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sábado, 23 de mayo de 2026

Homilía del evangelio del domingo: La misión del Espíritu Santo: hacernos partícipes, ya aquí en la tierra, de la vida y del triunfo de Jesucristo resucitado / Por P. José María Prats

 


* «En la liturgia de hoy se renueva el misterio de Pentecostés en la Iglesia. Viene de nuevo a nuestros corazones el amor de Dios y el conocimiento profundo de sus misterios, vienen la sabiduría y la fuerza para vivir como hijos de Dios, viene el que ora en nosotros con gemidos inefables y nos hace exclamar ¡Abbá, Padre!, viene el Abogado que nos defiende del Enemigo, el Consolador que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos, el Médico que sana el corazón enfermo, viene el único que puede reconciliar el mundo llenándolo de amor y de paz»

Domingo de Pentecostés

Hechos 2, 1-11 / Salmo 103 / 1 Corintios 12, 3b-7.12-13 / San Juan 20, 19-23

P. José María Prats / Camino Católico.-   Con esta solemnidad de Pentecostés terminamos la celebración del tiempo pascual, que la liturgia de la Iglesia nos invita a vivir como si fuera un solo día, como el «gran domingo» en el que nuestro Señor Jesucristo ha resucitado de entre los muertos y nos ha hecho partícipes de su victoria sobre el pecado y la muerte por el don del Espíritu Santo.

De hecho, la Resurrección y Ascensión del Señor por una parte y el envío del Espíritu Santo por otra, constituyen las dos caras de una misma moneda, los dos aspectos inseparablemente unidos de nuestra redención. Por la Resurrección y Ascensión de Jesús, un ser humano, que es el mismo Hijo de Dios hecho hombre, ha triunfado sobre el pecado y sobre las fuerzas del mal que nos tenían subyugados y ha alcanzado el destino de gloria para el que fuimos creados. Pero de poco nos serviría esta victoria si no la pudiésemos compartir, y ésta es precisamente la misión del Espíritu Santo: hacernos partícipes, ya aquí en la tierra, de la vida y del triunfo de Jesucristo resucitado.

La experiencia de Pentecostés que narran los Hechos de los Apóstoles constituye la antítesis de lo que ocurrió con la Torre de Babel, cuyos constructores, llenos de soberbia, intentaron alcanzar la gloria con su solo esfuerzo, prescindiendo de Dios, y fueron confundidos en su lengua y dispersados por toda la tierra, rompiéndose así la comunión entre ellos. Ahora, con motivo de la fiesta judía de Pentecostés, se habían congregado en Jerusalén peregrinos de todas las naciones, que eran incapaces de comunicarse debido a la diversidad de sus lenguas. Sin embargo, tras la irrupción del Espíritu Santo, esta incapacidad de comunicación y comunión desaparece hasta el punto de que todos pueden entender a los apóstoles proclamar las maravillas de Dios.

Pero esta narración se pone también en relación con otro acontecimiento bíblico muy importante: la entrega de la Ley a Moisés en el monte Sinaí, que era lo que conmemoraba la fiesta judía de Pentecostés. Por ello, el Espíritu Santo es entendido como la nueva Ley que desciende de lo alto para inscribirse en el corazón del hombre y llevar a plenitud la antigua Ley escrita en tablas de piedra, tal como había profetizado Ezequiel hacía más de quinientos años:

«Os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos» (Ez 36,26-27).

Y así, si la entrega de la Ley a Moisés en el Sinaí estuvo acompañada por truenos y relámpagos, el descenso de la nueva Ley lo estuvo por «un ruido del cielo, como de un viento impetuoso, que resonó en toda la casa donde se encontraban».

En la liturgia de hoy se renueva el misterio de Pentecostés en la Iglesia. Viene de nuevo a nuestros corazones el amor de Dios y el conocimiento profundo de sus misterios, vienen la sabiduría y la fuerza para vivir como hijos de Dios, viene el que ora en nosotros con gemidos inefables y nos hace exclamar ¡Abbá, Padre!, viene el Abogado que nos defiende del Enemigo, el Consolador que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos, el Médico que sana el corazón enfermo, viene el único que puede reconciliar el mundo llenándolo de amor y de paz.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, a tu Espíritu y renueva la faz de la tierra.


P. José María Prats

Evangelio: 


Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: 


«La paz con vosotros». 


Dicho esto, les mostró las manos y el costado.


Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: 


«La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». 


Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: 


«Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

San Juan 20, 19-23

Pentecostés es el cumplimiento de la promesa de Cristo: el Espíritu Santo viene para acompañar, consolar y fortalecer a la Iglesia / Por P. Carlos García Malo

 


Santa Rita de Casia – Película de Dibujos animados

 


Camino Católico.- Santa Rita de Casia, película de dibujos animados para niños de la serie “Mi familia católica” de  EWTN.


