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lunes, 1 de junio de 2026

Brian Vázquez era alcohólico y drogadicto a los 9 años y ahora, a los 15, ayuda a otros a dejarlo: «Pedí a Dios ayuda, perdón por las cosas malas que había hecho y rezo para poder perdonarme a mí mismo»

Brian Vázquez tiene solo 15 años, pero ya ha experimentado el alcoholismo, la drogadicción, la vida en la calle y la delincuencia. Hoy, a pesar de su corta edad, en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en León Guanajuato, México, ayuda a quienes han caído en la trampa de la adicción. En la imagen el interior del templo

* «Ahora me siento feliz, en paz y con más energía física y mental. Aun así, sigo sintiendo atracción por aquello que me hacía infeliz. Por eso, ahora, cada noche, en lugar de beber y consumir drogas, rezo a Dios de rodillas pidiendo ayuda. Esta oración me ayuda enormemente a perseverar en la paz y la alegría que me brinda la abstinencia. Solo ha pasado un año desde que comencé el tratamiento, así que no es fácil. Animamos a las personas a que le hagan promesas a Dios de dejar ciertas sustancias durante un tiempo determinado. Puede ser un mes, un año o dos, o incluso de por vida. Por supuesto, no es raro que alguien vuelva a su antigua vida después de este período. Nos esforzamos por asegurar que estas promesas se renueven. La clave no es rendirse. Una persona adicta no puede simplemente dejar de beber alcohol o consumir drogas»

Camino Católico.-  Brian Vázquez tiene solo 15 años, pero ya ha experimentado el alcoholismo, la drogadicción, la vida en la calle y la delincuencia. Hoy, a pesar de su corta edad, en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en León Guanajuato, México, ayuda a quienes han caído en la trampa de la adicción. Los anima a hacer votos de abstinencia temporal en una capilla especialmente habilitada para este propósito en el santuario. No quiere que se publique su imagen, lo cual es totalmente comprensible, pero sin embargo, comparte su testimonio.

A los 9 años, Brian Vázquez ya vivía en la calle, consumiendo alcohol y drogas y lo cuenta así: 

"Hoy en León se ven muchos niños abandonados que, desde muy pequeños, consumen drogas o se emborrachan en las calles. Muchos mendigan o limpian ventanas de autos en los semáforos, no para comer, sino para conseguir dinero para su próxima dosis. Piden cambio para un taco, pero lo que realmente quieren es comprar drogas. Muchos también se dedican al robo” dice a Misyjne

Y prosigue: “Tenía amigos así y no quería sentirme diferente. Quería pertenecer a su grupo, pero sentía que no les importaba. Así que empecé a hacer lo mismo que ellos, empezando por fumar marihuana. Además, todas las sustancias sintéticas que consumía eran una forma eficaz de escapar de la realidad, de lo real, y no siempre era fácil. Después de una noche de drogas y de estar colocado, me despertaba por la mañana sintiéndome aún peor, sobre todo cuando veía a mi madre, que estaba muy preocupada. Como de niño no tenía suficiente dinero para alcohol y drogas, robaba o simplemente arrebataba dinero y bolsos de las manos de la gente. Esa era mi vida”.

Pero ante la difícil situación que vivía, Brian Vázquez llegó un momento en que empezó a rezar:

“Cuando pasaba las noches en esas ‘fiestas’ callejeras, no rezaba, no pensaba en Dios. Pero me entristecía constantemente la situación en casa. Me preocupaban mi madre y mis hermanas. Con el tiempo, también me di cuenta de que las drogas ya no eran tan divertidas como al principio. Al principio, una pequeña dosis era suficiente, pero luego necesitabas dos para conseguir el mismo efecto, y con el tiempo, cada vez más”, asegura.

Y fue en esa situación que “a los 14 años, me uní a Alcohólicos Anónimos. Me dijeron que lo único que querían era que dejara de beber y de consumir drogas. Desde ese momento, comencé a orar y a pedirle a Dios ayuda en mi lucha contra la adicción y perdón por las cosas malas que había hecho en mi vida. También rezo para poder perdonarme a mí mismo”.

