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martes, 9 de junio de 2026

La curación de un niño que antes de nacer padecía una grave cardiopatía congénita, una tetralogía de Fallot, el milagro que estudia el Vaticano para beatificar a Gaudí: «Los médicos decían que no quedaba más que rezar»

El padre Josep Maria Blanquet, uno de los autores de la Positio de la causa para hacer santo a Gaudí, con el documento de los nueve teólogos consultores que aprueban por unanimitat el contenido de la “positio” | Foto: Agustí Codinach -Catalunya Cristiana

Camino Católico.- Cien años después de su muerte, Antoni Gaudí, el arquitecto de la Sagrada Familia está más cerca que nunca de los altares. La Iglesia ya ha reconocido oficialmente sus virtudes heroicas y el siguiente paso para su beatificación depende ahora de la validación de un presunto milagro que se estudia en el Vaticano.

El padre Josep Maria Blanquet, uno de los autores de la Positio de la causa para hacer santo a Gaudí, explica en un pódcast a Cope que el caso que actualmente estudia Roma está relacionado con un bebé que nació en 2021 con una grave cardiopatía congénita, una tetralogía de Fallot. Tras una compleja intervención quirúrgica, “los médicos llegaron a comunicar a la familia que no quedaba más que rezar”. Mientras tanto, familiares y miembros de la comunidad de la Sagrada Familia pidieron de forma expresa la intercesión de Gaudí. Hoy el menor tiene cinco años y lleva una vida prácticamente normal.

Pódcast de Cope en el que el padre Josep Maria Blanquet, uno de los autores de la Positio de la causa para hacer santo a Gaudí, explica el milagro que estudia Roma y todo lo referente a la causa para hacer santo a Gaudí

La familia catalana del niño vinculada a Gaudí pidió permanecer en el anonimato. El pequeño fue tratado en hospitales de Holanda y Alemania y la curación se produjo en Barcelona en 2024. La arquidiócesis de Barcelona envió la documentación a Roma el año pasado; ahora la comisión médica encargada por el Dicasterio para las Causas de los Santos del Vaticano la estudia línea por línea. Ellos son los que tienen que decir: ‘esto no lo podemos explicar científicamente’, nunca dirán 'esto es un milagro'", dice Reniel Alí Ramírez Herrera, postulador de la causa de Gaudí.

El caso presentado comenzó antes del nacimiento del bebé. "Ya se veía el problema de salud del niño en el vientre de su madre. Y a pesar de las complicaciones y de las sugerencias recibidas, la mamá decidió llevar adelante este embarazo. Después vino una lucha que llevaron adelante con una cierta tenacidad", explica Ramírez Herrera.

El proceso diocesano sobre esta posible curación ya ha concluido. Según explica Blanquet, toda la documentación médica, los testimonios de la familia y los informes de los especialistas han sido enviados al Dicasterio para las Causas de los Santos. El expediente, de cerca de 500 páginas, está siendo revisado actualmente en Roma por expertos designados por el Vaticano. Si supera esta fase, será analizado por una comisión médica y posteriormente por los órganos eclesiásticos competentes antes de llegar al Papa.

“El sueño era que la beatificación pudiera coincidir con la visita de León XIV, pero no hay tiempo material para completar todos los pasos pendientes”, reconoce Blanquet. Aun así, los impulsores de la causa mantienen la esperanza de que pueda producirse durante este año del centenario de la muerte del arquitecto. “Diciembre de 2026, año Gaudí” llega a decir Blanquet en el podcast especial de Cope.

La visita de León XIV tendrá también una fuerte carga simbólica. El Pontífice bendecirá la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia, culminada este 2026, y rezará ante la tumba de Gaudí. Un gesto que refuerza la dimensión espiritual de quien dedicó los últimos años de su vida al templo y que muchos ya conocen como el Arquitecto de Dios.

Cristina Mena, periodista: «No podría vivir sin rezar, sin dar las gracias a Dios y pedir a Jesús que me ayude a ser una persona mejor; la oración sana el alma y llena el corazón; debemos dejarnos transformar por la Palabra de Dios»

Cristina Mena cree que todos debemos dejarnos transformar por la Palabra de Dios

* «No podría vivir sin dar las gracias a Dios y pedir a Jesús que me ayude a ser una persona mejor. La oración permite recuperar la esperanza y la confianza y adquirir consciencia de lo afortunados que somos, pararme y darme cuenta de que nada depende de ti, que todo está en Su mano. No tiene sentido perder la oportunidad de hablar con el único amigo que nunca falla. Un tropiezo puede recuperarse en menos tiempo cuando nos ayudamos de la Palabra de Dios. Y más cuando transcurrimos por el camino de conversión. Dios nos está hablando. Y no lo hace con un discurso muerto. Lo hace respondiendo a nuestras preguntas, ayudándonos a encontrar la razón de nuestra fe»   

Camino Católico.- Cristina Mena es periodista del equipo de informativos de Canal Sur TV, está casada y es madre, «verdadero papel que da sentido a mi vida». En el estrés cotidiano, la oración le permite “pararme y darme cuenta de que nada depende de ti, que todo está en Su mano”, dice en el portal de la Diócesis de Málaga donde comparte su testimonio de su relación con Dios.

La presentadora televisiva reconoce que «no podría vivir sin rezar, sin dar las gracias a Dios y pedir a Jesús que me ayude a ser una persona mejor». Lo recomienda porque «sana el alma, llena el corazón, permite recuperar la esperanza y la confianza y adquirir consciencia de lo afortunados que somos. No tiene sentido perder la oportunidad de hablar con el único amigo que nunca falla», afirma

Además reflexiona que «a lo largo de todo el año, la Palabra de Dios se nos hace imprescindible en el día a día de los cristianos. Podemos incorporar, identificar y aplicar múltiples pasajes de los Evangelios en distintas situaciones de nuestra vida cotidiana.  Particularmente, evoco muy habitualmente la parábola de los talentos, la del hijo pródigo, la del buen samaritano y tantas otras que nos inspiran. En el tiempo de Cuaresma, tiempo de que nuestro corazón cambie y de renovación, debemos abrirnos especialmente a la Palabra de Dios». 

Para Cristina Mena, «debemos estar especialmente atentos y sensibles para dejarnos transformar por la Palabra de Dios. Si es posible, preparando las lecturas de la Eucaristía para poder enriquecernos al máximo exponente con sus enseñanzas. Ir acompañados en nuestro camino cristiano de los textos bíblicos nos permite un deambular más lleno, completo, cargado de vida y del amor de Dios. Cada paso se afianza». 

