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miércoles, 26 de agosto de 2026

Nuria del Canal: «Me eduqué en un colegio del Opus Dei, me alejé de la fe, tenía atracción hacia el mundo demoníaco, hice muchas prácticas esotéricas, pero un día escuché la voz de Dios, me arrepentí y confesé»

Nuria del Canal escuchó la voz del Señor y su vida quedó transformada

* «Volví a escuchar la voz, por tercera vez, y, me dijo: 'lo que más me ofende es que es que te arrodillas delante de otros santos y no lo haces delante de mí, te quiero en mi templo'. Entonces sentí la gracia del arrepentimiento, cosa que yo no había tenido nunca, y una necesidad grandísima de confesarme. Asistí a misa inmediatamente, aquella misa fue como si fuera el día de mi boda, no he visto misa más bonita. Después de unos 30 años comulgué y ahí empezó mi vida de fe. Como estaba tan perdida, me confié a la Virgen, le pedí al sacerdote que me explicara cómo rezar el Rosario y me consagré»

 Vídeo de El Rosario de las 11 PM en el que Nuria del Canal cuenta su testimonio

Camino Católico.- Nuria del Canal tiene 51 años, es de Barcelona y ha contado su testimonio en El Rosario de las 11 PM. Educada en un colegio del Opus Dei, pasó por la brujería y la santería hasta regresar de nuevo a la Iglesia Católica. Tres voces cambiaron todos sus esquemas. Esta es una síntesis de su testimonio en primera persona de lo que cuenta en el vídeo:

Ouija, tarot, reiki, péndulo…

Ahora estoy donde estoy, pero todo fue un largo caminar, de muchas caídas y muchos golpes. Fui educada en una familia católica, pero de nombre, no éramos practicantes para nada. Soy la hija pequeña de tres hermanas y desde los inicios ya éramos una familia bastante desestructurada, bastante caótica, con muchos problemas, ha sido una infancia muy difícil.

Yo me eduqué en un colegio del Opus Dei, y puedo decir que he recibido una buena formación en cuanto a la fe, a la doctrina y al  conocimiento de Dios. Pero, cuando era adolescente me distancié de la fe católica y me enfadé. Cuando salí del colegio fue una explosión de libertad, de repente el mundo se abría ante mí y era un mundo a explorar. Esto me llevó a todo tipo de errores, de prácticas, en definitiva, de bastantes equivocaciones.

Cuando era muy jovencita, tenía unos 15 años más o menos, estaba de moda practicar la ouija y estuve un verano entero practicándola con una amiga. El mundo prenatural, el mundo demoníaco siempre me había llamado la atención (...). Siempre había tenido una atracción especial y muy intensa hacia el mundo demoníaco, a la parte digamos oscura del ser humano, a la parte oscura de las fuerzas del universo. Me interesaba mucho todo lo que era oscuro, todo lo que era satánico.

Esto me llevo a practicar ouija, tarot, reiki, péndulo... no os lo recomiendo en absoluto. De jovencita todo me valía, todo lo que no entendía lo daba por válido, me pasaban realmente cosas fuera de lo normal, nada positivas y difíciles de explicar. Para algunas personas, incluso, un poquito terroríficas (...). Practiqué mucha ouija y muchas prácticas esotéricas de diferente calibre, empecé también a jugar con la magia de manera autodidacta de mayor.

Yo era de profesión diseñadora de moda y tenía una vida como la mayoría de las personas, me divertía, salía, entraba, hacía una vida en la que parecía que todo estaba bien. No hacía daño a nadie. Soy madre de un niño, que ahora tiene 14 años, madre soltera, en mi vida era todo como 'no pasa nada, todo está bien'. No creía en la Iglesia, obviamente los mandamientos era como 'qué me estás contando', todo era un poquito a mi gusto, si estudiaba alguna cosa sobre alguna religión pues lo adaptaba.

Era una búsqueda constante de Dios, pero siempre haciendo como un giro, sin entrar en la Iglesia, porque la Iglesia para mí era algo que no lo quería en mi vida, que siempre esquivaba.  Y fue por una cosa muy absurda, descubrí que existió la inquisición y me pareció tan extraño y tan malvado, que la decepción fue tan grande. No me pasó nada personal pero sufrí una decepción.

