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domingo, 1 de febrero de 2026

Papa León XIV en el Ángelus, 1-2-2026: «Jesús no habla en las Bienaventuranzas de una consolación lejana, sino de una gracia constante que nos sostiene siempre, sobre todo en la hora de la aflicción»

* «Las Bienaventuranzas son para nosotros una prueba de la felicidad, llevándonos a preguntarnos si la consideramos una conquista que se compra o un don que se comparte; si la reponemos en objetos que se consumen o en relaciones que nos acompañan. De hecho, es “a causa de Cristo” (cf. v. 11) y gracias a Él que la amargura de las pruebas se transforma en la alegría de los redimidos» 

   

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «He recibido con gran preocupación noticias sobre un aumento de las tensiones entre Cuba y los Estados Unidos de América, dos países vecinos. Me uno al mensaje de los obispos cubanos, invitando a todos los responsables a promover un diálogo sincero y eficaz, para evitar la violencia y cualquier acción que pueda aumentar el sufrimiento del querido pueblo cubano. ¡Que la Virgen de la Caridad del Cobre asista y proteja a todos los hijos de esa amada tierra!»

 

1 de febrero de 2026.- (Camino Católico)  Antes de rezar la oración mariana del Ángelus este domingo 1 de febrero de 2026, el Papa León XIV, ante miles de fieles en la plaza de San Pedro, explica que “Jesús no habla en las Bienaventuranzas de una consolación lejana, sino de una gracia constante que nos sostiene siempre, sobre todo en la hora de la aflicción”.

"Una página espléndida de la Buena Noticia que Jesús anuncia a toda la humanidad", así describe el Papa León XIV el Evangelio de las Bienaventuranzas (Mt 5, 1-12), que la liturgia propone para este 1 de febrero de 2026, IV Domingo del Tiempo Ordinario. En su reflexión, el Santo Padre puntualiza que “estas, en efecto, son luces que el Señor enciende en la penumbra de la historia, revelando el proyecto de salvación que el Padre realiza por medio del Hijo, con el poder del Espíritu Santo”.

Después de rezar el Ángelus, el Papa pide retomar el diálogo ante las tensiones entre Estados Unidos y Cuba. Los obispos cubanos advirtieron ayer sobre los posibles riesgos sociales y la violencia que podría escalar en la población tras el anuncio de aranceles a los países que provean petróleo a la isla. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente: 

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

Domingo, 1 de febrero de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

En la liturgia de hoy se proclama una página espléndida de la Buena Noticia que Jesús anuncia a toda la humanidad: el Evangelio de las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12). Estas, en efecto, son luces que el Señor enciende en la penumbra de la historia, revelando el proyecto de salvación que el Padre realiza por medio del Hijo, con el poder del Espíritu Santo.

En el monte, Cristo entrega a los discípulos la ley nueva, que está escrita en los corazones, ya no en la piedra; es una ley que renueva nuestra vida y la hace buena, aun cuando ante el mundo parezca fracasada y miserable. Sólo Dios puede llamar realmente bienaventurados a los pobres y a los afligidos (cf. vv. 3-4), porque Él es el sumo bien que se da a todos con amor infinito. Sólo Dios puede saciar a quienes buscan paz y justicia (cf. vv. 6.9), porque Él es el justo juez del mundo, autor de la paz eterna. Sólo en Dios encuentran alegría los mansos, los misericordiosos y los puros de corazón (cf. vv. 5.7-8), porque Él es el cumplimiento de lo que esperan. En la persecución, Dios es la fuente del rescate; en la mentira, es el ancla de la verdad. Por eso Jesús proclama: «Alégrense y regocíjense» (v. 12).

