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miércoles, 5 de febrero de 2025

Palabra de Vida 5/2/2025: «No desprecian a un profeta más que en su tierra» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 5 de febrero de 2025, miércoles de la 4ª semana de Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Marcos 6, 1-6:

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.

Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:

«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».

Y se escandalizaban a cuenta de él.

Les decía:

«No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.

Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Adoración Eucarística con el P. Jesús Luis Sacristán en la Basílica de la Concepción de Madrid, 5-2-2025


5 de febrero de 2025.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. Jesús Luis Sacristán, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

San José nos enseña con su vida el amor silencioso, firme y sacrificado en su entrega cotidiana / Por P. Carlos García Malo

 


martes, 4 de febrero de 2025

Papa Francisco pide rezar en febrero «por las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa»


Foto: Vatican Media, 4-2-2025


* «El Espíritu Santo nos habla también a través de los sueños y nos habla a través de las inquietudes que los jóvenes sienten en su corazón. Si acompañamos su camino, veremos cómo Dios hace cosas nuevas con ellos. Y podremos acoger su llamada en modos que sirvan mejor a la Iglesia y al mundo de hoy»


4 de febrero de 2025.- (Camino Católico) ”Oremos para que la comunidad eclesial acoja los deseos y las dudas de los jóvenes que sienten la llamada a vivir la misión de Jesús en la vida: sea la vida sacerdotal, sea la vida religiosa”, pide el Santo Padre en el  Video del Papa para el mes de febrero del 2025.

El Pontífice explica: “Dios sigue llamando a los jóvenes también hoy, en ocasiones de maneras que no imaginamos. A veces no lo escuchamos porque estamos muy ocupados con nuestras cosas, con nuestros proyectos, incluso con nuestras cosas de la Iglesia”. El texto completo de las palabras de Francisco en  el Video del Papa es el siguiente:

Cuando tenía 17 años, era estudiante y trabajaba, tenía mis proyectos. No pensaba para nada en ser sacerdote. Pero un día entré en la parroquia… ¡y allí estaba Dios, esperándome!  

Dios sigue llamando a los jóvenes también hoy, en ocasiones de maneras que no imaginamos. A veces no lo escuchamos porque estamos muy ocupados con nuestras cosas, con nuestros proyectos, incluso con nuestras cosas de la Iglesia.

Pero el Espíritu Santo nos habla también a través de los sueños y nos habla a través de las inquietudes que los jóvenes sienten en su corazón. Si acompañamos su camino, veremos cómo Dios hace cosas nuevas con ellos. Y podremos acoger su llamada en modos que sirvan mejor a la Iglesia y al mundo de hoy.

¡Confiemos en los jóvenes! Y, sobre todo, ¡confiemos en Dios: porque Él llama a cada uno!

Oremos para que la comunidad eclesial acoja los deseos y las dudas de los jóvenes que sienten la llamada a vivir la misión de Jesús en la vida: sea la vida sacerdotal, sea la vida religiosa.

Francisco

Jon Fosse, Premio Nobel de literatura: «Cambié el alcohol por la fe católica. Me di cuenta de que no solo debía, o quería, dejar de beber, sino que también debía y quería cambiar de vida. El rosario es mi fuerza»


Jon Fosse fue premio Nobel de literatura en 2023

* «Cuando salí del hospital, no sentí ninguna necesidad de beber y no la he vuelto a sentir desde entonces. La fe no llega como un sustituto, sino como una presencia capaz de llenar un espacio vacío, de otorgar sentido a lo que previamente parecía solo anhelo y desesperación. Intento rezar el rosario por la mañana, al mediodía y por la noche. No siempre lo consigo, pero rezo todos los días, eso seguro. Aunque a veces le pido a Dios que me ayude de una manera y no de otra, si es lo mejor para mí, pero en ese caso siento cierta modestia y asumo que lo que pido ya está contenido en las antiguas palabras de oración que componen el rosario»