Se fue acercando el año 2020, ya llevaba unos años buscando a mi manera a Dios y cuatro años practicando la Umbanda, era una religión que se adaptaba bastante a mis necesidades. Me gustaba porque no había normas, no tenías que dar muchas explicaciones ni tampoco ser muy meritorio en nada, era una religión muy cómoda y además estaba enfocada para hacer el bien".  

Hubo un día en el que estaba trabajando, haciendo una colección de moda y tenía que investigar la temática que había elegido. En aquel momento, a mí me había inspirado el universo y tuve que mirar estrellas, astros, planetas... Tuve que analizar documentación científica sobre medidas del universo, aquello fue un choque para mí. Salí del trabajo y empecé a sentir una tristeza muy profunda, unas ganas de negar la existencia de Dios. Mi mente no podía entender que existiera Dios, si yo acababa de ver esas medidas.


Nuria del Canal

Dios le habla de su amor por ella

Siempre he creído en la primera persona de la Santísima Trinidad, pero nunca había tenido ese momento de rebeldía de negar a Dios. Estaba conduciendo y empecé a tener un diálogo con ese Dios que no existía (...). Con toda la de millones de personas que hay, los problemas y guerras, cómo va Dios a fijarse en mi persona y a saber que estoy aquí. A partir de ahora creo que voy entiendo que Dios es imposible que exista. Fue la primera vez en mi vida que decía algo así, lo cual me daba impacto, era serio escucharme a mí misma decir aquello. 

Cuando yo lo estaba negando, sentí una voz dentro de mí muy profunda, que decía: ¿tú amas a tu hijo?'. Y yo, 'hombre claro, yo amo a mi hijo más que al universo entero'. Y, de repente, me quedé tan impactada que me puse a llorar de la impresión, esta voz me respondió, que si yo era capaz de amar a mi hijo de esa manera, cómo podía pensar que Él, que era Dios, no me amaba a mí por encima de todo ese amor. Estaba conduciendo y me tuve que salir al arcén.  

Yo seguí con mi vida, hacía hechicería, adoraba a los espíritus, bailes, les entregábamos comida. Era como una alabanza constante a estas entidades. Se me llegó a decir que mi ángel custodio, dentro de esta religión, era Dios Padre. Era bastante bonito para mí, porque mi relación siempre había sido muy directa con Dios Padre (...). Hasta que mi vida profesional cambió y me quedé sin trabajo.

Llegó el día de la Virgen de Guadalupe del año 2020, llevaba unos meses en el paro, tenía unos problemas familiares muy serios. Me disponía a llevar a mi hijo al colegio, fui a la habitación y recuerdo bendecir a Dios por este hijo que me había dado. Pero, literal, decir: 'Bendito sea Dios por este hijo que me has dado'. Salí de la habitación y, en la entrada de la cocina, de una manera muy clara, volví a escuchar esta voz que me preguntaba si le daría a mi hijo.

Me quedé sorprendida y le contesté de corazón, mi respuesta automática fue: 'hombre, tú nos diste a tu hijo en la cruz y no va a ser más mi hijo que el tuyo, no me gustaría, pero hágase tu voluntad y no la mía'. Quedé como traspuesta, pensé en si me estaba pidiendo a mi hijo, en el sentido de que se fuera a morir. Me olvidé del tema, fui al colegio y, cuando llegué a mi casa, mi móvil se empezó a mover solo, como si cogen y empiezan a manejarlo, me quedé estupefacta dejando que funcionara.

Y se puso en mi móvil la película El cielo es real', una película de un niño americano que falleció cuando era pequeño, y tuvo una experiencia cercana a la muerte, en donde vio a Jesús. Dije, vale, pues voy a verla, no tengo nada que hacer. De repente, todo quedó como a cámara lenta y sucedieron muchas cosas. Tuve como una visión completa de toda mi vida, sentía que delante de mí estaba Dios, que estaba siendo juzgada. Lo que para mí era una vida estupenda, bajo esta mirada mi vida era un auténtico desastre. Sabía que esta presencia lo sabía todo, yo no podía ocultar nada. Volví a escuchar la voz, por tercera vez, y, me dijo: 'lo que más me ofende es que es que te arrodillas delante de otros santos y no lo haces delante de mí, te quiero en mi templo'.

