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jueves, 6 de agosto de 2026

Papa León XIV a los jóvenes en Asís, 6-8-2026: «De san Francisco aprendan la radicalidad evangélica: no los vuelve ciegos ni violentos, sino sensibles, atentos, siempre en el seguimiento de Jesús, humildes y acogiendo a todos»

* «San Francisco descubrió que elegir la pobreza puede acercar a los alejados, fomenta el encuentro e invita al intercambio de dones. Así, intuyó que el Evangelio no se puede separar de las decisiones de Jesucristo, quien se hizo pobre para enriquecernos (cf. 2 Co 8,9): el Evangelio es su vida, su camino, su confianza inquebrantable en el Padre. Si nos reunimos en su nombre, Él viene en medio de nosotros (cf. Mt 18,20) y la alegría que nos llena el corazón es libre y sincera (cf. Jn 20,20). Esta alegría evangeliza más que las palabras, y no se puede ocultar»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con las preguntas de los jóvenes y las respuestas del Papa León XIV

* «Tomar una decisión para siempre no nos encierra en una jaula, sino que nos abre a un dinamismo mayor. Amar es un éxodo, un camino por descubrir, un recorrido en el que Dios anda con nosotros, y este es el verdadero sentido de toda vocación. La Biblia nos inspira a vivir así: como quienes están llamados a levantarse, a recorrer su propia historia recibiendo como un don del Señor, la orientación y el sentido, para amar según sus designios (cf. 1 Co 13 y 1 Jn 4). La fe, la confianza y la fidelidad revelan aquí su indisoluble entrelazamiento» 


6 de agosto de 2026.- (Camino Católico).-  “De san Francisco, sin embargo, aprendan la radicalidad evangélica, que es lo contrario del fundamentalismo: no los vuelve ciegos ni violentos, sino sensibles, atentos, siempre en el seguimiento de Jesús y, por tanto, humildes y acogiendo a todos. No es fácil, pero da mucha alegría”, ha subrayado el Papa León XIV en su respuesta a Karolina de Zagreb, que ha sido una de las tres personas que le ha preguntado, esta mañana, en nombre de los 2.500 de jóvenes, de entre 18 y 33 años, reunidos en la Plaza de Santa María de los Ángeles de Asís, que participan del GO! Franciscan Youth Meeting, procedentes de toda Europa y de otros continentes. Entre ellos hay representantes de Bosnia y Herzegovina, Croacia, Polonia, Bélgica, Portugal, Suiza, Eslovaquia, Hungría, Reino Unido, Irlanda, Austria, Rumanía, España, Estados Unidos, Alemania, Vietnam, Francia, Sudán del Sur, Países Bajos, Chipre y Albania.

León XIV ha llegado a Asís en helicóptero alrededor de las 8:28 de la mañana. Tras aterrizar en las inmediaciones del Teatro Lyrick de Santa María de los Ángeles, fue recibido por Mons. Felice Accrocca, obispo de Asís; Stefania Proietti, presidenta de la Región de Umbría; Francesco Zito, prefecto de Perugia; Valter Stoppini, alcalde de Asís; y Massimiliano Presciutti, presidente de la Provincia de Perugia.

Este histórico encuentro del Papa en la Porciúncula se enmarca en las celebraciones del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís. León XIV ha querido situar a los jóvenes en el centro de este año jubilar dedicado al santo de Asís.


Poco después, el Santo Padre se ha trasladado en automóvil a la Basílica de Santa María de los Ángeles. A su llegada al convento fue recibido por los ministros generales de las órdenes franciscanas: fray Massimo Fusarelli, OFM; fray Carlos Alberto Trovarelli, OFM Conv.; y fray Roberto Genuin, OFM Cap.

A través de tres preguntas formuladas por jóvenes provenientes de Croacia y de distintas regiones de Italia, el Santo Padre abordó algunos de los grandes desafíos que enfrenta la juventud de hoy: el testimonio cristiano en un mundo fragmentado, el valor de las decisiones definitivas y el amor a la Iglesia en medio de sus heridas. En el vídeo de Vatican News se visualizan y escuchan las preguntas de los jóvenes y las respuestas del Papa León XIV, cuyo texto completo es el siguiente:

VISITA PASTORAL DEL SANTO PADRE LEÓN XIV A SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES – ASÍS

DIÁLOGO DEL SANTO PADRE

CON LOS JÓVENES 


Santa María de los Ángeles (Asís)

Jueves, 6 de agosto de 2026


Pregunta de Karolina (Zagreb)

Santo Padre:

Me llamo Karolina, vengo de Croacia, de la parroquia y basílica de san Antonio de Padua, en Zagreb. Hemos crecido en parroquias franciscanas, acompañados por los frailes, aprendiendo de san Francisco que el Evangelio se anuncia ante todo con la vida, a través de la alegría, la sencillez, la fraternidad y la cercanía a cada persona. Gracias a esta experiencia, hemos descubierto una fe viva, que no se queda encerrada en las iglesias, sino que se convierte en servicio, acogida y esperanza para los demás.

Hoy, sin embargo, vivimos en un mundo que cambia rápidamente, en el que muchos jóvenes tienen dificultades para encontrar puntos de referencia, para construir relaciones auténticas y para abrir el corazón a Dios. Nosotros también deseamos ser testigos creíbles del Evangelio en los lugares donde vivimos, estudiamos y trabajamos, llevando la luz de Cristo con el estilo sencillo y fraterno de san Francisco.

Santo Padre, ¿qué consejo nos daría a nosotros, los jóvenes que crecimos en la espiritualidad franciscana, para que podamos seguir siendo auténticos discípulos de Cristo y llevar esperanza a nuestros compañeros, sin perder la alegría del Evangelio, la sencillez del corazón y esa cercanía a las personas que hace creíble todo testimonio cristiano?

Respuesta del Santo Padre

Gracias, Karolina, por esta pregunta. Y, antes que nada, ¡Buenos días a todos ustedes! Un saludo también a los jóvenes que ya están dentro de la basílica y que, creo, nos siguen asimismo a través de las pantallas. ¡Me siento realmente contento de estar aquí con ustedes! Bueno, Carolina, gracias por esta pregunta. Creo que muchos, al escucharla, han notado que ya contenía parte de la respuesta, porque has dado testimonio del estilo de sencillez, fraternidad y cercanía que te ha convencido y te ha permitido madurar en la fe, formando parte de una comunidad, pero abierta a todos. Esto ha sucedido en una región de Europa que, hace tan solo treinta años, vivió la guerra y la peligrosa mezcla entre confesión religiosa y nacionalismo. En realidad, la presencia de los franciscanos había inspirado durante siglos el diálogo y había contribuido a la convivencia pacífica entre católicos, ortodoxos y musulmanes. Hoy en día, ser fieles a esta tradición de cercanía significa ir a contracorriente, trabajando por la purificación de la memoria y cultivando la reconciliación.

