración... Con estimulación a veces responden. Él nació y empecé con el proceso, pero no respondía. Estuvo pálido, gris, y con la saturación muy baja. Estuve una hora intentando resucitarlo pero los pulmones no ventilaban. Ya no sabía qué más podía hacer. Esperamos diez minutos más y después me fui a hablar con los padres... Algo que me sorprendió de mí mismo fue pensar en el Cura Valera en ese momento y pedirle que le curara. Cada vez que pienso eso, me pongo...»

Camino Católico.- Este sábado, a partir de las 11 horas de la mañana, la Iglesia hará oficial lo que lleva siendo una realidad durante dos siglos en Huércal-Overa: el Cura Valera subirá a los altares. Y en la beatificación estará Tyquan Hall junto a su familia. Él es el niño estadounidense que vive gracias a un milagro del Cura Valera y ha hablado para los medios de comunicación. Junto a él estaban su padre y su madre, visiblemente emocionados, y una pieza clave en esta historia: el doctor Juan Sánchez, el médico originario de Huércal-Overa que rezó al Cura Valera cuando había dado por perdida la vida del bebé recién nacido con esta invocación: “Cura Valera, he hecho todo lo que ha sido posible, ahora te toca a ti”.

"Tengo que darle las gracias a él, porque sino, no estaría aquí. Pienso todos los días en el Cura Valera", aseguraba rotundamente Tyquan, un joven que tiene solo 19 años y es la prueba viva de que los milagros existen. No solo porque sobrevivió cuando parecía imposible, sino porque de aquella hora larga sin respiración tendrían que haberle quedado secuelas irreversibles. Y no hay ni rastro de ellas. 

A Tyquan empezaron a contarle su historia cuando apenas tenía cinco años. "No era algo que me creyera, pero con el tiempo empecé a entender lo que pasó... y es impresionante que me haya pasado a mí", explicaba el joven ante la prensa. 

Lo que le pasó lo detallaba el médico Juan Sánchez que lo atendió: "Tyquan nació en una situación que me encuentro con bastante frecuencia: no es raro, niños que nacen sin respiración... Con estimulación a veces responden. Él nació y empecé con el proceso, pero no respondía. Estuvo pálido, gris, y con la saturación muy baja. Estuve una hora intentando resucitarlo pero los pulmones no ventilaban. Ya no sabía qué más podía hacer. Esperamos diez minutos más y después me fui a hablar con los padres... Algo que me sorprendió de mí mismo fue pensar en el Cura Valera en ese momento y pedirle que le curara. Cada vez que pienso eso, me pongo...", cuenta Sánchez entrecortado por la emoción. 

Junto a él, unos padres que pasaron del luto a la incredulidad en aquel hospital de Providence en el que el médico español llegó a comunicarle el fallecimiento del bebé que habían tenido. La escena, rememorada por Juan Sánchez, tiene incluso un punto cómico: Robin, la enfermera que quedó al cuidado del bebé (y que también está en Huércal-Overa), entró como un torbellino en la habitación en la que Sánchez estaba anunciando la muerte del bebé. "¿Por qué entraba a interrumpirme con tantas prisas, si el bebé está muerto?", pensó entonces el doctor. 

Robin cuenta ese momento: “Fue increíble. Yo estaba en la unidad vigilando al bebé. En un momento empezó a cambiar, a recuperarse. Era horrible tener que interrumpir aquella conversación con los padres, pero tenía que hacerlo. Esa imagen se me ha quedado como una foto grabada para siempre”.

Entonces el médico relata que "tuve que ir a comprobar que el bebé había dejado de estar pálido, estaba rosado.. Y volver a la habitación a decirles a los padres que olvidaran todo: 'Les prometo que no soy un estúpido haciendo Medicina. He visto esto muchas veces y no tiene explicación'". 

La enfermera Robin asegura que “siempre he tenido una fe fuerte, pero esto la ha reafirmado aún más. Creo que Dios actúa a través de las acciones de las personas”.

