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jueves, 1 de octubre de 2026

Lizzetta Escalante: «Me alejé de Dios, pero ante una operación en la que podía morir oré: ‘Señor, todavía no te conozco lo suficiente como para vivir una eternidad contigo, no me lleves aún, déjame conocerte’»


Lizzetta Escalante evangelizando en Youtube 

* «El médico nos dijo tras la operación: ‘¿Ven esa herida aquí, que está como quemada? Eso lo debía hacer yo. Cuando el ovario salió, ya estaba cerrado, por eso no te moriste. Yo no creo en Dios, pero debo admitir que este no fui yo» 

Camino Católico.-   Solo tenemos una cosa asegurada en la vida: la muerte. Es un tema del que muchas personas temen hablar, incluso entre católicos. Pero es importante conversar sobre ello para tener una buena preparación hasta el fin de nuestras vidas. "Le dijo Jesús: 'Yo soy la resurrección (y la vida). El que cree en mí, aunque muera, vivirá'" (Jn 11, 25).

Lizzetta Escalante, laica consagrada de votos privados, evangelizadora y dirigente del apostolado Ruah, cuenta la historia de su conversión a Yohana Rodríguez en Aleteia; un momento en el que estuvo cerca la muerte.

Lizzetta Escalante / Foto: Cortesía de Lizzeta Escalante

Conociendo a Cristo

A pesar de que le presentaron a Jesús desde la infancia, ella no sentía la cercanía de un Dios amoroso, por lo que su acercamiento a las enseñanzas de la Iglesia no fue más allá de la preparación a los sacramentos. Así que ella, al no encontrar ejemplo en las personas o pensar que la Iglesia era un negocio (porque le cobraron una Misa de difunto), decidió alejarse y atacar la religión.

Lizzetta Escalante / Foto: Cortesía de Lizzeta Escalante

Un día, su madre le insistió asistir a una adoración:

“Me obligó a ponerme de rodillas delante del Santísimo, con una frase que me mató; '¿cómo es posible que yo tenga una hija de carne, con un corazón de piedra?'” 

Ese comentario le afectó porque, aunque ella era muy altruista, se dio cuenta de que nada de lo que hacía era por Dios. Estaba en una etapa de “encontronazos con Dios; no entendía cuál era el sentido de creer en Él”.

Al poco tiempo se fue a Estados Unidos, en lo que discernía cuál iba a ser su profesión. Al estar allá, se dio cuenta de que sentía una soledad y vacío tremendo que la llevó a una crisis existencial. 

Cuando regresó a su hogar, se dio cuenta de que sus amigas habían cambiado porque meses antes habían vivido un retiro espiritual. Se sentía tan fuera de lugar que, cuando le ofrecieron irse de misiones, aceptó.

Fue a esas misiones solo por seguirles la corriente, pero esta experiencia marcó el inicio de su nueva vida. Se encontró con un Dios tan grande que le enseñó la pobreza espiritual en la que estaba viviendo. Fue un encuentro muy profundo. Quien la conocía antes no podía creer lo que presenciaba. Comenzó a asistir a Misa, a dirección espiritual y formación. “Fue una radicalidad que no vino de mí, definitivamente, pero yo no entendía nada, fue una gracia”, comenta.

Lizzetta Escalante orando en Youtube 

Un paso cerca de la muerte

Una noche del 2012, mientras estudiaba para sus exámenes de la universidad, sintió un fuerte dolor en la pared abdominal.

“Me doblaba del dolor y me dieron muchas ganas de ir al baño. Y escuché en mi conciencia, un mandato muy fuerte, que yo creo que fue mi ángel de la guarda; ahora que vayas al baño, despierta tu mamá y que te acompañe. 

La desperté y cuando entramos al baño, me desmayé. Ella me agarró, y si mi mamá no hubiera estado, nadie en mi casa se entera y me hubiera desangrado”.

Lizzetta tuvo una rotura de quiste ovárico que causó un fuerte sangrado. Al llegar al hospital, el doctor la revisó y le dijo que tenía una peritonitis y que debían operar de urgencia. Y aunque todo se veía alarmante, ella sintió una paz y fortaleza, proveniente del Espíritu Santo.

