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lunes, 2 de febrero de 2026

Papa León XIV en homilía, 2-2-2026: «La Iglesia les pide a los consagrados que sean profetas; mensajeros que anuncian la presencia del Señor y preparan su camino»

* «Se les invita a hacerse, en su generoso “vaciarse” por el Señor, braseros para el fuego del Fundidor y vasijas para la lejía del Lavandero (cf. Ml 3,1-3), para que Cristo, único y eterno Ángel de la Alianza, presente también hoy entre los hombres, pueda fundir y purificar los corazones con su amor, con su gracia y con su misericordia. Y esto están llamados a hacerlo, ante todo, mediante el sacrificio de su existencia, arraigados en la oración y dispuestos a consumirse en la caridad»

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «Con la profesión de los consejos evangélicos y con los múltiples servicios de caridad que ofrecen, están llamados a testimoniar, en una sociedad donde fe y vida parecen alejarse cada vez más una de la otra en nombre de una concepción falsa y reductiva de la persona, que Dios está presente en la historia como salvación para todos los pueblos (cf. Lc 2,30-31). A dar testimonio de que el joven, el anciano, el pobre, el enfermo, el encarcelado, tienen, ante todo, un lugar sagrado propio, en su Altar y en su Corazón, y que, al mismo tiempo, cada uno de ellos es santuario inviolable de su presencia, ante el cual hemos de arrodillarnos para encontrarlo, adorarlo y glorificarlo»

2 de febrero de 2026.- (Camino Católico)  Al celebrar esta tarde en la Basílica de San Pedro del Vaticano la Misa en la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, en la Fiesta de la Presentación del Señor, el Papa León XIV se ha dirigido a los consagrados subrayando que “la Iglesia les pide que sean profetas; mensajeros que anuncian la presencia del Señor y preparan su camino”.

Ante miles de consagrados, el Pontífice  ha recordado al inicio de su homilía que la Presentación del Señor en el Templo, que la Iglesia Católica celebra cada 2 de febrero, nos muestra a Jesús que “es reconocido y anunciado por Simeón y Ana como el Mesías”, el Santo Padre señala que este pasaje evangélico “nos presenta el encuentro entre dos movimientos de amor: el de Dios que viene a salvar al hombre y el del hombre que espera con fe vigilante su venida”.



El Santo Padre resalta que los consagrados, “con la fuerza de la gracia, se lanzaron también a empresas arriesgadas, haciéndose presencia orante en ambientes hostiles e indiferentes; mano generosa y hombro amigo en contextos de degradación y abandono; testimonio de paz y de reconciliación en medio de escenarios de guerra y de odio, dispuestos incluso a sufrir las consecuencias de un obrar a contracorriente que los hizo en Cristo ‘signo de contradicción’, a veces hasta el martirio”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:



PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

XXX JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA


SANTA MISA


HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV


Basílica de San Pedro

Lunes, 2 de febrero de 2026



Queridos hermanos y hermanas, hoy, fiesta de la Presentación del Señor, el Evangelio nos habla de Jesús que, en el Templo, es reconocido y anunciado por Simeón y Ana como el Mesías (cf. Lc 2,22-40). Nos presenta el encuentro entre dos movimientos de amor: el de Dios que viene a salvar al hombre y el del hombre que espera con fe vigilante su venida.

Por parte de Dios, el hecho de que Jesús sea presentado como hijo de una familia pobre en el gran escenario de Jerusalén nos muestra cómo Él se nos ofrece en pleno respeto de nuestra libertad y en plena comunión con nuestra pobreza. En su obrar no hay nada coercitivo, sino sólo la potencia desarmante de su gratuidad desarmada. Por parte del hombre, en cambio, en los dos ancianos, Simeón y Ana, la espera del pueblo de Israel se representa en su cénit, como culmen de una larga historia de salvación que se despliega desde el jardín del Edén hasta los atrios del Templo; una historia marcada por luces y sombras, caídas y levantadas, pero siempre recorrida por un único y vital deseo: restablecer la plena comunión de la criatura con su Creador. De ese modo, a pocos pasos del “Santo de los Santos”, la Fuente de la luz se ofrece como lámpara para el mundo y el Infinito se dona a lo finito, de un modo tan humilde que pasa casi inadvertido.

