Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

domingo, 8 de diciembre de 2024

Dino Remedios era ateo, leía a Nietzsche; por mero aburrimiento, empezó a leer el Evangelio, se enganchó a Jesús y es profesor de Teología: «Dije: 'Señor, te creo, creo esto'. Y en mi corazón, deseé seguirle»


Dino Remedios es hoy profesor de Teología y padre de familia cristiana, pero en su juventud era ateo y no sabía nada de Cristo

* «Con el relato de la Resurrección tuve que detenerme y preguntarme: ¿es esto cierto? ¿Resucitó de entre los muertos, tal como dijo? ¿O no? Si no, es como cualquier otra historia del pasado. Pero si es cierto, tengo que hacer algo, tengo que responder de alguna manera. Y recuerdo bajar el Evangelio y decir a Dios, ‘sí, confío en ti, y te amo’. Fue como si los huesos secos se llenaran tejido de nuevo, y sentí que mi corazón herido, de muchacho, se sanaba»

Camino Católico.- Dino Remedios, filipino criado en EEUU, es hoy profesor de Teología en Maryland, EEUU, en una escuela de secundaria, Our Lady of Good Counsel High School. Durante muchos años no supo casi nada de cristianismo ni de la fe. No fue hasta 1997 que entró en la Iglesia de forma voluntaria y consciente. Él se había considerado ateo, un amargado lector de Nietzsche... hasta que, por mero aburrimiento, empezó a leer un evangelio. Lo ha explicado entrevistado en CHnetwork y lo ha traducido y sintetizado Pablo J. Ginés en Religión en Libertad.

Una familia de emigrantes, lejos de la Iglesia

Dino nació en Filipinas, pero cuando era pequeño, su madre, divorciada, con toda la familia de ella, se trasladó a Estados Unidos en 1980. Toda la familia que emigró se mantenía unida, con encuentros semanales, primos y tíos y abuelos, con sus comidas y costumbres filipinas en EEUU. Pero él siempre arrastró la herida del divorcio de sus padres.

Quizá por la emigración, quizá por algunas rupturas familiares más, Dino y su familia, aunque de cultura católica, no iban a la iglesia. "Mi única experiencia cristiana real de la infancia era la Navidad, quizá íbamos a misa una vez al año, teníamos algunos parientes que iban más", señala. "Yo iba creciendo, pero nunca pensé en Cristo, ni recibí catequesis", añade. Le habían bautizado de niño en Filipinas y ese era casi todo su catolicismo.

La Navidad sí era especial, recuerda. "Era un ancla profunda que me unía a algo hermoso, inocente, lleno de esperanza, algo redentor". Escuchar 'Noche de paz', ver la fiesta en la iglesia, el incienso, las campanas...

Militancia política, inquietud filosófica

En política, era más bien progresista y ya de adulto joven incluso hizo campaña puerta a puerta por Bill Clinton, el candidato demócrata.

Interesado en la política, conoció cristianos que actuaban en el mundo de la justicia social o la política... pero que nunca le hablaron de nada religioso, ni de Jesús ni de la fe. Él tampoco mencionaba el tema ni le interesaba.

Cuando empezó a estudiar Filosofía, se despertaron en él todo tipo de preguntas, sobre todo acerca de la verdad. Hoy cree que él buscaba algo espiritual en los comics, en el hip-hop rebelde, en la filosofía, en la cultura del monopatín...

Él no era realmente rebelde, pero sí le gustaban los retos, la actitud de "atrévete". Le gustaba probar los límites en las cosas "grandes" que le decían que merecían respeto, como el patriotismo, o la religión.

Cree que los cómics le abrieron la imaginación a lo maravilloso, al asombro de un horizonte más grande. Y eso le ayudaría a aceptar la fe.

Hoy considera que tenía un deseo de trascendencia y que sólo podía buscar en sí mismo, en cierto egocentrismo, porque no conocía nada más.

Ateo, toques de nihilismo y narcisismo

En la universidad ya se consideraba ateo y ya consideraba que la religión, como punto de partida, debía ser algo malo, sin haber investigado en realidad nada sobre el tema.

Quizá por ser hijo de divorciados, su actitud base ante la vida adulta era la desconfianza, con toques de nihilismo y narcisismo. "Yo hoy digo que entonces era narcisista, pero si me hubierais conocido os habría parecido simplemente un tipo simpático", dice.


