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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 30-9-2026: «Lo vivido en Francia ha sido un gran don para mí con personas que aman a Jesús porque han sido amadas por Él y desean anunciar ese amor a todos, ‘para que el mundo tenga vida’»

* «En Lourdes el Señor, a través del cuidado maternal de la Virgen María, comunica a todos, peregrinos y especialmente a enfermos en el cuerpo y en el espíritu, un mensaje de esperanza y de renacimiento. Un mensaje que he querido relanzar abiertamente: toda vida humana, de cualquier condición, también en la fragilidad más grave, conserva la propia dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada, aliviada del sufrimiento con la compasión humana y con el auxilio de los medios que ofrece la ciencia. Por eso, Lourdes representa para todo el mundo un santuario de la civilización del amor. En este contexto encontré a algunas personas víctimas de abusos y les pedí que me ayudaran a expresar también a otras víctimas mi voluntad y la de toda la Iglesia de escuchar y caminar con ellos mientras buscan la sanación, reconociendo el dolor causado en sus vidas y trabajando por la prevención de los abusos»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Dirijo ahora un llamamiento por la región del Tigray, en Etiopia: Estoy siguiendo con profunda consternación la situación en el Tigray y en las regiones vecinas de Afar y Amhara, donde han vuelto a estallar las hostilidades. Dirijo mi más sentido llamamiento a todas las partes para que elijan el camino del diálogo. El conflicto armado nunca soluciona los problemas, sino que solo los agrava, dejando a su paso una estela de muerte, destrucción y resentimiento. Solo un compromiso sincero puede sentar las bases para una paz duradera. Espero con ferviente esperanza que la comunidad internacional ofrezca su generosa y oportuna contribución, para asegurar que se preste toda la ayuda humanitaria a quienes la necesitan»


30 de septiembre de 2026.- (Camino Católico).-  “Hoy quiero hablarles del Viaje apostólico a Francia que he realizado en los días pasados. Ha sido un gran don para mí y para el pueblo de  Dios en ese país, y doy gracias al Señor. Es interesante poner en paralelo la celebración de las Vísperas en la Catedral con la Vigilia de los jóvenes que tuvo lugar esa misma noche en el gran Estadio de Francia en París. Dos lugares completamente diversos y sin embargo, dos eventos complementarios, casi unidos espiritualmente. ¿Qué les unía? La Iglesia, que no está hecha de piedras o de cemento, sino de personas que aman a Jesucristo porque han sido amadas por Él”, ha dicho el Papa León XIV en su catequesis durante la Audiencia general que ha presidido en la mañana de este miércoles, 30 de septiembre, en la Plaza de San Pedro, ante decenas de miles de fieles.

“La sinergia en pro del bien común debería ser el estilo normal de las instituciones, de las fuerzas políticas y sociales, de cuantos tienen responsabilidades civiles y económicas. Es el mensaje que he querido transmitir a las autoridades francesas, así como a los miembros de la UNESCO”, indicando que “el criterio fundamental sobre el que basar esa colaboración” es “la dignidad de la persona humana”, reitera el Papa.

“Y por eso, era natural y correcto que después de París me dirigiera como peregrino a Lourdes, a venerar a la Madre de la Iglesia, María, aquella que en la hora de la pasión y de la muerte mantiene encendida la lámpara de la fe y de la esperanza”, dice el Papa, quien subraya que, en Lourdes, “el Señor, a través del cuidado maternal de la Virgen María, comunica a todos, peregrinos y especialmente a enfermos en el cuerpo y en el espíritu, un mensaje de esperanza y de renacimiento”.



Antes de concluir la Audiencia General, el Papa León XIV ha realizado un apremiante llamamiento en favor de la región de Tigray en Etiopia: “Solo un diálogo honesto puede sentar las bases de una paz duradera. Espero fervientemente que la comunidad internacional ofrezca su generosa y oportuna contribución para garantizar que toda la ayuda humanitaria llegue a quienes la necesitan”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 30 de septiembre de 2026


Catequesis - Viaje apostólico a Francia y visita a la UNESCO 


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quiero hablaros del Viaje apostólico a Francia que he realizado estos últimos días. Ha sido un gran regalo para mí y para el pueblo de  Dios en ese país, y doy gracias al Señor. Expreso de nuevo mi gratitud a todos los que me han acogido, Autoridades civiles y pastorales de la Iglesia y a todos aquellos - han sido muchos - que quisieron encontrar al Papa o simplemente saludarlo por las calles, como apóstol de Cristo y mensajero de paz. ¡Gracias a todos!

