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viernes, 25 de septiembre de 2026

Papa León XIV en homilía a consagrados en París, 25-9-2026: «Cuiden su vida interior con el Señor bebiendo de la fuente del amor infinito de Dios en la oración silenciosa; su misión brota de su relación íntima con Él»

* «Como decía Madeleine Delbrêl: ‘Sin oración, no amaremos a Dios con amor. Quizá seamos sus servidores o sus combatientes, o incluso sus discípulos; pero no seremos ni hijos amantes de nuestro Padre ni amigos […] de Jesucristo’ (La alegría de creer, Santander 1997, p. 213). Cuiden, pues, su vida interior con el Señor a la luz de la escuela de los numerosos santos que les han precedido» 

  

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «La alegría eucarística se afirma y se difunde allí donde se recupera la armonía, donde renace la dignidad, donde la autoridad se convierte en servicio, donde la libertad vuelve a abrirse camino. Este es el don más grande que podemos compartir. Antepongan, por tanto, la comunión con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia a sus sensibilidades personales, para cultivar la unidad del pueblo de Dios. Juntos seremos la profecía de que un mundo reconciliado es posible» 


25 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) “Cuiden, pues, su vida interior con el Señor a la luz de la escuela de los numerosos santos que les han precedido, bebiendo siempre de la fuente del amor infinito de Dios en la oración silenciosa. Su misión brota ante todo de esa relación íntima con el Señor, que allí les espera”, ha invitado el Papa León XIV en su homilía pronunciada en la celebración de las Vísperas con los ocho mil obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados, consagradas y seminaristas, en la catedral de París, en la que ha elogiado la reconstrucción de la iglesia, cuyo techo fue destruido por un incendio en abril de 2019, como una oportunidad de encuentro «más allá de las fronteras de la pertenencia eclesial». El Pontífice invita a «desenmascarar» las «relaciones de poder injustas» y a custodiar «la justicia y la paz».



El Papa invita a no temer la «complejidad». Tampoco Dios lo hizo, recuerda, al enviar a su Hijo —como puso de manifiesto la Carta a los Gálatas, proclamada durante las Vísperas— «a un mundo ya habitado, ya en movimiento, ya marcado por las miserias y la bondad de los seres humanos».



Aquí reside, añade León XIV, la fuerza de una «Iglesia viva» capaz de «acoger la periferia», al «lejano que en realidad está cerca», al «extranjero en el que Cristo ya está llamando a la puerta». Precisamente esto es lo que desea el Pontífice: una Iglesia «viva, multiforme y cercana», capaz de «valorar con confianza la presencia misionera de los fieles laicos», auténtica «avanzadilla viviente de la Iglesia en las encrucijadas del mundo cotidiano».



“La comunidad cristiana no se constituye como un enclave en el que replegarse para defenderse de su tiempo. Se ofrece, por el contrario, como las antiguas catedrales, como espacio de acogida, de respeto, de revelación y de sentido para todos”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto completo es el siguiente:


VIAJE APOSTÓLICO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV A FRANCIA

25-28 DE SEPTIEMBRE DE 2026


CELEBRACIÓN DE LAS VÍSPERAS CON LOS OBISPOS, LOS SACERDOTES, LOS DIÁCONOS,

LOS CONSAGRADOS, LAS CONSAGRADAS Y LOS SEMINARISTAS


HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV


Catedral de Notre-Dame de París

Viernes, 25 de septiembre de 2026



Queridos hermanos y hermanas:


La oración de la tarde nos reúne en este lugar que, desde hace siglos, más que ningún otro, invita a París, a elevar la mirada al cielo. Han pasado siete años desde que el mundo entero, conteniendo el aliento, vio cómo la catedral era devorada por un terrible incendio. Ya en aquel entonces levantamos la mirada, desconcertados, conscientes de la impotencia humana ante lo imprevisible. Aquel dolor no fue únicamente el de los católicos, ni siquiera el de los creyentes. En aquella hora dramática comprendimos que Notre-Dame es mucho más que un monumento. La participación de todos en su reconstrucción y, hoy, el esplendor del resultado, muestran que en este lugar late el corazón de un pueblo; que nos encontramos en el centro vital de una civilización; que aquí el pasado y el futuro se abrazan y el cielo y la tierra se encuentran.


