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martes, 7 de enero de 2025

Lizzetta Escalante: «Me alejé de Dios, pero ante una operación en la que podía morir oré: ‘Señor, todavía no te conozco lo suficiente como para vivir una eternidad contigo, no me lleves aún, déjame conocerte’»


Lizzetta Escalante evangelizando en Youtube 

* «El médico nos dijo tras la operación: ‘¿Ven esa herida aquí, que está como quemada? Eso lo debía hacer yo. Cuando el ovario salió, ya estaba cerrado, por eso no te moriste. Yo no creo en Dios, pero debo admitir que este no fui yo» 

Camino Católico.-   Solo tenemos una cosa asegurada en la vida: la muerte. Es un tema del que muchas personas temen hablar, incluso entre católicos. Pero es importante conversar sobre ello para tener una buena preparación hasta el fin de nuestras vidas. "Le dijo Jesús: 'Yo soy la resurrección (y la vida). El que cree en mí, aunque muera, vivirá'" (Jn 11, 25).

Lizzetta Escalante, laica consagrada de votos privados, evangelizadora y dirigente del apostolado Ruah, cuenta la historia de su conversión a Yohana Rodríguez en Aleteia; un momento en el que estuvo cerca la muerte.

Lizzetta Escalante / Foto: Cortesía de Lizzeta Escalante

Conociendo a Cristo

A pesar de que le presentaron a Jesús desde la infancia, ella no sentía la cercanía de un Dios amoroso, por lo que su acercamiento a las enseñanzas de la Iglesia no fue más allá de la preparación a los sacramentos. Así que ella, al no encontrar ejemplo en las personas o pensar que la Iglesia era un negocio (porque le cobraron una Misa de difunto), decidió alejarse y atacar la religión.

Lizzetta Escalante / Foto: Cortesía de Lizzeta Escalante

Un día, su madre le insistió asistir a una adoración:

“Me obligó a ponerme de rodillas delante del Santísimo, con una frase que me mató; '¿cómo es posible que yo tenga una hija de carne, con un corazón de piedra?'” 

Ese comentario le afectó porque, aunque ella era muy altruista, se dio cuenta de que nada de lo que hacía era por Dios. Estaba en una etapa de “encontronazos con Dios; no entendía cuál era el sentido de creer en Él”.

Al poco tiempo se fue a Estados Unidos, en lo que discernía cuál iba a ser su profesión. Al estar allá, se dio cuenta de que sentía una soledad y vacío tremendo que la llevó a una crisis existencial. 

Cuando regresó a su hogar, se dio cuenta de que sus amigas habían cambiado porque meses antes habían vivido un retiro espiritual. Se sentía tan fuera de lugar que, cuando le ofrecieron irse de misiones, aceptó.

Fue a esas misiones solo por seguirles la corriente, pero esta experiencia marcó el inicio de su nueva vida. Se encontró con un Dios tan grande que le enseñó la pobreza espiritual en la que estaba viviendo. Fue un encuentro muy profundo. Quien la conocía antes no podía creer lo que presenciaba. Comenzó a asistir a Misa, a dirección espiritual y formación. “Fue una radicalidad que no vino de mí, definitivamente, pero yo no entendía nada, fue una gracia”, comenta.

Lizzetta Escalante orando en Youtube 

Un paso cerca de la muerte

Una noche del 2012, mientras estudiaba para sus exámenes de la universidad, sintió un fuerte dolor en la pared abdominal.

“Me doblaba del dolor y me dieron muchas ganas de ir al baño. Y escuché en mi conciencia, un mandato muy fuerte, que yo creo que fue mi ángel de la guarda; ahora que vayas al baño, despierta tu mamá y que te acompañe. 

La desperté y cuando entramos al baño, me desmayé. Ella me agarró, y si mi mamá no hubiera estado, nadie en mi casa se entera y me hubiera desangrado”.

