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sábado, 29 de noviembre de 2025

Mojca Giacomelli: «Me introduje en la Nueva Era, fui a ejercicios espirituales y sentí que Jesús estaba ante mí y me decía: ‘Si todo el mundo no te entiende, yo te amo’; tuve 5 hijos y me divorcié, pero Dios me ha guiado con claridad»

Mojca Giacomelli, pese haberse sumergido en la Nueva Era, Cristo la rescató en unos ejercicios espirituales y la ha guiado con claridad ante las dificultades de la vida / Fotografía Mojca Giacomelli

* «Al principio sentí vergüenza y culpa, pero no duró mucho. Nunca perdí la fe. Experimenté una gran misericordia, aunque todavía no me atrevía a afrontar la decepción. Para mí fue muy importante tener una amiga con la que me sentía aceptada y con la que podía compartirlo todo. Organicé mi vida de tal manera que cada día, cuando los niños estaban en el colegio, iba a la capilla y a misa. En esa época participaba muy activamente en grupos de oración, que yo misma dirigía, y eso me ayudaba a mantenerme fuerte. De esa experiencia surgió la dirección del seminario Glej Luč (Mira la luz), luego el centro Živi na polno (Vive plenamente) y los programas para mujeres Ženska na polno (Mujer plena)» 

Camino Católico.- Mojca Giacomelli tuvo un fuerte encuentro personal con Jesús y en él reconoció su misión: la evangelización. Tras las pruebas que vivió como madre estudiante y, más tarde, tras su divorcio -cuando se quedó sin trabajo y con cinco hijos- conservó la fe con entusiasmo y alegría. Anuncia con todo su corazón que Dios siempre tiene una solución y que incluso las pruebas más difíciles las convierte en algo bueno. La entrevista Petra Zoran en Aleteia.

- ¿Cómo comenzó tu relación con Jesús? ¿Recibiste la fe en tu infancia?

- No, en nuestra familia no vivíamos la fe, aunque fui bautizada cuando era bebé. La espiritualidad comenzó a atraerme solo en mi adolescencia. Mi madre y yo empezamos a explorar diferentes áreas de la nueva era: el horóscopo, la astrología, la radiestesia y las visitas a la adivina.

- ¿Cómo se produjo la transición de la búsqueda en la Nueva Era al encuentro personal con Jesús?


Mojca Giacomelli ansiaba ser amada como persona y en su encuentro con Jesucristo se sintió amada por Dios / Fotografía Mojca Giacomelli

- En la Nueva Era empecé a experimentar una crisis, porque cada vez me molestaba más la idea de que no importaba la forma en que existíamos, ya que todo era sólo energía. Yo, sin embargo, anhelaba ser amada como persona, tener mi lugar como Mojca, y fue precisamente en Jesús donde más tarde encontré mi pertenencia.

Mi madre fue la primera en experimentar el encuentro con Jesús, mientras que yo sentía rechazo hacia la Iglesia en aquella época. A pesar de ello, acepté su invitación y participé en unos ejercicios espirituales, donde entré en contacto por primera vez con la Iglesia, con los carismas y con la cercanía de Dios, lo cual no dio frutos inmediatos.

Experimenté el toque verdaderamente poderoso de Jesús en los ejercicios espirituales en silencio en Vipavski Križ. Entré en la iglesia y sentí que Jesús estaba delante de mí, me tomaba suavemente en sus brazos como a una bebé, me abrazaba y me decía: "Si todo el mundo no te entiende, yo te amo".

- Estudiaste farmacéutica y durante tus estudios te convertiste en madre. ¿Cómo viviste ese periodo?

- No elegí farmacéutica porque fuera lo que realmente quería; mi corazón se inclinaba más por la psicología. Durante mis estudios me convertí en madre, di a luz a dos hijos y me casé.

Me quedé embarazada de mi primer hijo antes de casarme, así que me preguntaba: «¿Qué va a ser de mí ahora?». Y, de hecho, sufrí una depresión. Mis amigos de la Iglesia me rechazaron porque había tenido relaciones sexuales antes del matrimonio, mientras que mis amigos que no iban a la iglesia me decían que era tonta por no decidirme a abortar.

Me sentí sola, con muy poca gente a mi lado. La ginecóloga me ofreció de inmediato una remisión para abortar, aunque yo no se lo había pedido. Pero en mi corazón sabía la Verdad y que la vida siempre triunfa. Por suerte, también tuve apoyo en casa, pero una estudiante que era madre me dio una esperanza especial al dar testimonio de que se podía. Por eso creo que los testimonios son inestimables.