He querido encontrarme con ustedes en este lugar emblemático de la Iglesia en Francia. Es para mí una alegría haber cruzado su umbral hace apenas unos instantes, como lo hacen cada día miles de hermanos y hermanas que llegan aquí desde todos los rincones del mundo. El simple hecho de entrar nos coloca ante una belleza que habla a nuestro corazón inquieto y lo llama a la paz. Al devolverle este espacio a toda la humanidad, se ha comprendido bien hasta qué punto cada visitante puede dejarse renovar por lo que ve, escucha y experimenta. Las instituciones —públicas, eclesiales y privadas— implicadas en la restauración de Notre-Dame han contribuido así, cada una con su aportación específica, a reactivar los caminos culturales, existenciales y espirituales que la catedral ofrece. En este contexto, la Iglesia ha entendido su misión no únicamente en términos de conservación, sino también de creatividad, haciendo vivir la tradición con la audacia de quienes tienen fe y miran hacia la Esperanza. Quiero agradecer por ello al señor arzobispo, Mons. Laurent Ulrich, a sus colaboradores y a la comunidad diocesana de París, que han concebido igualmente un itinerario pastoral de primer anuncio y de iniciación cristiana accesible a todos. El baptisterio, situado a la entrada como una bendición y una invitación, es signo de ello.


La reconstrucción de la catedral ha sido ocasión de un encuentro que ha ensanchado los espacios de acogida y participación más allá de las fronteras de la pertenencia eclesial. Queridos obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y seminaristas de Francia: ¡déjense inspirar por lo que ha sucedido aquí! Den prioridad a la Evangelii gaudium, es decir, a esa conversión misionera de la que el Papa Francisco nos dio testimonio desde su primera Exhortación apostólica.


En la Carta a los Gálatas hemos escuchado la razón por la que no debemos tener miedo: «Dios envió a su Hijo» (Ga 4,4). ¡Lo envió entre nosotros, a nuestro mundo! En el texto paulino, el verbo describe un acontecimiento real, histórico, y no unas circunstancias ideales. Los cristianos no huyen de la complejidad, porque Dios mismo los ha llamado a seguir a su Hijo en un mundo ya habitado, ya en movimiento, ya marcado por las miserias y la bondad de los seres humanos. El camino de la cruz revela, ciertamente, las tinieblas que atraviesan el mundo, pero, de manera aún más radical, el amor de Dios que triunfa sobre la muerte.

La planta en forma de cruz de la catedral, donde se funden piedra y luz, evoca el encuentro entre la tierra y el cielo. Reúne y ordena los acontecimientos de la historia, tejida de alegrías y sufrimientos humanos. Los mantiene unidos en una dinámica simbólica que construye un lenguaje vivo a partir de expresiones diversas, integrándolas en una unidad.


Queridos amigos, de la Encarnación —«Dios envió a su Hijo»— brota la identidad de la Iglesia, llamada a estar siempre “en salida”. Como discípulos de Cristo, saben bien que la comunidad cristiana no constituye un refugio en el que replegarse para protegerse de su época. Al contrario, se ofrece, como las antiguas catedrales, como un espacio de acogida, respeto, revelación y sentido para todos. Ahí reside la fuerza de una Iglesia viva: acoger la periferia que ya se encuentra en su corazón, acoger a quien está lejos, pero en realidad ya está cerca, acoger al extranjero en quien Cristo llama ya a la puerta.