Mary Sangalli lleva 18 años enferma de ELA: «Me sentí libre al empezar a vivir la relación con Dios, que es Padre, me creó y me da vida continuamente; mi dependencia de Dios me ha liberado de las cosas y de las personas»

Mary (Marialuisa) Sangalli afronta la Esclerosis Lateral Amiotrófica desde hace 18 años en unión con Dios y experimentando el amor que Él le da sintiéndose amada a cada instante

* «El abandono en el Padre no surgió de un acto de voluntad por mi parte, sino que, gracias a la oración, se creó una relación con Él, a través de la cual me ha moldeado, convirtiendo mi petición de ‘Cúrame’ en ‘Muéstrate, te necesito, te deseo, te doy las gracias’... Miro a mis hijos sin ninguna pretensión ni plan. Son hijos de Dios, que me han sido confiados para que les ayude a descubrir que la única plenitud de la vida reside en el descubrimiento de Dios. Podrán ser ingenieros o simples obreros; lo importante es que, algún día, Dios sea su fundamento… Si tienes una confianza firme en Dios, todo el malestar, con el tiempo, da paso a la paz, a la serenidad, aunque todo sea peor que antes… El éxito de la vida consiste en vivir la espera de Dios, vivir deseándolo y esperar el día en que por fin estemos en su abrazo»

Camino Católico.- Mary (Marialuisa) Sangalli lleva 18 años padeciendo ELA [Esclerosis Lateral Amiotrófica], una enfermedad neurológica que acaba paralizando a su paciente. Pero en su enfermedad ha descubierto cómo entregarse a Dios y ha encontrado "una alegría que solo existe en el Paraíso". Ella misma ha contado su historia en un libro y Benedetta Frigerio la entrevista en La Nuova Bussola Quotidiana:

¿Es realmente posible vivir sin miedo, en paz y con alegría, ante cualquier drama que pueda surgir? Es la pregunta a la que el siglo en el que vivimos intenta responder mediante manuales, cursos e incluso recurriendo a lo oculto. Sin embargo, la historia de Mary Sangalli demuestra, en el libro recién publicado ‘Ciò che mi sorprende’ [Lo que me sorprende], que la solución no reside en ninguna práctica ascética, ejercicio virtuoso o camino de catarsis para liberarse del sufrimiento.

Mary (Marialuisa) Sangalli cuenta su historia y su vida actual en su impactante libro / Foto: Edizioni Ares

También porque Mary no tiene ninguna posibilidad de evitarlo: esposa y madre de cuatro hijos, hace 18 años descubrió que padecía la enfermedad de la motoneurona, en tres letras, la ELA. Y tras una lucha llena de súplicas y enfrentamientos con Dios, al no poder ya valerse por sí misma en nada, en un momento dado, en lugar de vivir en la rebelión y la ira, se encontró rendida a la voluntad de Dios, recibiendo a cambio un corazón nuevo, lleno de alegría. 

Y así es como escribe hoy (moviendo los ojos sobre las letras con la ayuda de un dispositivo): 

"A veces echo de menos los gestos cotidianos, esos gestos que los demás no se dan cuenta de que hacen, como beber de un trago, levantarme de la cama y ponerme las zapatillas (sin ayuda de nadie), dar un paseo pisando las hojas otoñales. No puedo ocultarlo, echo de menos lo que antes no me daba cuenta de que tenía". 

Luego, dirigiéndose a Dios, continúa: 

"Pero lo que ahora tengo de ti es algo que nunca hubiera pensado que existiera, es una experiencia que creía que solo existía en el Paraíso, tú me regalas la bienaventuranza... en la bienaventuranza estás tú presente, entregándote a mí, es más que amor, es una implicación afectiva en la que me siento en casa". 

-Hoy en día, el mundo nos ofrece cursos, programas y libros para alcanzar el bienestar físico y espiritual y liberarnos de nuestras limitaciones. Tú, en cambio, hablas de felicidad aunque sufras y no goces de buena salud física. ¿Cómo es posible?

-Sufro por mis sufrimientos, desearía que no existieran. Sin embargo, en los momentos difíciles, gracias a la oración, recibo del Padre la alegría, la paz y la fuerza para afrontar el día a día. El otro día soplaba un viento muy fuerte que doblaba los árboles, pero no los arrancaba de raíz. Así que pensé que lo mismo ocurre con quien tiene fe en Dios: las dificultades pueden casi ponerte de rodillas, pero estás arraigado en Dios y esto te permite afrontar la vida con la certeza del bien, en la que todo contribuye al bien.

El abandono en el Padre no surgió de un acto de voluntad por mi parte, sino que, gracias a la oración, se creó una relación con Él, a través de la cual me ha moldeado, convirtiendo mi petición de "Cúrame" en "Muéstrate, te necesito, te deseo, te doy las gracias".

Al sentirme amada, he comenzado a amar mi identidad: existir significa ser querida en cada instante. Esta relación me ayuda a superar todos los límites, así la enfermedad no me reduce y me siento libre, ciertamente con una mirada dolorosa sobre la realidad, pero el dolor es lo más sano porque la resurrección pasa por la cruz y por el dolor.

-Tu vida no ha sido fácil desde el principio: perdiste a tu padre a los 11 años y desde entonces tu madre ya no pudo hacerse cargo de ti y de tus cuatro hermanos, por lo que acabaste en un centro de acogida con tu hermana, separada del resto de tu familia. ¿Cómo conseguiste no caer en una crisis psíquica?

-No sé cómo lo hice, pero puedo decirte que no sentía ira ni rencor. Sufrí mucho por la muerte de mi padre; al principio no aceptaba el internado, me costó acostumbrarme a una nueva familia, sufrí la enfermedad y todas las dificultades que la vida sigue presentándome. Era una niña que no esperaba mucho de la vida, no tenía pretensiones respecto a la realidad. Sin embargo, todas estas circunstancias difíciles habían minado mi identidad, haciéndola emocionalmente frágil; necesitaba la aprobación de los demás. 

