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sábado, 30 de mayo de 2026

Papa León XIV a los Carismáticos, 30-5-2026: «La presencia del Espíritu ha despertado en ustedes una nueva capacidad de amar; os invito a mantener vivo este amor por los pobres, que revela el verdadero rostro de Dios»

* «El Espíritu Santo es el manantial de la comunión. En diversos documentos, el Papa  León XIII  animó a los católicos a rezar una novena al Espíritu Santo cada año entre las fiestas de la Ascensión y Pentecostés, especialmente con la intención de la unidad cristiana. Sin duda, ustedes comprenden la importancia de esta invitación, pues han visto que la unidad en la Iglesia es fruto del Espíritu, ya que, como afirma san Agustín, el Espíritu Santo ‘es una comunión inefable del Padre y del Hijo’ ( De Trinitate , V, 11, 12). Es el Espíritu quien crea armonía entre los diversos carismas y componentes de la Renovación Carismática, así como con nuestros hermanos y hermanas de otras denominaciones cristianas»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución del Papa León XIV

* «El Espíritu Santo os ha permitido saborear la dulzura de Cristo y la vida ha cambiado para vosotros desde ese momento. Dios dejó de ser una mera idea y se convirtió en expresión real y máxima de paternidad. Su Espíritu ha traído reconciliación interior, paz y liberación de los apegos mundanos y la opresión del pecado. También ha hecho posible una nueva perspectiva caracterizada por la apertura y la esperanza hacia los demás y el futuro, con la certeza de que nada podrá separarnos jamás del amor de Cristo (cf.  Rom  8,38-39). De esta experiencia del Espíritu Santo surge el deseo interior de ser testigos y heraldos de su amor, llevando su consuelo a quienes sufren de vacío y soledad»


30 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- “La presencia renovada del Espíritu ha despertado en ustedes una nueva capacidad de amar, inspirada por la misma caridad divina. Este amor se dirige hacia Dios y hacia sus hermanos y hermanas, e inspira cercanía y compasión, especialmente hacia quienes sufren. De la Renovación Carismática Católica han surgido muchas obras de caridad para los necesitados, tanto en el espíritu como en el cuerpo. Os invito, pues, a mantener vivo este amor por los pobres, que revela el verdadero rostro de Dios”, ha dicho el Papa León XIV al mantener hoy, 30 de mayo de 2026, su primer encuentro con la Renovación Carismática Católica. Ante 4.500 representantes de comunidades, escuelas de oración y líderes del Servicio Internacional CHARIS, el Pontífice ha reivindicado la vitalidad de este movimiento y lanzado un enérgico llamamiento a la acción evangelizadora frente a los desafíos de la modernidad.


Durante su alocución, el Papa trazó un recorrido histórico sobre el impacto del movimiento desde los años posteriores al Concilio Vaticano II, describiéndolos como un periodo de "gran expansión, crecimiento e integración en la vida de la Iglesia". León XIV subrayó que la evolución de estas comunidades no solo ha consolidado estructuras de servicio efectivas, sino que ha inundado a la Iglesia global de valiosos dones y una profunda vitalidad espiritual. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la alocución del Santo Padre, cuyo texto completo es el siguiente:



DISCURSO DEL PAPA LEÓN XIV

A LOS MIEMBROS DE LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA

Aula Pablo VI

Sábado, 30 de mayo de 2026

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

¡La paz esté con ustedes!

Su Eminencia, Sus Excelencias,

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos! Buenos Dias!

Me complace tener mi primer encuentro con la Renovación Carismática Católica y saludar a todos los presentes, así como a las comunidades, grupos y escuelas de oración y evangelización que representan. Dios ha bendecido a sus comunidades con muchos dones, incluyendo una gran vitalidad espiritual. Saludo también a los líderes de los Servicios de Comunión nacionales e internacionales del Servicio Internacional de la Renovación Carismática Católica (CHARIS), quienes han organizado este encuentro.

Para la Renovación Carismática Católica, los años posteriores al Concilio Vaticano II fueron un tiempo de gran expansión y crecimiento, y de integración en la vida de la Iglesia, así como de consolidación de sus estructuras de servicio.

Mis venerables predecesores reconocieron este desarrollo como un gran don para la Iglesia. De hecho, san Pablo VI  afirmó que nada es más necesario para un mundo cada vez más secularizado que el testimonio de esta renovación espiritual, que el Espíritu Santo está inspirando en las más diversas regiones y comunidades (cf.  Discurso en el Tercer Congreso Internacional de la Renovación Carismática Católica , Pentecostés, 19 de mayo de 1975).

