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lunes, 22 de junio de 2026

Papa León XIV al Programa Mundial de Alimentos, 22-6-2026: «Los conflictos son ‘alimentados’ con mayor facilidad que las personas, que poseen una dignidad infinita arraigada en el amor incondicional de Dios, que nada puede negar su valor»

* «Una capacidad productiva global sin precedentes coexiste con zonas de extrema vulnerabilidad en expansión. Las mismas fuerzas que impulsan el crecimiento económico a menudo exacerban la exclusión y la marginación. Si bien aliviar el sufrimiento humano se reconoce ampliamente como esencial en principio, las preocupaciones humanitarias corren cada vez más el riesgo de quedar relegadas a un segundo plano entre las prioridades internacionales. Es precisamente en la brecha entre el reconocimiento en principio y la priorización en la práctica donde presenciamos la progresiva burocratización de la solidaridad, junto con la silenciosa mercantilización de la vida humana. Por un lado, la acción humanitaria se ve cada vez más obstaculizada por trámites burocráticos que pueden retrasar la asistencia a quienes la necesitan. Por otro lado, el acceso a bienes esenciales, incluidos los alimentos, suele estar condicionado por consideraciones económicas o estratégicas. En consecuencia, quienes no generan un valor cuantificable corren el riesgo de volverse invisibles»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Deseo hacer un llamamiento a los gobiernos y pueblos del mundo para que renueven y fortalezcan su compromiso, incrementen los recursos destinados a combatir el hambre y sus causas profundas, y eliminen los obstáculos que impiden que la ayuda llegue a quienes la necesitan. Al mismo tiempo, este apoyo debe fortalecer la colaboración con la Iglesia y la sociedad civil. Fortalecer las capacidades de todos estos actores en conjunto multiplicará nuestra eficacia colectiva en la lucha contra el hambre. Para implementar este llamamiento de manera efectiva, es necesario reducir la burocracia innecesaria para que la transparencia y la rendición de cuentas beneficien a las personas en lugar de obstaculizar la asistencia. En situaciones donde los gobiernos carecen de un control territorial efectivo o el acceso humanitario está restringido, los socios locales de confianza se vuelven indispensables. La Iglesia Católica, a través de parroquias, diócesis, agencias de Cáritas y otras iniciativas religiosas, a menudo llega a poblaciones vulnerables en zonas inaccesibles para los actores internacionales. Por lo tanto, animo al Programa Mundial de Alimentos y a sus socios a que continúen apoyando estos esfuerzos»


22 de junio de 2026.- (Camino Católico).-  “Los conflictos son "alimentados" con mayor facilidad con la que se alimenta a las personas que poseen una dignidad intrínseca e inalienable, que permanece intacta independientemente de las circunstancias, las condiciones o la posición social. Arraigada en el amor incondicional e ilimitado de Dios, dicha dignidad puede definirse como infinita, ya que nada puede disminuir, borrar o negar su valor. Es precisamente a partir de la fidelidad a esta verdad que se mide la humanidad de nuestra política y, con ella, el futuro de la comunidad internacional”, ha afirmado el Papa León XIV en su visita a la sede del Programa Mundial de Alimentos (PMA o WFP, por sus siglas en inglés, que significan World Food Programme), dentro del complejo del Parco dei Medici, al suroeste de Roma, en la mañana de este lunes, 22 de junio, donde se ha reunido con el Consejo Ejecutivo.


El Pontífice señala la paradoja de una expansión productiva sin precedentes que coexiste con la de zonas de pobreza, "burocratizando" la solidaridad y supeditando el hambre a consideraciones estratégicas. Para hacerle frente, aboga por un renovado compromiso de los gobiernos con la asignación de fondos y la cooperación multilateral. En el vídeo de Vatican News se visualizan y escuchan las palabras del Papa León XIV, cuyo texto completo es el siguiente:


VISITA A LA SEDE DEL PROGRAMA MUNDIAL DE ALIMENTACIÓN

DISCURSO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV 

ANTE LA JUNTA EJECUTIVA DEL PROGRAMA MUNDIAL DE ALIMENTOS DE LAS NACIONES UNIDAS

Sede del Programa Mundial de Alimentos (Roma)

Lunes, 22 de junio de 2026

Distinguidas autoridades,

Excelentísimos

señores y señoras,

Quisiera agradecer a Su Excelencia la Sra. Cindy McCain por su amable invitación a dirigirme a esta reunión anual del Directorio Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas. Saludo en particular al Sr. Carl Skau, Director Ejecutivo Interino, y a Su Excelencia la Sra. Carla Barroso Carneiro, Presidenta de esta importante asamblea. Extiendo mis saludos a los Representantes de los Estados Miembros, a los distinguidos invitados presentes en esta reunión y al personal de esta institución intergubernamental, dedicada a salvar vidas en situaciones de emergencia y a brindar asistencia alimentaria en medio de conflictos y desastres naturales. El compromiso de su institución resuena profundamente con la misión de la Iglesia Católica de defender la dignidad humana y fomentar la fraternidad, arraigada en el llamado del Evangelio a amar al prójimo (cf.  Mc  12,31). Juntos, compartimos la urgente tarea de enfrentar el hambre y la malnutrición, abordando también las causas estructurales subyacentes que las perpetúan. Para afrontar esta tarea con eficacia, debemos examinar los desafíos que tenemos ante nosotros, sus causas subyacentes y los caminos hacia soluciones duraderas.

Hoy en día, las crisis han evolucionado de eventos aislados a realidades persistentes, marcadas por conflictos prolongados, inseguridad alimentaria crónica, volatilidad económica y creciente vulnerabilidad climática. Esto plantea una pregunta fundamental: ¿qué configuración del orden global es capaz de producir, reproducir y, en ocasiones, normalizar tales condiciones? El problema ya no se limita a cómo intervenir, sino que se extiende a comprender por qué el sistema produce constantemente los mismos problemas que luego se ve obligado a corregir.

