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sábado, 8 de agosto de 2026

José Ricardo González del Alba, artista sacro: «Yo oro, hablo con Dios, le pido al Espíritu Santo su inspiración y siempre pinto rezando el rosario para que sea Él quien actúe a través de mis manos»

José Ricardo González, en su taller “Ars et Venustas” en Jinotepe antes de su viaje a España / Foto: Instagram de José Ricardo González del Alba 

* «El talento lo considero como un regalo que se me dio y que en cualquier momento Dios, si así lo quiere, me lo puede quitar. En el mundo del arte, como en muchas ramas profesionales, el tema de la humildad es muy importante, como ser humano y como cristiano. Yo considero que un artista humilde es el que triunfa, y un artista humilde es el que más fácil escucha la voz de Dios»

 Camino Católico.- Estar más cerca de Dios, aprender de los santos, ejercitar la humildad, animar a otros en su camino de fe, ayudar a la Iglesia de Nicaragua, expresar sus valores cristianos… todo esto es lo que el arte sacro significa para José Ricardo, un joven artista que reside en España.

José Ricardo González del Alba  no procede de una familia de artistas. Tampoco creció en talleres de arte. Para él, la pintura comenzó dibujando en el preescolar. Sin embargo, como él mismo lo describe, Dios tocó su vida con el talento y sensibilidad que le regaló.

Hoy es especialista en plateado, dorado y policromía y estudiante de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Sus obras se encuentran tanto en Nicaragua, su país de origen, como en España, y ha tenido la oportunidad de pintar carteles para la Semana Santa de Madrid. 

Pero González del Alba también es escultor. Su obra más grande es una Virgen con el niño de tamaño natural, que será bendecida en 2027 para exponerse en la Iglesia de Coria del Río, en Sevilla.

José Ricardo González del Alba modelando / Foto: Cortesía de José Ricardo González del Alba - Aleteia 


Una oportunidad surgida de la prueba

“Todo ha surgido, en mi vida, a través de dolores agridulces”, comenta a Majo Frias en Aleteia. Al no pasar el examen de admisión a la universidad, vivió un momento de mucha angustia. “Éramos de familia muy sencilla, mis padres habían muerto y evidentemente tenía que salir adelante, ser el orgullo de esa memoria de mis padres; y para mí fue una decepción. Pero el Señor me dio el regalo de poder sentarme y empezar a pintar”.

Así fue como José Ricardo pudo dedicar un año entero a la pintura, una pasión y un talento que siempre lo habían acompañado pero que nunca había ocupado la totalidad de su tiempo.

Años después, dejó atrás el aprendizaje autodidacta y se encuentra en Sevilla, España, donde ha tenido la oportunidad de aprender de sus profesores -en especial de Jesús Romanov-y compañeros en la Escuela de Arte de Sevilla. Al ver el camino recorrido y la admiración que provoca su trabajo, González del Alba tiene una cosa clara: su talento es un regalo de Dios que lo invita a mantenerse humilde cada día.

“Lo considero como un regalo que se me dio y que en cualquier momento Dios, si así lo quiere, me lo puede quitar. En el mundo del arte, como en muchas ramas profesionales, el tema de la humildad es muy importante, como ser humano y como cristiano. Yo considero que un artista humilde es el que triunfa, y un artista humilde es el que más fácil escucha la voz de Dios”.

Para González del Alba, ponerse frente a un lienzo en blanco es “un retiro espiritual” pues es un proceso que va acompañado de mucha oración y cercanía con Dios. Este elemento, para él, es igual de importante que los pigmentos y pinceles.

“Yo oro, hablo con Dios, le pido al Espíritu Santo su inspiración y siempre pinto rezando el rosario para que sea Él quien actúe a través de mis manos”.

José Ricardo González del Alba creando / Foto: Cortesía de José Ricardo González del Alba - Aleteia 

“El lienzo es la conexión entre Dios y el hombre. Cuando yo pinto, pienso que muchas personas van a poner ahí sus plegarias, su fe; y esto es algo que significa mucho”.

Esta experiencia de constante oración al momento de pintar no solo ha transformado su corazón y fortalecido su vida espiritual, sino que le ha permitido conocer más sobre la Iglesia y los santos. “Cuando pinto a un santo, conozco su vida”, admite.

¿Por qué arte sacro?

