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lunes, 6 de julio de 2026

David Jasso fue expulsado del seminario y durante 7 años fue directivo de fútbol, sentía que el Señor lo llamaba y es sacerdote: «Dios me ha sostenido y no me ha pedido perfección, pero sí disponibilidad, confianza y fidelidad cotidiana»

David Jasso Ramírez es actualmente Vicario episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey (México) y ha cumplido ocho años de sacerdocio a principios de este año 2026 

* «Ahí empezó el discernimiento en serio, cuando dejé Rayados. La espinita estuvo todo el tiempo, pero había momentos en que se iba. Tuve novias, viajé, me divertí, del Cielo a la tierra, del seminario a la cancha de fútbol, en un ambiente de lujos, de trato VIP en muchas partes, de estar cerca de los famosos, de estar ahí en el mejor momento del equipo… Después de 8 años de sacerdocio, no sé cómo serán los años que vienen. Tampoco lo sabía al inicio, pero si algo puedo decir hoy, con serenidad, es esto: no me arrepiento del camino. Y sigo creyendo que Dios actúa más en la fidelidad cotidiana que en los momentos extraordinarios. Ocho años después, no presumo logros. Agradezco la gracia de seguir caminando. Y eso, para mí, ya es mucho»

 En el vídeo, David Jasso Ramírez cuenta su testimonio de vida en 2019 a Desde la fe

Camino Católico.- Mientras el mundo vive la emoción del Mundial 2026, el Padre David Jasso Ramírez conoce muy bien lo que significa estar cerca de la pasión que despierta el fútbol.

Antes de convertirse en sacerdote, trabajó durante siete años en el Club de Futbol Monterrey Rayados, donde ocupó distintos cargos hasta llegar a ser gerente deportivo. Vivió campeonatos, viajes, decisiones importantes y la intensidad de uno de los entornos más competitivos y admirados del deporte profesional.

Sin embargo, detrás de los logros y la emoción de las canchas, Dios seguía escribiendo una historia diferente.

Lo que pocos saben es que antes de trabajar en el fútbol, David había pasado más de ocho años en el Seminario de Monterrey (México). En 2003 tuvo que dejar la formación sacerdotal para madurar aspectos importantes de su vida. Aquella salida fue dolorosa, pero con el tiempo comprendió que Dios no había dejado de acompañarlo.

David Jasso junto a su familia Ramírez en el tiempo que ingresó por primera vez en el seminario

Su camino vocacional inició como el de otros jóvenes que, al terminar la preparatoria, piden su ingreso al seminario para ser sacerdotes. No obstante, ocho años después, en 2003 tras un periodo de discernimiento, volvió a la vida laical.

“Llegué hasta tercero de Teología, me faltaba año y medio para terminar. Yo salí del seminario. Entré con 17 años y salí de 26, con 20 pesos en la bolsa”, recuerda en declaraciones a Desde la Fe.

“Me expulsaron porque no cumplía con el perfil. A lo largo de la formación hay varios momentos de revisión de vida y consideraron, los padres formadores, en ese momento, que yo no tenía vocación, que me faltaba madurar algunos aspectos de mi vida y que el perfil que yo tenía no correspondía a lo que se buscaba”, dice a Aleteia.


David Jasso cuando ejercía como directivo del Club de Futbol Monterrey

Un mes después se entrevistó con Jorge Urdiales, entonces presidente del Club de Futbol Monterrey, quien lo invitó a incorporarse a la institución como coordinador de Responsabilidad Social. Después fue Jefe de Prensa por un corto periodo hasta que fue nombrado Gerente Deportivo.

En ese momento su historia dio un vuelco que lo llevó a viajar durante años con el primer equipo, a convivir todos los días con los jugadores y el cuerpo técnico, a compartir sus logros y sus fracasos, las fiestas y reuniones familiares.

En esta época convivió con figuras del futbol mexicano, como Jesús «el cabrito» Arellano, Aldo de Nigris, Sebastian «el loco» Abreu, Victor Manuel Vucetich, Miguel Herrera y Ricardo Antonio Lavolpe, entre muchos más. 

El padre David Jasso con Gerardo ‘Tata’ Martino en 2019, a quien bendijo, cuando inició su trabajo de entrenador de la selección nacional de fútbol de México

Tenía el acceso a toda una institución poderosa del futbol mexicano y se codeaba con los futbolistas más famosos de toda la liga mexicana. Su talento y habilidades lo llevaron a tocar el cielo del futbol y pasó de ser un seminarista desconocido a un líder dentro del club.