El orden internacional se ha fragmentado cada vez más, en parte debido a la crisis del sistema multilateral. Como señalé recientemente en la encíclica  Magnifica Humanitas : «las instituciones establecidas para salvaguardar el concepto de un futuro común para todos los pueblos y un bien común global parecen haberse debilitado» (201). Ante la ausencia de un horizonte ético compartido capaz de sustentar una cooperación genuina, el sistema internacional ha pasado del multilateralismo a «un multipolarismo desordenado y conflictivo, con una generalizada sensación de desconfianza» ( ibíd. ). En consecuencia, los Estados han destinado cada vez más sus recursos a la seguridad nacional, el crecimiento económico y la estabilidad interna, sin tener en cuenta el estrecho vínculo entre estas cuestiones y la cooperación multilateral.

Esta tendencia revela una paradoja sorprendente: una capacidad productiva global sin precedentes coexiste con zonas de extrema vulnerabilidad en expansión. Las mismas fuerzas que impulsan el crecimiento económico a menudo exacerban la exclusión y la marginación. Si bien aliviar el sufrimiento humano se reconoce ampliamente como esencial en principio, las preocupaciones humanitarias corren cada vez más el riesgo de quedar relegadas a un segundo plano entre las prioridades internacionales.

Es precisamente en la brecha entre el reconocimiento en principio y la priorización en la práctica donde presenciamos la progresiva burocratización de la solidaridad, junto con la silenciosa mercantilización de la vida humana. Por un lado, la acción humanitaria se ve cada vez más obstaculizada por trámites burocráticos que pueden retrasar la asistencia a quienes la necesitan. Por otro lado, el acceso a bienes esenciales, incluidos los alimentos, suele estar condicionado por consideraciones económicas o estratégicas. En consecuencia, quienes no generan un valor cuantificable corren el riesgo de volverse invisibles.

Esta doble dinámica plantea un grave desafío ético: la persona humana ya no se sitúa sistemáticamente en el centro de la acción internacional. En este contexto, es importante reconocer que, si bien las formas de ayuda y los proyectos de desarrollo se ven obstaculizados por decisiones políticas complejas e incomprensibles, visiones ideológicas sesgadas y barreras aduaneras impenetrables, el armamento no lo está (Francisco,  Discurso ante el Consejo Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos , 13 de junio de 2016). En efecto, los conflictos se alimentan con mayor facilidad que las personas. Esta realidad refleja no solo deficiencias operativas, sino también un desequilibrio fundamental en las prioridades políticas y morales.

Las consecuencias van mucho más allá de los directamente afectados. Más allá de ser una mera preocupación humanitaria, el hambre erosiona la cohesión social, aumenta el riesgo de conflicto e impulsa la migración forzada. Además, debilita la capacidad de los Estados y las sociedades para construir instituciones resilientes, brindar una educación eficaz y fomentar el desarrollo económico sostenible. De este modo, perpetúa ciclos de fragilidad que, en última instancia, afectan a la comunidad internacional en general.

Desde esta perspectiva, queda claro que la acción humanitaria no es ajena al orden internacional. Más bien, refleja la responsabilidad de la comunidad global de fortalecer la solidaridad, resistir la exclusión y reconocer la dignidad inherente, otorgada por Dios, de toda persona. Por lo tanto, más allá de la gestión de crisis, las instituciones internacionales encarnan un principio de responsabilidad compartida y afirman que la comunidad internacional está unida por la preocupación por quienes se encuentran en las situaciones más vulnerables. En este sentido, el Programa Mundial de Alimentos es más que un actor político, económico o técnico; es una expresión concreta de solidaridad internacional. De hecho, allí donde las instituciones nacionales se debilitan y las redes comunitarias se desintegran, su presencia ayuda a evitar que las crisis humanitarias degeneren en un colapso irreversible.

Por ello, es esencial un compromiso renovado con la cooperación multilateral. En un mundo cada vez más fragmentado y multipolar, ningún Estado puede afrontar los desafíos globales por sí solo. La paz duradera y el desarrollo humano integral y sostenible solo son posibles mediante la participación de todos, fomentada por un diálogo internacional genuino y una cooperación orientada al bien común. Este enfoque requiere una firme voluntad política capaz de trascender las perspectivas cortoplacistas e invertir en bienes públicos globales. «Este objetivo solo puede alcanzarse mediante la convergencia de políticas eficaces y la implementación coordinada y sinérgica de las intervenciones. El llamado a caminar juntos, en armonía fraterna, debe convertirse en el principio rector» ( Visita a la sede de la FAO en Roma , 16 de octubre de 2025, pág. 6).

Con este espíritu, deseo hacer un llamamiento a los gobiernos y pueblos del mundo para que renueven y fortalezcan su compromiso, incrementen los recursos destinados a combatir el hambre y sus causas profundas, y eliminen los obstáculos que impiden que la ayuda llegue a quienes la necesitan. Al mismo tiempo, este apoyo debe fortalecer la colaboración con la Iglesia y la sociedad civil. Fortalecer las capacidades de todos estos actores en conjunto multiplicará nuestra eficacia colectiva en la lucha contra el hambre.

Para implementar este llamamiento de manera efectiva, es necesario reducir la burocracia innecesaria para que la transparencia y la rendición de cuentas beneficien a las personas en lugar de obstaculizar la asistencia. En situaciones donde los gobiernos carecen de un control territorial efectivo o el acceso humanitario está restringido, los socios locales de confianza se vuelven indispensables. La Iglesia Católica, a través de parroquias, diócesis, agencias de Cáritas y otras iniciativas religiosas, a menudo llega a poblaciones vulnerables en zonas inaccesibles para los actores internacionales. Por lo tanto, animo al Programa Mundial de Alimentos y a sus socios a que continúen apoyando estos esfuerzos.

Es igualmente importante resistir la mercantilización de las necesidades humanas básicas. Los alimentos, el agua y la atención médica no pueden subordinarse a consideraciones de mercado ni a intereses geopolíticos. El acceso a una alimentación adecuada es un derecho humano fundamental basado en la dignidad de toda persona. Satisfacer esta necesidad no solo alivia el sufrimiento, sino que también aborda las causas subyacentes de la inestabilidad geopolítica. De hecho, la seguridad alimentaria es un componente esencial de la seguridad global e integral.