A los cristianos se les pedirá cada vez más que se conviertan en artífices de paz en el seno de sociedades tentadas a instrumentalizar la religión en la confrontación de identidades. Ser testigos de Cristo sigue siendo, por tanto, fascinante y exigente, porque abre la mente y el corazón más allá de las fronteras artificiales, es decir, más allá de los miedos provocados por la desinformación y los muros del prejuicio. Alejarse de la cultura del poder y construir la civilización del amor no se comprende ni se acepta de inmediato. De san Francisco, sin embargo, aprendan la radicalidad evangélica, que es lo contrario del fundamentalismo: no los vuelve ciegos ni violentos, sino sensibles, atentos, siempre en el seguimiento de Jesús y, por tanto, humildes y acogiendo a todos. No es fácil, pero da mucha alegría.

Intenten ahora imaginar, por un momento, cómo era el lugar en el que nos encontramos, hace ocho siglos. Aquí, en pleno campo, se habían reunido con Francisco cientos de jóvenes hermanos de toda Europa. Traten de visualizarlos, tal y como relatan las Florecillas: «viendo en la explanada, […] sentados a los hermanos por grupos; sesenta aquí, cien allá, doscientos o trescientos más allá, todos a una ocupados en razonar de Dios; unos llorando de consuelo, otros en oración, otros en ejercicios de caridad; y en un ambiente tal de silencio y de modestia que no se oía el menor ruido» (Florecillas de san Francisco, cap. XVIII). Ese silencio es lo contrario de la guerra, con su violencia, sus gritos y su crueldad. Las esteras de aquellos frailes, al igual que hoy los sacos de dormir de ustedes, hablan de paz. Esta es la Iglesia: una asamblea de hermanos y hermanas, a la que todos están invitados. Queridos jóvenes, ¡qué bonito es estar juntos para “razonar sobre Dios” y de esta manera, juntos en su luz, en su vida misma, en su belleza, en su misterio, en su seriedad! Den testimonio de este estilo en todas partes, especialmente en un tiempo en el que la tecnología hace que sea más difícil que las personas de carne y hueso compartan entre sí.

San Francisco descubrió que elegir la pobreza puede acercar a los alejados, fomenta el encuentro e invita al intercambio de dones. Así, intuyó que el Evangelio no se puede separar de las decisiones de Jesucristo, quien se hizo pobre para enriquecernos (cf. 2 Co 8,9): el Evangelio es su vida, su camino, su confianza inquebrantable en el Padre. Si nos reunimos en su nombre, Él viene en medio de nosotros (cf. Mt 18,20) y la alegría que nos llena el corazón es libre y sincera (cf. Jn 20,20). Esta alegría evangeliza más que las palabras, y no se puede ocultar. Gracias.

Pregunta de Giovanni (Bolonia)

Santo Padre:

Me llamo Giovanni, tengo 27 años y vengo de Boloña. Los jóvenes vivimos inmersos en un mundo en el que reina la cultura de lo provisional y en el que nos asustan las decisiones definitivas sobre la vida. A pesar de ello, Dios, de una manera única y amorosa, nos habla continuamente y nos llama a seguirle, con una promesa de vida y de alegría, revelándonos poco a poco nuestra vocación.

Esta es mi pregunta: ¿Cómo podemos decirle un “sí” pleno y valiente, evitando “poner la mano en el arado y luego mirar atrás”, dando un peso excesivo a los cansancios y a las renuncias del camino? ¿Qué le ha ayudado a usted en su camino vocacional?

Respuesta del Santo Padre

Gracias, Giovanni, por esta pregunta que, diría yo, es valiente, llena del anhelo por lo que perdura. Hoy en día tendemos a hablar negativamente de lo provisional. Sin embargo, antes era la Iglesia la que educaba con insistencia en el sentido de lo provisional: este mundo pasa, el tiempo corre, las cosas terrenales son cambiantes. Sólo Dios permanece, porque Dios es eterno. Debemos preguntarnos, pues, qué ha cambiado, para no estar entre aquellos que añoran el pasado y, por ello, no afrontan el presente ni asumen responsabilidades para el futuro.

En casi todo el mundo está desapareciendo la estabilidad de las sociedades tradicionales; aquella, gracias a la cual, generaciones enteras solo podían ver cambios mínimos a lo largo de una vida. En su seno, todo estaba muy regulado y predeterminado. Entonces, el testimonio de la Iglesia invitaba a no acomodarse en un destino ya escrito, a discernir el valor de cada gesto individual en relación con la eternidad. Hoy, en cambio, con una interpretación a veces confusa de la libertad, nos ilusionamos pensando que la vida nunca se resuelve de una vez por todas, porque el contexto en el que vivimos cambia rápidamente y nosotros también cambiamos mucho. Con ello, sin embargo, aumentan asimismo el miedo y la posibilidad de perderse. En este contexto, el valor de tomar una decisión definitiva es quizás el acto más revolucionario.

Tomar una decisión para siempre no nos encierra en una jaula, sino que nos abre a un dinamismo mayor. Amar es un éxodo, un camino por descubrir, un recorrido en el que Dios anda con nosotros, y este es el verdadero sentido de toda vocación. La Biblia nos inspira a vivir así: como quienes están llamados a levantarse, a recorrer su propia historia recibiendo como un don del Señor, la orientación y el sentido, para amar según sus designios (cf. 1 Co 13 y 1 Jn 4). La fe, la confianza y la fidelidad revelan aquí su indisoluble entrelazamiento. De este modo, en la fe desmontamos la ilusión de que los problemas se resuelven huyendo, traicionando o intentando dar unos pocos pasos por caminos siempre diferentes, sin llegar nunca muy lejos. De hecho, se pueden multiplicar las experiencias, los contactos y el consumo, pero permaneciendo siempre en el mismo punto. El coste humano es elevado y el vacío interior es profundo. No es raro que se llegue a utilizar a las personas y a ser utilizados por ellas. El “para siempre”, entonces, es una gracia a la que Dios mismo nos ayuda a responder con nuestra fidelidad, para alcanzar la plenitud de la vida (cf. Jn 10,10).

Desde la adolescencia es importante, por tanto, aprender a conocerse a sí mismo, a tomar decisiones y a arriesgarse —es decir, a responder a la llamada del Señor— sin dejar de hacerlo en la edad adulta, tanto en las decisiones ya tomadas como ante las que aún quedan por tomar. Es una aventura en la que nadie debe sentirse solo y que, al igual que la fe, durará hasta el último instante. Por mi propia experiencia, puedo decir que el Señor nunca me ha abandonado: siempre me ha acompañado, regalándome incluso personas con quienes caminar juntos. Así, en mi vocación a ser sacerdote, miembro de la comunidad agustina y misionero, he encontrado una especie de luz que me ha guiado hasta hoy, hasta el momento en que tuve que decir “sí” también a una llamada muy especial: la de ser Papa.

