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sábado, 9 de mayo de 2026

Alberto de la Fuente: «Secuestrado, 290 días en una ‘caja’ llena de cámaras, hice un pacto con Dios allí dentro. Rezaba 500 oraciones diarias aferrado a mi medalla de San Benito»


"En ese momento hice un pacto con Dios, no le endosé la responsabilidad de que me sacara sino que fue hacer un trabajo en conjunto. Ese día se gestó una comunión increíble", relata Alberto de la Fuente

* «Durante mi cautiverio, los primeros días, sí que estaba enfadado y decepcionado con Dios, no entendía por qué me sucedía a mí, cuando yo no era una persona que se metiera con nadie. No entendía bien si era un castigo. Pero, en un momento de lucidez, dentro de todo ese ruido que había en 'la caja', porque estaba intoxicado de cortisol, en continuo estrés, comencé a hablar con Dios y le dije: 'tengo claro que Tú no me pusiste aquí, que esto no es un castigo, que no me quieres dar ninguna lección, pero juntos vamos a salir de esta prueba, Tú vas hacer tu parte fuera de los cuatro muros de esta caja y yo haré la mía dentro. Él cumplió con su parte, y yo también. Ese día se gestó una comunión increíble, que nunca se había dado, ni en mi bautizo ni en mi confirmación. Fue un diálogo de tú a Tú, y, desde entonces, durante nueve meses, tuve diálogos y diálogos con Dios» 

 Vídeo de Mater Mundi en el que Alberto de la Fuente cuenta su testimonio

Camino Católico.-  Alberto de la Fuente y de la Concha es un empresario mexicano, tiene 45 años, es padre de dos niños, está casado y el 29 de noviembre del año 2016, a punto de cumplir los 38, fue secuestrado a plena luz del día cerca de Puebla (México). Durante 290 días vivió aislado del mundo exterior, sin ver la luz del sol, rodeado de cámaras, con música y ruido de fondo constante. Ni siquiera pudo sufrir el síndrome de Estocolmo, porque nunca pudo ver ni oír a las personas que lo mantenían retenido.

Cuando se van a cumplir diez años del terrible suceso, Juan Cadarso en Religión en Libertad  ha charlado con este sobreviviente que logró mantenerse con vida en "una caja" de 1,5 m de ancho por 2 m de largo. Gracias a un pacto con Dios, y a una "visión" que tuvo de su hijo pequeño, este empresario, que compagina su trabajo con ser escritor y conferenciante, se autoimpuso reencontrarse un día sano y salvo con sus seres queridos.

Lo que van a leer a continuación es la increíble historia de un hombre "común y corriente" que luchó cada día por no resignarse a morir sepultado en lo que llamaría "aquel contenedor de almas". 

Alberto de la Fuente ha contado su testimonio en La caja. Crónica de un secuestro de 290 días. Puedes comprarlo en este enlace.

-¿Quién es Alberto de la Fuente?

-Soy un sobreviviente de un secuestro que duró 290 días. A pesar de ello, he tratado de reconstruir mi vida como si no hubiera sucedido, lo que me convierte en una persona común y corriente. Soy padre de familia, empresario y, ahora, escritor y conferenciante.

Mi único propósito es ayudar con mi testimonio a personas que están viviendo una situación difícil, que están desesperanzados, que no encuentren la manera de salir de sus problemas. Me gusta compartir mi historia, por si puedo guiarlos en esa oscuridad. Es una historia que le puede ayudar a cualquier persona.

-¿Nos puedes describir cómo era "la caja"?

-Desde que me secuestraron, desde el minuto uno, me cubrieron los ojos, me esposaron y me pusieron una especie de antifaz con el que no podía ver nada. Cuando logré ver otra vez me encontraba en un lugar de dimensiones ridículas. Yo a 'la caja' la llamo 'el contenedor de almas'. Era un espacio de 1,5 m de ancho por 2 m de largo, si estiraba mis brazos tocaba las paredes, y si caminaba tres o cuatro pasos me encontraba con otro de los muros.

Este lugar estaba cubierto por entero de gris. Cada pared tenía una mirilla desde donde me observaban los secuestradores. En el techo, que tendría una altura de 2,10 cm había dos lámparas led, donde ponían siempre la luz a una baja intensidad. En medio había un detector de movimiento, por si en algún momento se me ocurría patear la caja o tirar la puerta. En dos de las esquinas había dos cámaras de videovigilancia infrarroja, y, en las otras dos esquinas, había dos bocinas forradas de gris por donde me martirizaban con música a todo volumen las 24 horas.

El mobiliario era muy precario, al no ser un cuarto corriente, no tenía instalaciones de ningún tipo: no tenía baño, no tenía lavabo, no tenía ducha. Básicamente tenía un colchón muy pequeño, que era casi como dormir en el suelo. Esto me causó muchos dolores de cervicales y de espalda durante semanas.

Recreación de 'la caja' en la que estuvo encerrado Alberto. 

