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viernes, 4 de julio de 2025

Palabra de Vida 4/7/2025: «Misericordia quiero y no sacrificios» / Por P. Jesús Higueras


Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 4 de julio de 2025, viernes de la 13ª semana de Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Mateo 9, 9-13:

En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:

«Sígueme».

Él se levantó y lo siguió.

Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.

Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:

«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?»

Jesús lo oyó y dijo:

«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «Misericordia quiero y no sacrificio»: que no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 4-7-2025

4 de julio de 2025.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Adorar a la Santísima Trinidad es entrar en el misterio del amor perfecto / Por P. Carlos García Malo

 


jueves, 3 de julio de 2025

Papa León XIV pide rezar en julio «para que aprendamos cada vez más a discernir, saber elegir caminos de vida y rechazar todo lo que nos aleje de Cristo y del Evangelio»


Foto: Vatican Media, 3-7-2025


3 de julio de 2025.- (Camino Católico) ”Oremos para que aprendamos cada vez más a discernir, saber elegir caminos de vida y rechazar todo lo que nos aleje de Cristo y del Evangelio”, pide el Papa León XIV en el  “Video del Papa” para el mes de julio del 2025.

El texto completo del Video del Papa es el siguiente:

Oremos para que aprendamos cada vez más a discernir, saber elegir caminos de vida y rechazar todo lo que nos aleje de Cristo y del Evangelio.

(León XIV)


Espíritu Santo, luz de nuestro entendimiento,

dulce aliento en nuestras decisiones,

dame la gracia de escuchar atentamente tu voz

para discernir los secretos caminos de mi corazón,

a fin de captar lo que realmente es importante para ti

y liberar mi corazón de sus aflicciones.


Te pido la gracia de aprender a detenerme

para tomar conciencia de mi manera de actuar,

de los sentimientos que habitan en mí,

de los pensamientos que me invaden,

y que, muchas veces, no logro reconocer.


Deseo que mis elecciones

me conduzcan a la alegría del Evangelio.

Aunque deba atravesar momentos de duda y cansancio,

aunque tenga que luchar, reflexionar, buscar y comenzar de nuevo…

Porque, al final de cuentas,

tu consuelo es el fruto de la decisión correcta.


Concédeme conocer mejor qué es lo que me mueve,

para rechazar aquello que me aleja de Cristo,

y así más amarlo y servirlo.

Amén.

Papa León XIV

Gloria Riva, se hizo monja adoratriz tras volver de la muerte al sufrir un accidente de tráfico con su novio y ahora ha predicado al Papa León XIV: «Tuve la certeza de que Dios estaba allí y de que Dios era amor»


Sor María Gloria Riva pertenece a las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento y ha predicado al Papa León XIV, momento que recoge la imagen / Foto: Vatican Media 

* «Fui a Lourdes y entré en la cripta y noté inmediatamente una fuerte presencia y vi que la Eucaristía estaba iluminada desde atrás, la distinguí claramente como una pequeña luz en la oscuridad. Hela aquí, pensé, la luz que encontré en la calle. No se necesita morir para verla. La Iglesia la esconde en el secreto del altar cada día, allí dónde se celebra, allí dónde se adora. Ese día decidí que no me separaría nunca de la Eucaristía. Entré en la congregación de las monjas de la Adoración Perpetua de Monza» 

Camino Católico.- Hace más de cuarenta años, Gloria Riva (Monza, Italia, 1959) cruzó una intersección sin imaginar que, al otro lado, un coche a toda velocidad cambiaría el rumbo de su vida. Tenía 21 años, estaba prometida, había retomado tímidamente la fe tras un viaje a Lourdes, e iba de camino a una discoteca con su novio. Después del impacto, vino el silencio, la oscuridad... y, según su propio testimonio, la percepción clara de que se encontraba al final de su vida.

Riva, monja perteneciente a las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento, fue la encargada de predicar la meditación a la Curia Romana y al Papa León XIV el lunes, 9 de junio, en el Aula Pablo VI, como antesala a la jornada jubilar de los trabajadores del Vaticano. Su intervención no abordó esta experiencia límite, pero quienes conocen su trayectoria saben que ese episodio, vivido décadas atrás, marcó el origen de su vocación.

Ante León XIV afirmó que la mirada al Santísimo “puede curarnos del mal” y purificar nuestra visión. “No debemos temer, tenemos en Dios un gran aliado. Él nos ama con amor eterno y siempre tendrá piedad de nosotros. Lo que debemos hacer es dejarnos moldear por Él y realizar en el tiempo las iluminaciones que el Espíritu Santo nos ofrece precisamente a través de la Eucaristía y de la Virgen María, signo de esperanza segura…. Lla cruz aún puede salvarnos, una cruz acogida y ofrecida”, reiterando con esperanza que “aún podemos vencer” al mal. “La Virgen María nos custodia en nuestros fracasos y en nuestras potencialidades, como custodia al Niño que lleva en su regazo”. 

