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miércoles, 1 de julio de 2026

Julio César Morillo Leal: «Era ingeniero de Petróleo y profesor universitario, quería construir una familia, pero me sentía vacío; he sentido la misericordia que Dios ha tenido al llamarme y soy sacerdote en Venezuela»

Julio César Morillo Leal profesor de ingeniería del petróleo, lo dejó todo para ser sacerdote; el Señor le pedía una entrega total para seguirle y su familia al principio lo rechazó / Foto: Fundación CARF

* «Diseñé de tal modo lo que quería para mi vida y seguí ese plan hasta lograrlo. Pero mi vida estaba un poco vacía. Me percaté de que, si bien había realizado mi plan, nunca lo había sometido a consideración de Dios para ver si eso era lo que realmente Él quería para mí, sino que sólo mi oración se basaba en pedir ayuda para realizarlo y siento que Dios me permitió cumplirlo… Cuando se trata de seguir la vocación, hay que estar dispuesto a sacrificarlo todo. Me siento muy feliz al ver que se está realizando el sueño que Dios ha tenido conmigo, a pesar de mis debilidades»

Julio César Morillo Leal explica en el video de Mater Mundi TV del año 2020 su testimonio de conversión y vocación  

Camino Católico.-  La historia de Julio César Morillo Leal es la de un hombre dispuesto a sacrificarlo todo y que decidió detener una exitosa carrera profesional en su Venezuela natal para responder con valentía a la llamada de Dios para ser sacerdote.

Estudió Teología durante cinco años en Pamplona, en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y residió en el seminario internacional Bidasoa. En el año 2022 terminó sus estudios y volvió a su diócesis en Cabimas, Venezuela, donde completó su formación y fue ordenado sacerdote el 3 de diciembre. Actualmente es párroco de la parroquia Niño Jesús, en San Timoteo, Venezuela

Una familia unida por sus abuelos

Julio creció siendo el mayor de dos hermanos en el seno de una familia humilde. Sus primeros años estuvieron marcados por la atención, el afecto y la profunda tranquilidad de la vida rural, cobijado por el amor de sus abuelos. Sin embargo, el destino le tenía preparado un giro radical cuando llegó el momento de mudarse con sus padres a la ciudad.

El choque no solo fue geográfico, sino también emocional. La convivencia familiar empezó a fracturarse, transformando el hogar en un entorno complejo. Como el propio Julio recuerda: «el cambio de ambiente fue sumamente duro; la paz a la que estaba acostumbrado se desvaneció y los momentos de tranquilidad en casa comenzaron a escasear», explica a la Fundación CARF.

La adolescencia se convirtió para él en un terreno minado debido a las constantes diferencias entre sus padres. Al cumplir los 15 años, la tensión en el hogar alcanzó un límite tan sofocante que Julio llegó a contemplar una salida desesperada: abandonar su casa para escapar del conflicto.

Aquel momento crítico coincidió con el divorcio de sus padres. Lejos de huir o dejarse vencer por la situación, la ruptura redefinió su rol. Julio decidió quedarse y asumir el compromiso de ser el pilar de apoyo fundamental para su madre y su hermana menor, demostrando que incluso en medio de la tormenta, es posible encontrar la madurez necesaria para proteger a quienes más se ama.

«Desde esa edad me tocó asumir ciertas responsabilidades en mi hogar y plantearme diversos objetivos que me llevaron a centrarme en alcanzarlos con mucho empeño, dedicación y esfuerzo. Diseñé de tal modo lo que quería para mi vida y seguí ese plan hasta lograrlo».

Eligió estudiar Ingeniería porque le apasionaban los números y por eso sus sueños estaban basados principalmente en graduarse como ingeniero, de tal modo que luego pudiera no sólo ejercer en campo, sino también ejercer la docencia en a nivel universitario.

Julio César Morillo Leal se graduó en ingeniería del petróleo y ejerció de profesor universitario / Foto: Fundación CARF

La vocación al sacerdocio

La vocación es un camino estrictamente personal. Para Julio, la fe se cultivó desde la juventud a través del servicio activo en los movimientos eclesiales de Venezuela, como la pastoral juvenil, Cursillos de Cristiandad y la Legión de María. Sin embargo, fue en los Encuentros Familiares de Venezuela donde entregó gran parte de sus años de servicio.

Paradójicamente, este movimiento se enfoca en la preparación para el matrimonio y la construcción del hogar, un rumbo que Julio ya había adoptado como su meta ideal, complementándolo con sus aspiraciones profesionales.

«Hacia ese camino estaba enfocado mi proyecto de vida, lo cual me hizo creer que también eso era lo que Dios quería para mí».

Convencido de que el plano familiar y el éxito profesional eran la respuesta definitiva a su fe, Julio avanzaba con paso firme, sin sospechar que el diseño de su vocación aún contenía otros matices.

El éxito profesional frente al vacío interior

Julio alcanzó lo que muchos considerarían la cima del éxito: se graduó como Ingeniero de Petróleo, ejerció en su campo y se convirtió en profesor universitario. A una relativa corta edad, gozaba de la admiración de sus amigos y del orgullo de una familia que celebraba cada uno de sus triunfos.

Sin embargo, la realización profesional no se tradujo en una plenitud personal. Detrás de una carrera brillante, comenzó a gestarse una crisis existencial que desafiaba a sus propios planes. Como él mismo confiesa: «creía que esto sería lo que me haría plenamente feliz, pero en realidad me sentía vacío y sentía que estaba llamado a algo más».

