Andrea Payán, coach especializada en apoyar relaciones de pareja, que se bautizó con 26 años en la pasada Vigilia Pascual cuenta cómo vive su fe confiando toda su vida a Dios
* «Soy consciente de que hay una parte que sí depende de nosotros, de cada persona: esa responsabilidad individual, ese trabajo, esa colaboración con Dios. Hay otras cosas que no dependen de nosotros y solo debemos entregárselas al Señor. Esto es algo que recalco mucho, porque hay personas que lo dejan absolutamente todo en manos de Dios sin hacer aquello que sí podrían hacer en el día a día. Nosotros no podemos ir ni al infierno ni al cielo por los demás. Decidimos a cada instante si acercarnos al cielo o al infierno, y no con grandes cosas, sino con decisiones pequeñas.Tenemos que trabajar como si todo dependiera de nosotros y rezar como si todo dependiera de Dios»
Camino Católico.- “Desde que me despierto y abro los ojos, le doy gracias a Dios por un nuevo día y empiezo a agradecer diversas cosas de mi vida. Luego le pido y, finalmente, le entrego mi vida, mi día, mis alegrías, mis sufrimientos, mi trabajo y todo lo que soy y lo que tengo para que se haga su voluntad. Es ahí donde me siento hija, completamente sostenida y confiando en que, pase lo que pase en el día de hoy y en la vida en general, Él sabe mejor que yo lo que necesito. Él tiene sus planes, aunque yo no los comprenda. Confiar también es aprender a vivir sin tenerlo todo bajo control”, comparte Andrea Payán, coach especializada en apoyar relaciones de pareja, bautizada con 26 años en la pasada Vigilia Pascual, en una entrevista con Luis Javier Moxó Soto en Religión en Libertad.
“Siempre he sido una mujer, una chica, una adolescente y una niña, desde que tengo uso de razón, que necesitaba tener todo bajo control, tener certeza. Si algo se salía de mis planes, ya tenía un cortocircuito mental. Desde mi bautizo, saberme hija de Dios ha hecho que yo acepte las cosas tal y como son, que confíe y aprenda a sostener la incertidumbre”, reconoce.
La respuesta de Dios a sus peticiones y oraciones las vive así: “Cuando hay alguna petición que sigue sin respuesta, e incluso con una respuesta que yo no esperaba, lo vivo mucho mejor que antes, sin duda. Diría que en paz, pero también hay días y días. Hay momentos en los que la espera es completamente aceptada, estoy en calma y entiendo los tiempos de Dios y su respuesta. Otras veces hay ansiedad, inquietud o un cierto conflicto. Pero son mayores, sin duda, la aceptación y esos momentos de calma. Al final, concibo a Dios como un padre que, con respecto a lo que le pedimos, a veces nos dirá que sí; otras, que no porque no nos conviene; y otras, que sí después de tanto insistir, para que aprendamos por nosotros mismos la lección. Habrá otras veces en las que nos dé lo que pedimos, solo que de manera distinta a como esperábamos. Sea como sea, Él sabrá.
Trabajar como si todo dependiera de nosotros y rezar como si todo dependiera de Dios
En su trabajo como coach especializada en apoyar relaciones de pareja y divulgadora, Andrea Payán ha visto cómo ha evolucionado:
– Desde que me he convertido, mi fe ha tenido sus frutos en mi trabajo diario, tanto a nivel divulgativo, en lo que comunico, como en el trabajo uno a uno que hago con personas, ayudándolas a nivel de heridas y relaciones.
Soy consciente de que hay una parte que sí depende de nosotros, de cada persona: esa responsabilidad individual, ese trabajo, esa colaboración con Dios. Hay otras cosas que no dependen de nosotros y solo debemos entregárselas al Señor. Esto es algo que recalco mucho, porque hay personas que lo dejan absolutamente todo en manos de Dios sin hacer aquello que sí podrían hacer en el día a día.
Nosotros no podemos ir ni al infierno ni al cielo por los demás. Decidimos a cada instante si acercarnos al cielo o al infierno, y no con grandes cosas, sino con decisiones pequeñas.
