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jueves, 16 de julio de 2026

Lawrence Feingold: «Fui educado sin religión, mi esposa embarazada padeció una gran ansiedad y no quería vivir; recé: ‘Dios: Enséñame a amar a mi esposa y a otros’; nos convertimos al catolicismo»

Lawrence Feingold se convirtió al catolicismo cuando su esposa con ansiedad no quería vivir/  

* «Me vino a la mente las palabras del Padre a Jesús en el Bautismo. “Este es mi Hijo muy amado en quien encuentro mis complacencias”. Comprendí que esas palabras eran para mi esposa y para mí (y para todos) y que debíamos hacernos cristianos. Hasta entonces sentía una gran atracción por la figura de Jesús, pero no comprendía su relación conmigo ni creía en su divinidad, pero todo cambió. Comprendí que Él se hizo hombre para que todos, judíos y gentiles, pudiéramos ser amados y adoptados como hijos. Fuimos a Misa el domingo próximo y el sacerdote habló del Buen Pastor y eso nos removió»

Camino Católico.- Lawrence Feingold cuenta su testimonio de conversión al catolicismo y el de su propia esposa en primera persona y pese a que el camino fue largo, se puede resumir en estas afirmaciones que hace en The Hebrew Catholic: «Fui educado sin religión, mi esposa embarazada padeció una gran ansiedad y no quería vivir; recé: ‘Dios: Enséñame a amar a mi esposa y a otros’; nos convertimos al catolicismo»

Después de su conversión y la de su esposa, estudió Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma (1990-1999); estudió griego y hebreo en Jerusalén en el Studium Biblicum Franciscanum, vivió en Argentina, y fue profesor de Teología en el Instituto de Teología Pastoral Ave María. Actualmente también es director de la Asociación de Católicos Hebreos. Esta es su historia vital contada por él mismo:

Lawrence Feingold en una conferencia en el año 2018

«Me asaltó la idea de que Dios debe existir para que la vida no sea vana; comprendí que la capacidad de amar es un don de Dios que debemos implorar»

Fui educado sin religión, aunque siempre tuve interés en las diversas religiones. Mi padre era judío y mi madre, protestante, pero ninguno practicaba su fe. Mi padre renunció al judaísmo a los trece años, y yo crecí con cierta identidad judía. Estudié Historia del Arte en la Universidad de Washington y la maestría en la Universidad de Columbia. El profesor Norris K. Smith nos enseñó a estudiar el arte primariamente como expresión de las creencias y convicciones concernientes a Dios, al hombre y al mundo. Nos explicó que cada obra maestra era expresión de la cosmovisión del artista y de su visión de la naturaleza de la realidad. Nuestra preferencia y admiraciones por las obras de arte no puede ser divorciada de la visión del mundo que lo anima. Los mejores trabajos artísticos están sostenidos por una visión verdadera y profunda de la realidad y de la persona humana, en cambio los periodos de decadencia, muestran una visión falsa y superficial del mundo. Comparaba las obras y preguntaba si preferíamos una pintura de Rembrandt en nuestra habitación o un retrato de Willem de Kooning (arte abstracto), donde la mujer aparece deshumanizada, fea y donde no aparece la imagen de Dios. Mi creciente admiración por el arte cristiano no me llevó a rezar ni a convertirme, pero sí me ayudó a dar algunos pasos, quizás necesitaba una prueba personal.

Mi esposa, Marsha, era judía, pero perdió su fe durante sus estudios universitarios. En este tiempo mi esposa y yo vivíamos en Toscana (Italia), en un pequeño pueblo llamado Pietrasanta, donde yo hacía trabajos de escultura.

En 1988, mi esposa empezó a padecer una gran ansiedad con seis meses de embarazo, al punto de que no quería vivir. Este fue el catalizador que Dios preparó para nuestra conversión. Vi que necesitaba más amor; comprendí la insuficiencia de mi amor y de todo amor humano. ¡Cuánto anhela el ser humano ser amado por sí mismo! Pensé: “¿Cómo podemos anhelar tanto amor si no hay un Dios?, si no hay un Dios que nos ame como Padre la sed del alma humana, de amar y ser amada, está condenada a la frustración”.

La belleza del amor conyugal reside en que nos permite ver a la persona humana tal como es: tremendamente vulnerable, tremendamente digna de amor. Vi que la persona humana es más digna de amor de lo que nosotros somos capaces de amar. Si no existe un Dios que ame al Hombre con un amor perfecto, la persona humana sería absurda. Por tanto, me asaltó la idea de que Dios debe existir para que la vida no sea vana. Comprendí que la capacidad de amar es un don de Dios que debemos implorar. El amor es capaz de fortalecer nuestra mente y abrir los ojos de nuestra alma para ver lo que debimos haber visto desde siempre. El ser humano se desvanece sin el creador.

Así que me dispuse a rezar por primera vez. Tomé el tren a Florencia para orar en el Duomo, obra de Brunelleschi. En el camino sentí la necesidad de hacer esta oración: “Enséñame a amar, enséñame a ser luz para los demás”. No sé porqué recé así, pero me agradó. Tenía 29 años. Tras esta oración recordé las palabras del Salmo 2: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”. Aunque ateo, conocía la Biblia por mis estudios de historia del arte y religiones comparadas. Y por gracia de Dios comprendí que esas palabras iban dirigidas a Jesucristo, su Hijo, a mí y a todos, en Cristo. Comprendí el misterio de la filiación divina. Recé: “Dios: Enséñame a amar a mi esposa y a otros”. Fue un momento del Espíritu. Me vino a la mente las palabras del Padre a Jesús en el Bautismo. “Este es mi Hijo muy amado en quien encuentro mis complacencias”. Comprendí que esas palabras eran para mi esposa y para mí (y para todos) que debíamos hacernos cristianos.

Hasta entonces sentía una gran atracción por la figura de Jesús, pero no comprendía su relación conmigo ni creía en su divinidad, pero todo cambió. Comprendí que Él se hizo hombre para que todos, judíos y gentiles, pudiéramos ser amados y adoptados como hijos.

Fuimos a Misa el domingo próximo y el sacerdote habló del Buen Pastor y eso nos removió. Sin embargo, oscilaba entre el catolicismo y el protestantismo. Cuando creía en la fe católica me invadía una alegría profunda, cuando optaba por el protestantismo sentía tristeza, este ciclo se repitió varias veces, con las mismas consolaciones y desolaciones. En un momento dado optamos por el Anglicanismo, en Florencia, pero al leer a Henry Newman y a otros, optamos por el catolicismo. Fuimos recibidos en la Iglesia Católica el 25 de marzo de 1988 durante la Vigilia pascual.