Esa insatisfacción no fue un freno, sino el motor que lo impulsó a detenerse, cuestionar su dirección y concentrar todas sus fuerzas en descubrir su verdadero propósito de vida.

Sacrificarlo todo por la vocación

Asimilar que un proyecto exitoso no equivalía a la plenitud fue un golpe duro. Sin embargo, este choque con la realidad impulsó a Julio a iniciar una búsqueda profunda. Acompañado por su director espiritual, tomó la decisión más difícil para un profesional brillante: soltar el control y dejar su futuro en manos de Dios.

En ese proceso, llegó una revelación fundamental sobre cómo había gestionado su vida hasta entonces: «diseñé de tal modo lo que quería para mi vida y seguí ese plan hasta lograrlo. Pero mi vida estaba un poco vacía. Me percaté de que, si bien había realizado mi plan, nunca lo había sometido a consideración de Dios para ver si eso era lo que realmente Él quería para mí, sino que sólo mi oración se basaba en pedir ayuda para realizarlo y siento que Dios me permitió cumplirlo», relata.

Una vez alineado con esta nueva perspectiva, los acontecimientos comenzaron a encajar y el mensaje se volvió inconfundible: el Señor le pedía una entrega absoluta.

Atender esta llamada exigió de Julio un desapego radical. Tuvo que renunciar a su empleo, a su carrera de ingeniería y a sus estudios. El paso más complejo, sin duda, fue confrontar la resistencia de su propia familia, quienes al principio no comprendieron ese giro tan drástico. La vieja estructura había caído para dar paso a su verdadera misión.

Una frase de san Juan Bosco

El anuncio de su decisión desató una tormenta previsible: el rechazo severo de su familia. Para su entorno, abandonar una carrera consolidada no era un acto de fe, sino un síntoma de confusión. Romper con las expectativas ajenas significó para Julio cargar, durante un tiempo, con la mirada de decepción y pena de los suyos, quienes no comprendían el valor de empezar de cero.

En medio de ese aislamiento emocional, una máxima de san Juan Bosco se convirtió en su brújula y refugio, pero algo adaptada del original (Cuando se trata de servir a Dios, hay que estar dispuesto a sacrificarlo todo): «cuando se trata de seguir la vocación, hay que estar dispuesto a sacrificarlo todo».

Entonces tomó la decisión de embarcarse en esta aventura de la vocación sacerdotal y Dios se fue encargando poco a poco de poner todo en su sitio, acompañar a su familia y ocupar el lugar que Julio había dejado en ellos.

«He sentido la misericordia que Dios ha tenido al llamarme y por eso comencé mi formación sacerdotal hace poco más de seis años, en la que hasta ahora me siento muy feliz al ver que se está realizando el sueño que Dios ha tenido conmigo, a pesar de mis debilidades».

Julio César Morillo Leal en su parroquia Niño Jesús, en San Timoteo, Venezuela / Foto: Fundación CARF

La grave situación de Venezuela

Es evidente la grave situación en la que se encuentra Venezuela, especialmente tras los dos terremotos del 24 de junio que -al 30 de junio- han causado la muerte de más de 1,700 personas, 5,034 heridos y una cantidad desconocida de desaparecidos, que las Naciones Unidas estima que podría ser de hasta 50,000 personas.

A través de la Fundación CARF, este joven sacerdote comparte un poco de lo que esta catástrofe significa para el pueblo de Venezuela: 

"Son muchos los muertos confirmados. Hay muchas personas que permanecen entre los escombros. Muchos edificios desplomados y el resto con fallas estructurales serias.

El Aeropuerto Internacional de Maiquetía que es el principal del país se encuentra fuera de servicio por los serios daños que recibió. Varios complejos residenciales y hoteles se han desplomado en Caracas y sus alrededores. Incluso varios templos se han visto afectados, algunos se les ha desprendido el techo, en otros se han caído algunas paredes y pues todo ha sido una tragedia".

Esta situación agrava los problemas que ya venía enfrentando el país: familias disgregadas por la migración, salarios insuficientes, escasez, incapacidad de conseguir productos de la canasta básica, falta de medicamentos e insumos hospitalarios, escasez de combustible para los vehículos y una larga crisis económica, política y social que se encuentra en el punto más álgido de su historia.

El trabajo de la Iglesia venezolana 

Dentro de toda esta situación, la Iglesia venezolana está haciendo un gran trabajo al tratar de cubrir las necesidades de la población con la ayuda de diversas fundaciones internacionales que se han mostrado solidarias con la situación del país. 

Así, han levantado comedores, centros asistenciales y han provisto de medicamentos, entre otras cosas, que le permiten solidarizarse con los fieles que en este momento necesitan algo más aparte de los Sacramentos.

Para Julio, la transformación de su país no es una utopía ajena a la fe, sino un compromiso que nace de la vida espiritual. Considera que la oración es la herramienta más poderosa para generar un cambio verdadero en Venezuela, siempre y cuando se traduzca en acciones concretas orientadas al bien común, dejando de lado los intereses individuales para vivir el mandamiento del amor.

