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domingo, 6 de abril de 2025

Fouad Hassoun: «El Señor me ha llamado a lo más grande, a amar y perdonar al terrorista que me había arrancado los ojos»


Fouad Hassoun perdió los ojos en un atentado con coche bomba en Beirut. Gracias a la Virgen ha podido perdonar, rezar y amar al terrorista que se lo causó

* «Una vez más fue la Virgen María la que vino en mi ayuda e hizo que cayeran las escamas de mis ojos. Tras intensas súplicas –explica Fouad- sentí que este ‘sí, quiero perdonar’ surgió en mí. Este camino se me abrió. Y día tras día vi crecer en mí este perdón. El conflicto ya no formaba parte de mi vida sino que estaba comenzando a construir una vida en paz» 

Camino Católico.- El 21 de enero de 1986 un brutal atentado con un coche bomba cargado con 250 kilos de explosivos en la zona cristiana de Beirut provocó el caos y un reguero de muerte. Un total de 30 personas fallecieron y 120 resultaron heridas de gravedad. Fue tal la fuerza de la explosión que cuatro edificios y decenas de automóviles quedaron completamente destrozados.

Uno de los que resultó gravemente herido fue Fouad Hassoun, un jovencísimo católico, brillante estudiante de Medicina que soñaba con ser oftalmólogo. En un momento dado se asomó a la ventana de su casa cuando justo enfrente explotó la bomba. Ahí perdió sus ojos para siempre.


De lo poco que recuerda de aquel momento antes de perder el conocimiento fue invocar a la Virgen María. “Pensé que me estaba muriendo y grité: ¡Oh, Santísima Virgen, no quiero morir!”. Más de tres décadas después cuenta esta experiencia de sufrimiento, fe y sobre todo perdón en el libro J'ai pardonné : témoignage.


Sus padres, católicos maronitas, le habían enseñado desde niño a rezar a la Virgen. Y así lo hizo hasta el borde de la muerte, tanto que relata a Famille Chretienne que “pensaron que estaba muerto y me llevaron a la morgue”. Fue un primo suyo que recorrió todos los hospitales buscándole el que detectó un pequeño movimiento en su cuerpo y convenció a los médicos en medio del caos de que estaba vivo.



Fouad Hassoun rezó a la Virgen María en el momento del atentado

Hassoun se despertó ya en el hospital. Tenía los ojos tapados, vendas por todo el cuerpo así como cientos de puntos de sutura. “Cuando me desperté en mi cama del hospital no podía ver nada. Estaba rodeado de todos mis familiares que lamentaban mi suerte”, recuerda.


Pasaron unas semanas antes de que fuera consciente que el problema en sus ojos era muy grave y que necesitaría cirugía. El esperaba un milagro para recuperar la vista, aunque el verdadero milagro era que estuviera vivo, algo que tardó más tiempo en comprender.


Tras varios intentos, e incluso en el extranjero, Fouad asegura que otra bomba le estalló en la cara. Se confirmó que nunca más volvería a ver. Apenas había llegado a la mayoría de edad y se había quedado ciego esfumándose así su sueño de ser médico oftalmólogo.



“Estaba ciego, esto fue un gran impacto. Me preguntaba por qué el Señor permitía esto”, relata este católico libanés.


Entonces apareció en él algo que le acompañaría durante un tiempo. Recuerda que “un tremendo sentimiento de ira y odio me invadió. Una nueva bomba acaba de explotar de nuevo. Quería vengarme y matar al que había puesto la bomba”.


Fouad Hassoun se acabaría mudando a Francia, donde conoció a Laetitia, su futura esposa y madre de sus cuatro hijos. Junto a ella y con la ayuda de nuevo de la Virgen comenzó un nuevo proceso de curación, pero esta vez no eran sus ojos sino su corazón lo que debía sanarse del odio que acumulaba.


“Una vez más fue la Virgen María la que vino en mi ayuda e hizo que cayeran las escamas de mis ojos”, afirma este católico. Y el punto de inflexión se produjo cuando se enteró de que el autor de aquel atentado había sido detenido. En ese momento, el Señor intervino y un pasaje del Evangelio de San Juan se repetía una y otra vez en su interior: “¿Me amas? Sí, Señor, sí te amo”.


Finalmente, este proceso vivió el paso definitivo en 1988, durante un retiro en la Abadía de Notre Dame des Neiges. “Tras intensas súplicas –explica Fouad- sentí que este ‘sí, quiero perdonar’ surgió en mí. Este camino se me abrió. Y día tras día vi crecer en mí este perdón. El conflicto ya no formaba parte de mi vida sino que estaba comenzando a construir una vida en paz”.