Desde muy pequeño, su madre sembró en él un amor hacia Dios que lo ha acompañado siempre. Por ello, su arte es una manera de expresar sus valores cristianos. “El arte sacro tiene sentido en mi vida. No es para vanagloriarme a mí, porque los aplausos no son para mí, sino para Dios; además, es para que la gente realmente encuentre esa cercanía a Dios por medio de un lienzo”. 

Divina Pastora de las Almas. Imagen modelada por José Ricardo González del Alba en terracota policromada que recoge el espíritu devocional y la sensibilidad artística de Sevilla / Foto: Cortesía de José Ricardo González del Alba - Aleteia 

“Nicaragua necesita del arte y nosotros necesitamos de la fe”

Además de ayudar a los demás en su camino de fe, José Ricardo busca que sus obras aporten algo a su país, Nicaragua, que a pesar de atravesar momentos complicados, mantiene su fe y esperanza.

Dos de sus pinturas -una Inmaculada Concepción y una Stella Maris-  plasman la espiritualidad y devoción mariana de su país. Ambas fueron pintadas para Mons. Rolando Álvarez, un hombre que González del Alba admira y define como “un hombre de mucha fe, de mucho silencio espiritual y diálogo con Dios”.

Aunque sus estudios superiores en dorado, plateado y policromía ya terminaron -y ahora está por comenzar a estudiar restauración y conservación de patrimonio histórico en la Facultad de Bellas Artes-  el sueño de este joven artista es regresar a su país para enriquecerlo con lo que ha aprendido.

Inmaculada Concepción de José Ricardo González del Alba en terracota policromada que recoge el espíritu devocional y la sensibilidad artística de Sevilla / Foto: Cortesía de José Ricardo González del Alba - Aleteia 

“Estando en Nicaragua, uno de mis sueños era estudiar arte, formarme académicamente, profesionalizarme y ser un aporte para Nicaragua, un aporte a los jóvenes. Es triste para mí estar en un país tan rico en el arte como lo es en España, sin estar con muchos jóvenes nicaragüenses que quisieran estar aquí”.

Y continúa: “Todo lo que llegue a aprender aquí es para Nicaragua. Cuando yo regrese a Nicaragua, mi sueño es hacer el taller de arte sacro más grande en el país, y yo sé que lo voy a cumplir. Lo voy a cumplir para los jóvenes artistas, para que existan espacios artísticos religiosos; pero también para que genere trabajos y para aportar a la Iglesia de Nicaragua. Yo creo que en ese momento lo vamos a necesitar mucho como Iglesia”.

Goran Tomašević, olímpico de waterpolo: «Al terminar el Camino de Santiago entregué mi vida a Cristo; hablé con Dios y le dije: ‘Estoy listo; estoy a tu servicio. Puedo llevar lo que sea necesario para ti’»

Goran Tomašević, de 36 años, afirma que los momentos vividos durante el Camino fueron intensos. «Sentí que solo estábamos Dios y yo», recuerda. / Foto: Cortesía de Goran Tomašević - National Catholic Register

* «Una vez, vi a una niña corriendo hacia mí, desde la dirección opuesta. Y al pasar a mi lado, me dijo: ‘Hola, Jesús te ama’ y siguió corriendo, riendo. Era como si no fuera real, como si la hubiera imaginado. Y me eché a llorar. En otra ocasión, en un albergue una señora me agarró la cara antes de que me fuera y no paraba de repetir: 'Goran, solo tienes que confiar'»

Camino Católico.- Goran Tomašević, de 36 años y nacido en Croacia, había estudiado en Estados Unidos, representado a Australia en waterpolo masculino en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y desarrollado una exitosa carrera como vicepresidente de un grupo global de servicios financieros con sede en Sídney. Cuando oyó hablar por primera vez del Camino de Santiago, su vida se encontraba en un periodo de transición.

“Hubo un gran cambio en mi vida”, declara Tomašević al National Catholic Register. “Una relación importante llegó a su fin. Estuvimos juntos durante 10 años, estábamos comprometidos, vivíamos juntos, incluso teníamos un perro y una casa juntos, y todo terminó”.

Casi al mismo tiempo, también dejó atrás una carrera de diez años que había consumido la mayor parte de su vida adulta. «El trabajo me absorbía el 90% de mi tiempo», explica, «y sentía que solo estaba ayudando a que los ricos se hicieran más ricos». Al dejar su trabajo, dijo, «fue como un divorcio».

