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domingo, 6 de septiembre de 2026

Papa León XIV en el Ángelus, 6-9-2026: «Por gracia de Dios, somos hermanos y hermanas que, a través de la oración, pueden ponerse de acuerdo: encontrándose, perdonándose y escuchándose en el Señor»

* «Jesús sugiere a cada comunidad cristiana al menos dos modos de ejercitar el amor mutuo. El primero es ser capaces de realizar la corrección fraterna. Además, hay un segundo modo de amar fraternalmente, que para Jesús transforma incluso la oración: ponerse de acuerdo. No solamente cuando hay un conflicto, sino para pedir a Dios cualquier don. Dice el Señor: ‘Si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá’» (Mt 18,19)»

   

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Con gran pesar he seguido las noticias sobre los violentos ataques que recientemente han afectado a varias ciudades e infraestructuras civiles en Ucrania, provocando la muerte de personas inocentes. Mi corazón se une al sufrimiento del pueblo que lleva años viviendo en la angustia y el miedo. Hago un nuevo llamamiento para que se ponga fin a la violencia, se detenga la destrucción y se abran los corazones al diálogo y a la paz. Espero que los esfuerzos realizados estos días para reanudar las negociaciones den frutos concretos y abran un espacio para la diplomacia. Elevemos nuestra oración al Señor, para que prevalezca la concordia en todos los conflictos del mundo»

 

6 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) “Por gracia de Dios, somos hermanos y hermanas que, a través de la oración, pueden ponerse de acuerdo: encontrándose, perdonándose y escuchándose en el Señor”, ha reflexionado el Papa León XIV este mediodía, ante miles de fieles y peregrinos, en la plaza de San Pedro, sobre el Evangelio de este domingo, tomado de san Mateo, que presenta la “corrección fraterna” y la “oración compartida”. Además, lo relaciona con la primera lectura, tomada de la Carta de san Pablo a los Romanos, donde se afirma que la única deuda que debemos tener unos con otros es “la del amor mutuo”.

Es precisamente en esta imagen de “la deuda” donde León XIV ha centrado su reflexión. El Papa recuerda que “Jesús nos ha enseñado a invocar y a practicar la remisión de las deudas”, pero señala que existe también un patrimonio que nos debemos unos a otros: “la deuda de un amor mutuo”.

Nuevo llamamiento del Pontífice, después de la oración mariana de este primer domingo de septiembre, para poner fin a la violencia y «abrir los corazones al diálogo y a la paz», ante la guerra en Ucrania. La invocación de León se eleva para que se afirme «la concordia en todos los conflictos del mundo». En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:  


PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

XXIII Domingo del Tiempo ordinario, 6 de septiembre de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

La Palabra de Dios proclamada en la liturgia de este domingo nos ofrece algunos criterios fundamentales de pensamiento y de acción. Leemos en la Carta a los Romanos que todos los mandamientos «se resumen en este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”» (Rm 13,9). San Pablo insiste en este punto con una imagen muy fuerte, presente también en el “Padre nuestro”. Escribe: «Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo» (v. 8).

Jesús nos ha enseñado a invocar y a practicar el perdón de las deudas. Sin embargo, hay una heredad que nos debemos los unos a los otros, sin quedar atrapados por ella: es la deuda de un amor mutuo. Toda la atención, el cuidado y el bien que hemos recibido nos hacen más libres y responsables.

En el Evangelio de este domingo, Jesús sugiere a cada comunidad cristiana al menos dos modos de ejercitar el amor mutuo. El primero es ser capaces de realizar la corrección fraterna. Es un arte delicado y muchas veces olvidado, que requiere franqueza y gradualidad. Hablarse con sinceridad —primero de tú a tú; después, si es preciso, entre dos o tres personas; finalmente, cuando sea necesario, con toda la comunidad— significa afrontar la realidad y transformar problemas y conflictos en pasos de crecimiento. La lamentación y la maledicencia son más fáciles, pero no generan nada y paralizan muchas situaciones. El Evangelio, sin embargo, nos educa a la libertad en la caridad.

