Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

miércoles, 26 de febrero de 2025

La salud del Papa Francisco, 26-2-2025 : «Las pruebas clínicas confirman la mejoría; el TAC muestra una evolución normal de su inflamación pulmonar, pero el pronóstico sigue siendo reservado»


Velas depositadas por los fieles que van a rezar ante la estatua de Juan Pablo, en el Policlínico Gemelli, donde el Papa Francisco se encuentra hospitalizado desde el viernes 14 de febrero de 2025, / Foto: Vatican Media

Camino Católico.- El boletín médico difundido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede la tarde del 26 de febrero, informa de la evolución de la salud del Santo Padre aportando las siguientes valoraciones:

“Las condiciones clínicas del Santo Padre en las últimas 24 horas han mostrado una nueva y leve mejoría. La insuficiencia renal leve que presentaba en los últimos días ha remitido.

El TAC de tórax, realizado ayer por la tarde, mostró una evolución normal de la inflamación pulmonar. Los análisis de sangre y las pruebas hematológicas de hoy confirmaron la mejoría de ayer.

El Santo Padre continúa con la oxigenoterapia de alto flujo; Hasta el día de hoy no presenta ninguna crisis respiratoria asmática. Continúa la fisioterapia respiratoria.

Aunque hay una ligera mejoría, el pronóstico sigue siendo reservado.

Por la mañana el Santo Padre recibió la Eucaristía. La tarde estuvo dedicada a actividades laborales.”

Papa Francisco en su catequesis preparada para hoy: «Imitemos a Simeón y Ana, que saben ‘olfatear’ la presencia de Dios en la pequeñez, acoger con alegría la visita de Dios y encender la esperanza en el corazón de los hermanos»


Foto: Vatican Media

* «Simeón canta la alegría de quien ha visto, de quien ha reconocido y puede transmitir a otros el encuentro con el Salvador de Israel y de los pueblos. Es testigo del don de la fe, que recibe y comunica a los demás; es testigo de la esperanza que no defrauda; es testigo del amor de Dios, que llena de alegría y de paz el corazón del ser humano. Lleno de este consuelo espiritual, el anciano Simeón ve la muerte no como el final, sino como la realización, como la plenitud, la espera como una «hermana» que no destruye, sino que introduce en la vida verdadera que ya ha pregustado y en la que cree»

Camino Católico.-  “Imitemos también nosotros el ejemplo de Simeón y Ana, estos ‘peregrinos de la esperanza’ que tienen ojos límpidos capaces de ver más allá de las apariencias, que saben ‘olfatear’ la presencia de Dios en la pequeñez, que saben acoger con alegría la visita de Dios y volver a encender la esperanza en el corazón de los hermanos y hermanas”, dice así la Catequesis del Papa Francisco preparada para la audiencia general de este miércoles 26 de febrero, pero suspendida debido a la hospitalización del Santo Padre. 

A pesar de que el Papa Francisco se encuentra ingresado en el hospital Gemelli desde hace 12 días, la Oficina de Prensa de la Santa Sede difundió su catequesis sobre “el misterio de la presentación de Jesús en el templo”, en la que invita a los fieles a seguir el ejemplo de Simón y Ana. El texto completo de la reflexión del Santo Padre de la Audiencia General que no se ha celebrado es el siguiente:

CATEQUESIS DEL SANTO PADRE PREPARADA PARA LA AUDIENCIA GENERAL DEL 26 de FEBRERO DE 2025

Ciclo de catequesis - Jubileo 2025. Jesucristo, nuestra esperanza

Catequesis -I. La infancia de Jesús. 7. «Mis ojos han visto tu salvación» (Lc 2,30). La presentación de Jesús en el Templo

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Contemplemos hoy la belleza de «Jesucristo, nuestra esperanza» (1 Tm 1,1) en el misterio de su presentación en el Templo.

