domingo, 6 de septiembre de 2026
El Señor nos llama a cuidar unos de otros, a corregir con caridad y a buscar siempre el bien del hermano / Por P. Carlos García Malo
Itzel quedó poseída al practicar la Wicca: «La voz ordenaba que me golpearan y clamé: ‘Me pongo en tus manos, Virgencita’. Fui a Guadalupe y oré a Cristo Rey. He renacido»
Itzel sufrió una posesión en 2021, gracias al Santuario de Guadalupe pudo sanar y encontrarse con Dios
* «Llegué a la Villa de Guadalupe y me dirigí inmediatamente a Capuchinas, pero no pude estar ahí y me salí. Anduve caminando, pero no podía permanecer en ningún lado. Decidí andar entonces por el jardín de las Bienaventuranzas, me coloqué frente a la estatua de Cristo Rey, me hinqué, me puse a llorar y le dije que me ayudara y que me perdonara…. Ahora voy a la Iglesia todos los domingos y rezo diariamente el Rosario y la Coronilla de la Divina Misericordia… Tiene ya tiempo que mi vida es como un renacer»
Camino Católico.- Itzel era una joven mexicana que acababa de terminar sus estudios con notas excelentes, había hecho, incluso, un master. Sin embargo, cuando llamaba a las puertas de las empresas, nadie le daba trabajo. En ese ambiente de frustración decidió acudir a hacerse una limpia a un lugar donde hacían wicca (disciplina vinculada con la brujería y el esoterismo).
A partir de ahí, todo se torció. En el establecimiento le hablaron maravillas de esta práctica en la que están presentes elementos de la naturaleza, hadas… A Itzel le gustó tanto lo que ahí se hacía, que quiso quedarse a aprender. El portal mexicano Desde la Fe ha contado su impresionante testimonio.
Algo entró en ella
Poco después de que la joven empezara a conocer más de fondo la wicca, empezó a dedicarse a ella a tiempo completo. Cobraba por leer oráculos, hacia sanaciones, limpias y demás. Económicamente comenzó a irle muy bien. Había encontrado el trabajo y los ingresos que estaba buscando.
Itzel se dedicaría a esta práctica durante más de seis años. Hasta que a finales de agosto de 2021, una madrugada, mientras dormía, sintió que algo se le metía de pronto en el cuerpo. Se levantó, fue a ver a su madre, se lo contó, pero ahí quedó la cosa.
Al día siguiente, Itzel habló con su padre y le dijo que se sentía muy mal, le explicó lo que había pasado durante la madrugada. Su padre no entendía nada, pero creía a su hija, por el estado en el que esta se encontraba. La llevó a una persona que se dedicaba a cosas esotéricas, quien les dio una respuesta tajante: “La chica tiene una posesión demoniaca“.
“Prefiero la luz”
La joven no creyó a esa persona, pero por la noche, estando despierta, su situación empeoró, y empezó a escuchar una voz. Perdió el control de su cuerpo, le daban una especie de ataques epilépticos y arrojaba un vómito blanco y espumoso por la boca.
La voz le decía: “¿Quieres una casa? ¿Quieres un coche? ¿Te gustaría tener mucho dinero?”. Itzel, muy asustada, le respondió que no. La voz, entonces, le volvió a preguntar: “¿Quieres lo que te ofrezco, o prefieres la luz?”. Itzel, que era completamente ajena a las cosas de la Iglesia, le contestó que prefería la luz. La respuesta de Itzel (en maya quiere decir “lucero del atardecer”) no iba a agradar a la voz. La situación se complicó un poco más.
Itzel estando poseída escuchó una voz que le decía: “¿Quieres lo que te ofrezco o prefieres la luz?”
Aquella misma noche, Itzel iba a sentir una auténtica tortura, recibiría patadas por todo el cuerpo. “Deduzco que eran varios los que me pateaban, porque la orden que la voz dio fue: ‘¡Péguenla‘”, comenta la joven. Tras aquella paliza su cuerpo se llenó de moratones. Itzel, atemorizada, tiró todas sus cosas de la wicca: calderos, cartas y todo lo que había comprado.
