Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

jueves, 23 de julio de 2026

Dos nuevos milagros atribuidos a San Charbel en 2026: La abogada Georgianne Walker de EEUU sanada de una seria infección en el abdomen y la libanesa Racha Charbel de un tumor en la columna vertebral

Monasterio de San Marón, Annaya (Líbano), donde se encuentra el santuario y la ermita de San Charbel | Foto: ABBOUD AZER - Shutterstock.

Camino Católico.-  A principios de 2026 fueron reportados dos nuevos milagros atribuidos a la intercesión de San Charbel: uno en Estados Unidos y otro en el Líbano, ambos relacionados con la curación de dos mujeres contra toda expectativa médica, según publica ACI Mena.

Venerado por los fieles como el "médico del cielo", San Charbel está asociado ahora con más de 30.000 milagros reportados. Desde su ermita en las montañas del Líbano hasta las habitaciones de hospitales, su intercesión continúa llegando a los necesitados, trascendiendo fronteras, culturas y generaciones.

Un caso de sanación en Estados Unidos

La abogada Georgianne Walker, nacida en 1975 en South Bend, Indiana, relató que se sometió a una cirugía abdominal en diciembre de 2024, la cual fue seguida pronto por una seria infección en la parte inferior del abdomen. Esta le causó un dolor intenso y una ansiedad persistente, requiriendo seis semanas de tratamiento con antibióticos. Si bien los síntomas disminuyeron gradualmente, la herida quirúrgica permaneció abierta, inflamada y sin cicatrizar.

A pesar del cercano seguimiento por parte de su cirujano y otros profesionales médicos, la herida no mostró mejoría. Durante diez meses, Walker cambió sus vendajes a diario debido al sangrado continuo. Al no observarse mejoría, su cirujano finalmente concluyó que era necesaria una segunda operación para extirpar el tejido inflamado y programó una nueva cirugía.

En septiembre de 2025, Walker contó que recibió la visita de George Issa, un amigo libanés que había sanado por intercesión de San Charbel Makhlouf tres años antes. Issa trajo consigo un pequeño frasco de aceite de San Charbel y la animó a orar por su intercesión y ungir su herida con el aceite.

El uso del aceite bendito ha sido una práctica arraigada en la tradición cristiana oriental y continúa hasta nuestros días. En el caso de San Charbel, esta antigua costumbre permanece activa. Los monjes del Monasterio de San Marón en Annaya continúan bendiciendo el aceite con las reliquias del santo y lo distribuyen a los fieles que piden su intercesión para la curación y otras gracias.

Walker relató que rezó y aplicó el aceite a la herida, tras lo cual sanó por completo. Dijo que tuvo una recuperación completa y ya no fue necesaria la segunda cirugía. Para la abogada, su curación fue por la intercesión de San Charbel y agradeció tanto al santo como a Issa. Afirmó que este acontecimiento le cambió la vida.

La curación se registró oficialmente el 17 de enero de 2026.

Una recuperación sin explicación médica

El segundo milagro reportado en el 2026 tuvo como beneficiara a Racha Charbel, quien nació en 1987 en Jezzine, un pueblo de montaña en el sur del Líbano. Ella ingresó en el hospital el 1 de octubre de 2025 debido a un fuerte dolor de espalda. Una resonancia magnética realizada bajo la supervisión de su médico, Christian Atiya, especialista en neurocirugía y cirugía vascular, reveló que tenía un tumor en la columna vertebral identificado como un meningioma, de 2,3 cm de largo y 0,3 cm de grosor.

Según su médico, el tumor no respondía a la medicación, representaba un riesgo para los nervios y vasos sanguíneos raquídeos y solo podía tratarse mediante extirpación quirúrgica. Se programó una resonancia magnética de seguimiento tres meses después para controlar su progresión y se fijó el 7 de enero de 2026 como fecha de ingreso hospitalario en caso de que fuera necesaria la cirugía.

Racha relató que en la noche del 6 de enero puso su mano sobre la imagen de San Charbel que colgaba sobre su cama y, antes de dormirse, pidió al santo que intercediera por su sanación.

En la mañana del 7 de enero de 2026, regresó al hospital para una nueva resonancia magnética. Se le informó que el examen duraría aproximadamente 45 minutos y que podría prolongarse si fuera necesario. La exploración se completó en unos 20 minutos y reveló un hallazgo inesperado: el tumor había desaparecido por completo.

Según Racha, su médico le dijo que no había explicación médica para la desaparición y que un tumor así no podía desaparecer sin intervención quirúrgica.

El 17 de enero de 2026, Racha Charbel realizó una visita de agradecimiento al Monasterio de San Marón en Annaya, donde registró oficialmente la curación y presentó los informes médicos pertinentes. Posteriormente declaró que la experiencia marcó un punto de inflexión en su vida y profundizó su fe.