¿Qué fue lo que, al leer las obras de Newman, me ayudó a encontrar la luz de la fe? Si mal no recuerdo, el punto decisivo para mí fue lo que él denominó el «principio dogmático»: la idea de que existe una plenitud objetiva de la verdad religiosa que proviene de Dios y no de nosotros, y que debemos implorar con perseverancia y recibir con docilidad una vez que se nos ha concedido la luz. En segundo lugar, Newman recalcó la necesidad imperiosa de que la Iglesia esté dotada de un principio visible de autoridad dogmática infalible para resistir las puertas del infierno y los ataques del escepticismo y la pasión humana. La obra de Dios habría sido incompleta e indigna de su sabiduría y omnipotencia sin una autoridad visible que la sostuviera a través de los siglos. Si Dios se esforzó tanto por encarnarse, revelar su verdad salvífica y morir en la cruz por mí y por todos los hombres, ¿acaso no se esforzaría también por mantener su presencia salvífica en nuestro mundo y una autoridad infalible sobre lo que reveló en su encarnación? ¿Acaso abandonaría Él su obra y su rebaño?

Pero, ¿qué autoridad infalible estableció Cristo en realidad? La respuesta no es difícil de encontrar si la planteamos de esta manera. Si Cristo estableció una autoridad infalible sobre la cual se fundaría su Iglesia, sobre la cual se edificaría a lo largo de los siglos, solo pudo ser la autoridad otorgada a Pedro y sus sucesores, pues esto fue lo que Cristo mismo prometió: «Tú eres Pedro, sobre quien edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella». ¿Qué cuerpo cristiano puede tener una pretensión razonable de ser la Iglesia edificada sobre la roca de Pedro? Solo la Iglesia Católica hace esta pretensión, y la historia de dos mil años lo confirma, pues la sucesión ininterrumpida de Papas que gobernaron la Iglesia con la misma fe que los Apóstoles durante dos milenios solo pudo darse por la extraordinaria ayuda de Dios.

Y si Cristo estableció una autoridad infalible para su Iglesia, ¿qué nos queda sino someternos a ella? No hacerlo sería, en última instancia, rebelarnos contra Dios y rechazar la luz con la que Él desea que lleguemos a la verdad que nos hará libres.

Tras mi ingreso en la Iglesia Católica el 25 de marzo de 1989, por la gracia de Dios puedo hacer mías las palabras del Cardenal Newman. Newman escribe: “Desde que me convertí al catolicismo, por supuesto, no tengo más que contar sobre mis creencias religiosas. Al decir esto, no quiero decir que mi mente haya estado ociosa ni que haya dejado de reflexionar sobre temas teológicos; sino que no he experimentado ningún cambio ni he sentido ninguna inquietud. He vivido en perfecta paz y satisfacción. Jamás he tenido la menor duda… Fue como llegar a puerto tras una travesía por mares agitados; y mi felicidad en ese sentido perdura hasta el día de hoy sin interrupción”.

La razón de esta profunda paz interior que ilumina la vida de los conversos al catolicismo tras su conversión, siempre que perseveren, reside en el principio dogmático. Entramos en la Iglesia Católica porque vemos que es la religión ordenada, querida y fundada por Dios mismo. Está edificada sobre la roca. Creemos en toda la doctrina católica simplemente porque la Iglesia la enseña con plena autoridad, y reconocemos a la Iglesia como el oráculo de Dios, aquella que habla en nombre de Dios, la continuación de la misión del Mesías en la tierra.

Muchos judíos que llegan a creer en Cristo y en la Iglesia que Él fundó, sienten angustia ante lo que perciben como una traición al pueblo judío. Mi esposa y yo nunca experimentamos esta prueba. Al contrario, descubrí una gran atracción por lo judío que nunca antes había sentido. De niño nunca aprendí hebreo, pero encontré gran alegría al aprenderlo como cristiano, para poder rezar los Salmos, por ejemplo, en la lengua del Pueblo Elegido. Este sentimiento se afianzó y estimuló al leer el libro «Identidad judía», del padre Elias Friedman, fundador de la Asociación de Católicos Hebreos, que encontré poco después de nuestra entrada en la Iglesia Católica.

En los primeros años después de nuestra conversión, a menudo me preguntaban por qué había «elegido» el cristianismo o la Iglesia Católica, y no el judaísmo, el budismo o el protestantismo. La pregunta se formula en términos de liberalismo religioso, como si la religión fuera una cuestión de sentimientos, preferencias, lealtades o decisiones personales. La experiencia de los conversos no es que hayamos elegido algo, sino que es Dios quien nos ha elegido para redimirnos mediante la Encarnación y la Pasión del Mesías, que se continúa y se hace presente en la Iglesia Católica, y es Dios quien nos llamó a entrar en esa arca de salvación. Quienes hemos recibido la gracia de oír, sin mérito alguno, tenemos el deber de orar por aquellos que aún no han recibido ese don.

Lawrence Feingold

Luis de la Fuente, seleccionador español de fútbol: «Dios me da una gran seguridad a la hora de acometer cualquier proyecto, me da paz, me da seguridad, calma, tranquilidad y confianza»

Luis de la Fuente, seleccionador español de fútbol / Foto: FIFA

* «Yo es que rezo todos los días, pero no porque estoy en un mundial ni pretendo sacar un resultado. Yo le doy gracias a Dios todos los días, cada día que me levanto de que estoy bien, me miro y digo: ‘Otro día más que puedo disfrutar de la vida’ Yo doy gracias por esos detalles y rezo, porque rezo todos los días, no para que me ayude más. Creo que sería injusto pedirle para que me ayude a mí y no ayude al rival. Yo, en mis convicciones, pues pido otras cosas: salud especialmente y lo demás que me dé opciones a seguir peleando. Es lo que quiero. Con salud no tengo problema para pelear. Soy un guerrero y peleo todo, pero con salud. Si no tuviera salud, pues entonces ahí habría algún problema»

 Camino Católico.-  El seleccionador español, Luis de la Fuente, ha revelado este martes cómo reza a Dios y qué le ha pedido antes de la semifinal del Mundial, en la que España ha eliminado a Francia y se ha clasificado para la final. El técnico hizo estas declaraciones durante la rueda de prensa previa al partido con Francia.

En comparecencia pública, el entrenador español fue consultado por sus fuertes convicciones religiosas y el modo en que reza a Dios y una vez ha eliminado a la selección francesa, sus manifestaciones son aplicables ante el partido de la final que deberá disputar.