Si Notre-Dame es signo de este encuentro en el corazón de París, con mayor razón las demás ciudades y regiones de Francia, incluso las más periféricas y rurales, podrán ser transfiguradas por una presencia misionera, sencilla y benévola, que contribuya asimismo a armonizar las diferencias culturales y a sanar las heridas presentes en nuestras sociedades. Desde las costas del Norte hasta el Mediterráneo, desde las regiones del interior hasta los Departamentos de Ultramar, sean una Iglesia viva, multiforme y cercana. La pobreza de medios no impide la misión, porque es la gracia de Dios la que hace posibles la libertad interior y la sobriedad de vida, de modo que pueda reflejarse un estilo evangélico. En todo ello, valoren con confianza la presencia misionera de los fieles laicos, que son la avanzada viva de la Iglesia en las encrucijadas de la vida cotidiana.


Hermanos y hermanas: tampoco debemos olvidar que la finalidad para la que fue erigido este templo, como todas las demás iglesias, es la oración y la alabanza a Dios. Es el lugar donde la comunidad cristiana celebra la forma más alta de oración y de alabanza, renovando en la Eucaristía el sacrificio redentor de Cristo. La catedral no es una envoltura de piedra destinada a ser admirada: vive del misterio sagrado que en ella se celebra. Privada de la acción litúrgica, perdería su alma. Aquí, en Notre-Dame, esta verdad queda de manifiesto en la disposición del altar en el centro del espacio. De este modo, la comunidad que alaba al Señor se encuentra en el corazón del edificio y los visitantes,


incluso durante las celebraciones, caminan a su alrededor y la contemplan. La Iglesia aparece de este modo tal como es: un organismo vivo, una comunidad creyente, que reúne en la alabanza cuanto la cultura y la Tradición le transmiten. Es un cuerpo que, al celebrar, manifiesta a todos la razón de su existencia.


Hoy más que nunca vivimos en una época que parece privada de plenitud, profundidad y promesas. La noble sencillez del canto, de la palabra y del gesto litúrgico puede representar para muchos un destello de esperanza, un oasis de paz en una sociedad híper-conectada y ruidosa, donde es posible experimentar la presencia del Autor del amor más grande: «Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo» (Ga 4,4). La celebración del año litúrgico, del domingo y de las fiestas nos hace también contemporáneos de Cristo, atentos a los distintos momentos de su vida, entregada enteramente al Padre por el mundo. De este modo nos hacemos más sensibles y abiertos a los signos de los tiempos. En efecto, la escucha comunitaria de las Escrituras y la oración nos permiten contemplar los acontecimientos históricos a la luz de Dios, volviéndonos más conscientes de nuestras responsabilidades, capaces de desenmascarar relaciones injustas de poder y de preservar las semillas de justicia y de paz. Es, pues, la esperanza la que nos anima, no la resignación. De ahí nacen vínculos de mayor fraternidad y redes de solidaridad, fruto de la comunión en el único Sacrificio de Cristo.


A ustedes, que celebran diariamente la Eucaristía, les pido que velen para que las celebraciones litúrgicas se vivan siempre con dignidad y decoro, también allí donde se reúnen comunidades más pequeñas. Sean herederos conscientes de los Padres y de los Santos de la Iglesia que, a lo largo de los siglos, nos han transmitido el significado profundo y la belleza de la liturgia, dando siempre testimonio de una gran humildad ante el Misterio celebrado. El Concilio Vaticano II, cuya riqueza debe mucho a Francia, recogió y profundizó de manera eminente esta herencia, reconociendo su lugar central en la vida eclesial (cf. Sacrosanctum Concilium, 10). Les exhorto, por tanto, a todos ustedes, obispos, sacerdotes, diáconos y consagrados, a cultivar un amor auténtico por la liturgia y a ser testigos y servidores de la vocación profética, sacerdotal y real de todo el pueblo de Dios.


