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jueves, 13 de agosto de 2026

Goran Tomašević, olímpico de waterpolo: «Al terminar el Camino de Santiago entregué mi vida a Cristo; hablé con Dios y le dije: ‘Estoy listo; estoy a tu servicio. Puedo llevar lo que sea necesario para ti’»

Goran Tomašević, de 36 años, afirma que los momentos vividos durante el Camino fueron intensos. «Sentí que solo estábamos Dios y yo», recuerda. / Foto: Cortesía de Goran Tomašević - National Catholic Register

* «Una vez, vi a una niña corriendo hacia mí, desde la dirección opuesta. Y al pasar a mi lado, me dijo: ‘Hola, Jesús te ama’ y siguió corriendo, riendo. Era como si no fuera real, como si la hubiera imaginado. Y me eché a llorar. En otra ocasión, en un albergue una señora me agarró la cara antes de que me fuera y no paraba de repetir: 'Goran, solo tienes que confiar'»

Camino Católico.- Goran Tomašević, de 36 años y nacido en Croacia, había estudiado en Estados Unidos, representado a Australia en waterpolo masculino en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y desarrollado una exitosa carrera como vicepresidente de un grupo global de servicios financieros con sede en Sídney. Cuando oyó hablar por primera vez del Camino de Santiago, su vida se encontraba en un periodo de transición.

“Hubo un gran cambio en mi vida”, declara Tomašević al National Catholic Register. “Una relación importante llegó a su fin. Estuvimos juntos durante 10 años, estábamos comprometidos, vivíamos juntos, incluso teníamos un perro y una casa juntos, y todo terminó”.

Casi al mismo tiempo, también dejó atrás una carrera de diez años que había consumido la mayor parte de su vida adulta. «El trabajo me absorbía el 90% de mi tiempo», explica, «y sentía que solo estaba ayudando a que los ricos se hicieran más ricos». Al dejar su trabajo, dijo, «fue como un divorcio».

Lo que siguió fue un viaje de autodescubrimiento que lo llevó por distintos caminos, desde la psiquiatría hasta experiencias psicodélicas en Sudamérica. Escuchar cómo el Camino de Santiago había ayudado a su sobrina a encontrar la autoaceptación, el amor propio y la paz tras sus dificultades conmovió profundamente a Tomašević.

Como sabía que "prefería pasar tiempo con [su] enemigo que solo", según sus propias palabras, decidió emprender un viaje de cinco semanas desde Saint-Jean-Pied-de-Port hasta Santiago de Compostela, completamente solo.

Durante mucho tiempo había evitado las cargas que había soportado a lo largo de su vida sumergiéndose en el trabajo y el waterpolo. El viaje se convirtió en una oportunidad para afrontar esas dificultades. 

Goran Tomašević dice que todas las iglesias "eran muy accesibles", como la de la imagen / Foto: Bénédicte Cedergren - National Catholic Register

En las primeras etapas del Camino, cuando había menos gente, «me encontraba solo durante tres o cuatro horas en medio de la nada», dice Tomašević, recordando las llanuras desérticas de la Meseta. En esos momentos, comparte, «sentía que solo estábamos Dios y yo».

Criado en la fe católica en Croacia, Tomašević se había alejado de la Iglesia al sentir que la fe le era impuesta como parte de la cultura. «Pero a lo largo del Camino», comparte, «la cantidad de iglesias, cruces y sacerdotes... todo me pareció muy cercano. Todo se sentía muy afectuoso, como si dijera: "Estamos aquí si nos necesitas". Nada se sentía forzado. Se sentía muy amable». 

A través de las personas que conoció en su camino, Tomašević se transformó. Encontró a Dios no solo en sus historias de sufrimiento, esperanza y amor —desde batallas contra el cáncer y trastornos alimenticios hasta niños secuestrados y la pérdida de un cónyuge— sino incluso en los sencillos saludos de los transeúntes.