«Cada vez que salíamos al campo, rezábamos un padrenuestro y un avemaría. Me acuerdo haber ayudado a Sebastián “loco” Abreu a restaurar una imagen de la Virgen que traía por todos lados», así recuerda el Padre David cómo su fe seguía intacta.

Los medios de comunicación resultaron ser para David un medio propicio para el éxito y la fama. Se movía como pez en el agua en ellos y descubrió una fascinación y una facilidad para dominar las relaciones públicas, el marketing, las cámaras de televisión y los micrófonos de prensa. Estaba anonadado, impresionado e impactado por las mieles del fútbol.

Orando en el vestidor

El padre Jasso recuerda dos momentos específicos durante su carrera como directivo, en los que se replanteó seriamente volver al seminario: el primero fue la muerte de Antonio de Nigris, en 2009. Aunque jugaba en Grecia, era un jugador muy querido por la afición, y su hermano Aldo jugaba en Rayados. Por ello, a él le tocó gestionar la repatriación del cuerpo y acompañar a la familia.

“Yo estaba en el vestidor y Chuy Arellano me pidió que dijera una oración. Solamente había jugadores y cuerpo técnico, yo era el único de pantalón largo. Entré, me puse a un lado de Aldo, él se hincó, puse la mano en su hombro y empezamos a rezar. No me acuerdo qué recé, pero traté de crear un ambiente de hermandad, de equipo y de comunidad”.

El padre David Jasso los jugadores del equipo le pidieron orar varias veces y eso le hizo presente que el llamado al sacerdocio seguía en el fondo de su corazón

El otro momento, durante el primer campeonato que vivió como Gerente Deportivo, de nueva cuenta los jugadores del Monterrey le pidieron que dirigiera una oración de agradecimiento a Dios.

“Fueron esos dos momentos, en la alegría y en el dolor, en que me pregunté ‘¿Qué ven en mí que yo no estoy viendo? ¿Qué estoy transmitiendo que yo no me doy cuenta?’”, recuerda.

Quizá por eso, el ahora técnico del Club América, Miguel Herrera, uno de sus amigos más entrañables en el mundo del futbol, siempre lo apodó El Curita.

Un alto en el camino

Pese a que la cosquillita por volver al seminario nunca desapareció en todos esos años, la intensidad del trabajo en el Monterrey no le permitió detenerse para discernir qué era lo que Dios quería de él, hasta que en 2011 dijo adiós a Rayados, fundó una empresa de mercadotecnia deportiva y comenzó a dar clases. Entonces, el llamado de Dios se hizo fuerte.

“Ahí empezó el discernimiento en serio, cuando dejo Rayados. La espinita estuvo todo el tiempo, pero había momentos en que se iba. Tuve novias, viajé, me divertí, del Cielo a la tierra, del seminario a la cancha de fútbol, en un ambiente de lujos, de trato VIP en muchas partes, de estar cerca de los famosos, de estar ahí en el mejor momento del equipo”.

A partir de su salida tuvo un año para discernir y en 2012 finalmente pidió su readmisión al seminario.

El camino para llegar al sacerdocio fue largo. No sólo su readmisión tomó tiempo. Además, durante su formación lo operaron a corazón abierto. El miedo hacía mella en su alma, pero su devoción a la Virgen María de Guadalupe lo inundó de paz, fe y esperanza para enfrentar esta cirugía.

Las pruebas aún no terminaban para el seminarista, ya que meses después, su padre enfermó y falleció, llevando al seminarista a forjarse en la paciencia y a entender esta etapa de su vida como el crisol de su alma y vocación.

El padre David Jasso para pasar del fútbol al seminario debió recorrer un largo camino lleno de pruebas

«No fue fácil regresar porque me habían expulsado. Yo toqué la puerta del seminario, no fue fácil, no había obispo en ese momento y tardaron un año en aceptarme. Entré condicionado y, aunque ya habían pasado 10 años, ahí seguían los expedientes; pero finalmente me ordenaron sacerdote», comparte con una sonrisa.

Sólo el inicio

Cinco años después, en enero de 2018, David Jasso fue ordenado sacerdote.

Si antes, a su llegada a Rayados, asumió el reto de aprovechar su experiencia como seminarista para aplicar esos valores en el club. Ahora, asegura, el camino es a la inversa. “Quizá ese es el mayor reto ¿Cómo integrar aquello que aprendí con la Iglesia y con mi ministerio?”.

El camino que David Jasso debió recorrer para convertirse en sacerdote fue muy distinto y mucho más largo que el de muchos de sus compañeros. Sin embargo, asegura, el día de su ordenación no lo vivió como el final del trayecto: “no es la meta, sino un nuevo inicio”.

