Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida dejando a Jesucristo ser quien ocupe el lugar central.
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.
Camino Católico.- La meditación-oración la realiza Arturo López Martos, laico casado y padre de dos hijos, miembro de la Comunidad Familia, Evangelio y Vida. En esta enseñanza se profundiza en la necesidad vital que llevamos inscrita en nuestro corazón de ser Templos del Espíritu Santo, el Paráclito, el consolador, el defensor.
Estamos llamados a mostrar a Cristo con todas nuestras actitudes, también eso conlleva el acoger en nuestros corazones el amor del Padre del Cielo derramado por el Espíritu Santo y convertirnos en consoladores, paráclitos, de las personas que se crucen en nuestro camino. Para eso debemos invocar y clamar al Espíritu Santo para que actualice la salvación de Jesucristo en las áreas oscuras de nuestra vida. Al final de la meditación se realiza durante 15 minutos una oración pidiendo al Espíritu Santo que sane todo cuanto nos impide acoger con libertad el amor de Dios.
Arturo López también participa de las reuniones de plegaria del grupo de oración Familia, Evangelio y Vida de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Vilanova i la Geltrú, Barcelona, España, donde ha sido grabada en directo esta enseñanza, el lunes 6 de junio de 2011.
* «Me daba cuenta de que el budismo en realidad no cambiaba mi mente y mucho menos mi corazón, con lo cual el dolor seguía estando allí y me fui alejando de estas charlas. Vi que era una bonita farsa, cada uno actuaba de una manera muy individual, con cero empatía por el dolor del otro, y era una situación en la que yo me sentía realmente sola»
* «Unas muy buenas amigas, me invitaron a hacer un retiro de tres días. Me llamó una de las personas que lo coordinaban y me dijo que no habían plazas. Pero, tres días antes justo, me llamó otra y me dijo que había habido una baja y que el Espíritu Santo les había dicho que tenía que ser yo la que fuera. Quedé bastante sorprendida porque no entendía cómo el Espíritu Santo les podía estar diciendo eso»
Camino Católico.- Gemma tiene 58 años y es de Barcelona (España). Siendo la tercera de cinco hermanos, Gemma nació en una familia católica pero no demasiado practicante. "Recuerdo pocas veces haber ido todos juntos en familia a misa, aunque sí que mis padres las navidades las celebraban con muchísimo entusiasmo", recuerda en El Rosario de las 11 PM.
La infancia de Gemma no fue nada fácil, a los problemas matrimoniales de sus padres se le unió una gran crisis en la economía familiar, que casi acaba dándola en adopción. "Recuerdo esta etapa de mi infancia sufriendo mucho, porque soy una persona con una sensibilidad muy desarrollada, lo que llaman trastorno de déficit de atención. No me podía concentrar, estaba siempre muy despistada", relata.
Tras cambiar de colegio, tuvo finalmente que dejar de estudiar. "Entré en una academia sin ningún tipo de valor cristiano y estudié Administración. En estos años recuerdo que estaba completamente apartada de la fe. Viendo a mis padres, acabé dejando de creer en el matrimonio como sacramento, y como compromiso entre un hombre y una mujer", cuenta.
Gemma se fue a vivir a Inglaterra a estudiar inglés, al volver, encontró un buen trabajo en una multinacional británica, y conoció a un hombre 15 años mayor. "Mis padres se separaron y cada uno de mis hermanos tuvimos que buscarnos un poco la vida. Este hombre, al que yo quería mucho y del que creía que estaba enamorada, me propuso ir a vivir con él, sin pensármelo dos veces cogí mis cosas y me fui. Estuvimos como unos 5 años juntos", recuerda.
"En esta situación tan irregular, en la que yo no tenía para nada el concepto de que no lo estaba haciendo bien, mi instinto maternal se despertó y él no quería saber nada ni de compromisos matrimoniales ni de formar una familia. Al cabo de unos años, esa relación se rompió y me fui a vivir a un apartamento pequeño de alquiler", añade.