Al destacar su característico enfoque en la evangelización,  san Juan Pablo II  dijo: «Es el Espíritu mismo quien los impulsa a dar testimonio». Asimismo, comentó: «¿Cómo puede alguien que ha saboreado la bondad de Cristo permanecer en silencio e inactivo?... Cristo es nuestro Salvador... ¿Cómo podemos dejar de evangelizar? ¡Sigan comunicando este celo por el Evangelio a quienes los rodean!» ( Discurso a la Fraternidad Católica de Comunidades Carismáticas , 7 de diciembre de 1991).

Por su parte,  Benedicto XVI  se refirió a la contribución específica que ustedes hacen a la Iglesia. Dijo: «Uno de los elementos y aspectos positivos de la Comunidad de la Renovación Carismática Católica es precisamente su énfasis en los carismas o dones del Espíritu Santo, y su mérito radica en haber recordado su actualidad en la Iglesia» ( Discurso en la XIII Conferencia  Internacional de la Fraternidad Católica de Comunidades y Hermandades Carismáticas de Alianza , 31 de octubre de 2008).

Al igual que el cardenal Suenens en los inicios del movimiento,  el Papa Francisco  se refería a ustedes con frecuencia como un «inundación de gracia», que es «para toda la Iglesia, no solo para algunos» ( Vigilia de oración con motivo del cincuentenario de la Renovación Carismática Católica , 3 de junio de 2017). En resumen, describió su camino como «evangelización, ecumenismo espiritual, atención a los pobres y necesitados, y acogida de los marginados», y añadió: «¡Todo ello se basa en la adoración! ¡El fundamento de la renovación es la adoración a Dios!» ( Discurso en la XXXVII Convocatoria  Nacional de la Renovación en el Espíritu Santo , 1 de junio de 2014).

Yo también deseo fomentar la relación de respeto mutuo, cercanía y apoyo entre la Sede de Pedro y la gran familia de la Renovación Carismática Católica. En este sentido, me gustaría reflexionar sobre los siguientes aspectos clave de vuestra experiencia espiritual: el bautismo en el Espíritu; la oración de alabanza; la palabra de Dios; la comunión; y la caridad.

Primero, el Bautismo en el Espíritu. Vuestro camino compartido de fe tiene su fuente en la experiencia personal del Espíritu Santo, que ha permitido que la gracia del Bautismo se manifieste en cada uno de vosotros, que  os ha conducido a una clara conciencia del amor de Dios. Esta es la primera experiencia poderosa de la gracia que el mismo san Agustín tuvo tras su conversión y que describió con estas sentidas palabras: «Oh Cristo Jesús, mi ayudador y redentor; de repente se me hizo dulce estar libre de los placeres de la necedad. Lo que antes temía perder, ahora era un deleite dejarlo ir. Tú los expulsaste y entraste para ocupar su lugar, más grato que cualquier placer» ( Confesiones , IX, 1, 1).

Del mismo modo, el Espíritu Santo os ha permitido saborear la dulzura de Cristo y la vida ha cambiado para vosotros desde ese momento. Dios dejó de ser una mera idea y se convirtió en expresión real y máxima de paternidad. Su Espíritu ha traído reconciliación interior, paz y liberación de los apegos mundanos y la opresión del pecado. También ha hecho posible una nueva perspectiva caracterizada por la apertura y la esperanza hacia los demás y el futuro, con la certeza de que nada podrá separarnos jamás del amor de Cristo (cf.  Rom  8,38-39). De esta experiencia del Espíritu Santo surge el deseo interior de ser testigos y heraldos de su amor, llevando su consuelo a quienes sufren de vacío y soledad.

La oración de alabanza. Fue precisamente a partir de esta cautivadora experiencia del Espíritu Santo que comenzó una nueva vida de oración, que tomó la forma de una nueva capacidad para un diálogo espontáneo y sincero con Dios,, y en una nueva apertura a la alabanza, la adoración y la acción de gracias. La adoración y la alabanza, tan características de vuestros encuentros, son aspectos esenciales de la oración cristiana, y ustedes han contribuido a redescubrirlas y a que vuelvan a ocupar un lugar central en los últimos años.

La Palabra de Dios. El renovado derramamiento del Espíritu Santo también os ha conducido a un encuentro vivo con la Sagrada Escritura. El Espíritu Santo inspiró la Palabra de Dios revelada y es quien la mantiene siempre viva y activa en la Iglesia, haciendo que resuene en los corazones de los creyentes, especialmente en la Liturgia. Por lo tanto, la Escritura se ha convertido para vosotros en una maravillosa fuente de alimento espiritual que ilumina y consuela. Es, asimismo, una fuente de discernimiento para guiaros en vuestras decisiones cotidianas y da sustancia a la oración comunitaria, permitiéndonos dirigiros al Señor con palabras inspiradas por el Dios mismo.