Además, hay un segundo modo de amar fraternalmente, que para Jesús transforma incluso la oración: ponerse de acuerdo. No solamente cuando hay un conflicto, sino para pedir a Dios cualquier don. Dice el Señor: «Si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá» (Mt 18,19). Esta promesa sugiere que podemos tener deseos comunes, dolores comunes, esperanzas comunes y, a través de la oración, crecer en la unidad. Sin la fe, cualquiera podría sentirse solo y sospechar de los demás, viéndolos como extraños y enemigos. Sin embargo, por gracia, somos hermanos y hermanas que pueden ponerse de acuerdo: encontrándose, perdonándose y escuchándose en el Señor.

Pidamos a María, quien tras el anuncio del ángel fue deprisa al encuentro de su prima Isabel para compartir la alegría y el cansancio del embarazo, que nos enseñe también a nosotros la gozosa deuda del amor fraterno.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


Con gran pesar he seguido las noticias sobre los violentos ataques que recientemente han afectado a varias ciudades e infraestructuras civiles en Ucrania, provocando la muerte de personas inocentes.


Mi corazón se une al sufrimiento del pueblo que lleva años viviendo en la angustia y el miedo.


Hago un nuevo llamamiento para que se ponga fin a la violencia, se detenga la destrucción y se abran los corazones al diálogo y a la paz. Espero que los esfuerzos realizados estos días para reanudar las negociaciones den frutos concretos y abran un espacio para la diplomacia.


Elevemos nuestra oración al Señor, para que prevalezca la concordia en todos los conflictos del mundo.


Les doy la bienvenida a todos ustedes, romanos y peregrinos provenientes de distintos países. ¡Gracias por estar aquí!


De manera especial saludo a la comunidad del seminario interdiocesano “Studienhaus Sankt Lambert” de Lantershofen (Alemania).


Recibo con alegría a la peregrinación de la Parroquia de San Ulrico Obispo de Muestre (Treviso); así como también al Coro diocesano de la Diócesis de Oppido Mamertina-Palmi, acompañado del Obispo.


Mientras retomamos poco a poco nuestras actividades habituales tras las vacaciones de verano, pidamos al Señor que nos acompañe y nos sostenga con su luz.


¡Les deseo a todos un feliz domingo!


Papa León XIV




Fotos: Vatican Media, 6-9-2026

Ségolène: «No creía en Dios pero quería saber si existe; conocí al hombre de mi vida y al casarme decidimos buscar a Dios y en un monasterio experimenté que existe, me ama y me cuida cada día»

Ségolène no creía en Dios, pero sí quería saber si existía o no y estaba dispuesta a aceptar iniciativas para saberlo / Foto: Découvrir Dieu

* «Y así, a partir de esa experiencia, mi vida cambió. Empecé a rezar y dije: ‘Escucha, Señor, ya que existes, tengo una amiga que no puede tener hijos: si queda embarazada, te prometo que me confirmaré’. Y, efectivamente, un mes después, me encontré con esta amiga que se me acercó y me dijo: ‘¡Shhh… estoy embarazada de un mes y medio!’. ¡Y yo llevaba un mes y medio en ese monasterio! Me sentí completamente abrumada. Pensé: ‘¡Ay, caramba! ¡Tengo que confirmarme!’. Así que emprendí el camino de la confirmación. Y me confirmé. Y recibí muchísimos dones del Señor. Y desde entonces, mi vida ha cambiado por completo»

Camino Católico.-  Al ver a tantas parejas separarse a su alrededor, Ségolène decidió prepararse seriamente para su boda y se unió a un grupo de preparación matrimonial en una iglesia. Al final, le dijeron que para casarse por la Iglesia, uno debe transmitir la fe a sus hijos. Así que ella y su esposo se casaron y decidieron buscar a Dios… Cuenta su historia de conversión a Découvrir Dieu:

Ségolène quedó transformada cuando conoció que Dios existe y que hay vida eterna

«Sé que hoy tenemos vida eterna, llena de amor; Confío en Dios, le entrego todo y eso me da una fuerza inmensa para seguir adelante y superar las pruebas»

Me llamo Ségolène. De niña, adolescente y joven profesional, no creía en Dios, aunque, paradójicamente, quería saber si existía: es algo muy profundo en mí. Quería saber si hay algo después de la muerte, si Dios existe. Así que crecí sin creer en Dios.

