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domingo, 4 de octubre de 2026

Papa León XIV en el Ángelus, 4-10-2026: «Este es el modo en que el Todopoderoso guía la historia, socorriéndonos en todas nuestras caídas: ¡Dios nunca desecha nuestra vida!»

* «Según la imagen utilizada en la parábola, la viña que hay que cultivar con justicia es la Iglesia, que construimos o dañamos con nuestras decisiones. A este respecto, precisamente hoy, en el octavo centenario de su muerte, deseo recordar a un trabajador que se dedicó con gran fruto en la viña del Señor: San Francisco de Asís, a quien el propio Jesús pidió que reparara su Iglesia. Inspirado por el Crucificado, Francisco edificó ante todo su propia vida sobre el fundamento de Cristo, compartiendo su pobreza, su alegría y sus sufrimientos, hasta recibir el signo místico de los estigmas. Hombre de ardiente oración, lleno de caridad hacia todos, fue un ejemplo para los primeros frailes que compartieron su ascetismo como condición auténtica para la reforma de la Iglesia. San Francisco la reparó en virtud de la fe en el Señor Jesús, sanando las grietas de la discordia con el testimonio del amor fraterno»

   

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «El domingo pasado, en Lourdes, he hecho la invitación a rezar el santo rosario, durante este mes de octubre, ofreciéndolo por la intención particular de que cesen las guerras y se construya la paz. Agradezco de todo corazón a todos los niños y niñas que, en tantas partes del mundo, se unen a esta oración; y sigamos todos su ejemplo, invocando la intercesión de la Virgen María para que los pueblos sean liberados del flagelo de la guerra. En particular, recemos por Tierra Santa y por las víctimas inocentes de la violencia»

4 de octubre de 2026.- (Camino Católico) “Este es el modo en que el Todopoderoso guía la historia, socorriéndonos en todas nuestras caídas: ¡Dios nunca desecha nuestra vida!”, ha subrayado el Papa León XIV este mediodía en su reflexión sobre el Evangelio de hoy, antes de rezar el Ángelus con las decenas de miles de fieles y peregrinos presentes en la plaza de San Pedro.

“La parábola evangélica que se proclama en la liturgia de este domingo nos habla de la vida de Jesús e ilumina el sentido de su misión”, explica el Papa León. “Él es el Hijo de Dios enviado al mundo, pero es rechazado precisamente por aquellos que deberían haberlo acogido con los brazos abiertos”.

“El que ha venido a traer la salvación recibe una condena; el que quiere dar la vida es condenado a muerte. Mientras nos hace reflexionar sobre las numerosas crueldades que devastan al mundo y a la historia de los pueblos, la enseñanza de Cristo nos revela la infinita misericordia de su Padre”, resalta el Papa, quien agrega que ese “rechazo violento”, en efecto, “no fragmenta la voluntad de Dios, que en su infinita justicia transforma el mal en rescate: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular»”.

“Según la imagen utilizada en la parábola, la viña que hay que cultivar con justicia es la Iglesia, que construimos o dañamos con nuestras decisiones”, advierte el Pontífice, quien, a este respecto, precisamente hoy, en el octavo centenario de su muerte, recuerda a “un trabajador que se dedicó con gran fruto en la viña del Señor: San Francisco de Asís”, a quien “Jesús pidió que reparara su Iglesia”.

En las palabras que ha pronunciado después del Ángelus, León XIV invita a invocar la “intercesión de la Virgen María para que los pueblos sean liberados del flagelo de la guerra”. En el décimo aniversario de Amoris laetitia, exhorta a anunciar el Evangelio a las familias y a los jóvenes. También expresa su alegría por las numerosas iniciativas con motivo del octavo centenario de la muerte de San Francisco. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:  

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

XXVII domingo del Tiempo Ordinario, 4 de octubre de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Las palabras del Evangelio que se proclaman en la liturgia de este domingo nos hablan de la vida de Jesús e iluminan el sentido de su misión (cf. Mt 21,33-43). Él es el Hijo de Dios enviado al mundo, pero es rechazado precisamente por aquellos que deberían haberlo acogido con los brazos abiertos. El que ha venido a traer la salvación recibe una condena; el que quiere dar la vida es condenado a muerte. Mientras nos hace reflexionar sobre las numerosas crueldades que devastan al mundo y a la historia de los pueblos, la enseñanza de Cristo nos revela la infinita misericordia de su Padre.

