Carmelo de Palma, sacerdote diocesano italiano, será beatificado por el milagro aprobado por el Papa Francisco
Camino Católico.- Las campanas de las iglesias de Bari, en Italia, repicaron al unísono en la tarde del lunes tras la noticia de que el Papa Francisco había aprobado el 28 de marzo la beatificación como consecuencia del milagro atribuido a la intercesión de Carmelo de Palma, conocido como el “héroe del confesionario”. Carmelo de Palma, sacerdote diocesano, dedicó su vida al ministerio de confesor y a la dirección espiritual de fieles, sacerdotes, seminaristas y, de manera especial, de las monjas benedictinas de Santa Escolástica en Bari (Italia).
Precisamente en este monasterio ocurrió la curación milagrosa atribuida al nuevo beato. La protagonista de la historia es una monja benedictina que, en 2001, comenzó a sufrir un progresivo debilitamiento de brazos y piernas.
Inicialmente, fue diagnosticada con artrosis, pero los tratamientos no lograron mejorar su estado. Estudios posteriores revelaron problemas neurológicos en la zona cervical y, dos años más tarde, una resonancia magnética confirmó grave lesión en la médula espinal que la dejó sin poder caminar.
Ante la gravedad de su enfermedad, dos neurocirujanos italianos le recomendaron una cirugía de alto riesgo. Sin embargo, la religiosa decidió no someterse a la operación.
En febrero de 2003, los restos mortales de Carmelo De Palma fueron trasladados al Monasterio de Santa Escolástica, donde residía la monja enferma. La madre abadesa, confiando en su intercesión, pidió a la comunidad que rezara por su intercesión.
El 1 de junio de 2003, cuando aún presentaba dificultades para caminar y había dejado de tomar su medicación, la monja experimentó una mejora repentina durante la noche. A la mañana siguiente, pudo levantarse y caminar con total normalidad, incluso con más agilidad que antes de la enfermedad.
Según el Dicasterio para las Causas de los Santos, los exámenes médicos realizados hasta 2010 confirmaron que, a pesar de la persistencia de la compresión medular, la monja no volvió a sufrir síntomas ni secuelas, recuperando completamente la funcionalidad de sus extremidades.
Carmelo de Palma será proclamado beato
Una entrega total a la voluntad de Dios
Carmelo De Palma vivió una profunda vida de oración centrada en la Eucaristía y en la devoción a la Virgen María. Además, su fe le llevó a una entrega total a la voluntad de Dios: “Mi única aspiración es cumplir siempre la voluntad de Dios; por ello, demos gracias en todo momento con una fe viva, aceptando generosamente lo que Él disponga”, solía decir el nuevo beato.
Ejerció heroicamente la caridad, ayudando generosamente a los necesitados. Su esperanza se basaba en la confianza en el amor paternal de Dios, lo que le permitía consolar y alentar a quienes atravesaban dificultades.
Nació el 27 de enero de 1876 en la ciudad costera de Bari (Italia). Tras quedarse huérfano, ingresó con diez años en el seminario de su ciudad natal. Fue ordenado sacerdote en Nápoles en 1898.
El 17 de junio de 1900 fue nombrado capellán de la Basílica de San Nicolás en Bari, donde sirvió al pueblo de Dios celebrando la Misa, escuchando confesiones y animando diversas iniciativas pastorales. También ejerció como canciller, custodio de la cripta y vicario capitular, entre otros cargos.
Más tarde, la basílica pasó a manos de los Padres Dominicos por disposición de la Santa Sede y el nuevo beato fue nombrado director espiritual de las monjas benedictinas de Santa Escolástica en Bari, así como de los Oblatos y Oblatas de San Benito. Durante esa época también atendió espiritualmente a fieles, sacerdotes y seminaristas.
Con los años su salud se deterioró gravemente debido a colitis crónica, arteriosclerosis del miocardio y pérdida progresiva de la vista. En febrero de 1961 celebró públicamente la Misa por última vez y, debido a su enfermedad, continuó celebrándola en su habitación, donde también seguía recibiendo confesiones. Falleció en Bari el 24 de agosto de 1961 por insuficiencia cardíaca.
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