Lizzetta tuvo una rotura de quiste ovárico que causó un fuerte sangrado. Al llegar al hospital, el doctor la revisó y le dijo que tenía una peritonitis y que debían operar de urgencia. Y aunque todo se veía alarmante, ella sintió una paz y fortaleza, proveniente del Espíritu Santo.

El doctor le aseguró que este era un procedimiento que había realizado en muchas ocasiones y Liz preguntó: “¿cuántas han salido vivas”. Él respondió “varias”. Fue ahí cuando a Liz le cayó el peso de la situación; podía fallecer. Mientras hacía efecto la anestesia, hizo esta oración:

“Señor, yo todavía no te conozco lo suficiente como para vivir una eternidad contigo, no me lleves aún, déjame conocerte. Te prometo que si me das otra oportunidad, te voy a conocer”.

Ella era consciente de que vería a Dios, y le daba alegría; pero al mismo tiempo, le daba vergüenza porque ella sabía que desperdició su vida al no conocerlo. 

Lizzetta Escalante / Foto Cortesía de Lizzeta Escalante

Dios le permitió salir con éxito de la cirugía, pero lo que más le sorprendió fue cuando el doctor les enseñó un bote que contenía el ovario, y les dijo:

“¿Ven esa herida aquí, que está como quemada? Eso lo debía hacer yo. Cuando el ovario salió, ya estaba cerrado, por eso no te moriste (...) Yo no creo en Dios, pero debo admitir que este no fui yo”.

Fue una gran impresión para Lizzetta. Una curación que no tenía explicación. Los meses siguientes estuvo en recuperación y, en cuanto sintió mejoría, se dedicó al apostolado. Trabajó con niños diagnosticados con cáncer que le enseñaron una gran sensibilidad y un nuevo pensamiento:

“Yo no sé cuándo me voy a morir y no vivo con miedo a la muerte. Señor, te quiero conocer a tal grado, que cuando estemos juntos, no haya necesidad ni siquiera de que me cuentes de ti”.

Su vida se convirtió en una constante oración. Si antes se esforzaba en su vida de fe, ahora era mucho más dedicada. Sentía un llamado de Dios, de conocerlo más, de fortalecer la relación. Experimentó cómo Dios hablaba a su corazón. 

Ver la muerte de forma cristiana

Ella vive con una visión de la muerte cristiana, en donde hay paz, confianza y abandono en Dios. Convence a su mamá y amigas de que hay que dejarlo todo en manos de Dios, pues Él decidirá en qué momento está planeado el encuentro; y, al mismo tiempo, les recuerda que es bueno que desde este momento se preparen, conscientemente, de lo que mostrará al Señor cuando llegue el juicio.

Lizzetta Escalante con un grupo ejerciendo su ministerio / Foto Cortesía de Lizzeta Escalante

“La muerte le da sentido a la vida cristiana. Un cristiano que no espera la muerte como algo anhelado, ¿a qué se está preparando? Esta vida es para disfrutar y prepararse, para morir”.

Liz mencionó que es importante hablar con Jesús, tener una comunicación directa a través de la oración. No podemos esperar escuchar a Dios si no somos capaces de tener un encuentro con Él en nuestra vida diaria. 

Pero también es necesario recibir formación sobre nuestra fe; esta debe ser una de nuestras prioridades, porque quien no se interesa en su religión, “se está perdiendo de su mapa de cómo ser fiel”. Y la fidelidad es la puerta a la plenitud; aunque no siempre es fácil seguir el camino de Cristo, es lo único que nos llenará. El cielo ya está aquí si te lo propones.

"Esa experiencia de estar delante de Él, y no llegar con las manos vacías, es lo que más me tiene ilusionada, y por eso, me he consagrado".