Ese rechazo violento, en efecto, no fragmenta la voluntad de Dios, que en su infinita justicia transforma el mal en rescate: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular» (Mt 21,42; cf. Sal 118,22). El propio Jesús recuerda estas palabras del salmo, que celebra la obra maravillosa realizada por el Señor: precisamente lo descartado se convierte en el fundamento que lo sostiene todo. Este es el modo en que el Todopoderoso guía la historia, socorriéndonos en todas nuestras caídas: ¡Dios nunca desecha nuestra vida!

Según la imagen utilizada en la parábola, la viña que hay que cultivar con justicia es la Iglesia, que construimos o dañamos con nuestras decisiones. A este respecto, precisamente hoy, en el octavo centenario de su muerte, deseo recordar a un trabajador que se dedicó con gran fruto en la viña del Señor: San Francisco de Asís, a quien el propio Jesús pidió que reparara su Iglesia. Inspirado por el Crucificado, Francisco edificó ante todo su propia vida sobre el fundamento de Cristo, compartiendo su pobreza, su alegría y sus sufrimientos, hasta recibir el signo místico de los estigmas. Hombre de ardiente oración, lleno de caridad hacia todos, fue un ejemplo para los primeros frailes que compartieron su ascetismo como condición auténtica para la reforma de la Iglesia. San Francisco la reparó en virtud de la fe en el Señor Jesús, sanando las grietas de la discordia con el testimonio del amor fraterno.

Queridos amigos: el carisma de san Francisco aún hoy, después de ocho siglos, da fruto; de ello dan testimonio no sólo la gran y dinámica familia franciscana, sino también los numerosos dones que su legado espiritual difunde entre el Pueblo de Dios. Por eso, mientras celebramos el Año Jubilar Franciscano, pidamos con perseverancia el don de la paz y comprometámonos sinceramente a construir la concordia entre los pueblos.

Que en esta obra nos acompañe siempre la intercesión de María Santísima, nuestra Madre, a quien ahora nos dirigimos, unidos espiritualmente a los fieles reunidos en el Santuario de Pompeya para elevar la Súplica a la Virgen del Santo Rosario.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


El domingo pasado, en Lourdes, he hecho la invitación a rezar el santo rosario, durante este mes de octubre, ofreciéndolo por la intención particular de que cesen las guerras y se construya la paz. De los primeros en comenzar fueron los niños, y lo están llevando a cabo. Del 1 al 7 de octubre, la Fundación “Ayuda a la Iglesia Necesitada”, está promoviendo la iniciativa “Un millón de niños rezan el rosario”, por la paz y la unidad en el mundo. Agradezco de todo corazón a todos los niños y niñas que, en tantas partes del mundo, se unen a esta oración; y sigamos todos su ejemplo, invocando la intercesión de la Virgen María para que los pueblos sean liberados del flagelo de la guerra. En particular, recemos por Tierra Santa y por las víctimas inocentes de la violencia.


En los próximos días, con motivo del décimo aniversario de la Exhortación apostólica Amoris laetitia, tendrá lugar un encuentro en el Vaticano al cual he convocado a los jerarcas de las Iglesias Orientales Católicas y a los presidentes de las Conferencias episcopales de todo el mundo. Será un momento de discernimiento sinodal, para identificar los pasos que hay que dar al anunciar el Evangelio hoy en día a las familias y a las generaciones jóvenes. Encomiendo esta tarea a la oración de ustedes, principalmente por las familias que, con la ayuda de Dios, son signo de esperanza y riqueza inestimable para la Iglesia y la sociedad.


Me da alegría ver las numerosas iniciativas con las que se celebra el octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís. Recuerdo, en particular, las que se llevaron a cabo en Asís, con la presencia de las más altas autoridades del Estado italiano. Saludo también a los radioaficionados de Asís y Foligno que difunden el mensaje de paz de san Francisco.


Ahora les dirijo mi saludo a todos ustedes, aquí presentes hoy en la Plaza de San Pedro.


Doy la bienvenida a los participantes de la International Week of Sacred Music, organizada por el Pontificio Instituto de Música Sacra; así como a los fieles de Puente Alto de Santiago de Chile; y a los profesores y alumnos del Gymnasium Sankt Bonaventura de Dilinga, Alemania.


Saludo a los confirmandos de Pinerolo; a los fieles de Fasana Polesine; a los jóvenes del Valle Brembana que caminaron sobre la Vía Francígena desde Viterbo hasta Roma; a la Asociación FIABA, que promueve campañas para mejorar la accesibilidad de los lugares públicos; al grupo Mamme che regalano un sorriso de Tarento; y a la asociación Studenti con le Stellette, de Lurago d’Erba.


Bendigo de corazón a los fieles que hoy, desde esta Plaza, peregrinarán hacia el Santuario de la Virgen de la Revelación en Via Laurentina, siguiendo con la tradición que comenzó el Papa Pío XII.