En los relatos de la infancia de Jesús, el evangelista Lucas nos muestra la obediencia de María y José a la Ley del Señor y a todas sus prescripciones. En realidad, en Israel no existía la obligación de presentar al niño en el Templo, pero quien vivía en la escucha de la Palabra del Señor y deseaba conformarse a ella, consideraba que era una práctica valiosa. Así lo hizo Ana, la madre del profeta Samuel, que era estéril; Dios escuchó su oración y ella, después de tener un hijo, lo llevó al templo y lo ofreció para siempre al Señor (cf. 1 S 1,24-28).

Lucas narra, pues, el primer acto de culto de Jesús, celebrado en la ciudad santa, Jerusalén, que será la meta de todo su ministerio itinerante a partir del momento en que tome la firme decisión de subir allí (cf. Lc 9,51), yendo al encuentro del cumplimiento de su misión.

María y José no se limitan a insertar a Jesús en una historia de familia, de pueblo, de alianza con el Señor Dios. Se ocupan de su custodia y de su crecimiento, y lo introducen en la atmósfera de fe y culto. Y ellos mismos crecen gradualmente en la comprensión de una vocación que los supera con creces.

En el Templo, que es «casa de oración» (Lc 19,46), el Espíritu Santo habla al corazón de un hombre anciano: Simeón, un miembro del pueblo santo de Dios preparado en la espera y en la esperanza, que alimenta el deseo de que se cumplan las promesas hechas por Dios a Israel por medio de los profetas. Simeón percibe en el Templo la presencia del Ungido del Señor, ve la luz que resplandece en medio de los pueblos sumidos «en tinieblas» (cf. Is 9,1) y va al encuentro de ese niño que, como profetiza Isaías, «nació para nosotros», es el hijo que «nos ha sido dado», el «Príncipe de la paz» (Is 9,5). Simeón abraza a ese niño que, pequeño e indefenso, descansa entre sus brazos; pero es él, en realidad, quien encuentra el consuelo y la plenitud de su existencia abrazándolo. Lo expresa en un cántico lleno de conmovedora gratitud, que en la Iglesia se ha convertido en la oración al final del día:

«Ahora, Señor, puedes dejar que tu siervo

se vaya en paz, según tu palabra,

porque mis ojos han visto tu salvación,

la que has preparado ante todos los pueblos:

luz para iluminar a los gentiles

y gloria de tu pueblo, Israel» (Lc 2,29-32).

Simeón canta la alegría de quien ha visto, de quien ha reconocido y puede transmitir a otros el encuentro con el Salvador de Israel y de los pueblos. Es testigo del don de la fe, que recibe y comunica a los demás; es testigo de la esperanza que no defrauda; es testigo del amor de Dios, que llena de alegría y de paz el corazón del ser humano. Lleno de este consuelo espiritual, el anciano Simeón ve la muerte no como el final, sino como la realización, como la plenitud, la espera como una «hermana» que no destruye, sino que introduce en la vida verdadera que ya ha pregustado y en la que cree.

En aquel día, Simeón no es el único que ve la salvación hecha carne en el niño Jesús. Lo mismo le sucede a Ana, una mujer de más de ochenta años, viuda, dedicada enteramente al servicio del Templo y consagrada a la oración. Al ver al niño, de hecho, Ana celebra al Dios de Israel, que precisamente en ese pequeño ha redimido a su pueblo, y se lo cuenta a los demás, difundiendo generosamente la palabra profética. El canto de la redención de dos ancianos difunde así el anuncio del Jubileo a todo el pueblo y al mundo. En el Templo de Jerusalén se reaviva la esperanza en los corazones porque en él ha hecho su entrada Cristo, nuestra esperanza.

Queridos hermanos y hermanas, imitemos también nosotros el ejemplo de Simeón y Ana, estos «peregrinos de la esperanza» que tienen ojos límpidos capaces de ver más allá de las apariencias, que saben «olfatear» la presencia de Dios en la pequeñez, que saben acoger con alegría la visita de Dios y volver a encender la esperanza en el corazón de los hermanos y hermanas.

