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sábado, 22 de agosto de 2026

Papa León XIV en homilía del domingo, en Rimini, 22-8-2026: «Todo lo que somos y tenemos es un don de Dios, que nos ha sido confiado para que, en sus manos, podamos ser unos para otros instrumentos de salvación en la justicia»

* «La misión de «atar» y «desatar», si bien por un lado se refiere al papel de quienes son llamados a ejercer autoridad en nombre del Señor, por otro lado describe un estilo y una tarea que involucra a todo bautizado: la de acoger, reunir, dar la bienvenida, liberar, perdonar y emancipar a todo aquel que está cautivo por el pecado y sus consecuencias, convirtiéndonos en administradores justos y sabios de los bienes que Dios nos confía, para que todos trabajemos juntos, en caridad, por el bien de todos»

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «El lugar más auténtico para encontrar descanso, para encontrar a Dios y encontrarnos verdaderamente con los demás, no está afuera, en el caos, sino dentro de nosotros mismos, en lo más profundo de nuestra alma. Como comunidad cristiana, estamos llamados de manera especial a cultivar esta experiencia y a transmitirla, en la apertura y hospitalidad de individuos e instituciones, en el cuidado y la recogimiento de las iglesias, en nuestra disposición a ayudar y ofrecer caridad. Esto aplica tanto a quienes buscan un merecido descanso tras un año de trabajo, como a quienes, heridos en cuerpo y alma, buscan refugio, alimento y ayuda lejos de su patria» 



22 de agosto de 2026.- (Camino Católico) “Todo lo que somos y tenemos es un don de Dios, que nos ha sido confiado para que, en sus manos, podamos ser unos para otros instrumentos de salvación en la justicia, partiendo de los lugares y las personas con las que vivimos y trabajamos cada día, para dirigirnos, con un corazón grande y abierto, al mundo entero”. Es lo que ha subrayado el Papa León XIV en su homilía de la santa misa del XXI domingo del Tiempo Ordinario, que ha celebrado  en el puerto de Rímini esta tarde del sábado, 22 de agosto, ante 25.000 fieles, al término de una intensa jornada marcada por la visita pastoral a la República de San Marino y la participación en el «Meeting por la amistad entre los pueblos».



La reflexión del Papa parte de la profesión de fe de Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo», que nos invita a renovar, dos mil años después, para encontrar el «camino que conduce a la vida». “El camino de Dios que se pone al servicio del hombre, del Maestro que se inclina para lavar los pies a los discípulos, del Pastor que se sacrifica por su rebaño. Y es bajo esta luz como contemplamos el gesto de Jesús al entregar las llaves a Pedro, porque en la Iglesia, a todos los niveles, la autoridad es servicio”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto completo es el siguiente:




VISITA PASTORAL A LA REPÚBLICA DE SAN MARINO, AL ENCUENTRO POR LA AMISTAD ENTRE LOS PUEBLOS

Y A RÍMINI


SANTA MISA CON LOS FIELES DE LA DIÓCESIS DEL XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


HOMILÍA DE SU SANTIDAD LEÓN XIV


Puerto de Rímini

Sábado, 22 de agosto de 2026



Queridos hermanos y hermanas,


Me complace enormemente presidir esta Eucaristía con ustedes y por ustedes, la Iglesia de Rimini. Lo hago al término de una jornada intensa, durante la cual visité la República de San Marino y el Encuentro por la Amistad entre los Pueblos. Ahora, al comenzar el Día del Señor, es tiempo de celebrar el Misterio que da sentido a todo y es la cumbre y fuente de toda nuestra labor pastoral.


En el Evangelio que acabamos de escuchar (cf. Mt 16,13-20), Jesús pregunta a sus discípulos: «¿Quién decís que soy yo?» (v. 15). Pedro responde, en nombre de todos: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (v. 16). También nosotros, después de dos milenios, estamos llamados a renovar la misma profesión de fe: estamos aquí porque creemos que Jesús es el Mesías, el Hijo eterno del Padre, consagrado y enviado al mundo «para servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20,28).


Sí, queridos amigos, en palabras de Pedro, reconocemos la verdad que nos llena de alegría y esperanza, y encontramos el camino que conduce a la vida: el camino de Dios que se pone al servicio de la humanidad (cf. Fl 2,5-8), del Maestro que se inclina para lavar los pies de sus discípulos (cf. Jn 13,12-15), del Pastor que se sacrifica por su rebaño (cf. Jn 10,11). Y es a esta luz que contemplamos el gesto de Jesús al entregarle las llaves a Pedro (cf. Mt 16,19-20), porque en la Iglesia, en todos los niveles, la autoridad es servicio.