La Comunión. El Espíritu Santo es el manantial de la comunión. En diversos documentos, el Papa  León XIII  animó a los católicos a rezar una novena al Espíritu Santo cada año entre las fiestas de la Ascensión y Pentecostés, especialmente con la intención de la unidad cristiana. Sin duda, ustedes comprenden la importancia de esta invitación, pues han visto que la unidad en la Iglesia es fruto del Espíritu, ya que, como afirma san Agustín, el Espíritu Santo «es una comunión inefable del Padre y del Hijo» ( De Trinitate , V, 11, 12). Es el Espíritu quien crea armonía entre los diversos carismas y componentes de la Renovación Carismática, así como con nuestros hermanos y hermanas de otras denominaciones cristianas.

Y, por último,  la caridad . San Agustín escribió que el Espíritu Santo, «que es amor mismo, ha sido dado al hombre y lo inflama al amor de Dios y del prójimo. Porque el hombre no puede amar a Dios si no le es dado por Dios» ( De Trinitate , XV, 17, 31). Esto es lo que vosotros también habéis experimentado. La renovada presencia del Espíritu ha despertado en vosotros una nueva capacidad de amar inspirada por la propia caridad divina. Este amor está dirigido hacia Dios y hacia vuestros hermanos y hermanas e inspira cercanía y compasión, especialmente hacia quienes sufren. Muchas obras de caridad para los necesitados, tanto espiritual como físicamente, han surgido de la Renovación Carismática Católica. Os invito, pues, a mantener vivo este amor por los pobres, que revela el verdadero rostro de Dios.

Queridos amigos, les agradezco su compromiso y los animo a continuar su misión. Pónganse al servicio de las diócesis y parroquias, ofreciendo su experiencia y métodos de evangelización. Sigan fielmente la guía de sus sacerdotes y, en su discernimiento comunitario, escuchen las voces de las personas sabias, aunque no pertenezcan a sus grupos. Cultiven la armonía y la cooperación entre las comunidades a las que pertenecen, procurando no ceder jamás al deseo de autopromoción, ni a la búsqueda de poder o prestigio personal. Que el Espíritu Santo sea siempre luz y fuente de fortaleza en su camino personal y comunitario, y que la Virgen María, Madre de la Iglesia, los proteja. Y ahora, con estos sentimientos sinceros, les imparto con gusto mi Bendición Apostólica.

Gracias.

Papa León XIV

 

Fotos: Vatican Media, 30-5-2026

Katie Holmes: «Sabía hablar de Dios, pero en realidad no lo conocía personalmente y me encontré con Dios al perder en el parto a mi primera hija, en el dolor más profundo; desde entonces, mi fe me ha sostenido cada día»

Katie Holmes hablaba de Dios pero no confiaba en Él hasta que se le hizo presente en medio del dolor / Foto: Instagram de Katie Holmes

* «Desde la pérdida de nuestra hija, mi vida es completamente diferente. Siento la eternidad cerca. Comprendo más profundamente que nunca que esta vida no es nuestro hogar; es solo un vehículo en el camino a casa. Mi sufrimiento transformó mi ministerio, mi propósito y mi visión de la vida. Ahora, más que nada, deseo dedicar mi vida a compartir el amor de Cristo y a guiar almas hacia Él. Mi mayor meta ya no es el éxito ni el reconocimiento; es la santidad. Quiero convertirme en una Santa con mayúscula y ayudar a tantas personas como sea posible a encontrarse con el Dios que me acompañó tanto en el ministerio como en la pérdida inimaginable»

Camino Católico.- “Crecí en una familia católica, asistiendo a todos los estudios bíblicos, retiros, conferencias y campamentos imaginables. Creo que fue allí donde comencé a forjar la persona que soy hoy. Con el paso de los años, mi pasión por hacer un ministerio en la Iglesia se profundizó al dirigir estudios bíblicos, dar charlas católicas y convertirme en maestra de una escuela católica. Exteriormente, mi vida parecía profundamente arraigada en la fe, pero me faltaba una relación real con Jesús”, afirma Katie Holmes al contar su testimonio en Yes Catholic.