En este sentido, es encomiable que, además de sus operaciones de respuesta a emergencias, el Programa Mundial de Alimentos extienda su labor más allá del socorro inmediato a iniciativas a largo plazo, como los programas que proporcionan alimentación a escolares. Estas inversiones fortalecen la educación, el desarrollo humano y la resiliencia social, reflejando una visión integral del desarrollo humano que promueve la dignidad, la oportunidad y el bienestar de la persona en su totalidad.

Excelentísimos señores, queridos amigos, lo que está en juego no es solo la eficacia de una agencia, sino también la credibilidad de la cooperación internacional misma. Su organización demuestra que es posible un nuevo camino; sin embargo, se requiere la determinación de simplificar lo que se ha vuelto excesivamente complejo, de priorizar lo esencial y de asegurar que nadie sea olvidado. Porque este compromiso se basa en el reconocimiento de que todo ser humano posee una dignidad intrínseca e inalienable, que permanece intacta independientemente de las circunstancias, las condiciones o la posición social. Arraigada en el amor incondicional e ilimitado de Dios, dicha dignidad puede definirse como infinita, ya que nada puede disminuir, borrar o negar su valor. Es precisamente a partir de la fidelidad a esta verdad que se mide la humanidad de nuestra política y, con ella, el futuro de la comunidad internacional.

Con estos sentimientos, pido a Dios que bendiga abundantemente sus esfuerzos, para que todos reciban su sustento diario y vivan con dignidad. Tengan la seguridad de que rezo por ustedes, sus seres queridos y aquellos a quienes sirven.

Gracias.

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Reunión con cinco representantes del PMA de otros países

Papa León XIII: Buenos días, buenas tardes y buenas noches a todos ustedes, dispersos por el mundo. Nos complace estar aquí hoy para compartir este breve momento con representantes de los diferentes países miembros del Programa Mundial de Alimentos, pero también con cada uno de ustedes, que representan a tantas personas que trabajan sobre el terreno en la difícil tarea de la lucha contra el hambre. No sé si es apropiado pedirles a dos o tres de ustedes que digan unas palabras sobre dónde se encuentran y cuáles son los desafíos más difíciles, porque de esa manera yo también podré escuchar parte de la realidad de lo que significa luchar contra el hambre. Sé que muchos de ustedes arriesgan literalmente sus vidas para estar en los lugares donde trabajan, y quiero asegurarles a todos las oraciones y el apoyo de la comunidad mundial y, de manera especial, de la Iglesia Católica, que a menudo colabora con los programas que supervisan y en los que trabajan. La labor de llevar la ayuda a los más necesitados es, por supuesto, un gran desafío. Pero quizás escuchar de primera mano algunas de esas experiencias también nos ayudaría a todos y cada uno de los que estamos aquí esta mañana en Roma a comprender un poco mejor, de cerca, los tipos de desafíos a los que se enfrentan.

[ Después del tercer presentador ]

Gracias, Cyril, por la misión que estás llevando a cabo en el Líbano. Una de las cosas que la gente a menudo no comprende es la progresión cíclica que lleva a muchas partes del mundo a mayores dificultades: que el hambre suele ser causa de conflicto, y el conflicto causa más hambre. Y así seguimos dando vueltas en círculo, como estoy seguro de que algunos de ustedes, si no todos, han visto en el trabajo que están haciendo. A menudo, la crisis que está afectando a todo el mundo, en el área de la migración, también es el resultado del hambre extrema y el conflicto que obliga a las personas a abandonar sus hogares, lo cual no hacen porque quieran. Lo hacen porque tienen que hacerlo para sobrevivir. Por lo tanto, el trabajo de cada uno de ustedes, de todos ustedes juntos en el Programa Mundial de Alimentos —lo que ciertamente estamos tratando de apoyar y promover— es extremadamente importante porque juntos no solo estamos haciendo la ayuda inmediata, que por supuesto es vital, de proporcionar alimentos a los hambrientos; Pero también tenemos el reto de analizar las causas profundas del hambre en las diferentes áreas donde trabajan y de tender puentes para encontrar soluciones a esos problemas. El mundo de hoy podría vivir sin hambre. Los recursos deberían estar disponibles. La capacidad de producción de alimentos existe, y sin embargo, a menudo los recursos se destinan a promover la guerra, los conflictos y otros resultados, por así decirlo, menos importantes, de modo que el hambre persiste e incluso aumenta en algunas partes del mundo. Todos ustedes están sobre el terreno, en primera línea, y gracias a ustedes se puede llevar a cabo la labor del Programa Mundial de Alimentos. Por eso, quiero agradecerles a todos y cada uno de ustedes y a todas las personas a las que representan. Y quiero animarlos en su trabajo porque es fundamental que haya personas que ayuden al Programa Mundial de Alimentos a hacer llegar esta ayuda a tantas personas necesitadas. Así que, gracias por lo que hacen. Que Dios los bendiga a todos y que sigan adelante, ustedes y sus colegas. Por favor, comparte mi mensaje con tus compañeros de trabajo, y que Dios te bendiga siempre en esta labor tan importante. Muchas gracias.

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Saludo improvisado en el exterior

Queridos amigos, buenos días y buenas tardes a todos, a quienes nos siguen en línea. Me siento profundamente honrado de estar en su presencia, junto a tantos de ustedes que representan a los trabajadores del Programa Mundial de Alimentos, quienes entregan sus vidas en una misión especial en todo el mundo y, como la Sra. McCain acaba de mencionar, incluso en lugares desconocidos para muchos, en la primera línea de acción, en zonas donde literalmente arriesgan sus vidas para asegurar que los alimentos lleguen a los más necesitados. Sin duda, es una gran misión, pues es una forma de reconocer la dignidad humana —la dignidad que Dios nos ha otorgado— que toda persona en este mundo merece. Muchas gracias por su servicio.

Mientras caminaba por el jardín, pude observar diversos valores y objetivos del Programa Mundial de Alimentos. Quisiera destacar dos palabras al compartir estos breves momentos con ustedes.

