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viernes, 14 de agosto de 2026

Devin Hays: «Me alejé de la fe en la secundaria, me diagnosticaron cáncer y me entregué a Dios: ‘Sea cual sea tu voluntad, es tu voluntad. Solo ayúdame a superar la parte mental’ y ahora atiendo a niños hospitalizados»

Devin Hays entregó su vida a Dios cuando le diagnosticaron un linfoma / Foto: El Pueblo Católico 

* «No ocultamos que somos cristianos y católicos. Pero también nos conectamos con las personas en su situación. Visitar a los enfermos es una Obra Corporal de Misericordia. Y a veces, esas visitas abren la puerta a conversaciones más profundas… Antes del diagnóstico, el hockey era sin dudar mi ídolo. Me siento agradecido por haber pasado por esto porque cambió mi perspectiva. Me enseñó lo grande que es el dolor en el mundo, pero también la gracia extrema que Cristo derrama a través de ese dolor»

Camino Católico.- Cuando Devin Hays sintió el primer bulto en la cabeza, estaba más preocupado por sus exámenes finales que por su salud. “Ese semestre me dio faringitis estreptocócica dos veces, lo cual ya era raro, pero cuando apareció el bulto pensé que solo tenía un resfriado extraño. “Estaba tosiendo, agotado y no me podía concentrar en clase, ni siquiera con una taza grande de café. Pensé que podía aguantar hasta el fin de semana”, explica a El Pueblo Católico de Denver

Para el viernes ya tenía un tercer bulto y la tos había empeorado, por lo que decidió ir a la clínica del campus el lunes por la mañana. “Pensé, ‘Ojalá me den algo para aguantar la semana de exámenes y luego me preocupo por esto cuando regrese a casa’”, recuerda Devin.

Lo que nunca se imaginó, es que le dijeran que tenía que ir al hospital lo antes posible. “No podían encontrar mi corazón en la radiografía. Había algo en la tráquea y el mediastino. Ahí supe que se trataba de algo serio”, reconoce.

El linfoma y la entrega a Dios

Educado en un hogar católico en Erie (Colorado), Devin se había alejado de la fe en la secundaria, ya que el hockey competitivo ocupaba mucho de su tiempo familiar.

Pero en ese momento de incertidumbre médica, algo más profundo despertó en él. “Por primera vez en mi vida, me entregué a Dios. Le dije: ‘Sea cual sea tu voluntad, es tu voluntad. Solo ayúdame a superar la parte mental’. Ese fue mi momento de rendición”, recuerda.

Al principio, los médicos pensaron que tenía linfoma —un tipo de cáncer tratable con buen pronóstico. Pero luego llegó la mala noticia: “Me dijeron que no era linfoma. Era leucemia. Agresiva. Incurable. Con una tasa de supervivencia a cinco años de apenas el 50%. Después de eso, baja”.

Parecía que todo se derrumbaba. Pero luego llegaron los resultados de la biopsia de una clínica en Iowa. “Me dijeron que sí era linfoma, y que era curable. Lo que sucedió fue que, o un patólogo del Mayo Clinic se equivocó, o algo cambió. Yo elijo creer que algo cambió”.

El tratamiento comenzó rápidamente y, aunque el cáncer respondió bien, la quimioterapia fue brutal. “En muchas ocasiones, la quimio casi me mata. Perdí todo el cabello. Mi cara se hinchó. Me veía muy enfermo”, comparte.

La intervención de la comunidad parroquial

Fue durante esa época que la comunidad que lo rodeaba intervino, especialmente en su parroquia natal, St. Scholastica en Erie.

“Me acerqué mucho al padre Rob Wedow, y él me ayudó a superarlo. Los Caballeros de Colón también fueron fundamentales. Aunque me veía enfermo, me trataron como a cualquier otro. Me dieron las mismas responsabilidades que a los demás, y en ese momento, eso significó muchísimo para mí”, asegura Devin.

Devin Hays con sombrero visitando a enfermos y sus familias en el hospital infantil Rocky Mountain Hospital for Children situado en el campus médico de Presbyterian/St. Luke's en Denver, Colorado / Foto: Instagram Hospital Homies

A pesar del tratamiento intenso, Devin se negó a atrasarse en sus estudios. “Hacía exámenes y pruebas mientras recibía quimio. Después me transferí a CU Boulder. Por la gracia de Dios, la universidad me va a tomar solo cuatro años, incluso con el cáncer.”

