Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

jueves, 11 de junio de 2026

Papa León XIV a los que acogen migrantes en las Palmas, 11-6-2026: «Dios que en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor nos conceda reconocerlo en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera»

* «La misericordia comienza con gestos pequeños: a veces con unas cuantas galletas y un poco de leche; otras, con cinco panes y dos peces (cf. Mt 14,17-21). No se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y de estar presentes allí donde el ser humano sufre, donde los recursos no bastan y no hay un idioma común, pero donde aún pueden hablar los gestos. Gracias de corazón a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompañamiento, dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y puede cambiar vidas»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con las palabras del Papa León XIV

* «La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso»

 


11 de junio de 2026.- (Camino Católico).-  “Que el Dios que en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor nos conceda reconocerlo hoy en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera” ha subrayado el Papa León XIV ante el muelle de Arguineguín en Gran Canaria, puerta de entrada de miles de migrantes que han alcanzado Canarias tras una de las rutas marítimas más peligrosas del mundo. El Pontífice se ha reunido con quienes acogen a los migrantes, aquellos que han sabido “reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar”. 


El Santo Padre ha destacado que “la Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana” y ha explicado que, en la actualidad, el peligro para los migrantes no es solo el océano, sino quienes se aprovechan de su vulnerabilidad.


Entre el personal presente que se dedica a la acogida a los migrantes, se encontraba el capitán de Salvamento Marítimo de una embarcación situada en este muelle, atenta a la llegada de pateras a las costas canarias para salir en cualquier momento, y una voluntaria de Caritas Diocesana, que han contado su testimonio. A ellos, y a todos los que se dedican a esta valiosísima labor, el Papa les ha agradecido de corazón por “los rescates, la acogida y el acompañamiento”, “dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y cambiar vidas”. También se han escuchado dos testimonios de personas migrantes que han contado sus sufrimientos en su periplo hasta España, una de ellas víctima de las mafias de la trata de personas. En el vídeo de Vatican News se visualizan y escuchan las palabras del Papa León XIV, cuyo texto completo es el siguiente:



VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV A ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)

ENCUENTRO CON LAS REALIDADES DE ACOGIDA DE LOS MIGRANTES 

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Puerto de Arguineguín (Las Palmas de Gran Canaria)

Jueves, 11 de junio de 2026

Queridos hermanos y hermanas:

Acabamos de escuchar una de las páginas más exigentes del Evangelio. Sabemos que este mismo capítulo hace también una advertencia que ningún creyente puede tomar a la ligera (Mt 25,41-45). Hoy, junto al mar, la Palabra se vuelve concreta: aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad. Aquí el Evangelio nos arranca del lugar cómodo del espectador y nos sitúa ante el hermano que llega. Nos pregunta si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre, la violencia, después del desierto, de la noche y del mar.

Como pueden ver, llevo en mi mano el anillo, que se llama "del Pescador". Su nombre mismo nos conduce al lago de Galilea, donde Cristo llamó a Pedro y le dijo: «Desde ahora serás pescador de hombres» (Lc 5,10). La Iglesia ha leído ese versículo como imagen de su misión. Pero aquí y en lugares como en El Hierro, ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa. Esa isla, pequeña en extensión, pero grande en humanidad, ha visto llegar a miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco. Aquí hay personas recuperadas del mar y cuerpos exánimes rescatados de las aguas. Por eso, el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles. La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana. Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche.

En el lenguaje bíblico, el mar puede ser imagen de amenaza, oscuridad y caos. Allí aparecen el Leviatán, figura de la fuerza que devora, y Rahab, nombre que evoca la soberbia de los poderes que se levantan contra Dios y contra la vida (cf. Sal 74,13-14; 89,10-11; Is 27,1; 51,9; Jb 26,12). También hoy existen monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido.