En las manos de María
Pero, en las siguientes noches, las agresiones iban a ser más violentas. “Sentía que me quemaban, violaban y crucificaban. Las órdenes que daba aquella voz decían: ‘Quemen al pececito‘”, asegura la joven. Itzel cuenta que su madre llegó un día a escuchar esa misma voz.
Itzel recuerda dos noches especialmente difíciles. En una de ellas se puso a rezar, y cuando giró la cabeza vio que había una sombra con cuernos. Cerró los ojos, respiró hondo, volvió a mirar y vio que los cuernos eran como los de uno de los dioses que participaban en la wicca.
En la segunda noche, iba a sentir que la ahorcaban y, mientras eso ocurría, la voz le dijo: “Te voy a matar ahora”. “Pero, esa vez, yo misma le ordené: ‘Sí, mátame’. Me giré para ver un cuadro de la Virgen, que mi madre tenía colgado en la pared, y le dije a Ella: ‘Me pongo en tus manos, virgencita. Si voy a morir ahora, está bien; pero que sea en tus manos’. Y la agresión comenzó a remitir”, relata Itzel.
“¿Para qué le rezas?”
La joven vivía muy cerca del Santuario de la Virgen de Guadalupe, por lo que un día decidió acudir a allí. “Me dirigí inmediatamente a Capuchinas (uno de los templos del complejo), pero no pude estar y me salí. Estuve caminando, no podía permanecer en ningún lado. Decidí, entonces, ir por el Jardín de las Bienaventuranzas, y me coloqué frente a la estatua de Cristo Rey. Me arrodillé, me puse a llorar y le dije que me ayudara, que me perdonara”, comenta.
Itzel visitó el Santuario de la Virgen de Guadalupe pero la posesión no le permitía entrar en ninguno de los templos, aunque allí encontró un sacerdote que la puso en manos de otro que era exorcista
A los pies de Cristo Rey era el único lugar donde Itzel se sentía segura. Sin embargo, estando allí arrodillada, volvió a oír la voz, que le decía: “Tú ya estás del lado del infierno, ¿para qué le rezas a Él?”. Así que la joven le pidió con más fuerza: “¡Ayúdame, por favor!”.
A raíz de aquello, los días siguientes se le pusieron los ojos como si tuviera hepatitis, pero en lugar de amarillo, en rojo. Su padre, preocupado, fue de un lado a otro tratando de conseguir ayuda. Todo era inútil, hasta que le hablaron de un sacerdote que estaba allí mismo, en el complejo de Guadalupe.
“No consigo nada”
Pero, para entonces, Itzel ya no podía dormir, no comía, y la voz le seguía diciendo todo el tiempo “majaderías”. Su padre decidió citarle con el sacerdote que le habían recomendado. La joven acudió y le contó todo lo que le ocurría. “Mientras hablaba con el padre comencé a retorcerme y a vomitar blanco. Así que él me derivó a un exorcista”, explica Itzel.
Cuando la joven se encontró con el segundo sacerdote, este empezó a hacerle preguntas sobre su vida. “Mientras le hablaba de la wicca, el padre corrió hacia a mí y comenzó a rezar. De pronto, ya no supe nada de mí. Cuando reaccioné, me estaba retorciendo”, confiesa. El sacerdote siguió rezando y comenzó a calmarse.
Desde aquel momento, la joven acude regularmente a encontrarse con el sacerdote. “Recuerdo en una ocasión, que iba de camino a verlo, escuché nuevamente la voz, que decía: ‘Estoy siempre peleando con esta y no consigo nada‘”. Aunque siguieron las agresiones por algún tiempo, poco a poco comenzaron a desaparecer.
“Ahora voy a la iglesia todos los domingos, rezo diariamente el Rosario y la coronilla de la Divina misericordia… Mi vida es como un renacer“, comenta. Itzel, a día de hoy, llora de emoción muchas veces al recordar aquellos momentos en el que la imagen de la Virgen, y de su hijo, le salvaron la vida.