Así fue hasta que llegó la enfermedad; entonces ocurrió el gran milagro: había madurado un nuevo sentimiento hacia mí misma, una nueva mirada sobre mí, por lo que la consistencia de mi yo residía en la relación con el Padre. 

Para lograrlo, Dios permitió que se produjeran dificultades y renuncias. Tuve que perder las certezas que venían del mundo.

-Cuando enfermaste tenías cuatro hijos pequeños: no podías abrazarlos, hablarles con cariño ni ayudarles a vestirse, pero les escribes: "Al mirarme, veis a una madre enferma que reza. A menudo me decís: '¿Qué haces? ¡Rezas!'. Más que mis palabras, veis que el amor de Dios me da paz". ¿Qué significa ser padres en un mundo que va en contra de la inocencia y que empuja al rendimiento como medida del éxito en la vida?

-Miro a mis hijos sin ninguna pretensión ni plan. Son hijos de Dios, que me han sido confiados para que les ayude a descubrir que la única plenitud de la vida reside en el descubrimiento de Dios. Podrán ser ingenieros o simples obreros; lo importante es que, algún día, Dios sea su fundamento.

El éxito de la vida consiste en vivir la espera de Dios, vivir deseándolo y esperar el día en que por fin estemos en su abrazo.

Mary (Marialuisa) Sangalli con sus amigas con quienes también experimenta que Dios la ama

-Vivimos inmersos en una cultura que cree que la libertad de hacer lo que uno quiera equivale a la felicidad, mientras que tú escribes que la alegría proviene de la liberación. ¿Qué es lo que te libera del miedo al futuro?

-Me sentí verdaderamente libre cuando empecé a vivir la relación con Dios, que es Padre, me creó y me da vida continuamente. Percibir mi dependencia de Dios me ha liberado de las cosas y de las personas. Todo puede estar en tu contra, pero dentro de la relación con el Padre, las adversidades y las carencias se hacen más pequeñas. Cuando las adversidades te abruman, duelen, sientes dolor. 

La fe en Dios no es, de hecho, algo mágico que borra el dolor. Este existe y es incluso intenso. Pero si tienes una confianza firme en Dios, todo el malestar, con el tiempo, da paso a la paz, a la serenidad, aunque todo sea peor que antes.

-El impulso hacia la legislación sobre la eutanasia puede conducir a una práctica en la que, en lugar de luchar junto a los enfermos y a quienes sufren, se les sugiere que, si realmente ya no pueden más, lo correcto es quitarse la vida (como si se dijera: "puedo prescindir de ti"). ¿Qué les dirías a quienes cuidan de los que sufren y a quienes se encuentran en tu misma situación?

-Cuando se excluye a Dios de la vida, todo se vuelve lícito: el aborto, la gestación subrogada, la eutanasia... La enfermedad es cruel, no deja salida, al igual que todos los sufrimientos que te acorralan. Pero el sufrimiento te plantea dos alternativas radicales, ya no puedes ser mediocre, apático o superficial:

* o la vida es una tragedia sin sentido, donde nada tiene ya valor, ni siquiera la vida, 

* o empiezas a mirar a Dios, te unes a Él, el único que te da sentido, valor y te hace sentir amado cada día. 

La cruz y el sufrimiento son grandes temas misteriosos que se quieren censurar, pero después de que Jesús entró en la historia, la cruz se convirtió en signo de esperanza, condición para experimentar la victoria. 

La paciencia nace de la relación viva con Jesús, porque comprendemos que no nos hacemos a nosotros mismos; nace de la certeza del propósito, que genera tenacidad en la vida.

Repito, la enfermedad es para todos un terremoto, tanto para quien tiene fe como para quien no cree. 

Yo entro de puntillas en las vidas de los demás enfermos; ni siquiera puedo comprender en lo más profundo a otro enfermo de ELA, pero lo que siento que puedo hacer es dar mi testimonio, por eso he querido compartir mi historia. También porque la muerte provocada es una falsa salida: cuando oigo que algún enfermo ha decidido poner fin a su vida, pienso que esa alma seguirá sufriendo los tormentos del purgatorio porque no existe el sueño eterno y probablemente sufrirá más para expiar su elección.

-¿Cómo vencer la distracción en una situación en la que aún podemos engañarnos creyendo que podemos prescindir de Dios?

-La ilusión es el intento de reducir la realidad partiendo de uno mismo, ignorando el Misterio, ignorando la relación con Dios. Este es un tema que se presentará a lo largo de toda la vida, es un problema de nuestra libertad. Yo elijo cada día de qué lado estar: o me desespero y me ahogo en la tristeza, o me alimento de Él. Si lo buscamos, Él siempre responde: a su manera, pero responde.