En esto, la liturgia sigue siendo reflejo de la vida. La alegría eucarística se afirma y se difunde allí donde se recupera la armonía, donde renace la dignidad, donde la autoridad se convierte en servicio, donde la libertad vuelve a abrirse camino. Este es el don más grande que podemos compartir. Antepongan, por tanto, la comunión con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia a sus sensibilidades personales, para cultivar la unidad del pueblo de Dios. Juntos seremos la profecía de que un mundo reconciliado es posible.


Queridos obispos, sacerdotes, seminaristas y consagrados: a ustedes que han sido llamados a seguir a Cristo, les agradezco su respuesta y su fidelidad al Señor. No descuiden jamás esa amistad, querida por el Señor, que ha de cultivarse en la oración personal, fundamento esencial de toda vocación. Como decía Madeleine Delbrêl: «Sin oración, no amaremos a Dios con amor. Quizá seamos sus servidores o sus combatientes, o incluso sus discípulos; pero no seremos ni hijos amantes de nuestro Padre ni amigos […] de Jesucristo» (La alegría de creer, Santander 1997, p. 213). Cuiden, pues, su vida interior con el Señor a la luz de la escuela de los numerosos santos que les han precedido, bebiendo siempre de la fuente del amor infinito de Dios en la oración silenciosa. Su misión brota ante todo de esa relación íntima con el Señor, que allí les espera.


En el corazón de la ciudad, la catedral abierta es signo de una comunidad que alaba al Señor y vive la hospitalidad como forma misma de su existencia, para que todos puedan sentirse en casa, sin quedar dominados ni marginados en un mundo que muta. «Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, […] para que recibiéramos la adopción filial» (Ga 4,4-5). Y «si eres hijo, eres también heredero» (Ga 4,7). Herederos por gracia, hermanos y hermanas aquí reunidos, le corresponde ahora a cada uno de ustedes, a esta asamblea orante y viva, hacerse carne y voz de esta promesa. Pastores y consagrados de Francia, están llamados a ser los primeros custodios de esta casa abierta, piedras vivas de una Iglesia que espera y no teme el futuro. Esta catedral ha renacido para que ustedes puedan renacer con ella en un nuevo impulso de santidad y de misión cotidiana. En medio de su pueblo, sean expresión transparente de la maternidad divina de la Iglesia que, dando testimonio del amor de Dios, reconstruye y sana la familia humana.


Levantemos la mirada hacia la imagen del siglo XIV de la Virgen con el Niño, que el incendio no alcanzó y que resplandece de nuevo ante nosotros. Que María, que llevó al Verbo en su seno, custodie su fidelidad y sea la estrella que guíe la misión de la Iglesia en Francia. Santa María, Notre[1]Dame de Paris y Madre de la Iglesia, ruega por el pueblo francés, sostén a sus pastores y camina siempre a nuestro lado.


PAPA LEÓN XIV

Fotos: Vatican Media, 25-9-2026

Celebración de las Vísperas con los Obispos y Consagrados, presididas por el Papa León XIV en la Catedral de Notre-Dame de París, 25-9-2026


Fotos: Vatican Media, 25-9-2026


25 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) El Papa León XIV ha celebrado el 25 de septiembre de 2026 las vísperas con los obispos, sacerdotes, diáconos, personas consagradas y seminaristas en la Catedral de Notre-Dame de París, en cuyo interior había ocho mil personas, además de todas la que estaban en el exterior.  En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.



En su homilía el Papa elogia la reconstrucción de la iglesia, cuyo techo fue destruido por un incendio en abril de 2019, como una oportunidad de encuentro «más allá de las fronteras de la pertenencia eclesial». El Pontífice invita a «desenmascarar» las «relaciones de poder injustas» y a custodiar «la justicia y la paz». Y subraya: “Cuiden, pues, su vida interior con el Señor a la luz de la escuela de los numerosos santos que les han precedido, bebiendo siempre de la fuente del amor infinito de Dios en la oración silenciosa. Su misión brota ante todo de esa relación íntima con el Señor, que allí les espera”.