El Papa, los obispos, los sacerdotes y los diáconos son los primeros en vivirlo de esta manera, y todo el Pueblo de Dios debe unirse a ellos, cada uno según su vocación específica. Entre ustedes, el Siervo de Dios Padre Oreste Benzi lo atestiguó muy bien cuando dijo: «Nuestra vocación consiste […] en dejarnos conformar a Cristo el Pobre, a Cristo el Siervo, a Cristo que expía los pecados del mundo, a Cristo, el Dios-Hombre encarnado que vive entre nosotros en una forma de participación directa, comenzando por los más pequeños» (Con esta túnica lisa, editado por Valerio Lessi, Bolonia 1991, p. 42).


En la Iglesia, de hecho, la misión de «atar» y «desatar», si bien por un lado se refiere al papel de quienes son llamados a ejercer autoridad en nombre del Señor, por otro lado describe un estilo y una tarea que involucra a todo bautizado: la de acoger, reunir, dar la bienvenida, liberar, perdonar y emancipar a todo aquel que está cautivo por el pecado y sus consecuencias, convirtiéndonos en administradores justos y sabios de los bienes que Dios nos confía, para que todos trabajemos juntos, en caridad, por el bien de todos.


En la primera lectura (véase Is 22,19-23), el profeta Isaías habló de Sebna, un funcionario a quien el rey Ezequías había confiado un gran proyecto de renovación religiosa, moral y social en Jerusalén y el reino de Judá. Sin embargo, por ambición y codicia, este hombre poderoso había comenzado a abusar de la autoridad que se le había conferido, amasando riquezas para sí mismo y su círculo de amigos y familiares, y dominando a los demás. Había olvidado que el aspecto más importante de la aventura en la que su Señor lo había involucrado no eran los recursos económicos ni el poder, sino la posibilidad, a través de ellos, de promover un plan de renacimiento para el bien de toda la comunidad. Por esta razón, fue destituido y su misión encomendada a Eliaquim, un hombre honesto, libre de ataduras, firme en su rectitud como una estaca clavada en la pared, según las palabras del Profeta (cf. v. 23).


El mensaje es claro: todo lo que somos y tenemos es un don de Dios, que nos ha sido confiado para que, en sus manos, podamos ser unos para otros instrumentos de salvación en la justicia, partiendo de los lugares y las personas con las que vivimos y trabajamos cada día, para dirigirnos, con un corazón grande y abierto, al mundo entero.


San Pablo, en la segunda lectura, nos habla de los planes de Dios y dice que son inescrutables: no por la complejidad de su razonamiento, sino por la inmensidad desarmante de su amor, que sobrepasa toda capacidad y expectativa, «porque de él», dice el Apóstol, «y por medio de él y para él son todas las cosas» (Rom 11,36). Dios es sencillo, porque es pura caridad, y también nos llama a amar con un corazón como el suyo, conformando nuestros caminos a los suyos y nuestros pensamientos a los suyos (véase v. 33).


Estos valores de honestidad, generosidad y benevolencia son muy apreciados por la gente de Romaña, gente sincera, alegre, trabajadora y solidaria. Prueba de ello son los numerosos santos y beatos nacidos aquí, que practicaron la caridad y vivieron el Evangelio, a veces hasta el martirio. Esto también se evidencia en el compromiso constante de diversos grupos eclesiales, parroquias, familias, Acción Católica, diversos movimientos y asociaciones, así como en las iniciativas caritativas y educativas cristianas. Sin duda, es por esta riqueza, además de por la belleza natural y artística de la costa adriática y su interior, que tantas personas de toda Italia y del mundo vienen aquí cada año a pasar sus vacaciones.


En este sentido, quisiera animarles a que continúen sus esfuerzos para que esta región sea acogedora, no solo por su ocio y entretenimiento, sino también por su espiritualidad. San Juan Pablo II, quien visitó Rimini hace muchos años, al hablar de esta vocación, enfatizó que «descansar no significa separarse de uno mismo. Más bien», dijo, «descansar significa encontrarse a uno mismo y reconciliarse con el ser interior» (Homilía en la Santa Misa de Rimini, 29 de agosto de 1982).