Agradecimiento a Dios por 8 años de sacerdocio

David Jasso, Vicario episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey (México), ha cumplido ocho años de sacerdocio a principios de este año 2026 y hace balance: “Ocho años no son muchos, pero tampoco son pocos. No alcanzan para hablar desde la nostalgia, pero sí para mirar atrás con verdad. Ocho años de sacerdocio dan para agradecer, para reconocer límites, para confirmar algunas intuiciones…” dice en Vida Nueva.

“Si algo me ha costado en estos ocho años ha sido aceptar mis propios límites sin endurecerme. No refugiarme en el activismo para no sentir. No anestesiar el corazón para poder seguir funcionando. No reducir el sacerdocio a lo que hago, a lo que produzco, a lo que se ve. Aprender que cuidar la interioridad no es un lujo, sino una necesidad vital para no perder el alma. En no pocas ocasiones, mi capilla, mi oficina, mi estudio y mi lugar de descanso ha sido un avión, un aeropuerto o un autobús”, asegura.

El padre David Jasso en Casa Lago, sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano

Y subraya que “reconozco que he sido profundamente sostenido por personas concretas, por comunidades reales, por hermanos sacerdotes con los que se puede hablar sin máscaras. Por conversaciones sinceras con amigos de toda la vida y por la oración cuando ya no hay muchas palabras. Pero sobre todo, por Dios que no me ha pedido perfección, pero sí disponibilidad; no control, sino confianza; no dureza, sino fidelidad cotidiana”.

“Al cumplir ocho años de sacerdocio, no celebro haber llegado lejos. Celebro haber seguido y haber permanecido en el camino cuando fue luminoso y cuando fue cuesta arriba. Haber aprendido que el ministerio no consiste en hacerlo todo bien, sino en seguir diciendo sí, una y otra vez, en lo pequeño, en lo ordinario, en lo que no se ve. No sé cómo serán los años que vienen. Tampoco lo sabía al inicio, pero si algo puedo decir hoy, con serenidad, es esto: no me arrepiento del camino. Y sigo creyendo que Dios actúa más en la fidelidad cotidiana que en los momentos extraordinarios. Ocho años después, no presumo logros. Agradezco la gracia de seguir caminando. Y eso, para mí, ya es mucho”, concluye.

Katie Flanagan: «Oraba con las Escrituras y escuche la llamada de Dios: 'deberías ser monja'; trabajaba de profesora pero me acompañaban esas palabras; ante el Santísimo Sacramento acepté la voluntad de Dios y soy religiosa»

Katie Flanagan profesó sus primeros votos como religiosa de las Hermanas Salesianas en agosto de 2016 y sus votos perpetuos el 5 de agosto de 2022 / Foto: Instagram Katie Flanagan

* «Cuando me senté allí, era la primera vez en años que rezaba ante el Santísimo Sacramento y no estaba luchando internamente. Me di cuenta de que algo había cambiado. Por primera vez en años, no estaba luchando con Dios. Simplemente sentí paz. Y creo que incluso lo dije en voz alta. Sabía que sentiría paz allí donde Dios me llamara a ir. Esa paz no eliminó mis miedos, pero me dio el valor para confiar en que Dios me guiaba hacia donde encontraría mi mayor alegría. Todavía me llevó dos años más ingresar al convento, pero decir sí al llamado de Dios ha sido el mayor regalo de mi vida, la mejor decisión que he tomado en mi vida: entregarme a Dios y a su voluntad. Dios rara vez grita. Más a menudo, susurra. Si permanecemos firmes en la oración, la Eucaristía, las Escrituras y la comunidad de fe, comenzaremos a reconocer su voz. Y cuando confiamos en Él, siempre nos guiará hacia algo mucho más grande de lo que podríamos haber imaginado» 

Camino Católico.- “Si de pequeña me hubieran dicho que algún día sería religiosa, me habría reído en su cara. Crecí en una comunidad de fe muy activa en Florida, donde mi familia participaba profundamente en la vida de la Iglesia. Pero ser religiosa simplemente no era una opción que me planteara.“Creo que, de niña, a veces bromeaba diciendo que pasaba más tiempo en la parroquia de Santa Rita que en mi propia casa. Era importante para nosotros y, en general, disfruté yendo a misa”, asegura Katie Flanagan a Yes Catholic.

“Como estudiante de la Universidad de Florida, mi fe se convirtió en algo personal. Me involucré en el ministerio universitario”, dice. Como estudiante de magisterio con planes de enseñar a niños de primaria, era idealista respecto al papel de los educadores y la necesidad de que estos se centren en el desarrollo integral del niño. Supo por sus amigas que las hermanas salesianas, que dirigen escuelas católicas en todo el estado y el país, comparten esa misma visión de la educación.