Entonces sentí la gracia del arrepentimiento, cosa que yo no había tenido nunca, y una necesidad grandísima de confesarme. Asistí a misa inmediatamente, aquella misa fue como si fuera el día de mi boda, no he visto misa más bonita. Después de unos 30 años comulgué y ahí empezó mi vida de fe. Como estaba tan perdida, me confié a la Virgen, le pedí al sacerdote que me explicara cómo rezar el Rosario y me consagré.

Nuria del Canal

Papa León XIV en la Audiencia General, 26-8-2026: «A través de las acciones rituales de la Iglesia, mientras se realiza el memorial de la obra de la salvación, se da la posibilidad de vivir la verdadera relación con Dios»

* «La Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Hoy celebramos la memoria de santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, religiosa española, patrona de la ancianidad. Por su intercesión, pidamos al Señor que bendiga a todos los ancianos, así como a las personas que los cuidan y acompañan. Finalmente, mis pensamientos se dirigen a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Mañana y pasado mañana, la liturgia conmemora a dos grandes santos, Santa Mónica y San Agustín, unidos en la tierra por lazos familiares y en el cielo por el mismo destino de gloria. Que su ejemplo inspire en cada uno de nosotros una búsqueda sincera y apasionada de la Verdad del Evangelio, para dar testimonio de ella con alegría en nuestra vida diaria»

 


26 de agosto de 2026.- (Camino Católico).-  A través de las acciones rituales de la Iglesia, mientras se realiza el memorial de la obra de la salvación, se da la posibilidad de vivir la verdadera relación con Dios, entrando en contacto con el evento salvífico. Puesto que los gestos, las palabras de la sagrada liturgia son decisivos para realizar esta experiencia, la participación de los fieles no puede ser pasiva”, ha afirmado el Papa León XIV en la audiencia general de este miércoles 26 de agosto, celebrada en la Basílica de San Pedro, ante miles de fieles, en su última catequesis dedicada a la Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II. En su reflexión, León XIV ha recordado una carta de 1962 del entonces arzobispo de Milán, el cardenal Giovanni Battista Montini, futuro San Pablo VI, quien definía la liturgia como expresión sincera tanto de lo divino como de lo humano y como voz de coloquio con Dios.


La reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II se sitúa, por lo tanto, en la línea de la tradición viva de la Iglesia, explicó León XIV. Advierte, sin embargo, que algunos principios de la reforma fueron absolutizados o interpretados de manera errónea en el período posconciliar.

Su correcta comprensión – puntualiza - permite también rechazar los abusos que se han verificado en algunos sectores de la Iglesia en la etapa postconciliar, y que lamentablemente a veces todavía hoy se verifican, absolutizando o comprendiendo mal algunos de los principios que estaban en la base de la misma reforma.



Al concluir la catequesis, el Papa destaca la responsabilidad de los obispos y de cada sacerdote de velar por la liturgia y promoverla respetando las normas, para que las celebraciones manifiesten a la Iglesia una, santa, católica y apostólica: «Es, por lo tanto, responsabilidad primordial de los pastores, de los obispos, pero también de cada sacerdote de manera individual, custodiar y promover una liturgia que, en el respeto de las normas litúrgicas, resplandezca por su noble sencillez y manifieste así a la Iglesia una, santa, católica y apostólica». En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:


LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Basílica de San Pedro

Miércoles, 26 de agosto de 2026


Ciclo de catequesis – Los documentos del Concilio Vaticano II III. Constitución Sacrosanctum Concilium 8. Las motivaciones de la reforma litúrgica


Queridos hermanos y hermanas:

En esta última catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium, deseo reflexionar hoy sobre las razones por las cuales los Padres conciliares quisieron promover una reforma de la liturgia. Es iluminadora, en este sentido, la tercera carta desde el Concilio que el cardenal Giovanni Battista Montini, entonces arzobispo de Milán, envió el 28 de octubre de 1962 a los fieles de su propia diócesis. La liturgia —escribía— «es expresión sincera tanto de lo divino como de lo humano. Es lenguaje. Es vehículo de enseñanza divina, por un lado, es voz de coloquio con Dios. Está claro que ella no puede renunciar a su función didáctica, y no puede no ofrecer a la fe y a la piedad la posibilidad de expresarse con espontánea inteligibilidad». [1] Motivado por estas convicciones, el futuro papa san Pablo VI afirmaba que los fieles «no pueden ni deben permanecer mudos y pasivos. Su presencia material no puede conciliarse con su ausencia espiritual». [2]

Es evidente la consonancia de estas declaraciones con aquellas que aparecerán en el n. 48 de la Constitución conciliar: «la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí». Se percibe en estas palabras una renovada conciencia del valor de la liturgia. A través de las acciones rituales de la Iglesia, mientras se realiza el memorial de la obra de la salvación, se da la posibilidad de vivir la verdadera relación con Dios, entrando en contacto con el evento salvífico. Puesto que los gestos, las palabras de la sagrada liturgia son decisivos para realizar esta experiencia, la participación de los fieles no puede ser pasiva.

La reforma conciliar, al poner en el centro lo que constituye el corazón de la experiencia eclesial, quiso hacer resplandecer la liturgia como «la primera fuente de la vida divina que se nos comunica» [3]. De tal convicción nació la exigencia de hacer más accesible a todos los fieles la riqueza de los textos bíblicos y de las oraciones, y de hacer más lineal el ordenamiento celebrativo respecto al previsto en los libros litúrgicos entonces vigentes.

La liturgia, en efecto, al ser una realidad viva, siempre ha estado sujeta a lo largo de los siglos a desarrollos y cambios. El magisterio ha adaptado sus formas a las exigencias de las diversas épocas. No sorprende entonces que también el Concilio Vaticano II, con el máximo respeto por el patrimonio de la tradición, y precisamente con el fin de hacerlo más accesible, haya considerado necesaria una revisión de los libros litúrgicos.

El objetivo que los padres tenían en el corazón se explicita en el n.21 de la Constitución Sacrosanctum Concilium: «Para que en la sagrada Liturgia el pueblo cristiano obtenga con mayor seguridad gracias abundantes, la santa madre Iglesia desea realizar una esmerada reforma general de la misma Liturgia. Porque la Liturgia consta de una parte que es inmutable por ser la institución divina, y de otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden o incluso deben variar, si en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados. En esta reforma, los textos y los ritos se han de ordenar de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y comunitaria». Se remonta a la Encíclica Mediator Dei del papa Pío XII la distinción, en la liturgia, entre elementos divinos, inmutables, y elementos humanos, que en cambio «pueden sufrir diversas modificaciones, aprobadas por la sagrada Jerarquía asistida por el Espíritu Santo, de acuerdo con las necesidades de los tiempos, de las cosas y de las almas» (Acta Apostolicae Sedis 39, 1947, 541-542).

Por lo demás, el deseo de una “reforma general” no nacía de improviso, sino que se había manifestado en la acción de los papas que se sucedieron desde el inicio del siglo XX, en sintonía con las demandas del Movimiento litúrgico. La afirmación de la necesidad de que los fieles no asistieran a las celebraciones «como extraños o mudos espectadores» ya había sido retomada por la Constitución apostólica Divini Cultus de papa Pío XI. Además, se pueden recordar las intervenciones de Pío XII sobre el ordenamiento de los ritos de la Semana Santa, los cuales reubicó en las horas correspondientes a los acontecimientos pascuales, después de que durante siglos se hubieran anticipado a las horas de la mañana. Tampoco se debe olvidar que san Juan XXIII consideró necesaria una simplificación de las rúbricas del Breviario y del Misal, aprobándola con el Motu proprio Rubricarum instructum, del 25 julio de 1960, en el cual remitía al anunciado Concilio Ecuménico la propuesta de los principios fundamentales para una reforma de la liturgia.

La reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II se sitúa, por lo tanto, en la línea de la tradición viva de la Iglesia. Su correcta comprensión permite también rechazar los abusos che se han verificado en algunos sectores de la Iglesia en la etapa postconciliar, y que lamentablemente a veces todavía hoy se verifican, absolutizando o comprendiendo mal algunos de los principios que estaban en la base de la misma reforma.

A este respecto, vale la pena recordar cómo la Constitución conciliar afirma que «Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es "sacramento de unidad", es decir, pueblo santo congregado y ordenado bajo la dirección de los Obispos.
Por eso pertenecen a todo el cuerpo de la Iglesia, influyen en él y lo manifiestan» (Sacrosanctum Concilium n. 26).

Es, por lo tanto, responsabilidad primordial de los pastores, de los obispos, pero también de cada sacerdote de manera individual, custodiar y promover una liturgia que, en el respeto de las normas litúrgicas, resplandezca por su noble sencillez (cfr. n. 34) y manifieste así a la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Una liturgia de este tipo será también un vehículo fundamental de evangelización, el instrumento de gracia a través del cual, como enseña el Concilio, podremos aprender a ofrecernos a nosotros mismos y, por la mediación de Cristo, seremos perfeccionados en la unidad con Dios y entre nosotros (cfr. n. 48).

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

En esta última catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium, reflexionamos acerca de las razones que motivaron a los Padres conciliares para promover una reforma litúrgica. En primer lugar, ellos constataron la necesidad de una participación más consciente y activa de los fieles en la liturgia. Por eso, un ejemplo concreto fue proponer la revisión de los libros litúrgicos entonces vigentes, para adaptarlos mejor al presente, teniendo en cuenta con el máximo respeto las tradiciones del pasado.

Este deseo de una reforma general no surgió de manera repentina en el Concilio Vaticano II, sino que ya venía manifestándose en la acción de los Papas de inicios del siglo XX, en sintonía con el Movimiento Litúrgico. De dicha reforma se derivaron condiciones favorables para una mejor comprensión de la acción litúrgica y para una celebración más fructuosa de la Eucaristía y de los otros sacramentos.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Hoy celebramos la memoria de santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, religiosa española, patrona de la ancianidad. Por su intercesión, pidamos al Señor que bendiga a todos los ancianos, así como a las personas que los cuidan y acompañan. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Finalmente, mis pensamientos se dirigen a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Mañana y pasado mañana, la liturgia conmemora a dos grandes santos, Santa Mónica y San Agustín, unidos en la tierra por lazos familiares y en el cielo por el mismo destino de gloria. Que su ejemplo inspire en cada uno de nosotros una búsqueda sincera y apasionada de la Verdad del Evangelio, para dar testimonio de ella con alegría en nuestra vida diaria.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV

_________________

[1] G. B. Montini, «Terza lettera dal Concilio», Rivista Diocesana Milanese 51 (1962) 921-923: 922.

[2] Ibid.

[3] Solemne Clausura de la II Sesión del Concilio, Alocución del Santo Padre Pablo VI (4 de diciembre de 1963).


Fotos: Vatican Media, 26-8-2026

Sonia Llauró de Ibarra tiene 12 hijos, 6 son sacerdotes y 2 monjas: «Los ejercicios espirituales de San Ignacio me cambiaron la vida, me llenaron de Dios, para después llenar a los chicos de Dios»

Sonia y su esposo, Diego Ibarra, en Argentina durante la boda de su última hija soltera. Sus hijos viajaron desde distintos lugares del mundo donde actualmente sirven y viven, entre ellos Roma, Filipinas, Estados Unidos, Bolivia y Polonia. La única ausente fue una de sus hijas, religiosa contemplativa que se encuentra en Génova, Italia / Foto - cortesía de la familia Ibarra

* «Si uno no se llena de Dios, no puede dar nada. Yo no voy a poder explicarles lo que nosotros hemos recibido por haber confiado en el llamado que Dios hizo a nuestros hijos y en lo que Dios quería darles a ellos… Si Dios los llama para consagrarse a Él como sacerdotes o religiosas, es para que sean felices y lleguen a ser grandes santos; no los llama para hacerlos infelices»

Camino Católico.- Sonia Llauró de Ibarra tuvo 12 hijos en 20 años. Seis de ellos son sacerdotes, dos hijas religiosas, tres casados ​​y una niña que falleció cuando era pequeña. Desde la sencillez de un hogar argentino y sostenida por una profunda confianza en Dios, la vida de Sonia Llauró Ibarra se convirtió en un testimonio extraordinario de fe y entrega familiar.

