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viernes, 8 de mayo de 2026

Papa León XIV en homilía en el santuario de la Virgen de Pompeya, 8-5-2026: «El Rosario marca el ritmo de nuestra vida, llevándola continuamente a Jesús y a la Eucaristía»

* «El Rosario dirige la mirada hacia las necesidades del mundo, como subrayaba la Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, proponiendo en particular dos intenciones que siguen siendo de urgente actualidad: la familia, que sufre el debilitamiento del vínculo conyugal, y la paz, puesta en peligro por las tensiones internacionales y por una economía que prefiere el comercio de armas al respeto de la vida humana» 

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «Desde este Santuario, cuya fachada san Bartolo Longo concibió como un monumento a la paz, elevamos hoy con fe nuestra súplica. Jesús nos dijo que la oración hecha con fe puede obtenerlo todo (cf. Mt 21,22). Y san Bartolo Longo, al pensar en la fe de María, la define como «todopoderosa por gracia». Por su intercesión, que del Dios de la paz venga una efusión sobreabundante de misericordia, que toque los corazones, apacigüe los rencores y los odios fratricidas, e ilumine a quienes tienen responsabilidades especiales de gobierno. Hermanos y hermanas, ningún poder terrenal salvará al mundo, sino solo el poder divino del amor, ese poder divino del amor que Jesús, el Señor, nos ha revelado y donado. ¡Creamos en Él, esperemos en Él, sigámoslo!» 

 


8 de mayo de 2026.- (Camino Católico)  “El Rosario marca el ritmo de nuestra vida, llevándola continuamente a Jesús y a la Eucaristía” ha subrayado el Papa León XIV en su homilía de este viernes al presidir una solemne celebración eucarística en la Plaza del Santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya, uno de los lugares marianos más significativos de Italia. Ante 20.000 fieles, entre ellos 400 enfermos discapacitados. Al final de la Misa el Pontífice ha orado la súplica a la Virgen del Rosario de Pompeya escrita por San Bartolo Longo, fundador del santuario.



El Pontífice ha encomendado en su homilía su ministerio petrino a la protección de la Virgen: “Exactamente hace un año, cuando me fue confiado el ministerio de Sucesor de Pedro, era precisamente el día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya. Por eso debía venir aquí, para poner mi servicio bajo la protección de la Virgen Santa”. Además, ha destacado el vínculo entre el nombre pontificio que eligió y León XIII, Papa que impulsó ampliamente la devoción al Rosario a través de “un amplio Magisterio”.




“¿Qué hay más esencial que los misterios de Cristo, que su santo Nombre pronunciado con la ternura de la Virgen Madre?”. El Papa además ha recordado que generaciones enteras de creyentes “han encontrado en el Rosario una escuela sencilla y profunda de fe, capaz de custodiar tanto la espiritualidad popular como las expresiones más elevadas de la mística cristiana” y ha insistido en que el Rosario es “rezado”, “celebrado” y consecuencia natural, fuente de caridad: “Caridad hacia Dios, caridad hacia el prójimo: dos caras de la misma moneda”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:



VISITA PASTORAL DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A POMPEYA Y NÁPOLES


SANTA MISA

Y SÚPLICA A NUESTRA SEÑORA DE POMPEYA


HOMILÍA DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV


Piazza Bartolo Longo, frente al Santuario de Nuestra Señora del Santo Rosario de Pompeya

Viernes, 8 de mayo de 2026



¡Queridos hermanos y hermanas!

«Proclama mi alma la grandeza del Señor». Estas palabras, con las que hemos respondido a la primera lectura, brotan del corazón de la Virgen María al presentar a Isabel el fruto de su vientre, Jesús, el Salvador. Tras ella, cantarán a Cristo Zacarías, el padre de Juan el Bautista, y el anciano Simeón. Estos tres cánticos marcan cada día la alabanza de la Iglesia en la Liturgia de las Horas. Son la mirada del antiguo Israel, que ve cumplidas sus promesas; son la mirada de la Iglesia Esposa, tendida hacia su Esposo divino; son, implícitamente, la mirada de toda la humanidad, que encuentra respuesta a su anhelo de salvación.

Hace ciento cincuenta años, al colocar la primera piedra de este Santuario, en el lugar donde la erupción del Vesubio del año 79 d. C. había sepultado bajo las cenizas los vestigios de una gran civilización, protegiéndolos durante siglos, san Bartolo Longo, junto con su esposa, la condesa Marianna Farnararo De Fusco, sentó las bases no solo de un templo, sino de toda una ciudad mariana. Así expresaba la conciencia de un designio de Dios, que san Juan Pablo II, al hablar en este lugar de gracia el 7 de octubre de 2003, al concluir el Año del Rosario, relanzó para el Tercer Milenio, en la perspectiva de la nueva evangelización: «Hoy —decía— como en los tiempos de la antigua Pompeya, es necesario anunciar a Cristo a una sociedad que se va alejando de los valores cristianos y pierde incluso su memoria».