Un santo y un río de misericordia

El santo libanés, sacerdote y monje ermitaño de rito maronita, era ampliamente conocido por las intercesiones que le atribuían católicos, musulmanes y seguidores de otras religiones, como los drusos. San Charbel falleció el 24 de diciembre de 1898. Fue beatificado por el Papa Pablo VI el 5 de diciembre de 1965 y canonizado por el mismo pontífice el 9 de octubre de 1977.

En diciembre de 2025, el Papa León XIV se convirtió en el primer pontífice en visitar la tumba de San Charbel durante su viaje al Líbano.

León XIV describió la intercesión del santo como “un río de misericordia”, recordando en particular la peregrinación mensual que se celebra el 22 de cada mes en memoria de un milagro concedido a una mujer llamada Nouhad El Chami, una devoción que sigue atrayendo a miles de peregrinos.

Annie: «Tenía que hacerme diálisis de urgencia y dije a san Charbel: ‘Te he rogado tanto y no has hecho nada; ahora tienes que curarme’; Luego, el médico al ver los análisis afirmó: «¿qué has hecho? Ya no necesitas diálisis»

Annie, devota de San Charbel, en el Líbano / Foto: Vatican Media

* Annie, que reza al santo todos los días desde el anuncio de su médico, atribuye su «curación milagrosa» al santo patrón del Líbano. Ella entregó toda la documentación médica al sacerdote encargado de analizar las curaciones en el monasterio, segura de ser la 14ª persona salvada por San Charbel Makhlouf en 2024

Camino Católico.- Annie y su hermana Seta viven juntas en un barrio popular de Beirut. Viuda y sin hijos, Annie no tiene ingresos. Seta, en cambio, trabaja, pero su salario, en millones de libras libanesas, representa sólo unas pocas decenas de dólares mensuales. Demasiado poco para vivir, no lo suficiente para sobrevivir. Annie perdió su trabajo bien remunerado como secretaria en 2004 debido a un estado de salud frágil, víctima del descarte de los más vulnerables en su empresa.

Después de este despido, desarrolló pequeños trabajos, pero nunca recuperó un empleo estable. En 2017, cayó gravemente enferma de cáncer. Sin trabajo ni seguro, la atención médica le era inaccesible. Fueron las Pequeñas Hermanas de Jesús y María quienes acudieron en su ayuda. Gracias a este apoyo, pudo seguir un tratamiento pesado y curarse.

En su pequeño apartamento de tres habitaciones, se ilumina con pilas eléctricas. La compañía eléctrica nacional suministra energía a la ciudad unas dos horas al día. Durante las horas restantes, aquellos que tienen los medios se permiten los servicios de proveedores de electricidad privados, que gestionan gigantescos generadores dispersos por toda la capital, alimentados con fueloil y extremadamente contaminantes. Al moverse por la ciudad, el olor a gasóleo es omnipresente.

Un día a día al céntimo

Hacer las compras, alimentarse, es un rompecabezas diario para las dos hermanas; todo es caro y está fuera de su alcance. Pero el principal problema sigue siendo el acceso a la atención médica. Annie es diabética y necesita tres dosis de insulina cada día. Estos cuidados cuestan 100 dólares al mes. También aquí, la congregación religiosa hace lo posible por ayudarla cuando Seta, la hermana de Annie, no logra encontrar suficiente insulina en los centros de salud públicos. «Le guardo rencor al gobierno», denuncia Annie, «¿en qué país un gobierno no se preocupa por sus ciudadanos?»

Cuando cuenta su historia, tiene lágrimas en los ojos. «Sin embargo, siempre soy optimista», dice, «es cierto que hay momentos en los que veo todo negro, pero me recupero rápidamente» dice a Jean-Charles Putzolu en Vatican News. Además, el año 2026 se anuncia complicado para Annie y su hermana. Las dos mujeres viven en un apartamento de alquiler cuya renta podría aumentar considerablemente a partir de enero, cuando entre en vigor una nueva legislación. Simplemente temen ser desalojadas y realojarse será casi imposible debido a sus bajos ingresos.

Al igual que Annie y Seta, una gran mayoría de libaneses vive por debajo del umbral de la pobreza, en un país que una vez fue calificado como la «Suiza de Oriente». Las dos hermanas están lejos de ser un caso aislado.

Monasterio de san Charbel Makhlouf en el Líbano, donde el Papa León XIV rezó ante la tumba del santo / Foto: Vatican Media

Devota de San Charbel

Antes de su enfermedad, Annie, armenia-católica, se dirigía muy regularmente a la tumba de San Charbel en el monasterio de Annaya, donde el Papa León XIV ha orado el lunes 1 de diciembre de 2025. Rezaba ante el ermitaño maronita. El deterioro de su estado de salud le impidió continuar su peregrinación durante varios años.

