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domingo, 31 de mayo de 2026

Papa León XIV en el Ángelus, 31-5-2026: «La vida de Dios es maravillosa, da paz al corazón; la Trinidad nos hace amar todo y a todos porque cada criatura está hecha para la comunión, la relación, el encuentro»

* «Nicodemo formaba parte del Sanedrín, el Consejo de los jefes de Israel. Cuando oyó en el Sanedrín palabras de desprecio hacia Jesús, invitó a todos a escucharlo antes de condenarlo. Había recibido de Dios, a través del mismo Cristo, el Espíritu de la comunión, que abre el corazón a la nueva verdad y a la verdadera novedad. Quien no acoge a este Espíritu envejece pronto, sumido en la queja; se encuentra solo, nunca tiene el ánimo festivo. Hoy, en cambio, queridos hermanos y hermanas, es fiesta. La fiesta de Dios es nuestra fiesta. Por eso san Pablo escribe a los corintios: ‘Por lo demás, hermanos, alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros’ (2 Co 13,11)»

   

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «En este mes de mayo, toda la Iglesia ha alzado una invocación unánime por la paz. Especialmente a través de la oración del Santo Rosario, como una cadena ininterrumpida, ha encomendado a la intercesión de la Virgen María los pueblos atormentados por la guerra. Que la Sabiduría divina ilumine la conciencia de quienes ejercen la autoridad y oriente sus decisiones hacia la búsqueda sincera de una paz justa y duradera» 

31 de mayo de 2026.- (Camino Católico)  “La vida de Dios es maravillosa y cautivadora, da paz a nuestro corazón, a menudo tan inquieto, y nos permite encontrarnos como hermanos y hermanas en la alegría del Espíritu. La Trinidad nos hace amar todo y a todos; descubrimos que cada criatura está hecha para la comunión, la relación, el encuentro. Y, por contraste, comprendemos por qué las divisiones, las polarizaciones y el desprecio de la diversidad traen al mundo destrucción, tristeza y aridez”, ha subrayado el Papa León XIV, en su alocución antes del Ángelus, en la plaza de san Pedro ante decenas de miles de fieles.

El Santo Padre ha recordado que, la Santísima Trinidad, en el mundo, toma forma en la Iglesia como sacramento de comunión y espacio de vida dinámica, inagotable y fecunda. “El Espíritu que une al Padre y al Hijo ha sido derramado en nuestros corazones, de modo que en el mundo toma forma la Iglesia, sacramento de comunión, espacio de encuentro, de amor y de vida en el que el cielo y la tierra ya se tocan”.

Inspirado en el Evangelio de hoy que presenta el encuentro de Nicodemo, miembro del Sanedrín, Consejo de los jefes de Israel, con Jesús, el Pontífice recuerda que el “misterioso Maestro”, le sugiere que también para un adulto es posible renacer, dejándole entrever que la vida de Dios habría podido transformar su vida.

En sus palabras tras el rezo mariano del Ángelus, el Papa nuevamente invoca la paz, esta vez dirigiéndose a las autoridades para que orienten sus decisiones hacia la búsqueda sincera de una paz justa y duradera. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:  


PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

Domingo de la Santísima Trinidad, 31 de mayo de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Con la solemnidad de Pentecostés, hace una semana, concluyó el Tiempo Pascual. Al celebrar hoy el Misterio de Dios Trinidad, se nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre el camino recorrido, partiendo de su centro, que es la vida de Dios que se nos ha entregado en Jesucristo. Esta vida es una comunión dinámica, inagotable, fecunda, de la que ahora participamos: el Espíritu que une al Padre y al Hijo ha sido derramado en nuestros corazones, de modo que en el mundo toma forma la Iglesia, sacramento de comunión, espacio de encuentro, de amor y de vida en el que el cielo y la tierra ya se tocan.