Estas Bienaventuranzas son una paradoja sólo para quien considera que Dios es diferente de como Cristo lo revela. Quien espera que los prepotentes sean siempre dueños de la tierra, permanece sorprendido ante las palabras del Señor. Quien está acostumbrado a pensar que la felicidad pertenece a los ricos, podría creer que Jesús sea un iluso. Y, en cambio, la ilusión está precisamente en la falta de fe en Cristo; Él es el pobre que comparte su vida con todos, el manso que persevera en el dolor, el que trabaja por la paz y es perseguido hasta la muerte en cruz.

De este modo, Jesús ilumina el sentido de la historia; no la que escriben los vencedores, sino la que Dios realiza salvando a los oprimidos. El Hijo mira al mundo con el realismo del amor del Padre; en el lado opuesto están, como decía el Papa Francisco, «los profesionales de la ilusión. No hay que seguirlos, porque son incapaces de darnos esperanza» (Ángelus, 17 febrero 2019). Dios, en cambio, da esta esperanza sobre todo a quien el mundo descarta como desesperado.

Queridos hermanos y hermanas, las Bienaventuranzas son para nosotros una prueba de la felicidad, llevándonos a preguntarnos si la consideramos una conquista que se compra o un don que se comparte; si la reponemos en objetos que se consumen o en relaciones que nos acompañan. De hecho, es “a causa de Cristo” (cf. v. 11) y gracias a Él que la amargura de las pruebas se transforma en la alegría de los redimidos. Jesús no habla de una consolación lejana, sino de una gracia constante que nos sostiene siempre, sobre todo en la hora de la aflicción.

Las Bienaventuranzas elevan a los humildes y dispersan a los soberbios de corazón (cf. Lc 1,51-52). Por eso pidamos la intercesión de la Virgen María, sierva del Señor, que todas las generaciones llaman bienaventurada.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


He recibido con gran preocupación noticias sobre un aumento de las tensiones entre Cuba y los Estados Unidos de América, dos países vecinos. Me uno al mensaje de los obispos cubanos, invitando a todos los responsables a promover un diálogo sincero y eficaz, para evitar la violencia y cualquier acción que pueda aumentar el sufrimiento del querido pueblo cubano. ¡Que la Virgen de la Caridad del Cobre asista y proteja a todos los hijos de esa amada tierra!


Aseguro mi oración por las numerosas víctimas del derrumbe en una mina en Kivu del Norte, en la República Democrática del Congo. ¡Que el Señor sostenga a ese pueblo que tanto sufre!


Oremos también por los difuntos y por todos aquellos que sufren a causa de los temporales que en los últimos días han azotado Portugal y el sur de Italia. Y no olvidemos a las poblaciones de Mozambique, duramente afectadas por las inundaciones.


Hoy se celebra en Italia la “Jornada nacional de las víctimas civiles de las guerras y los conflictos en el mundo”. Esta iniciativa es, lamentablemente, trágicamente actual: cada día se registran víctimas civiles de acciones armadas que violan abiertamente la moral y el derecho. Los muertos y heridos de ayer y de hoy serán verdaderamente honrados cuando se ponga fin a esta intolerable injusticia.


El próximo viernes darán comienzo los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, a los que seguirán los Juegos Paralímpicos. Dirijo mis mejores deseos a los organizadores y a todos los atletas. Estos grandes eventos deportivos constituyen un fuerte mensaje de fraternidad y reavivan la esperanza de un mundo en paz. Este es también el sentido de la tregua olímpica, una antigua costumbre que acompaña el desarrollo de los Juegos. Espero que todos aquellos que valoran la paz entre los pueblos y ocupan puestos de autoridad sepan aprovechar esta ocasión para realizar gestos concretos de distensión y de diálogo.


Saludo a todos ustedes, queridos romanos y peregrinos venidos de diversos países.


En particular, me complace dar la bienvenida a los miembros del movimiento Luce-Vita de la diócesis de Siedlce, en Polonia, acompañados por el obispo auxiliar. Saludo a los grupos de fieles de Paraná, en Argentina; de Chojnice, Varsovia, Wrocław y Wagrowiec, en Polonia; de Pula y Sinj, en Croacia; de Ciudad de Guatemala y San Salvador; así como a los estudiantes del Instituto “Rodríguez Moñino” de Badajoz y a los de Cuenca, en España. Saludo también a los devotos de Nuestra Señora de los Milagros de Corbetta, cerca de Milán.


