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sábado, 7 de marzo de 2026

Anne Yoches, jugadora de fútbol americano, llevó una vida de excesos, hasta que una homilía y la adoración la llevaron a ser monja: «Quería más de Jesús»


Anne Yoches, a la izquierda jugando al fútbol americano, y al lado como monja que al hacer los votos tomó el nombre de Rita Clare Yoches 

* «Salía toda la noche del viernes y toda la noche del sábado, pero siempre, siempre, iba a misa los domingos. Aun así, nunca me paraba a escuchar realmente a lo que Dios me estaba intentando decir… El sacerdote hablaba sobre la Comunión, y me di cuenta de que yo estaba comulgando en pecado. Necesitaba confesarme urgentemente… En la Adoración Eucarística es donde realmente sentí que Dios Padre me abrazaba y me apretaba contra su pecho como solo un padre puede abrazar a su hija. Y mi vida cambió para siempre» 

Camino Católico.- Anne Yoches, exjugadora de baloncesto de la Universidad de Detroit Mercy, dejó atrás su prometedora carrera deportiva para dedicarse a una vida de oración y servicio como monja franciscana. Conocida ahora como Sr. Rita Clare, vive en una comunidad religiosa en Steubenville, Ohio, donde combina su amor por el trabajo en equipo con una devoción profunda a Dios, ayudando a jóvenes y personas necesitadas.

Cuando era estudiante-atleta en la Universidad de Detroit Mercy, Anne Yoches se levantaba a las 5 a.m. para asistir a los entrenamientos de baloncesto que comenzaban una hora después y duraban tres horas. Hoy en día, sigue levantándose al amanecer, pero por un propósito completamente distinto. 

La hermana Rita Clare Yoches, TOR, asiste a un partido de baloncesto de la Universidad de Detroit Mercy contra Toledo el 16 de noviembre, acompañada por la ex entrenadora Anne Rexford y sus compañeras de equipo Molly Peterson, Tia Winters y Michelle James. En el entretiempo, la hermana Rita Clare recibió el prestigioso premio Fr. Norbert Huetter de la universidad, otorgado a quienes sirvieron en la misión de San Ignacio de Loyola como "hombres y mujeres para los demás" / Fotografía de Wright Wilson | Especial para Detroit Catholic

«Ahora me despierto a las 5 a.m., rezo durante cuatro horas al día y luego realizo labores ministeriales con jóvenes universitarios o con personas necesitadas, enfermas o pobres», explica Yoches al Detroit Catholic, quien ahora es conocida como Sr. Rita Clare, miembro de las Hermanas Franciscanas T.O.R. de la Penitencia de la Madre Dolorosa. «Vivo en una comunidad con 24 hermanas, así que es como estar en un equipo de baloncesto, pero en un convento en lugar de un dormitorio».

Sr. Rita Clare siempre fue una atleta. En la secundaria Divine Child, en Dearborn, practicó baloncesto, voleibol, fútbol, sóftbol y golf. En la cancha de baloncesto, ayudó a su equipo, los Falcons, a ganar dos campeonatos estatales. 

Anteriormente conocida como Anne Yoches, la Hna. Rita Clare jugó cuatro temporadas de baloncesto en la Universidad de Detroit Mercy desde 1997-98 hasta 2000-01 / Fotografía de Wright Wilson | Especial para Detroit Catholic

Recibió una beca completa para jugar baloncesto en la Universidad de Detroit Mercy. Durante cuatro temporadas, promedió 5.3 puntos, 3.3 rebotes y 2.0 asistencias por partido. Durante ese tiempo, los Titans ganaron 60 partidos, terminaron entre los tres mejores equipos de la Horizon League en tres ocasiones y llegaron a la final del campeonato de la liga en 1999. 

«Cuando llegó al equipo, jugaba como delantera, pero en su último año la movimos a la posición de base, y fue simplemente extraordinaria», comenta su entrenadora universitaria, Anne Rexford. «Conocía todas las jugadas, sabía dónde debía estar cada jugadora, podía pasar el balón al poste y era una gran líder, obviamente». 

¿Alguna vez se le ocurrió a Rexford que su jugadora terminaría convirtiéndose en monja? 

«Nunca», respondió Rexford. «Bueno, tal vez, porque siempre resplandecía su bondad». 

¿Y a Sr. Rita Clare? ¿Se le había pasado por la mente que se convertiría en monja? 

«Fui educada por hermanas franciscanas toda mi vida en Divine Child, y definitivamente tuve a Sr. Beth aquí (en la Universidad de Detroit Mercy) como ministra de campus, además de los sacerdotes jesuitas, pero nunca pensé que sería una», confiesa Sr. Rita Clare. «Siempre pensé que viviría en el mundo, quizás casándome, pero trabajando en el mundo. Dios realmente irrumpió en mi vida y me llevó por un camino que no esperaba». 

El director de atletismo de la Universidad de Detroit Mercy, Robert Vowels, y el presidente Donald Taylor, Ph.D., entregan el premio Padre Huetter a la Hna. Rita Clare Yoches en la mitad de la cancha durante el entretiempo del partido del 16 de noviembre contra Toledo / Fotografía de Wright Wilson | Especial para Detroit Catholic

Después de graduarse en 2001 con un título en Medicina Deportiva, Sr. Rita Clare trabajó como entrenadora de fuerza y acondicionamiento en Notre Dame. Dos años después, se unió al equipo de fútbol americano femenino Detroit Demolition, donde jugó como fullback durante cuatro años (2003-2006) y ayudó al equipo a ganar cuatro títulos nacionales. 

Sin embargo, finalmente dejó el equipo cuando descubrió que su corazón estaba en otro lugar. 

«Salía toda la noche del viernes y toda la noche del sábado, pero siempre, siempre, iba a misa los domingos», ha contado Yoches en un vídeo de Redeemed Online sobre su conversión. «Aun así, nunca me paraba a escuchar realmente a lo que Dios me estaba intentando decir».

«Tuve una gran conversión de regreso a la fe a los 23 años, a través de una homilía. El sacerdote hablaba sobre la Comunión, y me di cuenta de que yo estaba comulgando en pecado. Necesitaba confesarme urgentemente y me confesé», explica. El mismo sacerdote que dio la homilía, su párroco, le ayudó en este nuevo camino. Yoches comenzó a leer la palabra de Dios cada día y a ir a la Adoración Eucarística. «Ahora pienso que, igual que vemos la tele o miramos Facebook durante una hora, también podemos leer la Biblia, la Palabra, durante un rato al día».

«Fui a un viaje a Roma y Asís, y sentí mi llamado a la vida religiosa mientras estaba en Asís. El Señor siguió llamándome durante tres años, y finalmente, un chico con el que estaba saliendo me llevó a una sesión de oración en la Universidad Franciscana de Steubenville, y después de ese momento, terminé la relación y decidí convertirme en monja». 

Recuerda vívidamente esa experiencia. 

«La homilía era sobre 1 Corintios 11:27: “Quien come y bebe el cuerpo y la sangre de Cristo sin discernirse a sí mismo, come y bebe su propia condenación. Por eso muchos entre ustedes están enfermos y débiles”», relata. «Y pensé: “Esa soy yo”. Tenía una vida social increíble, un gran trabajo, jugaba fútbol profesional para los Detroit Demolition y tenía una familia y amigos maravillosos, pero me estaba muriendo por dentro porque no cuidaba mi alma». 

«En la Adoración Eucarística es donde realmente sentí que Dios Padre me abrazaba y me apretaba contra su pecho como solo un padre puede abrazar a su hija», explica Yoches. “Y mi vida cambió para siempre. Quería más de Jesús».

Ese fue el comienzo de un cambio profundo en su vida. Hizo sus votos temporales en 2012 y sus votos perpetuos seis años después. 

«Nadie lo esperaba; fue realmente Dios quien me lo dijo, y yo escuché. Todos los demás estaban realmente sorprendidos», recuerda Sr. Rita Clare. «Nunca lo había hablado antes con mis amigos o mi familia». 

El equipo de porristas de la Universidad de Detroit Mercy se reúne a su alrededor después de que la Hna. Rita Clare recibió el Premio Padre Huetter / Fotografía de Wright Wilson | Especial para Detroit Catholic

Después de profesar sus votos, se convirtió en ministra de campus en la Universidad Estatal de Florida, donde coincidió nuevamente con su antigua entrenadora universitaria. 

«Mi hijo murió en Tallahassee en 2021», comparte Rexford, la entrenadora. «No lo sabía en ese momento, pero Sr. Rita estaba a cargo del ministerio familiar en la universidad. La mañana del funeral, que fue muy temprano, se enteró gracias a su padre y llegó justo a tiempo para la misa. Fue un consuelo enorme para todos nosotros». 

Sr. Rita Clare sirvió en Florida durante siete años y, a principios de 2024, se trasladó a un convento en Steubenville, Ohio. 