Dino Remedios vivía haciendo muchos viajes, mucha tristeza y una añoranza de algo que no podía concretar

Un par de lecturas de Nietzsche le llevaron rápido a declarar "ni existe la verdad ni existe Dios".

Un primo suyo, en Navidad, le comentó algunas razones filosóficas para creer en Dios. A Dino no le convencieron, pero cree que al menos entró en su cabeza la idea de que existían argumentos racionales. "Yo tampoco era un ateo fervoroso, simplemente era mi situación 'por defecto'".

En su época universitaria fue de una universidad a otra. "Lo que la cultura decía que debía hacer un joven, yo lo hacía, y eso me llevó a drogas, sexo extramatrimonial, esas cosas, una vida hambrienta, malnutrida, y, en definitiva, una vida triste".

Muchos viajes, mucha tristeza y una añoranza de algo que no podía concretar. Todo eso lo distraía con conciertos, fiestas y algunas amistades.

Un año especial en Filipinas

Como su vida universitaria no tenía mucho orden, su madre contactó con su padre, quien lo invitó a ir a Filipinas un tiempo con él. Era la primera vez que tenía un padre de modelo, y no le disgustó. Allí conoció a la novia de su padre, que era católica practicante y le animaba a ir a misa. A él le fastidiaba, sólo quería pasar un año de fiesta en Filipinas, pero sí la acompañó a misa alguna vez.

En cierto momento, se dio cuenta de que todo le aburría. Filipinas era un país hermoso, era joven, descubría paisajes y cosas, y sin embargo se aburría.

Mirando a su alrededor, vio una Biblia en la estantería, y por mero aburrimiento la tomó. En el instituto las historias antiguas le parecían entretenidas, como los comics. ¿Por qué no leer algunas historias bíblicas para entretenerse?, pensó.

Y empezó a leer por el inicio del Evangelio de Mateo.

Leer el Evangelio sin saber nada de él

Comenzó por la genealogía. "Vale, bien, un montón de nombres, bueno, yo también tengo una familia numerosa. Sigamos leyendo". Y fue leyendo algo cada día, y le parecía interesante, y al cabo de una semana se decía: "Oye, la verdad es que este Jesús es realmente interesante".

Y una semana después pensaba: "Jesús habla a gente realmente idiota, ¿cómo es que no le entienden, cómo pueden ser tan ignorantes?".

"Y a la cuarta semana ya me di cuenta de que hablaba de mí. Y dejé el libro porque se me ponía la piel de gallina, y me puse existencial, no estaba listo para eso", reconoce.

Durante una semana no se atrevió a seguir leyendo, pero luego lo retomó, porque quería saber cómo acababa todo. "Y me enamoré, sufría por el Maestro, y cuando llegó a la Cruz, fue realmente duro para mí, porque tenía que ver qué le pasaba".

Dino Remedios

La gran pregunta: ¿esto es cierto?

"Con el relato de la Resurrección tuve que detenerme y preguntarme: ¿es esto cierto? ¿Resucitó de entre los muertos, tal como dijo? ¿O no? Si no, es como cualquier otra historia del pasado. Pero si es cierto, tengo que hacer algo, tengo que responder de alguna manera. Y recuerdo bajar el Evangelio y decir, simplemente: 'Señor, te creo, creo esto'. Y, simplemente, en mi corazón, deseé seguirle. Y ese fue el momento de gracia que yo recuerdo siempre..."

Recuerda que al decir a Dios, "sí, confío en ti, y te amo", fue "como si los huesos secos se llenaran tejido de nuevo, y sentí que mi corazón herido, de muchacho, se sanaba".

Aprender a ser cristiano

Tras esa experiencia, se la comentó a su padre. "Ha pasado esto la semana pasada y ya sé qué quiero hacer con mi vida. Quiero los sacramentos, la confirmación, la comunión, vamos allá".

Él pensó que no necesitaba catequesis, que con el Evangelio y su experiencia ya bastaba. Pensó que dos semanas bastarían para recibir los sacramentos. Le costó 2 años, y pasó por dos catequesis distintas, una en California y otra en Luisiana. Fue a una conferencia Steubenville (de adoración y alabanza de estilo carismático católico, muy popular entre los jóvenes) y perseveró en una parroquia pequeña y sencilla. Conoció varios estilos de fe, y todos le gustaban.