Cristina Mena dice que Dios nos habla a través de su Palabra respondiendo a nuestras preguntas

Y prosigue: «un tropiezo puede recuperarse en menos tiempo cuando nos ayudamos de la Palabra de Dios. Y más cuando transcurrimos por el camino de conversión. Dios nos está hablando. Y no lo hace con un discurso muerto. Lo hace respondiendo a nuestras preguntas, ayudándonos a encontrar la razón de nuestra fe».

Si tuviera que quedarse con una oración, «me quedo inseparablemente con la perfección del Padrenuestro, a través de palabras sencillas y eternas, y el calor del Avemaría», dice convencida.

Cristina reza cada noche con sus hijos, «como punto y final de la jornada para dar las gracias. También cada domingo en Misa, y en momentos de dificultad, especialmente en temas de salud, «cuando hemos tenido que afrontar un diagnóstico desfavorable y aparece la desesperanza, es un salvavidas que logra mantenerte a flote», reconoce.

«A rezar me enseñó mi abuela, que era mucho más que eso. Vivían ella y mi abuelo con mi madre, con mi hermana y conmigo y su papel fue fundamental para tener una infancia feliz. Ella, y también, mi madre, me enseñaron a persignarme. No le gustaba que terminara besándome los deditos, porque era castellana, y ahora yo se lo enseño así a mis hijos. Primero fue el “Jesusito de mi vida”, luego el Padrenuestro. Poco después, en el cole, aprendí la “nueva versión” y se la enseñé yo a ella. Avanzamos con el Avemaría, siempre tres, y rezando al Sagrado Corazón de Jesús y de María. Con mi madre, tenía la costumbre de entrar a saludar al Señor siempre que pasaba por una iglesia abierta». 

A Cristina le marcó también, siendo muy pequeña, una profesora: «Rezábamos todas las mañanas, a pesar de ser un colegio público, y nos contó una pequeña historia de un joven bala perdida que salvó su alma porque sus oraciones pesaban más que sus malas acciones. Eso también dejó una semilla importante en mí».

Alberto J. Castro Tirado, doctor en astrofísica: «Intento profundizar en las revelaciones que transmite el Evangelio, rezo por la noche y termino diciendo: ‘Jesús, María y José’»


Alberto Castro Tirado, doctor en astrofísica, en la estación astronómica robótica BOOTES-1 en Huelva (España) en 2023

* «La fe me hace buscar la justicia, la humildad, me hace afrontar el trabajo con profesionalidad e intentar hacer bien al prójimo en la medida de mis limitaciones. ¡Ojalá y muchas personas tuvieran la oportunidad de encarar la vida como lo hacemos los cristianos! Es una preciosa experiencia el rezo bajo las estrellas. La oración es una manera de hacer una pequeña introspección cada día, ofreciendo el trabajo diario y el servicio a los demás, así como de pedir por el prójimo y recordar a los que ya se han ido y quienes han compartido momentos de su vida con nosotros»

Camino Católico.- Alberto J. Castro Tirado es doctor en astrofísica, nació en Málaga en 1966 presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos de los Olivos, donde estudió junto a los PP. Agustinos. Se licenció en Ciencias Físicas por la Universidad de Granada en 1989 (residiendo los cinco años en el ya desaparecido Colegio Mayor Loyola, de la Compañía de Jesús) para más tarde (1994) doctorarse en Astrofísica por la Universidad de Copenhague (Dinamarca).

También es Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Astrofísica de Andalucía en Granada, y es responsable de una Unidad Asociada al CSIC en la Universidad de Málaga, ciudad donde pertenece a la Sociedad Malagueña de Astronomía (desde 1980) y a la Academia Malagueña de Ciencias (desde 2015). A Alberto J. Castro Tirado lo entrevistan en el portal de la Diócesis de Málaga y comparte su testimonio de su relación con Dios. 

- ¿Son compatibles ciencia y fe

- Fe y ciencia no tienen por qué ser incompatibles. Aunque no lo manifestemos, muy pocos de los grandes científicos son declaradamente ateos y muchos de ellos tienen un sentido de la religiosidad que se basa en el orden grandioso que percibimos en el universo cuando lo estudiamos. En algunos campos científicos vemos que la ciencia no puede dar una respuesta satisfactoria. En mi caso concreto, por ejemplo, en cuanto al origen del universo. Ahí, muchos de nosotros, vemos la existencia de un creador, en mi caso de Dios, porque no podemos explicar lo que ocurrió más allá del primer instante de la formación del universo. A partir de ahí la ciencia puede explicar el devenir y la evolución de todo el cosmos pero antes no. Ningún científico puede presumir estar en posesión absoluta de la verdad…La fe me hace buscar la justicia, la humildad, me hace afrontar el trabajo con profesionalidad e intentar hacer bien al prójimo en la medida de mis limitaciones. ¡Ojalá y muchas personas tuvieran la oportunidad de encarar la vida como lo hacemos los cristianos.

- ¿Como astrónomo y católico que puede decir de la estrella de Belén?

- Siempre me he preguntado si sería una conjunción planetaria o un fenómeno astronómico. Una de las situaciones que pudo dar lugar a la estrella de Belén es que el 17 de junio del año 2 antes de Cristo (dejando aparte la controversia en cuando al año real de nacimiento de Cristo) hubo una conjunción entre Júpiter y Venus que aparentaban estar en el mismo punto del cielo, con lo cual su brillo se multiplicó enormemente y lo convirtió en el objeto más brillante con diferencia en el cielo. Eso tendría que haber llamado seguro la atención, no sólo de los sabios de la época, sino de cualquier persona. También se puede atribuir a algún cometa de muy largo periodo que incluso no haya vuelto a pasar por la Tierra y que se acercara mucho en ese momento.

- ¿Cómo descubre a Dios?