Celebramos la XXX Jornada de la Vida Consagrada en el horizonte de esta escena, reconociendo en ella una imagen de la misión de los religiosos y de las religiosas en la Iglesia y en el mundo, como exhortó el Papa Francisco: «Espero que “despertéis al mundo”, porque la nota que caracteriza la vida consagrada es la profecía» (Carta ap. A todos los Consagrados con ocasión del Año de la Vida Consagrada, 21 noviembre 2014, II, 2). Hermanos y hermanas, la Iglesia les pide que sean profetas; mensajeros y mensajeras que anuncian la presencia del Señor y preparan su camino. Usando las expresiones de Malaquías, que hemos escuchado en la primera lectura, se les invita a hacerse, en su generoso “vaciarse” por el Señor, braseros para el fuego del Fundidor y vasijas para la lejía del Lavandero (cf. Ml 3,1-3), para que Cristo, único y eterno Ángel de la Alianza, presente también hoy entre los hombres, pueda fundir y purificar los corazones con su amor, con su gracia y con su misericordia. Y esto están llamados a hacerlo, ante todo, mediante el sacrificio de su existencia, arraigados en la oración y dispuestos a consumirse en la caridad (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 44).

Sus fundadores y fundadoras, dóciles a la acción del Espíritu Santo, les han dejado modelos maravillosos de cómo vivir de manera concreta este mandato. En continua tensión entre la tierra y el Cielo, con fe y valentía se dejaron llevar, partiendo de la Mesa Eucarística, unos al silencio de los claustros, otros a los desafíos del apostolado, otros a la enseñanza en las escuelas, otros a la miseria de las calles, otros a las fatigas de la misión. Y con la misma fe regresaron cada vez, humilde y sabiamente, a los pies de la cruz y ante el sagrario, para ofrecerlo todo y reencontrar en Dios la fuente y la meta de toda su acción. Con la fuerza de la gracia, se lanzaron también a empresas arriesgadas, haciéndose presencia orante en ambientes hostiles e indiferentes; mano generosa y hombro amigo en contextos de degradación y abandono; testimonio de paz y de reconciliación en medio de escenarios de guerra y de odio, dispuestos incluso a sufrir las consecuencias de un obrar a contracorriente que los hizo en Cristo «signo de contradicción» (Lc 2,34), a veces hasta el martirio.

El Papa Benedicto XVI escribió que «la interpretación de la Sagrada Escritura quedaría incompleta si no se estuviera también a la escucha de quienes han vivido realmente la Palabra de Dios» (Exhort. ap. postsin. Verbum Domini, 48); y nosotros queremos recordar a los hermanos y hermanas que nos precedieron como protagonistas de esta «tradición profética, en la que la Palabra de Dios toma a su servicio la vida misma del profeta» (ibíd., 49). Lo hacemos sobre todo para tomar el relevo.

También hoy, en efecto, con la profesión de los consejos evangélicos y con los múltiples servicios de caridad que ofrecen, están llamados a testimoniar, en una sociedad donde fe y vida parecen alejarse cada vez más una de la otra en nombre de una concepción falsa y reductiva de la persona, que Dios está presente en la historia como salvación para todos los pueblos (cf. Lc 2,30-31). A dar testimonio de que el joven, el anciano, el pobre, el enfermo, el encarcelado, tienen, ante todo, un lugar sagrado propio, en su Altar y en su Corazón, y que, al mismo tiempo, cada uno de ellos es santuario inviolable de su presencia, ante el cual hemos de arrodillarnos para encontrarlo, adorarlo y glorificarlo.

Son signo de ello los numerosos “cuarteles de Evangelio” que muchas de sus comunidades mantienen en los contextos más variados y exigentes, incluso en medio de los conflictos. No se van, no huyen, permanecen —despojados de todo— para ser un signo, más elocuente que mil palabras, a la sacralidad inviolable de la vida en su desnuda esencialidad, haciéndose eco, con su presencia —también allí donde resuenan las armas y donde parecen prevalecer la prepotencia, el interés y la violencia— de las palabras de Jesús: «Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque […] sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial» (Mt 18,10).