Mélissa Kellaou, modelo de 38 años: «Cuando Dios está en el centro, todo resplandece; vemos mejor nuestras tinieblas, pero también nuestro potencial y hay que mantener la mirada fija en Él»
Mélissa Kellaou entró en el mundo de la moda en 2014 / Foto: Sophie Bergeret - Aleteia
* «Nuestra vida tiene sentido. Está hecha para ser entregada. El Señor solo quiere nuestro ‘sí’ y luego nos da la capacidad para nuestros esfuerzos… Con la gracia de Dios, trato de avanzar en mi relación conmigo misma y de ajustar mi perspectiva, de soltar la carga, para vivir de manera auténtica y aceptarme tal como soy»
Camino Católico.- Mélissa Kellaou, de 38 años, se gana la vida en parte como modelo en París. Profundamente creyente, en su trabajo y en sus compromisos la mueve una búsqueda inagotable de la verdad, siguiendo los pasos de Cristo. Le gusta pasar tiempo en las iglesias parisinas. Acepta con sencillez contar su historia, marcada por una carrera como modelo y una fe sólida en Dios. Se mudó a la metrópoli en 2008 para estudiar idiomas. "Fui a una agencia de modelos mientras estudiaba; no sabía mucho del tema", cuenta la joven a Anne-Sophie Retailleau en Aleteia.
"No fue sino hasta 2014, cuando me mudé a París, que realmente descubrí el ambiente: a medida que iba conociendo gente en mis trabajos como azafata o como figurante, hice contactos y poco a poco empecé a conseguir trabajos". La precariedad del oficio la lleva a multiplicar los trabajos, entre sesiones de fotos, showrooms de las semanas de la moda o incluso pruebas de ropa en una escuela de costura. "Es muy físico y también se necesita fortaleza mental. En esos momentos, cuando estás de pie todo el día frente a tu imagen en el espejo, si no te sientes bien, puede ser difícil. Por eso, cuando tienes a Dios, eso te ayuda".
Cristo siempre en el centro
Mélissa Kellaou en una sesión fotográfica en Toulouse, en 2023 / Foto: Tiphaine Deuff - Aleteia
Su camino espiritual no siguió una línea recta. De niña, no asistía a Misa todos los domingos. Lo mismo ocurrió cuando llegó a la ciudad. Pero varios encuentros, en particular con una amiga modelo y un compañero de cuarto que era seminarista, la impulsaron a profundizar en la sed de verdad que siempre había habitado en ella.
"Todo lo que sé hoy se lo debo a las personas que el Señor puso en mi camino y que se tomaron la molestia de platicar conmigo, de escucharme, de responder a mis preguntas y de amarme", asegura la joven.
Hoy en día, Mélissa no tiene miedo de mostrar lo que para ella es evidente: lo que la impulsa es su amor por Cristo. La relación con Jesús la ayuda a sanar heridas profundas, en particular una baja autoestima que la acompaña desde su más tierna infancia. En este sentido, el modelaje representa un "desafío interior", una oportunidad para "sus miedos".
"Con la gracia de Dios, trato de avanzar en mi relación conmigo misma y de ajustar mi perspectiva, de soltar la carga, para vivir de manera auténtica y aceptarme tal como soy. Cuando Dios está en el centro, todo resplandece; vemos mejor nuestras tinieblas, pero también nuestro potencial".
Para ella, no hay contradicción entre vivir su fe y trabajar en el mundo de la moda. "Desde que me acerqué al Señor, veo aún mejor cuánto se menosprecia el cuerpo en nuestra sociedad y en las relaciones… Por eso, ante cada trabajo que me ofrecen, me tomo el tiempo para discernir y preguntarme cuáles son los valores que realmente voy a defender y transmitir".