Pero la fe no se queda paralizada ante el poder del mar. Creemos en un Dios que somete el caos, pone límite al mal y abre un camino cuando parece imponerse la muerte. Así lo experimentó el pueblo de Israel, al atravesar el Mar Rojo para salir de la esclavitud y caminar hacia la libertad (cf. Ex 14,21-31). Y así lo contemplamos en Cristo, que camina sobre las aguas y, ante la tormenta, pronuncia una palabra soberana: «¡Calla, enmudece!» (Mc 4,39; cf. Mt 14,25-27). Esa voz sigue resonando contra las fuerzas que devoran, esclavizan y descartan a tantos hermanos nuestros. Ahí donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas.

Gracias por los testimonios, por recordarnos lo que significa salvar vidas. A María, gracias por recordarnos lo que Cáritas, las parroquias y tantas personas hacen a diario. Sus palabras nos muestran dónde comienza la conversión de la mirada: cuando el migrante deja de ser “uno más”, deja de ser una categoría y una cifra. Sólo entonces comprendemos que esa niña podría ser nuestra hija, esos rostros parte de nuestra familia; y entonces, la conciencia se queda sin excusas. La misericordia comienza con gestos pequeños: a veces con unas cuantas galletas y un poco de leche; otras, con cinco panes y dos peces (cf. Mt 14,17-21). No se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y de estar presentes allí donde el ser humano sufre, donde los recursos no bastan y no hay un idioma común, pero donde aún pueden hablar los gestos. Gracias de corazón a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompañamiento, dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y puede cambiar vidas.

Querida Blessing, aunque no estás aquí hoy, tu voz sí. Gracias por compartirnos tu historia. Tu nombre significa bendición, y nos recuerda que cada vida humana es una bendición de Dios. Nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla, porque en cada persona resplandece la imagen y semejanza del Creador (cf. Gn 1,27). Nos has dicho que te fuiste de tu país no porque quisieras, sino porque no había otra opción. En tus palabras escuchamos el drama de tantas personas obligadas a partir porque la pobreza, la guerra, la amenaza o la explotación les cerraron todos los caminos.

Quisiera que este mensaje llegue hasta ti y a tantas mujeres víctimas de la trata y la explotación: si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable. Si quisieron encerrarte en un pasado de dolor, Dios sigue pronunciando sobre ti una promesa de futuro. Si te trataron como una cosa, la Iglesia quiere decirte hoy: eres hija, hermana, eres bendición. Tu vida no es de quienes te dañaron; tu cuerpo no es de quienes se aprovecharon de ti; tus días no pertenecen a quienes quisieron encadenarlos al miedo. Tu vida pertenece a Dios y conserva una dignidad que no pueden arrancarte. Y nosotros queremos caminar contigo hasta que esa verdad vuelva a sentirse más fuerte que el dolor.

Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar. Pero también quiero decirles que su vida debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo o de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirenas”, son industrias de muerte.

Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante.

Y también la Iglesia debe dejarse interpelar. La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso (cf. Lc 10,31-32).

Desde esta isla, quisiera que la voz de quienes han hablado hoy alcanzara a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas —autoridades civiles, parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales—, y también a las comunidades cristianas, a las demás tradiciones religiosas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?

La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra. Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños. No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera.

Que el Dios que “en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor” (cf. S. Juan de la Cruz, Avisos y sentencias, 57) nos conceda reconocerlo hoy en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera. Que Nuestra Señora del Carmen acompañe a quienes han llegado, consuele a quienes han perdido a sus seres queridos, sostenga a quienes los acogen y despierte en todos nosotros la valentía de la misericordia.

Y que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas. Porque hoy, aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros. Muchas gracias.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 11-6-2026

Encuentro del Papa León XIV con las realidades de acogida de migrantes en el puerto de Arguineguín en Gran Canaria, 11-6-2026

Foto: Vatican Media, 11-6-2026


11 de junio de 2026.- (Camino Católico)  El Papa León XIV ya se encuentra en las Islas Canarias, en una visita que incluye dos islas, Gran Canaria y Tenerife y que tiene el foco puesto en la realidad migrante que se vive en el archipiélago español. Esta mañana, desde el muelle de Arguineguín en Gran Canaria donde llegan constantemente “vidas heridas”, “despojadas de casi todo”, “pero nunca de su dignidad”, el Papa se ha reunido con quienes acogen a los migrantes, aquellos que han sabido “reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar”. En el vídeo de 13 TV se visualiza y escucha todo el encuentro.