Quisiera recoger los pensamientos y las impresiones - todavía muy vivas - de esta Visita pastoral en torno a un único gran símbolo: la Catedral de Notre-Dame de París. Allí, el primer día por la tarde celebramos las Vísperas de la Beata Virgen María, una liturgia solemne y al mismo tiempo festiva, en la que la música, el canto y la belleza del templo hacían vibrar a los corazones unidos en la oración.

Precisamente Notre-Dame, con el drama que ha vivido, puede iluminar simbólicamente todo este Viaje apostólico, ofreciendo una clave de lectura que resumiría en una palabra: renacimiento.

La Catedral de París, que hace solo siete años parecía herida de muerte por un enorme incendio, ahora está reconstruida y luce más esplendorosa que nunca. Aquel desastre provocó una reacción positiva a todos los niveles, algunos más visibles y prácticos y otros más escondidos, de orden espiritual.

Su restauración fue una prueba de la posible colaboración entre Iglesia, Estado, instituciones públicas y sociedad civil. Esta dinámica ha permitido aprovechar al máximo tanto la generosidad de los benefactores como las competencias de los profesionales y los artesanos. La sinergia en pro del bien común debería ser el estilo normal de las instituciones, de las fuerzas políticas y sociales, de cuantos tienen responsabilidades civiles y económicas. Es el mensaje que he querido transmitir a las autoridades francesas, así como a los miembros de la UNESCO, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura que tiene sede en París, indicando cuál es el criterio fundamental sobre el que basar esa colaboración: la dignidad de la persona humana.

Pero sobre todo, Notre-Dame es imagen de la Iglesia de piedras vivas, del pueblo santo de Dios. Es interesante poner en paralelo la celebración de las Vísperas en la Catedral con la Vigilia de los jóvenes que tuvo lugar esa misma noche en el gran Estadio de Francia en París. Dos lugares completamente diversos y sin embargo, dos eventos complementarios, casi unidos espiritualmente. ¿Qué les unía? La Iglesia, que no está hecha de piedras o de cemento, sino de personas que aman a Jesucristo porque han sido amadas por Él. En Notre-Dame estaban los sacerdotes y los conos, las personas consagradas, los operadores pastorales; en el estadio estaba la nueva generación francesa: nueva - diría - no solo por la edad, sino más aún por su espíritu, por la libertad de corazón y de fe. Jóvenes que cantaron, gritaron, pero que también se quedaron en silencio, en escucha. Rostros atentos y conmovidos, que manifestaban corazones deseosos de verdad y de amor. A ellos les dije con alegría: ¡Vosotros sois los santos de Francia! Esa Vigilia fue una gran señal de esperanza.

Así como lo fue - en la pequeñez que Dios prefiere - también el encuentro en la Maison Bakhita, casa de acogida para distintas personas en dificultad: uno de los muchos lugares, frutos del Evangelio, en los que se trabaja a diario para servir con amor a la dignidad de la persona humana.

Sin embargo, en la Iglesia en Francia hay una señal de renacimiento que perdura desde algunos años, es decir, el notable y creciente número de jóvenes y adultos que piden el Bautismo. Ante esta hermosa sorpresa de Dios se está celebrando en París una Asamblea sinodal provincial, en la que he podido intervenir, animando el camino de los catecúmenos y de los neófitos, junto a las comunidades a las que pertenecen.

El evento culminante de mi visita a la capital fue la Misa en la Place de la Concorde. Allí, la señal del renacimiento apareció de modo sorprendente: la asamblea litúrgica, que reunía a sacerdotes, el coro y una notable multitud en la vasta plaza, se extendía por toda la Avenue des Champs Élysées hasta el Arco del Triunfo y más allá. En el momento de la Comunión todos pudieron acercarse a la Eucaristía, que se distribuía por todas partes. He aquí la verdadera reconstrucción, la restauración de la Iglesia que solo Dios puede hacer, por intercesión de la Virgen María.