“Una vez, vi a una niña corriendo hacia mí, desde la dirección opuesta. Y al pasar a mi lado, me dijo: ‘Hola, Jesús te ama’ y siguió corriendo, riendo. Era como si no fuera real, como si la hubiera imaginado. Y me eché a llorar.”

“En otra ocasión, en un albergue”, recuerda, “una señora me agarró la cara antes de que me fuera y no paraba de repetir: 'Goran, solo tienes que confiar'”.

“La verdadera rendición se produjo al subir la montaña hacia O Cebreiro”, dice Tomašević. “Sabía que los últimos 7 kilómetros eran una subida empinada, y cuando llegó el momento, aceleré el paso. Hablé con Dios y le dije: ‘Estoy listo; estoy a tu servicio. Puedo llevar lo que sea necesario para ti’”.

Goran Tomašević, atleta olímpico, afirma haber experimentado muchos momentos de conexión con Dios durante el Camino de Santiago hasta entregarse a Cristo / Foto: Bénédicte Cedergren - National Catholic Register

El contraste entre su vida anterior y lo que vivió en el Camino de Santiago es radical. Durante años había evitado enfrentar sus heridas refugiándose en el deporte y el trabajo. El Camino lo obligó a detenerse, a escuchar y a abrirse a la fe.

"Sentí que Dios me reconocía", contó al recordar su llegada a la plaza de la Catedral de Santiago. "El sol se abrió paso entre las nubes, justo entre las dos torres, brillando directamente en mis ojos, y sentí como si Dios me dijera: 'Te veo. De ahora en adelante, estamos juntos'".

Ese momento, acompañado de lágrimas y temblores, selló su decisión: “Entregué mi vida a Cristo”.

La historia de Tomašević es singular porque muestra cómo incluso quienes han alcanzado la cima del éxito deportivo pueden descubrir un vacío interior. Su paso del waterpolo olímpico al Camino de Santiago simboliza un tránsito de la competición hacia la contemplación, de la búsqueda de medallas a la búsqueda de sentido.

Hoy, tras su experiencia, asiste con regularidad a misa y comparte su testimonio como un ejemplo de cómo el Camino puede ser un espacio de conversión y encuentro con Dios.

Para él, cada paso fue un acto de entrega, cada encuentro una revelación, y cada iglesia un recordatorio de que la fe puede ser cercana y acogedora.

Santa Clara de Asís y el camino de la pobreza – Película de Dibujos animados

Camino Católico.- ‘Santa Clara de Asís y el camino de la pobreza’, película de dibujos animados para niños de la serie “Mi familia católica” de EWTN.

Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Misa de hoy, jueves, Santos Ponciano e Hipólito, 13-8-2026

13 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Santa Misa de hoy, jueves de la 19ª semana del Tiempo Ordinario, Santos Ponciano, Papa, e Hipólito, presbítero, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, jueves, Santos Ponciano e Hipólito, 13-8-2026

13 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, jueves de la 19ª semana del Tiempo Ordinario, Santos Ponciano, Papa, e Hipólito, presbítero, presidida por el P. Heliodoro Mira, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Luminosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 13-8-2026

13 de agosto de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Luminosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, jueves, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 13/8/2026: «Hasta setenta veces siete» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 13 de agosto de 2026, jueves de la 19ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Mateo 18, 21—19,1:

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:

«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta:

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.