Francisco

Papa Francisco en Mensaje para la Cuaresma 2025: «Confrontarse con la realidad concreta de algún inmigrante o peregrino, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre»

* «Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios; significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia»   

Camino Católico.-  “Sería un buen ejercicio cuaresmal confrontarse con la realidad concreta de algún inmigrante o peregrino, dejando que nos interpele, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre”, expresa el Papa Francisco en su mensaje para el tiempo litúrgico de la Cuaresma 2025 que publica este 25 de febrero la Oficina de Prensa de la Santa Sede: “Caminemos juntos en la esperanza”. En él plantea tres llamados a la conversión: como peregrinos, en la sinodalidad, y la esperanza.  El texto íntegro del mensaje es el siguiente: 

MENSAJE DEL SANTO PADRE

FRANCISCO

PARA LA CUARESMA 2025

Caminemos juntos en la esperanza

Queridos hermanos y hermanas:

Con el signo penitencial de las cenizas en la cabeza, iniciamos la peregrinación anual de la santa cuaresma, en la fe y en la esperanza. La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» ( 1 Co 15,54-55). Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cf. Jn 10,28; 17,3) [1].

En esta cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, deseo ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que significa caminar juntos en la esperanza y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria.

Antes que nada, caminar. El lema del Jubileo, “Peregrinos de esperanza”, evoca el largo viaje del pueblo de Israel hacia la tierra prometida, narrado en el libro del Éxodo; el difícil camino desde la esclavitud a la libertad, querido y guiado por el Señor, que ama a su pueblo y siempre le permanece fiel. No podemos recordar el éxodo bíblico sin pensar en tantos hermanos y hermanas que hoy huyen de situaciones de miseria y de violencia, buscando una vida mejor para ellos y sus seres queridos. Surge aquí una primera llamada a la conversión, porque todos somos peregrinos en la vida. Cada uno puede preguntarse: ¿cómo me dejo interpelar por esta condición? ¿Estoy realmente en camino o un poco paralizado, estático, con miedo y falta de esperanza; o satisfecho en mi zona de confort? ¿Busco caminos de liberación de las situaciones de pecado y falta de dignidad? Sería un buen ejercicio cuaresmal confrontarse con la realidad concreta de algún inmigrante o peregrino, dejando que nos interpele, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre. Este es un buen “examen” para el viandante.

En segundo lugar, hagamos este viaje juntos. La vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales [2]. Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos [3]. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf. Ga 3,26-28); significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia.

En esta cuaresma, Dios nos pide que comprobemos si en nuestra vida, en nuestras familias, en los lugares donde trabajamos, en las comunidades parroquiales o religiosas, somos capaces de caminar con los demás, de escuchar, de vencer la tentación de encerrarnos en nuestra autorreferencialidad, ocupándonos solamente de nuestras necesidades. Preguntémonos ante el Señor si somos capaces de trabajar juntos como obispos, presbíteros, consagrados y laicos, al servicio del Reino de Dios; si tenemos una actitud de acogida, con gestos concretos, hacia las personas que se acercan a nosotros y a cuantos están lejos; si hacemos que la gente se sienta parte de la comunidad o si la marginamos [4]. Esta es una segunda llamada: la conversión a la sinodalidad.

En tercer lugar, recorramos este camino juntos en la esperanza de una promesa. La esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5), mensaje central del Jubileo [5], sea para nosotros el horizonte del camino cuaresmal hacia la victoria pascual. Como nos enseñó el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Spe salvi, «el ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” ( Rm 8,38-39)» [6]. Jesús, nuestro amor y nuestra esperanza, ha resucitado [7], y vive y reina glorioso. La muerte ha sido transformada en victoria y en esto radica la fe y la esperanza de los cristianos, en la resurrección de Cristo.

Esta es, por tanto, la tercera llamada a la conversión: la de la esperanza, la de la confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna. Debemos preguntarnos: ¿poseo la convicción de que Dios perdona mis pecados, o me comporto como si pudiera salvarme solo? ¿Anhelo la salvación e invoco la ayuda de Dios para recibirla? ¿Vivo concretamente la esperanza que me ayuda a leer los acontecimientos de la historia y me impulsa al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de manera que nadie quede atrás?  