Los padres de Tyquan, por su parte, apenas pudieron participar en la rueda de prensa. "Cuando me dijeron que había muerto fue devastador. Y cuando me dijeron que estaba vivo… me sentí genial y muy agradecida. Es un milagro", pudo decir su madre, antes de romper a llorar.

Para el médico, todo es doblemente especial. No solo intermedió para que el Cura Valera obrase un auténtico milagro, golpeando así para siempre en los cimientos de su fe, sino que además todo viene a celebrarse en su Huércal-Overa natal, junto a los suyos.

"Estoy inmensamente feliz. El hecho de que sea ahora oficial la santidad del Cura Valora le da un valor y un estímulo al pueblo que estoy muy feliz. Para mí, el hecho de ser parte de esto me hace sentir especial. Esto no va de mí, va del Cura Valera pero haber contribuido en esto me hace inmensamente feliz", explicaba el doctor.

La fe del pueblo de Huércal-Overa vive en las casas, entre las familias y pasa de generación en generación. De hecho, Sánchez recuerda que, cuando vivió el milagro del pequeño Tyquan, estuvo dos días reflexionando sobre lo que había presenciado. Al no encontrarle explicación, decidió contárselo a su padre. "Y él me dijo: 'Esto ha sido un milagro del Cura Valera'. Fue él quien habló con el párroco y quien inició todo el proceso", recuerda el doctor, que solo se lamenta de que su padre no haya vivido para estar presente en este momento histórico para Huércal - Overa. 

Para Juan Sánchez el milagro del Cura Valera supuso un cambio radical en su forma de ver las cosas. "Yo soy católico pero soy científico y un medico necesita tener una explicación, el tratamiento no lo damos rezando", planteaba el doctor ante los medios. 

"Las dudas en mi fe vienen de tener una mentalidad científica. Y esas dudas se han disipado por completo cuando me he dado cuenta de que no todo es a+b=c", reconoce Sánchez, que afirma sin pudor: "Mi padre era muy religioso y no estoy a ese nivel pero reconozco que creo en Dios. Esto ha sido una prueba muy clara".

"Hay algo por encima de nosotros", asegura rotundo Sánchez, que reconoce que, a raíz de aquel milagro del Cura Valera "le he pedido más de una vez...". 

Con Antonio Gómez Cantero, obispo de Almería, representantes de la Conferencia Episcopal Española y el alcalde de Huércal - Overa, Domingo Fernández, presentes en la rueda de prensa, el mundo ha podido conocer los rostros del milagro. 

El obispo ha expresado que “este milagro que lleva a la beatificación de Salvador Parra Valera es una gracia. Lo más importante es que un pueblo ha sido capaz de mantener viva la memoria de un cura de hace casi 200 años. Cuando fui nombrado obispo de Almería, lo primero que recibí fue una caja llena de rosarios y estampas del Cura Valera. Cuando llegué aquí comprobé que la devoción era real. Es un ejemplo sacerdotal: un hombre entregado 24 horas a su gente. El hombre de las tres “P”: los pobres, la penitencia y el Pan de la Eucaristía”.

Un momento de la rueda de prensa en la que han intervenido (de la segunda persona sentada en la izquierda hasta la derecha): Robin, la enfermera que presenció la recuperación del bebé; el doctor almeriense Juan Sánchez; Tyquan Hall, el niño que sobrevivió gracias a un milagro del Cura Valera; y sus padres / Foto: Diócesis de Almería

¿Quién es el cura Valera?

Salvador Valera Parra fue un sacerdote diocesano, arcipreste y párroco de Huércal-Overa de donde es originario también el médico Juan Sánchez-Esteban que óró para que el bebé volviera a la vida. Nacido, precisamente, en esta localidad de Almería el 27 de febrero de 1816, falleció también allí en 1889. Ordenado sacerdote el 13 de marzo de 1840, a lo largo de su ministerio sacerdotal se desempeñó como vicepárroco y párroco en su tierra natal, así como en el rol de capellán. También fue párroco en San Lázaro, en Alhama de Murcia, y en la iglesia de Santa María de Gracia, en Cartagena. En total, su ministerio como párroco en Huércal-Overa duró 37 años, en los que se distinguió por numerosas obras de carácter espiritual y social.