Dar testimonio en Instagram
En un entorno donde la apariencia es lo más importante, ella se abre camino y afirma con firmeza que lo esencial está en otra parte. En su cuenta de Instagram, las fotos de sesiones de moda se alternan con citas de santos o versículos bíblicos, que la joven comparte a diario. Una de sus favoritas es de santo Tomás de Aquino: "Es más hermoso iluminar que solo brillar". "Esta frase puede ilustrar el uso que hago de las redes sociales".
Además compartió cómo es la selección de modelos "Hoy en día, las agencias de modelos piden nuestra cuenta de Instagram en el formulario de información. Y es posible que te seleccionen para un trabajo según la cantidad de seguidores que tengas. Debo admitir que esta carrera por los "me gusta" me resulta complicada. Lo que me importa es llegar al corazón de las personas, brindar alegría, consuelo y luz donde falta. Solo Dios sabe quién necesita ver tal video o leer tal frase hoy… trato de sembrar, a mi modesta manera".
Cuando no está frente a la cámara, Mélissa dedica parte de su tiempo libre a servir, participando en su parroquia, en la bienvenida a los fieles y en el coro. Todas estas son cosas que antes la joven no se sentía capaz de hacer. "Nuestra vida tiene sentido. Está hecha para ser entregada. El Señor solo quiere nuestro "sí" y luego nos da la capacidad para nuestros esfuerzos". Aunque no sabe si seguirá mucho tiempo más en el mundo de la moda, su plan para el futuro se resume en una frase: "Mantener la mirada fija en Él".
Mariela Villanueva y Harold Figueras estuvieron 5 años separados y Cristo restauró su matrimonio: «Iba buscando que Dios cambiara a mi esposo y el Señor me cambió a mí y rescató a mi marido del ocultismo»
Harold Figueras y Mariela Villanueva frente a la Catedral de Lima / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa
* «Esta familia era muy devota, y la madre me invitó a ir a la iglesia con ella. Le dije: «No, no puedo». Porque, en mi opinión, había cometido faltas graves y me era imposible volver a la iglesia. Ella me dijo: ‘No, el Señor perdona, y puedes volver a la iglesia; solo tienes que pedir perdón’»
Camino Católico.- El 7 de abril de 2009, Mariela Villanueva aterrizó en Venezuela convencida de que iba a poner fin a su matrimonio. Habían pasado cinco años desde que su esposo, Harold Figueras, se marchó de Perú y reconstruyó su vida en otro país. Ella llevaba consigo el dolor de una separación prolongada y la decisión de firmar el divorcio. Él, una lista escrita con todos los reclamos que pensaba lanzar en cuanto la viera. Nada ocurrió como ambos habían imaginado.
Se citaron un miércoles a las 3:00 de la tarde, la Hora de la Misericordia, en el mismo lugar donde habían sido novios años atrás. Cuando Mariela apareció, Harold buscó desesperadamente la hoja con sus quejas. Ésta había desaparecido.
“Yo estaba esperando una guerra. Ella abrió los brazos para abrazarme y entendí que el único que quería pelear era yo”, recuerda Harold en una entrevista con ACI Prensa. Mariela había tenido ese gesto de acercamiento porque ya había empezado un proceso de conversión y tenía una última esperanza.
Aquel abrazo no restauró inmediatamente el matrimonio. Todavía faltaría casi un mes para que él dejara la relación que mantenía y decidiera regresar definitivamente con su familia. Pero ese día —afirman ambos— Jesús ganó la primera gran batalla.
Harold Figueras y Mariela Villanueva / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa
Un matrimonio que nació con heridas
Harold y Mariela se conocieron en 1998 en el Colegio de Ingenieros de Venezuela. Él trabajaba en el área de sistemas; ella era una joven abogada que dirigía una consultoría jurídica con decenas de profesionales a su cargo.
Mientras Mariela había crecido en una familia católica y rezaba el Rosario con frecuencia, Harold era completamente indiferente a la fe.
“Me burlaba de los sacerdotes. Para mí casarme por la Iglesia fue simplemente cumplir con una formalidad social”, admite.
