Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

domingo, 3 de mayo de 2026

Homilía del evangelio del domingo: Amando a Cristo, Él habita en nosotros y nosotros en Él / Por P. José María Prats

* «Tal como dice San Pablo: ‘vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí’ (Ga 2,20): pensamos con la mente de Cristo, sentimos con el corazón de Cristo, obramos las obras de Cristo, hablamos con la voz de Cristo. Nos unimos así al canal a través del cual la Trinidad entera viene a habitar en nosotros: ‘El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él’ (Jn 14,23)»

Domingo V de Pascua – A

Hechos 6, 1-7 / Salmo 32 / 1 Pedro 2, 4-9 / San Juan 14, 1-12

P. José María Prats / Camino Católico.-   En el evangelio de San Juan aparece un concepto clave: el del amor como inhabitación mutua. Cuando amamos a una persona, ella habita de alguna manera en nosotros, quedando prendidos de su forma de pensar, de sentir, de expresarse. Nuestro poeta Pedro Salinas lo describió maravillosamente en su obra La voz a ti debida, en la que narra la historia de una pasión amorosa:

Qué alegría, vivir sintiéndose vivido. 

Rendirse a la gran certidumbre, oscuramente, 

de que otro ser, fuera de mí, muy lejos, me está viviendo (...) 

Que hay otro ser por el que miro el mundo 

porque me está queriendo con sus ojos. 

Que hay otra voz con la que digo cosas 

no sospechadas por mi gran silencio; 

y es que también me quiere con su voz.

Dios es amor y por ello las tres personas divinas se inhabitan plenamente. Así se lo manifiesta Jesús a Felipe en el evangelio de hoy: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí.»

Este concepto nos permite asomarnos un poquito al abismo del Misterio de la Encarnación: Asumiendo la naturaleza humana, el Hijo de Dios se ha hecho «hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne», y a través de esta carne, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos hablan con labios humanos, nos abrazan con brazos de hombre, comparten nuestra alegría y nuestro dolor con nuestro mismo regocijo y nuestro mismo llanto.

La carne de Cristo es el canal que Dios ha abierto entre Él y la humanidad a través del cual el Dios Uno y Trino llega hasta nosotros y nosotros accedemos a Él. Con sus gestos y palabras, esta carne nos manifiesta al Padre (Jn 1,18: «A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer»). A través de ella, la vida eterna, que tiene su origen en el Padre, llega hasta nosotros: (Jn 6,51: «El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo»). Ella es el canal por el que el Espíritu Santo se derrama sobre los creyentes (Jn 20,22: «Sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid al Espíritu Santo”»). 

La esencia de la vida cristiana es que, amando a Cristo, Él habita en nosotros y nosotros en Él, tal como dice San Pablo: «vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2,20): pensamos con la mente de Cristo, sentimos con el corazón de Cristo, obramos las obras de Cristo, hablamos con la voz de Cristo. Nos unimos así al canal a través del cual la Trinidad entera viene a habitar en nosotros: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él» (Jn 14,23).


El Reino de Dios, de hecho, no es otra cosa que esta presencia viva de Dios en cada uno de nosotros que nos constituye en un solo Cuerpo por el amor, un Cuerpo que manifiesta ante el mundo el pensar, el sentir y el obrar de Dios: «Como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17,21).


P. José María Prats

Evangelio: 


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 


«No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino».


Le dice Tomás: 


«Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». 


Le dice Jesús: 


«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto».


Le dice Felipe: 


«Señor, muéstranos al Padre y nos basta». 


Le dice Jesús: 


«¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre».