Junto a su esposo, Diego Ibarra, descubrió el valor de vivir plenamente la fe católica, formando una familia marcada por la oración, el servicio y la apertura al llamado de Dios. Con el paso de los años, ese ambiente de fe dio fruto en numerosas vocaciones al servicio de la Iglesia.

Al hablar sobre tener tantos hijos e hijas consagrados a Dios, Sonia asegura con emoción: “Yo no voy a poder explicarles lo que nosotros hemos recibido por haber confiado en el llamado que Dios hizo a nuestros hijos y en lo que Dios quería darles a ellos”.

Sonia nació en Buenos Aires, Argentina, en el seno de una familia católica, aunque no practicante. A los 18 años se casó con Diego Ibarra. Durante sus primeros años de matrimonio experimentó una profunda conversión espiritual al participar en los ejercicios de San Ignacio de Loyola.

A partir de ese momento, realiza los ejercicios espirituales cada año. “Los ejercicios espirituales de San Ignacio me cambiaron la vida y me di cuenta de que eran un medio muy importante para la conversión de las almas. Eran una forma de llenarme de Dios para después llenar a los chicos de Dios. Si uno no se llena de Dios, no puede dar nada”, expresa.

La oración con los niños se volvió una práctica constante en el hogar de los Ibarra. Rezar el rosario en familia y participar en momentos de adoración ante el Santísimo formaban parte de su vida cotidiana. Sonia reconoció que no siempre era sencillo, pues los niños podían mostrarse inquietos, pero insistió en la importancia de que las madres los acerquen desde pequeños a la presencia de Dios en el Santísimo Sacramento.

Sonia anima a las madres a apoyar con generosidad la vocación de sus hijos cuando descubren en ellos un llamado especial de Dios. “Si Dios los llama para consagrarse a Él como sacerdotes o religiosas, es para que sean felices y lleguen a ser grandes santos; no los llama para hacerlos infelices”, afirma.

Y compara la vocación con una pequeña luz que enciende una vela. “no apaguen esa pequeña llama, madres y padres de familia”, exhorta “Si su hijo les manifiesta su deseo de ir al seminario, no tengan miedo de entregarlo a Dios, sean fuertes, sean generosos, denles a sus hijos los medios para que sigan ese llamado de Dios. Yo soy una madre que sabe lo que están viviendo las madres, así que cuando venga la gracia es importante que sepan reconocerla”.

En el centro de la fotografía se encuentra una de las hijas religiosas de la familia, acompañada por sus seis hermanos sacerdotes, muchos de ellos misioneros. Actualmente sirven en distintas partes del mundo: uno estudia en Roma, dos son rectores en seminarios en Estados Unidos —en Minnesota y Washington—, y los demás están en Bolivia, Polonia y Filipinas / Foto cortesía de la familia Ibarra

En ocasiones cuando los hijos expresan a sus madres el deseo de ser sacerdotes, algunos se oponen porque consideran que son demasiado traviesos, desordenados, o incapaces de vivir con disciplina. “Quizá el chico pelea con su hermana, es distraído o inquieto”, comentó Sonia.

Sin embargo, asegura que Dios no espera niños perfectos para llamarlos. “Si fuera así, ninguno de nuestros hijos hubiera sido llamado”, añae. Explica que Dios llama a cada uno con sus propias cualidades. También señala que, al ingresar al seminario menor, los jóvenes inician un proceso de discernimiento y formación donde esa vocación puede crecer y madurar.

Después de conocer el “milagro” de las vocaciones ocurridas en el pequeño pueblo de Lu Monferrato, Sonia y un grupo de madres que tenían en común contar con hijos sacerdotes o hijas religiosas en sus familias decidieron unirse en oración de manera organizada.

Así comenzó a tomar forma un nuevo apostolado, con la ayuda de sacerdotes y se creó la página para coordinar las 40 horas de adoración, una idea magnánima que tiene como propósito volver a encender el corazón de las madres y ayudar a Dios en la salvación de las almas.