Pronto, el cáncer comenzó a remitir. Conforme va teniendo perspectiva, analiza y recuerda las peores partes de su enfermedad, como ver a sus familiares y amigos afectados. ”La parte más difícil fue ver a otros niños pasar por lo mismo. Me trataron en pediatría casi todo el tiempo, y ver sufrir a los niños es muy duro. Ese octubre, cuando ya estaba en remisión, pero aún en tratamiento, nos disfrazamos y repartimos dulces a los niños que también estaban hospitalizados”.

La asistencia a niños hospitalizados y sus familias

Actualmente es voluntario en la pastoral universitaria de CU Boulder, colabora con el grupo juvenil de la parroquia de St. Scholastica y es miembro activo de los Caballeros de Colón. A la experiencia que adquirió en estas iniciativas se suma ahora la que desarrolló a través de un proyecto dedicado por entero a acompañar a los pequeños ingresados y a sus familias, Hospital Homies.

“Tuve la bendición de conocer a Tim Tebow, un gran cristiano, y verlo amar a la gente me inspiró mucho. La noche antes de un viaje para recaudar fondos, me vino el nombre ‘Hospital Homies’. Fue algo demasiado bueno para que se me ocurriera a mí, especialmente con el cerebro afectado por la quimio”, dice entre risas.

La organización ahora es una entidad registrada dedicada a visitar a niños en hospitales y apoyar a sus familias. “No ocultamos que somos cristianos y católicos. Pero también nos conectamos con las personas en su situación. Visitar a los enfermos es una Obra Corporal de Misericordia. Y a veces, esas visitas abren la puerta a conversaciones más profundas”, dice.

Terminando sus estudios, Devin ya piensa en su siguiente proyecto, que en este caso será una empresa dedicada a la venta de artículos y coleccionables, especialmente monedas, buscando servir así a su proyecto matriz de caridad.

Devin Hays, en el centro de la imagen, visitando a enfermos y sus familias en el hospital infantil Rocky Mountain Hospital for Children en Denver, Colorado / Foto: Instagram Hospital Homies

“La idea es crear una fuente de ingreso estable para financiar el Hospital Homies. Necesitas medios para sostener tu misión, y esta es mi forma de hacerlo realidad”. Su nuevo proyecto tampoco pretende perder de vista su componente católico, y espera poder contar con una sección religiosa con medallas de santos, monedas pontificias antiguas y otros artículos devocionales.

Mirando atrás, cuando se encontraba alejado de la fe, no puede evitar corroborar que su transformación ha sido mucho más espiritual que incluso en lo estrictamente físico o de la salud.

“Antes del diagnóstico, el hockey era sin dudar mi ídolo. Me siento agradecido por haber pasado por esto porque cambió mi perspectiva. Me enseñó lo grande que es el dolor en el mundo, pero también la gracia extrema que Cristo derrama a través de ese dolor “, concluye.

Y esa gracia es la que Devin espera compartir por el resto de su vida. Por su profundo camino de entrega llena de fe a la voluntad del Señor y su profunda devoción al servicio a los demás, especialmente a quienes sufren profundamente, Devin Hays ha sido reconocido como el Discípulo del Mes en la Diócesis de Denver.

El cineasta Anthony D’Ambrosio se alejó de la fe cuando quería formar una familia y no pudo hacerlo: «El ejemplo de amor de San Maximiliano Kolbe me llevó a Dios»


El cineasta Anthony D’Ambrosio y San Maximiliano Kolbe

* «Recuerdo despertar de esta horrible pesadilla y salir a mi jardín e intentar orar y sentir como si esa parte de mí que creía en Dios hubiera desaparecido por completo. Como si me estuviera acercando a una puerta cerrada Durante esas noches sin dormir, me encontraba, por alguna razón, empezando a meditar sobre la historia de San Maximiliano Kolbe, que cambió su vida por salvar a otro… Cuando no podía realmente creer en Dios o en los milagros, podía creer en el ejemplo de amor que podía entrar en la oscuridad solo para estar conmigo. Creo que eso es lo que necesitan las personas que dudan y que están sufriendo» 

Camino Católico.- El director de cine Anthony D’Ambrosio se encontraba lejos de la Iglesia Católica, pero fue el ejemplo de San Maximiliano Kolbe quien lo trajo de regreso a la fe. Este es su conmovedor testimonio.

El 6 de enero de 2024, D’Ambrosio publicó un video contando cómo la historia de este santo impactó en su vida. El testimonio fue compartido en la cuenta de Instagram de “Triumph of the Heart” (Triunfo del corazón), su próxima película.