San Juan 14, 1-12

Creer en Cristo es confiar en Él, vivir en comunidad y servir a los demás / Por P. Carlos García Malo

 


Reza con el Papa León XIV en mayo 2026: «Por una alimentación para todos»

Foto: “Reza con el Papa”, 30-4-2026

* «Señor de la creación, hoy reconocemos con dolor que millones de hermanos y hermanas siguen padeciendo hambre, mientras tantos bienes se desperdician en nuestras mesas. Despierta en nosotros una nueva conciencia: que aprendamos a agradecer cada alimento, a consumir con sencillez, a compartir con alegría, y a cuidar los frutos de la tierra como un don tuyo, destinado a todos, no solo a unos pocos»

Camino Católico.- “Que nadie quede excluido de la mesa común, y que tu Espíritu nos enseñe a mirar el pan no como un objeto de consumo,sino como un signo de comunión y cuidado”, ora el Papa León XIV en su vídeo “Reza con el Papa” del mes de mayo de 2026, en el que invita a interceder con él por una alimentación para todos. El texto íntegro de la oración del Santo Padre es el siguiente:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


Señor de la creación,

Tú nos diste la tierra fecunda y, con ella, nuestro pan de cada día,

como signo de tu amor y providencia.

Hoy reconocemos con dolor

que millones de hermanos y hermanas siguen padeciendo hambre,

mientras tantos bienes se desperdician en nuestras mesas.


Despierta en nosotros una nueva conciencia:

que aprendamos a agradecer cada alimento,

a consumir con sencillez,

a compartir con alegría,

y a cuidar los frutos de la tierra como un don tuyo,

destinado a todos, no solo a unos pocos.


Padre bueno,

haznos capaces de transformar la lógica del consumo egoísta

en una cultura de solidaridad.

Que nuestras comunidades promuevan gestos concretos:

campañas de sensibilización, bancos de alimentos,

y un estilo de vida sobrio y responsable.


Tú que nos enviaste a tu amado Hijo Jesús,

pan partido para la vida del mundo,

danos un corazón nuevo, con hambre de justicia y sed de fraternidad.

Que nadie quede excluido de la mesa común,

y que tu Espíritu nos enseñe a mirar el pan

no como un objeto de consumo,

sino como un signo de comunión y cuidado.


Amén.

León XIV

Mons. Andrew Cozzens, Obispo de la Diócesis de Crookston: «A mi madre el médico le dijo que debía abortar porque el bebé, que era yo, tenía graves malformaciones; la vida siempre es la solución de Dios»

El obispo Andrew Cozzens de la diócesis de Crookston pronuncia un discurso en la clausura de la campaña "40 Días por la Vida" en Moorhead, Minnesota, el 29 de marzo. | Foto: Roxane Salonen - NCRegister

* «Por supuesto lo que esa mujer haría es lo que cualquiera de ustedes haría: simplemente, amar al hijo que Dios nos da. Eso es secundario comparado con la verdad que conocemos: la dignidad de una vida humana.Por eso estamos aquí hoy, orando para que nuestra cultura reconozca la dignidad de la vida humana. Es una dignidad inalienable, decimos, porque proviene de Dios»

Camino Católico.- El 29 de marzo, defensores de la vida en la ciudad de Moorhead, Minnesota, se reunieron para clausurar con canciones y celebraciones la primera campaña de primavera de "40 Días por la Vida" en su área.

El punto central del evento fue un escenario improvisado sobre una plataforma enganchada a una camioneta, en el que se encontraban sentados dos músicos: Tim Mosser, director de la oficina de respeto a la vida de la vecina diócesis de Fargo, en el teclado, y su hijo adoptivo, Romeo, de 8 años, en la batería digital.

Junto con varios testigos locales, que relataron cómo se salvó a un bebé del aborto el primer día de la campaña, y otro posible rescate al final de la misma, se encontraba un invitado especial, distinguido pero humilde, que había venido con palabras de aliento y una historia que provocó un aplauso entusiasta.

“No queremos clínicas de aborto en ningún sitio, pero sobre todo en mi diócesis, ¿verdad?”, dijo Mons. Andrew Cozzens, Obispo de la Diócesis de Crookston, el área sobre la que tiene autoridad espiritual y que había caído en manos del enemigo.

No era su primera visita a la zona. El obispo Cozzens había estado en el mismo lugar, bajo una gran carpa, en una concentración provida el 19 de agosto de 2022.