El mundo en que vivimos ofrece muchas formas de recreación, algunas de las cuales, sin embargo, conducen a la dispersión y la ruina en lugar de a un verdadero «regreso a uno mismo», y dejan un vacío en el corazón. Algunos las llaman «escape», como si la vida cotidiana fuera una prisión de la que escapar. Pero sabemos que el lugar más auténtico para encontrar descanso, para encontrar a Dios y encontrarnos verdaderamente con los demás, no está afuera, en el caos, sino dentro de nosotros mismos, en lo más profundo de nuestra alma. Como comunidad cristiana, estamos llamados de manera especial a cultivar esta experiencia y a transmitirla, en la apertura y hospitalidad de individuos e instituciones, en el cuidado y la recogimiento de las iglesias, en nuestra disposición a ayudar y ofrecer caridad. Esto aplica tanto a quienes buscan un merecido descanso tras un año de trabajo, como a quienes, heridos en cuerpo y alma, buscan refugio, alimento y ayuda lejos de su patria.


Su obispo, en una carta a la diócesis, escribió: «Oración, unidad, escucha, valentía, sencillez, gratitud, belleza [...] quisieran señalar actitudes siempre presentes en cada aspecto de la vida» (Obispo Nicolò Anselmi, Carta Pastoral, Amarás, serás feliz y disfrutarás de todo bien, ahora y siempre, 14 de octubre de 2024). Queridos hermanos y hermanas, al extenderles una vez más esta importante invitación a la reflexión y el compromiso, les agradezco nuevamente su acogida, su participación llena de fe y alegría, y los encomiendo a la intercesión de María Santísima, San Gaudencio y sus santos patronos.


PAPA LEÓN XIV




Fotos: Vatican Media, 22-8-2026

Santa Misa del XXI domingo del Tiempo Ordinario, presidida por el Papa León XIV, en Rimini, 22-8-2026

Foto: Vatican Media, 22-8-2026


22 de agosto de 2026.- (Camino Católico)  El Papa León XIV ha celebrado la santa misa del XXI domingo del Tiempo Ordinario en el puerto de Rímini esta tarde del sábado, 22 de agosto, ante 25.000 fieles, al término de una intensa jornada marcada por la visita pastoral a la República de San Marino y la participación en el «Meeting por la amistad entre los pueblos». En su homilía el Pontífice ha subrayado que “todo lo que somos y tenemos es un don de Dios, que nos ha sido confiado para que, en sus manos, podamos ser unos para otros instrumentos de salvación en la justicia, partiendo de los lugares y las personas con las que vivimos y trabajamos cada día, para dirigirnos, con un corazón grande y abierto, al mundo entero”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.


Nelly Gillant tras el suicidio de su madre se sumergió en la New Age, el espiritismo y el Reiki: «Caí de rodillas y clamé a la Virgen María: ‘¡Líbrame! Mejora mi relación con mi hija’»

Nelly Gillant recibió su Primera Comunión y su Confirmación en el verano de 2020

* «Y entonces escuché en mi interior una voz diciéndome ‘¿Quién eres tú para juzgar a mi Iglesia? Estas mujeres están aquí por su propia voluntad, alabándome y adorándome. Esto es un anticipo del cielo en la tierra’. Prácticamente me caí del banco y -sabiendo que era Dios- le dije: ‘¿Qué?, ¿ésta es la verdadera Iglesia?’ Entonces cuando miré alrededor del claustro, las mujeres cantaban y tuve una visión de ángeles… Los cantos eran llevados por los ángeles al trono del Padre… En 2020 recibí mi Primera Comunión y la confirmación. Sirvo en misa con mi hija, soy ministra de comunión. Es la gran misericordia de Dios»

Camino Católico.- Ser Maestra de Reiki era más que una profesión para Nelly Gillant. Era una vocación. Creía que hacía el bien, pues "difundía la luz, la paz y el amor". Curar las almas dolientes era el sueño de su infancia y el deseo de su madre: "Un día serás médico, para curar a mamá", le decía su progenitora.

La madre de Nelly estaba deprimida e intentó suicidarse varias veces. Un día lo concretó. "Yo tenía nueve años. Mi padre nunca se recuperó. Lo perdió todo. Mi hermana y yo pasamos varios días sin comer. Me di cuenta de que los adultos no podían protegerme. Por encima de todo, quería saber dónde estaba mi madre. Estaba obsesionada. Creía en la vida después de la muerte, pero como nadie respondía a mis preguntas, busqué las respuestas por mi cuenta", cuenta a Le Verbe.

El novio de su hermana las introdujo a ambas en el espiritismo y Nelly quedó fascinada. Devoraba todo lo que se publicaba sobre el mundo de los muertos y descubrió que -al igual que su madre- tenía 'habilidad' para 'tirar las cartas'. Comenzó a leer y ejercitarse con guías prácticas de viajes astrales y pronto se hizo seguidora de Sathya Sai Baba, un maestro espiritual indio que decía ser la reencarnación del gurú Shirdi Sai Baba. Y pronto creyó alcanzar la "luz azul" y otras dimensiones energéticas gracias a las técnicas de meditación que enseñaba el gurú.