Contrajeron matrimonio civil y, el 2 de septiembre del 2000, recibieron el sacramento en la parroquia San Francisco de Asís, en Barranco (Perú). Sin embargo, reconocen que llegaron al altar sin comprender verdaderamente lo que significaba la vocación matrimonial.
“Empezamos nuestra vida juntos sin Dios como centro. Ese fue el primer gran error”, explica Harold.
Con el paso de los años comenzaron a aflorar heridas profundas: abandono, soledad, orgullo, incapacidad para comunicarse y expectativas irreales sobre el amor. La crisis económica de Venezuela agravó aún más la situación. Harold viajaba constantemente entre ambos países hasta que un día simplemente dejó de volver.
Mariela quedó sola en Lima con su pequeña hija.
Imagen actual de Harold Figueras y Mariela Villanueva con sus tres hijas en Lima, Perú / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa
“Mamá, enséñame a rezar”
Paradójicamente, la restauración no comenzó cuando Harold cambió. Comenzó cuando Mariela cayó de rodillas.
Alejada de la Iglesia y llena de resentimiento, la joven madre había abandonado incluso la práctica de su fe después de sentirse herida por una mala experiencia en una parroquia. Todo cambió gracias a una petición inesperada de su hija de siete años. “Mamá, mi abuelita dice que tú sabes rezar. Enséñame el Rosario”.
Mariela aceptó casi por compromiso. Poco después, la niña insistió en hacer su Primera Comunión y le dijo una frase que atravesó el corazón de su madre: “Tú sabes lo que es tener a Jesús en el corazón… ¿y por qué no lo haces?”
Aquellas palabras la llevaron nuevamente al confesionario. Desde entonces comenzó una rutina que cambiaría su vida: Misa diaria antes del trabajo, adoración eucarística al mediodía y el Rosario cada noche junto a su hija.
“Yo iba buscando que Dios cambiara a mi esposo. El Señor terminó cambiándome a mí”, cuenta.
Harold Figueras y Mariela Villanueva junto a miembros del movimiento católico peruano Jesús y María Restauran Mi Familia / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa
“Mírame a Mí”
Durante una adoración eucarística ocurrió la experiencia que daría nombre, años después, al retiro que hoy organizan como líderes del movimiento católico peruano Jesús y María Restauran Mi Familia.
Mariela rezaba presentándose como la víctima de la historia. “Señor, mírame a mí. Mira qué buena soy. Mira lo que él me hizo”. Entonces levantó la vista hacia la custodia. “Ya no vi la custodia. Vi a Jesús llagado y ensangrentado. Y me dijo solamente: ‘Mírame a Mí’”.
En ese instante —relata emocionada— experimentó un encuentro personal con Jesús. Comenzó a recordar sus propios pecados desde la infancia y comprendió que durante años había sido incapaz de reconocer sus propias heridas.
“Entendí que Dios no me iba a preguntar por los pecados de Harold. Me iba a preguntar cuánto amé a mi esposo dentro del sacramento”. Su oración cambió por completo y ya no pedía que Harold regresara. Pedía únicamente: “Señor, haz que vuelva a Ti”.
Mariela Villanueva / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa
El infierno del ocultismo
Mientras Mariela profundizaba en la oración, Harold descendía por un camino completamente opuesto.
Buscando una mejor economía, comenzó consultando el tarot. Después llegó la santería cubana y finalmente la palería, una práctica de brujería que utiliza restos humanos y sacrificios de animales.
“Entré a un cuarto oscuro donde había osamentas humanas. Sentí un miedo indescriptible, pero seguía buscando respuestas donde no estaban”, recuerda Harold.
En medio de ese vacío comenzó a notar algo extraño. Mariela seguía llamándolo, pero ya no lo hacía para reclamarle.
Una tarde, con tono burlón, le preguntó: “¿Qué pasa? ¿Ya no te hago falta?”.
La respuesta lo desconcertó.
“No. Lo que pasa es que allá tengo quien me ama”.
Harold creyó que ella tenía otra pareja, pero hoy sabe que su esposa hablaba del mismo Cristo.