El año pasado, sin haber recibido insulina durante tres días, se preocupó. Un análisis de sangre reveló valores alarmantes. Un médico del hospital le pidió que se hiciera diálisis de urgencia. Pero fue imposible encontrar un lugar de inmediato. El sistema sanitario público está saturado.

Mientras esperaba que le dieran una cita, su sobrina la visitó y le ofreció una imagen del santo maronita; ella se puso tensa y se molestó un poco: «Me dirigí a San Charbel mirando la foto. Le dije: “¿por qué no me has ayudado? Te he rogado tanto y no has hecho nada por mí. Ahora tienes que curarme”». Pasaron quince días, y Annie se hizo otro análisis de sangre. No entendió los resultados y dejó que el médico del hospital se ocupara de interpretarlos por ella. «Annie, ¿qué has hecho? Tus valores son normales, ya no necesitas diálisis», le dijo.

Annie, que reza al santo todos los días desde el anuncio de su médico, atribuye su «curación milagrosa» al santo patrón del Líbano. Ella entregó toda la documentación médica al sacerdote encargado de analizar las curaciones en el monasterio, segura de ser la 14ª persona salvada por San Charbel Makhlouf en 2024.

Carmen García, 26 años, abogada: «Cuando tengo juicios intento ir a Misa antes para ofrecer el trabajo que yo tengo que hacer ese día y pedirle al Señor que me dé la gracia para poder hacer lo que Él me pide»

Carmen García es una joven abogada que vive su fe diariamente invocando a Dios en la oración para que le dé la gracia de hacer su voluntad en cada situación y ante los juicios

* «Poder poner lo que voy a hacer cada día en manos del Señor y también en manos de la Virgen me ayuda a relativizar y a poner las cosas un poco en su sitio y a ser consciente de que yo tengo que hacer todo lo que pueda, tengo que intentar constantemente dar lo mejor de mí para los demás, para el lugar en el que se me ha puesto, pero sabiendo que las cosas tienen un límite y que hay cosas que yo voy a querer controlar que no lo voy a poder hacer… Cuando sufro algún daño, le pido al Señor un sentido para ese dolor y la capacidad también para que eso no rompa mi humanidad con la otra persona, con la persona que me ha hecho daño. Y, por otro lado, cuando yo estoy en la posición de ser la que daña, pues tener luz para poder reconocer el daño que he podido hacerle a otro»

Camino Católico.- Carmen García es una joven abogada que vive su fe en la parroquia de Santa María Magdalena de Torrelaguna, municipio perteneciente a la Diócesis de Alcalá de Henares, en cuyo portal cuenta su testimonio de vida y fe. Tiene 26 años, estudió Derecho en la Universidad de Alcalá y hasta 2024 colaboró estrechamente con la Delegación diocesana de Infancia y Juventud. Actualmente está en el equipo de orientación jurídica de la Asociación para la Acogida y el Acompañamiento Betania, que se dedica al acompañamiento de las víctimas que han sufrido abusos sexuales en entornos eclesiales.

«Estoy en la Iglesia Católica para encontrar y mantener el sentido de la vida. Yo, gracias a Dios, viniendo de una familia católica en un momento dado de mi vida encuentro ese sentido por un encuentro personal y el inicio de un camino personal con el Señor. Entonces, pues, buscar, mantener, el sentido de la vida: la mía personal, pero también la vida comunitaria y la vida colectiva de mi familia, de mi comunidad, de la Diócesis, de la Iglesia y de la sociedad en la que me muevo», dice esta joven abogada,

«El encuentro con Dios en un momento un poco complicado»

Y relata con precisión cómo comenzó su camino de encuentro y personal con el Señor.

«Yo vengo de una familia católica. Gracias a Dios mis padres me transmitieron la fe, a mí y a mis hermanos. Llega un punto en que uno empieza a ser consciente de que la fe que tiene no es que no sea algo personal ni algo propio, pero que forma parte de algo que es más colectivo, en este caso mi familia. Pero hay un momento dado en el que para mí surge la necesidad y sobre todo el deseo muy fuerte de tener ese encuentro, porque yo lo veía en la vida de otras personas.

»Entonces yo recuerdo el verano de 2015 (además recuerdo la fecha porque para un adolescente hay hitos importantes que recuerda con mucha claridad). Yo recuerdo unas vacaciones familiares en la casa de mis abuelos, en el pueblo de donde es mi abuela, una sobremesa con mi abuelo y con mis primas mayores y alguna de mis tías.