El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:

“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo:

“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo:

“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:

“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Adoración Eucarística con el P. Heliodoro Mira en la Basílica de la Concepción de Madrid, 13-8-2026

13 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. Heliodoro Mira, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Que Dios nos dé la gracia de perdonar de corazón, así como Él nos perdona cada día, y nos ayude a vivir siempre en paz y amor / Por P. Carlos García Malo

 


miércoles, 12 de agosto de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 12-8-2026: «Llamados a santificar el domingo con la celebración de la Eucaristía de manera presencial, atentos a la escucha de la Palabra y la comunión del Cuerpo de Cristo»

* «Para santificar el domingo es fundamental celebrar la Eucaristía. La escucha de la Palabra y la participación en el Cuerpo de Cristo implican, según los Padres conciliares, el convenire in unum (cf. SC, 106), es decir, la convocación festiva de los fieles. En dicha asamblea, la comunidad cristiana hace visible su comunión con el Señor y da testimonio de su pertenencia a Cristo y de su fidelidad a la Iglesia. Esta asamblea no puede sustituirse por una presencia meramente virtual, ni se reduce a una reunión meramente pasiva. La asamblea litúrgica se realiza, en efecto, en la participación activa de hermanos y hermanas, convocados juntos para que ‘den gracias a Dios, que los hizo renacer a la viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos’ (1Pe, 1,3)»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Deseo expresar mi cercanía a las hermanas y hermanos colombianos que sufrieron los efectos del reciente terremoto que causó numerosas víctimas y heridos, así como grandes daños materiales. Mientras ruego al Señor por el eterno descanso de los fallecidos, aseguro mis plegarias por sus familias y todos los que han sido golpeados por esta tragedia. Manifiesto mi gratitud a cuantos trabajan en las labores de rescate y de asistencia a los damnificados»

12 de agosto de 2026.- (Camino Católico).-  “El domingo ocupa un lugar preponderante en el año litúrgico y en cada semana, es ‘el día del Señor’, que estamos llamados a santificar con la celebración de la Eucaristía, reunidos de manera presencial en asamblea, atentos a la escucha de la Palabra y participando de la comunión del Cuerpo de Cristo” ha subrayado el Papa León XIV  en su catequesis de este miércoles, 12 de agosto, del año litúrgico, contenido en el quinto capítulo de la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, poniendo de relieve que a lo largo de los años, el ciclo de celebraciones cristianas se ha convertido en un modo de actualizar la obra de salvación de Cristo en la historia, de hacer visible la comunión de los creyentes con el Señor, de dar testimonio de su pertenencia a Cristo y de su fidelidad a la Iglesia.


El Papa, ante unos cinco mil fieles reunidos en la Basílica de San Pedro, ha abierto su reflexión recordando que el término de “año litúrgico” para definir la sucesión anual de las celebraciones cristianas se extendió en el lenguaje eclesial por el Siervo de Dios, el abad Prosper Guéranger, en el siglo XIX, y desde entonces, ha sido definido y explicado a lo largo de los magisterios pontificios. y ha explicado que “el año litúrgico propone así, de forma sacramental, la pedagogía de la historia de la salvación, guiando a los fieles desde la espera del Mesías hasta la plenitud del misterio pascual y la anticipación de la gloria futura. En él, la Iglesia celebra la actualidad salvífica del misterio de Cristo, permitiendo a los creyentes participar en él cada vez más profundamente”.



Al finalizar su saludo a los fieles españoles, León XIV ha manifestado su cercanía a “nuestros hermanos y hermanas colombianos que sufrieron las consecuencias del reciente terremoto, que causó numerosos fallecidos y heridos, así como cuantiosos daños materiales”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:


LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Basílica de San Pedro

Miércoles, 12 de agosto de 2026


Ciclo de catequesis – Los documentos del Concilio Vaticano II III. Constitución Sacrosanctum Concilium 6. El año litúrgico

Queridos hermanos y hermanas,

el quinto capítulo de la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium (SC) está dedicado al año litúrgico, tema sobre el cual hoy queremos deternos, para explicar su importancia en la vida de todo creyente.

En primer lugar, hay que recordar que esta manera de definir el ciclo de las celebraciones cristianas “año litúrgico” se extendió en el lenguaje eclesial gracias a la obra del Siervo de Dios, el abad Prosper Guéranger (1805-1875).