Les agradezco de corazón sus oraciones y les deseo a todos un feliz domingo.

Papa León XIV







Fotos: Vatican Media, 1-2-2026

Armida Fernández, médica católica premiada en la india por reducir la mortalidad infantil: «Muchas veces en mi vida he sentido que Dios me tomaba de la mano y me decía: esto es lo que debes hacer ahora»

La médica católica Armida Fernández, neonatóloga de Mumbai, que ha reducido drásticamente la mortalidad infantil y ha fundado el primer banco de leche del país, ha recibido una de las más altas condecoraciones de la India 

* «A finales de los años 80, cuando estaba trabajando como pediatra y neonatóloga, morían muchos niños, y el profesor me dijo: ‘Por favor, deja todo lo que estés haciendo y concéntrate en encontrar la manera de reducir las muertes de recién nacidos’. Ese era Dios que me decía lo que debía hacer… Era desgarrador ver morir a tantos niños en la unidad de cuidados intensivos para prematuros. Perdíamos al 70% debido a diarrea y sepsis. Instintivamente comprendí que había algo que no estábamos haciendo de la manera correcta… Dios habla de diferentes maneras: a través de voces, a través de situaciones, y es lo que ha sucedido a lo largo de toda mi vida»

Camino Católico.-  Una de las más altas condecoraciones de la India ha sido otorgada a la médica católica Armida Fernández, neonatóloga de Mumbai, que ha reducido drásticamente la mortalidad infantil y ha fundado el primer banco de leche del país. Extendió su obra al servicio de las mujeres hasta los barrios marginales de la metrópoli. "Realmente creo que Dios tiene una función y un propósito para cada uno de nosotros cuando nos trae a este mundo. Muchas veces en mi vida he sentido que Dios me tomaba de la mano y me decía: esto es lo que debes hacer ahora", asegura a AsiaNews.

En el Día de la República, el gobierno de la India otorgó el prestigioso premio Padma Shri a la médica católica Armida Fernández, fundadora y fideicomisaria de SNEHA (Society for Nutrition, Education and Health Action), ex profesora de neonatología y decana del LTMG Hospital de Sion. El reconocimiento quiere destacar el compromiso que ha asumido durante toda su vida para mejorar la salud materna, infantil y pediátrica en la India, especialmente en las zonas urbanas de escasos recursos.

El Padma Shri es la cuarta condecoración civil más alta de la India y reconoce contribuciones destacadas en diversos ámbitos como las artes, la educación y el servicio social. Este año recibieron el premio 131 personas y el jueves 29 de enero la Dra. Fernández recibirá también una distinción pontificia por su larga trayectoria.

La Dra. Armida vive en Bandra, donde asiste a misa diariamente en la Basílica del Monte o en la iglesia de San Andrés: “Recibo a Jesús en la comunión para salir a ayudar a los demás”, cuenta.

En 1977 la Dra. Armida puso en marcha el Departamento de Neonatología en el Lokmanya Tilak Municipal General Hospital (LTMG, conocido popularmente como Hospital de Sion). “A finales de los años 80, cuando estaba trabajando como pediatra y neonatóloga, morían muchos niños, y el profesor me dijo: ‘Por favor, deja todo lo que estés haciendo y concéntrate en encontrar la manera de reducir las muertes de recién nacidos’. Ese era Dios que me decía lo que debía hacer… Era desgarrador ver morir a tantos niños en la unidad de cuidados intensivos para prematuros. Perdíamos al 70% debido a diarrea y sepsis. Instintivamente comprendí que había algo que no estábamos haciendo de la manera correcta”.