El doctor le aseguró que este era un procedimiento que había realizado en muchas ocasiones y Liz preguntó: “¿cuántas han salido vivas”. Él respondió “varias”. Fue ahí cuando a Liz le cayó el peso de la situación; podía fallecer. Mientras hacía efecto la anestesia, hizo esta oración:

“Señor, yo todavía no te conozco lo suficiente como para vivir una eternidad contigo, no me lleves aún, déjame conocerte. Te prometo que si me das otra oportunidad, te voy a conocer”.

Ella era consciente de que vería a Dios, y le daba alegría; pero al mismo tiempo, le daba vergüenza porque ella sabía que desperdició su vida al no conocerlo. 

Lizzetta Escalante / Foto Cortesía de Lizzeta Escalante

Dios le permitió salir con éxito de la cirugía, pero lo que más le sorprendió fue cuando el doctor les enseñó un bote que contenía el ovario, y les dijo:

“¿Ven esa herida aquí, que está como quemada? Eso lo debía hacer yo. Cuando el ovario salió, ya estaba cerrado, por eso no te moriste (...) Yo no creo en Dios, pero debo admitir que este no fui yo”.

Fue una gran impresión para Lizzetta. Una curación que no tenía explicación. Los meses siguientes estuvo en recuperación y, en cuanto sintió mejoría, se dedicó al apostolado. Trabajó con niños diagnosticados con cáncer que le enseñaron una gran sensibilidad y un nuevo pensamiento:

“Yo no sé cuándo me voy a morir y no vivo con miedo a la muerte. Señor, te quiero conocer a tal grado, que cuando estemos juntos, no haya necesidad ni siquiera de que me cuentes de ti”.

Su vida se convirtió en una constante oración. Si antes se esforzaba en su vida de fe, ahora era mucho más dedicada. Sentía un llamado de Dios, de conocerlo más, de fortalecer la relación. Experimentó cómo Dios hablaba a su corazón. 

Ver la muerte de forma cristiana

Ella vive con una visión de la muerte cristiana, en donde hay paz, confianza y abandono en Dios. Convence a su mamá y amigas de que hay que dejarlo todo en manos de Dios, pues Él decidirá en qué momento está planeado el encuentro; y, al mismo tiempo, les recuerda que es bueno que desde este momento se preparen, conscientemente, de lo que mostrará al Señor cuando llegue el juicio.

Lizzetta Escalante con un grupo ejerciendo su ministerio / Foto Cortesía de Lizzeta Escalante

“La muerte le da sentido a la vida cristiana. Un cristiano que no espera la muerte como algo anhelado, ¿a qué se está preparando? Esta vida es para disfrutar y prepararse, para morir”.

Liz mencionó que es importante hablar con Jesús, tener una comunicación directa a través de la oración. No podemos esperar escuchar a Dios si no somos capaces de tener un encuentro con Él en nuestra vida diaria. 

Pero también es necesario recibir formación sobre nuestra fe; esta debe ser una de nuestras prioridades, porque quien no se interesa en su religión, “se está perdiendo de su mapa de cómo ser fiel”. Y la fidelidad es la puerta a la plenitud; aunque no siempre es fácil seguir el camino de Cristo, es lo único que nos llenará. El cielo ya está aquí si te lo propones.

"Esa experiencia de estar delante de Él, y no llegar con las manos vacías, es lo que más me tiene ilusionada, y por eso, me he consagrado".

Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Misa de hoy, jueves, santa Teresa del Niño Jesús, 1-10-2026

1 de octubre de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Santa Misa de hoy, jueves de la 26ª semana del Tiempo Ordinario, santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid. 

Santa Misa de hoy, jueves, santa Teresa del Niño Jesús, 1-10-2026

1 de octubre de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, jueves de la 26ª semana del Tiempo Ordinario, santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, presidida por el P. Heliodoro Mira, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Luminosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 1-10-2026

1 de octubre de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Luminosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, jueves, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

Palabra de Vida 1/10/2026: «Descansará sobre ellos vuestra paz» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 1 de octubre de 2026, jueves de la 26ª semana del Tiempo Ordinario, santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Lucas 10, 1-12:

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

Y les decía:

«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envié obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa». Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa.

Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: «El reino de Dios ha llegado a vosotros».

