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domingo, 22 de febrero de 2026

Javier Alonso: «Viví una experiencia de sanación muy fuerte, y dejé la pornografía completamente; Clamé a Dios. ‘Si lo has hecho con un ateo, ¡hazlo conmigo, que yo creo en ti!; Y Jesucristo me sanó»

Javier Alonso, autor de 'Más allá del laberinto', sanado por Dios de la adicción a la pornografía / Foto: Cedida - El Debate 

* «Automáticamente, fue como si una nube negra abandonara mi cabeza y mi corazón: en aquellos tres segundos, Jesús me había sanado. Cuando era joven, yo leía este tipo de cosas extraordinarias y pensaba que solo le pasaban a frikis o a santos, pero es que las he vivido. Este fue un momento excepcional, pero también veo frutos en la oración cotidiana: recomiendo, a quien se enfrente al problema que tenía yo, que no solo recen por su sanación, sino también para que Dios le conceda autoconocimiento, que le haga saber de dónde viene el tema»

Camino Católico.-  El 97% de los hombres que rondan los 50 años ha consumido pornografía de forma voluntaria al menos una vez en los últimos seis meses, según un estudio publicado en 2022 por la Universidad de Valencia y la Universidad Jaume I de Castellón. Javier Alonso (Barcelona, 1977) no era una excepción: empezó a consumir pornografía durante la adolescencia y mantuvo el hábito como «regulador emocional» con el paso de los años, también tras conocer al amor de su vida, casarse y tener a sus cuatro hijos.

Sin embargo, la historia de este emprendedor catalán sí es excepcional: hoy vive una vida libre de pornografía, gracias a un arduo trabajo interior y, sobre todo, a una poderosa experiencia de sanación durante un retiro católico. Alonso explica su periplo en ‘Más allá del laberinto' (Albada), y es entrevistado por Guillermo Altarriba Vilanova en El Debate para hablar sobre su experiencia luchando contra una lacra que lastra a la gran mayoría de hombres hoy en día.

–En Más allá del laberinto ud. expone con mucha valentía su intimidad. ¿Qué le llevó a escribirlo?

–Hace ocho años viví una experiencia de sanación muy fuerte, y dejé la pornografía completamente. Al principio lo llevé en secreto, pero con el tiempo empecé a explicarlo: primero a mi mujer, luego me pidieron que diera charlas en colegios, o en retiros… Tenía la sensación de que me habían tocado 180 millones de euros, que no podía quedarme esa riqueza para mí. El libro es una forma de decir al mundo que a ti también te pueden tocar 180 millones de euros.

Portada del libro 'Más allá del laberinto' de Javier Alonso / Foto: Albada Editorial

–Pero no es un manual al uso sobre cómo abandonar el consumo de pornografía.

–No, no lo es. Es un modo de decirle a una persona que consume porno que no es un casquibano ni un guarro, sino que puede deberse a su debilidad. A mí me pasaba: consumía en momentos de tristeza y soledad. Para explicar por qué me sentía así, me tuve que explicar a mí mismo, y ese es el recorrido que hago en el libro, trazando mi vida desde diferentes ángulos: tanto desde lo que podría ser mi perfil de LinkedIn hasta las inseguridades que hay entre bastidores.

–¿En nuestra sociedad es tabú reconocer que uno consume pornografía?

–El verdadero tabú no es decir «he consumido pornografía», sino «me he sentido miserable por consumir pornografía», porque la pornografía está blanqueada. Hay sexólogos que la recomiendan en pequeñas dosis, por ejemplo. Pero la realidad es que la mayoría de las personas presentan un consumo problemático de pornografía, y me da igual si es una vez al mes o una vez al día: cualquier consumo es problemático.

–¿Por qué?

–Antes de 2005 o 2006, con la pornografía ocurría lo mismo que con los cavernícolas del Paleolítico: la comida era escasa y había que salir a buscarla. La revolución de internet tal y como lo conocemos ha sido –haciendo el símil– como meter a ese cavernícola en el bufet libre del hotel Hilton. ¿Y qué pasa? Que se vuelve loco.

Si durante este Paleolítico la cuestión era un tema moral, en la actualidad es también un tema de salud: hay muchos estudios científicos que prueban que la pornografía actúa de forma similar a una droga. Especialmente, a la cocaína, por los picos de dopamina que genera: te induce a repetir el comportamiento y a escalarlo, en busca de la novedad constante.

