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domingo, 22 de marzo de 2026

Eduardo Fuentes quedó tetrapléjico al caer de un caballo: «Dios pasó de mi cabeza a mi corazón en Emaús y su ‘gracia’ me condujo a convertirme en un “alma de oración al confiar en Él»

La vida de Eduardo Fuentes Alonso (Jaén, 1969), dio un giro radical tras un accidente a caballo que le dejó tetrapléjico en 2014. De un sufrimiento prolongado (espasticidad, dolores neuropáticos), pasó a poder respirar, y encontrar al Señor a través de Jesús Eucaristía / Foto: Omnes

* «Hoy sé que no tengo que preocuparme de nada, tan sólo de aceptar su invitación y darle todos los días un sí incondicional y sin reservas, y Cristo ya se ocupa de todo. Simplemente, me abandono en Él y le digo: ‘Jesús, ¡pilota Tú!’. Tengo la garantía -certeza experimentada-, de que donde acaban mis fuerzas, Él pone las suyas. Sé que el don que me regala –la instantánea alegría de vivir bajo el Espíritu Santo-, es inmerecido y, por eso, se lo agradezco infinitamente. He entendido que no hay que temerle a la cruz…. ¡La cruz sana! –siempre da más de lo que quita…, y es el mundo quien nos sube a la Cruz y Jesús el que nos baja! Si abandono la oración, no se pierde Él, me pierdo yo. Agarrarse a Él con abandono e infinita confianza convierte cualquier desierto en un continuo y precioso Oasis. Él es mi guía diaria»

Camino Católico.- A raíz de una caída a caballo en 2014, “un providente viernes de Dolores”, Eduardo Fuentes Alonso, abogado jienense casado con Guadalupe, “un ángel”, y con “dos maravillosos hijos, Eduardo y Ángela”, quedó tetrapléjico, tras veinte años como letrado en el ámbito privado y la Administración Pública.

Transcurrido un año, le quedaron como principales y crónicos problemas “la Movilidad Reducida por la Espasticidad –esa camisa de fuerza que se cose a la piel, te atormenta y desafía tus límites- y los dolores neuropáticos”. Y como “gracia divina”, tener como nuevo amigo la “pequeña compañía de mi bastón celeste y plata”.

Después, tras miles de horas de sufrimiento y dolor, “Él me buscó a mí”, hasta poder decir que “la respiración sin Él era sólo soledad, pero la respiración con Él se convertía en oración”. “Cuando Dios pasó de mi cabeza a mi corazón, fue en Emaús”, asegura respondiendo a Francisco Otamendi en una entrevista en Omnes.

–Eduardo, usted afirma que su trayectoria vital se divide en un “antes” y un “después”, tras el accidente de 2014

—Efectivamente, tras ocho años y medio de lucha, un libro providencial (Tómate un Respiro, de Mario Alonso Puig), me introdujo en la práctica de la respiración, erradicando el sufrimiento, aunque no el dolor. El libro me lo envió, ¡sin decirme nada!, mi amigo Agustín.

El libro sobre la respiración me quitó el sufrimiento, pero lo que me devolvió las ganas de todo fue el Señor. Me fui acordando de lo que decía santa Teresa sobre la oración, “es un plan que me ha ido trazando el Señor, no es mío. Me decía: espérate, primero te voy a limpiar”.

Yo siempre he creído, siempre he practicado la fe de modo “heredado”. Pero para mí el salto importante, cuando Dios pasó de mi cabeza a mi corazón, fue en Emaús. Fue a través, primero, de cuando hice el camino, me emocionaba cuando veía ese cuadro tan bonito que hay del Sagrado Corazón de Jesús, con las llagas en las manos, y luego sirviendo.

En Emaús se camina sólo una vez, pero se sirve –se ayuda- las veces que quieras. Yo he servido muchas veces ya, y también siendo servidor comencé a tener mucha más presencia de lo que es Jesús Eucaristía, con un Dios vivo. El Señor se sirvió de Emaús para encontrarse conmigo y ahí comenzó mi amistad con Él. Sé explicarme mejor con una frase bíblica: “antes te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos” (Job 42, 5).

Con Él el dolor y el sufrimiento cobraron sentido y propósito en mi vida. Su “gracia” me condujo a convertirme en un “alma de oración”, pues al confiar ya en Él, puso en mi camino unas hermosas palabras: “La oración hecha con Fe salva al enfermo”. Y desde entonces, mi perseverancia y fidelidad a la oración es otro firme propósito al que doy cumplimiento cotidianamente. La oración –“El lenguaje del Amor de Dios”- fue mi raíz de salvación y me sostiene.