"La oración es el mejor medio para lograr un cambio en el país, y a partir de ella la realización de acciones concretas que lleven a la búsqueda del bien común"

Bajo el amparo de Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela, Julio y su comunidad confían el destino de la patria a la intercesión divina. Asimismo, elevan sus oraciones para que la llamada del Señor continúe resonando con fuerza en el corazón de la juventud venezolana, inspirando a más jóvenes a dar un sí generoso que permita seguir construyendo la Iglesia en su tierra natal.

Mattie Karr, dejó su trabajo y se dedica al arte sacro:: «Sufrí una depresión y Dios me sanó; sé que Jesús es realmente bueno, me ama y quiere estar presente en cada aspecto de mi vida»


Mattie Karr en la puerta de su estudio

* «Después de un fin de semana de fe orando por los demás y presenciando otras señales de que Jesús me apoyaba, renuncié a mi trabajo ese jueves para dedicarme de lleno al arte sacro y ‘ayudar a Jesús a sanar corazones a través de la belleza’. Han pasado cuatro años desde ese llamado y, a pesar de los altibajos del trabajo independiente, he visto a Dios obrar milagros a través de mi arte y de mis propias manos. Recibo un amor abundante de Dios y de las personas que Él ha puesto en mi vida, y cuando siento la tentación de merecerlo, rápidamente me recuerdan que soy un ser humano, no una máquina de hacer cosas. Me siento la chica más afortunada del mundo»

 


Mattie Karr con uno de sus cuadros de Cristo crucificado

 Camino Católico.-  “En nuestra pequeña familia católica de Kansas, creo que todo empezó cuando tenía diez años. Acababa de estrenarse la versión de Disney de Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario, y después de leer los libros, vimos la película en familia. Lo que ocurrió en aquella sala oscura fue como si Dios me hubiera conquistado el corazón”, asegura Mattie Karr, que tiene 30 años y es artista sacra, a Yes Catholic al comenzar su camino de fe y conversión.

“Siempre quise vivir una aventura para Dios”, dice Karr. “Era algo que anhelaba desde muy joven. Recuerdo en familia a mi padre explicándonos cómo Aslan era como Dios y Jesús, y todas esas analogías. Creo que en el fondo sabía que si le decía que sí a Dios, viviría una aventura maravillosa, igual que en Narnia”, explica a la EWTN NEWS.

“Narnia me enseñó dos cosas: que la vida con Cristo sería una aventura maravillosa y que, de mayor, me dedicaría al cine. En el instituto empecé a hacer cortometrajes e incluso gané algunos concursos estudiantiles. Cuando llegué a la Universidad de Kansas, estudiaba cine e ilustración y tenía la firme intención de mudarme a Los Ángeles”, dice la joven artista.

Mattie Karr en el andamio pintando un tríptico de Pentecostés en su parroquia del Santo Nombre de Jesús

Depresión y sanación

“Y obviamente la vida es difícil”, continúa. “No siempre fue una aventura y pasé por momentos muy oscuros… En la universidad, sufrí una depresión muy profunda. Pero Dios me rescató de maneras reales, personales y profundas durante esos momentos de depresión”.

“Lo llamo mi año de tumba. Hubo un verano, en 2018, en el que me sentía muerta; estaba deprimida, odiaba a Dios y no lo entendía; lo sentía muy lejos”, asevera. “No estaba viviendo la aventura que creía que viviría, me sentía avergonzada e insegura todo el tiempo y no creía que nadie me quisiera de verdad, aunque decían que sí; simplemente era depresión. Y Dios se manifestó de una manera muy poderosa a través de alguien que oró por mí”, asegura.

Al final, “después de graduarme, me quedé en mi ciudad natal, Kansas City, trabajando en desarrollo de negocios y ventas. Sentía que mi vida estaba en pausa, pero Dios me invitaba a emprender un viaje de sanación interior”. 

En ese momento, “aunque estaba comprometida a vivir mi vida para Cristo, no conocía a mucha gente de mi edad que estuviera en el mismo camino. Me sentía sola y, la mayor parte del tiempo, como una marginada en mis círculos sociales. Incluso en las comunidades católicas, pensaba que la única manera de seguir siendo relevante era evangelizando y ofreciéndome como voluntaria en cada oportunidad. Creía que el amor dependía de lo que hiciera. Desafortunadamente, esta mentira me dejó agotada, resentida y aún más sin amor. Necesitaba la sanación de Jesús. A través de la consejería y retiros como Sanando a la Persona Integral, Aguas Vivas y Ministerios de Encuentro, Dios me sanó a través de su Cuerpo quebrantado, la Iglesia. Ahora sé que Jesús es realmente bueno, que me ama y que quiere estar presente en cada aspecto de mi vida", dice Mattie Karr. 


Mattie Karr en el andamio pintando un tríptico de la Presentación de Jesús en el Templo en su parroquia del Santo Nombre de Jesús

“Pero creo que eso también ha influido mucho en mi arte, porque pienso que el arte puede desempeñar un papel muy importante en la sanación; porque nuestras heridas son tan oscuras y feas, y a menudo pensamos que somos oscuros y feos, así que nos enmascaramos e intentamos crear identidades falsas y falsos yoes para sentirnos mejor”, dice. “Pero la belleza tiene la capacidad de iluminar todo eso, de mostrar vulnerabilidad y de llegar al fondo del asunto”.