A María por Maximiliano Kolbe

En 1997 por fin hizo la Confirmación, con San Maximiliano Kolbe como su santo de confirmación, que le ayudó a crecer en su devoción mariana.

"Este tipo en concreto, Maximiliano Kolbe, me ha dado un testimonio concreto de cómo puede ser la vida de Cristo aquí en la Tierra, y él estaba completamente dedicado a Nuestra Señora", se dijo al conocer su historia. Con María, aceptó también plenamente la comunión de los santos.

Finalmente, estudió en la Universidad Franciscana de Steubenville (la FUS), donde conocería a la que hoy es su mujer. Allí leyó la Consagración a la Virgen de San Luis María Grignion de Monfort porque Juan Pablo II había declarado que ese libro fue clave en su vida espiritual. Esa consagración a María sigue guiando hoy la vida de Dino y su familia.

En la Franciscana de Steubenville pudo dar rienda suelta a sus ganas de conocer más de la Biblia, la doctrina y la historia de la Iglesia. Y después siguió estudiando Teología y supo que quería ser profesor.

Pese a todo lo que ha aprendido, él señala que desde sus primeras lecturas del Evangelio le asombró la profunda humanidad y sabiduría de todo lo que Jesús enseñaba, que hace que quiera crecer más y más en amor y fidelidad. Dice que quien quiera hablar con él de Teología o con dudas de fe, puede escribirle (en inglés) a dinoremedios@gmail.com .

Vídeo en el que Dino Remedios cuenta su testimonio en inglés

Matthieu, bombero en el fuego de Notre Dame: «Abandoné la fe al no entender cómo Dios permite el sufrimiento. En el incendio, la cruz brillaba en medio de las llamas y salí convertido de la Catedral, reconciliado con Cristo»


Los bomberos de París al entrar en la catedral en llamas, donde se aprecia la cruz «que brillaba con luz propia»

* «Puedo decir ahora que la presencia de Nuestro Señor estaba ahí para consolarnos. Fue una señal del cielo, una visión que cambió mi vida. He vuelto a ir a misa varias veces por semana. He vuelto a rezar, veo muchas películas para ponerme al día con muchas cosas que no he aprendido durante toda esta vida sin el Señor. También me he confirmado y me alegra acompañar a alguien al catecumenado. Pero, sobre todo, estoy mucho más atento al Señor y veo todos los signos que nos envía a través de los demás. Tengo el corazón abierto y trato de darme. Me alegra mucho dar mi tiempo a los demás. Me gusta escuchar a los demás porque veo que la gente necesita hablar, pero sobre todo necesita ser escuchada. No siempre es fácil, lo tengo que admitir, pero es realmente lo que la gente necesita en este momento»

Camino Católico.- «Frente a mí se encontraba el altar y la famosa cruz (...) La cruz brilló intensamente. ¡Pero, ojo! No estaba iluminada. Era la propia cruz la que difundía la luz. ¡Solo la veíamos a ella! Entonces experimenté una gran paz, y sentí que no debía tener miedo». Quien así habla es uno de los bomberos que entró en la catedral de Notre Dame de París en la noche de aquel aciago 15 de abril de 2019. Le ha relatado su experiencia a la revista Famille Chrétienne y a Les 7 routes Notre-Dame, un portal francés dedicado a las peregrinaciones religiosas y lo traduce y sintetiza Álex Navajas en El Debate.

Ha preferido mantenerse en el anonimato, y la página web le identifica con el nombre de Matthieu. Cuando llegó con el resto de los bomberos a la explanada del templo catedralicio en llamas, se quedó muy sorprendido al ver «a un montón de gente de rodillas, orando. ¡Fue muy impresionante! Cantaban, oraban. Los vimos devastados. ¡Estaban increíblemente unidos! Fue muy hermoso», rememora el bombero.

Matthieu iba a misa cuando era un niño. «Incluso era monaguillo», recuerda. «Luego, al ver todas las abominaciones que te puedes encontrar como bombero, además del dolor de las personas, abandoné la fe. No entendía cómo Dios podía permitir tal desolación», relata Matthieu, en una historia vital que recuerda a la de tantas otras personas que se apartan de Dios al experimentar el sufrimiento. «Sí, lo dejé todo. No entendía por qué Nuestro Señor permitía eso. Dudé durante muchos, muchos años. Pero el día del incendio, por asombroso que parezca, fui rescatado, y salí de la catedral convertido», subraya. El rescate de Matthieu, por supuesto, en medio de las llamas de Notre Dame, fue espiritual.