A los 20 años, conoció El Sermón de la Montaña, del exitoso autor Emmet Fox. "Su lectura me abrió los ojos. Fue como una visión de Cristo acercándose a mí y diciéndome: 'Sígueme'. Sentí su presencia y su paz toda la semana. Me había sentido mal todo el tiempo, y ahora me sentía libre y feliz. Luego se desvaneció. Me dije que, si leía la Biblia, continuaría. Empecé por el Génesis y luego leí todas las historias de masacres y guerras del Antiguo Testamento... ¡No era la paz y la alegría que había experimentado! Como no había nadie que me guiara en mi lectura, cerré la Biblia... ¡Los siguientes 20 años!".

Del espiritismo a la New Age y las ciencias ocultas

Durante ese tiempo, se dedicó a la adivinación, las runas y el péndulo, porque quería -dice- "hacer el bien". La verdad es que era ingenua pues ... “queriendo curar y hacer el bien, hablaba con los espíritus, pensando que Dios estaría de acuerdo".

El paso siguiente fue sumergirse en las enseñanzas de la escuela New Age Écoute ton corps, de Lise Bourbeau. Allí -afirma Nelly- sus capacidades mediúmnicas (práctica espiritista para contactar con espíritus) se habrían intensificado. Recuerda como durante una sesión de espiritismo, colocó las letras del Scrabble en círculo y pidió las respuestas a sus próximos exámenes. Las obtuvo todas correctas.

Nelly abandonó Francia y se trasladó a Quebec (Canadá), donde le parecía más fácil "formarse" en ciencias ocultas. Rápidamente obtuvo un diploma en hipnosis y echaba las cartas (Tarot) a una esteticista, que le enviaba a sus clientas. "Mis clientes adivinos siempre tenían muchos problemas, así que también los sometí a hipnosis. No tardé en tener una gran clientela”.

Nelly Gillant buscó a Dios en los lugares equivocados

Creyendo ascender se hundía

A pesar del éxito, Nelly no estaba tranquila, quería más. "Recién titulada en reiki, ya anhelaba convertirme en maestra de reiki" y para ello se unió al ashram de Mahavatar Babaji, un maestro espiritual indio con fama de inmortal. Al poco andar -dice- notó que en su vida cotidiana se producían manifestaciones extrañas y sobrenaturales. “Con Babaji, y sus técnicas de kriya yoga, el objetivo es alcanzar la 5ª dimensión, comúnmente conocida como nirvana. Todos los terapeutas tienen que alcanzar este nirvana, es decir, conseguir desencarnarse para entrar en el todo mayor. El problema es que no puedes hacerlo. Puedes entrar en éxtasis total, y luego ¡zas! vuelves a caer de repente. Y entonces llega la desesperación total. De hecho, es una competición. Todo el mundo se compara y quiere convertirse en un maestro. Te dicen: «Oh, ¿cómo es que aún no has alcanzado la quinta dimensión?» o «No estás utilizando la técnica adecuada»".

Se esforzó hasta que un día le pareció que lo había logrado... "El espíritu de Babaji entró en mí. ¡Sentí una increíble efusión de amor!”. En su pasión y creencias, en ningún momento pensó Nelly que aquella experiencia pudiere ser el encuentro con una entidad oscura que se revestía de bien. Aunque era consciente que cada día se alejaba más de Cristo: “En nuestros seminarios, 'conversábamos' con la Virgen María para alcanzar energías semejantes a las de Cristo. Enseñábamos que Jesús era un maestro ascendido; que había ido a la India para aprender las técnicas de Babaji; que no había experimentado realmente la Pasión porque había abandonado su cuerpo. Todas estas enseñanzas, estas nociones, diría que fueron lo que más me costó quitarme de encima, desprogramarme, si puedo decirlo así. Creer que Dios se encarnó, que es verdadero Dios y verdadero hombre, ¡era impensable!".

Tras esta experiencia de ser poseída por esa entidad, recuerda que sus capacidades mediúmnicas se multiplicaron por diez y también sus ingresos económicos pues los clientes le llovían. Sin embargo, al momento de entregarse para ser canal de comunicación entre el mundo de los espíritus y sus clientes que la demandaban como maestra de Reiki, podía percibir que aunque no lo quisiera, su voz cambiaba. "Había una fuerza que salía de mis manos. Hoy sé que era una fuerza que me dominaba, que me hacía creer que tenía el control".