Y da más detalles: “Unos años después de comenzar este camino de sanación, asistí a un retiro intensivo de verano con la Escuela de Ministerio Encounter, ¡donde se me abrió un mundo de posibilidades! Me dijeron que podía pedirle a los huesos rotos que sanaran en el nombre de Jesús, ¡y sanarían! Muchas personas profetizaron sobre mí que Dios me estaba llamando a hacer cosas que me daban miedo, y que Él sería mi Pastor. Otra persona me dijo que mis dones y talentos eran una ‘fragancia agradable’ para el Señor”.

La fe la lleva arte sacro

Después de esta experiencia descubrió que no podía dejar de crear arte religioso ni aunque lo intentara. “A medida que crecía en mi fe, no podía evitarlo. El arte simplemente fluía y era todo religioso, sobre todo María. No podía parar de dibujar a la Virgen María”, relata a Our Sunday Visitor.

Aunque tenía éxito en ventas, nunca perdí el deseo de trabajar en un campo creativo. Sentí curiosidad y le pregunté a Dios: ‘Si quisieras que dejara mi trabajo, ¿cuándo querrías que lo hiciera?’. Me sorprendió oírle decir: ‘El próximo jueves’”.

La joven detalla que “después de un fin de semana de fe orando por los demás y presenciando otras señales de que Jesús me apoyaba, renuncié a mi trabajo ese jueves para dedicarme de lleno al arte sacro y ‘ayudar a Jesús a sanar corazones a través de la belleza’. Han pasado cuatro años desde ese llamado y, a pesar de los altibajos del trabajo independiente, he visto a Dios obrar milagros a través de mi arte y de mis propias manos. Recibo un amor abundante de Dios y de las personas que Él ha puesto en mi vida, y cuando siento la tentación de merecerlo, rápidamente me recuerdan que soy un ser humano, no una máquina de hacer cosas. Me siento la chica más afortunada del mundo y estoy muy agradecida de no haber alcanzado mis sueños de Hollywood... todavía”.

Mattie Karr con el padre Anthony Oulette, párroco de la parroquia del Santo Nombre de Jesús, que es la misma de la artista, ante los dos trípticos de 4'5 metros de alto que ha pintado

Lo que la llevó a dejar su trabajo

El cómo dejó su trabajo y se dedicó por entero al arte sacro es consecuencia del momento en que el padre Anthony Oulette, párroco del Santo Nombre de Jesús, descubrió que Karr era artista, le habló de su idea para la parroquia. “Me llevó a la iglesia y me dijo: ‘Tengo una idea; tengo muchísimas ideas para renovar la iglesia’”, recuerda Karr. “Me explicó que en el lado izquierdo estaría Pentecostés, con San Miguel arriba y María en el centro, y en el lado derecho, San José presentando a Jesús en el Templo, con Gabriel arriba. Quería que imitaran las hermosas vidrieras que tenemos”.

Karr aceptó el encargo de los dos trípticos de 4’5 metros de altura en 2020 y, en fue en septiembre de 2022 cuando dejó su trabajo a tiempo completo y comenzó su carrera en el arte sacro, empezando con el encargo del Santo Nombre. El padre Oulette organizó la recaudación de fondos y construyó los paneles para la obra en su garaje. Las escenas que eligió el sacerdote tienen un significado especial para la parroquia, explica Karr.

El tríptico de la Presentación de Jesús en el Templo pintado por Mattie Karr

“El Señor tiene cosas tan singulares que decirnos a todos”, dice. “Mi parroquia, por ejemplo, está muy marcada por el Espíritu Santo. No sé si la llamaría una parroquia carismática propiamente dicha, pero amamos al Espíritu Santo, así que tener una escena de Pentecostés es muy importante para nuestra parroquia. Además, nuestro nombre es Santo Nombre de Jesús, y el otro tríptico representa la escena de Jesús el día de su circuncisión, cuando recibió su santo nombre”.

La representación que hace Karr de la presentación de Jesús muestra a José sosteniendo a Jesús ante un sacerdote, cuando le fue revelado su santo nombre. Al fondo, los antepasados ​​de José se encuentran reunidos, sosteniendo velas. El arcángel Gabriel observa la escena desde lo alto, alzando una linterna sobre el escenario iluminado por las velas.

“Estas pinturas podrían replicarse en otra parroquia, pero no sé si tendrían el mismo efecto”, dice. “El Espíritu Santo tiene algo único para cada comunidad, para cada persona, porque nos conoce muy bien”. Las obras las acabó en 2024.

Tríptico de Pentecostés, obra de Mattie Karr

“En un momento dado, cuando las cosas no iban bien en mi vida personal, estaba pintando al Niño Jesús” del tríptico de su parroquia. “Estaba molesta, pintando su ojo, y de repente el cuadro me miraba. La pureza de su ser como bebé, mirándome y amándome”. Es la primera vez que le pasaba algo así. “Recuerdo que me quedé realmente sorprendida. Era la obra de mis manos, que me correspondía con amor”, dice.

El Niño Jesús es la única figura en los dos trípticos que mira directamente al espectador, y ella comentó que muchas personas han expresado lo impactante que resulta quedar cautivado por la mirada de ese niño.

“Aunque no esté orando conscientemente, estoy orando”, dice. “Incluso cuando estoy en modo artista, soy consciente del Espíritu Santo”.

Cuando trabaja con un cliente para desarrollar una obra por encargo, reza con él y le pide al Espíritu Santo que le inspire una imagen. 