Exterior del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en León Guanajuato, México, donde Brian Vázquez ayuda a otras personas a dejar las adicciones

Tiene claro que un adicto, aunque esté sin tomar ni alcohol o drogas, lo será toda la vida y combate con esa cuestión: “Hoy sigo teniendo antojo de drogas y alcohol. Me cuesta mucho abstenerme. Es una especie de escape que, superficialmente, hace que la vida sea más placentera. Y, paradójicamente, ahora me siento feliz, en paz y con más energía física y mental. Aun así, sigo sintiendo atracción por aquello que me hacía infeliz. Por eso, ahora, cada noche, en lugar de beber y consumir drogas, rezo a Dios de rodillas pidiendo ayuda. Esta oración me ayuda enormemente a perseverar en la paz y la alegría que me brinda la abstinencia. Solo ha pasado un año desde que comencé el tratamiento, así que no es fácil”.

En el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en León, se creó una capilla especial para hacer votos de abstención temporal de alcohol o drogas: “Animamos a las personas a que le hagan promesas a Dios de dejar ciertas sustancias durante un tiempo determinado. Puede ser un mes, un año o dos, o incluso de por vida. Por supuesto, no es raro que alguien vuelva a su antigua vida después de este período. Nos esforzamos por asegurar que estas promesas se renueven. La clave no es rendirse. Una persona adicta no puede simplemente dejar de beber alcohol o consumir drogas” explica con realismo Brian Vázquez.

Y concluye dirigiéndose a cualquier joven que se adentra hoy en el mundo de las drogas: “Hermano, yo he pasado por eso. Sé lo que es estar drogado todas las noches, sentirse física y mentalmente deprimido después de emborracharse con alcohol o drogas. Sé lo que es estar encerrado en tu habitación, temblando y sintiéndote fatal porque tu cuerpo te pide a gritos otra dosis. También es esa horrible sensación de estar atrapado en una trampa de la que no puedes salir. No vayas por donde yo he estado. Lo que puedo ofrecerte es mi ayuda. Eso es lo que te diría. Además, hoy soy realmente feliz. Tengo buenas relaciones familiares. Veo a mi madre feliz y a mis hermanas a salvo. ¡Y sobre todo, me siento bien conmigo mismo! Me gusta esta vida de la que intentaba escapar. Mentalmente, estoy tranquilo y satisfecho. No vale la pena cambiarlo por alcohol y drogas”.

Keishera Joubert, madre del ‘bebé milagro’ que nació dos veces: «Me dije: ‘Dios me puso en esta habitación por una razón… Necesito que esto no se trate de mí, sino de salvar a mi hijo y servir al Señor’; Oré mucho»

Greg y Keishera Joubert sonríen orgullosos sosteniendo a su pequeño bebé milagro, Cassian / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

* «No había absolutamente nada más que pudiera hacer que mirar los monitores y rezar a Dios para que se hiciera su voluntad una vez más… Dios nos eligió para que Cassian pudiera dar este salto en la ciencia médica. Dios transformó nuestra mayor tristeza en un gran avance de la ciencia médica, y ahora existe una nueva era de tratamientos para estos bebés... que antes se enfrentaban a un diagnóstico devastadoramente fatal. Ahora podemos decir que estos bebés tienen una buena probabilidad de sobrevivir»

Camino Católico.- A principios de 2025, Keishera y Greg Joubert se alegraron muchísimo al saber que esperaban un segundo hijo. Pero a las 19 semanas, un diagnóstico devastador truncó su ilusión: Cassian padecía el síndrome de obstrucción congénita de las vías respiratorias altas (CHAOS, por sus siglas en inglés), una afección rara y generalmente mortal en la que una membrana gruesa bloquea las vías respiratorias.

Sin darse por vencidos, la pareja católica encontró esperanza en el Dr. Emanuel Vlastos del Hospital Orlando Health Winnie Palmer en Florida. Cuando una cirugía prenatal estándar no logró romper la membrana, el Dr. Vlastos propuso una alternativa radical e innovadora. A las 25 semanas, los médicos practicaron una cesárea parcial para extraer a Cassian, sacando solo su cabeza y brazos del útero. Aún sostenido por la placenta, los especialistas realizaron una delicada traqueotomía para crear una vía respiratoria antes de devolverlo al útero de su madre. 