Una de ellas es la palabra "comunidad". Es una palabra que, personalmente, es muy importante para mí y que considero fundamental en el mundo actual, un mundo polarizado, dividido y afectado por numerosos conflictos y guerras, donde la destrucción de las relaciones humanas persiste por diversas razones, entre ellas la tecnología. En lugar de que la tecnología nos ayude a construir un mundo mejor, a menudo se utiliza como instrumento de guerra, destrucción y muerte. Por lo tanto, el trabajo que realizan —y quizás incluso más que el trabajo en sí, el espíritu que comparten al colaborar en la construcción de una comunidad y en el apoyo a las comunidades necesitadas— es, sin duda, un regalo muy valioso. Y quisiera animarlos a todos a reflexionar sobre su propio papel como familia —la Sra. McCain también usó esa palabra, la familia que todos ustedes representan—, pero también sobre cómo construir una comunidad en todo el mundo, que ustedes, su trabajo y su servicio serán, sin duda, una forma de ayudar a las personas a unirse y trabajar juntas para resolver los problemas que causan el hambre y buscar maneras de crear un mundo más justo.

Y la otra palabra —la última que vi— fue «esperanza». Ustedes representan, de una manera muy real, la esperanza para el mundo, y esa es una misión que creo que todos compartimos y a la que todos aspiramos como parte de nuestra misión, ya sea la Iglesia Católica, quienes somos creyentes o quienes trabajamos juntos porque creemos en la dignidad humana de todos. Decimos que queremos construir un mundo donde haya esperanza para el futuro. Muchas veces leemos sobre jóvenes que han perdido la esperanza; jóvenes que, debido a las dificultades en sus vidas, no necesariamente viven en las zonas más pobres del mundo, pero donde han perdido la visión y el sentido de la vida. Han perdido la capacidad de mirar hacia el futuro y decir: «Esto vale la pena. Esto vale la pena dar la vida por esto. Esto vale la pena unirnos y buscar la manera de seguir adelante». Ustedes representan la esperanza. Y el trabajo que realizan, al llegar especialmente a los más necesitados, es sin duda un signo de esperanza, una expresión concreta de la esperanza que todos buscamos.

Así que les agradezco mucho y les aseguro mis oraciones por su trabajo, su misión y por todos los que trabajan en el Programa Mundial de Alimentos. Que Dios los fortalezca y proteja en el cumplimiento de su misión, porque todos deseamos ofrecer alimentos al mundo: alimentos para el mundo en el sentido de algo que comer cada día, pero también alimentos que nos den esperanza para construir un mundo mejor, un mundo de paz, un mundo en el que estemos verdaderamente unidos. Que Dios los bendiga a todos y muchas gracias.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 22-6-2026

Christophe Flippo ha sido 21 años masón y ha vuelto al catolicismo al pedírselo su esposa Claire : «En la fe cristiana, eres salvado por la redención de Jesucristo. En la masonería y la alquimia, intentas salvarte a ti mismo»

Christophe Flippo junto a su esposa Claire que cuando pasaban por un a crisis le pidió que dejará la masonería y volviera al catolicismo

* «Ese día que lo dejé recibí un signo: leí un texto de san Atanasio de Alejandría en una revista que decía: Tu hermano es Dios`’. Fue un mensaje para dejar de buscar ‘hermanos’ en mi anterior comunidad; ahora mi hermano es Cristo. Lo que cambió mi vida fue volver a ser cristiano. Dejas de juzgar. Antes, si veía a alguien pidiendo en la calle, juzgaba que era su culpa por beber o no trabajar; ahora simplemente le ayudo porque necesita ayuda. Ser cristiano te da esperanza y alegría»

Camino Católico.-  “Practiqué la masonería durante 21 años. Pasé por todos los niveles y capas. Me siento legitimado para hablar de ello porque tengo una gran experiencia. Trabajé en París en los rituales de la masonería y fui varias veces lo que llamamos “Venerable”, que es el maestro de una logia. Sobre por qué entré: como la mayoría de la gente, buscaba un sentido a la vida. Mucha gente que entra viene de una cultura cristiana, pero no es practicante. Puede que Dios esté muy lejos de ellos, y ese era mi caso”, dice Christophe Flippo a Omnes, quien asegura que “en apenas unos segundos y por petición de mi mujer, dejé la logia y volví de nuevo al catolicismo”. Además, precisa que “en la fe cristiana, eres salvado por la redención de Jesucristo. En la masonería y la alquimia, intentas salvarte a ti mismo para volver a ser el ‘Adán perfecto’ previo a la caída. Es una vía para perderse totalmente”.

Hoy, a punto de jubilarse con 66 años, cuenta su testimonio para desmitificar algunos conceptos sobre esta organización y explicar las razones por las que es imposible conjugar la fe católica con la masonería. 

Christophe Flippo explica que “en el pasado, mi mujer y yo teníamos fe y educamos a nuestros hijos en la fe cristiana, pero progresivamente nos fuimos alejando de ella debido a la propia masonería. Personalmente, siempre he tenido en mente la pregunta de Leibniz: “¿Por qué hay algo en lugar de nada?”. Es decir, ¿por qué tenemos un mundo, personas en él y conciencia de quiénes somos en medio de un universo lleno de violencia y explosiones nucleares? Me parecía increíble y buscaba respuestas en libros esotéricos antes de ser masón. Al final, entré porque alguien de mi entorno me lo propuso”.

Dos tipos de masonería: atea y deísta

“No se puede entender la francmasonería como una sola organización; hay dos tipos. Una es atea o laica y la otra es deísta, que cree en un dios genérico o un “arquitecto” que creó el mundo, pero nada más”, dice Christophe.

Y precisa que “la parte atea es muy importante en Francia. Su objetivo es construir un mundo nuevo y mejor, lo cual trae consigo el modernismo y cuestiones sociales como el aborto. Toda la “evolución” de la sociedad está liderada principalmente por esta parte atea. Hubo una época, en la Tercera República francesa de 1870, en la que el 80 % de los diputados eran masones, por lo que su influencia fue enorme hasta la Segunda Guerra Mundial”.

Christophe Flippo ha vuelto a Cristo después de 21 años en la masonería 

En ese sentido señala que “los masones ateos hacen mucha política porque quieren promover su visión de la sociedad. Por eso, cuando ves a alguien hablando de masonería en la televisión o periódicos, casi siempre es de este lado. Toda la red de negocios y política está en ese lado, porque para ser político necesitas dinero y contactos”.