Hoy sé que no tengo que preocuparme de nada, tan sólo de aceptar su “invitación” y darle todos los días un sí incondicional y sin reservas, y Él ya se ocupa de todo. Simplemente, me abandono en Él y le digo: “Jesús, ¡pilota Tú!”

–¿Hasta dónde llega la certeza de su fe?

—Tengo la garantía -certeza experimentada-, de que donde acaban mis fuerzas, Él pone las suyas. Sé que el don que me regala –la instantánea alegría de vivir bajo el Espíritu Santo-, es inmerecido y, por eso, se lo agradezco infinitamente.

He entendido que no hay que temerle a la cruz…. ¡La cruz sana! –siempre da más de lo que quita…, y es el mundo quien nos sube a la Cruz y Jesús el que nos baja! Si abandono la oración, no se pierde Él, me pierdo yo. Agarrarse a Él con abandono e infinita confianza convierte cualquier desierto en un continuo y precioso Oasis. Él es mi guía diaria.

–Dos palabras sobre la oración del abandono, de san Charles de Foucauld.

—Una persona muy querida para mí me la mostró y, al levantarme, ¡desde hace casi tres años ya!, llevo rezándola a diario. Es la siguiente: “Padre mío, me abandono a ti, haz de mí lo que quieras, lo que hagas de mí te lo agradezco, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal de que se haga tu voluntad en mí y en todas tus criaturas, no deseo nada más Dios mío, pongo mi vida en tus manos, te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón porque te amo, y porque para mí amarte es darme, entregarme en tus manos sin medida, con infinita confianza, porque tú eres mi padre!”.

–Precisamente se acaba de publicar el libro Retiros de Emaús. Ha hecho usted en Córdoba el V retiro de Emaús de hombres, en la parroquia de Belén. Dígame una frase sobre ese retiro.

—Sólo una cosa: confía,  abre y descansa tu corazón en la quietud y en el silencio y siéntate, en un abandono paciente, a su “escucha”, delante de Él.

–En el libro Elica, tu amigo Elías Cabrera destaca que “hay personas que llegan a tu vida de golpe y lo ordenan todo”. Y añade que usted es ejemplo de esfuerzo porque no ha permitido que el dolor le vuelva amargo.

—Mira, si miro hacia atrás, el esfuerzo siempre ha estado ahí, pero de formas diferentes. Al principio era ese esfuerzo voluntario, lleno de ilusión, como cuando me lanzaba a retos en la naturaleza, senderismo por Cazorla o Segura, o en deportes como el baloncesto o la equitación. Luego vino el esfuerzo necesario, como en mi profesión de abogado. Y ahora, el vital-trascendente, después del accidente que me dejó tetrapléjico.

Para mí, esfuerzo es no rendirse, no ser tóxico para uno mismo ni para otros. Me ha llevado a ser quien soy, simplemente, una persona feliz que busca hacer felices a los demás. Bendito sea el esfuerzo que me trajo mi “ser” actual.

–¿Qué siente al reflexionar sobre su vida?

—Siento estupor y gratitud por esta vida, “regalo inmerecido”. Gratitud a mi amigo Elías por incluirme en su libro (Elica), pero sobre todo a Él, por mover hilos –mueve nuestros hilos mejor que nadie, nos hace valientes y quita nuestros miedos, que nunca nacen del Señor–, por elegirme –don inmerecido- para su Equipo. 

Me gustaría que algún día hubiera en cualquier hospital de España un Área de “Respiroterapia” –a mí me gusta llamarla así-, donde se preocupen, incluso antes de pautar cualquier tratamiento médico, incluido aliviar el dolor, de suprimir el “sufrimiento” del paciente, de, simplemente, “cuidar su alma”. Mi próxima ilusión: subir a Medjugorje con mi familia, entrenando, pese a las limitaciones que me harán necesitar del prójimo, por amor a María.


–¿Quién le enseñó a esforzarse y qué referentes ha tenido?

—Al principio, la ilusión fue mi maestra, sin grandes figuras como referente. Mi familia es y fue clave en la rehabilitación. Guadalupe como ángel, mis hijos como razón para no rendirme.