Reconstruimos su historia de vida y vocación utilizando lo afirmado por ella en primera persona en una entrevista con Francesco Agnoli. Este es testimonio:

El Papa León XIV asistió el lunes, 9 de junio a la meditación de Sor Maria Gloria Riva de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento / Foto: Vatican Media

Una luz en la oscuridad

Me llamo Gloria Riva, nací en Monza, Italia, en  1959. Tenía veintiún años y tenía novio cuando padecí un accidente que cambió mi vida. Estaba dando pequeños pasos hacia la fe, que había abandonado unos años antes tras una serie de vicisitudes. Después de un viaje a Lourdes, donde el clima de oración caló hondo en mí, salí un sábado con mi novio para ir a bailar a una discoteca.

Llegamos a un semáforo verde y mientras atravesábamos el cruce vi llegar por el otro carril un coche a gran velocidad. Chocamos y después, para mí, sólo hubo silencio y oscuridad. Tuve la clara percepción de haber llegado al final de mi vida y me abandoné totalmente a esta dramática eventualidad. Inmediatamente percibí, dentro de esa oscuridad, una gran paz y serenidad.

Entonces surgió ante mis ojos una pequeña luz blanquísima que venía hacia mí, expandiéndose. La pulsión beatífica de esa luz era como una llamada. Tuve la certeza de que Dios estaba allí y de que Dios era amor. Deseé con todas mis fuerzas alcanzar esa luz, pero vi pasar mi vida ante mí como en una película y tuve una claridad de juicio total sobre la misma. Esa luz era amor, amor gratuito, y esa gratuidad en mi vida no existía.

Dos sentimientos contrarios me embargaron. Por una parte, un gran dolor: la eternidad se me ofrecía en toda su belleza y no la podía alcanzar; Dios no me juzgaba, sencillamente se me mostraba con toda su verdad, era yo la que me juzgaba y comprendía toda la desemejanza. Por la otra parte, sin embargo, sentí una alegría indecible: era pensaba, amada y deseada para este tiempo, para esta historia. No somos un juego al azar, una casualidad a la merced de un destino caprichoso.

Cuando me reanimaron tuve la sensación del rechazo de la vida: tenía siete fracturas, traumatismo craneal, hemorragia interna. Era una especie de rompecabezas que había que recomponer. Inmóvil. Sin embargo, el recuerdo de esa luz fue la prueba de que no morimos y me hubiera gustado gritarles a todos esta verdad.

He reflexionado a menudo sobre lo que me sucedió mientras estaba inconsciente. Me sorprendía recordando detalles que, en relación a la visión de la luz, no conseguía situar en orden temporal.

Después de que me liberaran del amasijo de hierros en el que había quedado convertido el coche, vi, reconocí y saludé a un querido amigo que prestaba servicio en la Cruz Roja y había venido a socorrerme. Me dijo que me había encontrado inmóvil, aparentemente muerta. Vi mi cuerpo desde arriba y me horroricé al ver una pierna totalmente torcida respecto a la posición natural, y a todo el mundo sobre mi cuerpo. Vi a mi novio en el borde de la calle, con las manos apretando sus costados, mientras respiraba con dificultad y sentí dolor por su estado; por el mío, en cambio, no sentía nada. No oí cosas que en cambio molestaron mucho a mi novio, como las sirenas de los coches de los carabineros, de las ambulancias y de los bomberos.He llegado a la conclusión de que mis sentidos estaban estimulados sólo por las relaciones.

Tenía siete fracturas, hemorragia interna y daño cerebral. Permanecí en el hospital (entre ingresos y altas) seis meses. Esos meses cambiaron mi vida. Como escribió Andrè Frossard: “Dios estaba detrás de mí; a veces también delante de mí”. Que la vida es un don que no hay que desperdiciar era para mí algo clarísimo, indiscutible. Ya no fui la misma y descubrí, poco a poco, que el matrimonio no era suficiente, sentía la urgencia de testimoniar a todos lo que me había sucedido. Veía con ojos nuevos cosas y ambientes a los que antes estaba acostumbrada, y veía toda su mezquindad.

Volví a Lourdes para reflexionar sobre la vocación. Volví con mi novio. Un día se anuló un encuentro que teníamos en la gruta de la Virgen (yo era dama, él camillero: teníamos turnos distintos y, por lo tanto, pocos ratos para vernos). Empecé a caminar y me encontré delante de la cripta. Entonces no lo sabía, pero allí había, entonces, Adoración perpetua.