En la encíclica Mediator Dei, Papa Pio XII afirma que «no es una representación fría e inerte de cosas que pertenecen a tiempos pasados, ni un simple […] recuerdo de una edad pretérita. Más bien, el año litúrgico es Cristo mismo que persevera en su Iglesia y que prosigue aquel camino de inmensa misericordia que inició en esta vida mortal […] con el bondadosísimo fin de que las almas de los hombres se pongan en contacto con sus misterios y por ellos en cierto modo vivan; misterios que están presentes y obran constantemente» (III Divinum Officium et Annus Liturgicus, II Cyclus Mysteriorum). Por lo tanto, el año litúrgico debe entenderse como constante actualización de la obra de salvación que Cristo realiza en la historia. A lo largo de este ciclo temporal, la Iglesia permanece en contacto con la acción redentora del Señor, para que puedan los fieles llenarse de la gracia de la salvación (cf. SC, 102c). El encuentro con Jesús, que murió y resucitó por nosotros, es el fin que la Iglesia persigue siempre, situando en el centro de cada momento la celebración del acontecimiento pascual.

Por esta razón, los padres conciliares consideran «fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico» precisamente el domingo «el día de la fiesta primordial» (cf. SC, 106). En varios idiomas modernos, su nombre atestigua que es el “dies Domini”, “el día del Señor”. Incluso en aquellas lenguas en las que ha prevalecido la referencia al “día del sol” (Sunday, Sonntag), se vislumbra el vínculo con Cristo: ¡Cristo es el verdadero “sol de justicia” que ilumina a todo hombre!

San Juan Pablo II, en la Carta apostólica Dies Domini (31 de mayo de 1998), enseña que el domingo es el día del Señor, el día de la Iglesia, el día del hombre y, por último, “el día de los días”: «Al ser el domingo la Pascua semanal, en la que se recuerda y se hace presente el día en el cual Cristo resucitó de entre los muertos, es también el día que revela el sentido del tiempo. […] Brotando de la Resurrección, atraviesa los tiempos del hombre, los meses, los años, los siglos como una flecha recta que los penetra orientándolos hacia la segunda venida de Cristo. El domingo prefigura el día final, el de la Parusía» (n.75), cuando todos resucitaremos.

Para santificar el domingo es fundamental celebrar la Eucaristía. La escucha de la Palabra y la participación en el Cuerpo de Cristo implican, según los Padres conciliares, el convenire in unum (cf. SC, 106), es decir, la convocación festiva de los fieles. En dicha asamblea, la comunidad cristiana hace visible su comunión con el Señor y da testimonio de su pertenencia a Cristo y de su fidelidad a la Iglesia. Esta asamblea no puede sustituirse por una presencia meramente virtual, ni se reduce a una reunión meramente pasiva. La asamblea litúrgica se realiza, en efecto, en la participación activa de hermanos y hermanas, convocados juntos para que «den gracias a Dios, que los hizo renacer a la viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos (1Pe, 1,3)» (ibid.).

En este sentido, os animo a todos a crear las mejores condiciones posibles para que también puedan participar en la Santa Misa aquellos que los domingos no tienen la posibilidad de ausentarse del trabajo.

Queridos hermanos, el año litúrgico, marcado por los domingos, tiene una historia interesante, en la que se entrelazan la fe y la devoción de la Iglesia. De hecho, ya desde el siglo II d. C., a la celebración de la Pascua semanal se añadió la de la Pascua anual, «la máxima solemnidad» (SC, 102), que se extendía a lo que se denomina el «tiempo de gran alegría» de cincuenta días, que culminaba en Pentecostés y se preparaba mediante el tiempo de Cuaresma con su carácter penitencial (cf. SC, 109). El desarrollo del ciclo natalicio, que tuvo lugar posteriormente siguiendo el modelo del ciclo pascual, ha permitido revivir los misterios de la encarnación del Verbo de Dios, de su nacimiento y de su manifestación al mundo. La Iglesia ha incorporado además en los distintos tiempos la veneración de la Santísima Virgen María, «unida con lazo indisoluble a la obra salvífica del su Hijo» (SC, 103), y «el recuerdo de los mártires y de los demás santos […] cantan la perfecta alabanza a Dios en el cielo e interceden por nosotros» (SC, 104).