–En el libro lo compara con un virus informático que cortocircuita el cerebro…

–Efectivamente, porque nuestro sistema de recompensa está configurado para hacernos sobrevivir. Al hiperestimularlo con la pornografía, hace que prefieras eso a una relación sexual sana… lo cual no es bueno para la supervivencia. Y no es el único problema que tiene: los estudios han mostrado que muchas parejas y matrimonios se separan por la pornografía, o que cada vez más jóvenes tienen disfunción eréctil y problemas de autoestima.

También hablo sobre la desconexión empática: cuando uno ve un vídeo pornográfico tiene que ‘apagar’ una parte de su empatía para convertir a alguien en algo. O el tema de los scripts sexuales: la pornografía dicta a la gente cómo comportarse en la cama, enseñándoles a ellos a ser agresivos y a ellas, a ser sumisas.

–Más allá del laberinto está profusamente documentado. ¿Este tipo de disfunciones neurológicas son reversibles?

–Sí. Lo que se ha visto estudiando los movimientos NoFap de EEUU –que abogan por abandonar la masturbación, algo muy ligado a la pornografía– es que cuando uno deja de consumir hay una suerte de ‘recableado’. Se fortalece la conexión del córtex prefrontal con el sistema de recompensa, y aumentan la regulación, la inhibición de comportamientos perniciosos y la fuerza de voluntad.

Javier Alonso, sanado por Dios de la adicción a la pornografía, durante la entrevista / Foto: G. Altarriba - El Debate 

–Tras estos años estudiando y divulgando acerca del tema, ¿cuál cree que es el principal mito vigente sobre la pornografía?

–La idea preconcebida de que es imposible que el hombre viva sin masturbarse o sin ver pornografía de vez en cuando. Y que, si existe alguno, tiene que ser un reprimido sexual. He descubierto en mi propia vida que esta verdad implícita es mentira. En mi caso, como explico en el libro, estuve un año y pico sin consumir tras recurrir a una coach, por ejemplo, y cuando recaí podría haber vuelto con ella.

–Pero no lo necesitó: se lo pidió a Dios, y asegura que Él se lo concedió.

–Lo explico en el libro: estaba en un retiro organizado por los jesuitas, con mi familia. Leí en La Vanguardia una entrevista a Raúl Eguía, y en ella él contaba: «Una noche, al borde del suicidio, grité: ‘¡Si existes, sácame de aquí ahora!’. Me rendí y quedé limpio de la adicción de la noche a la mañana». Más tarde, rezando, recordé aquello y le dije a Jesús: «Si lo has hecho con Raúl, que era ateo, ¡hazlo conmigo, que yo creo en ti!».

Automáticamente, fue como si una nube negra abandonara mi cabeza y mi corazón: en aquellos tres segundos, Jesús me había sanado. Cuando era joven, yo leía este tipo de cosas extraordinarias y pensaba que solo le pasaban a frikis o a santos, pero es que las he vivido.

Este fue un momento excepcional, pero también veo frutos en la oración cotidiana: recomiendo, a quien se enfrente al problema que tenía yo, que no solo recen por su sanación, sino también para que Dios le conceda autoconocimiento, que le haga saber de dónde viene el tema.

–¿Qué otros consejos le daría a alguien que haya intentado dejar la pornografía y no lo consiga?

–Primero, le daría la enhorabuena. Y segundo, que se lo diga a alguien de confianza lo antes posible: su pareja, un amigo, un sacerdote, un terapeuta... Que busque una relación. Y en tercer lugar, tiene que ser capaz de mirarse al espejo y preguntarse: «¿Estoy dispuesto a dejar de hacer esto el resto de mi vida?». No es si puede, sino si quiere: la respuesta tiene que ser un «sí» al 100%.

Y quería dejar una última reflexión: en el libro me expongo mucho. De hecho, lo más pornográfico de ‘Más allá del laberinto’ no es cuando hablo de pornografía. No me apetecía nada, pero no creo que haya sido gratuito, porque sé que el testimonio va a tocar el corazón a mucha gente. A las mujeres que se sientan traicionadas por sus maridos, para que les entiendan; a los padres, para que hablen con sus hijos sobre esto; a los que están luchando, para que les dé esperanza. Y espero que todos conozcan a Aquel que me liberó, el que aparece al final.