Camino Católico.- Son muchas las razones que llevaron al escritor Jon Fosse (Haugesund, Noruega, 1959) a convertirse al catolicismo. Numerosos viajes y giras mundiales que lo hacían pasar a veces hasta seis meses fuera de casa, un consumo de alcohol «bastante alto» y un segundo divorcio, llevaron al ganador del premio Nobel de literatura en 2023 a «un colapso» en su vida. En todo caso, no fue un proceso fácil y es por eso que este escritor, uno de los más influyentes de Europa, se enfrenta a su relación con la fe de una manera tan única como su estilo literario.

En su último libro, El misterio de la fe, publicado en diciembre en italiano, relata con brutal sinceridad, en una conversación con el teólogo católico Eskil Skjeldal, el recorrido que lo llevó al encuentro con Dios. A través de las palabras de Fosse, conocemos cómo la lucha interna se convirtió en el caldo de cultivo para una experiencia radical: el alcohol como vía de escape y la fe como la única respuesta capaz de redimir su alma.

Lejos de un camino sencillo o predecible, Fosse narra una historia de búsqueda, desilusión y, finalmente, de una vinculación con el misterio de la fe, como si se tratara de un hilo invisible que une su vida, su arte y su alma. María Rabell García en El Debate sintetiza el testimonio de conversión que plasma el libro.  

«Le debo mucho al alcohol»

Fosse pasó por años de lucha con el alcohol, que fueron, paradójicamente, una parte importante de su vida. En sus palabras, «desde finales de los años ochenta, bebía todos los días, después de las cinco de la tarde. Así me sentía bien». No se trataba de borracheras descontroladas, sino de una necesidad constante, un refugio personal para lidiar con su dificultad para encajar en ciertos entornos. «Bebía sobre todo porque siempre me ha costado sentirme cómodo en contextos sociales amplios», explica.

El alcohol fue, en cierto modo, su compañero durante años. «Le debo mucho al alcohol, lo digo con gran honestidad. No habría sido capaz de hacer todo lo que he hecho en mi vida sin él», asegura Fosse. Sin embargo, llegó el momento en que esa dependencia «se me escapó de las manos». Entendió que aquella vida empezaba a ser «una especie de suicidio prolongado, aunque no fuera algo que quisiera conscientemente».

En medio de todo ese sufrimiento, algo cambió. La desesperación lo empujó hacia la fe, como él mismo lo describe: «Hay algo de verdad en el mito de que para ser un buen artista tienes que sufrir, o al menos haber sufrido, tienes que haberte purificado a través del sufrimiento. Creo que lo mismo ocurre para llegar a la fe. La fe se enraizó en mí a través del dolor y el sufrimiento. Me acerqué a la fe tanto a través de la depresión y la angustia como, en parte, a través de una autodestrucción que desembocó en el alcoholismo», reconoce el noruego.

¿Dios le salvó?

La conversión de Jon Fosse no fue un rayo divino ni una redención instantánea. No cree en una fe simplista donde Dios lo salvó del abismo de manera automática. «No es así como se debe pensar. Cierto, la fe requiere una especie de mente infantil, una cierta ingenuidad [...] y la ingenuidad tiene en sí al mismo tiempo sabiduría y estupidez». Para él, la fe no es un consuelo fácil, sino una forma de habitar el misterio, de aceptar que la eternidad no es solo un destino, sino algo que «existe aquí y ahora».

Salir de la adicción no fue solo dejar de beber, sino un desplome total, seguido de una reconstrucción. «Después de recuperarme tanto como pude del colapso, del derrumbe, de mi hundimiento total, me di cuenta de que no solo debía, o quería, dejar de beber, sino que también debía y quería cambiar de vida».

En ese renacimiento, el catolicismo se presentó como una senda natural, en parte gracias a su esposa y las conversaciones que lo llevaron a comprender la profundidad de esa tradición: «Juntos llegamos a la conclusión de que queríamos pertenecer a la misma confesión», asevera el escritor.