En la adhesión al proyecto único que Dios manifiesta para cada uno de nosotros, la llamada fundamental, inscrita en cada corazón, es una llamada a la comunión y no se escucha una sola vez, sino cada día. El pecado enturbia la claridad sobre este punto introduciendo, en los vínculos fundamentales, desconfianza, rivalidad y recelo. En cambio, gracias a Dios, toda vocación es también un camino de redención y sanación. La invitación de Jesús, que nos llama a seguirle, ilumina nuestra dignidad y nos hace honrar la de los demás, sintiendo confianza y depositándola en los demás: esta dinámica es tan liberadora que merece toda nuestra pasión. Gracias.

Pregunta de Luigi (Paternò, Sicilia)

Santo Padre:

Me llamo Luigi, tengo 22 años y soy de Paternò, un pueblecito de Sicilia. Soy portavoz de la Juventud Franciscana de Sicilia, un grupo de jóvenes que sigue el carisma franciscano. Me gustaría plantearle una pregunta sobre un aspecto de san Francisco que me llama mucho la atención.

«El hermano Francisco promete obediencia y reverencia al señor papa Honorio y a sus sucesores canónicamente elegidos y a la Iglesia Romana» (Regla bulada I, 2). A pesar de vivir en una época en la que la Iglesia se veía marcada por contradicciones y dificultades internas, no elige el camino de la herejía; no ataca ni juzga a la Iglesia de aquel tiempo, sino que prefiere obedecer al Papa. La suya es una elección libre y revolucionaria, al más puro estilo «menor», cuyo único objetivo es vencer la miseria del juicio con la compasión y la reparación que sólo el Amor puede dar.

Hoy en día, muchos jóvenes dicen que “creen, pero no en la Iglesia” y, desde nuestras comunidades, observamos a veces una Iglesia con sus contradicciones y sus crisis internas; por eso me pregunto: ¿cómo hacemos para permanecer en este Amor reparador? ¿Por qué resulta difícil en la actualidad ver a la Iglesia como una Madre que, incluso con sus heridas, siempre está dispuesta a acogernos y a amarnos?

Respuesta del Santo Padre

Gracias, Luigi. Tu pregunta es una pregunta de actualidad, que nos lleva al corazón de la experiencia de san Francisco. Abordarla significa compartir un deseo: el deseo del Señor Jesús respecto a la Iglesia. Francisco lo escuchó mientras contemplaba al Crucificado. Deberíamos volver siempre a este deseo. Muchas personas a lo largo de la historia, y también ahora, no han podido experimentar la Iglesia tal y como Jesucristo quiere que ella sea. Esto causa sufrimiento, deja heridas y decepciones, y para algunos puede llegar incluso a convertirse en un obstáculo para creer.

En el Evangelio, Jesús nos alerta sobre este tipo de tropiezo, es decir, sobre el escándalo que sus discípulos pueden causar a los demás, especialmente a los pequeños y a los pobres. El deseo de Jesús —lo vemos en el grupo que desde el principio se forma a su alrededor— es reunir a un pueblo en el que se supere aquello que suele dividir a los seres humanos. Alrededor de Jesús se convierten en hermanos y hermanas hombres y mujeres que, de otro modo, nunca se habrían conocido o tratado. Cuando este milagro de la Iglesia sigue ocurriendo, gracias a Dios, sigue siendo sorprendente incluso hoy en día en nuestras ciudades, llenas de muros invisibles que nos separan unos de otros. ¡Cuántas discriminaciones y desigualdades podrían acabar de inmediato, en cuanto nos reconozcamos como hermanos y hermanas!

Hay, además, otro aspecto de esta revolucionaria unidad. Jesús dice: «¡Que no sea así entre ustedes!» (Mc 10,43), es decir, no debe ser como entre los grandes de la Tierra y los poderosos del mundo, que buscan protagonismo y se imponen sobre los demás. Por el contrario, Jesús nos dice: «el que quiera ser importante que se haga servidor de los demás; y el que quiera ser el primero entre ustedes, que se haga esclavo de todos» (ibíd.). El deseo de Jesús para la Iglesia es claro: se trata de que nos convirtamos en su cuerpo y manifestemos su vida, seguir su ejemplo y ejercer un tipo diferente de fuerza, que no humilla, sino que levanta.

La Palabra de Dios, los sacramentos y la práctica del amor fraterno son caminos de transformación para hacer realidad en nosotros la imagen de Cristo. Francisco los recorrió: no dominar, sino servir; no aferrarse, sino recibir; no retener, sino devolver: es la vida de Dios la que repara la Iglesia y la convierte en un pueblo libre, un lugar de respiro y de salvación. «Francisco, ¿no ves que mi casa se derrumba? Anda, pues, y repárala» (TC V,13): cada uno de nosotros tiene un papel en esta obra siempre en marcha. Tenemos diferentes responsabilidades y vocaciones, pero caminamos juntos, inspirándonos, ayudándonos y corrigiéndonos mutuamente. Es importante colaborar con nuestra parte. Entonces hablaremos de la Iglesia con el cariño con el que se habla de una Madre, porque reconoceremos que le pertenecemos. Será una forma sincera de amar a esas personas y a esa historia en la que Jesucristo viene a nosotros y permanece con nosotros. «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin de los tiempos» (Mt 28,20). Con humildad, este es el Evangelio que anunciamos. Para compartir el deseo del Señor, pues, no hace falta que aparentemos ser mejores de lo que somos. Es necesario reconocer y dejar que Jesús Resucitado actúe en nuestra vida, en la historia de todos nosotros. Gracias.

Concluyamos esta primera parte pidiendo la gracia de Dios, la bendición del Señor para cada uno y para todos nosotros. [bendición]

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 6-8-2026

Santa Misa de hoy, jueves, la Transfiguración del Señor, presidida por el Papa León XIV, en Asís, 6-8-2026


Foto: Vatican Media, 6-8-2026


8 de agosto de 2026.- (Camino Católico) En su visita pastoral a Asís, el Papa celebra en Santa María de los Ángeles la misa de la Transfiguración del Señor con los jóvenes participantes en el «Go! Franciscan Youth Meeting 2026!» y en su homilía les invita a seguir a Cristo, a «vencer la resignación y el miedo» y a «escribir nuevas páginas de la historia». San Francisco es un ejemplo a imitar; «Europa y el mundo entero buscan» en las nuevas generaciones «nuevos santos» y «artífices de la paz» comprometidos con «servir a la vida en los escenarios más trágicos de la muerte». En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.