''Yo es que rezo todos los días, pero no porque estoy en un mundial ni pretendo sacar un resultado. Yo le doy gracias a Dios todos los días, cada día que me levanto de que estoy bien, me miro y digo: ‘Otro día más que puedo disfrutar de la vida’ Yo doy gracias por esos detalles y rezo, porque rezo todos los días, no para que me ayude más. Creo que sería injusto pedirle para que me ayude a mí y no ayude al rival. Yo, en mis convicciones, pues pido otras cosas: salud especialmente y lo demás que me dé opciones a seguir peleando. Es lo que quiero. Con salud no tengo problema para pelear. Soy un guerrero y peleo todo, pero con salud. Si no tuviera salud, pues entonces ahí habría algún problema''. ha asegurado Luis de la Fuente.

Luis de la Fuente se ha caracterizado por expresar abiertamente su fe católica y ha sido claro al afirmar que, si se santigua antes de los partidos, "no es superstición", sino una expresión natural de sus creencias, lejos de constituir una manía. El seleccionador es devoto del Cristo de la Expiración, conocido como El Cachorro en Sevilla y de la Virgen de la Vega, patrona de Haro, su ciudad natal.

Luis de la Fuente durante su visita al Cristo de la Expiración

En 2024 aseguraba que “yo creo que Dios está en todos los sitios, también en el mundo del fútbol, así que cualquier lugar es bueno para tener una relación con Él. A mí el Señor me da paz, me da seguridad, calma, tranquilidad y confianza. Y todo eso, evidentemente, lo traslado a cualquier relación social que tengo en mi vida, pero también en mi ocupación profesional. Dios me da una gran seguridad a la hora de acometer cualquier proyecto, ya sea de carácter personal, social o laboral”, decía a Alfa y Omega.

“Todo tiene un origen y el de mi fe se encuentra, evidentemente, en mi casa. Somos una familia religiosa. Aunque, más tarde, la asumí personalmente después de un proceso de reflexión. Con la libertad que tengo para elegir una opción de vida u otra, en un momento dado yo decidí seguir este camino. Opté por creer en Dios y ser católico, pero, insisto, dentro de esa libertad que tenemos todos en el ámbito de las creencias”, explicaba.

Hay quienes se sorprenden de que Luis de la Fuente muestre su fe en público y responde que para él si es compatible creer en Dios, y manifestarlo tan abiertamente, con una cargo de carácter público como el suyo:

“Claro que lo es. No tienes más que vivir con la misma normalidad que manifiestan los que piensan y mantienen la postura contraria. Es decir, parece que la sociedad tiene normalizada la increencia y que tener una postura distinta no es normal. Pues sí lo es. Yo he elegido otra postura y cuando corresponde o se me pregunta, simplemente reconozco mis valores, mis principios y mis creencias, que representan un aspecto muy importante de mi vida y de mi comportamiento diario. Hay que quitar la etiqueta de extraordinario a algo que no lo es. Para mí es ordinario creer en Dios y también respetar al que decide pensar de otra manera”.

Y precisa mucho su actitud: “No me he encontrado ninguna puerta cerrada o alguna mala cara por mis convicciones personales; todo lo contrario. Y si así hubiera sido, la hubiera dado por bien cerrada. A mí solamente me interesa la gente que respeta a los demás y que acepta, con normalidad, la opción de vida que cada uno, con su libertad personal, ha elegido. Ese es el mundo en el que yo me muevo, repleto de personas que, independientemente de sus creencias, saben aceptar al que tiene enfrente. Los demás no me interesan”.

Son muchos los miembros de la Roja que han hablado de su fe de una forma u otra y Luis de la Fuente responde a cómo se vive la fe en el vestuario: “Somos personas discretas que vivimos nuestras creencias de manera íntima y privada, aunque cuando corresponde hacerlo de manera pública, no tenemos ningún problema. Es la normalidad de la que te hablaba antes. A mí no me cuesta nada hablar de mis principios y creencias religiosas porque son parte de mi vida y las vivo con absoluta cotidianidad. Es cierto que hay mucha gente, diría que muchísima más de la que pensamos, que está un poco condicionada por la sociedad actual y que no se atreve a hablar públicamente de su fe. Pero creo que si somos capaces de que cale el respeto, dentro de la diversidad contemporánea, poco a poco esa gente será capaz de vivir con naturalidad su fe”.

Luis Arroyo y Amparo Martínez, 60 años ayudando a personas con discapacidad: «Si no nos enamoramos de Jesucristo, ¿de qué nos vamos a enamorar? Y tenemos que dar a conocer que Jesucristo está vivo»

Amparo Martínez y Luis Arroyo, matrimonio y fundadores de la Fundación Juan XXIII   / Foto: Nicolás de Cárdenas - ACI Prensa

* «Toda esta labor está confiada a la Providencia: Nunca hemos tenido una peseta, pero nunca nos ha faltado una peseta. Nunca. Y el camino después de 60 años es muy largo. Tengo la seguridad del patronato que yo tengo arriba: el Señor, la Virgen, San José, mi banquero de ahora que no falla… Mi mayor preocupación es que todo el mundo conozca a Dios»

Camino Católico.-  Luis Arroyo y Amparo Martínez soñaban con ser misioneros lejos de España, pero la Providencia los unió para crear hace 60 años la Fundación Juan XXIII, al servicio de las personas con discapacidad. Casi nonagenarios, siguen al frente de esta misión que aborda una realidad: en España hay más de cuatro millones de personas que declaran tener una discapacidad, según el Instituto Nacional de Estadística. Y sólo uno de cada cuatro en edad de trabajar logra un empleo.

Luis y Amparo, junto a su hijo Javier, director general de la fundación, han comprobado a lo largo de su vida que, con la formación y los medios adecuados, estas personas pueden mejorar su calidad de vida, desarrollar su autonomía personal y, en muchos casos, obtener un empleo.

Un joven torero y una huérfana de guerra con alma de misioneros

Luis Arroyo iba para torero. Ganó un concurso para jóvenes talentos taurinos y cortó una oreja en la Plaza de Las Ventas. "Los toros en realidad fueron los que me llevaron a la fe. Claro, ante el miedo, pues 'bendito seas, Señor'", explica en conversación con ACI Prensa.

La experiencia de los ejercicios espirituales ignacianos transformó su vida: "Ahí tuve un impacto de fe muy fuerte y ya mi obsesión era las misiones", recuerda Así, ingresó en el Colegio Mayor de Vocaciones Tardías de Salamanca, donde estuvo cuatro años. Nunca llegó a ser misionero. Al menos, como lo soñó en un primer momento.