 Les deseo a todos un feliz domingo.

Papa León XIV




Fotos: Vatican Media, 4-10-2026

Francisco Javier Soriano era rebelde, se escapó de casa a los 17 años, iba con malas compañías, drogas y hoy es sacerdote: «Dios lo tenía planeado; no imaginaba su misericordia y su paciencia para esperar»

Francisco Javier Soriano, a la izquierda, vivió una adolescencia de rebeldía, escapando de casa. con malas compañías y drogas, pero Dios lo rescató y es el primer sacerdote español de los Misioneros de la Caridad, fundados por Santa Teresa de Calcuta

* «Estar con los niños de la calle me hizo un hermano más de ellos; ahí ya estaba Dios verdaderamente trabajando en mí… El Espíritu Santo me puso algo en el corazón. Me puse a mirar en internet porque no sabía qué hacer con mi vida; escribí 'órdenes misioneras' y la primera en la que hice clic fue Misioneros de la Caridad. Si te digo la verdad, yo a la Madre Teresa de Calcuta la confundía con Teresa de Ávila. Me encontré con el Señor a través de la espiritualidad de Madre Teresa, que no la conocía, pero fue como hecha para mí de alguna manera»

Camino Católico.-  Hay vidas en las que la vocación parece asomar desde la propia pila bautismal. San Francisco Javier, antes de convertirse en el gran patrón de las misiones y cruzar océanos por Cristo, fue un joven noble, orgulloso, apasionado y con ganas de devorarse el mundo.

Siglos después, otro español bautizado con su mismo nombre, Francisco Javier Soriano, ha recorrido un trazado que guarda un sorprendente paralelismo. En cierta forma, su nombre auguraba a un personaje inquieto, rebelde y sin miedo a la aventura; lo que pocos preveían es que, tras un convulso historial de huidas, noches sin rumbo y descarriamiento, este valenciano acabaría convirtiéndose en el primer sacerdote español de los Padres Misioneros de la Caridad, la rama sacerdotal masculina fundada por la Santa Teresa de Calcuta.



Javier descubrió de manera providencial a su congregación a través de internet tras una inesperada visita de su padre

La rebeldía y el orgullo de irse a los 17 años

Criado en Valencia, en el seno de una familia numerosa de seis hermanos cuyos padres son miembros del Opus Dei, la adolescencia de Francisco Javier tomó un rumbo inesperado. «Tuve una adolescencia bastante rebelde y loca en Valencia», reconoce en conversación con María Rabell García en El Debate con absoluta franqueza. Las malas compañías, las drogas y una relación sentimental desafortunada comenzaron a alejarlo de sus raíces.

La tensión en el hogar llegó a un punto de quiebre cuando su padre decidió marcar un límite definitivo. «Mi padre me había amenazado con que a los 18 se acababa su responsabilidad de cuidarme, y lo escribió ahí en la nevera para que lo viéramos». Movido por el orgullo tras una discusión en casa, Javier decidió no esperar a cumplir la mayoría de edad: «Así, por orgullo, dije: 'Pues me voy'. A los 17 años me fui de casa». Jamás volvería a residir en el domicilio familiar. Comenzó entonces un periplo de supervivencia alojándose donde podía: en casa de la abuela de su novia, con amigos y en etapas cortas al borde de la intemperie.

El primer exilio en México

Desesperados por rescatarle de la espiral en la que se había metido, sus padres agotaron vías de ayuda en España e intentaron enviarlo fuera para alejarlo de malas influencias. Javier, que desde niño sentía un «ansia de irse lejos y de buscar», aceptó poner tierra de por medio.

Su destino fue México, donde ingresó como voluntario durante un año en Hogares Providencia, una obra de acogida para niños de la calle fundada por un sacerdote español. Aquella dura realidad le transformó: «Estar con los niños de la calle me hizo un hermano más de ellos; ahí ya estaba Dios verdaderamente trabajando en mí». Como además tocaba el violín, sus padrinos de confirmación le consiguieron una audición en una orquesta escuela de la Ciudad de México. Lo que iba a ser un voluntariado de doce meses se convirtió en una estancia de tres años en el país.

La intuición de una madre y el abrazo de un padre

Sin embargo, la ilusión de los primeros tiempos con la música pronto se truncó en tierras mexicanas. Lejos de su familia, Javier se desvió nuevamente y entró en ambientes peligrosos. Pero a miles de kilómetros de distancia, la fe de sus padres no dejó de velar por él. Una noche, en su pueblo de Teruel, su madre se despertó de sobresalto en mitad de la madrugada con una corazonada. Se giró hacia su marido y le dijo: «Tienes que ir a México que Javier no está bien».