El Evangelio de la liturgia de hoy (Jn 3,16-18) nos presenta a Nicodemo, una figura destacada en Israel que sintió una profunda atracción por Jesús. En efecto, fue a buscarlo —de noche, para no ser visto—, deseoso de conocer mejor a este misterioso Maestro y de hacerle preguntas. Al recibirlo, el Señor dio importancia a su búsqueda. Lo sorprendió, sugiriéndole que también para un adulto es posible renacer; le dejó entrever que la vida de Dios habría podido transformar su vida. Jesús habló a Nicodemo del Espíritu Santo, iluminó su noche con la verdad que en la fiesta de hoy resuena en todas nuestras iglesias: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (v. 16). Y también: «Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (v. 17).

Queridos amigos, en el Misterio de Dios, Padre e Hijo y Espíritu Santo, estamos en casa, tal y como Nicodemo se sintió en casa junto a Jesús. La vida de Dios es maravillosa y cautivadora, da paz a nuestro corazón, a menudo tan inquieto, y nos permite encontrarnos como hermanos y hermanas en la alegría del Espíritu. La Trinidad nos hace amar todo y a todos; descubrimos que cada criatura está hecha para la comunión, la relación, el encuentro. Y, por contraste, comprendemos por qué las divisiones, las polarizaciones y el desprecio de la diversidad traen al mundo destrucción, tristeza y aridez.

Nicodemo formaba parte del Sanedrín, el Consejo de los jefes de Israel. Cuando oyó en el Sanedrín palabras de desprecio hacia Jesús, invitó a todos a escucharlo antes de condenarlo. Había recibido de Dios, a través del mismo Cristo, el Espíritu de la comunión, que abre el corazón a la nueva verdad y a la verdadera novedad. Quien no acoge a este Espíritu envejece pronto, sumido en la queja; se encuentra solo, nunca tiene el ánimo festivo. Hoy, en cambio, queridos hermanos y hermanas, es fiesta. La fiesta de Dios es nuestra fiesta. Por eso san Pablo escribe a los corintios: «Por lo demás, hermanos, alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros» (2 Co 13,11).

Y ahora, con la oración del Ángelus, nos dirigimos a la Virgen María; que en su “sí” a la divina Voluntad florezca también nuestro “sí” al amor de la Santísima Trinidad.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.


Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


En este mes de mayo, toda la Iglesia ha alzado una invocación unánime por la paz. Especialmente a través de la oración del Santo Rosario, como una cadena ininterrumpida, ha encomendado a la intercesión de la Virgen María los pueblos atormentados por la guerra. Que la Sabiduría divina ilumine la conciencia de quienes ejercen la autoridad y oriente sus decisiones hacia la búsqueda sincera de una paz justa y duradera.


Hoy se celebra en Italia la 25ª “Jornada del Alivio”. Acompaño de corazón a todas las personas enfermas y a quienes las asisten. Agradezco y animo a todos los que difunden la cultura de la cercanía y del cuidado.


A todos ustedes, romanos y peregrinos, que han venido hoy a la plaza de San Pedro, los saludo con afecto.


En particular, doy la bienvenida al obispo y a los peregrinos de la diócesis de Kumba, en Camerún; así como al coro parroquial de Dunajska Luzna, en Eslovaquia. Saludo a los polacos aquí presentes y también a los participantes en la gran peregrinación al Santuario de Piekary, donde se venera a María como Madre de la Justicia Social.


Saludo al Grupo de Alpinos de Rivoli, a los jóvenes de San Zeno Naviglio y a los participantes en la “Carrera de relevos de la inclusión”, con algunas banderas realizadas por estudiantes de institutos italianos.


A todos les deseo un feliz domingo.