El pequeño Cassian en el hospital poco después de nacer la segunda vez / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

Seis semanas después, Keishera rompió aguas. Un enorme equipo de 30 profesionales médicos se movilizó para realizar una cirugía final con el fin de asegurar la respiración de Cassian fuera del útero. Literalmente, nació dos veces.

«Cuando me enteré del diagnóstico, fue devastador», explica Keishera Joubert al National Catholic Register. «Me eché a llorar desconsoladamente. Corrí a la habitación y lloré a lágrima viva en un rincón. Existía la posibilidad de que ni siquiera sobreviviera al embarazo».

El pequeño Cassian ha superado un largo camino y ahora está a solo 3 meses de celebrar su primer cumpleaños / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

El diagnóstico suele ser fatal para la mayoría de los bebés. Keishera comenta que, durante su encuentro con el doctor Vlastos, ni siquiera mencionó la posibilidad de interrumpir el embarazo. En cambio, el médico adoptó una actitud proactiva y elaboró ​​un plan para tratar a Cassian en el útero. 

Cuando una cirugía láser laparoscópica inicial no logró perforar la densa obstrucción, el equipo médico optó por una alternativa radical e innovadora: un procedimiento EXIT (Tratamiento Intraparto Ex Utero). 

Durante la compleja cirugía, los médicos extrajeron parcialmente a Cassian mediante cesárea, sacando solo su cabeza y brazos del útero. Mientras aún se mantenía completamente alimentado por la placenta de su madre, un equipo de especialistas en otorrinolaringología logró realizar una pequeña incisión debajo de la obstrucción para practicarle una traqueotomía que le salvó la vida. Una vez asegurada la vía aérea con un tubo, Cassian fue colocado de nuevo en el útero para continuar su desarrollo. 

El bebé Cassian está siendo operado en el útero para corregir sus vías respiratorias / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

Tras la cirugía, Keishera pasó seis semanas en reposo absoluto en la unidad de maternidad del hospital, conectada a monitores fetales las 24 horas del día. 

“Tuve que asimilar la idea de que podría estar aquí hasta el final del embarazo”, recuerda Keishera, señalando cómo tuvo que cambiar su perspectiva, pasando de su propia incomodidad a un enfoque espiritual más profundo. 

“Tuve que volver mi perspectiva hacia Dios y decir: ‘Dios me puso en esta habitación por una razón… Necesito que esto no se trate de mí, sino de salvar a mi hijo y servir al Señor’. Así que, básicamente, así pasé la mayor parte del tiempo. Oré mucho.” 

La montaña rusa médica alcanzó su punto álgido seis semanas después, con el nacimiento de Cassian. Su estancia en la UCIN estuvo marcada por una incertidumbre increíble, incluyendo un momento aterrador durante una limpieza rutinaria de la traqueostomía en el que el bebé estuvo a punto de sufrir un paro cardíaco. 

Un sacerdote católico unge al bebé Cassian durante su estancia en el hospital / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

“Tuve que quedarme allí quieta, impotente, mientras varias personas entraban corriendo a la habitación”, dice Keishera. “No había absolutamente nada más que pudiera hacer que mirar los monitores y rezar a Dios para que se hiciera su voluntad una vez más”. 

Tan solo una semana después de aquel encuentro cercano con la muerte, Cassian recibió el alta para volver a casa. 

Hoy, con nueve meses de edad, Cassian está creciendo sano y salvo junto a su hermano mayor, Matthias, que tiene casi 3 años. 

Reflexionando sobre el vertiginoso año vivido, Keishera considera el logro médico de su hijo como un testimonio de entrega absoluta. 

Greg y Keishera Joubert acariciando a su pequeño bebé milagro, Cassian / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

“Ahora mismo, sé que ha pasado aproximadamente un año desde que supimos de su diagnóstico... Dios nos eligió para que Cassian pudiera dar este salto en la ciencia médica”, dice. 