Pero si entráis en una ciudad y no os reciban, saliendo a sus plazas, decid: «Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado».

Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 1-10-2026

1 de octubre de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Oración a Santa Teresita del Niño Jesús para pedir su intercesión en cualquier necesidad y la gracia de la pureza de la mente y el corazón


Camino Católico.- Cada 1 de octubre celebramos a Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia y patrona de las misiones. Nació en la ciudad francesa de Alençon, el 2 de enero de 1873, sus padres ejemplares eran Luis Martin y Acelia María Guerin, ambos santos.

Teresa era la última de cinco hermanas - había tenido dos hermanos más, pero ambos habían fallecido - Tuvo una infancia muy feliz. Sentía gran admiración por sus padres: «No podría explicar lo mucho que amaba a papá, decía Teresa, todo en él me suscitaba admiración». Cuando sólo tenía cinco años, su madre murió, y se truncó bruscamente su felicidad de la infancia. Desde entonces, pesaría sobre ella una continua sombra de tristeza, a pesar de que la vida familiar siguió transcurriendo con mucho amor. Es educada por sus hermanas, especialmente por la segunda; y por su gran padre, quien supo inculcar una ternura materna y paterna a la vez. Con él aprendió a amar la naturaleza, a rezar y a amar y socorrer a los pobres. 

Cuando tenía nueve años, su hermana, que era para ella «su segunda mamá», entró como carmelita en el monasterio de la ciudad. Nuevamente Teresa sufrió mucho, pero, en su sufrimiento, adquirió la certeza de que ella también estaba llamada al Carmelo.

Durante su infancia siempre destacó por su gran capacidad para ser «especialmente» consecuente entre las cosas que creía o afirmaba y las decisiones que tomaba en la vida, en cualquier campo. Por ejemplo, si su padre desde lo alto de una escalera le decía: «Apártate, porque si me caigo te aplasto», ella se arrimaba a la escalera porque así, «si mi papá muere no tendré el dolor de verlo morir, sino que moriré con él»; o cuando se preparaba para la confesión, se preguntaba si «debía decir al sacerdote que lo amaba con todo el corazón, puesto que iba a hablar con el Señor, en la persona de él».

Cuando sólo tenía quince años, estaba convencida de su vocación: quería ir al Carmelo. Pero al ser menor de edad no se lo permitían. Entonces decidió peregrinar a Roma y pedírselo allí al Papa. Le rogó que le diera permiso para entrar en el Carmelo; el le dijo: «Entraréis, si Dios lo quiere. Tenía ‹dice Teresa‹ una expresión tan penetrante y convincente que se me grabó en el corazón».

En el Carmelo vivió dos misterios: la infancia de Jesús y su pasión. Por ello, solicitó llamarse sor Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Se ofreció a Dios como su instrumento. Trataba de renunciar a imaginar y pretender que la vida cristiana consistiera en una serie de grandes empresas, y de recorrer de buena gana y con buen ánimo «el camino del niño que se duerme sin miedo en los brazos de su padre».

A los 23 años enfermó de tuberculosis; murió un año más tarde en brazos de sus hermanas del Carmelo. En los últimos tiempos, mantuvo correspondencia con dos padres misioneros, uno de ellos enviado a Canadá, y el otro a China, y les acompañó constantemente con sus oraciones. Por eso, Pío XII quiso asociarla, en 1927, a san Francisco Javier como patrona de las misiones.  

En 1925 el Papa Pío XI la canonizó, y en 1927 la proclama después patrona universal de las misiones. La llamó «la estrella de mi pontificado», y definió como «un huracán de gloria» el movimiento universal de afecto y devoción que acompañó a esta joven carmelita.

En los últimos tiempos, mantuvo correspondencia con dos padres misioneros, uno de ellos enviado a Canadá, y el otro a China, y les acompañó constantemente con sus oraciones. Por eso, Pío XI quiso asociarla, en 1927, a san Francisco Javier como patrona de las misiones.