Papa León XIV




Fotos: Vatican Media, 31-5-2026

Papa León XIV en el Rosario por la paz, 30-5-2026: «Sabemos que la paz siempre es posible porque es un don de Dios; Jesucristo es nuestra paz, vence la arrogancia con humildad y redime a toda la creación del pecado»

* «Cuando el Señor Jesús está con nosotros y nos comportamos como verdaderos discípulos de su amor, entonces el Espíritu Santo puede realizar lo que humanamente parece imposible. Cuando, en cambio, nos alejamos de Dios, nos alejamos también del hombre, de nuestro prójimo, permaneciendo indiferentes a su dolor. Cada vez que volvemos al Señor, su paz se convierte en nuestro compromiso, según las tareas y responsabilidades de cada uno»

 

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News en español, con la meditación del Papa 

* «La paz verdadera comienza en un corazón que ama; se manifiesta en los labios que pronuncian palabras de reconciliación; se refleja en los ojos que miran al mundo con mansedumbre y sabiduría. Esta es la verdadera fuerza, la fuerza de la verdad y del amor. ¡Dios busca constructores de paz! Que nuestra Santísima Madre nos ayude a responderle cada día con nuestro 'heme aquí', no con palabras, sino con hechos» 


Camino Católico.- “Sabemos que la paz siempre es posible porque es un don de Dios. Esta paz —su paz— tiene el rostro de Jesucristo, el Hijo de Dios, quien, con su vida entregada por nosotros, reconcilió el cielo y la tierra. Como escribe el apóstol Pablo: «Él es nuestra paz» ( Efesios 2:14). Es Él quien derriba los muros de la hostilidad, vence la arrogancia con humildad y redime a toda la creación del pecado”, ha subrayado el Papa León XIV, en la tarde del sábado 30 de mayo, después de rezar los Misterios Gozosos del Santo Rosario por la paz en la Gruta de Lourdes, en los Jardines Vaticanos, recordando especialmente a quienes viven en zonas afectadas por la guerra y la violencia y unido a 19 santuarios marianos en el mundo.

«Escucharé lo que dice el Señor Dios, pues él hablará de paz a su pueblo, a sus fieles, a quienes se vuelven a él en su corazón» (Sal 85,8). El Papa inició su reflexión al término de las cinco decenas con este salmo, que, según señala, expresa la «esperanza de la que estamos necesitados, especialmente ante las dificultades y la violencia actuales».



Insta a todos —a los presentes en los Jardines Vaticanos y a todos los que se unían desde todo el mundo— a «disponer sus corazones» para estar abiertos a escuchar la Palabra de Dios, de modo que, a través de la oración, «podamos llegar a comprender el significado de los acontecimientos de la historia» y ver la providencia de Dios guiándonos y sosteniéndonos.


La Virgen María, destaca el Papa León, es el ejemplo modelo de una creyente que vuelve su corazón para escuchar «lo que Dios dice». Para nosotros, ella es un ejemplo de obediencia al acoger a Jesús en su seno.

Contemplar los misterios del rosario con María nos ayuda a ver en Jesús «la única y última Palabra pronunciada por el Padre, una Palabra de paz para todos los que vuelven a Él con corazón contrito». Es decir, Dios nunca nos abandona, ni siquiera cuando lo ignoramos o lo olvidamos, o cuando nos desviamos del camino. Él nos busca y nos lleva de vuelta a Él. En el vídeo de Vatican News se escucha y visualiza toda la meditación del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:



ORACIÓN DEL SANTO ROSARIO PARA INVOCAR LA PAZ

VIGILIA DE ORACIÓN 

PRESIDIDA POR EL SANTO PADRE LEÓN XIV

Reflexión del Santo Padre León XIV al finalizar el Rosario 

Gruta de Lourdes en los Jardines Vaticanos

Sábado, 30 de mayo de 2026.

«Voy a escuchar lo que dice el Señor: “Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos y a los que se convierten de corazón”» (Sal 85,9). Las palabras del Salmo acompañan bien nuestra oración del Rosario esta tarde, porque expresan la esperanza de la que sentimos necesidad, sobre todo ante las dificultades y la violencia de los tiempos actuales.