Hace exactamente un año, cuando se me confió el ministerio de Sucesor de Pedro, era precisamente el día de la Súplica a la Virgen, ¡este hermoso día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya! Por lo tanto, tenía que venir aquí, para poner mi servicio bajo la protección de la Santísima Virgen. El haber elegido luego el nombre de León me sitúa en las huellas de León XIII, quien tuvo, entre otros méritos, el de haber desarrollado un amplio Magisterio sobre el Santo Rosario. A todo ello se suma la reciente canonización de san Bartolo Longo, apóstol del Rosario. Este contexto nos brinda una clave para reflexionar sobre la Palabra de Dios que acabamos de escuchar.

El Evangelio de la Anunciación nos introduce en el momento en que el Verbo de Dios se hace carne en el seno de María. De este seno irradia la Luz que da pleno sentido a la historia y al mundo. El saludo que el ángel Gabriel dirige a la Virgen es una invitación a regocijarse: «Alégrate, llena de gracia» (Lc 1,28; cf. Sof 3,14). Sí, el Ave María es una invitación a la alegría: le dice a María, y en ella a todos nosotros, que sobre los escombros de nuestra humanidad probada por el pecado y, por lo tanto, siempre inclinada a las injusticias, A las opresiones y a las guerras, ha llegado la caricia de Dios, la caricia de la misericordia, que toma en Jesús un rostro humano. María se convierte así en Madre de la misericordia. Discípula de la Palabra e instrumento de su encarnación, se revela verdaderamente como la «llena de gracia». ¡Todo en ella es gracia! Al ofrecer al Verbo su propia carne, ella se convierte también, como enseña el Concilio Vaticano II siguiendo a san Agustín, en «madre de los miembros (de Cristo) … porque cooperó con caridad en el nacimiento de los fieles de la Iglesia, quienes son miembros de esa Cabeza» (Const. dogm. Lumen gentium, 53; cf. San Agustín, De S. Virginitate, 6). En el «He aquí» de María nace no solo Jesús, sino también la Iglesia, y María se convierte a la vez en Madre de Dios —Theotòkos— y Madre de la Iglesia.

¡Gran misterio! Todo sucede en el poder del Espíritu Santo, que cubre a María con su sombra y hace fecundo su seno virginal. Este momento de la historia tiene una dulzura y una fuerza que atraen el corazón y lo llevan a esa altura contemplativa en la que brota la oración del Santo Rosario. Una oración que, surgida y desarrollándose progresivamente en el segundo milenio, hunde sus raíces en la historia de la salvación, y tiene precisamente en el saludo del Ángel a la Virgen su preludio. «¡Ave María!». La repetición de esta oración en el Rosario es como el eco del saludo de Gabriel, un eco que atraviesa los siglos y guía la mirada del creyente hacia Jesús, visto con los ojos y el corazón de la Madre. Jesús adorado, contemplado, asimilado en cada uno de sus misterios, para que, con San Pablo, podamos decir: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gálatas 2,19).

Precedida por la proclamación de la Palabra de Dios, enmarcada entre el Padrenuestro y el Gloria, la Ave María que se repite en el Santo Rosario es un acto de amor. ¿Acaso no es propio del amor repetir sin cansarse: «Te quiero»? Un acto de amor que, en los granos de la corona, como bien se ve en el cuadro mariano de este Santuario, nos lleva de vuelta a Jesús y nos conduce a la Eucaristía, «fuente y culmen de toda la vida cristiana» (Lumen gentium, 11). De ello estaba convencido san Bartolo Longo cuando escribía: «La Eucaristía es el Rosario viviente, y todos los misterios se encuentran en el Santo Sacramento de manera activa y vital» (El Rosario y la Nueva Pompeya, 1914, p. 86). Tenía razón. En la Eucaristía se encuentran todos los misterios de la vida de Cristo, por así decirlo, concentrados en el memorial de su sacrificio y en su presencia real. El Rosario tiene una fisonomía mariana, pero un corazón cristológico y eucarístico (cf. Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, 1). Si la Liturgia de las Horas marca los tiempos de la alabanza de la Iglesia, el Rosario marca el ritmo de nuestra vida, llevándola continuamente a Jesús y a la Eucaristía.