AnMari, cantautora católica: «Me alejé de Dios, fui a vivir a Londres, allí me convertí y redescubrí a Dios y decidí crear solo música cristiana para la gloria del Señor; deseo transmitir el amor de Dios»

AnMari cuenta que “cuando me fui a vivir a Londres me convertí y redescubrí a Dios. También fue allí, cuatro años después, donde decidí crear para solo Su gloria” / Foto: Instagram de AnMari - Misyjne

* «Fue el padre de Beyoncé quien me hizo darme cuenta de que no podía hacer lo que quería en aquel entonces. No podía estar un poco aquí y un poco allá. Tenía que tomar una decisión. La gente siempre percibe la sinceridad. Esta experiencia me ayudó a elegir el camino de crear para Dios. Esto no es una carrera, es una misión que me tomo muy en serio. Una misión para difundir el amor y la belleza de Dios. Para mí, estas palabras bastan. No lo considero una profesión. Soy simplemente una chica común que ama a Jesús y quiere compartirlo con los demás. Una persona que ha experimentado el amor de Dios desea transmitirlo. Es algo completamente distinto al mundo comercial convencional. quiero ayudar a la gente a orar. Espero que Dios me use de esta manera. Para mí, cada canción es una oración. Intento escribirlas para que la gente pueda orar con ellas, experimentar profundidad y unión con Dios a través de la música. Creo que la música tiene un poder extraordinario: puede transmitir belleza y sensibilizar a las personas hacia Dios y lo que Él puede darnos»

Camino Católico.- AnMari es una compositora polaca, multiinstrumentista, vocalista y productora. Crea música innovadora —pop alternativo— que transmite valores cristianos. Se describe a sí misma como compositora que crea música para la gloria de Dios, cantando, tocando el piano, pero sobre todo, siendo hija de Dios. Describe su obra como «cartas de paz, donde todos pueden descansar en los brazos del Señor».

“Empecé a aprender piano a los seis años. Después, me gradué en dos carreras de música, estudiando instrumentos de percusión como la marimba, el vibráfono, el xilófono, etc. Más tarde, me pasé a la música popular, estudiando composición en la Academia de Música Contemporánea de Londres. Antes de eso, estudié música clásica. Retomé el piano durante mi máster en Interpretación Musical en el London College of Contemporary Music”, explica a Misyjne.

“Cantar no era mi principal objetivo. Se desarrolló con el tiempo. Se podría decir que al principio era algo secundario. Cuando tenía 15 años, empecé a tomar clases de canto. En 2020 me fui a Londres y ese cambio tuvo un profundo impacto en mi vida, ya que allí me convertí y redescubrí a Dios. También fue allí, cuatro años después, donde decidí crear para Su gloria. En cuanto a mi desarrollo musical, mis estudios me marcaron profundamente. Estudié composición, piano popular y canto. Pude encontrar mi verdadero camino: qué quería hacer, qué quería crear a continuación y ser independiente en ello”, asegura la cantautora. 


Estando en Londres, AnMari optó por hacer una elección constante de Dios, una lucha diaria por seguir a Jesús / Foto: Archivo de AnMari - Misyjne

Respecto a su camino de fe relata que “me crié en una familia católica. No creo haber sido la única persona que cayó en una fe ‘automática’. También tuve un período en el que me alejé de Dios, al final de mi tercer año de secundaria. Cuando me mudé a Londres, había una pandemia. Buscaba felicidad y alegría. Decidí que quería cambiar y volver a este camino de amor. Empecé a ir a misa, a la adoración y a leer las Sagradas Escrituras. Comencé a cambiar como persona. Me encomendé al Inmaculado Corazón de María. Todo esto duró varios meses. Fue una elección constante de Dios, una lucha diaria por seguir a Jesús. Después de menos de un año, fui a un retiro ignaciano. Allí, Dios obró mucho en mi corazón. Ese silencio fue muy importante para mí. A partir de ese momento, comencé a caminar por el camino de la fe de manera muy consciente”.

Pese a su conversión sus composiciones no eran cristianas: “Al principio, hacía música pop, buscando mi propio estilo. Era evidente que era creyente, pero no se reflejaba en mi trabajo. Después de unos años, me enfrenté a una disyuntiva: o creaba música cristiana para la gloria de Dios, o creaba música comercial. Eso fue hace relativamente poco, hace unos dos años. Decidí dedicarme por completo a la música cristiana".

AnMari al empezar a cantar música cristiana y mensajes en redes hablando de Dios su alcance empezó a disminuir, pero hoy su cambio ha dado frutos con numerosos testimonios de personas que vuelven a Dios  / Foto:Hubert Michalak - Misyjne

El cambio a componer música para la Gloria de Dios “no fue fácil, aunque surgió de mi corazón. Fue unos años después de mi conversión; tenía una relación genuina con Dios. Para mí, seguirlo era algo natural. Sin embargo, temía perder algo. Al final, gané mucho y no podría haber soñado con una vida más hermosa. Fue muy difícil al principio. Cuando empecé a compartir mi fe en línea, publicando en redes sociales mensajes en los que hablaba más de Dios, mi alcance comenzó a disminuir. Algunas personas decían que hablaba demasiado de Jesús. Estaba luchando internamente. Sin embargo, la sensación de poder ser yo misma, de no estar fingiendo, y de estar creando de acuerdo con mis valores me dio alivio y me permitió mantenerme firme en mi decisión. Esta perseverancia fue una bendición y luego dio sus frutos”.