“Uno de los momentos más cruciales de mi vida ocurrió durante mi época universitaria en SEEK, cuando hablé con Lisa Brenninkmeyer, autora de *Walking with Purpose*, y me invitó a colaborar con ella dirigiendo estudios bíblicos y sirviendo de manera más intencional en el ministerio. Esa etapa me abrió puertas y comenzó a revelarme el propósito de mi vida según Dios”, asegura la joven.

Katie Holmes en su boda / Foto: Instagram de Katie Holmes

Pero se le iluminó en su mente una verdad sobre su vida de fe: “Incluso mientras guiaba a otros en la fe, poco a poco me di cuenta de algo difícil: sabía hablar de Dios, pero en realidad no lo conocía personalmente. Podía decirles a las personas cómo debían confiar en Él, pero tomé conciencia que yo no confiaba en el Señor”.

De la forma más inesperada, Dios transformó su vida y la hizo acogerse a Él ante toda situación: “Eso cambió el año pasado cuando mi esposo y yo perdimos a nuestra primera hija durante el parto. En el dolor más profundo que jamás haya conocido, me encontré con Dios de una manera que nunca antes había experimentado. Mi duelo destrozó toda ilusión de control, y la fe dejó de ser algo que pudiera enseñar desde un escenario o un aula. Se convirtió en lo que me ha sostenido cada día”.

Katie Holmes embarazada de la hija que perdió en el parto, momento en que Dios se le hizo presente / Foto: Instagram de Katie Holmes

Ahora, Katie Holmes está convencida que vive para la eternidad: “Desde la pérdida de nuestra hija, mi vida es completamente diferente. Siento la eternidad cerca. Comprendo más profundamente que nunca que esta vida no es nuestro hogar; es solo un vehículo en el camino a casa. Mi sufrimiento transformó mi ministerio, mi propósito y mi visión de la vida. Ahora, más que nada, deseo dedicar mi vida a compartir el amor de Cristo y a guiar almas hacia Él”. 

Y concluye: ”Mi mayor meta ya no es el éxito ni el reconocimiento; es la santidad. Quiero convertirme en una Santa con mayúscula y ayudar a tantas personas como sea posible a encontrarse con el Dios que me acompañó tanto en el ministerio como en la pérdida inimaginable”.

Katie Holmes desea ser santa y trabajar para la eternidad llevando almas a Dios / Foto: Instagram de Katie Holmes

Sor Bernadette Moriau padecía una patología en cauda equina y su curación es el 70º milagro de Lourdes: «Era Jesús quien pasaba entre nosotros; una voz me dijo: ‘Quítate tus aparatos’ y podía moverme»

¿Por qué yo? Sor Bernadette Moriau terminó aceptando su curación como un misterio de Dios. En la imagen, durante la entrevista que le hizo la CBS en diciembre de 2022

* «Me vieron cuatro médicos, que se sorprendieron de verme así. Ninguno puso en duda lo que me pasaba. Fueran o no cristianos, para ellos era imposible que yo me curase… ¿Por qué se hizo misericordia conmigo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué, Señor? ¿Por qué yo? ¡Hay tantas personas que son más jóvenes que yo, personas con discapacidades o enfermas, y yo soy una persona anciana que podía terminar mis días así!. Poco a poco, en la oración he descubierto finalmente que es el misterio de Dios, tal vez lo comprenda más adelante. Para el servicio de la misión. Me he dicho, 'He recibido este don en la Iglesia, y es en la Iglesia donde debo vivirlo, en la misión'. No es para mí, para Bernadette, yo no soy una vedette, eso no me interesa. Es para que yo lo dé a mi vez. He seguido yendo a Lourdes acompañando enfermos, algunos terminales, y a sus familias. He acompañado luego a grandes enfermos, en el final de la vida, he acompañado familias. Oigo muchas cosas. He oído a personas decirme que hago un bien cuando paso. Estoy habitada por esta gracia, no puedo mirar para mí misma»

Camino Católico.- El 11 de febrero de 2018, festividad de la Virgen de Lourdes, el obispo de Beauvais, Noyon y Senlis, Jacques Benoit-Gonnin, se dirigió a los fieles de su diócesis para anunciarles "una hermosa gracia que el Señor ha hecho en la diócesis": la curación milagrosa de Sor Bernadette Moriau, que se convietió así en la septuagésima certificada por la exigente comisión médica de Lourdes.

Recientemente, el programa 60 Minutes de CBS News dedicó un reportaje conducido por Bill Whitaker a los milagros de Lourdes, que incluye una entrevista a Sor Bernardette y a varios médicos que analizaron el caso.



