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sábado, 14 de marzo de 2026

Astrid Chereau quedó parapléjica esquiando, pero tras una novena a la beata Chiara Badano salió del hospital caminando


Astrid Chereau en 2024. Ahora, prosigue su camino de conversión después de su milagrosa recuperación / Foto: CORINNE SIMON - Famille Chretienne

* Los médicos le dijeron que tras una larguísima y dura rehabilitación quizás pudiera recuperar algo de movilidad, pero que sería “largo y difícil”… El último día de la novena a la beata Chiara Badano esta joven salía del hospital completamente curada, y sin ninguna explicación plausible de los médicos, tan sorprendidos como ella ante esta situación. En su expediente médico sigue registrada como “parapléjica”, pero en su día a día ella camina, sube las escaleras, se sienta y hasta corre… 

Camino Católico.-  Una joven desde el cielo intercediendo por otra en la tierra. Esto es lo que ocurrió con la  beata Chiara Badano y Astrid Chereau, una chica que se recuperó de manera insólita de quedarse parapléjica en el último día de la novena dedicada a esta joven beata.

Todo ocurrió cuando Astrid tenía 20 años. Esos días se fue a Suiza a esquiar. La montaña estaba llena de nieve y se atrevió a realizar algunos saltos. Todo iba muy bien. El tiempo era estupendo, brillaba el sol y su cuerpo respondía perfectamente a aquel esfuerzo que tanto le gustaba. Aquellos Alpes suizos eran su refugio frente a la rutina de París, el metro, el ritmo frenético de la capital de Francia… pero en el último salto que hizo esquiando el tiempo se paró para ella.

Astrid se desequilibró y cayó violentamente contra el duro y frío suelo de la pista de esquí. Un estremecedor y desconocido dolor  recorrió su cuerpo.  Y de repente notó que no podía moverse.

Esta joven francesa fue trasladada en helicóptero a un hospital, aunque ella para sus adentros se decía que tan sólo sería un esguince. Pero no era un esguince.

Trece minutos después Astrid estaba en el hospital con una vértebra facturada y la medula espinal muy afectada. Unas horas después era operada de urgencia para evitar que la médula se partiera del todo.

Los médicos le dijeron que la gran prioridad es que pudiera mover los dedos de los pies cuanto antes. En su cabeza no aparecía el derrotismo. “Quiero bailar en mi boda y tener hijos”, repetía, tal y como recoge Famille Chretienne


La noticia corrió como la pólvora y los amigos de Astrid
empezaron rápidamente a rezar el Rosario, otros fueron al sagrario a pedir al Señor su ayuda… Lo importante era rezar urgentemente por ella. Sus amigos, pero también muchos desconocidos, iniciaron una novena a la beata Chiara “Luce” Badano para que intercediera por Astrid. Personas de Suiza, Bélgica, Francia, pero también de sitios lejanos de Asia y África se sumaron a dicha novena en lo que se convirtió en una enorme cadena de oración.

Al principio las noticias eran muy malas. Una pierna estaba muy débil, la otra ni siquiera respondía. El veredicto era claro: Astrid se había quedado parapléjica. Los médicos le dijeron que tras una larguísima y dura rehabilitación quizás pudiera recuperar algo de movilidad, pero que sería “largo y difícil”.

Un día después la joven tenía una prueba de esfuerzo que sería decisiva para su futuro. Se entrenó durante todo el día, pero no consiguió mover la pierna. Sin embargo, en el momento de la prueba y con un ejército rezando por ella en todo el mundo sus pies empezaron a moverse. Astrid no daba crédito. No sabía ni cómo ni por qué pero sus pies se movían.

El último día de la novena a Chiara Badano esta joven salía del hospital completamente curada, y sin ninguna explicación plausible de los médicos, tan sorprendidos como ella ante esta situación y dos años después, en su día a día. ella camina, sube las escaleras, se sienta y hasta corre… La oración hace milagros.

Quién es Chiara Badano

La beata Chiara «Luce» Badano era una adolescente italiana perteneciente al Movimiento de los Focolares que murió en 1990 cuando solo tenía 18 años de edad. Nació en Sassello, Liguria, el 29 de octubre de 1971. Su nacimiento llenó de alegría a sus padres, Ruggero Badano, camionero, y María Teresa Caviglia, obrera, quienes durante once años esperaron tener un hijo.

«Si bien en medio de una inmensa alegría, comprendimos enseguida que no era sólo nuestra hija sino que ante todo era hija de Dios», señaló su madre según la biografía publicada por los Focolares. jovencita


Beata Chiara Badano

Desde muy pequeña, Chiara mostró un profundo amor por Dios, al tiempo que revelaba un carácter fuerte pero dócil, era alegre, bondadosa y muy activa. A los nueve años de edad ingresó al Movimiento de los Focolares.