Desde ese momento, el perdón no le ha abandonado nunca, sino que lo guió “hacia la locura del amor”. “El Señor me llamó a lo más grande, a amar al que más daño me había hecho y al que me había arrancado los ojos”. Este católico pudo perdonar e incluso ha llegado a amar al terrorista, rezando todos los días por él. Y esto –asegura- le ha transformado el corazón.



Fouad Hassoun junto a su esposa Laetitia

Hace algún tiempo Fouad Hassoun también ofrecía en La Vie desde su propia experiencia cinco pequeños consejos para perdonar:


1. No esperes nada a cambio


El perdón es un “regalo total", tal y como se extrae de su origen. El perdón debe darse libremente. La imagen del hijo pródigo en los brazos de su padre es importante para comprender su esencia. Se da sin condiciones, es la fiesta. Debe proporcionarnos esta felicidad absoluta. No se entrega en el enfrentamiento: “Doy un paso si tú también das”. El perdón no es una moneda de cambio, es una dinámica para lograr la paz. El perdón es gratis, pero vale mucho.


2. Perdona todos los días


El perdón se aplica a las cosas grandes y pequeñas. No esperes a perdonar a alguien que te arranque los ojos o te atropelle. Incluso en la vida cotidiana, el perdón no es un acto trivial. Puede ser diario, administrarse varias veces al día, nunca es inofensivo. Es algo muy importante, nos lo mostró Cristo durante su Pasión: “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen".


3. Cambia tu mirada hacia el otro

Recuerda la mirada de Jesús hacia el joven rico: “Él lo miró y lo amó”. Para estar listo para perdonar debes preguntarte por qué el otro hizo lo que hizo. El mal sigue siendo malvado, pero el perdón nos aleja de la indiferencia, nos hace preocuparnos por los demás. El perdón sin respeto es condescendencia. El perdón con respeto es justicia.


4. Cree en ti mismo

El perdón no es solo un requisito cristiano, está en la naturaleza del hombre, como la risa y las lágrimas. Cualquiera puede hacerlo, solo tienes que creerlo.


5. Expresa tu perdón


Está la voluntad de perdonar y está el acto. Ambos son buenos, pero no puedes ceñirte a la fuerza de voluntad. Tienes que ir al otro lado. Cada uno lo expresa como lo siente, con una palabra, con una mirada. A veces, incluso la situación exige que se exprese en silencio. Pero el perdón debe expresarse y, si es posible, debe expresarse a la persona involucrada.


Publicado originariamente en Camino Católico en diciembre de 2020

José Manuel y Mila, matrimonio con 7 hijos: «Nunca nos ha faltado nada, Dios siempre nos ha provisto, no se deja ganar en generosidad; no hemos perdido la vida por casarnos jóvenes y tener hijos, la hemos ganado»


José Manuel y Mila con sus 7 hijos / Foto: Revista Encuentros

* «No tiene sentido eso de ‘voy a probar a ver si funciona, Si realmente amas a alguien y lo tienes claro, entrégate por completo. No a medias, sin condiciones. Hoy en día todo se mide en términos de placer y comodidad. Pero la verdadera plenitud está en el sacrificio, en darse por los demás. Mira a la Madre Teresa de Calcuta, cómo estaba de desgastada y cuánto amaba. Amar es gastar la vida en algo que valga la pena. No tengas miedo a gastar tu vida en lo que realmente importa» 

Camino Católico.- En esta ocasión, traemos un bello y esperanzador testimonio de un matrimonio español, de Madrid. Ellos se llaman José Manuel y Mila y han tenido la valentía de exponer algunos aspectos de su vida, para compartir con el mundo la alegría del sacramento del matrimonio.

Cuando se casaron, tenían 20 y 19 años respectivamente. En una sociedad donde el compromiso se posterga cada vez más y la estabilidad parece una meta lejana, su decisión parecía una auténtica locura. 

Hoy, once años después, con siete hijos y una vida compartida cimentada en Jesucristo y su Iglesia, el amor y la entrega, su historia es un testimonio del que estamos seguros va a ayudar a muchas personas a confiar más en Dios .

Amor sin pruebas, entrega sin reservas 

Algo que muchos no entienden, es cómo pudieron casarse tan jóvenes, sin haber "probado" otras opciones de vida. Uno de nuestros protagonistas, José Manuel, recuerda las preguntas que le hacían en su entorno: “Pero, ¿estás seguro? ¿Cómo sabes que es la mujer de tu vida si no has estado con otras?”. 

Su respuesta fue siempre clara: “No necesito probar a todas las mujeres del mundo para saber que ella es la que Dios ha puesto en mi camino”, explica a la Revista Encuentros

Su noviazgo, que duró cuatro años, fue un tiempo de conocimiento profundo, de conversaciones interminables y, sobre todo, de construir un amor cimentado en la fe. Ambos recuerdan con cariño esa etapa en la que pronto descubrieron sus diferencias. “Pensábamos igual en muchas cosas, pero luego te das cuenta de que somos totalmente distintos”, confiesa Mila entre risas.