Entré y recorrí un largo pasillo con capillas laterales. Me encontré en una capilla circular blanquísima, en penumbra. Dos religiosas vestidas de blanco estaban en adoración ante un ostensorio que tenía la forma de un ramo de espinas. Noté inmediatamente una fuerte presencia y vi que la Eucaristía estaba iluminada desde atrás, la distinguí claramente como una pequeña luz en la oscuridad. Hela aquí, pensé, la luz que encontré en la calle. No se necesita morir para verla. La Iglesia la esconde en el secreto del altar cada día, allí dónde se celebra, allí dónde se adora.

Gloria Riva se entregó a Dios en la vocación específica de la adoración eucarística

Ese día decidí que no me separaría nunca de la Eucaristía. Entré en la congregación de las monjas de la Adoración Perpetua de Monza, donde permanecí veintitrés años. En el monasterio me fui dando cuenta de que son los propios católicos los que pisotean el tesoro de la Eucaristía. Que había una belleza que era incomprensible para todos y que era necesario aumentar la fuerza de la llamada.

Por encargo de mis superiores acompañaba a unos laicos y pude observar que había desaparecido de nuestra vida diaria la fuerza unificadora del símbolo y, así, empecé a explicar la Escritura y la fe a través del arte. Poco a poco esto se fue revelando un carisma, que me llevó a la determinación de fundar un monasterio que, junto a la Adoración Eucarística (y, por consiguiente, manteniendo la vida de oración y contemplación), prestara una particular atención a la belleza en todas sus formas, sobre todo las vinculadas a la liturgia. Algo que llevé a cabo en 2007, en la diócesis de San Marino Montefeltro.

Una luz que también pintó El Bosco

Explicar una experiencia cercana a la muerte como la mía es arriesgado. Puede ser entendida, pero puedes caer en la banalidad, en lo oculto, en la New Age. He tenido esta experiencia varias veces. Después del accidente vi, por casualidad, el políptico de El Bosco titulado La visión del Más Allá.

'Visión del más allá', de El Bosco

Lo había estudiado en el colegio, sin que me llamase especialmente la atención. Volver a ver el llamado por los críticos empíreo me impresionó mucho. Entendí que sólo quien había tenido una experiencia similar a la mía podía pintar de manera tan concreta lo que había visto.

Detalle de una de las partes que conforman la ‘Visión del más allá', de El Bosco

En el panel de El Bosco una luz blanca circular (parecida a una hostia) irrumpe en la oscuridad, latiendo. Hay almas que desean alcanzarla, pero a algunas se lo impide la propia oscuridad. En la parte más baja del panel, ángeles con alas negras frenan a estas almas, que tienen las manos en alto como si no pudieran moverse. Pero su rostro está constantemente girado hacia la luz y esta tensión las purifica. De hecho, un poco más arriba (más cerca de la luz), ángeles con alas rojas (el fuego purificador) sujetan a almas que siguen mirando la luz, pero cuyas manos están en posición de oración. Su deseo de Dios las purifica y, así, se elevan. Al final, en la parte más alta, precisamente en el inicio del cono de luz blanquísima, hay almas acompañadas de ángeles con alas blancas y con las manos extendidas, abrazando.

Esta obra corresponde exactamente a lo que yo he vivido y me consuela ver cómo un pintor del siglo XV, que no podía saber lo que son las terapias intensivas y el ensañamiento terapéutico, ha pintado algo que se corresponde a lo que cuentan quienes, por así decir, han vuelto atrás para avisar a nuestro mundo materialista que el paraíso existe.

Sor María Gloria Riva

«León de Perú», documental que narra el paso de Robert Prevost como sacerdote y obispo en el país sudamericano antes de ser elegido Papa


Foto: Vatican Media

Camino Católico.-  El Vaticano estrenó este 20 de junio el documental “León de Perú”, que narra el paso de Robert Prevost como sacerdote y obispo en el país sudamericano antes de ser elegido sucesor de Pedro y tomar el nombre de Papa León XIV. En el vídeo de Vatican News se visualiza el documental íntegro.

“Este documental recorre la obra misionera de Robert Francis Prevost en Perú. El viaje recorre diversos lugares del país, como Chulucanas, Trujillo, Lima, Callao y Chiclayo, donde las voces de diferentes personas relatan la labor pastoral y social del futuro Papa”, señala una nota de Vatican Media.

El documental es una producción de la Dirección Editorial del Dicasterio para la Comunicación y ha sido realizado por los periodistas Salvatore Cernuzio, Felipe Herrera-Espaliat y Jaime Vizcaíno Haro.

