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domingo, 4 de enero de 2026

Rosa Vera fue sin fe a Belén: «En la estrella que marca el lugar del nacimiento de Jesús quedé paralizada, me arrodillé y salí transformada; era un Jesús que yo no había conocido antes, un Jesús amoroso»

Rosa Vera en la gruta de Belén en 2017, el día que sintió la presencia de Dios; la estrella marca el lugar tradicional del nacimiento de Jesús

* «En una adoración nos arrodillamos uno por uno ante el Santísimo. Nos animaron a que le hablásemos. Yo estaba de rodillas, pensando lo que quería decirle al Señor. Pero mi boca se cerró, me puse a llorar y llorar y me sentí miserable y superficial. Pensé: 'ni le he preguntado a Dios lo que Él quiere, parece que yo solo busque postureo'. Pero en ese momento sabía que de verdad estaba allí el Espíritu Santo. Sentí lo que buscaba yo: ese reconocimiento, ese amor...» 

Camino Católico.-   Rosa Vera, de 40 años, explicó en verano de 2025 su testimonio a Nuevo Pentecostés, la revista de la Renovación Carismática de España. Ella hace muy pocos años carecía de cualquier interés en las cosas espirituales. Pero todo empezó a cambiar a raíz de un viaje a Tierra Santa en 2017. Ahora conduce casi cada semana unos 60 km desde Alcalá la Real (Jaén) a La Zubia, Granada, para participar en el grupo de oración carismática Agua Viva, en la parroquia de la Asunción. Pablo J. Ginés sintetiza el testimonio en Religión en Libertad.

Alejada de la fe

"Mi madre sí tenía fe, una fe intensa. Me apuntó a un colegio de monjas. Pero yo no creía en nada. Para mí Jesús era sólo un personaje histórico", explica Rosa en Nuevo Pentecostés.

Diplomada en Turismo, Rosa disfrutaba viajando y visitando lugares históricos. Así, regaló a su madre hacer juntas un viaje a Roma en enero para que ella conociera en persona al Papa Francisco. "En Roma no parábamos de ver iglesias y yo ya estaba harta. Le dije a mamá: ¿no podemos hacer otra cosa?". Su madre aceptó desviarse con ella a ver Florencia.

En la estación Termini de Roma encontraron una moneda en el suelo. "De donde sea esa moneda, será nuestro próximo viaje internacional", apostó Rosa. Y resultó ser un siclo o shekel, la moneda de Israel. Dios quería llevarla a Tierra Santa.

Experiencia transformadora en la cueva de Belén

En diciembre de 2017, en el Puente de Inmaculada, Rosa estaba en Israel y Palestina, en un viaje con un guía franciscano, "el padre Pedro, de los franciscanos de Madrid". "Yo iba un poco disgustada, yo no quería misas, yo quería ver cosas arqueológicas", recuerda.

Pero la cueva de Belén cambió a Rosa por completo. Tiene fotos y las enseña, su cara antes de entrar en la cueva de la Natividad y su cara al salir, emocionada, desconcertada.

Allí sintió que no estaba sola, que Dios estaba presente. "En la estrella que marca el lugar del nacimiento de Jesús quedé paralizada. Me puse a llorar, me arrodillé en la estrella y salí transformada. Nuestro guía franciscano me abrazó y me dijo: 'bienvenida a casa'. Él me habló de un Jesús cercano. Era un Jesús que yo no había conocido antes, un Jesús amoroso, que cuadraba con mi forma de pensar. Yo había oído mucho: 'no hagas tal cosa, que Dios te va a castigar'. Esto era muy distinto".

Rosa Vera en 2017 en Belén, antes y después de pasar por la gruta del Nacimiento de Jesús; sólo unos minutos separan las dos fotos

No sabía casi de la fe... y la pusieron de catequista

De vuelta a Andalucía, Rosa no podía negar lo que había vivido, pero no quería aceptarlo. "Me dije que lo había vivido metida en una especie de burbuja de fe, en el viaje, y ya está. Pero lo cierto es que yo ya quería saber más de Dios y de Jesús y de la fe. Me apunté a lo que encontré. Primero fue a un curso de Fundamentos Cristianos y Biblia. Yo no sabía nada de nada, necesitaba esa formación inicial. Y ya con eso, ¡me puse de catequista de confirmación! Yo ya estaba enamorada de Jesús, pero no sabía casi nada del Espíritu Santo".