Lo que siguió fue un viaje de autodescubrimiento que lo llevó por distintos caminos, desde la psiquiatría hasta experiencias psicodélicas en Sudamérica. Escuchar cómo el Camino de Santiago había ayudado a su sobrina a encontrar la autoaceptación, el amor propio y la paz tras sus dificultades conmovió profundamente a Tomašević.

Como sabía que "prefería pasar tiempo con [su] enemigo que solo", según sus propias palabras, decidió emprender un viaje de cinco semanas desde Saint-Jean-Pied-de-Port hasta Santiago de Compostela, completamente solo.

Durante mucho tiempo había evitado las cargas que había soportado a lo largo de su vida sumergiéndose en el trabajo y el waterpolo. El viaje se convirtió en una oportunidad para afrontar esas dificultades. 

Goran Tomašević dice que todas las iglesias "eran muy accesibles", como la de la imagen / Foto: Bénédicte Cedergren - National Catholic Register

En las primeras etapas del Camino, cuando había menos gente, «me encontraba solo durante tres o cuatro horas en medio de la nada», dice Tomašević, recordando las llanuras desérticas de la Meseta. En esos momentos, comparte, «sentía que solo estábamos Dios y yo».

Criado en la fe católica en Croacia, Tomašević se había alejado de la Iglesia al sentir que la fe le era impuesta como parte de la cultura. «Pero a lo largo del Camino», comparte, «la cantidad de iglesias, cruces y sacerdotes... todo me pareció muy cercano. Todo se sentía muy afectuoso, como si dijera: "Estamos aquí si nos necesitas". Nada se sentía forzado. Se sentía muy amable». 

A través de las personas que conoció en su camino, Tomašević se transformó. Encontró a Dios no solo en sus historias de sufrimiento, esperanza y amor —desde batallas contra el cáncer y trastornos alimenticios hasta niños secuestrados y la pérdida de un cónyuge— sino incluso en los sencillos saludos de los transeúntes.

“Una vez, vi a una niña corriendo hacia mí, desde la dirección opuesta. Y al pasar a mi lado, me dijo: ‘Hola, Jesús te ama’ y siguió corriendo, riendo. Era como si no fuera real, como si la hubiera imaginado. Y me eché a llorar.”

“En otra ocasión, en un albergue”, recuerda, “una señora me agarró la cara antes de que me fuera y no paraba de repetir: 'Goran, solo tienes que confiar'”.

“La verdadera rendición se produjo al subir la montaña hacia O Cebreiro”, dice Tomašević. “Sabía que los últimos 7 kilómetros eran una subida empinada, y cuando llegó el momento, aceleré el paso. Hablé con Dios y le dije: ‘Estoy listo; estoy a tu servicio. Puedo llevar lo que sea necesario para ti’”.

Goran Tomašević, atleta olímpico, afirma haber experimentado muchos momentos de conexión con Dios durante el Camino de Santiago hasta entregarse a Cristo / Foto: Bénédicte Cedergren - National Catholic Register

El contraste entre su vida anterior y lo que vivió en el Camino de Santiago es radical. Durante años había evitado enfrentar sus heridas refugiándose en el deporte y el trabajo. El Camino lo obligó a detenerse, a escuchar y a abrirse a la fe.

"Sentí que Dios me reconocía", contó al recordar su llegada a la plaza de la Catedral de Santiago. "El sol se abrió paso entre las nubes, justo entre las dos torres, brillando directamente en mis ojos, y sentí como si Dios me dijera: 'Te veo. De ahora en adelante, estamos juntos'".

Ese momento, acompañado de lágrimas y temblores, selló su decisión: “Entregué mi vida a Cristo”.

La historia de Tomašević es singular porque muestra cómo incluso quienes han alcanzado la cima del éxito deportivo pueden descubrir un vacío interior. Su paso del waterpolo olímpico al Camino de Santiago simboliza un tránsito de la competición hacia la contemplación, de la búsqueda de medallas a la búsqueda de sentido.

Hoy, tras su experiencia, asiste con regularidad a misa y comparte su testimonio como un ejemplo de cómo el Camino puede ser un espacio de conversión y encuentro con Dios.