El año litúrgico propone así, de forma sacramental, la pedagogía de la historia de la salvación, guiando a los fieles desde la espera del Mesías hasta la plenitud del misterio pascual y la anticipación de la gloria futura. En él, la Iglesia celebra la actualidad salvífica del misterio de Cristo, permitiendo a los creyentes participar en él cada vez más profundamente. Por eso, el año litúrgico constituye el principio inspirador y el marco de referencia esencial de toda acción pastoral.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy he querido hablar del “año litúrgico”, para continuar nuestras catequesis sobre la Sacrosanctum Concilium. Como explicaba mi Predecesor, el Papa Pío XII, “el año litúrgico no es una representación de hechos del pasado, sino que es Cristo mismo, que nos quiere hacer participar de sus misterios, permanentemente presentes y operantes” (cf. Mediator Dei, 140). En otras palabras, es una actualización de la obra de salvación que Cristo realiza en la historia.

La finalidad de la Iglesia es que los fieles se encuentren con Cristo, poniendo al centro de cada momento la celebración del evento pascual. Por eso, el domingo ocupa un lugar preponderante en el año litúrgico y en cada semana, es “el día del Señor”, que estamos llamados a santificar con la celebración de la Eucaristía, reunidos de manera presencial en asamblea, atentos a la escucha de la Palabra y participando de la comunión del Cuerpo de Cristo.

Deseo expresar mi cercanía a las hermanas y hermanos colombianos que sufrieron los efectos del reciente terremoto que causó numerosas víctimas y heridos, así como grandes daños materiales. Mientras ruego al Señor por el eterno descanso de los fallecidos, aseguro mis plegarias por sus familias y todos los que han sido golpeados por esta tragedia. Manifiesto mi gratitud a cuantos trabajan en las labores de rescate y de asistencia a los damnificados.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidámosle a la Virgen María, quien llevó a Cristo en su seno, que interceda por nosotros para que, también como ella, podamos participar de los misterios de Cristo, especialmente en la celebración dominical de la Eucaristía.

Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Finalmente, mis pensamientos se dirigen a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. En pocos días celebraremos la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María. Me complace animarlos a orar constantemente a la Madre de Dios, siguiendo su ejemplo al abrazar plenamente la vocación a la cercanía con el Señor y a la preocupación por los demás.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV





Fotos: Vatican Media, 12-8-2026

Emilio Ferrando: «Llevaba 35 años alejado de Dios y tuve una vida de éxito, pero todo se desmoronó; era adicto a la cocaína e intenté suicidarme; mi cuñado me trajo a Medjugorje engañado, conocí a Dios y dejé la adicción»

Emilio Ferrando fue para tres días a Medjugorje y lleva viviendo allí ahora hace doce años y medio desde su conversión

* «El Señor lo encajó todo para que entrase en la iglesia de Santiago Apóstol en Medjugorje. Cuando lo hice, tras más de 20 años adicto, mi problema con las drogas se acabó de golpe: nunca tuve síndrome de abstinencia y el Señor me libró de la droga en ese mismo momento… Me encontré con un sacerdote croata que hablaba español y me acabé confesando con él. Fue mi resurrección: lo primero que hice al volver fue hacer las paces con mi familia, contarles mi problema y confesé que lo único en lo que pensaba era en volver: tenía que regresar solo»

Vídeo del testimonio de Emilio Ferrando en 2016 en H.M. Televisión  

Camino Católico.- Cuando Emilio Ferrando tenía 13 años, la muerte de su padre fue traumática para toda la familia. Se adentró precozmente "en un infierno" en el que la droga se apoderó de su vida durante décadas. Un día, iba a saltar por la ventana cuando su perro lo impidió. Pronto supo que Dios y la Virgen María querían devolverle a la vida. Él, doce años y medio después lo resume así: "Llevaba 35 años alejado de Dios. Tuve una vida de éxito, pero todo se desmoronó. Era adicto a la cocaína. Tuve un intento de suicidio. Mi cuñado me trajo a Medjugorje engañado”.