Terminé la carrera de Farmacéutica, pero no ejercí la profesión. Más tarde tuve otros tres hijos, así que me quedé en casa con los cinco, porque quería tenerlos cerca. A pesar de ello, leía constantemente libros sobre psicología, terapia familiar, sanación interior y liberación.

- Después de 13 años de matrimonio, te divorciaste, te quedaste sin trabajo y tuviste que cuidar de cinco hijos. ¿Te sentiste decepcionada con Dios por eso?

Mojca Giacomelli, pese a divorciarse y tener que asumir la crianza de cinco hijos, siempre se aferró a Dios / Fotografía Mojca Giacomelli

- Estaba destrozada, pero decidida a aferrarme a Dios. En la fe encontré mi fuerza, convencida de que Él es el Dios de los milagros y que me ayudaría. Por eso lo aposté todo a Jesús, porque hice todo lo que pude y supe hacer.

Al mismo tiempo, comencé a construir el amor y el respeto por mí misma. La decepción con Dios, con el poder de la oración y con mis expectativas sobre la vida llegó más tarde. Pero Dios me llevó en sus brazos, lo que no significó que me ahorrara el dolor.

- ¿Cómo te recuperaste y seguiste adelante?

- Al principio sentí vergüenza y culpa, pero no duró mucho. Nunca perdí la fe. Experimenté una gran misericordia, aunque todavía no me atrevía a afrontar la decepción. Para mí fue muy importante tener una amiga con la que me sentía aceptada y con la que podía compartirlo todo.

Organicé mi vida de tal manera que cada día, cuando los niños estaban en el colegio, iba a la capilla y a misa. En esa época participaba muy activamente en grupos de oración, que yo misma dirigía, y eso me ayudaba a mantenerme fuerte. De esa experiencia surgió la dirección del seminario Glej Luč (Mira la luz), luego el centro Živi na polno (Vive plenamente) y los programas para mujeres Ženska na polno (Mujer plena).

- ¿Entonces Dios te guió por el camino que deseabas?

- Tenía una idea diferente de cómo intervendría Dios, pero en los momentos clave de mi vida me guió con tanta claridad que no pude equivocarme. Todo comenzó con el deseo de alquilar un local en el centro de Liubliana, donde la gente pudiera venir a tomar té, café, charlar y rezar.

Al principio me pareció imposible, ya que no tenía trabajo y ni siquiera sabía cómo iba a pagar las facturas o sobrevivir al día. Mis amigas y yo rezamos para que, si era la voluntad de Dios, Él hiciera realidad esta idea.

Papa León XIV en homilía del I domingo de adviento, 29-11-2025: «Si queremos ayudar a las personas vigilemos con la oración, los sacramentos, viviendo en la caridad, desechemos las obras de las tinieblas»

* «Los frutos de la acción de Dios en nuestra vida no son un don sólo para nosotros, sino para todos. La belleza de Sión, ciudad en la montaña, símbolo de una comunidad renacida en la fidelidad que es signo de luz para hombres y mujeres de cualquier origen, nos recuerda que la alegría del bien es contagiosa. Encontramos confirmación de ello en la vida de muchos santos»   

  

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «Mientras pedimos, con las palabras del Papa Juan, que ‘se realice el gran misterio de aquella unidad que con ardiente plegaria invocó Jesús al Padre celestial, estando inminente su sacrificio’ (Discurso de apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, 11 octubre 1962, 8.2), renovamos hoy nuestro ‘sí’ a la unidad, ‘que todos sean uno’ (Jn 17,21), ‘ut unum sint’» 



29 de noviembre de 2025.- (Camino Católico)  “Si realmente queremos ayudar a las personas con las que nos encontramos, vigilemos sobre nosotros mismos, como nos recomienda el Evangelio (cf. Mt 24,42); cultivemos nuestra fe con la oración, con los sacramentos, vivámosla coherentemente en la caridad, desechemos —como nos ha dicho san Pablo en la segunda lectura— las obras de las tinieblas y vistámonos con la armadura de la luz (cf. Rm 13,12). El Señor, a quien aguardamos glorioso al final de los tiempos, viene cada día a llamar a nuestra puerta. Estemos preparados (cf. Mt 24,44) con el compromiso sincero de una vida buena, como nos enseñan los numerosos modelos de santidad de los que es rica la historia de esta tierra”.