“La otra parte, la deísta, se basa en la tradición del Reino Unido y su constitución se estableció en el siglo XVIII, hacia 1715. Fue creada por dos pastores protestantes con la idea de buscar la paz, en una época de guerras entre católicos y protestantes. Querían sentar a la gente a la mesa para discutir sobre filosofía con tolerancia, sin la Iglesia de por medio. Cuando el Imperio Británico se expandió, reclutaron a personas locales en India o China para apoyarlos y manipularlos. Para que esto funcionara entre diferentes religiones, eliminaron cualquier mención a la fe cristiana. Así, un musulmán, budista o hinduista puede ser masón porque el único punto común es el ‘Gran Arquitecto del Universo’”, reflexiona Christophe.

Rituales que te alejan del Dios único y te llevan al paganismo

La praxis de la masonería genera estas consecuencias: “El problema es que construyen rituales y una historia basada en una mezcla de muchas culturas: alquimia, ritos griegos, egipcios, templarios y también la Biblia. En el rito de emulación, que es el más conocido, el nombre del ‘Gran Arquitecto’ cambia en cada nivel. Empieza como arquitecto, luego geómetra, y en un nivel llega a llamarse “divinidades”, en plural, lo cual ya es un problema para una fe monoteísta. Al final, el nombre es una concatenación de tres dioses: Jehová, Baal (el dios sirio) y On o Ra (el dios egipcio del sol). Te alejas del Dios único y terminas en un punto plenamente pagano”.

Por eso advierte que “la masonería deísta es totalmente incompatible con la fe cristiana, porque relativiza. Todo es igual: desde el mito de Isis y Osiris hasta la resurrección de Cristo. En resumen, a los masones les cito la primera frase de Cristo en el Evangelio de Juan: ‘¿Qué buscáis?’”.

“Ahora mi hermano es Cristo”

Después de 21 años en la masonería llegó el momento de volver a Jesucristo y según Christophe sucedió así: “Me fui en unos pocos segundos, aunque amaba la masonería. Me fui porque mi mujer me lo pidió. Estábamos redescubriendo la fe cristiana en una peregrinación en Francia y atravesábamos una crisis. Mi esposa dijo que la crisis se debía a que yo era masón, y como esposo, mi prioridad es ella”.

Christophe Flippo con su esposa Claire que le pidió que dejará la masonería y volviera al catolicismo

Pero al dar ese paso, “ese día que lo dejé recibí un signo: leí un texto de san Atanasio de Alejandría en una revista que decía: Tu hermano es Dios`’. Fue un mensaje para dejar de buscar ‘hermanos’ en mi anterior comunidad; ahora mi hermano es Cristo”.

Y el fruto de volver al catolicismo es perceptible en su manera de actuar:”Lo que cambió mi vida fue volver a ser cristiano. Dejas de juzgar. Antes, si veía a alguien pidiendo en la calle, juzgaba que era su culpa por beber o no trabajar; ahora simplemente le ayudo porque necesita ayuda. Ser cristiano te da esperanza y alegría”.

Dificultades para vivir el matrimonio si uno de los dos es masón

La espiritualidad que cada persona se construye para sí en la masonería provoca serias dificultades para la vida matrimonial: “Es un problema para las parejas porque construyes tu espiritualidad solo. Tu esposa no puede entender los rituales, que son extraños y progresivos. Se crea una brecha. Una mujer me contó una vez que su marido, que era masón, le pidió el divorcio durante una cena simplemente diciendo: ‘No tenemos nada más que compartir’. Él estaba construyendo algo por su cuenta y ella estaba sola.

Para Christophe Flippo “la masonería no es una secta. Es difícil entrar, pero es fácil irse. No se bebe sangre, ni se escupe sobre Cristo. Pero sí es un extravío filosófico. Una búsqueda progresiva que aleja de Cristo en favor de las tradiciones paganas. Sin embargo, la ‘fraternidad’ es falsa. El día que te vas, desapareces para ellos. Yo estaba llorando en mi última reunión porque estaba triste por dejar a mis hermanos, pero al día siguiente nadie me llamó. La relación es con el grupo, no entre individuos”, concluye.

Antonio Merino, bailaor: «Tenía pánico a conducir, el Señor me llevó a trabajar a Almería y en mis viajes rezaba; Gracias a la oración, he superado mi fobia»

Para Antonio Merino la oración lo es todo y reza danzando

* «La oración para mí es todo; es mi mejor herramienta para estar anclado al Padre; es mi ‘pozo de sabiduría’ del cual bebo continuamente. La oración está presente en mi día a día: por la mañana oro al Padre, a mediodía a María, ‘madre de la Esperanza’ y por la noche hago mi acción de gracias al Padre por todo lo vivido, recibido y sentido. La Oración es una de las cosas más maravillosas que nos dejó el Padre, con la oración siempre estás protegido, hace que te sientas cerca de Él, es también un modo de iluminar tu vida, de poner color y amor con ella. La recomiendo porque la siento como una divina serenidad sostenida»

Camino Católico.-   Antonio Merino es bailaor y participó en el Festival del Espíritu junto a la banda de Zamarrilla en el año 2022. Está convencido de la fuerza de la oración y a ella dedicó su Trabajo Fin de Grado en Pedagogía de la Danza Española, con un estudio sobre la danza en las Sagradas Escrituras.

«En casa siempre se ha vivido un ambiente de oración», explica Antonio a la Diócesis de Málaga, «recuerdo de pequeño a mamá rezando conmigo en la cama la oración de los cuatro angelitos. Era un niño muy miedoso y eso me calmaba. También recuerdo acompañar a papá a Misa y cómo, mientras rezábamos a su nazareno, me cogía de la mano. Y no me olvido de mi abuela a la que recuerdo en los días de tormenta como me animaba a que le rezáramos a santa Bárbara para que parasen los truenos. Sería difícil decir quién fue quien me inició, ya que la oración ha estado en mi vida desde siempre». 