Durante su orientación espiritual en su último año en la Universidad de Florida, Katie Flanagan “mientras oraba con las Escrituras, experimenté algo inesperado. De repente un pensamiento me vino a la mente un pequeño pensamiento: 'Deberías ser monja'. Recuerdo que tenía los ojos cerrados, la Biblia en la mano, y de repente abrí los ojos y pensé: '¿Quién dijo eso? ¿Quién lo oyó?'. Mi respuesta inmediata fue: `No, gracias’”.

“Tras graduarme, trabajé varios años como profesora en escuelas públicas. Amaba a mis alumnos, pero cada vez que rezaba, sentía que Dios me invitaba suavemente a considerar la vida religiosa. No era una voz fuerte ni una experiencia dramática. Era un susurro silencioso y persistente que simplemente no desaparecía”, dice Katie.

Katie Flanagan en una graduación con sus alumnos / Foto: Instagram Katie Flanagan

Habló con un amigo que había sido seminarista y que ahora es el padre Daniel Daza-Jaller, director de vocaciones de la diócesis de Palm Beach. Él la animó a visitar a algunas religiosas y descubrir si lo que sentía era una verdadera vocación. “Me animó a visitar a las Hermanas Salesianas porque las recordé de la conversación que había tenido con mis amigas de la universidad. Así que me puse en contacto con ellas, reservé un vuelo a Nueva Jersey donde está la casa madre”.

“Había algo en mí que me decía que este era un momento decisivo. Como si a partir de ahí no hubiera vuelta atrás. Pero al mismo tiempo, durante todo el viaje oraba con más fervor que nunca: ‘Dios, por favor, por favor, si me amas, por favor, permíteme llegar allí y odiarlo’. Quería odiarlo porque sabía que Dios solo nos llama a aquello que nos traerá la felicidad más profunda”, relata.

Pero en su primer día con las hermanas, mientras rezaba en su capilla, encontró la respuesta. “Cuando me senté allí, era la primera vez en años que rezaba ante el Santísimo Sacramento y no estaba luchando internamente. Me di cuenta de que algo había cambiado. Por primera vez en años, no estaba luchando con Dios. Simplemente sentí paz. Y creo que incluso lo dije en voz alta. Sabía que sentiría paz allí donde Dios me llamara a ir”.

Pero comparte que “esa paz no eliminó mis miedos, pero me dio el valor para confiar en que Dios me guiaba hacia donde encontraría mi mayor alegría. Todavía me llevó dos años más ingresar al convento, pero decir sí al llamado de Dios ha sido el mayor regalo de mi vida, la mejor decisión que he tomado en mi vida: entregarme a Dios y a su voluntad”.

Katie Flanagan con chicas en el campamento de verano / Foto: Instagram Katie Flanagan

Ni en un millón de años, si hubiera planeado mi vida, ni siquiera en la última página habría escrito: ‘Y tal vez me haga monja’. No era algo que se me hubiera pasado por la cabeza. Pero seguía apareciendo y no desaparecía. Y eso, para mí, fue una confirmación”, asegura.

Katie reflexiona sobre su camino: “Mirando hacia atrás, puedo ver que Dios me habló a través de cuatro cosas: las Sagradas Escrituras, la Virgen María, los sacramentos y las personas que puso en mi vida. Estas se convirtieron en el fundamento de mi discernimiento y siguen sosteniendo mi vocación hoy en día”.

“En el instante en que recuerdo haber escuchado la llamada de Dios, estaba rezando con un pasaje bíblico. La palabra de Dios tiene que ser fundamental en nuestras vidas, algo que debemos asimilar, meditar y leer a diario”, comparte.

“Rezar el rosario y mantener una relación más fuerte con María me otorgó la gracia de abrirme a la voluntad de Dios”, señala.

Katie Flanagan en una reunión de grupo / Foto: Instagram Katie Flanagan

Respecto a los sacramentos subraya que “comencé a ir a misa diariamente cuando estaba en pleno discernimiento y la gracia de Dios empezó a obrar en mí como consecuencia de mi cercanía con Él”.

Su comunidad de familiares y amigos marcó una gran diferencia. “Creo que crecer en la familia en la que crecí, con padres que me amaban como lo hacen, me hizo receptiva al amor de Dios desde el principio. Pero también la comunidad de fe en la que crecí en St. Rita, y los amigos con los que elegí rodearme. Todos ellos me apoyaron y me animaron, y me dieron un buen empujón un par de veces cuando lo necesitaba y estaba acobardada”.