Tras muchos días de atento análisis, identificó la causa de la diarrea:  la leche de fórmula y los biberones contaminados. “En aquella época atendíamos más de 8 mil partos por año. Incluso el más mínimo fallo en la higiene — enfermeras que se enjuagan las manos con prisa o biberones no esterilizados a fondo— puede poner a los prematuros en un riesgo altísimo. Entonces decidí eliminar la leche de fórmula y los biberones, e hice entrar a las madres en la unidad de cuidados intensivos para amamantar a sus bebés. No hay nada más curativo que el contacto de una madre”.

Las tasas de mortalidad empezaron a disminuir y Fernández comenzó su incansable campaña a favor de la lactancia materna. Como no todas las madres podían producir leche suficiente, decidió utilizar la leche de otras madres para alimentar a los recién nacidos más necesitados. “Convencimos y alentamos a las madres a donar su leche a otras madres”.

La doctora Armida Fernández es fundadora y fideicomisaria de SNEHA (Society for Nutrition, Education and Health Action), ex profesora de neonatología y decana del LTMG Hospital de Sion

La Dra. Armida obtuvo una beca en Oxford sobre este tema en 1989, y abrió el primer banco de leche, para asegurar que los recién nacidos recibieran el aporte de los nutrientes esenciales de la leche materna. Hoy se dice que el Sion Human Milk Bank salva la vida de unas tres docenas de niños cada día. “Mi equipo en el hospital – recuerda – involucró a madres sanas en periodo de lactancia para que donaran su leche sobrante, que luego era pasteurizada y almacenada. Cuando llegaron las pruebas para la detección del VIH, las madres también eran sometidas a ellas”. En menos de cuatro años, la mortalidad infantil en el Hospital de Sion se redujo del 70% al 12%.

“Mons. Allwyn D’Silva, que en aquel entonces no era obispo todavía, trabajaba en Dharavi, el barrio marginal más grande de Asia – prosigue la Dra. Fernandez –. Él me dijo: ‘¿Por qué tú y tu departamento no trabajan en los barrios pobres?’. Con algunos fondos que él pudo conseguir, empezamos a trabajar en Dharavi, Kurla y Wadala. Gracias al padre Allwyn comprendí que no podíamos trabajar solo en los hospitales si queríamos cambiar los comportamientos. El cambio social era fundamental”.

Viendo el éxito de esta idea sencilla pero extraordinariamente efectiva, la Dra. Armida decidió compartir sus prácticas con las personas de bajos recursos que vivían en los barrios marginales y lo necesitaban desesperadamente. Al principio organizó visitas de campo una vez por semana, acompañada por un grupo de estudiantes de doctorado a quienes enseñaba neonatología. Luego, en 1999, la Dra. Fernandez fundó SNEHA, una organización con sede en Mumbai dedicada a la salud materno-infantil y el empoderamiento de las mujeres.

“Todo comenzó en la boda de un familiar. Un primo me dijo: ‘¿Quieres trabajar en los barrios pobres? Toma mi casa en el distrito de Nashik, en Maharashtra, vendela y usa los fondos para tus proyectos en esos barrios’. Lamentablemente falleció al día siguiente; pero su esposa vendió la casa y me dio el dinero para el trabajo en los barrios marginales. Una vez más, fue Dios el que me habló, diciéndome: debes trabajar en los barrios pobres”.

Desde hace casi tres décadas, SNEHA opera en los sectores de la salud y nutrición materno-infantil y en la prevención de la violencia contra mujeres y niños en los barrios marginales de la ciudad.

“Ocurrió lo mismo con los cuidados paliativos – sigue explicando la Dra. Armida –. Dios me habló. Me quitó a mi única hija, Romilla, que murió de cáncer. Vi su sufrimiento y me pregunté qué podía hacer por otros enfermos de cáncer. Hoy el Romila Palliative Care (RPC), que lleva su nombre, es un centro de ayuda para los pacientes afectados por enfermedades terminales”.

