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domingo, 21 de diciembre de 2025

Homilía del evangelio del domingo: La salvación es un don de Dios que procede de lo alto y que nosotros hemos de acoger y secundar, como la Virgen María / Por P. José María Prats

* «El don y la iniciativa divina se manifiestan en la concepción virginal de María; la necesaria colaboración del ser humano con este don, en la total disponibilidad de la Virgen: ‘He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra’. Ésta es la gran lección que hoy nos da la palabra de Dios: la salvación no es una conquista humana, no puede alcanzarse solamente por el progreso del derecho, la tecnología o la ciencia médica… ¿Por qué el bienestar que nos afanamos en atrapar se nos escurre entre las manos? Porque hemos dejado de mirar hacia lo alto, porque hemos olvidado que la paz, la armonía, la unidad, la justicia y la verdadera alegría son dones que proceden de lo alto y que hemos de acoger –como María– con la alabanza, la acción de gracias y la escucha atenta y obediente de la Palabra de Dios»

Domingo IV de Adviento – A

Isaías 7, 10-14 / Salmo 23 / Romanos 1, 1-7 / San Mateo 1, 18-24


P. José María Prats / Camino Católico.-   Estamos ya en el cuarto domingo de Adviento, a las puertas de la Navidad, y la liturgia de hoy nos propone el pasaje del evangelio según San Mateo que describe las circunstancias entorno al nacimiento de Jesús.

Lo que más llama la atención en este pasaje es el interés en remarcar que Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo, pues se repite dos veces en un mismo párrafo. Primero se nos dice que María, estando desposada con José y antes de vivir juntos, «esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo» y, un poco más abajo, el ángel pide en sueños a José que no tenga reparo en acoger a María en su casa «porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo».

¿Por qué Jesús, el Hijo de Dios encarnado, tenía que nacer de una mujer virgen? ¿Es que hay algo malo en que un hombre y una mujer casados se unan para tener un hijo? Por supuesto que no: la unión de los esposos como manifestación de su amor y de su disponibilidad para acoger el don de la vida es algo precioso y santo. Pero aquí se trata de otra cosa, se trata de manifestar la lógica de la salvación: que el ser humano no puede redimirse a sí mismo.

Cuando un hombre y una mujer se unen para concebir un hijo, este acto es una iniciativa humana que Dios secunda para engendrar la vida. Pero la salvación del ser humano, la victoria definitiva sobre el poder del mal que se inicia con la concepción de Jesús, no es una conquista humana sino un don de Dios que nosotros hemos de secundar.

El don y la iniciativa divina se manifiestan en la concepción virginal de María; la necesaria colaboración del ser humano con este don, en la total disponibilidad de la Virgen: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».

Ésta es la gran lección que hoy nos da la palabra de Dios: la salvación no es una conquista humana, no puede alcanzarse solamente por el progreso del derecho, la tecnología o la ciencia médica. La salvación es un don de Dios, un don que procede de lo alto y que nosotros –como María– hemos de acoger y secundar.

¿Por qué hoy tantos, teniendo las mejores tecnologías de la comunicación, se sienten tan solos? ¿Por qué tantas casas, confortables y hasta lujosas, se han convertido en infiernos por la división de los que las habitan? ¿Por qué teniendo más recursos que nunca, medio mundo se sigue muriendo de hambre? ¿Por qué el bienestar que nos afanamos en atrapar se nos escurre entre las manos? Porque hemos dejado de mirar hacia lo alto, porque hemos olvidado que la paz, la armonía, la unidad, la justicia y la verdadera alegría son dones que proceden de lo alto y que hemos de acoger –como María– con la alabanza, la acción de gracias y la escucha atenta y obediente de la Palabra de Dios.

Dice el salmo 120: «Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra».

P. José María Prats

Evangelio: 


La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.


Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: 


«José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». 


Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: 


«Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’».


Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.