Generaciones de creyentes han sido moldeadas y custodiadas por esta oración, sencilla y popular, y al mismo tiempo capaz de alturas místicas y tesoro de la teología cristiana más esencial. ¿Qué hay, en efecto, de más esencial que los misterios de Cristo, que su santo Nombre, pronunciado con la ternura de la Virgen María? Es en este Nombre, y en ningún otro, en el que nosotros podemos ser salvados (cf. Hch 4,12). Al repetirlo en cada Ave María, experimentamos de alguna manera la casa de Nazaret, casi volviendo a escuchar la voz de María y de José en los largos años en que Jesús vivió con ellos. Experimentamos también el Cenáculo, donde los Apóstoles, junto con María, esperaron la efusión del Espíritu Santo. Es lo que nos ha señalado la primera lectura. ¿Cómo no pensar que, en ese tiempo entre la Ascensión y Pentecostés, María y los apóstoles rivalizaban en recordar los distintos momentos de la vida de Jesús? ¡No debía escaparse ningún detalle! Todo debía ser recordado, asimilado, imitado. Así nace el camino contemplativo de la Iglesia, del cual, a semejanza del Año litúrgico, el Rosario ofrece la síntesis en la meditación diaria de los santos Misterios. Con razón, el Rosario ha sido considerado un compendio del Evangelio, que San Juan Pablo II quiso integrar con los Misterios de la Luz. Esta dimensión también fue muy viva en san Bartolo Longo, quien ofreció a los peregrinos profundas meditaciones para alejar al Santo Rosario de la tentación de una recitación mecánica y asegurarle el aliento bíblico, cristológico y contemplativo que debe caracterizarlo.

Hermanas y hermanos, si el Rosario se «reza» y, me atrevería a decir, se «celebra» de esta manera, es también, como consecuencia natural, fuente de caridad. Caridad hacia Dios, caridad hacia el prójimo: dos caras de la misma moneda, como nos recordaba la segunda lectura, tomada de la primera carta de san Juan, que concluía con la exhortación: «No amemos de palabra ni de lengua, sino con hechos y en verdad» (1 Jn 3,18). Por eso, san Bartolo fue apóstol del Rosario y, al mismo tiempo, apóstol de la caridad. En esta ciudad mariana acogió a huérfanos e hijos de presos, mostrando la fuerza regeneradora del amor. Aquí, también hoy, los más pequeños y los más débiles son acogidos y atendidos en las obras del Santuario. El Rosario dirige la mirada hacia las necesidades del mundo, como subrayaba la Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, proponiendo en particular dos intenciones que siguen siendo de urgente actualidad: la familia, que sufre el debilitamiento del vínculo conyugal, y la paz, puesta en peligro por las tensiones internacionales y por una economía que prefiere el comercio de armas al respeto de la vida humana.

Cuando san Pablo II proclamó el Año del Rosario – del que el próximo año cumplirá un cuarto de siglo – quiso ponerlo de manera especial bajo la mirada de la Virgen de Pompeya.  Los tiempos no han mejorado desde entonces. Las guerras que todavía se libran en tantas regiones del mundo exigen un compromiso renovado, no solo económico y político, sino también espiritual y religioso. La paz nace en el corazón. El mismo Pontífice, en octubre de 1986, reunió en Asís a los líderes de las principales religiones, invitado a todos a orar por la paz. En diversas ocasiones, incluso recientes, tanto el Papa Francisco como yo hemos pedido a los fieles de todo el mundo que recen por esta intención.

No podemos resignarnos a las imágenes de muerte que cada día nos presentan las noticias. Desde este Santuario, cuya fachada san Bartolo Longo concibió como un monumento a la paz, elevamos hoy con fe nuestra súplica. Jesús nos dijo que la oración hecha con fe puede obtenerlo todo (cf. Mt 21,22). Y san Bartolo Longo, al pensar en la fe de María, la define como «todopoderosa por gracia». Por su intercesión, que del Dios de la paz venga una efusión sobreabundante de misericordia, que toque los corazones, apacigüe los rencores y los odios fratricidas, e ilumine a quienes tienen responsabilidades especiales de gobierno.

Hermanos y hermanas, ningún poder terrenal salvará al mundo, sino solo el poder divino del amor, ese poder divino del amor que Jesús, el Señor, nos ha revelado y donado. ¡Creamos en Él, esperemos en Él, sigámoslo!