Una época en la que su ritmo de vida llegó a ser frenético. "Trabajaba y salía por la noche, me podía quedar los fines de semana bailando hasta las tantas en cualquier discoteca de las más famosas del momento. Como nunca me ha gustado el alcohol, cuando veía que había gente muy perjudicada me daba mucho que pensar", comenta.
Cuando tenía unos 28 años, conoció a un hombre unos siete años mayor. "Era un hombre aparentemente muy tranquilo, una de las personas más cultas que he conocido en mi vida. Amante de la historia del arte, una persona con una capacidad para la reflexión, un amante de la belleza. A mí me entusiasmó, porque de alguna forma veía que con él podía aprender muchísimas de las cosas que no sabía, debido a mi falta de estudios", relata Gemma.
`Era una bonita farsa, cada uno actuaba de manera individual´, dice Gemma del budismo
"A los pocos meses de conocernos me propuso casarnos y yo le dije que prefería que nos casáramos por lo civil. Él me dijo que las cosas tenían que hacerse bien, y que lo mejor era casarse por la Iglesia. Accedí, como no creía en Dios, para mí tampoco suponía ningún trauma. Me quedé embarazada, tuvimos al niño y, al tiempo, empecé a notar ciertos desprecios por parte de mi marido y situaciones muy difíciles de llevar para mí", explica.
"Con los años fue realmente insoportable y empecé a tener episodios agudos de claustrofobia, de angustias, de no poder dormir. Recuerdo que pasaba muchas horas encerrada en el lavabo, llorando, no entendía nada".
"Conocí a una chica que me empezó a hablar del budismo y de las las enseñanzas budistas en las cuales te llevan a hacer creer que el dolor y las situaciones angustiosas pueden ser controladas por uno mismo. Pensé que no iba a perder nada y durante unos cuantos años estuve asistiendo a las charlas de algunos de los maestros budistas más importantes a nivel internacional. En estas charlas nos enseñaban a controlar los pensamientos, las emociones, la respiración. En mi ignorancia me quería esforzar por hacerlo bien y puse todo lo que buenamente pude de mi parte", comenta Gemma.
Pero, a medida que iban pasando los años, se iba desengañando. "Me daba cuenta de que aquello en realidad no cambiaba mi mente y mucho menos mi corazón, con lo cual el dolor seguía estando allí y me fui alejando de estas charlas. Vi que era una bonita farsa, cada uno actuaba de una manera muy individual, con cero empatía por el dolor del otro, y era una situación en la que yo me sentía realmente sola", explica.
Gemma cuenta en su testimonio como la Virgen María tuvo un papel esencial para anclarse en Cristo y la invitó a rezar el rosario
"Poco a poco me fui alejando, hasta que al cabo de unos años, unas muy buenas amigas, me invitaron a hacer un retiro de tres días. Me llamó una de las personas que lo coordinaban y me dijo que no habían plazas. Pero, tres días antes justo, me llamó otra y me dijo que había habido una baja y que el Espíritu Santo les había dicho que tenía que ser yo la que fuera. Quedé bastante sorprendida porque no entendía cómo el Espíritu Santo les podía estar diciendo eso", comenta.
A partir de ahí, de ese retiro, la vida de Gemma cambió de arriba a abajo. "Lo único que puedo decir es que es un regalo maravilloso. Cuando se inició el retiro, empecé a ver de qué iba y me cerré como una ostra. Empecé a sentir una claustrofobia horrible, lo único que tenía ganas era de salir de allí y volver a mi casa. Este retiro se hacía en medio de un pueblecito y era ya muy tarde, nadie me podía acompañar a casa, así que me invitaron a quedarme a dormir, me dijeron que al día siguiente podría volver a casa", recuerda.
"En ese momento estaba atacadísima, solo pensaba en salir de allí, es más, llegué a pensar incluso que era una secta y que por eso no me dejaban irme, pero como había ido en el coche con otras personas no tenía medio de volver. Entonces, sentí una voz que brotó de mi corazón que fue: 'Quédate'. Y esta palabra me llenó de tanta paz y de tanto amor, que creo que en la vida nunca me he sentido tan amada como en ese momento. Y dije, yo no sé quién está detrás de esto pero lo que sí que sé es que no voy a parar ni un solo día de mi vida en averiguarlo. Pedí que me dejaran ir a la capilla y estuve bastante rato delante del Santísimo sin entender nada pero sintiendo una felicidad inexplicable", asegura.