San Mateo 1, 18-24

Como José, preparemos un corazón disponible, dócil y creyente, para que Jesús nazca en nosotros / Por P. Carlos García Malo

 


Andrea Cueva y Kenji Igei: «Nuestros mellizos nacieron a los 5 meses de gestación, los médicos dijeron que tenían un 10% de probabilidades de sobrevivir, rezamos a la Virgen de Guadalupe y están sanos»


Andrea Cueva y Kenji Igei junto con Iago e Ian y la Virgen de Guadalupe / Foto: @familia.igeicueva

* «A pesar de todo, la Virgen de Guadalupe no nos abandonó. Ella quiso, desde el día 1, hacerse notar. Seguíamos encomendándolos con mucha fe, incluso en medio de las más difíciles tormentas. Muchas personas nos acompañaron en esta plegaria, e Ian y Iago son fruto de la oración de tantos. ¡Infinitas gracias! Verlos tan sanos e inteligentes, a veces nos hace olvidar de dónde los libró Dios. Verlos así debería darnos ganas de recordar que el Señor no abandona, que los milagros existen y que Dios obra. Y … que la Virgen siempre vela»

Camino Católico.-  Con apenas 5 meses de gestación, Iago e Ian nacieron de emergencia, enfrentando un pronóstico desgarrador: solo un 10% de probabilidades de sobrevivir. En medio del miedo y la incertidumbre, su familia se aferró a la fe y rezó todos los días a la Virgen de Guadalupe por la vida de estos pequeños.

Andrea Cueva y Kenji Igei enfrentaban un duro momento por la pérdida de su primer hijo con solo 6 semanas de embarazo, cuando fueron sorprendidos con un regalo de Dios, iban a ser padres nuevamente y esta vez de dos niños.

Desde el inicio, el embarazo fue considerado de alto riesgo, lo que obligó a Andrea a permanecer en reposo absoluto durante las primeras semanas.

“No negaré que ver a otras embarazadas caminando y haciendo su vida normal me cuestionaba de ‘¿por qué yo no?’ Pero bueno, mi útero, mi vida es diferente a la de las otras. Mi trabajo era desde cama, he visto tantas series que hasta me sentía culpable de ‘perder mi tiempo’. Pero entendía que una vida entregada era una vida que vale la pena y así celebrábamos semana tras semana; era una tremenda alegría”, indica en su cuenta de Instagram.

En este tiempo de incertidumbre, la pareja decidió consagrar la vida de sus pequeños a la Virgen y agradecer a Dios por este regalo. “‘Son más tuyos que nuestros’ es nuestra oración de todos los días”, escribieron.

A las 12 semanas, una ecografía confirmó que todo marchaba bien, y la doctora les dio luz verde para retomar una vida más activa. “Al día siguiente mi mamá compró nuestros pasajes a Miami porque en casa estábamos solos”, señala Andrea.

Sin embargo, a pesar de los momentos de tranquilidad, Andrea no dejó de enfrentarse a temores constantes. “De verdad que es muy difícil cuando vas al baño y piensas que en cualquier momento podrías sangrar”, confesó. Aun así, celebraban cada semana como un logro.

El 1 de enero, durante su estancia en Estados Unidos, el embarazo se complicó y con solo 5 meses de gestación, los bebés llegaron al mundo. La pareja decidió darles el nombre de Iago e Ian, por Santiago y Juan, apóstoles hermanos.

“Ellos nacieron de emergencia cuando estábamos de turismo en EEUU y no nos queda duda de que Dios quería que fuese así.

Cuando nacieron nos dijeron que solo tenían un 10% de probabilidades de sobrevivir, que nos preparemos para lo peor porque en cualquier momento podría pasar”.

En medio de este desafío, la fe de Andrea y Kenji no desfalleció. Decidieron bautizar a sus pequeños guerreros, que se encontraban en cuidados intensivos neonatales (UCIN).

Los mellizos Iago e Ian / Foto: @familia.igeicueva

“Creemos en la Santa Iglesia Católica y eso nos hace saber que cuando se bautizan no sólo son miembros de este cuerpo místico de Cristo, sino que se hacen Hijos de Dios 💟. Ian e Iago ahora son hijos de ese padre que los ama tanto, es para festejar!”.

La familia también pidió oraciones a la Virgen de Guadalupe por la salud de los pequeños, confiando en su poderosa intercesión. Y luego de 5 meses y medio, los pequeños lograron salir de UCIN.