Salvar el tesoro de la catedral

Pero regresemos a la noche del incendio. Cuando la dotación de bomberos en la que estaba Matthieu llegó a Notre Dame, «la aguja del tejado seguía en pie». «Sin embargo, cuando se derrumbó, se decidió recuperar los objetos del tesoro de la catedral, los cuales son de un valor incalculable», prosigue el bombero. «Reliquias, la corona de espinas, clavos de la crucifixión de Nuestro Señor, pero también custodias y otros objetos litúrgicos», enumera. Con todo su equipo, «seguimos al conservador hasta la sala del tesoro. El objetivo era salvar el mayor número posible de obras, con el mayor cuidado que pudiéramos», desvela.

Unos bomberos, durante la operación contra el fuego en Notre Dame

Cuando entró en el templo envuelto en llamas, «había un inmenso agujero en el techo». Fue entonces cuando pudieron ver la cruz resplandeciente. «Me quedé al menos 10 o 15 segundos atónito ante esta visión... Me sentía totalmente unido de corazón a corazón con esta cruz. Luego volví a trabajar. En ningún momento me sentí en peligro, y esto fue un detonante para mi reconciliación con Nuestro Señor», señala Matthieu. Ver a todos los fieles orando frente al templo envuelto en llamas «ya le había preparado» para lo que vendría después. «Puedo decir ahora que la presencia de Nuestro Señor estaba ahí para consolarnos. Fue una señal del cielo», señala rotundo.

¿Se trató realmente de un hecho milagroso, de una experiencia subjetiva, o de un simple reflejo de las llamas sobre la cruz dorada? Para Matthieu, curtido en numerosas operaciones contra el fuego, fue «una visión que cambió mi vida». Ciertamente, el bombero no iba predispuesto aquella noche para tener ningún tipo de «vivencia espiritual», y su destreza adquirida en labores de extinción de incendios nos hacen suponer que no es un hombre fácilmente impresionable. Esta dilatada experiencia, además, le servirá sin duda para distinguir cuándo las llamas se reflejan o cuándo no. Máxime cuando otros objetos dorados de la catedral permanecían en la penumbra mientras la cruz refulgía.

Otra perspectiva de los bomberos en el momento de acceder al templo parisino

Desde que el bombero «salió de la catedral convertido», ha vuelto a ir a misa. «¡Por supuesto que voy!», enfatiza. «Si es posible, varias veces por semana. He vuelto a rezar, veo muchas películas para ponerme al día con muchas cosas que no he aprendido durante toda esta vida sin el Señor», agrega. «También me he confirmado y me alegra acompañar a alguien al catecumenado. Pero, sobre todo, estoy mucho más atento al Señor y veo todos los signos que nos envía a través de los demás. Tengo el corazón abierto y trato de darme. Me alegra mucho dar mi tiempo a los demás. Me gusta escuchar a los demás porque veo que la gente necesita hablar, pero sobre todo necesita ser escuchada. No siempre es fácil, lo tengo que admitir, pero es realmente lo que la gente necesita en este momento», observa Matthieu.

«Cada mañana empiezo mi día con el Señor», confiesa el bombero. «No siempre es fácil, pero intento aprovechar bien este tiempo. Si lo hacéis, veréis cómo nos tranquiliza y el Señor nos irá moldeando. Así que no lo dudéis», invita Matthieu. Su conversión no se ha limitado solo a él: «Mi madre está volviendo a misa, y mis seres queridos están en proceso», señala.

La cruz quedó intacta tras el incendio de más de nueve horas. Se trata de una obra realizada en madera recubierta de oro por el escultor Marc Couturier, uno de los más importantes de Francia en el siglo XIX. Se puede encontrar una explicación racional a por qué la cruz no sufrió daños especialmente graves con las llamas, y es que la temperatura que alcanzó el interior del templo catedralicio no supero los mil grados necesarios para que el oro se funda. Donde sí se produjo un cambio radical fue en el alma del bombero Matthieu. Parece que Dios puede hacer brotar, de las cenizas, nuevas conversiones.