- Descubro a Dios al darme cuenta de dónde se enmarca el hombre en el cosmos. El estudio del universo nos deja entrever que somos unos seres privilegiados, porque estamos en un planeta que es el único del sistema solar donde se han dado las condiciones para que se desarrolle la vida: temperatura, presión y diversos elementos químicos esenciales para ella. Y es un planeta que orbita alrededor de una estrella ‘del montón’ que está en una esquinita de una galaxia de lo más normal, la Vía Láctea, que forma parte de un conjunto de más de 50.000 millones de galaxias, cada una de ellas con sus cientos de miles de millones de estrellas... Con esa conciencia, tenemos que pensar que todos los seres humanos somos viajeros en una inmensa nave espacial que se llama Tierra, y no deberíamos fomentar los conflictos internos, las disputas...”. 

- Los mayas se equivocaron. Sobre el fin del mundo tendrá mucho que decir como católico y como científico... 

–Como hombre de ciencia que soy y también católico, con los conocimientos que voy aprehendiendo conforme investigo el universo, intento profundizar en las revelaciones que se nos transmiten en el Evangelio. Sabemos que los modelos actuales predicen una muerte del Universo. El cómo y el cuándo ahora mismo nadie lo sabe. Hay diversas teorías científicas y el Evangelio va en esa línea de que pasar tiene que pasar. Pero el mensaje que traduce es que debemos estar vigilantes porque no sabemos ni el día ni la hora.

- ¿Quién le enseñó a rezar? ¿Qué recuerda de eso?

- Mis padres Antonio y Loli, siempre han estado (y siguen estando) muy cerca de la Iglesia. Y aparte de acompañarles a la misa dominical -en Santa María de la Amargura primero y en San Francisco Javier después- ya desde pequeño, mi madre me inculcaba el rezo diario antes de dormir,  con las primeras oraciones infantiles (“Cuatro esquinitas tiene mi cama”, “Con Dios me acuesto, con Dios me levanto”, “Ángel de mi Guarda”). Mi abuelo Antonio también le inculcó a su hija (mi madre) la devoción a la Virgen María (en particular a la Virgen de Gracia, patrona de Archidona). Luego, tanto él como mi madre (muy mariana ella y quien desde que yo recuerde, reza el rosario casi a diario), se encargaron de mantener la llama mariana viva en mí. Quizá por ello he sido hombre de trono 25 años tanto de María Santísima de la Amargura (Zamarilla) como de Nuestra Señora de la Caridad (Cofradía del Amor).

- ¿Qué significa la oración en su vida? ¿Podría vivir sin rezar?

- La oración la tengo muy presente porque es una manera de ofrecer el trabajo diario y así como de pedir por el prójimo y recordar a los que ya han marchado a la Casa del Padre. Mi abuela Joaquina me decía que siempre pedía por todos y cada uno de los miembros de la familia y eso tampoco lo he olvidado (aunque no lo haga yo a diario como hacía ella).

- ¿En qué momento la tiene más presente?

- Por la noche, en el momento de retirarme a descansar, que es cuando, puedo hacer balance del día. Aparte de en la misa dominical, claro.

Alberto Castro Tirado termina su oración cada noche con «Jesús, María y José»

- ¿Cómo reza, en qué momento, en qué lugar?

- Casi siempre en casa, primero junto al “rincón religioso” (como lo llama mi hijo) y luego ya recostado. Así que en mi caso la oración suelo hacerla por la noche, antes del descanso nocturno. Y la oración nocturna la termino con las palabras mencionadas al final de esta entrevista.

- ¿Son las estrellas buenas compañeras de oración? ¿Le ayuda su profesión a rezar?

- El investigar el Universo nos hace situarnos en el Cosmos y ver la pequeñez del ser humano frente a la inmensidad del mismo. Para mí, como para otros muchos científicos, Ciencia y Fe no son excluyentes. El contemplar la bóveda celeste estrellada en una noche oscura lejos de los núcleos de contaminación lumínica y si es posible, junto al mar, en mi caso, favorece esa comunión cuerpo-alma-naturaleza en la cual también es una preciosa experiencia el rezo bajo las estrellas.

- ¿Por qué recomendaría la oración a alguien que no la practique?

- Porque es una manera de hacer una pequeña introspección cada día, ofreciendo el trabajo diario y el servicio a los demás, así como de pedir por el prójimo y recordar a los que ya se han ido y quienes han compartido momentos de su vida con nosotros.

- ¿Cuál es su oración para recomendar?

A mí me gusta mucho una que aprendí en mi adolescencia, al estar mi abuelo materno gravemente enfermo (gracias a Dios se recuperó y pudimos disfrutar de él veinte años más) y que, aunque esté escrita en portugués, se entiende perfectamente y que comienza por “Santíssima Trindade, Pai, Filho, Espírito Santo, adoro-Vos profundamente” (del devocionario de la Virgen de Fátima). Y a mi hijo le he inculcado aquello que a mi esposa y a mí (durante las charlas prematrimoniales en 1991) nos enseñó D. Antonio Ramírez Mesa, quien por entonces era canónigo-sacristán de la Catedral, al terminar el rezo diario antes de dormir. Él nos decía que sus últimas palabras antes de dormir eran «Jesús, María y José». La razón que aducía él era que, si acaso falleciese durante la noche, que fueran estas últimas las palabras que sus labios hubiesen pronunciado. Yo sigo su recomendación.

José Antonio Sau, periodista y escritor: «No podría vivir sin rezar porque estoy continuamente haciéndolo, nos hace mejores personas y es la forma en la que Dios se manifiesta a los demás y hace su voluntad»

José Antonio Sau ora continuamente durante su vida cotidiana

* «Reflexiono y oro de forma continua. A veces me he sorprendido orando, por ejemplo, cuando voy por la calle, de un sitio a otro y, al reflexionar sobre el momento vital, ya sea coyuntural o general, que atravieso. Es algo incluido en mi cotidianidad. No tengo que ir a una parroquia para hacerlo, aunque de vez en cuando me escapo a alguna y tengo una conversación incluso más íntima. Lo he integrado tanto en el día a día y tengo tanta conversación interior con Jesús que casi podría decirse que lo hago partícipe de esa oración de forma continua… Lo que hago es dialogar continuamente con Jesús como si fuera un buen amigo al que le cuento todo, le pido consejo y le explico mis planes para que los sopese y me enseñe el camino. A veces le he pedido demasiado para mí. Ahora le pido más por los demás. A veces no he estado a la altura de lo que Él nos pide, pero hay que mejorar continuamente, no solo por uno, sino por los demás»

Camino Católico.- José Antonio Sau es periodista y escritor, y con diversos reconocimientos en ambos ámbitos. HA SIDO responsable de comunicación del Clúster Marítimo-Marino de Andalucía, ha desarrollado la mayor parte de su carrera en prensa escrita, especialmente en La Opinión de Málaga. Autor de varios libros, entre los que destacan ‘La chica de los ojos manga’ (2016, La Isla de Siltolá, finalista del XIII Premio Setenil al mejor libro de relatos editado en España), ‘Lola Oporto’ (Ediciones del Genal, 2018, finalista del I Premio Icue Negro, otorgado por el Festival de literatura policiaca Cartagena Negra) e ‘Historia de un suicida’ (La Isla de Siltolá, 2021), es, también, hermano del Sepulcro y no se achica a la hora de declarar su fe y en esta entrevista de Ana María Medina en el portal de la Diócesis de Málaga comparte su testimonio de su estrecha relación con Dios.