Lo ha dicho el Papa León XIV en su homilía, en la Santa Misa del I domingo de Adviento, que ha presidido la tarde de este sábado 29 de noviembre, en el Estadio Volkswagen Arena de Estambul, en el marco de su primer Viaje Apostólico a Turquía y el Líbano, con su peregrinación a İznik, con ocasión del 1700 aniversario del primer Concilio de Nicea.




El Pontífice, ha destacado la unidad en tres niveles: “dentro de la comunidad, en las relaciones ecuménicas con los miembros de otras confesiones cristianas y en el encuentro con los hermanos y hermanas que pertenecen a otras religiones”: “Queremos caminar juntos, valorando lo que nos une, derribando los muros del prejuicio y la desconfianza, favoreciendo el conocimiento y la estima mutua, para dar a todos un fuerte mensaje de esperanza y una invitación a convertirse en ‘artífices de la paz’”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:




VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD LEÓN XIV A TURQUÍA Y EL LÍBANO

CON PEREGRINACIÓN A İZNIK (TURQUÍA)

CON MOTIVO DEL 1700 ANIVERSARIO DEL PRIMER CONCILIO DE NICEA

(27 de noviembre - 2 de diciembre de 2025)

SANTA MISA I DOMINGO DE ADVIENTO

HOMILÍA DEL SANTO PADRE

"Volkswagen Arena" (Estambul)

Sábado, 29 de noviembre de 2025

Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos esta Santa Misa en la víspera del día en que la Iglesia recuerda a san Andrés, apóstol y patrono de esta tierra. Y al mismo tiempo comenzamos el Adviento para prepararnos a rememorar, en Navidad, el misterio de Jesús, Hijo de Dios, «engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre» (Credo Niceno-Constantinopolitano), como declararon solemnemente hace 1700 años los Padres reunidos en el Concilio de Nicea.

En este contexto, la liturgia nos propone, en la primera lectura (cf. Is 2,1-5), una de las páginas más bellas del libro del profeta Isaías, donde resuena la invitación dirigida a todos los pueblos a subir al monte del Señor (cf. v. 3), lugar de luz y de paz. Me gustaría, pues, que meditáramos sobre nuestro ser Iglesia, deteniéndonos en algunas imágenes contenidas en este texto.

La primera es la del “monte elevado sobre la cima de los montes” (cf. Is 2,2). Nos recuerda que los frutos de la acción de Dios en nuestra vida no son un don sólo para nosotros, sino para todos. La belleza de Sión, ciudad en la montaña, símbolo de una comunidad renacida en la fidelidad que es signo de luz para hombres y mujeres de cualquier origen, nos recuerda que la alegría del bien es contagiosa. Encontramos confirmación de ello en la vida de muchos santos. San Pedro conoce a Jesús gracias al entusiasmo de su hermano Andrés (cf. Jn 1,40-42), quien, a su vez, junto con el apóstol Juan, es llevado al Señor por el celo de Juan el Bautista. San Agustín, siglos más tarde, llega a Cristo gracias a la ardiente predicación de san Ambrosio, y así muchos otros.

En todo esto, también para nosotros hay una invitación a renovar en la fe la fuerza de nuestro testimonio. San Juan Crisóstomo, gran pastor de esta Iglesia, hablaba del encanto de la santidad como un signo más elocuente que muchos milagros. Decía que “el prodigio fue y pasó, pero la vida cristiana permanece y edifica continuamente” (cf. Homilías sobre el Evangelio de san Mateo, 43, 5), y concluía: “Vigilemos, pues, sobre nosotros mismos, para beneficiar también a los demás” (cf. ibíd.). Queridos hermanos, si realmente queremos ayudar a las personas con las que nos encontramos, vigilemos sobre nosotros mismos, como nos recomienda el Evangelio (cf. Mt 24,42); cultivemos nuestra fe con la oración, con los sacramentos, vivámosla coherentemente en la caridad, desechemos —como nos ha dicho san Pablo en la segunda lectura— las obras de las tinieblas y vistámonos con la armadura de la luz (cf. Rm 13,12). El Señor, a quien aguardamos glorioso al final de los tiempos, viene cada día a llamar a nuestra puerta. Estemos preparados (cf. Mt 24,44) con el compromiso sincero de una vida buena, como nos enseñan los numerosos modelos de santidad de los que es rica la historia de esta tierra.