También había ciertos artículos de necesidad básica, como un cepillo de dientes, papel higiénico, un pequeño banco para sentarme, y el lugar donde hacía mis necesidades, que era una especie de nevera naranja portátil, que, afortunadamente, tenía una tapa. En una de las paredes había dos extractores de aire, por supuesto, no había ventanas. No tuve contacto con la luz del sol durante nueve meses y medio. Había, además, una puerta pequeña, por donde me introdujeron, que no tenía bisagras ni cerradura. Tenía su mirilla y una trampilla, como en las cárceles, por la que me metían la comida y los libros. 

-El 29 de noviembre se cumplieron ocho años del día en el que fue secuestrado...

-Ese día era, también, el aniversario de boda de mis padres, que acaban de cumplir ahora 50 años de casados. Los primeros aniversarios fueron más difíciles, eran días que no me apetecía salir a la calle o intentaba irme de viaje. No es una fecha que me encante ni me emocione, a mí me gusta más celebrar el 14 de septiembre, que fue la fecha de mi liberación.

Le he ido restando peso y nostalgia a la situación, porque si algo me impuse desde que salí fue intentar recuperar mi vida con la mayor normalidad posible. No me quiero estancar en un hecho que ya pasó, aún hay secuelas y llevo cicatrices, más del alma que físicas. En ese encierro hubo más violencia psicológica que física, aunque también me pegaron.

-¿Y, cómo fue ese 14 de septiembre?

-El anhelo de cualquier persona que esté privada de libertad es volverse a reencontrar con los suyos, con su familia. En el encierro uno se da cuenta de que lo verdaderamente importante, y por lo que vale la pena luchar, es por la familia. En ese tiempo tenía una niña de un año, y un niño de tres años y medio. Siempre digo que mis hijos fueron mi mayor dolor pero, también, mi mayor motor. Fueron los motivos por los que traté de no romperme dentro de 'la caja', todos los días pensaba y rezaba por volverlos a ver.

En un secuestro tan largo, la única manera de sobrevivir es encapsulando o anestesiando tu lado más humano. Tienes que volverte un hombre de piedra para poder soportar lo insoportable. Durante los primeros meses lloraba cinco o seis horas seguidas, pero los últimos meses ya ni siquiera podía llorar.

Cuando me notifican, mediante un comunicado, que se había llegado a una negociación, estaba tan muerto en vida que ni siquiera sentí nada. No fue el sentimiento que hubiera esperado, apenas se me escapó una o dos lágrimas, además, no sabía si era verdad o estos personajes estaban jugando con mi psicología.

Cuando me reencontré con mi familia pudo parecer un encuentro más bien frío, como si hubiera estado de vacaciones. Más allá de que volví con 25 kilos menos y totalmente blanco por no haber visto el sol. Pero, no me desmoroné, no me desarmé, por esa coraza que se había creado durante mi cautiverio. Para volver a recuperar los sentimientos tuvieron que pasar todavía un par de meses.

-¿Qué le dijeron sus hijos al verlo?

-Mis hijos eran muy pequeños. La niña fue la que menos se resintió de mi desaparición. Lo que sí fue duro fue cuando me vio al llegar a casa, que ni siquiera me reconoció. De las cosas que más sufrí fue que tardara mucho en reconocerme y en cogerme cariño.

El niño, como manteníamos una relación muy cercana, a pesar de que tenía tres años y medio, preguntaba por mí prácticamente todos los días. Mi familia optó por mentirle, y decirle que, por un tema de trabajo, tuve que irme a vivir a España. El niño siempre me tuvo en su corazón, y, desde que me vio, corrió hacia a mí, me abrazó. Durante muchos meses, cada vez que iba al baño, se quedaba en la puerta, cuidándome, como para que papá no se volviera a escapar. 

El empresario Alberto de la Fuente en una peregrinación a Santiago de Compostela con su libro "La caja" en el que cuenta su testimonio

 -¿Y su mujer?

-Siempre supe que corría un riesgo muy alto de ser asesinado, porque en mi país muchas veces los secuestradores no cumplen con el trato. Pero pensaba en ese reencuentro con mi mujer y me preparé por si ese día llegaba. Fueron tantos meses que, muchas veces, lo dudé. Así que decidí que en vez de desarmarme o llorar era bueno hacerle una broma.

Nosotros, antes del secuestro, teníamos una boda a la que no queríamos ir, y estábamos buscando una excusa. Se me ocurrió decirle eso a mi mujer. Al verme, nos dimos un abrazo y le dije que había encontrado una buena excusa para no ir a la boda. Se me quedó mirando como si me hubiera vuelto loco, luego entendió la importancia de romper el hielo con una broma.

-Se acerca la Navidad... ¿cómo fueron esos días lejos de los suyos?

-Fue terrible, nunca había valorado tanto una fecha tan significativa. Mi secuestro tuvo la particularidad de que nunca tuve contacto con mis secuestradores, no podía hablar con ellos ni ellos conmigo. Todo era por carta redactada por ordenador. Dentro de 'la caja' los vi tres veces y no los vi, porque entraban disfrazados con monos blancos, como si fueran trajes bacteriológicos.