Emilio Ferrando: «Llevaba 35 años alejado de Dios y tuve una vida de éxito, pero todo se desmoronó; era adicto a la cocaína e intenté suicidarme; mi cuñado me trajo a Medjugorje engañado, conocí a Dios y dejé la adicción»

Emilio Ferrando fue para tres días a Medjugorje y lleva viviendo allí ahora hace doce años y medio desde su conversión

* «El Señor lo encajó todo para que entrase en la iglesia de Santiago Apóstol en Medjugorje. Cuando lo hice, tras más de 20 años adicto, mi problema con las drogas se acabó de golpe: nunca tuve síndrome de abstinencia y el Señor me libró de la droga en ese mismo momento… Me encontré con un sacerdote croata que hablaba español y me acabé confesando con él. Fue mi resurrección: lo primero que hice al volver fue hacer las paces con mi familia, contarles mi problema y confesé que lo único en lo que pensaba era en volver: tenía que regresar solo»

Vídeo del testimonio de Emilio Ferrando en 2016 en H.M. Televisión  

Camino Católico.- Cuando Emilio Ferrando tenía 13 años, la muerte de su padre fue traumática para toda la familia. Se adentró precozmente "en un infierno" en el que la droga se apoderó de su vida durante décadas. Un día, iba a saltar por la ventana cuando su perro lo impidió. Pronto supo que Dios y la Virgen María querían devolverle a la vida. Él, doce años y medio después lo resume así: "Llevaba 35 años alejado de Dios. Tuve una vida de éxito, pero todo se desmoronó. Era adicto a la cocaína. Tuve un intento de suicidio. Mi cuñado me trajo a Medjugorje engañado”.

La muerte del padre y el alejamiento de Dios

Tenía 13 años y su padre, un prestigioso arquitecto, acababa de inaugurar la Obra Social de la Caixa, en Madrid. Era Navidad, y volvía junto a su familia en Valencia cuando tuvo un mortal accidente de tráfico.

"Mi vida cambió en cuestión de 1 segundo. Mi madre pasó de ser ama de casa con 42 años y 8 hijos a dirigir una empresa de más de 70 trabajadores. Su muerte fue traumática, no entendía nada. No es lo mismo que una enfermedad, que te da tiempo a despedirte de él. No lo acepté y saqué a Dios de mi vida y dejé de ir a misa", explica.

El hecho de que su colegio fuese católico no era obstáculo para que un verdadero alijo de drogas fuese una de las principales distracciones en la hora del descanso. "Con 14 años empecé a tener mis primeros flirteos con la droga, tenía una compañera de 15 que en vez de tomarse `el típico bocata se fumaba dos porros en media hora".

 Emilio Ferrando en la adolescencia cuando se alejó de Dios

La doble vida y la adicción

Emilio no tardó en seguir a su compañera. Empezó a fumar porros con ella, "iba a clase colocado" y todo empezó a complicarse. Eran los años 80, tiempos de la "ruta del bakalao" y la movida, y Emilio seguía en el colegio cuando empezó a experimentar con drogas químicas, mescalina y ácidos "para poder estar hasta 72 horas sin parar".

Cuando viajó a Nueva York, su "Sodoma y Gomorra particular", el joven se sumergió "en una vorágine de promiscuidad sexual" y drogas en la que el LSD la heroína y otras drogas psicodélicas eran parte de su día a día. "Al principio las utilizaba para divertirme pero llegado un momento, se apoderaron de mi vida", afirma.

Pero Emilio siempre pudo mantener "una doble vida" con su familia y un trabajo de éxito sin que se viesen afectados. "Tenía un cargo de responsabilidad en una multinacional americana, ganaba muchísimo dinero y compraba lo más caro", explica.

Ese puesto le permitía tener una vida "absolutamente superficial". Podía irse a Ibiza y gastar 6000 euros en un fin de semana, yendo a fiestas "con gente muy importante de Madrid donde todo el mundo consumía, daba igual del partido político que fuesen".

Pero la droga tuvo consecuencias. "Empecé a tener problemas de comunicación, dejé de salir y relacionarme, un camello me traía la droga a casa y me ponía `hasta las cejas´", admite.

El dinero también comenzó a ser un problema, ya que "si lo primero que haces al despertarte es meterte una raya y consumes 2 o 3 gramos al día, las consecuencias económicas son enormes".

Emilio aún podía compaginar su adicción con un buen nivel de vida cuando empezó a tener graves problemas de salud, contrajo hepatitis c y le tuvieron que ingresar sucesivamente en multitud de hospitales.

Emilio Ferrando con la imagen de la Virgen en Mejugorje

El desmoronamiento y el intento de suicidio 

En 2008, Emilio estaba cerca de tocar fondo. "Era la crisis, había dejado la multinacional y me costaba encontrar trabajo", explica.

Durante un tiempo pudo emprender y comenzar sus propios proyectos, pero los costes de su adicción comenzaban a ser insostenibles: "Empecé a tener problemas económicos, impagos de la hipoteca, el banco se me echó encima y perdí la casa. Estaba arruinado".

Emilio cuenta que en ese momento su vida no tenía ningún sentido, tenía a "todo el mundo encima" y la relación con su familia estaba prácticamente rota. Con el último dinero que le quedaba compró 5 gramos de cocaína y empezó "a esnifar una raya detrás de otra". Tenía que estar muy drogado para lo que iba a hacer.

Emilio abrió la ventana de su balcón, se preparó para coger carrerilla y lo único en lo que podía pensar era en el tiempo que iban a tardar en desatar a su mascota. "Cuando iba a lanzarme para suicidarme, mi perro empezó a ladrar, se puso delante de mí y me empujó hacia atrás sobre sus dos patas. Le abracé y entendí que Dios le había utilizado para que no lo hiciese", explica.

La transformación en Medjugorje

El mismo día, cuenta Emilio años después, su cuñado soñó que debía llevarle a Medjugorje y para lograrlo le ofreció un puesto en su empresa con la condición de que le acompañase.

"Siempre dije que fue un complot familiar en el que todos sabían a dónde iba menos yo, y cómo última esperanza de mi familia, decidieron enviarme a Medjugorje", comenta.

Nada más llegar, Emilio solo quería dar marcha atrás, volver a su casa y abandonar "aquel pueblo frío y oscuro, pero solo tenía 1 euro en el bolsillo y dependía completamente de mi cuñado".

Tras 25 años metido en las drogas, hostil a la fe desde grupos de extrema izquierda y abortistas y con "una vida precoz en todo", Emilio comenzó su viaje pensando que "era el peor caso para ir a Medjugorje".