Sergio y Encarna, supervivientes de la Dana: «Con Dios todo es posible. Ante el dolor más horroroso, la oración es el único consuelo. De hecho, estamos seguros de que la oración salva vidas»


Sergio y Encarna estuvieron en grave peligro durante la riada de la DANA

* «La DANA nos ha enseñado a valorar lo importante. ¿De qué sirve la vida si no es para entregarla por los demás y por Cristo? Ahora que lo hemos perdido todo, vemos que sólo tenemos una oportunidad para dar gloria a Dios y llegar al Cielo, que es lo único importante»

Camino Católico.- Sergio y Encarna sobrevivieron milagrosamente a la DANA del 29 de octubre de 2024. Eso sí, de un plumazo perdieron todo lo que tenían, incluida su agencia de peregrinaciones Preferisco il Paradiso. Tienen claro que nada pasa por casualidad, y que Dios y la Virgen están con ellos en este durísimo camino. Un camino también regado de gracias que relatan a Marta Peñalver en la Revista Misión.

A Sergio la Dana lo pilló metido en su furgoneta junto a su cuñado Bosco. Iban a buscar a Idoia, la mujer de Bosco, que estaba embarazada y sola, y el agua había comenzado a entrar en su casa en Alginet (Valencia). Pero nunca llegaron. Una gran ola les arrastró y en cuestión de segundos el coche estaba hundido y ellos nadando contra un mar de agua marrón en la que flotaban coches arrastrados por la riada. 

Sergio logró llamar a su mujer y despedirse de ella. En su mente sólo le tranquilizaba pensar que hacía unos días había hecho una confesión general, “así que pensaba que algo de purgatorio me iba a ahorrar”… Nadó como pudo hasta salir de esa pesadilla y, según cuenta, “salvé milagrosamente la vida escalando unas rocas en plena oscuridad”.  Y no sólo eso, logró sacar a varias personas del agua, entre ellas a su cuñado Bosco, a quien por un momento había dado por muerto. Cuando lograron ponerse a salvo, pasaron la noche en un parque de bomberos donde no dejaron de escuchar sirenas y avisos. 

A la mañana siguiente, Sergio salió a pie por las vías del tren a buscar a su familia. Lo que encontró por el camino era un escenario de película de terror: todo estaba arrasado. Al llegar a su casa golpeó la puerta varias veces… Nadie contestaba. Pasó los momentos más angustiosos de su vida, hasta que la vecina lo escuchó y le explicó que su familia estaba en la gasolinera cercana. Había sido desalojada por la UME.


Así quedó la casa de Sergio y Encarna

Encarna escapó por el tejado

Para Encarna, su mujer, esa tarde de martes transcurría como otra cualquiera. Estaba en casa con sus cinco hijos, de entre 6 años y 11 meses, y con Marina, una señora que les ayuda en casa. Sobre las 7 de la tarde, su marido la llamó para despedirse porque, subido al capó de su furgoneta, estaba seguro de que iba a morir. Ella se quedó en shock, pero no pudo detenerse apenas a pensar porque el agua empezó a entrar en su casa. Cogió a los niños y, al ver que el agua seguía subiendo, decidieron salir al tejado por una pequeña ventana y cruzar a casa de los vecinos.  “Antes de cruzar llamé a un sacerdote amigo, que me dio la bendición y me mandó ángeles para que nos protegieran, y de verdad sentí que ese tejado no lo estaba cruzando sola con mis hijos”. Ahí pasó la noche, sin saber nada de su marido, hasta que el equipo de la UME los trasladó a una gasolinera cercana.

Sergio y Encarna se reencontraron en la gasolinera y rompieron a llorar al comprobar que toda su familia estaba bien. Desde entonces, Dios y la Virgen los sostienen cada día con verdaderas gracias y auténticos milagros que este joven matrimonio de Paiporta relata.

Debajo del cuadro se ve la marca de la altura a que llegó el agua en casa de Sergio y Encarna
- ¿Siempre habéis sido creyentes? 

Encarna: Yo sí. Me he criado en una familia en la que Dios era el centro.

Sergio: Yo no. Me convertí con 18 años. Pidieron monitores para los grupos de la parroquia y yo me ofrecí. El párroco me dijo que tenía que comenzar a ir a misa los domingos, y eso hice. Poco a poco me fui enamorando… Pasaba la semana deseando que llegara el domingo para volver, porque en ese momento estaba tan perdido que no sabía que se podía ir a misa a diario. 

- ¿Cómo era su vida antes de esa conversión? 