Fue un cautiverio de completa soledad, una soledad muy dura pero que también me permitió muchísima introspección y conexión espiritual. Esa Navidad, que yo no sabía si era 25 de diciembre o no, porque no tenía forma de constatar el paso del tiempo, fue terrible. Ahí entendí que la verdadera importancia de esas fechas es estar con la gente que amas, que los regalos y los brindis son lo de menos.

-Habla de conexión espiritual... ¿cómo era su relación con Dios antes del secuestro?

-Yo era un católico por imposición geográfica. No era un gran practicante, pero siempre he creído en Dios, nunca me fue ajeno. Siempre supe que había algo más allá de lo entendible, una fuerza que nos cuida y que nos protege.

Durante mi cautiverio, los primeros días, sí que estaba enfadado y decepcionado con Dios, no entendía por qué me sucedía a mí, cuando yo no era una persona que se metiera con nadie. No entendía bien si era un castigo.

Pero, en un momento de lucidez, dentro de todo ese ruido que había en 'la caja', porque estaba intoxicado de cortisol, en continuo estrés, comencé a hablar con Dios y le dije: 'tengo claro que Tú no me pusiste aquí, que esto no es un castigo, que no me quieres dar ninguna lección, pero juntos vamos a salir de esta prueba, Tú vas hacer tu parte fuera de los cuatro muros de esta caja y yo haré la mía dentro. Él cumplió con su parte, y yo también.

Para la persona que está en libertad puede parecer algo muy simple, pero me propuse levantarme con la mejor actitud, empecé a rezar muchísimo, a comer todos los alimentos que me daban, me gustaran o no, comencé a hacer ejercicio, para producir endorfinas, y que no muriera de tristeza, a leer todos los libros que me dieran, aunque la literatura era horrible, todo eran libros de zombis.

En ese momento hice un pacto con Dios, no le endosé la responsabilidad de que me sacara sino que hiciéramos un trabajo en conjunto. Ese día se gestó una comunión increíble, que nunca se había dado, ni en mi bautizo ni en mi confirmación. Fue un diálogo de tú a Tú, y, desde entonces, durante nueve meses, tuve diálogos y diálogos con Dios.  

-¿Se encomendaba a algún santo o a la Virgen?

-Cuando me metieron en 'la caja' me quitaron la ropa, me desnudaron al 100% y me dieron un uniforme carcelario, que también era gris. Lo único que me dejaron fue una medalla de San Benito, que me regaló mi esposa cuando éramos novios, era como una conexión directa con mi mujer y con Dios. La apretaba con fuerza cuando rezaba, desde entonces nunca me la he quitado, ni para lavarla.

A San Benito le recé muchísimo, en ese momento no tenía ni idea de quién era ni por qué era famoso, luego ya me enteré de que la gente le reza para mantener al mal fuera. También me encomendé mucho a la Virgen de Guadalupe. Hacía más de 500 oraciones cada día. Eran avemarías y padrenuestros, que eran casi las únicas que conocía. Llevaba tanto tiempo sin decirlas que, al principio, me costaba recordarlas. Cuando no rezaba estaba hablando con Dios.

A los cuatro meses hubo un momento muy especial. Después de luchar mucho y echarle ganas, al no tener noticias del mundo exterior, me vino un bajón emocional muy fuerte. Empecé a coquetear con una depresión. Hubo dos días en los que dejé de hacer mi rutina, mis ejercicios, dejé de comer y, simplemente, estaba tumbado todo el día. Siempre he pensado que fue Dios el que me mandó esa señal.

Entonces, pude ver la imagen de mi hijo pequeño, a unos pocos centímetros de mí. Él no me dijo nada, simplemente nos miramos, y, en ese momento, comprendí que era una señal de Dios. Que no dependía de mí que estos tipos entraran y me pegaran un tiro en la cabeza, pero sí de la actitud con la que enfrentara al encierro. Lo tenía que hacer de la mejor manera, porque, si se daba el milagro de mi liberación, quería que mi familia me viera fuerte, no a una persona que se había vuelto loca, o a alguien débil. Gracias a esa 'aparición' se renovó toda mi actitud.

Alberto junto a su familia tras terminar el Camino de Santiago

-¿Qué sentimientos tiene hacia sus captores?

-En su momento, antes de mi encierro, tuve la suerte de oír un testimonio de una persona que estuvo 257 días secuestrada en condiciones muy similares a las mías, en los años noventa. Cuando estaba intentado adaptarme a 'la caja' buscaba información en mi cabeza  que me pudiera ayudar a sobrevivir, y me acordé de la charla de este personaje.

Sus puntos eran: encomendarse a Dios, que era algo que ya había aceptado; hacer ejercicio, llegué a hacer nueve horas de ejercicio diario, y, la tercera, era 'no canalices tu energía odiando a las personas que te tienen cautiva, si haces eso te vas a enfermar, canalízala mejor en las razones por las que quieres salir de ahí'.

