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miércoles, 16 de abril de 2025

Papa Francisco en su catequesis prevista para hoy, 16-4-2025: «Podemos tener esperanza porque sabemos que Dios Padre nos espera, nos ve desde lejos y siempre deja la puerta abierta»


El Papa Francisco saluda a los fieles el pasado 13 de abril de 2025, al final de la Misa del Domingo de Ramos / Foto: Vatican media


* «El Evangelio quiere entregarnos un mensaje de esperanza, porque nos dice que sea cual sea el lugar en el que nos hayamos perdido, sea cual sea el modo en el que nos hayamos perdido, ¡Dios viene siempre a buscarnos! Quizá nos hemos perdido como una oveja que se sale del camino para pastar la hierba, o se queda atrás por cansancio»

16 de abril de 2025.- (Camino Católico).- Aunque la Audiencia General de este Miércoles Santo,. 16 de abril de 2025, fue cancelada debido a la convalecencia del Papa Francisco en la Casa Santa Marta, la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha compartido el texto de la catequesis preparado por el Santo Padre. En esta ocasión, prosiguiendo su ciclo de meditaciones "Jesucristo, nuestra esperanza", el Pontífice ofrece una reflexión sobre la parábola del Padre Misericordioso, contenida en el capítulo 15 del Evangelio de Lucas.

El mensaje central de Francisco ha sido: “Este es el motivo de la esperanza: podemos tener esperanza porque sabemos que el Padre nos espera, nos ve desde lejos y siempre deja la puerta abierta. ”El texto completo de la reflexión del Santo Padre de la Audiencia General que no se ha celebrado es el siguiente:



El Papa Francisco saludando a los fieles en una audiencia general / Foto: Vatican media

CATEQUESIS DEL SANTO PADRE PREPARADA PARA LA AUDIENCIA GENERAL DEL 9 DE ABRIL DE 2025

Ciclo de catequesis - Jubileo 2025. Jesucristo, nuestra esperanza

Catequesis - II. La vida de Jesús. Los encuentros. 5. El padre misericordioso. Estaba perdido y ha sido encontrado (Lc 15,32) 

Queridos hermanos y hermanas:

después de haber meditado sobre los encuentros de Jesús con algunos personajes del Evangelio, quisiera detenerme, a partir de esta catequesis, en algunas parábolas. Como sabemos, son narraciones que retoman imágenes y situaciones de la realidad cotidiana. Por eso tocan también nuestra vida. Nos provocan. Y nos piden que tomemos posición: ¿dónde estoy yo en esta narración?

Partamos de la parábola más famosa, aquella que todos recordamos tal vez desde que éramos pequeños: la parábola del padre y los dos hijos (Lc 15,1-3.11-32). En ella encontramos el corazón del Evangelio de Jesús, es decir, la misericordia de Dios.

El evangelista Lucas dice que Jesús cuenta esta parábola para los fariseos y los escribas, que murmuraban porque Él comía con los pecadores. Por eso se podría decir que es una parábola dirigida a aquellos que se han perdido, pero no lo saben y juzgan a los demás.

El Evangelio quiere entregarnos un mensaje de esperanza, porque nos dice que sea cual sea el lugar en el que nos hayamos perdido, sea cual sea el modo en el que nos hayamos perdido, ¡Dios viene siempre a buscarnos! Quizá nos hemos perdido como una oveja que se sale del camino para pastar la hierba, o se queda atrás por cansancio (cf. Lc 15,4-7). O acaso nos hemos perdido como una moneda que se cayó al suelo y ya no se encuentra, o bien alguien la puso en algún sitio y no recuerda dónde. O nos hemos perdido como los dos hijos de este padre: el más joven, porque se cansó de estar en una relación que sentía demasiado exigente; pero también el mayor se perdió, porque no basta con quedarse en casa si en el corazón hay orgullo y rencor.