Y por eso, era natural y correcto que después de París me dirigiera como peregrino a Lourdes, a venerar a la Madre de la Iglesia, María, aquella que en la hora de la pasión y de la muerte mantiene encendida la lámpara de la fe y de la esperanza. En Lourdes el Señor, a través del cuidado maternal de la Virgen María, comunica a todos, peregrinos y especialmente a enfermos en el cuerpo y en el espíritu, un mensaje de esperanza y de renacimiento. Un mensaje que he querido relanzar abiertamente: toda vida humana, de cualquier condición, también en la fragilidad más grave, conserva la propia dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada, aliviada del sufrimiento con la compasión humana y con el auxilio de los medios que ofrece la ciencia. Por eso, Lourdes representa para todo el mundo un santuario de la civilización del amor. En este contexto encontré a algunas personas víctimas de abusos y les pedí que me ayudaran a expresar también a otras víctimas mi voluntad y la de toda la Iglesia de escuchar y caminar con ellos mientras buscan la sanación, reconociendo el dolor causado en sus vidas y trabajando por la prevención de los abusos.

La tercera y última etapa del Viaje apostólico fue la ciudad de Metz, en una región de Francia y de Europa martirizada por la Segunda Guerra Mundial. Allí operó Robert Schuman, uno de los principales inspiradores del proceso de unificación europea. La Europa contemporánea nació precisamente como proyecto de paz después de la destrucción de la guerra. Podemos decir que lo que sucedió en Notre-Dame de París con el incendio sucedió en Europa con la Segunda Guerra Mundial. Y Europa renació, sobre la base de aquellos principios de democracia, solidaridad y fraternidad entre los pueblos que deben mucho a sus raíces cristianas. También hoy, sobre esos cimientos y con esa fuerza vital, el proyecto europeo puede renovarse, de un modo mucho más globalizado, donde el diálogo interreligioso desempeña un papel de importancia primaria. Por eso, en Metz encontré a los representantes de las diferentes tradiciones religiosas, quienes leyeron y firmaron en mi presencia el llamamiento de Metz por el diálogo y la paz.

Queridos hermanos, el tema de mi Visita pastoral a Francia ha sido Pour que le monde ait la vie, Para que el mundo tenga vida (cf. Jn 6, 51). Son palabras de Jesús, que resumen toda su misión de salvación y que, durante el Viaje, expresaban en plenitud el sentido evangélico de cada encuentro. Ahora, estas expresan nuestra oración, al pedir a Dios que este evento de gracia dé frutos abundantes y duraderos.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy deseo compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el Viaje Apostólico a Francia que he realizado en los días pasados. Lo vivido ha sido un gran don para mí y para el Pueblo de Dios que peregrina en ese país. Agradezco a todos los que lo han hecho posible: a las autoridades civiles y eclesiásticas, y a tantas personas que se han sumado a cada uno de los eventos y han salido a las calles a encontrarse con el Papa y a manifestar la alegría de la fe. ¡Gracias a todos!

Quisiera resumir mis vivencias en un único gran símbolo: la Catedral de Notre-Dame de París. Un templo destruido hace siete años por un incendio, hoy es signo de renacimiento. Esta es una imagen de la Iglesia edificada con piedras vivas, es decir, de personas que aman a Jesús porque han sido amadas por Él y desean anunciar ese amor a todos, “para que el mundo tenga vida” (cf. Jn 6,51). Esta es la reconstrucción de la Iglesia que sólo Dios puede llevar a cabo.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Señor, por intercesión de Nuestra Señora de Lourdes, que mantenga encendida en nosotros la lámpara de la fe, la esperanza y la caridad, y que seamos uno en Cristo, para que el mundo pueda creer en Él. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Dirijo ahora un llamamiento por la región del Tigray, en Etiopia: Estoy siguiendo con profunda consternación la situación en el Tigray y en las regiones vecinas de Afar y Amhara, donde han vuelto a estallar las hostilidades. Dirijo mi más sentido llamamiento a todas las partes para que elijan el camino del diálogo. El conflicto armado nunca soluciona los problemas, sino que solo los agrava, dejando a su paso una estela de muerte, destrucción y resentimiento. Solo un compromiso sincero puede sentar las bases para una paz duradera.