Francisco Javier, con un grupo de Misioneras de la Caridad

El padre confió en la intuición de su esposa, compró los billetes esa misma madrugada e hizo un viaje relámpago de cinco días a México. Javier intentó montar una comedia para disimular su situación: fingió haber perdido las llaves de su vivienda para no mostrársela y alquiló una habitación en un hotel de la «zona roja» de la capital.

El engaño duró pocas horas. Estando a solas en la habitación, su padre le miró y le soltó a bocajarro: «Tú no estás bien». «Esa no te la esperas. Me derrumbé porque no me lo esperaba», confiesa Javier. Aquella noche, padre e hijo lloraron, se reconciliaron y reconstruyeron su relación. Como reflexiona hoy el presbítero: «Una madre que reza siempre da fruto, y cuando el padre también se suma, aún más».

Un clic providencial en internet

Tras la partida de su padre, Javier se trasladó a un lugar más seguro, pero sumido en una angustiosa desorientación. Una noche, incapaz de conciliar el sueño, sintió un impulso interior: «El Espíritu Santo me puso algo en el corazón. Me puse a mirar en internet porque no sabía qué hacer con mi vida; escribí 'órdenes misioneras' y la primera en la que hice clic fue Misioneros de la Caridad». En aquel momento, incluso admite con gracia: «Si te digo la verdad, yo a la Madre Teresa la confundía con Teresa de Ávila».

Aquel clic le mantuvo despierto toda la noche fascinado ante la pantalla, contemplando el carisma de pobreza y entrega de la congregación. Al día siguiente contactó con los religiosos en México y aceptó realizar un discernimiento en una misión en el desierto de San Luis Potosí. Allí rezó de verdad por primera vez en su vida. «Me encontré con el Señor a través de la espiritualidad de Madre Teresa, que no la conocía, pero fue como hecha para mí de alguna manera», relata.

Aunque ingresó advirtiéndoles que no deseaba ser sacerdote, los Misioneros de la Caridad vieron algo en él. Tuvo que cursar un año intensivo para completar el bachillerato que no había terminado en España y, tras once años de entrega e integración en la orden, su discernimiento ha llegado a término.

Francisco Javier Soriano recibe este sábado, 3 de octubre, la ordenación presbiteral en Roma como el primer padre Misionero de la Caridad de nacionalidad española. Tras unos días de descanso en su hogar familiar, su primer destino pastoral no estará en España ni en Calcuta, sino en la frontera mexicana de Tijuana, regresando justo al lugar donde comenzó su rescate.

Al contemplar el mapa de su vida, desde la rebeldía hasta el ministerio sacerdotal, el nuevo sacerdote concluye maravillado de la pedagogía divina: «Dios sobrepasa de una manera increíble tus propios planes. Nunca me hubiera imaginado su misericordia y su paciencia para esperar... Es como si Él ya lo tuviera todo planeado».

Dos monjas y un fraile, los hermanos Clarke y todos dominicos: «La fe de toda la familia se profundizó y renovó; sólo Dios podía satisfacer el deseo de felicidad»

La hermana John Peter, el hermano Paul y la hermana Beatriz, todos ellos hermanos de sangre de la familia Clarke y además dominicos

* «Leí las Confesiones de San Agustín y eso cambió por completo mi perspectiva sobre lo que significa vivir la fe. Me di cuenta con sorpresa y alivio de que incluso los grandes santos luchan contra las tentaciones y el mal genio. Me di cuenta de que Dios es más grande y más cercano a mí de lo que podía imaginar. Me di cuenta de que Dios desea darnos felicidad. Anteriormente, había pensado en vivir la fe tratando de no equivocarme, tratar de seguir las reglas, tratar de superar mis fallos, tratar de ser buena»

Camino Católico.-  La Iglesia crece por atracción, por un testimonio de vida y de fe que provoca en el otro un deseo de pertenecer, de ser, de tener aquello que da la felicidad. Y lo mismo ocurre en muchas ocasiones con la vocación religiosa. Incluso en el seno de una misma familia.

Esto es lo que ha sucedido con la familia Clarke y la espiritualidad dominica. Tres hermanos han acabado en la orden, dos chicas como dominicas de Nashville, uno de los grandes fenómenos vocacionales en EEUU, y un varón como fraile. La familia Clarke son 8 hermanos. Todo fue en cadena y por esta atracción. 

