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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 16-9-2026: «Para alcanzar la perfección a la que nos llama el Señor hay que respetar a toda persona, incluso a los enemigos, promover la vida y rehuir toda forma que atente contra ella»

* «Cuanto atenta contra la vida -homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado-; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino… El futuro de la humanidad depende del compromiso de cada uno para colaborar con Dios y con los hermanos a construir un mundo más humano»

 

16 de septiembre de 2026.- (Camino Católico).-  “Para alcanzar la perfección a la que nos llama el Señor, tanto de cada comunidad como de cada individuo, es necesario el bien común. Esto exige tener en cuenta el respeto de toda persona, promoviendo la vida y rehuyendo a toda forma que atente contra ella; respetar, incluso a los enemigos o a quienes piensan diferente a nosotros; y respetar la dignidad que cada uno posee, sin discriminar a nadie, lo que se concretiza en la justicia social”. Es la reflexión que el Papa León XIV ha hecho en la plaza de San Pedro, ante decenas de fieles y peregrinos, en su catequesis en la Audiencia General, la cuarta del ciclo dedicado a la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, Gaudium et spes, y se centra en su segundo capítulo, dedicado a la «comunidad humana».



León XIV retoma la definición de bien común ofrecida por Gaudium et spes: “El conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten tanto a los grupos como a cada uno de sus miembros alcanzar su propia perfección de manera más plena y más rápida”. 

  

En consecuencia, el bien común implica respetar a quienes piensan y actúan de manera diferente a la propia, ya que todo ser humano exige la misma justicia social, superando una «mentalidad individualista» y adoptando una actitud de responsabilidad y participación: “Esta visión de la humanidad como «comunidad de personas» es un valioso legado que nos dejó el Concilio Vaticano II. Nos ayuda a todos a realizar un discernimiento personal y comunitario, para valorar con responsabilidad los proyectos sociales y políticos de hoy, de acuerdo con los criterios de la dignidad de la persona humana, la justicia social y la libre participación en la construcción del bien común. Porque el futuro de la humanidad depende del compromiso de cada uno para colaborar con Dios y con los hermanos en la construcción de un mundo más humano”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 16 de septiembre de 2026


Ciclo de catequesis – Los documentos del Concilio Vaticano II IV. Constitución Pastoral Gaudium et spes (GS 12-22) 3. La comunidad humana (GS, 23-32)


Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Dedicando el segundo capítulo a la “comunidad humana”, la Constitución Gaudium et spes (GS) invita a considerar la «multiplicación de las relaciones mutuas entre los hombres» como uno de «los principales aspectos del mundo actual» (n. 23). Pero esta realidad necesita encontrar su realización «más hondamente en la comunidad que entre las personas», para la cual es indispensable «el mutuo respeto de su plena dignidad espiritual» (ibid.).

Son afirmaciones que, en nuestros días, ven aumentar su urgencia. Por un lado, de hecho, el desarrollo tecnológico, la difusión de los medios de comunicación y de las redes sociales, el siempre creciente recurso a la inteligencia artificial, abren nuevas posibilidades, derribando barreras y distancias; por el otro lado, las relaciones tienden a convertirse en cada vez menos personales, más virtuales, y se corre el riesgo de acostumbrar a delegar en los algoritmos decisiones que corresponden solo a la conciencia humana. Hacer que las relaciones sociales tengan sustancia real y profundidad personal es, en este sentido, la contribución que la comunidad cristiana se propone ofrecer.

El Concilio invita a extraer criterio y fuerza del proyecto creador de Dios, el cual ha querido que «los hombres constituyan una sola familia y se traten entre sí con espíritu de hermanos»; por esto «el amor de Dios y del prójimo es el primero y el mayor mandamiento», que en Cristo ha tenido su plena revelación y su completa implementación (cfr GS, 24).

El perfeccionamiento de la persona humana y el desarrollo de la sociedad deben ser considerados entre ellos como estrechamente interdependientes: oponerlos o separarlos supondría anularlos. La historia, también la más reciente, confirma esta verdad de forma clara y, por eso, no hay que cansarse de reiterar con los Padres del Vaticano II que «el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social» (GS, 25).