Sor Bernadette es una religiosa de 83 años, nacida cerca de Valenciennes, junto a la frontera belga. Religiosa de las Franciscanas Oblatas del Sagrado Corazón de Jesús, ingresó en la congregación a los 19 años en Nantes, donde fueron fundadas a finales del siglo XIX por la Madre María Teresa de la Cruz (Sophie-Victorine Gazeau de La Brandanière, 1829-1911).


Incurable


Padecía una patología en la llamada cola de caballo o cauda equina, agrupación nerviosa en el extremo de la médula espinal fundamental para la movilidad de las extremidades inferiores y la funcionalidad de los órganos pélvicos. 


Fue operada cuatro veces de la columna vertebral, la primera en 1968 y la última en 1975. No hubo ninguna mejoría y a partir de 1988 fue quedando progresivamente inválida por las consecuencias neurológicas de su enfermedad.


En 1994 empezó a tomar morfina para paliar su dolor incapacitante. Llevaba un corsé lumbar, y además a partir del año 2000 le pusieron una sonda para orinar, dado que la parálisis le afectaba también a la vejiga.

 

En 2004 un pie se le torció a consecuencia de lo mismo, y tenía que llevar una prótesis día y noche para intentar corregirlo.


"Yo sabía que no podría mejorar", explica Sor Bernadette en un vídeo difundido entonces por la diócesis.


 


En diciembre de 2006 se trasladó desde Nantes de nuevo al norte, al departamento de L'Oise donde hoy vive, y comenzó a tratarla el doctor Christophe Fumery, quien en febrero de 2008 le propuso ir a Lourdes como enferma. "Yo había estado ya allí acompañando a otros, en la época en la que aún podía caminar, pero nunca había pensando en ir para mí", recuerda: "Pero me dije, ¿por qué no? Me llamo Bernadette [como la santa vidente, Bernadette Soubiroux], y es el 150º aniversario de las apariciones [1858], podría ser una gracia". Se apuntó para la peregrinación de julio.


"Jesús pasaba entre nosotros"


Espiritualmente fue una experiencia intensa: "Me impactó pasar por la gruta, esa presencia misteriosa de María y de la pequeña Bernadette. Realmente me impactó. Luego participé en el sacramento de la reconciliación y recibí junto a los enfermos el sacramento de la Unción, que para mí supuso una fuerza para continuar el camino”.


Luego tuvo lugar la procesión del Santísimo y la bendición de los enfermos en la basílica de San Pío X: "Realmente me impactó, porque yo estaba en una silla, no podía ir muy lejos. Era Jesús quien pasaba entre nosotros y nos bendecía por mediación de nuestro obispo. Y en mi oración sentí como una voz que me decía: ‘Estoy ahí, veo tus sufrimientos y el de tus hermanos y hermanas enfermos. Ofrécemelo todo’. Yo recé mucho por los enfermos, pero nunca había pedido mi curación, porque no se me ocurrió, pensaba que terminaría mis días así. Pero realmente sentí esa presencia de Jesús”.



Sor Bernadette Moriau, en Lourdes, junto a un sacerdote, en la peregrinación donde fue curada


El día 8 de julio regresaron: “Volví muy cansada del viaje y muy dolorida, pero realmente feliz".

Tres días después tuvo lugar el milagro.

"Es costumbre hacer una Adoración todas las semanas", explica: "El día 11 estaba en la capilla con una hermana, Sor María Albertina. La adoración era a las cinco de la tarde, y a las 17.45 reviví la experiencia de la presencia de Jesús que había vivido en la basílica, en la bendición de los enfermos. ¡Yo estaba en comunión con Lourdes, no podía ser de otra manera! Sentí un bienestar en todo mi cuerpo".


Sor Bernadette concluyó su turno de adoración y regresó a su celda: "Volví a mi habitación sobre las seis, y allí una voz me dijo: ‘Quítate tus aparatos’. Yo, sin saber qué me pasaba, sin plantearme nada, me lo quité todo, en un acto de fe, como cuando en el Evangelio Jesús le dice al paralítico: ‘Levántate, toma tu camilla y vete’. Para mi sorpresa, podía moverme. Mi pie, que estaba torcido, se recolocó. Fui a donde estaba la hermana y le dije: ‘Mira lo que me está pasando’".


La religiosa no lo dudó. Cortó el circuito de neuroestimulación que llevaba, dejó de tomar morfina de golpe y dejó de sondarse. "No tuve ningún síndrome de abstinencia de la morfina", añade.


Su conmoción personal fue intensa: "Me derrumbé, estuve llorando varios días. Me preguntaba qué me pasaba, porque no me lo podía ni imaginar". Su cuñada vio a verla y salieron de paseo por el bosque: "Anduve varios kilómetros, algo que no había podido hacer desde hacía años".