Una experiencia fuerte ante el Santísimo, con Alpha

Rosa después se apuntó a un Curso Alpha en su parroquia de Alcalá la Real. "Lo impartía gente de Alpha que no sabía nada de los carismáticos", explica. Pero imponían manos, oraban pidiendo el Espíritu Santo, hacían oración de intercesión... y Dios actuaba.

En Tierra Santa, Rosa había experimentado que no estaba sola, que Dios estaba cerca allí. Pero aún no había tenido una experiencia fuerte de su amor. "En ese Alpha, el día de la intercesión fue muy fuerte, y todo el fin de semana, que trata del Espíritu Santo. Quedé muy impactada".

En Alpha, cuenta, "nos arrodillamos uno por uno ante el Santísimo. Nos animaron a que le hablásemos. Yo estaba de rodillas, pensando lo que quería decirle al Señor. Pero mi boca se cerró, me puse a llorar y llorar y me sentí miserable y superficial. Pensé: 'ni le he preguntado a Dios lo que Él quiere, parece que yo solo busque postureo'. Pero en ese momento sabía que de verdad estaba allí el Espíritu Santo. Sentí lo que buscaba yo: ese reconocimiento, ese amor..."

Rosa quería más de eso y buscó una palabra peculiar por Internet: "intercesión". Le salió la web de la Renovación Carismática Católica en España. "Vi un anuncio de que la Renovación Carismática de Granada hacía una Vigilia de Pentecostés y allí me presenté yo sola, por mi cuenta".

"Están locos, esto es una secta"

Era su primer contacto con un encuentro de oración carismática, Se trataba de la misa de Pentecostés. Era una misa entusiasta y fervorosa, con oración en lenguas, alabanza, brazos alzados, todo el 'pack' carismático, en la parroquia del Buen Pastor de Granada.

"Están locos, esto es una secta, esto no es lo mío, ¿dónde me he metido?", pensó Rosa en esa misa, como tantos otros en tantas otras ocasiones similares, de primer contacto.

"Yo era muy arisca y eso de los abrazos con desconocidos lo llevaba fatal. Pero me había sentado en las primeras filas y me daba vergüenza que me vieran si me iba. No me atreví a marchar. Dos horas después, no sé cómo, ¡era yo la que gritaba, cantaba y alababa eufórica! Llegué sin conocer a nadie y me fui sin conocer a nadie, pero sabía que necesitaba más de eso".

Perdonar a Jesús en el sufrimiento

A la semana siguiente, acudió a una cena solidaria de Manos Unidas y le preguntó a una catequista muy seria que ella conocía: "oye, ¿tú qué sabes de los carismáticos?" La mujer quedó parada y respondió: "yo soy carismática". "Era muy seria, nunca pensé que pudiera serlo", comenta Rosa, divertida. "Ella me dio el contacto para venir a la Asamblea Nacional de la Renovación y vine a la de 2024".

La gran asamblea carismática anual de 2024 en Madrid contó con muchos testimonios de sufrimiento. Eran testimonios duros. "Me vi reflejada en el testimonio de una hermana que decía '¿donde estás, Jesús'. Yo eso lo había sentido. Me había dicho: ¿dónde estabas, Jesús, cuando yo sufría? Yo le había echado la culpa de muchas cosas a Jesús. Pasé llorando toda la asamblea, y solo recordarlo me hace llorar. En cambio, en esta asamblea de 2025 he estado todo el rato feliz y cantando. Sé que he sanado de muchas penas que tenía".

Rosa Vera en verano de 2025 en la Asamblea Nacional de la Renovación Carismática, cuando cuenta su testimonio a Nuevo Pentecostés / Foto: Pablo J. Ginés

Buscando hermanos para compartir el Espíritu

No encontró grupo carismático en Jaén. "La gente a la que pregunté no supo guiarme", comenta. Pero un conocido carismático le habló de un grupo en Granada que no cerraba en verano. Fue allí enseguida. Ella era la más joven, pero enseguida se sintió amada y acogida. "Noté que esos hermanos me querían sin conocerme de nada. Como si fueran de la familia, compartían su testimonio y me animaban a hacer el seminario de vida en el Espíritu. Estos hermanos vieron mi necesidad y la atendieron".