Preparemos, pues, nuestro corazón para escuchar la Palabra de Dios, de modo que en la oración podamos comprender el sentido de lo que ocurre en la historia, reconociendo la providencia de Dios que siempre la guía y nos socorre. La Virgen María es modelo del creyente, que inclina el oído del corazón para escuchar “lo que dice Dios”. Ella nos sirve de ejemplo con su obediencia, que acoge la encarnación del Hijo de Dios en su seno.

Contemplar con María los misterios del Rosario nos lleva a reconocer en Jesucristo la única y definitiva Palabra que el Padre ha pronunciado, Palabra de paz para todos aquellos que vuelven a Él con un corazón arrepentido. El Señor nunca nos abandona, ni siquiera cuando nos olvidamos de Él, ni siquiera cuando perdemos el camino; Él viene a buscarnos y se nos acerca con el amor de siempre. Como recuerda el profeta Isaías: «Creo la paz como fruto de los labios: “Paz al que está lejos y al que está cerca”» (Is 57,19). Quien confía en Dios comprende este anuncio de paz y se convierte en su artífice, construyéndola con sus propias manos (cf. Mt 5,9).

La paz, en efecto, no es una teoría que se verifique en un laboratorio, ni una ilusión ingenua, ni un asunto que se gestione por interés. Cuando se busca con corazón sincero, es más bien un compromiso cotidiano de nuestra vida: brota de la justicia y del amor, como armonía que une a las personas, a las familias, a las comunidades, a los pueblos. También en este tiempo de tensiones y conflictos, la paz se hace posible cuando se quiere escuchar el grito de quienes se ven privados de ella: niños inocentes, madres y padres angustiados, prisioneros maltratados, refugiados, personas que sufren, de todas las edades. Todos ellos tienen en los labios una sola palabra: ¡paz!

Lo sabemos, la paz siempre es posible porque es un don de Dios. Esta paz, su paz, tiene el rostro de Jesucristo, el Hijo de Dios, quien con su vida entregada por nosotros ha reconciliado el cielo y la tierra. Como escribe el apóstol Pablo: «Él es nuestra paz» (Ef 2,14); Aquel que derriba los muros de la enemistad, que vence la arrogancia con la humildad y redime del pecado a toda la creación.

Cuando el Señor Jesús está con nosotros y nos comportamos como verdaderos discípulos de su amor, entonces el Espíritu Santo puede realizar lo que humanamente parece imposible. Cuando, en cambio, nos alejamos de Dios, nos alejamos también del hombre, de nuestro prójimo, permaneciendo indiferentes a su dolor. Cada vez que volvemos al Señor, su paz se convierte en nuestro compromiso, según las tareas y responsabilidades de cada uno.

Así, nuestra oración se convierte en misión y profecía: ya no habrá llanto de inocentes en nuestras ciudades; nadie tendrá que huir de su hogar por la amenaza de las bombas; la sed de poder y la violencia de las palabras darán paso a la sed de justicia y de verdad. Pero cada uno puede y debe aportar su granito de arena, empezando por cosas pequeñas pero importantes, absteniéndose de toda violencia verbal o física, en la vida cotidiana y también en las redes sociales.

Queridos hermanos y hermanas, la paz verdadera comienza en un corazón que ama; se manifiesta en los labios que pronuncian palabras de reconciliación; se refleja en los ojos que miran al mundo con mansedumbre y sabiduría. Esta es la verdadera fuerza, la fuerza de la verdad y del amor.