Sin embargo, lo que ocurrió al llegar le mostró lo equivocado que estaba. "El Señor lo encajó todo para que entrase en la iglesia de Santiago Apóstol. Cuando lo hice, tras más de 20 años adicto, mi problema con las drogas se acabó de golpe: nunca tuve síndrome de abstinencia y el Señor me libró de la droga en ese mismo momento", relata.

Pasado el tiempo, Emilio cuenta que de no haberse confesado su vida no habría sido la misma. Pero entonces no lo sabía, y en un principio se negó a ponerse de rodillas tras 35 años de oscuridad y de pecado.

"Me encontré con un sacerdote croata que hablaba español y me acabé confesando con él", explica. "Fue mi resurrección: lo primero que hice al volver fue hacer las paces con mi familia, contarles mi problema y confesé que lo único en lo que pensaba era en volver: tenía que regresar solo", explica.

Pero esta vez volvería solo y sin límite de tiempo, y lo primero que hizo al volver fue visitar la estatua blanca de la virgen. "Me puse de rodillas y le dije: `Me han dicho que eres madre. Si eres madre de todos, también eres mi madre. No sé cómo encontrar sentido a mi vida ni cómo llegar a tu hijo, pero si eres madre me tienes que ayudar a llegar a tu hijo y conocerle´".

Sus palabras fueron escuchadas. Emilio comenzó a trabajar en la delegación de Radio María de Medjugorje y la Virgen le ayudó "a conocer a su hijo. Yo se lo pedí, ella lo ha hecho y me ha hecho un hombre nuevo", afirma.

Pasado el tiempo Emilio comenzó a organizar peregrinaciones para visitar el centro de apariciones, y una de sus conocidas le confesó que siempre ponía su ejemplo cuando le preguntaban por Medjugorje. "Cuando intento explicar qué es, enseño una foto tuya del primer día que viniste y otra con tu cara sonriente y tus ojos diferentes de los últimos días: eso es Medjugorje".

Emilio fue para tres días a Medjugorje. Doce años y medio después, continúa viviendo en la localidad bosnia, que es lugar de peregrinación de millones de católicos de todo el mundo. “No tenía ni idea de lo que era Medjugorje. Llevaba 35 años alejado de Dios y de la fe”, reconoce.

Magda en una confesión volvió al Señor que obró milagrosamente para que pudiera tener 4 hijos por intercesión del Beato Honorato de Biała: «Antes de conocer a Dios, vivía con miedo; he aprendido a confiarle todo»

Magda, su esposo Zenón y sus cuatro hijos / Foto: Archivo Własne - Aleteia

* «En el hospital, mientras lloraba y estaba aterrorizada, una enfermera me preguntó si podía rezar por mi. Fue entonces cuando Dios nos ayudó. Una paz inmensa me invadió. Comprendí que Dios estaba con nosotros. Esta confianza me trae una paz profunda. Sé que Dios siempre vela por nosotros»

Camino Católico.- Durante su primer embarazo, los médicos le dijeron a Magdalena que una grave enfermedad genética representaba un riesgo mortal tanto para ella como para su bebé. También le aconsejaron que no volviera a embarazarse. Sin embargo, más de veinte años después, Magda es madre de cuatro hijos.

Consagrada a la Virgen María desde niña por su madre, Magda creció en la fe en Polonia. En su adolescencia, la lectura de un libro sobre las almas del purgatorio impactó profundamente su vida espiritual. Sin embargo, durante la secundaria y luego en la universidad, se fue alejando gradualmente de la Iglesia y los sacramentos, atraída por las fiestas con sus amigos. Durante este tiempo, su familia continuó orando por ella y por su conversión, hasta que un día, su parroquia recibió una imagen del Señor de la Misericordia. Al verla, Magda sintió de repente el deseo de confesarse. Así fue como regresó a la fe. 

Durante la Jornada Mundial de la Juventud en Roma en el año 2000, se dio cuenta de que se podía amar la música rock, como ella, y aun así vivir la fe plenamente. Entonces se unió al movimiento Renovación en el Espíritu Santo, asistió a varios retiros y pronto conoció a Zenón, un joven creyente apasionado por la música, de quien se enamoró y con quien se casó en 2003.

Un diagnóstico impactante y la ayuda del beato Honorato de Biała Podlaska

Magda quedó embarazada de su primer hijo. Pero apenas ocho semanas después, un fuerte dolor en la pierna izquierda reveló una trombosis masiva. Los médicos descubrieron entonces que padecía trombofilia hereditaria grave. El diagnóstico fue alarmante: tanto un parto natural como una cesárea presentaban grandes riesgos para la madre y el bebé.

“En el hospital, mientras lloraba y estaba aterrorizada, una enfermera me preguntó si podía rezar por mi. Fue entonces cuando Dios nos ayudó. Una paz inmensa me invadió. Comprendí que Dios estaba con nosotros", recuerda a Dorota Niedźwiecka en Aleteia. La enfermera también le dio una oración por su hijo, que recitó durante todo su embarazo.



Magda y su esposo Zenón / Foto: Archivo Własne - Aleteia

En su octavo mes de embarazo, un amigo jesuita le aconsejó que encomendara a su hija al beato Honorato de Biała Podlaska en su festividad. Este frailencontrarmee capuchino polaco luchó por la independencia de Polonia en el siglo XIX y fundó 27 congregaciones y comunidades religiosas que trabajaron para preservar la fe y ayudar a los perseguidos. El beato también se distinguió como un eficaz intercesor en las dificultades familiares. Magda comenzó entonces a rezarle junto a su esposo y, contra todo pronóstico, el parto transcurrió sin mayores complicaciones. Su hija, Ania, nació sana.

Una nueva prueba y una recuperación inesperada

Los médicos recomendaron esperar antes de considerar otro embarazo. La pareja entonces consideró la adopción. Pero antes incluso de iniciar el proceso, Magda descubrió que estaba embarazada de nuevo. "Nos enteramos en un día simbólico: Nochebuena. Comprendimos que este hijo tan deseado era un regalo de Dios", relata Magda. En su octavo mes, Magda comenzó a sentir dolores de espalda y de costado. Mientras buscaba un lugar tranquilo para rezar, entró en una iglesia capuchina y se encontró cara a cara con el retrato del Beato Honorato de Biała Podlaska. Lo interpretó como una señal providencial y le encomendó a su hijo y el parto una vez más. Dos meses después, su hijo Stas nació sin complicaciones.

Un mes después de dar a luz, Magda supo que la enfermedad aún la aquejaba. También padecía otra enfermedad genética: espondilitis anquilosante. El dolor era a veces tan intenso que ya no podía cargar a sus hijos. Durante el día, su madre los cuidaba, y por la noche, su esposo. Decidió ofrecer este sufrimiento a Dios en oración. Unos meses más tarde, recibió otro diagnóstico: osteoporosis avanzada. "Tenía miedo. Me preguntaba qué iba a pasar después", relata.