Sin embargo, la clave para ellos no estaba en la compatibilidad perfecta, sino en el compromiso de amarse y respetarse en sus diferencias. 

Durante el noviazgo tomaron la decisión de vivir la castidad, para poder entregarse completamente el uno al otro en el matrimonio. “No tiene sentido eso de ‘voy a probar a ver si funciona”, señala José Manuel. “Si realmente amas a alguien y lo tienes claro, entrégate por completo. No a medias, sin condiciones”.

6 de los hijos de José Manuel y Mila / Foto: Revista Encuentros

Compromiso, lo que el mundo necesita

Hoy en día, muchas parejas se asustan del compromiso, de cualquier tipo, pero especialmente el de para toda la vida, lo ven como una pérdida de libertad.

Para José y Mila, sin embargo, ha sido todo lo contrario: “Lo bonito es decidirte por alguien y entregarte sin reservas. Eso es la verdadera libertad”.

Para ellos, la clave está en entender que el amor no es solo un sentimiento pasajero, sino una decisión diaria. Y eso lo ven en su entorno. “Muchos amigos nuestros siguen con sus parejas de siempre, pero no terminan de dar el paso porque tienen miedo. Y ese miedo les impide crecer”.

La cultura del ya habrá tiempo y del no estoy preparado, los mantiene en una especie de limbo emocional. “Nadie está preparado del todo”, dice Mila con una sonrisa. “Pero la vida no se trata de esperar a estar listo, sino de lanzarse con confianza”.

¡Ya tienen 7 hijos!

Quizá lo más llamativo de su historia es su apertura a la vida. Siete hijos en once años pueden parecer un desafío inabarcable para muchos.

Pero es que, para ellos cada hijo ha sido un regalo. “Yo siempre quise tener varios, pero una cosa es la teoría y otra la práctica”, admite. Mila entre risas. “Cuando llegan, la familia entera se adapta”.

En un mundo donde tener hijos es visto como un sacrificio que impide la realización personal, este joven matrimonio defiende todo lo contrario: “Nosotros no hemos perdido la vida por casarnos jóvenes y tener hijos, la hemos ganado”, dice José. “No nos hemos quedado sin viajar ni sin vivir experiencias. Porque este es el mejor viaje que hay”. 

A lo largo de los años han recibido miradas de asombro e incluso de crítica. “Cuando teníamos cuatro hijos, alguien me dijo: “¿Pero además estás casado?” como si fuera algo aún más raro”, cuenta José Manuel.

Pero más allá de las opiniones ajenas, ellos tienen claro que lo que han construido tiene un valor incalculable.

José Manuel y Mila con 6 de sus hijos / Foto: Revista Encuentros

Pongamos toda nuestra confianza en Dios 

Uno de los grandes frenos a la familia hoy en día es el factor económico. “No voy a tener hijos hasta que tenga estabilidad, dos trabajos, una casa pagada, un coche y un iWatch”, ironiza José. Pero en su experiencia, la seguridad no llega antes de lanzarse, sino después: “Desde los 20 años hasta ahora nunca nos ha faltado nada. Dios siempre nos ha provisto”. 

Han vivido tiempos de incertidumbre, con trabajos inestables y periodos de formación, pero siempre con la certeza de que Dios les ha sostenido. “Si uno espera a tenerlo todo asegurado, nunca se lanza. Dios no se deja ganar en generosidad”, explica Mila. 

Escuela de amor y entrega diaria 

El matrimonio y la paternidad han sido para ellos una escuela de amor y sacrificio. “Yo antes era mucho más egoísta”, confiesa José Manuel. “Pero el día a día te va moldeando. Aprendes a salir de ti mismo y a amar de verdad. Y cuando tienes muchos hijos, no te queda otra que darte a tu familia”. 

Mila, que actualmente trabaja, estudia y cuida de sus hijos, ve en José Manuel un apoyo fundamental. “Si yo puedo estudiar y opositar es porque él está ahí, cuidando de los niños, animándome. El amor es pensar en el otro antes que en uno mismo”. 

Ambos coinciden en que el amor verdadero se demuestra con hechos, no con palabras. “Obras son amores y no buenas razones. No basta con decir ‘te quiero’, hay que demostrarlo con actos concretos cada día”, dice José. 

El secreto de la felicidad: vivir para darse 

Para esta familia, la clave de la felicidad no está en acumular experiencias individuales, sino en vivir para los demás. “Hoy en día todo se mide en términos de placer y comodidad. Pero la verdadera plenitud está en el sacrificio, en darse por los demás”, afirma José. “Mira a la Madre Teresa de Calcuta, cómo estaba de desgastada y cuánto amaba. Amar es gastar la vida en algo que valga la pena”. 