Beatriz Clarke, la primera en ingresar como monja dominica, profesó sus votos perpetuos en julio de 2012

Beatriz fue la primera en ingresar al convento de las dominicas y relata que “justo antes de que comenzara mi tercer año de universidad, mi hermana pequeña John Peter de diecisiete años me preguntó si la llevaría a visitar la Casa Madre de Santa Cecilia en Nashville, Tennessee. Acepté; ella hizo los preparativos; y dos semanas después estábamos llegando a la entrada y nos recibió la Directora de Vocaciones. Aunque era mi hermana quien estaba interesada en la comunidad, y fue ella quien había hecho todos los preparativos para nuestra visita, la Directora de Vocaciones, la Maestra de Postulantes y la Maestra de Novicias aún estaban interesadas en mi discernimiento. Me hicieron lo que parecían preguntas comunes: ‘¿Cuánto tiempo llevas discerniendo?’, ‘¿Qué te atrae de la vida religiosa?’ y ‘¿por qué te gustan las dominicas?’. Pero deseaba que no me preguntaran nada”. 

“Mi hermana John Peter  era la persona interesada; Yo era la hermana mayor/chofer amable… pero sí, había estado discerniendo desde la Jornada Mundial de la Juventud en Toronto, y sí, la alegría trascendental de la vida religiosa me atraía, y sí, ciertamente sentía predilección por las dominicas por su amor al Oficio Divino y su celo por las almas… pero no, murmuraba para mis adentros. No. Esto no es para mí… al menos no todavía”, reconoce Beatriz.

“Llegué a Nashville considerándome abierta a una vocación religiosa, pero era una apertura muy limitada. Al reservarme el derecho a estar abierta, pero aún no, me cerraba a las gracias del momento presente, las únicas gracias que podían capacitarme para responder al deseo del Señor de la vocación que tanto anhelaba en el futuro. La alegría confiada que presenciaba en una hermana tras otra contrastaba gratamente con mi temor. Su vida de oración común hablaba del origen de su fortaleza, y su deseo de compartir el Evangelio, testificaban que habían encontrado al Señor. Pero su libertad era casi demasiado para mí. Para tener la libertad que ellas tenían, tendría que renunciar a las condiciones que había establecido para mi discipulado. Temerosa de adentrarme en aguas profundas, intenté minimizar la atracción que sentía por la alegría de las hermanas. Intenté adoptar una actitud escéptica hacia su alegría, pero sabía que era un don de Dios. Así pues, como no podía ignorarlas, intenté descartar la otra idea que rondaba por mi mente: la idea de que sus preguntas surgían porque veían algo que no era producto de mi propia planificación, preparación o bondad, sino un don gratuito de misericordia”, argumenta.

“Al darme cuenta de que el Señor deseaba una verdadera apertura de mi parte, me volví hacia Él. En los meses posteriores a mi visita a Nashville, dejé de lado mis ideas preconcebidas sobre mí misma, mis planes, mi ‘trayectoria vocacional’, y permití que Dios me mostrara lo que quería mostrarme, cuando quería mostrarlo. La noche de Halloween, mientras oraba en la Casa de Estudios Dominica, Él me mostró lo que siempre nos muestra: amor. Pero esa noche volví a ver cómo su amor exige una respuesta total. Supe que, para mí, una respuesta total era la vida consagrada. Los meses posteriores al Retiro Vocacional de enero continuaron impulsándome a abrirme por completo: me encontré lista para aceptar mi vocación en sus términos infinitamente más benevolentes de lo que jamás hubiera imaginado. Profesé mis  ”.


John Peter Clarke fue la segunda de sus hermanos en ingresar en las monjas dominicas y profesó sus votos perpetuos en julio de 2013

Tras ella siguió su hermana John Peter quien explica que “puedes correr, pero no puedes esconderte. Incluso de niña, cuando no estaba corriendo por el jardín o la sala, me sentía atraída por los libros sobre la Madre Teresa y los santos. Nuestra familia nos animaba más con el ejemplo que con las palabras. Durante las frecuentes mudanzas, me tomaba mi tiempo para empacar esos libros y hojearlos; esos libros forjaron en mí el deseo de hacer algo arduo y heroico en un país lejano. Quizás mudarnos a menudo me ayudó a identificarme con los misioneros, especialmente cuando la humedad en Jackson, Misisipi, parecía rivalizar con la que Francisco Javier enfrentó en las selvas de la India”.