Katie Flanagan concluye con esta reflexión: “Dios rara vez grita. Más a menudo, susurra. Si permanecemos firmes en la oración, la Eucaristía, las Escrituras y la comunidad de fe, comenzaremos a reconocer su voz. Y cuando confiamos en Él, siempre nos guiará hacia algo mucho más grande de lo que podríamos haber imaginado”.

Katie Flanagan el 10 de septiembre de 2022 cuando impartió una reflexión al grupo Magníficat en la diócesis de Palm Beach / Foto: Diócesis de Palm Beach

La hermana Flanagan profesó sus primeros votos en agosto de 2016 y sus votos perpetuos el 5 de agosto de 2022. Ha ejercido como ministra pastoral y profesora de teología en la escuela secundaria St. John Neumann en Naples, y es profesora de teología y miembro del equipo de pastoral universitaria en la escuela secundaria Immaculata-La Salle en Miami.

Gonzalo Garrido, 22 años: «A los 16, me encontré con la misericordia del Señor al leer una biografía de San Francisco de Asís; empecé a investigar por pura cuestión académica, y el Señor se encontró conmigo»

Gonzalo Garrido dice: «Empecé a investigar por pura cuestión académica y el Señor se encontró conmigo»

* «Me encontré con el Señor en la historia porque yo empecé a leer libros de Historia, libros de la Iglesia y por una cuestión a lo mejor un poco circunstancial me encontré con una biografía de San Francisco de Asís y me tocó muchísimo. No sé cómo decirlo, pero encontré patente que eso era verdad. Era como una afirmación de que el Señor está presente, no es simplemente una cosa de los libros. Entonces dije: “si el Señor la ha llamado, pues, yo también quiero vivir esto.” En San Francisco de Asís vi mi pobreza. Antes de convertirse era un poco cabeza loca, como todos. Entonces yo vi mis miserias. En vez de asustarse el Señor las abrazaba, entonces encontré misericordia. Encontré misericordia por abrazar esa pobreza; o sea, no tener miedo a verla, como en el episodio en el que abraza a un leproso, que me marcó mucho»

Camino Católico.-  Gonzalo Garrido tiene 22 años y vive su fe en la parroquia de los Santos Juan y Pablo en San Fernando de Henares. El pasado mes de febrero concluyó el grado de Historia en la Universidad de Alcalá (UAH). El próximo curso comenzará un Máster en Documentación y Archivística con vistas a opositar en el mundo de las bibliotecas o los archivos. Este joven de San Fernando de Henares se convirtió con 16 años gracias a la lectura de la vida de San Francisco de Asís y en el último año se ha involucrado en actividades diocesanas como aquellas realizadas por la Escuela de Evangelización y por la Pastoral Universitaria.

Para llegar a su conversión, hasta entonces ya había hecho la comunión… y luego se apartó de la Iglesia. Y lo primero que responde al contar su testimonio al portal de la Diócesis de Alcalá de Henares es ¿qué hace un joven como él en la Iglesia Católica?:

– «Me criaron en la fe, pero una fe un poco más cultural. Es verdad que yo he recibido todos los Sacramentos por mis padres. Pero es verdad que cuando hice la Comunión ya dejamos de ir a la Iglesia. Tener una conciencia de por qué estoy en la Iglesia y de tener esa relación con el Señor la tengo a los 16 años.

»¿Qué hago en la Iglesia? Pues seguir al Señor. Tuve como una especie de conversión a esa edad, más o menos, y entonces me di cuenta de que verdaderamente si tenía un propósito en mi vida, si el Señor me había pensado de esta manera para tener para mí un plan de salvación, pues tenía que vivir la fe en comunidad, que es quizá lo que hasta hace poco no tenía. Por eso me empecé a implicar a nivel parroquial, dentro de la Diócesis de distintas maneras. Porque pensaba que la fe que a mí me habían transmitido y de la que luego yo había tenido ese avivamiento, tenía que ponerla en juego, poner los dones en juego.

»Yo había tenido ese encuentro tan fuerte y necesitaba transmitirlo de alguna manera. Por eso me empecé a implicar un poco más y a participar de la Diócesis». 

Gonzalo Garrido dice que está en la Iglesia Católica para seguir el Señor

«El Señor está allí y quiere estar conmigo» 

Así relata su encuentro con Dios que transformó su vida:

– «El Señor se encontró conmigo. Es verdad que yo no lo buscaba directamente, sino que empecé a profundizar: me gusta la Historia y no podía evitar tener el Cristianismo “ahí”. Era la base de todo lo que habíamos sido, entonces para un historiador no conocer lo que constituye la fe en Europa es algo inentendible.

»Yo empecé a investigar por pura cuestión académica, y el Señor se encontró conmigo. Tuve un encuentro bastante fuerte de entender que esto no es solamente una cosa del pasado,  una historia, sino que es un momento que se repite en todas las partes de la Historia y que te llama personalmente a ti.