Y quisiera detenerme, a este propósito, en la oración del anciano Simeón, que todos recitamos cada día: «Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación» (Lc 2,29-30). La vida religiosa, en efecto, con su sereno desapego de todo lo que sucede, enseña la inseparabilidad entre el cuidado más auténtico por las realidades terrenas y la esperanza amorosa en las eternas, elegidas ya en esta vida como fin último y exclusivo, capaz de iluminar todo lo demás. Simeón ha visto en Jesús la salvación y es libre ante la vida y la muerte. «Hombre justo y piadoso» (v. 35), junto con Ana, que «no se apartaba del Templo» (v. 37), mantiene fija la mirada en los bienes futuros.

El Concilio Vaticano II nos recuerda que «la Iglesia […] no alcanzará su consumada plenitud sino en la gloria celeste, cuando llegue el tiempo […] en el cual, junto con el género humano, también la creación entera […] será perfectamente renovada en Cristo» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 48). También esta profecía les ha sido confiada a ustedes, hombres y mujeres con los pies bien plantados en la tierra, pero al mismo tiempo “constantemente orientados a los bienes eternos” (cf. Misal Romano, Colecta de la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María). Cristo murió y resucitó para «liberar […] a todos los que vivían completamente esclavizados por el temor de la muerte» (Hb 2,15), y ustedes, comprometidos a seguirlo más de cerca, participando de su “anonadamiento” para vivir en su Espíritu (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae caritatis, 28 octubre 1965, 5), pueden mostrar al mundo, en la libertad de quienes aman y perdonan sin medida, el camino para superar los conflictos y sembrar fraternidad.

Queridas consagradas y queridos consagrados, la Iglesia hoy da gracias al Señor y a ustedes por su presencia, y los anima a ser, allí donde la Providencia los envíe, fermento de paz y signo de esperanza. Confiemos su obra a la intercesión de María Santísima y de todos sus santos fundadores y fundadoras, mientras sobre el altar renovamos juntos la ofrenda de nuestra vida a Dios.

PAPA LEÓN XIV




Fotos: Vatican Media, 2-2-2026

Santa Misa de hoy, lunes, Fiesta de la Presentación del Señor, presidida por el Papa León XIV, 2-2-2026

2 de febrero de 2026.- (Camino CatólicoEl Papa León XIV ha celebrado esta tarde en la Basílica de San Pedro del Vaticano la Misa en la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, en la Fiesta de la Presentación del Señor, ante miles de consagrados. En su homilía el Pontífice ha subrayado que “la Iglesia les pide a los consagrados que sean profetas; mensajeros que anuncian la presencia del Señor y preparan su camino”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.

Armida Fernández, médica católica premiada en la india por reducir la mortalidad infantil: «Muchas veces en mi vida he sentido que Dios me tomaba de la mano y me decía: esto es lo que debes hacer ahora»

La médica católica Armida Fernández, neonatóloga de Mumbai, que ha reducido drásticamente la mortalidad infantil y ha fundado el primer banco de leche del país, ha recibido una de las más altas condecoraciones de la India 

* «A finales de los años 80, cuando estaba trabajando como pediatra y neonatóloga, morían muchos niños, y el profesor me dijo: ‘Por favor, deja todo lo que estés haciendo y concéntrate en encontrar la manera de reducir las muertes de recién nacidos’. Ese era Dios que me decía lo que debía hacer… Era desgarrador ver morir a tantos niños en la unidad de cuidados intensivos para prematuros. Perdíamos al 70% debido a diarrea y sepsis. Instintivamente comprendí que había algo que no estábamos haciendo de la manera correcta… Dios habla de diferentes maneras: a través de voces, a través de situaciones, y es lo que ha sucedido a lo largo de toda mi vida»

Camino Católico.-  Una de las más altas condecoraciones de la India ha sido otorgada a la médica católica Armida Fernández, neonatóloga de Mumbai, que ha reducido drásticamente la mortalidad infantil y ha fundado el primer banco de leche del país. Extendió su obra al servicio de las mujeres hasta los barrios marginales de la metrópoli. "Realmente creo que Dios tiene una función y un propósito para cada uno de nosotros cuando nos trae a este mundo. Muchas veces en mi vida he sentido que Dios me tomaba de la mano y me decía: esto es lo que debes hacer ahora", asegura a AsiaNews.