“Dios transformó nuestra mayor tristeza en un gran avance de la ciencia médica, y ahora existe una nueva era de tratamientos para estos bebés... que antes se enfrentaban a un diagnóstico devastadoramente fatal. Ahora podemos decir que estos bebés tienen una buena probabilidad de sobrevivir”, concluye.

Katie Holmes: «Sabía hablar de Dios, pero en realidad no lo conocía personalmente y me encontré con Dios al perder en el parto a mi primera hija, en el dolor más profundo; desde entonces, mi fe me ha sostenido cada día»

Katie Holmes hablaba de Dios pero no confiaba en Él hasta que se le hizo presente en medio del dolor / Foto: Instagram de Katie Holmes

* «Desde la pérdida de nuestra hija, mi vida es completamente diferente. Siento la eternidad cerca. Comprendo más profundamente que nunca que esta vida no es nuestro hogar; es solo un vehículo en el camino a casa. Mi sufrimiento transformó mi ministerio, mi propósito y mi visión de la vida. Ahora, más que nada, deseo dedicar mi vida a compartir el amor de Cristo y a guiar almas hacia Él. Mi mayor meta ya no es el éxito ni el reconocimiento; es la santidad. Quiero convertirme en una Santa con mayúscula y ayudar a tantas personas como sea posible a encontrarse con el Dios que me acompañó tanto en el ministerio como en la pérdida inimaginable»

Camino Católico.- “Crecí en una familia católica, asistiendo a todos los estudios bíblicos, retiros, conferencias y campamentos imaginables. Creo que fue allí donde comencé a forjar la persona que soy hoy. Con el paso de los años, mi pasión por hacer un ministerio en la Iglesia se profundizó al dirigir estudios bíblicos, dar charlas católicas y convertirme en maestra de una escuela católica. Exteriormente, mi vida parecía profundamente arraigada en la fe, pero me faltaba una relación real con Jesús”, afirma Katie Holmes al contar su testimonio en Yes Catholic.

“Uno de los momentos más cruciales de mi vida ocurrió durante mi época universitaria en SEEK, cuando hablé con Lisa Brenninkmeyer, autora de *Walking with Purpose*, y me invitó a colaborar con ella dirigiendo estudios bíblicos y sirviendo de manera más intencional en el ministerio. Esa etapa me abrió puertas y comenzó a revelarme el propósito de mi vida según Dios”, asegura la joven.

Katie Holmes en su boda / Foto: Instagram de Katie Holmes

Pero se le iluminó en su mente una verdad sobre su vida de fe: “Incluso mientras guiaba a otros en la fe, poco a poco me di cuenta de algo difícil: sabía hablar de Dios, pero en realidad no lo conocía personalmente. Podía decirles a las personas cómo debían confiar en Él, pero tomé conciencia que yo no confiaba en el Señor”.

De la forma más inesperada, Dios transformó su vida y la hizo acogerse a Él ante toda situación: “Eso cambió el año pasado cuando mi esposo y yo perdimos a nuestra primera hija durante el parto. En el dolor más profundo que jamás haya conocido, me encontré con Dios de una manera que nunca antes había experimentado. Mi duelo destrozó toda ilusión de control, y la fe dejó de ser algo que pudiera enseñar desde un escenario o un aula. Se convirtió en lo que me ha sostenido cada día”.

Katie Holmes embarazada de la hija que perdió en el parto, momento en que Dios se le hizo presente / Foto: Instagram de Katie Holmes

Ahora, Katie Holmes está convencida que vive para la eternidad: “Desde la pérdida de nuestra hija, mi vida es completamente diferente. Siento la eternidad cerca. Comprendo más profundamente que nunca que esta vida no es nuestro hogar; es solo un vehículo en el camino a casa. Mi sufrimiento transformó mi ministerio, mi propósito y mi visión de la vida. Ahora, más que nada, deseo dedicar mi vida a compartir el amor de Cristo y a guiar almas hacia Él”. 

