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domingo, 11 de enero de 2026

Javier, María y Ana Moro, tres hermanos consagrados: «El sí de cada uno ha sido clave para el sí de los demás; El Señor nunca se deja ganar en generosidad»

Javier, María y Ana Moro, tres hermanos consagrados / Fotografía: Cortesía de la familia

* «A pesar de la distancia física, la vocación nos unió mucho más: ya no sólo había unión por la carne, sino que compartíamos una misma vida. Eso lo hemos hablado muchas veces. Lo hemos vivido como una gracia de Dios»  

Camino Católico.-  Había un sacerdote, una monja y una consagrada… Puede parecer el inicio de un chiste, pero no lo es. Es la realidad de Javier, María y Ana Moro, tres hermanos consagrados que, desde tres vocaciones distintas, han entregado su vida a Dios. Y es que quien tiene hermanos sabe que el hecho de haber compartido infancia, educación y valores puede ser también determinante a la hora de discernir la vocación.

Las primeras pistas

Javier es el mayor, tiene 33 años y el 2 de julio de 2023 fue ordenado como sacerdote. Según cuentan sus hermanas, fue él quien dio las primeras pistas de poder entregar su vida al Señor. “Desde muy pequeño tuvo la inquietud sacerdotal. Es una persona muy especial. Es un alma de Dios”, asegura Ana a Marta Peñalver en Misión

Gracias a un seminarista ahora sacerdote que llegó a su parroquia, Javier empezó a tratar con los Grupos de Oración del Corazón de Jesús y la vocación llegó con 13 o 14 años. “Siempre tuve una tendencia natural a todo lo que tenía que ver con la vida de la Iglesia, pero este seminarista fue determinante, me impactó mucho su vida y vi claro que Dios me llamaba a eso también”. Lo de sus hermanas fue, según cuenta Javier, toda una sorpresa. “Ellas se dedicaban casi profesionalmente al tenis y nada hacía pensar que dejarían todo por la vida consagrada. Para mí fue un regalo inmenso”.

Ana y María son gemelas y han cumplido 32 años. Ellas y sus padres se acercaron más a la parroquia gracias a la relación que Javier entabló con el seminarista. “Fue un proceso de conversión muy grande y nuestra vida familiar cambió por completo”, asegura Ana.

Según cuenta, a pesar de que en su entorno no se esperaban algo así, su llamada fue muy clara. Dios se lo puso muy fácil. “Iba descubriendo que Jesús y yo teníamos los mismos deseos. Eso me causaba mucha alegría. En 2008 entré como candidata de la Comunidad de los Apóstoles de los Corazones de Jesús y María (ACIM)”.

Casi a la par su hermana María escuchó también la llamada del Señor. “Fue en una Semana Santa cuando el Señor me mostró el amor inmenso que me tiene y no pude resistirme. Comprendí que me quería para Él”. Pasó 5 años de candidata en las laicas consagradas de los Grupos de Oración del Corazón de Jesús, ACIM, pero poco a poco fue descubriendo que su vocación era ser Sierva del Hogar de la Madre.

La vocación de un hermano

Los hermanos destacan la unidad que existía entre ellos desde niños y cómo el ambiente familiar en el que crecieron fue determinante para que florecieran sus vocaciones. “Siempre hemos estado muy unidos, pero en el momento de discernir la vocación nos cuidamos mucho de no condicionarnos unos a otros, aunque en parte era inevitable. Creo que para mis hermanas mi vocación fue como abrirles una puerta”, explica Javier.

Ana, por su parte, cuenta cómo cada uno llevó a cabo su discernimiento con su director espiritual ya que, según cuenta a Misión, “la vocación es un tema entre Dios y el alma”. Pero sí reconoce que vivirlo junto a sus hermanos lo hizo más fácil. “Estoy convencida de que el sí de cada uno ha sido clave para el sí de los demás. El Señor nunca se deja ganar en generosidad”.

En ocasiones no ha sido fácil, porque vivir tres vocaciones diferentes implica una separación. “A pesar de la distancia física, la vocación nos unió mucho más: ya no sólo había unión por la carne, sino que compartíamos una misma vida. Eso lo hemos hablado muchas veces. Lo hemos vivido como una gracia de Dios”, asegura.