“Triumph of the Heart” es una película independiente sobre el triunfo de San Maximiliano Kolbe y sus compañeros en Auschwitz, que se estrenó el 14 de agosto de 2025, cuando la Iglesia recuerda a este mártir. 

En el video, D’Ambrosio compartió cómo se alejó de la Iglesia y la forma única en que el ejemplo de San Maximiliano Kolbe lo llevó de regreso a la fe.

El director de cine, hijo de Marcellino D'Ambrosio, un "teólogo católico profesional", luchó con la lujuria y la adicción mientras estaba en una relación con una mujer, con quien creía llegaría hasta el matrimonio.

De hecho, D’Ambrosio señala que durante ese tiempo escuchó al Señor decirle que esta mujer sería su esposa, en una experiencia que él llama la más profunda que jamás haya tenido.

“Mi adicción desapareció. Mis miedos al matrimonio desaparecieron. Mi sentido de vergüenza desapareció y fui sanado, y fue increíble”, agregó.

Antes de comprometerse, D’Ambrosio comenzó a experimentar problemas de salud intensos, tanto mentales como físicos. Esto lo llevó a terminar su relación para poder concentrarse en su salud.

Le llevó más de un año, y durante este tiempo, la mujer con la que pensaba formar una familia se casó con otra persona. Este duro golpe lo hizo cuestionar por completo su fe.

“Estaba experimentando cómo se deshacía mi fe”.

“Recuerdo despertar de esta horrible pesadilla y salir a mi jardín e intentar orar y sentir como si esa parte de mí que creía en Dios hubiera desaparecido por completo. Como si me estuviera acercando a una puerta cerrada”.

En ese momento era ministro de jóvenes, su familia era muy católica y también lo eran sus amigos. Le resultaba increíblemente difícil hablar con otros sobre la pérdida de su fe. Sentía que quienes estaban cerca de él se veían desafiados por su experiencia.

A pesar de que sus amigos hacían todo lo posible por ayudarlo, no tuvieron éxito. En algunos casos, empeoraron la situación.

Sin embargo, hubo un amigo celestial que entró en escena.

“Durante esas noches sin dormir, me encontraba, por alguna razón, empezando a meditar sobre la historia de San Maximiliano Kolbe. La historia del hombre que cambió su vida por salvar a otro”, indicó.

D’Ambrosio continua explicando su encuentro con este poderoso santo.

“Estaba experimentando, de alguna manera, en mi propio sufrimiento, lo que era estar en esa celda con Kolbe. Muriendo de hambre sin esperanza de salvación”.

El director de cine señala que fue profundizando en el papel que San Maximiliano Kolbe desempeñó dentro de su celda en Auschwitz mientras esperaban la muerte. Kolbe inspiró a sus compañeros prisioneros e infundió en ellos la fuerza para luchar por sus vidas.

Kolbe y sus compañeros de celda vivieron durante dos semanas sin comida ni agua. Durante este tiempo, explica D’Ambrosio, Kolbe asumió su sufrimiento.

Este acto de amor “es lo que empezó a darme significado y una base para la fe nuevamente. Cuando no podía realmente creer en Dios o en los milagros, podía creer en el ejemplo de amor que podía entrar en la oscuridad solo para estar conmigo. Creo que eso es lo que necesitan las personas que dudan y que están sufriendo”.

D’Ambrosio cree que aquellos que se encuentran en una situación similar no necesitan apologética, necesitan amor.

“Necesitan sentir el cristianismo junto a ellos, a su lado, sosteniéndolos en su pérdida de sentido”, agrega.

El video concluye con D’Ambrosio destacando su película y señala la parte de la historia de San Maximiliano Kolbe que más lo conmovió.

“La mayoría de las historias sobre San Kolbe terminan con su elección de ofrecerse voluntario para entrar en la celda. Pero nuestra historia comienza allí, mientras San Kolbe lucha por forjar una rebelión de esperanza con otros nueve prisioneros en el lugar más oscuro de la Tierra”, declara el sitio web de la película.