Mattie Karr se dedica al arte sacro como camino para vivir la fe y acercar a Dios a los demás

Irene Alonso, madre de 12 hijos: «Si yo no tuviera a Dios en mi vida, sería imposible que sostuviera la familia; vivo descansando en la gracia y solo hay que dejarse llevar, dar tu sí, pequeñito, y con eso el Señor hace maravillas»


Irene Alonso contando su testimonio de fe y vida familiar

* «El día que estábamos enterrando a mi hija Nazaret fui muy consciente del regalo que suponen los hijos y de la poca ascendencia que tenemos sobre ellos. Los hijos no son más que un préstamo y cuidarlos es un privilegio. La muerte de Nazaret fue el primer paso hacia una fe madura, ya que hasta entonces había vivido de la fe heredada de mis padres. Israel, mi marido, lo tuvo claro desde el principio y decía: ‘Nuestra misión con nuestros hijos es que lleguen al cielo, y con Nazaret ya lo hemos conseguido’»

Vídeo del testimonio de Irene Alonso, madre de 12 hijos, en el programa 'Ecclesia es domingo' de 13 TV

Camino Católico.-  En la familia de Irene Alonso, madre de 12 hijos, la fe es el motor principal. "Si yo no tuviera a Dios en mi vida, sería imposible que sostuviera la familia que sostengo", ha confesado. Para ella, cuando se vive "descansando en la gracia, solo hay que dejarse llevar, dar tu sí, pequeñito, y con eso el Señor hace maravillas". Conocida en redes sociales como 'Soy una madre normal', esta madre de 12 hijos comparte el día a día de su familia con más de 200.000 seguidores para luchar contra los prejuicios. En una entrevista en 'Ecclesia es domingo' de 13 TV, Alonso se alinea con el mensaje del Papa León XIV a los jóvenes: no tener miedo al matrimonio.

Mientras que 8 de cada 10 jóvenes españoles consideran que formar una familia es más difícil que nunca, según el último barómetro de The Family Watch. Irene Alonso ha afirmado que entiende el temor de los jóvenes, ya que "el mundo nos empuja a pensar que la felicidad está en la autorrealización", mientras que "la familia es todo lo contrario, es el dejar de ser yo para que sean los demás". Según ella, este principio responde más al Evangelio que a la corriente actual, y aunque el Evangelio "a veces da miedo", al vivirlo se descubre que "solo así se puede ser feliz".

Irene Alonso y su familia hace unos días

La pérdida que afianzó su fe

Uno de los momentos clave en su vida fue la muerte de su cuarta hija, Nazaret, que falleció recién nacida. "El día que estábamos enterrando a mi hija fui muy consciente del regalo que suponen los hijos y de la poca ascendencia que tenemos sobre ellos", ha explicado. Para Alonso, los hijos "no son más que un préstamo" y cuidarlos es un "privilegio".

La muerte de Nazaret supuso un "punto de inflexión" en su vida y fue el "primer paso hacia una fe madura, ya que hasta entonces había vivido de la fe heredada de mis padres”. Su marido, Israel, lo tuvo claro desde el principio: "Nuestra misión con nuestros hijos es que lleguen al cielo, y con Nazaret ya lo hemos conseguido". Irene Alonso siente que su hija, que tenía síndrome de Down, es una "intercesora maravillosa" y asegura que "un hijo en el cielo es como garantía de que nos ganamos el cielo".

El matrimonio, cimiento del hogar

Irene Alonso insiste en que cuidar la relación de pareja es fundamental, ya que "el matrimonio es el cimiento del hogar". Ha advertido del peligro de que los hijos pasen a ser el centro, pues cuando estos se van, los cónyuges pueden encontrarse con "un desconocido después de 20 años de matrimonio", algo que le parece "durísimo".

Irene Alonso con su esposo Israel

Para ella, la conclusión es clara: "Cuidar del matrimonio es cuidar de los hijos". Sostiene que "todo el tiempo que inviertas en mejorar tu matrimonio, lo estás invirtiendo en mejorar la vida de tus hijos", porque ellos repetirán los patrones que ven en casa. Si ven un matrimonio sólido, buscarán lo mismo para sus futuras familias.

Recientemente, Alonso ha hecho un descubrimiento que ha cambiado su forma de ver su vida: "He descubierto que mi vocación no es al matrimonio y a la maternidad, que mi vocación es a ser la esposa de mi marido, específicamente, y a ser la madre de mis hijos". Considera que su historia está "muy bien diseñada" y que en su marido está el "complemento perfecto" para ella.

Tito Unda: «Tenía formación cristiana, pero me he encontrado con Cristo a los 36 años en un retiro carismático; la Gracia tocó mi corazón y me sentí amado por Dios de un modo que nunca había experimentado»

Tito Unda nunca se alejó de Dios ni de la Iglesia, se formó sobre el catolicismo, pero su encuentro con Jesucristo se ha producido a los 36 años

* «La clave no estaba en recibir más contenido, más doctrina, más argumentos. Me había pasado la vida buscando a Dios, pero poniendo el acento en mí, en mi comprensión, pero Cristo no entra por la cabeza, la cabeza puede ayudar a anclar ciertas cosas. Pero la cabeza sola…, Cristo no es un argumento, es una persona viva… Vivía más en la norma de los diez mandamientos que en la alegría de la resurrección y ahora vivo más en los Hechos de los Apóstoles, los primeros siglos del cristianismo, las cartas de los apóstoles y los padres de la Iglesia»

Camino Católico.-  Tito Unda estudió en un colegio del Opus Dei en Madrid. Asistió a medios de formación (círculos), retiros y convivencias en un centro de la Obra durante su adolescencia.