Sergio: Con el tiempo he visto que siempre he sido un mimado de la Virgen. Desde pequeño la he sentido cercana, en concreto a la Virgen de los Desamparados. Además, aunque no era creyente, siempre he sido provida y admirador de la labor de la Iglesia. Entonces conocí a mi mujer y me quedé prendado de ella. Desde el principio me dijo que quería ser virgen hasta el matrimonio. Yo pensaba que estaba loca, pero estaba y estoy enamoradísimo de ella, así que tuvimos un noviazgo cristiano. 

- ¿Cómo llegó su conversión?

Sergio: Mi suegro me invitó a conocer a los Heraldos del Evangelio, donde vivimos hoy la fe, y a partir de ahí cambió radicalmente mi vida. Hicimos la consagración de nuestro noviazgo el 7 de octubre de 2014, y el 7 de octubre de 2017 nos casamos. Desde entonces nuestra familia ha sido lo que Dios ha querido. Él nos manda las cruces y las hemos ido aceptando lo mejor posible, como la que estamos viviendo ahora, tras la Dana.

- Y como la cruz que los llevó a dar un vuelco profesional a vuestra vida…

Sergio: Así es. En el embarazo de nuestro tercer hijo me echaron del trabajo y en nuestro corazón empezó a resonar la idea de convertirnos en una familia misionera. No sabíamos cómo, pero sí sabíamos que la Santísima Virgen nos pedía trabajar para dar gloria a Dios y no para el mundo, y vimos que la forma era crear una agencia de peregrinaciones, Preferisco il Paradiso, una iniciativa en la que la Virgen puso hasta el último céntimo. Desde entonces acabamos todos los meses con entre menos 10 céntimos o más 10 céntimos, y eso es una bendición porque nos obliga a confiar en la Divina Providencia. 

- Y ahora más que nunca… 

Sergio: Pues sí. Cuando llegué a mi casa después de la inundación pensé que todo había acabado, pero dentro de la dureza de la situación estamos viendo llegar gracia tras gracia. Al día siguiente de la riada nos ofrecieron casa, coche, ropa y comida en Valencia. Y hasta un local para seguir con la agencia… Hemos podido recuperar milagrosamente las claves que perdimos; y estamos conociendo a gente que admiramos personal y profesionalmente a la que nunca nos habríamos atrevido a contactar porque somos una agencia muy pequeña. Todo esto viene de Dios.

- ¿Qué sentido tiene esta catástrofe?

Encarna: Todo es para volver la vista a Dios, da igual que sea en nuestra casa perfecta o entre el barro, y para dar nuestra vida para poder ir al Cielo.

- ¿Está Dios en medio de esta tragedia?

Sergio: Claro que está. Yo lo veo en muchísimos detalles. Lo primero en cómo nos hemos salvado milagrosamente. Pero también en cuantas personas que están volviendo a rezar.

Encarna: También lo vemos en los sacerdotes, religiosas y jóvenes de todas las parroquias que regresan a casa molidos y al día siguiente vuelven a seguir animando a la gente. Y en los abrazos entre vecinos que antes ni se saludaban. Y por supuesto en la paz con que estamos viviendo esto, eso nos puede venir más que de Dios.

- ¿Notáis la oración de tanta gente que está rezando por vosotros?

Encarna: Se nota muchísimo. Yo me siento sostenida por la oración. Tenemos claro que gracias a ella estamos tan confiados y con tanto desapego de nuestras cosas materiales. 

- ¿Cómo lo han vivido vuestros hijos?

Encarna: De una manera increíble. Normalmente, no te vamos a engañar, son niños bastante pidones. Sin embargo, están aceptando todo: el haber perdido sus cosas, el llevar ropa prestada… Ven la situación y obedecen a la primera sin rechistar… Hoy mi hija de cinco años me ha dicho:  “Mamá, descansa  que ya baño yo a los pequeños”.

- ¿Qué os ha enseñado la DANA?

Encarna: A valorar lo importante. ¿De qué sirve la vida si no es para entregarla por los demás y por Cristo? Ahora que lo hemos perdido todo, vemos que sólo tenemos una oportunidad para dar gloria a Dios y llegar al Cielo, que es lo único importante.

- ¿Hay consuelo en el sufrimiento?

Sergio: Con Dios todo es posible. Ante el dolor más horroroso, la oración es el único consuelo. De hecho, estamos seguros de que la oración salva vidas. 