¿Qué hace un hombre como tú en un sitio como este?

Cuando finalmente fue acogido en la Iglesia, lo hizo con una mezcla de gratitud y humildad. «Estoy muy agradecido al monseñor Bernt [Bernt Ivar Eidsvig, obispo de Oslo] por haber permitido que un gran pecador como yo entrara a formar parte de la Iglesia». Su conversión ha sido un proceso sutil, más bien una transformación gradual, que desafía las narrativas convencionales de redención. «La vida aparece diferente cuando ya no la vemos a través del velo conciliador y atenuante de la embriaguez alcohólica. Pero no puedo decir que me arrepienta ni que me duela nada, ni siquiera el haber bebido».

Su relación con la bebida no fue una adicción superficial, sino un medio para lidiar con la incomodidad y la alienación que sentía frente a la vida. No lo veía como un pecado que lo atormentaba, sino más bien como una herramienta que, irónicamente, lo llevó a tomar conciencia de lo que le faltaba, abriéndole paso a una nueva forma de existencia.

Cuando le preguntan si la fe reemplazó el deseo de beber, Fosse lo niega, pero en sus palabras resuena una verdad más compleja. «Es incorrecto decirlo de esa manera. Cuando salí del hospital, no sentí ninguna necesidad de beber y no la he vuelto a sentir desde entonces. La fe no llega como un sustituto, sino como una presencia capaz de llenar un espacio vacío, de otorgar sentido a lo que previamente parecía solo anhelo y desesperación».

El alcohol no fue reemplazado, sino que la necesidad misma de ese escape fue disipada, quizás porque, como alguien le confesó, la verdadera transformación requiere algo más que renunciar a un vicio; debe ser reemplazado por algo que ofrezca un sentido profundo y duradero. «Como me dijo una vez un viejo actor que tuvo que dejar de beber, para lograrlo tuvo que reemplazar spriten, el alcohol, con spiriten, el espíritu, la fe cristiana, de lo contrario no lo habría logrado».


Jon Fosse, en su despacho de Austria, donde también tiene residencia / Foto: Editorial De Conatus

El «poder» de santiguarse

En su vida de oración, Fosse busca algo más que simplemente pedir. «El rosario se ha convertido en mi fuerza. Intento rezar por la mañana, al mediodía y por la noche. No siempre lo consigo, pero rezo todos los días, eso seguro». Si pide, lo hace por los demás, «aunque a veces le pido a Dios que me ayude de una manera y no de otra, si es lo mejor para mí, pero en ese caso siento cierta modestia y asumo que lo que pido ya está contenido en las antiguas palabras de oración que componen el rosario».

Fosse también recalca la importancia del «asombro» en la espiritualidad, como la clave tanto de su fe como de su literatura. En su experiencia, la relación con lo sagrado no se trata de un conocimiento abstracto, sino de una experiencia que trasciende la comprensión humana. «Sin asombro, la palabra Dios no tiene significado», sostiene.

«Lo que más busco en la oración es la quietud, un respiro sobre el momento, sobre la vida». Incluso el gesto simple y cotidiano del signo de la cruz cobra un significado profundo en su vida, para él tiene «fuerza y poder». «Lo hago en cualquier momento, cuando estoy solo y siento que necesito un poco de apoyo, y también eso me ayuda», asevera.

Fosse lo dice con claridad: «La fe no necesita de una Iglesia, pero yo, Jon, como ser humano, la necesito. O al menos la necesito en el punto de mi vida en el que me encuentro ahora». Es en esa necesidad personal donde se forja su conversión, un proceso visceral y esencial que, sin rodeos, le lleva a creer firmemente que «probablemente la Iglesia católica se las habría arreglado mejor sin mí, pero no al revés», asevera.