Su caridad sobresalió especialmente durante las epidemias de cólera y los terremotos de 1863, que causaron gran destrucción y víctimas. También colaboró activamente en la extinción de incendios, así como en la recaudación de fondos para ayudar a los necesitados. En 1885, fundó una casa de acogida y atención para ancianos junto a santa Teresa Jornet, Fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Abandonados, con quien mantuvo contacto directo. Por su servicio, recibió condecoraciones civiles como caballero de la Real Orden de Isabel la Católica y la Orden Civil de Carlos III.

Salvador Parra Valera, el Cura Valera

Fue un hombre de profunda fe, dedicado a la oración, la pobreza más absoluta, la austeridad, la penitencia y el ayuno. Practicó la caridad hacia los demás, poniéndose al servicio de los más desfavorecidos y acogiendo a los pobres en su propia casa. Su obispo lo señalaba habitualmente como un modelo de vida y virtudes sacerdotales para quienes aspiraban al sacerdocio. En su humildad y silencio, se ofreció completamente, siendo conocido como «el Cura de Ars español». Las virtudes teologales (Fe, Esperanza, Caridad) y cardinales (Prudencia, Justicia, Fortaleza, Templanza), junto con las anexas, han sido probadas en grado heroico en su vida, que estuvo acompañada de signos extraordinarios que le originaron fama de santidad.

Paula en el Bosque, artista que ha llevado sus obras al Vaticano: «No podía tener hijos porque padecía endometriosis severa y Dios me dio el gran milagro que fue mi hijo; le ofrecí mi don de dibujar y entré en el arte sacro»

Paula Saenz Soto conocida artísticamente como Paula en el Bosque trabajó como diseñadora durante varios años y ha terminado siendo una de las artistas de arte sacro más importantes de Costa Rica. Esta pasada Navidad realizó el pesebre por la vida en el Aula Pablo VI del Vaticano, en el que la Virgen María estaba embarazada, figura junto a la que aparece trabajando

* «A partir de aquello pensé que para poder enamorarme de Jesús primero tenía que conocerlo. Uno no puede decir 'ya me enamoré', 'ya creo', 'ya tengo la fe'... si no lo conoce. Me puse a estudiar, a leer, y me llegó ese amor de querer ofrecer lo único que tenía. Muchos me decían que cómo me iba a dedicar a esto si ya nadie creía, que me iba a morir de hambre. Yo siempre pensé que sería Dios el que tendría la última palabra, y así ha sido. Él ha marcado el camino de esta misión. Experimenté un enamoramiento profundo, como un fuego en el corazón… Lo que hacemos los pintores de arte sacro es escribir oraciones. Estuve con los carmelitas descalzos en una ocasión y se me abrió el cielo. Me hicieron la bendición de mis manos y me dijeron que yo no iba a pintar, sino a escribir. El icono es un lugar santo, que diría San Juan Damasceno»

Camino Católico.- Paula en el Bosque es como quiere ser conocida Paula Sáenz Soto, una artista católica cuyas obras han llegado hasta el Vaticano. Su vida creativa comenzó desde pequeña, sin imaginar hasta dónde la llevaría su camino. Hace unas semanas, expuso su pesebre provida durante la Navidad en el Aula Pablo VI de la Santa Sede: un momento histórico. Autora del mosaico de Nuestra Señora de los Ángeles en los Jardines Vaticanos, sus obras descansan en diferentes países del mundo, todas ellas sin firmar, porque, como reconoce, "el autor de estas 'oraciones pintadas' solo puede ser Dios".