Amparo fue llevada en su infancia a un colegio religioso en Toledo donde iban hijas huérfanas tras la Guerra Civil española. Allí le dieron "una formación muy buena, tranquila, en época de postguerra, sin decir nada de la guerra ni nada de odios, nunca".

Al cumplir 12 años, se unió a un grupo de niñas comprometidas a "hacer cada día un sacrificio para la conversión de los pecadores", como pidió la Virgen María en Fátima. A los 19 decidió ingresar como novicia en una orden de religiosas misioneras. Su madre, pese a ser muy religiosa, no la acompañó. Allí fue feliz "Cuando ya hice el noviciado y el primer año en Cataluña, me dicen: usted no sirve para misionera", recuerda.

Así volvió a la vida secular a los 26 años con su título de pedagogía, con el que logró trabajo en un colegio para personas sordas durante un año. Poco después, puso en marcha un colegio de niñas al que le puso el nombre de Inmaculada Concepción.

Una misión confiada a la Providencia

En 1966 ambos fundaron el colegio de Educación Especial Juan XXIII. La humildad y la bonhomía del Papa les cautivó. Por eso eligieron su nombre, tres años después de fallecer el Pontífice que convocó el Concilio Vaticano II.

Allí acogieron a los primeros 50 alumnos con discapacidad y en un centro que es el origen de la actual fundación, que hoy abarca centros de día y de formación especial, servicios de empleo y pisos tutelados, entre otros servicios, que dan apoyo a más de 3.500 personas.

“Toda esta labor está confiada a la Providencia: Nunca hemos tenido una peseta, pero nunca nos ha faltado una peseta. Nunca. Y el camino después de 60 años es muy largo", detalla Amparo.

"Tengo la seguridad del patronato que yo tengo arriba: el Señor, la Virgen, San José, mi banquero de ahora que no falla", expone con humor.

"Señor, qué bonito, qué bien lo haces"

"Voy a hacer 91 y es como si tuviera 50", afirma Luis. A los 65 se jubiló, pero sólo de forma momentánea. Volvió porque “mi mayor preocupación es que todo el mundo conozca a Dios, porque todavía no dejo de sorprenderme el abandono en el que está la fe todavía en España".

"Cuanto más conozco a Jesucristo, más me enloquece", añade, antes de subrayar: "Si no nos enamoramos de él, ¿de qué nos vamos a enamorar? Y entonces eso es lo que tenemos que dar a conocer, que Jesucristo además está vivo" y que "va a venir en cualquier momento a preguntarnos a ver qué tal nos va".

La perspectiva de la muerte está muy presente también en Amparo, quien espera poder sumarse al "patronato del cielo" de la fundación: "Hasta tengo ganas de morir. Digo: ¡Ay!, voy a estar en el patronato de arriba, voy a continuar, pero desde arriba".

Ella afronta estos últimos años "aunque llore, alegre o tranquila, esperando con mi maleta lo que realmente me viene. Seguro, seguro, es la muerte".

¿Y cómo lo afronta?, le preguntamos. Amparo responde con serenidad y emoción contenida: "No digo gana, porque la vida es bonita. Pero voy diciendo: Señor, que me vas a venir a buscar: Que yo te he buscado a Ti y Tú me vas a venir a buscar a mí".

"Lo único que me llevo de verdad es lo que yo haya ayudado a la gente. No hay otra cosa. No queda nada. Ni dinero, ni bienestar", añade Amparo.

Luis, mirando el camino recorrido, añade: "¿Qué hemos hecho? Nada. Hacer bien, pero no hemos hecho nada. Venir, trabajar. Pero el camino ha sido un camino bonito, que te permite ver las situaciones de cada persona, masticarlas también y decir: Señor, qué bonito, qué bien lo haces".

Senad Mrkaljevic, 41 años, exrefugiado musulmán que escapó de la guerra en Bosnia, ha sido ordenado sacerdote: «Muchas personas temen que la fe les quite algo; mi experiencia es que Dios me da mucho más»

A la izquierda de imagen Senad Mrkaljevic, de 41 años, posando con la alegría de haber sido ordenado sacerdote / Foto: Facebook de Senad Mrkaljevic

* «Fue todo un reto para mí entrar en una Iglesia Católica. Me preguntaba: '¿Está bien lo que estás haciendo?' Al principio, lo hacía a escondidas. En aquel entonces vivía con mi hermano mayor. Cuando volvía de la iglesia, él todavía estaba dormido. No quería llevar una doble vida y por eso me bauticé. Mi conversión y mi decisión de ser sacerdote fueron reconocidas por mi familia musulmana en Bosnia y también por mis hermanos»

Camino Católico.- Un hombre que llegó a Alemania como refugiado tras huir de la guerra en Bosnia y Herzegovina ha sido ordenado sacerdote católico, convirtiéndose en un caso excepcional en el país por haber nacido en una familia musulmana y abrazado el cristianismo en la edad adulta. Según informa Katholisch.de, el sitio de noticias de la Iglesia Católica en Alemania, Senad Mrkaljevic, de 41 años, ha recibido la ordenación sacerdotal hace unas semanas de manos del Arzobispo de Berlín, Mons. Heiner Koch, en la Catedral de Santa Eduvigis.

“Muchas personas temen que la fe les quite algo. Mi experiencia es exactamente la contraria: Dios me da mucho más. Eso es lo que quiero transmitir a los demás”, afirma el nuevo sacerdote.

Senad Mrkaljevic, de 41 años, en el momento de ser ordenado sacerdote por el Arzobispo de Berlín, Mons. Heiner Koch, en la Catedral de Santa Eduvigis / Foto: Facebook de Senad Mrkaljevic

Nacido en 1984 en Brčko, en la entonces Yugoslavia, Mrkaljevic creció en una familia musulmana, donde la religión no ocupaba un lugar central.

“Católicos, ortodoxos y musulmanes vivían entonces pacíficamente unos con otros. De niño, vi una ceremonia cristiana ortodoxa en la televisión de nuestros vecinos serbios y exclamé: “¡Quiero ser imán!”. El vecino me contestó a modo de broma: “Mejor hazte pape” —que es como llaman allí al sacerdote católico—. En aquel momento nos reímos juntos; unos años más tarde, cuando estalló la guerra de los Balcanes, esa hermandad ya no habría sido posible”, recuerda.

Sin embargo, el estallido de la guerra en Bosnia en 1992 obligó a su familia a refugiarse primero en Austria y luego en Alemania.