A los 16 años discernió su vocación y decidió consagrarse a Dios. Mantuvo una relación muy cercana con la fundadora de los Focolares, Chiara Lubich, quien le puso el sobrenombre de «Luce». Poco tiempo después le diagnosticaron un tumor en el hombro. El diagnóstico fue «sarcoma ostiogénico con metástasis», uno de los tumores más graves y dolorosos.

Chiara se propuso superar la enfermedad y comenzó un intenso tratamiento de quimioterapia, mientras trataba de seguir con su vida habitual sin perder nunca la alegría ni la fe. Entregó todos sus ahorros a un amigo que partió en misión humanitaria a África. A pesar de los esfuerzos de los médicos, la enfermedad avanzaba rápidamente y perdió el uso de las piernas.

«Si tuviera que elegir entre caminar o ir al paraíso, elegiría esta última posibilidad», dijo a sus familiares, Ya no pedía curarse, sino encontrarse con Jesús. Su fuerza conmovía a sus seres queridos y los médicos que la atendían. En julio de 1989 sufrió una severa hemorragia y parecía que el desenlace llegaría en cualquier momento.

Dijo a sus padres: «No derraméis lágrimas por mí. Yo voy donde Jesús. En mi funeral no quiero gente que llore, sino que cante fuerte». En la cama, Chiara rezaba mucho pidiendo ser capaz de cumplir con la voluntad de Dios. «No le pido a Jesús que me venga a buscar para llevarme al paraíso; no quisiera darle la impresión que no quiero sufrir más», decía y decidió preparar con su madre la que llamaba «fiesta de bodas», es decir su funeral.

Dio a su madre instrucciones muy precisas sobre cómo debía ser su vestido, la música, las flores, los cantos y las lecturas. Le pidió a su madre que mientras preparase su cuerpo se repitiera a sí misma: «Ahora Chiara Luce ve a Jesús». El domingo 7 de octubre de 1990 Chiara falleció acompañada de sus padres. Tras la puerta de la habitación aguardaban sus amigos. Sus últimas palabras fueron para su mamá: «Chao. Sé feliz porque yo lo soy». Unas dos mil personas asistieron a su funeral.

El entonces Obispo de Acqui, Mons. Livio Maritano, inició el proceso de beatificación de Chiara en 1999 y en 2010 fue beatificada por el Papa Benedicto XVI.

Homilía del evangelio del domingo: El Señor quiere purificar a su Iglesia destruyendo sus nefastas alianzas con el mundo para que pueda proclamar con todo el corazón: «Creo, Señor» / Por P. José María Prats

Domingo IV de Cuaresma – A

1 Samuel 16, 1b.6-7.10-13a/ Salmo 22 / Efesios 5, 8-14 / San Juan 9, 1-41

P. José María Prats / Camino Católico.-  Esta segunda catequesis bautismal del ciclo A nos presenta la curación de un ciego de nacimiento en la que los judíos convertidos a Cristo de la segunda mitad del siglo I veían representada la historia de su conversión. 

Cuando, tras haber sido iluminados por Cristo, estos judíos contemplan su vida anterior, la comparan con la de un ciego: Cristo les ha abierto los ojos y les ha mostrado un horizonte nuevo, llenando su vida de luz, de sentido y de esperanza. Son conscientes de que, desde entonces, su vida ha cambiado por completo, de que son –como dice San Pablo– una nueva creación. De hecho, el gesto de Jesús haciendo barro con su saliva y untando los ojos del ciego, evoca los relatos de la creación cuando el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas y Dios modeló al hombre del polvo de la tierra. 

La conciencia de haber adquirido una identidad nueva aparece muy claramente en la historia del ciego: unos dicen que se trata de la misma persona que antes estaba ciega, otros que no, pero que se le parece. El ciego insiste en que es él mismo pero con una gran diferencia: ¡ahora ve!

La historia de estos judíos, como la del ciego, estuvo marcada por el rechazo y la marginación. Muchos ni siquiera contaron con el apoyo de sus padres («preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse») y su comunidad acabó excluyéndolos del culto sinagogal.

En el conflicto de estos conversos con las autoridades judías reflejado en esta historia, llama mucho la atención la actitud de unos y otros. Los fariseos se obstinan en negar los hechos contra toda evidencia («no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista») y en desprestigiar a Jesús a pesar de la bondad y el poder de sus signos («este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado»). El ciego, en cambio, sin entrar en disputas teológicas, se remite únicamente a la experiencia de su encuentro personal con Jesús: «Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo».

De hecho, el rechazo de su entorno y la expulsión de la sinagoga liberaron a estos conversos de la estrechez de las concepciones mesiánicas judías que los mantenían en una fe en Jesús ambigua y vacilante, permitiéndoles llevar esta fe hasta sus últimas consecuencias en consonancia con la profunda experiencia espiritual que habían tenido. Así, vemos en el relato cómo es sólo después de la expulsión de la sinagoga cuando Jesús se manifiesta claramente al ciego como el Hijo del hombre («lo estás viendo: el que te está hablando, ése es») y éste, postrándose ante Él, responde: «Creo, Señor».

Todo esto ocurrió hace casi veinte siglos, pero tal vez pronto nos toque revivir esta experiencia. La hegemonía cada vez más intransigente de un nuevo orden mundial y la obstinación de muchos líderes de nuestra sociedad en presentar contra toda evidencia la cosmovisión cristiana como falsa y perversa, está llevando a los cristianos a una situación de marginación cada vez mayor. Tal vez, como entonces, el Señor quiera purificar así a su Iglesia, destruyendo sus nefastas alianzas con el mundo para que, postrada nuevamente ante Él, pueda proclamar con todo el corazón: «Creo, Señor».

P. José María Prats

 

Evangelio:

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: 

«Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?». 


Respondió Jesús: 


«Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo». 


Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: 


«Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). 


El fue, se lavó y volvió ya viendo.


Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: 


«¿No es éste el que se sentaba para mendigar?».


Unos decían: 


«Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece». 


Pero él decía:

 

«Soy yo». 


Le dijeron entonces: 


«¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?». 


Él respondió: 


«Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: ‘Vete a Siloé y lávate’. Yo fui, me lavé y vi». 


Ellos le dijeron: 


«¿Dónde está ése?». 


El respondió: 


«No lo sé».


Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. Él les dijo: 


«Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo».


Algunos fariseos decían: 


«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». 


Otros decían: 


«Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?». 


Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: 


«¿Y tú qué dices de Él, ya que te ha abierto los ojos?». 


Él respondió: 


«Que es un profeta».


No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista y les preguntaron: 


«¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?». 


Sus padres respondieron: 


«Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo». 


Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: 


«Edad tiene; preguntádselo a él».


Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: 


«Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». 


Les respondió: 


«Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo». 


Le dijeron entonces: 


«¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?». 


Él replicó: 


«Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?». 

Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: 


«Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es». 


El hombre les respondió: 


«Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada». 


Ellos le respondieron: 


«Has nacido todo entero en pecado ¿y nos das lecciones a nosotros?». 


Y le echaron fuera.


Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: 


«¿Tú crees en el Hijo del hombre?». 


El respondió: 


«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». 


Jesús le dijo: 


«Le has visto; el que está hablando contigo, ése es». 


Él entonces dijo: 


«Creo, Señor». 


Y se postró ante Él. 


Y dijo Jesús: 


«Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos». 


Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: 


«Es que también nosotros somos ciegos?». 


Jesús les respondió: 


«Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: ‘Vemos’ vuestro pecado permanece».


San Juan 9, 1-41

No basta tener ojos para ver; es necesario abrir el corazón a la verdad de Dios / Por P. Carlos García Malo

 


Margaret Fellker cayó en depresión tras perder a su hijo, pero la Eucaristía le llevó a ayudar a jóvenes en necesidad: «Estoy sorprendida de la bendición de Dios, porque recibí de Él lo que me permitió avanzar»


Margaret Fellker, fundadora de David’s Educational Opportunity Fund. - Foto: Cortesía de IEC2024

* «En la capilla del Santísimo vi pintadas en la pared las palabras que me hicieron saber que pertenecía a ese lugar. Desde entonces, las llevo siempre en mi mente y corazón: 'Venid a mí, los que estáis fatigados y angustiados, y yo os aliviaré'»

Camino Católico.-  En medio de la depresión y la desesperanza tras la pérdida de su hijo David en las montañas de Ecuador, Margaret Fellker, fundadora de la ONG caritativa David’s Educational Opportunity Fund, encontró el amor redentor de Dios y despertó en su corazón la misión de ayudar a jóvenes en situación de pobreza.

Originaria de Madison, Wisconsin (Estados Unidos), el viaje de fe de Margaret marcado por la tragedia y un encuentro con Jesús Eucaristía, se transformó en una poderosa fuente de inspiración para muchos en Quito, Ecuador, al desarrollar junto a su esposo una ONG dedicada a apoyar a estudiantes talentosos que enfrentan dificultades económicas.

La pérdida de David

“David era, es y siempre será nuestro único hijo, nacido en 1981. Siempre fue una buena aventura ser su mamá: empezó a leer a la edad de 2 años; era actor adolescente en un teatro de Shakespeare y luego en teatro de improvisación”, cuenta Margaret en una reciente entrevista concedida a ACI Prensa.

Margaret recuerda que, desde joven, su hijo demostró una notable pasión por explorar el mundo y conectar con diversas culturas. A la edad de 17 años, David fue un estudiante de intercambio en Hungría. Su deseo de aprender y experimentar la vida en el extranjero lo llevó a África, donde pasó un mes en Ghana. No se detuvo allí; a la misma edad, comenzó a hacer voluntariado en un barrio hispanohablante en Chicago, donde también comenzó a aprender español.

A lo largo de su vida, David llegó a hablar con fluidez cuatro idiomas: inglés, español, húngaro y alemán. Este amor por el aprendizaje y la conexión lo llevó a Ecuador, donde, como estudiante universitario, decidió pasar un semestre de intercambio en la Pontificia Universidad Católica de Ecuador desde febrero hasta junio de 2002.


Jóvenes ecuatorianos que reciben ayuda de David’s Educational Opportunity Fund. - Foto: Cortesía de David’s Educational Opportunity Fund

La vida de David se apagó repentinamente cuando desapareció cerca de la ciudad ecuatoriana de Zamora en 2002, un suceso que dejó a su madre en un profundo duelo. Ella tuvo que viajar a Ecuador para buscar a su hijo, cuyo paradero es desconocido hasta el día de hoy. Su cuerpo nunca fue encontrado.

“Me encontré solita en Zamora, hospedándome con una familia bondadosa y saliendo cada día con varios policías en la búsqueda de pistas que nos pudieran revelar algo acerca de David”, relata.

La Eucaristía como fuente de consuelo y un nuevo llamado

En esos días oscuros, Margaret encontró refugio en la iglesia local, donde la capilla del Santísimo se convirtió en su lugar de consuelo. “Vi pintadas en la pared las palabras que me hicieron saber que pertenecía a ese lugar. Desde entonces, las llevo siempre en mi mente y corazón: 'Venid a mí, los que estáis fatigados y angustiados, y yo os aliviaré'”, comparte, recordando las palabras de Cristo que la acompañaron en su dolor.

Lo que comenzó como una búsqueda desesperada se convirtió en una revelación de amor. “Recibí un don totalmente inesperado, creativo, de la infinita imaginación divina: una capacidad mucho más amplia que nunca, para amar a cada persona que me extendió la mano en esa situación tan mala”, expresa.

Margaret Fellker - Foto: David’s Educational Opportunity Fund

Esta experiencia transformó su perspectiva sobre el sufrimiento. “Era como un maná y recibí justo lo necesario cada día, cada mañana”, agrega, enfatizando cómo el amor la ayudó a conectarse con aquellos que también sufrían.

Margaret no sólo reflexionó sobre su propia pérdida, sino que también se abrió a las historias de los demás. “Podía acercarme a las otras personas con ese amor, escuchando sus historias con mucho interés. No pude quedarme en mí misma con mi dolor”, insiste.

La fundación de David’s Educational Opportunity Fund

Su camino hacia la sanación la llevó a fundar el David’s Educational Opportunity Fund, dedicado ofrecer apoyo financiero, educativo y emocional a estudiantes de secundaria y universitarios de familias de escasos recursos en Quito. Su objetivo es proporcionar un acompañamiento integral y constante para que estos jóvenes puedan completar su educación y desarrollar plenamente sus talentos, habilidades de liderazgo y cualidades de carácter.  

Margaret Fellker y los estudiantes ecuatorianos que forman parte del David’s Educational Opportunity Fund. - Foto: David’s Educational Opportunity Fund

“Fueron dos cosas las que me hicieron inevitable regresar a Ecuador con mi esposo Mike y nuestra hija Rachel en 2003: la bondad de todos que me habían ayudado, y la belleza que había visto. Así que empezamos con una señorita, Gaby Lima, que quería estudiar Ingeniería Ambiental. Luego otra, Verónica Guamba, que quería ser maestra de la educación temprana”, explica.  

A lo largo de los años, la organización ha crecido significativamente, y ha apoyado a 24 estudiantes actualmente graduados y 16 estudiantes en curso. “Nuestro trabajo es la alegría mía y de mi esposo, y nos llena la vida con lo que todos necesitamos: un propósito que nos llena la vida con sentido”, subraya.

Finalmente, Margaret reflexiona sobre su viaje, reconociendo que no quiere “que Dios sepa o crea que estoy satisfecha”, sino que desea seguir sirviendo a los jóvenes más necesitados. “Siempre he quedado atónita, sorprendida de la bendición de Dios, porque recibí de Él lo que me permitió avanzar”, concluye.