Paula en el Bosque con su pesebre del Aula Pablo XVI del Vaticano de las pasadas navidades; saludando al Papa León XIV y el Pontífice ante el Belén

De la vocación artística a la conversión y al arte sacro

El testimonio de esta artista es un recorrido marcado, sin duda, por una profunda confianza en Dios y por un brillo constante de esperanza.

“Mi familia era de rezar el Rosario todos los días, sin embargo, yo no tanto. Lo que más recuerdo de pequeña era que nos reuníamos y rezábamos juntos el Rosario. Siempre tuve esa semillita sembrada, de Nuestra Señora, de ir a misa... pero la conversión le llega a cada uno en momentos distintos”, asegura la artista en Religión en Libertad.

Desde pequeña sintió un llamado al arte. En especial, una conexión muy fuerte con la naturaleza; de ahí nace su nombre artístico, “en el Bosque”, porque ella se siente en casa rodeada de árboles, admirando las montañas y los ríos.

“Ese amor por el arte me acompañó toda la infancia y la adolescencia. Me inspiraba en lo más pequeño que veía en la calle. En la escuela incluso fue un problema, porque siempre estaba dibujando, perdida en la imaginación. Pero era algo que siempre estuvo en mí”, explica en Aleteia.

Con el paso de los años, esa vocación fue creciendo. Decidió estudiar diseño publicitario y trabajó en un periódico de Costa Rica, donde ilustraba para niños. Aunque le gustaba, comenzó a sentir cansancio y un deseo profundo de independencia, por lo que renunció para convertirse en ilustradora infantil independiente.

Sin embargo, no fue hasta que un acontecimiento fuerte en su vida la llevó a transformar su profesión en un espacio donde pudiera expresar su fe: una vocación en la que evangelizara a través del arte.

Respecto a cómo aterriza en el arte sacro asegura que “no estaba en mis planes, fue por un milagro que pasó en mi vida”. Así cuenta que acontecimiento supuso su transformación para dedicarse al arte sacro: “Yo no podía tener hijos porque  padecía endometriosis severa. Pasamos muchos tratamientos, fueron ocho años de calvario. Me enfadaba mucho con Dios, le decía que habiendo gente que abortaba niños, y a mí, que sí que los quería, no me los daba”.


Paula en el Bosque con el Icono del Cántico de la Criaturas de San Francisco de Asís y debajo una explicación de por qué lo ha hecho

Y añade: “Hasta que un día desistí, y decidí no volver al médico. Y, entonces, es cuando Dios dijo: voy a esperar a que dejes de hacer tantas cosas para manifestar que esto es obra mía. Dios me dio este gran milagro que fue mi hijo, que ahora tiene 19 años. Fue gracias a mi madre. Ella siempre tuvo fe, y sin yo saberlo, ella rezaba todo el tiempo. Era la comunión de los santos, que rezan unos por los otros. Mi madre me hablaba de Dios y yo me enfadaba, le decía que igual tener un hijo no estaba en los planes de Dios”.

Fue entonces cuando hizo un acto muy concreto: “Le dije a Dios: ‘Yo lo único que sé hacer es dibujar. ¿Cómo pongo esto a tu servicio?’. No sabía hacer otra cosa, pero eso sí lo sabía hacer bien”.

“A partir de aquello pensé que para poder enamorarme de Jesús primero tenía que conocerlo. Uno no puede decir 'ya me enamoré', 'ya creo', 'ya tengo la fe'... si no lo conoce”, argumenta Paula.

Y prosigue: “Me puse a estudiar, a leer, y me llegó ese amor de querer ofrecer lo único que tenía. Muchos me decían que cómo me iba a dedicar a esto si ya nadie creía, que me iba a morir de hambre. Yo siempre pensé que sería Dios el que tendría la última palabra, y así ha sido. Él ha marcado el camino de esta misión. Experimenté un enamoramiento profundo, como un fuego en el corazón”.