“Cuando era niño fue difícil comprender lo que significaba huir y, en Alemania, rápidamente me sentí un extraño”, relata.

A estas dificultades se sumó una discapacidad visual congénita, que hizo más compleja que se integre en el colegio.

Su camino hacia la fe católica comenzó tiempo después. A los 23 años empezó a leer la Biblia y visitaba en secreto la iglesia cada domingo por la mañana. La primera vez que entró a un templo tuvo miedo. “Fue todo un reto para mí entrar allí. Me preguntaba: '¿Está bien lo que estás haciendo?' Al principio, lo hacía a escondidas. En aquel entonces vivía con mi hermano mayor. Cuando volvía de la iglesia, él todavía estaba dormido”, recuerda.

Senad Mrkaljevic, de 41 años, con su familia después de su ordenación sacerdotal / Foto: Facebook de Senad Mrkaljevic

Con el tiempo descubrió que no quería ocultarse más. “No quería llevar una doble vida”, explica. En 2009 recibió el bautismo durante la Vigilia Pascual, una decisión que al principio fue difícil para su familia.

“Para mi madre fue un problema. Intentó hacerme cambiar de opinión”, cuenta. Aun así, decidió seguir adelante.

Estudiando en una escuela nocturna para adultos, Senad logró recuperar los estudios: terminó la educación secundaria y luego obtuvo el Bachillerato Tecnológico. Después, completó una formación profesional en administración dentro de una empresa de asistencia médica a domicilio. Durante todo ese tiempo, su fe seguía madurando: quería ser sacerdote.

«Estuve dándole vueltas durante mucho tiempo a si este podría ser mi camino», explica. Tenía claro que debía mantener el contacto con su madre, quien seguía rechazando su decisión. «Sabía que, para mi salud mental y espiritual, romper la relación con ella habría sido destructivo. Mi camino no habría terminado bien».

Comenzó a estudiar Teología en Sankt Lambert, un seminario alemán muy conocido por especializarse en «vocaciones tardías» (adultos que deciden ordenarse tras haber tenido carreras civiles). Se graduó en 2023. Asegura que —«con la ayuda de Dios»— luchó contra todos los obstáculos del sistema educativo: rendirse no era una opción. «Esto es algo que, en mi labor actual, también quiero transmitir a los demás», afirma.

En 2023, fue destinado como diácono y luego como capellán a la parroquia Santa Edith Stein, en el distrito berlinés de Neukölln, donde reside una importante población musulmana.

Senad Mrkaljevic, de 41 años, en el centro, presidiendo una Misa / Foto: Facebook de Senad Mrkaljevic

Mrkaljevic considera que, gracias a su historia, puede convertirse en un constructor de puentes entre cristianos y musulmanes”.

También destaca que, con el paso del tiempo, su decisión fue recibida con respeto por sus seres queridos. “Mi conversión y mi decisión de ser sacerdote fueron reconocidas por mi familia musulmana en Bosnia y también por mis hermanos”, afirma. Su madre incluso asistió a su ordenación sacerdotal.

Mirando hacia su nuevo ministerio, Mrkaljevic expresa su deseo de acompañar espiritualmente “a las personas y anunciar la Buena Nueva”.

“Nunca es en vano, por pocos que seamos. Yo mismo he experimentado cuánto me ha enriquecido y eso es lo que quiero compartir con los demás”, concluye.

Clémence de Camaret quería ser arquitecta pero es escultora de arte sacro: «Para mí, la belleza es un pequeño rayo de luz que revela la verdad, quién es Dios y su amor; mí trabajo es una oración continua»

Clémence de Camaret con su escultura de Juana de Arco / Foto: Clémence de Camaret - Aleteia

Camino Católico.- Desde niña, Clémence de Camaret soñaba con ser arquitecta. Esta profesión reunía todo lo que le apasionaba: el dibujo, la observación, la creación y el patrimonio. Sin embargo, tras cinco años de estudio y varias experiencias profesionales, se dio cuenta de que algo le faltaba. El trabajo frente a la pantalla, el ritmo exigente y el difícil mercado laboral la llevaron gradualmente a considerar otro camino. Con el tiempo, fue principalmente la falta de trabajo práctico y concreto lo que empezó a pesarle.

Fue casi por casualidad que descubrió la escultura durante un año Erasmus en Roma. En la Ciudad Eterna, rodeada de las obras de Bernini y Miguel Ángel, Clémence compró plastilina, una arcilla para modelar que usan los escultores y que tiene la propiedad única de no secarse nunca, y comenzó a esculpir por su cuenta en su habitación de estudiante. En aquel momento, atravesaba un periodo personal difícil. "Necesitaba mantener las manos ocupadas", confiesa a Laura Marchais en Aleteia. Muy pronto, la joven descubrió una pasión y un verdadero talento para este arte.

Clémence, disléxica, explica que siempre ha aprendido más a través de la práctica y el movimiento que con los métodos escolares tradicionales. "Aprendo moviéndome, poniendo las cosas en práctica", afirma. La escultura surgió entonces como una elección natural, la síntesis perfecta de su amor por el dibujo, su sentido del espacio heredado de la arquitectura y su necesidad de trabajar con materiales.

De vuelta en Francia, Clémence completó su formación autodidacta en la Academia de Artes de Aviñón, una institución francesa especializada en la enseñanza de la escultura clásica. Durante unos meses, adquirió técnicas de modelado y descubrió el mundo de la restauración del patrimonio.

Los primeros pasos de una aventura artesanal

Con tan solo tres meses de experiencia como autónoma y apenas 25 años, Clémence se encuentra en los inicios de esta aventura artesanal. Sin embargo, ya recibe encargos. Todo comenzó con una estatua de la Virgen María creada como regalo de compromiso. Inspirada en una Virgen María del siglo XII que se conserva en el Louvre, la pieza cautivó rápidamente a quienes le pidieron que la reprodujera. Animada por su prometido, decidió lanzarse a la aventura.

Actualmente, sus clientes son principalmente particulares que descubren su obra en las redes sociales, que se han convertido en su principal plataforma de venta. Pero antes de llegar a sus dueños, cada una de sus esculturas requiere un proceso largo y meticuloso. Para dar vida a sus creaciones, Clémence comienza modelando una pieza original en arcilla. A esto le sigue un extenso proceso de moldeo, seguido de refinamientos y toques finales antes de que una estatua pueda salir de su taller. En total, cada pieza representa más de una semana de trabajo, sin contar las horas dedicadas a los detalles finales.