Citando a Mons. Demetrio Fernández de Córdoba (España), afirma que es necesario “crear un clima vocacional, de manera que un niño, un adolescente, un joven pueda percibir con nitidez la llamada de Dios y pueda responder sin mayores dificultades”. Lo que ocurrió en Lu Monferrato fue precisamente esa perfecta dualidad: oración y clima vocacional para dar como fruto un total de 323 sacerdotes, religiosos y religiosas.

Inspiradas en la oración que realizaba la comunidad de Lu Monferrato y adaptando el formato de adoración de las 40 horas, Sonia Ibarra y un grupo de mujeres han realizado esta adoración durante doce años de forma ininterrumpida y actualmente se ha extendido a nivel internacional.

Cada mes se realiza 40 horas de adoración los días 14, 15 y 16, en recuerdo del tiempo que Jesús permaneció en el sepulcro.

Durante esta jornada mensual de adoración, los participantes pueden dedicar una, dos o más horas de oración. Cualquier mujer, en cualquier parte del mundo, puede unirse ofreciendo este tiempo por la santificación de los sacerdotes y por el aumento de las vocaciones a la vida consagrada.

En 2024, los participantes de las 40 Horas por las Vocaciones celebrarán 10 años de oración continua. Hoy, miles de mujeres en distintos países se unen a esta iniciativa, orando por la santidad de los sacerdotes, el incremento de las vocaciones y la fidelidad de quienes se preparan para servir a la Iglesia / Foto cortesía de Sonia Llauró de Ibarra

La página es www.40horas.org y lo único que deben hacer es un registro sencillo con su nombre y elegir la fecha y la hora en que desean participar. También lo pueden hacer uniéndose a través de la aplicación WhatsApp con el número +541551773843.

Sonia afirma que lo ideal es realizar la adoración ante el Santísimo Sacramento; Sin embargo, explicó que también puede hacerse desde casa, preparando un espacio especial de oración, encendiendo una vela o cirio y ante alguna imagen sagrada.

Añade que incluso las mujeres que dedican su tiempo al cuidado de sus hijos pequeños, de algún enfermo o que están realizando las tareas del hogar, como cocinar, pueden ofrecer ese momento al Señor como parte de su oración y entrega.

“Lo que buscamos es mover el corazón de Jesús, que espera ser enternecido por nuestra oración al pedir por el aumento de las vocaciones, así como por la santidad y perseverancia de los sacerdotes y religiosas”. Añade que Él está siempre dispuesto a conceder incluso más de lo que necesitamos.

“Pedimos bendiciones para todos los sacerdotes que atraviesan dudas, ataques y tentaciones, para que permanezcan firmes en su vocación”, expresó Sonia.

Asimismo, señala que también oran por aquellos jóvenes que han sido llamados a la vida consagrada, para que puedan superar los obstáculos y dar el paso de ingresar al seminario o al noviciado.

Sonia. Señala que el gran reto de la actualidad es que, a diferencia de la época en que llegaron los primeros misioneros a evangelizar nuestros países, las personas no conocían la fe, pero ahora están en contra de ella.

La fuerza que tiene la oración es muy importante si queremos que nuestros hijos sean santos y lo pedimos con fuerza, ellos serán grandes santos porque Dios es fiel a sus promesas y no se deja ganar en generosidad.

“Dios no solo nos ha pedido, sino que nos ha mandado orar por las vocaciones”, afirma Sonia recordando del Evangelio según San Mateo 9, 38: “Rueguen al dueño de los sembrados que envía trabajadores para su cosecha”.

Finalmente, expresa lo importante que es poner a la Virgen en un lugar muy especial dentro de su familia porque “la Virgen es todo”, dice Sonia, “es importante que consagren sus hijos a la Virgen María, y de rodillas decirle: te lo entrego para que lo hagas santo”. Eso es lo que han hecho los santos consagrase y consagrar a su familia a la Santísima Virgen, añadió.

Para los sacerdotes una recomendación especial es consagrar a la comunidad parroquial a Jesús por medio de María.