 

Entre el personal presente que se dedica a la acogida a los migrantes, se encontraba el capitán de Salvamento Marítimo de una embarcación situada en este muelle, atenta a la llegada de pateras a las costas canarias para salir en cualquier momento, y una voluntaria de Caritas Diocesana, que han contado su testimonio. A ellos, y a todos los que se dedican a esta valiosísima labor, el Papa les ha agradecido de corazón por “los rescates, la acogida y el acompañamiento”, “dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y cambiar vidas”. También se han escuchado dos testimonios de personas migrantes que han contado sus sufrimientos en su periplo hasta España, una de ellas víctima de las mafias de la trata de personas.

Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Misa de hoy, jueves, San Bernabé, apóstol, 11-6-2026

11 de junio de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Santa Misa de hoy, jueves de la 10ª semana de Tiempo Ordinario, San Bernabé, apóstol, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, jueves, San Bernabé, apóstol, 11-6-2026

11 de junio de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, jueves de la 10ª semana de Tiempo Ordinario, San Bernabé, apóstol, presidida por el P. Heliodoro Mira, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Luminosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 11-6-2026

11 de junio de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Luminosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, jueves, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 11/6/2026: «Todo el que se deja llevar por la cólera será procesado» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 11 de junio de 2026, jueves de la 10ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Mateo 5, 20-26:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será reo de juicio.

Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «necio», merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».

«No nos olvidemos jamás del memorial de Cristo que nos ha salvado» / Por P. Carlos García Malo

 


miércoles, 10 de junio de 2026

Papa León XIV en homilía en la Sagrada Familia en Barcelona, 10-6-2026: «Mientras alzamos la mirada hacia Él, el Crucificado Resucitado, comprometámonos a levantar el rostro de quienes yacen en el polvo»

* «Como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros. Junto con Gaudí, de quien conmemoramos el centenario de su muerte, recordamos y damos las gracias esta tarde a todos los promotores y benefactores, a los artistas y a los trabajadores que cooperan en la construcción de una obra maestra arquitectónica» 

  

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News con la homilía del Papa León XIV 

* «Ante la amenaza del mal, el Señor está siempre con nosotros, siempre a nuestro favor. “Yo soy”: este es el Nombre Santísimo que Dios entregó a Moisés desde la zarza ardiente, revelando su inquebrantable fidelidad. Hecho hombre, Él se convierte para nosotros en el Emmanuel, fuente de gracia y perdón, de salvación y de vida nueva. Es por ello que, si no creemos en Jesucristo, permanecemos en el pecado y no sólo morimos nosotros, sino que provocamos la muerte del prójimo. Queridos hermanos, no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente incluso antes de que nazca. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria» 

 


10 de junio de 2026.- (Camino Católico) “Mientras alzamos la mirada hacia Él, el Crucificado Resucitado, comprometámonos a levantar el rostro de quienes yacen en el polvo” ha dicho el Papa León XIV en la homilía que ha pronunciado este miércoles, 10 de junio, en la Santa Misa celebrada en la Basílica de la Sagrada Familia, Barcelona, tras cuya celebración el Pontífice ha bendecido la Torre de Jesucristo que la convierte en la Iglesia más alta del mundo con 172 metros.




El Santo Padre ha dicho que la Cruz de Cristo corona esta basílica. Las tres fachadas de la Sagrada Familia lo atestiguan: el Primero se hace el último por nosotros en la Natividad; con su sacrificio nos redime mediante la Pasión; su muerte nos da la vida eterna haciéndonos partícipes de la gloria divina.