PAPA LEÓN XIV



Fotos: Vatican Media, 8-5-2026

El Papa León XIV encomienda su ministerio petrino a la protección de la Virgen rezando la Súplica a la Virgen María del Santo Rosario de Pompeya, 8-5-20262: «Bendecid, ¡oh María!, en este instante al Sumo Pontífice»


El Papa León XIV rezando, después de la comunión, la súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya, escrita por San Bartolo Longo, fundador del santuario, y superpuesta la imagen ante la que ha orado


8 de mayo de 2026.- (Camino Católico“Exactamente hace un año, cuando me fue confiado el ministerio de Sucesor de Pedro, era precisamente el día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya. Por eso debía venir aquí, para poner mi servicio bajo la protección de la Virgen Santa”, ha dicho el Papa León XIV en su homilía al presidir una solemne celebración eucarística en la Plaza del Santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya, uno de los lugares marianos más significativos de Italia. Ante 20.000 fieles, entre ellos 400 enfermos discapacitados, el Pontífice ha encomendado su ministerio petrino a la protección de la Virgen rezando, después de la comunión, la súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya, escrita por San Bartolo Longo, fundador del santuario. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la oración, cuyo texto completo es el siguiente:



VISITA PASTORAL DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV A POMPEYA Y NÁPOLES


Oración del Papa León XIV de la Súplica a la Virgen de Pompeya escrita por San Bartolo Longo


Piazza Bartolo Longo, frente al Santuario de Nuestra Señora del Santo Rosario de Pompeya

Viernes, 8 de mayo de 2026



En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


I - ¡Oh augusta Reina de las Victorias, oh Virgen soberana del Paraíso!, cuyo nombre poderoso alegra los cielos y hace temblar de terror a los abismos. ¡Oh gloriosa Reina del Santísimo Rosario!, nosotros, los venturosos hijos vuestros, postrados a vuestras plantas -en este día sumamente solemne de la fiesta de vuestros triunfos sobre la tierra de los ídolos y de los demonios-, derramamos entre lágrimas los afectos de nuestro corazón, y con la confianza de hijos os manifestamos nuestras necesidades.


Desde ese trono de clemencia donde os sentáis como Reina, volved, ¡oh María!, vuestros ojos misericordiosos a nosotros; a nuestras familias, a nuestra nación, a la Iglesia Católica, al mundo todo, y apiadaos de las penas y amarguras que nos afligen. Mirad, ¡oh Madre!, cuántos peligros para el alma y cuerpo nos rodean; cuántas calamidades y aflicciones nos agobian. Detened el brazo de la justicia de vuestro Hijo ofendido, y con vuestra bondad subyugad el corazón de los pecadores, pues ellos son nuestros hermanos e hijos vuestros, que al dulce Jesús costaron sangre divina y a vuestro sensibilísimo Corazón indecibles dolores. Mostraos hoy para con todos Reina verdadera de paz y de perdón.


Dios te salve, María….


II - En verdad, en verdad, Señora, nosotros, aunque hijos vuestros, con las culpas cometidas hemos vuelto a crucificar en nuestro pecho a Jesús y traspasar vuestro tiernísimo Corazón. Si, lo confesamos, somos merecedores de los más grandes castigos; pero tened presente, oh Madre, que en la cumbre del Calvario recibisteis las últimas gotas de aquella sangre divina y el postrer testamento del Redentor moribundo; y que aquel testamento de un Dios, sellado con su propia sangre, os constituía en Madre nuestra, Madre de los pecadores. Vos, pues, como Madre nuestra, sois nuestra Abogada y nuestra Esperanza. Y por eso nosotros, llenos de confianza, entre gemidos, levantamos hacia Vos nuestras manos suplicantes y clamamos a grandes voces: ¡Misericordia, oh María, misericordia!


Tened, pues, piedad, ¡oh Madre bondadosa!, de nosotros, de nuestras familias, de nuestros parientes; de nuestros amigos, de nuestros difuntos, y, sobre todo, de nuestros enemigos y de tantos que se llaman cristianos y, sin embargo, desgarran el amable Corazón de vuestro Hijo. Piedad también, Señora, piedad, imploramos para las naciones extraviadas, para nuestra querida patria y para el mundo entero, a fin de que se convierta y vuelva arrepentido a vuestro maternal regazo. ¡Misericordia para todos, oh Madre de las misericordias!


Dios te salve, María….