El amor es siempre un compromiso, siempre hay algo que debemos perder para ir al encuentro del otro. Pero el hijo menor de la parábola solo piensa en sí mismo, como ocurre en ciertas etapas de la infancia y de la adolescencia. En realidad, vemos a muchos adultos así a nuestro alrededor, que no consiguen mantener una relación porque son egoístas. Se engañan pensando que pueden encontrarse a sí mismos y, en cambio, se pierden, porque solo cuando vivimos para alguien vivimos de verdad.

Este hijo menor, como todos nosotros, tiene hambre de afecto, quiere que le quieran. Pero el amor es un don precioso, hay que tratarlo con cuidado. Él, en cambio, lo desperdicia, se malvende, no se respeta a sí mismo. Se da cuenta de ello en tiempos de escasez, cuando nadie se preocupa por él. El riesgo es que en esos momentos empecemos a mendigar afecto y nos aferremos al primer amo que se nos presenta.

Son estas experiencias las que hacen nacer en nuestro interior la convicción distorsionada de que solo podemos estar en una relación como sirvientes, como si tuviéramos que expiar una culpa o como si no pudiera existir el amor verdadero. De hecho, cuando el hijo menor toca fondo, piensa en volver a casa de su padre para recoger del suelo alguna migaja de afecto.

Solo quien nos quiere de verdad puede liberarnos de esta visión falsa del amor. En la relación con Dios vivimos precisamente esta experiencia. El gran pintor Rembrandt, en una famosa pintura, representó de manera maravillosa el regreso del hijo pródigo. Me llaman la atención, sobre todo, dos detalles: el joven tiene la cabeza rapada, como la de un penitente, pero también parece la cabeza de un niño, porque ese hijo está renaciendo. Y luego, las manos del padre: una masculina y otra femenina, para describir la fuerza y la ternura en el abrazo del perdón.

Pero es el hijo mayor el que representa a aquellos para quienes se cuenta la parábola: es el hijo que siempre se ha quedado en casa con el padre, y, sin embargo, estaba lejos de él, lejos con el corazón. Este hijo tal vez también hubiera querido irse, pero por miedo o por obligación se quedó allí, en esa relación. Sin embargo, cuando nos adaptamos en contra de nuestra voluntad, empezamos a acumular ira en nuestro interior y, tarde o temprano, esta ira estalla. Paradójicamente, al final es precisamente el hijo mayor el que corre el riesgo de quedarse fuera de casa, porque no comparte la alegría de su padre.

El padre también sale a su encuentro. No lo regaña ni lo llama al deber. Solo quiere que sienta su amor. Lo invita a entrar y deja la puerta abierta. Esa puerta permanece abierta también para nosotros. De hecho, este es el motivo de la esperanza: podemos tener esperanza porque sabemos que el Padre nos espera, nos ve desde lejos y siempre deja la puerta abierta.

Queridos hermanos y hermanas, preguntémonos entonces dónde estamos nosotros en este maravilloso relato. Y pidámosle a Dios Padre la gracia de poder encontrar nosotros también el camino para volver a casa.

Francisco

Meditación del Miércoles Santo: «Jesús nos invita a elegir el camino del amor y el perdón» / Por Mons. Fernando García Cadiñanos, obispo de Mondoñedo-Ferrol

16 de abril de 2025.- (Camino Católico) El obispo de Mondoñedo-Ferrol, Fernando García Cadiñanos medita sobre el evangelio del Miércoles Santo, que habla de Judas negociando el precio de la traición de Jesús. En su reflexión ilustra en la figura de Judas las traiciones de nuestro tiempo a las personas que nos aman: "Judas representa al hombre que piensa sólo en poseer". Y concluye: ”Nos invita a elegir el camino del amor, del perdón, de la reconciliación, de la esperanza, de la amistad profunda”. Lo hace en el espacio ‘Meditación de Semana Santa” emitido por 13 TV. Este es el texto completo de la meditación:

Un saludo a todos y cada uno. Hoy es Miércoles Santo. Poco a poco nos vamos acercando al centro de esta Semana Santa, esta semana que queríamos que fuera diferente, consagrada a nuestro Dios y centrada en el amor que nos hace más humanos.