Es muy difícil odiar a quien nunca viste, a quien nunca oíste, con los que no tuve ni siquiera el síndrome de Estocolmo, porque no hubo nunca esa relación. Al principio buscas a quien echarle la culpa, con quién estar enfadado, pero, con el paso del tiempo, entendí que si seguía cargando con esa bola de odios y resentimientos lo único que iba a pasar es que no iba a disfrutar de mi anhelada libertad.

Llegué a la conclusión de que yo ya había sufrido demasiado en la vida, y que, ahora, tocaba mirar para adelante. Que si no sanaba emocionalmente iba a terminar salpicando a la gente que mas quería.

-¿Sirvió para algo todo este sufrimiento?

-Fue una experiencia que me habría ahorrado si hubiera podido. A mí el secuestro me sigue doliendo mucho, pero, dentro de todo, me permitió conocer lo fuerte que soy. Me descubrió muchas características que no sabía que tenía.

Gracias a esta experiencia he priorizado lo que realmente es importante en la vida. Me dio una mirada que me permite ver la vida de manera distinta, vivir una situación límite te da una sensibilidad muy especial. 

-¿Y, ahora, cómo se lleva con Dios?

-Ya no tengo la misma conexión que en 'la caja', no porque crea menos sino porque estoy en mi día a día cotidiano. Siempre le voy a estar agradecido y no hay día que no amanezca y le de gracias por estos tiempos extras que me ha regalado. Yo ya soy más de los que agradecen que de los que piden.

»He hecho tres caminos de Santiago. Al primero llevé a mi mujer. Al segundo invité a mi padre, porque fue el negociador directo y tuvo que cargar con una piedra muy pesada. De sus decisiones dependía mi vida. Y hace un año hice el tercero con mi mujer y mis hijos. De las mejores experiencias de mi vida. Los niños no saben la historia completa, pero se la vamos dosificando. Siempre agradezco por la vida y es lo que le trasmito a mis hijos.

-¿Qué busca contando su testimonio en un libro?

-El libro encierra muchos mensajes, pero me gusta sintetizarlo en que las personas no le den el poder a ninguna circunstancia, que cada uno es el capitán de su navío y el guionista de su vida. Aunque la situación sea difícil, si se tiene actitud y fe, se puede salir adelante. 

»A los que están sufriendo, que crean en sí mismos y en Dios, y le echen ganas, porque siempre hay motivos para salir, yo soy un ejemplo viviente. Soy un sobreviviente de una situación extrema y he podido recuperar la felicidad.

»Como escribí en una libreta dentro de 'la caja': el tiempo que me robaron lo voy a triplicar. Mi secuestro fue un viaje a los confines de la propia oscuridad, donde yo era el único pasajero y Dios, mi piloto. 

Puedes comprar 'La caja. Crónica de un secuestro de 290 días' en este enlace.  

Homilía del P. José Aurelio Martín y lecturas de la Misa de hoy, sábado de la 5ª semana de Pascua, 9-5-2026

9 de mayo de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. José Aurelio Martín Jiménez y lecturas de la Santa Misa de hoy, sábado de la 5ª semana de Pascua, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, sábado de la 5ª semana de Pascua, 9-5-2026

9 de mayo de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, sábado de la 5ª semana de Pascua, presidida por el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Gozosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 9-5-2026

9 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 9/5/2026: «No sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 9 de mayo de 2026, sábado de la 5ª semana de Pascua, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Juan 15, 18-21:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.

Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.

Recordad lo que os dije: «No es el siervo más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.

Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió».

Misterios Gozosos del Santo Rosario en la Parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, 9-5-2026

9 de mayo de 2026.- (Camino Católico) Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, en la parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, emitido por 13 TV.

San Pío de Pietrelcina llamaba al Rosario “el arma” contra el enemigo, porque donde se reza con fe, el mal pierde fuerza y la gracia de Dios actúa con poder / Por P. Carlos García Malo

 


viernes, 8 de mayo de 2026

Papa León XIV en homilía en el santuario de la Virgen de Pompeya, 8-5-2026: «El Rosario marca el ritmo de nuestra vida, llevándola continuamente a Jesús y a la Eucaristía»

* «El Rosario dirige la mirada hacia las necesidades del mundo, como subrayaba la Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, proponiendo en particular dos intenciones que siguen siendo de urgente actualidad: la familia, que sufre el debilitamiento del vínculo conyugal, y la paz, puesta en peligro por las tensiones internacionales y por una economía que prefiere el comercio de armas al respeto de la vida humana» 

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «Desde este Santuario, cuya fachada san Bartolo Longo concibió como un monumento a la paz, elevamos hoy con fe nuestra súplica. Jesús nos dijo que la oración hecha con fe puede obtenerlo todo (cf. Mt 21,22). Y san Bartolo Longo, al pensar en la fe de María, la define como «todopoderosa por gracia». Por su intercesión, que del Dios de la paz venga una efusión sobreabundante de misericordia, que toque los corazones, apacigüe los rencores y los odios fratricidas, e ilumine a quienes tienen responsabilidades especiales de gobierno. Hermanos y hermanas, ningún poder terrenal salvará al mundo, sino solo el poder divino del amor, ese poder divino del amor que Jesús, el Señor, nos ha revelado y donado. ¡Creamos en Él, esperemos en Él, sigámoslo!» 