"El retiro continuó y lo viví como si fuera realmente mi luna de miel. A los pocos días me fui a servir a otros retiros. Y en un Rosario, cuando estábamos prácticamente acabándolo, se hizo un silencio y dejé de oír y noté como la Virgen me cogía por detrás, como si me abrazara con su manto, y me llenó de muchísimo amor. Fue para decirme: 'Gema eres mi hija, te amo, no te preocupes por nada, vamos a hacerlo juntas, no te sueltes de mi mano, te voy a llevar a Jesús'. A partir de aquí todo han sido bendiciones gracias a Ella", concluye.
1 de marzo de 2026.- (Camino Católico)Homilía del P. Manuel Montilla Caballero y lecturas de la Misa de hoy, II domingo de Cuaresma, emitida por13 TVdesde la Catedral de Córdoba.
1 de marzo de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la santa Misa de hoy, II domingo de Cuaresma, presidida por el P. Manuel Montilla Caballero, emitida por 13 TV desde la Catedral de Córdoba.
1 de marzo de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.
Camino Católico.-Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 1 de marzo de 2026, domingo de la 2ª semana de Cuaresma, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.
Evangelio: San Mateo 17, 1-9:
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
* «Cuando descubrimos por primera vez la belleza radiante de Jesucristo, nuestra vida se llena de bienestar, ilusión y armonía porque en Él encontramos la respuesta a nuestras inquietudes y la posibilidad de compartir su santidad y su poder sobre el mal. Pero poco a poco el Señor nos va introduciendo en la densa nube luminosa y nos invita a escucharle y a seguirle también en su condición de Siervo sufriente para purificar nuestra vanidad y suficiencia. Y al recibir esta revelación tendemos, como los discípulos, a caer de bruces llenos de espanto. Como Pedro, quisiéramos instalarnos para siempre en esa primera experiencia de gloria donde nos sentimos tan seguros y a gusto»
P. José María Prats / Camino Católico.- La Transfiguración del Señor narrada en este pasaje es una experiencia mística donde se revela a los discípulos la identidad de Jesús. Esto ocurre en un momento decisivo del evangelio, cuando Jesús emprende el camino hacia Jerusalén que culminará con su pasión, muerte y resurrección.
Si nos fijamos un poco, vemos que esta revelación tiene dos partes que provocan en los discípulos reacciones muy diferentes. En un primer momento Jesús se transfigura delante de sus discípulos y aparecen Moisés y Elías conversando con Él. Esta revelación resulta tan atractiva para los discípulos que Pedro intenta hacer todo lo posible por perpetuarla, ofreciéndose para construir tres tiendas. Sin embargo, cuando a continuación aparece la nube luminosa que los cubre con su sombra y se oye la voz del Padre que dice: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco. Escuchadlo», la reacción es totalmente distinta: «cayeron de bruces, llenos de espanto». ¿Cómo podemos explicar estas reacciones tan diferentes?
En la primera revelación Jesús muestra a sus discípulos su santidad, su poder y su gloria y se presenta como el Mesías prometido por Dios a través de Moisés y los profetas, que aparecen en la visión conversando con Él. Es una síntesis de lo que los discípulos han experimentado hasta ese momento: un Jesús que sana a los enfermos, resucita a los muertos, expulsa a los demonios, perdona los pecados y predica con una autoridad sin precedentes. Todo ello lo acredita –como Pedro confiesa en el capítulo anterior– como el Mesías anunciado desde antiguo. Lógicamente, los discípulos están encantados de contemplar y participar de esta gloria y desean que esta situación se prolongue indefinidamente.