Hoy me apoyo en el beato Lolo –Manuel Garrido Lozano- de Linares (Jaén), que vivió muy dolorido y limitado físicamente, pero con una alegría desbordante; mi -ya en el cielo- amigo Rafa Benavides, cuyo sufrimiento expandió amor y legado; y el doctor Mario Alonso Puig, cuya “chispa” en su libro me ayudó a erradicar, no el dolor, pero sí el sufrimiento, en poco más de tres meses.

Miguel Vinagrero: «Estudié musicología, iba a casarme y el Señor me dijo: ‘quiero que seas sacerdote’»

Miguel Vinagrero va a ser sacerdote aunque tenía novia y estudió musicología

* «Yo había montado ya mi plan por mi cuenta». La llamada le obligó a confrontar conversaciones difíciles. La primera, con su novia, esa misma tarde. «Fue doloroso», recuerda. Sin que él dijera nada, ella lo intuyó: «Miguel, tú quieres ser cura, ¿verdad?» Ambos decidieron tomar distancia para que él pudiera discernir sin condicionantes. Sus padres, recibieron la noticia «con muchísima ilusión»


Vídeo del testimonio de Miguel Vinagrero  en el programa 'Ecclesia es Domingo' de 13 TV

Camino Católico.- Con motivo de la celebración del Día del Seminario, la Iglesia pone el foco en las vocaciones y en la vida de aquellos que deciden iniciar el camino hacia el sacerdocio. Actualmente, España cuenta con 1.066 seminaristas, una cifra que ha experimentado un ligero aumento respecto al año anterior, consolidando una tendencia de recuperación. Uno de ellos es Miguel Vinagrero, joven de la diócesis de Getafe que se encuentra en su cuarto año de formación y cuya historia personal rompe con la idea de una vocación surgida en la infancia.

Un "tsunami" que lo cambió todo

Antes de que la llamada irrumpiera en su vida, Miguel Vinagrero tenía un futuro perfectamente trazado. A sus 19 años, estaba inmerso en sus estudios de Musicología, mantenía una relación de tres años con su novia y sus planes eran claros: ser profesor de música y casarse. "Yo tenía mi plan ya hecho y todo", reconoce en 'Ecclesia, es domingo' de 13 TV . "Me voy a casar con esta chica, vamos a tener estos hijos, vamos a vivir aquí... y en medio de todo ese plan que yo ya me había montado, pues llega el Señor".

El momento decisivo ocurrió el 4 de noviembre de 2018. El día anterior, Miguel había asistido a la ordenación sacerdotal de un amigo, un evento que ya había generado "un primer movimiento interno". Sin embargo, fue durante la primera misa de su amigo, al día siguiente, cuando sintió la llamada con una claridad rotunda. "Justo al inicio de la misa, cuando todos se dirigían al altar, ahí fue cuando, con una claridad meridiana, sentí en el corazón que el Señor me decía: 'Miguel, esto es lo que quiero para ti, quiero que seas sacerdote'". Lo describe como un 'tsunami', una 'tormenta muy grande' que le desestabilizó por completo.

Aunque su familia era católica y él participaba activamente en el movimiento de Schönstatt, nunca se había planteado seriamente la pregunta vocacional. "Yo había montado ya mi plan por mi cuenta", admite. La llamada le obligó a confrontar conversaciones difíciles. La primera, con su novia, esa misma tarde. "Fue doloroso", recuerda. Sin que él dijera nada, ella lo intuyó: "Miguel, tú quieres ser cura, ¿verdad?". Ambos decidieron tomar distancia para que él pudiera discernir sin condicionantes. Con sus padres, la reacción fue diferente. Aunque notaron que "le pasaba algo", recibieron la noticia "con muchísima ilusión", una gracia que, como él mismo señala, no todos los aspirantes tienen.

Miguel Vinagrero con el Papa Francisco en el Vaticano

La dura formación para ser sacerdote

Entrar en el seminario es el inicio de un largo período de formación que en España dura, como mínimo, ocho años. El primer paso es el curso propedéutico, un año preparatorio enfocado en "crecer en intimidad con el Señor" y en la convivencia grupal. Aunque no se cursan estudios universitarios, la formación es intensa, con asignaturas como latín, padres de la Iglesia, cultura clásica y liturgia.