Y concluye: ”Mi mayor meta ya no es el éxito ni el reconocimiento; es la santidad. Quiero convertirme en una Santa con mayúscula y ayudar a tantas personas como sea posible a encontrarse con el Dios que me acompañó tanto en el ministerio como en la pérdida inimaginable”.

Katie Holmes desea ser santa y trabajar para la eternidad llevando almas a Dios / Foto: Instagram de Katie Holmes

Sor Bernadette Moriau padecía una patología en cauda equina y su curación es el 70º milagro de Lourdes: «Era Jesús quien pasaba entre nosotros; una voz me dijo: ‘Quítate tus aparatos’ y podía moverme»

¿Por qué yo? Sor Bernadette Moriau terminó aceptando su curación como un misterio de Dios. En la imagen, durante la entrevista que le hizo la CBS en diciembre de 2022

* «Me vieron cuatro médicos, que se sorprendieron de verme así. Ninguno puso en duda lo que me pasaba. Fueran o no cristianos, para ellos era imposible que yo me curase… ¿Por qué se hizo misericordia conmigo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué, Señor? ¿Por qué yo? ¡Hay tantas personas que son más jóvenes que yo, personas con discapacidades o enfermas, y yo soy una persona anciana que podía terminar mis días así!. Poco a poco, en la oración he descubierto finalmente que es el misterio de Dios, tal vez lo comprenda más adelante. Para el servicio de la misión. Me he dicho, 'He recibido este don en la Iglesia, y es en la Iglesia donde debo vivirlo, en la misión'. No es para mí, para Bernadette, yo no soy una vedette, eso no me interesa. Es para que yo lo dé a mi vez. He seguido yendo a Lourdes acompañando enfermos, algunos terminales, y a sus familias. He acompañado luego a grandes enfermos, en el final de la vida, he acompañado familias. Oigo muchas cosas. He oído a personas decirme que hago un bien cuando paso. Estoy habitada por esta gracia, no puedo mirar para mí misma»

Camino Católico.- El 11 de febrero de 2018, festividad de la Virgen de Lourdes, el obispo de Beauvais, Noyon y Senlis, Jacques Benoit-Gonnin, se dirigió a los fieles de su diócesis para anunciarles "una hermosa gracia que el Señor ha hecho en la diócesis": la curación milagrosa de Sor Bernadette Moriau, que se convietió así en la septuagésima certificada por la exigente comisión médica de Lourdes.

Recientemente, el programa 60 Minutes de CBS News dedicó un reportaje conducido por Bill Whitaker a los milagros de Lourdes, que incluye una entrevista a Sor Bernardette y a varios médicos que analizaron el caso.



Sor Bernadette es una religiosa de 83 años, nacida cerca de Valenciennes, junto a la frontera belga. Religiosa de las Franciscanas Oblatas del Sagrado Corazón de Jesús, ingresó en la congregación a los 19 años en Nantes, donde fueron fundadas a finales del siglo XIX por la Madre María Teresa de la Cruz (Sophie-Victorine Gazeau de La Brandanière, 1829-1911).


Incurable


Padecía una patología en la llamada cola de caballo o cauda equina, agrupación nerviosa en el extremo de la médula espinal fundamental para la movilidad de las extremidades inferiores y la funcionalidad de los órganos pélvicos. 


Fue operada cuatro veces de la columna vertebral, la primera en 1968 y la última en 1975. No hubo ninguna mejoría y a partir de 1988 fue quedando progresivamente inválida por las consecuencias neurológicas de su enfermedad.


En 1994 empezó a tomar morfina para paliar su dolor incapacitante. Llevaba un corsé lumbar, y además a partir del año 2000 le pusieron una sonda para orinar, dado que la parálisis le afectaba también a la vejiga.

 

En 2004 un pie se le torció a consecuencia de lo mismo, y tenía que llevar una prótesis día y noche para intentar corregirlo.


"Yo sabía que no podría mejorar", explica Sor Bernadette en un vídeo difundido entonces por la diócesis.