Harold Figueras / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa
El regreso del hijo pródigo
Tras aquel encuentro en Venezuela, Harold regresó finalmente al Perú.
Confiesa que tenía terror de enfrentar a la familia de Mariela y, sobre todo, a su hija. Imaginaba reproches, humillaciones y rechazo. Sin embargo, encontró exactamente lo contrario. “Todos me abrazaron como si hubiera salido a comprar pan”, cuenta.
Pocos días después acompañó a Mariela a la iglesia de los Padres Oblatos, en Barranco, Lima. Ni siquiera pensaba entrar al templo. Permanecía de pie junto a la puerta cuando, según relata, sintió un impulso interior que lo condujo directamente al confesionario.
“Le dije al sacerdote: ‘Padre, llevo cinco años separado y no sé por qué he vuelto’”. Aquel sacerdote lo invitó a participar en un retiro espiritual. Fue allí donde Harold vivió su propia conversión.
Frente al Santísimo Sacramento, después de resistirse durante horas, Harold levantó la mirada y cuenta: “Ya no vi la custodia. Vi dos ojos color miel que atravesaron mi corazón. Empecé a llorar como nunca en mi vida”.
Desde ese momento abandonó definitivamente el ocultismo y comenzó un camino de fe que continúa hasta hoy.
Un milagro que continúa
Han pasado más de quince años desde aquella reconciliación.
Harold y Mariela aseguran que el verdadero milagro no fue simplemente volver a vivir juntos, sino descubrir que el matrimonio es un camino cotidiano de santidad.
“La restauración dura toda la vida. No termina cuando el esposo regresa. Empieza allí”, afirma Mariela.
Harold Figueras y Mariela Villanueva en la actualidad / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa
Esa experiencia dio origen al movimiento Jesús y María Restauran Mi Familia, una obra que acompaña especialmente a esposos separados o al borde del divorcio. El camino que proponen comienza por la propia conversión y no por intentar cambiar al cónyuge.
Quienes llegan a la misión comienzan con el llamado “Taller de María”, una preparación a la consagración al Inmaculado Corazón de María enfocada en el sacramento del matrimonio. Allí, explican, buscan que cada persona reconozca sus propias heridas y reciba herramientas para discernir qué hacer con su historia familiar.
Pero Harold y Mariela también advierten que no todos los procesos terminan de la misma manera. Hay matrimonios que logran reunirse nuevamente y otros que toman caminos diferentes, incluso a través de procesos de nulidad matrimonial. Lo que permanece, sostienen, es la invitación a la conversión y a buscar la voluntad de Dios.
“El Señor nos quiere santos”, explica Mariela. Para ella, incluso cuando una persona atraviesa un proceso distinto al que esperaba, el sufrimiento puede convertirse en una oportunidad para acercarse a Cristo y ofrecer ese dolor por la santidad de la Iglesia.
Hoy, cuando miran hacia atrás, ya no se ven como las mismas personas que se separaron. Mariela describe a Harold como un hombre más comprometido con conocer el amor de Dios y capaz de donarse a su familia. Él, por su parte, reconoce que la mujer con la que se reencontró después de cinco años ya no era la misma que había dejado atrás.
La familia Figueras Villanueva / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa
Por eso, su testimonio no pretende presentar una fórmula para recuperar un matrimonio perdido. Es, sobre todo, la historia de dos personas que descubrieron que antes de pedirle a Dios que cambiara al otro tenían que dejarse transformar por Él.
“Muchas personas llegan diciendo: ‘Quiero que mi esposo vuelva’. Nosotros les respondemos: primero deja que Jesús vuelva a ocupar el centro de tu corazón”, explica Harold.
Su mensaje para los matrimonios en crisis nace de esa experiencia: no esconder las heridas, no dejarse vencer por la vergüenza y no confundir la restauración con el simple regreso a la vida que tenían antes.
Porque, como descubrieron aquel miércoles de abril, algunas guerras matrimoniales no se ganan venciendo al otro, sino dejándose vencer por el amor misericordioso de Dios.