Esta producción se estrenó en español, italiano e inglés, en el día en que la Iglesia Católica celebra a San Juan de Matera, un monje italiano a quien Dios protegió de la calumnia.

El Papa y la cultura del Perú

En el documental, el Obispo del Callao, Mons. Luis Alberto Barrera, comenta cómo es que el Papa León XIV fue adoptando la cultura del Perú, comenzando por el idioma castellano.

“Robert no se sentía como alguien extranjero. Si le escuchan hablar en español —generalmente los americanos tienen un dejo fuerte—, él no. Había asumido tan bien la lengua española que lo hablaba como un peruano”, dice el prelado.

“El diálogo siempre ha sido con él muy fraternal, de hermanos y también su sentido de empatía con la cultura, su cercanía marcaba la diferencia completamente. Había hecho un proceso de inculturación, de entrar en la cultura del Perú y de hablar como nosotros”, destaca el obispo.

La labor del Padre Roberto con mujeres que cayeron en la prostitución

Otra de las historias que muestra el documental es el testimonio de Sylvia Vázquez, una mujer de Chiclayo que fue víctima de trata cuando era niña, quien recuerda el acompañamiento y la ayuda recibida por parte de Robert Prevost, sosteniendo la labor de la congregación de las Hermanas Adoratrices, que daban educación a mujeres que habían caído en la prostitución.

“Al Padre Prevost lo conocí porque él también estaba junto con las hermanitas Adoratrices, también se reunía con las personas del grupo de trata de personas”, recuerda la mujer que también ayudaba a las víctimas de trata en la ciudad del norte del Perú.

“Íbamos a ver a las chicas a los bares, a los sitios, a invitarlas a los talleres y el padre Prevost hacía Misa, todas las chicas escuchaban y algunas hablaban con él y el Papa también las escuchaba”.

Sylvia destaca que con estas mujeres, muchas de las cuales eran madres de familia y habían caído en la prostitución por la pobreza y la falta de trabajo: “el Papa León fue muy bueno, él ha sido muy generoso y él me decía: ‘Sylvita, tu eres una bella persona, una valiosa, estás ahí en el grupo en el que estamos y nos va a ir bien”.

El Papa León XIV y el Perú

El P. Robert Prevost, de la Orden de San Agustín, llegó por primera vez al Perú en 1985, concretamente a la Prelatura —ahora diócesis— de Chulucanas, el año en el que asumió el poder el fallecido expresidente Alan García, quien al final de su primer gobierno dejó al país sumido en una crisis económica gravísima.

Poco después, el ahora Papa León XIV volvió a Estados Unidos y, tras un tiempo allá, retornó nuevamente al Perú en 1988, ahora a la Arquidiócesis de Trujillo, donde se encargó de formar a los agustinos y donde fue profesor en el Seminario de San Carlos y San Marcelo, además de cumplir diversas labores pastorales en varias parroquias locales hasta 1999.

Luego fue prior provincial en Chicago y sirvió también, en dos periodos, como prior general de los agustinos. En 2014 regresó a la costa norte del Perú, ahora a la Diócesis de Chiclayo, de la que primero fue administrador apostólico y posteriormente obispo.

El Santo Padre asumió la nacionalidad peruana en 2015 y recibió el documento nacional de identidad, cuyos datos actualizó a finales de este mes de mayo en el Vaticano.

Mons. Robert Prevost también sirvió como Administrador Apostólico del Callao y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana, donde el secretario adjunto, el P. Guillermo Inca, guarda un recuerdo grato de él: “La emoción de haber escuchado el nombre del Cardenal Robert Prevost como Papa, Pastor de la Iglesia Universal, fue realmente indescriptible, un momento inolvidable”, dice el sacerdote.

Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Misa de hoy, jueves, Santo Tomás, apóstol, 3-7-2025

3 de julio de 2025.- (Camino Católico) Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Santa Misa de hoy, jueves de la 13ª semana de Tiempo Ordinario, Santo Tomás, apóstol, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, jueves, Santo Tomás, apóstol, 3-7-2025

3 de julio de 2025.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, jueves de la 13ª semana de Tiempo Ordinario, Santo Tomás, apóstol, presidida por el P. Heliodoro Mira, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Luminosos del Santo Rosario desde el Santuario de Lourdes, 3-7-2025

3 de julio de 2025.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Luminosos del Santo Rosario, correspondientes a hoy, jueves, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 3/7/2025: «¡Señor mío y Dios mío!» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 3 de julio de 2025, jueves de la 13ª semana de Tiempo Ordinario, Santo Tomás, apóstol, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Juan 20, 24-29:

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:

«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:

«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:

«¡Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:

«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».