Hermanas y hermanos, gracias al amor de Dios en Jesucristo estamos protegidos por la esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5). La esperanza es “el ancla del alma”, segura y firme [8]. En ella la Iglesia suplica para que «todos se salven» ( 1 Tm 2,4) y espera estar un día en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo. Así se expresaba santa Teresa de Jesús: «Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo» ( Exclamaciones del alma a Dios, 15, 3) [9].

Que la Virgen María, Madre de la Esperanza, interceda por nosotros y nos acompañe en el camino cuaresmal.

 

Roma, San Juan de Letrán, 6 de febrero de 2025, memoria de los santos Pablo Miki y compañeros, mártires.

Francisco

[1] Cf. Carta enc. Dilexit nos (24 octubre 2024), 220.

[2] Cf. Homilía en la Santa Misa por la canonización de los beatos Juan Bautista Scalabrini y Artémides Zatti (9 octubre 2022).

[3] Cf. ibíd.

[4] Cf. ibíd.

[5] Cf. Bula Spes non confundit, 1.

[6] Carta enc. Spe salvi (30 noviembre 2007), 26.

[7] Cf. Secuencia del Domingo de Pascua.

[8] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1820.

[9] Ibíd., 1821.

Fotos: Vatican Media

Iwao Hakamada, 56 años en el ‘corredor de la muerte’ japonés, decía: «Si ésta es la voluntad de Dios, nadie necesita un Dios así»; católicos se interesaron por él, se bautizó, ha sido absuelto y el Papa le ha enviado un regalo

 Paul Iwao Hakamada, en el centro, y a su izquierda el cardenal Kikuchi Foto: Asia News

Camino Católico.- El cardenal Tarcisio Isao Kikuchi, arzobispo de Tokio y presidente de Caritas Internationalis, compartió este sábado la fotografía de su encuentro con  . El purpurado tenía una misión muy concreta: entregarle un rosario como regalo del Papa, obsequio que le llegó justo el día en el que la salud de Francisco -tan deteriorada como la del anciano nipón de su misma edad- hacía saltar todas las alarmas.

Hakamada era un hombre sin convicciones religiosas cuando en 1968 fue declarado culpable por asesinar a su jefe, a su esposa y a sus dos hijos adolescentes. Él nunca se reconoció como autor del crimen, y eso excitaba su ira contra Dios. “¿Por qué y por cuánto tiempo tengo que estar encarcelado o morir en prisión?”, se preguntaba, y se respondía a sí mismo: “Si ésta es la voluntad de Dios, nadie necesita un Dios así”. El reo estuvo muchos años en aislamiento.


Bajo la protección de San Pablo


Sin embargo, a partir del año 1982 empezó a relacionarse con algunos católicos japoneses que se interesaron por su caso. Estos contactos llevaron a su conversión y a su bautizo en la cárcel en la Navidad de 1984 por parte del padre Shumura, sacerdote de la archidiócesis de Tokio. Recibió el nombre de Pablo, signo que le marcó: “Desde que se me dio el nombre de Pablo, creo que que debo ser consciente de su grandeza”, dijo al año siguiente, según recoge Asia News.


Paul Hakadama, en su casa, en unas imágenes de la época de su definitiva absolución

Cuando Francisco visitó Japón en noviembre de 2019, los obispos invitaron a Pablo Iwao y a su hermana a la misa celebrada en el Tokyo Dome, pero no llegaron a saludar al pontífice. Pero “recientemente”, explicó el cardenal Kikuchi, “el Santo Padre envió un mensaje y un rosario al señor Hakamada por medio de la Secretaría de Estado, y hoy se lo entregué”.


El 26 de septiembre de 2024, el anciano fue absuelto por el tribunal del distrito de Shizuoka (al oeste de Tokio), que había reabierto el proceso, y le declaró inocente tras comprobar que las pruebas utilizadas contra él habían sido falsificadas. No pudo asistir a la vista por el deterioro de su salud mental. 


Hakamada, aunque convicto, fue excarcelado en 2014 por las dudas sobre las circunstancias de su condena, y vive al cuidado de su hermana Hideko, de 91 años. Ella ha mantenido viva la lucha por la exoneración judicial de su hermano a pesar de todas las dificultades: “Una vez que piensas que no puedes ganar, no hay camino hacia la victoria", declaró a AFP tras conocerse, el 9 de octubre de 2024, que el ministerio fiscal no recurriría la absolución y por tanto Paul quedaba definitivamente libre.