 


En diciembre de 2006 se trasladó desde Nantes de nuevo al norte, al departamento de L'Oise donde hoy vive, y comenzó a tratarla el doctor Christophe Fumery, quien en febrero de 2008 le propuso ir a Lourdes como enferma. "Yo había estado ya allí acompañando a otros, en la época en la que aún podía caminar, pero nunca había pensando en ir para mí", recuerda: "Pero me dije, ¿por qué no? Me llamo Bernadette [como la santa vidente, Bernadette Soubiroux], y es el 150º aniversario de las apariciones [1858], podría ser una gracia". Se apuntó para la peregrinación de julio.


"Jesús pasaba entre nosotros"


Espiritualmente fue una experiencia intensa: "Me impactó pasar por la gruta, esa presencia misteriosa de María y de la pequeña Bernadette. Realmente me impactó. Luego participé en el sacramento de la reconciliación y recibí junto a los enfermos el sacramento de la Unción, que para mí supuso una fuerza para continuar el camino”.


Luego tuvo lugar la procesión del Santísimo y la bendición de los enfermos en la basílica de San Pío X: "Realmente me impactó, porque yo estaba en una silla, no podía ir muy lejos. Era Jesús quien pasaba entre nosotros y nos bendecía por mediación de nuestro obispo. Y en mi oración sentí como una voz que me decía: ‘Estoy ahí, veo tus sufrimientos y el de tus hermanos y hermanas enfermos. Ofrécemelo todo’. Yo recé mucho por los enfermos, pero nunca había pedido mi curación, porque no se me ocurrió, pensaba que terminaría mis días así. Pero realmente sentí esa presencia de Jesús”.



Sor Bernadette Moriau, en Lourdes, junto a un sacerdote, en la peregrinación donde fue curada


El día 8 de julio regresaron: “Volví muy cansada del viaje y muy dolorida, pero realmente feliz".

Tres días después tuvo lugar el milagro.

"Es costumbre hacer una Adoración todas las semanas", explica: "El día 11 estaba en la capilla con una hermana, Sor María Albertina. La adoración era a las cinco de la tarde, y a las 17.45 reviví la experiencia de la presencia de Jesús que había vivido en la basílica, en la bendición de los enfermos. ¡Yo estaba en comunión con Lourdes, no podía ser de otra manera! Sentí un bienestar en todo mi cuerpo".


Sor Bernadette concluyó su turno de adoración y regresó a su celda: "Volví a mi habitación sobre las seis, y allí una voz me dijo: ‘Quítate tus aparatos’. Yo, sin saber qué me pasaba, sin plantearme nada, me lo quité todo, en un acto de fe, como cuando en el Evangelio Jesús le dice al paralítico: ‘Levántate, toma tu camilla y vete’. Para mi sorpresa, podía moverme. Mi pie, que estaba torcido, se recolocó. Fui a donde estaba la hermana y le dije: ‘Mira lo que me está pasando’".


La religiosa no lo dudó. Cortó el circuito de neuroestimulación que llevaba, dejó de tomar morfina de golpe y dejó de sondarse. "No tuve ningún síndrome de abstinencia de la morfina", añade.


Su conmoción personal fue intensa: "Me derrumbé, estuve llorando varios días. Me preguntaba qué me pasaba, porque no me lo podía ni imaginar". Su cuñada vio a verla y salieron de paseo por el bosque: "Anduve varios kilómetros, algo que no había podido hacer desde hacía años".


Perplejidad médica

Era un fin de semana. El lunes acudió al médico: "Llegué a las siete de la mañana, llorando, diciéndole ‘No sé qué me pasa’. Él vio el cambio. Me dijo que se sentía feliz. Me examinó y no encontró ningún signo clínico".


Al poco tiempo acudió a Nantes a una cita prevista desde hacía tiempo en la unidad del dolor: "Me vieron cuatro médicos, que se sorprendieron de verme así. Ninguno puso en duda lo que me pasaba. Fueran o no cristianos, para ellos era imposible que yo me curase".