Pero añade: “Sin embargo, durante mi adolescencia, esa vocación misionera disminuyó. Pensé en ser escritora, fotógrafa para National Geographic, abogada para inmigrantes o arqueóloga. Necesitaba una introspección profunda. A los dieciséis años, leí las Confesiones de San Agustín y eso cambió por completo mi perspectiva sobre lo que significa vivir la fe. Me di cuenta, con asombro y alivio, de que incluso los grandes santos luchan contra las tentaciones y el mal genio. Comprendí que Dios es más grande, más elevado y más cercano a mí de lo que jamás hubiera imaginado. Comprendí que Dios desea darnos felicidad, y felicidad eterna. Antes, pensaba que vivir la fe consistía en intentar no equivocarme, seguir las reglas, superar mis defectos, simplemente ser bueno. Con San Agustín, empecé a ver que amar a Dios es cuestión de una profunda amistad, de una profunda oración, de un profundo amor que conduce a la alegría. Salía por la noche, miraba las estrellas y simplemente caminaba por nuestras doce hectáreas, tratando de asimilar estas nuevas ideas”.

Además, “por esa misma época, mi familia se unió a una parroquia que tenía un joven sacerdote auxiliar. Su amor por el Señor me inspiró a empezar a ir a misa diaria y a la Adoración vespertina. ¡No recuerdo si les pregunté o siquiera les dije a mis padres adónde iba a las 10 de la noche! Conocí a unas religiosas durante mi penúltimo año de instituto; hasta entonces, no sé si me había dado cuenta de que había religiosas más jóvenes que la Madre Teresa. Me intrigaba, pero no tenía mucho interés en averiguar si esa era mi vocación”.

“Cuando en agosto de 2005 mi hermana Beatriz ingresó en las dominicas, yo me dirigía a Roma y Colonia para la Jornada Mundial de la Juventud 2005, y luego a la Universidad de Toronto en otoño”, dice

“En Roma, visitamos la iglesia dominica de Santa Sabina. Estaba rezando por mi hermana Beatriz en la celda de Santo Domingo, ya que no pude estar presente en su ingreso como religiosa, cuando de repente lo comprendí: «Aquí también hay algo para ti, muchacha». La Vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud con el Papa Benedicto XVI confirmó que Dios me estaba atrayendo hacia Él y que solo Él podía satisfacer mi anhelo de felicidad”, asegura.

“Me llevó todo el semestre de otoño en la Universidad de Toronto darme cuenta de que quería ir a ver a las hermanas en Nashville, y no solo a ver a mi hermana. La idea de un compromiso de cinco días para el retiro vocacional en enero —el mismo retiro que mi hermana había hecho el año anterior— me asustaba bastante, pero respiré hondo y pregunté si podía ir, esperando que no me preguntaran por qué. No le había contado a nadie —ni a familiares ni a amigos— que siquiera estaba pensando en la vida religiosa. Estaba avanzando hacia algo y realmente no sabía adónde me dirigía”, relata.

“Una vez que llegué a la Casa Madre, la paz y la alegría que experimenté en la capilla me hicieron detenerme en seco y querer quedarme. Hablé con la Hermana Beatriz una tarde y ella me recordó la historia del joven rico; me preguntó: "¿Dónde puedes ser feliz?". Todo, desde las historias de los misioneros hasta Agustín, pasando por mi inquietud interior y la Jornada Mundial de la Juventud, confluyó. No sé si logré articular una respuesta antes de salir corriendo a buscar a la Directora de Vocaciones para preguntarle si podía solicitar el ingreso, para seguir a Cristo siguiendo los pasos de Santo Domingo. Profesé mis votos perpetuos en julio de 2013”, concluye.

Paul Clarke en su profesión simple como fraile dominico en la Fiesta de la Asunción de 2014

Y tras ellas llegó Paul, hermano pequeño de las dos, y ahora fraile dominico. “Con dos hermanas mayores que ya eran dominicas pensé que estadísticamente no debería ser dominico. La cuota familiar de vocaciones parecía estar llena. Así me liberé de la carga y la molestia de una vocación religiosa. Sin embargo, resulta que la providencia de Dios no se basa en análisis estadísticos. Y mucho mejor para mí”, explica la tercera de las vocaciones de los Clarke.

De este modo, el hermano Paul relata que “una vez que mis hermanas entraron a Santa Cecilia y mi familia comenzó a hacer viajes regulares para visitarlas en la Casa Madre en Nashville, la gracia de sus vocaciones comenzó a infiltrarse en nuestra familia. La fe de toda la familia se profundizó y renovó. En Nashville, tuvimos la oportunidad de conocer a una creciente variedad de hermanas y frailes dominicos que parecían haber aprovechado alguna fuente secreta de alegría y libertad. Nunca antes había conocido a personas tan extrañamente felices”.