En ese momento el caso Roe contra Wade había sido revocado apenas unos meses antes, y la única clínica de abortos de Dakota del Norte, la Clínica para Mujeres de Red River, había cerrado sus puertas a principios de mes y se había dirigido al otro lado del río Red, a pocos kilómetros al este, a la ciudad vecina de Fargo, Moorhead, en el estado de Minnesota.

Insistían en que los abortos iban a seguir practicándose en una zona que, de otro modo, ahora ya no tendría más de estos lugares.

Pero los católicos de la zona y los defensores de la vida tenían sus propios planes y, aquella noche de verano, se manifestaron para protestar contra la medida.

Organizado por Pro-life Action Ministries (PLAM), con sede en St. Paul, y encabezado por el líder internacional provida David Bereit, el evento contó con la presencia de otro invitado especial que apareció discretamente entre la multitud: un obispo que acababa de ser nombrado para la diócesis.

Esa noche, el obispo Cozzens habló con los ciudadanos preocupados y con la multitud, compartiendo sus reflexiones sobre lo que significarían estas recientes decisiones y medidas. Su regreso a la zona cuatro años después era significativo.

Un giro de 180 grados

El lugar frente a la clínica de abortos, cerca de donde tuvo lugar aquella manifestación en 2022, ahora alberga un centro de ayuda para mujeres embarazadas de Women's Care. Mientras el obispo Cozzens compartía sus reflexiones, se podía ver el letrero rosa del centro detrás de él, testimonio de que, después de todo, el enemigo aún no ha ganado esta batalla.

El National Catholic Register cuenta que al relatar la historia de esa calle sin salida, el obispo Cozzens dijo: "Realmente he sentido el peso de lo que eso significa; que aquí tenemos un lugar en nuestro propio patio trasero, en nuestra propia casa, donde la muerte se considera una solución".

“Sabemos –continuó- que los únicos que se regocijan en eso son los enemigos de Dios. Y no son las personas que trabajan aquí; ellos no son los enemigos de Dios. Son las fuerzas que los influyen. Ese es nuestro único enemigo”.

Y aunque la campaña 40 Días por la Vida ha terminado por ahora, dijo: "La muerte no desaparece, así que seguimos buscando maneras de dedicarnos a la oración y al sacrificio para estar aquí".

Una historia conmovedora

Minutos antes, el obispo Cozzens había compartido una historia que conmovió visiblemente a los presentes. Se trataba de una mujer embarazada que, a las 20 semanas de gestación, fue hospitalizada cuando rompió aguas prematuramente.

“A la mañana siguiente, el médico entró y dijo: ‘Lamento informarle que el niño en su útero está gravemente malformado y creo que deberíamos inducir el parto’, lo que en ese momento habría sido, en la práctica, un aborto”, compartió.

Pero, siendo católica, la mujer dijo que no le importaba si su bebé tenía malformaciones, porque era un regalo de Dios, explicó el médico. “Usted no lo entiende”, replicó el doctor, mientras el obispo comentaba. “Este niño es un fenómeno”. A lo que la mujer respondió: “Usted no lo entiende. Quiero otro médico”.

A partir de ahí, la pusieron al cuidado de un médico jubilado, un especialista, y le ordenaron reposo absoluto. Pero como el tratamiento del nuevo médico no estaba cubierto por su seguro, sugirió que llegaran a un acuerdo con el primero: si el bebé nacía sano, ese médico tendría que pagar la factura, y si nacía con malformaciones, él se haría cargo de todos los gastos.

El niño nació aproximadamente un mes antes de lo previsto, dijo el obispo Cozzens, y, aparte de algunas alergias, estaba completamente sano. “Vayan a buscar al otro médico para que venga a ver a este pequeño”, dijo el nuevo doctor, admirando al recién nacido.

“Quizás ya se han dado cuenta de que ese bebé era yo”, dijo el obispo Cozzens. “Y esa mujer era mi madre”.

Relató que le habían contado esta historia muchas veces a lo largo de su vida, y debido a eso, y a cómo su vida “casi no llega a suceder”, siempre ha sentido un profundo aprecio por el movimiento provida y su importancia.