Cuatro testimonios de venezolanos: «La clave en los momentos que hoy vive Venezuela es volver al amor primero: Amor a Dios sobre todas las cosas, y amar a los demás como a nosotros mismos»

El padre José Laureano Ballesteros Blanco, párroco de Nuestra Señora de Fátima, en Venezuela, y tres laicos hablan de vivir unidos a Dios ante lo que han vivido y lo que viven

* «Ante todo esto, solo nos queda aferrarnos a la fe, sabiendo que Dios siempre actuará de la manera correcta… El recobrar la vida sacramental considero que es vital para purificar y limpiar nuestros corazones de las acciones malignas del enemigo. Persuadir el egoísmo y el facilismo de querer tener, tener y tener… Hoy puedo decir que he vivido lo que es la Providencia de Dios, que sé qué es vivir con lo esencial, que sé valorar lo importante, que somos actualmente una familia resiliente. También vivimos y aprendimos que nuestra mirada de auxilio no puede estar en el hombre, sino solo en Dios»                    

Camino Católico.- Preocupación e incertidumbre, pero también esperanza. Aunque no superan la angustia tras lo ocurrido, se abrazan a la oración y a los sacramentos, con la esperanza puesta en Aquel que sufrió primero, y cuyo amor no defrauda. Cuatro testimonios emotivos de venezolanos dentro y fuera de las fronteras de la nación sudamericana. Un sacerdote y tres laicos comparten su conmovedor testimonio y lo que esperan para su país con Carlos Zapata en Aleteia, uno el que es Dios quien tiene la última palabra.

“Solamente nos queda aferrarnos a la fe”

“Un regalo de año nuevo para el pueblo venezolano. A pesar de la incredulidad de muchos y de la enorme fe de otros, el inicio de 2026 nos trae nuevas perspectivas, ilusiones y preguntas. Luego de lo sucedido el pasado 3 de enero, es natural pensar que, después de tanto tiempo, Dios no se ha olvidado del pueblo venezolano. La separación de Nicolás Maduro del poder marca un punto de inflexión: se cierra un ciclo oscuro y de dolor, y se abre otro cargado de esperanza, pero también de incertidumbre”.

Así lo ve el ingeniero petrolero David Molina, un venezolano formado en el país que se vio forzado a huir años atrás, en medio de la persecución contra la juventud criolla. Vive en Roma, a escasos metros del Vaticano, por lo que cada vez que puede acude a misa en la basílica de San Pedro.

“Hoy muchos nos preguntamos ¿cuál será nuestro futuro?, ¿qué pasará con Venezuela?, ¿Por qué no nombraron a Edmundo González de presidente?, entre tantas dudas legítimas en estos momentos de zozobra”, señala. 

Le preocupa su familia, que siguen en la nación sudamericana. Con la mirada puesta en sus papás, afirma con nostalgia: “Ante todo esto, solo nos queda aferrarnos a la fe, sabiendo que Dios siempre actuará de la manera correcta”.

Sostiene que más temprano que tarde se hará justicia. Y cree que “Él nos guiará por el camino que Venezuela necesita para reencontrarse con los principios y valores que alguna vez la definieron, y que, con esfuerzo y esperanza, volverán a renacer”.

“Debemos recobrar la vida sacramental”

Jesús Díaz es profesor titular de la Universidad Nacional del Táchira. Es católico practicante y un hombre de oración.

“La situación actual venezolana la percibo desde un punto de vista no de optimismo, pero sí de esperanza. Son innumerables los cambios que deseamos los venezolanos, pero sin la presencia de Dios en todos los ámbitos personales de cada ciudadano es imposible. Esta situación es semejante a la salida de los israelitas de Egipto, donde hubo duda, desconfianza del mismo Dios que estaba junto a ellos”.

“El recobrar la vida sacramental considero que es vital para purificar y limpiar nuestros corazones de las acciones malignas del enemigo. Persuadir el egoísmo y el facilismo de querer tener, tener y tener, pues existen valores imprescindibles como propiciar el amar con pasión lo que se hace; y allí estoy seguro que Dios en su hijo Jesucristo habitará en cada rincón del corazón de cada venezolano para hacer de esta nación un ejemplo para nosotros mismos y para el mundo entero”.