Ponen una imagen como ejemplo de lo que es arriesgarse a vivir en entrega. La vida es como un coche nuevo. Puedes dejarlo aparcado en el garaje para que no se raye, o sacarlo a la carretera y disfrutar el viaje. Y concluyen con una invitación clara: “No tengas miedo a gastar tu vida en lo que realmente importa”.

En un mundo que huye del compromiso y busca seguridad antes que entrega, José Manuel y Mila son un recordatorio vivo de que la verdadera felicidad no se encuentra en evitar el sacrificio, sino en abrazarlo con amor.

Homilía de Mons. Jesús Sanz Montes, Arzobispo de Oviedo, y lecturas de la Misa de hoy, V domingo de Cuaresma, 6-4-2024

6 de abril de 2024.- (Camino Católico) Homilía de Mons. Jesús Sanz Montes, OFM, Arzobispo de Oviedo, y lecturas de la Misa de hoy, V domingo de Cuaresma, emitida por 13 TV desde la Basílica del Santuario de Covadonga.

Santa Misa de hoy, V domingo de Cuaresma, en la Basílica del Santuario de Covadonga, 6-4-2024

 

6 de abril de 2025.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, V domingo de Cuaresma, presidida por Mons. Jesús Sanz Montes, OFM, Arzobispo de Oviedo, emitida por 13 TV desde la Basílica del Santuario de Covadonga.


Palabra de Vida 6/4/2025: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 6 de abril de 2025, domingo de la 5ª semana de Cuaresma, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Juan 8, 1-11:

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:

«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.

Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:

«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó:

«Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».

Ella contestó:

«Ninguno, Señor».

Jesús dijo:

«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

Homilía del Evangelio del domingo: Sólo las aguas regeneradoras que manan del costado abierto de Cristo pueden darnos una victoria consistente sobre el pecado que nos traiga la paz y el bienestar / Por P. José María Prats

* «Y esas aguas se vierten sobre nosotros cuando las acogemos por la oración, los sacramentos y el esfuerzo cotidiano por conformar nuestra vida a la palabra de Dios»

Domingo V de Cuaresma - C

Isaías 43, 16-21 / Salmo 125 /  Filipenses 3, 8-14 / San Juan 8, 1-11

P. José María Prats / Camino Católico.-  «El que esté sin pecado, que tire la primera piedra». Con estas palabras tan llenas de sabiduría, Jesús nos hace ver lo absurdo que resulta combatir el mal intentando destruir a los que lo obran, porque entonces todos deberíamos ser destruidos.

El pecado –como el adulterio cometido por esta mujer– perturba el orden social y suscita fácilmente una reacción de odio y violencia que engendra todavía más dolor y desorden. Jesús nos invita a frenar esta reacción: no se trata de condenarnos y perseguirnos unos a otros por los pecados que todos cometemos, sino de apoyarnos para combatir juntos el poder del mal. «Ninguno te ha condenado. Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

La primera lectura nos recuerda, sin embargo, que no podemos vencer sobre el pecado sólo con nuestro esfuerzo y buena voluntad. Solamente Dios puede verter sobre la aridez del hombre caído las aguas capaces de devolverle su armonía: «Pondré agua en el desierto, corrientes en la estepa, para dar de beber a mi pueblo» –profetiza Isaías. Son las aguas de la gracia que manan del costado abierto de Jesucristo resucitado, del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo muriendo por nosotros en la Cruz: «Cargado con nuestros pecados, subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado» (1 Pe 2,24).

Es muy importante señalar esto, porque a menudo intentamos combatir el mal, la indigencia y la injusticia solamente con medios humanos: desarrollo, educación, acción social y política… y constatamos su incapacidad para redimir al mundo: se incrementa la producción de bienes pero aumenta la pobreza, se derroca un gobierno corrupto pero le sucede otro igual o peor… Sólo las aguas regeneradoras que manan del costado abierto de Cristo pueden darnos una victoria consistente sobre el pecado que nos traiga la paz y el bienestar. Y esas aguas se vierten sobre nosotros cuando las acogemos por la oración, los sacramentos y el esfuerzo cotidiano por conformar nuestra vida a la palabra de Dios.

San Pablo ha experimentado en su propia vida que sólo en Cristo puede alcanzar la paz y la vida verdaderas y en la segunda lectura nos dice apasionadamente cómo, por ello, su única aspiración en este mundo es profundizar cada vez más en la comunión con Cristo: «Todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo … Todo para conocerlo a Él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos».

Estoy convencido de que si ésta fuera la actitud de la mayoría de las personas, el mundo sería un paraíso.

P. José María Prats


Evangelio

En aquel tiempo, Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: 

«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?».

Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.

Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: 

«Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». 

E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. 

Incorporándose Jesús le dijo: 

«Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». 

Ella respondió: 

«Nadie, Señor». 

Jesús le dijo: 

«Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».

San Juan 8, 1-11