“Al admirar la torre de Jesucristo, alzamos la mirada hacia Él, hacia Aquel que sólo nos revela la verdad de Dios y la verdad de nosotros mismos. Mirando a Cristo podemos ver el mundo con ojos renovados: la torre de la cruz se convierte entonces en estandarte de caridad, porque Dios nos ama así, transformando un instrumento de muerte en signo de esperanza. En la cruz de Jesús nuestra fe alcanza su culmen, como profesa la inscripción que se encuentra en la base de la aguja: ‘Tu solus Sanctus, Tu solus Dominus, tu solus Altissimus’. Esta cruz brilla de día, reflejando la luz del sol, y brilla de noche, iluminando la ciudad como un faro abierto al Mediterráneo”.



Como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto completo es el siguiente:



VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV A ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)


SANTA MISA


HOMILÍA DEL SANTO PADRE


Basílica de la Sagrada Família (Barcelona)

Miércoles, 10 de junio de 2026



[Español y català]

«Senyor, sobirà nostre, que n’és, de gloriós, el vostre nom per tota la terra!» (Sl 8,2.10). Con la alabanza de este salmo, tan lleno de alegría y asombro, os saludo a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas. Expreso mi agradecimiento a Sus Majestades, doy las gracias al Cardenal Juan José Omella, Arzobispo de Barcelona, así como a los demás hermanos en el Episcopado y a todos los que se unen a nuestra oración: sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas. En esta tarde de fiesta para toda la ciudad de Barcelona, extiendo mi saludo agradecido a las autoridades públicas, así como a los miembros de otras comunidades cristianas y de otras religiones que participan en nuestra acción de gracias.

Avui la Basílica de la Sagrada Família ens acull en aquesta bella ciutat, obrint les seves portes com si fossin braços que conviden a cadascú en aquest altar a escoltar la Paraula de Déu. És un temple que ens constitueix en una família estimada pel Senyor, alimentada per la seva pròpia vida en l’Eucaristia. Així és com la ciutat comtal i tota Catalunya es reuneixen en aquest temple, signe també d’unitat i de  concòrdia, i aixequen la seva mirada per trobar-se amb el rostre de Déu Pare, resplendent en el seu Fill fet home, Jesucrist.

Tot donant gràcies al Senyor per la seva caritat vers nosaltres, el lloem per tot el que realitza en la nostra vida. Li donem gràcies en especial per aquesta extraordinària basílica, que el Papa Benet XVI va consagrar el 2010, recordant que és signe visible del Déu invisible, i que per la seva glòria s’alcen les torres (cf. Homilia per a la consagració, 7 de novembre 2010). En continuïtat amb la pregària del meu Predecessor, en uns moments beneiré la torre més alta, la de Jesucrist.

[Hoy la Basílica de la Sagrada Familia nos acoge en esta hermosa ciudad, abriendo sus puertas como si fueran sus brazos para invitar a cada uno a este altar, a escuchar la Palabra de Dios. Es un templo que nos constituye en una familia amada por el Señor, alimentada por su propia vida en la Eucaristía. Así es com la ciutat comtal y toda Cataluña se reúnen en este templo, signo también de unidad y de concordia, y alzan su mirada para encontrarse con el rostro de Dios Padre, resplandeciente en su Hijo hecho hombre, Jesucristo.

Mientras damos gracias al Señor por su caridad hacia nosotros, le alabamos por lo que obra en nuestra vida. Le damos gracias en particular por esta extraordinaria basílica, que el Papa Benedicto XVI consagró en 2010, recordando que es signo visible del Dios invisible, por cuya gloria se alzan sus torres (cf. Homilía para la consagración, 7 noviembre 2010). En continuidad con la oración de mi Predecesor, dentro de unos momentos bendeciré la torre más alta, la de Jesucristo.]

Esta iglesia es un único edificio, compuesto por muchas piedras. Una casa que crece con constancia a lo largo de los años, siguiendo un mismo proyecto. Todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin. Mucho más que un monumento, la Basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción, que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino, porque se trata de un proyecto que Dios lleva a cabo.