 


8 de mayo de 2026.- (Camino Católico)  “El Rosario marca el ritmo de nuestra vida, llevándola continuamente a Jesús y a la Eucaristía” ha subrayado el Papa León XIV en su homilía de este viernes al presidir una solemne celebración eucarística en la Plaza del Santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya, uno de los lugares marianos más significativos de Italia. Ante 20.000 fieles, entre ellos 400 enfermos discapacitados. Al final de la Misa el Pontífice ha orado la súplica a la Virgen del Rosario de Pompeya escrita por San Bartolo Longo, fundador del santuario.



El Pontífice ha encomendado en su homilía su ministerio petrino a la protección de la Virgen: “Exactamente hace un año, cuando me fue confiado el ministerio de Sucesor de Pedro, era precisamente el día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya. Por eso debía venir aquí, para poner mi servicio bajo la protección de la Virgen Santa”. Además, ha destacado el vínculo entre el nombre pontificio que eligió y León XIII, Papa que impulsó ampliamente la devoción al Rosario a través de “un amplio Magisterio”.




“¿Qué hay más esencial que los misterios de Cristo, que su santo Nombre pronunciado con la ternura de la Virgen Madre?”. El Papa además ha recordado que generaciones enteras de creyentes “han encontrado en el Rosario una escuela sencilla y profunda de fe, capaz de custodiar tanto la espiritualidad popular como las expresiones más elevadas de la mística cristiana” y ha insistido en que el Rosario es “rezado”, “celebrado” y consecuencia natural, fuente de caridad: “Caridad hacia Dios, caridad hacia el prójimo: dos caras de la misma moneda”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:



VISITA PASTORAL DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A POMPEYA Y NÁPOLES


SANTA MISA

Y SÚPLICA A NUESTRA SEÑORA DE POMPEYA


HOMILÍA DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV


Piazza Bartolo Longo, frente al Santuario de Nuestra Señora del Santo Rosario de Pompeya

Viernes, 8 de mayo de 2026



¡Queridos hermanos y hermanas!

«Proclama mi alma la grandeza del Señor». Estas palabras, con las que hemos respondido a la primera lectura, brotan del corazón de la Virgen María al presentar a Isabel el fruto de su vientre, Jesús, el Salvador. Tras ella, cantarán a Cristo Zacarías, el padre de Juan el Bautista, y el anciano Simeón. Estos tres cánticos marcan cada día la alabanza de la Iglesia en la Liturgia de las Horas. Son la mirada del antiguo Israel, que ve cumplidas sus promesas; son la mirada de la Iglesia Esposa, tendida hacia su Esposo divino; son, implícitamente, la mirada de toda la humanidad, que encuentra respuesta a su anhelo de salvación.

Hace ciento cincuenta años, al colocar la primera piedra de este Santuario, en el lugar donde la erupción del Vesubio del año 79 d. C. había sepultado bajo las cenizas los vestigios de una gran civilización, protegiéndolos durante siglos, san Bartolo Longo, junto con su esposa, la condesa Marianna Farnararo De Fusco, sentó las bases no solo de un templo, sino de toda una ciudad mariana. Así expresaba la conciencia de un designio de Dios, que san Juan Pablo II, al hablar en este lugar de gracia el 7 de octubre de 2003, al concluir el Año del Rosario, relanzó para el Tercer Milenio, en la perspectiva de la nueva evangelización: «Hoy —decía— como en los tiempos de la antigua Pompeya, es necesario anunciar a Cristo a una sociedad que se va alejando de los valores cristianos y pierde incluso su memoria».

Hace exactamente un año, cuando se me confió el ministerio de Sucesor de Pedro, era precisamente el día de la Súplica a la Virgen, ¡este hermoso día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya! Por lo tanto, tenía que venir aquí, para poner mi servicio bajo la protección de la Santísima Virgen. El haber elegido luego el nombre de León me sitúa en las huellas de León XIII, quien tuvo, entre otros méritos, el de haber desarrollado un amplio Magisterio sobre el Santo Rosario. A todo ello se suma la reciente canonización de san Bartolo Longo, apóstol del Rosario. Este contexto nos brinda una clave para reflexionar sobre la Palabra de Dios que acabamos de escuchar.