Y cuando llegó el momento de casarme, cuando conocí al hombre de mi vida y tuve que comprometerme, había tantas parejas separándose a nuestro alrededor, en nuestro círculo más cercano. Y, la verdad, me asusté: me di cuenta de que el matrimonio era un compromiso enorme. Y sentí la necesidad de prepararme.

Así que busqué cursos de preparación matrimonial en internet y encontré uno ofrecido por la Iglesia. Mi prometido y yo hicimos este curso, que fue increíblemente interesante y muy completo. Estábamos muy agradecidos por todo lo que aprendimos: antropología humana, cuestiones filosóficas. Sin embargo, al final, nos dijeron que si queríamos casarnos por la iglesia, teníamos que transmitir la fe a nuestros hijos. Y yo no tenía fe.

Así que decidimos buscar a Dios. Nos casamos por la iglesia y luego empezamos nuestra búsqueda. Un día nos mudamos a Lyon y nos unimos a un pequeño grupo de debate que reflexionaba sobre Dios: qué significa ser cristiano en el trabajo, por ejemplo. El sacerdote que dirigía el grupo tuvo la brillante idea de llevarnos a pasar un fin de semana en un monasterio. Así que pensamos: "Vale, vamos. No pasa nada por tomarnos un respiro".

Llegué al monasterio y, para mi sorpresa, en el grupo había una chica que se decía cristiana y que era insoportable. Y yo pensaba: "¿Qué es esto? ¿Así es ser cristiano? Si es así, ¡no estoy de acuerdo en absoluto!". Así que estaba muy disgustada. Resulta que hay celebraciones litúrgicas en los monasterios. Así que fui. Allí estaban los monjes cantando: me conmovió profundamente el canto de los monjes y la atmósfera de paz. Y de repente, me sentí envuelta por un amor abrumador, como si alguien me abrazara con mucha fuerza. Me sentí amada profundamente, de pies a cabeza: las palabras no bastan para expresar lo que experimenté. Y me sorprendió muchísimo.

Después, pensé que tal vez lo había soñado un poco, que tal vez fue el entorno lo que me hizo sentir así. Pero, de hecho, volvió a suceder varias veces. Y, a la sexta vez, lo entendí. Dije: "Está bien, Dios, existes. Y además, ¡me amas! Eres un Dios de amor, un Dios que ama".

Y así, a partir de esa experiencia, mi vida cambió. Empecé a rezar y dije: «Escucha, Señor, ya que existes, tengo una amiga que no puede tener hijos: si queda embarazada, te prometo que me confirmaré». Y, efectivamente, un mes después, me encontré con esta amiga que se me acercó y me dijo: «¡Shhh… estoy embarazada de un mes y medio!». ¡Y yo llevaba un mes y medio en ese monasterio!


Me sentí completamente abrumada. Pensé: «¡Ay, caramba! ¡Tengo que confirmarme!». Así que emprendí el camino de la confirmación. Y me confirmé. Y recibí muchísimos dones del Señor. Y desde entonces, mi vida ha cambiado por completo: sé que Dios existe. Así que respondí a esa pregunta que me hacía de pequeña: ¿Existe Dios? Sí, hoy tengo la certeza de que Dios existe y, además, de que me ama y me cuida cada día.

Y luego estaba esa cuestión, sobre todo, de la existencia, de la vida después de la muerte, que realmente me inquietaba cuando era adolescente, cuando era joven profesional. Y sé que hoy tenemos vida eterna, llena de amor. Confío en Dios, le entrego todo y, de hecho, eso me da una fuerza inmensa para seguir adelante y superar las pruebas.

Ségolène

Vídeo en francés de Découvrir Dieu en el que Ségolène cuenta su testimonio


“Teresa de Calcuta”, película de 2003 de la vida de Santa Teresa de Calcuta, protagonizada por Olivia Hussey y dirigida por Fabrizio Costa

 


Camino Católico.-  “Teresa de Calcuta”, es una película de la vida de Santa Teresa de Calcuta del año 2003.