Llegó un momento en el cual comenzó a desmoronarse y le irritaba encargarse de las tareas cotidianas del hogar o de atender las necesidades de su hija que tenía tan solo tres años. "Todo el día escuchaba mantras. Era como estar en un mundo paralelo. Un día perdí el control. Puse mi frente contra la de mi hija y grité. Fue entonces cuando caí de rodillas y supliqué a la Virgen María. Grité: «¡Líbrame! Mejora mi relación con mi hija»".

En los días siguientes, Nelly sintió de repente aversión a la meditación, los mantras y todo lo que por décadas había valorado. Estaba desesperada y fue su propia masajista quien le dijo que con aquél grito a la Virgen había abierto su alma al cristianismo. Le invitó luego a participar en un grupo de estudio de la Biblia asegurándole que el líder de la comunidad podría ayudarla en la relación con su hija. Y aceptó. Todo iba bien hasta que “en la tercera reunión, una mujer dijo que Jesús era el único mediador entre Dios y el hombre”. Enfadada, Nelly replicó que eso era falso. Se fue dando un portazo.

Pocos días después, de forma espontánea comenzó a orar pidiendo a Dios su ayuda y esa misma noche se despertó con una certeza en su interior: "Jesús es mi hijo amado. Es el único. Arrodíllate y confiesa con tu boca que es tu Señor y Salvador". No era en absoluto la respuesta que quería oír. "¡Yo quería abrir mi propio centro de reiki! No quería seguir a Jesús”, comenta.

Nelly Gillant con su Biblia

Buscando a Jesús a tientas

¿Seguir a Jesús? Sí, pero ¿cómo? La búsqueda de Nelly fue un largo trayecto de formación y reencuentro con Dios por distintas iglesias cristianas donde incluso recibió algunos exorcismos. "Fue una experiencia difícil, a veces aterradora. Me libré de varios espíritus. Volví a casa, se lo conté todo a mi pareja y esa noche cancelé mis citas con todos mis clientes. Se había acabado".

Nelly continuó su viaje en la fe arrojando a la basura cientos de objetos, libros y otros artilugios de sus años en el espiritismo, el reiki y otras prácticas ocultistas. "Fue en extremo alegre y doloroso al mismo tiempo. Mi comunidad me ayudó y me beneficié de otras liberaciones. Luego pedí el bautismo, pero no me lo concedieron; tenía que casarme. Grité: «¡No lo entendéis! ¡Lo necesito! ¡Mi alma lo necesita!» Y luego, en las asambleas, era demasiado exuberante. La gente gritaba, se tiraba al suelo... Acabé dejando aquella comunidad".

Y por fin encontró su hogar espiritual

Desanimada, telefoneó a la prima de su marido que es protestante y esta le aseguró que con ellos podría bautizarse. Sin mucha orientación Nelly pensó que sería mejor para ella acudir a un retiro espiritual para prepararse; pero en su búsqueda ningún centro protestante ofrecía por esos días lo que anhelaba. Alguien le mencionó entonces la abadía de Sainte-Marie-des-Deux-Montagnes “pero era católica y todas las iglesias protestantes en las que había estado me habían enseñado que la Iglesia católica era idólatra”. Aún así decidió que iría allí de todos modos.

Cuando llegó de inmediato una monja la invitó a rezar juntas el oficio. Sentada junto a Nelly, la monja besó una pequeña imagen de Jesús que sacó de su breviario. Nelly -con resabios de sus creencias- levantó los ojos al cielo, pensando que la buena hermana iría sin duda al infierno. "¡Estaba rezando! ¡Tenía que salvarla de la idolatría! Y entonces escuché en mi interior una voz diciéndome «¿Quién eres tú para juzgar a mi Iglesia? Estas mujeres están aquí por su propia voluntad, alabándome y adorándome. Esto es un anticipo del cielo en la tierra». Prácticamente me caí del banco y -sabiendo que era Dios- le dije: «¿Qué?, ¿ésta es la verdadera Iglesia?» Entonces cuando miré alrededor del claustro, las mujeres cantaban y tuve una visión de ángeles... Los cantos eran llevados por los ángeles al trono del Padre". Nelly rompió a llorar, la hermana la consoló, la cogió en brazos y la llevó a ver al sacerdote que la acompañaría durante varias semanas.