La segunda revelación, sin embargo, va a ahondar en el misterio de Jesús. La nube luminosa que los cubre con su sombra evoca la imponente teofanía del Sinaí, que estuvo acompañada de truenos, rayos y una densa nube, y ante la cual los israelitas temblaron de espanto (Ex 19,16 - 20,21). Se nos quiere así anticipar la profundidad y la trascendencia del misterio que el Padre va a revelar a continuación: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Estas palabras evocan el primer canto del Siervo sufriente del Señor: «Éste es mi siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco» (Is 42,1), e identifican a Jesús con ese personaje misterioso profetizado por Isaías, que fue traspasado por nuestros pecados y cargó sobre sí la culpa de todos (Is 53,5-6). Esto explica la reacción de los discípulos, pues para un judío esta afirmación era impensable, más aún, escandalosa. El mismo San Pablo nos lo confirma: «nosotros predicamos a un Mesías crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles» (1 Cor 1,23). Y también explica que Jesús prohibiera a sus discípulos contar esta visión antes de su resurrección, pues nadie habría dado crédito a semejante despropósito. Era necesario ver y tocar las llagas del resucitado para poder asumir el escándalo de un Mesías crucificado.
Esta doble revelación del misterio de Cristo que vemos en la Transfiguración acontece también en la vida de los cristianos. Cuando descubrimos por primera vez la belleza radiante de Jesucristo, nuestra vida se llena de bienestar, ilusión y armonía porque en Él encontramos la respuesta a nuestras inquietudes y la posibilidad de compartir su santidad y su poder sobre el mal. Pero poco a poco el Señor nos va introduciendo en la densa nube luminosa y nos invita a escucharle y a seguirle también en su condición de Siervo sufriente para purificar nuestra vanidad y suficiencia. Y al recibir esta revelación tendemos, como los discípulos, a caer de bruces llenos de espanto. Como Pedro, quisiéramos instalarnos para siempre en esa primera experiencia de gloria donde nos sentimos tan seguros y a gusto y, en cambio, se nos llama, como a Abrán, a desmontar nuestras tiendas y, abrazando la cruz, ponernos en camino hacia una tierra desconocida.
Hay al menos dos buenos motivos para vencer nuestro espanto y ponernos en camino tras las huellas del Siervo sufriente. Por una parte la seguridad de que el Señor caminará siempre a nuestro lado y, como hizo con sus discípulos, en los momentos de desfallecimiento se acercará a nosotros, nos tocará y nos dirá: «levantaos, no temáis». Por otra parte, la certeza de que esa tierra desconocida a la que Dios quiere llevarnos es aún más bella que la cima del Monte Tabor, porque «ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman» (1 Cor 2,9).
P. José María Prats
Evangelio:
En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él.
Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús:
«Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía:
«Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle».
Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo:
«Levantaos, no tengáis miedo».
Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos».
* «Utilizo mi trabajo para evangelizar. Ha sido una verdadera oportunidad de compartir mi fe. Y eso es un regalo para mí, porque mi mayor deseo es ver a nuestros jóvenes encontrar el sentido de la vida. Estaré eternamente agradecida con Dios. Ha habido muchos giros, vueltas y muchos callejones aparentemente sin salida, pero por medio de la fe Dios cambia todo para su gloria y para nuestra bendición»
Camino Católico.- Como una de las principales suministradoras de publicaciones y artículos católicos en Australia, la Mustard Seed Bookshop es toda una referencia en la archidiócesis de Sídney. Las presentaciones, envíos y clientes son atendidos desde cada mañana por Maree Ataya, una afable mujer nacida en los 70 y entregada por completo a la evangelización juvenil junto con su esposo, Atef. Lo que no todos saben es que Maree no siempre se presentó como la amable librera y hermana en la fe que hoy ven en ella.
Antes, su día a día también se desarrollaba en un local, pero en lugar de una librería diocesana era un pub reconocible por el estruendo de icónicas estrellas de la escena musical como los Midnight Oil o The Angels. Como relató recientemente a la archidiócesis, para ella "todo era sexo, drogas y rock". Y la fe vino a cambiarlo todo.
Un estilo de vida salvaje
Criada en las soleadas playas de Sídney en una familia católica como más pequeña de nueve hermanos, recuerda que todos fueron criados en la fe, pero conforme pasó el tiempo, la piedad mutó en una precoz vida de excesos. "Nos criaron en la fe, pero a medida que crecimos, mis hermanos y hermanas mayores se volvieron totalmente salvajes", comenta.