Espero con ferviente esperanza que la comunidad internacional ofrezca su generosa y oportuna contribución, para asegurar que se preste toda la ayuda humanitaria a quienes la necesitan.

El domingo pasado, en Bolonia, fueron beatificados tres sacerdotes mártires: Ubaldo Marchioni (sacerdote diocesano), Elia Comini (salesiano) y Martino Capelli (dehoniano). Fueron asesinados en 1944 —durante una fase dramática de la Segunda Guerra Mundial— debido al desprecio de las tropas nazis hacia su ministerio con los feligreses. El sacrificio supremo realizado por estos ministros de Dios muestra a los cristianos de hoy la valentía de acercarse a sus hermanos y hermanas, especialmente en los momentos de prueba.

Por último, mi pensamiento se dirige a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Que el mes de octubre, que comienza mañana, sea una oportunidad para rezar el Santo Rosario, dedicándolo en particular al fin de las guerras y a alcanzar la paz.

Mi bendición para todos ustedes.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 30-9-2026

Weng Yirui, pianista atea china, llegó a la fe preguntándose por ese «Dios que muere» interpretando el ‘Gloria’ de Vivaldi: «El encuentro con Dios y la oración cambió mi vida, porque ahora ya no tengo miedo»


Weng Yirui, pianista atea china, que inició su camino de conversión interpretando el ‘Gloria’ de Vivaldi, pero fijándose en la letra y preguntando: “¿Qué historia es ésta? ¿Cómo puede Dios morir?”

* «Me encontré con muchas dificultades y sufría mucho estrés antes de los conciertos. Me aterrorizaba la idea de cometer errores y llegó un momento en que no pude soportarlo más. Un día, antes de un concierto, probé a rezar, recité un Ave María y dije: 'Tocaré este concierto por ti, protégeme'. Para mi asombro, toqué mejor y no me equivoqué en nada. A partir de ese día, empecé a rezar más a menudo. El padre Francesco me empujó a dejarme guiar por Dios y a seguir el camino trazado para mí. También me explicó que no todo es sencillo y que cada uno debe llevar su propia cruz a cuestas y seguir a Jesús»

Camino Católico.- "¿Cómo puede Dios morir?". Ésta es la historia de una pianista atea que empezó a hacerse preguntas por el Gloria de Vivaldi. Y de cómo, gracias a su amistad con un sacerdote, se convirtió y aprendió a perdonar. "Rezo para que los jóvenes de China puedan ver y seguir la verdad, y no a la sociedad", dice.

Leone Grotti ha hablado con Weng Yirui en el número de enero de 2025 de Tempi y lo traduce Verbum Caro en  Religión en Libertad:

La partitura y la cruz

"¿Qué historia es ésta?". La pregunta que Weng Yirui hizo a su profesor de música sacra en 2018, interrumpiendo de repente la interpretación al piano del Gloria de Antonio Vivaldi, no es exactamente el tipo de pregunta que se suele escuchar en el Conservatorio de Milán. Los alumnos suelen omitir el texto y centrarse en la partitura o en la técnica. Pero Yirui no sabía lo que era una misa y mucho menos un "cordero de Dios" y, cuanto más intentaba el profesor, asombrado, resumir con pocas palabras la historia de Jesús, la más conocida del mundo, que hoy en Occidente casi damos por sentada, más insistía la joven china con sus preguntas.

El 'Gloria' de Vivaldi, con su mención al 'Agnus Dei, Filius Patri [Cordero de Dios, Hijo del Padre]', despertó la inquietud de Yirui.

"¿Cómo puede Dios morir?", preguntaba sorprendida sin prestar atención a la incredulidad de su interlocutor. "¿Y por qué deberíamos celebrar su muerte?". Yirui se había trasladado a Italia, patria de la ópera, desde la lejana Hangzhou, a más de 9.000 kilómetros hacia el este, en China, por amor a la música. Y no podía imaginar que el origen de aquellas melodías que tanto la habían fascinado era mucho más profundo que la mera creatividad del artista.