¡Dios busca constructores de paz! Que nuestra Santísima Madre nos ayude a responderle cada día con nuestro “heme aquí”, no con palabras, sino con hechos.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 30-5-2026

Papa León XIV a los Carismáticos, 30-5-2026: «La presencia del Espíritu ha despertado en ustedes una nueva capacidad de amar; os invito a mantener vivo este amor por los pobres, que revela el verdadero rostro de Dios»

* «El Espíritu Santo es el manantial de la comunión. En diversos documentos, el Papa  León XIII  animó a los católicos a rezar una novena al Espíritu Santo cada año entre las fiestas de la Ascensión y Pentecostés, especialmente con la intención de la unidad cristiana. Sin duda, ustedes comprenden la importancia de esta invitación, pues han visto que la unidad en la Iglesia es fruto del Espíritu, ya que, como afirma san Agustín, el Espíritu Santo ‘es una comunión inefable del Padre y del Hijo’ ( De Trinitate , V, 11, 12). Es el Espíritu quien crea armonía entre los diversos carismas y componentes de la Renovación Carismática, así como con nuestros hermanos y hermanas de otras denominaciones cristianas»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución del Papa León XIV

* «El Espíritu Santo os ha permitido saborear la dulzura de Cristo y la vida ha cambiado para vosotros desde ese momento. Dios dejó de ser una mera idea y se convirtió en expresión real y máxima de paternidad. Su Espíritu ha traído reconciliación interior, paz y liberación de los apegos mundanos y la opresión del pecado. También ha hecho posible una nueva perspectiva caracterizada por la apertura y la esperanza hacia los demás y el futuro, con la certeza de que nada podrá separarnos jamás del amor de Cristo (cf.  Rom  8,38-39). De esta experiencia del Espíritu Santo surge el deseo interior de ser testigos y heraldos de su amor, llevando su consuelo a quienes sufren de vacío y soledad»


Camino Católico.- “La presencia renovada del Espíritu ha despertado en ustedes una nueva capacidad de amar, inspirada por la misma caridad divina. Este amor se dirige hacia Dios y hacia sus hermanos y hermanas, e inspira cercanía y compasión, especialmente hacia quienes sufren. De la Renovación Carismática Católica han surgido muchas obras de caridad para los necesitados, tanto en el espíritu como en el cuerpo. Os invito, pues, a mantener vivo este amor por los pobres, que revela el verdadero rostro de Dios”, ha dicho el Papa León XIV al mantener este sábado, 30 de mayo de 2026, su primer encuentro con la Renovación Carismática Católica. Ante 4.500 representantes de comunidades, escuelas de oración y líderes del Servicio Internacional CHARIS, el Pontífice ha reivindicado la vitalidad de este movimiento y lanzado un enérgico llamamiento a la acción evangelizadora frente a los desafíos de la modernidad.


Durante su alocución, el Papa trazó un recorrido histórico sobre el impacto del movimiento desde los años posteriores al Concilio Vaticano II, describiéndolos como un periodo de "gran expansión, crecimiento e integración en la vida de la Iglesia". León XIV subrayó que la evolución de estas comunidades no solo ha consolidado estructuras de servicio efectivas, sino que ha inundado a la Iglesia global de valiosos dones y una profunda vitalidad espiritual. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la alocución del Santo Padre, cuyo texto completo es el siguiente:



DISCURSO DEL PAPA LEÓN XIV

A LOS MIEMBROS DE LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA

Aula Pablo VI

Sábado, 30 de mayo de 2026

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

¡La paz esté con ustedes!

Su Eminencia, Sus Excelencias,

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos! Buenos Dias!

Me complace tener mi primer encuentro con la Renovación Carismática Católica y saludar a todos los presentes, así como a las comunidades, grupos y escuelas de oración y evangelización que representan. Dios ha bendecido a sus comunidades con muchos dones, incluyendo una gran vitalidad espiritual. Saludo también a los líderes de los Servicios de Comunión nacionales e internacionales del Servicio Internacional de la Renovación Carismática Católica (CHARIS), quienes han organizado este encuentro.

Para la Renovación Carismática Católica, los años posteriores al Concilio Vaticano II fueron un tiempo de gran expansión y crecimiento, y de integración en la vida de la Iglesia, así como de consolidación de sus estructuras de servicio.