Entre quienes hoy forman parte de la comunidad se encuentran Diana Donayre y Johanna Muñoz, dos mujeres que vivieron el retiro y cuyo testimonio refleja el impacto de este proceso de conversión.
“Te entiendo, y no estás solo ni sola”, expresa Diana, al recordar que llegó a la misión con “el alma cansada” y encontró personas que la sostuvieron en medio de su crisis matrimonial. Tras un año de perseverancia, aseguró que Cristo restauró su vida, su familia y su matrimonio.
Johanna, por su parte, cuenta que estuvo ocho años separada y que lleva tres años caminando en la comunidad hacia la restauración de su matrimonio. Explica que el cambio comenzó cuando decidió vivir un proceso de conversión y reconciliación consigo misma, mientras confiaba el resto a Dios. “El Señor está haciendo su obra… va dando pasitos muy lentos”, dijo al recordar la emoción de ver a su esposo arrodillarse por primera vez durante la Eucaristía, un gesto que para ella fue signo de esperanza y del actuar de Dios en su familia.
sábado, 5 de septiembre de 2026
Homilía del P. José Aurelio Martín y lecturas de la Misa de hoy, sábado de la 22ª semana del Tiempo Ordinario, 5-9-2026
5 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. José Aurelio Martín Jiménez y lecturas de la Santa Misa de hoy, sábado de la 22ª semana del Tiempo Ordinario, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.
Santa Misa de hoy, sábado de la 22ª semana del Tiempo Ordinario, 5-9-2026
5 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, sábado de la 22ª semana del Tiempo Ordinario, presidida por el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.
Misterios Gozosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 5-9-2026
5 de septiembre de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.
Palabra de Vida 5/9/2026: «¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?» / Por P. Jesús Higueras
Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 5 de septiembre de 2026, sábado de la 22ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.
Evangelio: San Lucas 6, 1-5:
Un sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos.
Unos fariseos dijeron:
«¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?».
Respondiendo Jesús, les dijo:
«¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre?
Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que estaban con él».
Y les decía:
«El Hijo del hombre es señor del sábado».
Misterios Gozosos del Santo Rosario en la Parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, 5-9-2026
5 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, en la parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, emitido por 13 TV.
Oración a Santa Teresa de Calcuta para pedir un milagro y reza sus plegarias por la familia, para aprender a amar y para sonreír
Camino Católico.- Cada 5 de septiembre, celebramos la fiesta de Santa Teresa de Calcuta, canonizada por el Papa Francisco en una Misa celebrada en la Plaza de San Pedro, a la cual asistieron unas 120 mil personas. La Santa albanesa murió el 5 de septiembre de 1997 en Calcuta, India, a los 87 años de edad a causa de un paro cardiaco.
Santa Teresa de Calcuta dio siempre testimonio de servir a Cristo en los “más pobres entre los pobres”, enseñando que la mayor pobreza no estaba en los barrios humildes de Calcuta, sino en los lugares donde muchas veces falta el amor o en las sociedades que permiten el aborto.
La Madre Teresa nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, perteneciente en ese entonces a Albania, y actualmente a Macedonia. Su nombre original fue Gonxha Agnes Bojaxhiu, que cambió a Teresa al ingresar al Instituto de la Bienaventurada Virgen María. Fue bautizada al día siguiente de nacer, recibió la Primera Comunión a la edad de 5 años, y la confirmación un año después.
Ingresó a la Congregación de las Hermanas de Loreto en 1928, un año después llegó a la India e hizo sus primeros votos en 1937. Estuvo 20 años en dicha congregación. El 7 de octubre de 1950 fundó a las Misioneras de la Caridad, con el carisma de entregarse a los más pobres entre los pobres. En 1963 fundó la rama masculina los Hermanos Misioneros de la Caridad, en 1973 a las Hermanas Contemplativas, en 1979 a los Hermanos Contemplativos. En 1984 fundó a los Padres Misioneros de la Caridad y el movimiento Corpus Christi para sacerdotes.