No habitamos, pues, una obra inacabada, sino un templo aún en construcción. Su imperfección no es un defecto, porque da testimonio de un deseo; no significa una carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia. Nuestra gratitud se convierte entonces en compromiso, al tiempo que cooperamos en el proyecto de Dios, es decir, en la construcción a la que Él mismo nos llama. Puesto que somos templo del Espíritu Santo (cf. 1 Co 6,16.19), esta obra coincide con nuestra vida, que Dios concibe como una obra maestra que debemos realizar juntos y nos llama a colaborar con Él (cf. 1 Co 3,9).

A este respecto, guardamos en nuestro corazón las palabras que el Señor dirigió al rey David: «¿Tú me vas a construir una casa para morada mía?» (2 Sam 7,5). Al contrario, «el Señor te anuncia que te va a edificar una casa» (v. 11). Con este anuncio, la Escritura nos enseña que no somos nosotros quienes damos un lugar a Dios, como si fuera un elemento de una serie o parte de un todo mayor que Él. Es Dios en cambio quien nos da un lugar, y el lugar que nos regala es su propio corazón: el lugar del Hijo, para nosotros que éramos extraños; el lugar del Amado, para nosotros que somos pecadores.

Esta voluntad suya se cumple a través de Jesús; podemos entonces comprender el sentido de lo que hemos escuchado en el Evangelio, cuando el Señor dice a los fariseos: «Si no creéis que “Yo soy”, moriréis en vuestros pecados» (Jn 8,24). Palabras fuertes, que no son en absoluto amenazas, ni un chantaje. Son una invitación a la salvación, es decir, un llamamiento a la libertad por parte de Cristo, que quiere para nosotros el bien definitivo, eterno. Ante la amenaza del mal, el Señor está siempre con nosotros, siempre a nuestro favor. “Yo soy”: este es el Nombre Santísimo que Dios entregó a Moisés desde la zarza ardiente, revelando su inquebrantable fidelidad. Hecho hombre, Él se convierte para nosotros en el Emmanuel, fuente de gracia y perdón, de salvación y de vida nueva. Es por ello que, si no creemos en Jesucristo, permanecemos en el pecado y no sólo morimos nosotros, sino que provocamos la muerte del prójimo. Queridos hermanos, no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente incluso antes de que nazca. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria.

En aquesta nit, doncs, la Creu de Crist, que corona aquesta basílica, és la Creu dels últims, que es tornen els primers,  dels pecadors que es tornen sants, dels morts que ressusciten. Les tres façanes de la Sagrada Família en donen testimoni: el Primer es fa el darrer per a nosaltres en el Nadal; amb el seu sacrifici ens redimeix mitjançant la Passió; la seva mort ens dóna la vida eterna fent-nos partícips de la glòria divina. En admirar la torre de Jesucrist, alcem la mirada cap a Ell, cap a Aquell que ens revela la veritat de Déu i la veritat de nosaltres mateixos. Mirant Crist podem veure el món amb ulls renovats: la torre de la creu es converteix aleshores en un estàndard de caritat, perquè Déu ens estima així, transformant un instrument de mort en signe d’esperança. En la creu de Jesús la nostra fe aconsegueix el cim, com professa la inscripció que es troba en la base de l’agulla: “Tu solus Sanctus, Tu solus Dominus, tu solus Altíssimus”. Aquesta creu brilla de dia, reflectint la llum del sol i brilla de nit, il·luminant la ciutat com un far obert al Mediterrani.

[Esta noche recordemos, pues, que la Creu de Crist, que corona esta basílica, és la Creu dels últims que se vuelven los primeros, de los pecadores que se vuelven santos, de los muertos que resucitarán. Las tres fachadas de la Sagrada Familia lo atestiguan: el Primero se hace el último por nosotros en la Natividad; con su sacrificio nos redime mediante la Pasión; su muerte nos da la vida eterna haciéndonos partícipes de la gloria divina. Al admirar la torre de Jesucristo, alzamos la mirada hacia Él, hacia Aquel que sólo nos revela la verdad de Dios y la verdad de nosotros mismos. Mirando a Cristo podemos ver el mundo con ojos renovados: la torre de la cruz se convierte entonces en estandarte de caridad, porque Dios nos ama así, transformando un instrumento de muerte en signo de esperanza. En la cruz de Jesús nuestra fe alcanza su culmen, como profesa la inscripción que se encuentra en la base de la aguja: “Tu solus Sanctus, Tu solus Dominus, tu solus Altissimus”. Esta cruz brilla de día, reflejando la luz del sol, y brilla de noche, iluminando la ciudad como un faro abierto al Mediterráneo.]