Perplejidad médica

Era un fin de semana. El lunes acudió al médico: "Llegué a las siete de la mañana, llorando, diciéndole ‘No sé qué me pasa’. Él vio el cambio. Me dijo que se sentía feliz. Me examinó y no encontró ningún signo clínico".


Al poco tiempo acudió a Nantes a una cita prevista desde hacía tiempo en la unidad del dolor: "Me vieron cuatro médicos, que se sorprendieron de verme así. Ninguno puso en duda lo que me pasaba. Fueran o no cristianos, para ellos era imposible que yo me curase".


Sor Bernadette explica que, del mismo modo que acudió a Lourdes por indicación del doctor Fumery, fue él mismo quien se tomó "muy a pecho" lograr el reconocimiento de la curación: "Enseguida hizo un informe. Yo tenía un informe médico completo con cartas de los hospitales e historia clínica de todos los sitios por los que había pasado", que eran varios porque "en la vida religiosa se viaja, no se está siempre en el mismo lugar. Así que pude aportar todos esos documentos".


El reconocimiento


Ese dossier se envió a Lourdes el 11 de diciembre de 2008, y en julio de 2009, durante una nueva peregrinación, Sor Bernadette compareció en una gran sala ante "unas ochenta personas del mundo médico". 


Tras ser interrogada y examinada la documentación, el doctor Alessandro de Franciscis, quien ese mismo año había sido nombrado por el obispo de Tarbes y Lourdes como 15º Médico Permanente del santuario y presidente de la Oficina de Constataciones Médicas que examina cada caso de posible curación, preguntó a todos los científicos presentes y se abría o no el dossier. No hubo dudas.



El doctor Alessandro de Franciscis, desde 2009 al frente de la certificación de las curaciones extraordinarias en Lourdes. El proceso es exigente desde el punto de vista científico e incluso molesto para quien ha de pasar por él, por la multiplicación de revisiones y controles a lo largo del tiempo


"El dossier se abrió, y a partir de ahí todos los años me vieron expertos y pasé controles de todo tipo, incluso de psiquiatría", explica la religiosa: "A partir de ese momento tuve que someterme a muchos controles, porque es muy estricto. Pero al mismo tiempo ha sido una experiencia, porque he conocido gente muy comprensiva, ha sido un descubrimiento. Es cierto que hay que querer pasar por ello, y yo he querido porque la gracia que he recibido no la podía guardar para mí, significaba poder dar testimonio de las maravillas de Dios y de los beneficios de Dios".


La gran pregunta y su respuesta


Sor Bernadette vive "con emoción" el hecho de que su curación haya sido el septuagésimo milagro reconocido oficialmente en Lourdes. Pero una pregunta le rondó la cabeza desde el principio, y aún hoy: "¿Por qué se hizo misericordia conmigo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué, Señor? ¿Por qué yo? ¡Hay tantas personas que son más jóvenes que yo, personas con discapacidades o enfermas, y yo soy una persona anciana que podía terminar mis días así!".


Pero no hay respuesta: "Poco a poco, en la oración he descubierto finalmente que es el misterio de Dios, tal vez lo comprenda más adelante".



Sor Bernadette Moriau en Lourdes onde ha seguido acompañando enfermos con regularidad después de su cruración milagrosa 


Y tiene claro para qué ha de servir: "Para el servicio de la misión. Me he dicho, 'He recibido este don en la Iglesia, y es en la Iglesia donde debo vivirlo, en la misión'. No es para mí, para Bernadette, yo no soy una vedette, eso no me interesa. Es para que yo lo dé a mi vez".


“He seguido yendo a Lourdes acompañando enfermos, algunos terminales, y a sus familias. He acompañado luego a grandes enfermos, en el final de la vida, he acompañado familias. Oigo muchas cosas. He oído a personas decirme que hago un bien cuando paso. Estoy habitada por esta gracia, no puedo mirar para mí misma".