Karina Plasencia: «Mi vida se desmoronaba y empecé en la Nueva Era, pero fui liberada en un retiro ante el Santísimo donde dije: ‘Jesús si existes muéstramelo, ven a buscarme y pido perdón por pensar que yo era Dios'»

Karina Plasencia dice que "me había separado del amor de mi Padre, y aunque Dios quería estar conmigo yo le cerré mi corazón" 

* «Un poco escéptica, puse a prueba a Dios y el Señor obró en mí. Desde el primer instante que expusieron al Santísimo experimenté una paz y un amor tan fuertes, así como un arrepentimiento profundo por haberlo dejado fuera. Lo único que escuché fue: ‘Venid y veréis’. En ese momento, supe que Él era el único lugar al que quería seguir, que sería mi roca y mi hogar para siempre. Lo único que deseaba era estar con Él y hacer su voluntad… El Señor volvió a obrar en mí y me regaló una liberación desde lo más profundo de mi ser»

Camino Católico.- Karina Plasencia ha superado ya la treintena y nació en una familia católica muy practicante, de hecho tiene un hermano sacerdote Legionario de Cristo. Pero, no siempre fue así, a medida que crecía, iba dejando a Dios cada vez más fuera de su vida.

"Estaba llena de sufrimiento, de vacíos existenciales y el maligno se aprovechó de mi malestar y quiso hacer un plan con mi vida. Él conoce nuestras debilidades, él también conoce nuestra historia y se aprovecha de esto", comenta Karina.

Una 'identidad' desde el dolor

La mexicana tuvo una infancia con muchas heridas de abandono, de rechazo, de abuso y de humillación. "Siempre sentí que no era amada por mis padres, ni por mis hermanos, sentía que no era suficiente, que había decepcionado las expectativas que todos tenían y habían puesto en mí. Todo esto me llevó a rebelarme, sentía una profunda injusticia", relata.

En ese entonces, Karina "estaba lejos de comprender que el Señor permite todo para un bien mejor, que el Señor es capaz de redimir las heridas". "Me encontraba perdida, no sabía quién era. Había perdido mi identidad. Construí mi 'identidad' desde mi dolor, desde mis heridas y es lo que quiere el maligno, que construyamos nuestra identidad y nuestra historia desde las mentiras y dolor", cuenta.

"Al ver que mi vida se desmoronaba, ya que vivía desde una identidad rota, empecé a buscar en la Nueva Era. Me empezaron a dar la razón en decisiones que ahora veo que no fueron las más correctas. Por ejemplo, pasaba un mal momento con mi ex esposo, y en la Nueva Era me dijeron que el divorcio estaba bien cuando dos personas se encuentran en 'diferentes frecuencias'", asegura.

Karina, sin darse cuenta, terminó alejándose de su familia, y de la fe. "En este mundo de la Nueva Era te debes alejar de la religión y de todo lo que tenga que ver con Jesús y con la Verdad. Hablan de la entrega y el sacrificio como 'falta de amor propio'. Te dicen que eres todopoderoso, que no necesitas a nadie, que en ti está la salvación, que las personas que van a la Iglesia son necesitados y viven en carencia continua".

Chakras, péndulo, cartas de ángeles, reconexiones...

"Me metí a cursos de meditación con los mejores maestros de la Nueva Era, estas meditaciones tienen como objetivo alcanzar una conexión con 'tu yo superior', es decir, estás tratando de activar la glándula pineal, la cual dicen los maestros, que es la glándula espiritual, que si tienes acceso a eso, tu vida se arregla", explica.

Karina empezó a probar con los chakras, las cartas astrales, el péndulo, las reconexiones de el libro de Eric Pearl, "en donde te dicen que puedes sanarte a ti mismo y sanar a otros", las cartas de ángeles para recibir directamente mensajes para cada día, constelaciones familiares para buscar más orden, cuarzos para protección, meditaciones con mantras, taoísmo y toda una macedonia maléfica.

"Lo hacía desde la inconsciencia más grande y desde la sed de buscar respuestas para sanar el dolor. No me veías a mí con un turbante en la cabeza como yogui, me veías como muchos jóvenes buscando en lugares equivocados que no tienen ni idea de las consecuencias tan dolorosas y de tantas mentiras que existe detrás de todo esto, como si fuera magia pura".

"Recuerdo muy bien uno de los seminarios que tomé con un experto de la Nueva Era, que nos explicaba que este plano era como una Matrix, que unos despertaban y otros no, que la Iglesia nos escondía tantas cosas para tenernos dormidos y seguirlos como soldados, que el nivel más bajo de esa Matrix era estar en la religión (fanatismo), que todo es vibración en este plano, ley de atracción, que para conseguir lo que necesitas, la meta es vibrar en cierta frecuencia karma de otras vidas".

La mexicana comenzó a creer en la reencarnación, hasta que un día "la identidad que te construiste se rompe en pedacitos y viene un declive tan fuerte que ya no sabes quién eres. Tus súper poderes se desvanecen, tu identidad también, tus traumas se presentan con más fuerza y el dolor es muchísimo más fuerte que antes, y además es una frustración enorme. Todo esto lo viví desde una soledad inmensa", recuerda.