En octubre de 2023, AnMari ganó el Concurso de Becas Matthew Knowles en el London College of Contemporary Music. Fue seleccionada y evaluada como ganadora por Matthew Knowles, ex mánager y padre de Beyoncé y eso supuso un cambio: 

“Fue un momento increíblemente importante para mí porque sentí que alguien reconocía el arduo trabajo y el esfuerzo que había dedicado durante más de una década. Realmente me fortaleció como persona. También fue un punto de inflexión en mi decisión de dedicarme a la música cristiana. Surgió la oportunidad de colaborar y comencé a recibir promoción en los medios y en la televisión. Hubo quienes me animaron a considerarlo. Fue entonces cuando me di cuenta de que tenía que tomar una decisión. Esta situación me hizo comprender que no podía hacerlo todo a la vez. Fue el padre de Beyoncé quien me hizo darme cuenta de que no podía hacer lo que quería en aquel entonces. No podía estar un poco aquí y un poco allá. Tenía que tomar una decisión. La gente siempre percibe la sinceridad. Esta experiencia me ayudó a elegir el camino de crear para Dios”.

AnMari dice en sus publicaciones en redes: "Esto no es una carrera, es una misión que me tomo muy en serio. Una misión para difundir el amor y la belleza de Dios": “Para mí, estas palabras bastan. No lo considero una profesión. Soy simplemente una chica común que ama a Jesús y quiere compartirlo con los demás. Una persona que ha experimentado el amor de Dios desea transmitirlo. Es algo completamente distinto al mundo comercial convencional”.

Actualmente AnMari viaja mucho por Polonia. Recientemente, en colaboración con "Ślimak na Pustyni", ha realizado una gira de culto por cinco ciudades, entre ellas Poznań y Gdańsk. Ella asegura que “quiero ayudar a la gente a orar. Espero que Dios me use de esta manera. Para mí, cada canción es una oración. Intento escribirlas para que la gente pueda orar con ellas, experimentar profundidad y unión con Dios a través de la música. Creo que la música tiene un poder extraordinario: puede transmitir belleza y sensibilizar a las personas hacia Dios y lo que Él puede darnos”.

AnMari ha participado en el Concurso Internacional de Música American Virtuoso / Foto del Concurso Internacional de Música American Virtuoso

AnMari se ha alejado de la música cristiana tradicional para inclinarse por la música alternativa: “Creo que a la Iglesia le faltaba algo así de novedoso. Los cantos de alabanza clásicos son necesarios, pero también pienso en quienes no han encontrado su camino, en quienes no entienden cómo funciona este mundo de la música de alabanza. Lo que hago es una invitación para quienes buscan a Dios, pero también para quienes necesitan algo diferente, algo nuevo. Incluso los no creyentes pueden escuchar mi música, y de hecho, sucede. Esta es mi misión y mi meta. La belleza de Dios siempre atrae. Me alegra que Dios también obre a través de la música, tocando tantos corazones. Para mí, esa es la esencia de todo”.

Hace dos años, en 2024, lanzó su sencillo revelación, "Daj mi serce swe" (Dame tu corazón) Actualmente tiene más de un millón de reproducciones en YouTube: “No esperaba que alcanzara tal éxito y que me abriera las puertas para difundir la Buena Nueva. Eso es lo interesante de crear música —no solo música cristiana—: un artista nunca sabe con certeza qué tendrá más o menos repercusión. Recuerdo haber pensado: 'Bueno, haré un videoclip', y tenía esperanzas, pero no esperaba que se hiciera tan popular. Eso me parece increíble. Cuando promocioné esta canción en internet, la abordé de forma muy analítica. Quería entender por qué la gente abandonaba la Iglesia: por qué antes estaban allí y ahora se han ido. Mi objetivo era demostrar que se puede ser una persona joven y normal y, a la vez, ser creyente. Que se puede amar a Jesús y disfrutar de la vida al mismo tiempo. También percibí la creencia de que la fe se asociaba con la vergüenza o la incomodidad, que era mejor no admitirla y que estaba reservada para quienes dedicaban su vida, por ejemplo, a la vida religiosa. Quería demostrar que se puede ser joven, estar lleno de vida, hacer muchas cosas maravillosas con Dios, y que esto no te limita, sino que te brinda plenitud y felicidad. Creo que esto influyó significativamente en la acogida que tuvo mi música”.

En cuanto a la reacción de la audiencia, AnMari dice que "percibo un consenso general de que mi testimonio en línea es importante para la gente y que mi trabajo tiene un impacto positivo en ellos. Algunos dicen que, gracias a esto, pueden volver a seguir a Dios o regresar a Él. Esto es un fruto maravilloso para mí. ¡Alabado sea el Señor porque obra a través de esto!"

En su estancia en Inglaterra que le llevó a su conversión, comparte que "experimenté una fe y una libertad auténticas. Creo que, debido a la enorme diversidad cultural, la gente simplemente era ella misma. Como el catolicismo es un fenómeno minoritario en Londres, se organizaron muchos eventos: conferencias, reuniones, encuentros de integración para católicos. Se podría decir que si alguien elegía el camino de la fe, lo seguía al 100%. Allí no había ninguna pretensión de fe. Conocí a muchas personas conscientes. No siguieron el camino de la fe solo por haber sido criadas así. Esto me conmovió e inspiró profundamente. Jóvenes estudiando, saliendo de fiesta y, al mismo tiempo, viviendo de acuerdo con sus valores y con Dios. Estas relaciones fueron muy importantes para mí. Ver una fe auténtica presente no solo en la iglesia, sino en la vida cotidiana, me dio mucha fuerza. Esta experiencia me transformó y creo que seguirá dando frutos”.