“A pesar de todo, la Virgen de Guadalupe no nos abandonó. Ella quiso, desde el día 1, hacerse notar. Seguíamos encomendándolos con mucha fe, incluso en medio de las más difíciles tormentas. Muchas personas nos acompañaron en esta plegaria, e Ian y Iago son fruto de la oración de tantos. Infinitas gracias!”.

Hoy, con el corazón lleno de gratitud, Andrea y Kenji celebran la vida de sus hijos, recordando que los milagros existen. Aunque el camino no ha sido fácil, incluso enfrentando el cáncer del pequeño Iago, cáncer del pequeño Iago, la familia ha seguido adelante con fe y esperanza. Cuando la enfermedad se hizo presente escribían: “Quien lo iba a creer que el cáncer llegaría a nuestra vida... Justo a un bebé de menos de un año que había pasado 5 meses y medio en el hospital, por 3 operaciones y por muchos percances y dolores en su corta vida. Iago hermoso, ya venciste, ya estas bien!!!”.

“Verlos tan sanos e inteligentes, a veces nos hace olvidar de dónde los libró Dios. Verlos así debería darnos ganas de recordar que el Señor no abandona, que los milagros existen y que Dios obra. Y … que la Virgen siempre vela”.

En 2023, la pareja recibió una nueva alegría: la llegada de Iáela, una pequeña que nació totalmente sana. “El Señor con su vida nos está curando las heridas…”, resaltaron.

Andrea Cueva y Kenji Igei junto con Iago e Ian y la bebé Iáela / Foto: @familia.igeicueva

Esta es la oración a la Virgen de Guadalupe que la familia rezó por los pequeños Iago e Ian.

Hermosa Virgencita de Guadalupe,

te entrego la salud de Iago e Ian,

recién nacidos prematuramente,

para que los cobijes con tu manto de madre

y reciban todo tu calor, tu amor y protección.  


Acércalos a tu regazo,

para que sus cuerpos se fortalezcan,

que sus órganos se desarrollen por completo

y sus defensas se multipliquen,

para que nada pueda dañarlos.  


Te pido, Virgen de Guadalupe,

que seas tú quien intervenga para que

estos bebés crezcan sanos,

fuertes y llenos de vida;

que el tiempo que les faltó

por permanecer en el vientre

no sea un impedimento

para su completo y total desarrollo físico y mental;

que siempre estés tú a su lado, cuidándolos,

protegiéndolos, sanándolos y llenándolos

de amor y de salud perfecta.  


Confío plenamente a ti, Virgen de Guadalupe,

estas nuevas vidas que ahora son vida,

esperanza y alegría de sus padres y familiares.  

Amén. 

José María Alsina: «Recé años a la Virgen y prometí ser sacerdote si mi hermana, tetrapléjica, se curaba; eso no pasó, pero su alegría fruto del amor del Corazón del Señor me llevó a ser cura»

El padre José María Alsina con su hermana Mercedes, tetrapléjica, que le llevó a confirmar la llamada al sacerdocio

* «Viendo a Mercedes lo feliz que estaba, entendí que yo estaba llamado a llevar esa felicidad como sacerdote al corazón de los hombres, porque hoy en día hay muchas personas que mueven sus brazos y piernas, que pueden correr, que pueden saltar, pero que están muy tristes y deprimidos.  ¿Y  la razón cuál es? Que no tienen el amor del Corazón del Señor. Por lo tanto, para mí la llamada fue comprender que el amor que yo he recibido lo tengo que dar, que es el amor del Corazón del Señor para que la gente pueda encontrar la alegría, la felicidad, la salvación que solamente Jesús nos puede dar» 

Vídeo de la H.M. Televisión en el que el padre José María Alsina cuenta su testimonio de vocación

Camino Católico.-  José María Alsina siempre ha sentido una fuerte atracción por Jesús. Su familia le transmitió la fe a la par que la vida y la educación y la cultura cristiana. La llamada a ser sacerdote le llegó a través de varias “voces”, pero la de su hermana pequeña, Mercedes, fue determinante.