Título original: Madre Teresa   Año: 2003   País: Italia

Dirección: Fabrizio Costa

Guion: Massimo Cerofolini, Francesco Scardamaglia

Música:  Guy Farley

Fotografía: Giovanni Galasso

Reparto: Olivia Hussey, Laura Morante, Sebastiano Somma, Michael Mendl, Enzo de Caro, Ingrid Rubio, Neil Stuke, Valeria Cavalli, Philip Jackson, Guillermo Ayesa, Emily Hamilton, Nimmi Harasgama, Hannah McBride, Carlo Cartier, Azzurra Antonacci, Guido Roncalli, Tom Alter, Kenneth Desai, Antonia Frering, Franco Korosec

Productora: Blue Star Movies, Euro Ficción S.L, Lux Studios S.p.a, MediaTrade, LuxVide

Sinopsis:

La India a finales de los 40. El dominio británico llega a su fin, pero el nuevo país vive momentos de agitación. Los enfrentamientos y las matanzas se suceden en Calcuta al tiempo que crece la desesperación de los débiles, los enfermos y los desheredados. En medio de todo este sufrimiento surge una monja que se dedica en cuerpo y alma a ayudar a los pobres, a curar a los leprosos que mueren en las calles y a cuidar a los huérfanos y niños abandonados: es Teresa de Calcuta. Los problemas que su abnegación le acarrea la obligan a desafiar a las autoridades, incluyendo las de su propia iglesia.

Pablo De Maio: «Estaba abocado a la lujuria, a las relaciones informales, y fue como si san Miguel me clavara su espada y me extirpara un tumor maligno; me hizo una cirugía espiritual; fue el inicio de mi conversión»

Pablo De Maio empezó a rezar el Rosario, pero la Virgen María lo condujo a San Miguel Arcángel para que iniciara su camino de conversión / Foto: Misión

* «Cuando uno comienza un proceso de conversión tiene que dar un paso inicial: poner lo suyo para hacer una renuncia a todo lo viejo y putrefacto para abrazar lo nuevo y santo que viene de Dios, porque Él es misericordioso y justo, pero no hace “magia”. En ese proceso, san Miguel se encarga de educarte y de darte fuerza para el combate espiritual incluso mientras duermes porque la tentación va a seguir estando y cuanto más quieras acercarte a Dios, puede hacerse más fuerte. El demonio no quiere perder un alma. Él es astuto y sabe cómo tentarte. Cuando yo empecé este proceso se me aparecían mujeres bellísimas. Para combatir la tentación recomiendo leer El combate espiritual del padre Lorenzo Scupoli, una lectura obligada para todo cristiano. Es un libro maravilloso que san Francisco de Sales llevaba consigo»

Camino Católico.-  El argentino Pablo De Maio dedica su vida a difundir la devoción a san Miguel, el arcángel que –asegura– transformó su vida. Según relata, se encontraba atrapado en el pecado de la lujuria cuando el 29 de septiembre de 2010, en la fiesta de los tres arcángeles, experimentó una gracia especial: “Fue como si san Miguel me clavara su espada y me extirpara un tumor maligno”. Aquel acontecimiento marcó el inicio de lo que define como “una escuela del corazón”: “San Miguel me ayudó a renunciar a todo lo viejo y putrefacto para abrazar lo nuevo y santo que viene de Dios”. Cuenta su testimonio en una entrevista en Misión

- Usted tuvo un cambio radical de vida. ¿De qué manera intervino san Miguel en esa transformación?

- Yo venía de un estilo de vida pernicioso, en situación de pecado grave permanente, cuando el arcángel san Miguel entró a mi vida en abril de 2010. Estaba abocado a la lujuria, a las relaciones informales. Pero mi incongruencia era tal que, aunque estaba alejado de Dios, iba a Misa. No comulgaba, pero iba a la iglesia. Y en un momento determinado comencé a rezar el Rosario todos los días, porque algo me decía: “Por aquí te estás perdiendo”.

- ¿Qué le ocurrió exactamente?

- Un día me desperté para ir a trabajar y el pensamiento de san Miguel me martillaba la cabeza. Tal es así que cuando llegué a la oficina fui a una tienda de imágenes católicas y compré la primera imagen de san Miguel que tuve. Ahí empecé a investigar sobre el papel preponderante de este arcángel en la economía de la salvación humana y en la historia de la humanidad. 