El Evangelio de la Anunciación nos introduce en el momento en que el Verbo de Dios se hace carne en el seno de María. De este seno irradia la Luz que da pleno sentido a la historia y al mundo. El saludo que el ángel Gabriel dirige a la Virgen es una invitación a regocijarse: «Alégrate, llena de gracia» (Lc 1,28; cf. Sof 3,14). Sí, el Ave María es una invitación a la alegría: le dice a María, y en ella a todos nosotros, que sobre los escombros de nuestra humanidad probada por el pecado y, por lo tanto, siempre inclinada a las injusticias, A las opresiones y a las guerras, ha llegado la caricia de Dios, la caricia de la misericordia, que toma en Jesús un rostro humano. María se convierte así en Madre de la misericordia. Discípula de la Palabra e instrumento de su encarnación, se revela verdaderamente como la «llena de gracia». ¡Todo en ella es gracia! Al ofrecer al Verbo su propia carne, ella se convierte también, como enseña el Concilio Vaticano II siguiendo a san Agustín, en «madre de los miembros (de Cristo) … porque cooperó con caridad en el nacimiento de los fieles de la Iglesia, quienes son miembros de esa Cabeza» (Const. dogm. Lumen gentium, 53; cf. San Agustín, De S. Virginitate, 6). En el «He aquí» de María nace no solo Jesús, sino también la Iglesia, y María se convierte a la vez en Madre de Dios —Theotòkos— y Madre de la Iglesia.

¡Gran misterio! Todo sucede en el poder del Espíritu Santo, que cubre a María con su sombra y hace fecundo su seno virginal. Este momento de la historia tiene una dulzura y una fuerza que atraen el corazón y lo llevan a esa altura contemplativa en la que brota la oración del Santo Rosario. Una oración que, surgida y desarrollándose progresivamente en el segundo milenio, hunde sus raíces en la historia de la salvación, y tiene precisamente en el saludo del Ángel a la Virgen su preludio. «¡Ave María!». La repetición de esta oración en el Rosario es como el eco del saludo de Gabriel, un eco que atraviesa los siglos y guía la mirada del creyente hacia Jesús, visto con los ojos y el corazón de la Madre. Jesús adorado, contemplado, asimilado en cada uno de sus misterios, para que, con San Pablo, podamos decir: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gálatas 2,19).

Precedida por la proclamación de la Palabra de Dios, enmarcada entre el Padrenuestro y el Gloria, la Ave María que se repite en el Santo Rosario es un acto de amor. ¿Acaso no es propio del amor repetir sin cansarse: «Te quiero»? Un acto de amor que, en los granos de la corona, como bien se ve en el cuadro mariano de este Santuario, nos lleva de vuelta a Jesús y nos conduce a la Eucaristía, «fuente y culmen de toda la vida cristiana» (Lumen gentium, 11). De ello estaba convencido san Bartolo Longo cuando escribía: «La Eucaristía es el Rosario viviente, y todos los misterios se encuentran en el Santo Sacramento de manera activa y vital» (El Rosario y la Nueva Pompeya, 1914, p. 86). Tenía razón. En la Eucaristía se encuentran todos los misterios de la vida de Cristo, por así decirlo, concentrados en el memorial de su sacrificio y en su presencia real. El Rosario tiene una fisonomía mariana, pero un corazón cristológico y eucarístico (cf. Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, 1). Si la Liturgia de las Horas marca los tiempos de la alabanza de la Iglesia, el Rosario marca el ritmo de nuestra vida, llevándola continuamente a Jesús y a la Eucaristía.

Generaciones de creyentes han sido moldeadas y custodiadas por esta oración, sencilla y popular, y al mismo tiempo capaz de alturas místicas y tesoro de la teología cristiana más esencial. ¿Qué hay, en efecto, de más esencial que los misterios de Cristo, que su santo Nombre, pronunciado con la ternura de la Virgen María? Es en este Nombre, y en ningún otro, en el que nosotros podemos ser salvados (cf. Hch 4,12). Al repetirlo en cada Ave María, experimentamos de alguna manera la casa de Nazaret, casi volviendo a escuchar la voz de María y de José en los largos años en que Jesús vivió con ellos. Experimentamos también el Cenáculo, donde los Apóstoles, junto con María, esperaron la efusión del Espíritu Santo. Es lo que nos ha señalado la primera lectura. ¿Cómo no pensar que, en ese tiempo entre la Ascensión y Pentecostés, María y los apóstoles rivalizaban en recordar los distintos momentos de la vida de Jesús? ¡No debía escaparse ningún detalle! Todo debía ser recordado, asimilado, imitado. Así nace el camino contemplativo de la Iglesia, del cual, a semejanza del Año litúrgico, el Rosario ofrece la síntesis en la meditación diaria de los santos Misterios. Con razón, el Rosario ha sido considerado un compendio del Evangelio, que San Juan Pablo II quiso integrar con los Misterios de la Luz. Esta dimensión también fue muy viva en san Bartolo Longo, quien ofreció a los peregrinos profundas meditaciones para alejar al Santo Rosario de la tentación de una recitación mecánica y asegurarle el aliento bíblico, cristológico y contemplativo que debe caracterizarlo.