En septiembre de 2024 hizo su Seminario de Vida en el Espíritu a lo largo de las clásicas siete semanas. "Lo que me tocó más el alma fue el día del perdón. Perdonamos de todo. Una hermana dijo: 'te perdono, Dios, por no estar ahí cuando yo te necesitaba'. Eso resonó con lo que yo necesitaba, perdonar a Dios. Sé que Él no me había dejado, pero eso era necesario para perdonarme a mí misma también".

De la asamblea nacional carismática de 2025 destaca el llamado a servir como Jesús. "Nos piden dar amor, no solo cantar y alabar, sino ser discípulos. Yo he sido una catequista que contaba la vida de Jesús. Eso es bueno, pero hemos de aprender a ponernos en el lugar del hermano. Yo no estaría aquí si no me hubiera invitado ese hermano que vio mi necesidad", apunta Rosa, agradecida.

(Publicado, con modificaciones menores, en el número de otoño de 2025 de la revista Nuevo Pentecostés).

Papa León XIV en el Ángelus, 4-1-2026: «Si Dios se ha hecho uno de nosotros, toda criatura humana es un reflejo suyo; esto nos llama a reconocer en cada persona su dignidad inviolable y a ejercitarnos en el amor mutuo»

* «La encarnación nos pide también un compromiso concreto por la promoción de la fraternidad y de la comunión, para que la solidaridad sea el criterio de las relaciones humanas; por la justicia y por la paz; por el cuidado de los más frágiles y la defensa de los débiles. Dios se hizo carne, por eso no hay un culto auténtico hacia Dios sin el cuidado de la carne humana» 

 Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Sigo con gran preocupación la evolución de la situación en Venezuela. El bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración y llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica. Rezo y los invito a rezar por estas intenciones, confiando nuestra oración a la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto y de los santos José Gregorio Hernández y sor Carmen Rendiles» 

4 de enero de 2026.- (Camino Católico)  “Si Dios se ha hecho uno de nosotros, toda criatura humana es un reflejo suyo, lleva en sí su imagen, conserva un destello de su luz; y esto nos llama a reconocer en cada persona su dignidad inviolable y a ejercitarnos en el amor mutuo unos hacia otros” ha afirmado rl Papa León XIV, en el segundo domingo después de la Natividad del Señor, antes de rezar el Ángelus, ante decenas de miles de fieles, poniendo en el centro el corazón del misterio cristiano: la Encarnación de Dios como fundamento de la esperanza.

El Santo Padre explica que la Encarnación implica un doble compromiso: uno hacia Dios y otro hacia el ser humano. En relación con Dios, invita a revisar nuestra espiritualidad para que no se reduzca a conceptos abstractos, sino que parta siempre de la humanidad concreta de Jesús. Creer en el Dios hecho carne significa reconocerlo cercano, presente en la realidad cotidiana, en los rostros de los hermanos y en las situaciones concretas de cada día.

"Sigo con gran preocupación la evolución de la situación en Venezuela", con estas palabras el Santo Padre León XIV inicia su llamamiento después de la oración mariana del Ángelus, tras los recientes acontecimientos en el país latinoamericano, y pide que prevalezca el bien del pueblo venezolano, que se garantice el Estado de derecho y que se respeten los derechos humanos y civiles de todos. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente: 

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

II Domingo del Tiempo de Navidad, 4 de enero de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

En este segundo domingo después de la Natividad del Señor, deseo en primer lugar renovar mis felicitaciones a todos ustedes. Pasado mañana, con el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, concluiremos el Jubileo de la esperanza, y es precisamente el Misterio de la Navidad, en el que estamos inmersos, el que nos recuerda que el fundamento de nuestra esperanza es la encarnación de Dios. El Prólogo de Juan, que también la liturgia nos propone hoy, nos lo recuerda: «Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). La esperanza cristiana, en efecto, no se basa en previsiones optimistas o cálculos humanos, sino en la decisión de Dios de compartir nuestro camino, para que nunca estemos solos en la travesía de la vida. Esta es la obra de Dios: en Jesús se hizo uno de nosotros, eligió estar con nosotros, quiso ser para siempre el Dios-con-nosotros.