Clémence de Camaret esculpiendo en su taller / Foto: Clémence de Camaret - Aleteia


Sus precios siguen siendo intencionadamente asequibles: 230 € por su Virgen María de Bel-Amour, 265 € por su ángel sonriente inspirado en la catedral de Reims y 295 € por su Juana de Arco. "Actualmente estoy muy por debajo del precio de mercado", admite con humildad. "Sigo mejorando técnicamente". Sin embargo, su ambición no es crear una gran empresa. A pocas semanas de su boda, la joven desea principalmente forjarse una carrera compatible con la vida familiar que anhela. "Mi familia es lo primero", afirma con sencillez.

Para devolver un lugar a lo sagrado

Aunque Clémence se dedica principalmente a esculpir figuras religiosas, su elección va mucho más allá de lo artístico. Durante un viaje a Jordania para su proyecto de fin de carrera, le impactó la naturalidad con la que los cristianos manifestaban su fe en los espacios públicos. Esta reflexión sigue vigente en ella. "Lo que me conmueve es expresar mi fe a través de la belleza", explica. "Para mí, la belleza es un pequeño rayo de luz que revela la verdad, quién es Dios y su amor".

Poco a poco, los proyectos van tomando forma. Clémence ahora quiere crear más obras al aire libre, en particular para recuperar los nichos en las fachadas de los edificios que antaño ocupaban las estatuas de la Virgen María, a veces olvidadas hoy en día. Originaria de la Provenza, la escultora siente un profundo apego por estas Madonas que han velado por pueblos y barrios durante generaciones. "Son parte de nuestra historia. Es algo que me conmueve profundamente", subraya. "Mi objetivo es casi crear obras tan bellas que nadie se atreva a romperlas", añade la joven.

"Mi trabajo es una oración continua"

Detrás del lanzamiento de su taller se esconde una búsqueda más personal. Durante mucho tiempo, Clémence sintió que buscaba constantemente una nueva aventura. Viajes, proyectos y retos deportivos o profesionales se sucedían uno tras otro. Recuerda especialmente las largas horas que pasaba sola caminando o en bicicleta hasta Roma, como si algo aún se le escapara.

La escultura puso fin gradualmente a esta búsqueda constante. Por primera vez, la joven sintió que había encontrado una actividad que reunía todo lo que la definía profundamente: el trabajo manual, la contemplación, la creación artística, el compartir conocimientos y la fe. Esta actividad también satisfizo una necesidad muy personal de Clémence. "Soy una persona bastante activa", explica. "Nunca me ha atraído estar sentada en una silla. Hacer algo me mantiene con los pies en la tierra".

Así, en su taller, descubre un espacio singular donde sus manos están ocupadas mientras su mente permanece libre. Un lugar donde puede trabajar dejando que sus pensamientos divaguen. "Soy de las que tienen dificultades para rezar con constancia y regularidad", admite con franqueza. Mientras que otros encuentran su equilibrio de forma natural en la adoración o en el rezo diario del rosario, Clémence se siente más llamada a encontrarse con Dios en la acción.

Varias de las esculturas de Clémence de Camaret /  Foto: Clémence de Camaret 

La escultura le ofrece precisamente este tiempo de libertad interior. Durante horas, concentrada en el rostro de la Virgen o en los pliegues de una prenda, entra en un estado de silencio y contemplación. "Para mí, este trabajo es una oración continua", explica. "Es una especie de práctica meditativa, como la que los monjes siempre han utilizado para conectar con Dios".

Cada escultura se convierte entonces en algo más que un objeto o un encargo. Para Clémence, es un momento de presencia, un diálogo silencioso que se desarrolla al ritmo de los gestos repetidos y del material trabajado. "Siento que Dios no me llama a rezar de la forma tradicional", explica. "Hacer cosas que sirvan a Dios": eso es lo que le parece más apropiado.

A través de sus estatuas, Clémence busca menos producir objetos religiosos que ofrecer obras capaces de elevar la mirada. Esta convicción impregna ahora todo su proyecto. Detrás de la emprendedora que aprende a desarrollar su negocio se esconde una joven que finalmente ha encontrado lo que tanto anhelaba: una manera de unir su trabajo, su fe y su vida.

Néstor Noel Carrillo González, 32 años, religioso Pasionista: «Dios me regaló una familia de fe, de Iglesia. pero fue al recibir la Confirmación que quise dar mi vida a Dios, que ha hecho camino conmigo, y seré sacerdote»

Néstor Noel Carrillo González será ordenado sacerdote después de un largo camino de compromiso con el Señor como religioso Pasionista / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

* «Animar a los jóvenes primero a encontrar a Jesús, que es el mejor amigo, el amigo que nunca falla, el amigo que siempre está en las buenas y en las malas. Lo digo por carne propia porque en la vida a veces encontramos personas buenísimas. Son regalos de Dios, sí, pero así como vienen, así van y así vienen. Pero hay un amigo que siempre permanece ahí, que rompe esos tiempos del pasado, presente y futuro, Él siempre va a estar ahí contigo, se llama Jesús. Y yo te invito que si tienes algún llamado, consideras que Dios te está llamando al servicio de la Iglesia, ya sea a la vida religiosa, ya sea a la vida diocesana, pues que te atrevas, que seas un atrevido a decir ese «sí». Sírvele al Señor porque la Iglesia y Dios te necesitan, porque eres importante para este mundo y para la Iglesia. Necesitamos de ti. No te cohíbas»

Camino Católico.- Néstor Noel Carrillo González es religioso pasionista y diácono de la Iglesia católica. Nació hace 32 años en Panamá y actualmente sirve pastoralmente y trabaja como profesor de religión en el Colegio San Gabriel, centro educativo pasionista fundado hace 58 años en Alcalá de Henares.

Antes de llegar a la ciudad complutense, Néstor realizó misiones en lugares como la Selva Amazónica del Perú, en Ecuador o El Salvador; desarrolló su formación de aspirantado en Panamá y sus estudios de filosofía en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Posteriormente hizo su noviciado en Daimiel, Ciudad Real, a donde llegó en 2019; y realizó estudios teológicos en la Universidad San Buenaventura, en Bogotá, Colombia.

En septiembre de 2023 fue ordenado diácono en el colegio San Gabriel por Mons. Antonio Prieto Lucena, obispo de la Diócesis de Alcalá de Henares. El próximo 25 de julio de 2026 será ordenado sacerdote en Panamá por Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá. Da su testimonio de fe y conversión en una entrevista en el portal de la diócesis de Alcalá de Henares.

– ¿Qué es la congregación pasionista?