Se rindió en silencio, pero no del todo. Un grupo de oración al que comenzó a asistir la ayudó. "La responsable del grupo iba a menudo a la capilla de la adoración. Siempre me había negado a ir. La Eucaristía era demasiado para mí. Aquella vez, me dije: «Nelly, ¡te has inclinado ante tantos ídolos, gurús y hombres! ¿Imagínate si fuera verdad? Imagínate». Al decir eso, estaba abriendo una puerta a Jesús... Y entonces sentí algo loco. Una dulzura, un amor, ¡un bienestar! Tanto que me arrodillé”.

En el verano de 2020 Nelly Gillant recibió su Primera Comunión y su Confirmación. En septiembre de 2023, se casó con su marido y bautizó a su hija de ocho años.

Y sus manos, ese poder, ¿qué fue de ellas? Nelly sonríe: "Sirvo en misa con mi hija, soy ministra de comunión. Es la gran misericordia de Dios". Sus manos, que antes despreciaban al Amor de los amores sirviendo a otros dioses, ahora imparten el Cuerpo de Cristo a los fieles.

Patrick Bruen, sacerdote con 67 años, tras 40 casado y 3 hijos: «Mi matrimonio me enseñó lo que significa amar de verdad, y quiero poner el amor al servicio de Cristo y de su pueblo que me da una nueva misión que cumplir»

P. Patrick Bruen, ordenado sacerdote a los 67 años en Detroit, el 7 de junio de 2025 / Foto: Arquidiócesis de Detroit

* «Cuando mi esposa murió, jamás pensé en el sacerdocio; creía que ya no era posible. Tenía 62 años… Comencé a experimentar una especie de manifestación del Sagrado Corazón de Jesús. De pronto, veía imágenes y estatuas del Sagrado Corazón en todas partes; era como si esa presencia no se apartara de mi mente. De pronto, esas imágenes parecían mirarme a mí»


Patrick Bruen cuenta su testimonio en el vídeo de la Arquidiócesis de Detroit

Camino Católico.- Después de cuatro décadas de matrimonio y de formar una familia con tres hijos y varios nietos, Patrick Bruen descubrió que Dios lo llamaba a una nueva vocación: el sacerdocio, al que llegó a los 67 años, después de que su esposa falleciera. El 7 de junio de 2025 fue ordenado sacerdote en la Arquidiócesis de Detroit (Estados Unidos), junto a Benjamin Schroeder, de 26 años, en la Catedral del Santísimo Sacramento, en Detroit.

“Conocí a mi esposa y nos casamos. Formamos una familia, y cuando nuestros hijos crecieron, ella empezó a enfermarse cada vez más. Cuando todos se casaron y se mudaron, a los 61 años, mi esposa falleció”, recuerda en una entrevista publicada por su arquidiócesis.

Fue entonces, en medio del dolor, cuando comenzó a percibir la presencia del Señor de un modo especial. “Comencé a experimentar una especie de manifestación del Sagrado Corazón de Jesús. De pronto, veía imágenes y estatuas del Sagrado Corazón en todas partes; era como si esa presencia no se apartara de mi mente. De pronto, esas imágenes parecían mirarme a mí”, dice, convencido de que se trataba de un signo para discernir una nueva llamada.

Ante aquella experiencia, acudió a un sacerdote amigo para compartir lo que vivía. “Él me dijo: ‘El seminario en Detroit se llama Sagrado Corazón. Quizás tienes una vocación’. Recuerdo que me reí en su cara, pero esas palabras quedaron grabadas en mí. Poco a poco, el Señor fue trabajando en mi interior hasta que ya no pude apartar esa idea de mi corazón”.

Bruen confiesa que nunca había pensado en el sacerdocio: “Cuando mi esposa murió, jamás pensé en el sacerdocio; creía que ya no era posible. Tenía 62 años”.

Sin embargo, pronto comprendió que Dios le pedía dar un paso más: “Me casé por una razón, y el Señor también me trajo hasta aquí por una razón. La vocación puede tener distintas etapas, pero siempre tiene un mismo origen: el plan de Dios. La vocación principal es a Él. Sí, tuve una vocación en mi matrimonio, y esa experiencia me preparó para la que vivo ahora. Hoy tengo esta nueva vocación”.

Con el apoyo de su amigo de toda la vida, el P. Bob McCabe, Bruen ingresó al Seminario Nacional de San Juan XXIII, en Massachusetts, institución que forma a hombres mayores en lo que se conoce como “vocaciones de segunda carrera”.

“Dios me fue mostrando que aún tenía una misión más que cumplir”, explica el nuevo sacerdote.