El Evangelio que la Iglesia nos propone hoy en la celebración nos retrotrae de nuevo a las horas previas a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. En el texto que hoy proclamamos del Evangelio de Mateo se nos narran los preparativos previos a la Pascua y cómo el Señor invita a sus apóstoles a preparar con esmero la Cena Pascual. Pero al principio y al final del texto pone su foco en uno de los apóstoles, Judas Iscariote.

Este, lo sabemos muy bien, se acerca a los sumos sacerdotes y pasta la entrega de Jesús por 30 monedas de plata. Esta cantidad era el precio que se pagaba como indemnización ante la muerte de un esclavo. Nuestro Dios que se anonada hasta hacerse esclavo el último de todos para salvar desde abajo a todos.

Ayer si recordáis hablábamos de la traición de Judas y de la negación de Pedro y, si en la reflexión nos deteníamos un poco más en Pedro, permitidme que hoy lo hagamos en la traición de Judas que también representa nuestras propias contradicciones. A simple vista la acción de Judas es una traición a una persona, a alguien conocido, importante, con el que había compartido los últimos años. Me viene a la cabeza ahora tantas traiciones a personas concretas que quedan defraudadas por nuestros gestos, comportamientos, palabras con ellos.

Puedo pensar especialmente en nuestros hermanos migrantes que son utilizados por las mafias o me gustaría recordar a las personas que son víctimas de la trata y que durante este Año Jubilar la Iglesia española quiere visibilizar, reflexionar y por las que orar. Hoy tristemente siguen existiendo hermanos nuestros que son vendidos, esclavizados, traicionados y ofrecidos para el consumo, el economicismo y la ganancia del dinero. Mucho más de los que pensamos.

Hoy sigue habiendo nuevos 'judas' que venden a hermanos en medio del silencio cómplice o la indiferencia de nuestra sociedad. Pero el gesto de Judas, lo sé, tiene también un trasfondo más profundo y trascendente. Sin duda, muchos de vosotros conoceréis la tradición que existe en algunos de nuestros pueblos que se conoce como la quema del Judas.

Se trata de un monigote que durante el Viernes o el Sábado Santo se quema y se vapulea sometiéndole a escarnio público como expresión de la indignación colectiva por su gesto deplorable. Busca reflejar sin duda una reacción muy generalizada que apalea sin piedad los pecados del otro, buscando una cabeza de turco que me despiste en el reconocimiento de mi propia responsabilidad. El recordado Martín Descalzo reflexionaba sobre este gesto y se preguntaba, ¿no será una forma demasiado cómoda de cargar todas las responsabilidades de la muerte de Jesús sobre el chivo expiatorio de Judas, esquivando así las que a nosotros nos competen en ello, y acallando los gritos de nuestra conciencia que nos lo reprocha? Y añade en otro lugar, porque la historia de Judas es como una tragedia de la que sólo hubiéramos encontrado el tercer acto.

Conocemos el desenlace, sabemos que vendió a su maestro y que se ahorcó después, pero ignoramos los dos primeros actos. ¿Quién era? ¿Cómo era? ¿Cuándo y por qué comenzó su traición? ¿Qué pensaba y sabía de Jesús? ¿Si llegó o no a conocer o sospechar su divinidad? ¿Por qué vericuetó su amor a Jesús si alguna vez lo tuvo? ¿Llegó a convertirse en odio o repulsión? Son preguntas que nadie nos contestó jamás. Es cierto que a lo largo de la historia se han dado muchas hipótesis al respecto, pero no es difícil imaginar que su traición se fue fraguando poco a poco, es decir, no fue la locura de un instante, sino la cumbre de una secuencia de desafecciones y pequeñas traiciones.

Aunque estuvo con Jesús, no lo conoció en su sentido más profundo. A él sí que se le puede atribuir aquella recriminación de Cristo a Felipe, tanto tiempo contigo y no me conoces. Sin duda, Judas ni conocía ni trataba con Jesús.

Estaba con él, pero vivía lejos de él. Aquí empieza toda traición en el discípulo, también en ti y en mí, y me atrevería a decir que aquí radica la traición con toda persona que nos ama. La falta de encuentro personal con el maestro, la falta de respuesta, la falta de intimidad, la ausencia de diálogo.

Podemos dejarnos llevar por la tibieza y al no profundizar en nuestro encuentro de amistad con Cristo, se va produciendo esa apostasía silenciosa, hoy tan palpable en nuestra sociedad. Es el silencio de los mediocres, de los aparentemente buenos. Por eso quizás la Iglesia nos recuerda cada Miércoles Santo este acontecimiento, porque en verdad Judas, como decía Romano Guardini, nos revela a nosotros mismos nuestra propia fragilidad.

Sí, bien podemos decir que Judas ha tenido y tiene muchos más seguidores que el propio Cristo. Su recuerdo nos permite que nos hagamos cargo de que todos podemos comportarnos como él, que traicionemos nuestra verdad y el amor que Dios ha puesto en nosotros, porque no le conocemos, porque no le tratamos ni cuidamos nuestra amistad con él. En definitiva, como decía Benedicto XVI, Judas representa al hombre que no quiere ser amado, al hombre que piensa sólo en poseer, que vive únicamente para las cosas materiales.

Qué triste, pero qué actual y real. San Agustín contempla esta escena y nos recuerda algo importante. Si Judas hubiese orado en nombre de Cristo, habría pedido perdón.

Si hubiera pedido perdón, habría tenido esperanza. Si hubiera tenido esperanza, habría esperado misericordia y no habría terminado como señala la Escritura. Daos cuenta del itinerario que San Agustín nos propone.

Oración, perdón, esperanza, misericordia, salvación. Cinco palabras y actitudes fundamentales. Un itinerario posible también para nosotros en este camino de esperanza que estamos recorriendo durante el Año Jubilar.


Es cierto, el Señor no quería la perdición de Judas como no quiere la de nadie. Por eso hay esperanza. Nuestra esperanza tiene un nombre, Cristo.

El Papa Francisco nos recuerda que Dios nunca se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Nos invita a abandonar el miedo, a confiar en la misericordia divina, a construir puentes de reconciliación, a vivir en profundidad la propuesta de amistad que Él nos hace.

El Miércoles Santo no es solo un recuerdo del pasado, sino un mensaje para el presente. En un mundo marcado por la división, la desconfianza y la violencia, el mensaje de Jesús resuena con fuerza. Nos invita a reflexionar sobre nuestras propias traiciones, sobre nuestras propias negaciones.

Nos invita a elegir el camino del amor, del perdón, de la reconciliación, de la esperanza, de la amistad profunda. ¡Feliz Miércoles Santo!

Mons. Fernando García Cadiñanos

Obispo de Mondoñedo-Ferrol

Homilía del P. Jesús Luis Sacristán y lecturas de la Misa de hoy, Miércoles Santo, 16-4-2025

16 de abril de 2025.- (Camino Católico) Homilía del P. Jesús Luis Sacristán y lecturas de la Santa Misa de hoy, Miércoles Santo, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, Miércoles Santo, 16-4-2025

16 de abril de 2025.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, Miércoles Santo, presidida por el P. Jesús Luis Sacristán, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario desde el Santuario de Lourdes, 16-4-2025

16 de abril de 2025.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario, correspondientes a hoy, miércoles, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

Palabra de Vida 16/4/2025: «Los discípulos prepararon la Pascua» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 16 de abril de 2025, Miércoles Santo, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Mateo 26, 14-25:

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:

«¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»

Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»

Él contestó:

«Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis y decidle: «El Maestro dice: Mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos»».

Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.

Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:

«En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».

Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro:

«¿Soy yo acaso, Señor?»

Él respondió:

«El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, más le valdría a ese hombre no haber nacido».

Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:

«¿Soy yo acaso, Maestro?».

Él respondió:

«Tú lo has dicho».

Adoración Eucarística con el P. Jesús Luis Sacristán en la Basílica de la Concepción de Madrid, 16-4-2025


16 de abril de 2025.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. Jesús Luis Sacristán, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

La traición de Judas resalta la magnitud del amor de Cristo, que nunca abandona a quien lo busca, incluso en su mayor debilidad / Por P. Carlos García Malo

 


martes, 15 de abril de 2025

Meditación del Martes Santo: “Dios es fiel ante la traición” / Por Mons. Fernando García Cadiñanos, obispo de Mondoñedo-Ferrol

15 de abril de 2025.- (Camino CatólicoEl obispo de Mondoñedo-Ferrol, Fernando García Cadiñanos medita sobre el evangelio del Martes Santo, que habla de la traición de Judas y las negaciones de Pedro a Jesús, que son reflejo de nuestras propias traiciones y subraya que  “Dios es fiel ante la traición”. Lo hace en el espacio ‘Meditación de Semana Santa” emitido por 13 TV.

Ingrid será bautizada en la vigilia pascual: «Ser cristiano es vivir la vida según el Evangelio, según las consignas de la Biblia, y todo lo demás es superficial… Cuando haces 'clic' sientes una liberación tremenda»


Ingrid será bautizada en la vigilia pascual / Foto: Cortesía de Ingrid

Camino Católico.-  En 1974, se bautizaba a la inmensa mayoría de los niños que nacían en España. Sin embargo, Ingrid no recibió el sacramento de la iniciación cristiana. Sus padres consideraron mejor permitir que, cuando ya fuera adulta, pudiera decidir si quería formar parte de la Iglesia católica o no. Y decidió que sí, ¡50 años después! 

Ingrid entrará a formar parte de la Iglesia católica el próximo 19 de abril de 2025 en la vigilia pascual en la catedral de Solsona (España). Su padre será su padrino de Bautismo. “Ellos fueron los que eligieron que yo pudiera decidir cuando fuera adulta y ahora está participando en la entrada”, explica a Patricia Navas en Aleteia

Ingrid rebosa de alegría: “Soy más feliz que nunca. Estoy donde debería estar, por fin lo estoy haciendo bien”, exclama radiante.

Pero se pone seria para confesar: “Me da mucha pena que tantos niños se queden hoy en día sin bautizar, creo que lo van a echar de menos”. 

“A los que tienen hijos les digo: bautizadlos, no sabéis el bien que les vais a hacer. Dádselo de entrada, que sea algo a lo que se puedan agarrar, que lo vivan y lo conozcan”, prosigue.

“A mí no me lo facilitaron, sin ninguna mala intención, pero realmente es una parte que te va faltando siempre”, asegura.

De la ciudad al pueblo

Ingrid nació en Barcelona. Aunque ni a ella ni a su hermana las bautizaron, sus padres -católicos pero no practicantes- sí las inscribieron en un colegio católico. Así que recibió una educación religiosa, pero siempre se sintió un poco aparte de sus compañeras, que hacían la Primera Comunión y participaban en Misa.

Ya en la edad adulta, se trasladó a un pueblo de montaña llamado Bagà. Allí empezó a compartir algunos momentos con la comunidad cristiana y sintió la necesidad de volver a sus raíces y tomar la relación con la Iglesia.

“Notaba que me faltaba algo, había alguna cosa que no había desarrollado bien”, recuerda. Así que acudió a la parroquia del pueblo a informarse. El sacerdote, Gaspar Comellas, la acogió en el catecumenado.