Papa León XIV en el Ángelus, 22-2-2026: «Apaguemos los smartphone, meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos y escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros»

* «Considerar la Cuaresma como un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible. Se trata de permitirle eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella, y de comprometernos a hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera» 

 

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Han pasado ya cuatro años desde el inicio de la guerra contra Ucrania. Mi corazón sigue la dramática situación que todos tenemos ante nuestros ojos.. La paz no puede posponerse, es una necesidad urgente, que debe encontrar espacio en los corazones y traducirse en decisiones responsables. Por eso renuevo con fuerza mi llamamiento: que callen las armas, que cesen los bombardeos, que se llegue sin demora a un alto el fuego y que se refuerce el diálogo para abrir el camino a la paz» 


22 de febrero de 2026.- (Camino Católico)  En el primer domingo de Cuaresma, el Papa ha invitó a los fieles a vivir este tiempo de gracia como un itinerario de oración, ayuno y limosna al tiempo que ha llamado a renovar la relación con Dios para que lo que, según dice, es necesario apagar "los televisores, la radio y los smartphone".

“Apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone. Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros”, ha exhortado el Santo Padre antes de rezar el Ángelus de este domingo, desde la ventana del Palacio Apóstolico, a miles de fieles concgragados en la plaza de San Pedro. 

El Papa también ha pedidó dedicar tiempo "a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos". "Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario”, insta.

Al concluir la oración del Ángelus, el Papa renueva su llamamiento para que se silencien las armas y cesen los bombardeos. “Alcancemos sin demora un alto el fuego", ha dicho, al cumplirse cuatro años desde el inicio de la «guerra contra Ucrania». ¡Cuántas víctimas, cuántas vidas y familias destrozadas, cuánta destrucción, cuánto sufrimiento indecible! , exclama e invita a rezar por la paz. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente: 

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

Domingo, 22 de febrero de 2026

Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz domingo!

Hoy, primer domingo de Cuaresma, el Evangelio nos habla de Jesús que, guiado por el Espíritu, va al desierto y es tentado por el diablo (cf. Mt 4,1-11). Después de ayunar durante cuarenta días, siente el peso de su humanidad: el hambre a nivel físico y las tentaciones del diablo a nivel moral. Enfrenta la misma dificultad que todos experimentamos en nuestro camino y, resistiendo al demonio, nos muestra cómo vencer sus engaños y sus trampas.

La liturgia, con esta Palabra de vida, nos invita a considerar la Cuaresma como un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible. Se trata de permitirle eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella, y de comprometernos a hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera.

Es verdad, se trata de un camino exigente, y existe el riesgo de que nos desanimemos o de que nos dejemos seducir por caminos de satisfacción menos agotadores, como la riqueza, la fama y el poder (cf. Mt 4,3-8). Estas tentaciones, que también fueron las de Jesús, no son más que pobres sucedáneos de la alegría para la que fuimos creados y que, al final, nos dejan inevitable y eternamente insatisfechos, inquietos y vacíos.

Por eso, san Pablo VI enseñaba que la penitencia, lejos de empobrecer nuestra humanidad, la enriquece, purificándola y fortaleciéndola en su camino hacia un horizonte «que tiene como término el amor y el abandono en el Señor» (Const. ap. Paenitemini, 17 febrero 1966, I). De hecho, la penitencia, al tiempo que nos hace conscientes de nuestras limitaciones, nos da la fuerza para superarlas y vivir, con la ayuda de Dios, una comunión cada vez más intensa con Él y entre nosotros.

En este tiempo de gracia, practiquémosla generosamente, junto con la oración y las obras de misericordia; demos espacio al silencio, apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone. Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros, en las familias, en los lugares de trabajo y en las comunidades. Dediquemos tiempo a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos. Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario. Entonces, como dice san Agustín, “nuestra oración, hecha con humildad y caridad, acompañada del ayuno y las limosnas, de la templanza y del perdón; practicando el bien y no devolviendo mal por mal, alejándonos del mal y entregándonos a la virtud, llegará al Cielo y nos dará la paz” (cf. Sermón 206,3).

A la Virgen María, Madre que siempre asiste a sus hijos en la prueba, le confiamos nuestro camino cuaresmal.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


Han pasado ya cuatro años desde el inicio de la guerra contra Ucrania. Mi corazón sigue la dramática situación que todos tenemos ante nuestros ojos: ¡cuántas víctimas, cuántas vidas y familias destrozadas, cuánta destrucción, cuánto sufrimiento indecible! En verdad, toda guerra es una herida infligida a la familia humana: deja tras de sí muerte, devastación y un rastro de dolor que marca a generaciones.