Manipulación policial

Antiguo boxeador profesional, Paul trabajaba en una planta de procesamiento de miso cuando en 1966 los cadáveres de su jefe, de su mujer y sus dos hijos aparecieron apuñalados entre las ruinas de su casa incendiada, donde supuestamente Hakamada habría robado.


Él lo negó inicialmente, pero acabó confesando bajo coacciones y palizas. Un año después de su detención se encontraron unas prendas de ropa supuestamente manchadas de sangre que sirvieron para incriminarle. En 1968 fue condenado a muerte.


La duda sobre esas pruebas alegada por sus abogados fue posponiendo su ejecución. Pruebas de ADN llevaron al juez Hiroaki Murayama a concluir en 2014 que “la ropa no era del acusado” y por tanto era “injusto” mantenerle en prisión, “ya que la posibilidad de su inocencia ha quedado clara hasta un grado razonable". Se le concedió un nuevo juicio, que no se celebró hasta una década después, y en el que la sentencia concluyó que la policía había “manipulado” la ropa, manchándola de sangre y ocultándola en un tanque de miso para acusarle.

Oremos por Nicole, de 44 años, madre de familia con tres hijas pequeñas, que padece un cáncer agresivo desde hace 5 años. Le van a aplicar un tratamiento experimental como último recurso para intentar erradicar la enfermedad

 


Ashley defendía el aborto por violación, pero descubrió que ella había sido concebida así: «Pensaba suicidarme hasta que busqué la voz de Dios en mi vida; estoy viva por Su gracia, me conoce, me creó y me ama»


Ashley con su esposo e hijos.

* «Dios sabía lo que iba a suceder el día en que fui concebida, y tenía un plan más grande de lo que cualquiera podía ver. Dios toma situaciones malas y hace algo hermoso. ¡Soy una hija de Dios! Su adopción es hermosa, segura y asombrosa en su glorioso diseño. Estoy aquí para compartir las buenas noticias de Dios y su plan para tu vida y la mía»

Camino Católico.- "Haber sido concebida en una violación no me hace menos digna de vivir": así piensa Ashley hoy. Sin embargo, cuando era adolescente, imbuida por la propaganda ideológica ambiental, era partidaria del aborto en caso de violación: "¿Cómo se podría esperar que una mujer cargara un hijo concebido bajo circunstancias tan horribles y malvadas?", pensaba.

De niña supo que era adoptada, y lloró mucho cuando se lo dijeron, sintió "rechazo" y "dolor". Sabía, sí, cuánto la amaban sus padres adoptivos:  "Pero no sabían cómo me sentía. No podían saberlo. Ellos sabían de dónde venían. Yo no", cuenta ella misma en el blog Salvar El 1 , fundado por Rebecca Kiessling y especializado en el aborto por violación. Ashley ante su situación dice que “pensaba suicidarme hasta que busqué la voz de Dios en mi vida; estoy viva por Su gracia, me conoce, me creó y me ama”. Esta es su historia:

Haber sido concebida en una violación no me hace menos digna de vivir. La violación no me define. Yo soy como Dios me ha moldeado. Él me ama y tiene un propósito para mí. Mi vida tenía valor en el momento de mi concepción y lo sigue teniendo ahora.

“Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.” (Salmo 139:13-16)

Siempre supe que fui adoptada. Recuerdo a mis padres sentándome y explicándomelo. Recuerdo llorar hasta quedarme dormida pensando: Vosotros no sois mis verdaderos papá y mamá. Recuerdo el rechazo y el dolor que sentí. Me amaban tanto y querían ayudarme a lidiar con esta avalancha de emociones, pero no sabían cómo se sentía. No podían saberlo. Ellos sabían de dónde venían. Yo no.                                                        

Esta lucha interna continuó por años. Poco sabía yo que solo conocía una parte de la historia. Estaba en mi último año de secundaria cuando lo descubrí: mi madre biológica había sido violada.