Para él, cada paso fue un acto de entrega, cada encuentro una revelación, y cada iglesia un recordatorio de que la fe puede ser cercana y acogedora.

Emilio Ferrando: «Llevaba 35 años alejado de Dios y tuve una vida de éxito, pero todo se desmoronó; era adicto a la cocaína e intenté suicidarme; mi cuñado me trajo a Medjugorje engañado, conocí a Dios y dejé la adicción»

Emilio Ferrando fue para tres días a Medjugorje y lleva viviendo allí ahora hace doce años y medio desde su conversión

* «El Señor lo encajó todo para que entrase en la iglesia de Santiago Apóstol en Medjugorje. Cuando lo hice, tras más de 20 años adicto, mi problema con las drogas se acabó de golpe: nunca tuve síndrome de abstinencia y el Señor me libró de la droga en ese mismo momento… Me encontré con un sacerdote croata que hablaba español y me acabé confesando con él. Fue mi resurrección: lo primero que hice al volver fue hacer las paces con mi familia, contarles mi problema y confesé que lo único en lo que pensaba era en volver: tenía que regresar solo»

Vídeo del testimonio de Emilio Ferrando en 2016 en H.M. Televisión  

Camino Católico.- Cuando Emilio Ferrando tenía 13 años, la muerte de su padre fue traumática para toda la familia. Se adentró precozmente "en un infierno" en el que la droga se apoderó de su vida durante décadas. Un día, iba a saltar por la ventana cuando su perro lo impidió. Pronto supo que Dios y la Virgen María querían devolverle a la vida. Él, doce años y medio después lo resume así: "Llevaba 35 años alejado de Dios. Tuve una vida de éxito, pero todo se desmoronó. Era adicto a la cocaína. Tuve un intento de suicidio. Mi cuñado me trajo a Medjugorje engañado”.

La muerte del padre y el alejamiento de Dios

Tenía 13 años y su padre, un prestigioso arquitecto, acababa de inaugurar la Obra Social de la Caixa, en Madrid. Era Navidad, y volvía junto a su familia en Valencia cuando tuvo un mortal accidente de tráfico.

"Mi vida cambió en cuestión de 1 segundo. Mi madre pasó de ser ama de casa con 42 años y 8 hijos a dirigir una empresa de más de 70 trabajadores. Su muerte fue traumática, no entendía nada. No es lo mismo que una enfermedad, que te da tiempo a despedirte de él. No lo acepté y saqué a Dios de mi vida y dejé de ir a misa", explica.

El hecho de que su colegio fuese católico no era obstáculo para que un verdadero alijo de drogas fuese una de las principales distracciones en la hora del descanso. "Con 14 años empecé a tener mis primeros flirteos con la droga, tenía una compañera de 15 que en vez de tomarse `el típico bocata se fumaba dos porros en media hora".

 Emilio Ferrando en la adolescencia cuando se alejó de Dios

La doble vida y la adicción

Emilio no tardó en seguir a su compañera. Empezó a fumar porros con ella, "iba a clase colocado" y todo empezó a complicarse. Eran los años 80, tiempos de la "ruta del bakalao" y la movida, y Emilio seguía en el colegio cuando empezó a experimentar con drogas químicas, mescalina y ácidos "para poder estar hasta 72 horas sin parar".

Cuando viajó a Nueva York, su "Sodoma y Gomorra particular", el joven se sumergió "en una vorágine de promiscuidad sexual" y drogas en la que el LSD la heroína y otras drogas psicodélicas eran parte de su día a día. "Al principio las utilizaba para divertirme pero llegado un momento, se apoderaron de mi vida", afirma.

Pero Emilio siempre pudo mantener "una doble vida" con su familia y un trabajo de éxito sin que se viesen afectados. "Tenía un cargo de responsabilidad en una multinacional americana, ganaba muchísimo dinero y compraba lo más caro", explica.

Ese puesto le permitía tener una vida "absolutamente superficial". Podía irse a Ibiza y gastar 6000 euros en un fin de semana, yendo a fiestas "con gente muy importante de Madrid donde todo el mundo consumía, daba igual del partido político que fuesen".

Pero la droga tuvo consecuencias. "Empecé a tener problemas de comunicación, dejé de salir y relacionarme, un camello me traía la droga a casa y me ponía `hasta las cejas´", admite.