La venida de Jesús en la debilidad de la carne humana, si por una parte reaviva en nosotros la esperanza, por otra nos confía un doble compromiso, uno hacia Dios y el otro hacia el ser humano.

Hacia Dios, porque si Él se hizo carne, si eligió nuestra humana fragilidad como su morada, entonces siempre estamos llamados a pensar en Dios a partir de la carne de Jesús y no desde una doctrina abstracta. Por eso, siempre debemos verificar nuestra espiritualidad y las formas en las que expresamos la fe, para que sean realmente encarnadas, es decir, capaces de pensar, rezar y anunciar al Dios que viene a nuestro encuentro en Jesús; no un Dios distante que habita en un cielo perfecto sobre nosotros, sino un Dios cercano que habita nuestra tierra frágil, se hace presente en el rostro de los hermanos, se revela en las situaciones de cada día.

Hacia el ser humano, nuestro compromiso debe ser igualmente coherente. Si Dios se ha hecho uno de nosotros, toda criatura humana es un reflejo suyo, lleva en sí su imagen, conserva un destello de su luz; y esto nos llama a reconocer en cada persona su dignidad inviolable y a ejercitarnos en el amor mutuo unos hacia otros. De este modo, la encarnación nos pide también un compromiso concreto por la promoción de la fraternidad y de la comunión, para que la solidaridad sea el criterio de las relaciones humanas; por la justicia y por la paz; por el cuidado de los más frágiles y la defensa de los débiles. Dios se hizo carne, por eso no hay un culto auténtico hacia Dios sin el cuidado de la carne humana.

Hermanos y hermanas, que la alegría de la Navidad nos anime a continuar nuestro camino, mientras pedimos a la Virgen María que nos haga cada vez más disponibles para servir a Dios y al prójimo.

Oración del Ángelus:

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


Deseo expresar nuevamente mi cercanía a quienes están sufriendo por la tragedia ocurrida en Crans-Montana, Suiza. Aseguro mis oraciones por los jóvenes fallecidos, por los heridos y por sus familiares.


Sigo con gran preocupación la evolución de la situación en Venezuela. El bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración y llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica. Rezo y los invito a rezar por estas intenciones, confiando nuestra oración a la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto y de los santos José Gregorio Hernández y sor Carmen Rendiles.


Saludo con afecto a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países, en particular a los que vienen desde Eslovaquia y Zagreb; a los monaguillos de la Catedral de Gozo (Malta) y a la comunidad del Seminario diocesano de Fréjus-Toulon, en Francia.


Saludo al grupo del Oratorio de Pugliano en Ercolano, a las familias y a los agentes pastorales de Postomia y Porcellengo, a los fieles de Sant’Antonio Abate, de Torano Nuovo y de Collepasso; así como a los profesores del Instituto Rocco-Cinquegrana de Sant’Arpino, a los scouts de la provincia de Módena y de Roccella Jonica, a los confirmandos de Ula Tirso y Neoneli, y a los de Trescore Balneario.


Queridos hermanos, sigamos teniendo fe en el Dios de la paz: recemos y seamos solidarios con las poblaciones que sufren a causa de las guerras. ¡Les deseo un feliz domingo a todos!


Papa León XIV


Fotos: Vatican Media, 4-1-2026

Anna Janowiak-Markiewicz, pintora de la Divina Misericordia: «Rezo para que Dios saque de mi obra lo que es más importante para Él y para la vida de las personas para las que pinto; no podría crear sin la oración»

Anna Janowiak-Markiewicz pintando el rostro de Jesucristo / Foto: Dorota Niedźwiecka

* «Cuando mis clientes me piden que pinte un icono, suelen confiarme diversos asuntos. Y yo los encomiendo a la Sagrada Comunión, y mientras trabajo, canto la Coronilla de la Divina Misericordia o rezo el rosario por sus intenciones. La gente me abre su corazón, me confía sus preocupaciones, y yo se las entrego al Señor. El Creador me hizo una pequeña compañera en su miseria, y trato de hacerlo de una manera que les haga amar la voluntad de Dios»   

Camino Católico.- Si no rezara, solo estaría manchando el lienzo con pintura", dice la artista Anna Janowiak-Markiewicz a Dorota Niedźwiecka en Aleteia. Al pintar imágenes de la Divina Misericordia, descubre cuánto obra Dios a través de ella.

