David Jasso Ramírez es actualmente Vicario episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey (México) y ha cumplido ocho años de sacerdocio a principios de este año 2026
* «Ahí empezó el discernimiento en serio, cuando dejé Rayados. La espinita estuvo todo el tiempo, pero había momentos en que se iba. Tuve novias, viajé, me divertí, del Cielo a la tierra, del seminario a la cancha de fútbol, en un ambiente de lujos, de trato VIP en muchas partes, de estar cerca de los famosos, de estar ahí en el mejor momento del equipo… Después de 8 años de sacerdocio, no sé cómo serán los años que vienen. Tampoco lo sabía al inicio, pero si algo puedo decir hoy, con serenidad, es esto: no me arrepiento del camino. Y sigo creyendo que Dios actúa más en la fidelidad cotidiana que en los momentos extraordinarios. Ocho años después, no presumo logros. Agradezco la gracia de seguir caminando. Y eso, para mí, ya es mucho»
En el vídeo, David Jasso Ramírez cuenta su testimonio de vida en 2019 a Desde la fe
Camino Católico.- Mientras el mundo vive la emoción del Mundial 2026, el Padre David Jasso Ramírez conoce muy bien lo que significa estar cerca de la pasión que despierta el fútbol.
Antes de convertirse en sacerdote, trabajó durante siete años en el Club de Futbol Monterrey Rayados, donde ocupó distintos cargos hasta llegar a ser gerente deportivo. Vivió campeonatos, viajes, decisiones importantes y la intensidad de uno de los entornos más competitivos y admirados del deporte profesional.
Sin embargo, detrás de los logros y la emoción de las canchas, Dios seguía escribiendo una historia diferente.
Lo que pocos saben es que antes de trabajar en el fútbol, David había pasado más de ocho años en el Seminario de Monterrey (México). En 2003 tuvo que dejar la formación sacerdotal para madurar aspectos importantes de su vida. Aquella salida fue dolorosa, pero con el tiempo comprendió que Dios no había dejado de acompañarlo.
David Jasso junto a su familia Ramírez en el tiempo que ingresó por primera vez en el seminario
Su camino vocacional inició como el de otros jóvenes que, al terminar la preparatoria, piden su ingreso al seminario para ser sacerdotes. No obstante, ocho años después, en 2003 tras un periodo de discernimiento, volvió a la vida laical.
“Llegué hasta tercero de Teología, me faltaba año y medio para terminar. Yo salí del seminario. Entré con 17 años y salí de 26, con 20 pesos en la bolsa”, recuerda en declaraciones a Desde la Fe.
“Me expulsaron porque no cumplía con el perfil. A lo largo de la formación hay varios momentos de revisión de vida y consideraron, los padres formadores, en ese momento, que yo no tenía vocación, que me faltaba madurar algunos aspectos de mi vida y que el perfil que yo tenía no correspondía a lo que se buscaba”, dice a Aleteia.
Un mes después se entrevistó con Jorge Urdiales, entonces presidente del Club de Futbol Monterrey, quien lo invitó a incorporarse a la institución como coordinador de Responsabilidad Social. Después fue Jefe de Prensa por un corto periodo hasta que fue nombrado Gerente Deportivo.
En ese momento su historia dio un vuelco que lo llevó a viajar durante años con el primer equipo, a convivir todos los días con los jugadores y el cuerpo técnico, a compartir sus logros y sus fracasos, las fiestas y reuniones familiares.
En esta época convivió con figuras del futbol mexicano, como Jesús «el cabrito» Arellano, Aldo de Nigris, Sebastian «el loco» Abreu, Victor Manuel Vucetich, Miguel Herrera y Ricardo Antonio Lavolpe, entre muchos más.
El padre David Jasso con Gerardo ‘Tata’ Martino en 2019, a quien bendijo, cuando inició su trabajo de entrenador de la selección nacional de fútbol de México
Tenía el acceso a toda una institución poderosa del futbol mexicano y se codeaba con los futbolistas más famosos de toda la liga mexicana. Su talento y habilidades lo llevaron a tocar el cielo del futbol y pasó de ser un seminarista desconocido a un líder dentro del club.
«Cada vez que salíamos al campo, rezábamos un padrenuestro y un avemaría. Me acuerdo haber ayudado a Sebastián “loco” Abreu a restaurar una imagen de la Virgen que traía por todos lados», así recuerda el Padre David cómo su fe seguía intacta.
Los medios de comunicación resultaron ser para David un medio propicio para el éxito y la fama. Se movía como pez en el agua en ellos y descubrió una fascinación y una facilidad para dominar las relaciones públicas, el marketing, las cámaras de televisión y los micrófonos de prensa. Estaba anonadado, impresionado e impactado por las mieles del fútbol.
Orando en el vestidor
El padre Jasso recuerda dos momentos específicos durante su carrera como directivo, en los que se replanteó seriamente volver al seminario: el primero fue la muerte de Antonio de Nigris, en 2009. Aunque jugaba en Grecia, era un jugador muy querido por la afición, y su hermano Aldo jugaba en Rayados. Por ello, a él le tocó gestionar la repatriación del cuerpo y acompañar a la familia.
“Yo estaba en el vestidor y Chuy Arellano me pidió que dijera una oración. Solamente había jugadores y cuerpo técnico, yo era el único de pantalón largo. Entré, me puse a un lado de Aldo, él se hincó, puse la mano en su hombro y empezamos a rezar. No me acuerdo qué recé, pero traté de crear un ambiente de hermandad, de equipo y de comunidad”.