Y es que, la oración para él es «todo; es mi mejor herramienta para estar anclado al Padre; es mi “pozo de sabiduría” del cual bebo continuamente. La oración está presente en mi día a día: por la mañana oro al Padre, a mediodía a María, “madre de la Esperanza” y por la noche hago mi acción de gracias al Padre por todo lo vivido, recibido y sentido».

Antonio Merino reza siempre y en todo lugar perseverando en determinados momentos de la jornada con distintas oraciones

Y reconoce que tiene pánico a conducir y en 2022 vivió una experiencia que le ha hecho crecer: «el Señor me llevó a trabajar a Almería y todos mis viajes comenzaban con la invocación al Espíritu Santo, continuaban con la Santa Misa en Radío María y concluían con mis conversaciones con la Virgen de la Esperanza; y gracias a la oración, he superado mi fobia».

Antonio reconoce que, en todos los momentos se ha agarrado a la oración: «en los buenos, en los dulces, en los de despedida, en los momentos de dar gracias y en los más duros de mi vida, como la pérdida de mi padre. Es un “chollo” el que tenemos los cristianos en la fuerza de la oración».

La danza en la Sagrada Escritura

Su trabajo fin de grado versó sobre la danza en la Sagrada Escritura y es que, en palabras de Antonio, «orar es hablar con Dios y meditar es escuchar a Dios; y para poder bailar tienes que meditar y estar en ti. Desde ese estado, yo conecto con el Padre, lo escucho y le ofrezco mi oración en forma de baile. ¡Cuántas veces me ha salvado la danza en oración! Siempre que bailo le digo al Señor: recuerda que cada vez que suba mis brazos al cielo es para decirte que te quiero, cada vez que me envuelvo en el mantón es como si enviara flores a María y los repiqueteos de castañuelas son vítores al Señor. Ya los primeros Padres de la Iglesia nos hablaban de baile y oración. También encontramos la danza en los salmos: Salmo 30, 11, “has trocado mi lamento en una danza, me has quitado el sayal y me has ceñido de alegría”, Salmo 149, 3 “¡alaben su nombre con la danza, con tamboril y cítara salmodien para él!».

Antonio Merino dice que orar es hablar con Dios y meditar es escuchar a Dios

Antonio recomendaría la oración a alguien que no la tuviera presente en su vida porque «sin duda, es una de las cosas más maravillosas que nos dejó el Padre, con la oración siempre estás protegido, hace que te sientas cerca de Él, es también un modo de iluminar tu vida, de poner color y amor con ella. La recomiendo porque la siento como una divina serenidad sostenida».

Para él es difícil elegir sólo una oración: «no puedo pasar sin la invocación al Espíritu Santo, al rezar el rosario se me eriza la piel con las letanías a María y el Ángelus es imprescindible para mí».

Desirée López, tras preguntar al Papa León XIV ‘¿cómo puedo perdonar a mi padre?’: «Encontrarme con el Señor dio sentido a todo lo que viví; hoy no cambiaría nada, porque si lo hiciera no estaría donde estoy ahora»

Desirée López escucha la respuesta del Papa León XIV a sus preguntas

* «A día de hoy puedo afirmar que Dios ha estado siempre, en cada momento, incluso en aquellos en los que yo pensaba que no. Al final veo que todo lo que he pasado ha tenido un sentido en mi vida… La fe es lo más importante que tengo a día de hoy. Al final, es Dios quien me acompaña y me regala cada día, y ha sido gracias a la fe que he podido darle un sentido al dolor y al sufrimiento que hay en mi historia. La Iglesia también ha sido ese hogar al que siempre puedo volver y donde todo es acogido. La fe también me aporta esperanza, porque me ayuda a confiar en que todo tiene un sentido, aunque en ese momento no podamos verlo» 

Vídeo de la transmisión en directo de 13 TV del testimonio y las preguntas de Desirée López al Papa León XIV en el estadio olímpico ‘Lluis Companys’ de Montjuic en Barcelona, el 9 de junio de 2026

Camino Católico.- Desirée López tiene 20 años. Esta joven de Barcelona nació de una pareja donde hubo violencia machista. Su padre casi mata a su madre. Le contó en breve su historia al Papa en el Estadi Olímpic de Montjuïc, ante 40.000 personas. Su testimonio conmovió a León XIV. Después de aquel acto multitudinario ha transparentado en una entrevista en La Vanguardia que “encontrarme con el Señor dio sentido a todo lo que viví; hoy no cambiaría nada, porque si lo hiciera no estaría donde estoy ahora”.

Desirée relató su vivencia a León XVI así:

—Vengo de una familia de un barrio muy humilde de Barcelona. De pequeña mi padre intentó matar a mi madre, y se salvó porque se interpuso un chico que murió. Mi padre ingresó en la cárcel, y mi madre entró en el mundo de las drogas. A los diez años los servicios sociales se hicieron cargo de mí, y me llevaron al centro de menores de San José de la Montaña. Al principio fue duro, pues me había creado un muro para protegerme, donde no dejaba entrar a nadie. 

Pero poco a poco experimenté por primera vez el amor de familia, y mi corazón se fue abriendo. Allí me hablaron de Jesús, empecé a rezar y me bauticé. Pero en mi adolescencia me rebelé contra Dios muchas veces. Me invitaron a un retiro y allí por primera vez experimenté el amor de Dios. Pero han pasado unos meses, y aún me cuesta perdonar a mi padre. Y a veces levanto los ojos al cielo y le pregunto ¿dónde estabas cuando era una niña? Santo Padre, ¿cómo puedo perdonar a mi padre, que estuvo a punto de dejarme sin madre? ¿Cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios?.


Desirée López emocionada en el momento previo de recibir un rosario y el abrazo del Papa León XIV

El perdón, un don de Dios

Días después de su intervención ante el Papa, la joven comparte:

—Creo que sí que he perdonado a mi padre. Al principio lo veía como una carga enorme. Incluso me sentía culpable por todo lo que había pasado. Pensaba: ‘Es mi padre y ha hecho mucho daño a mi madre’. Muchas veces me pregunté si era justo perdonarlo”. 