– Nuestra congregación se llama «La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo», fundada en 1720 por el religioso San Pablo de la Cruz, el primer pasionista, el máximo místico del siglo XVIII. Y nuestro principal carisma es anunciar, vivir y predicar la Pasión de Jesucristo como mayor obra de amor de Dios hacia la humanidad.

– ¿Cuándo te llamó Dios?

Fue secuencial. La fe se cultiva y se vive en la experiencia familiar. Y en mi caso, Dios me regaló una familia de fe, de Iglesia. Desde que tengo conciencia he asistido con ellos a la Eucaristía. Creo que ese es un gran comienzo, un gran paso, la semillita de la fe y de la vocación. Gracias a ello hice mis sacramentos de la primera Comunión, la Confirmación… Pero no fue específicamente hasta que hice mis sacramentos de la Confirmación en Panamá, en la parroquia San Nicolás de Bari -comunidad Pasionista- que tengo ese acercamiento de dar mi vida a Dios por medio de esta congregación pasionista.

Anhelaba ser sacerdote, anhelaba también ser profesor y también ser psicólogo. Y hoy en día pues llevo casi esos tres momentos. Actualmente estoy aspirando a continuar con los estudios de Psicología.

Dios hace camino y creo que ha hecho camino conmigo durante todos esos años. Se fue cultivando desde la infancia, fortaleciéndose en el sacramento de la Confirmación y dando ese sí definitivo cuando tenía 21 años.

– ¿Por qué llevas el hábito religioso cuando algunas veces, hoy en día, no es habitual?

– San Pablo de la Cruz, que fue el primer pasionista, en 1720 viste con una túnica negra que para él representaba el hacer luto por la Pasión. En su época, él enfatizaba que los principales males que hay en la sociedad en ese entorno, en ese siglo, es porque el ser humano ha abandonado la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

Porque si somos conscientes de que hubo alguien que se entregó por amor a nosotros, el ser humano no haría daño a su prójimo, a su hermano. Y es una frase que incluso hoy en día, en pleno siglo XXI, en 2026, sigue estando vigente. Entonces, nosotros hacemos memoria de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo con el hábito de hacer luto por la Pasión. El recordar -si hay alguien que se ha olvidado de ese amor total- que principal compromiso y responsabilidad de los pasionistas es hacer memoria y demostrar a la humanidad y a nuestra Iglesia que el Señor se entregó en la cruz por amor.

Néstor Noel Carrillo González lleva su hábito de religioso Pasionista en el que su elemento principal es el escudo de la pasión de Jesucristo / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

– Y el hábito negro tiene algunos signos…

– Tiene principalmente el escudo de la Pasión, el escudo que se da cuando se realiza la profesión temporal. Es un signo en forma de corazón que en sí es negro, porque negro es el pecado de la humanidad. Pero aún así, sobre ese corazón negro está puesto un corazón blanco, que es la misericordia de Dios, que todo lo perdona, lo purifica y lo transforma. Hay unas letras en griego y en latín, y el Crismón.

Nuestro fundador, San Pablo de la Cruz, siempre recalcaba que la Pasión de Jesucristo «esté siempre grabada en vuestros corazones». Entonces, vemos que Jesús, escrito en latín y en griego, no solamente es para Occidente ni Oriente, sino es un Jesús para toda la humanidad, a nivel universal. En el escudo hay también tres clavos, que representan los de la crucifixión del Señor.

Tenemos también una cruz, instrumento de salvación, signo de salvación. Es el Señor que nos redime y entrega su vida en una cruz. Pero también es una cruz blanca que evoca a la resurrección, a la luz, a la vida eterna. Y esa es la misión del pasionista, acompañar hoy en día a los crucificados. Pero no solamente el estar ahí, sino acompañarles en ese proceso para que ellos puedan descubrir la vida, descubrir que todo problema y toda situación difícil tiene solución.

Y arriba de la cruz hay como una especie de trébol que representa Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Santísima Trinidad es Dios en su totalidad, que se crucifica por amor. Pero también está lo que es la pasión, la muerte, la resurrección, ese triduo pascual. Es una catequesis.

Llevamos el Rosario también. En principio no formaba parte del hábito pasionista, sino que años después, la orden dominica le regala el Rosario primitivo a la congregación pasionista.

– ¿Qué significa para ti el Colegio San Gabriel, de Alcalá de Henares, en el que das clases de religión?

Es la cuna en la cual muchos chicos y jóvenes de Alcalá han pasado. Hemos tratado, nosotros como religiosos, de transmitir con amor el carisma de la congregación. Pero también transmitir los valores humanos, que al fin también son cristianos. Nosotros, como congregación en la Diócesis de Alcalá, hemos acompañado a la familia a descubrir ese amor de Jesús crucificado, pero también a demostrar y a compartir esos valores para que los jóvenes lo pongan en práctica en esta sociedad, por medio de sus actitudes, por medio de la manera de expresarse.

Cada chico que sale del colegio se nota que es del Colegio San Gabriel, por esos valores que le hemos transmitido. Y lo hemos hecho con servicio, con amor total, como esa ofrenda que nosotros hacemos hacia la diócesis y hacia estas tierras.

Néstor Noel Carrillo González da clases de religión en el Colegio San Gabriel, de Alcalá de Henares, de los Pasionistas / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

– ¿Y has elegido ya un lema sacerdotal?

– El sábado 25 de julio me ordeno sacerdote en Panamá. Mi lema es «Salve María, Mater Misericordiae». Yo creo que los sacerdotes son los hijos predilectos, en sintonía desde el crucificado, cuando dice a Juan, el discípulo amado, que «ahí está tu madre». Y es el mejor legado, que nuestro Señor desde la cruz nos concedió a María como nuestra madre.

Por eso he querido recalcar a María como parte de mi vida, como parte de mi vocación. Yo me considero una persona muy mariana. Nuestra tierra, Panamá, es muy mariana. Tenemos una advocación que nació aquí en España, en Sevilla, Santa María la Antigua. Es la primera advocación mariana en esa época, en 1510, a todas esas tierras americanas. Es patrona de Panamá y le tengo mucho cariño, tanto así que mi apellido religioso es «de Santa María la Antigua». Soy Néstor de Santa María la Antigua.

Mi lema sacerdotal es «Madre misericordia» porque considero que es la mejor modelo y maestra de cómo compartir y transmitir misericordia, es la madre de aquel buen Maestro, que nos lo enseña siempre.

– ¿Qué personas te han acompañado en tu discernimiento vocacional?