Nuria del Canal: «Me eduqué en un colegio del Opus Dei, me alejé de la fe, tenía atracción hacia el mundo demoníaco, hice muchas prácticas esotéricas, pero un día escuché la voz de Dios, me arrepentí y confesé»

Nuria del Canal escuchó la voz del Señor y su vida quedó transformada

* «Volví a escuchar la voz, por tercera vez, y, me dijo: 'lo que más me ofende es que es que te arrodillas delante de otros santos y no lo haces delante de mí, te quiero en mi templo'. Entonces sentí la gracia del arrepentimiento, cosa que yo no había tenido nunca, y una necesidad grandísima de confesarme. Asistí a misa inmediatamente, aquella misa fue como si fuera el día de mi boda, no he visto misa más bonita. Después de unos 30 años comulgué y ahí empezó mi vida de fe. Como estaba tan perdida, me confié a la Virgen, le pedí al sacerdote que me explicara cómo rezar el Rosario y me consagré»

 Vídeo de El Rosario de las 11 PM en el que Nuria del Canal cuenta su testimonio

Camino Católico.- Nuria del Canal tiene 51 años, es de Barcelona y ha contado su testimonio en El Rosario de las 11 PM. Educada en un colegio del Opus Dei, pasó por la brujería y la santería hasta regresar de nuevo a la Iglesia Católica. Tres voces cambiaron todos sus esquemas. Esta es una síntesis de su testimonio en primera persona de lo que cuenta en el vídeo:

Ouija, tarot, reiki, péndulo…

Ahora estoy donde estoy, pero todo fue un largo caminar, de muchas caídas y muchos golpes. Fui educada en una familia católica, pero de nombre, no éramos practicantes para nada. Soy la hija pequeña de tres hermanas y desde los inicios ya éramos una familia bastante desestructurada, bastante caótica, con muchos problemas, ha sido una infancia muy difícil.

Yo me eduqué en un colegio del Opus Dei, y puedo decir que he recibido una buena formación en cuanto a la fe, a la doctrina y al  conocimiento de Dios. Pero, cuando era adolescente me distancié de la fe católica y me enfadé. Cuando salí del colegio fue una explosión de libertad, de repente el mundo se abría ante mí y era un mundo a explorar. Esto me llevó a todo tipo de errores, de prácticas, en definitiva, de bastantes equivocaciones.

Cuando era muy jovencita, tenía unos 15 años más o menos, estaba de moda practicar la ouija y estuve un verano entero practicándola con una amiga. El mundo prenatural, el mundo demoníaco siempre me había llamado la atención (...). Siempre había tenido una atracción especial y muy intensa hacia el mundo demoníaco, a la parte digamos oscura del ser humano, a la parte oscura de las fuerzas del universo. Me interesaba mucho todo lo que era oscuro, todo lo que era satánico.

Esto me llevo a practicar ouija, tarot, reiki, péndulo... no os lo recomiendo en absoluto. De jovencita todo me valía, todo lo que no entendía lo daba por válido, me pasaban realmente cosas fuera de lo normal, nada positivas y difíciles de explicar. Para algunas personas, incluso, un poquito terroríficas (...). Practiqué mucha ouija y muchas prácticas esotéricas de diferente calibre, empecé también a jugar con la magia de manera autodidacta de mayor.

Yo era de profesión diseñadora de moda y tenía una vida como la mayoría de las personas, me divertía, salía, entraba, hacía una vida en la que parecía que todo estaba bien. No hacía daño a nadie. Soy madre de un niño, que ahora tiene 14 años, madre soltera, en mi vida era todo como 'no pasa nada, todo está bien'. No creía en la Iglesia, obviamente los mandamientos era como 'qué me estás contando', todo era un poquito a mi gusto, si estudiaba alguna cosa sobre alguna religión pues lo adaptaba.

Era una búsqueda constante de Dios, pero siempre haciendo como un giro, sin entrar en la Iglesia, porque la Iglesia para mí era algo que no lo quería en mi vida, que siempre esquivaba.  Y fue por una cosa muy absurda, descubrí que existió la inquisición y me pareció tan extraño y tan malvado, que la decepción fue tan grande. No me pasó nada personal pero sufrí una decepción.

Se fue acercando el año 2020, ya llevaba unos años buscando a mi manera a Dios y cuatro años practicando la Umbanda, era una religión que se adaptaba bastante a mis necesidades. Me gustaba porque no había normas, no tenías que dar muchas explicaciones ni tampoco ser muy meritorio en nada, era una religión muy cómoda y además estaba enfocada para hacer el bien".  