“No podemos atribuirnos el mérito de nada de lo que hacemos en la vida”, concluye la Dra. Fernández, y atribuye el mérito del premio Padma Shri a todos los que han trabajado con ella. “Dios habla de diferentes maneras: a través de voces, a través de situaciones, y es lo que ha sucedido a lo largo de toda mi vida. Desde el principio he contado con los mejores equipos. En el Hospital de Sion tenía un departamento excelente; en SNEHA y en los cuidados paliativos tengo un equipo extraordinario de personas comprometidas y dedicadas que trabajan juntas. Esa es la historia de mi vida”.

Liliana Sáenz en el funeral de Adamuz en nombre de las 45 familias de las víctimas: «Con fe esperaremos a que llegue ese momento en el que Dios nos abrace y así volvamos a vernos»

Liliana Sáenz de la Torre, acompañada de su hermano Fidel, que no le ha soltado   la mano durante todas las palabras que ella ha pronunciado en nombre de las 45 familias de víctimas del accidente ferroviario de Adamuz

* «La única presidencia que queremos a nuestro lado es la del Dios que hoy aquí se ha hecho presente en el pan y el vino, bajo la mirada de su Madre, en su advocación cinteña… Y también somos las 45 familias que lucharán por saber la verdad, porque solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará. Sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que… En los brazos de la Virgen ahora duermen, y el regazo de una Madre que los quiere es quien los mece. Virgencita de la Cinta, patrona de este gran pueblo, dales paz, serenidad, descanso eterno. Virgen bella, Virgen guapa, no los sueltes de tu vera, que no sientan el dolor, que no sientan la miseria. Que el amor y la verdad los cobije para siempre y en el abrazo de Dios la vida venza a la muerte»

 

Vídeo de la transmisión en directo de 13 TV de las profundas palabras de Liliana Sáenz en el funeral de Adamuz en nombre de las 45 familias de las víctimas

Camino Católico.-  Uno de los momentos más emotivos de la misa funeral en honor a las víctimas del tren de Adamuz, celebrada el jueves 29 de enero, ha sido la intervención de Liliana Sáenz de la Torre, hija de Natividad de la Torre, onubense fallecida en el accidente ferroviario. En un gesto de entereza y dolor contenido, Liliana ha hablado en nombre de las 45 familias de las víctimas del trágico accidente ferroviario, acompañada de su hermano Fidel Sáenz, quien le cogía la mano y también ha dado estos días testimonio de su fe, y se ha dirigido a los presentes, antes de finalizar la Misa, con un discurso cargado de dolor, gratitud, exigencia de transparencia y dando testimonio de fe y orando: “Diles Tú, Blanca Paloma, Pastora de la Rocina, que siempre los sentiremos con el sol o con la brisa. Y que con fe esperaremos a que llegue ese momento en el que Dios nos abrace y así volvamos a vernos. Descansen en paz”.

La mujer ha recordado a su madre y a todas las familias afectadas, subrayando que solo con la verdad podrán comenzar a sanar. "Solo la verdad nos ayudará a curar esta herida", aseguró con voz firme ante autoridades, vecinos y familiares.


Liliana Sáenz de la Torre junto a su hermano Fidel

El acto ha sido oficiado por el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, y ha contado con la presencia de los reyes, que encabezaban una delegación de autoridades formada por representantes del Gobierno central, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Huelva. Liliana ha destacado la entrega de los vecinos de Adamuz y de los servicios de emergencias, la sanidad andaluza y Cruz Roja, agradeciendo su apoyo desde el primer momento. "Sin pensar en las consecuencias, no dudaron en acompañar a nuestros heridos hasta asegurarse de que estaban a salvo", ha apuntado, recordando el compromiso y cariño que acompañaron a las familias en aquel fatídico día. El texto completo de las profundas palabras de Liliana Sáenz de la Torre es el siguiente:

Liliana Sáenz de la Torre, acompañada de su hermano Fidel, ha iniciado sus palabras dando gracias a todos los que han ayudado a las familias y las víctimas desde el primer momento en que se produjo el accidente ferroviario de Adamuz

Majestades, excelentísimas autoridades civiles y eclesiales que nos acompañáis:

Hoy, cuando el vendaval que recorre nuestro interior parece intentar calmarse, queremos empezar estas palabras dando las gracias.