"Antes de llegar a Italia en 2016, con 22 años, nunca había visto una iglesia", cuenta Yirui a Tempi, recibiéndonos en el estudio de su casa de Milán, mientras desde la habitación contigua un majestuoso gato de suave pelaje gris produce una sinfonía de fondo paseando perezosamente sobre el teclado del piano.

Weng Yirui, al piano: descubrió la fe haciéndose preguntas sobre la música sacra que tocaba / Foto: Tempi

Bautizarse en Milán

Todo en casa de Yirui habla de música: los libros de texto del Conservatorio ordenados en las estanterías de la librería, las partituras sobre las mesas y las sillas, los carteles de La Traviata de Giuseppe Verdi o Las bodas de Fígaro de Wolfgang Amadeus Mozart colgados de las paredes.

Y entre ellos, destacan una copia del icono ortodoxo más famoso del mundo, la Theotokos de Vladimir, una de la Virgen de Sheshan, la más conocida de toda China y una del Crucifijo de San Damián, el que según la tradición, en 1205 habló así al poverello de Asís: "Francisco, ve y repara mi casa, que, como ves, está toda en ruinas".

La Virgen de Vladimir, la Virgen de Sheshan y el Crucifijo de San Damiano

Hay una iglesia en su ciudad natal, pero Yirui, nacida el 8 de agosto de 1994 en Hangzhou y "renacida" con el nombre de Eleonora el día de su bautismo en Milán, el 8 de abril de 2023, nunca había reparado en ella. Sus padres, ateos, siempre le habían enseñado a creer sólo en sí misma y en el trabajo duro. La madre es profesora de Física en un instituto, su padre de Psicología; la única filosofía permitida en casa siempre ha sido la utilitarista. "Ellos nunca han creído en nada. Mi padre, además, es miembro del Partido Comunista chino": por tanto, seguía el ateísmo también por contrato. Sólo en Nochevieja la familia Weng iba al templo budista a "quemar unas velas de incienso", más por tradición que por otra cosa.

"No hagas preguntas inútiles"

En realidad, Yirui tenía muchas preguntas, pero su madre siempre las cortaba de raíz. "Un día llegué de la escuela y le pregunté de dónde venimos y adónde vamos después de la muerte", cuenta la pianista. "Mi madre se sentó a la mesa, abrió su libro de física y me explicó el origen científico-material del mundo. Luego lo cerró y me dijo: 'No hagas más preguntas inútiles'".

No pudiendo expresarse con palabras ("en China no hay mucha libertad entre padres e hijos"), Yirui aprendió a hablar a través de la música. La chispa de la pasión prendió en ella a una edad muy temprana. "En Hangzhou, vivíamos en el campus de la escuela donde mis padres enseñaban. Después de las clases, a menudo me dejaban tocar en las aulas. Un día vi un piano y empecé a tocar las teclas por diversión. Me gustaba el sonido. Mi padre me vio y me preguntó si quería aprender. Le dije que sí y desde entonces no he parado".

A través de la música, Yirui pudo expresar esas emociones que siempre había tenido que reprimir en casa. Sentada frente al piano, le resultaba fácil hacer lo que parecía imposible en su escritorio: concentrarse. "Cuando toco, el tiempo parece detenerse y es cuando me siento realmente cómoda. Para mí la música es muy importante, es el instrumento para hablar de mí misma. Por eso también me he acostumbrado a captar todos sus matices".

Como la belleza de la armonía en Johann Sebastian Bach, algo "increíble que nunca había percibido en otras composiciones". Su profesor en China "se centraba sólo en la técnica, para él era suficiente que yo supiera interpretarlo perfectamente de principio a fin. Pero parecía haber algo más en aquella música, aunque yo no entendiera el qué. Hoy sé que sin Dios esos motivos nunca habrían existido, pero en China ni siquiera se mencionaba el tema".