- ¿Quién le enseñó a rezar? ¿Qué recuerda de eso?

- En casa, mi abuela materna era muy creyente y recuerdo que me enseñó algunas oraciones cuando era pequeño. Mi madre también contribuyó bastante a que yo forjase una relación íntima con esta práctica, que, sobre todo, se ha afianzado a partir de los últimos años, ya bien entrado en la vida adulta. Antes sólo oraba yo, ahora también escucho. Pero hay un sacerdote que influyó mucho en mí: mi parroquia de toda la vida ha sido Santa María Goretti y, cuando tenía ocho o nueve años, tuvimos un párroco que se llamaba Agapito. Hacía misas para niños los domingos a las once de la mañana. La iglesia se llenaba. Sacerdotes como él me hicieron acercarme a la iglesia. Hoy su recuerdo se concreta en forma de sonrisa.

- ¿Qué significa la oración en su vida? ¿Podría vivir sin rezar? 

- No tengo un momento concreto del día para hacerlo. Lo cierto es que he descubierto que lo hago continuamente, a veces uno cree que está inmerso en un soliloquio, analizando su vida y poniendo las cosas en perspectiva, y resulta que al final lo que hago es dialogar continuamente con Jesús como si fuera un buen amigo al que le cuento todo, le pido consejo y le explico mis planes para que los sopese y me enseñe el camino. A veces le he pedido demasiado para mí. Ahora le pido más por los demás. A veces no he estado a la altura de lo que Él nos pide, pero hay que mejorar continuamente, no solo por uno, sino por los demás. No podría vivir sin rezar y es una práctica integrada en mi día a día. Rezar nos hace mejores personas, por lo menos a quienes sí creemos. Y una buena persona es una bendición en su círculo íntimo, porque es la forma en la que Dios se manifiesta a los demás y hace su voluntad.

- ¿En qué momentos la tiene más presente?

- Reflexiono y oro de forma continua. A veces me he sorprendido orando, por ejemplo, cuando voy por la calle, de un sitio a otro y, al reflexionar sobre el momento vital, ya sea coyuntural o general, que atravieso. Es algo incluido en mi cotidianidad. No tengo que ir a una parroquia para hacerlo, aunque de vez en cuando me escapo a alguna y tengo una conversación incluso más íntima. Te diría que las primeras horas de la mañana son las que más uso para esta práctica. Antes, cuando iba desde el periódico al Ayuntamiento y pasaba junto a la Catedral, mientras el sol se derramaba sobre esas piedras antiguas y nobles, me invadía una sensación de bienestar inmensa y me daba por orar. Lo he integrado tanto en el día a día y tengo tanta conversación interior con Jesús que casi podría decirse que lo hago partícipe de esa oración de forma continua. Un amigo que falleció hace algún tiempo le dijo a otro: si esto, de lo que se trata, es de ir cuando se pueda o cuando te llame, al Sagrario o al templo que quieras, y echar allí un rato contigo y con Él, y contarle tus cosas. Siempre me acuerdo de ello.

- ¿Cómo reza, en qué momento, en qué lugar?  

- Pues como te he comentado, lo hago de forma continua durante el día, sobre todo cuando voy de un sitio para otro. A veces, si el trajín cotidiano me lo permite, entro en una iglesia y echo un rato a solas con Jesús y María. A veces he reflexionado sobre el trato que tengo con ellos y lo que busco, fundamentalmente, es apoyo y consuelo. Recuerdo algunos momentos puntuales de mi vida, tal vez cuando estaba más perdido, en los que oré y me fui muy confortado: por ejemplo, a veces, cuando era muy joven, iba a la capilla que el Descendimiento tiene en el Hospital Noble y, en los últimos años, a la abadía de Santa Ana, sede de mi cofradía. Aunque reconozco que tengo una relación especial con dos imágenes, son las que más sentimientos provocan en mí y, por consiguiente, más oraciones, cuando me hallo frente a ellas: Jesús Cautivo y la Virgen del Rocío. Pero lo cierto es que me gusta sorprenderme hablando con Él como si fuera un amigo, retomando tal vez una reflexión o una conversación del día anterior.

- ¿Por qué recomendaría la oración a alguien que no la practique?  

- Si uno está perdido, si uno está inmerso en el trajín del día a día y piensa que nadie lo escucha, si uno pasa un mal momento, si uno necesita de los demás pero es incapaz de encontrarlos, hay una manera muy fácil de tender un puente entre él y Dios, que es orar. Lo mejor es hacerlo en la soledad de la casa o en la intimidad de una parroquia, buscando la quietud de la tarde o el refugio de una mañana ajetreada. Y, si a uno le va bien, si su familia y amigos tienen salud, si sus sobrinos y sus hijos avanzan en la vida con bienestar, si uno no le pide mucho a la existencia, más allá de dar y de darse, también la oración puede complementar mucho, porque se convierte en un acto para dar gracias y, cuando uno está agradecido, se transforma en un instrumento de Dios, que quiere, sobre todo, que seamos buenas personas. El cristianismo siempre se concreta con una sonrisa franca y abierta al otro. Y para sonreír así a los demás, uno de los mejores caminos es la oración continua en la que no solo hablemos nosotros, sino que también hemos de escuchar.

- ¿Cuál es su oración para recomendar?  

- Cuando oro suelo hacerlo con mis propias palabras. Al final, tejo un soliloquio que, si estoy atento, se convierte en un diálogo entre un padre y su hijo o, como a mí me gusta verlo, como mi mejor amigo, la mejor compañía que uno puede tener. Pero en esto soy clásico: me sigue fascinando la introspección que me facilita el simple hecho de rezar un Padre nuestro o un Ave María. Son mis dos oraciones preferidas. Y las entono prácticamente todos los días. También suelo persignarme bastante. A veces lo hago de forma automática. Cuando me doy cuenta de que lo hago, sonrío.