El dinero también comenzó a ser un problema, ya que "si lo primero que haces al despertarte es meterte una raya y consumes 2 o 3 gramos al día, las consecuencias económicas son enormes".

Emilio aún podía compaginar su adicción con un buen nivel de vida cuando empezó a tener graves problemas de salud, contrajo hepatitis c y le tuvieron que ingresar sucesivamente en multitud de hospitales.

Emilio Ferrando con la imagen de la Virgen en Mejugorje

El desmoronamiento y el intento de suicidio 

En 2008, Emilio estaba cerca de tocar fondo. "Era la crisis, había dejado la multinacional y me costaba encontrar trabajo", explica.

Durante un tiempo pudo emprender y comenzar sus propios proyectos, pero los costes de su adicción comenzaban a ser insostenibles: "Empecé a tener problemas económicos, impagos de la hipoteca, el banco se me echó encima y perdí la casa. Estaba arruinado".

Emilio cuenta que en ese momento su vida no tenía ningún sentido, tenía a "todo el mundo encima" y la relación con su familia estaba prácticamente rota. Con el último dinero que le quedaba compró 5 gramos de cocaína y empezó "a esnifar una raya detrás de otra". Tenía que estar muy drogado para lo que iba a hacer.

Emilio abrió la ventana de su balcón, se preparó para coger carrerilla y lo único en lo que podía pensar era en el tiempo que iban a tardar en desatar a su mascota. "Cuando iba a lanzarme para suicidarme, mi perro empezó a ladrar, se puso delante de mí y me empujó hacia atrás sobre sus dos patas. Le abracé y entendí que Dios le había utilizado para que no lo hiciese", explica.

La transformación en Medjugorje

El mismo día, cuenta Emilio años después, su cuñado soñó que debía llevarle a Medjugorje y para lograrlo le ofreció un puesto en su empresa con la condición de que le acompañase.

"Siempre dije que fue un complot familiar en el que todos sabían a dónde iba menos yo, y cómo última esperanza de mi familia, decidieron enviarme a Medjugorje", comenta.

Nada más llegar, Emilio solo quería dar marcha atrás, volver a su casa y abandonar "aquel pueblo frío y oscuro, pero solo tenía 1 euro en el bolsillo y dependía completamente de mi cuñado".

Tras 25 años metido en las drogas, hostil a la fe desde grupos de extrema izquierda y abortistas y con "una vida precoz en todo", Emilio comenzó su viaje pensando que "era el peor caso para ir a Medjugorje".

Sin embargo, lo que ocurrió al llegar le mostró lo equivocado que estaba. "El Señor lo encajó todo para que entrase en la iglesia de Santiago Apóstol. Cuando lo hice, tras más de 20 años adicto, mi problema con las drogas se acabó de golpe: nunca tuve síndrome de abstinencia y el Señor me libró de la droga en ese mismo momento", relata.

Pasado el tiempo, Emilio cuenta que de no haberse confesado su vida no habría sido la misma. Pero entonces no lo sabía, y en un principio se negó a ponerse de rodillas tras 35 años de oscuridad y de pecado.

"Me encontré con un sacerdote croata que hablaba español y me acabé confesando con él", explica. "Fue mi resurrección: lo primero que hice al volver fue hacer las paces con mi familia, contarles mi problema y confesé que lo único en lo que pensaba era en volver: tenía que regresar solo", explica.

Pero esta vez volvería solo y sin límite de tiempo, y lo primero que hizo al volver fue visitar la estatua blanca de la virgen. "Me puse de rodillas y le dije: `Me han dicho que eres madre. Si eres madre de todos, también eres mi madre. No sé cómo encontrar sentido a mi vida ni cómo llegar a tu hijo, pero si eres madre me tienes que ayudar a llegar a tu hijo y conocerle´".

Sus palabras fueron escuchadas. Emilio comenzó a trabajar en la delegación de Radio María de Medjugorje y la Virgen le ayudó "a conocer a su hijo. Yo se lo pedí, ella lo ha hecho y me ha hecho un hombre nuevo", afirma.

Pasado el tiempo Emilio comenzó a organizar peregrinaciones para visitar el centro de apariciones, y una de sus conocidas le confesó que siempre ponía su ejemplo cuando le preguntaban por Medjugorje. "Cuando intento explicar qué es, enseño una foto tuya del primer día que viniste y otra con tu cara sonriente y tus ojos diferentes de los últimos días: eso es Medjugorje".