El 'Gloria' de la 'Misa en Si menor' de Juan Sebastián Bach

A veces alegre, a veces triste

Yirui conoció el cristianismo en 2016, cuando decidió trasladarse a Italia. Graduada por la Universidad Normal de Hangzhou, se especializó en didáctica, piano y canto. "No me gusta ser solista, me gusta colaborar con los demás", continúa, ajustándose un mechón de su larga melena castaña. "Por eso decidí ejercer de acompañante de coro, para ayudar a los cantantes". La patria de Giuseppe Verdi era el lugar ideal para cultivar su pasión y convertirla en profesión y justo buscando información en internet sobre el Belpaese, Yirou se topó por primera vez con un término desconocido: "Italia es un país 'católico'".

Tras trasladarse a Milán para estudiar el idioma, pronto se dio cuenta de lo que significaba el término. "Uno de los primeros lugares que nuestro profesor de italiano nos llevó a visitar fue el Duomo y me quedé boquiabierta: nunca había visto nada tan bonito e inmediatamente me pregunté por qué se había construido un edificio tan magnífico". Luego, paseando por el centro, se dio cuenta de que "había una iglesia casi en cada esquina" y una vez entró en una: "Me sorprendió el silencio. Vi a esa gente, sentada en los bancos, o de pie, sin hablar. Me pregunté qué estarían haciendo. Luego me di cuenta de que todos miraban el crucifijo y no comprendía por qué".

Esas preguntas latían en su interior como brasas humeantes bajo las cenizas y se despertaron en 2018, en su segundo año en el Conservatorio de Música de Milán, cuando empezó un curso de música sacra. El profesor, ateo, no podía responder a sus preguntas y ella se dio cuenta de que si quería entender esa música "espléndida, a veces alegre y a veces triste", tenía que comprender la cultura italiana y "profundizar en la religión católica". La oportunidad llegó en 2020. "Después de graduarme, empecé a trabajar en el Conservatorio de Novara. Un compañero me llevaba a la ciudad piamontesa. Era católico e iba a misa todas las mañanas. Yo le esperaba en la puerta de la iglesia y después me subía al coche con él".

La desventaja de ser bueno

Durante el trayecto, Yirui encontró respuestas a muchas de las preguntas que se planteaba, pero no a todas, principalmente por la barrera del idioma. Así que su compañero buscó un sacerdote chino que pudiera ayudarla a entender y la confió al padre Francesco Zhao, responsable de la comunidad católica china de Milán. "Me preguntó si creía en algo y le dije que sí, aunque no sabía en qué. Don Francesco nunca intentó convertirme y al principio no tenía intención de hacerlo. Sin embargo, empecé a ir a verle una vez a la semana: el primer año estudié con él el Antiguo Testamento y el segundo, el Evangelio".

Yendo a ver al padre Francesco, Yirui también conoció a la comunidad católica china de Milán y quedó profundamente impresionada. "Aquellas personas ni siquiera me conocían, y sin embargo me querían como si fueran mi familia. Les miraba y no dejaba de preguntarme por qué". Durante un viaje a Asís en 2021 con el padre Francesco, intrigada, pidió al sacerdote por primera vez que le enseñara a rezar. "Quería comprender lo que la gente hacía en la iglesia. Me habían dicho que se podía hablar con Dios y tenía muchas preguntas que hacerle. La oración cambió literalmente mi vida".

Empezando por el trabajo. "Empecé a trabajar muy pronto como profesora de canto y acompañante de piano", explica Yirui. "Me encontré con muchas dificultades y sufría mucho estrés antes de los conciertos. Me aterrorizaba la idea de cometer errores y llegó un momento en que no pude soportarlo más. Un día, antes de un concierto, probé a rezar, recité un Ave María y dije: 'Tocaré este concierto por ti, protégeme'. Para mi asombro, toqué mejor y no me equivoqué en nada. A partir de ese día, empecé a rezar más a menudo".

A finales de 2022, Yirui se dio cuenta de que quería ser parte de la Iglesia católica y empezó el catecismo con el padre Francesco. Fue un viaje apasionante y a la vez agotador: "No fue fácil entender por qué Jesús enseña a perdonar, no es lo que aprendí en China. Si alguien me hace daño, pensaba, ¿por qué debería perdonarle? Si hago el mal, ¿cómo puedo perdonarme a mí mismo? Mis padres me educaron a protegerme, defenderme y a no ser demasiado buena porque la gente se aprovecha de los buenos. En cambio, la Iglesia considera que el que perdona es fuerte y valiente. Mi madre siempre me decía que no podía permitirme cometer errores, que tenía que ser perfecta y siempre tenía miedo a fracasar. El encuentro con Dios cambió realmente mi vida, porque ahora ya no tengo miedo".