En el Día de la República, el gobierno de la India otorgó el prestigioso premio Padma Shri a la médica católica Armida Fernández, fundadora y fideicomisaria de SNEHA (Society for Nutrition, Education and Health Action), ex profesora de neonatología y decana del LTMG Hospital de Sion. El reconocimiento quiere destacar el compromiso que ha asumido durante toda su vida para mejorar la salud materna, infantil y pediátrica en la India, especialmente en las zonas urbanas de escasos recursos.

El Padma Shri es la cuarta condecoración civil más alta de la India y reconoce contribuciones destacadas en diversos ámbitos como las artes, la educación y el servicio social. Este año recibieron el premio 131 personas y el jueves 29 de enero la Dra. Fernández recibirá también una distinción pontificia por su larga trayectoria.

La Dra. Armida vive en Bandra, donde asiste a misa diariamente en la Basílica del Monte o en la iglesia de San Andrés: “Recibo a Jesús en la comunión para salir a ayudar a los demás”, cuenta.

En 1977 la Dra. Armida puso en marcha el Departamento de Neonatología en el Lokmanya Tilak Municipal General Hospital (LTMG, conocido popularmente como Hospital de Sion). “A finales de los años 80, cuando estaba trabajando como pediatra y neonatóloga, morían muchos niños, y el profesor me dijo: ‘Por favor, deja todo lo que estés haciendo y concéntrate en encontrar la manera de reducir las muertes de recién nacidos’. Ese era Dios que me decía lo que debía hacer… Era desgarrador ver morir a tantos niños en la unidad de cuidados intensivos para prematuros. Perdíamos al 70% debido a diarrea y sepsis. Instintivamente comprendí que había algo que no estábamos haciendo de la manera correcta”.

Tras muchos días de atento análisis, identificó la causa de la diarrea:  la leche de fórmula y los biberones contaminados. “En aquella época atendíamos más de 8 mil partos por año. Incluso el más mínimo fallo en la higiene — enfermeras que se enjuagan las manos con prisa o biberones no esterilizados a fondo— puede poner a los prematuros en un riesgo altísimo. Entonces decidí eliminar la leche de fórmula y los biberones, e hice entrar a las madres en la unidad de cuidados intensivos para amamantar a sus bebés. No hay nada más curativo que el contacto de una madre”.

Las tasas de mortalidad empezaron a disminuir y Fernández comenzó su incansable campaña a favor de la lactancia materna. Como no todas las madres podían producir leche suficiente, decidió utilizar la leche de otras madres para alimentar a los recién nacidos más necesitados. “Convencimos y alentamos a las madres a donar su leche a otras madres”.

La doctora Armida Fernández es fundadora y fideicomisaria de SNEHA (Society for Nutrition, Education and Health Action), ex profesora de neonatología y decana del LTMG Hospital de Sion

La Dra. Armida obtuvo una beca en Oxford sobre este tema en 1989, y abrió el primer banco de leche, para asegurar que los recién nacidos recibieran el aporte de los nutrientes esenciales de la leche materna. Hoy se dice que el Sion Human Milk Bank salva la vida de unas tres docenas de niños cada día. “Mi equipo en el hospital – recuerda – involucró a madres sanas en periodo de lactancia para que donaran su leche sobrante, que luego era pasteurizada y almacenada. Cuando llegaron las pruebas para la detección del VIH, las madres también eran sometidas a ellas”. En menos de cuatro años, la mortalidad infantil en el Hospital de Sion se redujo del 70% al 12%.

“Mons. Allwyn D’Silva, que en aquel entonces no era obispo todavía, trabajaba en Dharavi, el barrio marginal más grande de Asia – prosigue la Dra. Fernandez –. Él me dijo: ‘¿Por qué tú y tu departamento no trabajan en los barrios pobres?’. Con algunos fondos que él pudo conseguir, empezamos a trabajar en Dharavi, Kurla y Wadala. Gracias al padre Allwyn comprendí que no podíamos trabajar solo en los hospitales si queríamos cambiar los comportamientos. El cambio social era fundamental”.

Viendo el éxito de esta idea sencilla pero extraordinariamente efectiva, la Dra. Armida decidió compartir sus prácticas con las personas de bajos recursos que vivían en los barrios marginales y lo necesitaban desesperadamente. Al principio organizó visitas de campo una vez por semana, acompañada por un grupo de estudiantes de doctorado a quienes enseñaba neonatología. Luego, en 1999, la Dra. Fernandez fundó SNEHA, una organización con sede en Mumbai dedicada a la salud materno-infantil y el empoderamiento de las mujeres.