"Me había separado del amor de mi Padre, y aunque Dios quería estar conmigo yo le cerré mi corazón. Aceptar que había tocado fondo era aceptar mi historia, aceptar que mucho había sido mentira (...). Es impresionante cómo el mal quiere que todo quede en secreto, como quiere que suframos en silencio, quiere contarnos historias falsas para no dejar que la verdad entre, el mal es el padre de la mentira".

Karina Plasencia fue a un retiro de Rise Up como todos los que aparecen en la imagen tomada durante uno de ellos

Varias liberaciones en un retiro y la sanación

En ese momento de confusión y dolor, le invitaron a un retiro de Rise Up, un retiro carismático de sanación en México, que lo lleva a cabo el Regnum Christi. "En este retiro el Señor vino a buscarme con mucha fuerza (...). Recuerdo muy bien que en uno de los ejercicios que nos dejaron, yo subrayé una frase: 'sáname de mis entrañas'. Y, así fue. En la primera exposición con el Santísimo le dije a Jesús: si existes muéstramelo, ven a buscarme".

"Un poco escéptica, puse a prueba a Dios y el Señor obró en mí. Desde el primer instante que expusieron al Santísimo experimenté una paz y un amor tan fuertes, así como un arrepentimiento profundo por haberlo dejado fuera. Lo único que escuché fue: 'Venid y veréis'. En ese momento, supe que Él era el único lugar al que quería seguir, que sería mi roca y mi hogar para siempre. Lo único que deseaba era estar con Él y hacer su voluntad".

Karina experimentó varias liberaciones, una de ellas fue por haber abierto todas las puertas de la Nueva Era. "Mi liberación comenzó cuando me preguntaron: '¿Hay algo por lo que quieras pedir perdón?'. En mi interior, sentí la necesidad de decir lo siguiente: 'Pido perdón por pensar que yo era Dios'. En ese momento, el Señor volvió a obrar en mí y me regaló una liberación desde lo más profundo de mi ser".

"Me quitó una venda de mis ojos y me permitió ver la realidad de cada una de las puertas que había abierto en mi búsqueda, cada persona que había estado ahí. Fue tan claro que debía dejarlo todo, cerrar cada puerta que había abierto para abrirse a Él. Volvió a obrar en mí al día siguiente, brindándome una liberación de las heridas de mi infancia".

Karina anima a no dejarse llevar por los cantos de sirena. "Hoy en día, todo lo que no es de la Iglesia suena más atractivo, más moderno entre los jóvenes. Decir 'yo medito y práctico mindfulness' suena más atractivo que decir 'yo soy católico practicante' o decir 'yo soy independiente' en comparación con 'yo entrego mi vida a Él y dependo de Él'. Pero si quitamos la mentira y vemos la verdad, lo que Él nos pide es: 'Entreguenme su vida y los llevaré en sus momentos de mayor gozo. En los momentos de sufrimiento, los restauraré'".

"A veces, las voces malignas tejen una narrativa que resalta nuestras faltas y nos hace sentir culpables, como si fuéramos indignos del amor de Dios. Jesús, sin embargo, nos extiende su mano para que lo sigamos a pesar de todo. Él nos perdona y desea que nosotros también nos perdonemos, que comencemos un nuevo capítulo a su lado, con una página en blanco", concluye.

Homilía de la Asunción de la Virgen: Para permanecer victoriosos en la corona de María tenemos que renovar continuamente nuestra unión a Cristo por la oración y la celebración de los sacramentos / Por P. José María Prats

* «La fiesta de hoy nos recuerda que por la fe y el bautismo hemos recibido una vida celestial; que formamos parte de la corona de la Virgen Asunta al cielo; que esta vida es una vida separada del mundo y de sus pasiones y llena del poder y de la victoria de Jesucristo, pero que es también una vida amenazada por el poder formidable de las fuerzas del mal que quieren precipitarnos nuevamente sobre la tierra»

La Asunción de la Virgen María

Apocalipsis 11, 19a;12,1.3-6a.10ab / Salmo 44 / 1 Corintios 15, 20-27a  / San Lucas 1, 39-56

P. José María Prats / Camino Católico.-  Celebramos hoy una fiesta muy importante de la Virgen María en la que contemplamos el misterio de su Asunción al Cielo en cuerpo y alma, misterio que nos habla de su victoria y de su gloria después de una vida consagrada por completo a Dios.