Tenemos que trabajar como si todo dependiera de nosotros y rezar como si todo dependiera de Dios. Esto también lo he visto mucho en las catequesis que he recibido: nosotros colaboramos con Dios. Es ese trabajo de uno mismo para mejorar sus relaciones de la mano del Señor.
Andrea Payán, en el santuario de Nuestra Señora de Lourdes
“Todo obra de Dios”
Respecto a cómo ha encontrado su lugar en la Iglesia, Andrea dice:
– Realmente fui yo sola la que se acercó a la Iglesia. Desde entonces, todo ha sido obra de Dios, porque Él puso en mi camino a sacerdotes maravillosos, cercanos, con una ilusión y una pasión, explicando el Evangelio con tanto ímpetu, que la primera vez que acudí a misa me contagié de esa pasión.
No pertenezco a ninguna comunidad o grupo dentro de la Iglesia, pero todas las personas con las que he ido topando, que Dios me ha puesto en el camino, han hecho que vea esa bondad de los cristianos, de los hermanos en la fe que tratamos de seguir la palabra de Jesús. Hay personas con las que, al ir coincidiendo en la iglesia, al final se forman amistades muy bonitas.
“Sin Jesús hay cosas que son imposibles de perdonar”
El perdón también es importante para esta joven:
– Personalmente no hay una experiencia de perdón dado o recibido que me haya cambiado la manera de entender el Evangelio, pero sí las he escuchado o conocido de primera mano.
Eso me ha ayudado a comprender la palabra de Jesús. Sin Él, de hecho, hay cosas que son imposibles de perdonar. Desde la razón y el entendimiento humano no concebimos perdones como algunos que yo conozco.
Por tanto, en el día a día, cuando ocurre algo, cuando hay algún conflicto o malentendido, intento ponerlo a la luz del Evangelio y, sin duda, Dios me ayuda.
En mi divulgación reacciono o comento en ocasiones palabras y discursos de personas con las que no concuerdo. Tanto antes como después de la fe mantenía un tono de dulce firmeza: comunicar las cosas con verdad, tal y como son.
Lo que hago es confrontar ideas, no encararme a una persona en concreto. Una cosa es juzgar a alguien y otra, juzgar sus ideas. Es importante hacer esa distinción.
La pequeña diferencia que me ha generado la fe a la hora de hablar públicamente de alguien es rezar también por esa persona.
Lleva a la conversión a su novio con quien se prepara para el matrimonio
Andrea Payán está preparándose para el matrimonio con su prometido, el psicólogo Sergio Cruz, y dice:
- Durante varios años hemos sido novios y, sin duda, nuestro catequista, los sacerdotes que son amigos nuestros —alguno llega a ser director espiritual—, las lecturas y muchísimas horas de conversación entre Sergio y yo han ido haciendo que fuéramos conscientes de lo que vamos a comprometer ante Dios.
Nos elegimos en la salud, en la enfermedad, en los momentos más maravillosos y también en los más difíciles. Hay que hablar absolutamente de todo, y muchísimo, antes de dar el paso de comprometernos para toda la vida.
Andrea Payán con su prometido, el psicólogo Sergio Cruz, que se están preparando para el matrimonio
Al respecto su prometido Sergio Cruz habla de su compromiso matrimonial con Andrea:
- A mis treinta y un años, todavía me queda mucho por vivir con mi pareja, Andrea, ya prometida. En un tiempo conseguiremos materializar ese sacramento del matrimonio.
Uno de los puntos que he aprendido es la necesidad de hablar constantemente de todo: desde los pequeños detalles, molestias o manías del día a día que, repetidos, pueden acabar generando daño en la relación, hasta cuestiones más profundas, existenciales, sobre cómo se quiere vivir la vida.
¿Qué vida quiero vivir yo? ¿Somos compatibles? ¿Compartimos una visión del mundo y unos valores parecidos? Para mí eso es esencial.
También lo vemos cuando trabajamos con parejas. Digo «lo vemos» porque Andrea también es coach de relaciones de pareja. Cuando no coincide la pareja en la visión del mundo, en la manera de gestionar el dinero, incluso a nivel político y en cuestiones del estilo.