Seis meses después de este diagnóstico, durante una misa de sanación oficiada por una figura carismática, escuchó las palabras: "Magdalena está curada de osteoporosis". Convencida de que era ella, se sometió a más pruebas. Los resultados demostraron inequívocamente que la osteoporosis había desaparecido. Los médicos incluso repitieron las pruebas para confirmar lo que apenas podían creer. Para Magda y su esposo, esta curación fue una invitación a intentar tener un tercer hijo. Desde el comienzo de este tercer embarazo, lo encomendaron una vez más al Beato Honorato.

Un accidente providencial y una entrega total a Dios

Unos meses después, Magda sufrió un accidente de coche. El accidente le provocó un parto prematuro y salvó la vida de su bebé. Los médicos descubrieron un nudo grande en el cordón umbilical. Unos días después, podría haberse apretado por completo y su bebé podría no haber sobrevivido. Pero el pequeño Antos nació sano y salvo, y Magda organizó una misa de acción de gracias. Descubrió que se celebraba el día de la festividad del beato Honorato. Magda sonrió: "Lo vi como una confirmación de que él seguía velando por nosotros", confesó.



Magda y su familia / Foto: Archivo Własne -
Aleteia

Poco después, la pareja encontró la casa de sus sueños, por la que habían orado durante mucho tiempo. Fue en esta época cuando nació su cuarto hijo, Krzysiu. Mientras tanto, a pesar del empeoramiento del dolor articular, Magda conoció a un médico que la ayudó a adoptar un estilo de vida más saludable y eso la ayudó a recuperar su vida. Pudo retomar su trabajo como psicóloga y, junto con su esposo, se involucró activamente en la vida de la Iglesia. Hoy, dirige dos grupos de oración para el rezo del rosario.

Al reflexionar sobre su camino, Magda encuentra un hilo conductor: la presencia fiel de Dios a su lado y la constante intercesión del beato Honorato. "Antes de encontrarme con Dios, vivía con un miedo inmenso. Hoy, a pesar de las dificultades, he aprendido a confiarle todo. Esta confianza me trae una paz profunda. Sé que Dios siempre vela por nosotros".

Carmina Santamaría que contó al Papa en Barcelona su intento de suicidio: «Abrazar a León XIV fue sentir que he hecho una cosa grave, pero el Señor me quiere igual y me perdona; Dios estuvo conmigo antes de ese paso desesperado»

Carmina Santamaría Tejada cuenta su testimonio de superación de la depresión dos meses después de haberlo compartido con el Papa León XIV en Barcelona

* «La mano de Dios estuvo conmigo antes, incluso antes de ese paso desesperado. Perseveré durante tanto tiempo... no solo gracias a una buena terapia, que me ayudó muchísimo. Estábamos saliendo de la pandemia de la COVID-19, y recuerdo ir a misa todas las tardes. Llevábamos mascarillas, y lloraba durante toda la misa porque ya no me quedaban fuerzas. Y aun así, antes de irme, decía: 'Señor, nos vemos mañana. Señor, volveré mañana; puedo aguantar un día más'. Y eso fue lo que hice cada día»

Video de Vatican News del testimonio de  Carmina Santamaría Tejada

Camino Católico.- A poco menos de dos meses de su testimonio ante León XIV, en el estadio de Barcelona, la joven Carmina Santamaría Tejada recuerda cómo salió de la oscuridad de la enfermedad que la llevó incluso a intentar suicidarse. «La cabeza empieza a jugarte malas pasadas, la sonrisa se convierte en un muro, llegas a pensar que vales menos que una piedra y te olvidas de ti misma». La ayuda, aunque tardía, llegó gracias a las terapias, a la música y a aquella cita diaria para asistir a Misa. Y enfatiza: «Abrazar a León XIV fue sentir que he hecho una cosa grave, pero el Señor me quiere igual y me perdona; Dios estuvo conmigo antes de ese paso desesperado».

Carmina Santamaría Tejada tiene un rostro radiante y una sonrisa sincera. Es profesora de español de treinta y cinco años. Encontró el valor para romper lo que ella llama un tabú: hablar de salud mental. Ha compartido con millones de personas su lucha contra la depresión, que, desde la adolescencia, le causó un sufrimiento inimaginable e incluso la llevó a un intento fallido de suicidio. El 9 de junio de este año, Carmina y otros jóvenes se reunieron en el Estadio Olímpico de Barcelona para un encuentro con el Papa, compartiendo sus esperanzas y preocupaciones.

El abrazo del Papa: un respiro y descanso  para el alma.

«Fue un abrazo verdaderamente cálido, un abrazo que me brindó consuelo. Como cuando estás cansado y de repente alguien te abraza y todo el peso desaparece: esa carga emocional, ese pesado equipaje que llevas… Abrazar al Papa fue como sentir que he hecho una cosa grave, pero el Señor me quiere igual, el Señor me perdona» Así recuerda Carmina a Vatican News, casi dos meses después, su sincera conversación con León XIV, la sensación de ser profundamente comprendida y la experiencia de la gracia: una presencia amorosa, paternal y muy tangible. «Fue un momento de respiro y descanso para el alma.»

Era el comienzo de la Cuaresma . Carmina trabajaba en la pastoral juvenil de Barcelona, ​​preparando canciones para el coro que dirige. El sacerdote a cargo de la pastoral se le acercó y le contó que acababa de presenciar un suicidio. Estaba profundamente afectado. «Hablamos y le conté mi historia personal, una parte de mi vida que él desconocía. Unos días después, me llamó y me pidió que compartiera mi experiencia con el Santo Padre durante su próxima visita. Me preguntó: "¿Te gustaría hacerle una pregunta al Papa?"»

Encuentros con Dios: una razón para vivir

Así, de una conversación casual surgió la oportunidad de sacar la oscuridad a la luz, la cual, gracias al tratamiento adecuado, finalmente se transformó de nuevo en luz: una luz interior y una luz para los demás. Carmina habla de la "segunda oportunidad" que recibió tras su fallido intento de suicidio. "La mano de Dios estuvo conmigo antes, incluso antes de ese paso desesperado. Perseveré durante tanto tiempo... no solo gracias a una buena terapia, que me ayudó muchísimo. Estábamos saliendo de la pandemia de la COVID-19, y recuerdo ir a misa todas las tardes. Llevábamos mascarillas, y lloraba durante toda la misa porque ya no me quedaban fuerzas. Y aun así, antes de irme, decía: 'Señor, nos vemos mañana. Señor, volveré mañana; puedo aguantar un día más'. Y eso fue lo que hice cada día".

