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domingo, 5 de abril de 2026

Papa León XIV en bendición Urbi et Orbi, 5-4-2026: «La paz que Jesús nos entrega no es aquella que se limita a silenciar las armas, sino la que toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros. ¡Convirtámonos a esa paz de Cristo!»

* «¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón! Por eso, invito a todos a unirnos en la vigilia de oración por la paz que celebraremos aquí, en la Basílica de San Pedro el próximo sábado 11 de abril. En este día de fiesta, dejemos a un lado toda voluntad de disputa, de dominio y de poder, e imploremos al Señor que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia, que nos hacen sentir impotentes ante el mal. Al Señor encomendamos todos los corazones que sufren y esperan la verdadera paz que sólo Él puede dar. ¡Confiemos en Él y abrámosle nuestro corazón! Sólo Él hace nuevas todas las cosas»

    

Vídeo completo de la transmisión en directo de 13 TV  traducido al español con la bendición Urbi et Orbi del Papa León XIV

* «El Señor, con su resurrección nos enfrenta con mayor intensidad aún al drama de nuestra libertad. Frente al sepulcro vacío podemos llenarnos de esperanza y asombro, como los discípulos, o de miedo, como los guardias y los fariseos, obligados a recurrir a la mentira y al engaño para no reconocer que aquel que había sido condenado verdaderamente ha resucitado. A la luz de la Pascua, ¡dejémonos sorprender por Cristo! ¡Dejemos que su inmenso amor por nosotros nos transforme el corazón! ¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo. No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo» 

 


5 de abril de 2026.- (Camino Católico)  “La paz que Jesús nos entrega no es aquella que se limita a silenciar las armas, sino la que toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros. ¡Convirtámonos a esa paz de Cristo!… ¡Que quienes empuñan las armas las depongan! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras elijan la paz! ¡No una paz forjada por la fuerza, sino por el diálogo! ¡No por el deseo de dominar a los demás, sino por el encuentro!”

El Papa León XIV no grita, no alza la voz; su voz permanece firme mientras pronuncia su mensaje de Pascua “Urbi et Orbi” desde el balcón central de la Basílica Vaticana, durante el cual anuncia una Vigilia de Oración por la Paz en la Basílica de San Pedro el 11 de abril. Sus palabras pesan como el mármol en las conciencias de quienes contaminan el mundo con la lógica y las acciones de la guerra, con la promoción del odio, con la indiferencia hacia quienes sufren y mueren. Aquellos que, como se recitó en el Vía Crucis el Viernes Santo, tendrán que responder ante Dios por sus actos. En el vídeo de 13 TV se visualiza y escucha la bendición Urbi et Orbi, cuyo texto íntegro es el siguiente:


MENSAJE URBI ET ORBI

DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

PASCUA 2026

Balcón central de la Basílica Vaticana

Domingo, 5 de abril de 2026


Hermanos y hermanas,

¡Cristo ha resucitado! ¡Felices pascuas!

Desde hace siglos, la Iglesia canta con júbilo el acontecimiento que es el origen y el fundamento de su fe: «Muerto el que es la vida,  triunfante se levanta. ¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza! Rey vencedor, apiádate de la miseria humana» (Secuencia de Pascua).

La Pascua es una victoria: de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el odio. Una victoria que ha tenido un precio altísimo: Cristo, el Hijo del Dios vivo (cf. Mt 16,16), tuvo que morir, y morir en una cruz, tras sufrir una condena injusta, ser escarnecido y torturado, y haber derramado toda su sangre. Como verdadero Cordero inmolado, tomó sobre sí el pecado del mundo (cf. Jn 1,29; 1 P 1,18-19) y así nos liberó a todos, y con nosotros también a toda la creación, del dominio del mal.

Pero, ¿cómo venció Jesús? ¿Cuál es la fuerza con la que derrotó de una vez por todas al antiguo Adversario, al Príncipe de este mundo (cf. Jn 12,31)? ¿Cuál es el poder con el que resucitó de entre los muertos, sin volver a la vida anterior, sino entrando en la vida eterna y abriendo así, en su propia carne, el paso de este mundo al Padre?