“Todo comenzó en la boda de un familiar. Un primo me dijo: ‘¿Quieres trabajar en los barrios pobres? Toma mi casa en el distrito de Nashik, en Maharashtra, vendela y usa los fondos para tus proyectos en esos barrios’. Lamentablemente falleció al día siguiente; pero su esposa vendió la casa y me dio el dinero para el trabajo en los barrios marginales. Una vez más, fue Dios el que me habló, diciéndome: debes trabajar en los barrios pobres”.

Desde hace casi tres décadas, SNEHA opera en los sectores de la salud y nutrición materno-infantil y en la prevención de la violencia contra mujeres y niños en los barrios marginales de la ciudad.

“Ocurrió lo mismo con los cuidados paliativos – sigue explicando la Dra. Armida –. Dios me habló. Me quitó a mi única hija, Romilla, que murió de cáncer. Vi su sufrimiento y me pregunté qué podía hacer por otros enfermos de cáncer. Hoy el Romila Palliative Care (RPC), que lleva su nombre, es un centro de ayuda para los pacientes afectados por enfermedades terminales”.

“No podemos atribuirnos el mérito de nada de lo que hacemos en la vida”, concluye la Dra. Fernández, y atribuye el mérito del premio Padma Shri a todos los que han trabajado con ella. “Dios habla de diferentes maneras: a través de voces, a través de situaciones, y es lo que ha sucedido a lo largo de toda mi vida. Desde el principio he contado con los mejores equipos. En el Hospital de Sion tenía un departamento excelente; en SNEHA y en los cuidados paliativos tengo un equipo extraordinario de personas comprometidas y dedicadas que trabajan juntas. Esa es la historia de mi vida”.

Liliana Sáenz en el funeral de Adamuz en nombre de las 45 familias de las víctimas: «Con fe esperaremos a que llegue ese momento en el que Dios nos abrace y así volvamos a vernos»

Liliana Sáenz de la Torre, acompañada de su hermano Fidel, que no le ha soltado   la mano durante todas las palabras que ella ha pronunciado en nombre de las 45 familias de víctimas del accidente ferroviario de Adamuz

* «La única presidencia que queremos a nuestro lado es la del Dios que hoy aquí se ha hecho presente en el pan y el vino, bajo la mirada de su Madre, en su advocación cinteña… Y también somos las 45 familias que lucharán por saber la verdad, porque solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará. Sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que… En los brazos de la Virgen ahora duermen, y el regazo de una Madre que los quiere es quien los mece. Virgencita de la Cinta, patrona de este gran pueblo, dales paz, serenidad, descanso eterno. Virgen bella, Virgen guapa, no los sueltes de tu vera, que no sientan el dolor, que no sientan la miseria. Que el amor y la verdad los cobije para siempre y en el abrazo de Dios la vida venza a la muerte»

 

Vídeo de la transmisión en directo de 13 TV de las profundas palabras de Liliana Sáenz en el funeral de Adamuz en nombre de las 45 familias de las víctimas

Camino Católico.-  Uno de los momentos más emotivos de la misa funeral en honor a las víctimas del tren de Adamuz, celebrada el jueves 29 de enero, ha sido la intervención de Liliana Sáenz de la Torre, hija de Natividad de la Torre, onubense fallecida en el accidente ferroviario. En un gesto de entereza y dolor contenido, Liliana ha hablado en nombre de las 45 familias de las víctimas del trágico accidente ferroviario, acompañada de su hermano Fidel Sáenz, quien le cogía la mano y también ha dado estos días testimonio de su fe, y se ha dirigido a los presentes, antes de finalizar la Misa, con un discurso cargado de dolor, gratitud, exigencia de transparencia y dando testimonio de fe y orando: “Diles Tú, Blanca Paloma, Pastora de la Rocina, que siempre los sentiremos con el sol o con la brisa. Y que con fe esperaremos a que llegue ese momento en el que Dios nos abrace y así volvamos a vernos. Descansen en paz”.

La mujer ha recordado a su madre y a todas las familias afectadas, subrayando que solo con la verdad podrán comenzar a sanar. "Solo la verdad nos ayudará a curar esta herida", aseguró con voz firme ante autoridades, vecinos y familiares.


