* «Experimenté una paz profunda que descendía sobre mí y un amor apasionado encendiéndome. Me sentí amado hasta los huesos y fue asombroso. No era solo un subidón emocional sino una profunda convicción interior. Por primera vez, sentí que podía hacer cualquier cosa con mi vida.Sin planearlo ni darme cuenta, estaba frente a la pregunta no de mi carrera sino de mi vocación. Dios me mostró que el deseo por Dios que había estado siempre ahí se encendía ahora para vivir y amar como Dios hace… No hay perder con Dios, y todo que ganar»

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