III . ¿Qué os cuesta, oh María, escucharnos, qué os cuesta salvarnos? ¿Acaso vuestro Hijo divino no puso en vuestras manos los tesoros todos de sus gracias y misericordias? Vos estáis sentada a su lado con corona de Reina, rodeada de gloria inmortal sobre todos los coros de los Angeles. Vuestro dominio es inmenso en los cielos, y la tierra con todas las criaturas os está sometida. Vuestro poder, ¡oh María!, llega hasta los abismos, puesto que Vos, ciertamente, podéis librarnos de las asechanzas del enemigo infernal. Vos, pues, que sois todopoderosa por gracia, podéis salvarnos; y si Vos no queréis socorrernos por ser hijos ingratos e indignos de vuestra protección, decidnos, a lo menos, a quién debemos acudir para vernos libres de tantos males. ¡Ah!, no: vuestro Corazón de Madre no permitirá que se pierdan vuestros hijos. Ese divino Niño, que descansa sobre vuestras rodillas, y el místico Rosario que lleváis en la mano nos infunden la confianza de ser escuchados, y con tal confianza nos postramos a vuestros pies, nos arrojamos como hijos débiles en los brazos de la más tierna de las madres, y ahora mismo, sí, ahora mismo, esperamos recibir las gracias que pedimos.


Dios te salve, María….


PIDAMOS A MARIA SU SANTA BENDICIÓN


Otra gracia más os pedimos, ¡oh poderosa Reina!, que no podéis negarnos en este día de tanta solemnidad. Concedednos a todos, además de un amor constante hacia Vos, vuestra maternal bendición. No, no nos retiraremos de vuestras plantas hasta que nos hayáis bendecido. Bendecid, ¡oh María!, en este instante al Sumo Pontífice. A los antiguos laureles e Innumerables triunfos alcanzados con vuestro Rosario, y que os han merecido el título de Reina de las Victorias, agregad este otro: el triunfo de la Religión y la paz de la trabajada humanidad. Bendecid también a nuestro Prelado, a los Sacerdotes y a todos los que celan el honor de vuestro Santuario. Bendecid a los asociados al Rosario Perpetuo y a todos los que practican y promueven la devoción de vuestro Santo Rosario.


Dios te salve, Reina y Madre…


Fotos: Vatican Media, 8-5-2026

Santa Misa de hoy, viernes, en el Santuario de la Virgen María del Santo Rosario de Pompeya, presidida por el Papa León XIV, 8-5-2026


Foto: Vatican Media, 8-5-2026


8 de mayo de 2026.- (Camino Católico El Papa León XIV ha presidido este viernes una solemne celebración eucarística en la Plaza del Santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya, uno de los lugares marianos más significativos de Italia. Ante 20.000 de fieles, entre ellos 400 enfermos discapacitados, el Pontífice en su homilía ha encomendado su ministerio petrino a la protección de la Virgen y ha subrayado que “el Rosario marca el ritmo de nuestra vida, devolviéndola continuamente a Jesús y a la Eucaristía”. Después de la comunión el Pontífice ha orado la súplica a la Virgen del Rosario de Pompeya escrita por San Bartolo Longo, fundador del santuario. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.


Christopher con 12 años se preguntó «¿quién es el verdadero Dios? Investigué, leí el capítulo 6 del Evangelio de San Juan y vi que la Eucaristía es sin duda el cuerpo y la sangre de Jesucristo y me he bautizado católico»

Christopher recibiendo la Eucaristía por primera vez, en la iglesia de San Lucas en Revesby, el domingo de la Divina Misericordia de este año / Foto: Patrick J Lee - The Catholic Weekly

* «Un día estaba navegando por Instagram y me topé con un vídeo que explicaba la diferencia entre protestantes y católicos. Así que me sumergí en ese mundo y vi muchos debates; fue así como realmente me adentré más profundamente en la teología. Investigué sobre los apóstoles y la historia de la Iglesia primitiva»

Camino Católico.-  A pesar de haber crecido en un hogar no religioso, creer en Dios era algo natural para Christopher. Dado que su abuela le había puesto ese nombre porque quería que llevara el nombre de un santo, parecía inevitable que, algún día, el adolescente de Sídney acabara teniendo una relación con Dios.

"Tenía clases de religión en el colegio y creía que Jesús era Dios", cuenta Christopher a The Catholic Weekly. "Pero no era algo en lo que pensara mucho, simplemente así eran las cosas, porque no había conocido nada más", añade.

Sin embargo, a los 12 años, Christopher empezó a hacerse preguntas más profundas, una de las cuales le llevó a emprender un riguroso proceso de investigación sobre la teología y la filosofía de diferentes religiones, incluido el catolicismo. 

"¿Quién es el verdadero Dios? ¿Tengo una idea correcta de Él? Era algo en lo que pensaba cada vez que tenía ocasión, así que lo investigaba poco a poco", dice.

Christopher es bautizado, en la iglesia de San Lucas en Revesby, el domingo de la Divina Misericordia de este año / Foto: Patrick J Lee - The Catholic Weekly

Empezando de forma general, exploró diversas religiones para ver si alguna fe distinta del cristianismo podía ser verdadera. El cristianismo pronto destacó sobre las demás.