– El primer pasionista que conozco fue el párroco de mi pueblo. Donde me crie está la presencia pasionista. El primer pasionista -un español- que se llama Eusebio García fue el primer pasionista que conocí. Fue en un momento muy crítico en mi vida en el cual mi papá le diagnosticaron cáncer. Yo tenía siete años. Estaba muy grave, con cáncer entre los pulmones y el corazón. Conocí a un pasionista que llegó al hospital para darle la unción de enfermos.

Años más tarde, cosa de la vida, empecé de lleno a familiarizarme con la parroquia. Me hice monaguillo de aquel sacerdote que acompañó a mi padre en ese proceso -que gracias a Dios mi papá está vivo-, su presencia fue un consuelo, un consuelo de esa presencia de Dios en medio de ese dolor. Le considero como mi padre en la fe: Eusebio García.

– ¿Y algunos santos que tengas como referentes en ese discernimiento?

– Soy pasionista… San Pablo de la Cruz, que, a los 19 años, también quería servir al Señor pero no sabía cómo. Él quería ser mártir, quería pertenecer a la Guardia Suiza para defender al Papa, porque en esa época del siglo XVIII había muchas dificultades también. El Señor le fue acompañando a él en su vocación. Primero con ese enamoramiento de entregar su vida total al Señor Crucificado, a ser fundador, cosa que no tenía muy clara. Pero en el transcurso de los días, se iba aclarando. Algo que me llama de él es su perseverancia en la fundación de la congregación. Luchó y sufrió muchísimo pero su mejor amigo siempre fue el Señor. Fue muy mariano también. Siempre fue buen hijo de María Dolorosa, que es la patrona de la congregación.

También está el Beato Pío Campidelli, con el que me siento muy relacionado porque fue como mi compañero desde que inicié la etapa de aspirantado. Conocí su historia y me cautivó porque era un chico sencillo, humilde, de pueblo, que hacía todo lo posible para asistir a las Eucaristías dominicalmente. Era muy devoto de Jesús Eucaristía y de María Santísima.

Y hay muchos otros santos también como San Juan Pablo II, por su actitud misericordiosa, pero también la verdad hacia adelante. Y San Nicolás de Bari, cómo no. Yo soy muy devoto de San Nicolás de Bari, que se celebra el 6 de diciembre y es patrono de los marineros y de los niños. Es el patrón de mi pueblo. Yo vengo de un distrito que se llama Arraiján y él es el patrono del pueblo y titular de la parroquia donde está la presencia pasionista. Considero que él es mi amigo de santidad desde mi infancia.

– ¿Y qué significa ser religioso y sacerdote al mismo tiempo?

– Ser religioso es una consagración más de cerca porque la primera consagración la hacemos todos por medio del Bautismo. Ese sí afirmativo de acercarnos más, de entregar nuestra vida en su totalidad, en ese sí es a través de unos votos… Yo soy religioso porque vivo un carisma, que es el amor de Jesús Crucificado en la cruz. Y lo vivo tratando de vivir esos consejos evangélicos que es la pobreza, la castidad y la obediencia, y un cuarto voto de nosotros los pasionistas que es hacer memoria de la Pasión.

Yo vivo mi fe y vivo mi vocación no individualmente, la vivo con otro compañero, un compañero que no decidí, pero en el camino de la vida Dios me lo ha puesto como hermano de Iglesia, hermano de comunidad.

Y ser sacerdote es una consagración, una consagración como religioso a ese sí a vivir en comunidad, que va vinculado al sacerdocio. Ya entramos en lo ministerial, al servicio, ya no de la congregación sino al servicio a la Iglesia universal. Es el instrumento del Señor para poder compartir los sacramentos. Hoy en día hay muchas personas que sufren, que desconocen de Dios, que no conocen ese rostro misericordioso. Creo que como religioso y como sacerdote somos ese rostro visible de Cristo y de la Iglesia hacia ellos.

– Y ya como diácono has podido celebrar algún sacramento…

– El año pasado, el 7 de diciembre lo tengo muy presente. Casé aquí en Alcalá de Henares a una familia de Valencia, en la capilla de San Ildefonso. Fue emocionante, todavía tengo muy buena relación con ellos, nos seguimos escribiendo y ellos me piden consejo. Al parecer la reflexión que les di, la homilía les sirvió mucho. Ellos me escriben constantemente, me tienen siempre presente, y yo también les tengo presente por medio de la oración. Es la única manera de estar juntos, de apoyarnos. Y ese fue el pacto que hicimos, que oráramos los unos por los otros.

Y también en mi pueblo, cuando estuve en diciembre y enero celebré 24 bautizos en la parroquia de mi pueblo en Panamá.

Néstor Noel Carrillo González es diácono en los Pasionistas y será ordenado sacerdote / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

– ¿Y cuándo marchas a Panamá?

– Viajo el 22 de julio, muy justito. El día siguiente nos prepararemos espiritualmente y para hacer la profesión de fe, para hacer los ensayos para la Eucaristía de la ordenación que tenemos el día 25 en una de las capillas de la parroquia que se llama Virgen de Guadalupe. Será a las diez de la mañana, hora de Panamá.

La ordenación será en la parroquia pasionista de Panamá, San Nicolás de Bari. Es una parroquia que allá los amigos diocesanos le dicen un poco de broma «la minidiócesis» porque es una parroquia que tiene 28 presencias, 28 capillas.

En una de esas capillas seré ordenado junto con otro compañero también panameño.

– ¿Y después del 25 de julio?

– Estaré celebrando las primeras Misas en las comunidades, sirviendo a la comunidad ahí, donde me necesiten. Y también compartir con la familia. Y estaré regresando el 28 de agosto.


– ¿Qué mensaje quieres dar a quien lea esta entrevista?

– Animar a los jóvenes primero a encontrar a Jesús, que es el mejor amigo, el amigo que nunca falla, el amigo que siempre está en las buenas y en las malas. Lo digo por carne propia porque en la vida a veces encontramos personas buenísimas. Son regalos de Dios, sí, pero así como vienen, así van y así vienen. Pero hay un amigo que siempre permanece ahí, que rompe esos tiempos del pasado, presente y futuro, Él siempre va a estar ahí contigo, se llama Jesús.

Y yo te invito que si tienes algún llamado, consideras que Dios te está llamando al servicio de la Iglesia, ya sea a la vida religiosa, ya sea a la vida diocesana, pues que te atrevas, que seas un atrevido a decir ese «sí». Sírvele al Señor porque la Iglesia y Dios te necesitan, porque eres importante para este mundo y para la Iglesia. Necesitamos de ti. No te cohíbas.