“En el dolor se dispara la fe verdadera”

Fanny de Gamboa también es educadora universitaria, esposa, madre de dos hijos. Coincide con Díaz en que el amor a Dios, los sacramentos y la vida de oración son cruciales en nuestra relación con Dios, con mayor razón en estas circunstancias.

“He vivido en Venezuela toda mi vida. Cuando empezó esta tragedia solo tenía 5 años de graduada y 2 años de casada. Jamás imaginé por todo lo que íbamos a pasar”, confiesa.

“Aprendí que solo se conoce a ese Dios verdadero, amoroso, fuerte y providente en el dolor humano. Solo cuando estamos arrinconados y sin opciones humanas, es cuando se dispara la fe verdadera”.

“Hoy puedo decir que he vivido lo que es la Providencia de Dios, que sé qué es vivir con lo esencial, que sé valorar lo importante, que somos actualmente una familia resiliente. También vivimos y aprendimos que nuestra mirada de auxilio no puede estar en el hombre, sino solo en Dios”.

“Aprendí a orar todos los días por este país y por tantas necesidades de mis hermanos venezolanos, aprendí a tener empatía por el dolor humano. Lo más importante es que ahora sí puedo decir que soy una católica que salió de las aulas de la teoría y tuve una verdadera experiencia en la que conocí a un Dios verdadero y Todopoderoso. Pero, sobre todo, a un Dios que me enseñó a esperar y a confiar en Él”.

"¡Necesitamos volver al amor primero!"


El padre José Laureano Ballesteros Blanco, párroco de Nuestra Señora de Fátima, en Venezuela

El cuarto testimonio llega por parte de un sacerdote, el padre José Laureano Ballesteros Blanco, párroco de Nuestra Señora de Fátima, en Venezuela.

“Si revisamos la carta del Apocalipsis en la biblia, encontraremos que san Juan le da al pueblo una gran esperanza. Les dice a los pobladores que después de haber pasado por muchos sacrificios y una profunda oscuridad, vendrá la luz. Pero también les advierte que Dios tiene en cuenta sus errores, sus muchos pecados y el haberse apartado del camino del bien”.

“Les dice con afecto y belleza: algo tengo que corregirte, pues ¡tú has olvidado el amor primero! Y a partir de este mensaje, les deja claro el siguiente paso: Tienes que volver el amor primero. Esto se traduce en amor a Dios, amor al prójimo, que es también amor a la familia, amor a la Patria, amor a la bandera, e incluso amor al bellísimo himno de Venezuela, que tiene una letra sumamente profética”.


En este aspecto, concluye el sacerdote: “La clave en los momentos que hoy vive Venezuela es volver al amor primero: Amor a Dios sobre todas las cosas, y amar a los demás como a nosotros mismos”.

Laetitia Plass, testigo del incendio de Nochevieja en Suiza: «Un amigo no podía salir, se sentó, sostuvo un crucifijo y el fuego no lo tocó y yo cogí mi cruz y grité: ‘¡No me quiero morir!’; sobrevivimos gracias a Dios»

Laetitia Plass sobrevivió al fuego, como su amigo, agarrándose a su crucifijo

* «Yo sólo quiero agradecerle al Señor por haberme salvado y también le pediría que salve a mis amigos que están desaparecidos, porque es horrible, porque los extraño. No quiero perder a más personas, porque ya he perdido a algunas y seguimos buscando. Estaba muy asustada, asustada por mí, por mis amigos, por todos los que estaban dentro. Tengo amigos en el hospital, tengo amigos en todas partes»       

 Camino Católico.- En un acontecimiento que muchos califican como milagroso, un joven atrapado en el devastador incendio de un bar en una estación de esquí suiza logró sobrevivir después de sentarse con un crucifijo en la mano mientras las llamas se propagaban a su alrededor, según cuenta la testigo Laetitia Plass en un vídeo de Razón más  Fe. Ella también pudo salir del bar “Le Constellation” de la estación de esquí de Crans-Montana en Suiza donde al menos 40 jóvenes murieron en la celebración de la Nochevieja y un centenar resultaron heridos graves.