»Mi abuelo contó su historia de conversión, ya de adulto… bastante adulto. Una historia muy bonita, además, que en realidad es el eco de la historia de su suegra, de la historia personal y de la relación personal de su suegra con el Señor. Yo recuerdo ver en mi abuelo como un halo de libertad y de sentido que yo quería.

»Yo era muy consciente de que en ningún momento había dudado ni de la existencia de Dios, ni me había apartado de la Iglesia, pero había algo que era mucho más profundo, que yo veía que le daba mucho más sentido a su vida. Y sobre todo, una cosa que a mí me ha marcado mucho y que me sigue marcando ahora fue encontrar un sentido al sufrimiento y ser capaz de atravesar por el sufrimiento con un sentido y con una profundidad…. A mí eso me despertó un deseo, pero también una necesidad.

»Me fui encontrando este tipo de historias en gente muy concreta y yo sabía que mi experiencia no tenía que ser la de ellos, no tenía que ser mimética. Intuía que había algo que iba a ser personal, porque evidentemente al Señor cuando tienes que decirle que sí, le tienes que decir que sí tú, no puede decir el vecino que sí por ti.

»Entonces recuerdo con mucha importancia el testimonio de mi abuelo y el de la madre de una de mis amigas que murió de cáncer hace ya tres años y con una vivencia de la enfermedad y del sufrimiento no deseada, pero sí asumida y habiéndole encontrado un sentido desde Dios. Recuerdo una de las últimas conversaciones con ella que me decía: “Carmen, es muy importante que mantengas ese deseo de querer tener un encuentro personal con el Señor”.

Carmen García y su abuelo. Gracias al testimonio de su conversión, ella tuvo su primera experiencia personal con el Señor 

»El encuentro con Dios se produjo en un momento un poco complicado. Yo estaba estudiando la carrera. Estaba en ya no recuerdo si primero o segundo. Yo estudié Derecho en Alcalá y la iglesia de Santa María es anexa a la facultad, entonces yo iba por las mañanas a rezar a la Capilla de las Santas Formas antes de clase y recuerdo como un momento de muchas preocupaciones personales, también a nivel familiar, también un poco con la incertidumbre de saber o no saber si había elegido bien.

«El Señor que me decía: ‘estoy aquí, te dejo que me veas un rato y que sepas que tu vida tiene algo más allá de lo que tú puedes ver, decidir y controlar» 

»Y entonces recuerdo estar una mañana rezando y de repente escuchar un silencio que me abrumó. O sea, yo además recuerdo salir de la Capilla y ver a la gente pasar y como un silencio brutal, que físicamente esto es imposible porque son las 9 y media de la mañana en una de las calles más concurridas de Alcalá y aquí lo que yo escucho es silencio. Y de pronto también mucha paz, como diciendo ‘bueno, ya, lo que tenga que salir ya saldrá.’

»Por curiosidad, cuando entré en clase me puse a leer el Evangelio del día. Era 15 de octubre, Santa Teresa de Jesús, que además mis padres me pusieron Carmen sobre todo por la devoción y por lo importante que ha sido para mis padres también la Orden de los Carmelitas. Ya ver eso fue como una especie de extrañeza en el buen sentido.

»Todos los 15 de octubre el Evangelio es el mismo, es San Mateo: “Venid a mí todos los que estéis cansados y agobiados.” Y entonces dije: ‘no… tiene que ser casualidad.’ Empecé a leer un poco más en profundidad el Evangelio y dije: ‘bueno, pues aquí hay algo que no depende de mí.’

»Es verdad que tengo una personalidad y una forma de ser que necesita tener bajo control muchas cosas. Si no, enseguida hay mucha incertidumbre, mucha inestabilidad. Y por primera vez me sentí muy en paz sabiendo que no tenía el control de la situación y que yo no podía hacer nada o no podía hacer más por resolver los problemas que en ese momento tenía abiertos. Yo creo que fue una llamada a la confianza y una demostración del Señor que me decía: “Bueno, estoy aquí, te dejo que me veas un rato y que sepas que tu vida tiene algo más allá de lo que tú puedes ver o de lo que tú puedes decidir y controlar”». 

«Todas las personas necesitamos encontrarnos con la misericordia»

Carmen García cuenta cómo vive un día de su vida cotidiana con Dios:

«Me levanto pronto porque yo no vivo en Alcalá ahora. Vivo en Torremocha. Cojo el coche y me vengo para acá y lo primero que hago siempre es, depende del día… si tengo algún juicio, si tengo alguna declaración, lo que sea… pero lo más normal es que yo vaya a San Pedro a rezar más o menos entre 40 y 50 minutos.