Por parte materna, una parte de su familia era muy cercana al Camino Neocatecumenal y en ocasiones había participado en Misas y actividades de este iter eclesial. Y, por si esto fuera poco, también tenía una parroquia con bastante vida -San Ignacio, en Torrelodones- y una excelente relación con el párroco.

Aquí no acaba el itinerario de conocimiento directo de instituciones eclesiales. Tito también conoció Comunión y Liberación cuando sus padres se acercaron al movimiento, en su casa acogieron a un joven de la Comunidad del Cenáculo, hizo un retiro de Effetá y peregrinó a Tierra Santa con Hakuna en los inicios de la asociación.

Un año especial 

Sin embargo, su auténtico encuentro con Dios no llegó en ninguno de esos contextos. Llegó a los 36 años, hace tan solo unos meses, después de un periodo en el que se sucedieron varias desgracias en su entorno más cercano: perdió a dos hijos a los pocos meses de embarazo; una amiga colombiana, casada y con una niña, murió de cáncer tras años de lucha; otros amigos perdieron a un hijo de 2 años de forma repentina; un sobrino, también pequeño, pasó semanas en una UCI; también una prima y después una buena amiga. 

Lo llamativo no es solo la acumulación de malas situaciones una detrás de otra, sin coincidir pero sin apenas descanso. No hubo enfado con Dios. No hubo crisis de fe. Tampoco fue un golpe dramático que lo dejara en el suelo y desde el que clamara hacia el cielo desesperado. 

Fue algo más sutil y profundo: “Yo no pensaba que estuviera hecho polvo, pero claramente la sucesión de todas esas cosas y el ejemplo de cómo las vivían los protagonistas me estaban ablandando muchísimo. Fueron doce meses que me hicieron ser más consciente de mi vulnerabilidad, de que hay cosas que tienes que poner en manos de Dios, dice a Omnes.

La chica colombiana ocupa un lugar especial en su relato. La mujer de Tito se hizo amiga suya durante su enfermedad, empezaron a ir juntas a un grupo de adoración de Hakuna, y algo en ese proceso fue tirando de la cuerda también en él. “Tengo claro que ese fue el momento que catalizó mi ‘conversión’. Era una persona que tenía su fe, pero lo que te removía de ella era cómo sobrelleva la enfermedad con alegría, con aceptación. Lo más parecido a un ángel en la tierra que he conocido. Si me voy al cielo, la primera persona de la que tengo la certeza absoluta de que está ahí es ella”.

De la cabeza al corazón

Desde el punto de vista laboral, Tito es emprendedor y ha trabajado en varias startups tecnológicas, pero también tiene un marcado perfil intelectual. Es de esos adolescentes que habían leído a Dostoievski antes de los 18 años y, quizá por eso, tiene esa tendencia a procesar todo por la cabeza dándole muchas vueltas.

La paradoja es que un hombre que había pasado su vida en entornos de formación cristiana, que había leído, estudiado, ido a Misa, que sabía perfectamente quién era Jesucristo en términos doctrinales, y que sin embargo no era algo vivo y real en su día a día.

Lo que hizo que su fe se encendiera como nunca hasta entonces fue realizar, junto a su mujer, un Seminario de Vida en el Espíritu de la Renovación Carismática Católica en octubre de 2025.

“La clave no estaba en recibir más contenido, más doctrina, más argumentos. La clave fue que la Gracia decidió tocar mi corazón de una forma nueva, de forma que me sentí amado por Dios de un modo que nunca había experimentado”, relata Tito.

“Me había pasado la vida buscando a Dios, pero poniendo el acento en mí, en mi comprensión, pero Cristo no entra por la cabeza, la cabeza puede ayudar a anclar ciertas cosas. Pero la cabeza sola…, Cristo no es un argumento, es una persona viva”, asegura.

Para él, uno de los descubrimientos más importantes fue descubrir la oración de alabanza: “una oración a la que tú no vas ni a pedir por una intención, ni a dar gracias, ni a pedir perdón. Y cuando haces eso, dejas de orar desde el yo, nada gira en torno a ti. Lo importante es Él. Apagas tus capacidades, te abres y le dejas actuar”.

Aprendió a abandonarse

Tito es el primero en reconocer que su formación anterior no fue un obstáculo. Fue, de hecho, una base necesaria. Lo que le faltaba no era saber más, sino ceder el control de su vida. Y eso, para alguien con un perfil muy racional, muy competente, acostumbrado a medir resultados en entornos empresariales, no es fácil.

Cuando empezó a preguntarse qué quería Dios de él —qué significaba todo este proceso, qué cambios implicaba— buscó dirección espiritual. Dio con un sacerdote del Opus Dei y tuvo una conversación que, según cuenta, lo dejó hecho polvo. “Salí de ahí desconcertado. Vine a buscar respuestas y me fui del revés. Me dijo que la voluntad de Dios no era que hagas cosas. Que la voluntad de Dios es conquistar mi corazón. Y yo estaba buscando un business plan con hitos concretos, algo medible que guiara mis pasos con seguridad”.