Proclamada "Doctora de la Iglesia" por el Papa Juan Pablo II el 19 de Octubre de 1997 (Día de las misiones). «Siempre he deseado, afirmó en su autobiografía Teresa de Lisieux, ser una santa, pero, por desgracia, siempre he constatado, cuando me he parangonado a los santos, que entre ellos y yo hay la misma diferencia que hay entre una montaña, cuya cima se pierde en el cielo, y el grano de arena pisoteado por los pies de los que pasan. En vez de desanimarme, me he dicho: el buen Dios no puede inspirar deseos irrealizables, por eso puedo, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad; llegar a ser más grande me es imposible, he de soportarme tal y como soy, con todas mis imperfecciones; sin embargo, quiero buscar el medio de ir al Cielo por un camino bien derecho, muy breve, un pequeño camino completamente nuevo. Quisiera yo también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección».

Recemos a Santa Teresita del Niño Jesús pidiendo su intercesión en cualquier necesidad y la gracia de la pureza de la mente y el corazón, con esta oración:

¡Santa Teresa del Niño Jesús! Durante tu corta vida en la tierra llegaste a ser espejo de pureza angélica, de amor fuerte como la muerte y de total abandono en manos de Dios. Ahora que gozas de las recompensas de tus virtudes, vuelve hacia mí tus ojos de misericordia, pues yo pongo toda mi confianza en ti.

Obtenme la gracia de guardar mi mente y corazón limpios como los tuyos, y que aborrezca sinceramente cuanto pueda de alguna manera empeñar la gloriosa virtud de la pureza, tan querida de nuestro Señor.

Encantadora rosa y reinecita, recuerda tus promesas de que jamás dejarías sin atender ninguna petición que te hiciera, que enviarías una lluvia de rosas y vendrías a la tierra para hacer el bien.

Con la confianza que me inspira tu poder ante el Sagrado Corazón imploro tu intercesión en mi provecho y me concedas esta gracia que yo tanto deseo (Mencione lo que desea).

Santa "Teresita", recuerda tu promesa de "hacer bien en la tierra" y que enviarías "lluvia de rosas" sobre quienes te invoquen. Obtenme de Dios las gracias que quiero de su infinita bondad. Que yo experimente el poder de tus oraciones en cualquier necesidad.

Consuélame en todas las amarguras de la vida presente, en especial cuando me llegue la hora de la muerte, para que yo sea digno de tener parte en la felicidad eterna de que tú disfrutas en el cielo. Amén.

Padre celestial, por medio de Santa Teresa del Niño Jesús, quieres recordar al mundo el amor misericordioso que llena tu Corazón y que pongamos en Él nuestra confianza como los niños en sus padres. Humildemente te damos gracias por haber coronado de tanta gloria a tu hija Teresa, siempre fiel, y por haberle dado el admirable poder de acercar a ti día tras día innumerables almas que te alaben eternamente.

¡Oh Señor! Tú dijiste: "Si no.....vuelven a ser como niños no podrán entrar en el Reino de los Cielos" (Mt 18,3). Concédenos, te rogamos, seguir las huellas de tu virgen Teresa con humildad y pureza de intención para que podamos alcanzar los premios eternos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.



Leamos la Palabra de Dios para encontrar en ella luz para nuestro camino y consuelo para nuestro corazón / Por P. Carlos García Malo

 


miércoles, 30 de septiembre de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 30-9-2026: «Lo vivido en Francia ha sido un gran don para mí con personas que aman a Jesús porque han sido amadas por Él y desean anunciar ese amor a todos, ‘para que el mundo tenga vida’»

* «En Lourdes el Señor, a través del cuidado maternal de la Virgen María, comunica a todos, peregrinos y especialmente a enfermos en el cuerpo y en el espíritu, un mensaje de esperanza y de renacimiento. Un mensaje que he querido relanzar abiertamente: toda vida humana, de cualquier condición, también en la fragilidad más grave, conserva la propia dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada, aliviada del sufrimiento con la compasión humana y con el auxilio de los medios que ofrece la ciencia. Por eso, Lourdes representa para todo el mundo un santuario de la civilización del amor. En este contexto encontré a algunas personas víctimas de abusos y les pedí que me ayudaran a expresar también a otras víctimas mi voluntad y la de toda la Iglesia de escuchar y caminar con ellos mientras buscan la sanación, reconociendo el dolor causado en sus vidas y trabajando por la prevención de los abusos»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Dirijo ahora un llamamiento por la región del Tigray, en Etiopia: Estoy siguiendo con profunda consternación la situación en el Tigray y en las regiones vecinas de Afar y Amhara, donde han vuelto a estallar las hostilidades. Dirijo mi más sentido llamamiento a todas las partes para que elijan el camino del diálogo. El conflicto armado nunca soluciona los problemas, sino que solo los agrava, dejando a su paso una estela de muerte, destrucción y resentimiento. Solo un compromiso sincero puede sentar las bases para una paz duradera. Espero con ferviente esperanza que la comunidad internacional ofrezca su generosa y oportuna contribución, para asegurar que se preste toda la ayuda humanitaria a quienes la necesitan»