Música y coro: un bálsamo para el alma

Carmina da clases de inglés y música. La música —cantar, componer, tocar la guitarra y el piano— siempre ha sido su vía de escape emocional, que también se convirtió en una forma de terapia. «Cuando me sentía mal, cuando estaba deprimida, me ayudaba mucho. Cogía la guitarra y empezaba a cantar. Cantaba himnos a la Virgen María, incluso canciones tristes, le cantaba al Señor. Y cuando terminaba, simplemente me sentía mucho más tranquila. Me ayudó muchísimo y me hizo sentir mucho mejor».

También lo expresó durante un evento especial, al día siguiente de reunirse con el Papa en el estadio. En la iglesia de Sant Augustin de Barcelona, ​​su coro, "Sent la Creu", ofreció el acompañamiento musical para el encuentro del Papa con trabajadores de obras de caridad en el barrio del Raval.

Carmina Santamaría Tejada, a la izquierda, es la directora del coro «Sent la Creu», que  ofreció el acompañamiento musical para el encuentro del Papa con trabajadores de obras de caridad en el barrio del Raval en la iglesia de San Agustín en Barcelona

Irradia seguridad en sí misma, compromiso y la capacidad de crear armonía, tanto en su interior como a su alrededor. Tiene la habilidad de transformar la cruz en liberación. De hecho, ya lo había hecho antes, cuando cargó la gran cruz de los jóvenes ante el Papa en el estadio. Una «carga» que se convierte en «gloria».

La pandemia y la fragilidad de la juventud

Carmina es la quinta de seis hermanos y habla con orgullo de su hermosa y numerosa familia. Originaria de Alicante, imparte clases en un colegio de Hospitalet y mantiene un vínculo muy fuerte con sus alumnos. Reconoce su vulnerabilidad. La adolescencia es, por naturaleza, una etapa de especial vulnerabilidad, y las redes sociales se están convirtiendo en una amenaza cada vez mayor para la salud mental de los jóvenes. Es ampliamente aceptado que la pandemia de COVID-19 marcó un punto de inflexión; hasta el día de hoy, muchos chicos y chicas siguen experimentando las consecuencias psicosomáticas de este periodo tan traumático.

Para Carmina, la pandemia también exacerbó problemas que ya existían. "Cuando era adolescente, sufrí depresión y nunca me curé del todo. Simplemente seguí adelante. Y entonces llegó la COVID. Estaba estudiando en la universidad mientras trabajaba casi a tiempo completo. El agotamiento, la creencia de que no valía nada, de que era una carga para los demás... La sensación de que solo me necesitaban cuando ayudaba a los demás. Como persona, no valía nada. Y ese sentimiento se hizo cada vez más fuerte."

Y añade: “No te das cuenta hasta que llegas a un punto de agotamiento total, tanto mental como físico. Es entonces cuando tu mente empieza a jugarte malas pasadas. Te dice que no vales nada, que tienes que hacer algo pero que no puedes hacerlo bien. Sigues trabajando, esforzándote al máximo, trabajando aún más duro, hasta que finalmente empiezas a pensar que vales menos que la piedra que tienes al lado. Y te olvidas de ti mismo”.

Una sonrisa se convierte en un muro

El olvido de uno mismo deja de ser un signo de sana humildad y se convierte en un deseo de borrar la propia existencia, de desaparecer, de apartarse del camino. «Es un error del que solo te das cuenta cuando ya has tocado fondo y te preguntas: "¿Y ahora qué?". Lo primero que pensé al despertar del intento de suicidio —convencida de que no volvería a despertar— fue: "¿Qué he hecho? Si quiero vivir, ¿cómo he podido llegar a este punto? Durante tantos años he luchado por seguir adelante, por salir de esto. ¿Cómo he podido acabar así?"»

Providencialmente, uno de sus hermanos, con quien mantiene una relación particularmente cercana, la animó a buscar ayuda profesional después de casi tres años de este doloroso proceso. «Pedí ayuda demasiado tarde», admite. Hoy ha recuperado la alegría de vivir y la disfruta plenamente. Muchos deseos la invaden, entre ellos formar una familia. Pero, sobre todo, su perspectiva y su conciencia han cambiado, incluyendo la comprensión de que el sufrimiento no debe «espiritualizarse» ni reducirse únicamente a la dimensión espiritual. Esta fue la respuesta que recibió de León XIV . «El Señor lo sabe», asegura Carmina. «El Señor camina con nosotros. Es todopoderoso». «Pero en esos momentos, uno no se da cuenta».

Carmina Santamaría Tejada haciendo camino 

Tabú adolescente: Siempre conectados, pero solos

"Hablar de estas cosas sigue siendo un gran tabú", señala. Lo ve a diario en la escuela, observando las máscaras que se ponen los jóvenes. "Estamos muy conectados, pero de una manera muy superficial. No desarrollamos relaciones profundas. Antes tenías tres amigos, pero esos eran vínculos realmente valiosos. Hoy tienes quinientos amigos, y tus relaciones son muy superficiales. No es que estas personas no sean valiosas, es la relación en sí la que es superficial. Así es como te engañas a ti mismo. Piensas: 'Tengo muchos amigos, hablo con mucha gente, así que no estoy solo'. Pero en realidad, estás solo. Porque cuando sufres, cuando tienes problemas, no sabes a quién contárselo. No sabes en quién confiar para que no se rían de ti, te juzguen o se lo cuenten a otra persona".

Por eso la gente no habla de ello. Se aíslan aún más. Y una sonrisa, aunque hermosa, también puede ser mortal. En mi caso, nadie a mi alrededor sabía que sufría de depresión. ¿Por qué? Porque siempre he vivido con una sonrisa. Siempre. Es como una barrera: la gente ve una sonrisa y deja de preocuparse. Y la mente tiene un poder enorme. Si no aprendes a controlarla, puede destruirte por completo.

¿Dónde ha quedado la empatía?

"Me preocupan mis alumnos. Esto me preocupa mucho porque veo mucho sufrimiento en ellos, mucho sufrimiento silencioso. Veo que no se abren, que están muy cerrados, que hay mucha pretensión: fingen que son geniales, que todo está bien, que son líderes... Por eso en la escuela intentamos que tomen conciencia de la importancia de tener un corazón sano, una mente sana y una vida sana. Sin embargo, veo que luchan con una enorme presión por ser bellos, perfectos, interesantes, siempre más a la moda. Y eso no ayuda en absoluto." Lo que realmente ayuda es no tener miedo de nuestra propia agitación interior. El Papa también nos lo recordó en su mensaje en vídeo dirigido recientemente a los jóvenes portugueses que participaron en el encuentro "Alégrense" en Lamego. Se trata de recuperar la conciencia de que somos seres humanos, no superhéroes. Así son los santos. Así es Cristo.