"Un día estaba navegando por Instagram y me topé con un vídeo que explicaba la diferencia entre protestantes y católicos. Así que me sumergí en ese mundo y vi muchos debates; fue así como realmente me adentré más profundamente en la teología. Investigué sobre los apóstoles y la historia de la Iglesia primitiva. Entonces me di cuenta de la verdad sobre la Eucaristía y leí el capítulo 6 del Evangelio de San Juan. Vi que la Eucaristía es sin duda el cuerpo y la sangre de Jesucristo. Así que pensé: «Vale, tengo que ir a la iglesia que tenga esto»", confidencia Christopher.

En ese momento, Christopher debía decidir entre la ortodoxia y el catolicismo. Aunque al principio no tenía una respuesta clara, su decisión se basó finalmente en la unidad, la universalidad de la Iglesia católica y el Credo de Nicea. 

Así, a los 14 años, se inscribió en los cursos de Iniciación Cristiana para Adultos (RICA), aún sin estar seguro, pero con una actitud abierta. "Decidí intentarlo", señala.

Christopher es confirmado, en la iglesia de San Lucas en Revesby, el domingo de la Divina Misericordia de este año / Foto: Patrick J Lee - The Catholic Weekly

Con la orientación y el apoyo del padre Dariusz Basiaga SDS y de los feligreses de la parroquia St Luke's de Revesby, Christopher recibió los sacramentos de iniciación el Domingo de la Divina Misericordia y eligió a San Agustín como su santo de confirmación. "Quería alguien a quien admirar, y sentí una gran conexión con él; simplemente sentí que estaba destinado a estar con él", afirma.

Al confidenciar lo que vivió en su Primera Comunión, comenta de forma sintética pero radical... que le llamó la atención lo diferente que se sentía respecto a la comunión en otras iglesias. "Mi cuerpo se sentía diferente", dice. 

Christopher espera vivir su fe más profundamente y convertirse en el mejor católico que pueda ser. A otros de su edad que buscan la verdad, les ofrece un consejo sencillo: "Simplemente hazlo: confía en Dios. Llegará un momento en que Dios te aclare el camino. Él te dirá: «Ven aquí», porque esta es su verdadera Iglesia".

Homilía del P. Félix Castedo y lecturas de la Misa de hoy, viernes de la 5ª semana de Pascua, 8-5-2026

8 de mayo de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Félix Castedo y lecturas de la Santa Misa de hoy, viernes de la 5ª semana de Pascua, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, viernes de la 5ª semana de Pascua, 8-5-2026

8 de mayo de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, viernes de la 5ª semana de Pascua, presidida por el P. Félix Castedo, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Dolorosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 8-5-2026

8 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, viernes, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 8/5/2026: «Esto os mando: que os améis unos a otros» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 8 de mayo de 2026, viernes de la 5ª semana de Pascua, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Juan 15, 12-17:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Este es mí mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.

De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 8-5-2026

8 de mayo de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

La vida cristiana se sostiene por una relación viva con Cristo que transforma el corazón y nos hace capaces de amar con paciencia, servicio y misericordia / Por P. Carlos García Malo

 


jueves, 7 de mayo de 2026

Santo Domingo Savio: el camino de santidad para los niños – Película de Dibujos animados

Camino Católico.- Santo Domingo Savio: el camino de santidad para los niños, película de dibujos animados para niños de la serie “Mi familia católica” de EWTN.

Dan Schneider, expiloto de helicópteros de combate, Jason Henderson, SEAL retirado, y el padre Chris Alar ante el combate contra satanás: «Lo más importante es estar en estado de gracia; necesitamos la confesión»

El expiloto de helicópteros de combate, Dan Schneider, el SEAL retirado, Jason Henderson y el sacerdote Chris Alar

* «Si no estamos en un estado constante de gracia, dejamos a nuestras familias vulnerables… La confesión es más poderosa que un exorcismo porque la confesión es un sacramento. El exorcismo es solo un sacramental… La oración y el ayuno son fundamentales. Debemos empezar a conectar con nuestro cuerpo. Son nuestro armamento espiritual, nuestras armas defensivas para el combate. Son las armas ancestrales. Luchamos contra un enemigo ancestral, y las armas ancestrales son las mejores. La oración más importante es la Misa…La Virgen María y la Divina Misericordia son las armas espirituales de nuestro tiempo… Satanás teme más a la Virgen María que a Dios. Él sabe que Dios es Dios, sabe que es una criatura y sabe que Dios tiene el poder absoluto y puede vencerlo. Pero perder contra esta joven judía elegida por Dios… su humildad es más de lo que su orgullo puede soportar. Por eso Satanás, en su orgullo, teme a la Virgen María más que a Dios. Y huye a la primera señal de su presencia. No se enfrenta a la Virgen María. Satanás sabe que será derrotado por la humildad de la Virgen María»

Camino Católico.-  La guerra espiritual es una batalla. No es de extrañar que la Iglesia en la tierra sea conocida como la Iglesia militante. San Pablo lo sabía. Al enseñar a los Efesios, comparó la lucha con la forma en que los cristianos podían adaptar el ejemplo de los uniformes y las armas de una legión romana para combatir el mal espiritual.