El "fenómeno" llegó a ser obispo

De hecho, cuando fue nombrado obispo por primera vez en 2013, un titular de periódico decía: "Un fenómeno se convierte en obispo", y se hizo viral, traducido incluso al italiano como "Il mostro diventa un vescovo". "Recibí correos electrónicos de todo el mundo cuando me nombraron obispo", recordó.

“Por supuesto lo que esa mujer haría es lo que cualquiera de ustedes haría: simplemente, amar al hijo que Dios nos da. Eso es secundario comparado con la verdad que conocemos: la dignidad de una vida humana”.

“Por eso estamos aquí hoy, orando para que nuestra cultura reconozca la dignidad de la vida humana. Es una dignidad inalienable, decimos, porque proviene de Dios”.

En esta cultura de la muerte, comentó, la muerte se convierte en una solución aceptable a los problemas, pero la muerte nunca es la solución.

“La vida siempre es la elección de Dios, y siempre la solución de Dios”.

El obispo Cozzens también mencionó la congruencia entre la campaña "40 Días por la Vida" y los 40 días de Cuaresma que acaban de terminar, y cómo "el sacrificio cuaresmal es una imitación del sacrificio de Jesús y sus 40 días en el desierto, donde salió a luchar contra el diablo".

“Este es el lugar donde sabemos que el enemigo tiene mucho poder en el mundo, y por eso venimos aquí para dar testimonio de Jesús y de su vida, para dar gracias por ello y para continuar esa lucha —que Jesús desea— la lucha contra el mal”.

Tras leer el prólogo del Evangelio de San Juan, ofrecer una bendición y una oración final, los músicos continuaron guiando al público en algunas canciones inspiradoras más, con el pequeño Romeo a la batería, ofreciendo con orgullo sus dones al mundo.

Romeo Mosser, de 8 años, toca la batería mientras la música acompaña la clausura de la campaña "40 Días por la Vida" en Moorhead, Minnesota, el 29 de marzo | Foto: Roxane Salonen - NCRegister

Jacques Averbuch, 96 años: «Perdí a mis padres en el holocausto, pero encontré la luz de Cristo porque vivir entre cristianos que daban testimonio con sus acciones me hizo convertirme en su discípulo y soy diácono»

Jacques Averbuch tiene 96 años y es diácono / Foto: Familia Averbuch - Aleteia

Camino Católico.- A pesar de sus 96 años y su baja estatura, Jacques Averbuch, diácono en Boulogne-Billancourt, no ha perdido ni un ápice de su vitalidad. Esta emana de él con una sencillez conmovedora, y todos los que lo han conocido la recuerdan. Es difícil imaginar, tras esa sonrisa bondadosa, la tragedia que sufrió este hombre en julio de 1942. Sobreviviente de la redada del Velódromo de Invierno, podría haber quedado devastado por la pérdida de sus padres, pero eligió otro camino: el camino de la luz, el camino de Cristo. Un testimonio conmovedor que comparte en su libro Rescapé du Vél' d'Hiv (publicado en francés por Artège).

Una infancia destrozada por la redada

Nacido el 27 de enero de 1930, Jacques disfrutó de una infancia feliz en el número 13 bis de la rue Versigny, en el distrito 18 de París, con su padre, Leybiche, y su madre, Golda, ambos inmigrantes polacos, y su hermanastra Paulette, del matrimonio anterior de su padre. «No teníamos ducha, ni nevera, ni lavadora, pocos juguetes, pero éramos felices», le cuenta a Anna Ashkova en Aleteia. Aunque sus padres eran judíos, practicaban su religión con moderación, pero la Pascua seguía siendo una festividad importante.

Su feliz vida se vio truncada por primera vez con la declaración de guerra en 1939. Como muchos parisinos, Jacques huyó de la capital con su hermana y su madre, que estaba embarazada en ese momento. Tras una estancia en Sudán, en la región de Loira Atlántico, llegaron a Châteaubriant, donde familias se habían ofrecido como voluntarias para acoger a personas que huían de París.