Y convencida de que nunca es tarde, comenzó su formación de dos años para recibir los tres sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía.

Un catecumenado muy enriquecedor

Ingrid ha hecho su catequesis con los niños que se estaban preparando para la Primera Comunión en el pueblo. El año pasado eran cuatro, y este último han sido cinco niños, de entre 6 y 7 años de edad.

“Ha sido muy enriquecedor, porque como yo no pude vivir esta experiencia cuando tenía su edad, es como haber vuelto a descubrir ese amor que no viví, a través de sus preguntas tan inocentes, tan sinceras”, asegura sonriendo.

Y después de esas sesiones con los niños, trabajaba con el párroco el libro de la conferencia episcopal española editado especialmente para catecúmenos.

“Hemos ido ahondando en el credo, el Padrenuestro, en lo que significan las cosas más sencillas como qué es el cielo, el infierno, el pecado, explica.

Ingrid, catecúmena, será bautizada en Pascua / Foto: Cortesía de Ingrid

En estos dos años Ingrid ha redescubierto la Biblia y ha escuchado las explicaciones del cura, y también ha conocido el Espíritu Santo. 

“La parte espiritual, esa energía de situarte en tu lugar, de ver que lo importante no eres tú, que hay algo más… ¡es muy liberador y tranquilizador! -exclama-. Me ha dado una calma tremenda, me ha reconfortado muchísimo”.

Del bautismo en adelante

“Esos momentos los echaré de menos cuando acabe el proceso -prosigue-, porque me han enriquecido, me han hecho redescubrir cosas que me habían explicado de niña, con una ilusión redoblada porque necesito entender el por qué de todo”. 

Después de su bautismo, Ingrid quiere seguir ayudando en la parroquia con tareas de mantenimiento, participar en un grupo de reflexión en torno a los Evangelios y por supuesto, ir a Misa.

“Te enganchas, te sientes parte de algo que va más allá de ti -explica-. Este sentimiento vivido individualmente no lleva a ningún sitio, tienes que compartirlo”.

Su marido, que no ha recibido formación cristiana, la acompaña a Misa y también ayuda en algunas tareas de la parroquia.

En el proceso del catecumenado, indica Ingrid, “tienes que, quizás, desvestirte un poco de lo que te cubre del mundo exterior, centrarte, pensar lo que es importante, que estás aquí por algún motivo”.

“Ser cristiano es vivir la vida según el Evangelio, según las consignas de la Biblia, y todo lo demás es superficial… Cuando haces 'clic' sientes una liberación tremenda”, asegura.

“Te remueve mucho, llevas muchos años esperando y es muy especial -indica-. La única parte buena de haberlo podio vivir ahora es que soy muy consciente y es muy emocionante”.

“Siempre estás a tiempo”

A esta conversa le llama mucho la atención san Agustín de Hipona, quien se hizo cristiano después de una vida desordenada, porque “no a todos nos viene dado el ser católico”. 

Pero “no por el hecho de que tengas una edad debes de cesar en el intento de buscarlo y de vivirlo”, subraya.

“A veces existe la idea de que la vida cristiana te conlleva muchas restricciones, mucho sacrificio para seguirla al pie de la letra, pero es al revés: te liberas, te sientes mucho más realizado, más lleno”, afirma. 

“Da igual si tienes 70 años, siempre estás a tiempo de encontrar al Señor -asegura-. Y cuando eres mayor lo vives de otra manera, lo disfrutas incluso mucho más porque te sientes acogido aunque no hayas seguido el camino habitual y eso es muy reconfortante”.

“Es como si estabas descartado pero te recuperan, Jesús te hace suyo -añade- Tienes que querer, pero para el Señor nunca es tarde. Yo podría haber dicho: ya da igual, si no lo he hecho hasta ahora… ¡pues no: hazlo!”