“Yo sólo quiero agradecerle al Señor por haberme salvado y también le pediría que salve a mis amigos que están desaparecidos, porque es horrible, porque los extraño. No quiero perder a más personas, porque ya he perdido a algunas y seguimos buscando. Estaba muy asustada, asustada por mí, por mis amigos, por todos los que estaban dentro. Tengo amigos en el hospital, tengo amigos en todas partes”, dice Laetitia Plass.

La joven también revela una experiencia que vivió junto a un amigo suyo en el interior del bar y que le marcó profundamente. Según detalla, su amigo, que estaba atrapado por las llamas, se sentó en el suelo y se aferró a su crucifijo, mientras el fuego se extendió a su alrededor sin apenas tocarlo.

Laetitia Plass explicando lo que vivió emocionada

“Tengo un amigo que no podía salir. Entonces simplemente se sentó y sostuvo un crucifijo en la mano, y el fuego lo esquivó, el fuego no lo tocó”, a pesar de que “estaba todo a su alrededor, pero no sobre él. Sobrevivió, gracias a Dios. Logró salir rompiendo una ventana para escapar. Y ayudar a otras personas que intentaban salir del establecimiento”.

Posteriormente, en declaraciones al medio suizo SWI Laetitia Plass cuenta que mientras intentaba salir del bar ella también agarró la cruz que llevaba colgada del cuello y gritó: “¡No me quiero morir!”. “Y un chico, no sé quién, me cogió y me llevó fuera muy rápido”, explica.

“Ser luz frente al eclipse” que oscurece Suiza

Durante una Misa celebrada el pasado 4 de enero en memoria de las víctimas en la capilla de San Cristóbal de Crans-Montana, Obispo de Sion, Mons. Jean-Marie Lovey, invitó a los fieles a ser luz frente “al eclipse que oscurece el cielo” de Suiza. 

“Resulta insoportable que tantas familias, tantas personas, permanezcan en la oscuridad del sufrimiento o de la muerte, en las tinieblas del sinsentido. La cuestión de una luz que atraiga y que ilumine se vuelve fundamental”, dijo el prelado en su homilía.

Mons. Lovey, a quien el Papa León XIV dirigió un telegrama de condolencias el pasado 2 de enero, recordó a los católicos que la luz que ilumina verdaderamente es aquella que viene de Dios. 

La Diócesis de Sion ha puesto a disposición de quien lo necesite un servicio de atención y escucha las 24 horas del día, a través del Servicio Diocesano para la Juventud. El viernes 9 de enero se ha declarado luto nacional. A las 14:00 horas, las campanas de las iglesias en toda Suiza sonarán durante cinco minutos como signo de reflexión y solidaridad nacional.

Homilía de Mons. José Ángel Saiz, Arzobispo de Sevilla, y lecturas de la Misa de hoy, domingo, Fiesta del Bautismo del Señor, 11-1-2026

11 de enero de 2026.-  (Camino Católico) Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla, y lecturas de la Misa de hoy, domingo, Fiesta del Bautismo del Señor, emitida por 13 TV desde la Catedral de Sevilla.

Santa Misa de hoy, domingo, Fiesta del Bautismo del Señor, en la catedral de Sevilla, 11-1-2026

11 de enero de 2026.-  (Camino Católico)  Celebración de la Santa Misa de hoy, domingo, Fiesta del Bautismo del Señor, presidida por Mons. José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla, emitida por 13 TV desde la Catedral de Sevilla.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 11-1-2026

11 de enero de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 11/1/2026: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 11 de enero de 2026, domingo, Fiesta del Bautismo del Señor, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Mateo 3, 13-17:

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.

Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:

«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».

Jesús le contestó:

«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía:

«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Homilía del evangelio del domingo: En el bautismo de Jesús desciende el Espíritu Santo, el Cielo se ha abierto y se ha restablecido la comunión entre Dios y el ser humano / Por P. José María Prats

* «Cuando Jesús acude al Jordán para ser bautizado por Juan, va llevando el pecado de su pueblo, que ha asumido, para iniciar su purificación y su sanación. De hecho, este gesto es como una súplica de intercesión de Jesús, pidiendo la purificación y la sanación de su pueblo. Y a esta súplica el Padre responde con el don del Espíritu Santo que la hace posible: ‘Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él’. La apertura del cielo tiene un profundo significado. El cielo cerrado representa la ausencia de comunión entre Dios y el ser humano como resultado del pecado. Y bajo este cielo cerrado habitaba una naturaleza humana herida por el pecado, naturaleza que el mismo Señor asumió»