AnMari quiere llevar a las personas a Dios componiendo y cantando / Foto:Hubert Michalak  - Misyjne

AnMari ha participado en numerosos concursos nacionales e internacionales. También ha colaborado en diversos proyectos, componiendo música para películas como "Making Theatre Green" en el National Theatre de Londres, "Semper", proyectada en el Festival de Cine de Palma en Polonia, y "Freedom", un proyecto del Centro Cultural Municipal "Amfiteatr" de Radom. En enero de 2025, actuó en el Carnegie Hall, una de las salas de conciertos más prestigiosas del mundo, como segunda clasificada en las categorías de canto y piano del Concurso Internacional de Música American Virtuoso.

Su éxito: "Daj mi serce swe" (Dame tu corazón)

Letra traducida al español:

Te llamo Señor todos los días.

Ayúdame a levantarme Enséñame a ponerme de pie.

Tú eres el silencio que busco.

Mi alma marchita solo juega en Ti.


Dame tu corazón.

Sana mi alma, mi cuerpo.

Enséñame a amarme.

Todavía amo demasiado poco.

Cuando está oscuro

enciendo tu luz,  

confío en tu amor.

Guíame.


Te llamo Señor todos los días.

Me conoces completamente.

Sabes cuándo me levanto y me duermo,

cuando es difícil para mí,

cuando cae una lágrima.


Dame tu corazón.

Sana mi alma, mi cuerpo.

Enséñame a amarme.

Todavía amo demasiado poco.

Cuando está oscuro

enciendo tu luz,  

confío en tu amor.

Guíame.


Solo tú me haces despertar cada día.

Solo tú sanas todo mi dolor y todo mi miedo.

Llegas donde nadie puede llegar.

Al fondo más profundo

sigo cayendo.

Y me amas.

Me amas

más de lo que me amo a mí mismo.


Dame tu corazón.

Sana mi alma, mi cuerpo.

Enséñame a amarme.

Todavía amo demasiado poco.

Cuando está oscuro

enciendo tu luz,  

confío en tu amor.

Guíame.

Zuza Knez, cantautora: «Luchaba contra la depresión, ansiedad, trastornos alimenticios y el trastorno obsesivo-compulsivo y encontré a Dios de la forma más profunda, que me guiaba y me transformó en mi interior»

Zuza Knez en los momentos más difíciles de su vida es cuando se encontró profundamente con Dios  / Foto: Archivo Zuza Knez 

* «Lo que más deseo es fortalecer mi relación con Dios. Invitarlo cada vez más a mi vida diaria, aprender a confiar en Él, vivir consciente de su presencia. Sueño también con una familia basada no solo en la religiosidad, sino en una verdadera relación con Dios, en el amor, el respeto y el apoyo mutuo. Quiero seguir creando música. Aún no sé adónde me llevará, tal vez conciertos, conferencias, nuevos proyectos. Solo sé que quiero hacerlo para su gloria. Siento también que mi vocación es acompañar a las personas: hablar con ellas, brindarles apoyo y compañía. Por eso estoy considerando la enfermería. Trabajar con ancianos, personas con discapacidad y quienes reciben cuidados paliativos es algo que me toca muy de cerca. Me gustaría estar a su lado en los momentos difíciles, para brindarles paz, esperanza y compañía»

Camino Católico.- Zuza Knez es una joven cantautora y creadora de contenido polaca dedicada a la música cristiana contemporánea. Su trabajo se centra en compartir su fe y testimonio a través de canciones y redes sociales, utilizando plataformas como Spotify y YouTube para difundir su mensaje. Ella misma define su creación como música "para la gloria del Señor". Durante años, luchó contra la ansiedad, los trastornos alimenticios, la sensación de vacío y la escrupulosidad. Hoy, alza la voz para apoyar a otros. La historia de Zuza Knez demuestra que incluso la crisis más difícil no tiene por qué ser el final, y que Dios puede encontrarse en el sufrimiento. Esta es su historia vital.

Con un gran vacío interior se encuentra con Dios 

“Mi relación con Dios ha cambiado mucho con el paso de los años. Vengo de una familia muy religiosa, así que la religión ha sido importante para mí desde la infancia. Siempre he tenido este deseo de estar cerca de Dios. Sentía un anhelo por Él en mi interior, que mi alma me impulsaba en esa dirección. Pero durante mucho tiempo, no entendí que la fe es una relación, no solo religiosidad. Sentía algo que me atraía, pero no sabía bien qué era. Cuando era adolescente, viví crisis más serias. Seguía yendo a la iglesia, pero a menudo lo hacía más por obligación que por convicción interior. Surgieron muchas preguntas, dudas e incertidumbres. Y fue entonces —paradójicamente, durante un tiempo de adversidad— cuando algo empezó a cambiar. Las experiencias difíciles me dieron espacio para profundizar. Para buscar a Dios de verdad, no solo por costumbre. Entonces empecé a experimentar su acción y su amor. Esta relación empezó a cobrar vida. Comprendí que no era algo añadido a la vida, sino la fuente de sentido. Hoy puedo decir que para mí Dios ya no es solo importante de nombre, sino que es realmente lo más importante”, cuenta a Misyjne