El padre David Jasso los jugadores del equipo le pidieron orar varias veces y eso le hizo presente que el llamado al sacerdocio seguía en el fondo de su corazón
El otro momento, durante el primer campeonato que vivió como Gerente Deportivo, de nueva cuenta los jugadores del Monterrey le pidieron que dirigiera una oración de agradecimiento a Dios.
“Fueron esos dos momentos, en la alegría y en el dolor, en que me pregunté ‘¿Qué ven en mí que yo no estoy viendo? ¿Qué estoy transmitiendo que yo no me doy cuenta?’”, recuerda.
Quizá por eso, el ahora técnico del Club América, Miguel Herrera, uno de sus amigos más entrañables en el mundo del futbol, siempre lo apodó El Curita.
Un alto en el camino
Pese a que la cosquillita por volver al seminario nunca desapareció en todos esos años, la intensidad del trabajo en el Monterrey no le permitió detenerse para discernir qué era lo que Dios quería de él, hasta que en 2011 dijo adiós a Rayados, fundó una empresa de mercadotecnia deportiva y comenzó a dar clases. Entonces, el llamado de Dios se hizo fuerte.
“Ahí empezó el discernimiento en serio, cuando dejo Rayados. La espinita estuvo todo el tiempo, pero había momentos en que se iba. Tuve novias, viajé, me divertí, del Cielo a la tierra, del seminario a la cancha de fútbol, en un ambiente de lujos, de trato VIP en muchas partes, de estar cerca de los famosos, de estar ahí en el mejor momento del equipo”.
A partir de su salida tuvo un año para discernir y en 2012 finalmente pidió su readmisión al seminario.
El camino para llegar al sacerdocio fue largo. No sólo su readmisión tomó tiempo. Además, durante su formación lo operaron a corazón abierto. El miedo hacía mella en su alma, pero su devoción a la Virgen María de Guadalupe lo inundó de paz, fe y esperanza para enfrentar esta cirugía.
Las pruebas aún no terminaban para el seminarista, ya que meses después, su padre enfermó y falleció, llevando al seminarista a forjarse en la paciencia y a entender esta etapa de su vida como el crisol de su alma y vocación.
El padre David Jasso para pasar del fútbol al seminario debió recorrer un largo camino lleno de pruebas
«No fue fácil regresar porque me habían expulsado. Yo toqué la puerta del seminario, no fue fácil, no había obispo en ese momento y tardaron un año en aceptarme. Entré condicionado y, aunque ya habían pasado 10 años, ahí seguían los expedientes; pero finalmente me ordenaron sacerdote», comparte con una sonrisa.
Sólo el inicio
Cinco años después, en enero de 2018, David Jasso fue ordenado sacerdote.
Si antes, a su llegada a Rayados, asumió el reto de aprovechar su experiencia como seminarista para aplicar esos valores en el club. Ahora, asegura, el camino es a la inversa. “Quizá ese es el mayor reto ¿Cómo integrar aquello que aprendí con la Iglesia y con mi ministerio?”.
El camino que David Jasso debió recorrer para convertirse en sacerdote fue muy distinto y mucho más largo que el de muchos de sus compañeros. Sin embargo, asegura, el día de su ordenación no lo vivió como el final del trayecto: “no es la meta, sino un nuevo inicio”.
Agradecimiento a Dios por 8 años de sacerdocio
David Jasso, Vicario episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey (México), ha cumplido ocho años de sacerdocio a principios de este año 2026 y hace balance: “Ocho años no son muchos, pero tampoco son pocos. No alcanzan para hablar desde la nostalgia, pero sí para mirar atrás con verdad. Ocho años de sacerdocio dan para agradecer, para reconocer límites, para confirmar algunas intuiciones…” dice en Vida Nueva.
“Si algo me ha costado en estos ocho años ha sido aceptar mis propios límites sin endurecerme. No refugiarme en el activismo para no sentir. No anestesiar el corazón para poder seguir funcionando. No reducir el sacerdocio a lo que hago, a lo que produzco, a lo que se ve. Aprender que cuidar la interioridad no es un lujo, sino una necesidad vital para no perder el alma. En no pocas ocasiones, mi capilla, mi oficina, mi estudio y mi lugar de descanso ha sido un avión, un aeropuerto o un autobús”, asegura.
El padre David Jasso en Casa Lago, sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano
Y subraya que “reconozco que he sido profundamente sostenido por personas concretas, por comunidades reales, por hermanos sacerdotes con los que se puede hablar sin máscaras. Por conversaciones sinceras con amigos de toda la vida y por la oración cuando ya no hay muchas palabras. Pero sobre todo, por Dios que no me ha pedido perfección, pero sí disponibilidad; no control, sino confianza; no dureza, sino fidelidad cotidiana”.
“Al cumplir ocho años de sacerdocio, no celebro haber llegado lejos. Celebro haber seguido y haber permanecido en el camino cuando fue luminoso y cuando fue cuesta arriba. Haber aprendido que el ministerio no consiste en hacerlo todo bien, sino en seguir diciendo sí, una y otra vez, en lo pequeño, en lo ordinario, en lo que no se ve. No sé cómo serán los años que vienen. Tampoco lo sabía al inicio, pero si algo puedo decir hoy, con serenidad, es esto: no me arrepiento del camino. Y sigo creyendo que Dios actúa más en la fidelidad cotidiana que en los momentos extraordinarios. Ocho años después, no presumo logros. Agradezco la gracia de seguir caminando. Y eso, para mí, ya es mucho”, concluye.

