Esta fuerza, este poder, es Dios mismo, Amor que crea y engendra, Amor fiel hasta el final, Amor que perdona y redime.  

Cristo, nuestro «Rey vencedor», combatió y ganó su batalla mediante la entrega confiada a la voluntad del Padre, a su plan de salvación (cf. Mt 26,42). De este modo recorrió hasta el final el camino del diálogo, no sólo con las palabras, sino con los hechos: para encontrarnos a nosotros, los perdidos, se hizo carne; para liberarnos a nosotros, los esclavos, se hizo esclavo; para darnos vida a nosotros, los mortales, se dejó morir a manos de sus verdugos en la cruz.

La fuerza con la que Cristo resucitó no es violenta. Es semejante a la de un grano de trigo que, al marchitarse en la tierra, crece, se abre paso entre los terrones, brota y se convierte en una espiga dorada. Es aún más parecida a la de un corazón humano que, lastimado por una ofensa, rechaza el instinto de venganza y, lleno de bondad, reza por quien le ha ofendido.

Hermanos y hermanas, esta es la verdadera fuerza que trae la paz a la humanidad, porque genera relaciones respetuosas a todos los niveles: entre las personas, las familias, los grupos sociales y las naciones. No busca el interés particular, sino el bien común; no pretende imponer su propio plan, sino contribuir a diseñarlo y a ponerlo en práctica junto con los demás.

Sí, la resurrección de Cristo es el comienzo de la nueva humanidad, es la entrada a la verdadera tierra prometida, donde reinan la justicia, la libertad y la paz, donde todos se reconocen como hermanos y hermanas, hijos del mismo Padre que es Amor, Vida y Luz.

Hermanos y hermanas, el Señor,con su resurrección nos enfrenta con mayor intensidad aún al drama de nuestra libertad. Frente al sepulcro vacío podemos llenarnos de esperanza y asombro, como los discípulos, o de miedo, como los guardias y los fariseos, obligados a recurrir a la mentira y al engaño para no reconocer que aquel que había sido condenado verdaderamente ha resucitado (cf. Mt 28,11-15).

A la luz de la Pascua, ¡dejémonos sorprender por Cristo! ¡Dejemos que su inmenso amor por nosotros nos transforme el corazón! ¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo. No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo.

Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes ante las consecuencias económicas y sociales que estos desencadenan y que, sin embargo, todos percibimos. Existe una “globalización de la indiferencia” cada vez más marcada, por retomar una expresión muy querida por el Papa Francisco, quien hace justo un año, desde esta logia, dirigió al mundo sus últimas palabras, recordándonos: «Cuánta voluntad de muerte vemos cada día en los numerosos conflictos que afectan a diferentes partes del mundo» (Mensaje Urbi et Orbi, 20 abril 2025).

La cruz de Cristo nos recuerda siempre el sufrimiento y el dolor que rodean a la muerte, así como la angustia que esta conlleva. Todos tenemos miedo a la muerte y, por miedo, volteamos hacia otro lado, preferimos no mirar. ¡No podemos seguir siendo indiferentes! ¡No podemos resignarnos al mal! San Agustín enseña: «Si el morir te causa espanto, ama la resurrección» (Sermón 124,4). Amemos también nosotros la resurrección, que nos recuerda que el mal no tiene la última palabra, porque ha sido vencido por el Resucitado.

Él atravesó la muerte para darnos vida y paz: «Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman!» (Jn 14,27). La paz que Jesús nos entrega no es aquella que se limita a silenciar las armas, sino la que toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros. ¡Convirtámonos a esa paz de Cristo! ¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón! Por eso, invito a todos a unirnos en la vigilia de oración por la paz que celebraremos aquí, en la Basílica de San Pedro el próximo sábado 11 de abril.

En este día de fiesta, dejemos a un lado toda voluntad de disputa, de dominio y de poder, e imploremos al Señor que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia, que nos hacen sentir impotentes ante el mal. Al Señor encomendamos todos los corazones que sufren y esperan la verdadera paz que sólo Él puede dar. ¡Confiemos en Él y abrámosle nuestro corazón! Sólo Él hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21,5).