Emilio fue para tres días a Medjugorje. Doce años y medio después, continúa viviendo en la localidad bosnia, que es lugar de peregrinación de millones de católicos de todo el mundo. “No tenía ni idea de lo que era Medjugorje. Llevaba 35 años alejado de Dios y de la fe”, reconoce.

Edith Stein – Película de Dibujos animados

Camino Católico.- Edith Stein, película de dibujos animados para niños de la serie “Mi familia católica” de la EWTN.

Homilía del evangelio del domingo: Mantener los ojos fijos en Jesús sin dudar jamás de su poder para salvarnos; si apartamos de Él la mirada y la ponemos en los problemas, nos vencerá el miedo y nos hundiremos / Por P. José María Prats

* «Jesús se hace presente en medio de la tormenta y nos invita a confiar en Él: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Pero no sólo nos visita y nos anima con sus palabras sino que, sobre todo, nos comunica la fuerza que necesitamos para poder superar las dificultades que estamos viviendo»

Domingo XIX del tiempo ordinario - A

1 Reyes 19, 9a.11-13a / Salmo 84 / Romanos 9, 1-5 / San Mateo 14, 22-33

P. José María Prats / Camino Católico.-  El evangelio de hoy nos proporciona una enseñanza muy interesante sobre el sentido de las tormentas o crisis en nuestra vida y sobre cómo afrontarlas.

En primer lugar, nos enseña que estas tormentas tienen un sentido, están en los planes de Dios y tienen siempre como finalidad nuestro bien. Jesús sabía que aquella noche iba a desatarse una gran tormenta en el lago y, sin embargo, apremió a sus discípulos a subir a la barca y navegar hacia la otra orilla. ¿Por qué? Porque la tormenta era el instrumento del que se iba a valer para hacer comprender a sus discípulos que en verdad era el Hijo de Dios. La tormenta tiene, pues, un sentido. A menudo no somos capaces de comprender este sentido, pero debemos tener la certeza de que –como dice San Pablo– «Dios interviene en todas las cosas para bien de los que le aman».

Otra enseñanza de este pasaje que debería ser para nosotros una fuente extraordinaria de consuelo y de confianza en tiempos de tormenta es que, en estos momentos tan difíciles, Jesús intercede incesantemente por nosotros ante el Padre: mientras la barca estaba siendo sacudida por las olas, Él estaba en lo alto de un monte orando por sus discípulos. No es lo mismo afrontar una tormenta creyendo que estamos solos que hacerlo sabiendo que Jesús está intercediendo ante el Padre por nosotros.

Pero vemos también cómo la tormenta es el lugar privilegiado en el que recibimos la visita y el auxilio del Señor. Jesús se hizo presente en medio de aquellas olas que amenazaban con hundir la barca, y lo mismo vemos que ocurre en tantos otros pasajes de la Biblia donde los fieles pasan por momentos de gran dificultad. Pensemos, por ejemplo, en aquellos tres jóvenes que Nabucodonosor hizo arrojar al fuego por negarse a adorar su estatua; cuando el rey fue a ver lo que sucedía exclamó: «¿No arrojamos al fuego a estos tres hombres atados? ... ¿Pues cómo es que veo ahora cuatro hombres desatados que caminan en medio del fuego sin sufrir daño y el cuarto tiene aspecto de un Dios?» (Dn 3,24-25).

Jesús se hace presente en medio de la tormenta y nos invita a confiar en Él: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Pero no sólo nos visita y nos anima con sus palabras sino que, sobre todo, nos comunica la fuerza que necesitamos para poder superar las dificultades que estamos viviendo. 

Jesús caminando sobre el mar es una de las imágenes más bellas de la Escritura que nos habla de su poder y de su victoria. El mar y las olas simbolizan en la Biblia las fuerzas del mal que amenazan con hacer naufragar al hombre. Pues sobre estas olas camina Jesús, porque el Padre lo ha puesto todo bajo sus pies: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18).