Así fue como conocieron a los Roul, una familia católica con seis hijos: dos niñas y cuatro niños (tres de los cuales se ordenarían sacerdotes). Fue en este hogar amoroso y protector donde su madre dio a luz a su segundo hijo, Marcel, el 9 de abril de 1940. Sin vislumbrar ningún peligro, la familia regresó a París justo después del armisticio, en junio o julio de 1940. Mientras los nazis se volvían cada vez más virulentos con los judíos, los padres de Jacques mantuvieron la calma y acataron las normas, luciendo la estrella amarilla.

"En 1942, sabíamos que estaban arrestando a judíos, pero mis padres no sospechaban especialmente. Mi padre se consideraba un hombre honesto. No veía de qué se le podía acusar", recuerda Jacques. Sin embargo, sintió miedo por primera vez el 16 de julio. "Estaba jugando en la casa del conserje con su hijo cuando vi pasar a dos policías de civil. Se llevaron a una mujer judía de nuestro edificio. Recuerdo que me escondí debajo de la mesa en ese momento; estaba aterrado".

Los padres de Jacques Averbuch, Golda y Leybiche Averbuch / Foto: Familia Averbuch - Aleteia


Al día siguiente, viernes 17 de julio, a las 5:00 de la mañana, la policía llamó al timbre de la casa de su familia. Jacques Averbuch tenía solo 12 años y su hermano Marcel, 2. Al igual que miles de otras familias judías, la suya figuraba en la lista para la redada del Velódromo de Invierno. Por alguna razón misteriosa, su hermana Paulette, que entonces tenía 19 años, no estaba en la lista, pero decidió seguir a su familia. "Papá metió algunas cosas en un saco de patatas marrón. Y así fue como, a las cinco de la mañana, nos dirigimos hacia la Rue du Mont-Cenis".

Fue frente a un oficial alemán donde se decidió su destino aquel día. "Uno de los policías que nos acompañaba le presentó a mis padres y le preguntó qué debía hacer con nosotros, los niños. El alemán respondió mecánicamente: "Los niños deben quedarse con sus padres". Fue entonces cuando intervino el segundo policía, indicando que Paulette estaba con su familia, pero que no figuraba en las listas. El alemán lo pensó un momento y decidió: "En ese caso, por ahora, ¡dejen a los dos niños con ella!". Le debo la vida a un oficial alemán", relata Jacques, describiendo aquel momento como providencial, como si el aliento de Dios le hubiera iluminado la conciencia. 

Impotentes, los tres niños vieron a sus padres partir hacia Drancy. "Recuerdo que subieron a un viejo autobús… Nunca más los volví a ver", susurra Jacques. Pero salvarse no significa estar a salvo.

"El día que arrestaron a mis padres, volvimos a casa. Esa noche, mi tía, la hermana de mi padre, vino con su hijo a despedirse, porque les habían dicho que los recogerían al día siguiente a las once. Nos besaron y ellos también se fueron para siempre".

Salvados por gente justa

Entonces comenzó otra terrible experiencia: la de la ausencia, la del desarraigo, la del miedo cotidiano. Su único tesoro fueron dos cartas que recibieron de sus padres desde Drancy pocos días antes de su deportación a Auschwitz el 24 de julio de 1942: los últimos vestigios de un amor que pronto se desvanecería. En medio de esta tragedia, una familia les tendió la mano: la familia Roul, a quienes ya conocían. "Paulette les envió un telegrama, y ​​la respuesta fue tan rápida como breve: '¡Vengan!'"

Gracias a ellos, los tres huérfanos encontraron no solo refugio y seguridad, sino también fe. Jacques se encontró gradualmente con Cristo. "Vivir entre cristianos que daban testimonio con sus acciones me hizo querer convertirme también en su discípulo".

Convertido al catolicismo, al igual que Paulette, fue bautizado el 22 de diciembre de 1942. A los 16 años, incluso consideró la posibilidad de ordenarse sacerdote. "Un susto de salud me llevó al seminario mayor de Aix-en-Provence durante un año. Mi estado no mejoró y me di cuenta de que, quizás, mi vocación estaba en otro lugar…", explica.