»Y después de eso me voy al despacho y la verdad es que la mayor parte de mi tiempo ahora mismo es el trabajo, pero poder empezar el día con la oración para mí se convierte en una necesidad, porque yo estoy empezando en el mundo profesional y yo creo que es un momento de mucha incertidumbre porque se abren muchas cosas que desconoces, a la vez es una responsabilidad grande sobre cuestiones de la vida de la gente que viene a pedirte asesoramiento. Poder poner lo que voy a hacer ese día en manos del Señor y también en manos de la Virgen me ayuda a relativizar y a poner las cosas un poco en su sitio y a ser consciente de que yo tengo que hacer todo lo que pueda, tengo que intentar constantemente dar lo mejor de mí para los demás, para el lugar en el que se me ha puesto, pero sabiendo que las cosas tienen un límite y que hay cosas que yo voy a querer controlar que no lo voy a poder hacer.

»Y eso no quiere decir que las cosas vayan a salir mal, y en el caso de que salgan mal no suponen un fracaso. Si yo no tuviese esa oración diaria sé que mi propia angustia, mi propio pesimismo, mi propia incertidumbre me comerían y me ganarían terreno. Entonces es un poco ir defendiendo el terreno todas las mañanas; luego por la tarde también sigo trabajando hasta la hora de la Misa. Voy a Misa en la parroquia. Y si tengo algo más urgente sigo trabajando un poco más cuando vuelvo.

Carmen García con la oración pone en manos de Dios todo lo que tiene que hacer cada día

»Cuando tengo juicios sí que es verdad que intento ir a Misa antes. Esto no tiene absolutamente nada que ver con una cuestión de superstición, no tiene absolutamente nada que ver con que yo he desarrollado un método en el que he comprobado que si voy a Misa antes del juicio me sale mejor. Para nada. Es una cuestión de ofrecer el trabajo que yo tengo que hacer ese día y pedirle al Señor que me dé la gracia para poder hacer lo que Él me pide.

»Hablo de los juicios porque evidentemente para mí es también un terreno de juego que todavía es muy novedoso en el que tienes que controlar varias cosas, cosas que de repente se improvisan… También es importante cómo habla uno, el lenguaje que utiliza, cómo se organiza para que lo que uno tiene que decir se pueda comprender… Pues para controlar todos esos nervios y toda esa falta de experiencia que te generan mucha incertidumbre yo le pido al Señor serenidad.

»Suele ser habitual que estoy muy nerviosa hasta 5 minutos antes. No es automático, esto no es una cuestión de magia…pero una hija pide y el Padre concede esa gracia. Y si es la gracia que necesito pues ahí está, pero también un poco encaminado a poder hacer lo que el Señor me pide; no es una cuestión de automatismos ni de hacer como conjuros extraños, es más ofrecer la incertidumbre y el sufrimiento que eso te puede generar y ofrecer el trabajo, que además para los laicos es una cosa básica, es una cosa muy importante.

»Todas las personas, en cualquier circunstancia de nuestra vida, necesitamos encontrarnos con la misericordia y es verdad que hay un plano del trabajo de la abogacía en el que ves la necesidad de determinadas personas de encontrarse con esa misericordia. Normalmente quizá en el plano en el que más lo ves diríamos que a lo mejor es el derecho penal, porque te encuentras con situaciones que quizá generan más sufrimiento, sobre todo cuando estás hablando de delitos graves.

»Nosotros no somos jueces y nosotros, como abogados, no determinamos lo que una persona ha hecho bien o ha hecho mal, ni siquiera lo que necesita, pero yo creo que muchas veces trasluce las heridas que tiene la gente. Normalmente lo ves en las personas que han cometido un delito sea de mayor o menor gravedad, pero yo creo que toda historia que detrás de un delito esconde heridas sobre las que las personas necesitan recibir esa misericordia.

»La misericordia va de mano de la justicia. Esto no quiere decir que esas personas no tengan que cumplir con la sanción o con la pena que se les deba imponer; ni siquiera que no deban reparar, pero también la misión del derecho penal es tratar de evitar los delitos. El castigo no es un fin en sí mismo, pero es una respuesta necesaria que necesita la justicia.

»Hay historias en las que sí que te diría que creo que la justicia divina va por otro lado, pero esas ocasiones creo que pueden servir también para un encuentro. Yo todavía no lo he vivido, pero la gente con la que trabajo sí que me ha contado situaciones en las que ha habido personas que han delinquido y han cambiado totalmente de vida, no te diría que por un encuentro con Dios ni por haber experimentado la misericordia en primera persona pero creo que el Señor tiene sus herramientas y de repente da una lucidez gracias a la que uno puede ver que realmente se ha equivocado, que realmente lo ha hecho mal y quizá no se produce un encuentro con Dios pero es un primer paso a disponer el corazón hacia una manera de vivir.