“Cuando pienso un poco en que momento empezó esta amistad con Jesús que me llevaría al sacerdocio, yo no puedo poner fecha  porque creo que desde la cuna el Señor me llamó. ¿Y cómo explicarlo? El Señor desde muy niño puso en mi corazón un amor muy especial, como un deseo muy grande de ser de Él. Yo he entendido siempre el sacerdocio como ser de Jesús”, dice José María Alsina en el video-testimonio de HM Televisión.

“Luego, ya vendría a comprender el sacerdocio desde el punto de vista sacramental unido a la Eucaristía, pero para mí el sacerdocio siempre ha sido ser de Jesús. Por eso cuando yo me ponía delante de Jesús entendía que el Señor me iba atrayendo hacia Él”, asegura


José María, el niño en el centro de la imagen, fue el padrino de bautismo de su hermana Mercedes / Foto: Cortesía de José María Alsina

Una promesa a la Virgen

“Un momento en mi vida que me marcó mucho fue a los 12 años, cuando el Señor atravesó mi vida a través del sufrimiento porque vivimos en mi casa un momento de dolor fuerte con la enfermedad de una de mis hermanas, Mercedes, a quien llamábamos Memé. Era una niña normal, tenía un año y medio, y de repente se puso a morir. Aquella noche mis padres nos dijeron que estaba muy enfermita y yo ante una imagen de la Virgen le dije: ‘madre si se cura Mercedes voy a ser sacerdote’. Le prometí el sacerdocio a la Virgen y la Virgen -lo que se da no se quita santa Rita bendita- y la Virgen esa promesa que hice la guardó en su corazón”, comparte el padre Jose María Alsina.

Lourdes lugar de peregrinación para la familia para rezar por la curación de Mercedes 

Pero los sentidos encontrados se manifiestan en Jose María durante la adolescencia: “A los 15 años, empiezan a agradarte las niñas y pienso que a mi también me gustaría casarme, pero a la vez siempre guardaba en mi corazón aquella promesa. Y por otro lado, seguía sintiendo lo que sentía de niño, que cuando me ponía delante de Jesús, había algo que me atraía muy fuerte”. 

“Me gustaba mucho ir a Lourdes porque desde que mi hermana pequeñita Mercedes se puso enferma, mi padre siempre dijo que iríamos todos los veranos a Lourdes a pedir que se curara y si se curaba a dar gracias. Por lo tanto, estábamos comprometidos con Lourdes y  fuimos muchas veces en familia y yo empecé a ir también con jóvenes, con lo que para mí Lourdes era un lugar muy especial”, cuenta.

Mercedes no se curó, pero él entendió que se confirmaba la llamada al sacerdocio

La familia Alsina (falta una hermana, carmelita en Tiana, España) / Foto: Cortesía de José María Alsina

“A los 16 años, rezando delante de la Virgen de Lourdes rezando le dije: ‘Madre yo te prometí aquello cuando era un niño, pero Mercedes sigue enfermita, mi hermana se quedó tetrapléjica, y, ¿tú qué me has querido decir con todo esto?”, relata Jose María, a quien le vino la respuesta a su mente:

“Empecé a pensar que a través de ella el Señor me había enseñado lo que es ser sacerdote. Porque mi hermana Mercedes no se curó pero estaba siempre contenta, siempre tenía una felicidad, una alegría que nos la iba transmitiendo. Nosotros éramos siete hermanos y luego vino otro hermanito pequeñito, Miguel. Y yo creía que Mercedes se pondría triste viendo como Miguel camina. Y pasó todo lo contrario. Mercedes era motivo de alegría para nosotros”, asegura.

“Y entonces empecé a pensar que a través de ella el Señor también me había enseñado que era ser sacerdote. Ese deseo que yo tenía de niño de ser de Jesús. Ser sacerdote es llenar el corazón de las personas del amor del Señor. Y Mercedes estaba contenta porque tenía el amor de mis padres, el amor nuestro, el amor de la familia, es decir que se sabía muy amada, y por otro lado tenía el amor Corazón del Señor, que era el centro de nuestra familia”, relata.

