«Éramos siete hermanos, 4 chicos y tres chicas. Uno de mis hermanos es sacerdote jesuita. Yo tenía el deseo de ser monja desde niña. Mientras me preparaba para mi graduación recibí 12 propuestas de matrimonio, todas de empleados del gobierno. Las rechacé todas, pese a la insistencia de mis padres y parientes…Tengo que sentirme muy contenta por el trabajo que hago. Se requiere una espiritualidad fuerte enraizada en la enseñanza de Cristo. Solo eso puede sostener una vida religiosa feliz»

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