La paz no puede posponerse, es una necesidad urgente, que debe encontrar espacio en los corazones y traducirse en decisiones responsables. Por eso renuevo con fuerza mi llamamiento: que callen las armas, que cesen los bombardeos, que se llegue sin demora a un alto el fuego y que se refuerce el diálogo para abrir el camino a la paz.


Invito a todos a unirse en la oración por el martirizado pueblo ucraniano y por todos los que sufren a causa de esta guerra y de todos los conflictos en el mundo, para que brille en nuestros días el tan esperado don de la paz.


Y ahora dirijo mi saludo a todos ustedes, fieles de Roma, peregrinos italianos y de diversos países.


Bendigo de corazón a las Hermanas Obreras de Jesús, en el centenario de la fundación de su Instituto. Saludo a la Escuela de San José Calasanz de Prievidza, en Eslovaquia, y renuevo mi apoyo a las asociaciones que se comprometen a afrontar juntas las enfermedades raras.


Saludo al grupo del Apostolado de la Oración de Biella, a los fieles de Nicosia, de Castelfranco Veneto y del Decanato de Melegnano; a los confirmandos de Boltiere, a los jóvenes de la Comunidad pastoral Santa María Magdalena de Milán y a los scouts de Tarquinia.


Les deseo a todos un buen domingo y un buen camino cuaresmal.


Papa León XIV





Fotos: Vatican Media, 22-2-2026

Matthew Walther, periodista, llevaba casi diez años lejos de Dios pero era Miércoles de Ceniza y una señal lo llevó a la Iglesia: «Desde ese día, ni por un instante he dudado de la existencia de Dios o de la Encarnación de su Hijo»

Matthew Walther explica cómo un Miércoles de Ceniza volvió a la fe

* «Que un don tan extraordinario le fuera otorgado a alguien tan indigno como yo, y de una manera tan extraña y caprichosa, es uno de esos pequeñas chistes de la Providencia que se explican mejor con las palabras de San Pablo en 1 Timoteo sobre nuestro Padre ‘que quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad’»

Camino Católico.-  Matthew Walther es un periodista norteamericano conservador, inconformista, polémico y hasta peleón, editor asociado del Free Beacon de Washington, que ha colaborado en el Spectator de Londres, First Things, Weekly Standard, National Review y The Daily Beast. Es un hombre apasionado al que le gusta nadar contracorriente. Walther se alejó de la fe católica de su infancia durante varios años, hasta que un Miércoles de Ceniza sintió una llamada que lo atrapó.

Huyó de Dios y probó otras cosas

“Entre los 12 y los 20 años, antes de mi retorno a la iglesia en febrero de 2010, yo creí en el budismo, el vetegarianismo, el pacifismo, el matrimonio gay, el marxismo, el libertarianismo, la crítica literaria y, lo que más me avergüenza, me parece, en los méritos literarios de Finnegan’s Wake”, explica con humor, refiriéndose a la difícil novela irónica de James Joyce.

De todas esas cosas, la que le acercó a la fe fue la penúltima, la crítica literaria: más en concreto, el tener que escribir un ensayo "más bien aburrido" sobre los poetas Yeats y T.S. Eliot. Él venía de estar casi una década alejado de Dios.

Un niño sensible, e inquieto

“Yo fui un niño muy piadoso que creció temiendo al infierno con una intensidad casi física. Incluso la visión de demonios en dibujos animados podía llenarme de terror. Pero al mismo tiempo desde muy niño tenía dudas. Recuerdo perfectamente estar en la cama con 7 años pensando: ‘cuando te mueres, ya no hay nada’”, explica en el Catholic Herald.

A los 12 años, decidió ignorar todo lo relacionado con Dios, el cielo o el infierno. “Cuando mi catequista nos dijo que saltarse la misa del domingo era un pecado mortal, decidí que probablemente no existía ni el cielo ni el infierno, y mucho menos un Dios que se interesase por lo que hagamos con nuestro tiempo el domingo u otro día de la semana”.

¿Materialismo? No, hay Algo que trasciende

Pero esa postura de inicio de adolescencia se transformó con los años. Al irse acabando su adolescencia, desapareció su materialismo. Por un lado, se enamoró seriamente. Por otro lado, explica, escuchaba la música del norirlandés Van Morrison. El materialismo estricto no bastaba para encajar estas realidades: el amor, la belleza... Intuía que había Algo en vez de la nada.