Raúl Berzosa, pintor de arte sacro: «Pinto rezando; ’pedid y se os dará’; Jesús siempre me reconforta y me da esperanza; Cuanto más rezamos, más tiempo queremos estar con Él que te escucha siempre»


Raúl Berzosa ante una de sus obras de arte sacro

* «Rezar es muy importante. Es mi ‘conversación’ con Dios y, junto a la lectura del evangelio diario, me da muchísima paz interior y me ayuda a crecer en mi labor artística. Como ser humano que tiene sus miedos y debilidades, intensifico las oraciones en ocasiones, eso sí, y no hablo solo por mí, sino cuando pido también por otras personas o situaciones… La oración la recomiendo porque es un modo maravilloso de hablar con Dios, de forma íntima. Además, cuanto más rezamos, mayor tiempo queremos estar con Él. Jesús te escucha siempre. Mi oración favorita es el Padrenuestro. Es mi frase por excelencia, Jesús nos lo enseñó y nos mostró cómo hablar desde la sencillez con el Padre»

Camino Católico.-  Raúl Berzosa (Málaga, 1979) es, a sus 47 años, uno de los grandes pintores de arte sacro contemporáneo, tanto en España como fuera de nuestras fronteras. Sus obras se encuentran hoy repartidas por varios continentes –del Vaticano a China, de EE.UU. a Gran Bretaña, pasando por México o Argentina– y han conquistado a miles de personas por una fuerza espiritual que trasciende lo meramente artístico. Porque, como sostiene el propio pintor, “la Belleza no deja a nadie indiferente”: habla de Dios y alcanza directamente el alma. 

Influenciado por el mundo cofrade en el que creció, el estilo realista de Raúl Berzosa ha cautivado a miles de personas en iglesias, universidades o palacios episcopales de todo el mundo. Ha retratado a Papas y cardenales, ha pintado a grandes santos, y cómo no, ha recreado con colores vibrantes escenas emblemáticas de la vida de Jesús, José y María.  “A san José lo he pintado tantas veces que me suele acompañar”, comenta el artista a Misión. Además de diseñar sellos para la Santa Sede y realizar grandes obras para presbiterios de iglesias en países tan diversos como China o Guatemala, hay un proyecto que ocupa un lugar especial en su trayectoria: el techo del oratorio de santa María Reina y Madre, conocido ya como la “Capilla Sixtina de Málaga”. Allí, Berzosa tuvo que coger un arnés y subirse durante meses en un elevador para pintar más de 140 metros cuadrados de escenas e imágenes que dejan sin palabras a quien las contempla. El artista defiende que, en una sociedad marcada por el feísmo, la belleza del arte sacro sigue siendo un camino privilegiado para la salvación de las almas.

Raúl Berzosa ha pintado a Papas, entre ellos a Benedicto XVI con quien posa en la imagen

“La fe es uno de los pilares de la creación del arte sacro. Si quiero que las pinturas funcionen y ayuden a las personas a orar necesito tener fe, ir más allá de crear una obra de calidad. Hay que buscar que transmita a la persona que se pone delante del lienzo o que ve la imagen en una pantalla. Diría que pinto rezando. La pintura es también mi forma de oración”, asegura Raúl Berzosa a Misión.

Siempre vio rezar en el seno de su familia, lo que le ha hecho crecer cultivando este encuentro con Dios en lo cotidiano. “Mi madre es una persona muy creyente y practicante, de ella lo aprendí. Por supuesto, también influyó mi formación en los Hermanos Maristas, donde el rezo y la formación religiosa es esencial, junto a la educación y a otros valores”, recuerda el pintor en el portal de la Diócesis de Málaga.

Para Berzosa, “rezar es muy importante. Es mi ‘conversación’ con Dios y, junto a la lectura del evangelio diario, me da muchísima paz interior y me ayuda a crecer en mi labor artística. Como ser humano que tiene sus miedos y debilidades, intensifico las oraciones en ocasiones, eso sí, y no hablo solo por mí, sino cuando pido también por otras personas o situaciones. ‘Pedid y se os dará’. Jesús siempre me reconforta y me da esperanza”, asegura.

Raúl Berzosa pintando a la Sagrada Familia, San José, el Niño Jesús y la Virgen María

Rezar ante la Sábana Santa

La rutina que tiene es que “mi estudio se encuentra cerca de la iglesia de san Antonio María Claret. Es la iglesia de mi niñez. Y siempre que voy andando a mi estudio entro para saludar al Señor en el Sagrario y dar las gracias por el nuevo día”, transparenta.

Este artista no duda en invitar a ser asiduos en la oración, especialmente a aquellas personas que no han descubierto aún la riqueza de esta práctica. “La oración la recomiendo porque es un modo maravilloso de hablar con Dios, de forma íntima. Además, cuanto más rezamos, mayor tiempo queremos estar con Él. Jesús te escucha siempre. Mi oración favorita es el Padrenuestro. Es mi frase por excelencia, Jesús nos lo enseñó y nos mostró cómo hablar desde la sencillez con el Padre”.

Su momento favorito para rezar es antes de irse a dormir, delante de una reproducción de la Sábana Santa, que forma parte especial de su vida. “Es muy importante para mí a la hora de orar. Siempre la he visto presidiendo la casa de mis padres, y también la tengo en mi taller, en mi casa y en mi cartera… siempre viene conmigo, o más bien, yo siempre voy con Él. Cuando pinto a Jesús, la tengo muy presente, porque para mí es su auténtico rostro; es más, alguna vez he hecho algún Cristo más sindónico”, confiesa.

“También es importante para rezar el Santísimo, y una cita ineludible con Él todos los jueves en la iglesia de San Antonio María Claret, cuando voy andando para el taller paso por delante de la puerta y el Señor expuesto ‘me llama’», comparte.