«Jesucristo es el mejor abogado»

»Hay una parte de mi trabajo que es muy importante, que también forma parte de un proyecto casi personal; yo estoy dentro del equipo de orientación jurídica de la Asociación para la Acogida y el Acompañamiento Betania, que se dedica al acompañamiento de las víctimas que han sufrido abusos sexuales en entornos eclesiales;  te diría que es la parte más complicada del trabajo, pero evidentemente es la parte en la que yo más he experimentado el encuentro con Dios a nivel profesional. Yo la misericordia la veo a través de las víctimas que son capaces muchas veces de afrontar sus propios procesos y creo que eso trasluce también misericordia. Lo que yo más veo en mi trabajo es la misericordia con uno mismo y el poder comenzar de nuevo integrando y asumiendo las heridas que uno tiene. 

Carmen García en la facultad de Derecho de la UAH, donde estudió el grado

»Jesucristo es el mejor abogado; pero además no solo porque te defienda, sino porque es el único que puede darle un sentido a tu sufrimiento, estés en la posición en la que estés. Si estás en la posición de haber hecho daño a alguien, creo que es el Señor el que, de manera más directa o de manera más indirecta, a través de otras personas o a través de las circunstancias de tu vida, puede darte luz sobre lo que has hecho.

»Para eso es verdad que hay que tener un corazón dispuesto a asumir también el daño que uno hace, que creo que es algo muy complicado. Y en el caso del que sufre el daño, hay personas que desgraciadamente nunca llegan a encontrar ese sentido, y yo no me puedo poner en la piel de nadie que haya vivido una situación así, porque me parece que es imposible, pero en el caso de quien ha sufrido el daño sí que hemos visto a personas que le encuentran un sentido a ese sufrimiento.

»Encontrar un sentido al sufrimiento no quiere decir justificarlo, ni mucho menos, pero es verdad que son capaces de integrarlo en su vida y son capaces de hacer luego cosas grandes por los demás. Con grandes no me refiero a exitosas, sino que son capaces de dar mucho, de sacrificar mucho por amor a sus familias, a ellas mismas también, un amor propio y bien entendido, y también a la sociedad y a las comunidades de las que forman parte.

»Lo que más le pido a Dios siempre es que le dé un sentido al sufrimiento, al sufrimiento que todos padecemos, y también que me dé luz. Cuando el Señor te muestra lo que haces mal, siempre lo hace de manera compasiva, o por lo menos esa es mi experiencia.

»Es verdad que yo le pido mucho al Señor que no me deje dañar mucho. O sea, que me dé esa luz antes de llegar a determinados estadios de esa generación del daño sobre otros. Todos hacemos daño: a nuestra familia, a nuestros amigos… muchas veces no es un daño directo, no es una acción directa, como diríamos nosotros; es como una omisión, a veces el no estar pendiente de alguien que lo necesita y que sabemos que lo necesita. Esos además para mí son como los más complicados porque no se ven, y yo creo que son de los que más daño pueden hacer.

»Entonces yo creo que las dos cosas, cuando sufro algún daño, le pido al Señor un sentido para ese dolor y la capacidad también para que eso no rompa mi humanidad con la otra persona, con la persona que me ha hecho daño. Y, por otro lado, cuando yo estoy en la posición de ser la que daña, pues tener luz para poder reconocer el daño que he podido hacerle a otro.

Escapulario del Carmen – Foto: © Pixabay leandro_monsieur

»El hecho de que mi familia se sienta cercana a la Orden del Carmen sobre todo tiene que ver mucho con la historia de mis padres. Nunca hemos profundizado demasiado en eso, pero sí que es verdad que tienen mucha devoción tanto a San Juan de la Cruz como a Santa Teresa.

»Yo en la oración soy como muy seca, seca en el sentido de que aprecio mucho el silencio y el aprender a vivir la oración y la espiritualidad sin muchas florituras. Me encuentro muy a gusto y muy reconocida en la forma de hacer oración de la Orden del Carmen. Desde ese 15 de octubre también le pido a Santa Teresa que interceda por mí y por mi familia. Pero no hay una relación muy especial, no tenemos tampoco familia o algo que pertenezca a la Orden».

- Carmen García comparte la canción que esta escuchando últimamente que le acerca a Dios:

- El Canon de Thomas Tallis, interpretado por Libera, que es un coro de voces blancas. Es muy sencilla, es como la oración que uno hace antes de acostarse. Es una oración que pide perdón por las ofensas hechas en el día, que da las gracias y que le pide luz al Señor. Es muy sencillita, pero la verdad es que a mí me ayuda también a rezar.

- El libro que recomienda para conocer más la fe:

- Las cartas de Madre Teresa, que es una recopilación que hizo el postulador de su causa y que se llama “Ven, sé mi luz”.