Sor Bernadette explica que, del mismo modo que acudió a Lourdes por indicación del doctor Fumery, fue él mismo quien se tomó "muy a pecho" lograr el reconocimiento de la curación: "Enseguida hizo un informe. Yo tenía un informe médico completo con cartas de los hospitales e historia clínica de todos los sitios por los que había pasado", que eran varios porque "en la vida religiosa se viaja, no se está siempre en el mismo lugar. Así que pude aportar todos esos documentos".


El reconocimiento


Ese dossier se envió a Lourdes el 11 de diciembre de 2008, y en julio de 2009, durante una nueva peregrinación, Sor Bernadette compareció en una gran sala ante "unas ochenta personas del mundo médico". 


Tras ser interrogada y examinada la documentación, el doctor Alessandro de Franciscis, quien ese mismo año había sido nombrado por el obispo de Tarbes y Lourdes como 15º Médico Permanente del santuario y presidente de la Oficina de Constataciones Médicas que examina cada caso de posible curación, preguntó a todos los científicos presentes y se abría o no el dossier. No hubo dudas.



El doctor Alessandro de Franciscis, desde 2009 al frente de la certificación de las curaciones extraordinarias en Lourdes. El proceso es exigente desde el punto de vista científico e incluso molesto para quien ha de pasar por él, por la multiplicación de revisiones y controles a lo largo del tiempo


"El dossier se abrió, y a partir de ahí todos los años me vieron expertos y pasé controles de todo tipo, incluso de psiquiatría", explica la religiosa: "A partir de ese momento tuve que someterme a muchos controles, porque es muy estricto. Pero al mismo tiempo ha sido una experiencia, porque he conocido gente muy comprensiva, ha sido un descubrimiento. Es cierto que hay que querer pasar por ello, y yo he querido porque la gracia que he recibido no la podía guardar para mí, significaba poder dar testimonio de las maravillas de Dios y de los beneficios de Dios".


La gran pregunta y su respuesta


Sor Bernadette vive "con emoción" el hecho de que su curación haya sido el septuagésimo milagro reconocido oficialmente en Lourdes. Pero una pregunta le rondó la cabeza desde el principio, y aún hoy: "¿Por qué se hizo misericordia conmigo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué, Señor? ¿Por qué yo? ¡Hay tantas personas que son más jóvenes que yo, personas con discapacidades o enfermas, y yo soy una persona anciana que podía terminar mis días así!".


Pero no hay respuesta: "Poco a poco, en la oración he descubierto finalmente que es el misterio de Dios, tal vez lo comprenda más adelante".



Sor Bernadette Moriau en Lourdes onde ha seguido acompañando enfermos con regularidad después de su cruración milagrosa 


Y tiene claro para qué ha de servir: "Para el servicio de la misión. Me he dicho, 'He recibido este don en la Iglesia, y es en la Iglesia donde debo vivirlo, en la misión'. No es para mí, para Bernadette, yo no soy una vedette, eso no me interesa. Es para que yo lo dé a mi vez".


“He seguido yendo a Lourdes acompañando enfermos, algunos terminales, y a sus familias. He acompañado luego a grandes enfermos, en el final de la vida, he acompañado familias. Oigo muchas cosas. He oído a personas decirme que hago un bien cuando paso. Estoy habitada por esta gracia, no puedo mirar para mí misma".


(Testimonio publicado originalmente  en Religión en Libertad el 12 de febrero de 2018 y actualizado posteriormente)

Álvaro Simón: «Con 7 años mi corazón barruntaba que tenía que ser del Señor, me enamoré de una chica, hice la carrera de Historia y porque soy imperfecto, seré sacerdote, un canto a la vida de Cristo que está vivo»

Álvaro Simón, en el centro, con el sacerdote José Andrés y su sobrino, Enrique / Foto: Infomadrid

* «Quiero servir desde lo hondo del corazón hasta lo hondo del corazón del otro, ayudando a sanar desde el buen humor y el acompañamiento. Desde mi pobreza, ser testigo de la presencia de Dios hoy. Decir que Dios te ama, sufre, vive, disfruta, te acompaña»

Camino Católico.- «Mi corazón barruntaba que tenía que ser del Señor, pero no sabía en qué forma». Álvaro Simón tenía 7 años cuando tuvo una experiencia particular del amor de Dios. En su familia eran creyentes, pero no de Misa, con lo que la relación que el pequeño Álvaro entabló con Dios fue en el oratorio de su colegio, los escolapios de Zaragoza. «Allí me enseñaron a rezar», una fe que empezó a vivir más en el silencio de su corazón.