Hermanas y hermanos, si el Rosario se «reza» y, me atrevería a decir, se «celebra» de esta manera, es también, como consecuencia natural, fuente de caridad. Caridad hacia Dios, caridad hacia el prójimo: dos caras de la misma moneda, como nos recordaba la segunda lectura, tomada de la primera carta de san Juan, que concluía con la exhortación: «No amemos de palabra ni de lengua, sino con hechos y en verdad» (1 Jn 3,18). Por eso, san Bartolo fue apóstol del Rosario y, al mismo tiempo, apóstol de la caridad. En esta ciudad mariana acogió a huérfanos e hijos de presos, mostrando la fuerza regeneradora del amor. Aquí, también hoy, los más pequeños y los más débiles son acogidos y atendidos en las obras del Santuario. El Rosario dirige la mirada hacia las necesidades del mundo, como subrayaba la Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, proponiendo en particular dos intenciones que siguen siendo de urgente actualidad: la familia, que sufre el debilitamiento del vínculo conyugal, y la paz, puesta en peligro por las tensiones internacionales y por una economía que prefiere el comercio de armas al respeto de la vida humana.

Cuando san Pablo II proclamó el Año del Rosario – del que el próximo año cumplirá un cuarto de siglo – quiso ponerlo de manera especial bajo la mirada de la Virgen de Pompeya.  Los tiempos no han mejorado desde entonces. Las guerras que todavía se libran en tantas regiones del mundo exigen un compromiso renovado, no solo económico y político, sino también espiritual y religioso. La paz nace en el corazón. El mismo Pontífice, en octubre de 1986, reunió en Asís a los líderes de las principales religiones, invitado a todos a orar por la paz. En diversas ocasiones, incluso recientes, tanto el Papa Francisco como yo hemos pedido a los fieles de todo el mundo que recen por esta intención.

No podemos resignarnos a las imágenes de muerte que cada día nos presentan las noticias. Desde este Santuario, cuya fachada san Bartolo Longo concibió como un monumento a la paz, elevamos hoy con fe nuestra súplica. Jesús nos dijo que la oración hecha con fe puede obtenerlo todo (cf. Mt 21,22). Y san Bartolo Longo, al pensar en la fe de María, la define como «todopoderosa por gracia». Por su intercesión, que del Dios de la paz venga una efusión sobreabundante de misericordia, que toque los corazones, apacigüe los rencores y los odios fratricidas, e ilumine a quienes tienen responsabilidades especiales de gobierno.

Hermanos y hermanas, ningún poder terrenal salvará al mundo, sino solo el poder divino del amor, ese poder divino del amor que Jesús, el Señor, nos ha revelado y donado. ¡Creamos en Él, esperemos en Él, sigámoslo!

PAPA LEÓN XIV



Fotos: Vatican Media, 8-5-2026

El Papa León XIV encomienda su ministerio petrino a la protección de la Virgen rezando la Súplica a la Virgen María del Santo Rosario de Pompeya, 8-5-20262: «Bendecid, ¡oh María!, en este instante al Sumo Pontífice»


El Papa León XIV rezando, después de la comunión, la súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya, escrita por San Bartolo Longo, fundador del santuario, y superpuesta la imagen ante la que ha orado


8 de mayo de 2026.- (Camino Católico“Exactamente hace un año, cuando me fue confiado el ministerio de Sucesor de Pedro, era precisamente el día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya. Por eso debía venir aquí, para poner mi servicio bajo la protección de la Virgen Santa”, ha dicho el Papa León XIV en su homilía al presidir una solemne celebración eucarística en la Plaza del Santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya, uno de los lugares marianos más significativos de Italia. Ante 20.000 fieles, entre ellos 400 enfermos discapacitados, el Pontífice ha encomendado su ministerio petrino a la protección de la Virgen rezando, después de la comunión, la súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya, escrita por San Bartolo Longo, fundador del santuario. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la oración, cuyo texto completo es el siguiente:



VISITA PASTORAL DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV A POMPEYA Y NÁPOLES


Oración del Papa León XIV de la Súplica a la Virgen de Pompeya escrita por San Bartolo Longo


Piazza Bartolo Longo, frente al Santuario de Nuestra Señora del Santo Rosario de Pompeya

Viernes, 8 de mayo de 2026



En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


I - ¡Oh augusta Reina de las Victorias, oh Virgen soberana del Paraíso!, cuyo nombre poderoso alegra los cielos y hace temblar de terror a los abismos. ¡Oh gloriosa Reina del Santísimo Rosario!, nosotros, los venturosos hijos vuestros, postrados a vuestras plantas -en este día sumamente solemne de la fiesta de vuestros triunfos sobre la tierra de los ídolos y de los demonios-, derramamos entre lágrimas los afectos de nuestro corazón, y con la confianza de hijos os manifestamos nuestras necesidades.


Desde ese trono de clemencia donde os sentáis como Reina, volved, ¡oh María!, vuestros ojos misericordiosos a nosotros; a nuestras familias, a nuestra nación, a la Iglesia Católica, al mundo todo, y apiadaos de las penas y amarguras que nos afligen. Mirad, ¡oh Madre!, cuántos peligros para el alma y cuerpo nos rodean; cuántas calamidades y aflicciones nos agobian. Detened el brazo de la justicia de vuestro Hijo ofendido, y con vuestra bondad subyugad el corazón de los pecadores, pues ellos son nuestros hermanos e hijos vuestros, que al dulce Jesús costaron sangre divina y a vuestro sensibilísimo Corazón indecibles dolores. Mostraos hoy para con todos Reina verdadera de paz y de perdón.