Paula en el Bosque con un Icono de Jesucristo

“El rostro de la Virgen María es una carta de amor de Dios”

Su inicio en el arte sacro fue así: “Empecé haciendo pinturas para niños, para mi hijo cuando era pequeño. La Medalla Milagrosa fue lo primero que hice, la llevé al colegio y a la gente le gustó mucho. Muchas veces, en la vida artística, llega un momento en el que sentí la necesidad de un cambio más profundo. Ahí entré en la iconografía!”

“A mí me encanta la iconografía bizantina y la pintura colonial, mi estilo es una mezcla. En realidad no sigo los cánones establecidos por la iconografía bizantina, llevo una forma de pintar que nace de mí”, asegura Paula.

Y profundiza más en su estilo: “A mis imágenes siempre intento ponerles un rostro dulce, me concentro mucho en la mirada, esto también es algo en lo que me rebelo frente a lo bizantino. Cuando ellos escriben un icono, lo último que hacen es la mirada: primero se hace todo y al final la mirada. Pero yo no puedo, tengo que hacerlo al revés, necesito primero escribir esos ojos y luego ya todo lo demás”.

“Lo que hacemos los pintores de arte sacro es escribir oraciones. Estuve con los carmelitas descalzos en una ocasión y se me abrió el cielo. Me hicieron la bendición de mis manos y me dijeron que yo no iba a pintar, sino a escribir. El icono es un lugar santo, que diría San Juan Damasceno”, dice la artista. 

Asegura que “el rostro de la Virgen María es una carta de amor de Dios para todos nosotros. Eso resume todo. Dios, a través de los iconos, nos revela la belleza y Ella es la mujer más bella, y su rostro es una carta de amor para nosotros”.

Paula en el Bosque con las figuras de la Virgen María y de Jesucristo realizadas por ella del pesebre del Aula Pablo VI del Vaticano

Una vocación que le permite acompañar

Han pasado 20 años desde que decidió dedicarse al arte sacro. A través de esta expresión, no solo se ha sentido más cerca de Dios, sino que también ha podido acompañar a otras mujeres en su camino.

Paula comparte que ha vivido dolores muy profundos. Volvió a quedar embarazada después de su primer hijo, esta vez de una niña, pero la perdió. Confiesa que, de no haber sido sostenida por Dios, no habría podido atravesar esa pérdida de la misma manera.

“Lloré, por supuesto, pero también agradecí el tiempo que la tuve. Eso me ha permitido acompañar a muchas mujeres que llegan a mi taller. He pasado por muchas etapas: no poder tener hijos, intentos de adopción, pérdidas. Cuando una mujer me dice: ‘Usted no sabe lo que se siente’, yo puedo responder con verdad: ‘Sí lo sé’”.

Con el tiempo, entendió que estas experiencias tan fuertes también nos capacitan para acompañar a otros y dar esperanza.

Paula en el Bosque con otras obras suyas de Cristo crucificado

Un don al servicio de Dios

“Todos tenemos dones, y cuando los ponemos al servicio de Dios, todo se transforma en oración. Ese es el mensaje que siempre quiero dejar: Dios da dones a todos. Solo hace falta pedir claridad para descubrirlos y confiar. Hay que utilizar los dones aplicando los rasgos de nuestra propia vivencia. En mis iconos estoy yo, pero siempre de la mano del Magisterio. No puedo inventarme, por ejemplo, una advocación que no existe”, reflexiona Paula en el Bosque.

Respecto a la importancia que tiene la belleza y el arte para los cristianos dice: “Es muy bonito. Dios nos dio los cinco sentidos a nosotros, que somos tan pequeños, porque sabe que los necesitamos. Él se vale de ellos para transmitirnos su mensaje”.

Y explica que “ha ocurrido con muchos santos. Dios se les ha querido manifestar a través de una obra de arte. Por ejemplo, Santa Faustina Kowalska y el icono de la Divina Misericordia. Fue Jesús mismo el que pidió esa imagen. Él sabe que necesitamos a veces algo más tangible, aunque, por supuesto, eso no va sustituir nunca la fe, más bien esa belleza la fortalece”.