Repasando aquella época, considera que era una especie de pagano espiritual: “Yo rendía honores, casi literalmente, a cosas como las olas grises, los truenos, las hojas de otoño, las caras de las mujeres hermosas, el olor de las lilas, las primeras nevadas. Con todo lo que había por ahí, el cuentecito sobre un Nazareno me parecía poca cosa”.

Matthew Walther estuvo alejado de Dios 

Un poema especial en una fecha especial

Y entonces llegó ese día de febrero de 2010, cuando estaba trabajando en una oficina aburrida y preparaba un ensayo consultando los poemas de T.S.Eliot (1888-1965). Y encontró uno titulado Miércoles de Ceniza (aquí en español) que hasta entonces nunca le había interesado.

Eliot era agnóstico en esta época. Pero en este poema, el poeta le rezaba a la Virgen, usando palabras de las liturgias de días marianos.

A Matthew Walther le capturaron estas palabras en concreto:

Y ruego a Dios que se apiade de nosotros / y le ruego que yo pueda olvidarme / de aquellas cosas que conmigo mismo discuto demasiado / explico demasiado.

Pocas horas después, consultó el calendario y comprobó que ese mismo día era Miércoles de Ceniza. Era una señal, entendió: demasiada casualidad. Buscó en Google los horarios de actividades en la catedral, que estaba cerca, y acudió al templo. Llevaba casi diez años sin ir a la iglesia, excepto por el funeral de una tatarabuela.

Misa en latín

Era un oficio más solemne que los que recordaba de niño: la mayor parte estaba en latín. Y le asombró que aún había agua en las pilas bautismales: recordaba que en su parroquia se retiraba en Cuaresma.

Y se quedó a la misa y recibió la ceniza. Ir a la iglesia el Miércoles de Ceniza, ponerse en la cola para recibir su imposición, es algo que cualquiera puede hacer, cualquier pecador, cualquier pagano, está abierto a todos.

Transformado para siempre

“Desde ese día, ni por un instante he dudado de la existencia de Dios o de la Encarnación de su Hijo. Fue también, aunque entonces no me di cuenta, el inicio de mi devoción por su Madre. Que un don tan extraordinario le fuera otorgado a alguien tan indigno como yo, y de una manera tan extraña y caprichosa, es uno de esos pequeñas chistes de la Providencia que se explican mejor con las palabras de San Pablo en 1 Timoteo sobre nuestro Padre ‘que quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad'”.

Es consciente de que aquel día y su fruto fue un “don tan extraordinario para alguien tan indigno como yo, de una forma tan extraña y asombrosa, uno de esos pequeños chistes de la Providencia”. Aquel día fue el que se inició su proceso de retorno a la Iglesia.

Ahora casi no lee poemas de T.S.Eliot, excepto una vez al año, y entonces, cita, “el corazón perdido se eleva y alegra, en las lilas perdidas y las voces perdidas del mar”.

Izarelly Rosillo, madre a los 15 años y huérfana: «Estuve enojada con Dios y fui al Santísimo y dije: 'Yo no puedo abandonar a mi hijo, a mis hermanitos, quiero amar todo como tú’; y Él se valió del amor de mi pequeño»

Izarelli Rosillo siendo menor de edad tuvo que afrontar momentos muy difíciles en su vida y asegura que “la fe es lo que me ha salvado” / Foto: Cortesía de Izarelly Rosillo - Aleteia

* «Lo más importante para mí es la fe. Ser católica ha sido el mayor regalo que me han dado mis padres, mis abuelos y mi bisabuela. Y la fe es lo que me ha salvado… Cuando yo llegaba triste, angustiada, la madre María me decía: 'Ve a la capilla y platica con Dios'. Yo siento que eso que hizo la madre María conmigo me sembró una semilla de esperanza, resiliencia y amor en mi corazón… Ahora sé que Dios me quería para algo distinto… amar la vida, a mí y a mi prójimo»

Camino Católico.-  Originaria de la capital del estado de Querétaro (México), Izarelly Rosillo Pantoja es Licenciada en Derecho, especializada en Constitucional y Amparo, así como en Derecho notarial. Además, cuenta con una Maestría en Administración Pública Estatal y Municipal, y con un Doctorado en Derecho. Pero, sobre todo, es católica. Y aunque eso no estaba en sus sueños, hoy sabe que esa es su vocación.