¡Felices pascuas!

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 5-4-2026

Papa León XIV en homilía del Domingo de Resurrección, 5-4-2026: «Cristo, nuestra Pascua, nos bendiga y conceda su paz al mundo entero»

 

* «En esta realidad, la Pascua del Señor nos invita a levantar la mirada y a ensanchar el corazón. Ella sigue alimentando en nuestro espíritu y en el camino de la historia la semilla de la victoria prometida. Nos pone en movimiento como a María Magdalena y como a los Apóstoles, para hacernos descubrir que el sepulcro de Jesús está vacío, y, por tanto, en cada muerte que experimentamos hay también espacio para una nueva vida que surge. El Señor está vivo y permanece con nosotros. A través de resquicios de resurrección que se abren paso en la oscuridad, Él entrega nuestro corazón a la esperanza que nos sostiene: el poder de la muerte no es el destino último de nuestra vida. Estamos orientados de una vez y para siempre hacia la plenitud, porque en Cristo resucitado también nosotros hemos resucitado»

     

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «La Pascua es la nueva creación obrada por el Señor Resucitado, es un nuevo comienzo, es la vida finalmente hecha eterna por la victoria de Dios sobre el antiguo adversario. Hoy necesitamos este canto de esperanza. Y somos nosotros, resucitados con Cristo, quienes debemos llevarlo por las calles del mundo. Corramos, pues, como María Magdalena, anunciémoslo a todos; llevemos con nuestra vida la alegría de la resurrección, para que allí donde aún se cierne el espectro de la muerte, pueda resplandecer la luz de la vida»  



5 de abril de 2026.-
(Camino Católico)  “Cristo, nuestra Pascua, nos bendiga y conceda su paz al mundo entero”. ha pedido el Papa León XIV en su homilía en la Santa Misa del día que ha presidido este 5 de abril, Domingo de Resurrección, en la Plaza de San Pedro en el Vaticano. Además ha exhortado: “La Pascua es la nueva creación obrada por el Señor Resucitado, es un nuevo comienzo, es la vida finalmente hecha eterna por la victoria de Dios sobre el antiguo adversario”.



Ante más de 50 mil fieles y peregrinos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro, adornada como cada año con miles de tulipanes y otras flores, el Santo Padre ha dicho que, “hoy toda la creación resplandece con una luz nueva, desde la tierra se eleva un canto de alabanza y nuestro corazón exulta de alegría”: “¡Cristo ha resucitado de entre los muertos y, con Él, también nosotros resucitamos a una vida nueva!”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:



DOMINGO DE PASCUA «RESURRECIÓN DEL SEÑOR» – MISA DEL DÍA


CAPILLA PAPAL


HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV


Plaza de San Pedro

Domingo de Pascua, 5 de abril de 2026


Queridos hermanos y hermanas:

Hoy toda la creación resplandece con una luz nueva, desde la tierra se eleva un canto de alabanza y nuestro corazón exulta de alegría: ¡Cristo ha resucitado de entre los muertos y, con Él, también nosotros resucitamos a una vida nueva!

Este anuncio pascual abraza el misterio de nuestra vida y el destino de la historia, y nos alcanza hasta en los abismos de la muerte, por los cuales nos sentimos amenazados y a veces abrumados. Nos abre a la esperanza que no desfallece, a la luz que no se apaga, a esa plenitud de alegría que nada puede borrar: ¡la muerte ha sido vencida para siempre, la muerte ya no tiene poder sobre nosotros!

Este es un mensaje que no siempre es fácil de acoger, una promesa que nos cuesta aceptar, porque el poder de la muerte nos amenaza siempre, dentro y fuera.