La muerte del padre y el alejamiento de Dios

Tenía 13 años y su padre, un prestigioso arquitecto, acababa de inaugurar la Obra Social de la Caixa, en Madrid. Era Navidad, y volvía junto a su familia en Valencia cuando tuvo un mortal accidente de tráfico.

"Mi vida cambió en cuestión de 1 segundo. Mi madre pasó de ser ama de casa con 42 años y 8 hijos a dirigir una empresa de más de 70 trabajadores. Su muerte fue traumática, no entendía nada. No es lo mismo que una enfermedad, que te da tiempo a despedirte de él. No lo acepté y saqué a Dios de mi vida y dejé de ir a misa", explica.

El hecho de que su colegio fuese católico no era obstáculo para que un verdadero alijo de drogas fuese una de las principales distracciones en la hora del descanso. "Con 14 años empecé a tener mis primeros flirteos con la droga, tenía una compañera de 15 que en vez de tomarse `el típico bocata se fumaba dos porros en media hora".

 Emilio Ferrando en la adolescencia cuando se alejó de Dios

La doble vida y la adicción

Emilio no tardó en seguir a su compañera. Empezó a fumar porros con ella, "iba a clase colocado" y todo empezó a complicarse. Eran los años 80, tiempos de la "ruta del bakalao" y la movida, y Emilio seguía en el colegio cuando empezó a experimentar con drogas químicas, mescalina y ácidos "para poder estar hasta 72 horas sin parar".

Cuando viajó a Nueva York, su "Sodoma y Gomorra particular", el joven se sumergió "en una vorágine de promiscuidad sexual" y drogas en la que el LSD la heroína y otras drogas psicodélicas eran parte de su día a día. "Al principio las utilizaba para divertirme pero llegado un momento, se apoderaron de mi vida", afirma.

Pero Emilio siempre pudo mantener "una doble vida" con su familia y un trabajo de éxito sin que se viesen afectados. "Tenía un cargo de responsabilidad en una multinacional americana, ganaba muchísimo dinero y compraba lo más caro", explica.

Ese puesto le permitía tener una vida "absolutamente superficial". Podía irse a Ibiza y gastar 6000 euros en un fin de semana, yendo a fiestas "con gente muy importante de Madrid donde todo el mundo consumía, daba igual del partido político que fuesen".

Pero la droga tuvo consecuencias. "Empecé a tener problemas de comunicación, dejé de salir y relacionarme, un camello me traía la droga a casa y me ponía `hasta las cejas´", admite.

El dinero también comenzó a ser un problema, ya que "si lo primero que haces al despertarte es meterte una raya y consumes 2 o 3 gramos al día, las consecuencias económicas son enormes".

Emilio aún podía compaginar su adicción con un buen nivel de vida cuando empezó a tener graves problemas de salud, contrajo hepatitis c y le tuvieron que ingresar sucesivamente en multitud de hospitales.

Emilio Ferrando con la imagen de la Virgen en Mejugorje

El desmoronamiento y el intento de suicidio 

En 2008, Emilio estaba cerca de tocar fondo. "Era la crisis, había dejado la multinacional y me costaba encontrar trabajo", explica.

Durante un tiempo pudo emprender y comenzar sus propios proyectos, pero los costes de su adicción comenzaban a ser insostenibles: "Empecé a tener problemas económicos, impagos de la hipoteca, el banco se me echó encima y perdí la casa. Estaba arruinado".