Y ante este espectáculo sobrecogedor vemos cómo Pedro exclama: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua». ¿Qué es lo que está pidiendo Pedro a Jesús con esta súplica aparentemente tan caprichosa? Le está diciendo: “Señor, concédeme compartir tu victoria, haz que tu victoria sobre el mundo y sobre las fuerzas del mal sea también mi victoria”. Y Jesús le responde: «¡Ven!».

También nosotros, cuando estamos atrapados en la tormenta, recibimos la visita del Señor, que nos dice: “Ven, no tengas miedo; ven hacia mí andando sobre el agua”. Y a esta llamada hemos de responder –como Pedro– saltando de la barca y caminando hacia Jesús. Pero entonces, recordemos que sólo una cosa nos permitirá andar sobre el mar: mantener los ojos fijos en Jesús sin dudar jamás de su poder para salvarnos. Si apartamos de Él la mirada y la ponemos en la fuerza del viento, es decir, en la magnitud de los problemas que tenemos que afrontar, nos vencerá el miedo y nos hundiremos.

No nos dejemos acobardar por la altura de las olas; fijemos la mirada en Jesús y Él nos dará la fuerza necesaria para vencer. Y cuando finalmente llegue la calma y alcancemos la otra orilla del lago descubriremos que la tormenta no fue en vano, porque en ella se nos habrá revelado la suprema verdad: que Jesucristo es el Hijo de Dios y el Salvador de los hombres.

P. José María Prats

Evangelio:


Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.


Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.


Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.


Jesús les dijo enseguida:


«Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».


Pedro le contestó:


«Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».


Él le dijo:


«Ven».


Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:


«Señor, sálvame».


Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:


«Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».


En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo:

«Realmente eres Hijo de Dios».

San Mateo 14, 22-33

El Señor nunca abandona a quien lo invoca con fe, siempre extiende su mano para levantarnos; reza y confía / Por P. Carlos García Malo

 


Magda en una confesión volvió al Señor que obró milagrosamente para que pudiera tener 4 hijos por intercesión del Beato Honorato de Biała: «Antes de conocer a Dios, vivía con miedo; he aprendido a confiarle todo»

Magda, su esposo Zenón y sus cuatro hijos / Foto: Archivo Własne - Aleteia

* «En el hospital, mientras lloraba y estaba aterrorizada, una enfermera me preguntó si podía rezar por mi. Fue entonces cuando Dios nos ayudó. Una paz inmensa me invadió. Comprendí que Dios estaba con nosotros. Esta confianza me trae una paz profunda. Sé que Dios siempre vela por nosotros»

Camino Católico.- Durante su primer embarazo, los médicos le dijeron a Magdalena que una grave enfermedad genética representaba un riesgo mortal tanto para ella como para su bebé. También le aconsejaron que no volviera a embarazarse. Sin embargo, más de veinte años después, Magda es madre de cuatro hijos.

Consagrada a la Virgen María desde niña por su madre, Magda creció en la fe en Polonia. En su adolescencia, la lectura de un libro sobre las almas del purgatorio impactó profundamente su vida espiritual. Sin embargo, durante la secundaria y luego en la universidad, se fue alejando gradualmente de la Iglesia y los sacramentos, atraída por las fiestas con sus amigos. Durante este tiempo, su familia continuó orando por ella y por su conversión, hasta que un día, su parroquia recibió una imagen del Señor de la Misericordia. Al verla, Magda sintió de repente el deseo de confesarse. Así fue como regresó a la fe. 

Durante la Jornada Mundial de la Juventud en Roma en el año 2000, se dio cuenta de que se podía amar la música rock, como ella, y aun así vivir la fe plenamente. Entonces se unió al movimiento Renovación en el Espíritu Santo, asistió a varios retiros y pronto conoció a Zenón, un joven creyente apasionado por la música, de quien se enamoró y con quien se casó en 2003.

Un diagnóstico impactante y la ayuda del beato Honorato de Biała Podlaska

Magda quedó embarazada de su primer hijo. Pero apenas ocho semanas después, un fuerte dolor en la pierna izquierda reveló una trombosis masiva. Los médicos descubrieron entonces que padecía trombofilia hereditaria grave. El diagnóstico fue alarmante: tanto un parto natural como una cesárea presentaban grandes riesgos para la madre y el bebé.