Celia Canseco: «Un camión me atropelló y le dije a Dios que me abandonaba en Él»

Celia Canseco Saldaña contando su testimonio  

* «Aunque vengo de una familia cristiana, siempre había visto la religión como algo impuesto, ajeno a mí, sin darle el sentido profundo que tiene. Desde el accidente eso ha cambiadoLa relación con Dios es algo muy personal. Cada uno tiene su momento para encontrarse con Él y yo me lo encontré debajo de un camión. Cuando estaba en el suelo, entre las ruedas, me sentí sostenida por Dios y me puse a rezar. Más adelante, en la ambulancia, noté que me moría. Y fue ahí cuando le dije a Dios que me abandonaba en Él y que fuese lo que Él quisiera, que yo quería vivir, pero que si él quería que me muriese, no pasaba nada porque me sentía con una gran paz sostenida en sus brazos, y no me daba miedo morirme» 

Vídeo de 13 TV en el que Celia Canseco Saldaña cuenta su testimonio

* «A partir de aquel día, mi vida ha dado un giro enorme. Procuro vivir haciendo tres cosas que comienzan por la letra “A”: Adorar (a Dios), alabar (a todas las personas que me cuidan, me vienen a ver y tengo cerca) y agradecer (todos los servicios grandes o pequeños que me prestan). No me alegro de que me haya pasado esto, pero le doy gracias a Dios de lo que he aprendido gracias al accidente»

Camino Católico.-  El 15 de diciembre de 2019, la vida de Celia Canseco Saldaña, una joven malagueña de 26 años, dio un giro inesperado. Mientras caminaba por el campus de la universidad hacia la biblioteca, un camión la atropelló, marcando un antes y un después en su existencia. "Iba dando un día normal a un examen y de repente noté el golpe por la espalda" recuerda Celia en 'Ecclesia Es Domingo' en 13 TV , "y cuando intenté girarme vi el camión que se abalanzaba sobre mí". Este suceso no solo la dejó con graves heridas físicas sino que también la llevó a una profunda reflexión sobre su vida y su fe.

Tras el impacto, Celia se encontró tirada en la carretera con las ruedas del camión sobre su pecho. A pesar de la gravedad de la situación y del intenso dolor, experimentó una sensación de paz inexplicable. "En el momento que llegó a la ambulancia, todo ese dolor que estaba camuflado... me sobrevino, y yo notaba en la ambulancia cómo estaban gritando, poniéndome vías... y yo, sin embargo, tenía una paz y una sensación superbonita que creo que nunca seré capaz de explicarla" afirma.

Fue en ese momento cuando sintió que se estaba muriendo y se entregó a la voluntad de Dios. "Le dije a Dios que me abandonaba en Él y que fuese lo que Él quisiera, que yo quería vivir, evidentemente, pero que de alguna manera sabía que su decisión iba a ser la correcta," explica.

Aunque la fe siempre había estado presente en su vida, Celia reconoce que no la había cultivado activamente. Sin embargo, justo antes del accidente, se había confesado, hecho una novena y comulgado, actos que ahora ve como una preparación divina para el momento que iba a vivir. 

Celia Canseco Saldaña da gracias a Dios por lo que aprendió al pasar el accidente y ahora valora todo con una nueva mirada

Durante su estancia en la UCI, la visita diaria del capellán para darle la comunión fue una fuente de fortaleza inmensa. "Una cosa que yo jamás me hubiese imaginado es que a mí lo que más fuerza me daba era que todos los días el capellán de mi colegio mayor, venía a darme la comunión," comenta.

Celia ve sus cicatrices no como marcas de dolor, sino como "marcas de guerra". "Las cicatrices lo que te ayudan es a salir más fuerte," declara. "Si las sabes incorporar bien, aceptar y darle un sentido a ese dolor, sales reforzado". Su experiencia le ha enseñado a valorar lo realmente importante, como disfrutar de los momentos sencillos, pasar tiempo con la familia y amigos, y no comprometer su vida por el éxito material.

El accidente cambió la perspectiva de Celia. "Yo creo que lo mejor es que era una Celia que no tenía miedo, que la verdad todos los días daba gracias por el regalo de estar viva y sobre todo que disfrutaba de cada momento", asegura. 