Dios te salve, María….


II - En verdad, en verdad, Señora, nosotros, aunque hijos vuestros, con las culpas cometidas hemos vuelto a crucificar en nuestro pecho a Jesús y traspasar vuestro tiernísimo Corazón. Si, lo confesamos, somos merecedores de los más grandes castigos; pero tened presente, oh Madre, que en la cumbre del Calvario recibisteis las últimas gotas de aquella sangre divina y el postrer testamento del Redentor moribundo; y que aquel testamento de un Dios, sellado con su propia sangre, os constituía en Madre nuestra, Madre de los pecadores. Vos, pues, como Madre nuestra, sois nuestra Abogada y nuestra Esperanza. Y por eso nosotros, llenos de confianza, entre gemidos, levantamos hacia Vos nuestras manos suplicantes y clamamos a grandes voces: ¡Misericordia, oh María, misericordia!


Tened, pues, piedad, ¡oh Madre bondadosa!, de nosotros, de nuestras familias, de nuestros parientes; de nuestros amigos, de nuestros difuntos, y, sobre todo, de nuestros enemigos y de tantos que se llaman cristianos y, sin embargo, desgarran el amable Corazón de vuestro Hijo. Piedad también, Señora, piedad, imploramos para las naciones extraviadas, para nuestra querida patria y para el mundo entero, a fin de que se convierta y vuelva arrepentido a vuestro maternal regazo. ¡Misericordia para todos, oh Madre de las misericordias!


Dios te salve, María….


III . ¿Qué os cuesta, oh María, escucharnos, qué os cuesta salvarnos? ¿Acaso vuestro Hijo divino no puso en vuestras manos los tesoros todos de sus gracias y misericordias? Vos estáis sentada a su lado con corona de Reina, rodeada de gloria inmortal sobre todos los coros de los Angeles. Vuestro dominio es inmenso en los cielos, y la tierra con todas las criaturas os está sometida. Vuestro poder, ¡oh María!, llega hasta los abismos, puesto que Vos, ciertamente, podéis librarnos de las asechanzas del enemigo infernal. Vos, pues, que sois todopoderosa por gracia, podéis salvarnos; y si Vos no queréis socorrernos por ser hijos ingratos e indignos de vuestra protección, decidnos, a lo menos, a quién debemos acudir para vernos libres de tantos males. ¡Ah!, no: vuestro Corazón de Madre no permitirá que se pierdan vuestros hijos. Ese divino Niño, que descansa sobre vuestras rodillas, y el místico Rosario que lleváis en la mano nos infunden la confianza de ser escuchados, y con tal confianza nos postramos a vuestros pies, nos arrojamos como hijos débiles en los brazos de la más tierna de las madres, y ahora mismo, sí, ahora mismo, esperamos recibir las gracias que pedimos.


Dios te salve, María….


PIDAMOS A MARIA SU SANTA BENDICIÓN


Otra gracia más os pedimos, ¡oh poderosa Reina!, que no podéis negarnos en este día de tanta solemnidad. Concedednos a todos, además de un amor constante hacia Vos, vuestra maternal bendición. No, no nos retiraremos de vuestras plantas hasta que nos hayáis bendecido. Bendecid, ¡oh María!, en este instante al Sumo Pontífice. A los antiguos laureles e Innumerables triunfos alcanzados con vuestro Rosario, y que os han merecido el título de Reina de las Victorias, agregad este otro: el triunfo de la Religión y la paz de la trabajada humanidad. Bendecid también a nuestro Prelado, a los Sacerdotes y a todos los que celan el honor de vuestro Santuario. Bendecid a los asociados al Rosario Perpetuo y a todos los que practican y promueven la devoción de vuestro Santo Rosario.


Dios te salve, Reina y Madre…


Fotos: Vatican Media, 8-5-2026

Santa Misa de hoy, viernes, en el Santuario de la Virgen María del Santo Rosario de Pompeya, presidida por el Papa León XIV, 8-5-2026


Foto: Vatican Media, 8-5-2026


8 de mayo de 2026.- (Camino Católico El Papa León XIV ha presidido este viernes una solemne celebración eucarística en la Plaza del Santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya, uno de los lugares marianos más significativos de Italia. Ante 20.000 de fieles, entre ellos 400 enfermos discapacitados, el Pontífice en su homilía ha encomendado su ministerio petrino a la protección de la Virgen y ha subrayado que “el Rosario marca el ritmo de nuestra vida, devolviéndola continuamente a Jesús y a la Eucaristía”. Después de la comunión el Pontífice ha orado la súplica a la Virgen del Rosario de Pompeya escrita por San Bartolo Longo, fundador del santuario. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.