(Testimonio publicado originalmente  en Religión en Libertad el 12 de febrero de 2018 y actualizado posteriormente)

Homilía del evangelio del domingo: Dios es comunión de tres personas en la que cada una no vive para sí misma sino entregada por completo a las demás / Por P. José María Prats

* «Dios nos ha entregado a su Hijo para que, al acogerlo en la fe, nos unamos a Él como miembros de su Cuerpo y nos integremos así en la vida trinitaria como hijos adoptivos del Padre y templos del Espíritu Santo. Es lo que revivimos cada vez que celebramos la Eucaristía. En ella el Padre nos entrega al Hijo, que por la acción del Espíritu Santo se hace físicamente presente bajo las especies del pan y del vino. Y acogiendo al Hijo por la obediencia a su palabra y la comunión con su Cuerpo y con su Sangre, nos unimos a Él para participar de su entrega al Padre en el Espíritu: ‘Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos’»

Santísima Trinidad - A

Éxodo 34, 4b-6.8-9 / Daniel 3, 52-56 / 2 Corintios 12, 3b-7.12-13 / San Juan 3, 16-18

P. José María Prats / Camino Católico.-   Durante la Semana Santa y el Tiempo Pascual que concluimos el domingo pasado, hemos celebrado los misterios centrales de nuestra fe: la muerte, resurrección y ascensión del Señor y el envío del Espíritu Santo. En ellos Dios se ha revelado plenamente, dándonos a conocer su identidad profunda y su designio salvador. 

Lo primero que hemos aprendido es que Dios es comunión, familia. Como proclamó el Concilio VI de Toledo en el año 638, Dios es «uno solo, pero no solitario». La única esencia divina existe eternamente como comunión de amor entre tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

El Padre es el principio sin principio, que engendra eternamente al Hijo comunicándole la plenitud del ser divino. El Hijo corresponde eternamente a este don con la plena entrega de sí mismo al Padre. Y el Espíritu Santo es el Amor eterno y subsistente que une al Padre y al Hijo en una perfecta comunión divina.

Del misterio de Dios es mucho más lo que ignoramos que lo que conocemos, pero se nos ha revelado lo fundamental: que Dios es comunión de tres personas en la que cada una no vive para sí misma sino entregada por completo a las demás, y por eso San Juan dice que «Dios es amor».

Y esta es una noticia maravillosa porque nos asegura que en la raíz de todo está el amor. En el plano físico, los científicos especulan sobre el origen del universo en una gran explosión, sobre su destino en permanente expansión y sobre su constitución por quarks y leptones. En el plano metafísico –el del sentido del ser– sabemos por la revelación que en el origen, el destino y el fundamento de todo se encuentra el amor.

A menudo la Trinidad es vista como un misterio lejano y ajeno a nuestra vida, que hay que dejar a la especulación de los teólogos. Y en realidad es todo lo contrario: es un misterio cercanísimo y clave para entender y vivir nuestra condición humana, pues si Dios es amor y hemos sido creados a su imagen y semejanza, el amor debe ser el principio rector de nuestra vida.

La Trinidad ilumina también extraordinariamente el sentido de la sexualidad humana: Dios nos ha creado como hombres y mujeres –es decir, como seres que se complementan física, psicológica y espiritualmente– para impulsarnos a salir de nosotros mismos y formar una comunión de personas en el amor en la que se realice nuestra condición de imágenes del Dios Uno y Trino. De hecho, la tradición de la Iglesia desde San Agustín ha contemplado a la familia humana –esposo, esposa e hijos– como un reflejo o icono de la Santísima Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo–. Las familias, por tanto, viven en la verdad y en paz en la medida en que cada uno de sus miembros, imitando el ejemplo de las tres personas divinas, se olvida de sí mismo y vive al servicio de los demás.

Pero lo verdaderamente extraordinario en los designios de Dios es que no sólo nos ha creado a su imagen, sino que nos ha invitado a integrarnos en su vida trinitaria. Lo hemos escuchado en el evangelio de hoy: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna». Es decir, Dios nos ha entregado a su Hijo para que, al acogerlo en la fe, nos unamos a Él como miembros de su Cuerpo y nos integremos así en la vida trinitaria como hijos adoptivos del Padre y templos del Espíritu Santo. Es lo que revivimos cada vez que celebramos la Eucaristía. En ella el Padre nos entrega al Hijo, que por la acción del Espíritu Santo se hace físicamente presente bajo las especies del pan y del vino. Y acogiendo al Hijo por la obediencia a su palabra y la comunión con su Cuerpo y con su Sangre, nos unimos a Él para participar de su entrega al Padre en el Espíritu: «Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos».

P. José María Prats

Evangelio:

  

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

 

«Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios».