Coincidir en eso no es garantía de éxito, porque hay dinámicas del día a día y patrones que trae cada persona de su padre y de su madre que hay que trabajar. Hay que saber crear en pareja la propia receta, como nosotros decimos, nuestra propia constitución.
Eso es muy importante: saber que vamos a dejar, entre comillas, a nuestro padre y a nuestra madre y a convertirnos en una sola carne. Implica crear esas normas propias que permitan que la relación nos ayude a ambos a ir hacia el cielo, que es el objetivo final.
También he aprendido a mirar hacia dentro, a dejar de echar balones fuera y a entender que hay muchas cosas que se despiertan en la relación de pareja y no tienen tanto que ver con la pareja, sino contigo mismo: inseguridades, miedos, esquemas mentales que tienes ahí y que te tienes que cuestionar.
A veces es más la cabezonería de uno, o cómo se lo toma uno, que lo que pueda estar haciendo o diciendo el otro.
En una relación de pareja a largo plazo va a haber muchos obstáculos: situaciones de estrés, días en los que duermas poco o estés malo. Ahí tienes que salir de ti y saber que el amor es entregarse, pero una entrega mutua.
Amar al prójimo como a uno mismo tiene que ir de la mano, para no permitir tampoco que uno, a cualquier precio, soporte cualquier cosa. Eso sería otra cuestión.
Eso es lo que la experiencia en mi relación de pareja me ha dado, más allá de lo que he estudiado, investigado o visto en las sesiones con mis pacientes.
Andrea Payán junto a su prometido, el psicólogo Sergio Cruz, a quien ella con su testimonio ha llevado a convertirse a Cristo
Sergio Cruz se ha convertido a Cristo al ver el camino que ha recorrido su prometida Andrea:
—La fe llegó a mi vida realmente hace poco tiempo. Es verdad que mis padres me bautizaron y luego hice la comunión, pero posteriormente, con unos doce años, dejé de ir a misa. Las cosas del día a día, el instituto, la carrera… Te vas olvidando un poco de todo eso.
Con dieciocho años, mi profesor de química un día me llamó y me dijo que quería darme una charla sobre la existencia de Dios. Yo salí fascinado, entendiendo que Dios existía y que ese Dios era Jesús, que se había hecho carne.
Salí de ahí como un discípulo de Jesús, con ganas de decírselo a todo el mundo. ¿Qué pasa? Que te encuentras en un mundo en el que muy poquita gente tiene fe y vuelves a las cosas del día a día. Esa llama a la cual llegas a través de la razón se va apagando.
Pero mi pareja actual, Andrea, sin estar bautizada, tuvo ese acercamiento a la fe y a mí también me reenganchó. Ir a las clases que ella estaba teniendo con su catequista, que luego ha sido su padrino y que fue el profesor que me dio en su día aquella charla, me hizo volver a conectar con todo esto y a entender que a Dios se llega a través de la razón.
No me lo podía quedar guardado. En este momento, en el que también estoy en redes sociales, por supuesto divulgo de vez en cuando sobre este tema, junto con otras cosas que aporto, porque es que es el tema, literalmente.
Comentar y plantear las inquietudes si un adulto quiere bautizarse
Si alguien desea bautizarse de adulto, esto le aconseja Andrea:
– A alguien que se está planteando dar el paso del bautismo le diría que pregunte a personas que han hecho ese proceso, que se han convertido y se han bautizado de adultas, que tienen esa fe. También que pregunte a personas de la Iglesia, sacerdotes y catequistas; que comente sus inquietudes y sus preguntas, y que lleve a cabo ese discernimiento para finalmente tomar la decisión que requiera.
Yo le diría que no dude en dar el paso, pero es una decisión muy personal y la fe es algo muy íntimo de cada uno.
Si ya se lo está planteando, significa que ya ha pensado en esa decisión. Para mí ha sido una decisión maravillosa que ha cambiado mi vida”.
Video del testimonio de Andrea Payán de su canal de YouTube