Su cambio vital de construir una relación con Dios “fue cuando tuve la primera experiencia de vacío interior. Atravesaba un momento difícil y sentía claramente que me faltaba algo. Que había un vacío interior que nada podía llenar. Fue entonces cuando Dios empezó a manifestarse de una forma diferente, más personal. No como una idea, ni como un conjunto de reglas, sino como Alguien real. El cambio de entorno también me ayudó muchísimo. Conocí a personas que vivían su fe de una manera auténtica. Empecé a conectar con comunidades, a participar en diversos eventos y a conocer gente para quienes la fe era la vida. Esto tuvo un gran impacto. En aquel momento, atravesaba una etapa muy difícil, sobre todo en mi segundo año de instituto. Luchaba contra la depresión, trastornos alimenticios y el trastorno obsesivo-compulsivo. Era una época agotadora mentalmente. Y, sin embargo, fue allí donde encontré a Dios de la forma más profunda. La terapia también me ayudó. Encontré una terapeuta que también era creyente. Durante nuestras conversaciones, nunca me impuso nada, sino que me ayudó a descubrir el sentido de la vida, a organizar la realidad y a encontrar a Dios en todo ello. Fue un proceso lleno de altibajos, pero fue entonces cuando la relación con Dios comenzó a hacerse real”.

Zuza Knez en las experiencias vitales de oscuridad y enfermedad pudo construir una profunda relación con Dios  / Foto: Archivo Zuza Knez 

“Un paso importantísimo fue cuando empecé a abrirme a los demás”

La cantautora durante ese difícil periodo asegura que “tuve momentos en que pensé que la vida no tenía sentido y me preguntaba si Dios existía. Cuando uno atraviesa la oscuridad, surgen pensamientos muy difíciles. Especialmente durante períodos de depresión severa, tuve momentos en que todo parecía carecer de sentido. También tuve pensamientos suicidas o de autolesión. Pero nunca actué. A pesar de todo el sufrimiento, sentía profundamente que la vida era un regalo. Que era algo sagrado. Esto me frenaba. En ese momento todavía estaba bastante perdida, incluso en mi fe, así que surgieron preguntas y dudas. Era natural. La enfermedad afecta la forma en que piensas, cómo percibes el mundo y tus emociones. Pero de repente, en un momento de crisis, recibí el regalo de la gratitud y un sentido de significado. Era algo que no podría haberme dado a mí misma. Comencé a ver que incluso este sufrimiento podía transformarme. Estaba agradecida no por el dolor en sí, sino porque Dios me guiaba a través del proceso que vivía. Que no me estaba arreglando de una vez por todas, sino transformándome en mi interior, en lo más profundo. Y hoy sé que fue un regalo tremendo. Pero al mismo tiempo, mi relación con Dios en ese momento también era difícil. Me convertí en escrupulosa, algo con lo que mi confesor me ayudó mucho más tarde a lidiar.

Zuza Knez explica con detalle cómo y cuándo fue consciente que algo en ella andaba mal: “No fue en un momento preciso, porque todo se desarrolló a lo largo de los años. Ya en sexto grado, comencé a experimentar problemas con el trastorno obsesivo-compulsivo. Esto me acompañaba de una ansiedad considerable. Más tarde, aparecieron síntomas depresivos. Ya al ​​final de la primaria y al comienzo de la secundaria, era evidente que algo me pasaba, también en lo que respecta a la alimentación y la autoimagen. Al principio, no podía identificarlo. Sentía que algo andaba mal, pero no sabía exactamente qué me sucedía. Recuerdo que intenté consultar con un psicólogo en ese entonces, pero aún no estaba preparada para una relación a largo plazo. Me aislaba y me decía a mí misma: ‘Quizás no sea nada grave’. No fue hasta mi segundo año de preparatoria que encontré terapia, casi por casualidad. Estaba pasando por momentos difíciles y una amiga me sugirió que probara la terapia. Fui y fue una de las mejores decisiones de mi vida. La terapia me ayudó a comprender lo que me sucedía. Pero un paso importantísimo fue cuando empecé a abrirme. Durante mucho tiempo, no le conté a nadie lo que me pasaba. Era ambiciosa, perfecta y todo parecía estar bien. Por fuera, todo se veía bien. Entonces empecé a contarles la verdad a mis amigos y familiares.  

Llegó un momento que tomó conciencia que lo que le pasaba era serio: “Tras una larga enfermedad, sufrí un episodio anoréxico muy grave. Fue el peor momento de mi vida, una experiencia límite. Mi cuerpo estaba completamente agotado, al igual que mi mente. Fue entonces cuando algo se rompió. Me sacudí y sentí la necesidad de luchar por mí misma. Mis padres tuvieron que intervenir porque la situación era muy grave. Volví a terapia, consulté con una psiconutricionista y comencé un tratamiento psiquiátrico. La experiencia con la medicación también fue muy importante para mí. Gracias a ella, comprendí que no se trataba solo de mi debilidad o falta de fuerza de voluntad, sino de un problema real con una dimensión biológica. De repente, el mundo empezó a verse más brillante. Me resultó más fácil levantarme, actuar y retomar mi vida cotidiana. Eso no significa que todo desapareciera de inmediato, pero había espacio para la recuperación.

Zuza Knez le gustaría formar una familia y que sus hijas la vean y se vean así mismas hijas del Rey: Hijas de Dios / Foto: Archivo Zuza Knez 

“Dios vivió conmigo la enfermedad”

Respecto a si culpaba a Dios de lo que sucedía comparte que “hubo momentos así. No en el sentido de acusar a Dios de ‘Tú me hiciste esto’, sino más bien en el de la incomprensión. Me preguntaba: ‘¿Por qué está pasando esto?’: ‘¿por qué está tardando tanto?’; ‘¿Qué sentido tiene todo esto?’. Era más ira, fruto de la impotencia, que rebelión contra Dios. No entendía el significado de este sufrimiento. Hoy lo veo de otra manera. No creo que Dios me enviara la enfermedad. Pero creo que Él la vivió conmigo y fue capaz de sacar algo bueno de ella”.