“En el hospital, mientras lloraba y estaba aterrorizada, una enfermera me preguntó si podía rezar por mi. Fue entonces cuando Dios nos ayudó. Una paz inmensa me invadió. Comprendí que Dios estaba con nosotros", recuerda a Dorota Niedźwiecka en Aleteia. La enfermera también le dio una oración por su hijo, que recitó durante todo su embarazo.



Magda y su esposo Zenón / Foto: Archivo Własne - Aleteia

En su octavo mes de embarazo, un amigo jesuita le aconsejó que encomendara a su hija al beato Honorato de Biała Podlaska en su festividad. Este frailencontrarmee capuchino polaco luchó por la independencia de Polonia en el siglo XIX y fundó 27 congregaciones y comunidades religiosas que trabajaron para preservar la fe y ayudar a los perseguidos. El beato también se distinguió como un eficaz intercesor en las dificultades familiares. Magda comenzó entonces a rezarle junto a su esposo y, contra todo pronóstico, el parto transcurrió sin mayores complicaciones. Su hija, Ania, nació sana.

Una nueva prueba y una recuperación inesperada

Los médicos recomendaron esperar antes de considerar otro embarazo. La pareja entonces consideró la adopción. Pero antes incluso de iniciar el proceso, Magda descubrió que estaba embarazada de nuevo. "Nos enteramos en un día simbólico: Nochebuena. Comprendimos que este hijo tan deseado era un regalo de Dios", relata Magda. En su octavo mes, Magda comenzó a sentir dolores de espalda y de costado. Mientras buscaba un lugar tranquilo para rezar, entró en una iglesia capuchina y se encontró cara a cara con el retrato del Beato Honorato de Biała Podlaska. Lo interpretó como una señal providencial y le encomendó a su hijo y el parto una vez más. Dos meses después, su hijo Stas nació sin complicaciones.

Un mes después de dar a luz, Magda supo que la enfermedad aún la aquejaba. También padecía otra enfermedad genética: espondilitis anquilosante. El dolor era a veces tan intenso que ya no podía cargar a sus hijos. Durante el día, su madre los cuidaba, y por la noche, su esposo. Decidió ofrecer este sufrimiento a Dios en oración. Unos meses más tarde, recibió otro diagnóstico: osteoporosis avanzada. "Tenía miedo. Me preguntaba qué iba a pasar después", relata.

Seis meses después de este diagnóstico, durante una misa de sanación oficiada por una figura carismática, escuchó las palabras: "Magdalena está curada de osteoporosis". Convencida de que era ella, se sometió a más pruebas. Los resultados demostraron inequívocamente que la osteoporosis había desaparecido. Los médicos incluso repitieron las pruebas para confirmar lo que apenas podían creer. Para Magda y su esposo, esta curación fue una invitación a intentar tener un tercer hijo. Desde el comienzo de este tercer embarazo, lo encomendaron una vez más al Beato Honorato.

Un accidente providencial y una entrega total a Dios

Unos meses después, Magda sufrió un accidente de coche. El accidente le provocó un parto prematuro y salvó la vida de su bebé. Los médicos descubrieron un nudo grande en el cordón umbilical. Unos días después, podría haberse apretado por completo y su bebé podría no haber sobrevivido. Pero el pequeño Antos nació sano y salvo, y Magda organizó una misa de acción de gracias. Descubrió que se celebraba el día de la festividad del beato Honorato. Magda sonrió: "Lo vi como una confirmación de que él seguía velando por nosotros", confesó.



Magda y su familia / Foto: Archivo Własne -
Aleteia

Poco después, la pareja encontró la casa de sus sueños, por la que habían orado durante mucho tiempo. Fue en esta época cuando nació su cuarto hijo, Krzysiu. Mientras tanto, a pesar del empeoramiento del dolor articular, Magda conoció a un médico que la ayudó a adoptar un estilo de vida más saludable y eso la ayudó a recuperar su vida. Pudo retomar su trabajo como psicóloga y, junto con su esposo, se involucró activamente en la vida de la Iglesia. Hoy, dirige dos grupos de oración para el rezo del rosario.

Al reflexionar sobre su camino, Magda encuentra un hilo conductor: la presencia fiel de Dios a su lado y la constante intercesión del beato Honorato. "Antes de encontrarme con Dios, vivía con un miedo inmenso. Hoy, a pesar de las dificultades, he aprendido a confiarle todo. Esta confianza me trae una paz profunda. Sé que Dios siempre vela por nosotros".