Dentro de nosotros, cuando el lastre de nuestros pecados nos impide alzar el vuelo; cuando las decepciones o la soledad que experimentamos agotan nuestras esperanzas; cuando las preocupaciones o los resentimientos sofocan la alegría de vivir; cuando sentimos tristeza o cansancio; cuando nos sentimos traicionados o rechazados; cuando tenemos que hacer frente a nuestra debilidad, al sufrimiento, al cansancio de cada día, entonces nos parece haber caído en un túnel del que no vemos la salida.

Pero también fuera de nosotros, la muerte siempre acecha. La vemos presente en las injusticias, en los egoísmos partidistas, en la opresión de los pobres, en la escasa atención hacia los más frágiles. La vemos en la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva por todas partes a causa de los abusos que aplastan a los más débiles, ante la idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra, ante la violencia de la guerra que mata y destruye.

En esta realidad, la Pascua del Señor nos invita a levantar la mirada y a ensanchar el corazón. Ella sigue alimentando en nuestro espíritu y en el camino de la historia la semilla de la victoria prometida. Nos pone en movimiento como a María Magdalena y como a los Apóstoles, para hacernos descubrir que el sepulcro de Jesús está vacío, y, por tanto, en cada muerte que experimentamos hay también espacio para una nueva vida que surge. El Señor está vivo y permanece con nosotros. A través de resquicios de resurrección que se abren paso en la oscuridad, Él entrega nuestro corazón a la esperanza que nos sostiene: el poder de la muerte no es el destino último de nuestra vida. Estamos orientados de una vez y para siempre hacia la plenitud, porque en Cristo resucitado también nosotros hemos resucitado.

Así nos lo recordaba con palabras conmovedoras el Papa Francisco, en su primera Exhortación apostólica, Evangelii gaudium, afirmando que la resurrección de Cristo «no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticia, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto» (n. 276).

Hermanos y hermanas, la Pascua del Señor nos da esta esperanza, recordándonos que en Cristo resucitado una nueva creación es posible cada día. Así nos lo dice el Evangelio proclamado hoy, que sitúa el acontecimiento de la resurrección de manera precisa: «El primer día de la semana» (Jn 20,1). El día de la resurrección de Cristo nos remite así a la creación, a aquel primer día en el que Dios creó el mundo, y nos anuncia, al mismo tiempo, que una vida nueva, más fuerte que la muerte, está ahora brotando para la humanidad.

La Pascua es la nueva creación obrada por el Señor Resucitado, es un nuevo comienzo, es la vida finalmente hecha eterna por la victoria de Dios sobre el antiguo adversario.

Hoy necesitamos este canto de esperanza. Y somos nosotros, resucitados con Cristo, quienes debemos llevarlo por las calles del mundo. Corramos, pues, como María Magdalena, anunciémoslo a todos; llevemos con nuestra vida la alegría de la resurrección, para que allí donde aún se cierne el espectro de la muerte, pueda resplandecer la luz de la vida.

Que Cristo, nuestra Pascua, nos bendiga y conceda su paz al mundo entero.


PAPA LEÓN XIV



Fotos: Vatican Media, 5-4-2026

Santa Misa de hoy, Domingo de Resurrección, presidida por el Papa León XIV, 5-4-2026


Foto: Vatican Media, 5-4-2026


5 de abril de 2026.- (Camino Católico) Este 5 de abril, Domingo de Resurrección, el Santo Padre León XIV ha presidido la Santa Misa del día en la Plaza de San Pedro del Vaticano, ante más de 50.000 fieles. En su homilía, el Pontífice ha anunciado que, “el Señor está vivo y permanece con nosotros” y que “el poder de la muerte no es el destino último de nuestra vida”, porque en “Cristo resucitado también nosotros hemos resucitado”; y además, ha pedido que, “Cristo, nuestra Pascua, nos bendiga y conceda su paz al mundo entero”. En el vídeo de 13 TV se visualiza y escucha toda la celebración.


Homilía del P. Jesús Higueras y lecturas de la Misa de hoy, Domingo de Resurrección, 5-4-2026

Camino Católico.- Homilía del P. Jesús Higueras y lecturas de la Misa de hoy, Domingo de Resurrección, en la parroquia Santa María de Caná de Pozuelo de Alarcón, emitida por @SantaMaríadeCanáPozuelo.