En esta perspectiva, Gaudium et spes afirma que la diversidad de las personas y de los pueblos en el mundo no debe ser considerada como un peligro o una amenaza, sino como potencialidad de enriquecimiento y de crecimiento. La oposición, que a veces degenera en violencia, es un fruto del poder del pecado y de cómo esto condiciona la mentalidad y las acciones, a todos los niveles, causando destrucción y muerte. Es necesario abrirse cada vez más a la lógica de la reciprocidad, del compartir y del cuidado, como sucede también entre los diferentes miembros del cuerpo humano (cfr 1Cor 12,21-25).

En este punto, la Constitución pastoral ofrece también una definición sintética de “bien común”, recordando que este consiste en el «conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección» (GS, 26).  Al mismo tiempo, reconociendo la interdependencia entre los pueblos, afirma que «todo grupo social debe tener en cuenta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos; más aún, debe tener muy en cuenta el bien común de toda la familia humana» (GS, 26).

Partiendo de este planteamiento, los Padres conciliares indican después algunas «consecuencias prácticas de máxima urgencia» (GS, 27). En primer lugar, el respeto de la persona humana. Dice Gaudium et spes: «cuanto atenta contra la vida -homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado-; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes» (ibid.).

Segunda consecuencia: el respeto y el amor también por los adversarios o por los que tienen formas de pensar y de actuar diferentes de los propios (cfr GS, 28).

En tercer lugar: la igualdad fundamental de todos los hombres que exige justicia social. Dice el Documento: «Toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino» (GS, 29).

Finalmente, los padres conciliares exhortan a superar la mentalidad individualista y a asumir una actitud de responsabilidad y participación (cfr GS, 30-31).

Queridos hermanos y hermanas, esta visión de la humanidad como “comunidad de personas” es un legado valioso que nos ha dejado el Concilio Vaticano II. Nos ayuda a todos nosotros a realizar un discernimiento personal y comunitario, para valorar con responsabilidad los proyectos sociales y políticos de hoy, en base a los criterios de la dignidad de la persona humana, de la justicia social y de la libre participación en la construcción del bien común. Porque el futuro de la humanidad depende del compromiso de cada uno para colaborar con Dios y con los hermanos a construir un mundo más humano (cfr GS, 30).

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

En esta catequesis, para continuar reflexionando sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes, quiero proponer el tema de la comunidad humana. El Concilio nos recuerda que Dios «ha querido que los hombres constituyan una sola familia y se traten entre sí con espíritu de hermanos» (GS 24). Hoy, que vivimos en una sociedad permeada por el desarrollo tecnológico, el cual por una parte acorta distancias y derriba barreras, y por otra pone en riesgo las relaciones personales —las cuales pueden volverse cada vez más virtuales—, es preciso reubicar el lugar de la persona humana.

Para alcanzar la perfección a la que nos llama el Señor, tanto de cada comunidad como de cada individuo, es necesario el bien común. Esto exige tener en cuenta el respeto de toda persona, promoviendo la vida y rehuyendo a toda forma que atente contra ella; respetar, incluso a los enemigos o a quienes piensan diferente a nosotros; y respetar la dignidad que cada uno posee, sin discriminar a nadie, lo que se concretiza en la justicia social.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En estos días, muchos países latinoamericanos celebran su fiesta nacional. Pidamos al Señor que, valorando la identidad de nuestra patria, el Evangelio nos abra la mente y el corazón para reconocer que somos parte de un proyecto divino más grande, que somos parte de la familia humana creada por Dios. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Por último, dirijo mi pensamiento a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. En estos días, la liturgia nos ha llevado a reflexionar sobre el misterio de la Cruz y los dolores de la Madre del Señor. Que la Cruz de Cristo y el ejemplo de la Virgen Dolorosa iluminen vuestras vidas, queridos jóvenes; os sostengan en las pruebas cotidianas, queridos hermanos enfermos; y os inspiren, queridos recién casados, a llevar una vida familiar coherente con los principios del Evangelio.