En primer lugar, gracias a nuestra diócesis por este funeral, el único funeral que cabía en esta despedida, pues la única presidencia que queremos a nuestro lado es la del Dios que hoy aquí se ha hecho presente en el pan y el vino, bajo la mirada de su Madre, en su advocación cinteña. Huelva es una tierra mariana, Andalucía es un pueblo creyente y es abrazando su cruz donde encontramos mayor consuelo. Gracias a los que nos acompañáis por amor, por compasión, por empatía… Gracias, incluso, a los que lo hacéis por agenda.

Gracias al pueblo de Adamuz, ese pequeño rincón que nunca olvidaremos y que nunca olvidará, así como a la ciudad cordobesa, a los que nos sentimos y nos sentiremos unidos para siempre… Sin pensar en las consecuencias, no dudaron en sumirse al caos de los hierros retorcidos, de la sangre, del dolor y de las lágrimas. Acompañaron a nuestros heridos hasta que estuvieron seguros de que estaban a salvo y luego nos acompañaron en nuestro lamento… Pusieron a nuestra disposición el sustento y el cobijo de esos amargos días, pero, sobre todo, pusieron todo su cariño, su entrega y su deseo de hacer que ese duro momento doliera un poco menos.

Gracias a los cuerpos de seguridad y emergencias que acudieron prestos, como siempre, a la llamada… Hicieron lo que pudieron con la información y los medios de los que disponían… Gracias por vuestra empatía, vuestra cercanía y vuestro afecto en los días posteriores.

Gracias a la sanidad andaluza, sin duda sostenida por los profesionales que la integran. Yo sé lo que es volver a casa de una guardia mala y abrazar a tus hijos porque sabes que alguien ya nunca podrá volver a hacerlo con el suyo. Yo sé lo que es intentar sanar el cuerpo de alguien que tiene el alma herida de muerte… Tuvo que ser durísimo, compañeros. Gracias. Gracias al personal y voluntarios de Cruz Roja, que no han soltado nuestra mano en ningún momento…

Si no puedes curar, alivia. Si no puedes aliviar, consuela. Si no puedes consolar, acompaña.

Gracias a nuestras instituciones autonómicas, que se pusieron de frente desde el minuto cero, soportando el caos y los envites de nuestra propia angustia… Permitidme, no obstante, una crítica a la lentitud de la información, pues, creedme, es mejor saber que imaginar. Gracias también, como no, a las pequeñas corporaciones locales cuyos vecinos iban corriendo la voz de que algo grave estaba azotando los cimientos de la comunidad y sintieron nuestro quebranto como el suyo propio… Querida Pilar, queridos alcaldes… Habéis demostrado que hay que ser grandes como personas para poder ser grandes como servidores públicos.

Y gracias, infinitas gracias, a Huelva, nuestra querida ciudad bendecida por el sol, que no ha dejado de arroparnos de una forma extraordinaria, haciéndonos llegar la grandeza de su amor y su propio dolor, intentando así que el nuestro fuera un poco menos desgarrador.

Y así han ido pasando los días y el dolor va dejando paso a los recuerdos, y nuestro corazón, aún con la misma espada clavada, empieza a esbozar pequeñas y tímidas sonrisas cuando mil estampas pasadas irrumpen continuamente en nuestra mente.

Yo tendría algo más de pocos años cuando un día le pregunté a mi madre: "Mami, ¿tú cuánto dinero ganas?" Supongo que sería algo que hablábamos entre chiquillos. "Lo justo, cariño" —me dijo ella— "porque lo que queda en mi cuenta a final de mes no es mío". "¿Y de quién es, mamá?", le pregunté porque no lo comprendía. "De los demás", me dijo ella.