Hay una preciosa que a mí me encanta en la que le habla del sufrimiento a una de sus compañeras y define cómo cuando uno está sufriendo es el beso que Jesucristo baja a darte desde la cruz. Si tuviese que decirle a alguien que la fe es esto, le diría que leyese esas cartas.

- Un santo que es un referente para ella:

- Madre Teresa, pero sobre todo San Rafael Arnaiz, porque a mí me ha educado mucho en la espera y en entender que los tiempos de espera son igual de queridos por el Señor como lo son las llamadas concretas a cosas concretas.

- Al final de la entrevista se le pide que termine las siguiente frases:

- Los jóvenes son… los que pueden arriesgarlo todo por un ideal.

Los jóvenes esperan… encontrarse con la Verdad.

La fe de los jóvenes… lleva a querer y a necesitar comprometerse.

El mejor lugar para rezar en a diócesis de Alcalá es… en el que más tiempo he pasado yo rezando: el monasterio de la Concepción que hay en Torrelaguna. Donde más tiempo he tenido la oportunidad de hacer silencio y de escuchar al Señor.

João Victor Corrêa: «Trabajaba como médico residente, durante el Covid crecí en mi intimidad con Dios, sentí la llamada a ser cura, dejé a mi novia y al terminar la residencia entré en el Seminario»

João Victor Corrêa es médico pero al sentir la llamada del Señor optó por responder y ser sacerdote

* «Las gracias que recibe un sacerdote, los frutos de su ministerio, la eficacia de su predicación y de toda su labor pastoral no provienen únicamente de su esfuerzo, sino de su correspondencia a la gracia de Dios. En definitiva, Dios es quien realiza la obra. Nosotros solo somos sus instrumentos. Hay que seguir el camino que Dios vaya indicando, escuchar y conocer la voz de sus ovejas, protegerlas con la propia vida y amarlas. En el fondo, no hay mucho que inventar: se trata simplemente de seguir los pasos de Cristo»

Vídeo del testimonio de João Victor Corrêa Maiolino de la Fundación CARF

Camino Católico.- Había terminado la dura carrera de medicina cuando en 2020, durante el Covid, João Victor Corrêa Maiolino, comenzó a dedicar más tiempo a la oración. “Cuando terminé la residencia, al día siguiente ya estaba con mis hermanos en el Seminario”, relata a la Fundación CARF este seminarista de 31 años de la Archidiócesis de Río de Janeiro, (Brasil). Lleva un año viviendo en España en el Seminario Internacional Bidasoa. En su testimonio, João Victor nos da las claves para aplicar la medicina en el acompañamiento y curación espiritual de las almas. 

Una familia sencilla 

João Victor Corrêa Maiolino es natural de la ciudad de Campos dos Goytacazes, en el estado de Río de Janeiro. Proviene de una familia muy sencilla. Su padre (Francisco Vicente), médico de profesión, pasaba un poco más de tiempo fuera de casa, pero se hacía presente de su modo discreto y observador. Su madre (Rosane), es profesora y aplicaba sus conocimientos de pedagogía en la formación de él y sus dos hermanos mayores: Thiago y su hermana Lívia. “Soy el más pequeño, aunque en estatura no lo sea”, comenta sonriente. 

“Mi familia no tiene una fuerte tradición católica. Todos hemos sido bautizados, pero solo mi hermano y yo vivimos la fe de manera concreta. Mi padre vive la fe de un modo más discreto y normalmente participa en la Santa Misa con ocasión de una Misa de difuntos, una boda o alguna otra celebración familiar. Mi mamá y mi hermana practican otra religión, el espiritismo kardecista”, explica. 

Sin embargo, aunque sus padres no vivan la fe católica, eligieron un colegio católico de los Salesianos para su educación. Y en la convivencia familiar, con momentos de alegría y diversión, su madre siempre les obligaba a reconciliarse en las discusiones entre hermanos. 

La importancia del deporte en su formación personal 

La adolescencia es una etapa de cambios y rebeldías, pero João Victor la vivió tranquila. Sus preocupaciones estaban mucho más relacionadas con el deporte que con cualquier otra cosa. “Lo que me apasionaba era jugar al baloncesto. No me gustaba estudiar, aprobaba y ya está. Sin embargo, practiqué baloncesto a un alto nivel hasta el punto de mudarme a Río de Janeiro, con 16 años, para jugar en el club Fluminense”, relata. 

Esta experiencia deportiva ayudó a João Victor muchísimo en su formación personal, pues le permitió desarrollar habilidades muy importantes, como el trabajo en equipo, la disciplina y la capacidad de prepararse para grandes desafíos bajo presión. Sin embargo, no continuó con su carrera deportiva porque sufrió varias lesiones y, a los 17 años, tuvo que elegir entre baloncesto y estudiar en la universidad. Y optó por los estudios.