- ¿Había tenido contacto con san Miguel Arcángel de niño?

- Nunca. Antes de que san Miguel llegara a mi vida yo buscaba a la Santísima Virgen María para tener un encuentro personal con Ella. Por eso comencé a rezar el Rosario. Ella me llevó al Arcángel para iniciar mi proceso de conversión, porque yo vivía en un vicio del que es muy difícil salir. Hay personas que viven en situación de adulterio o de fornicación y creen que es normal, pero los pecados de la carne carcomen el alma y arrastran a muchas almas a la perdición.

- ¿Qué efecto tuvo el rezo de la Coronilla de san Miguel en este proceso?

- Tan pronto empecé a leer sobre san Miguel, me encontré con la Coronilla Angélica y comencé a rezarla por mi cuenta. Esta oración fue pedida por el propio san Miguel a la carmelita portuguesa Antonia d’Astonac. Aunque mucha gente no la conoce, después del Rosario, esta coronilla es fundamental para fortalecernos en el combate espiritual hasta el día en que cerremos los ojos definitivamente. Consiste en nueve salutaciones angélicas en honor de san Miguel y de todos los ángeles. 

- Hubo otra intervención de san Miguel en su conversión, más radical y definitiva. ¿Cómo ocurrió?

- El 29 de septiembre de ese mismo año, fiesta de los santos arcángeles san Miguel, san Gabriel y san Rafael, fui a la Parroquia de san Miguel Arcángel en Bartolomé Mitre, un templo de más de 225 años aquí en Buenos Aires. Esa visita fue el sello de oro. Yo ya venía investigando sobre san Miguel, pero aún no me había metido de lleno. Cuando entré en la iglesia y miré a la derecha, donde está la imagen de san Miguel en una pintura bellísima y antiquísima, sentí una fuerza que me hizo ponerme de rodillas automáticamente. Y algo me decía: “Reza, reza, reza”. Fue un antes y un después. 

- ¿Qué experimentó en ese momento? 

- Comprendí cuánto había ofendido a Dios y al prójimo, porque el cuerpo es templo del Espíritu Santo, como dice san Pablo, y si ya estaba mal dañar mi propio cuerpo, era peor dañar el cuerpo de los demás. Me puse a llorar. Era como si san Miguel me metiera su espada y me extirpara un tumor maligno; me hizo una cirugía espiritual. Ese fue el inicio de mi conversión hacia una madurez espiritual, que es una de las funciones de este arcángel.

Pablo De Maio dice que San Miguel te lleva a la Eucaristía / Foto: Misión

- ¿Qué otras funciones tiene san Miguel en nuestra santificación?

- Cuando uno comienza un proceso de conversión tiene que dar un paso inicial: poner lo suyo para hacer una renuncia a todo lo viejo y putrefacto para abrazar lo nuevo y santo que viene de Dios, porque Él es misericordioso y justo, pero no hace “magia”. En ese proceso, san Miguel se encarga de educarte y de darte fuerza para el combate espiritual incluso mientras duermes porque la tentación va a seguir estando y cuanto más quieras acercarte a Dios, puede hacerse más fuerte. El demonio no quiere perder un alma. Él es astuto y sabe cómo tentarte. Cuando yo empecé este proceso se me aparecían mujeres bellísimas. Para combatir la tentación recomiendo leer El combate espiritual del padre Lorenzo Scupoli, una lectura obligada para todo cristiano. Es un libro maravilloso que san Francisco de Sales llevaba consigo.

- ¿De qué otras maneras lo engañaba a usted el demonio?   

- Tras mi conversión comencé a ayudar al padre Carlos Mancuso, un exorcista muy reconocido que fue mi director espiritual hasta que falleció. Colaboré con él en más de 2.000 exorcismos, y recuerdo que en uno de ellos un demonio me dijo: “Si dejas de hacer esto, te doy oro”, porque durante muchos años yo también corrí detrás del dinero. 

- ¿Cómo nos protege san Miguel?