30 de septiembre de 2026.- (Camino Católico).-  “Hoy quiero hablarles del Viaje apostólico a Francia que he realizado en los días pasados. Ha sido un gran don para mí y para el pueblo de  Dios en ese país, y doy gracias al Señor. Es interesante poner en paralelo la celebración de las Vísperas en la Catedral con la Vigilia de los jóvenes que tuvo lugar esa misma noche en el gran Estadio de Francia en París. Dos lugares completamente diversos y sin embargo, dos eventos complementarios, casi unidos espiritualmente. ¿Qué les unía? La Iglesia, que no está hecha de piedras o de cemento, sino de personas que aman a Jesucristo porque han sido amadas por Él”, ha dicho el Papa León XIV en su catequesis durante la Audiencia general que ha presidido en la mañana de este miércoles, 30 de septiembre, en la Plaza de San Pedro, ante decenas de miles de fieles.

“La sinergia en pro del bien común debería ser el estilo normal de las instituciones, de las fuerzas políticas y sociales, de cuantos tienen responsabilidades civiles y económicas. Es el mensaje que he querido transmitir a las autoridades francesas, así como a los miembros de la UNESCO”, indicando que “el criterio fundamental sobre el que basar esa colaboración” es “la dignidad de la persona humana”, reitera el Papa.

“Y por eso, era natural y correcto que después de París me dirigiera como peregrino a Lourdes, a venerar a la Madre de la Iglesia, María, aquella que en la hora de la pasión y de la muerte mantiene encendida la lámpara de la fe y de la esperanza”, dice el Papa, quien subraya que, en Lourdes, “el Señor, a través del cuidado maternal de la Virgen María, comunica a todos, peregrinos y especialmente a enfermos en el cuerpo y en el espíritu, un mensaje de esperanza y de renacimiento”.



Antes de concluir la Audiencia General, el Papa León XIV ha realizado un apremiante llamamiento en favor de la región de Tigray en Etiopia: “Solo un diálogo honesto puede sentar las bases de una paz duradera. Espero fervientemente que la comunidad internacional ofrezca su generosa y oportuna contribución para garantizar que toda la ayuda humanitaria llegue a quienes la necesitan”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 30 de septiembre de 2026


Catequesis - Viaje apostólico a Francia y visita a la UNESCO 


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quiero hablaros del Viaje apostólico a Francia que he realizado estos últimos días. Ha sido un gran regalo para mí y para el pueblo de  Dios en ese país, y doy gracias al Señor. Expreso de nuevo mi gratitud a todos los que me han acogido, Autoridades civiles y pastorales de la Iglesia y a todos aquellos - han sido muchos - que quisieron encontrar al Papa o simplemente saludarlo por las calles, como apóstol de Cristo y mensajero de paz. ¡Gracias a todos!

Quisiera recoger los pensamientos y las impresiones - todavía muy vivas - de esta Visita pastoral en torno a un único gran símbolo: la Catedral de Notre-Dame de París. Allí, el primer día por la tarde celebramos las Vísperas de la Beata Virgen María, una liturgia solemne y al mismo tiempo festiva, en la que la música, el canto y la belleza del templo hacían vibrar a los corazones unidos en la oración.

Precisamente Notre-Dame, con el drama que ha vivido, puede iluminar simbólicamente todo este Viaje apostólico, ofreciendo una clave de lectura que resumiría en una palabra: renacimiento.

La Catedral de París, que hace solo siete años parecía herida de muerte por un enorme incendio, ahora está reconstruida y luce más esplendorosa que nunca. Aquel desastre provocó una reacción positiva a todos los niveles, algunos más visibles y prácticos y otros más escondidos, de orden espiritual.