Esto no impidió que este hijo del Holocausto se convirtiera en un hombre comprometido. Después de la guerra, se involucró en los principales movimientos del catolicismo social: los Jóvenes Trabajadores Cristianos, el escultismo y, posteriormente, iniciativas relacionadas con la vivienda comunitaria.

Trabajó en el departamento de publicidad de Bayard, pero sobre todo, dedicó su vida a servir a los demás, en particular a sus vecinos del número 14 de la rue de Sèvres. Ordenado diácono permanente en la diócesis de Nanterre el 3 de diciembre de 1994, a la edad de 64 años, se convirtió en uno de los testigos vivos de un siglo turbulento, pero también de una Iglesia en constante movimiento.

Jacques Averbuch en una celebración ejerciendo su ministerio diaconal / Foto: Familia Averbuch - Aleteia

Paulette, por su parte, hizo voto de castidad con las Clarisas. Falleció en 2016. "¡Era una santa! Fue como una segunda madre para Marcel y para mí. Con tan solo 19 años, se encontró al frente de una familia", dice Jacques.

Solo su hermano se casó. Tuvo tres hijos y siete nietos. En 2019, toda la familia visitó Auschwitz. "Fue una experiencia muy impactante y, al mismo tiempo, muy dolorosa. Encontramos los nombres de mis padres. Fueron arrestados el 17 de julio y abandonados allí el 24 de julio en trenes de carga… Debió de ser horrible", dice Jacques, con la voz embargada por la emoción.

Su duelo no fue inmediato: le llevó tiempo aceptar la muerte de sus padres. "Recuerdo que al final de la guerra, cuando estábamos en Châteaubriant, cada tarde regresaban los prisioneros franceses. Pensábamos que nuestros padres también volverían, e íbamos a la estación todos los días... los esperábamos."

Un testimonio para evitar el olvido

Aunque Jacques Averbuch abrazó la fe cristiana con fervor, su conversión no borró en absoluto sus raíces judías. Al igual que el cardenal Lustiger , solicitó que se recitara el Kadish, una antigua oración judía de duelo, en su funeral en Notre-Dame de Boulogne. "Sigo profundamente apegado a mis raíces", declara. 

Durante décadas, ha dado charlas en escuelas primarias, secundarias y preparatorias. Dirigiéndose a las nuevas generaciones, cuenta su historia. No para reavivar el dolor, sino para evitar que se olvide. Su relato resuena por su carácter personal: lleva la voz de un niño que presencia el derrumbe del mundo y la de un anciano que sigue creyendo en la luz.

¿Cómo se puede vivir después de lo inefable? ¿Cómo se puede seguir creyendo en la humanidad, y aún más en Dios? A estas profundas preguntas, Jacques Averbuch responde con una frase sencilla pero poderosa, especialmente en este tiempo pascual: "¡La vida siempre triunfa!".

sábado, 2 de mayo de 2026

Homilía del P. José Aurelio Martín y lecturas de la Misa de hoy, sábado, San Atanasio, 2-5-2026

2 de mayo de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. José Aurelio Martín Jiménez y lecturas de la Santa Misa de hoy, sábado de la 4ª semana de Pascua, San Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, sábado, San Atanasio, 2-5-2026

 

2 de mayo de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, sábado de la 4ª semana de Pascua, San Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia, presidida por el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Gozosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 2-5-2026

2 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 2/5/2026: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 2 de mayo de 2026, sábado de la 4ª semana de Pascua, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Juan 14, 7-14:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

Felipe le dice:

«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica:

«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

Misterios Gozosos del Santo Rosario en la Parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, 2-5-2026

2 de mayo de 2026.- (Camino Católico) Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, en la parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, emitido por 13 TV.

Medjugorje es una invitación a la conversión, a la paz interior y a la confianza en la providencia; la Virgen María nos invita a orar con el corazón / Por P. Carlos García Malo