"Cuando mi esposa murió, tenía 62 años. Me casé por una razón, y el Señor también me trajo hasta aquí por una razón", dice Patrick Bruen, ordenado a los 67 años / Foto: Arquidiócesis de Detroit

En la ceremonia de ordenación, presidida por el Arzobispo Edward J. Weisenburger, Bruen destacó que el sacerdocio no borra su historia previa, sino que la transforma. “Mi matrimonio me enseñó lo que significa amar de verdad, y ahora quiero poner ese mismo amor al servicio de Cristo y de su pueblo”, afirmó.

Bruen también habla con esperanza sobre el horizonte de su ministerio: “El arzobispo me preguntó: ‘¿Vas a retirarte cuando tengas 70 años?’. Y yo dije: no. Espero ser un sacerdote hasta los 90. Espero hacer 25 años al menos”.

Con humor y fe añadió: “Quizás el Señor quiera que te relajes, que te mudes a Florida, juegues al golf y mueras joven. No lo sé, tal vez ese sea tu camino. Pero lo cierto es que nunca eres demasiado mayor para dejar de servir. Mientras tengas algo que ofrecer a los demás, vale la pena descubrir qué es y entregarlo”.

Su experiencia de servicio al cuidar de su esposa le enseñó el verdadero sentido de la entrega. “Fue muy difícil, pero mirando atrás, me doy cuenta de que fue uno de los momentos más felices de mi vida y la parte más fuerte de nuestro matrimonio. Dios nos da una gran alegría y muchas gracias cuando ayudamos a los demás”.

Como parte de su nueva misión, el padre Bruen fue enviado al equipo de sacerdotes In Solidum que pastorean diferentes parroquias en la zona de Canton. Además, el 1 de julio empezó su servicio en la parroquia de Nuestra Señora del Buen Consejo en Plymouth, bajo la tutela del Mons. Todd Lajiness.

Devin Hays: «Me alejé de la fe en la secundaria, me diagnosticaron cáncer y me entregué a Dios: ‘Sea cual sea tu voluntad, es tu voluntad. Solo ayúdame a superar la parte mental’ y ahora atiendo a niños hospitalizados»

Devin Hays entregó su vida a Dios cuando le diagnosticaron un linfoma / Foto: El Pueblo Católico 

* «No ocultamos que somos cristianos y católicos. Pero también nos conectamos con las personas en su situación. Visitar a los enfermos es una Obra Corporal de Misericordia. Y a veces, esas visitas abren la puerta a conversaciones más profundas… Antes del diagnóstico, el hockey era sin dudar mi ídolo. Me siento agradecido por haber pasado por esto porque cambió mi perspectiva. Me enseñó lo grande que es el dolor en el mundo, pero también la gracia extrema que Cristo derrama a través de ese dolor»

Camino Católico.- Cuando Devin Hays sintió el primer bulto en la cabeza, estaba más preocupado por sus exámenes finales que por su salud. “Ese semestre me dio faringitis estreptocócica dos veces, lo cual ya era raro, pero cuando apareció el bulto pensé que solo tenía un resfriado extraño. “Estaba tosiendo, agotado y no me podía concentrar en clase, ni siquiera con una taza grande de café. Pensé que podía aguantar hasta el fin de semana”, explica a El Pueblo Católico de Denver

Para el viernes ya tenía un tercer bulto y la tos había empeorado, por lo que decidió ir a la clínica del campus el lunes por la mañana. “Pensé, ‘Ojalá me den algo para aguantar la semana de exámenes y luego me preocupo por esto cuando regrese a casa’”, recuerda Devin.

Lo que nunca se imaginó, es que le dijeran que tenía que ir al hospital lo antes posible. “No podían encontrar mi corazón en la radiografía. Había algo en la tráquea y el mediastino. Ahí supe que se trataba de algo serio”, reconoce.

El linfoma y la entrega a Dios

Educado en un hogar católico en Erie (Colorado), Devin se había alejado de la fe en la secundaria, ya que el hockey competitivo ocupaba mucho de su tiempo familiar.

Pero en ese momento de incertidumbre médica, algo más profundo despertó en él. “Por primera vez en mi vida, me entregué a Dios. Le dije: ‘Sea cual sea tu voluntad, es tu voluntad. Solo ayúdame a superar la parte mental’. Ese fue mi momento de rendición”, recuerda.

Al principio, los médicos pensaron que tenía linfoma —un tipo de cáncer tratable con buen pronóstico. Pero luego llegó la mala noticia: “Me dijeron que no era linfoma. Era leucemia. Agresiva. Incurable. Con una tasa de supervivencia a cinco años de apenas el 50%. Después de eso, baja”.

Parecía que todo se derrumbaba. Pero luego llegaron los resultados de la biopsia de una clínica en Iowa. “Me dijeron que sí era linfoma, y que era curable. Lo que sucedió fue que, o un patólogo del Mayo Clinic se equivocó, o algo cambió. Yo elijo creer que algo cambió”.