Luego, pone otro ejemplo: “Está también, por ejemplo, la conversión de Santa Teresa con La Santa Faz. Ha habido muchas conversiones con solo contemplar una obra de arte, y eso lo he visto yo en mi taller. Cuando vienen y contemplan un icono de la virgen, algunos lloran porque en ese momento necesitaban esa mirada”.

Paula en el Bosque trabajando en una obra suya

Hay varios santos que le han inspirado: “San Charbel, el famoso santo libanés; el Padre Pío, con el que tuve una historia muy linda, y muchos otros. Pude ir a San Giovanni Rotondo, me pagaron el viaje y no entendía muy bien qué hacía allí. Yo no era su hija espiritual, sin embargo, a veces, son los santos los que entran en nuestra vida y nos buscan”.

Y respecto a su estancia en San Giovanni Rotondo relata que “cuando estaba en la misa solemne, me sentaron en primera fila, y vi entrar la cruz gracias a la cual San Pío recibió los estigmas. Ahí comprendí que daba igual el nombre del artista que la hubiera hecho, que lo importante es que Dios se vale de esas obras para llegar a las personas. Dios le dio los estigmas frente a ese crucifijo, cuando él lo estaba contemplando. Por eso nosotros no firmamos las obras. Cuando me dicen que debería firmar digo que no, porque no es obra mía, es obra del Espíritu Santo. Si firmamos algo, es por detrás. Y es muy bonito, porque Dios mismo te va corrigiendo mientras pintas. A veces pasas meses haciendo tu voluntad en una obra y luego tienes que dejarla hasta que Él diga cómo continuar. Me pasó con un icono de San José, me empeñé en poner una rosa en representación de la Virgen, pero aquello era solo mi plan, y no el del Espíritu. Muchas veces sientes desasosiego hasta que por fin lo descubres”.

Paula en el Bosque con otra de sus obras

Referente a cómo fue llevar a la patrona de Costa Rica a los Jardines Vaticanos instalando un  mosaico de Nuestra Señora de los Ángeles, relata: “Fue en plena pandemia, me llamaron y debía hacer un boceto muy rápido. Nuestra Señora de Los Ángeles está hecha de jade y de granito, que son piedras imposibles de unir, el reto era inmenso. No sabía cómo iba a escribir un icono con teselas de vidrio que fueran verdes. Fue un reto muy grande pero muy hermoso. Para mí es algo muy grande. Siempre digo que soy una pequeña artista con un taller muy chiquitito en Costa Rica. Esto es un ejemplo de que Dios puede escoger a cualquiera, no hay que ser un artista famoso”.

Y cuenta lo que precedió a ese momento: “Le pedí a la Virgen durante dos años que mi arte pudiera trascender, quería poder evangelizar por medio de él. Yo no pretendía llegar al Vaticano, al centro del arte católico del mundo, a lo que más puede aspirar un artista de arte sacro. Cuando regresé a Roma y llegué a donde estaba me puse de rodillas. Era como cuando vas a ver a tu madre y le dices que estabas deseando volver a verla. No le pedí nada, solo le di las gracias por estar ahí. Le di un beso, una rosa y hicimos un vídeo en vivo para toda Costa Rica”.


Paula en el Bosque fue la encargada de hacer a la patrona de Costa Rica en los Jardines Vaticanos

Entre sus obras realizadas están: “un mosaico para la Catedral Metropolitana de San José (Costa Rica). En Fátima (Portugal) hay un relicario que hice para los pastorcitos Jacinta y Francisco. Hay obras mías en países latinoamericanos, en parroquias, en hogares...Un viacrucis para una parroquia de Costa Rica y la Santa Faz.