«Valores como la empatía y el respeto están desapareciendo, porque al final, solo importan mis intereses, mis preocupaciones, mi espacio... No compartimos, no hablamos, no entablamos un diálogo real, no hay un intercambio auténtico, no hay voluntad de ceder», afirma Carmina. León XIV nos recuerda que recuperar nuestra humanidad —incluso en sus dimensiones frágiles y vulnerables— nos capacitará para transformar el mundo para mejor. Carmina lo sabe hoy. Y a esto dedica su vida. Reproducimos a continuación el texto completo de la pregunta que Carmina hizo al Papa y la respuesta de León XIV:

Carmina Santamaría Tejada preguntando al Papa León XIV hace dos meses en Barcelona

VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)

VIGILIA DE ORACIÓN

RESPUESTAS DEL SANTO PADRE A LAS PREGUNTAS DE LOS JÓVENES

Estadio Olímpico “Lluís Companys”

Martes, 9 de junio de 2026

Santo Padre, en un mundo donde las cosas se gritan, hay aspectos de la vida que permanecen callados, con vergüenza; como la depresión, una enfermedad silenciosa que afecta a muchas personas, jóvenes y adultos, y que conlleva una oscuridad, aislamiento y un dolor inmensurable. A veces, este dolor es tan abrumador que la idea de desaparecer parece la única salida. Yo misma luché por salir de esta enfermedad, en silencio durante años, y una noche de viernes perdí la batalla e intenté quitarme la vida. Estoy aquí porque Dios me dio una segunda oportunidad, y le estaré eternamente agradecida, pero hay muchos otros que continúan enfrentándose a esta oscuridad. Por eso, le pregunto de todo corazón: ¿Dónde podemos ver a Dios cuando la oscuridad es absoluta y ya no podemos más? ¿Cómo podemos confiar en Dios, cuando parece que nada, ni uno mismo, vale la pena?

Ante todo, gracias por compartir hoy tu experiencia de sufrimiento. Me conmueve que puedas hablar de ella, que estés aquí entre nosotros y que hayas encontrado la fuerza de acoger esta segunda posibilidad que el Señor te ha dado. Te has levantado y has retomado el camino y este es un milagro maravilloso que vemos en muchos personajes del Evangelio: en contacto con Jesús, aun quien se siente perdido recobra confianza en la vida, sana la enfermedad y puede levantarse para volver a vivir.


En la teva pregunta, t’has referit en primer lloc a la “malaltia silenciosa” que és la depressió, i és important prendre consciència de com la salut mental es veu cada vegada més amenaçada en el context de societats que es consideren avançades. És un senyal de que hi ha quelcom profundament equivocat en una certa idea de creixement que sotmet a les persones a pressions i tensions que comprometen equilibris fonamentals. Per això es necessita un sistema sanitari que inclogui entre les seves prioritats aquest malestar invisible i generalitzat, que afecta també als joves.

Les teves paraules, tanmateix, ens han mostrat que el dolor posa a prova la fe i el sentit que li donem a la vida. Això és cert per a tothom, no solament per aquells que en algun moment travessen la prova de la malaltia.


[En tu pregunta, te has referido en primer lugar a la “enfermedad silenciosa” que es la depresión, y es importante tomar conciencia de cómo la salud mental se ve cada vez más amenazada en el contexto de sociedades que se consideran avanzadas. Es una señal de que hay algo profundamente erróneo en una cierta idea de crecimiento que somete a las personas a presiones, expectativas y tensiones que comprometen equilibrios fundamentales. Por eso se necesita un sistema sanitario que incluya entre sus prioridades este malestar invisible y generalizado, que afecta también a los jóvenes.


Tus palabras, sin embargo, también nos han mostrado que el dolor pone a prueba la fe y el sentido que le damos a la vida. Esto es cierto para todos, no sólo para quienes en algún momento atraviesan la prueba de la enfermedad.]


Mientras te escuchaba, pensé en esas horas de oscuridad, de angustia y de dolor que vivió Jesús cuando se acercaba la hora de su muerte. Los Evangelios, en los momentos de la última cena y de la oración en Getsemaní, subrayan que estaba cayendo la tarde, que estaba anocheciendo, así como poco antes de morir en la cruz nos dicen que “toda la tierra quedó en tinieblas”. Pero, en realidad, no se trata sólo de un sufrimiento personal; el Hijo de Dios está asumiendo en su propia carne toda la angustia, la soledad y el sufrimiento de la humanidad. En esas horas oscuras, muriendo en la cruz, Jesús comparte nuestro dolor y nos revela el rostro de un Dios compasivo, que carga con nuestras penas, que sufre con nosotros, llora nuestras lágrimas y permanece a nuestro lado con su presencia llena de amor y misericordia.


Pasar por esta experiencia es difícil, lo atestigua varias veces la Sagrada Escritura; hay momentos de oscuridad y de sufrimiento que nuestra sociedad hace callar, porque precisamente algunos modelos culturales nos quieren siempre vencedores y perfectos y, por eso, el límite, la fragilidad y el dolor deben ser eliminados, o confinados al silencio ensordecedor de la soledad o incluso de la vergüenza. Y, en estos momentos, podemos pensar instintivamente que también Dios nos haya abandonado. Pero la cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona, que Él sigue crucificado con nosotros en el momento del dolor y de la soledad extrema, que Él recoge no sólo nuestras lágrimas, sino el grito de nuestro sufrimiento que otros no escuchan, un grito que Jesús hizo suyo en la cruz, diciendo “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.


Hay una catequesis sobre las últimas horas de Jesús, en la que Benedicto XVI dice que su sufrimiento se vuelve oración y grito, y que eso vale también para nosotros: frente a las situaciones más difíciles y dolorosas, cuando Dios parece ausente, debemos confiarle una vez más las cargas que llevamos en el corazón, incluso gritándole a Él, incluso protestando como Job, seguros de que de algún modo Él se hace presente y está cerca aun cuando aparentemente calla. Pero pienso que no podemos hacerlo solos. En las horas de dolor, al menos en cuanto sea posible, debemos abrirnos a alguien que nos ayude a expresar una oración sencilla, que nos acompañe con discreción sin la prisa de explicarnos ese dolor, que nos tome de la mano y nos haga salir de este grito.


Estas experiencias ofrecen un mensaje también a nosotros creyentes, a toda la Iglesia: no debemos espiritualizar el dolor, reconduciéndolo superficialmente a la “voluntad de Dios” o a algún misterioso proyecto suyo, porque esto corre el riesgo de minimizar ese sufrimiento, de silenciarlo, de herir a las personas. Dios no quiere el sufrimiento, lo lleva con nosotros y nos invita a confiar en Él de modo perseverante. Recordemos lo que decía el Papa Francisco: con Dios, la vida renace siempre.


Papa León XIV