Otra de las obras de arte sacro de Raúl Berzosa

El arte sacro evangeliza

Respecto a lo que aporta el arte sacro a una sociedad secularizada dice que “estoy convencido de que el arte sigue siendo una herramienta extraordinaria para la evangelización. La pintura ha sido históricamente una de las grandes disciplinas del arte, el gran medio para mostrar la realidad y presentar ideas a través de imágenes. En el caso del arte sacro, además, está al servicio del culto y posee un carácter profundamente litúrgico. Estamos en una sociedad que no sólo presenta el feísmo, sino que, además, lo ensalza. Los que nos dedicamos a la obra sacra vamos a contracorriente. En el arte sacro se busca la belleza, y esto se topa con un mundo donde es evidente que destaca lo grotesco, lo feo. Y si eso lo unes a un estilo realista como el mío, nos ven como de otra época. Creo que, como dijo Dostoyevski en su novela El idiota, la belleza salvará al mundo. Y cuando hablamos de belleza, no nos referimos únicamente a una obra bella, sino a que esa belleza, como dijo el papa Benedicto xvi, sea un camino para encontrar a Dios”.

Su pasión por la pintura se produjo “con 12 o 13 años cuando comencé a dibujar cómics. Llevaba al papel lo que veía en la televisión. Mi padre, viendo que no se me daba mal, me apuntó en un taller local, dirigido por el pintor Rando Soto. Ahí tuve mi primer contacto con el óleo y después estuve con José Antonio López, otro pintor local”, relata Berzosa.

El arte sacro afloró en Berzosa “en el año 2000 en que realicé mi primera pintura pública: el cartel de la salida procesional de la cofradía del Rocío de Málaga. Esas primeras obras cofrades sirvieron para plasmar la necesidad que tenía de hacer arte sacro. Luego, poco a poco, fueron derivando, pues ya no copiaba las imágenes de las cofradías, sino que creaba mis propias figuras. Hoy, el arte sacro ocupa, con diferencia, la mayor parte de mi producción”.

Y prosigue: “Soy licenciado en Historia del Arte, esto me ha ayudado bastante en mi formación para la creación de arte sacro, pero estas no son simples obras que sirven para embellecer o decorar un lugar, sino que transmiten un mensaje. Para poder llegar a transmitirlo estudié bastantes obras de arte sacro. Esto me aportó muchísimo a la hora de crear la iconografía de las obras religiosas”.

Refiriéndose en que lugar desearía pintar una obra sacra suya, Raúl Berzosa dice que “no me suelo poner metas. Muchas cosas que he hecho ni llegué a soñarlas, pero sí hay algo que tengo pendiente y que espero cumplir: realizar una obra para alguna iglesia de Tierra Santa. Y también algún proyecto para África y Oriente Medio, lugares donde el arte sacro puede ayudar”.

Raúl Berzosa en el elevador pintando el techo del oratorio de santa María Reina, en Málaga. Este ha sido el desafío más importante al que se ha enfrentado como artista

De las obras que ha realizado, la que más le ha tocado el corazón es “seguramente, mi principal proyecto se encuentra en mi ciudad, el oratorio de Santa María Reina. Ha sido mi obra de mayor tamaño y la última parte está dedicada a la coronación de la Virgen María. El lugar para representar este momento tan importante de Nuestra Madre es el techo del oratorio, una obra con una infinidad de figuras, más de 140 metros cuadrados, pintura acrílica directamente sobre el muro. Fue una obra compleja para la que tuve que salir del taller –de mi espacio– donde tengo mis óleos, mis caballetes, coger un arnés y subir a un elevador durante meses”.

Y el artista concluye compartiendo destacando un cita de la Escritura: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 20).

Homilía del P. José Blanco y lecturas de la Misa de hoy, martes de la 10ª semana de Tiempo Ordinario, 9-6-2026

9 de junio de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. José Blanco y lecturas de la Santa Misa de hoy, martes de la 10ª semana de Tiempo Ordinario, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, martes de la 10ª semana de Tiempo Ordinario, 9-6-2026

9 de junio de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, martes de la 10ª semana de Tiempo Ordinario, presidida por el P. José Blanco, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Palabra de Vida 9/6/2026: «Vosotros sois la luz del mundo» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 9 de junio de 2026, martes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Mateo 5, 13-16:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo».

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 9-6-2026

9 de junio de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

El mensaje que León XIV va dejando en Madrid invita a mirar a Cristo con renovada esperanza, a vivir una fe cercana y comprometida, y a ser testigos de la misericordia / Por P. Carlos García Malo

 


lunes, 8 de junio de 2026

Papa León XIV en el encuentro diocesano de Madrid, 8-6-2026: «Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios»

* «El Bautismo cambia verdaderamente la vida. Nuestras sensibilidades, procedencias y prioridades se encuentran en Cristo y de su vida reciben la savia, como los sarmientos de la vid. En concreto, esto significa que mucho de lo que ya había en nosotros se transforma, porque se orienta al servicio, deja de ser un don privado y sirve al bien común. No hay que temer el hecho de que nunca produzca uniformidad. Al respecto, el Nuevo Testamento da testimonio, en la variedad de sus voces, de la comunión en la diversidad, es decir, de la comprensión que desapareció en Babel, donde todos, según el relato bíblico, obligados a un proyecto totalitario y meramente humano, terminaron por no entender a su prójimo»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con el discurso del Papa León XIV

* «Madrid es una gran ciudad donde conviven tradiciones y “almas” diferentes. Dios conoce uno a uno los corazones de sus habitantes. Los conoce como sólo Él sabe y puede hacerlo, es decir, en el amor y, por tanto, en la libertad. Él es misericordia infinita y quiere que todos se salven. Lo desea hasta el punto de hacerse carne y cargar sobre sí todo el pecado, el mal y lo negativo del mundo. ¡He aquí a Jesucristo! ¡He aquí la Buena Nueva, la gracia que hemos recibido y que estamos llamados a compartir con todos! Porque todos, sin excepción, están hechos para la vida y para la vida en plenitud»


8 de junio de 2026.- (Camino Católico).- “La bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos. Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios. El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa”, ha alentado del Papa León XIV a los 70.000 participantes en el Encuentro con la Comunidad diocesana de Madrid, a quienes encontró este lunes, 8 de junio, en el Estadio Santiago Bernabéu, de Madrid, España.


Ante un estadio Santiago Bernabéu abarrotado y con una grada completamente entregada, hizo su entrada una figura vestida de blanco. Pero no era Mbappé, ni Cristiano Ronaldo, ni ninguna otra leyenda del Real Madrid, sino León XIV. Se trataba de un momento especialmente significativo para Robert Prevost en el coliseo de las grandes gestas deportivas del equipo de sus amores —aunque, como Pontífice, sea de todos—. No se disputaba ningún partido, pero la Iglesia diocesana de Madrid, junto con las diócesis sufragáneas de Alcalá de Henares y Getafe, recibió al Papa con una euforia comparable a la de un gol decisivo en una final del mundial.