Para él esos años fueron una dura lucha. “Durante esos años de la escuela secundaria y la universidad, mientras sentía un impulso hacia la vida religiosa, me resistí a la idea de que mi propia felicidad pudiera implicar tal sacrificio. Estaba resuelto a ser el dueño de mi propio destino, el capitán de mi alma, etc. Aún así, mientras trataba de ignorar la promesa de Cristo de que ‘quien pierda su vida, la salvará’, seguí fascinado por la paradójica libertad que vi en la vida dominica”, añade.

“Con la intención de saldar parte de mi deuda universitaria antes de solicitar ingreso a programas de posgrado en filosofía, me gradué de la Universidad de Santo Tomás en Saint Paul, Minnesota, y comencé a trabajar, primero en una constructora y luego en una editorial. A lo largo de ese año, muchas circunstancias de mi vida comenzaron a converger de manera alarmante en un solo punto: los dominicos. Mi deseo de estudiar y enseñar filosofía desapareció y luego resurgió repentinamente como un anhelo más fuerte y profundo de estudiar y predicar el Evangelio para la salvación de las almas. Tras conmoverme profundamente por algunos sermones sobre la carta de San Pablo a los Romanos, tres cosas se cristalizaron para mí: primero, necesitaba modelar mi vida no según mis propios caprichos y ambiciones, sino según la vida de Cristo; segundo, la Palabra de Dios es transformadora; y tercero, quería predicar la gracia y la libertad del Evangelio que habían transformado mi vida. Me llenó el deseo de ofrecer no solo una parte, sino la totalidad; solicitaría ingreso a los dominicos. Los votos de mis hermanos mayores habían sido un poderoso ejemplo de la alegría de una vida consagrada a Dios. Además, y lo que era más importante para mí, habían demostrado que una vida así es posible. Me di cuenta entonces de que no construimos nuestra felicidad, sino que la recibimos. La libertad no consiste en avanzar, sino en seguir adelante. Ingresé en la Orden en 2013 e hice la profesión simple en la Fiesta de la Asunción de 2014, concluye.

Publicado originariamente en Camino Católico en marzo de 2021.

Lydie se sumergió en el espiritismo para comunicarse con su abuela fallecida: «Un médium me dijo que fuera a un centro católico; Dios decidió intervenir para decirme: "¡Sal de ahí! ¡Es muy peligroso!»


Lydie se había confirmado, pero en la adolescencia se adentró en el espiritismo

* «Llegué a este centro católico. Allí había mucha gente rezando. El sacerdote me recibió en su despacho. Y le conté mi historia, le enseñé mis cuadernos. Rezó por mí y sentí el amor de Jesús en mi corazón. Me sentí abrumada, lloré. También sentí una gran paz. Necesitaba confesarme porque, con la iluminación del sacerdote, me dije: ‘Realmente he tomado un camino equivocado, me he puesto en peligro, me ha hecho daño’. Y quise pedir perdón. He recuperado mi libertad interior. En cualquier caso, ya no tengo ansiedad. Incluso he recuperado la alegría cuando estaba deprimida, y ya no tengo miedo» 

Camino Católico.- Deseando comunicarse con su abuela fallecida, Lydie se deja llevar por el espiritismo, hasta el punto de sentirse atrapada. Hasta que un día su médium la envía a un lugar inesperado, a un centro católico donde Dios la rescató del ocultismo. Ella ha aprendido cuán verdaderas son las advertencias de la Iglesia Católica que prohíbe las prácticas espiritistas y ocultistas. Cuenta su testimonio en un vídeo en francés a Découvrir Dieu así:

Lydie fue rescatada del ocultismo en un centro católico donde sintió el amor de Jesús

«Sé que mi abuela está con Dios y que puedo simplemente pensar en ella, rezar por ella; el Reino de Dios existe»

Me llamo Lydie y les voy a contar el encuentro más hermoso de mi vida. Vengo de una familia cristiana no practicante, pero sí cristiana por mi abuela paterna, quien tenía en su comedor una foto del Papa y, al otro lado, una foto del Presidente de la República. Y eso me marcó de pequeña. Y luego, había estatuillas de Lourdes por todas partes, y también representaciones de Jesús en la cruz.

Para complacer a mi abuela, mis padres me llevaron a catequesis: en aquella época, vivía en las afueras de París; era como una especie de educación popular. Y me gustaba mucho la catequesis porque hablábamos de Jesús. Y lo que me impresionaba de la vida de Jesús es que dio su vida para salvar a todos, y realmente lo vi como un superhéroe que hizo el bien a tanta gente que enseguida empecé a rezar todas las noches en mi habitación, pero en silencio, cuando mamá apagaba la luz. Y seguí así hasta mi profesión de fe al recibir el sacramento de la Confirmación.