Emilio cuenta que en ese momento su vida no tenía ningún sentido, tenía a "todo el mundo encima" y la relación con su familia estaba prácticamente rota. Con el último dinero que le quedaba compró 5 gramos de cocaína y empezó "a esnifar una raya detrás de otra". Tenía que estar muy drogado para lo que iba a hacer.

Emilio abrió la ventana de su balcón, se preparó para coger carrerilla y lo único en lo que podía pensar era en el tiempo que iban a tardar en desatar a su mascota. "Cuando iba a lanzarme para suicidarme, mi perro empezó a ladrar, se puso delante de mí y me empujó hacia atrás sobre sus dos patas. Le abracé y entendí que Dios le había utilizado para que no lo hiciese", explica.

La transformación en Medjugorje

El mismo día, cuenta Emilio años después, su cuñado soñó que debía llevarle a Medjugorje y para lograrlo le ofreció un puesto en su empresa con la condición de que le acompañase.

"Siempre dije que fue un complot familiar en el que todos sabían a dónde iba menos yo, y cómo última esperanza de mi familia, decidieron enviarme a Medjugorje", comenta.

Nada más llegar, Emilio solo quería dar marcha atrás, volver a su casa y abandonar "aquel pueblo frío y oscuro, pero solo tenía 1 euro en el bolsillo y dependía completamente de mi cuñado".

Tras 25 años metido en las drogas, hostil a la fe desde grupos de extrema izquierda y abortistas y con "una vida precoz en todo", Emilio comenzó su viaje pensando que "era el peor caso para ir a Medjugorje".

Sin embargo, lo que ocurrió al llegar le mostró lo equivocado que estaba. "El Señor lo encajó todo para que entrase en la iglesia de Santiago Apóstol. Cuando lo hice, tras más de 20 años adicto, mi problema con las drogas se acabó de golpe: nunca tuve síndrome de abstinencia y el Señor me libró de la droga en ese mismo momento", relata.

Pasado el tiempo, Emilio cuenta que de no haberse confesado su vida no habría sido la misma. Pero entonces no lo sabía, y en un principio se negó a ponerse de rodillas tras 35 años de oscuridad y de pecado.

"Me encontré con un sacerdote croata que hablaba español y me acabé confesando con él", explica. "Fue mi resurrección: lo primero que hice al volver fue hacer las paces con mi familia, contarles mi problema y confesé que lo único en lo que pensaba era en volver: tenía que regresar solo", explica.

Pero esta vez volvería solo y sin límite de tiempo, y lo primero que hizo al volver fue visitar la estatua blanca de la virgen. "Me puse de rodillas y le dije: `Me han dicho que eres madre. Si eres madre de todos, también eres mi madre. No sé cómo encontrar sentido a mi vida ni cómo llegar a tu hijo, pero si eres madre me tienes que ayudar a llegar a tu hijo y conocerle´".

Sus palabras fueron escuchadas. Emilio comenzó a trabajar en la delegación de Radio María de Medjugorje y la Virgen le ayudó "a conocer a su hijo. Yo se lo pedí, ella lo ha hecho y me ha hecho un hombre nuevo", afirma.

Pasado el tiempo Emilio comenzó a organizar peregrinaciones para visitar el centro de apariciones, y una de sus conocidas le confesó que siempre ponía su ejemplo cuando le preguntaban por Medjugorje. "Cuando intento explicar qué es, enseño una foto tuya del primer día que viniste y otra con tu cara sonriente y tus ojos diferentes de los últimos días: eso es Medjugorje".

Emilio fue para tres días a Medjugorje. Doce años y medio después, continúa viviendo en la localidad bosnia, que es lugar de peregrinación de millones de católicos de todo el mundo. “No tenía ni idea de lo que era Medjugorje. Llevaba 35 años alejado de Dios y de la fe”, reconoce.