Paul Adrien, el cura más conocido de Francia: «A los 17 años perdí la fe y a los 21, estando en el fondo del abismo, le dije a Dios: ‘Si existes, ahora la pelota está en tu campo’; Dios nunca me ha decepcionado»

     

El padre Paul Adrien ante la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes

* «Con el tiempo me di cuenta de que no podía vivir sin Dios. Comprendí que no se podía tener una vida con sentido, si no existía algo más grande que nosotros, simplemente no era posible. A quienes afirman que se puede ser feliz sin Dios, les digo que eso es mentira. Lo digo no como sacerdote, sino por mi propia experiencia. Yo lo intenté todo y puedo afirmar que es falso. Hoy puedo decir que el mayor regalo que Dios me ha dado es haber podido ayudar a adolescentes y jóvenes a encontrar esperanza en Él. Al final, todo esto es como una mezcla de providencia, mi historia de amor con Dios y mi devoción por predicar el Evangelio»

Camino Católico.- Es francés, dominico y youtuber, pero no uno cualquiera. Es uno de los sacerdotes católicos más conocidos y seguidos en redes sociales en el país galo. Su hábito blanco e impoluto se ha convertido en su sello distintivo para miles de personas que buscan en el hermano Paul Adrien respuestas no solo sobre la Iglesia o el mundo, sino sobre sus inquietudes más personales. 

Está convencido de que «si no se abordan los temas difíciles, la gente terminará buscando respuestas en otros lugares». Por ello, prefiere que no estén de acuerdo con él a evitar hablar sobre las cuestiones más incómodas, lo que ha llevado a que su público sea «o jóvenes católicos muy comprometidos o personas que no son católicas en absoluto». 

Y así hizo él: plantarse frente a un micrófono, una cámara, y crear su propio canal, L'amour vaincra (El Amor vencerá). Más que un simple eslogan, para él representa el amor de Dios que encontró a los 17 años y que transformó su vida. Desde entonces, su meta ha sido clara: ayudar a otros jóvenes a encontrar y mantener esa fe que lo cambió para siempre. Lo entrevista María Rabell García en El Debate.

El padre Paul Adrien comparte su testimonio con adolescentes y jóvenes

–¿Qué lleva a un dominico a complicarse la vida y lanzarse a evangelizar en redes sociales?

–La principal razón fue que, curiosamente, en ese momento de mi vida tenía tiempo. Mi pasión siempre ha sido la evangelización, y tenía varios proyectos en mente. Entre esos proyectos, el de las redes sociales fue el que más funcionó. Esto me enseñó algo importante: siempre hay que tener múltiples iniciativas para evangelizar y luego dejar que sea Dios quien las dirija.

Otra razón fue que pasaba mucho tiempo en las redes sociales, y pensé: «Si yo disfruto de este medio y veo videos en YouTube, ¿por qué no debería publicar también mis propios videos?». Esa reflexión me llevó a darme cuenta de que, cuando algo nos apasiona, probablemente puede ser un deseo que Dios nos da para hacer algo bueno.

Pero quizá el motivo más profundo sea que, cuando tenía 17 años, perdí la fe. Fue, sin duda, la etapa más difícil de mi vida. Cuando me ordené sacerdote, me prometí hacer todo lo posible para ayudar a los jóvenes a no pasar por lo mismo que yo. Hoy puedo decir que el mayor regalo que Dios me ha dado es haber podido ayudar a adolescentes y jóvenes a encontrar esperanza en Él. Al final, todo esto es como una mezcla de providencia, mi historia de amor con Dios y mi devoción por predicar el Evangelio.

–Hábleme de esa conversión que vivió.

–A los 17 años, perdí la fe después de preguntarle a un capellán scout por pruebas de la existencia de Dios. Su respuesta fue que buscar evidencias era un acto de orgullo. Aquello me dejó sin fe. Pero con el tiempo me di cuenta de que no podía vivir sin Dios. Comprendí que no se podía tener una vida con sentido, si no existía algo más grande que nosotros, simplemente no era posible.