Hubo un punto de inflexión un tanto impredecible en mi vida, porque alguien cercano me habló de las ciencias ocultas, en particular del espiritismo, la clarividencia, la reencarnación, la cartomancia y muchas otras palabras que terminan en "cia". Y entonces me generó una pequeña duda, confusión, al menos. Creo que empeoró un poco con la crisis de la adolescencia. Renuncié entonces a Jesús, al menos por un tiempo. Y me quedé así unos cuantos años.

Un día, mi abuela, de quien les hablé, falleció. Y quería comunicarme con ella. Así que había dos maneras de proceder: o tomabas la ouija y movías la mano hacia los números y las letras, y formaba palabras; o la invocación directa al espíritu para que se manifestase en escritura libre con un lápiz que yo sostenía sobre un papel, previos rituales espíritas

Con el tiempo, sí, hubo un diálogo, pero no era muy agradable, era un poco extraño y sí... No reconocí a mi abuela: en su forma de pronunciar las frases, en su forma de ser. No había ninguna referencia a mis recuerdos, en particular. Era un poco inverosímil, un poco extraño. Me asustaba mucho, pero, al mismo tiempo, era como una prisionera, no podía parar: de hecho, cada vez que tenía tiempo libre, volvía a coger el lápiz, incluso en clase, y volvía a empezar... La persona con la que me comunicaba, al principio, fingía ser protectora. Luego, finalmente, después, recibí insultos, mucha ansiedad, mucho miedo. También empecé a oír voces. Entonces, me preocupé muchísimo. Y mi moral no mejoró; al contrario, empeoró. Siento que mi depresión empeoró mucho. Incluso pensé en la muerte. Y duró... diez meses. Pero fue más llevadero: ¡fue un auténtico infierno para mí!

Después de la escritura automática, me adentré mucho más en la espiritualidad, ya que busqué un médium que respondiera a mis preguntas. Y al mismo tiempo, sentía atracción y una profunda repulsión por todo lo que experimentaba. Y me dije: esta es la persona que podrá ayudarme, iluminarme, darme respuestas. El día que fui a verlo, recibí mi beca de estudiante, y como quería ir allí... allí... invertí el dinero necesario. Incluso tomé un taxi que, sin duda, también me estafó. Y fui. Y cuando escuché lo que tenía que decir, mezcló todas las religiones: la reencarnación, Buda con Jesús... Fue un baño de... muchas cosas un poco extrañas. Pero no respondió a mis preguntas. Luego, tuvo que comunicarse con el más allá. Y me dijo que en ese momento, mientras estaba en trance, incluso fue un poco aterrador verlo en sus rasgos; estaba agitado por las sacudidas, sus ojos estaban un poco demacrados; Luego me dijo que fuera a un centro católico en el norte de Francia... realmente muy sorprendente. Pero no me dio la dirección exacta. Así que al día siguiente fui a una cabina telefónica a llamarlo. Le pregunté dónde estaba el centro y me dijo que llamara a información. Y me colgó: obviamente, ya no recordaba la conversación que habíamos tenido el día anterior.

Llegué a este centro. Allí había mucha gente rezando. El sacerdote me recibió en su despacho. Y le conté mi historia, le enseñé mis cuadernos. Rezó por mí y sentí el amor de Jesús en mi corazón. Me sentí abrumada, lloré. También sentí una gran paz. Necesitaba confesarme porque, con la iluminación del sacerdote, me dije: «Realmente he tomado un camino equivocado, me he puesto en peligro, me ha hecho daño». Y quise pedir perdón.

He recuperado mi libertad interior. En cualquier caso, ya no tengo ansiedad. Incluso he recuperado la alegría cuando estaba deprimida, y ya no tengo miedo. Mirando hacia atrás, me digo que lo que pasó con el médium fue sin duda contra su voluntad: fue porque Dios decidió intervenir para decirme: "¡Sal de ahí! ¡Es muy peligroso! ¡Vuelve a tu camino anterior, es mucho más seguro!".

Así que les diría a todos aquellos que se sienten tentados por las ciencias ocultas o que las practican, que tengan mucho cuidado, que vean lo que aporta a sus vidas: ¿aporta paz o, por el contrario, ansiedad o depresión? En cualquier caso, aunque hoy no haya encontrado el número de teléfono de mi abuela para llamarla al cielo, sé que está con Dios y que puedo simplemente pensar en ella, rezar por ella. Que el vínculo no se rompe, porque tengo esta esperanza de que está con Dios y de que el Reino de Dios existe".

Lydie

Vídeo en el que Lydie cuenta su testimonio en francés