“Para un jugador de fútbol, marcar un gol en este estadio es algo que te marca un poco la vida. Hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre", ha dicho el Papa antes de iniciar su discurso.

El acto reunió a representantes de parroquias, movimientos, vida consagrada, sacerdotes y agentes pastorales, con especial presencia de los consejos pastorales parroquiales. Ante el Papa, unos jóvenes interpretaron una mini obra de teatro como un partido de fútbol. E incluso actuó David Bustamante, un cantante famoso en España. Pero también hubo testimonios muy emocionantes, como el de un joven de 33 años que compartió ante todos que se bautizó el año pasado y ahora se va a casar.



Juntos, como Iglesia diocesana, afirma el Pontífice, podemos ofrecer el testimonio evangélico que desata las mejores fuerzas de una humanidad bombardeada de imágenes y palabras, pero hambrienta de justicia y sedienta de verdad. Disponeos a acoger los nuevos comienzos no como una excepción, sino como la regla de la misión.

“La inversión en los consejos parroquiales y diocesanos no tiene un objetivo menor que este: modificar la sensibilidad de cada uno gracias a una escucha más profunda de lo que el Espíritu dice a la Iglesia. Sería una lástima reducirlos a meros trámites burocráticos. Son espacios de escucha recíproca para el ejercicio del discernimiento, sin el cual no sólo cada uno va por su camino, sino que corremos el riesgo de no comprender dónde nos quiere el Señor, qué espera de nosotros, a qué conversiones nos llama. Cuando atendemos estos espacios, entonces el culto se convierte en vida y entre las personas surgen lazos de fraternidad y proyectos de solidaridad”.

De ahí, que el Santo Padre invita a los presbíteros a reconocer la práctica del discernimiento comunitario como una de las mayores oportunidades que la sinodalidad ofrece a su ministerio. Y sin apartarse de lo esencial, el hecho de deteneros regularmente con vuestro pueblo para interpretar la vida de los barrios, los cambios culturales, las tensiones sociales y las prácticas eclesiales a la luz del Evangelio enriquecerá y consolará vuestro ministerio. También ayudará a salir del aislamiento y a experimentar la alegría del Espíritu Santo.

“En efecto, cuando reducimos la vida eclesial a una rutina en la que cada uno permanece encerrado en sus hábitos y en su papel, lo que nos falta es el Espíritu. Éste suscita vocaciones y las une, provocando a veces agitación, discusión, búsqueda de nuevos equilibrios. No os espantéis de todo esto, disfrutadlo”, ha dicho el Pontífice. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la alocución del Santo Padre, cuyo texto completo es el siguiente:


VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV A ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)

ENCUENTRO CON LA COMUNIDAD DIOCESANA

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Estadio “Santiago Bernabéu” (Madrid)

Lunes, 8 de junio de 2026

Queridos hermanos, queridas hermanas: ¡buenas tardes!

Yo supongo que, para un jugador de fútbol, hacer un gol en este estadio es algo que le marca un poco la vida. Pero, don José: ¡hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre!

Gracias.

Esta velada es un gran himno de fe y me complace unir mi voz a la vuestra para alabar a Dios y fortalecer los lazos de una familia eclesial tan hermosa que está aprendiendo el arte de la polifonía, es decir, de la unidad en la diversidad. Agradezco a vuestro Arzobispo, don José, por haber introducido la parábola del canto, que muestra cómo los números, los datos y los hechos no son suficientes para generar comunidad: nuestro corazón necesita cantar, es decir, interpretar los acontecimientos y las situaciones celebrando con los demás el sentido que irradian. Para la Iglesia, esto ocurre de manera singular en la liturgia, el gran Memorial de la historia que nos ha salvado.

Cantar es una necesidad que impregna la convivencia e interpela la cultura, la incita a permanecer abierta y en constante evolución. Vosotros sois la Iglesia diocesana en medio de un pueblo que ama la música, la danza y el estar juntos, pero que también conoce los conflictos, la resignación y, a veces, la desesperación, situaciones en las que el Evangelio puede abrir un camino a la esperanza. Vosotros testimoniáis el Evangelio en la capital de un gran país europeo, sede de instituciones y organizaciones en las que se toman decisiones importantes para el presente y el futuro, pero también destino de millones de visitantes y de hermanos y hermanas en busca de nuevas oportunidades. Vuestra alegría será contagiosa si, de ser una emoción pasajera, se convierte en un modo estable de ser, en un sentimiento profundo que renueva a las personas, a los grupos y a la comunidad diocesana. No es casualidad que los apóstoles, en sus escritos, a menudo inviten a las iglesias a la alegría, recomendándola casi como un mandamiento. Es la Evangelii gaudium, una respuesta coral a la obra de Dios en Jesucristo: su vida, muerte y resurrección han cambiado para siempre la percepción de la historia de quienes lo han encontrado y seguido, aunque sea de formas y por caminos diferentes. También hoy el amor de Cristo nos apremia (cf. 2 Co 5,14) —el verbo que utiliza san Pablo significa además “nos cautiva”, “nos mantiene unidos”, “nos posee”— y así nos llama a la responsabilidad de la acción.

Sí, queridos hermanos y hermanas, como algunos de vosotros habéis atestiguado esta tarde, el Bautismo cambia verdaderamente la vida. Nuestras sensibilidades, procedencias y prioridades se encuentran en Cristo y de su vida reciben la savia, como los sarmientos de la vid. En concreto, esto significa que mucho de lo que ya había en nosotros se transforma, porque se orienta al servicio, deja de ser un don privado y sirve al bien común. No hay que temer el hecho de que nunca produzca uniformidad. Al respecto, el Nuevo Testamento da testimonio, en la variedad de sus voces, de la comunión en la diversidad, es decir, de la comprensión que desapareció en Babel, donde todos, según el relato bíblico, obligados a un proyecto totalitario y meramente humano, terminaron por no entender a su prójimo.