Ahora, anima a otros a entender que "cada día es un verdadero regalo" y a vivir la vida al máximo, sin miedo, confiando en que los planes de Dios son mejores que los suyos. Celia concluye que "cuando te abandonas en Dios y confías en que sus planes son mejores que los tuyos, al final te acaban pasando cosas superbonitas".

En agosto de 2018, tras recuperarse de varias operaciones, 12 roturas y 22 días en la UCI, Celia Canseco Saldaña, que tenía 20 años, contó en primera persona esta experiencia de fe transformadora en la página web del Opus Dei:


Celia Canseco Saldaña en 2018 después de recuperarse del accidente

«Debajo del camión me encontré con Dios»

El pasado 15 de diciembre, a primera hora de la mañana, iba camino de la biblioteca, cuando pasé por detrás de un camión, que comenzó a dar marcha atrás, me derribó completamente, pasando por encima de mí. A los pocos segundos había mucha gente a mi alrededor mirándome, paralizados, sin saber qué hacer. Yo sólo quería levantarme e irme corriendo a estudiar, pero no podía moverme. Tenía la pierna totalmente girada y doblada. Al ver sus caras, supe que estaba muy mal y empecé a gritar que me sacaran de allí.

Cuando llegó la ambulancia le pregunté a una enfermera si iba a poder volver a andar y ella me contestó: “Claro que no, te acabas de partir la espalda”.

Empecé a desvanecerme, a apagarme, había perdido muchísima sangre. Pero, a pesar de la agitación que había en aquel vehículo, sentí muchísima paz. Cuando eres joven, piensas que vivirás 100 años, que la muerte es algo muy lejano. Al menos yo lo pensaba. Hasta que, en ese momento, fui consciente de que la vida se me iba, de que me estaba muriendo.

Mis padres, en la otra punta del país

Desde el hospital llamaron a mis padres para avisarles de que había tenido un accidente. Primero les dijeron que me había roto la pierna y, al cabo de las horas, conforme iban teniendo más datos, volvían a llamar añadiendo más cosas. El viaje en tren de Marbella a Pamplona se les hizo eterno. Se iban poniendo más nerviosos por momentos, ya que las noticias les llegaban con cuentagotas. Dicen que fue como si les hubieran puesto una venda en los ojos que les impedía ver la gravedad en la que me encontraba. Y, al entrar en el hospital, se les cayó al suelo

Al llegar, mi madre le hizo una pregunta al médico y éste le contestó que eso no era relevante en ese momento, porque lo que estaban haciendo era intentar salvar la vida de su hija. Les dieron dos bolsas de plástico: una con mis pulseras y otra con mis pendientes. Mi padre pensó que les darían una tercera bolsa conmigo. Y de hecho fue un milagro que no fuera así.

La vida desde una cama de hospital

22 días en la UCI, cuatro operaciones y más de 12 roturas. El dolor te enseña a poner cada cosa en su sitio. Hay algunas insignificantes que, de repente, empiezas a valorar muchísimo. Por ejemplo, me acuerdo que, desde el momento en que entré en la ambulancia, estuve pidiendo un vaso de agua y no me lo daban. Al despertarme en la UCI lo mismo, y nada. Hasta que un día me lo dieron y lo vi como “EL VASO DE AGUA”. Es una cosa muy simple pero que valoré tanto… Y así me fue pasando con todo, desde lo más pequeño a lo importante de verdad, como la amistad o mi familia.

He descubierto el valor de “perder el tiempo” pensando. Lo que eres, lo que tienes; una reflexión de la vida que nunca me había hecho y que me ha llevado a conocerme mejor y a ponerme metas. Metas que estoy disfrutando muchísimo. He aprendido a mirar hacia adelante y ver que hay mucha gente que está como yo, o en situaciones peores, que puedo ayudarles y pueden ayudarme, y eso es muy gratificante. Creemos que la vida se reduce a planes, a tiempo. Pero no; la vida es sobre todo amar, es servir, es disfrutar.