- Él es muy celoso de sus devotos y los defiende. Por eso está representado como un guerrero, con espada y hábito romano; también es celoso de que cumplamos los mandamientos y las bienaventuranzas; y es maestro de obediencia, una virtud que es protección, porque todo lo que se aleja de Dios se corrompe. Yo me alejé de Dios y fui corrompido por el espíritu de la lujuria y de la mentira. El demonio, que desobedeció por soberbia, te promete independencia, pero lo que te da es separación. En cambio, san Miguel, siempre que lo invoques con recta intención, te acerca a Dios y a la Virgen María, Reina y Señora de todo lo creado, también del mundo angélico. 

- ¿Qué define al devoto de san Miguel?

- Que está íntimamente ligado a la Eucaristía, en la sagrada comunión y en la adoración eucarística. El mismo san Miguel te lleva a la Eucaristía.  Poco tiempo después de abrazar la devoción, sin darme cuenta, estaba adorando la Eucaristía y comprendí el sentido de la Santa Misa. Hoy la Misa y la Adoración no me pueden faltar. 

- ¿Algo más?

- El devoto de san Miguel es firme en la oración y en la confesión frecuente. Muchas personas me dicen: “Yo le pido perdón a Dios y ya está”. Y les respondo:  “Entonces dile a Dios que te dé la comunión”. La soberbia nos hace creer que no necesitamos de este sacramento, pero sin la reconciliación no habría salvación. Por eso, para iniciar un proceso de conversión, recomiendo hacer una confesión general: prepararla con un buen examen de conciencia y escribir la propia historia de vida desde el punto de vista espiritual. Y, por último, el devoto propaga la devoción a san Miguel, porque al abrazarla no puedes quedártela para ti mismo. 

- Para concluir, ¿le gustaría compartir algún mensaje con nuestros lectores?

- En 2014 llevé a Roma una petición, respaldada por muchísimas firmas, para que se restableciera la oración a san Miguel al final de la Misa. Me gustaría reiterar esta petición al Santo Padre León xiv, pues es un deseo que nace de lo más hondo de mi corazón. Estoy convencido de que recuperar esta oración sería un golpe decisivo contra Satanás. También quisiera invitar a todas las parroquias a tener una imagen de san Miguel porque él protege no sólo el sagrario, sino también a toda la comunidad parroquial. Si se encomiendan a él verán que muchas cosas comienzan a cambiar. 

CORONILLA A SAN MIGUEL

Pablo De Maio promueve grupos de oración que se han ido extendiendo a varios países para rezar la Coronilla Angélica los 29 del mes. Esta coronilla consiste en nueve salutaciones en honor a san Miguel y a los nueve coros angélicos. Cada salutación consta de un padrenuestro y tres avemarías. Al finalizar, se rezan cuatro padrenuestros adicionales a san Miguel, san Gabriel, san Rafael y al ángel de la guarda. El papa Pío IX concedió indulgencias a quien la rece, como la indulgencia plenaria en la fiesta de los santos arcángeles (29 de septiembre) y de los Ángeles Custodios (2 de octubre). San Miguel prometió a la religiosa carmelita Antonia d’Astonac que quien la rece a diario será librado de la pena del purgatorio, recibirá su constante asistencia y protección, y contará con la compañía de un ángel de cada coro angélico a la hora de recibir la comunión. Pablo De Maio también recomienda rezar esta oración a san Miguel: “Espada de Dios, fuerza de Dios, fuego del Espíritu Santo, acero divino hecho con el aliento de Dios: atraviesa, purifica, limpia, lava y expulsa al pérfido enemigo. Dame la fortaleza de los hijos de Dios y ponme de pie delante del Señor. Amén”.

“Madre Teresa”,  película de la vida de Santa Teresa de Calcuta - Dibujos animados

 


Camino Católico.  “Madre Teresa”, es una película de la vida de Santa Teresa de Calcuta contada para niños en un largometraje de dibujos animados.

Homilía de Mons. Francisco Cerro, Arzobispo de Toledo, y lecturas de la Misa de hoy, XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, 6-9-2026

6 de septiembre de 2026.-  (Camino Católico) Homilía de Mons. Francisco Cerro, Arzobispo de Toledo, y lecturas de la Misa de hoy, XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, emitida por 13 TV desde la Catedral de Toledo.

