20 de junio de 2009.-Partiendo de la base de que la historia de la redención es la mayor historia de amor de todos los tiempos, en la que un Dios Padre entrega a su único Hijo a l

(Jesús García / Alba) Cuando la familia Hoyt se iba a la playa, se llevaban a Rick con ellos, y le metían en el mar con ellos. Cuando sus hermanos jugaban al hockey, le daban un stick y uno de los muchachos empujaba su silla. En los ratos más íntimos, aunque no decía nada ni parecía recibir ningún estímulo, su padre se daba cuenta de que su hijo estaba vivo: “Cuando miraba a sus ojos, él me miraba directamente, sin apartar la vista. Parecía entender todo lo que estábamos diciendo”. Cuando Rick ya tenía doce años, un enorme cambio llegó a su vida. Un grupo de ingenieros logró crear un artefacto informático que emitía una voz artificial siguiendo las órdenes que, mediante movimientos, le daba Rick. Cuando trajeron la máquina a casa, Rick sorprendió a todos con su ‘primera palabra’.
Todo el mundo esperaba un “hola papá y mamá”, o algo así, cuando del altavoz del computador salió un frío “Vamos, Bruins”. Lo cierto es que los Boston Bruins, el equipo de hockey del que toda la familia era seguidora, estaban en las finales de la Copa Stanley de esa temporada, y la familia se dio cuenta así de que él había estado siguiendo todos los partidos, como los demás. Hoy, el Team Hoyt, formado por padre y el hijo, ha participado en diferentes carreras, en maratones, y han alcanzado la máxima expresión del esfuerzo y el triunfo al terminar varios triatlones, esa especie de tortura deportiva que consiste en correr a pie cuarenta kilómetros, otros cincuenta en bicicleta y cuatro más nadando.
Casi mil carreras
En estas carreras, Dick ha empujado en el asfalto, transportado sobre las dos ruedas y arrastrado a través de lagos y ríos a su hijo Rick. La histo


Con una bicicleta adaptada para cargar a Rick sobre la rueda delantera, y un bote atado a la cintura de Dick mientras nadaba, los Hoyt corrieron su primer triatlón en 1985, y no quedaron los últimos, sino los penúltimos. Hoyt, a la edad de sesenta y seis años Dick, y cuarenta y seis años Rick, han participado en casi mil carreras diferentes, sesenta maratones y seis triatlones. “Mientras sigamos divirtiéndonos, disfrutando y tengamos salud, seguiremos haciéndolo”, afirma el padre Hoyt.
Los Hoyt reciben miles de cartas y correos electrónicos desde todo el mundo. Son punto de inspiración, de motivación, de muchas personas, no sólo discapacitadas del cuerpo, sino del corazón, el músculo del amor. Ahí va el texto de una de esas cartas, escrita desde miles de kilómetros de distancia por una persona que no conocen de nada: “Les escribo porque soy padre y me da vergüenza no haberlo sido como tú, Dick.He sido más egoísta que generoso toda mi vida, nunca he corrido con mi hijo, como él quiere.He fallado hasta en eso. Pero ayer, cuando vi en TV vuestras imágenes, cambié en un solo instante. Mi corazón se rompió en pedazos cuando vi cuánto debes amar a tu hijo para ponerte en tremenda agonía, sólo para que él experimente la emoción de la carrera. Ayer empecé a dejar de ser yo y empecé a ser el padre de mi hijo“.
Puedes ver el vídeo de Dick y Nick Hoyt donde las imagenes son suficientes:
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