La segunda imagen que nos transmite el profeta Isaías es la de un mundo en el que reina la paz. Él lo describe así: «con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra» (Is 2,4). ¡Con qué urgencia percibimos hoy esta llamada! ¡Cuánta necesidad de paz, de unidad y de reconciliación hay a nuestro alrededor, y también en nosotros y entre nosotros! ¿Cómo podemos contribuir a responder a esta exigencia?

Para comprenderlo, nos ayudamos del “logotipo” de este viaje, en el que uno de los símbolos elegidos es el puente. Puede hacernos pensar también en el famoso gran viaducto que, en esta ciudad, cruzando el Estrecho del Bósforo, une dos continentes: Asia y Europa. Con el tiempo, se han añadido otros dos pasos, de modo que actualmente hay tres puntos de unión entre las dos orillas. Tres grandes estructuras de comunicación, intercambio y encuentro; imponentes a la vista, pero tan pequeñas y frágiles si se comparan con los inmensos territorios que conectan.

Su triple extensión a través del Estrecho nos hace pensar en la importancia de nuestros esfuerzos comunes por la unidad en tres niveles: dentro de la comunidad, en las relaciones ecuménicas con los miembros de otras confesiones cristianas y en el encuentro con los hermanos y hermanas que pertenecen a otras religiones. Cuidar estos tres puentes, reforzándolos y ampliándolos de todas las formas posibles, forma parte de nuestra vocación de ser una ciudad construida sobre la montaña (cf. Mt 5,14-16).

Ante todo, como decía, dentro de esta Iglesia están presentes cuatro tradiciones litúrgicas diferentes —la latina, la armenia, la caldea y la siríaca—, cada una de las cuales aporta su propia riqueza espiritual, histórica y de experiencia eclesial. Compartir estas diferencias puede mostrar de manera eminente uno de los rasgos más bellos del rostro de la Esposa de Cristo: el de la catolicidad que une. La unidad que se consolida en torno al altar es un don de Dios y, como tal, es fuerte e invencible, porque es obra de su gracia. Al mismo tiempo, sin embargo, su realización en la historia está confiada a nosotros, a nuestros esfuerzos. Por eso, como los puentes sobre el Bósforo, necesita cuidado, atención, “mantenimiento”, para que el tiempo y las vicisitudes no debiliten sus estructuras y para que sus cimientos permanezcan sólidos. Con la mirada puesta en el monte de la promesa, imagen de la Jerusalén celestial, que es nuestra meta y madre (cf. Ga 4,26), pongamos entonces todo nuestro empeño en favorecer y fortalecer los lazos que nos unen, para enriquecernos mutuamente y ser, ante el mundo, un signo creíble del amor universal e infinito del Señor.

Un segundo vínculo de comunión que nos sugiere esta liturgia es el ecuménico. Lo atestigua también la participación de los Representantes de otras confesiones, que saludo con vivo aprecio. La misma fe en el Salvador, en efecto, nos une no sólo entre nosotros, sino con todos los hermanos y hermanas que pertenecen a otras Iglesias cristianas. Lo experimentamos ayer, en la oración en İznik. También este es un camino que recorremos juntos desde hace tiempo, y del que fue gran promotor y testigo san Juan XXIII, vinculado a esta tierra por intensos lazos de afecto recíproco. Por eso, mientras pedimos, con las palabras del Papa Juan, que «se realice el gran misterio de aquella unidad que con ardiente plegaria invocó Jesús al Padre celestial, estando inminente su sacrificio» (Discurso de apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, 11 octubre 1962, 8.2), renovamos hoy nuestro “sí” a la unidad, «que todos sean uno» (Jn 17,21), «ut unum sint».

Un tercer vínculo al que nos remite la Palabra de Dios es el que nos une a los miembros de comunidades no cristianas. Vivimos en un mundo en el que, con demasiada frecuencia, la religión se utiliza para justificar guerras y atrocidades. Sin embargo, nosotros sabemos que, como afirma el Concilio Vaticano II, «la relación del hombre para con Dios Padre y con los demás hombres sus hermanos están de tal forma unidas que, como dice la Escritura: “el que no ama, no ha conocido a Dios” (1 Jn 4,8)» (Decl. Nostra aetate, 5). Por eso queremos caminar juntos, valorando lo que nos une, derribando los muros del prejuicio y la desconfianza, favoreciendo el conocimiento y la estima mutua, para dar a todos un fuerte mensaje de esperanza y una invitación a convertirse en “artífices de la paz” (cf. Mt 5,9).