Sí, la luz de Cristo brilla en las tinieblas, aunque las tinieblas no la hayan acogido (cf. Jn 1,5.11). Sin embargo, este rechazo no hace que falte el amor de Dios: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre —dice el Señor— entonces sabréis que Yo Soy y que nada hago por mí mismo, sino que hablo como el Padre me ha enseñado» (Jn 8,28). Es necesario pasar por la pasión del Crucificado para ser iluminados por la gloria del Resucitado: desde siempre, en efecto, el Padre enseña a dar la vida y el Hijo, que la recibe de Él, la da a todos con el poder del Espíritu Santo. He aquí por qué precisamente la cruz es el signo luminoso de su amor.

És la fe que dóna forma a les pedres i sentit a l’edifici que habitem junts. En la nostra pregària descobrim, per tant, el vincle originari de les coses amb Déu, creador del cel i de la terra: Ell és l’artista que ha imprès el seu esplendor en el cosmos. Creat a la seva imatge, l’home respon a l’obra de Déu amb el seu propi enginy: així es com l’artista converteix el talent en lloança i la creativitat en testimoni del mateix Creador. Com arquitecte ardent de fe, el venerable Antoni Gaudi va concebre aquests espais amb el desig de narrar els misteris de la vida del Senyor: d’aquesta manera ens ha proposat un pelegrinatge espiritual, que condueix a la trobada amb Crist nascut, mort i ressuscitat per nosaltres. Juntament amb Gaudí, de qui commemorem el centenari de la seva mort, recordem i donem gràcies en aquesta tarda a tots els promotors i benefactors, als artistes i als treballadors que cooperen en la construcció d’una obra mestra arquitectònica, que és també una eloqüent catequesi feta de pedres, colors i llum. En la saviesa, l’Església renova així la Biblia pauperum de les antigues catedrals, que són elles mateixes missatges d’evangelització d’una gran riquesa. En aquest temps de la imatge, resulta encara més evident com l’art i la bellesa son eminents canals d’evangelització.

[Es precisamente la fe la que da forma a las piedras y sentido al edificio que habitamos juntos. En nuestra oración descubrimos, por tanto, el vínculo originario de las cosas con Dios, creador del cielo y de la tierra: Él es el artista que ha impreso su esplendor en el cosmos. Creado a su imagen, el hombre responde a la obra de Dios con su propio ingenio: así es como el artista convierte el talento en alabanza y la creatividad en testimonio del mismo Creador. Como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros. Junto con Gaudí, de quien conmemoramos el centenario de su muerte, recordamos y damos las gracias esta tarde a todos los promotores y benefactores, a los artistas y a los trabajadores que cooperan en la construcción de una obra maestra arquitectónica, que es también una elocuente catequesis hecha de piedras, colores y luz. En su sabiduría, la Iglesia renueva así la Biblia pauperum de las antiguas catedrales, que son en sí mismas mensajes de evangelización de gran riqueza. En este tiempo de la imagen, resulta aún más evidente cómo el arte y la belleza son eminentes canales de evangelización.]

Estimats germans i germanes, la belleza de este templo nos anima a aprender cada vez más de nuestro Maestro y Señor el arte de vivir según su Evangelio. Mientras alzamos la mirada hacia Él, el Crucificado Resucitado, comprometámonos a levantar el rostro de quienes yacen en el polvo (cf. 1 Sam 2,8). Y demostremos así que la Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en España, con la cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en la espera del regreso del Esposo.


PAPA LEÓN XIV








Fotos: Vatican Media, 10-6-2026