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miércoles, 4 de diciembre de 2024

Papa Francisco en la Audiencia, 4-12-2024: «Predicar con la unción del Espíritu Santo significa transmitir, junto con ideas y doctrina, vida y convicción de nuestra fe»

 


* «Es fácil decirlo -se podría objetar-, pero ¿cómo ponerlo en práctica si no depende de nosotros, sino de la venida del Espíritu Santo? En realidad, hay una cosa que depende de nosotros, o más bien dos, y las mencionaré brevemente. La primera es la oración. El Espíritu Santo viene sobre los que rezan, porque el Padre celestial -está escrito- ‘da el Espíritu Santo a los que se lo piden’ (Lc 11,13), ¡sobre todo si se lo piden para anunciar el Evangelio de su Hijo! ¡Cuidado con predicar sin rezar! Uno se convierte en lo que el Apóstol llama ‘bronces que resuenan y címbalos que retiñen’ (cf. 1 Co 13:1). Lo segundo es no querer predicarnos a nosotros mismos, sino a Jesús el Señor»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News de la catequesis traducida al español y de la síntesis que el Papa ha hecho en nuestro idioma

 * «¡Y por favor, sigamos orando por la paz! La guerra es una derrota humana. La guerra no resuelve los problemas, la guerra es mala, la guerra destruye. Oremos por los países en guerra. No olvidemos a la atormentada Ucrania, no olvidemos a Palestina, Israel, Myanmar... ¡Tantos niños muertos, tantos inocentes muertos! Oremos para que el Señor nos traiga la paz. Siempre oremos por la paz»

4 de diciembre de 2024.- (Camino Católico)  “Predicar con la unción del Espíritu Santo significa transmitir, junto con ideas y doctrina, vida y convicción de nuestra fe” ha dicho el Papa Francisco en la audiencia general, en la plaza de San Pedro. En su catequesis ha hablado del papel del Espíritu Santo en la predicación de la Iglesia y ha recomendado a los predicadores que la homilía sea breve, con “una idea, un afecto y una invitación a hacer”.

Al final de la audiencia general, el Papa ha vuelto a pedir rezar por la paz en los países afectados por conflictos. «La guerra es una derrota humana», afirma. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:


PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 4 de diciembre de 2024

Catequesis. El Espíritu y la Esposa. El Espíritu Santo guía al Pueblo de Dios al encuentro con Jesús, nuestra esperanza

16. Anunciar el Evangelio en el Espíritu Santo. El Espíritu Santo y la evangelización

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Después de haber reflexionado sobre la acción santificadora y carismática del Espíritu, dedicamos esta catequesis a otro aspecto: la obra evangelizadora del Espíritu Santo, es decir, su papel en la predicación de la Iglesia.

La Primera Carta de Pedro define a los apóstoles como «los que anunciaron el Evangelio por medio del Espíritu Santo» (cf. 1,12). En esta expresión encontramos los dos elementos constitutivos de la predicación cristiana: su contenido, que es el Evangelio, y su medio, que es el Espíritu Santo. Digamos algo del uno y del otro.

En el Nuevo Testamento, la palabra «Evangelio» tiene dos significados principales. Puede referirse a cualquiera de los cuatro Evangelios canónicos: Mateo, Marcos, Lucas y Juan; en esta acepción, «Evangelio» significa la buena nueva proclamada por Jesús durante su vida terrenal. Después de Pascua, la palabra «Evangelio» adquiere el nuevo significado de buena noticia sobre Jesús, es decir, el misterio pascual de la muerte y resurrección del Señor. Esto es lo que el apóstol llama «Evangelio» cuando escribe: «No me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para la salvación de todo el que cree» (Rom 1:16).

La predicación de Jesús, y, más tarde, la de los apóstoles, también contiene todos los deberes morales que se desprenden del Evangelio, empezando por los Diez Mandamientos y terminando por el 'nuevo' mandamiento del amor. Pero si no queremos volver a caer en el error denunciado por el apóstol Pablo de anteponer la ley a la gracia y las obras a la fe, debemos partir siempre del anuncio de lo que Cristo ha hecho por nosotros. Por eso, en la exhortación apostólica Evangelii gaudium se insiste tanto en la primera de las dos cosas, es decir, en el kerygma o «anuncio», del que depende toda aplicación moral.

De hecho, «en la catequesis tiene un papel fundamental el primer anuncio o “kerygma”, que debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial. […] Cuando a este primer anuncio se le llama “primero”, eso no significa que está al comienzo y después se olvida o se reemplaza por otros contenidos que lo superan. Es el primero en un sentido cualitativo, porque es el anuncio principal, ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis, en todas sus etapas y momentos. […] No hay que pensar que en la catequesis el kerygma es abandonado en favor de una formación supuestamente más «sólida». Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más consistente y más sabio que ese anuncio» (nn. 164-165), es decir el del kerygma

    

Hasta ahora hemos visto el contenido de la predicación cristiana. Sin embargo, debemos tener en cuenta también el medio del anuncio. El Evangelio debe predicarse «mediante el Espíritu Santo» (1 Pe 1:12). La Iglesia debe hacer precisamente lo que Jesús dijo al comienzo de su ministerio público: «El Espíritu del Señor está sobre mí; por eso me ha ungido y me ha enviado a llevar la buena nueva a los pobres» (Lc 4, 18). Predicar con la unción del Espíritu Santo significa transmitir, junto con las ideas y la doctrina, la vida y la convicción de nuestra fe. Significa confiar no en «discursos persuasivos de sabiduría, sino en la manifestación del Espíritu y su poder» (1 Cor 2:4), como escribió San Pablo.

Es fácil decirlo -se podría objetar-, pero ¿cómo ponerlo en práctica si no depende de nosotros, sino de la venida del Espíritu Santo? En realidad, hay una cosa que depende de nosotros, o más bien dos, y las mencionaré brevemente. La primera es la oración. El Espíritu Santo viene sobre los que rezan, porque el Padre celestial -está escrito- «da el Espíritu Santo a los que se lo piden» (Lc 11,13), ¡sobre todo si se lo piden para anunciar el Evangelio de su Hijo! ¡Cuidado con predicar sin rezar! Uno se convierte en lo que el Apóstol llama «bronces que resuenan y címbalos que retiñen» (cf. 1 Co 13:1).

Por tanto, lo primero que depende de nosotros es orar para que venga el Espíritu Santo. Lo segundo es no querer predicarnos a nosotros mismos, sino a Jesús el Señor (cf. 2 Co 4,5).

Esto se refiere a la predicación. A veces hay predicaciones largas, de 20 minutos, de 30 minutos... Pero, por favor, los predicadores deben predicar una idea, un afecto y una llamada a la acción. Más allá de ocho minutos, la predicación se desvanece, no se entiende. Y esto se lo digo a los predicadores... [aplausos] ¡Veo que les gusta oír esto! A veces vemos a hombres que, cuando empieza el sermón, salen a fumar un cigarrillo y luego vuelven a entrar. Por favor, el sermón debe ser una idea, un afecto y una propuesta de acción. Y nunca debe durar más de diez minutos. Esto es muy importante.

La segunda cosa -les decía- es no querer predicarnos a nosotros mismos sino al Señor. No es necesario que nos detengamos en esto, porque cualquiera que se dedique a la evangelización sabe bien lo que significa, en la práctica, no predicarnos a nosotros mismos. Me limitaré a una aplicación particular de esta exigencia. No querer predicarnos a nosotros mismos implica también no dar siempre prioridad a las iniciativas pastorales promovidas por nosotros y vinculadas a nuestro propio nombre, sino colaborar de buen grado, si se nos pide, en las iniciativas comunitarias, o que se nos encomienden por obediencia.

¡Que el Espíritu Santo nos ayude, nos acompañe, y enseñe a la Iglesia a predicar así el Evangelio a los hombres y mujeres de este tiempo! Gracias.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy reflexionamos sobre la relación entre el Espíritu Santo y la evangelización. Podemos decir que en la predicación cristiana hay dos elementos constitutivos: el contenido, que es el Evangelio; y el medio, que es el Espíritu Santo. Los dos van íntimamente unidos; es decir, la Palabra de Dios se transmite con la unción del Espíritu Santo; sin el Espíritu faltaría el alma, faltaría la vida de la predicación, sólo se difundirían ideas o preceptos, pero no la vida.

Ahora bien, podríamos preguntarnos: si la acción evangelizadora depende del Espíritu Santo, ¿podemos hacer algo también nosotros? ¿Cómo es posible colaborar en la acción evangelizadora de la Iglesia? Hemos de tener en cuenta sobre todo dos principios: uno es la oración y el otro es estar atentos para no predicarnos a nosotros mismos sino a Jesús. Esto significa que, antes de afrontar un apostolado, necesitamos rezar, invocar al Espíritu Santo para que nos asista. Y esta misión tiene que estar centrada en Cristo, no en nuestros propios deseos o necesidades.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Estamos celebrando en estos días la Novena en preparación a la Solemnidad de la Inmaculada Concepción. Pidámosle a María nuestra Madre que, como ella, permanezcamos abiertos y disponibles a la acción del Espíritu Santo en nuestra vida y en la misión que la Iglesia nos encomienda. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Muchas gracias.

Además, en otras lenguas el Pontífice ha dicho: 

Por último, mi pensamiento se dirige a los jóvenes, a los enfermos, a los ancianos y a los recién casados. El tiempo de Adviento, que acaba de comenzar, nos presenta en estos días el ejemplo resplandeciente de la Virgen Inmaculada. Que ella os anime en vuestro camino de adhesión a Cristo y sostenga vuestra esperanza.

¡Y por favor, sigamos orando por la paz! La guerra es una derrota humana. La guerra no resuelve los problemas, la guerra es mala, la guerra destruye. Oremos por los países en guerra. No olvidemos a la atormentada Ucrania, no olvidemos a Palestina, Israel, Myanmar... ¡Tantos niños muertos, tantos inocentes muertos! Oremos para que el Señor nos traiga la paz. Siempre oremos por la paz.

¡Mi bendición para todos!

Francisco


Fotos: Vatican Media, 4-12-2024

Sor Verónica Donatello, con padres sordos y una hermana discapacitada, atiende a discapacitados: «En un campamento con niños escuché la Palabra de Dios, mi mundo se vino abajo y me hice monja»


Sor Verónica Donatello es responsable del servicio nacional de pastoral de las personas con discapacidad en la Conferencia Episcopal Italiana

* «Trabajaba, viajaba constantemente, pero no asistía a la parroquia, hasta que un párroco me pidió que le ayudara con unos niños con discapacidad durante un campamento de verano. Después comencé a pensar que tal vez el Señor tenía algo reservado para mí, y acepté caminar con Él, aunque en ese momento no pensaba en la vida consagrada» 

Camino Católico.- “Soy hija y hermana de personas con discapacidad. Mis padres son sordos, Chiara tiene una situación muy grave que le ha quitado autonomía y que requiere de nuestra ayuda continua. En definitiva, la discapacidad está en mi ADN”, explica la hermana Verónica Donatello, franciscana alcantarina, que ya fue nombrada Caballero de la Orden del Mérito de la República de Italia por su contribución en la inclusión de las personas con discapacidad.

Sor Verónica siempre recuerda que “el italiano es mi segunda lengua. Mis padres son sordos, siempre me he comunicado, orado y soñado con la lengua de los signos”. Por ello, aprovechó esta experiencia familiar para, una vez descubierta su vocación religiosa, entregarse en esta misión tan específica de acompañar espiritualmente a los más débiles y frágiles de la sociedad.

Pero antes ella tuvo que revertir prejuicios contra la Iglesia, descubrir a Dios y enamorarse de Él. Trabajaba en una importante cadena de televisión en Milán como intérprete del lenguaje de signos. En aquellos años milaneses de libertad, autonomía, relaciones sentimentales y de no asistir a la Iglesia, empezó a madurar en ella la idea de que eso no era suficiente. El párroco de un oratorio le invitó a realizar actividades con niños con discapacidad y quedó impactada por la historia y el ejemplo de San Francisco. Entró en el convento a los 25 años, en la Congregación de las Hermanas Franciscanas Alcantarinas, segura de haber identificado el camino que podía darle felicidad y sentido.


Sor Verónica Donatello con el Papa Francisco y una pequeña con síndrome de Down

"El Señor es un pretendiente hábil”, confiesa Verónica Donnatello. En una entrevista con Famiglia Cristiana recuerda: “Trabajaba, viajaba constantemente, pero no asistía a la parroquia, hasta que un párroco me pidió que le ayudara con unos niños con discapacidad durante un campamento de verano. Allí, por casualidad, escuché la Palabra de Dios . Y todo mi mundo se vino abajo. Empecé a hacerme preguntas". Hoy Sor Verónica es responsable del Servicio Nacional de Pastoral de las Personas con Discapacidad de la Conferencia Episcopal Italiana, así como consultora del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede.

Dos tareas que, a primera vista, parecen no tener nada que ver entre sí, pero que tienen como matriz común la capacidad de saber comunicarse con todos, incluso con quienes no pueden oír o con quienes no pueden ver. Un don que se aprende primero en la familia y luego a través del estudio.

Aunque sus padres eran muy creyentes, Verónica se alejó de la Iglesia tras la Confirmación. “A mi hermana le negaron los sacramentos debido a su discapacidad. Evidentemente el párroco no estaba capacitado, pero me quedé con una sensación de gran injusticia”, afirma.

“Mis padres, sin embargo, no hicieron de este rechazo un problema personal, al contrario, lo hicieron un don en la Iglesia. Me dijeron: esto no debe volver a pasarle a nadie. He aprendido que tienes dos caminos en la vida: o eres parte del problema y te pasas el tiempo quejándote, o te conviertes en la solución. Ellos, con mucha sencillez, supieron convertir esta historia en buena. A lo largo de los años, afortunadamente se ha avanzado mucho, pero, sobre todo cuando las discapacidades son complejas o intelectuales, es difícil permanecer delante de los límites del otro, porque los límites del otro se refieren a los nuestros. A veces, incluso en la Iglesia persiste el prejuicio de pensar que el único acceso a los caminos de la fe es el intelecto", añade.


Sor Verónica Donatello quedó impresionada con la vida de San Francisco de Asís

Volviendo a su propia historia, sor Verónica relata que desde pequeña aprendió a hablar la lengua de signos italiana (ahora también internacional y francesa), por lo que el párroco le pidió que asistiera al oratorio para ayudar a los niños discapacitados. Dijo que sí de mala gana. En cambio, desde allí inició un camino de fe y de discernimiento , que la llevó a quedar "impresionada" por la vida de san Francisco: “Comencé a pensar que tal vez el Señor tenía algo reservado para mí, y acepté caminar con Él, aunque en ese momento no pensaba en la vida consagrada", dice.

“A mis familiares no les gustó mucho esta decisión. Sin embargo, las monjas que me acompañaron desde el discernimiento fueron muy acogedoras. En 2009, después de mi profesión perpetua, la familia también comprendió que mi alegría era plena. Si confías, el Señor no te quita los problemas, sino que también te da bendiciones".


Sor Verónica Donatello

Quienes la conocen dicen que sor Verónica es una fuerza de la naturaleza que logra unir a las personas y crear una red. En un momento se la puede ver jugando al baloncesto con niños en sillas de ruedas y al minuto siguiente traduciendo las palabras del Papa Francisco al lenguaje de señas.

Para ella, el verdadero paradigma es darse cuenta de que las personas con discapacidad también tienen deseos, no sólo necesidades. La perspectiva del deseo te devuelve tu personalidad, es un concepto más amplio, más bello. Y este enfoque crea la comunidad que somos nosotros. El eco del compromiso de Sor Verónica llegó al presidente Sergio Mattarella quien, en 2016, le otorgó el título de Caballero de la Orden del Mérito de la República.

José Cabrera, psiquiatra forense: «Si hubiera que elegir entre la fe y la ciencia, me quedo con la fe. Ni se vive ni se muere igual creyendo en Dios que no creyendo en Dios»


El psiquiatra y médico forense, José Cabrera / Foto: José María Visiers

* «Cuando, como en mi caso, uno tiene los dos componentes, la ciencia –soy médico y vivo en la realidad dura de cada día– y la creencia en una religión, en un Dios que te vincula, las cosas son aún más fáciles que cuando solo tienes ciencia o solo tienes fe. Para muchos, la religión es magia. Pero para mí, lo que es ‘mágico’ es que el corazón lata noventa años sin parar nunca. Y, según mi razonamiento, esa ‘magia’ viene de un ser divino que se ha revelado y me ha dicho a mí: ‘Eres algo importante’»

 Vídeo de la ACdP en el que el doctor José Cabrera es entrevistado

* «A Dios hay que sentirlo, y hay que conducirse en la vida dando ejemplo, porque las palabras convencen, pero los ejemplos arrastran. En quien se acerca a Dios, ¿puede haber una intervención divina? Por supuesto. ¿Puede haber Alguien que te ha soplado algo a la oreja? Por supuesto. ¿Puede darse esa influencia divina directa? Por supuesto. Yo tengo amigos que se han convertido, y esa conversión, ¿de dónde nace? ¿de la mente? ¿de la experiencia? o ¿hay algo más? Definitivamente, no puede ser solo de la razón, tiene que haber algo más: un influjo de Dios, que decide que en ese momento tenga fe. Porque la fe es un don gratuito: yo no puedo pelear por tener fe; o me la dan o no la tengo. La fe es un don gratuito y sobrenatural. Obviamente, aquí hablo como hombre de fe, no como científico»

Camino Católico.- Es el psiquiatra forense más conocido de España. Y no solo porque lleve décadas apareciendo en los platós de televisión para analizar los casos criminales más mediáticos, sino sobre todo por la libertad de espíritu que exhibe a la hora de exponer sus argumentos. Aunque tal vez lo más llamativo es que después de haber examinado cara a cara a los peores criminales, y con más de setecientas autopsias en su haber –algunas, de casos realmente estremecedores–, el doctor José Cabrera (Madrid, 1956) sigue reconociendo que ni el mal ni el dolor le han hecho perder su fe en Dios. Lo entrevista José Antonio Méndez en el último número La Antorcha, la revista gratuita de la ACdP.

 –¿Puede la ciencia abarcar cuestiones que están más allá de la materia, como la existencia del alma, el bien o el origen del mal?

–Para la ciencia hay unos límites que son rígidos, porque la ciencia necesita evidencias, y la evidencia en el mundo de lo inmaterial no existe. Existe el sentimiento, la emoción, la intuición, la presunción… De modo que para la ciencia es terrible enfrentarse a lo inmaterial, porque está encorsetada en argumentos técnicos: existe el átomo, el aire, el fuego, las reacciones químicas… Pero, a pesar de eso, la ciencia está obligada, incluso moralmente, a entender «lo que técnicamente no existe». Por tanto, la ciencia solo conoce cosas en un muy estrecho margen, pero el gran mundo de lo que no se conoce es muy superior, y por ese motivo la ciencia está abocada a entenderse con lo inmaterial: con los sentimientos, las creencias, aquello que está en el corazón y no en el cerebro. Cuando, como en mi caso, uno tiene los dos componentes, la ciencia –soy médico y vivo en la realidad dura de cada día– y la creencia en una religión, en un Dios que te vincula, las cosas son aún más fáciles que cuando solo tienes ciencia o solo tienes fe.

–¿Y hay alguno que sea más importante que otro para la vida de la persona?

–Si hubiera que elegir entre la fe y la ciencia, me quedo con la fe. A estas alturas, el sentimiento es lo que me mueve, sin perder de vista el razonamiento. Yo no puedo ir por la vida con uno de los ojos cerrados, porque me doy un golpe. Así que compaginar la ciencia y la fe es lo que me da la ilusión de vivir. El hombre de ciencia está obligado a demostrarlo todo y el hombre de fe no tiene que demostrar nada; el hombre de fe no tiene que estar explicando si Dios existe o no, si cree o no cree, porque la fe es un sentimiento profundo del corazón, igual que uno cree en su mujer, en su novia, en su padre, en un amigo, en la lealtad, en la justicia… eso no tienes que demostrarlo. Lo que sí tienes que demostrar es que el átomo tiene electrones. A mí me ocurre como a Chesterton: a él no le importaba que hubiera hombres o mujeres que no creyeran en Dios; lo que le importaba es que el que no cree en Dios es capaz de creer en cualquier cosa. Ese es el problema.

–¿Qué es lo más complicado para que un médico forense mantenga la fe?

–La ciencia te erosiona, no solo la fe, sino también el sentimiento. Porque si todo lo buscas con ciencia, el sentimiento va en retirada. La parte más complicada para un psiquiatra forense que se ha pasado la vida haciendo autopsias, viendo asesinos y visitando cárceles, es «el silencio de Dios». Lo más duro es cuando estás con alguien que ha matado a cuatro personas, sin sentido alguno, o con un terrorista, o haciendo la autopsia de un padre, una madre y cuatro hijos que han muerto porque un camión se ha salido de la carretera, y escuchas por dentro un grito que te dice: «Pero ¿Dios existe?» Y tienes que tratar de entender que, a lo mejor, eso tiene un sentido. El silencio de Dios es la parte más dura para un hombre de ciencia como yo.

–Y eso ¿cómo se salva?

–Entregándote. Aceptando que, aunque no lo comprendas, eso tiene un sentido divino. Tienes que aceptar que una muerte horrible, un asesinato, un crimen, una injusticia, tiene que tener sentido. Porque Dios da la libertad de obrar, y el ser humano con esa libertad hace lo que le apetece. Si yo fuera solo materialista, y no tuviera fe, esto sería inllevable.

José Cabrera, durante su entrevista / Foto: José María Visiers

–¿Podemos encontrar argumentos científicos que prueben la existencia del alma?

–Cuando uno se pregunta (yo lo he hecho muchas veces) sobre la base científica de la evidencia del alma o de lo inmaterial, del alma como espíritu, lo primero es diferenciar bien. Porque muchas veces se confunde el alma con el pensamiento, la inteligencia o la emoción. Y el alma es otra cosa: es la esencia inmaterial del ser humano individual. Es importante entender que el alma es una cosa y los factores psicológicos son otra. Para justificar su existencia no existe ningún argumento técnico o científico que se pueda utilizar. Es, en el fondo, un acto de fe: igual que crees en el amor de tu mujer o de tu hijo. Entender el alma es como tirarse al vacío… pero sabiendo que hay una red, aunque no la hayas visto. Intentar entender su existencia con argumentos técnicos es algo abocado al fracaso. El alma está y se siente, pero no se puede medir.

–Entonces, más que pruebas, ¿podríamos decir que hay indicios de su existencia?

–Correcto. El indicio, en el caso de la existencia del alma, lo vemos cuando hablamos con cada persona. Cuando hablo con alguien que me explica un dolor en su familia, una depresión, un hijo con un trastorno bipolar, un hijo con drogodependencia… y veo cómo sufre, estoy viendo más que una cabeza y unas lágrimas. Cuando hablo con una persona que ha matado a tres porque en una reyerta «se le fue la mano porque se calentó», que es algo que oigo todos los días en las cárceles, y hablo con esa persona, no es meramente una suma de memoria, inteligencia, afectividad, voluntad o una infancia horrorosa: como científico compruebo que hay algo más, algo que une todo, un principio inmaterial. Eso es el alma. Un teólogo lo explicaría de otra manera, pero desde la ciencia solo podemos hablar de un principio inmaterial del que hay indicios, pero no pruebas.

¿Qué opinión le merecen las experiencias próximas a la muerte?

–Son el último argumento del que no cree en Dios, pero quiere creer: «Hay alguien que estuvo a punto de morir, o que murió clínicamente, pero resucitó de alguna manera a través de la resucitación cardiopulmonar, y vio un túnel, una luz, se vio a sí mismo en el quirófano, oyó voces…». Estos son argumentos maravillosos para la gente que, queriendo creer, no cree. Pero es un argumento falaz, porque el cerebro, cuando entra en anoxia, en el fracaso cardíaco, elabora ilusiones, alucinaciones y sensaciones que, cuando despierta, cree que las ha vivido. «No, es que yo me vi en la mesa del quirófano y te puedo relatar frases» … Todo eso son sensaciones neurológicas puras y duras. No se toca a Dios cuando has muerto y te han resucitado a los tres minutos con el cardio-shock. Definitivamente, no. Desde el punto de vista neurológico, técnico, psiquiátrico y científico, lo que hay es anoxia y estados especiales del cerebro.

–Sin embargo, hay casos en los que personas que pasan por esas experiencias narran sucesos que ocurrían lejos de donde estaban, y que se demostraron ciertos…

–Es cierto que hay ocasiones en que un paciente te cuenta algo que no acabas de entender con los argumentos técnicos y científicos. Y entonces surge la duda de si realmente serán como esbozos de ese otro mundo que hay más allá de la materia. Yo no me cierro a que haya experiencias que no sean explicables por la neurología o la psiquiatría, sino que encierren algo más. Pero no quiero entrar en el bazar de la magia.

–¿A qué se refiere?

–A que, para muchos, la religión es magia. Pero para mí, lo que es «mágico» es que el corazón lata noventa años sin parar nunca. Y, según mi razonamiento, esa «magia» viene de un ser divino que se ha revelado y me ha dicho a mí: «Eres algo importante».

–¿Cómo es su relación con la muerte?

–Tengo una buena relación, porque cuando Caronte atraviesa la laguna Estigia lleva un secretario, y ese soy yo. Me he pasado la vida entre muertos: habré hecho setecientas autopsias, no sé a cuánta gente he visto morir, se me han suicidado pacientes… La muerte es una compañera de viaje, casi una amiga, que me recuerda que no sé si mañana voy a vivir o no.

–Usted ha tenido que tratar con personas realmente malvadas. ¿Qué razones existen para que una persona se convierta en un criminal?

–Esa es la pregunta del millón, sobre todo para esas personas que ven muchas series de televisión sobre crímenes, como CSI, en las que todas las forenses son rubias y están macizas, y los forenses son como Superman, aunque la realidad es que somos gente normalísima. Bromas aparte, habré investigado y explorado personalmente, cara a cara, a unos setecientos homicidas: terroristas, yihadistas, grapos, etarras, asesinos múltiples… todo tipo de sujetos que han hecho maldades horrorosas. Y todos, todos, fueron en algún momento un bebé. Y un bebé no puede ser malo. Es decir, que el mal no se lleva en el ADN. En el ADN llevamos unas instrucciones para que ese bebé nazca y vaya creciendo, pero ese crecimiento se hace en un caldo de cultivo, en un entorno. Y si el árbol crece torcido, se irá torciendo cada vez más; y si crece recto, tenderá a mantenerse recto. Por tanto, lo que he concluido es que no creo para nada que el mal sea algo congénito. Hay personas malas porque hacen maldades, pero en realidad esas personas son el mecanismo a través del cual el mal opera.

El médico José Cabrera ha realizado más de 700 autopsias Foto: José María Visiers

–¿Me está diciendo que, por su experiencia como psiquiatra forense, el mal es «algo», una entidad, que influye en las personas?

–Exacto. Para mí, el mal es algo aparte. Mi trayectoria profesional me ha llevado a ver esto como técnico, pero también como hombre de fe. El mal es un ente fuera del ser humano, y la persona puede ser instrumento del mal. Por eso el padrenuestro no termina diciendo «líbranos de los malos que tenemos al lado», sino «líbranos del mal, o del Maligno». A veces el mal circunda e inunda a la persona. Esa persona crece en un ambiente roto, o con un padre alcohólico, o con padres que son buena gente pero que no le hacen caso durante la infancia, o se pega a malas compañías que van degenerando. O no pasa nada de eso y al final acaba cometiendo un crimen. Lo que sé es que el mal nunca es congénito, ni es solo algo ambiental. Es algo externo, un ente que instrumentaliza al ser humano.

–Entonces, ¿cualquier persona puede convertirse en un criminal?

–En cualquier instante, si el escenario nos aprieta, cualquiera puede cruzar la línea que marca el Código Penal, sin lugar a dudas. Porque depende de circunstancias que no controlas. En un momento dado tienes un arrebato, no te puedes controlar, coges una sartén que tenías al lado, das un mal golpe a otro y lo matas. Eres un hombre bueno, pero has cometido un crimen. Yo he visto en la cárcel a cantidad de buenas personas que han matado en un arrebato, pero que jamás volverían a hacerlo. Así que, si la pregunta es si todos podemos hacer el mal, la respuesta es que sí. De hecho, todos lo hacemos a pequeña escala.

–Pero no es lo mismo eso, que acabar siendo un criminal monstruoso…

–Yo no creo que la persona que repite acciones malas se convierta en el mal, sino que el mal se vierte en alguien cuya conducta de maldad le satisface de alguna manera. Bien por su personalidad, por sus vivencias infantiles, por sus experiencias… pero nadie es el mal personificado. Incluso Hitler, Stalin, o Mao, que mató a millones de personas de hambre, no eran el mal, sino que fueron instrumentos del mal. Evidentemente, hay personas que al reincidir en conductas malvadas van por la senda inequívoca de hacer el mal. Porque el mal es un ente muy poderoso.

–Si el mal es un ente externo, ¿ha derivado a personas para que les hagan un exorcismo?

–Algunas personas que yo he analizado después han ido al exorcista. Pero yo nunca he presenciado ninguna liturgia exorcista, porque quiero mantenerme al margen y comportarme como técnico. Si me dejo llevar por la fe, pierdo la fuerza de la neutralidad científica, y entonces estoy perdido. Esos casos tengo que tratarlos con conocimientos técnicos, si no, viviría en una insoportable ambigüedad. Antes de que el exorcista actuara, he valorado en la consulta qué grado de trastorno mental tenía o no tenía esa persona. Como psiquiatra, me limito a diagnosticar: esta persona tiene tal trastorno o tal enfermedad mental, y a mi juicio necesitaría este tratamiento. Si con el tratamiento esa persona mejora, estamos ante una enfermedad. Si con el tratamiento no mejora, cabe la duda de si hay algo más que supera la ciencia. En ese momento interviene el exorcista.

–¿Puede haber razones de tipo espiritual en el mal que hacen algunas personas?

–Las posesiones o las influencias demoníacas ocurren y son muy reales. No serán miles y miles, pero son muy reales y muchas veces llevan de cabeza a los directores espirituales. Es un tema muy complicado, pero como espectador, tengo que reconocer que puede haber razones espirituales que expliquen el mal. De hecho, hay un gran debate en el Vaticano sobre hasta qué punto el Maligno, que en el cristianismo es presentado como el demonio, es capaz de manipular a un sujeto con una enfermedad mental grave, para que actúe como mecanismo del mal, pero, a causa de su enfermedad, para un exorcista sea casi imposible discriminar si está delante de un enfermo o delante de una posesión. Es un debate complicado y profundo. Pero que el ser humano puede ser manipulado espiritualmente por energías o entes negativos, sí: es posible.

–Y si por observación se puede deducir la existencia del demonio, ¿también hay indicios racionales de la existencia de Dios?

–Dios, como dicen algunos, es la hipótesis menos mala para sobrevivir a este mundo de angustia. La existencia de Dios es la hipótesis más plausible. Yo tengo amigos musulmanes, budistas, judíos, he leído el Corán, el Bhagavad Gita [un texto sagrado hinduista], el Chilam Balaam de los mayas… y me encantan las religiones comparadas. Por eso, que Dios existe para mí es una evidencia completa. Y una evidencia sentimental, afectiva y educativa. Porque la existencia de Dios es algo que no hay que demostrar, y empeñarse en hacerlo, no sirve para que nadie se acerque a Él.

José Cabrera es académico de la Academia Médico Quirúrgica Española / Foto: José María Visiers

–Pero la razón es un buen camino para descubrir a Dios, ¿no?

–Argumentos como la Suma Teológica de santo Tomás valen de contrapeso racional, pero a Dios hay que sentirlo, y hay que conducirse en la vida dando ejemplo, porque las palabras convencen, pero los ejemplos arrastran. En quien se acerca a Dios, ¿puede haber una intervención divina? Por supuesto. ¿Puede haber Alguien que te ha soplado algo a la oreja? Por supuesto. ¿Puede darse esa influencia divina directa? Por supuesto. Yo tengo amigos que se han convertido, y esa conversión, ¿de dónde nace? ¿de la mente? ¿de la experiencia? o ¿hay algo más? Definitivamente, no puede ser solo de la razón, tiene que haber algo más: un influjo de Dios, que decide que en ese momento tenga fe. Porque la fe es un don gratuito: yo no puedo pelear por tener fe; o me la dan o no la tengo. Y esto a mí siempre me ha hecho sangrar.

–¿Por qué?

–Porque, en mi ingenuidad, creía que, si tú haces mucha barra fija, tienes mucho músculo, y si practicas mucho, tienes más fe. Pero no es así: la fe es un don gratuito y sobrenatural. Obviamente, aquí hablo como hombre de fe, no como científico.

–O sea, que la fe sí que influye en la vida de una forma, digamos, mensurable, ¿no?

–Ni se vive ni se muere igual creyendo en Dios que no creyendo en Dios. Si yo fuera ateo y me preguntaras qué cantidad es sentimiento y qué cantidad es raciocinio, te diría que el sentimiento es el 80 % del ser humano y el 20 % es raciocinio. Y ocurre igual con lo espiritual. Porque lo que conocemos con la ciencia es solo una pequeñísima parte de nuestra vida en comparación con todo lo inexplicable y espiritual que nos rodea. Y eso es maravilloso.

Homilía del P. Jesús Luis Sacristán y lecturas de la Misa de hoy, miércoles de la 1ª semana de Adviento, 4-12-2024

4 de diciembre de 2024.- (Camino Católico) Homilía del P. Jesús Luis Sacristán y lecturas de la Santa Misa de hoy, miércoles de la 1ª semana de Adviento, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid. 

Santa Misa de hoy, miércoles de la 1ª semana de Adviento, 4-12-2024

4 de diciembre de 2024.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, miércoles de la 1ª semana de Adviento, presidida por el P. Jesús Luis Sacristán, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario desde el Santuario de Lourdes, 4-12-2024

4 de diciembre de 2024.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario, correspondientes a hoy miércoles, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

Palabra de Vida 4/12/2024: «Siento compasión de la gente» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 4 de diciembre de 2024, miércoles de la 1ª semana de Adviento, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Mateo 15, 29-37:

En aquel tiempo, Jesús se dirigió al mar de Galilea, subió al monte y se sentó en él.

Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies, y él los curaba.

La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y daban gloria al Dios de Israel.

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino».

Los discípulos le dijeron:

«¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».

Jesús les dijo:

«¿Cuántos panes tenéis?».

Ellos contestaron:

«Siete y algunos peces».

Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.

Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos.

Adoración Eucarística con el P. Jesús Luis Sacristán en la Basílica de la Concepción de Madrid, 4-12-2024

4 de diciembre de 2024.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. Jesús Luis Sacristán, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Pide al Espíritu Santo dominio sobre ti y domina tus pensamientos y acciones. Crecerás como persona, serás libre / Por P. Carlos García Malo