No les permitió entrar en esta guerra sin preparación ni armas. Los católicos tampoco deben hacerlo. Pueden ser vencedores constantes en la batalla espiritual si saben cómo enfrentarse al enemigo. Entre quienes muestran el camino a la victoria se encuentran dos exmilitares: Dan Schneider, profesor adjunto de teología en la Universidad Franciscana de Steubenville, piloto de helicóptero de ataque del Ejército de los EE. UU. y veterano de la Guerra del Golfo, y Jason “Hendo” Henderson, suboficial mayor retirado de los SEAL de la Marina de los EE. UU., cuya perspectiva está respaldada por un sacerdote católico Chris Alar.

Ambos recurren al enfoque militar con razón. Schneider explica que Jesús libera al endemoniado de Gerasa, cuyo nombre es Legión. “Así que te enfrentas a una legión. En tiempos de Cristo, la legión romana estaría compuesta por 6.000 soldados de infantería pesada. Pero nosotros hablamos de una lucha espiritual, como dice San Pablo: ‘no contra carne ni sangre, sino contra los poderes y las potestades’ de esta tierra”, dice al National Catholic Register .

El padre mariano Chris Alar, presentador del programa Living Divine Mercy de EWTN , afirma que esta comprensión es vital. «Lo mejor que podemos hacer es conocer a nuestro enemigo, cómo actúa y qué hace. Nuestro enemigo no somos nosotros mismos. No es la carne ni la sangre; son los poderes y principados de los que Pablo habla ( Efesios 6:12 )».

Por lo tanto, el enfoque militar. 

Schneider cita a Pablo diciéndole a Timoteo (2 Timoteo 2:3): «“Soporta por mí las dificultades del evangelio, como buen soldado de Jesucristo”. Parte de ser soldado es soportar las dificultades. La palabra que usa en griego se refiere a la bondad interior. Así pues, luchamos con pureza, con virtud, con valores cristianos».

«Estamos librando una batalla mayor que cualquier guerra mundial», continúa Schneider. «Satanás odia a la humanidad porque fue la causa de su caída. Y a lo largo de la historia, Satanás se ha aprovechado de nuestras debilidades. Por lo tanto, lo siguiente que deben hacer no es solo estar en estado de gracia, sino también creer en los principios de la fe».

«Dios solo nos pone a prueba en situaciones que podemos afrontar», subraya Henderson. «Solo tenemos que tener fe en que estaremos a la altura de las circunstancias. Nuestros santos y exorcistas ya han hecho todo el trabajo. Solo necesitamos aplicar estas tácticas, técnicas y procedimientos a nuestras propias vidas».

El padre Alar también enfatiza: “Lo primero que tenemos que hacer es estar en estado de gracia. Eso es lo más importante”.

Tomando como ejemplo a los padres, Henderson explica: "Si no estamos en un estado constante de gracia, dejamos a nuestras familias vulnerables". 

Henderson relaciona la analogía del campo de batalla con preguntas vitales: "¿Qué está pensando el enemigo? ¿Y cómo puedo contrarrestarlo y asegurarme de que su agenda no se cumpla?".

«La guerra espiritual suscita gran interés en la actualidad. La gente está reconociendo que ha habido un aumento del mal inexplicable en el mundo», señala Schneider. «Pero esto no es nuevo para los católicos».

Citando el Catecismo (409), añade: “Desde el Jardín, vemos a la humanidad en guerra, en conflicto con un enemigo eterno”.

Henderson, fundador y director ejecutivo de The Northstar Group , un ministerio católico que trabaja con veteranos de combate y personal de primera respuesta en desafíos espirituales y morales, ha visto tanto una profunda maldad como una gran bondad en condiciones extremas; experiencias que, según sus propias palabras, "cultivaron mi interés en la guerra espiritual y me ayudaron a comprometerme plenamente con la guerra".

Añade que esta guerra espiritual se ha librado a lo largo de la historia. «Pero la hemos ignorado para centrarnos en la autocomplacencia. Las culturas del mundo celebran el mal y nos precipitamos rápidamente hacia nuestra propia destrucción. Necesitamos resistir colectivamente».