Al llegar, el Papa cruza el umbral de la catedral, besa el crucifijo y bendice a los fieles con ramas de olivo. Pasa por la capilla de San Jorge y después venera de rodillas la Santa Corona de espinas, que ciñó la cabeza de Cristo durante su pasión. La historia cuenta que fue adquirida en 1238 por el rey de Francia Luis IX, futuro san Luis. Después se recoge en oración ante un relicario de la Santa Corona, que el Pontífice tiene el privilegio de besar, en la imagen bajo estas líneas. Posteriormente se detiene en la capilla ecuménica, mientras el órgano de Notre-Dame, obra del siglo XIX de Aristide Cavaillé-Coll, muestra toda su potencia sonora.


miércoles, 31 de diciembre de 2025

Celebración de las primeras vísperas de Santa María, Madre de Dios, y Te Deum, presididas por el Papa León XIV, 31-12-2025



Fotos: Vatican Media, 31-12-2025


31 de diciembre de 2025.- (Camino Católico) En las primeras vísperas de la solemnidad de Santa María Madre de Dios, este miércoles 31 de diciembre de 2025, el Santo Padre ha presidido el canto del Te Deum en acción de gracias por el año transcurrido y por el Jubileo, invitando a leer la historia desde el designio misericordioso de Dios y a oponer la esperanza evangélica a las lógicas de poder del mundo. La liturgia se ha celebrado en la Basílica de San Pedro ante más de cinco mil fieles. Luego el Papa ha salido a la plaza de San Pedro para rezar ante el Belén monumental. En el vídeo Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.

Deteniéndose en la carta a los Gálatas, León XIV ha recordado en su homilía las palabras de san Pablo: “Cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer”, para señalar que el misterio de Cristo se inscribe en un “gran designio sobre la historia humana”. Un designio “misterioso, pero con un centro claro”, que el Papa ha descrito como “una alta montaña iluminada por el sol en medio de un espeso bosque”: la “plenitud de los tiempos”.

Ese mismo término —“designio”—, acota, resuena en el himno de la carta a los Efesios, donde se habla del proyecto de Dios de “recapitular en Cristo todas las cosas”. Frente a las incertidumbres del presente, el Obispo de Roma expresa la necesidad de “un designio sabio, benévolo y misericordioso”, “libre y liberador, pacífico y fiel”, como el que María proclama en el Magníficat: “De generación en generación, su misericordia se extiende sobre los que le temen”.

No obstante, advierte, “otros planes, hoy como ayer, envuelven al mundo”: estrategias orientadas a “conquistar mercados, territorios y zonas de influencia”, frecuentemente “armadas” y “envueltas en discursos hipócritas, proclamas ideológicas y falsos motivos religiosos”. Ante estas lógicas, la Santa Madre de Dios —“la más pequeña y la más elevada entre las criaturas”— mira la realidad con la mirada de Dios, que “dispersa las tramas de los soberbios, derriba a los poderosos de sus tronos y eleva a los humildes”.

María, continua el Pontífice, es la mujer con la que Dios escribió su Palabra “no imponiéndola, sino proponiéndola a su corazón”, y tras su “sí”, “la escribió con amor inefable en su carne”. En ella, dice, “la esperanza de Dios se entrelazó con la esperanza de María”, descendiente de Abraham “según la carne y, sobre todo, según la fe”.

jueves, 25 de enero de 2024

Papa Francisco en homilía, 25-1-2024: «Sólo el amor que se convierte en servicio gratuito, que Jesús proclamó y vivió, acercará a los cristianos separados los unos a los otros»  

 


* «Mientras oramos juntos reconozcamos, cada uno, que necesitamos convertirnos, dejar que el Señor nos cambie el corazón. Esta es la vía: caminar juntos y servir juntos, poniendo la oración como prioridad. En efecto, cuando los cristianos maduran en el servicio a Dios y al prójimo, crecen también en la comprensión recíproca. Los esfuerzos hacia la unidad plena están llamados a seguir el mismo itinerario de san Pablo, a dejar de lado la centralidad de nuestras ideas para buscar la voz del Señor y dejarle iniciativa y espacio a Él»

Video completo de la transmisión en directo de Vatican News con la homilía del Papa traducida al español

* «Juntos, como hermanos y hermanas en Cristo, imploremos con Pablo diciendo: “¿Qué debemos hacer, Señor?”. Y al hacer esta súplica ya tenemos una respuesta, porque la primera respuesta es la oración. Rezar por la unidad es la primera tarea de nuestro camino. Y es una tarea santa, porque es estar en comunión con el Señor, que rogó al Padre ante todo por la unidad. Y sigamos rezando también por el fin de las guerras, especialmente en Ucrania y en Tierra Santa»

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Celebración de las segundas Vísperas, presididas por el Papa Francisco, en la Solemnidad de la Conversión de San Pablo, Apóstol, 25-1-2024

 


25 de enero de 2024.- (Camino Católico)  En la tarde de este jueves 25 de enero, el Papa Francisco se ha trasladado a la Basílica de San Pablo de Extramuros para presidir la celebración de las Segundas Vísperas por la Solemnidad de la Conversión del Apóstol San Pablo, en la que ha pedido rezar por la unidad en la Iglesia. El Santo Padre ha centrado su homilía en reflexionar acerca de la importancia de mantenerse unidos y ha advertido que “dividir nunca es de Dios, sino del diablo. Sólo este amor que se convierte en servicio gratuito, sólo este amor que Jesús proclamó y vivió, acercará a los cristianos separados los unos a los otros”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.

Las vísperas han sido la conclusión de la 57ª Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos sobre el tema: “Ama al Señor tu Dios… y ama a tu prójimo como a ti mismo”. En la celebración, que ha empezado a las 17’30 horas, han participado, junto a los 1.500 fieles que llenan la basílica, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, y el metropolita Policarpo, en representación del Patriarcado Ecuménico, a quienes Francisco agradece de manera especial, los miembros de la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas orientales, y los obispos católicos y anglicanos que participan en la reunión de la Comisión Internacional para la Unidad y la Misión, que se está celebrando en Roma. Antes de la bendición apostólica del Pontífice, el Cardenal Kurt Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, ha dirigido una saludo al Papa Francisco.

sábado, 31 de diciembre de 2022

Celebración de las primeras Vísperas de Santa María Madre de Dios y Te Deum de acción de gracias presididas por el Papa Francisco, 31-12-2022

 


31 de diciembre de 2022.- (Camino Católico)  El Papa Francisco ha presidido en la Basílica de San Pedro del Vaticano las tradicionales vísperas por la Solemnidad de Santa María Madre de Dios con el rezo del Te Deum este 31 de diciembre, destacando en su homilía que “la maternidad divina de María revela el respeto de Dios por nuestra libertad. Quien nos creó sin nosotros no quiere salvarnos sin nosotros”. Además, ha propuesto la bondad como virtud porque “es un antídoto contra algunas patologías” de la sociedad, entre ellas la “crueldad, la ansiedad y el frenesí”.

Ante esas “enfermedades” que nos hacen “agresivos”, el Papa invita a utilizar las “palabras humanas de la convivencia”, que son: permiso, perdón y gracias. “Con estas tres palabras se va hacia adelante en la paz, en la amistad humana”. Asimismo, el Papa Francisco destacó el legado del Papa Emérito Benedicto XVI y agradeció a Dios “por haberlo donado a la Iglesia y al mundo”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración litúrgica traducida al español.

Al concluir el Te Deum, Francisco ha visitado el pesebre colocado en la Plaza de San Pedro mientras que la banda de la Guardia Suiza Pontificia entonaba música navideña. El Santo Padre ha sido trasladado en silla de ruedas y ha saludado y bendecido a numerosos fieles.

Este año, las figuras de la representación de la Natividad del Niño Jesús son de madera y fueron realizadas en el norte de Italia.

martes, 25 de enero de 2022

El Papa en homilía de vísperas, 25-1-2022: «La plena comunión requiere de una oración más intensa y la adoración a Dios, postrarse, abajarnos y poner al Señor en el centro»


 * «Sigamos también nosotros la estrella de Jesús. No nos dejemos deslumbrar por los resplandores del mundo, estrellas esplendentes pero estrellas fugaces. No sigamos las modas del momento, meteoros que se apagan; no caigamos en la tentación de brillar con luz propia, o sea de encerrarnos en nuestro grupo y salvaguardarnos a nosotros mismos. Que nuestra mirada esté fija en el cielo, en la estrella de Jesús. Sigámoslo a Él, a su Evangelio y a su invitación a la unidad, sin preocuparnos de lo largo y difícil que será el camino para alcanzarla plenamente»

Video completo de la transmisión en directo de Vatican News de la homilía del Papa traducida al español

* «Como Saulo antes de encontrarse con Cristo, también nosotros necesitamos cambiar de ruta, invertir el rumbo de nuestros hábitos y de nuestros intereses para encontrar la senda que el Señor nos muestra, el camino de la humildad, de la fraternidad, de la adoración. Te pedimos Señor que nos concedas el valor de cambiar camino, de convertirnos, de seguir tu voluntad y no nuestras conveniencias; de ir hacia adelante juntos, hacia Ti, que con tu Espíritu quieres que todos seamos uno»

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viernes, 31 de diciembre de 2021

Papa Francisco en homilía de las vísperas de Santa María, 31-12-2021: «La Madre María nos muestra al Niño. Nos sonríe y nos dice: ‘Él es el camino. Síganlo, tengan confianza’»

 


* «Él da plenitud al tiempo, da sentido a las obras y a los días. Tengamos confianza, en los momentos alegres y en los dolorosos, la esperanza que Él nos da es la esperanza que no defrauda.  El estupor de María, el estupor de la Iglesia, está lleno de gratitud. La gratitud de la Madre que, contemplando al Hijo, siente la cercanía de Dios, siente que Dios no ha abandonado a su pueblo, ha venido, está cerca, es Dios-con-nosotros»

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News de la homilía del Papa, traducida al español

* «Él, el Unigénito, se ha hecho primogénito entre muchos hermanos, para reconducirnos a todos nosotros, perdidos y dispersos, a la Casa del Padre. Este tiempo de pandemia ha incrementado en todo el mundo el sentido de pérdida. Verdaderamente podemos y debemos decir ‘gracias a Dios’ porque la elección de la responsabilidad solidaria no viene del mundo: viene de Dios, de hecho viene de Jesucristo, que ha impreso una vez y para siempre en nuestra historia la ‘ruta’ de su vocación originaria: ser todos hermanas y hermanos, hijos del único Padre»

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Primeras Vísperas de Santa María Madre de Dios y Te Deum de acción de gracias con el Papa Francisco

 


31 de diciembre de 2021.- (Camino Católico)  Estupor es la palabra que ha marcado la homilía del Papa Francisco, esta tarde, en la celebración de las primeras vísperas de la solemnidad de María Santísima Madre de Dios, en la Basílica de San Pedro, que concluyó con el tradicional himno de acción de gracias, Te deum y la adoración al Santísimo Sacramento. Las Vísperas la ha presidido el Cardenal Giovanni Battista Re. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración litúrgica traducida al español.