"Lo más importante para mí es la fe. Ser católica ha sido el mayor regalo que me han dado mis padres, mis abuelos y mi bisabuela. Y la fe es lo que me ha salvado", asegura Izarelly a Jesús V. Picón en Aleteia 

La maternidad, el cáncer y la orfandad

La juventud de Izarelly fue sorpresiva en muchos aspectos. Se convirtió en mamá cuando tenía 15 años de edad; por otro lado, su madre enfermó de cáncer siendo una mujer muy joven, lo cual la llevó a someterse a 50 quimioterapias y 25 radiaciones. Tras el extenso tratamiento, la enfermedad de su madre las llevo a ella y a sus tres hermanos a la orfandad, lo cual cambió abruptamente los anhelos de Izarelly.

Este destino la llevaba a renegar de la vida, de la sociedad y, por supuesto, de Dios.

"Fui muchas veces a hablar con el Santísimo y dije: 'Yo no puedo abandonar a mi hijo, a mis hermanitos, mi vida se va a convertir en algo que no quiero, pero quiero amar todo como tú'".

La Doctora Izarelly cuenta que esto se lo debe a la guía espiritual de una religiosa: "Yo tuve una maestra -en sexto año de primaria- sumamente alegre, hermosa de espíritu; hoy entiendo que esa luz en sus ojos era el Espíritu Santo. Estudié en una escuela de religiosas, el Instituto José Guadalupe Velázquez. Mi maestra era la madre María, que siempre llegaba con esperanza y felicidad a darnos clases". 

"Cuando yo llegaba triste, angustiada, la madre María me decía: 'Ve a la capilla y platica con Dios'. Yo siento que eso que hizo la madre María conmigo me sembró una semilla de esperanza, resiliencia y amor en mi corazón".

Ahora bien, ¿qué tristezas podía estar viviendo esta niña? Izarelly responde: 

"La vida con mi madre tuvo muchas adversidades; era una mujer sola, con tres hijos, divorciada, estigmatizada, tachada y rechazada por el mundo. Y como yo era la mayor de todos, eso implicaba tener algunos retos y sacrificios en casa, desde cuidar a los hermanitos hasta llevar calificaciones de diez porque yo estaba becada". 

"La enfermedad de mamá fue un gran golpe al corazón para mis hermanitos, mis abuelitos y para mi alma".

Anhelos truncados

"Quería estudiar medicina pero cuando los médicos desahuciaron a mamá, mi vida se desplomó. Lloré demasiado, todo iba a cambiar; se convertiría en todo aquello que no hubiera querido, mami iba a morir y yo solo pensaba en dar mi propia vida por ella".

Izarelli Rosillo junto a su hijo / Foto: Cortesía de Izarelly Rosillo - Aleteia

Sus hermanitos y su hijo han tenido que caminar por sendas muy difíciles: "Cuando mi mamá me comparte que los médicos la habían desahuciado cruda y cruelmente, ella vivió un duelo y un agotamiento físico y emocional, no me imagino el dolor de saber que dejaría lo que más amaba"

Izarelly cuenta que escuchó a su mamá decirle: "Te vas a quedar huérfana, con tus hermanos. No puedes estudiar Medicina porque no habrá quién te pague la carrera y tampoco quién cuide de tus hermanos y de tu bebé. Yo te recomiendo que estudies Derecho".

Cáncer y tentaciones 

"Mi mamá murió muy joven, a los 38 años de edad", cuenta Izarelly, y por ello "estuve enojada con Dios mucho tiempo. Yo antes me había vuelto una adolescente rebelde, pero me reconcilié con mi mamá en su enfermedad; hicimos las paces y la cuidé hasta el último momento, le lavé sus heridas, le dije que la amaba y le cerré sus ojos".

"Después de que mi madre murió, yo también enfermé de cáncer, los abismos de la indolencia social, las injusticias en la salud pública, y por supuesto la soledad llenaron de frío la esperanza de mi corazón"

Cuando los médicos le dijeron que, debido a su enfermedad, no podría volver a ser mamá, apareció la falta de sentido y la tentación del suicidio. "Fue cuando sentí que era demasiado, nada tenía sentido".