Mis venerables predecesores reconocieron este desarrollo como un gran don para la Iglesia. De hecho, san Pablo VI  afirmó que nada es más necesario para un mundo cada vez más secularizado que el testimonio de esta renovación espiritual, que el Espíritu Santo está inspirando en las más diversas regiones y comunidades (cf.  Discurso en el Tercer Congreso Internacional de la Renovación Carismática Católica , Pentecostés, 19 de mayo de 1975).

Al destacar su característico enfoque en la evangelización,  san Juan Pablo II  dijo: «Es el Espíritu mismo quien los impulsa a dar testimonio». Asimismo, comentó: «¿Cómo puede alguien que ha saboreado la bondad de Cristo permanecer en silencio e inactivo?... Cristo es nuestro Salvador... ¿Cómo podemos dejar de evangelizar? ¡Sigan comunicando este celo por el Evangelio a quienes los rodean!» ( Discurso a la Fraternidad Católica de Comunidades Carismáticas , 7 de diciembre de 1991).

Por su parte,  Benedicto XVI  se refirió a la contribución específica que ustedes hacen a la Iglesia. Dijo: «Uno de los elementos y aspectos positivos de la Comunidad de la Renovación Carismática Católica es precisamente su énfasis en los carismas o dones del Espíritu Santo, y su mérito radica en haber recordado su actualidad en la Iglesia» ( Discurso en la XIII Conferencia  Internacional de la Fraternidad Católica de Comunidades y Hermandades Carismáticas de Alianza , 31 de octubre de 2008).

Al igual que el cardenal Suenens en los inicios del movimiento,  el Papa Francisco  se refería a ustedes con frecuencia como un «inundación de gracia», que es «para toda la Iglesia, no solo para algunos» ( Vigilia de oración con motivo del cincuentenario de la Renovación Carismática Católica , 3 de junio de 2017). En resumen, describió su camino como «evangelización, ecumenismo espiritual, atención a los pobres y necesitados, y acogida de los marginados», y añadió: «¡Todo ello se basa en la adoración! ¡El fundamento de la renovación es la adoración a Dios!» ( Discurso en la XXXVII Convocatoria  Nacional de la Renovación en el Espíritu Santo , 1 de junio de 2014).

Yo también deseo fomentar la relación de respeto mutuo, cercanía y apoyo entre la Sede de Pedro y la gran familia de la Renovación Carismática Católica. En este sentido, me gustaría reflexionar sobre los siguientes aspectos clave de vuestra experiencia espiritual: el bautismo en el Espíritu; la oración de alabanza; la palabra de Dios; la comunión; y la caridad.

Primero, el Bautismo en el Espíritu. Vuestro camino compartido de fe tiene su fuente en la experiencia personal del Espíritu Santo, que ha permitido que la gracia del Bautismo se manifieste en cada uno de vosotros, que  os ha conducido a una clara conciencia del amor de Dios. Esta es la primera experiencia poderosa de la gracia que el mismo san Agustín tuvo tras su conversión y que describió con estas sentidas palabras: «Oh Cristo Jesús, mi ayudador y redentor; de repente se me hizo dulce estar libre de los placeres de la necedad. Lo que antes temía perder, ahora era un deleite dejarlo ir. Tú los expulsaste y entraste para ocupar su lugar, más grato que cualquier placer» ( Confesiones , IX, 1, 1).

Del mismo modo, el Espíritu Santo os ha permitido saborear la dulzura de Cristo y la vida ha cambiado para vosotros desde ese momento. Dios dejó de ser una mera idea y se convirtió en expresión real y máxima de paternidad. Su Espíritu ha traído reconciliación interior, paz y liberación de los apegos mundanos y la opresión del pecado. También ha hecho posible una nueva perspectiva caracterizada por la apertura y la esperanza hacia los demás y el futuro, con la certeza de que nada podrá separarnos jamás del amor de Cristo (cf.  Rom  8,38-39). De esta experiencia del Espíritu Santo surge el deseo interior de ser testigos y heraldos de su amor, llevando su consuelo a quienes sufren de vacío y soledad.