En la Encíclica Magnifica humanitas he propuesto, como alternativa a la homologación y confusión, la figura de Nehemías, que involucra a toda la comunidad para reconstruir los muros de Jerusalén. «Hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad. Y, en esta obra compartida, los cristianos encuentran su propia forma de construir: orientar la acción hacia Dios, para que, bajo su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, en la práctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos sólidos y su fin último» (Magnifica humanitas, 10).

Existe, pues, una relación especial entre la Iglesia y la ciudad, que cobra aún mayor importancia en el cambio de época que estamos viviendo: una relación que, naturalmente, se materializa entre personas de carne y hueso, en las relaciones laborales y de proximidad, pero también en las distintas comunidades, asociaciones y entidades barriales. Cada vez se hace más patente la especificidad de la misión cristiana en el seno de las grandes realidades urbanas, donde «una cultura inédita late y se elabora» (Evangelii gaudium, 73). La claridad sobre este punto ha madurado mucho a lo largo del camino sinodal, lo que nos ha permitido conocernos y escucharnos con mayor profundidad en los contextos en los que la comunidad diocesana vive y se configura. La pregunta que se vuelve más importante es: lo que somos y hacemos como cristianos, ¿llega «allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas», o sea, a los «núcleos más profundos del alma de las ciudades» (ibíd. 74)? Es cierto que dar una respuesta puede ser difícil, pero es posible si buscamos juntos la verdad.

Por eso es tan importante no dispersarnos ni encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía. Para llegar al corazón de la ciudad hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera, cultivar el deseo de encontrar al Resucitado, que siempre va por delante de nosotros, nos precede y tal vez ya esté presente donde aún no lo hemos buscado. Por eso, buscarlo y seguirlo es la condición para indicarlo: de lo contrario, no hay evangelización, y hoy podemos entender esto mejor que en el pasado. En las grandes ciudades, más que en otros lugares, a veces nos parece que ya no tenemos los mapas para movernos con seguridad. Entonces hay que volver a aprender el arte espiritual de ser cordiales, sin el cual incluso el anuncio del Evangelio corre el riesgo de convertirse en una repetición impersonal y, al perder eficacia, deja espacio a la frustración y la desconfianza.

Queridos hermanos, Madrid es una gran ciudad donde conviven tradiciones y “almas” diferentes. Dios conoce uno a uno los corazones de sus habitantes. Los conoce como sólo Él sabe y puede hacerlo, es decir, en el amor y, por tanto, en la libertad. Él es misericordia infinita y quiere que todos se salven. Lo desea hasta el punto de hacerse carne y cargar sobre sí todo el pecado, el mal y lo negativo del mundo. ¡He aquí a Jesucristo! ¡He aquí la Buena Nueva, la gracia que hemos recibido y que estamos llamados a compartir con todos! Porque todos, sin excepción, están hechos para la vida y para la vida en plenitud. La presencia de la Iglesia en una gran ciudad es una parábola de este misterio de salvación. Me viene a la mente el libro de Jonás, una joya de la Biblia que os invito a leer o a releer, personalmente y en comunidad. No es fortuito que fuera precisamente en las ciudades donde los apóstoles implantaron la Iglesia naciente, encontrándose no sólo con el rechazo, sino también con la acogida allí donde, de forma más natural, las personas se enfrentan a la diversidad y al cambio.

¡Nada os turbe, nada os espante! Juntos, como Iglesia diocesana, podéis ofrecer el testimonio evangélico que desata las mejores fuerzas de una humanidad bombardeada de imágenes y palabras, pero hambrienta de justicia y sedienta de verdad. Tened confianza en el hecho, cada vez más evidente, de que se puede volver a la fe o conocerla por primera vez en la edad adulta. Disponeos a acoger los nuevos comienzos no como una excepción, sino como la regla de la misión. La inversión en los consejos parroquiales y diocesanos no tiene un objetivo menor que este: modificar la sensibilidad de cada uno gracias a una escucha más profunda de lo que el Espíritu dice a la Iglesia. Sería una lástima reducirlos a meros trámites burocráticos. Son espacios de escucha recíproca para el ejercicio del discernimiento, sin el cual no sólo cada uno va por su camino, sino que corremos el riesgo de no comprender dónde nos quiere el Señor, qué espera de nosotros, a qué conversiones nos llama. Cuando atendemos estos espacios, entonces el culto se convierte en vida y entre las personas surgen lazos de fraternidad y proyectos de solidaridad.

Invito a los presbíteros a reconocer la práctica del discernimiento comunitario como una de las mayores oportunidades que la sinodalidad ofrece a su ministerio. Queridos hermanos, sin apartaros de lo esencial, el hecho de deteneros regularmente con vuestro pueblo para interpretar la vida de los barrios, los cambios culturales, las tensiones sociales y las prácticas eclesiales a la luz del Evangelio enriquecerá y consolará vuestro ministerio. También ayudará a cada uno y a cada comunidad a salir del aislamiento y a experimentar la alegría del Espíritu Santo. En efecto, cuando reducimos la vida eclesial a una rutina en la que cada uno permanece encerrado en sus hábitos y en su papel, lo que nos falta es el Espíritu. Éste suscita vocaciones y las une, provocando a veces agitación, discusión, búsqueda de nuevos equilibrios. No os espantéis de todo esto, disfrutadlo.

Las anécdotas que hemos escuchado esta noche nos cuentan, o mejor dicho “nos cantan”, cuánta vida hay en esta Iglesia. Alguno ha dado el siguiente testimonio: “Puedo decir sin dudar que amo profundamente a la Iglesia, familia de Dios, donde todos tenemos un lugar”. Otro ha dicho: “Sentí una gran alegría y responsabilidad, al convertirme en un miembro más activo de la comunidad y compartir mis dones con el resto de los miembros de la Iglesia”. Y aún otros más han relatado: “Para nosotros, servir en estos programas no sólo es una forma de ayudar, sino también una manera de devolver todo el cariño y apoyo que hemos recibido”. ¡He aquí la Iglesia, queridos hermanos y hermanas! He aquí la música del Evangelio, con su ritmo contagioso. Cuando llega al corazón, hace que uno diga haberse sentido acogido con los brazos abiertos, como la hermana que vino desde Perú a Madrid. Muchos, como ella y su familia, al comienzo sienten temor a acercarse, pues han oído hablar de prejuicios y decepciones. La bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos. Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios. El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa. Muchas gracias.

Vamos a rezar juntos con las palabras que Jesús nos enseñó.

Padre nuestro

Bendición

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 8-6-2026