Su hermano mayor, "como un padre" para ella, abrió el camino al volverse adicto a la heroína. Para cuando entró en la adolescencia, la familia al completo había abandonado la práctica religiosa. Aunque nunca abandonó por completo la Iglesia, el alcohol, el consumo de drogas ocasionales y "un estilo de vida bastante salvaje" se convirtieron en su nueva norma de vida. Maree "era una niña salvaje de los años 70".
Maree, en su etapa de `vida salvaje´
De jueves a domingo, el pub era su hogar. Pero cuando acababan las noches de exceso, "estar borracha o drogada" no era impedimento para entrar a la parroquia, en la misma calle que el bar. "Era sincera, estaba buscando y le pedía a Dios que me ayudara", comenta. En una de esas ocasiones, recuerda, "me acerqué a Él y le dije: `Por favor, Dios, sácame de esta situación´".
El encuentro con Jesús y la llamada a evangelizar
Poco después conoció "casualmente" a un joven que se preparaba para el sacerdocio y le invitó a un evento con miles de jóvenes católicos. Al ir, quedó impactada, viendo como "a algunas chicas les brillaba el rostro y había algo diferente en ellas".
Y entonces rezó de nuevo: "Jesús, quiero entregarte mi vida".
Lo siguiente que recuerda son las palabras de uno de los ponentes evangelizadores, como si fuese la respuesta que esperaba. "Todo lo que tienes que hacer es clamar a Dios para que te salve y te ayude".
Y así lo hizo, quedando completamente rendida a su redescubierta fe, empezando a ser consciente de que ese paso supondría "cambiar, dejar ir a mis amigos, mi estilo de vida y mi ego".
"Tuve un encuentro increíble con Dios. ¡Nadie me había dicho nunca que podía encontrarme con Él! Sentí una alegría increíble e inexplicable porque era como si me quisiera de todas formas, sin importar lo que pasara. Jesús cambió totalmente mi vida", menciona.
Cuando despertó al día siguiente, recuerda que "todo era más brillante" y lo veía todo "como si tuviera ojos nuevos", comparando su experiencia a la de una "luna de miel, como si me hubiese enamorado". Con la fuerza del converso, fue consciente de que "muchos jóvenes no sabían que Jesús quiere que le encontremos, empoderarnos y cambiarnos" y sintió un llamado a dedicar su vida a evangelizar.
Su nueva fe la llevó a unirse al incipiente Youth Mission Team, un vigoroso apostolado radicado en Australia próximo a cumplir 40 años de misión. Entonces eran los años 80, cuando también conoció a Atef Ataya, su actual esposo, con quien tuvo tres hijos y con el que siempre compartió su pasión por evangelizar.
“Como madre, fui parte de la comunidad escolar y solía invitar a la gente a los eventos que organizábamos. Dirigí un grupo de oración de mujeres en la parroquia y teníamos varios programas a los que también animaba a venir", menciona.
Maree, en el centro, con su marido Atef y sus hijos
Pasadas las décadas, su compromiso evangelizador persiste. Actualmente lo desarrolla desde la Mustard Seed Bookshop, una de las librerías católicas más relevantes del país adscrita a la archidiócesis de Sídney y regentada por su marido, donde se ofrecen recursos para profundizar en el discipulado de los católicos y la evangelización.
"Utilizo mi trabajo para evangelizar. Ha sido una verdadera oportunidad de compartir mi fe. Y eso es un regalo para mí, porque mi mayor deseo es ver a nuestros jóvenes encontrar el sentido de la vida. Me encanta trabajar aquí, sinceramente, siento que he encontrado mi lugar", detalla.
Concretamente dedica sus esfuerzos a los que, como lo fue ella, son considerados "niños salvajes" y espera que, "como Iglesia, abramos espacio para las personas que regresan a nuestra fe".
"Estaré eternamente agradecida con Dios. Ha habido muchos giros, vueltas y muchos callejones aparentemente sin salida, pero por medio de la fe Dios cambia todo para su gloria y para nuestra bendición", concluye.
Se puede escuchar su historia en inglés, en el siguiente vídeo: