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jueves, 15 de enero de 2026

Veronica Daniels, 90 años, tiene 6 hijos, acogió a 18 más, 26 nietos, 51 bisnietos y espera a un tataranieto: «Todos son bienvenidos; somos una gran familia de Dios y Él te lleva por el camino que tienes que recorrer»

Veronica y Len Daniels tienen 6 hijos, acogieron a 18 más, 26 nietos, 51 bisnietos y va a nacer su tataranieto, hablan de fe , amor y acogida / Foto: Kymberlee Gomes - The Catholic Leader

* «Cuanto más amas, más amor tienes… Todo lo que quería era casarme y tener una familia… Cuando nuestras hijas van a tener hijos, siempre les regalo una medalla de San Gerardo Majella [o Mayela]. Cuando no encuentro dónde aparcar, digo 'Bendito San Antonio, encuéntrame un sitio'. A veces me encuentra tres»

Camino Católico.- Veronica Daniels, católica australiana de 90 años, tiene 26 nietos y 51 bisnietos. Habla de su felicidad a Kymberlee Gomes, del Catholic Leader, de Australia, porque asegura que lo que ella siempre quiso era tener familia y crecer con ella.

Pero en diciembre de 2025 le intrigaba algo nuevo (aunque, a la vez, es algo ya vivido): ¡su primer tataranieto!

La enorme familia de Veronica, a la que todos llaman Von, tiene "truco", pero igual que cualquier otra familia numerosa, se construyó sobre la acogida y la generosidad.

Tuvo seis hijos de sangre, pero también fue madre de acogida de otros 18 niños. Dos de ellos incluso tomaron su apellido familiar. Un niño que llegó en adopción con 12 semanas, ahora tiene 47 años.

Uno de los bebés que acogió era una niña de 18 meses con una grave discapacidad. Los médicos dijeron que no viviría mucho... pero acompañó a la gran familia hasta que murió con 28 años.

Creció en familia grande y ve a todos como hijos de Dios

Ella cuenta que la clave de gestionar y acoger a tantos niños fue su convicción de que todos somos hijos de Dios. "Hay suficiente amor en el mundo para todos. Todos son bienvenidos. Somos una gran familia de Dios en este mundo", proclama. Su experiencia repite aquello que decía Madre Teresa de Calcuta: el amor es una de esas cosas que cuanto más das, más tienes. También ella dice que "cuanto más amas, más amor tienes".

Veronica Daniels, de 90 años, en diciembre de 2025, con su bisnieto 51, pero ahora espera una novedad, un primer tataranieto Foto: Kymberlee Gomes - The Catholic Leader

Los hijos de Veronica dicen que ella siempre fue "una persona desinteresada, divertida, enérgica y acogedora", que vivía los valores del Evangelio y "ama como Jesús".

Veronica explica que siendo ella niña, ya vivió en una familia numerosa, alborotadora y acogedora. "Aunque éramos 13 en mi casa, siempre había lugar para uno más", dice, recordando cómo su madre acogió a un niño.

No le interesaba un empleo, solo la familia... y fue enorme

A la joven Von la escuela no le interesaba, y los trabajos que hizo de joven le parecían aburridos. "Todo lo que quería era casarme y tener una familia", recuerda. Y lo hizo... a lo grande.

Con 20 años de edad, se casó con Len, que estaba en la Marina y luego trabajó en telecomunicaciones. Se mudaron unas cuantas veces por su país, Australia.

Von no sólo se volcó en su propia familia, sino que colaboraba con las parroquias o escuelas católicas de su zona. Su hija Cathy explica: "Mamá solía ayudar con la recaudación de fondos, con rifas y bailes, además de la limpieza de la escuela", dice. Y vendía pasteles. Así surgió la primera escuela católica del lugar. Von también era catequista en una escuela pública.

Fe, amor por la vida, espacio en la mesa para más gente

Habla también sobre Von una religiosa, Sandra Lupi, de las Sisters of Mercy, quien alaba su "profunda fe y amor por la vida". "No habría sobrevivido mis primeros años como religiosa joven sin el apoyo y la hospitalidad de Von", explica. Destaca que fue Von quien la enseñó a conducir y que siempre tenía espacio para uno más en la mesa. "Nadie se quedaba con hambre ni sentía que estorbara", detalla.

Boda a los 20 años y momentos familiares de Veronica Daniels / Foto: the catholic leader - cortesía familia daniels

Como si atender la familia no fuera suficiente, sirvió también en el cargo de ministro extraordinario para repartir la Comunión, acompañó en el apostolado funerario y militó en las Conferencias de San Vicente de Paúl (con su intensa actividad caritativa) y la Liga de Mujeres Católicas (CWLA).

En cierto momento, ella misma se vio algo saturada con seis niños menores de seis años. Su receta: "Simplemente sigue adelante, haces lo que tienes que hacer. Dios te lleva por el camino que tienes que recorrer”.

El poder de la oración y los santos que ayudan en familia

Cada día rezaba, y considera que la oración a veces es "lo único que tienes". Su hija Cathy confirma que su madre oraba por todos y a todas horas.

En cierta ocasión Von tenía a una hija grave en la unidad de cuidados intensivos. "Mi esposo tenía una gran devoción por Santa Teresa [de Calcuta]; solíamos rezarle todas las noches. Siempre nos enseñaron que ella te dará lo que quieras: una rosa, pero hay que llevarse las espinas".

Caminaban desde la capilla hacia la habitación del hospital, cuando una rosa cayó frente a ellos. Len la recogió y dijo: "Todo irá bien, tenemos esta rosa". No cayó del cielo, pero fue una señal, dice.

También habla de otros santos que le ayudan en el día a día. “Cuando nuestras hijas van a tener hijos, siempre les regalo una medalla de San Gerardo Majella [o Mayela]. Cuando no encuentro dónde aparcar, digo 'Bendito San Antonio, encuéntrame un sitio'. A veces me encuentra tres”, dice Von.

Con 90 años: cocina, cose, visita ancianos

A sus 90 años aún cocina casi cada mañana. "Se lo regalo a mis nietos porque están trabajando. Preparo espaguetis a la boloñesa, pastel de patata con guisantes, caramelos de mermelada, galletas y pastelitos", enumera Von.

También hace faldas y pantalones para los niños pequeños, se los regala en Navidad. "Me mantengo ocupada. No tengo tiempo para tonterías".

También visita a otros ancianos del barrio y la parroquia, a veces con recados, otras con pasteles. Y aún le queda tiempo para organizar encuentros para tomar el té por la mañana con las amigas y hasta juega al croquet por las tardes (deporte tranquilo en el que se golpean bolas con un mazo para hacerlas pasar por una serie de aros colocados en el césped).

Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba: «Dios me llamó muy pronto, a los 7 años, en la niñez, y he cumplido ya cincuenta años de sacerdote»

Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba

* «Puedo decir que he comulgado desde el día de mi Primera Comunión hasta hoy. Es un don de Dios… A mí me ha gustado toda la vida ser cura, párroco de parroquia, de contacto directo con la gente… Estoy contento de mi vida. Nuestra esperanza es Jesucristo, que ha vencido a la muerte»

Vídeo en el que Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba cuenta su testimonio vital en el  programa 'Eméritos' de 13 TV

Camino Católico.- El obispo emérito de Córdoba, Demetrio Fernández, ha protagonizado en 13 TV una nueva temporada de 'Eméritos' en la que ha repasado su trayectoria vital y espiritual. Desde el Seminario Mayor San Pelagio de la capital cordobesa, asegura vivir su etapa de emérito con serenidad, gratitud y una intensa actividad pastoral “descargada de agenda”.

Además, Fernández subraya el valor evangelizador del patrimonio eclesial. “Es la condensación de la fe de tantos siglos y hoy sigue siendo expresión viva de la fe de un pueblo, que no solo se expresa con palabras y celebraciones, sino también con monumentos e imágenes”, afirma, destacando especialmente la riqueza andaluza como una oportunidad pastoral de primer orden.

Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba, con el Papa León XIV 

"A mí me ha gustado toda la vida ser cura, de contacto directo con la gente"

Tras su renuncia por edad, el teléfono suena menos, pero la actividad continúa. “Estoy ocupado todos los días, en cosas que yo mismo me programo o que me vienen dadas. La diferencia es que ahora me siento ligero de equipaje y ligero en la agenda”, explica.

En este nuevo tiempo, el obispo emérito ha expresado su deseo de volver a lo esencial del ministerio sacerdotal. “A mí me ha gustado toda la vida ser cura, párroco de parroquia, de contacto directo con la gente”, reconoce. De hecho, una de sus prioridades es sentarse en el confesionario, convencido de que el sacramento de la Penitencia sigue teniendo plena vigencia. “Donde hay cura que confiesa, hay penitente que se acerca. Si el sacerdote se sienta, la cola es interminable”.



Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba dice que siempre le ha gustado tener contacto directo que la gente

"Dios me llamó muy pronto, en la niñez"

Demetrio Fernández recuerda una vocación despertada en la infancia, en el seno de una familia cristiana sencilla y trabajadora. “Dios me llamó muy pronto, a los 7 años, en la niñez, y he cumplido ya cincuenta años de sacerdote”, apunta.

Reconoce la figura decisiva de su padre y, especialmente, del párroco de su pueblo, que le acompañó desde los siete años y le introdujo en la vida litúrgica y espiritual. “Pasar de no ser nada a ser monaguillo me pareció el mayor ascenso de mi vida”, rememora, agradecido por una infancia “feliz”, marcada por la Eucaristía diaria. “Puedo decir que he comulgado desde el día de mi Primera Comunión hasta hoy. Es un don de Dios”.

La familia ha sido también espacio de fe y entrega. Su hermana Teresa, religiosa misionera, fue un apoyo fundamental en su vida espiritual. “Hemos sido hermanos en la vocación, compartiendo alegrías y dificultades”, confiesa, reconociendo que su fallecimiento ha sido una de las pérdidas más sentidas de su vida.


Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba, sintió la llamada de Dios cuando era niño y tuvo que esperar a cumplir los once años para ingresar en el seminario menor

Los santos de cabecera de Demetrio Fernández: "He caído en la diócesis de San Juan de Ávila"

Ordenado sacerdote en 1974 por el cardenal Marcelo González, el hoy obispo emérito de Córdoba ensalza a quienes marcaron su ministerio. “Haber amanecido sacerdote con un obispo de este calibre fue un regalo”, afirma. También evoca una grave enfermedad sufrida a los 33 años, que le llevó a prepararse para la muerte. “Lo viví intensamente con Jesucristo y me ha marcado para toda la vida”. 

En cuanto a su cercanía a los santos, subraya que es constante. “Los santos son mis amigos”, dice, mencionando a Juan Pablo II, Teresa de Calcuta, José María García Lahiguera o San Juan de Ávila, este último Doctor de la Iglesia y figura central en su etapa cordobesa. “He caído en la diócesis de San Juan de Ávila y ha sido providencial”, afirma, destacando el impulso dado a su difusión internacional.

Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba, con el Papa Benedicto XVI

Córdoba, una diócesis querida:  "Cuanto más la he conocido, más la he querido"

Tras cinco años en Tarazona, Demetrio Fernández llegó a Córdoba con sesenta años y se entregó por completo a una diócesis que conoce “de arriba abajo”. “Cuanto más la he conocido, más la he querido”, asegura, destacando la riqueza del presbiterio joven, el laicado comprometido y el mundo cofrade. “Las cofradías no son solo folclore; hay una expresión profunda de fe que lleva a un compromiso serio de caridad y evangelización”.

Ante el reto de la secularización, Fernández insiste en una evangelización basada en el testimonio. “No es proselitismo, es atracción. Primero el testimonio y luego explicar por qué vivimos así”. Y concluye sin miedo a la muerte: “Estoy contento de mi vida. Nuestra esperanza es Jesucristo, que ha vencido a la muerte”.

Demetrio Fernández, obispo emérito de Córdoba, explicando su camino vital y vocacional 

Javier, María y Ana Moro, tres hermanos consagrados: «El sí de cada uno ha sido clave para el sí de los demás; El Señor nunca se deja ganar en generosidad»

Javier, María y Ana Moro, tres hermanos consagrados / Fotografía: Cortesía de la familia

* «A pesar de la distancia física, la vocación nos unió mucho más: ya no sólo había unión por la carne, sino que compartíamos una misma vida. Eso lo hemos hablado muchas veces. Lo hemos vivido como una gracia de Dios»  

Camino Católico.-  Había un sacerdote, una monja y una consagrada… Puede parecer el inicio de un chiste, pero no lo es. Es la realidad de Javier, María y Ana Moro, tres hermanos consagrados que, desde tres vocaciones distintas, han entregado su vida a Dios. Y es que quien tiene hermanos sabe que el hecho de haber compartido infancia, educación y valores puede ser también determinante a la hora de discernir la vocación.

Las primeras pistas

Javier es el mayor, tiene 33 años y el 2 de julio de 2023 fue ordenado como sacerdote. Según cuentan sus hermanas, fue él quien dio las primeras pistas de poder entregar su vida al Señor. “Desde muy pequeño tuvo la inquietud sacerdotal. Es una persona muy especial. Es un alma de Dios”, asegura Ana a Marta Peñalver en Misión

Gracias a un seminarista ahora sacerdote que llegó a su parroquia, Javier empezó a tratar con los Grupos de Oración del Corazón de Jesús y la vocación llegó con 13 o 14 años. “Siempre tuve una tendencia natural a todo lo que tenía que ver con la vida de la Iglesia, pero este seminarista fue determinante, me impactó mucho su vida y vi claro que Dios me llamaba a eso también”. Lo de sus hermanas fue, según cuenta Javier, toda una sorpresa. “Ellas se dedicaban casi profesionalmente al tenis y nada hacía pensar que dejarían todo por la vida consagrada. Para mí fue un regalo inmenso”.

Ana y María son gemelas y han cumplido 32 años. Ellas y sus padres se acercaron más a la parroquia gracias a la relación que Javier entabló con el seminarista. “Fue un proceso de conversión muy grande y nuestra vida familiar cambió por completo”, asegura Ana.

Según cuenta, a pesar de que en su entorno no se esperaban algo así, su llamada fue muy clara. Dios se lo puso muy fácil. “Iba descubriendo que Jesús y yo teníamos los mismos deseos. Eso me causaba mucha alegría. En 2008 entré como candidata de la Comunidad de los Apóstoles de los Corazones de Jesús y María (ACIM)”.

Casi a la par su hermana María escuchó también la llamada del Señor. “Fue en una Semana Santa cuando el Señor me mostró el amor inmenso que me tiene y no pude resistirme. Comprendí que me quería para Él”. Pasó 5 años de candidata en las laicas consagradas de los Grupos de Oración del Corazón de Jesús, ACIM, pero poco a poco fue descubriendo que su vocación era ser Sierva del Hogar de la Madre.

La vocación de un hermano

Los hermanos destacan la unidad que existía entre ellos desde niños y cómo el ambiente familiar en el que crecieron fue determinante para que florecieran sus vocaciones. “Siempre hemos estado muy unidos, pero en el momento de discernir la vocación nos cuidamos mucho de no condicionarnos unos a otros, aunque en parte era inevitable. Creo que para mis hermanas mi vocación fue como abrirles una puerta”, explica Javier.

Ana, por su parte, cuenta cómo cada uno llevó a cabo su discernimiento con su director espiritual ya que, según cuenta a Misión, “la vocación es un tema entre Dios y el alma”. Pero sí reconoce que vivirlo junto a sus hermanos lo hizo más fácil. “Estoy convencida de que el sí de cada uno ha sido clave para el sí de los demás. El Señor nunca se deja ganar en generosidad”.

En ocasiones no ha sido fácil, porque vivir tres vocaciones diferentes implica una separación. “A pesar de la distancia física, la vocación nos unió mucho más: ya no sólo había unión por la carne, sino que compartíamos una misma vida. Eso lo hemos hablado muchas veces. Lo hemos vivido como una gracia de Dios”, asegura.

Cuatro testimonios de venezolanos: «La clave en los momentos que hoy vive Venezuela es volver al amor primero: Amor a Dios sobre todas las cosas, y amar a los demás como a nosotros mismos»

El padre José Laureano Ballesteros Blanco, párroco de Nuestra Señora de Fátima, en Venezuela, y tres laicos hablan de vivir unidos a Dios ante lo que han vivido y lo que viven

* «Ante todo esto, solo nos queda aferrarnos a la fe, sabiendo que Dios siempre actuará de la manera correcta… El recobrar la vida sacramental considero que es vital para purificar y limpiar nuestros corazones de las acciones malignas del enemigo. Persuadir el egoísmo y el facilismo de querer tener, tener y tener… Hoy puedo decir que he vivido lo que es la Providencia de Dios, que sé qué es vivir con lo esencial, que sé valorar lo importante, que somos actualmente una familia resiliente. También vivimos y aprendimos que nuestra mirada de auxilio no puede estar en el hombre, sino solo en Dios»                    

Camino Católico.- Preocupación e incertidumbre, pero también esperanza. Aunque no superan la angustia tras lo ocurrido, se abrazan a la oración y a los sacramentos, con la esperanza puesta en Aquel que sufrió primero, y cuyo amor no defrauda. Cuatro testimonios emotivos de venezolanos dentro y fuera de las fronteras de la nación sudamericana. Un sacerdote y tres laicos comparten su conmovedor testimonio y lo que esperan para su país con Carlos Zapata en Aleteia, uno el que es Dios quien tiene la última palabra.

“Solamente nos queda aferrarnos a la fe”

“Un regalo de año nuevo para el pueblo venezolano. A pesar de la incredulidad de muchos y de la enorme fe de otros, el inicio de 2026 nos trae nuevas perspectivas, ilusiones y preguntas. Luego de lo sucedido el pasado 3 de enero, es natural pensar que, después de tanto tiempo, Dios no se ha olvidado del pueblo venezolano. La separación de Nicolás Maduro del poder marca un punto de inflexión: se cierra un ciclo oscuro y de dolor, y se abre otro cargado de esperanza, pero también de incertidumbre”.

Así lo ve el ingeniero petrolero David Molina, un venezolano formado en el país que se vio forzado a huir años atrás, en medio de la persecución contra la juventud criolla. Vive en Roma, a escasos metros del Vaticano, por lo que cada vez que puede acude a misa en la basílica de San Pedro.

“Hoy muchos nos preguntamos ¿cuál será nuestro futuro?, ¿qué pasará con Venezuela?, ¿Por qué no nombraron a Edmundo González de presidente?, entre tantas dudas legítimas en estos momentos de zozobra”, señala. 

Le preocupa su familia, que siguen en la nación sudamericana. Con la mirada puesta en sus papás, afirma con nostalgia: “Ante todo esto, solo nos queda aferrarnos a la fe, sabiendo que Dios siempre actuará de la manera correcta”.

Sostiene que más temprano que tarde se hará justicia. Y cree que “Él nos guiará por el camino que Venezuela necesita para reencontrarse con los principios y valores que alguna vez la definieron, y que, con esfuerzo y esperanza, volverán a renacer”.

“Debemos recobrar la vida sacramental”

Jesús Díaz es profesor titular de la Universidad Nacional del Táchira. Es católico practicante y un hombre de oración.

“La situación actual venezolana la percibo desde un punto de vista no de optimismo, pero sí de esperanza. Son innumerables los cambios que deseamos los venezolanos, pero sin la presencia de Dios en todos los ámbitos personales de cada ciudadano es imposible. Esta situación es semejante a la salida de los israelitas de Egipto, donde hubo duda, desconfianza del mismo Dios que estaba junto a ellos”.

“El recobrar la vida sacramental considero que es vital para purificar y limpiar nuestros corazones de las acciones malignas del enemigo. Persuadir el egoísmo y el facilismo de querer tener, tener y tener, pues existen valores imprescindibles como propiciar el amar con pasión lo que se hace; y allí estoy seguro que Dios en su hijo Jesucristo habitará en cada rincón del corazón de cada venezolano para hacer de esta nación un ejemplo para nosotros mismos y para el mundo entero”.

“En el dolor se dispara la fe verdadera”

Fanny de Gamboa también es educadora universitaria, esposa, madre de dos hijos. Coincide con Díaz en que el amor a Dios, los sacramentos y la vida de oración son cruciales en nuestra relación con Dios, con mayor razón en estas circunstancias.

“He vivido en Venezuela toda mi vida. Cuando empezó esta tragedia solo tenía 5 años de graduada y 2 años de casada. Jamás imaginé por todo lo que íbamos a pasar”, confiesa.

“Aprendí que solo se conoce a ese Dios verdadero, amoroso, fuerte y providente en el dolor humano. Solo cuando estamos arrinconados y sin opciones humanas, es cuando se dispara la fe verdadera”.

“Hoy puedo decir que he vivido lo que es la Providencia de Dios, que sé qué es vivir con lo esencial, que sé valorar lo importante, que somos actualmente una familia resiliente. También vivimos y aprendimos que nuestra mirada de auxilio no puede estar en el hombre, sino solo en Dios”.

“Aprendí a orar todos los días por este país y por tantas necesidades de mis hermanos venezolanos, aprendí a tener empatía por el dolor humano. Lo más importante es que ahora sí puedo decir que soy una católica que salió de las aulas de la teoría y tuve una verdadera experiencia en la que conocí a un Dios verdadero y Todopoderoso. Pero, sobre todo, a un Dios que me enseñó a esperar y a confiar en Él”.

"¡Necesitamos volver al amor primero!"


El padre José Laureano Ballesteros Blanco, párroco de Nuestra Señora de Fátima, en Venezuela

El cuarto testimonio llega por parte de un sacerdote, el padre José Laureano Ballesteros Blanco, párroco de Nuestra Señora de Fátima, en Venezuela.

“Si revisamos la carta del Apocalipsis en la biblia, encontraremos que san Juan le da al pueblo una gran esperanza. Les dice a los pobladores que después de haber pasado por muchos sacrificios y una profunda oscuridad, vendrá la luz. Pero también les advierte que Dios tiene en cuenta sus errores, sus muchos pecados y el haberse apartado del camino del bien”.

“Les dice con afecto y belleza: algo tengo que corregirte, pues ¡tú has olvidado el amor primero! Y a partir de este mensaje, les deja claro el siguiente paso: Tienes que volver el amor primero. Esto se traduce en amor a Dios, amor al prójimo, que es también amor a la familia, amor a la Patria, amor a la bandera, e incluso amor al bellísimo himno de Venezuela, que tiene una letra sumamente profética”.


En este aspecto, concluye el sacerdote: “La clave en los momentos que hoy vive Venezuela es volver al amor primero: Amor a Dios sobre todas las cosas, y amar a los demás como a nosotros mismos”.