Santa Misa de hoy, Domingo de Resurrección, presidida por el P. Jesús Higueras, en la parroquia Santa María de Caná de Pozuelo de Alarcón, 5-4-2026

Camino Católico.- Celebración de la Santa Misa de hoy, Domingo de Resurrección, presidida por el P. Jesús Higueras en la parroquia Santa María de Caná de Pozuelo de Alarcón, emitida por @SantaMaríadeCanáPozuelo.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 5-4-2026

5 de abril de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 5/4/2026: «Él había de resucitar de entre los muertos» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 5 de abril de 2026, domingo de Pascua de la Resurrección del Señor, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Juan 20, 1-9:

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Homilía del evangelio del Domingo de Pascua: Por la resurrección del Señor se ha abierto el acceso a una experiencia de comunión con Dios que libera de la esclavitud del pecado y capacita para vivir en el amor / Por P. José María Prats

* «Pidámosle al Señor en este día de gracia tan especial que despierte en nosotros la pasión por esta nueva vida que ha ganado para nosotros con su sacrificio en la Cruz, que nos haga descubrir su belleza y su luz, que nos guíe por sus caminos y nos haga recostar en sus verdes praderas. No podemos ni siquiera imaginar lo que el Señor nos mostrará, porque la palabra que mejor nos habla de esta vida es novedad, novedad radical e inesperada»

Domingo de Pascua de Resurrección 

Hechos 10, 34a.37-43  / Salmo 117  / Colosenses 3, 1-4  / San Juan 20, 1-9

P. José María Prats / Camino Católico.-  Hoy celebramos el acontecimiento central de nuestra fe: la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Y la palabra clave para entender este hecho es novedad, novedad radical e inesperada.

El evangelio de hoy deja muy claro que nadie esperaba la resurrección de Jesús. Cuando María Magdalena vio la losa quitada del sepulcro y la tumba vacía no pensó en una resurrección, sino que fue corriendo a decir a los discípulos: «se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Y los otros tres evangelistas nos dicen que cuando las mujeres fueron a comunicar que habían recibido del ángel el anuncio de la resurrección y que se les había aparecido el mismo Señor resucitado, los discípulos no las creyeron.

Y es que en el pensamiento judío de la época se esperaba la resurrección de los muertos a un nuevo estado de vida al fin de los tiempos, pero no como un hecho dentro de la historia. Recordemos cómo en el episodio de la resurrección de Lázaro, cuando Jesús dice a Marta: «Tu hermano resucitará», ella le replica: «Ya sé que resucitará cuando tenga lugar la resurrección de los muertos, al fin de los tiempos» (Jn 11,24).

Los discípulos de Jesús, por tanto, tuvieron que aceptar algo inconcebible forzados por la evidencia de los hechos: por una parte el hallazgo de la tumba vacía, por otra, las apariciones de Jesús resucitado a multitud de personas independientemente y en lugares y situaciones distintas y, finalmente, la intensa experiencia espiritual que suscitaron estas apariciones provocando una transformación radical de las personas.

Por la resurrección del Señor se ha abierto a la humanidad el acceso a una realidad totalmente nueva: a una experiencia de comunión con Dios que nos libera de la esclavitud del pecado y nos capacita para vivir en el amor. San Pablo, en la segunda lectura, nos anima a tomar conciencia de esta nueva realidad a la que hemos accedido por la fe y el bautismo, y a vivir de acuerdo con ella buscando «los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios».

Pidámosle al Señor en este día de gracia tan especial que despierte en nosotros la pasión por esta nueva vida que ha ganado para nosotros con su sacrificio en la Cruz, que nos haga descubrir su belleza y su luz, que nos guíe por sus caminos y nos haga recostar en sus verdes praderas. No podemos ni siquiera imaginar lo que el Señor nos mostrará, porque la palabra que mejor nos habla de esta vida es novedad, novedad radical e inesperada.


P. José María Prats

Evangelio: 


El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». 


Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.


San Juan 20, 1-9