Queridos hermanos, hagamos de estos valores nuestros propósitos para el tiempo de Adviento y, más aún, para nuestra vida, tanto personal como comunitaria. Que nuestros pasos se muevan como sobre un puente que une la tierra con el cielo y que el Señor ha tendido para nosotros. Mantengamos siempre la mirada fija en sus orillas, para amar con todo el corazón a Dios y a los hermanos, para caminar juntos y poder encontrarnos todos, algún día, en la casa del Padre.

PAPA LEÓN XIV













Fotos: Vatican Media, 29-11-2025

Santa Misa del I Domingo de Adviento en Turquía,, presidida por el Papa León XIV, 29-11-2025

29 de noviembre de 2025.- (Camino Católico)  El Papa León XIV ha presidido este sábado por la tarde la Santa Misa del I domingo de Adviento y la única que ha celebrado en Turquía. Su homilía se ha centrado en la unidad de los cristianos y en la necesidad de paz en el mundo actual. La Eucaristía ha llenado de fieles el Volkswagen Arena, un espacio inaugurado oficialmente en 2015 que forma parte del complejo cultural Uniq de Estambul. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración. 


Ante una gran cruz que iluminaba el recinto, el Papa León XIV ha entrado en procesión junto al Patriarca Bartolomé I, precedidos por obispos y sacerdotes concelebrantes. El ambiente, profundamente solemne, estaba enmarcado por las voces de un numeroso coro que entonaba canciones litúrgicas propias del país.


En su homilía, en inglés, el Santo Padre ha reflexionado sobre la primera lectura del profeta Isaías, que fue leída en armenio. De hecho, el ecumenismo estuvo presente en cada detalle de la Misa. El salmo responsorial fue leído en arameo, la segunda lectura en inglés, el canto al Evangelio fue en armenio y la lectura del Evangelio en turco.



A la luz del libro del profeta Isaías, el Pontífice ha invitado a reflexionar sobre “nuestro ser Iglesia” y precisó que esta lectura “nos recuerda que los frutos de la acción de Dios en nuestra vida no son un don sólo para nosotros, sino para todos”.



Al término de la Misa, el Vicario Apostólico de Turquía, Mons. Massimiliano Palinuro, ha agradecido al Santo Padre por “haber confirmado en la fe a los católicos de esta tierra”. Recueraó también que en la Misa estuvieron presentes más de 70 naciones, todos como hermanos, sintiéndose parte de “una misma familia”. 


Subraya la invitación del Papa a construir puentes de unidad y exhortó a buscar la justicia y la paz. Por último, le ha hecho entrega de un “regalo ecuménico”: un cáliz en el que se representan a los seis apóstoles que llevaron el Evangelio a Turquía.


Después de unos momentos de oración ante la imagen de la Virgen María, el Santo Padre ha abandonado el recinto, de nuevo en una solemne procesión en la que ocupó el último lugar.



Fotos: Vatican Media, 29-11-2025

Juman Al Qawasmi, hija del fundador de Hamas se convierte al cristianismo: «Antes de un bombardeó oré: ‘Dios, si existes, quiero conocerte y que me salves’; Vi el rostro de Jesús y me dijo: ’Tú eres mi hija; no tengas miedo'»

Juman Al Qawasmi encontró una web cristiana en árabe, donde se leía un mensaje que le llamó la atención: "Ama a tus enemigos" 

* «El islam enseña a los niños a odiar, a luchar, les llena la cabeza de violencia. Pero la verdad no nace del odio. Jesús ama a los musulmanes, los ama profundamente y quiere liberarlos.  Jesús nos está empujando ahora mismo. Déjalo entrar, porque es la vida y ha venido a darte la vida, a darte la alegría, a darte la libertad. Jesús ama a los musulmanes. Él nos ama tanto. Quiere que estemos libres de este miedo, quiere liberarnos. No tenemos que tener miedo, deberíamos poner nuestros ojos en Jesús y creer que Él es el camino. El único camino. Es el hombre más grande» 

Camino Católico.- Juman Al Qawasmi es la hija de uno de los fundadores del grupo terrorista Hamas y exesposa de uno de sus líderes. Juman creció siendo educada en que su lealtad debía estar con la causa de Hamás. Se le enseñó a ver a los judíos y a los cristianos como enemigos y como una amenaza religiosa.

"Nací y crecí en Catar, mi padre es uno de los fundadores de Hamas. Mis padres nos animaron a odiar a Israel, a los judíos, a los cristianos, incluso a todos los que no pertenecían a Hamas. Debíamos matarlos, porque es lo que dice el Corán", dice en una entrevista con CBN News.

En el año 2007, Hamás tomó el control de Gaza. Hasta entonces los judíos y los palestinos vivían en cierta calma, pero en esas fechas ella presenció actos de violencia incluso contra palestinos, mientras el grupo consolidaba así su poder. 

"Entre los años 2002 y 2012 viví en Gaza y vi lo que estaba haciendo Hamas cuando tomó el poder. Dijeron que venían para traer igualdad para todos y cumplir sus promesas, y nada de esto sucedió", comenta.

Estas experiencias alimentaron en ella una inquietud profunda. Juman empezó a cuestionar no solo la doctrina, sino también la forma en que su familia y su movimiento político ejercían la autoridad. "No estaba permitido hacer preguntas en el islam", afirma. 

Entre 2012 y 2014, vivió momentos de miedo. Cuenta que cuando el Ejército israelí le avisó de un bombardeo inminente en su vecindario; esa noche, mientras su familia escapaba, ella oró de forma muy personal: "Dios, si existes, quiero conocerte, quiero que me salves".

Juman se puso a rezar a Dios durante un bombardeo

Tras esa súplica, Juman cuenta que tuvo una experiencia que le cambió el rumbo de su vida: en un sueño vio a su madre, que había muerto un tiempo atrás, y estaban sentadas en un balcón mientras veían la luna, ésta se fue haciendo más grande y vio el rostro de Jesús en la luna, que le habló en árabe: "Soy Dios, Jesús. Tú eres mi hija; no tengas miedo'. Cuando me desperté, sentí que había una luz en la habitación, algo como, ¡esto es real!".

Nunca había escuchado el nombre de "Jesús" ni había tenido contacto con cristianos. "Mi comunidad era 100% musulmana, mis actividades eran ir al centro islámico y memorizar el Corán. Nunca había conocido a gente cristiana en mi vida", dice.

Sin embargo, aquella visión despertó en ella una paz interior desconocida. "Nadie me había hablado de Él antes, pero, cuando escuché Su nombre, sentí que era un nombre hermoso, un Dios hermoso, y sentí paz dentro de mí. Por primera vez, Alguien me amaba, nunca me había sentido amada por mi familia", explica. Y, motivada por esa experiencia, buscó más información. 

Encontró un sitio web cristiano en árabe, donde se leía un mensaje que le llamó la atención: "Ama a tus enemigos". Esa enseñanza le resultó completamente opuesta a lo que le habían inculcado desde pequeña: había que matar a los enemigos, no amarlos. Eso le hizo darse cuenta de que estaba ante un Dios diferente al que le habían enseñado en el islam.

A través de esa página contactó con otros creyentes, comenzó a leer la Biblia y se adentró en la nueva fe hasta que, finalmente, decidió convertirse al cristianismo. Además de su conversión espiritual, Juman ha realizado críticas explícitas hacia Hamás. Afirma que el grupo no solo predicaba la lucha contra Israel, sino que también gobierna mediante el miedo y la opresión.

"Nací en el Islam y nunca he estado satisfecha con Dios. Sentía que Dios nunca estaría feliz conmigo, no tenía ninguna garantía de ir al paraíso. Siempre tenía miedo del infierno. El Islam no te da paz, siempre tienes miedo de que algo malo sucederá", comenta.

"El islam enseña a los niños a odiar, a luchar, les llena la cabeza de violencia. Pero la verdad no nace del odio". Y, añade: "Jesús ama a los musulmanes, los ama profundamente y quiere liberarlos".

Hoy, Juman afirma que su identidad ya no está definida por su linaje familiar ni por su pasado en Hamás, sino por su nueva relación con Dios: se describe a sí misma como "hija del Dios viviente".

"Jesús nos está empujando ahora mismo. Déjalo entrar, porque es la vida y ha venido a darte la vida, a darte la alegría, a darte la libertad. Jesús ama a los musulmanes. Él nos ama tanto. Quiere que estemos libres de este miedo, quiere liberarnos. No tenemos que tener miedo, deberíamos poner nuestros ojos en Jesús y creer que Él es el camino. El único camino. Es el hombre más grande", concluye.

La entrevista completa en inglés puedes escucharla en este vídeo