A quienes afirman que se puede ser feliz sin Dios, les digo que eso es mentira. Lo digo no como sacerdote, sino por mi propia experiencia. Yo lo intenté todo y puedo afirmar que es falso. Mi conversión llegó a los 21 años, cuando estaba en el fondo del abismo. Recuerdo que, una noche en mi cama, le dije a Dios: «He llegado al final del camino. Si existes, ahora la pelota está en tu campo». Desde entonces, mi vida está construida sobre ese momento, y Dios nunca me ha decepcionado. Ha sido la mayor historia de amor de mi vida.


El padre Paul Adrien en la Basílica del Rosario del Santuario de Lourdes

–¿Cuál es el público que toca particularmente?

–Mi audiencia es mayoritariamente masculina, entre un 60% y un 70%, y aproximadamente el 60% tiene menos de 35 años. Por mis estadísticas he visto que llego a un público que normalmente no asiste a misa. Es curioso, porque quienes más me ven son jóvenes católicos muy comprometidos o personas que no son católicas en absoluto. Aquellos que ya asisten regularmente a misa suelen estar 'alimentados' espiritualmente por sus parroquias y no buscan tanto mis contenidos.

Un tercio de mi audiencia lleva menos de cinco años en la Iglesia, e incluso muchos menos de tres años. En cierto modo, mi canal de YouTube se ha convertido en una referencia en Francia para quienes se convierten al catolicismo, algo que todavía me sorprende.

–Entre todo esa variedad de gente que le sigue, ¿cuáles son los videos que más le solicitan?

–Suelen pedirme contenidos de catequesis o reacciones a eventos actuales, pero los vídeos que más me conmueve hacer son aquellos en los que siento que Dios está salvando vidas. Por ejemplo, debido a las muchísimas peticiones que recibí en mi comunidad de Instagram, decidí hacer un vídeo sobre el suicidio. Al principio no quería hacerlo, porque no soy psicólogo y temía que pudiera causar daño.

Sin embargo, a medida que la demanda crecía, recé mucho antes de hacerlo. Después de publicarlo, empecé a leer los comentarios que me llegaban. Muchos eran de adolescentes que me agradecían por darles una razón para seguir luchando, o de adultos mayores que encontraban esperanza en medio de sus dificultades. Cuando leí todo eso, me puse a llorar, porque me di cuenta de que Dios había salvado vidas a través del video. Y entender eso, al ver el impacto de algo así, es el mayor regalo que puedes recibir. Cuando ayudas a alguien a vivir, a encontrar la fe, le estás dando la vida eterna. Es una locura.

El padre Paul Adrien, en medio de la lluvia, ante la Basílica del Rosario del Santuario de Lourdes

–¿Cree que como Iglesia aprovechamos bien las redes sociales o todavía hay camino por recorrer?

–Necesitamos reformarnos constantemente para que el mensaje del Evangelio sea más accesible. Creo que la Iglesia institucional a veces desconfía de los influencers porque estos no siempre tienen un 'mandato oficial' o una misión explícita de la Iglesia.

De hecho, la comunicación en redes sociales sigue un camino completamente opuesto al de la comunicación institucional, lo cual hace que combinar ambas sea bastante complicado. La comunicación institucional se basa en una autoridad que tiene la misión de transmitir un mensaje de forma unidireccional. En cambio, en las redes sociales, todo gira en torno a la personalidad de quien comunica. Si te atrae la personalidad, prestas atención a lo que dice, y si te gusta lo que dice, te interesas por la comunidad de la que proviene.

Los influencers deben aprender a alienarse con las dinámicas de la institución, pero no siempre lo hacen. A veces es necesario recordarles que la Iglesia es la esposa de Cristo y que deben respetarla y representarla adecuadamente. Entiendo que a veces haya desconfianza o cierta reticencia hacia estas personas, pero la Iglesia también necesita aprender a confiar más en ellas.                

En mi caso, es diferente porque soy sacerdote, tengo experiencia pastoral y cuento con la misión asignada por mis superiores, lo que tranquiliza a la institución. Sin embargo, creo que a largo plazo, la comunicación de la Iglesia deberá ser una mezcla entre la comunicación institucional y un testimonio más personal. Es un cambio que llevará tiempo y que debemos abordar con prudencia.

No debemos tener miedo de quienes están en las redes sociales y aceptar que cometer errores es parte del proceso. Podemos equivocarnos, pero, en general, los cristianos y católicos que están en las redes sociales suelen ser personas comprometidas y bien intencionadas. Una forma de apoyarlos es no tener miedo de llamarlos, de acercarse a ellos y trabajar juntos.

Además, hay otra cuestión clave: la financiación. Si realmente queremos evangelizar de manera efectiva, no podemos competir en igualdad de condiciones con otros canales bien financiados, como algunos musulmanes respaldados por dinero del petróleo de Qatar. En la Iglesia católica muchas veces dependemos de pequeñas donaciones, como las de abuelas que nos dan 15€ al mes, algo que valoramos profundamente pero que no es suficiente para sostener una presencia sólida en el panorama digital.

En algún momento, como Iglesia, tendremos que reflexionar seriamente sobre lo que queremos lograr y si estamos dispuestos a destinar los recursos necesarios para hacerlo posible. Porque si el objetivo es realmente evangelizar, necesitaríamos invertir en estos medios con una visión a largo plazo.

El padre Paul Adrien invita a rezar el rosario ante la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes

–Nuestra sociedad cada vez se descristianiza más, pero, paradójicamente, parece haber un renovado interés espiritual. ¿Ve esto como una acción del Espíritu Santo?

–En las redes sociales no percibo exactamente lo que muchos llaman una sociedad totalmente descristianizada. Al contrario, veo que hay una nueva búsqueda de Dios y de espiritualidad, una búsqueda que, de hecho, es mucho más fuerte que antes. Esto sucede por buenas y malas razones.

El lado positivo es que el Evangelio sigue siendo el Evangelio: no ha envejecido y sigue siendo tan relevante como siempre, algo que no necesita añadidos. Esa es la gran fortaleza. Por otro lado, lamentablemente, muchas personas no están bien, y eso las lleva a buscar respuestas. Preguntas fundamentales como «¿Qué sentido tiene la vida?» o «¿Hay algo después de la muerte?» encuentran en la religión su lugar natural para ser respondidas.

Por eso, en redes sociales noto cada vez más personas 'indagando'. Aunque no siempre se acercan directamente a religiones institucionales, muchas exploran la espiritualidad de la nueva era, el esoterismo, el islam, el protestantismo o lo que sea. La cuestión aquí es: ¿Quién será capaz de predicar de manera efectiva a estas personas que buscan un sentido para sus vidas?

Estamos en un momento en que se ha abierto una ventana de oportunidad para evangelizar. Quizás esta ventana solo dure unos quince años, pero ahora mismo no solo es posible evangelizar, sino que es más fácil hacerlo que antes. Personalmente, no soy pesimista. Nunca imaginé que estaría en redes sociales; simplemente me dedicaba a responder a mi vocación como monje, sacerdote y cristiano. Pero ahora veo cómo muchas personas están encontrando la fe. Y lo mismo sucederá a tu alrededor: la gente no está bien, está buscando respuestas, y por eso es necesario que estés cerca de ellos para testimoniar la esperanza de Cristo.

Homilía del P. José Blanco y lecturas de la Misa de hoy, martes de la 4ª semana de Tiempo Ordinario, 4-2-2025

4 de febrero de 2025.- (Camino Católico) Homilía del P. José Blanco y lecturas de la Santa Misa de hoy, martes de la 4ª semana de Tiempo Ordinario, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.