Vamos a profundizar en este misterio comentando la visión de la Mujer vestida de sol que hemos escuchado en la primera lectura tomada del libro del Apocalipsis.

«Apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas.»

Se nos dice en primer lugar de esta mujer que representa a la Virgen que está «vestida de sol». El evangelio de San Mateo, cuando narra el episodio de la Transfiguración, donde el Señor mostró anticipadamente a sus discípulos la gloria que tendría tras su resurrección, dice que «su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos  como la luz». María, por tanto, se nos presenta glorificada, compartiendo la gloria de su Hijo. Es la Virgen Asunta, la Virgen llevada al Cielo en cuerpo y alma que hoy estamos celebrando.

En segundo lugar, tiene «la luna por pedestal». El pueblo de Israel tenía un calendario lunar, por lo que la luna representaba el tiempo y sus fases, lo pasajero y mudable. La Virgen, pues, se nos presenta permaneciendo más allá del tiempo y de la historia, ejerciendo sobre ellos un poder soberano. Ella comparte la victoria de su Hijo a quien ha sido dado «todo poder en el cielo y en la tierra».

Y, finalmente, aparece «coronada con doce estrellas». Doce es el número que representa al pueblo de Dios: doce fueron los hijos de Jacob que engendraron a las doce tribus de Israel, y doce fueron los Apóstoles del Señor, cuyo ministerio engendró a la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios. Esta visión nos dice, pues, que, asociada a la Virgen, compartiendo su gloria y su victoria, está la Iglesia. Y es que desde que Jesús nos dio a María por Madre al pie de la Cruz, María y la Iglesia son para siempre indisociables.

«Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra.»

El libro del Apocalipsis narra la historia de la humanidad como un combate entre el bien y el mal desarrollando la profecía de Gn 3,15, donde Dios dice a la serpiente: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, pero tú sólo herirás su talón». Se nos ha presentado primero a la protagonista –María  y su linaje–, y ahora se nos presenta al antagonista –la serpiente– como «un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas». 

El color rojo representa su poderosa acción destructiva ávida de sangre y de muerte. Los números siete y diez representan respectivamente perfección y multitud. Las siete cabezas nos hablan, pues, de la perfección de la inteligencia satánica y de la diversidad de agentes a través de los que actúa. El cuerno es un símbolo del poder y de la fuerza con que el toro embiste y arrastra todo lo que se le pone por delante. Así, los diez cuernos representan la multitud de poderes por medio de los cuales Satanás hiere y aflige a la humanidad: la guerra, el hambre, la injusticia social, los imperialismos, el materialismo, las ideologías... Finalmente las siete diademas representan la finísima capacidad de seducción del Maligno a través de riquezas, fama, honores, lujos, placeres...

Con toda esta inteligencia, poder y capacidad de seducción, Satanás hiere eficazmente el talón del linaje de la Mujer, arrojando sobre la tierra un tercio de las estrellas del cielo: son los miembros de la Iglesia que se han dejado seducir y han sido arrastrados nuevamente a una vida mundana.

«El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios.»

Este «varón destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos» es, lógicamente, Jesucristo, el hijo de María, «Rey de reyes y Señor de señores».

Estos versículos constituyen una brevísima síntesis del Misterio Pascual: Toda la vida de Jesucristo transcurre bajo una constante amenaza de muerte que culmina en la Cruz, donde parece, efectivamente, que ha sido devorado por las fuerzas del mal. Pero en su Resurrección y Ascensión al cielo, es arrebatado y llevado junto al trono de Dios.

Hay algo, sin embargo, que parece que no cuadra, porque la Mujer que da a luz a Jesucristo debería ser la Virgen en su existencia terrena y no la Virgen ya asunta al cielo. Y es que lo que aquí se está representando es a la Iglesia que, congregada entorno a María y bajo la amenaza de Satanás, renueva el Misterio Pascual en la celebración de la Eucaristía, uniéndose a la Pasión del Señor para compartir su victoria sobre el pecado y las fuerzas del mal que hace posible una vida nueva en santidad y justicia.

«La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo: “Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo”.»

El desierto representa esta nueva vida austera y esforzada que ha roto con las seducciones del mundo para consagrarse por entero a Dios. En esta vida, escondida y despreciable a los ojos del mundo, se manifiesta el poder del Reino de Dios y el ser humano recupera su salud y su armonía.