Su restauración fue una prueba de la posible colaboración entre Iglesia, Estado, instituciones públicas y sociedad civil. Esta dinámica ha permitido aprovechar al máximo tanto la generosidad de los benefactores como las competencias de los profesionales y los artesanos. La sinergia en pro del bien común debería ser el estilo normal de las instituciones, de las fuerzas políticas y sociales, de cuantos tienen responsabilidades civiles y económicas. Es el mensaje que he querido transmitir a las autoridades francesas, así como a los miembros de la UNESCO, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura que tiene sede en París, indicando cuál es el criterio fundamental sobre el que basar esa colaboración: la dignidad de la persona humana.

Pero sobre todo, Notre-Dame es imagen de la Iglesia de piedras vivas, del pueblo santo de Dios. Es interesante poner en paralelo la celebración de las Vísperas en la Catedral con la Vigilia de los jóvenes que tuvo lugar esa misma noche en el gran Estadio de Francia en París. Dos lugares completamente diversos y sin embargo, dos eventos complementarios, casi unidos espiritualmente. ¿Qué les unía? La Iglesia, que no está hecha de piedras o de cemento, sino de personas que aman a Jesucristo porque han sido amadas por Él. En Notre-Dame estaban los sacerdotes y los conos, las personas consagradas, los operadores pastorales; en el estadio estaba la nueva generación francesa: nueva - diría - no solo por la edad, sino más aún por su espíritu, por la libertad de corazón y de fe. Jóvenes que cantaron, gritaron, pero que también se quedaron en silencio, en escucha. Rostros atentos y conmovidos, que manifestaban corazones deseosos de verdad y de amor. A ellos les dije con alegría: ¡Vosotros sois los santos de Francia! Esa Vigilia fue una gran señal de esperanza.

Así como lo fue - en la pequeñez que Dios prefiere - también el encuentro en la Maison Bakhita, casa de acogida para distintas personas en dificultad: uno de los muchos lugares, frutos del Evangelio, en los que se trabaja a diario para servir con amor a la dignidad de la persona humana.

Sin embargo, en la Iglesia en Francia hay una señal de renacimiento que perdura desde algunos años, es decir, el notable y creciente número de jóvenes y adultos que piden el Bautismo. Ante esta hermosa sorpresa de Dios se está celebrando en París una Asamblea sinodal provincial, en la que he podido intervenir, animando el camino de los catecúmenos y de los neófitos, junto a las comunidades a las que pertenecen.

El evento culminante de mi visita a la capital fue la Misa en la Place de la Concorde. Allí, la señal del renacimiento apareció de modo sorprendente: la asamblea litúrgica, que reunía a sacerdotes, el coro y una notable multitud en la vasta plaza, se extendía por toda la Avenue des Champs Élysées hasta el Arco del Triunfo y más allá. En el momento de la Comunión todos pudieron acercarse a la Eucaristía, que se distribuía por todas partes. He aquí la verdadera reconstrucción, la restauración de la Iglesia que solo Dios puede hacer, por intercesión de la Virgen María.

Y por eso, era natural y correcto que después de París me dirigiera como peregrino a Lourdes, a venerar a la Madre de la Iglesia, María, aquella que en la hora de la pasión y de la muerte mantiene encendida la lámpara de la fe y de la esperanza. En Lourdes el Señor, a través del cuidado maternal de la Virgen María, comunica a todos, peregrinos y especialmente a enfermos en el cuerpo y en el espíritu, un mensaje de esperanza y de renacimiento. Un mensaje que he querido relanzar abiertamente: toda vida humana, de cualquier condición, también en la fragilidad más grave, conserva la propia dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada, aliviada del sufrimiento con la compasión humana y con el auxilio de los medios que ofrece la ciencia. Por eso, Lourdes representa para todo el mundo un santuario de la civilización del amor. En este contexto encontré a algunas personas víctimas de abusos y les pedí que me ayudaran a expresar también a otras víctimas mi voluntad y la de toda la Iglesia de escuchar y caminar con ellos mientras buscan la sanación, reconociendo el dolor causado en sus vidas y trabajando por la prevención de los abusos.