“Viendo a Mercedes lo feliz que estaba, entendí que yo estaba llamado a llevar esa felicidad como sacerdote al corazón de los hombres, porque hoy en día hay muchas personas que mueven sus brazos y piernas, que pueden correr, que pueden saltar, pero que están muy tristes y deprimidos.  ¿Y  la razón cuál es? Que no tienen el amor del Corazón del Señor. Por lo tanto, para mí la llamada fue comprender que el amor que yo he recibido lo tengo que dar, que es el amor del Corazón del Señor para que la gente pueda encontrar la alegría, la felicidad, la salvación que solamente Jesús nos puede dar”, dice.

Su hermana Mercedes impulsó a ser sacerdote a José María Alsina, que en la imagen está dando la Comunión a ella / Foto: Cortesía de José María Alsina

“Me enamoré de Jesucristo”

“A los 18 años entré en el seminario de una manera providencial. Estaba pensando pues ir al seminario y una religiosa del colegio me preguntó: ’¿José María tú no has pensado ser sacerdote’. Comencé a hablar con ella y un día me dijo: ‘si tú tienes tan clara tu vocación, te tienes que ir al seminario’. Yo le respondí que iba a hacer una carrera universitaria y ella me replicó: ‘No, te tienes que ir al seminario’”, comparte.

Y concluye: “En los seis años que estuve en el seminario de Toledo, lo más importante fue que la amistad con el Señor se hizo fuerte y me enamoré de Jesucristo y nunca dudé que el Señor me llamaba. Y llegó el día de la ordenación como la confirmación de que la llamada que yo había recibido de niño era verdad. Y desde entonces tengo esa certeza en mi corazón cuando estoy con Jesús: que soy de Él, que le pertenezco y que mi sacerdocio configura totalmente mi existencia”.

Mercedes Alsina da gr acias a Dios por el don de la vida porque los médicos dijeron que no pasaría de los 15 años

El 12 de junio de este 2025 se han cumplido 42 años desde que Mercedes Alsina, conocida en su familia como Memé, sufrió el ataque de un virus y el efecto negativo de una vacuna que la dejó tetrapléjica. Los médicos dijeron a su familia que la niña no pasaría de los 15 años. Otros dijeron que estaría siempre atada a la cama y el respirador artificial. Se equivocaron.

"Dios es el Señor de la vida", explica su hermano sacerdote José María. "Ella salió del hospital, hizo una carrera universitaria, trabaja. Con una tetraplejia del 98% lleva la librería online Balmes y es tía de 24 sobrinos", decía en 2019

Es una vida intensa, con sus alegrías y dificultades, que ella celebró con un texto de agradecimiento a Dios el 12 de junio de 2019.

Mercedes Alsina rodeada de sobrinos

Esa carta empieza contando lo que le sucedió: “Si fue hace ya muchooo tiempo... un día que parecía que transcurriría con normalidad. Pasaríamos ese día en casa de unos amigos y a la noche volveríamos cansados pero felices comentando las anécdotas. Sin embargo, aquel día no fue normal ni volvimos a casa. De repente, cambió mi vida. Bueno, y la de mi familia, para siempre. Dejé de andar, de respirar y podría haber sido mi último día. Pero no lo fue porque miles de personas rezaron y Dios les escuchó y mucho. Por eso es un día para celebrar, para dar gracias, para recordar. Porque superé aquel bache y otros muchos que han ido apareciendo”.

Y sigue desgranando razones de porque es un día para celebrar, para dar gracias, para recordar: “Porque he crecido junto a mi familia. Porque juntos hemos disfrutado y celebrado miles de acontecimientos. Porque durante estos años he conocido a gente maravillosa que ha hecho de este viaje una aventura impresionante. Y porque después de 36 años de mucha felicidad y alguna que otra lágrima sólo puedo decir ¡GRACIAS Dios mío!, por haberme regalado estos 36 años de VIDA maravillosa”.

Para concluir, publicamos a continuación el vídeo del año 2010 en que Mercedes Alsina daba gracias al Sagrado Corazón por el don de la vida.