Superado este año, comienzan los estudios superiores. En el caso de las diócesis de la Provincia Eclesiástica de Madrid (Getafe, Madrid y Alcalá), los seminaristas cursan el Bachillerato de Teología en la Universidad San Dámaso. Son cinco años divididos en dos de Filosofía y tres de Teología. Miguel se encuentra actualmente en su cuarto año, el segundo de Teología. "A mí me gusta mucho la liturgia, y me gusta mucho también dogmática", confiesa sobre una posible especialización.

Tras los seis años de formación teórica (propedéutico y bachillerato), el itinerario continúa con un año de pastoral, seguido de la ordenación de diácono. El sacramento del orden tiene tres grados, y el diaconado es el primero. El diácono, explica Miguel, es "el siervo", centrado en la caridad y la palabra. Tras un período que suele durar alrededor de un año, llega la ordenación de presbítero, que le configura con "Cristo Pastor".

Miguel Vinagrero, el segundo por la izquierda en la primera fila, con su familia 

El día a día en el seminario: Una vida entre la oración y la comunidad

Lejos de ser un lugar de clausura, el seminario se asemeja a una mezcla entre un colegio mayor y un monasterio. "Vivimos juntos como una comunidad que crece junta en la fe", explica Miguel. La vida transcurre en un edificio con habitaciones, una capilla "donde rezamos" y un comedor. Como anécdota, recuerda su primera cena: "A mí no me gusta nada el puré de verduras, y la primera noche en el seminario... ¡pum, puré de verduras!".

En este entorno, su pasión por la música ha encontrado un nuevo cauce. La musicología no queda fuera, ya que la música es una constante en la liturgia diaria, desde la misa matutina hasta la exposición del Santísimo. Además, en cualquier evento festivo, "ya sacamos la guitarra y nos ponemos a cantar". 

El discernimiento es un proceso continuo. Miguel entró teniéndolo "clarísimo", pero otros compañeros llegan para "seguir discerniendo la voluntad de Dios". Sobre los que abandonan, como dos compañeros que entraron con él y que hoy tienen pareja y trabajo, reflexiona: "El Señor quería enseñarles algo a través del seminario. Algo descubrieron seguro". Esta idea enlaza con los datos actuales, que indican una disminución en el número de abandonos, atribuida a un discernimiento previo "más acompañado y fortalecido".

Respecto al creciente interés por la espiritualidad, a menudo denominado el "giro católico", Miguel confirma que es un tema que "se habla y se comenta" tanto en el seminario como en la facultad. De hecho, un profesor les ha compartido una antología con más de 80 artículos de prensa sobre este fenómeno, y algunos seminaristas provienen de realidades como retiros de impacto, aunque no puede asegurar una relación directa con el aumento de vocaciones.

Para un joven que se esté planteando la vocación, Miguel Vinagrero ofrece un triple consejo. El primero es cuidar la vida interior y la oración. "Tienes que hacerte el mejor amigo de Jesús", le recomendó su director espiritual. Citando una obra sobre San Ignacio de Loyola, subraya: "La vida interior importa más que los actos externos". El segundo pilar es la vida eclesial: "El sacerdocio no es para ti, es para servir a tus hermanos", por lo que anima a comprometerse en la parroquia o movimiento. Finalmente, recuerda la importancia del acompañamiento para no hacer el camino solo y de "aferrarse a los santos, que ayudan mucho".

Papa León XIV en el Ángelus, 22-3-2026: «Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en Él»

* «El relato de la resurrección de Lázaro nos invita, entonces, a ponernos a la escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en el sepulcro del egoísmo, el materialismo, la violencia y de la superficialidad. En estos lugares no hay vida, sino sólo desorientación, insatisfacción y soledad. Jesús también a nosotros nos grita: «¡Ven afuera!» (Jn 11,43), animándonos a salir, renovados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin límites» 

   

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Sigo con tristeza la situación en Oriente Medio, así como en otras regiones del mundo devastadas por la guerra y la violencia. No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas indefensas, víctimas de estos conflictos. Lo que las hiere a ellas, lacera a toda la humanidad. La muerte y el dolor provocados por estas guerras ¡son un escándalo para toda la familia humana y un grito ante Dios! Renuevo mi vehemente llamamiento a perseverar en la oración, para que cesen las hostilidades y se abran finalmente caminos de paz basados en el diálogo sincero y en el respeto a la dignidad de cada persona humana»  


22 de marzo de 2026.- (Camino Católico)  “Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en Él”, lo ha dicho el Papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Ángelus de este domingo 22 de marzo, ante los miles de fieles y peregrinos que se han dado cita en la Plaza de san Pedro.