Celia Canseco Saldaña inició una profunda relación con Dios tras el accidente

Tres cosas que comienzan por la letra “A”

Aunque vengo de una familia cristiana, siempre había visto la religión como algo impuesto, ajeno a mí, sin darle el sentido profundo que tiene. Desde el accidente eso ha cambiado.

La relación con Dios es algo muy personal. Cada uno tiene su momento para encontrarse con Él y yo me lo encontré debajo de un camión. Cuando estaba en el suelo, entre las ruedas, me sentí sostenida por Dios y me puse a rezar. Más adelante, en la ambulancia, noté que me moría. Y fue ahí cuando le dije a Dios que me abandonaba en Él y que fuese lo que Él quisiera, que yo quería vivir, pero que si él quería que me muriese, no pasaba nada porque me sentía con una gran paz sostenida en sus brazos, y no me daba miedo morirme.

Durante los días en la UCI, el capellán del Colegio Mayor en el que vivo vino a verme cada día y me traía la Comunión. Cuando me dieron el alta y salí del hospital, me di cuenta de lo mucho que me ayudaba poder comulgar, algo que nunca había valorado.

Ahora, ir a Misa cada día es una necesidad que tengo. El hecho de que sea algo que sale de mí y no del exterior, hace que mi relación con Dios sea mucho más íntima, más consolidada que antes. Ahora mi trato con Él es de tú a tú.

A partir de aquel día, mi vida ha dado un giro enorme. Procuro vivir haciendo tres cosas que comienzan por la letra “A”: Adorar (a Dios), alabar (a todas las personas que me cuidan, me vienen a ver y tengo cerca) y agradecer (todos los servicios grandes o pequeños que me prestan).

Mis cicatrices son un recordatorio de lo que soy

Si el primer milagro fue sobrevivir, el segundo ha sido que no tenga secuelas, ni siquiera, unas muletas. Me he recuperado tan rápido que incluso he podido viajar a Tel Aviv este mes de junio con algunos compañeros de la universidad, como premio de un concurso de emprendedores e innovación.

La vida es un regalo que no nos pertenece. Por eso hay que disfrutarla y vivir con pasión cada momento, porque no sabemos hasta cuándo viviremos. ¡Quién me iba a decir a mí que me iba a atropellar un camión en la universidad! Era algo impensable, pero ocurrió. No me alegro de que me haya pasado esto, pero le doy gracias a Dios de lo que he aprendido gracias al accidente.

Hay una tradición japonesa, Kintsugi, que consiste en reparar con oro jarrones de cerámica que se han roto. Las roturas tienen más valor, te dan historia, te aportan un pasado. Eso son mis cicatrices. Y al final ese pasado forma parte de mí y es lo que hace ser como soy, lo que da valor a cómo soy. Como un jarrón de porcelana fina que cae al suelo, me rompí en pedazos y renací de cada una de mis cicatrices.

Celia Canseco Saldaña

Homilía del P. José Blanco y lecturas de la Misa de hoy, martes después de la Epifanía del Señor, 7-1-2025

7 de enero de 2025.- (Camino Católico) Homilía del P. José Blanco y lecturas de la Santa Misa de hoy, martes después de la Epifanía del Señor, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

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7 de enero de 2025.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, martes después de la Epifanía del Señor, presidida por el P. José Blanco, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

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7 de enero de 2025.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario, correspondientes a hoy martes, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

Palabra de Vida 7/1/2025: «Está cerca el reino de Dios» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 7 de enero de 2025, martes después de la Epifanía del Señor, , presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Mateo 4, 12-17. 23-25:

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.

Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Tierra de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:

«Convertíos, porque está cerca el reino de Dios».

Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó.

Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 7-1-2025

7 de enero de 2025.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Como los ángeles, aprendamos a ser portadores de buenas nuevas, trayendo consuelo y alegría / Por P. Carlos García Malo