La misa en Hangzhou

Es como si Yirui hubiese tenido que empezar de cero: "En China, a los niños se les enseña a tomar las riendas de sus propias vidas y a controlar su propio futuro. El padre Francesco, en cambio, me empujó a dejarme guiar por Dios y a seguir el camino trazado para mí. También me explicó que no todo es sencillo y que cada uno debe llevar su propia cruz a cuestas y seguir a Jesús".

Yirui pensó que era una metáfora, que el bautismo borraría el mal de su vida, que Dios la protegería y que todo sería de color de rosa a partir de entonces. Evidentemente, no fue así. De hecho, después del bautismo, el compañero que había desempeñado un papel tan importante en su descubrimiento de la fe y que se había convertido en su jefe "empezó a comportarse de forma extraña, utilizaba su influencia sobre mí de forma equivocada, me controlaba". Yirui, para quien en aquel momento el trabajo lo representaba "todo", se vio obligada a renunciar a su empleo para escapar de su influencia, a pesar de que acababa de obtener un contrato indefinido.

A partir de febrero, durante tres meses, estuvo en casa sin trabajo, y atravesó una época de crisis, "no quería ver a nadie". No entendía cómo el hombre que le había ayudado a descubrir a Dios podía comportarse así. Entonces un periodista del Opus Dei le pidió una entrevista para contar su historia "y me vi obligada a mirar atrás y reconsiderar todo lo que me había pasado desde el principio. Me sentí conmovida por todo el bien que había recibido y fui capaz de perdonar". "Me di cuenta", continúa la pianista, "de que Dios no borra el mal, sino que te da la fuerza para afrontarlo".

La catedral de la Inmaculada Concepción de Hangzhou, la única iglesia católica abierta en una ciudad de once millones de habitantes situada al suroeste de Shanghai, donde el número de católicos puede estar en torno a 65.000 / Foto: Wikipedia

Ahora, cuando vuelve a casa, Yirui visita la iglesia de Hangzhou, que, sin embargo, "siempre está cerrada, excepto para la misa de las 6 de la mañana entre semana y algunos servicios los domingos". También habla con los jóvenes que acuden a la parroquia. El edificio está bien conservado, pero la frase pronunciada por el Crucifijo de San Damián a San Francisco bien podría referirse a la Iglesia de China. "Los chicos me preguntaron qué hacen los católicos en Italia, se ve que les gustaría tener una relación, pero no es posible", reflexiona la pianista. También necesitarían un padre Francesco Zhao, pero no lo tienen, están solos. Cambiar las cosas sin un guía es difícil: "En China impera el materialismo, pero hay un gran deseo espiritual. Los jóvenes se dan cuenta de que los valores que propone la sociedad no son los reales, pero no saben dónde encontrar el coraje para cambiar las cosas. Realmente rezo para que puedan ver y seguir la verdad, no a la sociedad. Pero para transmitir algo a los demás, primero hay que vivirlo".

Hablar de religión en China

Se aplica en China, como en Italia. "Hablé de la fe a mis padres y ellos, al verme feliz, me apoyaron, como hicieron con la música", concluye Yirui, reclamada ahora por los alumnos chinos a los que enseña canto y que la esperan a la puerta del estudio. "Después de mi bautismo, vinieron a visitarme a Italia y quedaron muy impresionados por la comunidad católica. Mi padre incluso empezó a santiguarse". Cada cosa, sin embargo, a su tiempo. "Mis padres aún trabajan en la escuela pública, en China, así que no es prudente hablar demasiado de religión en WeChat, los teléfonos podrían estar pinchados", reconoce. "El año que viene, sin embargo, se jubilarán y les invitaré a volver a Italia".

Quién sabe, quizá también surja una pregunta en sus corazones, como una melodía irresistible.

Traducido por Verbum Caro