»Me encontré con la misericordia del Señor. Evidentemente he tenido “mis idas y venidas” pero para mí como fue el momento de decir: “el Señor está allí y quiere estar conmigo.”

»Me encontré con el Señor en la historia porque yo empecé a leer libros de Historia, libros de la Iglesia y por una cuestión a lo mejor un poco circunstancial me encontré con una biografía de San Francisco de Asís y me tocó muchísimo. No sé cómo decirlo, pero encontré patente que eso era verdad. Era como una afirmación de que el Señor está presente, no es simplemente una cosa de los libros. Entonces dije: “si el Señor la ha llamado, pues, yo también quiero vivir esto.”

»En San Francisco de Asís vi mi pobreza. Antes de convertirse era un poco cabeza loca, como todos. Entonces yo vi mis miserias. En vez de asustarse el Señor las abrazaba, entonces encontré misericordia.

»Encontré misericordia por abrazar esa pobreza; o sea, no tener miedo a verla, como en el episodio en el que abraza a un leproso, que me marcó mucho.

»Y también encontré la humildad, el desapego, en el darse cuenta de “te estás apegando a muchísimas cosas y luego acabas perdido”. Verdaderamente hay una libertad muy plena en desapegarse de las cosas. No tanto a lo mejor de lo material, del dinero, etc., sino también de los apegos, de nuestras propias cosas, las que tenemos “por dentro”».

«No es que tú encuentras al Señor y toda tu vida es súper fácil y súper bonita»

Gonzalo Garrido lleva seis años dentro de la iglesia y cuenta su experiencia de ir contracorriente ir a contracorriente en este:

–  «Es muy complicado, la verdad. Muy complicado porque sobre todo cuando eres más joven es el  “¿qué pensarán?”.

»Digamos que mi familia es católica culturalmente, pero no tiene verdaderamente una fe muy sólida, salvo mi abuela y mi madre. Se vivía raro un poco en la familia tener una fe implicada. Por esa parte es muy complicado por las incomprensiones de tu familia, las incomprensiones de tus amigos.

»Yo, con el paso de los años, me he dado cuenta de que es la esencia del cristianismo, ¿no? No es que tú encuentras al Señor y toda tu vida es súper fácil y súper bonita. Tiene partes bonitas, pero también implica un poco de cruz. El Señor se entregó en una cruz. Entonces, por una parte complicado, por lo el “qué dirán”, o quizá porque te dejas arrastrar…

»Pero cuando verdaderamente te la juegas, en el sentido de que te expones ante el resto -porque al final uno no puede tener miedo de la fe, ¿no?- también es muy bonito porque hay gente que a lo mejor tiene más incomprensión que rechazo en una generación que está muy secularizada. Aunque gracias a Dios no es una secularización de rechazo, sino una secularización de desconocimiento. Es muy bonito que la gente te pregunte y puedas explicarle lo que es la fe».

Este joven vive su vida cotidiana con el Señor así:

– «Empieza el día complicado porque yo tiendo mucho a la pereza.  Entonces siempre me ayuda, nada más levantarme y desayunar y todo, la oración: tener mi rato de oración, de estar con el Señor, de leer las lecturas del Evangelio, y luego ya pedirle la fuerza para ponerme con los estudios, para llevar el día.

»Luego hago actividades de deporte o actividades académicas,  o incluso un poco de recreación. Por la tarde intento meter también un poco la oración, porque yo creo que es el pilar porque soy un desastre, o sea, mi defecto es que soy muy vago, entonces sin una oración no me sustento en nada.

»Luego continúo con las cosas que tenga que hacer: tareas en casa o participar de alguna cosa para la que me llamen. Y por la noche igual: rezar, tener un rato de oración.

»Intento, la verdad, ir a Misa todos los días, pero igual no  me cuadran los horarios y no voy, pero para mí los dos pilares del día son la oración (el día que no tengo oración soy un absoluto desastre) y la Eucaristía. Para decir: “El tiempo es del Señor: para”». 

Gonzalo Garrido en el jardín del Colegio de Málaga, donde estudió el grado en Historia por la Universidad de Alcalá (UAH)

«Que el Señor me guíe para evangelizar»

Gonzalo Garrido cuenta cómo logra evangelizar en el día a día a su familia o a sus amigos: 

– «Es quizá lo más complicado. Yo siempre le pido al Señor que me guíe, porque soy bastante desastre en estas cosas.

»Con la familia es de una manera como más cotidiana: servir, aplicar las bienaventuranzas, y poner esa llama de Cristianismo en una familia que no es muy creyente.