San Juan 3, 16-18

La Trinidad es el misterio del amor que se entrega sin reservas y nos invita a vivir también en unidad, caridad y humildad / Por P. Carlos García Malo

 


Álvaro Simón: «Con 7 años mi corazón barruntaba que tenía que ser del Señor, me enamoré de una chica, hice la carrera de Historia y porque soy imperfecto, seré sacerdote, un canto a la vida de Cristo que está vivo»

Álvaro Simón, en el centro, con el sacerdote José Andrés y su sobrino, Enrique / Foto: Infomadrid

* «Quiero servir desde lo hondo del corazón hasta lo hondo del corazón del otro, ayudando a sanar desde el buen humor y el acompañamiento. Desde mi pobreza, ser testigo de la presencia de Dios hoy. Decir que Dios te ama, sufre, vive, disfruta, te acompaña»

Camino Católico.- «Mi corazón barruntaba que tenía que ser del Señor, pero no sabía en qué forma». Álvaro Simón tenía 7 años cuando tuvo una experiencia particular del amor de Dios. En su familia eran creyentes, pero no de Misa, con lo que la relación que el pequeño Álvaro entabló con Dios fue en el oratorio de su colegio, los escolapios de Zaragoza. «Allí me enseñaron a rezar», una fe que empezó a vivir más en el silencio de su corazón.

Recuerda su Primera Comunión, que vivió con mucha alegría. Los años pasaron y de aquella época «doy gracias al Señor que me permitió enamorarme de una chica». Pero «en mi corazón veía que era de Dios» y percibía que era posible concretar esa pertenencia en una vida sacerdotal. De hecho, «hice la carrera de Historia sabiendo que tarde o temprano tenía que caer del guindo» dice a Infomadrid.

Álvaro Simón con el padre Laplana, un monje de Montserrat, que acompañándolo le enraizó en el Señor / Foto: Infomadrid

Entonces fue determinante el padre Laplana, un monje de Montserrat con el que Álvaro contactó a través de Facebook. El joven iba a verle a la abadía —esas «frikadas» que uno hace a veces, se ríe, igual que «por una chica eres capaz de hacer cualquier locura»— y estos encuentros marcaron «un antes y un después», porque se descubrió a sí mismo, descubrió la vida de oración y aprendió a «no tener miedo de mis sombras» y fragilidades.

En ese tejido de la historia de Álvaro, el Señor lo llevó, por un amigo común, a compartir vida con un sacerdote de Madrid y su sobrino (José Andrés y Enrique), que lo acogieron en su casa mientras estudiaba un máster en Historia de las Religiones en la Universidad Complutense de Madrid.

Álvaro Simón con monaguillos, detrás en el centro / Foto: Infomadrid

El dolor de la muerte de un padre

Fue en ese tiempo cuando se concretó su entrada en el Seminario Conciliar de Madrid. Era el curso 2019-2020. La primera generación del propedéutico y la de la pandemia. «En el verano del desconfinamiento, mi padre falleció por covid». «Pero me vio entrar en el seminario y me vio feliz». Unos comienzos «rocosos», aunque Álvaro seguía con el mismo amor a Jesús que a sus 7 años.

Ese sufrimiento que experimentó en carne propia «ha sido la asignatura que me ha preparado para acompañar el sufrimiento de los demás». Es como si pudiera decir «te entiendo y vamos a caminar juntos».

Álvaro Simón, el primero por la derecha / Foto: Infomadrid

Los años de seminario le han ayudado a Álvaro «a aceptarme como soy y a procurar ser muy humano; entré muy perfeccionista, y he descubierto que porque soy imperfecto, puedo ser sacerdote». Además de aprender a convivir y de ver el paso de Dios por la vida, también ha descubierto «el peso de las mediaciones y de dejarte ayudar». Y asegura que el seminario no es tanto hacer como responder. A una llamada. A Dios.

Álvaro hace actualmente su etapa pastoral en la parroquia San Clemente Romano de Villaverde. Como diácono, le gustaría atreverse a «servir desde lo hondo del corazón hasta lo hondo del corazón del otro», sin temer el sufrimiento, ayudando a sanar desde «el buen humor y el acompañamiento». Y como sacerdote, querría, «desde mi pobreza, ser testigo de la presencia de Dios hoy, aquí, en este Madrid». Ser «un canto a la vida en Cristo», decir que «Dios te ama, sufre, vive, disfruta, te acompaña». Que «Jesús está vivo».


Álvaro Simón compartiendo formación con jóvenes / Foto: Infomadrid

Visita del Papa

Álvaro y su curso serán los diáconos de León XIV. Se han ordenado el sábado 23 de mayo, a escasos días de la visita del Papa,  un «regalo». Además de él son ya diáconos Alfonso Blanco, Álvaro Solé y Óscar Jesús Concejal. «Poder diaconar con el Papa León» lo ve como un «signo de entregar la vida por la Iglesia», que es precisamente, concluye, lo que para él brilla en los sacerdotes.