Recuerda su Primera Comunión, que vivió con mucha alegría. Los años pasaron y de aquella época «doy gracias al Señor que me permitió enamorarme de una chica». Pero «en mi corazón veía que era de Dios» y percibía que era posible concretar esa pertenencia en una vida sacerdotal. De hecho, «hice la carrera de Historia sabiendo que tarde o temprano tenía que caer del guindo» dice a Infomadrid.

Álvaro Simón con el padre Laplana, un monje de Montserrat, que acompañándolo le enraizó en el Señor / Foto: Infomadrid

Entonces fue determinante el padre Laplana, un monje de Montserrat con el que Álvaro contactó a través de Facebook. El joven iba a verle a la abadía —esas «frikadas» que uno hace a veces, se ríe, igual que «por una chica eres capaz de hacer cualquier locura»— y estos encuentros marcaron «un antes y un después», porque se descubrió a sí mismo, descubrió la vida de oración y aprendió a «no tener miedo de mis sombras» y fragilidades.

En ese tejido de la historia de Álvaro, el Señor lo llevó, por un amigo común, a compartir vida con un sacerdote de Madrid y su sobrino (José Andrés y Enrique), que lo acogieron en su casa mientras estudiaba un máster en Historia de las Religiones en la Universidad Complutense de Madrid.

Álvaro Simón con monaguillos, detrás en el centro / Foto: Infomadrid

El dolor de la muerte de un padre

Fue en ese tiempo cuando se concretó su entrada en el Seminario Conciliar de Madrid. Era el curso 2019-2020. La primera generación del propedéutico y la de la pandemia. «En el verano del desconfinamiento, mi padre falleció por covid». «Pero me vio entrar en el seminario y me vio feliz». Unos comienzos «rocosos», aunque Álvaro seguía con el mismo amor a Jesús que a sus 7 años.

Ese sufrimiento que experimentó en carne propia «ha sido la asignatura que me ha preparado para acompañar el sufrimiento de los demás». Es como si pudiera decir «te entiendo y vamos a caminar juntos».

Álvaro Simón, el primero por la derecha / Foto: Infomadrid

Los años de seminario le han ayudado a Álvaro «a aceptarme como soy y a procurar ser muy humano; entré muy perfeccionista, y he descubierto que porque soy imperfecto, puedo ser sacerdote». Además de aprender a convivir y de ver el paso de Dios por la vida, también ha descubierto «el peso de las mediaciones y de dejarte ayudar». Y asegura que el seminario no es tanto hacer como responder. A una llamada. A Dios.

Álvaro hace actualmente su etapa pastoral en la parroquia San Clemente Romano de Villaverde. Como diácono, le gustaría atreverse a «servir desde lo hondo del corazón hasta lo hondo del corazón del otro», sin temer el sufrimiento, ayudando a sanar desde «el buen humor y el acompañamiento». Y como sacerdote, querría, «desde mi pobreza, ser testigo de la presencia de Dios hoy, aquí, en este Madrid». Ser «un canto a la vida en Cristo», decir que «Dios te ama, sufre, vive, disfruta, te acompaña». Que «Jesús está vivo».


Álvaro Simón compartiendo formación con jóvenes / Foto: Infomadrid

Visita del Papa

Álvaro y su curso serán los diáconos de León XIV. Se han ordenado el sábado 23 de mayo, a escasos días de la visita del Papa,  un «regalo». Además de él son ya diáconos Alfonso Blanco, Álvaro Solé y Óscar Jesús Concejal. «Poder diaconar con el Papa León» lo ve como un «signo de entregar la vida por la Iglesia», que es precisamente, concluye, lo que para él brilla en los sacerdotes.