»Con mis amigos o las personas de mi Universidad yo creo que la manera de evangelizar es no tener miedo a, por ejemplo, si te ven una cruz, o si dices “no puedo ir a esto porque tengo que ir a Misa”… de alguna manera siempre te preguntan y tú explicas, ¿no?  Es dar un poco de testimonio de lo que verdaderamente haces.

»Digamos que, por una parte, es el servicio más cotidiano: “si necesitas algo estoy para servirte.” Y por otra parte, si hay algún tipo de duda, explicar, dar tu testimonio.

»Es verdad que, gracias a Dios, participo a veces de la Escuela de Evangelización de la Diócesis, y me ha enriquecido muchísimo en eso porque siempre tienes el miedo del rechazo…Y precisamente las evangelizaciones que hacen me han ayudado a darme cuenta de que es lo más natural exponer la fe y exponerte. Que al final se pone en juego tu vida». 

Respecto a llevar símbolos religiosos que muestran la pertenencia a Cristo fuera de los ambientes de fe dice:

– «Sí, es importante. Tampoco hay que llenarse de objetos religiosos…pero pequeñas cositas: una cruz, a lo mejor alguna pulsera, alguna cosa que sirva también para recordarte lo que eres. Porque desgraciadamente yo soy un poco cabeza loca, y a veces te dejas arrastrar por el mundo.

»Pero para mí es como un recuerdo de “oye, Dios se ha entregado en una cruz por ti, por amor, ¿por qué vas a tener miedo? Te ha dado el mayor amor, ¿por qué vas a tener miedo a cualquier otra cosa?” Entonces, para mí sí que es muy importante.

»Y llevarlo sin ningún tipo de complejo. No muchos jóvenes llevan un símbolo religioso, y la verdad es que la mayoría te pregunta y entras en un tono de conversación muy favorable para explicar lo que es y lo que significa para ti».

Gonzalo Garrido reza frente al Santísimo en la Capilla de las Santas Formas, para él el mejor lugar de la Diócesis de Alcalá de Henares para rezar

«Dios está en la universidad»

Cursando el grado de Historia, Gonzalo aprendió sobre un periodo de la Iglesia: 

– «Gracias a Dios tuvimos una asignatura de Introducción al Cristianismo, una optativa muy bonita, y me gustó mucho, que yo no lo conocía porque yo tenía total desconocimiento…La época tardo-antigua, los últimos siglos del Imperio Romano, ya cristianizado, y los primeros de la Europa que se va cristianizando….Yo sigo profundizando en eso porque no tenía ni idea, y la verdad es que me está gustando mucho». 

En cuanto a si Dios está en la Universidad responde con claridad:

– «Evidentemente el Señor siempre está aunque luego nosotros incluso nos perdamos, siempre está. En torno a lo que es la presencia tangible, es verdad que yo en los primeros años en la Universidad no vi una presencia como tal de gente católica, pero con el paso del tiempo he ido conociendo a gente y he visto que sí que hay bastantes universitarios que tienen fe, y que tienen una fe implicada en el sentido de una fe formada…

»Desde hace poco ayudo en la pastoral de la Universidad, y poco a poco, hay cositas que se van notando: conoces a grupos de chicos católicos que hay allí, alguna vez hemos hecho alguna conversación en la cafetería, quedamos para hacer formación. Es discreta porque el entorno universitario de Alcalá no es el menos favorable de todas las universidades de Madrid, pero quizá no es el entorno más favorable a veces para la fe». 

Gonzalo dice que una canción que está escuchando últimamente que le acerque a Dios es «Alza la mirada»

El libro que recomienda para conocer más la fe es «Sabiduría de un pobre’, de Eloi Leclerc, que trata de la vida de San Francisco de Asís. No trata temas teológicos muy complejos, pero te acerca de una manera muy vívida a la fe».

Es evidente que su santo que es referente para él es «San Francisco de Asís»

Y para finalizar se le pide que termina la frase: 

Los jóvenes son… «el impulso que necesita la Iglesia».

Los jóvenes esperan… «encontrarse con la Verdad de su vida».

La fe de los jóvenes es… «auténtica».

El mejor lugar para rezar en la Diócesis de Alcalá es… «la Capilla de las Santas Formas».