El tratamiento comenzó rápidamente y, aunque el cáncer respondió bien, la quimioterapia fue brutal. “En muchas ocasiones, la quimio casi me mata. Perdí todo el cabello. Mi cara se hinchó. Me veía muy enfermo”, comparte.

La intervención de la comunidad parroquial

Fue durante esa época que la comunidad que lo rodeaba intervino, especialmente en su parroquia natal, St. Scholastica en Erie.

“Me acerqué mucho al padre Rob Wedow, y él me ayudó a superarlo. Los Caballeros de Colón también fueron fundamentales. Aunque me veía enfermo, me trataron como a cualquier otro. Me dieron las mismas responsabilidades que a los demás, y en ese momento, eso significó muchísimo para mí”, asegura Devin.

Devin Hays con sombrero visitando a enfermos y sus familias en el hospital infantil Rocky Mountain Hospital for Children situado en el campus médico de Presbyterian/St. Luke's en Denver, Colorado / Foto: Instagram Hospital Homies

A pesar del tratamiento intenso, Devin se negó a atrasarse en sus estudios. “Hacía exámenes y pruebas mientras recibía quimio. Después me transferí a CU Boulder. Por la gracia de Dios, la universidad me va a tomar solo cuatro años, incluso con el cáncer.”

Pronto, el cáncer comenzó a remitir. Conforme va teniendo perspectiva, analiza y recuerda las peores partes de su enfermedad, como ver a sus familiares y amigos afectados. ”La parte más difícil fue ver a otros niños pasar por lo mismo. Me trataron en pediatría casi todo el tiempo, y ver sufrir a los niños es muy duro. Ese octubre, cuando ya estaba en remisión, pero aún en tratamiento, nos disfrazamos y repartimos dulces a los niños que también estaban hospitalizados”.

La asistencia a niños hospitalizados y sus familias

Actualmente es voluntario en la pastoral universitaria de CU Boulder, colabora con el grupo juvenil de la parroquia de St. Scholastica y es miembro activo de los Caballeros de Colón. A la experiencia que adquirió en estas iniciativas se suma ahora la que desarrolló a través de un proyecto dedicado por entero a acompañar a los pequeños ingresados y a sus familias, Hospital Homies.

“Tuve la bendición de conocer a Tim Tebow, un gran cristiano, y verlo amar a la gente me inspiró mucho. La noche antes de un viaje para recaudar fondos, me vino el nombre ‘Hospital Homies’. Fue algo demasiado bueno para que se me ocurriera a mí, especialmente con el cerebro afectado por la quimio”, dice entre risas.

La organización ahora es una entidad registrada dedicada a visitar a niños en hospitales y apoyar a sus familias. “No ocultamos que somos cristianos y católicos. Pero también nos conectamos con las personas en su situación. Visitar a los enfermos es una Obra Corporal de Misericordia. Y a veces, esas visitas abren la puerta a conversaciones más profundas”, dice.

Terminando sus estudios, Devin ya piensa en su siguiente proyecto, que en este caso será una empresa dedicada a la venta de artículos y coleccionables, especialmente monedas, buscando servir así a su proyecto matriz de caridad.

Devin Hays, en el centro de la imagen, visitando a enfermos y sus familias en el hospital infantil Rocky Mountain Hospital for Children en Denver, Colorado / Foto: Instagram Hospital Homies

“La idea es crear una fuente de ingreso estable para financiar el Hospital Homies. Necesitas medios para sostener tu misión, y esta es mi forma de hacerlo realidad”. Su nuevo proyecto tampoco pretende perder de vista su componente católico, y espera poder contar con una sección religiosa con medallas de santos, monedas pontificias antiguas y otros artículos devocionales.

Mirando atrás, cuando se encontraba alejado de la fe, no puede evitar corroborar que su transformación ha sido mucho más espiritual que incluso en lo estrictamente físico o de la salud.

“Antes del diagnóstico, el hockey era sin dudar mi ídolo. Me siento agradecido por haber pasado por esto porque cambió mi perspectiva. Me enseñó lo grande que es el dolor en el mundo, pero también la gracia extrema que Cristo derrama a través de ese dolor “, concluye.

Y esa gracia es la que Devin espera compartir por el resto de su vida. Por su profundo camino de entrega llena de fe a la voluntad del Señor y su profunda devoción al servicio a los demás, especialmente a quienes sufren profundamente, Devin Hays ha sido reconocido como el Discípulo del Mes en la Diócesis de Denver.