Anna Janowiak-Markiewicz amaba la pintura desde pequeña. Sus obras decoraban los pasillos de sus escuelas primarias y secundarias, presagiando que el arte podría convertirse en su forma de vida. Tenía 14 años cuando quedó cautivada por el "Diario" de Sor Faustina, que su abuela le había regalado. Le fascinaba la idea de que Dios nos ama tan profundamente que está dispuesto a perdonar todos los pecados. Basta con pedirlo en la confesión... El "Diario" se convirtió en su guía en la vida, y a los 16 años pintó su primera imagen de Jesús Misericordioso. Era más grande que ella y terminó en una iglesia de Rybnik.

"Dios tuvo una misericordia especial conmigo siendo una pintora muy joven, porque el cuadro no era bonito", sonríe Anna. Posteriormente, se crearon más cuadros, "Jesús, en ti confío", para destinatarios en Polonia y en el extranjero.


La imagen más querida por Anna es la del Señor Jesús Misericordioso. La pinta desde que tenía 16 años / Foto: Archivo de Anna Janowiak-Markiewicz

Milagrosamente salvado

Anna, fascinada por el amor de Dios, compartió su experiencia con sus amigos en la escuela, durante sus estudios de pintura en la Universidad Adam Mickiewicz y en el trabajo. Su pasión compartida por la pintura la unió a Grzegorz, con quien se casó en 2003, poco después de graduarse. Fue entonces cuando su vocación de acompañar a las personas en sus necesidades con talento, oración y comprensión comenzó a madurar aún más.

Esperar el nacimiento de sus dos hijas fue un gran reto. Su primer embarazo fue de alto riesgo. Respiraron aliviados cuando nació Ula, una bebé de 1700 gramos, que requería cuidados especiales por ser prematura.

Durante su segundo embarazo, necesitó aún más atención y cuidados. A partir de la semana 19, Anna tuvo que guardar reposo absoluto, ya que las contracciones se producían decenas de veces al día. Parecía inevitable que perdiera el bebé.

Su esposo dejó su trabajo para cuidarla. La alimentaba con cariño, la ayudaba a vestirse y la llevaba al coche cuando iban a hacerse pruebas. Sus suegros, que vivían cerca, y las dos hermanas de Anna y Grzegorz fueron un gran apoyo.  

Durante sus hospitalizaciones por complicaciones del embarazo, Anna aprendió a perseverar en la voluntad de Dios, algo que le resultaba muy difícil. Y compartió su esperanza con otras madres preocupadas.

Anna Jankowiak-Markiewicz con su esposo Grzegorz y sus hijas Ula y Julianna / Foto: Archivo de Anna Janowiak-Markiewicz

Cinturón de Santo Domingo

“Me animé y confié en Dios con todas mis fuerzas cuando recibí el sacramental, llamado cinturón de Santo Domingo”, dice. Las hermanas dominicas de Cracovia lo envían en forma de cinta para atárselo a la cintura, y al mismo tiempo rezan a diario por las mujeres que lo recibieron y por sus hijos no nacidos.

Dios intervino: Ana llevó su embarazo hasta la semana 38. ¡El experimentado médico jefe no podía creer que el parto de casi cinco meses hubiera terminado tan bien! ¡Julka pesó 2 kg y 120 g!

Ambas niñas se convirtieron en hermosas jóvenes apasionadas por la pintura y la música.


En 2024, Anna Markiewicz pintó tres cuadros para la Ciudad de Navidad en Belén. Pintados en la intimidad de un modesto ático, iluminados por la alegría de la Navidad, llevarán alegría al lugar donde nació Dios / Foto: Archivo de Anna Janowiak-Markiewicz

La historia del amor de Dios

Anna trabajó en diversos lugares, conociendo constantemente gente nueva. Descubrió que esto le permitía hablarles una y otra vez sobre Dios: sobre la milagrosa transubstanciación del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor.