Esa tensión entre responsabilidad personal para asumir sus obligaciones y abandono en los brazos de Dios es uno de los hilos conductores de su proceso. De la Obra aprendió la cultura del esfuerzo y la responsabilidad y del Camino el amor gratuito de Dios. Sin embargo, la renovación carismática le ayudó a “conseguir integrar la responsabilidad y el abandono. Es muy fácil abandonarse en Dios cuando solo el milagro es posible, cuando una enfermedad no deja otra opción. Lo difícil es abandonar en Dios cosas que crees que dependen de ti”.

Más allá de los debates habitualmente estériles sobre si unos carismas son mejores que otros, quizá lo más razonable es reconocer la absoluta soberanía de la Gracia de Dios, que opera siempre al margen de las clasificaciones, tocando las fibras más íntimas del corazón de cada persona en el momento preciso y de la manera en que decide hacerlo. 

¿Cómo vive ahora?

Tito confiesa que vivió muchos años anclado más en el Antiguo Testamento que en el Nuevo. “Vivía más en la norma de los diez mandamientos que en la alegría de la resurrección”, y ahora confiesa que “vivo más en los Hechos de los Apóstoles, los primeros siglos del cristianismo, las cartas de los apóstoles y los padres de la Iglesia”. 

Añade que no está mucho más loco que otros cristianos. “Todos afirmamos creer en la resurrección de Cristo, pero yo hasta hace poco no me daba cuenta de lo que implicaba eso en mi vida”.

Y no deja de ser llamativo que Dios no haya eclipsado la racionalidad que preside habitualmente la vida de Tito, más bien la ha potenciado: desde entonces lee la Escritura y el Catecismo con más atención; ha leído a santa Teresa y San Ignacio de Loyola, el Kempis y otros clásicos de espiritualidad. 

Hoy Tito va a alabanzas los martes con su mujer. Tiene tres hijos y espera el cuarto. Acaba de aceptar una nueva oferta de trabajo. Y cuando habla de Jesucristo en conversación corriente, ya no le suena raro.

Treinta y seis años no son un retraso. Son, a veces, el tiempo permitido por la Providencia para derramar su Gracia.

Libro gratuito en que cuenta su testimonio

Tito Unda cuenta su testimonio en el libro gratuito “Embotado: La inesperada conversión de un cristiano al cristianismo”.  Escrito durante el propio proceso, no es solo el relato de hechos que únicamente encuentran explicación a la luz de la fe, sino un intento de buscar respuestas sobre el sentido del dolor, el discernimiento de la voluntad de Dios y cómo vivir con responsabilidad y abandono.

Portada del libro de Tito Unda en el que relata su testimonio

El resultado es el testimonio de un católico que descubre, quizá por primera vez, y a pesar de haberlo tenido cerca durante años, a Jesucristo. Una muestra de que la llamada a volver a nacer también es para quienes creían haber nacido ya en Él.

Christophe Flippo ha sido 21 años masón y ha vuelto al catolicismo al pedírselo su esposa Claire : «En la fe cristiana, eres salvado por la redención de Jesucristo. En la masonería y la alquimia, intentas salvarte a ti mismo»

Christophe Flippo junto a su esposa Claire que cuando pasaban por un a crisis le pidió que dejará la masonería y volviera al catolicismo

* «Ese día que lo dejé recibí un signo: leí un texto de san Atanasio de Alejandría en una revista que decía: Tu hermano es Dios`’. Fue un mensaje para dejar de buscar ‘hermanos’ en mi anterior comunidad; ahora mi hermano es Cristo. Lo que cambió mi vida fue volver a ser cristiano. Dejas de juzgar. Antes, si veía a alguien pidiendo en la calle, juzgaba que era su culpa por beber o no trabajar; ahora simplemente le ayudo porque necesita ayuda. Ser cristiano te da esperanza y alegría»

Camino Católico.-  “Practiqué la masonería durante 21 años. Pasé por todos los niveles y capas. Me siento legitimado para hablar de ello porque tengo una gran experiencia. Trabajé en París en los rituales de la masonería y fui varias veces lo que llamamos “Venerable”, que es el maestro de una logia. Sobre por qué entré: como la mayoría de la gente, buscaba un sentido a la vida. Mucha gente que entra viene de una cultura cristiana, pero no es practicante. Puede que Dios esté muy lejos de ellos, y ese era mi caso”, dice Christophe Flippo a Omnes, quien asegura que “en apenas unos segundos y por petición de mi mujer, dejé la logia y volví de nuevo al catolicismo”. Además, precisa que “en la fe cristiana, eres salvado por la redención de Jesucristo. En la masonería y la alquimia, intentas salvarte a ti mismo para volver a ser el ‘Adán perfecto’ previo a la caída. Es una vía para perderse totalmente”.

Hoy, a punto de jubilarse con 66 años, cuenta su testimonio para desmitificar algunos conceptos sobre esta organización y explicar las razones por las que es imposible conjugar la fe católica con la masonería. 

Christophe Flippo explica que “en el pasado, mi mujer y yo teníamos fe y educamos a nuestros hijos en la fe cristiana, pero progresivamente nos fuimos alejando de ella debido a la propia masonería. Personalmente, siempre he tenido en mente la pregunta de Leibniz: “¿Por qué hay algo en lugar de nada?”. Es decir, ¿por qué tenemos un mundo, personas en él y conciencia de quiénes somos en medio de un universo lleno de violencia y explosiones nucleares? Me parecía increíble y buscaba respuestas en libros esotéricos antes de ser masón. Al final, entré porque alguien de mi entorno me lo propuso”.