Liliana Sáenz de la Torre junto a su hermano Fidel

El acto ha sido oficiado por el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, y ha contado con la presencia de los reyes, que encabezaban una delegación de autoridades formada por representantes del Gobierno central, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Huelva. Liliana ha destacado la entrega de los vecinos de Adamuz y de los servicios de emergencias, la sanidad andaluza y Cruz Roja, agradeciendo su apoyo desde el primer momento. "Sin pensar en las consecuencias, no dudaron en acompañar a nuestros heridos hasta asegurarse de que estaban a salvo", ha apuntado, recordando el compromiso y cariño que acompañaron a las familias en aquel fatídico día. El texto completo de las profundas palabras de Liliana Sáenz de la Torre es el siguiente:

Liliana Sáenz de la Torre, acompañada de su hermano Fidel, ha iniciado sus palabras dando gracias a todos los que han ayudado a las familias y las víctimas desde el primer momento en que se produjo el accidente ferroviario de Adamuz

Majestades, excelentísimas autoridades civiles y eclesiales que nos acompañáis:

Hoy, cuando el vendaval que recorre nuestro interior parece intentar calmarse, queremos empezar estas palabras dando las gracias.

En primer lugar, gracias a nuestra diócesis por este funeral, el único funeral que cabía en esta despedida, pues la única presidencia que queremos a nuestro lado es la del Dios que hoy aquí se ha hecho presente en el pan y el vino, bajo la mirada de su Madre, en su advocación cinteña. Huelva es una tierra mariana, Andalucía es un pueblo creyente y es abrazando su cruz donde encontramos mayor consuelo. Gracias a los que nos acompañáis por amor, por compasión, por empatía… Gracias, incluso, a los que lo hacéis por agenda.

Gracias al pueblo de Adamuz, ese pequeño rincón que nunca olvidaremos y que nunca olvidará, así como a la ciudad cordobesa, a los que nos sentimos y nos sentiremos unidos para siempre… Sin pensar en las consecuencias, no dudaron en sumirse al caos de los hierros retorcidos, de la sangre, del dolor y de las lágrimas. Acompañaron a nuestros heridos hasta que estuvieron seguros de que estaban a salvo y luego nos acompañaron en nuestro lamento… Pusieron a nuestra disposición el sustento y el cobijo de esos amargos días, pero, sobre todo, pusieron todo su cariño, su entrega y su deseo de hacer que ese duro momento doliera un poco menos.

Gracias a los cuerpos de seguridad y emergencias que acudieron prestos, como siempre, a la llamada… Hicieron lo que pudieron con la información y los medios de los que disponían… Gracias por vuestra empatía, vuestra cercanía y vuestro afecto en los días posteriores.

Gracias a la sanidad andaluza, sin duda sostenida por los profesionales que la integran. Yo sé lo que es volver a casa de una guardia mala y abrazar a tus hijos porque sabes que alguien ya nunca podrá volver a hacerlo con el suyo. Yo sé lo que es intentar sanar el cuerpo de alguien que tiene el alma herida de muerte… Tuvo que ser durísimo, compañeros. Gracias. Gracias al personal y voluntarios de Cruz Roja, que no han soltado nuestra mano en ningún momento…

Si no puedes curar, alivia. Si no puedes aliviar, consuela. Si no puedes consolar, acompaña.

Gracias a nuestras instituciones autonómicas, que se pusieron de frente desde el minuto cero, soportando el caos y los envites de nuestra propia angustia… Permitidme, no obstante, una crítica a la lentitud de la información, pues, creedme, es mejor saber que imaginar. Gracias también, como no, a las pequeñas corporaciones locales cuyos vecinos iban corriendo la voz de que algo grave estaba azotando los cimientos de la comunidad y sintieron nuestro quebranto como el suyo propio… Querida Pilar, queridos alcaldes… Habéis demostrado que hay que ser grandes como personas para poder ser grandes como servidores públicos.

Y gracias, infinitas gracias, a Huelva, nuestra querida ciudad bendecida por el sol, que no ha dejado de arroparnos de una forma extraordinaria, haciéndonos llegar la grandeza de su amor y su propio dolor, intentando así que el nuestro fuera un poco menos desgarrador.