Armida Fernández, médica católica premiada en la india por reducir la mortalidad infantil: «Muchas veces en mi vida he sentido que Dios me tomaba de la mano y me decía: esto es lo que debes hacer ahora»

La médica católica Armida Fernández, neonatóloga de Mumbai, que ha reducido drásticamente la mortalidad infantil y ha fundado el primer banco de leche del país, ha recibido una de las más altas condecoraciones de la India 

* «A finales de los años 80, cuando estaba trabajando como pediatra y neonatóloga, morían muchos niños, y el profesor me dijo: ‘Por favor, deja todo lo que estés haciendo y concéntrate en encontrar la manera de reducir las muertes de recién nacidos’. Ese era Dios que me decía lo que debía hacer… Era desgarrador ver morir a tantos niños en la unidad de cuidados intensivos para prematuros. Perdíamos al 70% debido a diarrea y sepsis. Instintivamente comprendí que había algo que no estábamos haciendo de la manera correcta… Dios habla de diferentes maneras: a través de voces, a través de situaciones, y es lo que ha sucedido a lo largo de toda mi vida»

Camino Católico.-  Una de las más altas condecoraciones de la India ha sido otorgada a la médica católica Armida Fernández, neonatóloga de Mumbai, que ha reducido drásticamente la mortalidad infantil y ha fundado el primer banco de leche del país. Extendió su obra al servicio de las mujeres hasta los barrios marginales de la metrópoli. "Realmente creo que Dios tiene una función y un propósito para cada uno de nosotros cuando nos trae a este mundo. Muchas veces en mi vida he sentido que Dios me tomaba de la mano y me decía: esto es lo que debes hacer ahora", asegura a AsiaNews.

En el Día de la República, el gobierno de la India otorgó el prestigioso premio Padma Shri a la médica católica Armida Fernández, fundadora y fideicomisaria de SNEHA (Society for Nutrition, Education and Health Action), ex profesora de neonatología y decana del LTMG Hospital de Sion. El reconocimiento quiere destacar el compromiso que ha asumido durante toda su vida para mejorar la salud materna, infantil y pediátrica en la India, especialmente en las zonas urbanas de escasos recursos.

El Padma Shri es la cuarta condecoración civil más alta de la India y reconoce contribuciones destacadas en diversos ámbitos como las artes, la educación y el servicio social. Este año recibieron el premio 131 personas y el jueves 29 de enero la Dra. Fernández recibirá también una distinción pontificia por su larga trayectoria.

La Dra. Armida vive en Bandra, donde asiste a misa diariamente en la Basílica del Monte o en la iglesia de San Andrés: “Recibo a Jesús en la comunión para salir a ayudar a los demás”, cuenta.

En 1977 la Dra. Armida puso en marcha el Departamento de Neonatología en el Lokmanya Tilak Municipal General Hospital (LTMG, conocido popularmente como Hospital de Sion). “A finales de los años 80, cuando estaba trabajando como pediatra y neonatóloga, morían muchos niños, y el profesor me dijo: ‘Por favor, deja todo lo que estés haciendo y concéntrate en encontrar la manera de reducir las muertes de recién nacidos’. Ese era Dios que me decía lo que debía hacer… Era desgarrador ver morir a tantos niños en la unidad de cuidados intensivos para prematuros. Perdíamos al 70% debido a diarrea y sepsis. Instintivamente comprendí que había algo que no estábamos haciendo de la manera correcta”.

Tras muchos días de atento análisis, identificó la causa de la diarrea:  la leche de fórmula y los biberones contaminados. “En aquella época atendíamos más de 8 mil partos por año. Incluso el más mínimo fallo en la higiene — enfermeras que se enjuagan las manos con prisa o biberones no esterilizados a fondo— puede poner a los prematuros en un riesgo altísimo. Entonces decidí eliminar la leche de fórmula y los biberones, e hice entrar a las madres en la unidad de cuidados intensivos para amamantar a sus bebés. No hay nada más curativo que el contacto de una madre”.