«Lo mejor de mi vida actual es que vivo con Jesús», dice. «Tenemos un sagrario, una iglesia —la presencia de Dios en nuestra casa. No tengo que trabajar en un horario de 9 a 5 y buscar tiempo para Dios. Dios está integrado en mi día, y eso me encanta». 

Durante el medio tiempo de un partido de baloncesto en Detroit Mercy el 16 de noviembre, recibió el prestigioso Premio Fr. Norbert Huetter por su dedicación a la misión de formar «hombres y mujeres para los demás». «Estoy agradecida de estar de regreso y de la experiencia que tuve aquí”, dice. «Definitivamente me siento como los 10 leprosos de las Escrituras: uno regresó para agradecerle a Dios por haberlo curado y yo siento que esta es mi oportunidad de regresar y agradecerle».

Sor Rita Clare asegura que no ha abandonado la actividad física personal después de convertirse en monja.«Camino o corro, levanto pesas y, siempre que puedo, juego un partidito de fútbol americano o de baloncesto con las dos manos», afirma. 

Al reflexionar sobre su vida, Sr. Rita Clare anima a aquellos que consideran la vida religiosa: «Visiten una orden religiosa y hablen con una monja para saber cómo es, pero también pasen tiempo en silencio y oración para escuchar lo que Dios les dice. No se preocupen por lo que digan los demás o el mundo, hagan lo que Dios les pida»

La hermana Rita Clare Yoches, TOR, cuenta su historia de conversión y vocación en este vídeo en inglés

Homilía del evangelio del domingo: Establecer un diálogo sincero y profundo con Jesús para que nos aparte definitivamente de lo que nos esclavizan / Por P. José María Prats

* «Que en este tiempo de Cuaresma en que, acompañando a los catecúmenos, nos preparamos para renovar nuestro bautismo,  Jesús haga renacer con fuerza en nosotros los ríos de agua viva capaces de saciar nuestra sed»

Domingo III de Cuaresma – A

Éxodo 17, 3-7 / Salmo 94 / Romanos 5, 1-2.5-8 / San Juan 4, 5-42

P. José María Prats / Camino Católico.- La Cuaresma se estableció en los primeros siglos de la Iglesia como un período penitencial y catecumenal. Durante los cuarenta días previos a la celebración del Triduo Pascual, los pecadores públicos intensificaban sus penitencias para recibir la absolución el Jueves Santo de manos del obispo y los catecúmenos recapitulaban su preparación para ser bautizados en la Vigilia Pascual.

El carácter catecumenal del tiempo cuaresmal se manifiesta especialmente en este ciclo A en los tres pasajes del evangelio de San Juan que leemos a partir de este domingo y que constituyen unas magníficas catequesis bautismales.

Hoy se nos presenta la figura de la samaritana, una mujer atrapada en las redes del pecado a quien Jesús libera haciendo brotar en ella las aguas del Espíritu y conduciéndola hacia el verdadero culto, en espíritu y en verdad.

El relato describe estupendamente la realidad personal de la samaritana. Su viaje cotidiano al pozo de Jacob tiene un profundo significado simbólico: esta mujer, como todos nosotros, tiene sed de plenitud de vida y, por ello, sale diariamente en busca de aquello que pueda apagar esta sed.

Los cinco “maridos” ilegítimos que ha tenido representan las fuentes a las que ha acudido para saciar su sed. Podríamos ponerles nombres como dinero, drogas, sexo, poder o fama. Con todos ellos ha tenido un profundo desengaño: ¡Cuánto esfuerzo y qué precio tan alto le han obligado a pagar por un momento fugaz de gloria! Y es que –como bien dice ella– el pozo de Jacob es hondo, las aguas escasean y para conseguir un pequeño sorbo hay que pelearse con todo el mundo.

Está muy claro que la samaritana está cansada y asqueada de todo. Ojalá –piensa ella– alguien le diera de beber un agua que saciara definitivamente su sed y no tuviera que volver nunca más junto al pozo de Jacob donde tanto ha sufrido y tan poco fruto ha cosechado. He aquí, pues, la realidad personal de esta mujer y la de tantos otros que no han tenido un verdadero encuentro con Jesucristo.

El evangelio nos muestra cómo Jesús penetra y transforma esta realidad. Sentado junto a la samaritana, la invita a un diálogo en el que irá tomando conciencia de su situación y descubrirá la fuente de la que mana el agua que es capaz de saciar su sed de plenitud de vida.

Con su delicada pedagogía Jesús la va iluminando, elevándola poco a poco desde su problema cotidiano de tener que ir cada día a buscar agua hasta las preguntas más sublimes sobre el verdadero culto y el Mesías. Y es entonces cuando tiene lugar la manifestación imponente, formidable de la identidad mesiánica de Jesús: «Yo soy: el que habla contigo».

Después de esta afirmación, el evangelio pone un punto y aparte y cambia discretamente de tema, pero nosotros deberíamos guardar un momento de silencio. Nada dice el texto –por respeto a lo inefable– de la reacción de la samaritana, pero lo que ha ocurrido está muy claro: ha tenido lugar el milagro de la fe y dentro de esta mujer ha penetrado el Espíritu de Dios, en ella ha brotado un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. Y su alegría es tan grande que no puede contenerla y parte inmediatamente hacia el pueblo para compartir con su gente lo que acaba de vivir.

Que en este tiempo de Cuaresma en que, acompañando a los catecúmenos, nos preparamos para renovar nuestro bautismo, sepamos establecer un diálogo sincero y profundo con Jesús para que nos aparte definitivamente de esos cinco maridos que todavía nos esclavizan y haga renacer con fuerza en nosotros los ríos de agua viva capaces de saciar nuestra sed.


P. José María Prats


Evangelio: 


En aquel tiempo, Jesús llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.


Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: 


«Dame de beber». 


Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. 


Le dice la mujer samaritana: 


«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). 


Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva». 


Le dice la mujer: 


«Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».


Jesús le respondió: 


«Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna».


Le dice la mujer: 


«Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla». El le dice: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá». 


Respondió la mujer: 


«No tengo marido». 


Jesús le dice: 


«Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad».


Le dice la mujer: 


«Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar». 


Jesús le dice: 


«Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad».


Le dice la mujer: 


«Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo». Jesús le dice: «Yo soy, el que te está hablando».


En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: «¿Qué quieres?», o «¿Qué hablas con ella?». 


La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: 


«Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?». 


Salieron de la ciudad e iban donde Él.


Entretanto, los discípulos le insistían diciendo:


«Rabbí, come». 


Pero Él les dijo: 


«Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis». 


Los discípulos se decían unos a otros:


«¿Le habrá traído alguien de comer?». 


Les dice Jesús: 


«Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya el segador recibe el salario, y recoge fruto para la vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador. Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador: yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga».


Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer que atestiguaba: 


«Me ha dicho todo lo que he hecho». 


Cuando llegaron donde Él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: 


«Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo».


San Juan 4, 5-42

Oraciones a San Juan de Dios para pedir la sanación de un niño enfermo y para problemas económicos, salud y depresión

Camino Católico.- Cada 8 de marzo, la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Juan de Dios, fundador de la Orden de los Hermanos Hospitalarios, la que posteriormente se denominaría, en honor al santo, “Orden Hospitalaria de San Juan de Dios”.

San Juan de Dios es un símbolo de la vocación de la Iglesia a hacerse ella misma caridad con aquellos que sufren en el cuerpo y también en el espíritu.

El aventurero llamado a servir a los que sufren

San Juan de Dios O. H. nació en Montemor-o-Novo (Montemayor), Portugal, el 8 de marzo de 1495 y, coincidentemente, fue llamado a la Casa del Padre también un 8 de marzo, pero de 1550, en Granada (España). Su nombre de pila fue João Cidade Duarte, aunque el mundo lo ha conocido siempre como Juan, ‘Juan de los enfermos’.

João, con tan solo 12 años, tomó rumbo hacia Toledo (España). Allí empezaría su curioso itinerario laboral que lo haría pasar del pastoreo -su primer empleo- a mercenario a los 27 años, cuando se enlista en la milicia del Emperador Carlos I de España (1500-1558). Poco le faltó para morir ahorcado a causa de un descuido suyo que comprometió a su compañía militar. Años después volvería a enrolarse para apoyar a Carlos I (Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico), esta vez no para luchar contra los franceses sino contra los turcos que habían sitiado Viena en 1532.

Santo de los libreros y mayordomos

Después de la milicia, decidió volver a su tierra, Portugal. En el camino conoció a una familia noble expulsada por el rey de Portugal a Ceuta, quienes lo contrataron como sirviente.

Decidido a probar fortuna empezó a trabajar como librero en Gibraltar, llegando a abrir una pequeña librería propia. Gracias a este oficio tuvo contacto con la literatura religiosa de la época, que dejó una huella imborrable en su corazón. Por épocas volvió a trabajar como sirviente, ejercitándose aún más en los dones y hábitos que Dios plenificaría más tarde cuando Juan se convertiría en servidor de los enfermos para siempre.

Finalmente, Juan se hizo enfermero por vocación y convicción, pues descubrió que el amor a los que sufren dolor era lo que más le movía y llenaba el corazón. Juan se quedó prendado de este noble oficio, con el que aprendió a tratar a diario con ‘ese’ Jesús sufriente, vulnerable, esperando ser atendido y consolado, y que siempre está presente en cada persona enferma.

Un alma hospitalaria

Juan, cuando trabajó como sirviente, aprendió aquello de que en el servicio el amor se hace palpable, visible. Cristo se hizo servidor de todos y fue quien más amó y es quien más nos ama. Movido por esa convicción, el santo fundó un hospital en Granada y, posteriormente, junto con su grupo de compañeros, constituyó la base de lo que sería la Orden Hospitalaria, dedicada a la pastoral de la salud. Los miembros de la Orden estarían dedicados por entero a atender a los pobres y necesitados.

En aquel hospital, el Hermano Juan trabajaría casi sin descanso durante diez años. Fueron años duros, con muchas tribulaciones y dolores, que se hicieron más llevaderos -cuando no hermosos- gracias a la oración. Sin Cristo, nada hubiese sido posible, pensaba Juan: “Son tantos los pobres que aquí llegan, que yo mismo, muchas veces estoy espantado cómo se pueden sustentar, mas Jesucristo lo provee todo y les da de comer”.

Es Cristo quien cura

El Hermano Juan, cada vez que podía, se ponía en presencia de Dios o renunciaba a alguna cosa que le agradaba para “mantener contento al Señor” durante la jornada y seguir exhibiendo la sonrisa que animaba a sus enfermos. Ellos, desorientados por el dolor, muchas veces pensaban que Dios los había abandonado y se veían caer en el abismo del desamparo, hasta que de pronto la sonrisa serena de Juan y sus ademanes llenos de cuidado y afecto les aliviaba el alma.

Juan había interiorizado hasta el tuétano que amar al que sufre es razón suficiente para desvelos y sacrificios. Ni cuando su propia salud lo traicionaba -solía resfriarse constantemente- buscó su seguridad o comodidad, sino siempre primero el bienestar del que tenía enfrente.

En una ocasión, se produjo un terrible incendio en su hospital y él, poniendo en riesgo su vida, se encargó personalmente de rescatar a los pacientes. Fue auténticamente milagrosa la manera como Juan de dios atravesó el lugar en llamas, una y otra vez, sin recibir quemadura alguna. Aquel día ni uno solo de sus pacientes sufrió algún daño.

San Juan de Dios y la salud hoy

San Juan de Dios además de ser patrono de hospitales y centros de salud, lo es de quienes trabajan en ellos en todas las áreas: médicos, enfermeros, administrativos y obreros; es decir, de todos los involucrados en preservar la salud y el valor de la vida humana. Asimismo -y no es poca cosa- es patrón de los que difunden libros en los que hay verdad, como los libros religiosos o de provecho espiritual. La salud es siempre cosa del cuerpo y del alma.

Hoy su vida y ejemplo de entrega a los sufrientes cobran un sentido especial. Pidamos su intercesión por todos aquellos que se arriesgan en los hospitales y servicios de salud alrededor del mundo para servir a otros. Pidamos también por quienes padecen el dolor del deterioro corporal y la soledad que a veces acarrea la enfermedad.

Actualmente los religiosos hospitalarios de San Juan de Dios, sus hijos espirituales, continúan sirviendo en cientos de centros de salud en los cinco continentes. Ellos son testigos del valor único de la vida humana, que ha de respetarse de manera incondicional.

Pidamos la intercesión de San Juan de Dios con confianza con estas dos oraciones pidiendo la sanación de un niño enfermo y para problemas económicos, salud y depresión:

Oración a San Juan de Dios para pedir la sanación de un niño enfermo

Glorioso san Juan de Dios, alma buena y noble,

que, engrandecido por Dios con su Poder y sus Gracias,

compartiste los sufrimientos y aflicciones de los demás,

ahora que estás junto al buen Jesús,

que te honra y no te niega nada,

y eres nuestro intercesor ante la salud y la enfermedad,

te suplico ruegues por la salud de este niño-a enfermo

y hagas lo posible para que sea sanado-a cuanto antes…

(nombre del niño-a enfermo).


Tu que repartes favores entre todos los que esperanzados

imploran tu generosidad y clemencia,

como lo acredita una serie continuada de milagros

obrados por ti en todos los siglos, naciones y gentes,

mira compasivamente a este criaturita

y dale tu asistencia y afecto desde los Cielos.


Ayúdale a librar esta dura batalla,

no le abandones en este trance difícil y angustioso

y envía junto a su cama al Arcángel san Rafael

para que, al igual que a ti te ayudó y protegió,

sea su amigo y compañero, lo proteja y custodie.


San Juan de Dios, glorioso patrón de los enfermos,

que elegiste a los más necesitados y a los que padecían

para darles tu amor, cuidados y atenciones

por ser ellos la representación del Cristo sufriente,

y te esforzaste en hacerles el bien y caridad,

en sustentarles, vestir y curar,

recibe a ....... con amor y caridad y pide por el-ella,

para que en breve recupere su energía y vitalidad

y sea un niño-a sanísimo-a, alegre y dichoso-a.


San Juan de Dios, esclavo de Jesús y María,

suplica con fervor a la Santísima Virgen,

que es nuestro amparo y consuelo,

acune entre sus amorosos brazos a …….

y con sus maternales caricias mitigue sus dolores;

pide al Niño Jesús, que es vida y salud del enfermo,

que con su infinito amor y misericordia

limpie su cuerpo de toda enfermedad física y mental,

sane sus dolencias y le devuelva la salud,

para que tenga una larga y buena vida,

nosotros le-la amamos y necesitamos a nuestro lado,

...... es nuestra alegría y llena de felicidad nuestras vidas.


San Juan de Dios, bendito y milagroso

que tus manos y corazón no se separen

de esta criatura que padece y sufre; 

haz que los doctores y enfermeras que se ocupan de .......

reciban luz y guía de Dios Padre Todopoderoso

y sean sabios para administrar las medicinas adecuadas,

danos fortaleza a sus familiares y amigos

para que no perdamos la esperanza

y sepamos hacer todo lo necesario y preciso

para afrontar esta situación con entereza y sin decaer, 

y sobre todo, pide al Señor que desde las Alturas

contemple con ojos de misericordia, visite y sane

a su pequeño-a siervo-a ....... que tanto le necesita.


Bienaventurado e insigne san Juan de Dios,

sé que mi pedido será escuchado

y por ello te doy las gracias por anticipado,

y me mantengo a la espera

con toda la esperanza y confianza

que mi alma y corazón sean capaces.


Oh Dios concédenos que,

siguiendo el ejemplo de san Juan de Dios

llevemos en el corazón y manifestemos en la practica

el amor a los pobres, a los enfermos y necesitados,

y extiende tu acostumbrada bondad sobre .......

guarda, cuida y sana a ....... 

que se encuentra afligido por la enfermedad,

Padre Dios, concédele la ayuda de tu Poder

para que su enfermedad sea cambiada por salud total

y la tristeza que ahora tenemos se convierta en gozo.


Por Jesucristo, nuestro Señor.


Amén.


Rezar tres Padrenuestros, Avemaría y Gloria.

 _________

Oración de San Juan de Dios para problemas económicos, salud y depresión

San Juan de Dios glorioso,
benefactor insigne de los enfermos,
los desahuciados y abandonados,
de los que sufren depresión, angustia o ansiedad,
de los traumatizados, de las víctimas de abusos,
y de toda persona desamparada o en dificultad,
te suplicamos de todo corazón,
y por la poderosa ayuda divina que recibiste de tu amigo y protector
el Arcángel san Rafael,
que nos des tu asistencia en las necesidades
corporales, espirituales y materiales
que aquí te presentamos:

(pedir lo que se necesita conseguir).

No nos niegues la ayuda que con fe te pedimos,
mira nuestras carencias, nuestros agobios,
tiende tu generosa mano y danos tu auxilio,
danos las bendiciones que tanto precisamos
para solucionar nuestros problemas,
pide por nosotros al Señor de Misericordia
y consigue seamos escuchados y atendidos.

Así mismo te pedimos que nos hagas participes
del conocimiento de Dios,
para que conociéndolo le amemos,
le sirvamos y le obedezcamos,
porque no hay mayor pobreza
que el desconocimiento de Dios,
y libres de esta pobreza espiritual
seamos dotados de buenas obras
y así de esta manera,
venciendo todos los obstáculos
de la vida presente
seamos dignos de las glorias
y maravillas celestiales.

Por Jesucristo Nuestro Señor

Amén.