Y así han ido pasando los días y el dolor va dejando paso a los recuerdos, y nuestro corazón, aún con la misma espada clavada, empieza a esbozar pequeñas y tímidas sonrisas cuando mil estampas pasadas irrumpen continuamente en nuestra mente.

Yo tendría algo más de pocos años cuando un día le pregunté a mi madre: "Mami, ¿tú cuánto dinero ganas?" Supongo que sería algo que hablábamos entre chiquillos. "Lo justo, cariño" —me dijo ella— "porque lo que queda en mi cuenta a final de mes no es mío". "¿Y de quién es, mamá?", le pregunté porque no lo comprendía. "De los demás", me dijo ella.

Así era mi madre… Generosa con todo lo que tenía, generosa con sus ganas, generosa con su tiempo, generosa con sus sonrisas… Así era ella. Y es que lo que perdimos ese fatídico domingo 18 de enero no era solo una cifra… Eran vagones llenos de virtudes y defectos, eran vagones llenos de triunfos y derrotas, eran vagones llenos de anhelos y silencios… Eran vagones llenos de esperanza.

Porque ellos no solo son los 45 del tren… Ellos eran nuestros padres, madres, hermanos, hijos o nietos… Ellos no solo son los 45 del tren… Ellos eran la alegría de nuestros despertares y el refugio de nuestras penas…

Ellos no solo son los 45 del tren… Ellos eran la ilusión de buscar un futuro mejor, la alegría de disfrutar momentos en familia o el deseo de volver con nuestros seres queridos… Ellos eran eso que ya nunca serán…

Porque ellos no son solo los 45 del tren. Ellos eran parte de una sociedad tan polarizada que empezó a resquebrajarse hace mucho tiempo y no nos estamos dando cuenta. Ellos no son solo los 45 del tren… Pero son los 45 del tren. Y nosotros… nosotros somos las 45 familias a las que se les paró el reloj a las 19:45 de aquella fatídica tarde.

Somos las 45 familias que se abrazaron en aquel centro cívico, donde el paso del tiempo se iba inundando de silencio y el silencio iba dejando paso al llanto cuando empezamos a comprender, en el lento avance de las horas, que volveríamos sin ellos.

Somos las 45 familias que han aprendido con demasiada crueldad que la llamada que no se hace se queda sin hacer y el beso que no damos es el que más recordamos. Somos las 45 familias que cambiarían todo el oro de este mundo, que ahora no vale nada, por poder mover las agujas del reloj tan solo 20 segundos.

Y también somos las 45 familias que lucharán por saber la verdad, porque solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará. Sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que… En los brazos de la Virgen ahora duermen, y el regazo de una Madre que los quiere es quien los mece. Virgencita de la Cinta, patrona de este gran pueblo, dales paz, serenidad, descanso eterno. Virgen bella, Virgen guapa, no los sueltes de tu vera, que no sientan el dolor, que no sientan la miseria. Que el amor y la verdad los cobije para siempre y en el abrazo de Dios la vida venza a la muerte.

Madre de la Almudena, Virgen que guía el camino, llévales el beso mudo, ese adiós que no les dimos. Remedios, Madre querida, Reina del Aljaraqueño, bríndales tus firmes manos, que ya nunca tengan miedo.

Madre del Amor Hermoso, Reina de la Victoria, Dolores del negro luto, concédeles Tú la gloria. Y guía también nuestras vidas, humilde Virgen del Sol, y que la misericordia lata en nuestro corazón. Haz que cese este dolor, Virgen Morena del Carmen, llévate esta cruel espada con la espuma de los mares. Y Tú, Virgen del Rocío, la que alumbra mis desvelos, la que siempre me acompaña cuando me rompo por dentro, abraza sus corazones y llévales un suspiro con una canción de amor por los años compartidos. Diles que tenemos paz y que seremos valientes, que el odio no nacerá en la rabia que nos crece.

Que volverán las sonrisas y seguiremos viviendo, y este amor no morirá, vivirá de sus recuerdos. Diles Tú, Blanca Paloma, Pastora de la Rocina, que siempre los sentiremos con el sol o con la brisa. Y que con fe esperaremos a que llegue ese momento en el que Dios nos abrace y así volvamos a vernos. Descansen en paz.

Liliana Sáenz de la Torre

en nombre de las 45 familias de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz


Liliana Sáenz de la Torre con su hermano Fidel