La oración de alabanza. Fue precisamente a partir de esta cautivadora experiencia del Espíritu Santo que comenzó una nueva vida de oración, que tomó la forma de una nueva capacidad para un diálogo espontáneo y sincero con Dios,, y en una nueva apertura a la alabanza, la adoración y la acción de gracias. La adoración y la alabanza, tan características de vuestros encuentros, son aspectos esenciales de la oración cristiana, y ustedes han contribuido a redescubrirlas y a que vuelvan a ocupar un lugar central en los últimos años.

La Palabra de Dios. El renovado derramamiento del Espíritu Santo también os ha conducido a un encuentro vivo con la Sagrada Escritura. El Espíritu Santo inspiró la Palabra de Dios revelada y es quien la mantiene siempre viva y activa en la Iglesia, haciendo que resuene en los corazones de los creyentes, especialmente en la Liturgia. Por lo tanto, la Escritura se ha convertido para vosotros en una maravillosa fuente de alimento espiritual que ilumina y consuela. Es, asimismo, una fuente de discernimiento para guiaros en vuestras decisiones cotidianas y da sustancia a la oración comunitaria, permitiéndonos dirigiros al Señor con palabras inspiradas por el Dios mismo.

La Comunión. El Espíritu Santo es el manantial de la comunión. En diversos documentos, el Papa  León XIII  animó a los católicos a rezar una novena al Espíritu Santo cada año entre las fiestas de la Ascensión y Pentecostés, especialmente con la intención de la unidad cristiana. Sin duda, ustedes comprenden la importancia de esta invitación, pues han visto que la unidad en la Iglesia es fruto del Espíritu, ya que, como afirma san Agustín, el Espíritu Santo «es una comunión inefable del Padre y del Hijo» ( De Trinitate , V, 11, 12). Es el Espíritu quien crea armonía entre los diversos carismas y componentes de la Renovación Carismática, así como con nuestros hermanos y hermanas de otras denominaciones cristianas.

Y, por último,  la caridad . San Agustín escribió que el Espíritu Santo, «que es amor mismo, ha sido dado al hombre y lo inflama al amor de Dios y del prójimo. Porque el hombre no puede amar a Dios si no le es dado por Dios» ( De Trinitate , XV, 17, 31). Esto es lo que vosotros también habéis experimentado. La renovada presencia del Espíritu ha despertado en vosotros una nueva capacidad de amar inspirada por la propia caridad divina. Este amor está dirigido hacia Dios y hacia vuestros hermanos y hermanas e inspira cercanía y compasión, especialmente hacia quienes sufren. Muchas obras de caridad para los necesitados, tanto espiritual como físicamente, han surgido de la Renovación Carismática Católica. Os invito, pues, a mantener vivo este amor por los pobres, que revela el verdadero rostro de Dios.

Queridos amigos, les agradezco su compromiso y los animo a continuar su misión. Pónganse al servicio de las diócesis y parroquias, ofreciendo su experiencia y métodos de evangelización. Sigan fielmente la guía de sus sacerdotes y, en su discernimiento comunitario, escuchen las voces de las personas sabias, aunque no pertenezcan a sus grupos. Cultiven la armonía y la cooperación entre las comunidades a las que pertenecen, procurando no ceder jamás al deseo de autopromoción, ni a la búsqueda de poder o prestigio personal. Que el Espíritu Santo sea siempre luz y fuente de fortaleza en su camino personal y comunitario, y que la Virgen María, Madre de la Iglesia, los proteja. Y ahora, con estos sentimientos sinceros, les imparto con gusto mi Bendición Apostólica.

Gracias.