La fiesta de hoy, por tanto, nos recuerda que por la fe y el bautismo hemos recibido una vida celestial; que formamos parte de la corona de la Virgen Asunta al cielo; que esta vida es una vida separada del mundo y de sus pasiones y llena del poder y de la victoria de Jesucristo, pero que es también una vida amenazada por el poder formidable de las fuerzas del mal que quieren precipitarnos nuevamente sobre la tierra. Y que para permanecer victoriosos en la corona de María tenemos que renovar continuamente nuestra unión a Cristo por la oración y la celebración de los sacramentos.

Que la Virgen Asunta al cielo a quien hoy invocamos con tanta devoción, interceda por nosotros para que nos mantengamos siempre firmemente unidos a ella y podamos así alcanzar un día la gloria en que ella habita.


P. José María Prats

Evangelio:


En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo:


«Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».


Y dijo María: 


«Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». 


María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.

San Lucas 1, 39-56

«Santa María, Asunta al cielo, ruega por nosotros y llévanos siempre hacia tu Hijo Jesús» / Por P. Carlos García Malo

 


Karina y Joaquín: «Nos separamos a los 8 años de casados, recibimos la nulidad, pero al conocer al Señor todo cambió y nos volvimos a casar: nuestra roca es Jesús y nuestra relación es nueva, porque Dios nos hizo nuevos»


Karina y Joaquín se volvieron a casar, después de haber obtenido la nulidad matrimonial, porque la gracia de Dios actuó en sus vidas / Foto: Cortesía de Karina y Joaquín

* «Oramos y le entregamos la decisión a Dios, y Él hizo un milagro. Joaquín dice que se le quitó una venda de los ojos. Entendimos que Dios no quería que dejáramos la familia que Él había formado. Fue un nuevo sí, pero no fue fácil. Tuvimos que sanar, hacer mucha terapia, tener muchos encuentros personales con Dios. Tuvimos que morir a lo que fuimos, para que Él pudiera hacernos nuevos… Se necesita fe. Se necesita estar dispuestos a trabajar, a mirar hacia adentro, a dejarse moldear por Dios. La restauración es real, pero no sucede sin decisión, sin humildad y sin proceso. Sabemos que si lo amamos a Él, Él nos da el amor para amarnos entre nosotros» 

Camino Católico.- Joaquín y Karina comenzaron su camino como esposos desde muy jóvenes; ella tenía 20 y él 24. Tras ocho años juntos decidieron separarse y comenzar el trámite de su nulidad matrimonial.

Karina cuenta a Majo Frias en Aleteia que, aunque al tomar la decisión de casarse había mucho amor y amistad, también había heridas muy profundas que no sabían que tenían, pero que necesitaban ser sanadas.

“Nos escondíamos detrás de la diversión y del alcohol. No teníamos idea de lo que significaba realmente el compromiso del matrimonio. Al llegar los problemas, no teníamos herramientas para enfrentarlos. No nos conocíamos a nosotros mismos, ni sabíamos por qué reaccionábamos de ciertas formas”.

Pronto se toparon con una realidad: no estaban listos para un amor maduro, ni para el compromiso que conlleva el matrimonio.

“Nuestras heridas no trabajadas comenzaron a chocar, y sin una relación viva con Dios, sin ese trabajo personal, simplemente no pudimos sostenernos. Fue necesario detenernos y que todo se rompiera para volver a construir”. 

Karina y Joaquín con su hija / Foto: Cortesía de Karina y Joaquín

Tras un tiempo, y con una hija de ocho años, tomaron la decisión de separarse, manteniendo una relación de cuidado y respeto, aún cuando cada uno rehízo su vida con nuevas parejas.

Un encuentro con el Amor para aprender a amarse entre sí

Llegó entonces el momento que lo cambió todo. Conocieron al Señor.

“Al conocer al Señor, todo cambió. Dejamos nuestras relaciones porque queríamos vivir en gracia. Joaquín no quería regresar en ese momento, así que se inició el proceso de nulidad matrimonial”.

Sin embargo, al llegar a firmar su nulidad, tuvieron un encuentro poderoso con el Espíritu Santo.

“Oramos y le entregamos la decisión a Dios, y Él hizo un milagro. Joaquín dice que se le quitó una venda de los ojos. Entendimos que Dios no quería que dejáramos la familia que Él había formado. Fue un nuevo sí, pero no fue fácil. Tuvimos que sanar, hacer mucha terapia, tener muchos encuentros personales con Dios. Tuvimos que morir a lo que fuimos, para que Él pudiera hacernos nuevos”.