La tercera y última etapa del Viaje apostólico fue la ciudad de Metz, en una región de Francia y de Europa martirizada por la Segunda Guerra Mundial. Allí operó Robert Schuman, uno de los principales inspiradores del proceso de unificación europea. La Europa contemporánea nació precisamente como proyecto de paz después de la destrucción de la guerra. Podemos decir que lo que sucedió en Notre-Dame de París con el incendio sucedió en Europa con la Segunda Guerra Mundial. Y Europa renació, sobre la base de aquellos principios de democracia, solidaridad y fraternidad entre los pueblos que deben mucho a sus raíces cristianas. También hoy, sobre esos cimientos y con esa fuerza vital, el proyecto europeo puede renovarse, de un modo mucho más globalizado, donde el diálogo interreligioso desempeña un papel de importancia primaria. Por eso, en Metz encontré a los representantes de las diferentes tradiciones religiosas, quienes leyeron y firmaron en mi presencia el llamamiento de Metz por el diálogo y la paz.

Queridos hermanos, el tema de mi Visita pastoral a Francia ha sido Pour que le monde ait la vie, Para que el mundo tenga vida (cf. Jn 6, 51). Son palabras de Jesús, que resumen toda su misión de salvación y que, durante el Viaje, expresaban en plenitud el sentido evangélico de cada encuentro. Ahora, estas expresan nuestra oración, al pedir a Dios que este evento de gracia dé frutos abundantes y duraderos.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy deseo compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el Viaje Apostólico a Francia que he realizado en los días pasados. Lo vivido ha sido un gran don para mí y para el Pueblo de Dios que peregrina en ese país. Agradezco a todos los que lo han hecho posible: a las autoridades civiles y eclesiásticas, y a tantas personas que se han sumado a cada uno de los eventos y han salido a las calles a encontrarse con el Papa y a manifestar la alegría de la fe. ¡Gracias a todos!

Quisiera resumir mis vivencias en un único gran símbolo: la Catedral de Notre-Dame de París. Un templo destruido hace siete años por un incendio, hoy es signo de renacimiento. Esta es una imagen de la Iglesia edificada con piedras vivas, es decir, de personas que aman a Jesús porque han sido amadas por Él y desean anunciar ese amor a todos, “para que el mundo tenga vida” (cf. Jn 6,51). Esta es la reconstrucción de la Iglesia que sólo Dios puede llevar a cabo.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Señor, por intercesión de Nuestra Señora de Lourdes, que mantenga encendida en nosotros la lámpara de la fe, la esperanza y la caridad, y que seamos uno en Cristo, para que el mundo pueda creer en Él. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Dirijo ahora un llamamiento por la región del Tigray, en Etiopia: Estoy siguiendo con profunda consternación la situación en el Tigray y en las regiones vecinas de Afar y Amhara, donde han vuelto a estallar las hostilidades. Dirijo mi más sentido llamamiento a todas las partes para que elijan el camino del diálogo. El conflicto armado nunca soluciona los problemas, sino que solo los agrava, dejando a su paso una estela de muerte, destrucción y resentimiento. Solo un compromiso sincero puede sentar las bases para una paz duradera.

Espero con ferviente esperanza que la comunidad internacional ofrezca su generosa y oportuna contribución, para asegurar que se preste toda la ayuda humanitaria a quienes la necesitan.

El domingo pasado, en Bolonia, fueron beatificados tres sacerdotes mártires: Ubaldo Marchioni (sacerdote diocesano), Elia Comini (salesiano) y Martino Capelli (dehoniano). Fueron asesinados en 1944 —durante una fase dramática de la Segunda Guerra Mundial— debido al desprecio de las tropas nazis hacia su ministerio con los feligreses. El sacrificio supremo realizado por estos ministros de Dios muestra a los cristianos de hoy la valentía de acercarse a sus hermanos y hermanas, especialmente en los momentos de prueba.

Por último, mi pensamiento se dirige a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Que el mes de octubre, que comienza mañana, sea una oportunidad para rezar el Santo Rosario, dedicándolo en particular al fin de las guerras y a alcanzar la paz.

Mi bendición para todos ustedes.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 30-9-2026