“Hermanas y hermanos, hoy la Madre, la Madre María y la Madre Iglesia, nos muestra al Niño. Nos sonríe y nos dice: ‘Él es el camino. Síganlo, tengan confianza’. Sigámoslo en el camino cotidiano. Él da plenitud al tiempo, da sentido a las obras y a los días. Tengamos confianza, en los momentos alegres y en los dolorosos, la esperanza que Él nos da es la esperanza que no defrauda jamás”, ha dicho el Papa Francisco en su homilía.

miércoles, 31 de marzo de 2021

Vísperas del Miércoles Santo, 31-3-2021


 Camino Católico.- Vísperas del Miércoles Santo, 30 de marzo de 2021, emitidas por 13 TV desde la Capilla de la Sucesión Apostólica de Madrid, ubicada en la sede de la Conferencia Episcopal Española. En ‘Vísperas’, diferentes grupos representativos de la Iglesia participan in situ de este rezo en comunidad con los espectadores. El texto completo para seguir las vísperas es el siguiente:

Vísperas – MIÉRCOLES SANTO 2021

Invocación

V.- Dios mío, ven en mi auxilio.
R.- Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Victoria, tú reinarás.
¡Oh Cruz, tú nos salvarás!
El Verbo en ti clavado, muriendo, nos rescató;
de ti, madero santo, nos viene la redención.
Extiende por el mundo tu reino de salvación.
¡Oh Cruz fecunda, fuente de vida y bendición!
Impere sobre el odio tu reino de caridad;
alcancen las naciones el gozo de la unidad.
Aumenta en nuestras almas tu reino de santidad;
el río de la gracia apague la iniquidad.
La gloria por los siglos a Cristo libertador,
su cruz nos lleva al cielo, la tierra de promisión.

Salmodia

Antífona 1: Dijeron los impíos: «Atropellemos al justo, que se opone a nuestras acciones.»

Salmo 61

La paz en Dios

Que el Dios de la esperanza colme vuestra fe de paz. (Rm 15,13)

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia;
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Antífona 2: Él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

Salmo 66

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía a los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Antífona 3: Por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Col 1,12-20

Himno a Cristo, primogénito de toda criatura y primer resucitado de entre los muertos

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Lectura Breve

Ef 4, 32-5, 2

Sed bondadosos y compasivos unos con otros, y perdonaos mutuamente como
también Dios os ha perdonado en Cristo. Sed, en una palabra, imitadores de Dios, como
hijos amados que sois. Y vivid en el amor a ejemplo de Cristo, que os amó y se entregó
por nosotros a Dios como oblación de suave fragancia.

Responsorio Breve

V.- Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R.- Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
V.- Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.
R.- Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
V.- Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.- Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Canto Evangélico

Antifona: El Maestro dice: «Mi hora se acerca; en tu casa quiero celebrar yo la Pascua con mis
discípulos.»

Magnificat Lc 1, 46-55

Alegría del alma en el Señor

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Preces

Adoremos a Jesús, el Salvador del género humano, que muriendo destruyó nuestra
muerte y resucitando restauró la vida, y pidámosle humildemente:
Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.
Redentor nuestro, concédenos que por la penitencia nos unamos más plenamente a tu
pasión,
— para que consigamos la gloria de la resurrección.

Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos,
— para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que
tú nos consuelas.
Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida,
— para que se manifiesten a los hombres los frutos de la salvación.
Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz,
— concede a tus fieles obediencia y paciencia.
Aquí se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso,
— y a nosotros concédenos también que un día participemos de su felicidad.
Unidos fraternalmente, acudamos ahora al Padre de todos: Padre nuestro.

Padre Nuestro

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en tentación,
y líbranos del mal.

Oración

Dios nuestro, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera
en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

V.- El Señor esté con vosotros.
R.- Y con tu espíritu.
V.- Que la paz de Dios, que sobrepasa todo anhelo y esfuerzo humano, custodie vuestro corazón y vuestra inteligencia en el amor y conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R.- Amén.
V.- La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo +- y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R.- Amén.

V.- Podéis ir en paz.
R.- Demos gracias a Dios.