Respecto a la respuesta del Papa sobre el perdón, Desirée dice a ABC:

—Fue como si me estuviera hablando el Espíritu Santo. No sabía lo que me respondería, pero sus palabras me liberaron de una carga muy grande. Yo vivía el perdón como algo que debía conseguir sola. En cambio, él explicó que es un don que debemos pedir al Señor. Esto me dio mucha paz. Estaba bastante a la expectativa y súper abierta a la respuesta que él me diera. La frase que más se me quedó del Santo Padre fue que el perdón es un camino que dura toda la vida. Significa entender que no es algo inmediato. Que no se trata simplemente de perdonarlo y ya está. Es un proceso largo, un recorrido que se hace despacio, con la ayuda de Dios”.

En cuanto a porqué ha compartido su testimonio tan íntimo dice a Catalunya Cristiana:

—Me gustaría que sirviera para que la gente viera que las segundas oportunidades existen. Hoy parece que el perdón sea una palabra que se utiliza poco, pero yo creo que es muy importante. También quisiera transmitir que, aunque haya momentos en que todo parezca oscuro y sin salida, el Señor puede recuperarte desde allí si dejas el corazón abierto.

A las personas que pasan por situaciones como la mia quiero decirles que no pierdan la esperanza. Que, aunque su historia sea muy dura, existe una salida. Yo he podido experimentarlo y me gustaría que mi testimonio ayudara a otras personas a creer que también es posible para ellas”.


Desirée López se funde en una abrazo con León XIV

“Dios me acompaña y me regala cada día”

Desirée cuenta lo que es la fe para ella:

—La fe es lo más importante que tengo a día de hoy. Al final, es Dios quien me acompaña y me regala cada día, y ha sido gracias a la fe que he podido darle un sentido al dolor y al sufrimiento que hay en mi historia. La Iglesia también ha sido ese hogar al que siempre puedo volver y donde todo es acogido. La fe también me aporta esperanza, porque me ayuda a confiar en que todo tiene un sentido, aunque en ese momento no podamos verlo. Y, evidentemente, me aporta una compañía enorme y unas amigas que no merezco para nada.

Esa fe fue también la que la llevó ante Su Santidad y la que, con los años, le permitió acercarse a una de las palabras más difíciles de su vida: perdón. Fue una de las ideas centrales de la respuesta de León XIV. El Pontífice le recordó que perdonar no significa justificar el mal ni olvidar lo ocurrido, sino iniciar un camino que puede durar toda la vida. «Debemos aprender a mirar el perdón, poderosa medicina contra el mal que sana nuestras heridas interiores, como algo que forma parte de un proceso, de un camino», le dijo.

—Estoy totalmente de acuerdo con la respuesta del Santo Padre. El perdón, para mí, es un don que también sirve para uno mismo. Es liberar una carga del corazón. También me gustaría remarcar que el Santo Padre respondió que para perdonar no es necesario quedarse o seguir manteniendo relación con esa persona; esta fue una respuesta que me dio mucha paz también.


Desirée López después de la Vigilia de Oración con León XIV

“Dios ha estado siempre”

Llegados a este punto, la pregunta parece casi obligada. ¿Cómo se perdona algo así? Fue precisamente una de las preguntas que Desirèe dedicó también al Papa, sin rodeos: «¿Cómo puedo perdonar a mi padre, que estuvo a punto de dejarme sin madre? ¿Cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios?».

La respuesta de León XIV, por supuesto, estuvo a la altura: «No podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra responsabilidad», señaló el Pontífice, que advirtió de que tampoco se puede imaginar «que Dios desde lo alto responda a nuestras necesidades de modo automático o impida milagrosamente que el mal suceda». Dios, añadió, ha dotado al ser humano «de inteligencia y voluntad», le ha dado «una conciencia» y lo ha revestido «de dignidad y de libertad». Por eso, sostuvo, «si existe la violencia, si triunfa el egoísmo, si incluso el amor entre familiares se transforma en odio», es necesario dirigir las preguntas «a nosotros mismos, a las dinámicas de nuestra sociedad, a la cultura del individualismo, a la tentación de la violencia, y no a Dios».

Repasando las palabras del Santo Padre, Desirèe es casi incapaz de disimular la sonrisa. Su relación con sus padres ya no es para ella un tabú, aunque durante años fuera una de las partes más difíciles de ordenar de su propia historia.

—A día de hoy estoy viviendo con mi madre biológica, ya que está totalmente recuperada, y estoy súper contenta. Aprendo muchísimo de ella porque es una de las personas más fuertes que conozco. Con mi padre no mantengo ninguna relación, ya que se desvinculó de mí hace unos años.

La joven preguntó al Papa dónde estaba Dios cuando era niña y así asegura que ella vive la relación con el Señor:

—A día de hoy puedo afirmar que Dios ha estado siempre, en cada momento, incluso en aquellos en los que yo pensaba que no. Al final veo que todo lo que he pasado ha tenido un sentido en mi vida, y yo no estaría donde estoy ni sería quien soy hoy. Dentro de lo que cabe, me siento una afortunada de que Dios se haya servido de mi historia para poder dar luz y esperanza a personas que están pasando por algo similar o que sienten que no hay salida.

Su testimonio llegó ante León XIV gracias a su párroco:

—Me contactó el cura de mi parroquia, Sant Carles Borromeu, en el barrio de Gràcia de Barcelona, y me preguntó si me gustaría ser una de las personas que le hiciera una pregunta al Santo Padre. Lo primero que hice fue dudar por miedo y vergüenza, pero lo estuve pensando y rezando, y al final vi que era una oportunidad única y un regalo que no podía dejar pasar. esa parroquia no es la de mi barrio pero voy a ella porque allí tenemos un grupo de universitarios. Nos reunimos los jueves y vamos a misa cada domingo.

 Desirée López testimoniando y preguntando al Papa León XIV

Cuando tenía tres años sucedieron los hechos que contó al Papa 

Y habla de su vida dando más detalles de cómo vivió su sufrimiento:

—Nací en una familia formada por mi madre, mi padre, mi abuela materna y yo. Vivimos juntos hasta mis tres años. En el Paral·lel. Y entonces,  mi padre intentó matar a mi madre. Mi madre se salvó porque un chico se puso en medio. Metieron a mi padre en prisión. Además, coincidió que mi abuela murió por esas fechas. Mi madre se vio sola conmigo y acabó entrando en el mundo de las drogas… No presencié malos trastos de mi padre a mi madre. Tenía solo tres años, era muy pequeña. De esa etapa no recuerdo apenas nada. El maltrato era continuado. Lo que pasó aquel día fue simplemente el momento en que explotó todo.