Hubo un día en el que estaba trabajando, haciendo una colección de moda y tenía que investigar la temática que había elegido. En aquel momento, a mí me había inspirado el universo y tuve que mirar estrellas, astros, planetas... Tuve que analizar documentación científica sobre medidas del universo, aquello fue un choque para mí. Salí del trabajo y empecé a sentir una tristeza muy profunda, unas ganas de negar la existencia de Dios. Mi mente no podía entender que existiera Dios, si yo acababa de ver esas medidas.


Nuria del Canal

Dios le habla de su amor por ella

Siempre he creído en la primera persona de la Santísima Trinidad, pero nunca había tenido ese momento de rebeldía de negar a Dios. Estaba conduciendo y empecé a tener un diálogo con ese Dios que no existía (...). Con toda la de millones de personas que hay, los problemas y guerras, cómo va Dios a fijarse en mi persona y a saber que estoy aquí. A partir de ahora creo que voy entiendo que Dios es imposible que exista. Fue la primera vez en mi vida que decía algo así, lo cual me daba impacto, era serio escucharme a mí misma decir aquello. 

Cuando yo lo estaba negando, sentí una voz dentro de mí muy profunda, que decía: ¿tú amas a tu hijo?'. Y yo, 'hombre claro, yo amo a mi hijo más que al universo entero'. Y, de repente, me quedé tan impactada que me puse a llorar de la impresión, esta voz me respondió, que si yo era capaz de amar a mi hijo de esa manera, cómo podía pensar que Él, que era Dios, no me amaba a mí por encima de todo ese amor. Estaba conduciendo y me tuve que salir al arcén.  

Yo seguí con mi vida, hacía hechicería, adoraba a los espíritus, bailes, les entregábamos comida. Era como una alabanza constante a estas entidades. Se me llegó a decir que mi ángel custodio, dentro de esta religión, era Dios Padre. Era bastante bonito para mí, porque mi relación siempre había sido muy directa con Dios Padre (...). Hasta que mi vida profesional cambió y me quedé sin trabajo.

Llegó el día de la Virgen de Guadalupe del año 2020, llevaba unos meses en el paro, tenía unos problemas familiares muy serios. Me disponía a llevar a mi hijo al colegio, fui a la habitación y recuerdo bendecir a Dios por este hijo que me había dado. Pero, literal, decir: 'Bendito sea Dios por este hijo que me has dado'. Salí de la habitación y, en la entrada de la cocina, de una manera muy clara, volví a escuchar esta voz que me preguntaba si le daría a mi hijo.

Me quedé sorprendida y le contesté de corazón, mi respuesta automática fue: 'hombre, tú nos diste a tu hijo en la cruz y no va a ser más mi hijo que el tuyo, no me gustaría, pero hágase tu voluntad y no la mía'. Quedé como traspuesta, pensé en si me estaba pidiendo a mi hijo, en el sentido de que se fuera a morir. Me olvidé del tema, fui al colegio y, cuando llegué a mi casa, mi móvil se empezó a mover solo, como si cogen y empiezan a manejarlo, me quedé estupefacta dejando que funcionara.

Y se puso en mi móvil la película El cielo es real', una película de un niño americano que falleció cuando era pequeño, y tuvo una experiencia cercana a la muerte, en donde vio a Jesús. Dije, vale, pues voy a verla, no tengo nada que hacer. De repente, todo quedó como a cámara lenta y sucedieron muchas cosas. Tuve como una visión completa de toda mi vida, sentía que delante de mí estaba Dios, que estaba siendo juzgada. Lo que para mí era una vida estupenda, bajo esta mirada mi vida era un auténtico desastre. Sabía que esta presencia lo sabía todo, yo no podía ocultar nada. Volví a escuchar la voz, por tercera vez, y, me dijo: 'lo que más me ofende es que es que te arrodillas delante de otros santos y no lo haces delante de mí, te quiero en mi templo'.

Entonces sentí la gracia del arrepentimiento, cosa que yo no había tenido nunca, y una necesidad grandísima de confesarme. Asistí a misa inmediatamente, aquella misa fue como si fuera el día de mi boda, no he visto misa más bonita. Después de unos 30 años comulgué y ahí empezó mi vida de fe. Como estaba tan perdida, me confié a la Virgen, le pedí al sacerdote que me explicara cómo rezar el Rosario y me consagré.

Nuria del Canal