Karina reconoce que el proceso fue difícil, pues el enemigo usaba esos miedos y heridas para llenarlos de dudas, para hacerles creer que las cosas no cambiarían y que, de volver a elegirse, la historia se repetiría. “En mi caso, yo ya venía rota, con una depresión profunda aunque aparentaba estar bien. Cuando tuve un encuentro con el amor verdadero —el amor que es Dios— entendí que nunca había sabido amar porque nunca lo había conocido a Él. Al conocerlo, pude ver a Joaquín con Sus ojos, y empezar a amarlo como Él lo amaba”.

Guiados por Dios, decidieron volver a casarse, con Jesús en el centro.

Hoy su vida matrimonial es completamente diferente. “Sabemos que si lo amamos a Él, Él nos da el amor para amarnos entre nosotros”.

“Ahora no buscamos que el otro llene nuestros vacíos. Ante cualquier problema, vamos primero a Dios. Nuestra roca es Jesús, por eso nuestra relación es nueva. Dios nos hizo nuevos. No hay vuelta atrás a la antigua versión de nosotros”.

En su día a día buscan activamente el bien del otro, su crecimiento y desarrollo para que lleguen a convertirse en lo que Dios soñó y cumplan su propósito de vida. “Queremos ser ese faro, ese apoyo en los momentos difíciles, esa persona sana, que sostiene desde el amor, y no desde la necesidad”.

Ya no se trata solo de “nosotros”, aseguran, “sino de amar tanto al otro que anhelas que florezca, que cumpla su llamado. Y todo eso solo es posible porque el amor viene de Dios”.

Crisis como oportunidad para ser transformados por Dios

Desde esta experiencia, Karina enfatiza en que, si bien el matrimonio es de dos, el trabajo interior y la relación con Dios son personales, y sin estos aspectos individuales, la relación puede fracturarse.

“Si no hay un encuentro profundo con Él, si no se sanan las heridas internas con Su luz, es muy difícil sostener una relación sana y verdadera”.

“Las heridas más peligrosas son las heridas de la infancia no sanadas, porque las proyectamos en la relación. Esperamos que el otro las cure, pero eso solo puede hacerlo Dios. Si no las trabajamos, terminamos cargando al otro con algo que no le corresponde”, advierte Karina.

Y reconoce también que hacer un espacio para el divorcio, para otras personas, vicios o ídolos como el trabajo, divide al corazón y abre una puerta de entrada al enemigo.

Karina y Joaquín en el momento de volverse a casar después de haber firmado la nulidad / Foto: Cortesía de Karina y Joaquín

Karina y Joaquín volvieron a celebrar su matrimonio y animan a otras parejas en crisis a buscar un encuentro profundo con Dios, a buscar ayuda profesional y no perder la esperanza.

“Queremos decirles, desde nuestra experiencia, que sí hay luz al final del túnel. Aunque en este momento todo se sienta oscuro, aunque parezca que ya no hay salida, la hay. Pero se necesita valentía. Se necesita fe. Se necesita estar dispuestos a trabajar, a mirar hacia adentro, a dejarse moldear por Dios. La restauración es real, pero no sucede sin decisión, sin humildad y sin proceso.

Y si solo uno de los dos cree en la restauración, con uno basta. Uno que ore. Uno que se rinda. Uno que sane desde la raíz. Uno que busque a Dios con todo el corazón. Porque ese ejemplo transforma. Ese ejemplo arrastra. Ese ejemplo puede ser la chispa que despierte algo nuevo en el otro. El cambio no se impone, se inspira”.

Ambos enfatizan en que la crisis, más que un final, es una oportunidad, pues el punto de quiebre es el lugar perfecto para que Dios reconstruya desde cero.

“La crisis puede ser una puerta de salida o una puerta de entrada a una nueva historia, a una sanación más profunda de la que jamás imaginamos. Si la tomamos como camino, puede ser el inicio de algo muchísimo más bello de lo que fue antes. Pero tenemos que caminar juntos”.

Además, aconsejan: “En medio de la tormenta, no olviden lo bueno que han vivido. Es fácil ver lo negativo cuando todo duele, pero hagan memoria del amor que los unió. Escríbanlo, recen con eso y pídanle a Jesús que les muestre el camino. No se trata de volver solo por costumbre o necesidad; se trata de permitir que Dios haga nuevo ese matrimonio, que lo limpie, que lo purifique y lo eleve”.

Tras todo este camino, concluyen que "Dios es un Dios que cumple sus promesas y que hace todo nuevo, pero tenemos que dejarnos ser moldeados por El".