Pero Dios se valió del amor de su pequeño hijo para acudir en rescate de Izarelly: "Mi hijo me dio palabras de niño, me abrazó cuando yo estaba triste, y me recordó cuánto me amaba cuando yo me quería ir. Y me dije: cómo lo voy a abandonar. Cómo es que este amor sublime me vea con toda esa luz que a mi me hace falta.  El hecho es que no sólo me recuperé, sino que hoy tengo otros dos bellos y grandiosos hijos".


Izarelli Rosillo actualmente ayuda a los mineros de la Sierra Gorda / Foto: Cortesía de Izarelly Rosillo - Aleteia

Izarelly se levantó para seguir adelante. "Hice un primer intento para ingresar a la carrera de Derecho, aunque en el fondo pensaba que iba a ser temporal porque me seguía diciendo que yo iba a lograr ser médico algún día".

Como no lo consiguió, buscó otra cosa. "Hice el curso propedéutico y el examen de admisión para la facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro; pero, cuando publicaron los resultados, mi número de folio no salió.  Me sentí sumamente frustrada".

Izarelly decidió no darse por vencida e ingresar a la Universidad, en una institución privada.

"Llegué al Centro Universitario México, lo que hoy es la Universidad Marista, pues vi que tenían una lona que promocionaba la carrera de Derecho. Pedí una cita con el rector y le dije: ‘Mi mamá murió, me dejó una deuda de colegiaturas con mis hermanitos, no tengo trabajo y quiero estudiar’. Entonces la Universidad me dio una beca del 90 por ciento para estudiar Derecho".

"Además, el rector me dio trabajo. Y no sólo eso: mi mamá debía colegiaturas en escuelas de religiosas, y yo estaba dispuesta a pagarlas; pero el rector les giró una carta pidiéndoles un plazo, diciendo que él iba a cubrir una parte de las colegiaturas de mis hermanos y yo otra parte con mi sueldo. ¡Fue un regalo increíble!".

Todo esto ocurrió mientras Izarelly aún no alcanzaba la edad adulta.

"Fui a la Preparatoria Norte de la Universidad Autónoma de Querétaro a recoger mis papeles, pero como yo era menor de edad, pues tenía 17 años, me enviaron a solicitar una autorización con la coordinadora del plantel".

«Ella, que fue una gran inspiración y ayuda cuando mamá enfermó, me preguntó: '¿Por qué no estás en Filosofía?', y yo le contesté: 'Es que no salió mi folio', y me dijo: 'Todos los que aplicaron el examen aprobaron'. Fue por el periódico y nos dimos cuenta de que mi folio estaba al revés".

Aún así, no ingresó en Filosofía, sino que se quedó en Derecho. "Y hoy puedo ver que fue la acción de la Divina Providencia, comprendí que mi vida tenía un propósito".

Una vocación hermosa pero peligrosa

Después de terminar la licenciatura, Izarelly realizó posteriormente todos sus postgrados en la Universidad Autónoma de Querétaro.

En 2012 recibió de Dios la sanación interior que necesitaba. Entonces Izarelly ingresó al Camino Neocatecumenal.

Izarelli Rosillo ante las Naciones Unidas / Foto: Cortesía de Izarelly Rosillo - Aleteia

En lo laboral, ahora es catedrática e investigadora. "Es un trabajo muy comprometido y hermoso; es una vocación, ser profesor en la universidad, acompañando a los jóvenes". 

"Estoy dando clases y escribiendo y haciendo vivo el acceso a la mejor calidad de vida de la población más vulnerable. Trabajo con grupos indígenas, mujeres, niños, migrantes y personas en situación de pobreza". 

En especial, busca ayudar a los mineros de la Sierra Gorda, lo que la ha llevado a estar, como ellos, intoxicada por mercurio. Pero ellos dicen: "Prefiero morir contaminado que morirme de hambre".  

Señala: "Tengo 20 años trabajando en Derecho Ambiental, y 12 años trabajando en el territorio. México suscribió un tratado que obliga a los países a no usar mercurio a partir de 2032; habrá un bloqueo comercial en todas las industrias y actividades que utilizan mercurio en sus procesos".

"Querétaro es el segundo lugar a nivel mundial en extracción artesanal en el mundo, así que decidí hacerle saber a los mineros qué es lo que va a pasar, y acompañarlos para que tengan una reconversión económica a través de otro sustento alternativo a la minería artesanal y a pequeña escala de mercurio".

Y termina diciendo: "Ahora sé que Dios me quería para algo distinto…amar la vida, a mí y a mi prójimo".