Relata cómo sucedieron los hechos aquel día:

—Mi madre salía para ir a trabajar. Habían discutido. Yo me quedé en casa con mi abuela, como cada día. Mi padre salió detrás de ella con un cuchillo y la siguió y en una calle cercana intentó atacarla con el cuchillo. Empezaron a forcejear. Un chico lo vio, trató de detenerlo y el muchacho murió no sé si en la calle, o después, en el hospital. A mi madre no la hirió con el cuchillo, le dio golpes, puñetazos… Mi madre, tenía unos 30 años y ahora tiene 48. Más o menos como mi padre. Ella trabajaba limpiando casas y hoteles. Mi padre no trabajaba y no sé si lo había hecho antes. Alguna vez hizo de camarero.

Pese a ser pequeña, Desirée recuerda:

—Hubo un poco el movimiento de la policía en casa. Se llevaron a mi padre a prisión y nos quedamos mi madre, mi abuela y yo. Mi abuela ayudaba mucho y sostenía bastante a la familia. Mi abuela me quería muchísimo y yo también le guardo mucho cariño. Desde los tres hasta los seis viví con mi madre en esa situación. Casi no iba al colegio. Entonces nació mi hermano, de otra relación. El padre de mi hermano también acabó en prisión. Cuando tenía diez años fue cuando intervinieron los servicios sociales. Vieron que yo no iba al colegio y que las dos parejas de mi madre habían terminado en prisión.


Desirée López ha asumido que personar es un camino para toda la vida y un don de Dios como le dijo León XIV

Conoce a Dios en el centro de menores

A partir de aquel momento lo que sucedió fue esto:

—Antes de llevarnos a un centro intentaron buscar familiares que pudieran hacerse cargo. Por parte de mi madre no había nadie. Por parte de mi padre, sí. Primero fui con una tía, pero no podía hacerse cargo de mi y de mi hermanos. Luego con mi abuela paterna, pero era demasiado mayor. Después con otra tía y mis primos; estuve allí unos meses, pero tampoco era sostenible. Finalmente nos llevaron a un centro de menores a los dos juntos.

Tuve mucha suerte porque me tocó Sant Josep de la Muntanya. Era un centro maravilloso. Lo llevan monjas. No me quejo de nada. Pero sigue siendo un centro de menores. Hay niños que están muy mal, muchos conflictos. Y todos teníamos una carencia común: el amor de una familia. Porque por muy bueno que sea un centro, entran y salen educadores; no tienes a unos padres contigo. 

Allí empecé a conocer a Dios en Sant Josep de la Muntanya. Mi familia biológica no era creyente. Allí me explicaron quién era Dios. Allí me bauticé e hice la Primera Comunión. Recibí mucho apoyo. De hecho, mis padrinos de bautismo son dos educadores que tuve en el centro. Las monjas y los educadores me acogieron con mucho afecto. Me dieron el amor que necesitaba y que no había recibido nunca.

La joven sigue su relato:

—Estuve en el centro unos dos años más. Mi hermano, como solo tenía tres años, fue acogido por una familia de Vic. Al ser pequeño fue más fácil. Yo me quedé… Y empecé a ver a mi padre. Teníamos visitas supervisadas. Estaba en prisión y nos veíamos en  un espacio llamado EVIA. Es un lugar donde los menores tutelados pueden ver a sus familias biológicas. Hay una sala, con un trabajador social, juegas o hablas. No recordaba ni su cara. Me lo propusieron y acepté. Con mi madre nunca perdí el contacto; ella siempre me llamaba una vez por semana. Pero con mi padre pensé: ‘Es mi padre, tendré que verlo’. 

Las  visitas eran una vez al mes, como un trámite. Él no me había visto crecer. Para mí era un desconocido. Nunca me pidió perdón. Las visitas se prolongaron hasta segundo o tercero de ESO. No recuerdo si fue antes o después de la pandemia. Empezó a faltar a las visitas y, al final, dejó de venir sin dar ninguna explicación. Y desde ese momento nunca más lo he visto.

 Desirée López se emocionó varias veces ante el Papa León XIV

Acogida por la familia de su hermano y en la ESO el enfado con Dios

Volviendo a un momento anterior, Desirée cuenta cuando salió del centro de menores: 

—Cuando la familia que había acogido a mi hermano me acogió también a mí salí de Sant Josep de la Muntanya. Mi madre luchó mucho para conseguirlo. La separación de mi hermano yo la vivía muy mal. Yo hice de madre para él durante mucho tiempo. Los dos seguíamos viéndonos y la familia de acogida me preguntó si quería vivir con ellos. Dije que sí cuando tenía doce años. Esa familia tenía cuatro hijos. Me costó adaptarme. Yo había levantado un muro… La familia de acogida también era devota: vivían la fe en el día a día.

Y también rememora cuando se enfadó con Dios: 

—Renegué de Dios durante uno o dos años. En la ESO. Estaba enfadadísima. No entendía por qué me había pasado todo aquello. Si Dios era tan bueno, ¿dónde estaba? En unos campamentos. Allí empecé a reconciliarme. Luego hice un retiro que cambió completamente mi mirada.

No es casualidad que de una vida como la suya haya surgido la vocación de estudiar Derecho en la Universidad de Barcelona. No lo cuenta como un deseo cerrado desde niña, sino como una elección vinculada a lo que le ha tocado vivir y a toda la ayuda que ha recibido en el proceso.

—Estudio Derecho porque quiero hacer justicia y acompañar a todas las víctimas, igual que se hizo en mi caso. Sobre todo a las víctimas de violencia contra la mujer, para que en ese proceso tan duro puedan encontrar esperanza y sentir que no están solas. También me gustaría que, dentro del proceso judicial, hubiera espacio para el perdón, porque ayuda a sanar y a afrontar el proceso de una manera más llevadera para la propia víctima.

Fotos: Vatican Media