Zuza Knez habla de cómo está actualmente: “Hoy me encuentro en un lugar completamente diferente. Los trastornos alimenticios son un proceso del que se tarda mucho en recuperarse. Incluso cuando los síntomas remiten, quedan ciertas cicatrices, como patrones de pensamiento, reflejos y sensibilidades. No diría que sufro de anorexia o bulimia hoy en día. Ya no tengo los síntomas típicos. Pero sé que esta experiencia deja huella, y a veces vuelven los momentos difíciles, sobre todo en épocas de estrés o de mucha intensidad en la vida. Después de mi episodio anoréxico, recuperé peso e incluso lo subí. Esto puede ser difícil para mí porque todavía estoy aprendiendo a verme de forma saludable. Pero hoy me centro mucho más en cuidarme que en controlarme. También pienso en el futuro. Me gustaría tener hijas algún día, y quiero que, cuando me miren, vean a una mujer que conoce su valor como hija del Rey, y que ellas mismas se vean como hijas hermosas y valiosas del Rey: Dios.

Los episodios de escrupulosidad que se manifestaron en su fe dice que “para mí, estaban estrechamente relacionados con el trastorno obsesivo-compulsivo. Tenía pensamientos intrusivos y blasfemos sobre Dios, los santos y la fe. Eran completamente indeseados, pero cuanto más intentaba alejarlos, más volvían. Me hacía sentir como la peor persona del mundo. Pensaba que era terriblemente pecadora y sentía que esto me alejaba de Dios. Hubo momentos en que dejé de comulgar porque sentía que no era digna. Y a menudo, no se trataba de pecados, o solo de pecados veniales. También tenía un perfeccionismo moral enorme. Todo tenía que ser perfecto. Revisaba las cosas una y otra vez. Tenía miedo de cometer el más mínimo error. Confesarme era muy difícil en aquel entonces. Me confesaba durante mucho tiempo, analizaba los detalles y volvía a pensar en lo mismo. Solo un buen confesor me ayudó mucho. Gracias a él, empecé a comprender qué es realmente el pecado y qué es la enfermedad.

La música le acerca a Dios

Siguiendo el Instagram de Zuza Knez, ella explica que la música te acerca a Dios: “La música me ha acompañado desde la infancia. Siempre he cantado, tocado y creado. Experimenté con diferentes estilos, aprendí y busqué mi camino. En algún momento, me di cuenta de que quería que mi música tuviera significado. Empecé a escribir canciones, tocar la guitarra y crear mi propia música. Desde niña, también soñé con tener mi propio canal de YouTube. Con el tiempo, descubrí que la música cristiana es la que me aporta mayor significado. Esa que trae esperanza. Que puede convertirse en una oración. En uno de mis viajes, me acerqué a la gente por primera vez. La respuesta fue maravillosa. Cantaron conmigo, aprendieron las letras y oraron a través de las canciones. Fue una experiencia extraordinaria. Fue entonces cuando me di cuenta de que quería seguir este camino de forma más consciente. Empecé a grabar, publicar y desarrollarme. Hoy, la música es una herramienta para mí. Creo que Dios puede tocar corazones y ayudar a otros a través de ella”.

Zuza Knez desea vivir siempre en presencia de Dios / Foto: Archivo Zuza Knez 

Preguntada sobre qué se diría hoy así misma si estuviera deprimida, tuviera un trastorno alimenticio y sintiera que no tenía salida, ella responde: “Primero, me gustaría entenderme mejor. No con eslóganes, sino preguntándome: ‘¿Por qué estás aquí? ¿Qué te falta? ¿Qué te duele de verdad?’. Porque a menudo, debajo de los síntomas, hay una necesidad más profunda de amor, atención, seguridad, relaciones, una necesidad de ser valorada. También le diría a Zuza que no se rinda. Que se responsabilice de su proceso. Que permita que otras personas entren en su vida. También le diría que el mundo no gira en torno a su apariencia. Que a la gente le importa más quién eres que cómo te ves. Y que, aunque te desvíes del camino correcto muchas veces, lo más importante es volver a encarrilarte. No la perfección, sino volver a encarrilarte es la clave”.

Zuza Knez concluye explicando que desea para su futuro: “Lo que más deseo es fortalecer mi relación con Dios. Invitarlo cada vez más a mi vida diaria, aprender a confiar en Él, vivir consciente de su presencia. Sueño también con una familia basada no solo en la religiosidad, sino en una verdadera relación con Dios, en el amor, el respeto y el apoyo mutuo. Quiero seguir creando música. Aún no sé adónde me llevará, tal vez conciertos, conferencias, nuevos proyectos. Solo sé que quiero hacerlo para su gloria. Siento también que mi vocación es acompañar a las personas: hablar con ellas, brindarles apoyo y compañía. Por eso estoy considerando la enfermería. Trabajar con ancianos, personas con discapacidad y quienes reciben cuidados paliativos es algo que me toca muy de cerca. Me gustaría estar a su lado en los momentos difíciles, para brindarles paz, esperanza y compañía”.