Mi bendición para todos.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 16-9-2026

Boštjan Rakovnik y Mihaela, matrimonio, han superado todas sus crisis: «Cada día invitamos a Jesús a nuestra relación; estamos conectados entre nosotros y con Él, quien siempre está cerca»

Boštjan Rakovnik y su esposa, Mihaela, un matrimonio esloveno, han afrontado todas sus crisis con oración perseverante / Foto: Osebni arhiv - Aleteia

* «Nos nutrimos espiritualmente con Dios, a lo largo del día, con la oración y el amor mutuo. Al encontrarnos con el prójimo, con la Palabra de Dios y con Jesús entre nosotros, en la Eucaristía… Como tenemos una capilla en el trabajo, me detengo allí todos los días y le pido a Jesús que me acompañe en las relaciones de ese día. No siempre es fácil, pero es la voluntad de Dios»

Camino Católico.- Boštjan Rakovnik, de Eslovenia, es un hombre que, incluso en un día completamente normal, sabe reconocer las oportunidades para nuevos comienzos; pero sobre todo, para el amor. Él es un ejemplo a seguir para muchos de quienes lo conocen. Trabaja como técnico de mantenimiento en un hospital, y en su tiempo libre prefiere pasar el rato con su esposa Mihaela y sus seres queridos. Participa activamente en la asociación pastoral de su parroquia y, todos los días, junto con su esposa, reza por la paz en el movimiento "La Obra de María".

Boštjan Rakovnik y su esposa, Mihaela, invitan cada mañana a Jesucristo a su relación / Foto: Boštjan Rakovnik - Aleteia

“Cada día decido empezar de nuevo. La relación matrimonial es muy importante para mí. Vale la pena invertir en ella. Mi esposa y yo casi siempre planeamos el día juntos. Por la mañana tomamos café e invitamos a Jesús a nuestra relación. Estamos conectados entre nosotros y con Él, quien siempre está cerca. La Misa es una parte importante del día para nosotros”, comparte  Boštjan Rakovnik en Aleteia.

“Una de las muchas actividades diarias que son importantes para mi paz interior es el dado del amor. En él hay frases como: ‘Ama a tu enemigo’, ‘Sean uno’, ‘Ama a Jesús en cada persona’, ‘Ama primero’… Lanzo el dado cada día y trato de vivir así desde hace varias décadas. Y debo reconocer que soy testigo vivo de milagros constantes”, asegura.

“Con nosotros vive Jasna, la hermana de mi esposa, que tiene una discapacidad desde la infancia; también tenemos a nuestra perrita, Biba, y un jardín grande. Cuando estamos juntos, todos estamos muy felices y hay un ambiente agradable. Pero todos necesitamos el amor mutuo para que esto siga vivo y siga adelante. Cada uno de nosotros debe cumplir con su parte y con el deber del que es responsable. Cuando eso no ocurre, por lo general, es difícil. En esos momentos hay que empezar de nuevo. En las relaciones hay que saber acercarse y también dejar al otro en paz”, asevera Boštjan.

Boštjan Rakovnik trabajando en su jardín / Foto: Osebni arhiv - Aleteia

“En el trabajo, las relaciones pueden ser buenas o malas. A menudo, yo mismo soy el culpable de ellas. Mis compañeros de trabajo son mi ‘espejo’. A menudo me pregunto qué más puedo hacer por ellos. Como tenemos una capilla en el trabajo, me detengo allí todos los días y le pido a Jesús que me acompañe en las relaciones de ese día. No siempre es fácil, pero es la voluntad de Dios”, subraya este técnico de mantenimiento en un hospital.

“Mi tiempo para mí se ve enriquecido por un grupo de voluntarios de la Obra de María. Cada 14 días nos reunimos desde toda Eslovenia y nos enriquecemos con la vida de Jesús entre nosotros. También me enriquece el paseo diario con mi perrita Biba y, por supuesto, la vida con mis seres queridos”, reconoce.

Boštjan Rakovnik confidencia que “el estereotipo de que los hombres somos el cabeza de familia, pues no se aplica en mi caso. A menudo estoy en la cocina, ayudando a mi esposa. Nos apoyamos mutuamente y tratamos de ser iguales el uno para el otro, incluso en las demás tareas del hogar. Mimo a mi esposa llevándole café a la cama y un masaje en las plantas de los pies. Lo que más valora es que la ayude sin quejarme. Se trata de pequeños detalles. Mi regalo mensual es un ramo de flores cada 15 del mes, cuando celebramos nuestro aniversario de boda. La apoyo en los días difíciles, por lo general debido a casos complicados en el trabajo. La cercanía es la verdadera relación, y eso es lo que ella valora”.

Boštjan Rakovnik dice que su matrimonio se nutre espiritualmente con Dios / Foto: Osebni arhiv - Aleteia

A Boštjan Rakovnik y a su esposa, Mihaela, no han podido tener hijos propios y pese a ello pueden ser fructíferos: “Lo hemos afrontado con mucho diálogo y aceptando la situación, sin compadecerse de uno mismo y ayudando al prójimo. Tenemos a Jasna, y en el pasado también cuidamos a personas mayores: a mi suegra, a mi papá y a mi mamá. Tenemos varios ahijados, a quienes acompañamos en su camino por la vida. Si cada día miras a tu alrededor, verás a alguien que necesita tu ayuda”.

El acontecimiento o prueba en la vida que más ha hecho reflexionar a Boštjan es: “sin duda, la boda. También el cuidado de una persona con discapacidad, y darme cuenta de que no tendríamos hijos propios. Más tarde, también la búsqueda de un nuevo empleo”.

Para concluir, Boštjan explica que “nos nutrimos espiritualmente con Dios, a lo largo del día, con la oración y el amor mutuo. Al encontrarnos con el prójimo, con la Palabra de Dios y con Jesús entre nosotros, en la Eucaristía”.

María Tell padeció la trata de personas en la guardería y de adulta: «Siempre rezaba Padrenuestros y Avemarías, clamé ante una estatua de Jesús: ‘Tienes que hacer algo’; Dios me liberó y hoy ayudo a otras personas a salir de la trata»


El camino de María Tell es uno que la lleva de la oscuridad a la luz. Esta sobreviviente de la trata ahora dedica su tiempo a apoyar a otros en sus propios caminos / Foto: Neil McDonough - Denver Catholic

* «Mi traficante me decía: 'Tienes que dejar de rezar. Cada vez que rezas, voy a la cárcel'. Y yo pensé: ¿Qué crees que nos está diciendo Dios?... No sabía que el confesionario puede ser sanador. El confesionario no es un lugar de vergüenza, es misericordia… La adoración es una experiencia inmensa. Aunque solo sean cinco minutos, nunca se desperdician… Ser católico es libertad de todas las mentiras que el enemigo quiere que creamos sobre nosotros mismos y el mundo. Tuve que renunciar a esas mentiras sobre mi identidad para convertirme en la mujer que Dios quería que fuera, porque él es el único que realmente puede decirnos quiénes somos y cómo nos ve… La mayoría de los sobrevivientes de la trata buscan una sola cosa: a Jesús… La Santísima Virgen María es poderosa contra el mal. Lucho contra el mal todos los días en la lucha contra la trata de personas, y necesito que la Virgen de los Dolores me acompañe para que me ayude» 

Camino Católico.- En medio de la furia oscura de un aguacero ante una iglesia con las puertas cerradas en Fort Collins, en el estado de Colorado en los Estados Unidos, una mujer clamó a una estatua de Jesús, suplicando ayuda. Esa mujer era María Tell, víctima de la trata de personas, aferrándose desesperadamente a la esperanza de una salida. Su angustiada oración fue respondida.

Hoy, María no solo es una sobreviviente de la trata; es la fundadora de A Courageous Rose (Una Rosa Valiente), una organización sin fines de lucro dedicada a ayudar a otros a recuperar sus vidas. Su historia es a la vez una de sufrimiento inimaginable y de profunda fe, sanación y redención.

El camino de María no es sólo un testimonio de supervivencia; es un testimonio del poder duradero de la fe y la comunidad católica para resucitar y rescatar almas de la oscuridad.

María se arrodilla en oración en la parroquia de San Juan XXIII en Fort Collins / Foto: Neil McDonough - Denver Catholic

Semillas de fe

María nació en la fe católica: católica de cuna, criada por una madre devota que le inculcó una profunda reverencia por la Eucaristía, el poder del Rosario y la confianza en la intercesión de la Santísima Virgen María. Estas semillas de fe, plantadas en la infancia, se convertirían más tarde en las raíces a las que se aferró durante años de oscuridad.

“Creo que por eso estoy aquí sentada ahora mismo. Por esas semillas que se plantaron desde el primer día”, dice María a Kristine Newkirk en Denver Catholic, el peródico de la Archidiócesis de Denver.

Pero esa misma infancia también estuvo marcada por el trauma. Con tan solo cuatro años, María fue víctima de trata de personas por una mujer que dirigía una guardería a domicilio en Fort Collins.

“Era una niña pequeña que iba a la guardería. Mi mamá me dejaba, me recogían y me iba a casa”, recuerda. “Había otros niños allí también, y para ellos era igual”.

A pesar del buen vecindario, los depredadores llegaban durante el día para abusar sexualmente de María y los demás niños. El abuso se ocultaba tras una fachada de normalidad —sin sótanos ni cadenas, dice, solo una casa suburbana donde los niños jugaban— y los depredadores iban y venían, dejando cicatrices que moldearían la comprensión que María tenía de sí misma y del mundo.

Su madre, ajena a la explotación, sacó a María de la guardería en cuanto se enteró de que algo andaba mal y denunció de inmediato el abuso físico que también ocurría. Avergonzada, María no le contó a su madre sobre el abuso sexual que sufría. Para cuando su madre reaccionó a lo que descubrió, el daño ya estaba hecho. “Eso dejó un gran vacío en mi corazón y me preparó para ser explotada más tarde cuando fuera adulta”, afirma María.

La espiral del dolor

Cuando los niños experimentan una angustia abrumadora, las conductas que la rodean pueden influir en sus respuestas futuras. María habló de la disociación común entre las víctimas, donde las personas se desconectan de sus emociones, recuerdos o incluso de su identidad.

“De pequeña, estas cosas te pasan, y eso normaliza el comportamiento”, explicó María. “Me revisaron médicamente porque mi cerebro estaba tratando de comprender lo que me había pasado”.

Cuando era adolescente, el trauma de María se manifestó en rebelión: fugas, abuso de sustancias y promiscuidad. “Era mi manera de lidiar con la vergüenza y el dolor. No entendía realmente la misericordia de Dios. Pensaba: 'Bueno, si voy a hacer estas cosas, no pertenezco aquí. No pertenezco a esta iglesia. Pertenezco a la calle'”, comparte.

Sus gritos de ayuda a menudo fueron malinterpretados y la enviaron a centros de rehabilitación en lugar de recibir el amor y la afirmación que tanto necesitaba. “Solo necesitaba que alguien se sentara conmigo y me dijera que merecía amor. La gente solo veía a una delincuente”, rememora.

En la universidad, María estaba arruinada, era vulnerable y buscaba seguridad. “Buscaba desesperadamente un hombre que me protegiera y me hiciera sentir que no iba a pasar nada malo”, explica.

Conoció a un pandillero que le prometió protección y pertenencia, describiéndole una vida como la de Bonnie y Clyde: ganando dinero y enfrentando el mundo juntos. María se sintió atraída. 

Lo que siguió fueron años de explotación, adicción y violencia. La metanfetamina se convirtió en una herramienta de control, administrada por sus abusadores para asegurar la dependencia. “Te mienten. Cuando estás en el lío, no lo ves. Te tienen en sus manos. Quieren hacerte creer que eres una drogadicta, una prostituta”, asegura María.

Al despojar a sus víctimas de su dignidad, los miembros de pandillas pueden ejercer control más fácilmente, explica, señalando que las víctimas de trata rara vez entienden que están siendo traficadas mientras esto sucede. 

"Siempre rezaba. Incluso cuando consumía metanfetamina, rezaba", dice María / Foto: Neil McDonough - Denver Catholic

Un destello de luz

Incluso en sus momentos más oscuros, María nunca abandonó la oración. “Siempre rezaba. Incluso cuando estaba con metanfetamina, rezaba. Sabía que estaba rodeada de maldad, y sabía que era mala, así que siempre rezaba Padrenuestros y Avemarías”, se sincera.

María se aferró a la fe, invocando la ayuda de San Judas Tadeo, el Auxiliador de los Desamparados, la Santísima Madre, San Miguel Arcángel y el Padre Pío. María atribuye su salvación durante este tiempo a San Miguel: “Él era ese hermano mayor que no se daba por vencido conmigo”, recuerda.

Hubo momentos de intervención divina, como aquella vez que María rezó en silencio a San Miguel pidiendo ayuda y su traficante fue arrestado minutos después. “Era San Miguel viniendo por mí. El Señor viene a sus ovejas perdidas. Nos busca”.

Con el tiempo, su traficante notó un patrón y le dijo a María que dejara de orar: "Él me decía: 'Tienes que dejar de rezar. Cada vez que rezas, voy a la cárcel'", explica. María recuerda claramente que pensó: "¿Qué crees que nos está diciendo Dios?".

Regresando a casa a la Iglesia

Tras liberarse, María encontró el camino de regreso a Fort Collins. Siempre se había sentido atraída por la Iglesia, pero ahora, completamente destrozada, asustada, con tatuajes que la distinguían, no se sentía bienvenida; al principio. Sólo más tarde reconoció que era el enemigo quien le decía que no pertenecía.

Sin embargo, María persistió y regresó a una y luego a otra iglesia católica local.

En una noche providencial, desesperada, sola y empapada por la lluvia, en un momento de pura entrega, le gritó a una estatua de Jesús afuera de las puertas cerradas de la parroquia Santa Isabel Ana Seton en Fort Collins: “¡Tienes que hacer algo!”.

Y lo hizo.

Las personas adecuadas se pusieron en el camino de María. Encontró a un sacerdote, el padre Michael Freihofer, quien la ayudó a regresar a los sacramentos, donde encontró la gracia de Dios.

“No sabía que el confesionario puede ser sanador. El confesionario no es un lugar de vergüenza. Es misericordia”, dice María.

La confesión fue una puerta de entrada a otros sacramentos y ministerios de sanación, y el primer paso crucial para romper el vínculo traumático. El padre Freihofer le dio una receta de oración y la invitó a regresar, invitación que ella aceptó con alegría.

María, madre de tres hijos, ahora dedica su tiempo a ayudar a otras mujeres y familias a encontrar su propio camino hacia la luz de Cristo / Foto: Neil McDonough - Denver Catholic

Una rosa valiente

De su experiencia surgió una misión. Más tarde, cuando la organización sin fines de lucro para la que trabajaba cerró, María recurrió a la Santísima Virgen María en busca de orientación. Juntas, bautizaron su nueva organización: Una Rosa Valiente. El nombre honra tanto a Nuestra Señora de los Dolores como a cada sobreviviente que se atreve a recuperar su vida.

Una Rosa Valiente ofrece apoyo entre pares dirigido por sobrevivientes, asistencia de emergencia, clases de boxeo y orientación espiritual. Es un ministerio arraigado en los valores católicos, pero abierto a todos.

“La mayoría de los sobrevivientes de la trata buscan una sola cosa: a Jesús”, dice María.

La organización también colabora con las fuerzas del orden y las Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI), proporcionando un puente entre los sobrevivientes y los recursos que necesitan para sanar.

Prácticas católicas y comunidad

Para una sobreviviente, cada día puede traer nuevos desafíos, detonantes y emociones. Para María, combatir la oscuridad y el trauma que arrastra requiere atención y renovación espiritual diaria. Su vida cotidiana está inmersa en la devoción católica, donde encuentra fuerza tanto en las prácticas católicas como en la comunidad.

Asiste a misa a diario en la parroquia de San Juan XXIII en Fort Collins, una práctica que, según ella, le cambió la vida. Ha encontrado una familia en su parroquia y un lugar al que pertenece. “La gente me preguntaba mi nombre, me abrazaba, se acordaban de mí y, entonces, te conviertes en parte de una comunidad, y es algo muy sanador en sí mismo para todos nosotros”, reconoce.

Recientemente, su familia parroquial organizó un baby shower para un sobreviviente no católico en ‘A Courageous Rose’. “Todos en la iglesia se volcaron: decoraron la iglesia, le consiguieron regalos y la hicieron sentir bienvenida”, comparte María. “Eso es lo que hacemos como católicos, ¿verdad? Amamos a la gente. Celebramos la vida. Abrazamos la vida”.

La vida de oración de María es intensa. Reza tanto el Rosario tradicional como el Rosario de los Siervos, centrándose en los Siete Dolores de la Santísima Virgen María: “Ella es poderosa contra el mal”, explica María. “Lucho contra el mal todos los días en la lucha contra la trata de personas, y necesito que la Virgen de los Dolores me acompañe para que me ayude”.

María también reza la Coronilla reparadora del Santo Rostro y se confiesa al menos una vez por semana, diciendo: “aunque no creo que necesite ir, voy”.

Ella pasa tiempo en Adoración Eucarística, describiéndola como un lugar de fortaleza tranquila, de presencia, donde el alma encuentra descanso. “La adoración es una experiencia inmensa. Aunque solo sean cinco minutos, nunca se desperdician”, asegura.

María también lleva a los sobrevivientes a la Adoración, para sentarse y sentir un amor que, según ella, no se puede ver ni medir, pero que de todos modos está ahí.

Estas prácticas no son solo rituales, sino también un salvavidas. Son la forma en que María se mantiene firme, continúa sanando y ayuda a otros a hacer lo mismo.

La verdadera libertad

A las sobrevivientes de la trata, el control sobre sus cuerpos, sus decisiones e incluso su sentido de identidad les ha sido arrebatado gradual y deliberadamente.

“Cuando has sido víctima de trata, alguien ha estado tomando decisiones por ti durante tantos años. Es algo con lo que todavía lucho a diario. Hay días en que el simple hecho de decidir qué ponerme es realmente abrumador”, explica.

Pero ella habla de un tipo de libertad más profunda: no la libertad fugaz que ofrece el mundo, sino la libertad duradera que se encuentra en Cristo y tiene sus raíces en la fe. “Ser católico es libertad. Libertad de todas las mentiras que el enemigo quiere que creamos sobre nosotros mismos y el mundo”, asevera.

María enseña a los sobrevivientes que el verdadero empoderamiento se encuentra en Cristo; en esta libertad, descubren la gracia para recuperar su identidad. Ella lo sabe porque ella misma tuvo que recorrer este camino: “Tuve que renunciar a esas mentiras sobre mi identidad para convertirme en la mujer que Dios quería que fuera, porque él es el único que realmente puede decirnos quiénes somos y cómo nos ve”, transparenta.

No estoy sola

Reconocer que ya no está sola ha sido una de las revelaciones más poderosas en el camino de sanación de María. Tiene una comunidad, una familia espiritual y una misión. Cuenta con los nueve coros de ángeles, los santos, la Santísima Virgen y Jesús a su lado en la lucha contra la trata de personas.

El pasaje bíblico favorito de María es Mateo 25:40: “En verdad, en verdad, todo lo que hicieron por uno de estos hermanos más pequeños, por mí lo hicieron”. Es un versículo que guía su ministerio y su vida.

A través de ‘Una Rosa Valiente’, María Tell hace por los demás lo que una vez hicieron por ella: ofrecer esperanza, sanación y el amor de Cristo.

Ella y otros sobrevivientes de la organización sin fines de lucro regresan voluntariamente a la oscuridad para tender la mano a quienes buscan la luz. Su trabajo se basa en la experiencia vivida y un profundo compromiso con la doctrina católica, prueba de que el poder perdurable de la fe puede llegar incluso a los rincones más oscuros.

Un llamado pastoral a la acción

Esta crisis global exige una respuesta unida. En su mensaje pastoral de 2025, el Papa Francisco instó a los fieles a:

-Ser “embajadores de la esperanza”, actuando juntos para apoyar a las víctimas y los sobrevivientes.

-Tomemos fuerza en Cristo para renovar nuestro compromiso, incluso en medio de la injusticia.

-Escuche con compasión a los sobrevivientes y trabaje para prevenir la explotación futura.

-Abordar las causas profundas —la guerra, la pobreza y el cambio climático— mediante acciones globales y locales.

-Oremos y promuevan iniciativas que defiendan la dignidad humana y eliminen la trata.

Para obtener más información o apoyar a A Courageous Rose, visita pinchando aquí: A Courageous Rose.