El Bautismo del Señor - A

Isaías 42,1-4.6-7 /  Salmo 28  / Hechos 10, 34-38  / San Mateo 3, 13-17

P. José María Prats / Camino Católico.-  La fiesta del Bautismo del Señor, con la que concluimos el tiempo de Navidad, tiene una gran importancia teológica. En su Bautismo, Jesús es ungido por el Espíritu Santo, el cual impulsará a partir de ahora su ministerio público para la salvación del mundo, lo resucitará y colmará después de su muerte, y se derramará a continuación sobre los que creen en Él. Veamos algunos aspectos clave de este Bautismo del Señor:

El bautismo de Juan era un bautismo de conversión, y Jesús, el Cordero Inmaculado, no tenía ninguna necesidad de conversión. ¿Por qué acude entonces al Jordán? El mismo Juan se queda perplejo y le dice: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?» La respuesta es que Jesús es lo que los teólogos llaman una personalidad corporativa que asume y representa en sí mismo a su pueblo. Se trata de una concepción muy arraigada en el pueblo de Israel: la suerte y el destino del pueblo estaban asociados a la suerte y al destino del rey. El pecado o la virtud del rey suponían la desgracia o el bienestar de todo el pueblo. Esta idea, tan importante para entender la obra de la salvación, se pone especialmente de manifiesto en la profecía de Isaías de su pasión: «Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores ... nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron» (Is 53,4-5).

Así pues, cuando Jesús acude al Jordán para ser bautizado por Juan, va llevando el pecado de su pueblo, que ha asumido, para iniciar su purificación y su sanación. De hecho, este gesto es como una súplica de intercesión de Jesús, pidiendo la purificación y la sanación de su pueblo. Y a esta súplica el Padre responde con el don del Espíritu Santo que la hace posible: «Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él».

La apertura del cielo tiene un profundo significado. El cielo cerrado representa la ausencia de comunión entre Dios y el ser humano como resultado del pecado. Y bajo este cielo cerrado habitaba una naturaleza humana herida por el pecado, naturaleza que el mismo Señor asumió.

Pues ahora, en la persona de Jesús, sobre esta naturaleza herida desciende el Espíritu Santo para vivificarla, como cuando en la creación Dios sopló su aliento sobre el hombre que había formado del barro para comunicarle su misma vida divina. El Cielo, pues, se ha abierto: se ha restablecido la comunión entre Dios y el ser humano.

La primera y segunda lecturas de hoy nos hablan de la acción del Espíritu Santo en Jesús, impulsándole a llevar a cabo la obra de la salvación.

En la profecía de Isaías el Señor dice: «Sobre él he puesto mi Espíritu, para que traiga el derecho a las naciones». Y el libro de los Hechos nos habla de «Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo». El Espíritu Santo es, pues, el poder con el que Jesús trae el derecho a las naciones, hace el bien y cura a los oprimidos por el diablo.

Este mismo Espíritu será el que llevará a Jesús a entregarse por nosotros en la Cruz, culminando así la obra de la redención. Y, tras su muerte, resucitará su cuerpo inerte y lo colmará hasta el punto de convertirlo en «Espíritu vivificante» (1 Co 15,45).

Pero la gran noticia para el mundo es que este Espíritu que rebosa de Jesucristo resucitado se derramó nuevamente sobre los discípulos del Señor el día de Pentecostés y sigue derramándose sobre nosotros en el Bautismo, en la Confirmación, y en todos los sacramentos. Por este Espíritu somos sanados, se nos abre el Cielo y recibimos el poder para traer el derecho a las naciones, hacer el bien y curar a los oprimidos por el diablo. Y este Espíritu, como dice San Pablo, será el que nos resucitará en el último día: «si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros» (Rm 8,11).

P. José María Prats


Evangelio:

En aquel tiempo, Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: 


«Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?». 


Jesús le respondió: 


«Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia». 


Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre Él. 


Y una voz que salía de los cielos decía: 


«Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco».


San Mateo 3, 13-17