He imaginado la escena una y otra vez en mi mente—cómo mi cumpleaños casi no sucedió. Una joven es recogida para una cita y una noche en la ciudad. Su novio es encantador, persuasivo. La noche iba bien, y luego las cosas tomaron un giro para peor. Lo llamaron violación en una cita. Nueve meses después, aquí estaba yo. Nacida de una mujer que no me quería, que ni siquiera quería saber si era niña o niño.

No amada, no deseada, pero salvada de la violencia impensable del aborto, que de alguna manera es totalmente aceptado en nuestra sociedad. Recuerdo mirar por la ventana del auto de mi madre pensando: Eres un producto del mal; nunca debiste haber existido.

Cómo el enemigo tiene una forma de usar las palabras. Durante años, viví con esos sentimientos persistentes, esos pensamientos de odio—sintiéndome como si estuviera predestinada para algo horrible solo porque así comenzó mi vida. Me sentía patética, o al menos eso me repetía a mí misma. Tenía días buenos, semanas, meses… pero siempre regresaba esa sombra.

Pensando en aquel día, puedo recordar vívidamente lo que mi madre dijo con tanta naturalidad y cómo Satanás estaba convirtiendo la verdad en mentiras. No era yo quien me decía que no debía existir, era el enemigo susurrando: Tú no deberías existir, cualquier cosa para derribarme y hacerme cuestionar el propósito de mi vida.

Ashley En una manifestación en favor de la vida

¿Quién puede imaginar ser violada y luego descubrir que está embarazada del hijo de su agresor? Recuerdo que, como estudiante de secundaria, justificaba que un aborto sería aceptable en caso de violación—quiero decir, ¿cómo se podría esperar que una mujer cargara un hijo concebido bajo circunstancias tan horribles y malvadas? Oh, espera… eso podría haber sido yo.

Cuestionaba todo: mi valor, incluso mi existencia. Pensamientos de suicidio iban y venían. Nunca actué en consecuencia y siempre desechaba la idea. No fue hasta que busqué la voz de Dios en mi vida que esos pensamientos comenzaron a desaparecer.

Poco sabía yo que Dios me estaba llamando a Él. ¿Me quería? No podía ser—Él no sabe sobre mí, de dónde vengo…

"Sí, Ashley, te quiero."

Abrí mi Biblia en Jeremías 1, 5:

“Antes que te formase en el vientre te conocí,

y antes que nacieses te santifiqué,

te di por profeta a las naciones”.

Él me conoce, Él me creó, Él me ama.

Verás, yo no fui un error. Dios sabía lo que iba a suceder el día en que fui concebida, y tenía un plan más grande de lo que cualquiera podía ver. A un nivel más fundamental de lo que incluso mis padres adoptivos podían imaginar, mi Padre reveló la importancia y el propósito que imprimió en mi vida.

Dios toma situaciones malas y hace algo hermoso. ¡Soy una hija de Dios! Su adopción es hermosa, segura y asombrosa en su glorioso diseño. Estoy aquí para compartir las buenas noticias de Dios y su plan para tu vida y la mía.

Estoy viva—no por accidente, sino por Su gracia.

Todos debemos recordar que Dios tiene un plan para nuestras vidas. Puede que no lo veamos o que ni siquiera lo entendamos. Todo lo que podemos hacer es buscar Su rostro y Su voluntad cada día. No debemos desanimarnos cuando sentimos que el mundo nos ha dado la espalda, ¡porque lo ha hecho! Pero Dios no nos ha dado la espalda. Dios estaba, y sigue estando, en control.

Debido a las circunstancias que rodearon mi concepción y nacimiento, he tenido la increíble oportunidad de ministrar a otros, alzando mi voz en contra del aborto y compartiendo el amor de Cristo con quienes están sanando de esa experiencia.

Cada día recuerdo que el plan de Dios es perfecto. ¡Soy bendecida por escribir y hablar de lo que Él ha hecho en mí y a través de mí!

Alabado sea Dios por Su corazón revelado en Jeremías 29:11:

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Yahvé, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.”