Papa León XIV

 

Fotos: Vatican Media, 30-5-2026

Katie Holmes: «Sabía hablar de Dios, pero en realidad no lo conocía personalmente y me encontré con Dios al perder en el parto a mi primera hija, en el dolor más profundo; desde entonces, mi fe me ha sostenido cada día»

Katie Holmes hablaba de Dios pero no confiaba en Él hasta que se le hizo presente en medio del dolor / Foto: Instagram de Katie Holmes

* «Desde la pérdida de nuestra hija, mi vida es completamente diferente. Siento la eternidad cerca. Comprendo más profundamente que nunca que esta vida no es nuestro hogar; es solo un vehículo en el camino a casa. Mi sufrimiento transformó mi ministerio, mi propósito y mi visión de la vida. Ahora, más que nada, deseo dedicar mi vida a compartir el amor de Cristo y a guiar almas hacia Él. Mi mayor meta ya no es el éxito ni el reconocimiento; es la santidad. Quiero convertirme en una Santa con mayúscula y ayudar a tantas personas como sea posible a encontrarse con el Dios que me acompañó tanto en el ministerio como en la pérdida inimaginable»

Camino Católico.- “Crecí en una familia católica, asistiendo a todos los estudios bíblicos, retiros, conferencias y campamentos imaginables. Creo que fue allí donde comencé a forjar la persona que soy hoy. Con el paso de los años, mi pasión por hacer un ministerio en la Iglesia se profundizó al dirigir estudios bíblicos, dar charlas católicas y convertirme en maestra de una escuela católica. Exteriormente, mi vida parecía profundamente arraigada en la fe, pero me faltaba una relación real con Jesús”, afirma Katie Holmes al contar su testimonio en Yes Catholic.

“Uno de los momentos más cruciales de mi vida ocurrió durante mi época universitaria en SEEK, cuando hablé con Lisa Brenninkmeyer, autora de *Walking with Purpose*, y me invitó a colaborar con ella dirigiendo estudios bíblicos y sirviendo de manera más intencional en el ministerio. Esa etapa me abrió puertas y comenzó a revelarme el propósito de mi vida según Dios”, asegura la joven.

Katie Holmes en su boda / Foto: Instagram de Katie Holmes

Pero se le iluminó en su mente una verdad sobre su vida de fe: “Incluso mientras guiaba a otros en la fe, poco a poco me di cuenta de algo difícil: sabía hablar de Dios, pero en realidad no lo conocía personalmente. Podía decirles a las personas cómo debían confiar en Él, pero tomé conciencia que yo no confiaba en el Señor”.

De la forma más inesperada, Dios transformó su vida y la hizo acogerse a Él ante toda situación: “Eso cambió el año pasado cuando mi esposo y yo perdimos a nuestra primera hija durante el parto. En el dolor más profundo que jamás haya conocido, me encontré con Dios de una manera que nunca antes había experimentado. Mi duelo destrozó toda ilusión de control, y la fe dejó de ser algo que pudiera enseñar desde un escenario o un aula. Se convirtió en lo que me ha sostenido cada día”.

Katie Holmes embarazada de la hija que perdió en el parto, momento en que Dios se le hizo presente / Foto: Instagram de Katie Holmes

Ahora, Katie Holmes está convencida que vive para la eternidad: “Desde la pérdida de nuestra hija, mi vida es completamente diferente. Siento la eternidad cerca. Comprendo más profundamente que nunca que esta vida no es nuestro hogar; es solo un vehículo en el camino a casa. Mi sufrimiento transformó mi ministerio, mi propósito y mi visión de la vida. Ahora, más que nada, deseo dedicar mi vida a compartir el amor de Cristo y a guiar almas hacia Él”. 

Y concluye: ”Mi mayor meta ya no es el éxito ni el reconocimiento; es la santidad. Quiero convertirme en una Santa con mayúscula y ayudar a tantas personas como sea posible a encontrarse con el Dios que me acompañó tanto en el ministerio como en la pérdida inimaginable”.

Katie Holmes desea ser santa y trabajar para la eternidad llevando almas a Dios / Foto: Instagram de Katie Holmes