Dos tipos de masonería: atea y deísta

“No se puede entender la francmasonería como una sola organización; hay dos tipos. Una es atea o laica y la otra es deísta, que cree en un dios genérico o un “arquitecto” que creó el mundo, pero nada más”, dice Christophe.

Y precisa que “la parte atea es muy importante en Francia. Su objetivo es construir un mundo nuevo y mejor, lo cual trae consigo el modernismo y cuestiones sociales como el aborto. Toda la “evolución” de la sociedad está liderada principalmente por esta parte atea. Hubo una época, en la Tercera República francesa de 1870, en la que el 80 % de los diputados eran masones, por lo que su influencia fue enorme hasta la Segunda Guerra Mundial”.

Christophe Flippo ha vuelto a Cristo después de 21 años en la masonería 

En ese sentido señala que “los masones ateos hacen mucha política porque quieren promover su visión de la sociedad. Por eso, cuando ves a alguien hablando de masonería en la televisión o periódicos, casi siempre es de este lado. Toda la red de negocios y política está en ese lado, porque para ser político necesitas dinero y contactos”.

“La otra parte, la deísta, se basa en la tradición del Reino Unido y su constitución se estableció en el siglo XVIII, hacia 1715. Fue creada por dos pastores protestantes con la idea de buscar la paz, en una época de guerras entre católicos y protestantes. Querían sentar a la gente a la mesa para discutir sobre filosofía con tolerancia, sin la Iglesia de por medio. Cuando el Imperio Británico se expandió, reclutaron a personas locales en India o China para apoyarlos y manipularlos. Para que esto funcionara entre diferentes religiones, eliminaron cualquier mención a la fe cristiana. Así, un musulmán, budista o hinduista puede ser masón porque el único punto común es el ‘Gran Arquitecto del Universo’”, reflexiona Christophe.

Rituales que te alejan del Dios único y te llevan al paganismo

La praxis de la masonería genera estas consecuencias: “El problema es que construyen rituales y una historia basada en una mezcla de muchas culturas: alquimia, ritos griegos, egipcios, templarios y también la Biblia. En el rito de emulación, que es el más conocido, el nombre del ‘Gran Arquitecto’ cambia en cada nivel. Empieza como arquitecto, luego geómetra, y en un nivel llega a llamarse “divinidades”, en plural, lo cual ya es un problema para una fe monoteísta. Al final, el nombre es una concatenación de tres dioses: Jehová, Baal (el dios sirio) y On o Ra (el dios egipcio del sol). Te alejas del Dios único y terminas en un punto plenamente pagano”.

Por eso advierte que “la masonería deísta es totalmente incompatible con la fe cristiana, porque relativiza. Todo es igual: desde el mito de Isis y Osiris hasta la resurrección de Cristo. En resumen, a los masones les cito la primera frase de Cristo en el Evangelio de Juan: ‘¿Qué buscáis?’”.

“Ahora mi hermano es Cristo”

Después de 21 años en la masonería llegó el momento de volver a Jesucristo y según Christophe sucedió así: “Me fui en unos pocos segundos, aunque amaba la masonería. Me fui porque mi mujer me lo pidió. Estábamos redescubriendo la fe cristiana en una peregrinación en Francia y atravesábamos una crisis. Mi esposa dijo que la crisis se debía a que yo era masón, y como esposo, mi prioridad es ella”.

Christophe Flippo con su esposa Claire que le pidió que dejará la masonería y volviera al catolicismo

Pero al dar ese paso, “ese día que lo dejé recibí un signo: leí un texto de san Atanasio de Alejandría en una revista que decía: Tu hermano es Dios`’. Fue un mensaje para dejar de buscar ‘hermanos’ en mi anterior comunidad; ahora mi hermano es Cristo”.

Y el fruto de volver al catolicismo es perceptible en su manera de actuar:”Lo que cambió mi vida fue volver a ser cristiano. Dejas de juzgar. Antes, si veía a alguien pidiendo en la calle, juzgaba que era su culpa por beber o no trabajar; ahora simplemente le ayudo porque necesita ayuda. Ser cristiano te da esperanza y alegría”.

Dificultades para vivir el matrimonio si uno de los dos es masón

La espiritualidad que cada persona se construye para sí en la masonería provoca serias dificultades para la vida matrimonial: “Es un problema para las parejas porque construyes tu espiritualidad solo. Tu esposa no puede entender los rituales, que son extraños y progresivos. Se crea una brecha. Una mujer me contó una vez que su marido, que era masón, le pidió el divorcio durante una cena simplemente diciendo: ‘No tenemos nada más que compartir’. Él estaba construyendo algo por su cuenta y ella estaba sola.

Para Christophe Flippo “la masonería no es una secta. Es difícil entrar, pero es fácil irse. No se bebe sangre, ni se escupe sobre Cristo. Pero sí es un extravío filosófico. Una búsqueda progresiva que aleja de Cristo en favor de las tradiciones paganas. Sin embargo, la ‘fraternidad’ es falsa. El día que te vas, desapareces para ellos. Yo estaba llorando en mi última reunión porque estaba triste por dejar a mis hermanos, pero al día siguiente nadie me llamó. La relación es con el grupo, no entre individuos”, concluye.