José Martínez Marín: «Mi padre tenía cáncer con metástasis y mi madre me repetía: ‘Pon al Señor lo primero en tu vida y Él te dará todo lo que pide tu corazón’; y lo que pedía era entregar mi vida a Cristo y soy sacerdote»

José Martínez Marín tuvo su encuentro con Cristo que lo llamó a ser sacerdote, después de vivir cuatro años sufriendo por la enfermedad de su padre

* «El Señor me llevó a participar en unas catequesis que transformaron completamente mi modo de ver a Dios y mi modo de verme a mí mismo. Allí descubrí algo que me descolocó por completo: el problema no era si Dios existía, sino que yo estaba viviendo como si no existiera. Recuerdo cómo el Señor me habló al corazón con una fuerza que nunca había experimentado. Fue tan grande aquella experiencia que un día apareció en mí una pregunta que me dio miedo: ¿Y si Dios me estuviera llamando a entregarle mi vida? Veo con claridad cómo Dios me ha llevado con una delicadeza impresionante, como un niño en brazos de su madre, respetando mis tiempos, mis miedos y mis resistencias, como un padre y como un caballero»

Camino Católico.-  La mañana del sábado 4 de julio, en la Parroquia San Francisco de Asís de Caravaca de la Cruz de la Diócesis de Cartagena ha sido ordenado sacerdote José Martínez Marín por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes. José Martínez Marín cuenta su testimonio vital y vocacional en primera persona.

José Martínez Marín, en el centro de la imagen junto a sus compañeros Antonio David Gil Pereira y Jesús López Huéscar, que también están siendo ordenados sacerdotes durante estos días

«El día que dije sí al Señor fue el día que empecé a vivir de verdad»

Me llamo José, tengo 27 años y soy el quinto de seis hermanos. Si alguien me hubiera dicho hace años que hoy estaría dedicando mi vida a Dios, no le habría creído. Yo no tenía ningún plan de entregar mi vida al Señor.

He tenido una infancia profundamente feliz. Mis padres me transmitieron la fe desde pequeño y me llevaron a la Iglesia, pero mis sueños eran los de cualquier niño. Tenía mis planes, mis ilusiones y una idea bastante clara de cómo quería que fuera mi vida.

Todo cambió cuando tenía nueve años. A mi padre le diagnosticaron un cáncer con metástasis. Durante cuatro años la enfermedad entró de lleno en nuestra casa y en mi corazón. Recuerdo cómo todo mi proyecto de vida, todo lo que yo imaginaba para mi futuro, se vino abajo de golpe. En ese tiempo me acogió una tía, hermana de mi madre, como si fuera su propio hijo. Fue un verdadero refugio para mí. Pero justo cuando mi padre comenzó a recuperarse, a ella le diagnosticaron otro cáncer. Y murió poco después.

Sin darme cuenta, Dios estaba escribiendo una historia muy profunda en mi vida a través del sufrimiento. A los trece años yo atravesaba una crisis interior muy fuerte. No entendía por qué vivía, qué hacía en este mundo ni quién era realmente. Por fuera mi vida seguía, pero por dentro había una oscuridad y un ruido que no sabía cómo acallar. Fue entonces cuando el Señor me llevó a participar en unas catequesis que transformaron completamente mi modo de ver a Dios y mi modo de verme a mí mismo. Allí descubrí algo que me descolocó por completo: el problema no era si Dios existía, sino que yo estaba viviendo como si no existiera.

Recuerdo cómo el Señor me habló al corazón con una fuerza que nunca había experimentado. Fue tan grande aquella experiencia que un día apareció en mí una pregunta que me dio miedo: ¿Y si Dios me estuviera llamando a entregarle mi vida? Y en el mismo instante en que surgió esa pregunta, surgieron también todos mis miedos. No tenía miedo de Dios. Tenía miedo del qué dirán, de mi imagen ante los demás, de lo que pensarían de mí.


Pero Dios siempre fue más fuerte que mis miedos. A los diecisiete años acepté entrar en el seminario. No fue un momento emocionante ni espectacular. Fue una decisión muy seria, muy consciente y muy silenciosa. Y, desde entonces, he podido comprobar algo que durante años no entendí. Cuando mi padre estaba ingresado en el hospital, mi madre me llamaba cada mañana por teléfono para despertarme e ir al colegio. Siempre me repetía la misma frase: «Pon al Señor lo primero en tu vida y Él te dará todo lo que pide tu corazón». Durante mucho tiempo no comprendí esas palabras. Hoy sí. Porque he descubierto que lo que realmente pedía mi corazón era entregar mi vida a Cristo. Y ahí, precisamente ahí, he encontrado una felicidad que nunca habría imaginado.

Cuando miro atrás, veo con claridad cómo Dios me ha llevado con una delicadeza impresionante, como un niño en brazos de su madre, respetando mis tiempos, mis miedos y mis resistencias, como un padre y como un caballero. Donde muchos pueden ver que renuncié a mi vida, yo veo que el día que dije sí fue el día que empecé, por primera vez, a vivirla de verdad.

José Martínez Marín