«Es importante que los católicos reconozcan que se está librando una batalla», señala Schneider. Dado que el combate es inevitable, según la enseñanza de la Iglesia, «debemos aprender: ¿Cuáles son las reglas del juego y cómo podemos luchar de forma segura y eficaz como católicos con las herramientas y las armas que la Iglesia nos ha dado?».

«Por eso necesitamos la confesión cuando empezamos a superar esos ataques espirituales», añade el padre Alar, haciendo hincapié en los sacramentos. «La confesión es más poderosa que un exorcismo porque la confesión es un sacramento. El exorcismo es solo un sacramental».

Schneider, autor de *El método Liber Christo : un manual práctico para el combate espiritual* , * Los pecados del padre * y *Preguntas y respuestas sobre la guerra espiritual: para sacerdotes y laicos* , enfatiza que nuestra fuerza proviene de Cristo, a través de los sacramentos, la virtud y la pureza de pensamiento, palabra y obra. Él hace hincapié en mantenernos enfocados en Jesucristo y vivir de acuerdo con nuestra dignidad bautismal. 

«Debemos fundamentarnos en la verdad, la ortodoxia y la ortopraxis, el pensamiento correcto y la práctica correcta», afirma Schneider. «Debemos comprender correctamente y vivir correctamente la enseñanza de la Iglesia sobre la ética sexual. Para la lucha espiritual es fundamental ver, vivir y practicar lo que la Iglesia enseña».

Henderson señala que esto incluye contrarrestar los siete pecados capitales con las siete virtudes principales, y explica cómo se contrarresta el orgullo "siendo más servidor que egoísta".

La confesión regular y una vida dedicada a la oración, la penitencia y el sacrificio son los medios ordinarios de nuestra santificación, afirma Schneider. “La oración y el ayuno son fundamentales. Debemos empezar a conectar con nuestro cuerpo. Son nuestro armamento espiritual, nuestras armas defensivas para el combate. Son las armas ancestrales. Luchamos contra un enemigo ancestral, y las armas ancestrales son las mejores.”

El padre Alar añade: «La oración más importante es la Misa». También hace hincapié en el ayuno, que rompe el dominio de la carne sobre el espíritu. Jesús dice que el ayuno expulsa incluso a los peores demonios.

“La Virgen del Apocalipsis” de Miguel Cabrera, 1760, Museo Nacional de Arte, Ciudad de México

La devoción mariana también ocupa un lugar central en esta contienda.

Como subraya el padre Alar, “La Virgen María y la Divina Misericordia son las armas espirituales de nuestro tiempo”.

Schneider considera que la devoción mariana y la consagración a la Santísima Virgen son «absolutamente cruciales en la lucha espiritual. Ella es nuestra armadura protectora».

El padre Alar añade que la devoción a la Virgen María es esencial porque, como escribió San Luis María Grignion de Montfort en su obra " La verdadera devoción a María ", "Satanás teme más a la Virgen María que a Dios". «Él sabe que Dios es Dios, sabe que es una criatura y sabe que Dios tiene el poder absoluto y puede vencerlo», dice. «Pero perder contra esta joven judía elegida por Dios… su humildad es más de lo que su orgullo puede soportar. Por eso Satanás, en su orgullo, teme a la Virgen María más que a Dios. Y huye a la primera señal de su presencia. No se enfrenta a la Virgen María. Satanás sabe que será derrotado por la humildad de la Virgen María».

Henderson coincide, citando la necesidad de la consagración a la Virgen María, y también a San José, y señalando la Consagración a San José del padre mariano Donald Calloway como especialmente útil.

Siguiendo con la analogía militar, Schneider llama al escapulario marrón "la placa de identificación del soldado cristiano".

El Rosario también es fundamental. Schneider recuerda cómo el Padre Pío le pidió a un joven fraile: «Tráeme mi arma: Dame mi rosario». Cuando la Santísima Virgen le entregó el Rosario a Santo Domingo, lo llamó «ariete». “Así pues, el Rosario es un arma ofensiva”, afirma. “Todo católico debería rezar al menos un Rosario al día”.

“En la guerra espiritual”, añade el padre Alar, “cada vez que rezas el Ave María, es como dispararle al diablo. Entonces, el Rosario se convierte en una ametralladora”.

No hay por qué temer en este combate. Armados con armas celestiales, los fieles pueden ser soldados cristianos victoriosos.  Como dice Schneider: “Estamos bajo el mando de una Reina que es una general de 12 estrellas, y de San Miguel, su comandante en jefe de la hueste celestial”.