João Victor Corrêa con su familia

Los duros seis años de medicina  

“Elegí Medicina. Como es una carrera muy competitiva en Brasil, tuve que estudiar muchísimo para conseguir una plaza, teniendo en cuenta que hasta entonces nunca había estudiado tanto. Al final necesité dos años de curso preparatorio para lograrlo y, con 19 años, ingresé en la facultad”, recuerda el joven brasileño. 

Tras seis años de carrera, comenzó a ejercer como médico residente. Tenía una novia y su vida iba muy bien. 

La vocación sacerdotal vino con la pandemia 

Sin embargo, durante la pandemia, en 2020, João Victor comenzó a dedicar más tiempo a la oración y, conforme fue siendo posible, también a la vida sacramental. 

Recuerda los momentos íntimos con Dios de aquella época: “Poco a poco fui creciendo muchísimo en mi intimidad con Dios y cada vez me acercaba más a Él. Hasta que, en un determinado momento, surgió una pregunta nueva en mi corazón: ¿Por qué no ser cura? Mi primera reacción fue rechazar esa idea de inmediato. Pero no funcionó. La pregunta volvía una y otra vez, hasta que decidí afrontarla de frente. Lo compartí con mi párroco y, en el proceso de discernimiento, terminé mi noviazgo y opté por tomar en serio esta llamada”.

Durante dos años, mientras João Victor realizaba la residencia en Medicina de Familia y Comunidad, discernió su vocación sacerdotal. Como la residencia era en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), vivía en Río y allí participó en los encuentros vocacionales de la Archidiócesis. Poco a poco las puertas se iban abriendo, aunque no sin esfuerzo y valentía. “Cuando terminé la residencia, al día siguiente ya estaba con mis hermanos en el Seminario”, sentencia. 

João Victor Corrêa, el primero por la izquierda, en el camino de Santiago 

El primer seminarista de Río en Bidasoa 

Así, en 2024 comenzó su formación como seminarista en el Seminario Propedéutico de la Arquidiócesis de Río de Janeiro y, a principios de 2025, tuvo la oportunidad de venir a estudiar al Seminario Bidasoa para continuar su formación. Lleva cerca de un año en España, “donde me encuentro muy a gusto”, señala. 

Cuando recibió la invitación para estudiar en Pamplona sintió una mezcla de sentimientos: sorpresa, alegría, miedo, incertidumbre, gratitud y muchos otros. “Fue algo muy inusual, porque fui el primer seminarista de la Archidiócesis de Río de Janeiro en venir a Bidasoa para cursar el primer año de Filosofía. Hasta entonces, todos los demás habían venido únicamente para comenzar los estudios de Teología. Para mí, esta oportunidad ha sido una gran gracia de Dios”.

El sacerdote que quiere llegar a ser: médico de almas 

Tras su formación en España, volverá a Brasil a recibir la ordenación sacerdotal. Y surgen preguntas inevitables: “¿Cómo anunciar a Cristo a las personas en nuestros días? ¿Qué tipo de sacerdote quiero llegar a ser?”. 

João Victor da algunas claves, equiparando la medicina con el sacerdocio: “Creo que el sacerdote, al igual que los médicos, necesita desarrollar muchas habilidades. No solo una buena formación teórica, sino también una gran sensibilidad en el trato humano, capacidad de observación, sentido pastoral y cercanía con las personas que Dios le ha confiado”. 

Pero por encima de todo, asegura que el sacerdote es un hombre de oración. “Las gracias que recibe, los frutos de su ministerio, la eficacia de su predicación y de toda su labor pastoral no provienen únicamente de su esfuerzo, sino de su correspondencia a la gracia de Dios. En definitiva, Dios es quien realiza la obra. Nosotros solo somos sus instrumentos”. 

Por eso, para llegar al corazón de las personas, ya sean los jóvenes o quienes están más alejados de Dios, es necesaria una vida de oración. “Hay que seguir el camino que Dios vaya indicando, escuchar y conocer la voz de sus ovejas, protegerlas con la propia vida y amarlas. En el fondo, no hay mucho que inventar: se trata simplemente de seguir los pasos de Cristo”, concluye este seminarista brasileño. 

La experiencia de João Victor refleja un proceso que viven muchos jóvenes cuando comienzan a plantearse una posible vocación sacerdotal. La llamada de Dios no suele manifestarse de forma extraordinaria. Con frecuencia nace en lo cotidiano: una vida de oración más intensa, el acompañamiento de un sacerdote, la participación en los sacramentos o el deseo creciente de entregar la vida al servicio de los demás.