En 1979 se le confirió el Premio Nobel de la Paz.
Cuando la congregación que fundó contaba con 3,842 religiosas en 594 casas en todo el mundo, fue llamada a la Casa del Padre el 5 de septiembre de 1997.
Fue beatificada por su gran amigo San Juan Pablo II el 19 de octubre del 2003, quién la recordó de la siguiente manera: “Saciar la sed de amor y de almas de Jesús en unión con María, la Madre de Jesús, se convirtió en el único objetivo de la existencia de la Madre Teresa, y en la fuerza interior que la impulsaba y la hacía superarse a sí misma e ‘ir deprisa’ a través del mundo para trabajar por la salvación y la santificación de los más pobres de entre los pobres”.
Fue canonizada 13 años después por el Papa Francisco dentro de la celebración del Jubileo de los voluntarios y operarios de la misericordia.
El Pontífice señalo que «Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que ‘el no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre'».
En una célebre entrevista poco antes de morir, Santa Teresa de Calcuta dejó este mensaje a la revista brasileña misionera “Sem Fronteras” en 1997: “Ámense los unos a los otros, como Jesús los ama. No tengo nada que añadir al mensaje que Jesús nos dejó. Para poder amar hay que tener un corazón puro y rezar. El fruto de la oración es la profundización en la fe. El fruto de la fe es el amor. Y el fruto del amor es el servicio al prójimo. Esto nos trae la paz”.
Pidamos a santa Teresa de Calcuta su intercesión para que obre un milagro en nuestra vida y recemos sus oraciones y por la familia, para aprender a amar y para sonreír:
Oración a Santa Teresa de Calcuta para pedir un milagro
Santa Teresa de Calcuta,
Tú permitiste al sediento amor de Jesús en la Cruz
convertirse en una llama viva dentro de ti.
Llegaste a ser luz de su amor para todos.
Obtenme del corazón de Jesús... (pronuncia en este momento tu pedido)
Enséñame a dejar que Jesús entre y posea todo mi ser,
tan completamente, que mi vida
también pueda irradiar su luz y amor hacia los demás.
Amén.
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Oración de Santa Teresa de Calcuta por la familia
Padre Celestial, nos has dado un modelo de vida en la Sagrada Familia de Nazaret. Ayúdanos, Padre amado, a hacer de nuestra familia otro Nazaret, donde reine amor, la paz y la alegría.
Que sea profundamente contemplativa, intensamente eucarística y vibrante con alegría. Ayúdanos a permanecer unidos por la oración en familia en los momentos de gozo y de dolor. Enséñanos a ver a Jesucristo en los miembros de nuestra familia especialmente en los momentos de angustia.
Haz que el corazón de Jesús Eucaristía haga nuestros corazones mansos y humildes como el suyo y ayúdanos a sobrellevar las obligaciones familiares de una manera santa.
Haz que nos amemos más y más unos a otros cada día como Dios nos ama a cada uno de nosotros y a perdonarnos mutuamente nuestras faltas como Tú perdonas nuestros pecados.
Ayúdanos, oh Padre amado, a recibir todo lo que nos das y a dar todo lo que quieres recibir con una gran sonrisa. Inmaculado Corazón de María, causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.
Santos Ángeles de la Guarda permaneced a nuestro lado, guiadnos y protegednos. Amén
Madre Teresa de Calcuta M.C.
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Oración de Santa Teresa de Calcuta para aprender a amar
Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;
Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo;
Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro;
Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.
Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;
Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien; Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión;
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.
Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos;
Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.
Madre Teresa de Calcuta M.C.
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Oración de Santa Teresa de Calcuta para sonreír
sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición.
Que mis ojos sonrían diariamente
por el cuidado y compañerismo
de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente
por las alegrías y dolores que compartimos.
Que mi boca sonría diariamente
con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente
de la alegría que tú me brindas.
Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Amén.
Madre Teresa de Calcuta M.C.
