Santa Misa de hoy, XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, en la catedral de Toledo, 6-9-2026

6 de septiembre de 2026.-  (Camino Católico)  Celebración de la Santa Misa de hoy, XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, presidida por Mons. Francisco Cerro Chaves, Arzobispo de Toledo, emitida por 13 TV desde la Catedral de Toledo.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 6-9-2026

6 de septiembre de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 6/9/2026: «Estoy yo en medio de ellos» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 6 de septiembre de 2026, domingo de la 23ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Mateo 18, 15-20:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Homilía del evangelio del domingo: Si permanecemos indiferentes cuando los demás tropiezan y pecan, es que no los amamos / Por P. José María Prats

* «Tenemos que cultivar en nosotros este amor que desea la salvación de todas las personas y que hace lo que puede para que los que han caído se levanten y los que están fuera de la comunidad se integren en ella por la fe. Sólo desde este amor, que se enciende especialmente en la oración por los pecadores y por las personas que nos han perjudicado, nuestra corrección fraterna será pura y podrá ser aceptada por los demás»

Domingo XXIII del tiempo ordinario – A

Ezequiel 33, 7-9 / Salmo 94 / Romanos 13, 8-10 / San Mateo 18, 15-20

P. José María Prats / Camino Católico.-  Veíamos hace dos semanas como Jesús, al ser rechazado por los dirigentes de los judíos y por muchos de sus seguidores, deja de dirigirse a la gente y se centra en la comunidad de discípulos fieles, que será el germen del Nuevo Pueblo de Dios, de la Iglesia. 

En el evangelio de hoy, Jesús empieza a instruir a estos discípulos sobre cómo deben ser las relaciones entre ellos. En concreto les dice que deben velar por la santidad de cada miembro de la comunidad. Si alguien es seducido por el mal, los demás no pueden permanecer indiferentes. Primero se ha de animar discretamente al pecador a rectificar, advirtiéndole personalmente. Si no hace caso, se debe buscar como testigo a alguna otra persona o incluso a la comunidad reunida para que quede claro que la advertencia no es una valoración subjetiva de la situación o de los hechos. Y si ni así responde, se le ha de hacer ver que por su comportamiento él mismo se ha excluido de la comunidad.

Recordad que cuando Caín mató a Abel y Dios le preguntó dónde estaba su hermano, éste le respondió: «No sé, ¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9). Jesús nos recuerda que sí, que debemos ser guardianes de nuestros hermanos. De hecho, quien permanece indiferente ante el extravío de un hermano en la fe es como si le hubiera dado muerte en su corazón.

Hoy en día, gracias a Dios, en nuestras comunidades hay bastante sensibilidad ante las necesidades materiales de los demás, que se intentan paliar proporcionando alimentos y otras ayudas. En cambio hay poca sensibilidad ante el naufragio moral de las personas que, visto desde la fe, es incluso más dramático que el material, pues pone en juego su salvación eterna. Y, peor todavía, a menudo se hace de este naufragio moral objeto de murmuraciones con las que se señala y denigra a las personas.

Cuando San Pablo habla de su ministerio a los corintios les dice: «¿Quién enferma sin que yo enferme? ¿Quién tropieza sin que yo me encienda?» (2 Co 11,29). Amar a una persona significa velar por su felicidad y especialmente por su felicidad eterna. Por ello, si permanecemos indiferentes cuando los demás tropiezan y pecan, es que no los amamos.

Tenemos que cultivar en nosotros este amor que desea la salvación de todas las personas y que hace lo que puede para que los que han caído se levanten y los que están fuera de la comunidad se integren en ella por la fe. Sólo desde este amor, que se enciende especialmente en la oración por los pecadores y por las personas que nos han perjudicado, nuestra corrección fraterna será pura y podrá ser aceptada por los demás.

Finalmente es importante notar cómo este evangelio destaca la dimensión comunitaria como un aspecto esencial de la fe cristiana. Incluso cuando oramos solos, Jesús nos pide que invoquemos a Dios como «Padre nuestro» y no meramente como “Padre mío”. Dios nos quiere formando un solo cuerpo que tiene a su Hijo por Cabeza, orando juntos, velando unos por otros, trabajando juntos, salvándonos juntos. «Porque –como nos ha dicho Jesús– donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

P. José María Prats

Evangelio:


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:


«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.


Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.


En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.


Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

San Mateo 18, 15-20