Así era mi madre… Generosa con todo lo que tenía, generosa con sus ganas, generosa con su tiempo, generosa con sus sonrisas… Así era ella. Y es que lo que perdimos ese fatídico domingo 18 de enero no era solo una cifra… Eran vagones llenos de virtudes y defectos, eran vagones llenos de triunfos y derrotas, eran vagones llenos de anhelos y silencios… Eran vagones llenos de esperanza.

Porque ellos no solo son los 45 del tren… Ellos eran nuestros padres, madres, hermanos, hijos o nietos… Ellos no solo son los 45 del tren… Ellos eran la alegría de nuestros despertares y el refugio de nuestras penas…

Ellos no solo son los 45 del tren… Ellos eran la ilusión de buscar un futuro mejor, la alegría de disfrutar momentos en familia o el deseo de volver con nuestros seres queridos… Ellos eran eso que ya nunca serán…

Porque ellos no son solo los 45 del tren. Ellos eran parte de una sociedad tan polarizada que empezó a resquebrajarse hace mucho tiempo y no nos estamos dando cuenta. Ellos no son solo los 45 del tren… Pero son los 45 del tren. Y nosotros… nosotros somos las 45 familias a las que se les paró el reloj a las 19:45 de aquella fatídica tarde.

Somos las 45 familias que se abrazaron en aquel centro cívico, donde el paso del tiempo se iba inundando de silencio y el silencio iba dejando paso al llanto cuando empezamos a comprender, en el lento avance de las horas, que volveríamos sin ellos.

Somos las 45 familias que han aprendido con demasiada crueldad que la llamada que no se hace se queda sin hacer y el beso que no damos es el que más recordamos. Somos las 45 familias que cambiarían todo el oro de este mundo, que ahora no vale nada, por poder mover las agujas del reloj tan solo 20 segundos.

Y también somos las 45 familias que lucharán por saber la verdad, porque solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará. Sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que… En los brazos de la Virgen ahora duermen, y el regazo de una Madre que los quiere es quien los mece. Virgencita de la Cinta, patrona de este gran pueblo, dales paz, serenidad, descanso eterno. Virgen bella, Virgen guapa, no los sueltes de tu vera, que no sientan el dolor, que no sientan la miseria. Que el amor y la verdad los cobije para siempre y en el abrazo de Dios la vida venza a la muerte.

Madre de la Almudena, Virgen que guía el camino, llévales el beso mudo, ese adiós que no les dimos. Remedios, Madre querida, Reina del Aljaraqueño, bríndales tus firmes manos, que ya nunca tengan miedo.

Madre del Amor Hermoso, Reina de la Victoria, Dolores del negro luto, concédeles Tú la gloria. Y guía también nuestras vidas, humilde Virgen del Sol, y que la misericordia lata en nuestro corazón. Haz que cese este dolor, Virgen Morena del Carmen, llévate esta cruel espada con la espuma de los mares. Y Tú, Virgen del Rocío, la que alumbra mis desvelos, la que siempre me acompaña cuando me rompo por dentro, abraza sus corazones y llévales un suspiro con una canción de amor por los años compartidos. Diles que tenemos paz y que seremos valientes, que el odio no nacerá en la rabia que nos crece.

Que volverán las sonrisas y seguiremos viviendo, y este amor no morirá, vivirá de sus recuerdos. Diles Tú, Blanca Paloma, Pastora de la Rocina, que siempre los sentiremos con el sol o con la brisa. Y que con fe esperaremos a que llegue ese momento en el que Dios nos abrace y así volvamos a vernos. Descansen en paz.

Liliana Sáenz de la Torre

en nombre de las 45 familias de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz


Liliana Sáenz de la Torre con su hermano Fidel