Las tasas de mortalidad empezaron a disminuir y Fernández comenzó su incansable campaña a favor de la lactancia materna. Como no todas las madres podían producir leche suficiente, decidió utilizar la leche de otras madres para alimentar a los recién nacidos más necesitados. “Convencimos y alentamos a las madres a donar su leche a otras madres”.

La doctora Armida Fernández es fundadora y fideicomisaria de SNEHA (Society for Nutrition, Education and Health Action), ex profesora de neonatología y decana del LTMG Hospital de Sion

La Dra. Armida obtuvo una beca en Oxford sobre este tema en 1989, y abrió el primer banco de leche, para asegurar que los recién nacidos recibieran el aporte de los nutrientes esenciales de la leche materna. Hoy se dice que el Sion Human Milk Bank salva la vida de unas tres docenas de niños cada día. “Mi equipo en el hospital – recuerda – involucró a madres sanas en periodo de lactancia para que donaran su leche sobrante, que luego era pasteurizada y almacenada. Cuando llegaron las pruebas para la detección del VIH, las madres también eran sometidas a ellas”. En menos de cuatro años, la mortalidad infantil en el Hospital de Sion se redujo del 70% al 12%.

“Mons. Allwyn D’Silva, que en aquel entonces no era obispo todavía, trabajaba en Dharavi, el barrio marginal más grande de Asia – prosigue la Dra. Fernandez –. Él me dijo: ‘¿Por qué tú y tu departamento no trabajan en los barrios pobres?’. Con algunos fondos que él pudo conseguir, empezamos a trabajar en Dharavi, Kurla y Wadala. Gracias al padre Allwyn comprendí que no podíamos trabajar solo en los hospitales si queríamos cambiar los comportamientos. El cambio social era fundamental”.

Viendo el éxito de esta idea sencilla pero extraordinariamente efectiva, la Dra. Armida decidió compartir sus prácticas con las personas de bajos recursos que vivían en los barrios marginales y lo necesitaban desesperadamente. Al principio organizó visitas de campo una vez por semana, acompañada por un grupo de estudiantes de doctorado a quienes enseñaba neonatología. Luego, en 1999, la Dra. Fernandez fundó SNEHA, una organización con sede en Mumbai dedicada a la salud materno-infantil y el empoderamiento de las mujeres.

“Todo comenzó en la boda de un familiar. Un primo me dijo: ‘¿Quieres trabajar en los barrios pobres? Toma mi casa en el distrito de Nashik, en Maharashtra, vendela y usa los fondos para tus proyectos en esos barrios’. Lamentablemente falleció al día siguiente; pero su esposa vendió la casa y me dio el dinero para el trabajo en los barrios marginales. Una vez más, fue Dios el que me habló, diciéndome: debes trabajar en los barrios pobres”.

Desde hace casi tres décadas, SNEHA opera en los sectores de la salud y nutrición materno-infantil y en la prevención de la violencia contra mujeres y niños en los barrios marginales de la ciudad.

“Ocurrió lo mismo con los cuidados paliativos – sigue explicando la Dra. Armida –. Dios me habló. Me quitó a mi única hija, Romilla, que murió de cáncer. Vi su sufrimiento y me pregunté qué podía hacer por otros enfermos de cáncer. Hoy el Romila Palliative Care (RPC), que lleva su nombre, es un centro de ayuda para los pacientes afectados por enfermedades terminales”.

“No podemos atribuirnos el mérito de nada de lo que hacemos en la vida”, concluye la Dra. Fernández, y atribuye el mérito del premio Padma Shri a todos los que han trabajado con ella. “Dios habla de diferentes maneras: a través de voces, a través de situaciones, y es lo que ha sucedido a lo largo de toda mi vida. Desde el principio he contado con los mejores equipos. En el Hospital de Sion tenía un departamento excelente; en SNEHA y en los cuidados paliativos tengo un equipo extraordinario de personas comprometidas y dedicadas que trabajan juntas. Esa es la historia de mi vida”.