 Anna Janowiak-Markiewicz junto a uno de sus cuadros / Foto: Archivo de Anna Janowiak-Markiewicz

Durante este tiempo, también pintó, principalmente, iconos e imágenes de “Jesús, en Ti confío”, que se encontraron en Estados Unidos, Kenia, Camerún, República Centroafricana, Sudáfrica y muchos otros países.

"En total, pinté cientos", sonríe. "Me convertí en una pintora de la Divina Misericordia".

En 2024, fundó su propio estudio de arte, "Smile in the Attic", y se convirtió aún más en confidente de la gente.

"Cuando mis clientes me piden que pinte un icono, suelen confiarme diversos asuntos", dice. "Y yo los encomiendo a la Sagrada Comunión, y mientras trabajo, canto la Coronilla de la Divina Misericordia o rezo el rosario por sus intenciones".

A menudo escucha que un dolor que la angustiaba profundamente ha remitido, o que una madre agradece a alguien por orar por su hijo, quien estuvo al borde del suicidio pero de repente recuperó la paz mental. Sucedió que, después de orar mientras pintaban una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, un matrimonio en crisis se salvó. Primero, todos los falsos amigos se fueron, y la situación pareció empeorar. Luego, la pareja forjó un vínculo mucho más profundo y nació un hijo.

"La gente me abre su corazón, me confía sus preocupaciones, y yo se las entrego al Señor", dice Anna Janowiak-Markiewicz. "El Creador me hizo una pequeña compañera en su miseria, y trato de hacerlo de una manera que les haga amar la voluntad de Dios".

Anna Janowiak-Markiewicz trabajando en otra de sus obras mientras reza / Foto: Archivo de Anna Janowiak-Markiewicz

Estar de acuerdo con la voluntad de Dios

No siempre es fácil, porque las cosas no siempre salen como esperamos. Mientras pintaba, Anna también acompañaba a madres en duelo cuyos hijos padecían cáncer. Esperaban un milagro. Lamentablemente, Józio y Feliks fallecieron.

"Fue una experiencia difícil para mí", dice. "Solo un sacerdote de inmensa fe, el padre Marcin, pudo explicármelo. 'Rezas como te piden tus padres', dijo, 'pero no sabes cuál es la mejor solución desde la perspectiva de Dios. Para el plan general de Dios, la muerte es una parte natural de la vida, y cada uno de nosotros se encamina hacia ella. Somos los únicos que hemos aprendido a tratarla como un fracaso...'"

"En estos casos, se necesita mucha humildad para aceptar que Dios tiene un plan mejor que el nuestro", dice Anna. "Sobre todo porque implica sufrimiento... Esto también me enseña que las oraciones que Dios concede no son obra mía".

A petición de los Guerreros de María, su marido Grzegorz se ocupó de la figura del Señor Jesús pasional, devastada tras la profanación. A partir de casi 100 fragmentos de la figura destrozada, reconstruyó el cuerpo del Salvador, mientras que Anna se encargó de la capa superior de la restauración. La cruz encontró su lugar en Dębowiec, en la Iglesia de Nuestra Señora de Salento, reuniendo a cientos de corazones conmovidos durante la consagración / Foto: Archivo de Anna Janowiak-Markiewicz

El lápiz de Dios

Anna sueña con restaurar la belleza de la liturgia y la imaginería en la Iglesia Católica. Para que, como en los períodos gótico y barroco, se creen las obras más bellas para Dios y enseñen a la gente sobre su amor.

Hace unos años leyó que Leonardo da Vinci dibujaba sus dibujos con un lápiz sin color, que con el tiempo se oxidaba hasta alcanzar los marrones sutiles que conocemos hoy.

"Yo también me siento como un lápiz sin color", dice. "Por eso, cuando pinto, siempre rezo sinceramente para que Dios saque de mi obra, invisible por ahora, lo que es más importante para Él. Esto también aplica a la vida de las personas para las que pinto".

"No podría crear sin la oración", añade. "Si no rezara, mi pintura solo sería una mancha de pintura en el lienzo".