Al comentar el Evangelio de este V Domingo de Cuaresma, el Santo Padre señala que, en la liturgia se proclama el Evangelio de la Resurrección de Lázaro (cf. Jn 11,1-45). Y dice que, en el itinerario cuaresmal, este es un signo que habla de la victoria de Cristo sobre la muerte y del don de la vida eterna que recibimos en el Bautismo. “Hoy, Jesús nos dice también a nosotros, al igual que a Marta, la hermana de Lázaro: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11,25-26)”.

Después de rezar la oración del Ángelus, el Santo Padre ha hecho un nuevo llamamiento en favor de la paz en Oriente Medio y en otras regiones del mundo asoladas por la guerra y la violencia. “Estas guerras son un escándalo para toda la humanidad y un clamor a Dios. Reitero con vehemencia mi llamado a perseverar en la oración, para que cesen las hostilidades y se abran finalmente caminos de paz, basados en el diálogo sincero y el respeto a la dignidad". En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente: 

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

Domingo, 22 de marzo de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este quinto domingo de Cuaresma, en la liturgia se proclama el Evangelio de la Resurrección de Lázaro (cf. Jn 11,1-45).

En el itinerario cuaresmal, este es un signo que habla de la victoria de Cristo sobre la muerte y del don de la vida eterna que recibimos en el Bautismo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica,1265). Hoy, Jesús nos dice también a nosotros, al igual que a Marta, la hermana de Lázaro: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11,25-26).

La liturgia nos invita así a revivir, a la luz de la inminente celebración de la Semana Santa, los acontecimientos de la Pasión del Señor —la entrada en Jerusalén, la última cena, el juicio, la crucifixión, el entierro— para percibir su sentido más auténtico y abrirnos al don de la gracia que contienen.

De hecho, es en Cristo Resucitado, que vence a la muerte y que vive en nosotros por la gracia del Bautismo, en quien estos acontecimientos encuentran su culmen, para nuestra salvación y plenitud de vida.

Su gracia ilumina este mundo, que parece estar en una búsqueda constante de novedades y cambios, incluso a expensas de sacrificar cosas importantes —tiempo, energías, valores, afectos— como si la fama, los bienes materiales, el entretenimiento o las relaciones pasajeras pudieran satisfacer nuestro corazón o hacernos inmortales. Es el síntoma de una necesidad de infinito que cada uno de nosotros lleva dentro, pero cuya respuesta no puede depositarse en lo efímero. Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en Él (cf. Las Confesiones, I,1.1).

El relato de la resurrección de Lázaro nos invita, entonces, a ponernos a la escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en el sepulcro del egoísmo, el materialismo, la violencia y de la superficialidad. En estos lugares no hay vida, sino sólo desorientación, insatisfacción y soledad.

Jesús también a nosotros nos grita: «¡Ven afuera!» (Jn 11,43), animándonos a salir, renovados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin límites.

Que la Virgen María nos ayude a vivir así estos días santos: con su fe, con su confianza, con su fidelidad, para que también en nosotros se renueve cada día la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


Sigo con tristeza la situación en Oriente Medio, así como en otras regiones del mundo devastadas por la guerra y la violencia. No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas indefensas, víctimas de estos conflictos. Lo que las hiere a ellas, lacera a toda la humanidad. La muerte y el dolor provocados por estas guerras ¡son un escándalo para toda la familia humana y un grito ante Dios! Renuevo mi vehemente llamamiento a perseverar en la oración, para que cesen las hostilidades y se abran finalmente caminos de paz basados en el diálogo sincero y en el respeto a la dignidad de cada persona humana.



Hoy se celebra en Roma el gran maratón, con innumerables atletas procedentes de todo el mundo. ¡Esto es un signo de esperanza! Que el deporte trace caminos de paz, inclusión social y de espiritualidad.


Saludo cordialmente a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países, en particular a los que han venido de la Diócesis de Córdoba, en España.


Recibo con alegría a los fieles de Belluno y Pordenone, de Crotone y de la parroquia de Santa Maria delle Grazie, en Roma. Saludo a los jóvenes de Nave, de la Diócesis de Brescia, al grupo de confirmandos de la Diócesis de Florencia y a los representantes de la Asociación de Directores de Hotel.


¡Les deseo a todos un feliz domingo!


Papa León XIV





Fotos: Vatican Media, 22-3-2026